“Si te pega no te ama”. Y una serie de preguntas comienzan a sonar, tales como: ¿se puede pensar la violencia por fuera del amor? ¿Será que la violencia existe porque la forma en la que amamos la incluye? ¿Decir que el amor todo lo puede equivale a pensar que en el amor todo está permitido? Y en tal caso, ¿cuál es su límite? ¿Es el amor un concepto marcado por la pureza de valores solemnes? ¿Qué implica la violencia contra las mujeres? ¿Los jóvenes que están de novios, en sus relatos, se identifican como violentos? ¿Por qué se le ha negado a las mujeres su capacidad de ser violentas? ¿Cómo se materializa, en el cuerpo, el amor y la violencia? Estas preguntas atravesarán las próximas páginas, muchas tendrán respuestas muy concretas y otras, no tanto.
1. Qué estudio y cuáles son los objetivos de investigación
La hipótesis de trabajo se basa en que en los noviazgos de jóvenes heterosexuales de clase media del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) existe una tensión entre la violencia y el amor de pareja[1] que genera efectos sobre los cuerpos, tanto de las mujeres como de los varones. Con el fin de abordar dicha hipótesis se describieron, por un lado, las dinámicas de la violencia contra las mujeres en relación con el amor que se manifiestan en ciertas relaciones de noviazgo heterosexuales juveniles de clase media; y, por otro lado, los efectos que estas dinámicas generan sobre los cuerpos de los jóvenes que están de novios.[2][3]
En las interacciones de pareja o de noviazgo donde existen agresiones de diferente índole se está frente a casos de violencia que defino como violencia de género. Tomo la definición de violencia de género que propone Susana Velázquez. Esta abarca:
[…] todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física (Velázquez, 2006: 29).
Los tipos de violencia exceden a la física y abarcan también la emocional, invisible, simbólica, sexual y económica, que son inseparables de la noción de género, ya que se basan y ejercen en y por la diferencia social y subjetiva de los sexos.
La noción de violencia de género trasciende la violencia ejercida contra las mujeres e incluye a todos aquellos cuerpos que no se adecuan a la masculinidad hegemónica (Connell, 1995). La misma existe en tanto hay subordinación de otros grupos, que pueden ser las mujeres en su multiplicidad, pero también los hombres no heterosexuales, ciertos heterosexuales que no cumplen con los estereotipos esperados de masculinidad, o varones de color. Pero en este proyecto me centro específicamente en la violencia contra las mujeres, por lo que utilizo mayormente el concepto de violencia contra las mujeres. No obstante, hago referencia en diferentes partes del libro a la categoría de violencia de género, dado que es el modo en que es teorizada por diferentes autoras este tipo de violencia.
En pocas palabras, el análisis se concentra en aquellas primeras interacciones de noviazgo heterosexuales en la clase media y en la franja etaria que abarca entre los 15 y 19 años de edad en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), durante los años 2012 y 2014.
En el año 2009 fue promulgada la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres” (Ley 26.485)[4], es por esto que el corte temporal de este proyecto está estipulado en el presente. Esto me permite tener en cuenta en el análisis, de manera secundaria, si la ley tuvo alguna injerencia en aquellas relaciones de noviazgo de jóvenes que se reconocen como heterosexuales y que transitan vínculos violentos.
Para tal efecto, examino comparativamente las interacciones, prácticas y discursos de violencia contra las mujeres y el amor según las perspectivas de los varones y mujeres que están de novios; describo las representaciones que tienen sobre el cuerpo, el amor, el noviazgo y la violencia los varones y las mujeres que integran estos noviazgos; e intento comprender cómo los jóvenes perciben los efectos de la violencia y el amor sobre sus cuerpos. Es decir, establezco un lazo entre cuatro conceptos claves en mi análisis: la violencia contra las mujeres, vinculada al amor que avala o no que la misma se ejerza; el cuerpo, espacio donde esta dinámica se materializa, y la heterosexualidad. Las experiencias relatadas por los/as entrevistados/as en torno a estas nociones son abordadas teniendo en cuenta los contextos en las cuales suceden y su carácter contingente (Scott, 1992).
Para llevar a cabo los objetivos de este trabajo entrevisté a sujetos específicos: jóvenes de clase media. Me centro en esta clase social debido a que, si bien han surgido distintos estudios que problematizan diferentes aspectos de este sector social (Adamovsky, 2009; De Riz, 2009; Jones, 2010; Kornblit, 2007; Palomino y Dalle, 2012; Svampa, 2010; Visacovsky, 2008), considero que es un campo de estudio que en relación con la violencia en los noviazgos juveniles no está constituido (Ramírez Rodríguez, 2006), y en el que como tal y al cual se puede seguir aportando.[5] Retomo el concepto de clase media desarrollado por Ezequiel Adamovsky (2009), que no refiere a un grupo de personas directamente observable. Es decir que los ingresos de la clase media no están necesariamente en un punto intermedio entre ricos y pobres; un obrero calificado gana más que un docente, y es al segundo a quien se lo identifica como integrante de esta clase. Cuando se utiliza la expresión clase media, se está apelando, sin saberlo, a una metáfora o imagen mental. Así, la clase media, por estar en el medio, aparece como un agente de moderación: mantiene una vía de movilidad tanto ascendente como descendente y evita, de esta forma, que predominen los intereses polarizados de los más ricos o de los más pobres. Por lo tanto, la clase media, más que una clase social unificada por sus propias condiciones objetivas de vida, es un conglomerado de grupos diversos, que no son trabajadores manuales ni ricos, que han adoptado una identidad subjetiva de “clase media”, es decir que se piensan a sí mismos como pertenecientes a dicha clase (Adamovsky, 2009).[6]
Determinar la clase social de los sujetos que fueron entrevistados me permite desarrollar esta investigación sin caer en construcciones totalizantes. Retomo a Mohanty (2008), que es crítica de aquellas teóricas del feminismo que entienden por mujeres a todos los miembros del género femenino, de forma homogénea, sin indagar más profundamente en su clase y cultura. Esta forma de interpretar a las mujeres se basa en la idea de que todas se encuentran atravesadas por una opresión masculina común por el solo hecho de ser mujeres y, al no tomar en consideración la realidad material históricamente específica de los diferentes grupos de mujeres, desconoce las diversas opresiones que se ejercen entre ellas. Donna Haraway (1991) se opone a la existencia de una matriz natural de unidad de las “mujeres”, dado que para la autora ninguna construcción engloba a la totalidad.
