Si el amor a veces es rosa, el rosa concuerda con el negro, ya que sin él sería el signo de lo insípido. ¿Tendría el rosa sin el negro, el valor que loca a la sensibilidad?
Georges Bataille (2000: 195)
Para Georges Bataille (2000), la humanidad persigue dos fines: por un lado, conservar la vida evitando la muerte; por el otro, aumentar la intensidad de la vida acercándose a la muerte. Aunque a simple vista parezcan contradictorios, ambos fines están en tensión, y uno no existe sin el otro. Un concepto que permite generar un puente entre ambos es el de intensidad: “La noción de intensidad no es reductible a la de placer porque la búsqueda de la intensidad requiere que lleguemos hasta el mal estar, hasta los límites del desfallecimiento” (2000: 112). Por lo que, en términos de este autor, no sería adecuado comprender la violencia y el amor de modo dicotómico. El lema “Si te pega no te ama” no es, de este modo, una “verdad” taxativa, sino que se debe tomar en consideración qué se está poniendo en juego en el erotismo en cada vínculo amoroso, sin con esto desconocer la existencia de relaciones desiguales de poder entre varones y mujeres.
El terreno del erotismo, como expliqué en el primer capítulo, es el de la violencia, en tanto que somos seres discontinuos en búsqueda de una continuidad perdida con los otros, por la cual somos capaces de transgredir los límites (corporales o no) tolerables ajenos. Esta búsqueda, regida por la nostalgia, se hace sentir sobre todo en la angustia: “esto es así en la medida en que esa continuidad es inaccesible, es una búsqueda impotente y temblorosa” (Bataille, 2010: 24).
En el juego de los amantes se intenta lograr la intensidad a través de la fusión: “[…] los momentos de intensidad son los momentos de exceso y de fusión de los seres” (Bataille, 2000: 105). A través de la noción de erotismo se puede echar luz sobre los elementos que se ponen en juego en el amor y cómo el miedo a perder al sujeto amado, los celos o la sola idea de una posible infidelidad (valor primordial en la forma en que los jóvenes conciben el noviazgo) genera violencias de diverso tipo que llegan a veces a formas extremas como es el asesinato: “si el amante no puede poseer al ser amado, a veces piensa matarlo; con frecuencia preferiría matarlo a perderlo” (Bataille, 2010: 25).
Pensar la tensión entre la violencia y el amor equivale a preguntarse, teniendo en cuenta las pautas de cortejo (Cosse, 2009) aceptadas, qué experiencias (Scott, 1992) son consideradas como supuestamente normales o aceptables. Es decir, en términos de Bataille, cuáles son los límites entre lo homogéneo y heterogéneo del amor. Los sujetos, si bien quieren perpetuar su vida, a su vez, se sienten atraídos por la transgresión. Enuncia al respecto Bataille: “la prohibición está allí para ser violada” (2010: 68). El elemento de la transgresión les permite a los sujetos, en tanto seres homogéneos, acercarse a lo sagrado, al mismo tiempo que ese acercamiento les genera culpa por haber elegido la “parte maldita” o heterogénea. En esta tensión de gozo-dolor, pasión-peligro, se vinculan los sujetos.
Los jóvenes heterosexuales, durante los noviazgos, transitan desde escenas de placer hasta otras de violencia y viceversa. Estas tensiones se inscriben dentro de la lógica fragmentaria del discurso amoroso (Barthes, 2009). Partiendo de la premisa de que existe este carácter fragmentario del discurso amoroso, en el cual se ven reflejadas las tensiones entre amor-violencia, dolor-gozo, pasión-peligro, en este capítulo exploro empíricamente las representaciones y prácticas que tienen estos jóvenes en relación con la violencia y el amor, a través del relato de sus experiencias. Tengo en cuenta que la experiencia es la historia de un sujeto y que el lenguaje es el sitio donde se representa la historia. Ese discurso es por definición compartido (Scott, 1992). Comienzo indagando en cada uno de los conceptos (violencia y amor), poniendo el foco en sus representaciones y prácticas, para luego llevar a cabo un análisis de escenas (Paiva, 2006) donde se pueden observar las dinámicas de la violencia y el amor en tensión.
2.1. Representaciones y prácticas sobre la violencia dentro de los noviazgos
La búsqueda de la soberanía, de ser amo, el miedo a perder al sujeto amado, los celos y el control son prácticas cotidianas que no son, en muchos casos, percibidas de forma negativa. Por el contrario, son consideradas parte del juego amoroso. Para echar luz sobre estas cuestiones abordo tres aspectos: cómo son las representaciones que tienen estos jóvenes sobre la violencia dentro de los noviazgos –aquí incluyo sus representaciones de la misma en relación al cuerpo–; cómo son las escenas que pueden ser categorizadas como violentas y cómo son autopercibidas por ellos mismos, y por último hago especial énfasis en los celos y el control, a través de diferentes medios virtuales como son las redes sociales, que ejercen los jóvenes heterosexuales que están de novios.
2.1.1. Representaciones sobre la violencia dentro del noviazgo
Partiendo de la definición de violencia de Susana Velázquez (2006), esbozada en el primer capítulo, la cual abarca “todos los actos mediante los cuales se discrimina, ignora, somete y subordina a las mujeres en los diferentes aspectos de su existencia. Es todo ataque material y simbólico que afecta su libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física” (2003: 29), en este breve apartado indago sobre las representaciones que poseen los/as entrevistados/as sobre la noción de violencia de género, qué violencias reconocen, si existe alguna diferencia entre la violencia efectuada de varones hacia mujeres y la de mujeres hacia varones, y si ambos tienen conocimiento sobre la legislación actual (“Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”) que aborda esta temática. Esto me permite hacer frente al objetivo de esta investigación de analizar y comparar los discursos que tienen sobre la violencia los varones y mujeres que están de novios y describir sus representaciones sobre la violencia.
En primer lugar, en relación con las representaciones sobre la violencia de los/as entrevistados/as, cuyo estudio es uno de mis objetivos de investigación, están quienes dividen entre lo que sería “violencia verdadera” y violencia; y entre la violencia y la agresión. Estas diferenciaciones aluden a la idea de que existen diferentes niveles de violencia.
En el caso de Gabriela, en sus representaciones sobre la violencia, la agresividad sería algo diferente. La misma se vincularía más con la definición de violencia psicológica de Femenías (2009), que implica amedrentamiento y descalificación.
E.:[1] ¿Sentís que sobre el cuerpo se puede ejercer violencia?
Gabriela: No sé si es violencia, pero agresividad sí.
E.: ¿Para vos agresividad y violencia son cosas diferentes?
Gabriela: Sí.E.: ¿En qué las ves diferentes?
Gabriela: No sé, la agresividad para mí es un tanto más como desafiante, la violencia ya es violencia, ya te está pegando, para mí. La agresividad para mí es algo más de la violencia: la carita de mierda, el gestito. Eso para mí ya es un toque más agresivo, corte que garca, de que me está queriendo provocar.
En segundo lugar, en relación con las tipologías de la violencia, las que se reconocen como tales son: la física y la verbal. En el caso de Lara, la violencia física y la verbal son violencias por igual. Lo mismo sucede en el caso de Gabriel, Daniela y Carla. Para ellos todos los tipos de violencia confluyen en violencia psicológica (Femenías, 2009; Velázquez, 2009), la cual, aunque más invisible, no es menos eficaz.
E.: ¿Y para vos qué tipos de maltrato existen?
Lara: Verbal y físico.
E.: ¿Y cómo ves cada uno?
Lara: El verbal diciendo cosas hirientes. Para mí es el peor.
E.: ¿Por qué?
Lara: Porque vos golpeando a alguien no le demostrás nada. Y no te hablo de decir puta, o bueno, también, sí, pero hay cosas peores, cosas como decirte tus defectos de la peor manera posible que uno ya sabe cuáles. Que alguien venga a recalcártelos de una manera despectiva y soberbia no te va a ayudar en nada. A mí me duele mucho más el maltrato psicológico que el físico.
E.: ¿Para vos el psicológico está vinculado al verbal?
Lara: Sí, sí.
E.: ¿Para vos el maltrato es lo mismo que la violencia?
Lara: Podría ser … sí.
Sobre los umbrales de la violencia, si bien Germán reconoce que la violencia psicológica es una violencia eficaz, el límite aceptado en su pareja está marcado por la violencia física, la cual es considerada como más violenta.
E.: ¿Cómo es una escena violenta en una pareja?
Germán: Cuando uno le empieza a decir al otro cosas, pero ya para lastimar, o sea ya para, con malas intenciones por ejemplo, o cuando le pega físicamente, es muy violento, o cuando le miente, le miente en la cara y le dice no, te juro que no, y cosas así, eso también es re violento para mí.
E.: ¿La violencia psicológica cómo sería?
Germán: Va con la verbal, porque obviamente la violencia afecta siempre a lo psicológico, ya sea física, verbal. Yo nunca llegué al punto de pegarle ni nada por el estilo, no soy así. Pero capaz yo siento que si yo le digo, la puteo alguna vez, o si yo le digo las cosas mal a ella le afecta también.
En tercer lugar, sobre las representaciones de la violencia dentro de la pareja según quién la ejerza –la violencia ejercida de un varón hacia una mujer y de una mujer hacia un varón–, en algunas entrevistas es entendida como dos hechos de diferente índole, y en otras es concebida en cualquier caso como violencia más allá del género sobre el cual se ejerza. En el siguiente fragmento de entrevista realizada a Germán junto con su novia Daniela, él iguala la violencia que ejercen las mujeres y los varones porque si bien la mayor parte de la violencia física la efectúan los segundos contra las primeras “porque poseen más fuerza”, estas últimas perpetran violencia psicológica. A partir de esa premisa, homologa al feminismo con el machismo y considera que la violencia es un atributo femenino y masculino. En el siguiente párrafo, aunque su interpretación sobre el feminismo no reconoce el carácter político y filosófico de este movimiento complejo, a lo que él alude cuando indica que las mujeres pueden ser también maltratadoras es a “¿por qué no se intenta medir la potencial maldad de las mujeres?” (Osborne, 2008: 119).
E.: La violencia de género, ¿qué es para ustedes?
Germán: Sobre la violencia de género yo en particular trato de no considerar ni el machismo ni el feminismo porque me parece la excusa de ambos sexos. O sea, el machismo es el tipo que se hace el galán, por ejemplo, y subestima a las mujeres, y el feminismo es la acción de la mujer en defensa de eso. O sea, yo siento que si vamos a hablar de esas cosas, por ejemplo, de machismo y feminismo, deberíamos hablar de la defensa de ambos. […]
E.: ¿Cómo sería eso, que la violencia de género sea igual para todos?
Germán: Porque hay mujeres que tratan a los hombres también muy mal, de hecho llegan a pegarles y a tratarlos como basura, y en esos casos se le da menos relevancia que los casos de los hombres que hacen lo mismo que las mujeres. Es verdad que son más, obviamente.
Daniela: ¿Sabés lo que pasa? Para mí es mucho más la violencia física de parte de un hombre hacia una mujer, capaz.
Germán: Sí, yo estoy diciendo eso también.
Daniela, en relación con la violencia física, opina que es en mayor medida de varones a mujeres, por lo cual no es lo mismo la violencia de varones contra mujeres que a la inversa, sin embargo, reconoce al igual que su novio que la violencia psicológica hacia los varones es atributo de las mujeres también (Osborne, 2008).
Ella reconoce al género como un elemento primordial en las relaciones sociales que, anclado en las diferencias sexuales, conforma una forma primaria de relaciones de poder (Scott, 1986) que hace que dentro de un noviazgo heterosexual no pueda ser evaluada la violencia física de mujeres hacia varones de igual forma que de varones hacia mujeres. Para Daniela, la violencia física es diferente si la ejerce un varón respecto de una mujer porque posee más fuerza.
Algo similar sucede en el caso de Tamara:
Tamara: Yo nunca estaría con alguien que me golpea ni golpearía a alguien, o sea, golpearlo en serio, que sea violencia, no una vez que estás enojado y bueno.
E.: ¿Para vos qué es la violencia en serio?
Tamara: Y, que un chabón le pegue a una mina es violencia, sea como sea, excepto que la agarre del brazo, eso te lo perdono. Pero así ¿entendés?, y porque vos estés re alterada, pero otra cosa es violencia y la mujer que le pegue una piña, pero para lastimarlo. Uno sabe cuándo lastima al otro y las mujeres siempre se sacan más porque saben que al hombre no le hace nada si no le pegás así en serio.
E.: ¿Cómo sería para vos que “una piña es lo que duele en serio”? ¿Los otros golpes no le duelen?
Tamara: Sí, pero yo es como que trato de ponerme a mí en el ejemplo. Y yo a Hugo un montón de veces lo empujo así y sé que no le duele, porque lo conozco, sé que no le duele. Y aparte yo también sé cómo le estoy haciendo eso. Es eso nada más, no es que no me parece violencia también, eso también es violencia si lo mirás así objetivamente.
Aunque en este pasaje ella termina diciendo que el hecho de que ella le pegue a él es objetivamente violencia, en términos de su representación sobre lo que sería una definición de violencia, lo que está marcando es que en su interacción de pareja eso no es percibido como tal. En su noviazgo, esos golpes están dentro del parámetro de lo aceptado. Es decir que, para Tamara, son aceptados los golpes y empujones sobre el cuerpo de un varón, en el caso de que sean mujeres quienes los realizan. De este modo, la violencia física es desconocida como un atributo femenino y es mayormente aceptada como un juego. Esto remite en el relato de los/as entrevistados/as a una idea de roles de género que representan a los cuerpos masculinos como más fuertes y menos vulnerables ante un golpe de una mujer, que no es una igual al momento de ejercer violencia física. Esto se corresponde con la perspectiva de la victimización (Femenías, 2007; Velázquez, 2006) que, como bien señala Osborne (2008), no mide la potencial violencia de las mujeres, y en la misma subyace la idea de “[…] la agresividad, la inteligencia, la fuerza, la eficacia, en el macho; la pasividad, la ignorancia, la docilidad, la inutilidad, en la hembra” (Kate Millett, 1970), que ya ha sido puesta en cuestionamiento desde el feminismo de la igualdad.[2]
Sin embargo, si Hugo, su novio, le llegase a pegar a ella, ese límite se traspasaría. La violencia física de un varón hacia una mujer es entendida, también para Darío, quien se encuentra de novio con Diana, como un impensable.
Carla también entiende que las mujeres son más débiles por lo que la violencia, para ella, cualquier tipo de violencia, es diferente según el género.
E.: Para vos, ¿es lo mismo la violencia de los varones hacia las mujeres que de las mujeres hacia los varones?Carla: No.
E.: ¿En qué cambia?
Carla: Generalmente los hombres tienen más fuerza, supongo. Y más hostigamiento, ponele, a una mujer.
E.: ¿Y en qué sentido más hostigamiento?