Otra característica de los sujetos entrevistados es que son jóvenes.[7]En relación con la dimensión etaria pueden establecerse, según Dávila León (2005), algunas precisiones de acuerdo con las finalidades con las que se desea utilizar la dimensión sociodemográfica. Convencionalmente se ha utilizado para la juventud la franja etaria entre los 15 y 29 años de edad, aproximadamente, dividiéndose a su vez de 15 a 19 años, de 20 a 24 años y de 25 a 29 años (Dávila León, 2005). Me baso en el primer subtramo debido a que me propongo indagar en las interacciones de los primeros noviazgos y a que éste contiene a aquella población en situación de escolarización o que terminó el nivel educativo secundario hace menos de un año. La razón por la cual analizo la juventud es que es allí cuando comienzan a ponerse en práctica y a establecerse los sentidos que otorgan esos jóvenes al modo en que aman. Por lo que, si se quiere pensar y/o prevenir la violencia en las parejas, resulta indispensable el análisis de esas primeras experiencias de noviazgo.
Retomo la propuesta de Silvia Elizalde de ponderar el género, sin ser pensado como un mero sinónimo de diferencia sexual o como simple dato demográfico, para no aportar así a “la enraizada propensión a considerar tácitamente a los varones como sujetos de referencia de «la juventud»” (Elizalde, 2006: 6).[8] Es decir, por un lado, visibilizar a las mujeres de clase media como agentes jóvenes que producen prácticas y sentidos específicos vinculados a la violencia en las relaciones amorosas juveniles; y, por el otro, tener en cuenta al momento del análisis de los objetivos planteados los entramados de poder entre los jóvenes, provenientes de las estructuras de género en las cuales se encuentran insertos.
En términos generacionales, los/as entrevistados/as nacieron entre 1995 y 1999 en la Argentina, por lo que siempre han vivido en un régimen político democrático. En el mismo se ha promulgado la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, la cual define e incluye los diferentes tipos de violencia contra las mujeres y los ámbitos donde se manifiestan. Sobre la misma tengo en cuenta en el análisis, de manera secundaria, si es conocida por los/as entrevistados/as y si tuvo alguna injerencia en sus relaciones de noviazgo.
Por último, en relación con la sexualidad de los jóvenes, centro este libro en jóvenes heterosexuales que están de novios. Me interesa abordar a las parejas heterosexuales dado que la heterosexualidad, en los últimos años, tal como entiende Mario Pecheny (2008), con la proliferación de los estudios de sexualidades que enfocan su análisis en las discusiones sobre la homosexualidad, los gays, lesbianas, travestis, transexuales, transgénero, trans, bisexuales e intersex, y miembros de la diversidad sexual en general, ha pasado a ser considerada una categoría residual. Entiendo esta noción como experiencia erótica entre personas –basada en la penetración vaginal entre cuerpos femeninos y masculinos–, en las cuales es posible hallar expresiones de resistencia a la heteronormatividad (Amuchástegui, 2010). Por esto es necesario distinguir entre la heteronormatividad entendida como institución social, y la heterosexualidad.
2. Perspectiva de análisis y estrategia metodológica
¿Cómo estudiar la violencia contra las mujeres? Teresa de Lauretis (1987), desde su noción foucaultiana de retórica de la violencia, indica que hay un orden de violencia en el lenguaje que nombra ciertos comportamientos y hechos que son considerados como violentos, mientras que otros no. De este modo, se construyen objetos y sujetos de la violencia y a la violencia misma como un hecho social. Esto lleva a que se invisibilicen otros agentes de violencia y se determine cuáles relaciones amorosas son aceptables y cuáles no en cada momento histórico.
Me posiciono dentro de una perspectiva de análisis sobre la violencia contra las mujeres que se aleja de aquellos puntos de vista predominantes en este campo de estudio, a los cuales denomino como victimizantes, como son los de Susana Velázquez (2006) y María Luisa Femenías (2009). Los mismos consideran que existe una dicotomía entre varón agresor y mujer agredida, y no reconocen, tal como aquí me propongo examinar, al erotismo (Bataille 1987, 2000, 2003, 2010) y al amor en vínculo con la violencia, en las interacciones amorosas de estos jóvenes.
Para mi abordaje retomo, por un lado, a Raquel Osborne (2008, 2009), Débora D’Antonio (2005) y Filomena Gregori (1995, 2003), quienes entienden, sin negar ni justificar la violencia que ejercen varones hacia mujeres, que hay ciertas violencias ejercidas por mujeres hacia otras mujeres o hacia varones, que no han sido suficientemente exploradas en los estudios que se ocupan de ahondar en las violencias intergenero. Por otro lado, desde la noción de erotismo de Bataille (2010), comprendo que hay contextos de sentido y motivaciones que incluyen a ambos miembros de la pareja que permiten entender el amor vinculado a la violencia.
¿Cuál será el abordaje metodológico? En este libro me propongo un abordaje cualitativo (Valles, 1997; Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 1998; Álvarez-Gayou Jurgenson, 2003) pues son objeto de indagación los sentidos y las representaciones respecto del cuerpo, el amor y la violencia contra las mujeres que poseían los sujetos a ser entrevistados. Para ello, se llevaron a cabo entrevistas en profundidad (Ruiz Olabuénaga, 1996; Flick, 2004; Bourdieu, 1998) que me habilitaron a interpelar a estos sujetos sopesando su singularidad como productores de significados y sentidos sobre sus prácticas.
La elección de las entrevistas en profundidad como herramienta metodológica se debe a que a partir de las mismas se pueden comprender las dinámicas de la violencia y el amor, y sus efectos sobre los cuerpos, desde la mirada de los propios actores, es decir que permiten conocer cómo ellos mismos interpretan sus experiencias. Sin embargo, la experiencia de estos jóvenes es siempre una interpretación que lleva a cabo la investigadora.
La experiencia es, a la vez, una interpretación de quien la enuncia y requiere una interpretación de quien la estudia.
Lo que cuenta como experiencia no es ni evidente ni claro y directo: está siempre en disputa, y por lo tanto siempre es político. El estudio de la experiencia debe, por consecuencia, poner siempre en cuestión su estatus originario en la explicación histórica (Scott, 1992: 73).
Las experiencias de los sujetos, y específicamente aquella vinculada a la noción de género, están en parte condicionadas por el contexto sociohistórico en el cual suceden, por lo que, para comprender la experiencia y las posiciones de los sujetos, deben tomarse en consideración los procesos tanto materiales como discursivos.
Los sujetos son constituidos discursivamente, la experiencia es un evento lingüístico (no ocurre fuera de significados establecidos), pero tampoco está confinada a un orden fijo de significado. Ya que el discurso es por definición compartido, la experiencia es tanto colectiva como individual. La experiencia es la historia de un sujeto. El lenguaje es el sitio donde se representa la historia. La explicación histórica no puede, por lo tanto, separarlos (Scott, 1992: 66).
La entrevista es un proceso comunicativo desde el cual la investigadora extrae información sobre las experiencias, representaciones y vivencias de un/a entrevistado/a (Alonso, 1998). Es por ello que, para analizar las interacciones violentas dentro de los noviazgos, indago en diferentes experiencias propias de la vida cotidiana de los/as entrevistados/as, como son sus prácticas, discursos y representaciones sobre el amor, la violencia y el cuerpo.
Por otro lado, hago referencia a observaciones participantes que realicé en el transcurso de las entrevistas (Piovani, 2007) teniendo en cuenta cómo es la gestualidad de las personas al momento de las mismas. No obstante, este instrumento de observación participante no fue utilizado sistemáticamente, sino que estuvo supeditado al momento de las entrevistas. Por último, tuve acceso, aunque se lo solicité a todos/as los/as diferentes entrevistados/as, a un diálogo de Whatsapp de una pareja. Ninguno se negó a entregármelo, pero a causa de que las parejas cuando se peleaban borraban sus historiales de mensajes del Facebook o Whatsapp, o porque finalmente no me los entregaron, no pude obtener una mayor cantidad.
Para los objetivos de este trabajo la subjetividad es un aspecto central. Esta noción de la cual me valgo, refiere a que
[…] es el acto de organización compleja que emerge de la relación del sujeto con el mundo y los demás. Se construye en un proceso de subjetivación psico-social, a partir de los vínculos con los otros, con las instituciones y las significaciones imaginarias sociales. Comprende el conjunto de procesos que constituyen al sujeto en su dimensión psíquica (identificaciones, significaciones imaginarias, vínculos intra e intersubjetivos, deseos, fantasías, etc.) y socio-histórica (instituciones, saberes, valores, normas, formas de ejercicio del poder). Todo aquello que lo va construyendo, que estructura su realidad psíquica y social, a partir de la cual conforma su identidad (concepción imaginaria de sí mismo) (Anzaldúa Arce, 2008: 193).
El hecho de que en esta investigación pondere la subjetividad de los/as entrevistados/as no implica tomar sus relatos en términos de verdadero o falso, por el contrario, tuve presente durante el análisis que muchas de estas experiencias vinculadas a la intimidad no son directamente observables a partir de las entrevistas. No obstante, pude observar durante el desenvolvimiento de las mismas, a las parejas en escenas de discusión y de enamoramiento.
Desarrollé 15 entrevistas a partir de la técnica de bola de nieve, de contactos que conseguí a través de conocidos, los cuales me han remitido a su vez a otros contactos. Los jóvenes que fueron entrevistados comparten los siguientes rasgos: se identifican como heterosexuales, viven en la casa de sus progenitores/as o tutores y en ésta ocupan el lugar de hijos, no tienen hijos, cursan la escuela media o han terminado la educación media hace menos de un año, pasan la mayor parte de su tiempo con sus pares, la escuela y en ámbitos de esparcimiento[9], son de clase media, tienen al menos tres meses de noviazgo al momento que realicé la entrevista, el lugar de residencia es el AMBA, y, por último, se encuentran dentro de la franja etaria de 15 a 19 años.
Las mismas se desglosaron apostando a que sea de forma equitativa, es decir, en igual cantidad, de la siguiente manera: a) cinco, a mujeres que estén de novias; b) cinco, a varones que estén de novios; c) cinco, a parejas.
Las entrevistas tuvieron una duración promedio de una hora y media. No se descartó la posibilidad de hacer entrevistas a parejas cuyos miembros hayan sido entrevistados anteriormente de manera individual. Las mismas fueron realizadas en un café o en un lugar de común acuerdo, sin la presencia de terceros. Respeté la voluntariedad y confidencialidad de su participación, a través de la utilización de seudónimos, y la protección de cualquier dato potencialmente sensible. Las entrevistas fueron desgrabadas, transcriptas, codificadas y analizadas a través de la utilización del programa Atlas.ti. Realicé cuadros comparativos de las entrevistas en el programa Excel a partir de las dimensiones propuestas, para así poder visualizar las reiteraciones de las prácticas, representaciones e interacciones de los/as entrevistados/as como así también sus especificidades.