Carla: Y como que se la agarran más con una mujer, que la mujer con el hombre, porque la ven como más débil, sí, como más frágil.
Diana y Darío tienen una concepción dual sobre el significado de la violencia según quién la ejerza. Ella, por un lado, ante la pregunta sobre si la violencia de varones contra mujeres es igual que la de mujeres contra varones, toma en consideración sólo a la violencia física, por lo cual no sería lo mismo porque los varones tienen más fuerza que las mujeres. Por el otro lado, Diana considera que es difícil ponderar la violencia en clave de género porque las mujeres, entendidas por la entrevistada según el sexo biológico, también pueden ser quienes ejerzan ese “rol”, es decir, quienes toman el atributo masculino de la violencia.
En cambio, para Darío no existe una diferencia entre la violencia perpetrada por varones o mujeres, porque todos somos seres humanos que “sentimos”, pero generaliza al considerar que dentro del estereotipo de masculinidad hegemónica (Connell, 1993) el varón se supone más fuerte y con menos sentimientos.
E.: Si yo les tuviera que preguntar si para ustedes la violencia de varones hacia mujeres es igual que la de mujeres hacia varones, ¿qué me dirían?
Diana: No, no es lo mismo. No sé, es que depende de cada persona, porque también es como generalizar, pero generalmente el hombre es como más fuerte o más potente que una mujer, pero también sí es generalizar porque la mujer también puede cumplir ese papel, ese rol.
Darío: Y viceversa.
Diana: Claro.
E.: Para ustedes, ¿sería igual o hay alguna diferencia?
Darío: Yo, la verdad, que no me pongo a mirar mucho las otras parejas y esas cosas. Supongo que no hay mucha diferencia, o sea, no tendría que haber diferencia. No hay diferencia porque somos humanos y los dos sentimos las mismas cosas, pero por lo que te dije, generalmente tendiendo a generalizar, el estereotipo del hombre, el hombre se supone como que es más fuerte, que siente menos y como que es más imponente.
E.: ¿Para vos, Diana?
Diana: Eso mismo que él decía antes, que es generalizar pero depende de cada uno.
Es decir que, al momento de evaluar las implicancias de la violencia en la pareja, es lo mismo tanto para varones como para mujeres, porque los que son heridos son los sentimientos de los propios sujetos.
Juan, en consonancia con Darío y Diana, entiende la violencia de varones y mujeres como igual, es decir que por el solo hecho de que haya golpes o insultos es violencia. María también lo reconoce, pero considera que los varones tienen más posibilidades de defensa “por su contextura física”, y piensan que la violencia de varones hacia mujeres es de un mayor grado. Nuevamente, cuando se pregunta sobre violencia en la pareja se la asocia prioritariamente con lo físico y la fuerza, del lado de los varones.
Recapitulando, lo que subyace en estos relatos, más allá de las diferencias específicas señaladas en cada caso, es la importancia que toma la corporalidad al momento de hablar y/o definir la violencia. Por un lado, la violencia física es nombrada junto con la violencia psicológica como las violencias que más conocen, las cuales están en vinculación, y son las más nocivas para el vínculo de pareja. Por otro lado, la violencia física que ejerce una mujer es menos grave en tanto que en sus representaciones se hace presente la premisa de que la superficie del cuerpo masculino es más fuerte y puede lastimar, mientras que el femenino no.
Por último, en relación con la legislación argentina[3] sobre la violencia contra las mujeres, la cual planteo en los objetivos que tendré en cuenta en el análisis de manera secundaria para estipular en qué medida tuvo alguna injerencia en aquellas relaciones de noviazgo de jóvenes que se reconocen como heterosexuales y que transitan vínculos violentos, predomina en los/as entrevistados/as el desconocimiento. Sólo dos entrevistadas la conocen. Lara dice que porque su padre trabaja en el ámbito estatal vinculado a la campaña Tarjeta Roja[4] conoce de la existencia de leyes, que hay números telefónicos de denuncia y centros comunitarios que abordan la temática. De forma más difusa, Diana dice que sabe que existe, pero no sabe bien cuál es el objetivo de la misma y considera que no debe ser prioritariamente para las mujeres.
Diana: Tendría que existir una ley contra la violencia en general porque, o sea, hacia la mujer es justamente una generalización, porque es como que casi siempre la violencia es hacia la mujer, pero también existen casos que es desde la mujer al hombre.
Diferente es la opinión de Tamara, quien comenta que nunca en la escuela le hablaron sobre violencia de género y que debería generarse, en caso de que no haya, una ley que regule específicamente la violencia contra las mujeres.
2.1.2. Escenas de violencia y reconocimiento de las mismas
En este apartado identifico ciertas escenas de violencia y sus tipologías, que aparecen en las parejas heterosexuales; e indagaré si son reconocidas (o no) por sus actores y en qué grado. De este modo, analizo cómo perciben la violencia y las interacciones violentas dentro de las parejas, que es parte de mis objetivos de investigación.
Para comenzar, examino la violencia verbal. En el transcurso de los conflictos, la misma es un tipo de violencia que aparece con frecuencia, incluye insultos, gritos y descalificaciones que se acompañan de violencia psicológica, la cual tiene como objetivo generar un daño emocional en el otro, en su seguridad y su autoestima. En las diferentes escenas se hace presente la noción de soberanía de Bataille (2010), a partir de la cual se busca, como se explicó en el primer capítulo, gozar del tiempo presente sin tener en cuenta más que ese momento y, por ende, sin importar que en esa discusión se ponga en riesgo la relación. En cada insulto, respuesta o agresión, unos intentan ser amos sobre los otros y lograr la última palabra (Barthes, 2009). Esto no implica que luego no se generen diferentes mecanismos de restitución del vínculo.
En un primer grupo están quienes reconocen que ejercen violencia de este tipo con sus parejas. Daniela, quien es según sus propias palabras muy celosa de su novio, narra una discusión que tuvo con Germán, un tiempo atrás, porque ella le leyó una conversación de Facebook a él. Ella comenta que él la insultó diciéndole “sos un desastre, no podés, no podés”, “que era una pelotuda, una forra, que no podía mirar conversaciones así, maleducada”. Estas frases, que son indicadas por la entrevistada como violentas y desmedidas, luego, en el transcurso de la entrevista, cuando discuten en mi presencia a causa de que en este caso él le leyó una conversación sin permiso a ella, los insultos emitidos por ella son los mismos. Le dijo “no tenés educación”, y le gritó: “no hubieras abierto nunca tu Facebook. Fin”. A partir de ese “fin”, ella obtiene la última palabra, “mediante la última palabra voy a desorganizar, a ‘liquidar’ al adversario, voy a reducirlo al silencio, voy a castrarlo de toda palabra. La escena se desarrolla con vistas a ese triunfo […] de que la última réplica sea la buena: es el último golpe de dados que cuenta” (Barthes, 2001: 129). Es decir que se torna soberana sobre él (Bataille, 1996), lo cual a su vez remite a que la violencia es patrimonio tanto de varones como de mujeres (Osborne, 2009). En esas discusiones se está frente a escenas de comunicación fuerte. “La actividad habitual de los seres –lo que llamamos ‘nuestras ocupaciones’– les separa de los momentos privilegiados de comunicación fuerte, que fundamentan las emociones de la sensualidad y de las fiestas, que fundamentan el drama, el amor, la separación y la muerte” (Bataille, 2000: 277). En esas escenas, como se verá más en extenso en el apartado tercero de este capítulo, los individuos intentan entrar en continuidad con el otro, para lo cual recurren a la violencia.
E.: ¿Y en ningún momento se enoja con nada?
Daniela: Sí, obvio que sí.
E.: ¿Por ejemplo?
Daniela: Si salgo con ropa que no le gusta.
E.: ¿Cómo es eso?
Daniela: Si salgo con algo medio transparente, se enoja.
E.: ¿Qué te dice?
Daniela: “Vos no vas a salir así. Vos conmigo no salís así”. Se pone re arbitrario. “No salís así”, “yo no te dejo salir así”.
E.: ¿Y vos qué le decís?
Daniela: Que voy a salir como quiera (risas), que no me joda […].
E.: ¿Y esto que vos me contás de todas estas escenas, para vos alguna tiene que ver con la violencia?Daniela: Sí, en realidad sí. Obvio que violencia es hasta putearse, para mí. O sea, violencia verbal. Pero no está bien, pero admito que lo hago a veces porque no lo controlo.
E.: ¿Y él con vos se enoja también?
Daniela: Sí, sí. Obvio. Y me putea también.
E.: ¿Qué te dice cuando se enoja?
Daniela: Pelotuda, forra (risas), tarada, yo qué sé. Puteadas. Y no está bueno.
Este fragmento es contado con risas, es decir que la agresión, pese a que si bien es caracterizada como negativa, tal como lo hacen Frabetti (2009) y Camarena Luhrs (2010), se diferencia de la perspectiva de estas autoras dado que la violencia es percibida por Daniela como una pauta de interacción que, aunque “no está buena”, no significa que sea una forma de amor alienado, tal como plantea Camarena Luhrs (2010). En su discurso, los insultos serán catalogados como violentos a partir de una pregunta disparadora que le realicé; no obstante, desde el concepto de experiencia de Scott (1992), no son percibidos como experiencias límites o hitos negativos en su relación.
Otra forma de violencia psicológica es ignorar al otro. Pedro comenta que al principio de su relación, cuando discutía con su pareja la ignoraba. Pero explica que la causa de esto se debía a que ella le marcaba sus errores:
E.: ¿Y al principio con ella eras de enojarte?
Pedro: Era de enojarme, no de enojarme y putearla o ponerme agresivo, pero de enojarme e ignorarla, por así decirlo, o ignorar lo que decía, no que le decía “no te escucho más”, pero me decía y yo no le daba bola.
E.: ¿Y qué cosa te genera ignorarla?
Pedro: Y, que me intente corregir cosas que no llevaba a cabo ella misma y me las corregía a mí. Cosas así que yo sentía como ofensas y me enojaba.
E.: ¿Y vos te enojabas y la ignorabas?
Pedro: Sí, sí. Ella tanto no, no es que me ignoraba, ella se ponía muy mal, yo me sentía muy mal, entonces no me decía nada, trataba de que se ponga bien. Ella me decía las cosas y yo no le daba mucha bola, por lo menos al principio yo era así. Ahora igual ya no.
Un segundo caso es cuando los actores reconocen las interacciones violentas de forma difusa, como es el caso de Gabriela, quien tiene una relación conflictiva con su pareja, donde ella, según su testimonio, no puede relajarse. Ella considera que su relación no es violenta, sin embargo ha tenido miedo que sí lo sea, porque le llegaron comentarios de que su novio le pegaba a su ex novia, aunque él los desmintió, y porque reconoce ciertas conductas como cercanas a la violencia. Desde la conceptualización de violencia de género de Susana Velázquez (2006), sí es identificable violencia de él contra ella.
E.: ¿Hubo alguna escena que vos catalogues como violenta entre ustedes?
Gabriela: No, me parece que no. Esperá, a ver, no me acuerdo. No es violento, es un pibe que es calentón, pero no es violento.
E.: ¿Cómo es que es calentón?
Gabriela: Que en serio que cuando se enoja es que no podés seguir hablando, realmente ya no se puede seguir hablando. Hay cosas que me dice que son feas, me ha llegado a decir cosas muy feas.
E.: ¿Qué te dijo por ejemplo?
Gabriela: No feas, pero realmente me ha dicho cosas como que le doy asco, me corta. El día que me cortó me dijo cosas muy feas.
E.: ¿Qué cosas te dijo? ¿Te acordás?
Gabriela: Me dijo que le daba asco, trola me habrá dicho, pero, o sea, hasta que lo practiqué, le dije, mirá, está todo bien con que seas un impulsivo del culo hablando y que hablamos los dos muy mal, pero cuando te enojes tratá de no faltarme más el respeto porque a mí no me pinta.
Cada una de esas expresiones –“trola”, “me das asco”– son ejemplos de violencia psicológica porque tienen por objetivo disminuir la autoestima del otro y ser soberano obteniendo la última palabra (Barthes, 2001). Con esto no niego que haya interacciones violentas entre ambos, tal como mostraré en un pasaje, páginas después, donde ella le critica a él su corte de pelo. No obstante, marcarle al otro que le genera asco es violento, aunque ella lo visualice como que él es “calentón”.
Invito a leer el siguiente pasaje, que es un ejemplo de violencia psicológica, de desprecio (Velázquez, 2006) o minusvalorización (Femenías, 2007), que se da en el momento del acto sexual.
E.: ¿Por qué vos pensabas que podía llegar a ser una relación violenta?
Gabriela: Porque yo soy muy persecuta, la flasheo mucho, no sé, de ver, viste cuando sentís que cogés y no le importa nada, o sea, él tampoco estaba tan enamorado de mí.
E.: Empezamos con eso que vos me decías cuando tenías relaciones sexuales, ¿qué era, que acababa y listo y no le importaba?
Gabriela: No, no es que no le importaba. O sea, yo la flasheaba del hecho de que cogés, acaba, le chupa un huevo y medio lo que te está pasando. Después se enojaba, cada tanto, los primeros meses fue como bastante mierda todo.
E.: ¿En qué sentías que a él no le importaba?
Gabriela: Yo por ahí necesitaba… Yo entiendo ahora que por ejemplo a los pibes les da mucho asco el semen, no sé por qué no lo soportan. Y que realmente cuando acaban tienen ganas de limpiarse, o sea, que no es que tienen ganas de acostarse arriba tuyo que estás toda acabada, o sea, no les interesa. Y por ahí yo en ese momento necesitaba eso, y después entendí que la verdad que sí, que es un asco, y que está bien que se levante y junte algo para limpiarnos, porque es un asco. Pero en su momento era como si a este pibe no le importase nada, me sentía mal, era como algo más de que yo flasheaba.
Ella lo justifica y entiende. No termina de nombrarlo como violento, sin embargo sí comenta el malestar que le generan ciertas prácticas de su novio sobre ella, y las expectativas de índole amorosa que ella espera que sucedan, como por ejemplo “que se acueste arriba tuyo después que acababa” y que no se dan. Además, los rumores de que su novio había ejercido violencia física sobre su ex novia, sumado al hecho de que él se enoja fácilmente y que ella sentía desinterés de parte de él cuando tenían relaciones sexuales, le había hecho encuadrar que su relación posiblemente fuera violenta.
E.: Vos me decías que para vos no es violento.
Gabriela: Es muy calentón, o sea que realmente, eso para mí es lo violento de que, la verdad no está bueno que te digan cosas feas cuando se pelean así. De última nada, pero igual es normal que la gente cuando se enoje diga cosas feas. Eso es lo más violento que puede.
E.: ¿Para vos violento tiene más que ver más con lo físico?
Gabriela: Sí, igual las palabras a mí me parecen violentas, por eso a mí no me gusta que me diga, hasta en un momento pensé que mi relación podía tener algo de violenta, pero porque tenía influencias de que una piba que estaba chiflada decía que él le pegaba, pero es mentira porque la piba está loca […].
En tercer lugar, puede suceder que los/as entrevistados/as no reconozcan que en su relación haya episodios de violencia, como es el caso de Darío y Diana.
E.: ¿Estas discusiones que tuvieron, ustedes las definirían como situaciones que fueron algo violentas?
Diana: No, para nada.
Darío: Violentas no. Yo nunca la insulté a ella ni nada, nunca. Por ahí el malhumor que sentía se lo explicaba a ella, trataba de hacerle saber lo que sentía yo, cómo me sentía. Por ahí el tono no era el mejor pero tampoco me iba de tema con el tono ni con las palabras, trataba de mantener ciertos parámetros.
E.: ¿Y vos?
Diana: No, no me parece que nunca hayan sido, porque nunca fueron tampoco tan fuerte las discusiones, no, nunca llegaron a ser violentas.
Más allá de que no reconozcan que hay violencia en su pareja como tal, en el transcurso de la entrevista con esta pareja aparecen diferentes escenas de celos y de control que mostraré en las próximas páginas. Además de que hay violencia psicológica de uno sobre el otro, como la que presento a continuación.
Ella no lo invita a su fiesta de graduación, aunque a él le hubiese gustado ir, y cuando termina el evento lo llama diciéndole: “[…]‘tendrías que haber venido, estaban todos, amigos, familiares’. También me dijo ‘me preguntaron todos dónde estabas vos’, dónde estaba yo. La familia, los amigos le preguntaron dónde estaba yo, por qué no estaba ahí. No sé, eso me hizo sentir re mal”. Esa llamada donde se intenta hacer sentir culpable al otro es un ejemplo de violencia psicológica. Ante esto él sintió que hubo una falla en la reciprocidad de expectativas (Giddens, 1992). Él manifiesta que se sintió menospreciado por parte de su novia y que para él un novio debe estar presente en eventos sociales donde también se encuentra la familia. Es una expectativa del noviazgo que no fue cubierta y él se lo manifiesta. No obstante eso, ella, al otro día, cuando es la graduación de él, y habiendo sido invitada, no asiste. Dice Darío: “Me puse muy de mal humor cuando, también yo, cuando vi el momento, que estaba ahí. Y en mi graduación estaba todo el mundo, estaba toda mi familia, estaba lleno de gente, estaban todos los novios”. Ahí él la llama angustiado y comienza la pelea:
Darío: Ahí fue la única vez que discutimos fuerte. No, ella no; yo. Yo me enojé, me enojé en serio y le hablé un poquito más subido el tono que siempre. Y ella no, ella me contestaba y me decía lo mismo, pero me hubieras dicho yo qué sé, y yo te dije lo mismo la otra vez y es verdad. Después me dijo perdón, pero yo ya estaba enojado …. Le dije que no me siento nada importante, que por qué no viniste, que yo qué sé qué cosa, y le empecé a hablar. En un momento me parece que ella se puso mal, perdoname, y sentí en su tono o en la voz que se había puesto mal, mal en serio. No sé si se largó a llorar, pero como mal. Y cuando pasó eso yo cambié totalmente la cara, porque aparte nunca la había visto yo así, y tampoco me gustaba que esté así por algo entre nosotros. Me cambió la cara y le dije perdoname.
Como resolución del conflicto él va a la casa de ella: “la abracé y le di besos”. El amor expresado corporalmente comienza a aparecer como modo de resolver estas escenas, como explica Barthes (2009), pero para llegar a este punto aún faltan algunas páginas.
Por último, Juan y María, quienes son altamente celosos uno del otro, diferencian los celos de los celos enfermos. Los últimos implicarían mirar el celular del otro constantemente y un control constante de los otros. Esta práctica, aunque común en su pareja, es relatada por ellos como si fuese una práctica ajena a ellos.
E.: ¿Qué es lo que a vos te da bronca que ella haga?
María: Hablar con Miguel.
Juan: Claro, de que por ahí ella está con el celular, estamos juntos.
María: Ah, que use el celular cuando estamos juntos también le molesta.
Juan: Veo que dice Miguel y sé que es ese Miguel (un compañero de ella).
E.: ¿Y por qué vos le mirás?
Juan: Y, porque por ahí estamos juntos, uno al lado del otro, acostados, y la vista hago así.
E.: ¿Y eso te enoja?
Juan: Claro, le digo por qué hablás y ahí arrancás la pelea.
2.1.3. Celos y control
En este apartado analizo en profundidad los celos y el control, que son un emergente que apareció con una gran frecuencia en las entrevistas cuando se pregunta sobre los problemas o discusiones que tienen dentro de la pareja. Esto me permite describir las prácticas, interacciones y discursos sobre la violencia, sus representaciones sobre la misma y cuál es su percepción sobre la celosía. Estas transgresiones que son consideradas como violentas, es decir, ubicadas dentro del ámbito de lo heterogéneo (Bataille, 2010), son prácticas cotidianas y aceptadas dentro de los noviazgos de estos jóvenes. Un ejemplo que se repite en las diferentes entrevistas y que merece un tratamiento por sí mismo son los celos excesivos propios de la violencia de tipo psicológica en ambos integrantes de la pareja (Osborne, 2008). La fidelidad es un valor fundamental en el pacto de noviazgo que establecen estos jóvenes. Esta ponderación de la fidelidad en la forma en que aman los/as entrevistados/as no permite conceptualizar a estos tipos de amor dentro del concepto de amor confluente (Giddens, 1992). Las dudas, el miedo de que algún integrante de la pareja sea infiel generan escenas recurrentes de celos y control que terminan en conflicto. Esto es caracterizado por Frabetti (2009) y por Camarena Luhrs (2010) como parte de los efectos negativos que puede producir el amor, que según las autoras, como se explicó en el primer capítulo, está atravesado por relaciones de poder que hacen que se conciban como legítimas relaciones amorosas donde priman diferentes tipos de violencia.
Juan y María dicen “somos muy celosos y muy controladores los dos”. El control constante sobre la otra persona es relatada por esta pareja como parte constitutiva de su pacto de noviazgo y tiene como finalidad el cuidar y perpetuar el principio de fidelidad. El mismo estipula a qué lugares pueden salir a la noche o qué tienen permitido vestir.
En relación con las salidas nocturnas, en las diferentes entrevistas se muestra cómo desde que están de novios los jóvenes salen menos por los conflictos que puede traerles con su pareja, por ejemplo, el miedo a que sean infieles.
E.: ¿Y que vaya a un bar no te molesta a vos?
Juan: No. Depende a qué bar igual.
E.: Por ejemplo, ¿a qué bares no te gusta que vaya?
Juan: Y el Trébol es medio medio. Me puedo llegar a poner celoso. Después si va a un bar como al que voy yo, no hay problema porque está sentada y no es que hay música así como para bailar y eso.
E.: ¿Y el Trébol por qué no?
María: Porque es medio…
Juan: Es como que es más movido, va mucha más gente… podés estar parado hablando, caminando. Y por ahí me da celos.
Él no quiere que ella vaya al bar Trébol por el hecho de que haya música y, por ende, gente en movimiento. Esto podría implicar que ella lo engañe o que otra persona se le acerque. En ese espacio ella o su entorno se encuentran en una situación más permeable al contacto físico con desconocidos que en un bar donde se está sentado y simplemente tomando algo con amigos. Sin embargo, este control sobre las salidas no sólo es atributo de los varones, sino que también lo llevan a cabo las mujeres, es recíproco. Tal es el caso de Daniela.
Para Carla, sus celos provienen también de que él sale con sus amigos y tiene miedo de que el pacto de fidelidad propio de su noviazgo se termine. Por eso, ella toma ciertos recaudos antes de las salidas: intenta no discutir, le dice que lo ama y que se cuide.
E.: ¿Lo celás?
Carla: No, por ahí cuando sale sí.
E.: ¿Qué pasa cuando sale?
Carla: Porque él sale mucho a bailar. Va, los amigos salen mucho a bailar, y por ahí a veces le rompo un toque las bolas, no es de pesada, es que a veces me dan miedo esas situaciones.
E.: ¿Qué te da miedo?
Carla: Que esté en un boliche, que esté lleno de minas, que puede estar con una mina tranquilamente y yo jamás me enteraría y eso.
E.: ¿Y qué le decís?
Carla: Nada, que se cuide, que lo amo. Trato que esté todo bien en ese momento, porque en general cuando te peleás y salís, como que te agarra como bronca, es re feo.
El control es aceptado porque son novios y en tanto novios se espera que cada uno de los miembros tenga determinados desempeños (Gregori, 1993), deben priorizarse en sus planes y estar informados de lo que hace el otro.
Los celos en las diferentes entrevistas emergen, mayoritariamente, cuando una de las partes le comenta a su pareja que otra persona gusta de él o de ella, que su ex novio reapareció o que lo invitaron a alguna fiesta o boliche. El hecho de que se lo cuente es visto positivamente por quien recibe la noticia, como un acto de honestidad y de no mentira.
E.: ¿Vos estás al lado cuando lo invitan o cómo te enterás?
Gabriela: No, la otra vez que vinimos acá también tenía las entradas y le digo, qué es esto. Nada, me invitaron las chicas. Dale loco, media pila, o sea me rompe las pe… pero porque soy así de que me rompe las bolas, tampoco es que no lo dejo ir.
E.: ¿Y él te cuenta que lo invitan o vos ves que lo invitan?
Gabriela: No, me cuenta. Eso es lo que me debería calmar.
E.: ¿Y cómo te lo cuenta?
Gabriela: Nada, me cuenta como algo que normalmente pasa. Por ejemplo, hoy vi un libro de historia de no sé qué año del colegio y le digo, ¿qué estabas leyendo esto? No, me pidieron un libro para estudiar peronismo. ¿Quién? Una pibita del Buenos Aires. Metete el libro en el culo, o sea, ¿quién es?
El novio de Gabriela milita en la agrupación política La Cámpora, en la cual según ella está lleno de “trolas” que gustan de él y que lo invitan a fiestas. A partir de eso ella está en diferentes situaciones cuestionando a su pareja para saber si la engaña. Él le comenta estas situaciones para que ella no desconfíe de él. Ella está conforme con eso, pero igualmente le genera celos. Siguiendo a Goffman (1971), en esa interacción los individuos cooperan, ella pidiendo explicaciones y él dándolas, generan así un sentido de realidad marcado por la celosía. Ninguno de los dos corta con esa escena.
En el caso de Darío y Diana, ella le cuenta que su ex novio le habló, lo cual si bien a él le molesta lo acepta porque ella se lo contó. Luego él se entera a través del Twitter de ella (espacio virtual donde Diana hace público su enojo con su ex) que su ex novio le continuó hablando. El hecho de que ella no le haya informado esto es lo que hace enojar a Darío.
E.: ¿Se lo comentaste a él por teléfono?
Darío: Sí, ¿me llamaste o me hablaste por WhatsApp?
Diana: Te hablé y ahí me llamaste.
Darío: Y no sé, y todo el momento que le hablaba no me gustaba la situación pero me gustaba que me lo esté diciendo, que me lo diga desde el principio y que me diga toda la conversación y esas cosas. Ella me decía lo que le decía el tipo, lo que le contestaba ella. Está bueno, aunque no me gustó la situación, ese día quedé de mal humor, no con ella sino con la situación. Y después al otro día el tipo le habló de vuelta y ella no me lo dijo y yo ahí me enojé.
E.: ¿Cómo te enteraste?
Diana: Se lo dije yo.
Darío: No me lo dijiste vos.
Diana: Te lo dije yo pero más tarde.
Darío: O sea, me lo dijiste vos porque yo había visto en tu Twitter que habías puesto algo como de caliente, enojada.
Diana: Ah, es verdad.
Darío: Yo te pregunté por qué pusiste eso, ahí me dijiste y yo por eso me enojé porque no me lo había dicho.
La posibilidad de generar celos y desconfianza en el otro, en caso de que la relación no esté funcionando de la manera deseada por una de las partes, es una estrategia que se utiliza para demostrarle y hacerle saber al otro que “podía estar en otra cosa en un segundo” y que si no se cumplen ciertas expectativas de satisfacción la pareja se termina. Este criterio de satisfacción entre las partes es uno de los pilares de las relaciones puras (Giddens, 1997). Si bien en el caso de estas parejas no se termina la relación si la satisfacción no se cumple plenamente, lo que sí sucede es una suerte de venganza.
En el caso de Tamara, efectivamente le fue infiel a su novio por venganza, quien lo supo y, aunque con conflictos, la perdonó. Este es el único caso entrevistado en el que hay infidelidades de ambas partes. Ellos se lo cuentan y, pese a que incrementan los celos dentro de su relación, son aceptadas. Además, ella se escribe por Facebook con su ex novio, con quien tuvo una relación de gran intensidad y estuvo con él durante dos meses mientras estaba de novia con Hugo, lo cual también incrementa los celos y el control por parte de Hugo hacia Tamara.
Tamara: Estaba enojada con él y dije “el primer pelotudo que se me tire y que sea lindo le doy”. Y pasó eso.
Gregori (1993) explica que muchas escenas de violencia, como las recién citadas, donde ambos entran en un juego de violencia psicológica de uno sobre el otro, de generación de inseguridades a través de la venganza, de hacer sentir mal, pueden provenir de disposiciones inconscientes de tener ciertas expectativas que no fueron cumplidas por la pareja: “no me daba pelota”. De este modo le demuestra que podía perderla si no hacía las cosas como “debían ser”. A la vez que Germán también se venga histeriqueando con otras mujeres. Ambos ponen en el límite de la transgresión (Bataille, 2010) su pacto fundante del noviazgo: la fidelidad. A través de esa transgresión ejercen violencia psicológica uno sobre el otro (Osborne, 2009).
Norbert Elias (1989) explica que la violencia se ha ido “refinando”, en el proceso civilizatorio, a través de una serie de mecanismos laterales. Los celulares y las redes sociales pueden ser entendidos como nuevos mecanismos laterales, que no existían en otras épocas históricas, desde donde se ramifican medios de control y celosía. Los mismos, por su constancia en la interacción cotidiana de los/as entrevistados/as y el efecto que tienen en su modo de vincularse, pueden ser interpretados como prótesis (Haraway, 1991) de los cuerpos de los/as entrevistados/as. Estos jóvenes pueden ser categorizados como cyborgs (Haraway, 1991), ya que el despliegue de nuevas tecnologías cibernéticas genera efectos tangibles (Kaplún, 2004) y pautas de comportamiento (Cosse, 2010) novedosas que configuran un discurso predominante sobre la afectividad (Pedraza, 2009) y sus experiencias (Scott, 1992) de noviazgo en escenas de discusión, ira, celos y conflictos dentro de las parejas. Ejemplos de modos de control y celos son: revisar los mensajes del celular o las conversaciones de WhatsApp[5] del otro sin su consentimiento.