Para el preparativo de las entrevistas conté con una guía de entrevistas cuyo fin fue simplemente el de actuar como una ayuda instrumental (Piovani, 2007) que me permitiera cubrir los temas relevantes de acuerdo a los objetivos de mi investigación.
La guía que preparé aborda de manera interrelacionada las dimensiones de esta investigación: indicadores sociodemográficos de los/as entrevistados/as que me permiten identificar su pertenencia a la clase media, tales como en qué escuela realizan sus estudios, cuál es el nivel educativo de sus padres o tutores, empleo de los mismos, zona de residencia, si sus padres o tutores son o no propietarios; trayectoria de los vínculos de pareja de los/as entrevistados/as a partir de la cual indago en las parejas anteriores que hayan tenido y la implicancia que tuvo cada una de ellas, teniendo en cuenta si hubo violencia en las mismas; sobre la violencia: abordo sus representaciones sobre la violencia, si vivenciaron escenas de violencia, si reconocen qué es la violencia en la pareja, descripción de escenas violentas, si la distinguen como una práctica propia de su relación, qué tipos de violencias conocen y reconocen como propias, si tienen conocimiento de la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales” (Ley 26.485); sobre el amor: sus representaciones, descripción de escenas amorosas, cómo se relaciona el amor con el noviazgo, cómo lo vinculan con la violencia; por último, sobre el cuerpo: cómo perciben que se corporaliza el amor y la violencia, descripción de escenas de amor y violencia en las cuales su cuerpo se vea implicado. La metodología que propongo es de tipo descriptiva, por lo que se enfatizaron preguntas sobre el cómo.
Me valgo de la noción de escena de Vera Paiva (2006) como recurso para explorar sobre las experiencias cotidianas de estos actores en sus interacciones amorosas y poder desarrollar los objetivos planteados. A través de los relatos de escenas en las entrevistas busco analizar no sólo sus creencias y representaciones, sino también la forma en que fueron experimentadas por los propios entrevistados.
Las escenas organizan el recuerdo sobre lo que sucedió, explica Paiva; sin embargo, son únicas y nunca se narran de la misma forma, por lo que nunca serán las mismas después de haber sido descriptas. Dice la autora: “decodificarla aumentará la probabilidad de modificarla”(Paiva, 2006: 32).[10] Durante la entrevista, a partir de las preguntas que iba haciendo, estimulé a que se describa el espacio de la escena, el tiempo y el ritmo en el cual la misma sucedió, como así también una descripción sobre los detalles de las prácticas y de la interacción que se fue desarrollando durante la misma (Paiva, 1999, 2005, 2006).
Otras apuestas que sugiere la autora y que son enriquecedoras para la descripción de una escena son ejercicios imaginarios de ponerse en el lugar del otro sujeto que se encuentra presente durante el transcurso de la escena relatada: que el/la entrevistado/a imagine que se observa a sí mismo por fuera de una escena de la cual es parte, es decir que se abstraiga de la escena que relató y la explique como si fuese alguien externo. En el caso de esta investigación, este último punto fue realizado en algunos casos y permitió a los/as entrevistados/as indagar sobre sus límites y parámetros, es decir, lo que es tolerable y admisible para ellos en relación con el amor y la violencia en sus vínculos de noviazgo. Esto tiene como objetivo subyacente estimular el conocimiento sobre el contexto social de los escenarios dentro de los cuales los/as entrevistados/as pueden desenvolverse, como así también lograr cierta reflexividad sobre sus interacciones.
Me posiciono en este trabajo sin desconocer que soy un agente actuante en la delimitación de los puntos que abordará este libro y estoy dotada de un habitus.[11] Retomando a Donna Haraway (1991), considero que la producción de conocimiento es situada, es decir que es localizable y parcial.[12] Generamos conocimiento situado, parcial, por lo que, para Haraway, hay que dejar en claro desde dónde se construye conocimiento. Dice al respecto:
Lucho a favor de políticas y epistemologías de la localización, del posicionamiento y de la situación, en las que la parcialidad y no la universalidad es la condición para que sean oídas las pretensiones de lograr un conocimiento racional (Haraway, 1991: 335).
3. Presentación de los personajes que nos acompañarán
Presento a continuación a los 16 personajes de esta investigación, quienes fueron entrevistados a la luz de la guía de pautas descripta. En esta breve sección introduciré algunos aspectos sociodemográficos, como así también hobbies u otras características, que le permitan a quien lee este libro ponerle cuerpo, aunque imaginariamente, a quienes compartieron conmigo sus sentires y experiencias, a partir de los cuales, en mi práctica investigativa, pude generar los datos necesarios para abordar los objetivos aquí planteados.
- Joaquín: tenía 16 años al momento de la entrevista, en octubre de 2013. Vive en Palermo, en la casa de su abuela, y cursa el tercer año de una escuela media pública en el barrio de Belgrano. Le gusta la música y toca el piano. Sus padres son universitarios y trabajan. Están divorciados. Ambos son propietarios y le dan dinero para sus gastos. Lleva once meses en pareja. Se conocieron con su novia en la escuela. Ella tiene la misma edad que él y van juntos a la escuela, pero está un año más adelantada porque él repitió un año. En relación a su trayectoria amorosa, tuvo cuatro novias antes de la actual. La primera fue a los doce. Dejó a su última ex novia para comenzar una relación con su actual pareja, con quien eran amigos; esto desencadenó diferentes escenas de celos y desconfianza en la pareja, como se verá reflejado a lo largo de la investigación. Lo entrevisté de forma individual. Me crucé con él en una estación de tren en mayo del 2014, continúa de novio, sin embargo me comentó que está por terminar la relación.