Otro medio que se ha convertido en un prolífero generador de celos y control es el Facebook[6] por diferentes razones: en primer lugar, porque al tener chat[7] permite leer las conversaciones que tiene una persona con sus contactos; en segundo lugar, el pedido de la contraseña del otro es visto como una muestra de amor y confianza (Giddens, 1997); en tercer lugar, se puede hackear al usuario[8]; en cuarto lugar, se está atento a quién le pone “me gusta” en una foto[9] o en qué fotos aparece “etiquetado” el sujeto amado[10]; en quinto lugar, se puede saber a quiénes se ha aceptado como “amigos”[11] en estas redes sociales, y cuánto hace que el otro leyó el mensaje que se le envió. También el uso del Twitter[12] opera de igual manera ya que permite conocer los tweets[13] de quién “sigue”[14] cada usuario, y a quién “favea”[15]. Este acceso a una mayor información sobre los movimientos de la pareja en el espacio virtual funciona generando celos en los jóvenes.
Gabriela: Nada, el chabón una vez me entró al Facebook en mi casa. Estaba en mi casa y yo estaba con mi vieja cocinando algo y lo vi que estaba en la computadora. Yo la verdad es que cerraba Facebook antes de que él llegue, no por algo sino porque nada, en vez de cerrarlo cuando él entre era como, qué voy a estar usando Facebook cuando está mi novio, pelotudísima, vengo a comer. Es más, dije lo voy a dejar abierto, le bajé a abrir, lo dejo abierto total acá no hay un carajo, si quiere mirar, la verdad que no estaba haciendo nada. Buscó y encontró.
E.: ¿Qué… te entró al historial de los mensajes?
Gabriela: Claro. Y nada, en realidad yo en su momento, es verdad y tiene razón, o sea terminé entendiendo que por ahí tiene razón y yo me hubiera enojado. Yo seguía hablando con pibes con los que había estado, no de querer estar con ellos porque ya la verdad es que estaba con mi novio, nunca les dije ni lindos ni nada, pero le molestó y a mí me hubiera molestado mucho también.
En las escenas donde relatan que el conflicto surgió porque el otro leyó sus conversaciones, se observa que la otra persona ya sabía que existía la posibilidad de que el otro llegue a mirarle el Facebook o el teléfono, y sin embargo no trataron de evitar ese conflicto. Saben que su pareja está pendiente de lo que hacen. Gabriela durante el transcurso de la entrevista repite en diferentes oportunidades que su novio es muy celoso y en este fragmento ya da por supuesto que él podía leer sus mensajes.
El muro[16] del Facebook de la pareja es un disparador de celos de diversa índole. En relación con la expresión “me gusta” o “like”, los jóvenes saben de inmediato quién indicó que le gustaba una foto o algún estado[17] de su pareja y si sus novios hicieron lo mismo con el Facebook de una persona de otro género. Durante el transcurso de la entrevista, Joaquín comenzó a discutir con su novia por este tema vía Facebook. Parte de los celos de ella se explican porque cuando se pusieron de novios él estaba de novio con otra persona. Además, antes de ser novios eran amigos y él le contaba cómo engañaba a su ex novia.
El silencio, la indiferencia del otro es también parte de la violencia psicológica. Un ejemplo más concreto que genera conflicto en las parejas se da cuando uno le “clava el visto” al otro.[18]
Daniela: Y, si me llegaba, me clavaba el “visto”, me re enojaba. No, te mato.
E.: ¿Pero por qué, qué significa que te claven el “visto”?
Daniela: ¡Que te vio el mensaje y que no te está respondiendo!
E.: Pero, ¿qué implicaba para vos, qué te significaba?
Daniela: Que no le importaba lo que le estaba poniendo, que le chupaba un huevo, como que lo miraba y se iba y no… (risas).
En relación con las contraseñas, dársela a su novio/a o no, se presenta como un juego donde se ponen en tensión ciertos límites. La de Facebook, por la cantidad de actividades que le permite desarrollar al usuario, atañe a más aspectos de la privacidad, por lo que es más valorada en relación con la de Twitter.
En el caso de Daniela y Germán, al principio de la relación tener la contraseña del otro y usarle su Facebook era visto como un juego. Sin embargo eso derivó en celos y conflictos.
E.: Con el Facebook y WhatsApp, ¿a veces se revisan, saben la contraseña?
Germán: No, ella la sabe, creo. Yo sé la de ella, pero no es que ando entrando y le reviso las cosas para ver qué hace, o sea, capaz que antes los dos teníamos la contraseña del otro y yo entraba para joder y hablaba desde el mío al de ella y cosas así, desde el de ella al mío. Pero nada tipo no es que me ponía a revisar los mensajitos.
E.: ¿Y alguna vez tuvieron algún conflicto por eso de mirarse el Facebook?
Daniela: Sí.
Germán: Sí, hace poco. Porque me revisó un mensaje, hace poco.
E.: ¿De Facebook?
Germán: Sí, ¿o entraste a mi Facebook y viste una conversación? ¡Ah, no! Lo dejé yo abierto en su casa y ella vio. Viste la conversación que estaba abierta, y me empezó a decir de que yo hablaba mucho con esta chica, con Lucía, que es mi amiga, de muchas cosas y que nosotros no tenemos tantos temas para hablar.
Lo mismo sucede con el Twitter, Gustavo comenta cómo a su novia le molesta que lo sigan en Twitter o que alguna mujer le ponga que le gusta su tweet, aunque ella también haga lo mismo.
Gustavo: Yo sé que a mi novia le dan muchos celos que chicas me empiecen a seguir a mí en Twitter. Le da muchos celos y yo le digo “gorda, me siguieron ellas a mí”, no es que yo voy y sigo a chicas. Es lo más celosa del mundo. También le da celos que me pongan en favoritos algunas chicas, o chicas que me he comido.[19]
Si bien en este fragmento él se muestra como alguien que no tiene celos, donde el amor es la base de su confianza, el control aparece rápidamente en los próximos párrafos. Ambos se revisan diferentes dispositivos de redes sociales: ella, su Twitter, y él tiene la contraseña de ella.
E.: ¿Y vos a ella?
Gustavo: Es que yo sé que no tiene nada.
E.: ¿Pero vos se lo mirás?
Gustavo: A veces sí, a veces no.
E.: ¿Y por qué tenés esa seguridad?
Gustavo: Porque los valores que te dije, porque desde que la conocí sé que me ama demasiado tipo, mucho y demasiado […]. Mi novia puede salir tranquilamente con las amigas y yo no estar como un boludo atrás de ella fijándome qué hace o qué no hace. Sé que puedo confiar en ella y sé que no se va a mandar ninguna cagada, porque, porque confío en ella.
E.: ¿Y las contraseñas las tienen?
Gustavo: Sí, eso sí. La de Facebook y la de Twitter, las dos.
En relación con el espacio virtual, por último, si no se tiene la contraseña de la pareja y ante la duda de si está siendo engañado/a, se puede llegar al punto de hackearle el usuario del Facebook.
Otra modalidad de control que me interesa subrayar es la que se da a través de la vestimenta. En diferentes entrevistas aparece de parte de los varones hacia las mujeres un control sobre lo que les permiten vestir para que sus novias no parezcan estar provocativas. El género opera aquí como una forma a partir de la cual se articulan relaciones de poder asimétricas hacia los cuerpos de las mujeres. La violencia de orden simbólico (Femenías, 2009) contra las mujeres responde, siguiendo a Connell (1995), a los atributos de la masculinidad hegemónica que, por un lado, configura cuerpos femeninos deseables, a la vez que en los noviazgos los varones esperan que sus novias no sean miradas ni deseadas por otros varones.
E.: ¿Vos a ella le decís no te pongas eso?
Juan: Sí.María: Pero una mujer es distinto.
E.: ¿Con qué te dice que no te pongas?
Juan: Y… con calzas. Pollera no usa.
María: No, polleras no uso.
Juan: Remeras. Algunas, alguna que otra musculosa.
María: Más que nada las calzas.
Juan: Ah, pollera cuando vas a bailar. Bah, que ya no vas casi nunca.
María: No.E.: ¿Por qué para vos es diferente con las mujeres?
María: Y… porque él ¿qué se va a poner? Un jean, una bermuda y una remera, en vez una mujer puede vestirse más provocativa.
María es quien dice que en una mujer es distinto. Esta representación sobre la vestimenta es dicha por una mujer sobre la cual se está ejerciendo el control. Retomando el concepto de género de Connell (1995), el ejercicio de la opresión y la violencia exceden a la genitalidad y a las sexualidades de las personas; son medios de dominación que han sido internalizados por quienes viven bajo los patrones de la masculinidad hegemónica. Ella acepta e indica que las mujeres que se visten de determinada forma lo hacen para provocar.
El control sobre su cuerpo y la violencia simbólica (Femenías, 2009) contra las mujeres aceptada por María se observa en el próximo fragmento de entrevista. Juan comenta una situación en la cual otro varón miró por la calle de forma lasciva a su novia, quien ese día sí podía vestir calzas porque iba caminando con él.
E.: ¿Te paso alguna vez que un chico la mire por la calle?
Juan: (Risas). Sí. Estábamos en la casa de la abuela de ella y fuimos a comprar algo. Bajamos y fuimos a un supermercado y en eso yo estaba agarrado de la mano con ella.
María: ¿Qué era? ¿Por qué estábamos bien vestidos? Ah, el cumpleaños de mi abuela.
Juan: El cumpleaños de tu abuela, sí. Estábamos bien vestidos, ella estaba con unas calzas, una pollera, no sé qué tenía.
E.: ¿Ese día pudo salir con calzas?
Juan: Como estaba conmigo sí.
María: Sí, tenía calzas, unas azules.
El control sobre la forma en que se viste la pareja se encuentra también de María hacia Juan. Sin embargo, los efectos de dicho control se dan de forma diferente. Ella no se pondrá calzas o musculosas si él no está; en cambio, María acepta que él se ponga quizás una prenda determinada pese a que le dé celos.
E.: Volviendo a lo de los celos, ¿vos le preguntás cómo fue vestido, quiénes estaban?
María: Quiénes estaban sí. Cómo fue vestido también (risas).
E.: ¿Qué le preguntás?
Juan: Sacate una foto y mostrame cómo…
María: No, eso no lo hice nunca.
Juan: Sí.
María: No lo hice nunca eso.
Juan: Sí, una vez sí me lo dijiste.
María: Habrá sido jodiendo. No, para la ropa no me molesta. Qué se va a poner, una bermuda y una remera.
Juan: No. El otro día que me dijiste cómo iba al colegio (risas). Me dice olvidate de usar esta remera.
María: Porque le quedaba muy linda (risas).
Juan: Y tengo que ir en short, no sé qué más, en botas.
María: Pero eso se lo digo jodiendo, todo eso no se lo digo en serio.
E.: ¿Pero si se lo pone te molesta?
María: Nada. Ya sé que la va a usar, es su ropa, qué va a hacer.
En el caso de Darío, si bien le da celos que ella use shorts cortos y que la gente desconocida la mire, sí le gusta que sus propios amigos vean que su novia es linda. Desde la perspectiva de Segato (2004), en ese contrato entre iguales el cuerpo de su novia expresa un atributo de belleza, de que posee una pareja con un cuerpo deseable que lo jerarquiza ante la mirada de sus amigos.
Darío: No me gusta que use cosas cortitas ni escotadas, pero la dejo vestirse como quiera. Yo la dejo vestirse como quiera, pero no me gusta que use, le digo nena no te pongas algo tan cortito, ¡por favor! Y ella se ríe y me dice que no quiero no sé, porque me preocupo por eso y no me gusta que la vean así.
E.: ¿Qué significa que la vean así?
Darío: No sé, que la vean porque son cosas cortitas y yo soy hombre y cuando veo a una chica por la calle que no conozco, que veía antes. Perdón por lo que voy a decir, y miro, la miro y sé que soy hombre y soy uno de un millón, muchísimos más que pasan y que también las ven a las chicas y yo sé que a ella la ven y he visto que la ven a ella y no me gusta. […] O sea, igual por un lado me gusta que la gente o por ejemplo mis amigos vean, la vean a ella, no la vean pero sí. Me gusta que vean que ella es mi novia y es tan linda, a mí me parece hermosa y me gusta que lo vean, pero no me gusta, dejando de lado gente que no son mis amigos o gente que no conozco, gente que conozco que no va a hacer nada, que la vean otros y que la miren a ella y que la miren como diciendo qué linda piba y yo qué sé, y que no les importe que sea mi novia y que la miren a ella, no me gusta. Así que no, a mí no me importa, para mí siempre está linda igual, ponga lo que se ponga.
En el caso de Daniela y Germán, a él le molesta que ella lleve ropa transparente o que no use corpiño, sin embargo Daniela comentó que ante ese tipo de celos de su novio, ella no los toma en consideración. Según Germán, es hipócrita que las mujeres usen determinadas prendas y luego se quejen de los piropos que reciben en la vía pública. Una suerte de “se lo buscan” aparece en su testimonio.
Germán: Hoy en día pasan tantas cosas y las mujeres se quejan de muchas cosas, por ejemplo del trato de los hombres en la calle o cosas así que después me resulta como hipócrita que anden con la ropa así, tipo las chicas más que nada, una chica de 16 años me entendés. Todo el mundo se está quejando de que me dijeron tal cosa en la calle o que me tocaron el culo y esas cosas y yo pienso, “si andás con un short que se te ve la mitad del culo al aire y andás con una remera que se te ve todo el corpiño y es obvio que la gente te va a decir cosas en la calle o te va a ver, o vas a llamar la atención”. Yo siento que es hipócrita que después te estés quejando si lo hacés, o sea, capaz no lo hacés a propósito pero qué sé yo.
Ella por su parte, a diferencia de María, no cambia su vestimenta pese a que a su pareja no le guste lo que lleva puesto. No obstante, ella también controla por otros motivos –derivados de patrones que denomino estéticos o de moda– la vestimenta de su pareja. Si él no se viste combinando colores o utilizando determinadas prendas que están de moda en su ámbito de esparcimiento, se generan conflictos. Esto es un tipo de violencia simbólica que ejerce ella sobre él y que responde a que también en el cuerpo masculino hoy, aunque en diferente grado respecto al femenino, se imprime un amplio repertorio de experiencias (Scott, 1992) que responden a un contexto capitalista y de consumo (Pedraza, 2009) que genera ciertas expectativas y condicionamientos sobre la belleza de los varones. Este parámetro de belleza también varía según la clase social. En el caso de Germán y Daniela son de clase media y poseen un habitus (Bourdieu, 1985) afin a su clase y a sus consumos culturales: van al cine, concurren a fiestas de música electrónica, escuchan música en francés y tienen como grupo en común a Babasónicos. Ella además se viste con ropa que se compra en la avenida Cabildo y/o Santa Fe, le gusta el diseño y quiere estudiar una carrera afin.
E.: ¿Ella te molesta a vos con la ropa, qué te tenés que poner y eso?
Germán: Algunas cosas sí porque a mí me gusta a veces vestirme medio con una combinación de cosas media raras. […] Me dice, no eso no combina, o qué sé yo, tengo un poco roto un pantalón por ejemplo y me dice, está roto y no podés salir con eso y cosas así, pero no, en general no me jode tanto.
E.: ¿Qué hacés cuando ella te dice eso?
Germán: Yo por ejemplo le digo, depende obviamente el grado, si tengo un pantalón todo roto, le digo tenés razón. Pero si tengo un poco roto un pantalón que ni se nota o que lo puedo tapar un poco le digo no me jodas, ya está, estoy usando eso ahora y no me voy a ir a casa a cambiarme por ejemplo. La próxima no lo uso y listo.
Por último, en el siguiente testimonio se puede observar una escena que comienza con violencia simbólica de una mujer contra un varón y luego él reacciona ante la misma ejerciendo violencia psicológica contra su novia. Gabriela se enoja por el modo en que su pareja se termina cortando el pelo, pero a su vez él no la escucha cuando ella habla y reacciona con ciertas gestualidades que serán analizadas a posteriori, que pueden enmarcarse como agresivas. Ella posee un habitus de clase media y se viste dentro de ese canon; en cambio, para él, que es de extracción popular y milita, su interés por cierto tipo de estética es diferente al de ella.
E.: ¿Entre ustedes hay agresividad?
Gabriela: No, hay caritas obvio, pero porque por ejemplo el otro día se cortaba el pelo y casi lo mato, porque la verdad que me daban ganas de matarlo. Me dijo, ¿me cortás el pelo? Dale, y le corté el pelo, algo bien le quedaba y me dice, no me cortaste nada, y se empezó a rapar hasta acá arriba y le quedaba una alfombra y le dije, me parece pelotudo lo que estás haciendo, ¿me podés escuchar? Sí, te escucho y se seguía rapando. Y le dije sos un pelotudo ojalá que quedes como el culo, porque se hizo una alfombra, o sea esto es nomás de pelo, además está todo rapado, no está bien. Nada, esas caras así de que después en realidad para él estaba todo bien, pero me estaba poniendo caritas nomás y yo quedé re caliente porque la verdad que quedó como el culo y nada, no somos casi nada agresivos.
Nuestra corporificación requiere constantes y continuas prácticas de trabajo corporal por medio de las cuales se presenta y mantiene al cuerpo en un marco social en donde prestigio, persona y estatus giran de manera fundamental “alrededor de mi presencia corporificada en un espacio social significativo” (Turner, 1984: 14). El modo en que él se quiere cortar el pelo no implica estatus en términos de Gabriela, sino que lo vuelve, como dice en otro fragmento de la entrevista, “medio cabeza, demasiado feo eh, o sea la gente me dice que es muy feo”. “La gente” en ese caso son sus pares de la misma clase social, con trayectorias similares: fueron a la misma escuela, son del mismo barrio, salen a lugares similares y tienen pautas de consumo afines. Esto, por ende, les moldea determinadas representaciones en común sobre la belleza.
2.2. Representaciones y prácticas sobre el amor y el noviazgo
Alain Badiou (2012) propone que el mundo de los amantes es un mundo por fuera de las seguridades, que se inicia con un encuentro marcado por la contingencia y que luego a través de la declaración amorosa se da lugar a una construcción, a lo largo del tiempo, de una escena de Dos. Las interacciones amorosas de los jóvenes responden a pautas de noviazgo socialmente establecidas cuya carencia resulta en insatisfacciones y sufrimientos. En los tiempos del amor confluente (Giddens, 1997), aunque atravesado por conflictos, en las relaciones puras (Giddens, 1997) prima el criterio de satisfacción y de entrega, sin los cuales la relación amorosa se terminaría. Pero si la satisfacción emocional se desprende de la recompensa que otorga la relación en sí misma, ¿cuál es el criterio de satisfacción de estos jóvenes y cuáles son los valores que organizan su idea del amor? ¿Se puede afirmar, como hace Giddens, que estamos ante la emergencia de un amor confluente donde la fidelidad y la idea de que el amor no es para toda la vida rigen el “corazón” de estos jóvenes
En las siguientes páginas abordo tres aspectos: las representaciones sobre el amor y el noviazgo que poseen los jóvenes; las expresiones verbales que emplean estos jóvenes para demostrar su amor; y, por último, las escenas que pueden ser categorizadas como amorosas.
2.2.1. Representaciones sobre el amor y el noviazgo
Para responder a las preguntas anteriores, es decir, cuál es la idea de satisfacción y de placer que se halla en el noviazgo, describo el ideal y las representaciones de noviazgo y de amor que poseen estos jóvenes. Para ello, dentro de la guía de pautas de entrevistas, en el eje sobre el amor, algunas preguntas fueron: ¿qué entendés por amor?, ¿qué implica para vos el amor?, ¿cuál sería una imagen que represente para vos el amor?, ¿podés nombrarme alguna película o canción que se vincule al amor?
A partir de estas preguntas analizo las representaciones sobre el amor que tienen los varones y mujeres que integran estos noviazgos y estudio comparativamente las interacciones y sus discursos sobre el amor, que son parte de mis objetivos de investigación.
En primer lugar, una de las primeras cuestiones que emerge de las entrevistas en relación con estas preguntas son sensaciones vinculadas con la felicidad y lo placentero que les otorga el vínculo con el otro.
E.: ¿Qué es para vos el amor?
Germán: ¿Qué es para mí el amor? Es que no sabría decirte exactamente qué es el amor porque es un sentimiento y no es fácil expresarlo. A mí me parece que el amor son muchas cosas, son muchas pequeñas acciones, o sentimientos o pensamientos hacia una persona o con una persona. El amor por ejemplo es cuando vos estás contento con otra persona o bien feliz, te das cuenta que te hace bien y pasa siempre que estás con esa persona, yo creo que eso significa que sentís algo muy importante y que se podría llamar amor.
E.: ¿Qué implica el amor?
Carla: Y… es estar con una persona que te gusta, que te quiere, y que te sientas bien todo el tiempo, o todo el día, que te despiertes y pienses que hoy vas a ver a esa persona, o que tengas ganas de verlo, como que ya no pensás tanto en otras cosas que no tienen importancia. Como que te focalizás más en las cosas que importan.
E.: ¿En qué sentís vos que el amor te ayuda a focalizarte?
Carla: Yo siento como que me acomoda un poco, como que estudio, no sé cómo explicarlo, pero yo siento que me ordena más la mente y puedo hacer las cosas separados y bien y puedo estudiar y después veo a mi novio, en vez de estar pendiente del chico “X” que conocí . Te mentalizás más en ciertas cosas.
En estos pasajes sobre el amor se desconoce el conflicto como parte de lo amoroso. El mismo es representado como un bienestar continuo por la seguridad que les otorga el vínculo del noviazgo.
Para Carla y Germán, el amor es pensar continuamente en el otro, es decir que se torna relevante en su cotidianeidad, dado que con esa persona se constituye un vínculo estable. El mismo le permite a Carla “enfocarse”. En cambio, alguien con el cual no hay un vínculo de noviazgo establecido lleva a la falta de estabilidad, “estar esperando algo del chico X”.
En segundo lugar, en el pacto del noviazgo hay una expectativa de roles que uno espera del otro: protección, cuidado, confianza, entrega (hasta por encima de uno mismo) y demostraciones de cariño. Estos valores se reflejan en las canciones que ellos comparten con sus parejas como muestra de amor.
Gustavo: Una canción que tengamos mi novia y yo es la de Calamaro “Soy tuyo”.
E.: ¿De qué habla esa canción?
Gustavo: De que soy tuyo, o sea que dice “soy tuyo” todo el tiempo, con defectos, con todo, soy tuyo.
Las expectativas deben ser cumplidas recíprocamente y son una condición para que haya satisfacción dentro de la pareja. Si alguno de los valores nombrados no se cumple, comienza el conflicto. Esto, siguiendo la lectura que desarrolla Campillo sobre Bataille, implica que el amor pone a los individuos en una tensión porque al tiempo que les promete la felicidad –la cual es percibida por los/as entrevistados/as como uno de los principios fundantes del amor–, esconde el sufrimiento que se debe a la promesa inalcanzable de continuidad con el otro. Explica Bataille, “en la realidad, el valor de la felicidad está constituido por su rareza. Si fuera fácil, sería desdeñada, asociada al aburrimiento. La transgresión de la regla es lo único que posee la irresistible atracción que le falta a la felicidad duradera” (Bataille, 2000 [1955]:196).
Cuando se les pregunta a los/as entrevistados/as sobre una película que represente para ellos el ideal de amor que están comentando, Diario de una pasión aparece como una de las favoritas por dos causas: la entrega absoluta de los personajes a estar juntos y la demostración de amor. Este discurso genera una expectativa sobre lo que es una experiencia amorosa típica y deseada por Hugo, Tamara y Daniela.
E.: ¿Por qué esa película para ustedes es el amor?
Hugo: Yo creo que es porque le dedicás la vida.
Tamara: Porque yo haría eso por una persona que amo, lo haría.
Hugo: Aparte entrega todo para ella. Solamente se dedica a que ella se enamore o que lo recuerde o que ella esté bien. Solamente piensa en ella.
E.: ¿Hay alguna película?
Daniela: Sí, las películas de amor me encantan. Son medio ficticias capaz. O sea, que me represente yo diría Diario de una pasión. Ese es como el ideal que todos quieren.
E.: ¿Qué es lo ideal que ves ahí?
Daniela: Que se aman locos el uno por el otro.
E.: ¿Qué significa para vos que estén locos el uno por el otro?
Daniela: Que dejan todo. Ella vuelve, no se casa por él, vuelve a donde está. Él construye esa casa que le había prometido a ella. No es real (risas).
E.: ¿Por qué no sería real?
Daniela: No sé. Me parece demasiado perfecto. Yo también creo que las peleas y los conflictos son cosas que pasan en la pareja. Nunca es todo perfecto ni tiene que ser todo malo.
Daniela entiende que las peleas son parte del amor y del noviazgo. Por su parte, Carla y María consideran a los celos dentro del amor. María y su novio, como describí anteriormente, poseen una interacción marcada por los celos y el control, y se refieren a los mismos como una demostración de amor.
Para Carla, la tensión miedo/confianza y felicidad/tristeza conforman esta escena de Dos (Badiou, 2012) que es la pareja.
E.: ¿Qué sensaciones, para vos, tienen que ver con el amor?
Carla: La felicidad, el miedo, la confianza, la tristeza a veces también, no es todo “ay qué lindo”, los celos también.
Ella en un pasaje anterior hizo presente el miedo que le genera que su novio, luego de una discusión, vaya a bailar y le sea infiel.
Las demostraciones de amor y la entrega son aportes para la construcción de la escena de Dos (Badiou, 2012). Si bien las personas se conocen de manera azarosa (por amigos en común, porque se pusieron a charlar en algún bar o boliche, en la escuela), el resultado es la conformación, a través del tiempo, de un amor duradero. El llegar a adultos junto con sus parejas actuales es una proyección, propia del amor romántico (Giddens, 1992; Alberoni, 1988), que poseen estos jóvenes y que está fundamentada en el amor que sienten uno por el otro. Aunque este deseo que expresan los/as entrevistados/as de seguir juntos en el tiempo no es percibido por los jóvenes como un mandato, sino como un deseo que puede llegar a no cumplirse.
A diferencia de la concepción de amor confluente (Giddens, 1992), los jóvenes no cuestionan el requisito de la fidelidad, propio del amor romántico. Este valor, como se dijo anteriormente, es clave para la continuación de la relación. En relación con la noción de fidelidad de los/as entrevistados/as, la misma se basa primordialmente en la monogamia. En cambio, para Badiou (2012) la noción de fidelidad está basada en el compromiso de una construcción de a Dos que perdure en el tiempo más allá de la monogamia. Por ende, el modo de amar de estos jóvenes no puede ser categorizado ni como amor romántico ni como amor confluente, ya que poseen características de ambos; se conforma así un binomio en tensión entre amor confluente/amor romántico.
Gustavo: Queremos estar juntos hasta viejitos. Cuando estás con una persona siempre querés eso, pero yo con ella si me dan un papel y me dice “firmalo” yo lo firmo. Con ella voy a estar toda la vida. Con otra persona no lo haría, pero con mi novia voy a estar toda la vida.
La idea de duración en el tiempo (Badiou, 2012) se ve en que las parejas poseen y recuerdan, siguiendo con la historia de Hugo y Tamara, las fechas y aniversarios tanto de su primer beso como de su primera relación sexual o del día que se pusieron de novios, “el 21 de eptiembre, el día de la primavera nos dimos nuestro primer beso”
En el caso de Paz y Homero, ella, dentro de su ideal del amor romántico, manifiesta que desea estar toda la vida con él. A Homero, si bien es un gesto romántico, no le parece “normal” y no manifiesta a lo largo de la entrevista el mismo deseo, aunque tampoco contradice lo que dice su novia. En él aparece una idea más vinculada al amor confluente (Giddens, 1992).
Paz: Y no sé, una vez volviendo de un cumpleaños también me parece o del cine, era de noche y yo le dije que le iba a prometer que iba a estar toda la vida con él, que yo sentía que él era el hombre que iba a estar a mi lado toda la vida, que yo sentía eso y en ese momento o ahora siento que tipo recordarlo es como que me pongo, te sentís como raro, no sé. Algo muy lindo.
E.: ¿Vos qué sentiste cuando te dijo eso?
Homero: Y qué sé yo. En un momento a uno como que lo choca porque qué sé yo, no es normal que alguien te diga eso, es como que de pronto te das cuenta que para la otra persona sos realmente importante y te choca tanto como que te genera una satisfacción […].
En relación con el modo en que los jóvenes consideran comparativamente que los varones y las mujeres aman, en una primera instancia plantean que según el género lo hacen de forma diferente. Sin embargo, en cuanto lo proyectan en sus propias trayectorias amorosas las conclusiones a las cuales llegan es que dependerá de cada persona y que muchas veces las mujeres son menos demostrativas, como es el caso de María, o que “sienten menos” que los varones.
E.: ¿Para ustedes los hombres aman igual que las mujeres?
María: No, para mí claramente no, pero no sé. […]. Yo creo que la mujer demuestra más en general que está o enamorada o dice cosas. El hombre es como más distante. Igual él no tanto, creo que en nuestra relación es al revés (risas).
E.: ¿Para vos es igual cómo ama un hombre a una mujer que una mujer a un hombre?
Germán: Antes tenía una teoría, de que el hombre no se enamoraba sino que se enconchaba.
E.: ¿Cuál es la diferencia?