- Tamara: vive en Avellaneda, tenía 19 años al momento de la entrevista en mayo de 2014. Vive una parte de la semana con su mamá y otra parte con su hermana. Su mamá es propietaria de la casa y le da dinero, al igual que su hermana, para sus gastos. Su padre falleció. Su mamá no cursó estudios universitarios, en este momento no trabaja porque tuvo un accidente cerebrovascular. Su hermana trabaja en un ministerio público nacional. Cuando fue el accidente de su madre dejó el colegio. Actualmente cursa el último año de una secundaria de adultos pública (CENS, Centro Educativo de Nivel Secundario) en el barrio de San Telmo. Hace dos años y siete meses que está en pareja. En el caso de ellos hay ciertas infidelidades –besó y tuvo relaciones sexuales con otros varones–, las cuales, aunque incrementan los celos dentro de su relación, son aceptadas. Ella tiene un ex novio, quien, según ella comenta, tiene problemas psiquiátricos, al punto que cuando ella terminó la relación tenía miedo de que le pegara un tiro o de que, luego, cuando comenzó a salir con Hugo, lo lastimara a él. Con Hugo, su novio, se conocieron en una escuela anterior donde ambos eran compañeros de aula; cuando los dos repitieron un año se pasaron juntos a su escuela actual. Entrevisté a Tamara en dos oportunidades, de manera individual y junto con su pareja.
- Hugo: novio de Tamara, tenía 19 años al momento de la entrevista, en mayo de 2014. Vive en La Tablada junto con sus abuelos, quienes son propietarios de la casa y poseen una empresa familiar de la rama textil, con varias sucursales, donde él trabaja por las mañanas. No hay referencias a su padre, y su madre falleció. Sus abuelos le dan dinero para sus gastos, además del salario que le pagan. Su madre fue a la Universidad, pero no la finalizó. Él repitió un año del colegio y actualmente cursa el penúltimo año de una secundaria de adultos pública (CENS, Centro Educativo de Nivel Secundario) en el barrio de San Telmo. Se conocieron con Tamara en una escuela anterior donde ambos eran compañeros de aula, luego cuando los dos repitieron un año se pasaron juntos a su escuela actual. Hace dos años y siete meses que está de novio. Antes de salir con Tamara, con quien ciertas infidelidades, aunque con conflictos, son aceptadas, tuvo una novia por un tiempo cuando tenía catorce años, pero principalmente tuvo relaciones esporádicas. Entrevisté a Hugo junto con su novia.
- Lara: tenía 19 años al momento de la entrevista, en marzo de 2014. Cursó sus estudios en una escuela pública del barrio de Recoleta, donde repitió un año y terminó allí, en el turno noche, la secundaria. Actualmente comenzó a trabajar en una disquería. Pretende inscribirse en octubre en la universidad y cursar la licenciatura en Canto. Toca la guitarra y le gusta cantar. Su lugar de residencia es el barrio de Palermo, donde vive junto con su padre y su hermano. Sus padres están divorciados. Alquilan el departamento donde viven. Su padre es universitario y tiene un cargo directivo en un ministerio público nacional. Además de su salario, su padre le da dinero para sus gastos. Hace tres meses que está de novia y comparte con su novio la pasión por la música, en especial los Rolling Stones. Conoció a su novio en un bar, quien tiene su misma edad, y no trabaja ni estudia. Tuvo varias parejas antes de comenzar a salir con él; la primera fue a los catorce años y salieron dos años, luego salió con otro varón por siete meses, pero era una relación “sin cartel”, según cuenta. A los dieciséis comenzó una relación a distancia con un varón seis años mayor que ella, que venía a visitarla cada dos semanas. A los diecisiete tuvo un noviazgo con violencia psicológica, y ambos tenían problemas de alcoholismo y drogadicción. Antes de conocer a su actual pareja, tuvo un novio que la ayudó en su recuperación. Sin embargo, con su actual novio, comenzó a tomar nuevamente. La entrevisté de forma individual. En julio del 2014 me la encontré por la calle, sentada en la puerta de un edificio junto con su novio.
- Gustavo: tenía 16 años al momento de la entrevista, en noviembre de 2013. Cursa el tercer año en una escuela media pública del barrio de Belgrano. Juega al rugby. Repitió de año, por lo que tuvo que cambiarse de escuela. En su escuela actual conoció a su novia. Ella tiene un año menos. Hace un año y ocho meses que está de novio. Ambos cursan el tercer año en diferentes turnos. Antes de salir con ella tuvo tres relaciones: la primera, a los trece años, con quien estuvo de novio ocho meses; la segunda, a los catorce, con quien se veían esporádicamente; y la tercera, con quien tuvo una relación similar a la segunda. Hasta que conoció a su novia, quien, según él, “lo cambió”, en el sentido de que es fiel. Vive en el barrio de Belgrano junto con sus dos hermanos y sus padres, quienes son propietarios de la vivienda. Sus padres son universitarios y trabajan. Ellos le dan dinero para sus gastos. Entrevisté a Gustavo de forma individual.
- Carla: tenía 19 años al momento de la entrevista, en noviembre de 2013. Terminó en marzo de 2013 sus estudios en una escuela media que depende de la Universidad de Buenos Aires en el barrio de Recoleta. Está cursando el Ciclo Básico Común de Medicina en la misma universidad. Vive en el barrio de Almagro con su hermana y sus padres, quienes le alquilan el departamento a un familiar. Sus padres trabajan: su padre es repartidor y su madre es docente secundaria. Ellos le dan dinero para sus gastos. Hace diez meses que está de novia. Se conocieron por una amiga en común que los presentó en una fiesta. Había tenido un novio cuando tenía 15 años, por el transcurso de un año, pero no se veían muy seguido. Entrevisté a Carla de forma individual.