Germán: Como que el hombre no lo sentía, que estaba atrás de algo más físico, pero no es así. El hombre se enamora tanto como la mujer y el hombre siente tanto como la mujer y hay hombres que sienten más que las mujeres. Así que no, eso me parece que es todo lo mismo, o sea, somos todas personas. De hecho hay amor entre dos personas hombres y entre dos mujeres y es el mismo amor que siento yo por Daniela, ¿me entendés? El amor es siempre el mismo.
Para Germán, quien al principio pensaba que el enamoramiento le pertenecía a las mujeres mientras que los varones se “enconchaban”, no tiene sentido pensar en un amor diferenciado vinculado a una diferenciación sexual, “el amor es siempre el mismo”. También Carla, para quien el amor implica protección, considera que debe ser mutua.
En cambio, Daniela considera que el amor es igual entre varones y mujeres hasta un cierto punto porque hay ciertos atributos y comportamientos, como son la seguridad y la protección, que ella espera que sean llevados a cabo principalmente por el género masculino.
E.: ¿Para vos es lo mismo cómo ama un hombre a una mujer que cómo ama una mujer a un varón?
Daniela: No sé (risas). Sí, yo creo que sí. Capaz que hay cosas que son más cosas masculinas que un hombre busca en una mujer y cosas que una mujer busca en un hombre, diferentes, pero tiene que ser igual.
E.: ¿Cómo es eso?
Daniela: Yo siento que en cierto punto es igual. Capaz un hombre tiene que ser un poco más protector o cosas así.
E.: ¿Cómo sería “cosas así”?
Daniela: (Risas). Que te dé un poco más de…, que te dé seguridad y protección en cierta manera y eso quizá una mujer no tiene que dárselo a un hombre porque un hombre no necesita sentirse…
E.: ¿Qué tiene que dar una mujer a un varón?
Daniela: Yo creo que compañía. Creo que los dos se tienen que acompañar igual. Tiene que ser de parte de los dos.
E.: En relación al cuidado, ¿en qué sentís que él te cuida?
Daniela: En una cosa re básica y boluda, por ejemplo en la calle. Como que no es lo mismo ir sola que con él. Hasta mi mamá se siente más segura que yo vaya con él o me vaya a buscar a tal lugar y que no esté sola. Como que le da más seguridad.
Es decir que cuando su novio la acompaña a su casa, al corresponderse con su representación de que un varón debe ser protector, le genera satisfacción.
2.2.2. Te amo y sus derivados
A través de la palabra se inicia el momento que dará paso a la construcción de la escena de Dos en términos de Badiou (2012). La declaración amorosa mediante la expresión “te amo” parece ser una palabra clave, una llave maestra que permite el desarrollo de esa figura. Dice Badiou (2012):
Estamos acostumbrados a pensar que esa pequeña frase está por completo manoseada y resulta insignificante. Además, a veces, para decir “te amo” preferimos usar otras palabras, más poéticas y menos usadas. Pero es siempre para decir: de lo que fue el azar voy a sacar otra cosa. Voy a sacar de él una duración, una obstinación, un compromiso, una fidelidad (Badiou, 2012: 47).
En las siguientes páginas examino el modo en que los/as entrevistados/as ponderan sus formas de amar intentando generar conceptos que se adecuen a sus representaciones sobre el amor y les permitan describir sus sentimientos. Este abordaje se adecua a los objetivos de esta investigación: analizar las representaciones, prácticas, interacciones y discursos sobre el amor y el noviazgo que tienen los varones y mujeres que integran estos noviazgos. La magnitud y/o peso del amor es un aspecto que emerge en las diferentes entrevistas. Para ellos, hoy en día se utiliza el “te amo” cotidianamente mediante mensajes de texto o en charlas cotidianas con amigos sin dimensionarlo, lo cual los ha llevado a buscar nuevos conceptos puros de amor y a diferenciarlo de otras expresiones como el “te quiero” u otros “te amo”.
E.: ¿Entre querer y amar hay alguna diferencia?
Germán: Es que en realidad sí, pasa que hoy en día el término amar está como muy… lo usamos todos, yo te amo y vos también. Pero sí, hay una diferencia. Se usa más que nada para diferenciar al amor de pareja, esas dos palabras. O sea, vos le podés decir a un amigo yo te amo porque lo querés mucho y es tu amigo. Pero siento que la palabra amar se inventó, por decirlo de una manera, para las relaciones de parejas o de familia, capaz.
E.: ¿Hay alguna palabra que para vos hoy sea el “te amo” de antes?
Germán: Una palabra no, capaz hay. O sea, yo prefiero demostrarla con acciones.
E.: ¿Qué acción es para vos?
Germán: Ser incondicional con una persona. Es un gesto de amor totalmente.
El “te amo” se diferencia del “te quiero” por la cantidad de personas a las que uno se lo dice y por el “peso” que posee la expresión, por ello debe ser dicho en aquellos vínculos que son más estrechos, como el de pareja o familia. Al decir “te amo” los amantes buscan alcanzar una mayor comunicación, más intensidad, para así acabar con la discontinuidad en la que se encuentran (Bataille, 2000).
E.: ¿Cuál es la diferencia entre “te quiero” y “te amo”?
Diana: No sé, el te quiero se lo podés decir a cualquier persona, es como que apreciás, o sea, se lo podés decir a amigos.
Darío: ¿Pero el te quiero que nos decíamos antes para vos era el te quiero para cualquier persona por ejemplo?
Diana: No, era distinto. Pero el te quiero se usa para amigos o no sé. Y el te amo es como algo más importante, qué sé yo. Yo por lo menos se lo digo sólo a mis papás.
Darío: ¿No se lo decís a tus hermanas?
Diana: A mis hermanas también. Pero a mi familia más cercana, si no, no lo digo.
E.: ¿Para vos cuál es la diferencia entre el “te quiero” y el “te amo”?
Darío: No sé, como que el te amo tiene un distinto peso, es como más pesado. El te quiero es lo que digo a ella.
En el caso de esta pareja se dicen “te quiero mucho”. El “te quiero mucho” estaría en un nivel medio entre el “te quiero” y el “te amo”. En esta pareja, como explicaré en algunas páginas, ella no le decía a él “te amo”, lo cual era un motivo de conflicto en la relación; en cambio, él a ella sí. Fallaba la reciprocidad (Giddens, 1992). Esto se ve manifestado en el fragmento anterior en dos aspectos; primero, cuando Darío le pregunta a Diana sobre la magnitud del “te quiero” que ella le decía a él: “¿pero el te quiero que nos decíamos antes para vos era el te quiero para cualquier persona por ejemplo?”. Luego, cuando el entrevistado toma el papel de la entrevistadora y le pregunta a su novia a quiénes más le decía esa expresión.
Para pensar las graduaciones o niveles de amor, en el siguiente testimonio se visualiza cómo el pasaje desde el “me gusta” al “te amo” es un trayecto paulatino. Cada estadio que se va subiendo implica que la construcción de a Dos (Badiou, 2012) se va fortaleciendo.
E.: ¿Fue instantáneo o llevó tiempo?
Daniela: No, el tiempo, obvio. En un principio es como que te gusta la persona y te puede gustar un montón, pero es como que, yo creo que enamorarse de alguien es como que, requiere tiempo. O sea, tiempo de estar con la persona y conocerla más y estar en una relación. Porque a vos te puede encantar una persona pero te ponés de novia y te das cuenta que no funciona ¿me entendés? O de que es un desastre. Pero tenés que pasar un tiempo con la persona para mí. Y ahí es como que te vas dando cuenta de que es en serio.
E.: ¿Ustedes se dicen “te amo”?
Daniela: Sí, sí.
E.: ¿Desde cuándo se lo empezaron a decir?
Daniela: Nosotros, en realidad, es como que éramos tan amigos que siempre nos decíamos “te quiero”, “te amo”, qué sé yo, pero “te amo” de estar juntos no sé, al poco tiempo porque como que ya nos lo decíamos desde antes.
Para Daniela, el pasaje del “me gusta” al enamoramiento, que implica una construcción de esta escena de a Dos, se da a través del tiempo (Badiou, 2012) y la confianza (Giddens, 1997).
Hugo y Tamara, quienes tienen una relación muy expresiva a nivel afectivo, en el siguiente fragmento también se refieren a una escala de sentimientos que van siendo atravesados por dos personas hasta llegar a la cúspide que sería el “te amo”.
E: ¿Cómo fue la primera vez que se dijeron “más que te quiero”?
Tamara: Yo tenía un papelito así y escribí te odio, te aprecio, etcétera.
Hugo: Estábamos hablando de qué sentíamos el uno por el otro.
Tamara: Claro, estábamos hablando.
E.: ¿Qué salía?
Tamara: Y… no sabíamos cómo hablarlo porque tipo él es re tímido y yo también, entonces dijimos hagamos una lista.
Hugo: Tipo te adoro, te amo, te quiero…
Tamara: No, no era así. Todavía la tengo guardada encima. Decía tipo te odio, te aprecio, me caés bien.
Hugo: Tipo una escala.
Tamara: Te quiero un poquito, te quiero, te quiero mucho, te amo, te adoro, te idolatro, todas cosas así hay escritas. Y los dos marcamos dónde nos queríamos nosotros y fue tipo en te quiero mucho.
Hugo: Entre un te quiero mucho y un te amo.
Tamara: Claro. Y nos decíamos así al principio.
Ese juego de ubicar y enunciar en qué nivel se hallan sus sentimientos les permite afirmar una reciprocidad de emociones entre ambos. Es decir, conocer qué siente uno por el otro les otorgará, en caso de que sea recíproco, satisfacción (Giddens, 1997), y fortalecerá su construcción como pareja. Además, les permitirá alcanzar, aunque sea apenas, una comunicación más intensa porque pone a los sujetos en continuidad (Bataille, 2000).
Sin embargo, cuando se llega al estadio del “te amo”, luego de pasar por una extensa gama de emociones, los jóvenes se encuentran frente a la disyuntiva de encontrar una definición supuestamente pura o superadora del “te amo”. Esta expresión posee en sí misma la falencia de no poder expresar en plenitud lo que sienten los amantes porque es utilizada por ellos mismos en otros contextos. Allí aparece el amor denominado incondicional como forma de expresar un supuesto amor verdadero.
E.: ¿Para vos el amor lastima también?
Lara: Sí. No, no, el amor de verdad no.
E.: ¿Cuál es el amor de verdad?
Lara: El incondicional. Y el que tiene respeto, el que tiene confianza y el que tiene comunicación.
E.: ¿Vos creés que ese amor existe?
Lara: Sí, sí. No creo que sea fácil y creo que si pasa, o puede no pasarte nunca o te pasará una sola vez en tu vida, no creo que sea así el amor puro por todos lados.
E.: ¿El amor incondicional para vos es como esto, como un ideal que se llega a alcanzar? ¿O es algo que puede pasar con las personas?
Lara: No sé, a mí al menos me pasó, de repente lo sentí. O sea, yo nunca había sido de esos de decir, o sea, si no me amás no te amo ni nos vimos y listo. O sea, es algo que te llega a pasar pero tiene que ser la persona adecuada. Ahora yo sé que si mi novio actual no me amara no me gustaría amarlo, seguir amándolo. No sé por qué.
Para definir al amor verdadero o puro los/as entrevistados/as comentan que con sus novios/as se da un lazo que excede al noviazgo. El mismo es denominado como de amistad o de hermandad, lo cual implica que más allá de cualquier vicisitud no hay posibilidad de ruptura del vínculo. Esto se relaciona con la definición del amor erótico, propio de una pareja, que postula Erich Fromm (2004 [1975]), en el cual habrá fusión completa y compromiso con una única persona, que implica fidelidad, y el sentimiento de ternura que es propio del amor fraternal. De este modo lo expresan Gustavo.
Gustavo: Es como, como te digo, como mi hermana. Yo con mi hermana me voy a pelear el día de hoy, pero el día de mañana me voy a estar riendo, cosas así, que me parece que está bueno.
En el noviazgo el “te amo” es una expresión central y su carencia genera conflictos dentro de la pareja. En el caso de Darío y Diana, ella en su primer aniversario no le dijo “te amo” mientras que él sí.
E.: ¿En qué momentos ustedes se dicen “te amo”? ¿Cuáles son los momentos que quedan reservados para esa expresión?
Darío: No, ella no lo dice todavía. No lo dijo nunca, lo puso por escrito nada más.
Diana: Yo te digo yo también nene.
Darío: Y… me dice yo también. Pero no le sale la palabra.
Si bien en su segundo aniversario se lo escribió en una carta, no se lo dijo verbalmente. Diana sí le dice “yo también” cuando él le dice que la ama, pero la falta de la expresión genera peleas con su novio.
2.2.3. Escenificando el amor
En este apartado abordo escenas de los/as entrevistados/as vinculadas al concepto de amor desarrollado en el primer capítulo. Las mismas pueden ser del orden cotidiano, situaciones excepcionales como la enfermedad de un familiar, o aquellas en las cuales tienen relaciones sexuales o les generan el sentimiento de ternura propia del amor fraternal (Fromm, 2004). Dentro de los objetivos de mi investigación, esto me permite analizar las prácticas, interacciones, discursos y representaciones que poseen estos jóvenes en relación con el amor y el noviazgo.
Cuando se pregunta a los/as entrevistadas/os sobre las escenas de amor o de “conexión”, en palabras de Joaquín, las mismas suceden cuando hay satisfacción entre las prácticas y las representaciones que poseen del amor y el noviazgo (Giddens, 1997); otro momento donde hay conexión son escenas que pueden ser caracterizadas como propias del amor fraternal en términos de Fromm (2004 [1975]). Aquellas escenas que se encuadran dentro del concepto de erotismo (Bataille, 2010) serán referenciadas, aunque serán abordadas exhaustivamente en el próximo capítulo por la preponderancia que se le otorga a la corporalidad. Esto no implica negar el registro emanado, en términos de Goffman (1970), que se hace presente en todas las interacciones y escenas entre los jóvenes.
Para comenzar, una escena en la cual se pueden observar las representaciones ideales sobre el amor de Tamara es cuando él, sin que ella lo supiese, cuida de su mamá enferma.
E.: ¿Qué entendés vos por amor?
Tamara: Y lo mismo de la otra vez, elegir a alguien que esté con vos, hagas lo que hagas.
E.: ¿Qué significa eso?
Tamara: Amor incondicional como un hermano aparte de una pareja.
E.: ¿Cómo sería que sea un hermano?
Tamara: Que puedas confiarle todo, que no te dé vergüenza nada, que des la vida por él, obvio, que estés seguro con él o con ella […].
E.: ¿Me podés describir alguna escena con él que hayas vivido y que vos digas mirá, esto es amor por todo esto que me estás diciendo?
Tamara: Mi mamá tuvo dos ACV y no puede manejarse sola así por mucho tiempo y mientras yo estaba de vacaciones él la iba a ver, se quedaba a dormir en mi casa.
E.: ¿Vos se lo pediste?
Tamara: No. Yo me lo enteré por mi mamá.
Isabella Cosse (2010) ya había identificado que las convenciones que pautaban los noviazgos para mediados de la década del setenta permitieron un trato más directo entre los jóvenes, con una sociabilidad más distendida. Las escenas amorosas están configuradas por estas convenciones y valores, los cuales a su vez están sustentados en el amor. En segundo lugar, las pautas de noviazgo pueden ser identificadas en las interacciones cotidianas de estos jóvenes. En el caso de Carla, cuando se le pregunta por una escena cotidiana de amor hace referencia a que su novio le regale un chocolate. Ese gesto puede ser interpretado como una pauta de cortejo que implica una demostración de amor.
E.: ¿Otra situación más cotidiana donde te sientas amada?
Carla: No sé, un chocolate, cosas así.
E.: ¿Cómo es eso?
Carla: Como que siento que se acordó de mí y me da un chocolate, y como que es algo lindo, que por más que sea algo tonto te sentís bien.
Las muestras de amor para Gustavo tienen que ser cotidianas y se basan en escuchar al otro y tratar de ayudarlo.
E.: ¿Cómo le demostrás amor?
Gustavo: Con afecto y cariño y cuidándola.
E.: ¿Qué sería afecto y cariño?
Gustavo: Cuando tiene un problema yo la escucho y trato de ayudarla y cuando yo tengo un problema ella me escucha y me ayuda; cuando necesita algo yo estoy, la hago reír, me hace reír, la pasamos bien. El amor es así, me gusta más hacerla reír.
Para Cosse (2010), a mediados de la década del setenta se estaba consolidando una separación entre sexualidad y matrimonio; para el 2014 esto se ve reflejado en las entrevistas como un hecho concreto y cotidiano entre los jóvenes. Está aceptado por las familias que los novios o novias se queden a dormir en sus casas junto con sus familias y que se vayan de vacaciones juntos, con la familia o solos, sin que esto implique un compromiso futuro (Giddens, 1992). Estas experiencias (Scott, 1992) de mayor intimidad en relación a décadas pasadas, que implican una variación de la intimidad en términos de Giddens (1997), se debe a su condición de clase media que les permite tener un cuarto para ellos dos solos y que sus padres los inviten, pagándoles las vacaciones a los/as novios/as de sus hijos. Esta práctica no es excluyente por género, se da de igual modo en los varones y en las mujeres entrevistadas.
Esto permite que dentro de las acciones cotidianas que son percibidas como escenas de amor se incluya el dormir juntos.
E.: ¿Qué les gusta compartir?
Diana: Comer, dormir.
Darío: Comer siempre, disfrutamos comer, vemos películas. Paseamos, nos gusta estar juntos, caminar, hablar, estar juntos, no sé, dormir juntos.
En tercer lugar, un aspecto central que aparece cuando se les consulta a los/as entrevistados/as por alguna escena amorosa con sus parejas es el hecho de que lo asocian con tener relaciones sexuales, como un momento donde el discurso amoroso de la entrega y la confianza actúa performativamente (Butler, 2002), produciendo efectos que los hace considerar a este acto, por un lado, vinculado al amor; y, por el otro, como el momento donde se logra la intensidad, aunque de este punto preciso me encargo en el próximo capítulo.
E.: ¿Hay alguna escena que vos me puedas contar, alguna situación en la que te hayas sentido amada?
Carla: Y, cuando tengo relaciones con él, pero no te lo podría describir (risas).
E.: ¿Pero qué sentís cuando estás ahí?
Carla: Y, siento que lo amo, porque como que, con él me siento abierta y puedo hacer cosas que con otra persona que no tuviera confianza no podría hacerlo. O me daría mucha vergüenza hacerlo, como que no siento vergüenza y me siento bien.
En ese no sentir vergüenza producto de la confianza que otorga el vínculo de pareja estable, la entrevistada logra bienestar, al que ella asocia con el amor. Es el caso de Gustavo cuando él dice:
Gustavo: A veces estoy en casa y me agarra mucho amor con ella y tenemos relaciones, pero también le expreso el amor así, también se lo digo todos los días, se lo demuestro todos los días.[…] Es un cincuenta y un cincuenta, cuando te ponés con una persona también le querés expresar como tu amor, yo lo veo así, como que siento algo muy fuerte y también se lo expreso así o por ahí.
Para Joaquín, tener relaciones sexuales es un acto que se vincula con las representaciones esbozadas en este capítulo sobre lo amoroso: lograr una satisfacción recíproca dentro de la pareja y cuidado de la otra persona.
E.: ¿Por qué pensás que es algo [tener relaciones sexuales] que se hace en relación con el amor?
Joaquín: Y, porque es más lindo.
E.: ¿Por qué es más lindo?
Joaquín: Porque sí, es distinto estar con una persona que querés que una cualquiera […], o sea, es distinto.
E.: ¿Qué es distinto?
Joaquín: Las cosas que sentís.
E.: ¿Qué sentís?
Joaquín: O sea, cuando garchás con una cualquiera lo hacés pensando en tu beneficio y tu satisfacción y cuando lo hacés con una persona yo por lo menos pienso en la otra persona antes que en mí.
E.: ¿Qué significa pensar en la otra persona?
Joaquín: Claro, que la esté pasando bien, que se sienta cómoda.
En cuarto lugar, hay algunas escenas de amor en las cuales los/as entrevistados/as manifiestan que sienten mucha ternura, por lo que no quieren separarse del sujeto amado. Esta idea de quedarse “pegado” con el otro la abordaré en el próximo capítulo, pero sí introduzco aquí un nuevo elemento: los/as entrevistados/as, para explicar escenas, hacen referencias continuas al registro emanado (Goffman, 1971).
Juan: Me agarra mucha ternura. Vuelve de vuelta el amor, otra vez la palabra esa. Me dan ganas, nos agarran ganas de estar juntos, de seguir juntos. Por ahí yo me tengo que ir y no quererme ir y quedarme con ella.
Para referir al amor desde la ternura, Darío menciona la gráfica de la película Antes de medianoche, donde todo se vincula a la felicidad. Están junto con su novia en un lugar tranquilo, sonriendo y contemplándose en un paisaje que se presenta como bello (Grecia) y su amor lo vuelve aún más bello. Lo que sucede en esa imagen él la ve representada en una escena de su vida cotidiana con su novia cuando duermen juntos y se despiertan. Allí, ambos se dicen constantemente que se quieren y en esa escena se presenta la idea de fusión de Bataille (1987, 2000, 2003, 2010) donde el mundo exterior es negado.
E.: ¿Cuál es una imagen entre ella y vos que represente al amor?
Darío: No sé, porque se me ocurre la imagen de la gráfica de la película Antes de medianoche.
E.: ¿Cómo es esa imagen?
Darío: No, ellos están sentados como en un lugarcito que da a un lugar, me parece que es un río, no sé bien, un lugar muy abierto, y están ellos dos sentados como sonriendo, él mirándola a ella, ella mirando al frente pero sonriendo entre los dos sentados. Y no sé, es como eso representa el amor, no sé porque los veo a ellos dos felices, sentados solos y nadie más que ellos en un lugar lindo como Grecia, y no sé, eso. Están ellos dos sentados juntos, felices, pasando los momentos ellos dos solos.
E.: ¿Qué te genera esa imagen?
Darío: Me hace acordar a la película, me gusta el cine así que me gusta mucho la película esa también. No sé, ternura.
E.: ¿En relación con una imagen tuya y de ella?
Darío: No sé, nos gusta mucho estar tirados en la cama todo el tiempo, somos muy pajeros. Pero no sé, ella yo la tengo a ella y está abrazada a mí, estamos acostados, sin la tele, sin nada, sólo hablando. A la mañana cuando nos despertamos, nos quedamos tirados ahí, estamos los dos abrazados y hablamos y nos decimos casi todo el tiempo, o sea, muy seguido nos decimos te quiero, te quiero mucho, así esas cosas. Y como que me siento muy feliz y se lo quiero decir igual aunque se lo haya dicho a los dos segundos y se lo digo de vuelta y a ella le pasa lo mismo.
Por último, en alguna de las entrevistas se propuso la metodología de Vera Paiva (2006) de que el/la entrevistado/a se ponga por fuera de una escena de la que es parte y la describa; o que imagine una escena de amor junto con su pareja. Allí se repite una escena parecida a la de la gráfica de Antes de medianoche: estar solos en un lugar bello, estar juntos, “pegotes” y solos. La idea de amor fusión vuelve a resonar en el próximo fragmento:
E.: Pensando un poco una escena imaginaria de amor, ¿dónde están?, ¿con quiénes?
Hugo: Solo con ella, en una escena de amor estoy con ella.
E.: Contámela toda, o sea, imaginate una escena de amor.
Tamara: ¿Pero que hayamos vivido?
E.: No, imaginada.
Tamara: Ah, imaginate, dale, a ver, vos, que tenés más imaginación que yo. Dale poeta, dale.
Hugo: Y no sé, tengo tantas. Y creo que, no sé, una mesa, dos reposeras, qué sé yo.
E.: Dale, sí, ¿qué más?, ¿qué están haciendo?(Risas).
Hugo: Ponele, sí, tomando una piña. Sí, no sé, con cualquier momento. Creo que cualquier situación con ella se puede generar una situación de amor. Excepto cuando nos peleamos, el resto estamos pegote todo el día, sea como sea, ya sea en una cama, en un hotel.
E.: ¿Cómo la definirías a ella en ese momento?
Hugo: Como Tamara, mi compañera.[…]
E.: ¿Existen palabras para definir todo lo que te pasa en ese momento? En el momento de esa escena.
Hugo: Volviendo al principio, amor.
Paz y Homero comentan que al principio de su relación, dado que él estudiaba y además entrenaba profesionalmente karate, no tenían tiempo para verse. En una oportunidad, él se iba tres semanas de vacaciones, sumado a que los días previos la casa de ella, lugar de encuentro de la pareja, no había estado disponible, por lo que no habían podido estar solos. Este contexto desencadenó la siguiente escena amorosa.
Paz: Esa noche le dije que como que yo quería estar con él, tranquilos, solos, disfrutar el día, pero no se pudo. Y cuando le bajé a abrir estaba lloviendo mal, torrencial, se caía el cielo más o menos y no sé, y le dije chau, lo saludé, lo abracé todo, cerré la puerta y cuando me estaba yendo dije no, yo no me puedo ir así. Entonces volví, abrí, nos dimos un beso ahí abajo de la lluvia un rato, nos re empapamos todo y después se fue.
Cuando les propuse que observaran la escena desde afuera (Paiva, 2006), lo que aparece para Paz es una escena de amor, mientas que para Homero la situación vista desde un punto de vista externo no tendría sentido y resultaría extraña, lo cual es inverso a lo que él sentía en ese momento.
E.: Si ustedes se mirasen desde afuera, ¿qué es lo que ven? ¿Cómo definen esa escena? Si ustedes estuvieran mirando.
Paz: Amor.
Homero: Yo, si me hubiese visto corriendo por ahí viste qué sé yo, yo veo y digo, ¿qué le pasa? Viste, o sea, andar corriendo así y con ganas encima. Qué sé yo, no sé, sería raro verlo desde afuera, o por ahí ni bola le das pero en el momento estaba bueno porque yo me sentía bien y estaba bueno poder aunque sea vernos un ratito.
2.3. Interacciones amor/violencia en tensión
En las siguientes páginas analizo fragmentos de entrevistas donde se describen escenas (Paiva, 2006) a partir de las cuales se puede reconstruir la tensión que existe entre la violencia y el amor en las interacciones de noviazgo de estos jóvenes, observando cómo, la violencia constituye a las relaciones amorosas y cómo el amor está atravesado por la violencia. Una noción central en este apartado será la de intensidad, propia del erotismo, explicitada al comienzo del capítulo: “La noción de intensidad no es reductible a la de placer porque la búsqueda de la intensidad requiere que lleguemos hasta el mal estar, hasta los límites del desfallecimiento” (Bataille, 2000: 112).
En la búsqueda de la comunicación fuerte con el otro, de fusión, la intensidad es una carta, para no decir que es la carta por excelencia, que aparece en el juego de los amantes. Como dije en el primer capítulo del libro:
“El amor (sea carnal, sentimental o divino) revela «la nostalgia de la continuidad perdida», es decir, «la búsqueda de un imposible». El ser aislado y seguro de sí es arrastrado a un movimiento de comunicación con los otros en el que su ser discontinuo se «disuelve» en la continuidad” (Bataille, 1996: 23).
Ese acto es violento en sí mismo porque implica que el sujeto debe desprenderse de su mera individualidad para entrar en fusión con quien ama. Esto genera reacciones diversas que oscilan entre la atracción y la repulsión, o el placer y la agresión.
A partir de lo desarrollado analizo en las próximas páginas diferentes escenas o situaciones en las cuales sean identificables las dinámicas de la violencia y el amor en tensión, derivadas de las motivaciones que identifica Filomena Gregori (1993, 2003): la búsqueda de la soberanía, disposiciones conflictivas de papeles cuyos desempeños esperados no son cumplidos, disposiciones psicológicas tales como esperar de la pareja ciertas conductas, provocaciones de las mujeres del orden del inconsciente para que sus parejas masculinas reaccionen de una determinada manera, y juegos eróticos.
2.3.1. Juegos de amor y violencia
En el siguiente apartado estudio comparativamente los juegos de violencia y amor dentro de tres noviazgos, a partir del relato de los/as entrevistados/as: el de Gustavo con su novia, el de Lara con su ex pareja –donde hubo escenas de violencia (al igual que con su pareja actual)– y el de Tamara y Hugo (quienes fueron entrevistados de forma conjunta). Esta propuesta sintetiza el trabajo previo realizado en las anteriores secciones y apunta a abordar la primer parte del objetivo general de este trabajo: describir las dinámicas de la violencia contra las mujeres en relación con el amor, que se manifiestan en ciertas relaciones de noviazgo heterosexuales juveniles de clase media.
Comienzo el análisis a partir del caso de Gustavo con su novia.
E.: ¿Y se llevan bien entre ustedes?
Gustavo: Sí, sí, somos como mejores amigos.
E.: ¿Cómo sería eso?
Gustavo: […] O sea, lo que más hago con ella es molestarla, pero se ríe. Me dice que pare.
E.: ¿Cómo la molestás? ¿Qué sería molestarla?
Gustavo: Ni idea, no sé, la molesto, qué sé yo.
E.: Un ejemplo.
Gustavo: ¿Un ejemplo? A ver, no sé, la molesto. Le rayo la cara, cosas así.
E.: ¿Con marcador?
Gustavo: Sí, sí, y ahí empieza una guerra toda, o cuando yo, por ejemplo a veces se queda a comer a casa cuando no están mis viejos y yo cocino y estoy cocinando y entra mi novia y le tiro un huevo, cosas así, la molesto.
E.: ¿Y ella esto cómo se lo toma?