- Gabriela: tenía 18 años al momento de la entrevista, en marzo de 2014. Terminó de cursar sus estudios en una escuela media pública del barrio de Caballito, en el mes de diciembre de 2013. Se inscribió en el Ciclo Básico Común de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Vive en el barrio de Caballito, con sus padres y hermanos, en una vivienda propia. Su padre es universitario y trabaja en una importante empresa de informática, su madre trabaja de ama de casa. Su padre le da dinero para sus gastos, aunque no es suficiente, por lo que planea buscar trabajo. Hace cuatro meses que está de novia. Su novio tiene su misma edad, trabaja, estudia y milita en la agrupación política La Cámpora. Se conocieron en la escuela. Antes tuvo un novio, y salió con quienes denomina “chongos”, es decir, con varones a quienes veía “cuando tenía ganas”. La entrevisté de forma individual.
- Pedro: tenía 17 años al momento de la entrevista, en febrero de 2014. Va a cuarto año de una escuela media pública que depende de la Universidad de Buenos Aires, en el barrio de Montserrat, y estaba rindiendo materias para pasar al quinto año dentro de la misma institución. Vive en el barrio de Lugano con sus padres y tres hermanos. Sus padres son propietarios de la casa donde residen. Su padre es taxista, no cursó estudios universitarios, y su mamá es docente. Ambos trabajan. Sus padres le dan dinero para sus gastos. Milita en la agrupación política La Cámpora, donde conoció a su novia, quien tiene dos años más que él y cursa estudios universitarios. Hace un año y diez meses que está de novio. Antes tuvo parejas que no duraban más de dos o tres meses. Lo entrevisté de forma individual.
- Darío: es el novio de Diana, tenía 17 años al momento de la entrevista, en febrero de 2014. Terminó en ese mes sus estudios en una escuela media pública en el barrio de Colegiales. Vive en el barrio de Belgrano junto con sus padres y su hermana. Su madre es universitaria y su padre cursó el nivel terciario. Ambos trabajan y le dan dinero para sus gastos. Juega al hockey de forma profesional. Se inscribió en la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires porque le gusta el cine. Al momento de la entrevista llevaban cinco meses de novios. Iban juntos al colegio, al mismo año en diferentes turnos. Hablaron por primera vez en el viaje de egresados de ambos en Bariloche. Su primera novia Diana. Entrevisté a Darío en dos oportunidades, una de manera individual y otra junto con su novia Diana.
- Diana: es la novia de Darío, tenía 17 años al momento de la entrevista, en febrero de 2014. Terminó en ese mes sus estudios en una escuela media pública en el barrio de Colegiales. Sus padres están divorciados. Su padre no cursó estudios de nivel superior y es comerciante. Su mamá es docente y tiene un puesto directivo en una escuela. Tiene tres hermanos más. Vive la mitad de la semana con su mamá en el barrio de Saavedra, de cuya casa son propietarios, y la otra mitad con su papá en el barrio de Belgrano. Se inscribió en la carrera de Trabajo Social en la Universidad de Buenos Aires. Hace cinco meses que está en pareja con Darío. Iban juntos al colegio, al mismo año en diferentes turnos. Hablaron por primera vez en el viaje de egresados de ambos en Bariloche. Antes de ponerse de novia con Darío tuvo un novio por varios años. Terminó la relación poco antes de conocer a Darío. Entrevisté a Diana junto con su novio.
- Daniela: es la novia de Germán, tenía 16 años al momento de la entrevista, en febrero de 2014. Estaba rindiendo las materias para pasar a cuarto año. Tendría que haber pasado a quinto año, pero repitió uno. Cursa la secundaria en una escuela media del barrio de Belgrano. Sus padres están separados. Vive con su mamá en una casa del barrio de Colegiales de la cual son propietarios. Su padre vive en Moreno, donde alquila un departamento. Su madre es empleada bancaria y su padre, psicólogo. Ambos son universitarios. Le dan dinero para sus gastos. Tiene un hermano mayor que vive en otro país. Hace un año y cuatro meses que está de novia con Germán. Iban juntos a la misma escuela. Tuvo un novio cuando tenía catorce años y salió seis meses con quien era el mejor amigo de Germán, al mismo tiempo comenzó a sentirse atraída por Germán, quien también era amigo de ella. Terminó ese noviazgo e inició una relación con Germán. Entrevisté a Daniela junto con Germán y de manera individual.
- Germán: es el novio de Daniela, tenía 18 años al momento de la entrevista, en febrero de 2014. En diciembre terminó los estudios secundarios en una escuela media pública del barrio de Belgrano. Estaba preparando el ingreso para la carrera de Ingeniería en la Universidad Tecnológica Nacional. Había comenzado a trabajar hacía unos días. Sus padres están divorciados, vive la mitad de la semana con cada uno. Ambos residen en el barrio de Belgrano y alquilan. Su mamá es docente y trabaja como tal; su papá posee el nivel universitario incompleto y trabaja como empleado y de forma independiente. Hace un año y cuatro meses que está de novio con Daniela. Antes de comenzar a salir con ella, tuvo una relación por un tiempo con una joven tres años menor que él, y luego con otra joven con la que se veían esporádicamente. Daniela es su primera relación de noviazgo duradera. Iban juntos a la misma escuela. Entrevisté a Germán junto con Daniela y de manera individual.
- Juan: es el novio de María, tenía 18 años al momento de la entrevista, en febrero de 2014. Repitió un año y actualmente pasó a quinto año. Cursa sus estudios en una escuela media pública del barrio de Colegiales. Juega al fútbol en un club barrial. Vive en el barrio de Villa Pueyrredón junto con su hermano y sus padres, quienes son propietarios de la vivienda y le dan dinero para sus gastos. Su padre es taxista y su mamá trabaja de empleada en un ministerio público de la ciudad de Buenos Aires. La madre completó el nivel terciario y su padre no finalizó la escuela media. Hace dos años que están de novios. Iban juntos a la misma escuela en diferentes turnos. Los presentó una amiga en común. A los catorce años estuvo de novio, pero según dice “no estaba enganchado, como que no le daba bola”. Entrevisté a la pareja en forma conjunta.
- María: es la novia de Juan, tenía 18 años al momento de la entrevista, en marzo de 2014. Acababa de terminar sus estudios en diciembre de 2013 en una escuela media pública del barrio de Colegiales. Ingresó al profesorado de Educación Física en una institución pública. Sus padres están divorciados. Vive la mayor parte del tiempo con su mamá en el barrio de Villa Crespo, donde son propietarios de una casa. Su madre es profesora de Educación Física y ejerce como tal. Su padre es universitario y trabaja en un ministerio público. Vive también en Villa Crespo, donde alquila un departamento. Hace dos años que están de novios. Iban juntos a la misma escuela en diferentes turnos. Ella no tuvo ningún tipo de relación con otra persona antes de conocer a su novio. Los presentó una amiga en común. Entrevisté a la pareja en forma conjunta.
- Homero: es el novio de Paz, tenía 18 años al momento de la entrevista, en julio de 2014. Cursa el sexto año de una escuela técnica pública del barrio de Caballito, donde reside junto con sus padres y hermanos, en una casa alquilada. Sus padres tienen el secundario completo. Su padre es electricista; su madre, peluquera y dueña de una peluquería. Hace tres años que está de novio. Se conocieron por amigos en común del barrio. Él, antes de esta relación, nunca había salido con nadie. Entrevisté a la pareja en forma conjunta.
- Paz: es la novia de Homero, tenía 18 años al momento de la entrevista, en julio de 2014. Cursa el quinto año en una escuela privada parroquial del barrio de Palermo. Vive en Villa Crespo junto con su madre, su padre y sus hermanos, donde alquilan un departamento. Sus padres tienen estudios terciarios completos y trabajan de enfermeros. Ella nació en Palpalá, provincia de Jujuy, y vino a vivir con sus padres a Buenos Aires a la edad de siete años, dado que su padre se había quedado sin trabajo durante el período de privatizaciones de empresas públicas en la década de 1990. Se puso de novia con Homero hace tres años, a la edad de quince. Antes, a los catorce, tuvo un noviazgo de menos de un año. Entrevisté a Paz junto con Homero.
4. Organización del libro
Esta investigación se organiza en tres capítulos y las conclusiones. El primer capítulo, “Conceptos para problematizar la violencia, el amor y la corporalidad”, consta de un análisis teórico de los conceptos que involucran esta investigación: violencia, amor y corporalidad. En primer lugar, presento un estado del arte sobre los estudios de la violencia contra las mujeres. Allí sistematizo los principales desarrollos teóricos que problematizan sobre este concepto y sus tipologías, dentro de los cuales se encuentran: primero, las visiones más cercanas a la perspectiva de victimización (Velázquez, 2006; Femenías, 2009); segundo, aquellas vinculadas a las nociones de feminicidio y femigenocidio (Segato, 2004, 2003, 2011) y Marcela Lagarde (2006), y tercero, las que consideran a la violencia dentro de la pareja heterosexual como atributo de ambos miembros (Gregori, 1993, 2003; Osborne, 2008, 2009) y constitutiva de su erotismo (Gregori, 1993, 2003; Bataille, 1987, 2000, 2003, 2010). En segundo lugar, esbozo un marco teórico, basándome en la tercera propuesta teórica, y planteo una discusión con las dos primeras. En tercer lugar, dado que comprendo a la violencia en tensión con el amor generando efectos sobre los cuerpos, establezco definiciones sobre el amor y el cuerpo que me permitan, al momento del análisis de las entrevistas, echar luz sobre los agentes, motivaciones y representaciones que sostienen las interacciones y escenas de violencia y amor dentro de los noviazgos.
En el segundo capítulo, “Entre la violencia y el amor”, describo las prácticas, interacciones y representaciones que poseen los/as entrevistados/as sobre la violencia y el amor. En primer lugar, me enfoco en la violencia, específicamente en cuáles son las representaciones que poseen los jóvenes sobre la violencia contra las mujeres, las escenas que pueden ser categorizadas teóricamente como violentas y cómo son autopercibidas por ellos mismos; y, por último, examino los celos y el control que se desencadenan a partir de las redes sociales. Este punto es interpretado desde una perspectiva de género que me permite visualizar quiénes perpetran violencia y cuáles son las motivaciones. En segundo lugar, indago en el amor y las pautas de noviazgo de los/as entrevistados/as desde tres puntos: las representaciones sobre el amor y el noviazgo que poseen los jóvenes; las expresiones verbales (“te amo”, “te quiero”, “me gustás”, entre otras) que emplean para demostrar su amor; y, para finalizar, las escenas que pueden ser categorizadas como amorosas. Para dicho fin tengo en cuenta la coexistencia de las nociones de amor romántico (Giddens, 1992), erotismo (Bataille, 2010), escena de dos (Badiou, 2012), hacer una escena (Barthes, 2001), amor confluente (Giddens, 1992) y pautas de amor y cortejo (Cosse, 2010), en cada una de las trayectorias amorosas de los/as entrevistados/as.
En tercer lugar, abordo escenas relatadas por los/as entrevistado/as que me permitan reconstruir la tensión existente entre la violencia y el amor (Bataille, 2010; Gregori, 1993), a partir de la puesta en diálogo de los diferentes aspectos explicitados a lo largo del capítulo.
En el tercer capítulo, “El lugar del cuerpo”, examino la dimensión de la corporalidad que se hace presente en las dinámicas de la violencia y el amor en los noviazgos heterosexuales. Para ello, describo las representaciones, prácticas e interacciones que involucran al cuerpo en relación con los conceptos desarrollados en los capítulos I y II. Las lecturas en las cuales me baso para dicho propósito provienen de perspectivas sociológicas e históricas (Goffman, 1971; Giddens, 1997; Le Breton, 1995; Pozo, 2012; Pedraza, 2009; Turner, 1984; Kaplún, 2004), como así también filosóficas (Foucault, 2008; Haraway, 1991; Butler, 2002; Grosz, 1994; Nancy, 2007, 2010).
En primer lugar, por un lado, llevo a cabo una descripción detallada sobre diferentes expresiones dentro de lo que denomino como “gestualidad violenta”: miradas, gritos, insultos, llanto, posiciones que involucran el distanciamiento corporal de la pareja, movimiento de manos, cara seria, como así también golpes contra la pared, en la cara de mujeres contra varones, con objetos al otro miembro de la pareja, y empujones. Por otro lado, indago en cómo estas dinámicas generan efectos de malestar sobre los cuerpos.
En segundo lugar, por un lado, presento, al igual que con la gestualidad violenta, un análisis sobre lo que denomino “gestualidad amorosa”, la cual involucra escenas e interacciones donde hay besos, abrazos, caricias en diferentes espacios, como así también el momento en que las parejas tienen relaciones sexuales. Por otra parte, indago cómo los/as entrevistados/as perciben los efectos del amor en su cuerpo, a partir de expresiones tales como “hacer el amor”, “mariposas en la panza”, entre otras, que aparecieron en las diferentes entrevistas.
Por último, describo escenas e interacciones en las cuales pongo en juego las tres nociones centrales de esta investigación: violencia, amor y corporalidad. Para tal efecto, refiero a escenas de conflicto en la pareja que fueron resueltas a partir del registro corporal amoroso y exploro cómo los/as entrevistados/as perciben sus límites corporales en relación con la violencia y el amor, según las pautas y parámetros que establecen como aceptables dentro de sus parejas.
En las “Conclusiones”, repongo mi mirada sobre el modo de comprender la violencia en las relaciones de noviazgo heterosexuales en discusión con la perspectiva de la victimización, desarrollo una recapitulación final y expongo unas consideraciones finales sobre mi práctica investigativa.
- Si bien a lo largo del libro haré referencia a la noción de violencia y de amor en singular, muestro que existen diferentes tipos de violencia, como así también diversos tipos de amor en el vínculo de pareja.↵
- Este libro es el resultado de mi tesis de Maestría en Investigación en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, denominada “Las dinámicas de la violencia contra las mujeres y el amor en los primeros noviazgos juveniles en el Área Metropolitana de Buenos Aires”. La directora de la tesis fue la Dra. Débora D´Antonio. El jurado de la Defensa de la tesis estuvo compuesto por la Dra. Karin Grammatico, la Dra. Mariana Chavéz y la Dra. Josefina Brown. La tesis obtuvo como calificación Sobresaliente con recomendación en publicación.↵
- Considero que este trabajo es un aporte a la temática. No obstante, tres años después, con la proliferación de espacios virtuales de sociabilidad carece de indagaciones en nuevas aplicaciones digitales que han surgido desde entonces.↵
- Tal como presentaré en el Capítulo I, la definición de violencia de género de la ley es similar a la propuesta por la psicóloga Susana Velázquez (2006).↵
- Sobre violencia en el noviazgo y sectores populares ver Manzelli y Pantelides, 2005; Urrea Giraldo, 2006.↵
- El contenido de esta identidad se imagina separada del mundo de clase baja, al que se lo valoriza como bárbaro e incivilizado; mientras que aquella se concibe a sí misma como la voz de la racionalidad, elegante y blanca.↵
- En el campo de las disciplinas científicas se ha dividido la pertinencia de la utilización de los conceptos de adolescencia y juventud; el primero es abordado por la psicología en tanto perspectiva de análisis de un sujeto particular; y el segundo, por las ciencias sociales y humanas, donde a partir de sujetos individuales se busca entender las relaciones sociales posibles de ser entabladas entre ellos (Dávila León, 2005).↵
- Silvia Elizalde (2006), desde una perspectiva materialista, se encuentra en discusión con el concepto de juventud desarrollado desde la sociología por Margulis y Urresti (1996, 2006). Estos autores, quienes lo han interpretado como una construcción social, histórica y relacional que se articula social y culturalmente en función de la edad, la generación, la clase social y el género de pertenencia (Margulis y Urresti, 1996), consideran el género, según Elizalde, como una variable más en relación al concepto de juventud. Para la autora, esa posición tiene consecuencias de orden ideológico que operan ratificando el androcentrismo y sus efectos naturalizadores porque abordan el género como un atributo que poseen las personas, anclado en un binarismo taxativo de sexo/género, y se hace así caso omiso al carácter político de esta categoría de análisis como forma primaria de relaciones significantes de poder (Scott, 1986).↵
- Daniel Jones (2010) define a los adolescentes, en su libro sobre sexualidades adolescentes de jóvenes de clase media, según su ubicación familiar, dado que viven en las casas de sus padres y ocupan en ellas el lugar de hijos (Kaplún, 2004); son mantenidos por sus padres para realizar sus diferentes actividades sociales, y por su sociabilidad, pasan la mayor parte de su tiempo con sus pares, en la escuela o en lugares de esparcimiento.↵
- “[…] decodificá-la aumentará a probabilidade de modificá-la” (Paiva, 2006: 32) [Traducción propia].↵
- El habitus implica “un sistema de esquemas adquiridos que funcionan en estado práctico como categorías de percepción y de apreciación o como principios clasificatorios al mismo tiempo que como principios organizadores de la acción” (Bourdieu: 1985: 26). Lo que el autor se propone con el concepto de habitus es superar la tensión que coexiste entre dos perspectivas nodales en las ciencias sociales: la subjetivista y la objetivista. Para mayor información, cfr. Bourdieu, Pierre, El sentido práctico, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.↵
- Este tipo de conocimiento debe ser crítico y no caer en el mero relativismo, que es una forma de no estar posicionado en ninguna perspectiva mientras se pretende estar en todas. Para Haraway no es posible una pretensión de verdad universal ni de racionalidad científica, sino que, según su punto de vista, la objetividad se define como la conversación entre los diferentes conocimientos situados.↵