Gustavo: Ella, primero me putea y después se tienta y me tira un huevo, es todo el tiempo así. Ella no se va a enojar por eso obviamente. Y me gusta que se enoje porque yo después le voy a dar un abrazo, un beso y nos tentamos y ella me molesta a mí y cosas así.
E.: ¿Y ella qué te hace a vos?
Gustavo: Es medio grandota y me empuja, me empuja todo el tiempo.
E.: ¿Y te duele?
Gustavo: No, no me empuja tipo así como si fuera, o sea, por eso a veces como si yo fuera la mujer y ella es el hombre y cosas así, divertido.
E.: ¿Con qué otras cosas la molestás?
Gustavo: A veces está hablando con mi mamá y yo soy bastante zafado, no en público, pero ya con el entorno familiar sí. Soy medio guarango. Y ponele que ella está hablando con mamá y voy y le bajo los pantalones (risas).
E.: ¿Delante de tu mamá?
Gustavo: Sí, mi mamá me caga a pedos. Me dice que soy un pelotudo y cosas así. Mi novia se pone toda colorada y a mí me encanta, porque me gusta molestarla.
E.: ¿Qué pasa?
Gustavo: Me corre por toda la casa, hasta que me agarra y me pega. Me agarra así y me pega en el brazo. Yo tentado y ella tentada.
El disparador inicial de este extenso fragmento de entrevista aquí presentado fue preguntarle si entre ellos se llevaban bien. Para responder afirmativamente a esa pregunta Gustavo presenta una serie de situaciones en las cuales están implicados golpes, hacerle pasar al otro vergüenza (bajándole los pantalones delante de un familiar) y lastimarse. Las mismas son relatadas por el entrevistado como juegos de complicidad y de disfrute. Para él son situaciones divertidas y, por lo que relata, para su novia también, aunque a su mamá le parezca desubicado.
En esos juegos entran en fusión, disuelven formas constituidas del orden homogéneo que representaría en este caso la mirada de su madre. Aquí se relacionan estableciendo pautas de cortejo (Cosse, 2010) que involucran un registro de lo violento. Las pautas de cortejo establecidas desde el ámbito de lo homogéneo como deseables descartan la violencia y conforman un ideal de amor puro, como por ejemplo el amor incondicional que nombraban los/as entrevistados/as en el apartado del amor, donde el sufrimiento no es reconocido y se enfatiza en la felicidad. En la comunicación fuerte, en términos de Bataille (2010), en esa interacción donde la palabra queda de lado y se ponen en juego las risas y los golpes, esta pareja entra en estado de continuidad.
Él dice que le gusta molestarla y que ella hace lo mismo. Justifica esas interacciones en que su vínculo es como de mejores amigos, remitiendo a la noción de amor fraternal de Fromm (2004 [1975]) ya desarrollada. Sin embargo, la resolución de estas escenas con abrazos y besos no se corresponde con la amistad, que como bien explica Badiou (2012) no tiene necesariamente pruebas corporales como sí tiene el vínculo de pareja. Esta interacción remite más bien a la idea de juego erótico (Gregori, 2003), buscan el conflicto para luego acercarse sexualmente.
Una interacción en este noviazgo es contarse uno al otro con qué otras personas, con las que ellos se relacionan diariamente, estarían cuando no estén más juntos. Esta especie de juego lo lleva a cabo una pareja que, como se ha venido demostrando a lo largo del capítulo, son celosos de las personas con las que se relacionan. Este juego comienza con “jodas” que ponen a su novia “medio histérica”, sin exceder el parámetro de hacerla “enojar feo”. Esto le genera diversión a ambos.
E.: ¿Eso que vos le decís si le gusta un chico y ella te dice a vos, se lo dicen todo el tiempo?
Gustavo: No, no, tampoco todo el tiempo. A veces estoy aburrido y tengo ganas de molestarla y le pregunto, porque es más para molestarla, para joderla, porque me divierte hacerla enojar. No me gusta hacerla enojar, tipo enojar feo. Me gusta como que se ponga medio histérica. Yo me divierto con eso. Me dice “dale, dale, no es gracioso” pero como riéndose, no es que se enoja en serio. Pero al otro día por ahí le pregunto lo mismo y me miente y ahí sí nos peleamos.
E.: ¿Cómo es que se ponga medio histérica?
Gustavo: Es medio histérica, es medio loca, es medio violenta todo el tiempo.
E.: ¿Por qué?
Gustavo: Porque no sé, es medio violenta.
E.: ¿En qué sentido?
Gustavo: Porque me pega. A veces me pega. No me duele tipo, depende, me rasguña, porque le hago esas preguntas y ella busca no pelear y yo la peleo, y nada, se pone histérica y no sé, la quiero mucho.
En este fragmento se ve que él ejerce violencia psicológica (Femenías, 2009) al llevar a cabo un juego que si bien no implica romper con la promesa de fidelidad y monogamia que sustenta esta relación, se roza el límite porque se cuentan entre sí con quiénes desearían estar. Además, este juego funciona aumentando los celos de la pareja, les genera problemas si uno dice que no le pareció linda otra persona y luego dice que sí, ya que se considera que mintió.
Este tipo de interacciones termina con ella ejerciendo violencia física (Femenías, 2009; Velázquez, 2006) con rasguños contra él: “se pone violenta”, lo cual él no lo percibe negativamente sino como parte de un juego donde ambos están interactuando lúdicamente y encontrando cierta satisfacción e intensidad. La percepción y representaciones sobre el cuerpo y la violencia son parte de los objetivos de esta investigación. En ese juego se puede rastrear el concepto de soberanía de Bataille, quien lo define como “gozar del tiempo presente sin tener en cuenta nada más que ese tiempo presente” (Bataille, 1996: 65). El lugar soberano o de cumbre, donde ambos se quieren afirmar como señores es también un lugar de perdición, ya que tiene como contraparte la posibilidad de pérdida del sujeto amado. Es decir que en ese juego se arriesga la relación, no importa que eso genere nuevas causas de celos ni que como resultado se termine la relación, lo que les atrae es la intensidad que se da en ese instante.
Será soberano en este juego quien responda con la verdad. Aquí Gustavo, para lograr colocarse como amo, le juega una mala pasada a ella, tal como él dice: “la cagué”, porque primero hace quedar en evidencia que ella mintió (un día dijo que no le gustaba otra persona y al otro día dijo que sí) y le responde que él sólo gusta de ella. Es así como él termina presentándose en su relato como el ganador y fiel, como señor, y a ella como súbdita por haber mentido y ser quien desea estar con otros. En este juego se materializa una tensión. Por un lado, el mismo les brinda placer, goce, les genera complicidad, risas y diversión; y, por el otro, conflicto, debido a que por el resultado de ese juego él considera que ella es una mentirosa, lo cual le trae problemas a la relación. Pero a su vez ese límite con el conflicto es también generador de goce.
E.: ¿Qué otros problemas tienen entre ustedes?
Gustavo: Y… ella, lo único malo que tiene es que es muy mentirosa.
E.: ¿Cómo sería eso?
Gustavo: No es que es mentirosa, como mentirosa que me puede cagar y me dice que no, porque sé que no me va a cagar nunca porque sé que no es así. Pero miente, o sea, hace mentiritas piadosas que me termino enterando, por ejemplo yo cuando la molesto y le digo “ese chico te parece lindo” y me dice que no y al otro día le digo el mismo chico y me dice que sí, y le digo ayer me dijiste que no y me dice “ayer te mentí” y nada, igual tuvimos un problema con eso que mentía. […]
E.: ¿Como qué?
Gustavo: Le pregunto cosas de chicos, que me dice que no le pregunte como le pregunto que si no estaría más conmigo con quién estaría, y me lo dice y ella me pregunta “¿y vos?” y yo le digo…
E.: ¿Te dice con quién saldría?
Gustavo: Sí, me dice […]. Me dice nombre y apellido. Y cuando ella me pregunta yo le digo que “con nadie, porque sé que voy a estar con vos toda la vida” y se enoja porque es como que la cagué, como que no sé cómo expresarte.
E.: Contame con un ejemplo si no.
Gustavo: Ella me dice que por ahí cuando no esté más conmigo estaría con otro, con algún pibe, y yo le dije que con ninguna porque voy a estar siempre con ella. Y ella como nada y después a los dos días me dice “no, porque vos me preguntaste” y me miente y qué sé yo.
E.: ¿Ahí con qué te miente?
Gustavo: Me dice que yo le pregunté muchas veces lo mismo y dice que yo busque que diga que saldría con un pibe […], mentiras piadosas pero que son seguidas. Le llegué a decir mitómana.
E.: ¿Qué te dijo?
Gustavo: Que sí, que puede ser, qué sé yo. Me dijo que iba a ir a un psicólogo pero le dije que no, que está lleno de psicólogos.
Los golpes como un juego, aunque en el siguiente caso más severos, también se encuentran en la relación de Lara con su ex pareja. Ella, si bien en el momento de la entrevista no se encontraba más de novia con esa persona, comenta una escena en la cual jugaban a golpearse de puños. La misma puede ser catalogada como violenta en los aspectos psicológicos y físicos.
Lara: Los dos nos decíamos cosas hirientes. Yo jamás le dije algo como inútil o mongólico, o no sé. Le decía capaz lo más feo es para qué carajo estoy con vos o si lo único que me hacés es mal, cosas así. Y nada, terminábamos también, violentos los dos. Ya me acuerdo, después cuando empezamos con todo eso, capaz que estábamos bien, pero siempre que nos emborrachábamos empezábamos a pelear, en broma, pero terminábamos hechos mierda, después “ay sí vení mi amor”, pero yo toda lastimada, el chabón todo lastimado, ¿entendés?
E.: ¿Se agarraban como a las piñas?
Lara: Claro, en broma.
E.: ¿Cómo era eso?
Lara: (Risas). No sé, era gracioso, a mí me resultaba gracioso, pero ahora que lo pienso.
E.: ¿Cómo eran las escenas?
Lara: En parte porque siempre me divirtió el pelear, o sea, sé que soy buena, sé que me planto ¿entendés? (ríe), […] por otra parte porque inconscientemente calculo yo que descargaba las broncas que tenía con él.
E.: ¿Cómo era que empezaban así a pegarse?
Lara: No, a veces empezaba uno o si no le decía, ¿peleamos? Dale. Y nos levantábamos y peleábamos, no sé.
E.: Cuando se estaban peleando, ¿sentías que era en chiste o por momentos también era como medio en serio?
Lara: No, no, a veces era en chiste, pero nos lastimábamos igual, yo cuando lo lastimaba o yo cuando me lastimaba le decía: “ey pará, mirá me lastimaste”; ahí parábamos, nos dábamos unos besitos qué sé yo y después seguíamos.
En este fragmento de Lara hay juegos que podrían ser catalogados como violentos porque incluyen golpes (Femenías, 2009) y dejan marcas visibles sobre los cuerpos. En esa interacción participan ambos y allí Lara no se presenta como en una posición inferior respecto a su novio varón, sino que dice que es buena y que “se planta”.
Por un lado, encuentran en ese juego una forma de canalizar insatisfacciones (Gregori, 1993): su novio la menospreciaba y ejercía violencia verbal, aunque ella también actuaba de la misma forma cuando le decía “para qué carajo estoy con vos”. Ambos retroalimentan de este modo una interacción violenta (Osborne, 2008) porque pese a que ella aducía que le hacía mal se aceptaban en el tiempo que duró la relación (Goffman, 1971).
Por otro lado, esta práctica que es comentada como un juego y como una escena de complicidad entre la pareja puede ser catalogada como amorosa. El límite a ese juego de violencia/amor era cuando se lastimaban. En ese caso paraban el juego de puños, se besaban para luego reanudarlo. Desde ese lugar volvían a su juego de golpes en el cual, identificándose como iguales, resolvían broncas (Gregori, 1993), se divertían y entraban en comunicación. Si bien esta interacción responde a un registro violento, era vivido por ellos como parte del amor. Sobre el aspecto corporal ahondaré en el punto 3.3.1.
Por último, para Tamara y Hugo, quienes son muy expresivos a nivel afectivo, también las peleas son parte cotidiana de su noviazgo. Los dos las consideran como expresión de odio, pero esto no implica que no se amen, sino que ambos sentimientos son manifestados con igual intensidad.
Hugo: O sea, vos lo habrás notado, viste cómo empezó esta conversación y cómo terminó, así es todos nuestros días, así, o sea, un día nos amamos y otro día nos odiamos.
Tamara: No, todos los días nos amamos.
Hugo: Claro, todos los días nos amamos, pero algunos nos odiamos también.
Tamara: No, yo te voy a decir algo, te voy a decir la verdad, a mí me gusta pelearme, me divierte, me encanta pelearme.
Hugo: Y yo lo tomo a pecho, entonces termina todo en un quilombo.
El modo en que ella percibe las peleas es como un juego, una diversión; en cambio, para él no, lo cual genera conflictos. No obstante, él es parte de ese juego al continuar la interacción.
2.3.2. La búsqueda de convergencia por sobre todas las cosas
En este apartado indago sobre experiencias de búsqueda de convergencia, en términos de Gregori (1993), es decir que comenzaron con un conflicto y terminaron en en momento de reconciliación. Por un lado, analizo una entrevista individual a un varón: Pedro; en segundo lugar, una entrevista a una pareja: Daniela y Germán. Y, por último, a una mujer: Gabriela. En esta sección, al igual que en la anterior, pongo en juego las dos nociones sobre las que he trabajado a lo largo de este segundo capítulo. En el mismo apunto a abordar la primera parte del objetivo general de este trabajo: describir las dinámicas de la violencia contra las mujeres en relación con el amor que se manifiestan en ciertas relaciones de noviazgo heterosexuales juveniles de clase media.
E.: ¿Tuvieron alguna experiencia que pienses que fue violenta?
Pedro: Violenta no. Una vez sí medio que nos gritamos de más. Estábamos en el bar y ella fue a poner una canción en la rocola y no se le marcaba, no se le marcaba, no sé por qué, y se puso una chica atrás y le empezó a tocar pensando que ya había puesto el tema y yo le dije “ya está amor, ya se puso en la lista de espera” porque ya habían puesto antes. Ella se quedó mirándola medio caliente. Estaba caliente por cómo se había puesto por una boludez, le dije “¿qué pasa, la vas a cagar a piñas?”. Obviamente no pero se lo dije en tono irónico. Y se enojó y le dije que si quería ir y nos fuimos y se enojó más porque en realidad ella no se quería ir y cuando subimos al auto, porque ella tiene auto, medio que arrancó a los pedos y le dije: “Qué te pasa loca, cómo vas a arrancar así” y ella se puso peor. No es que nos puteábamos y nos decíamos “sos un estúpido” pero sí un nivel de agresividad, así, verbal. Nos calentamos en el momento, igual se sentó en el cordón, pasaron cinco minutos y volvimos a la casa después. Pero llegamos a la casa y hablamos un toque y después lo arreglamos. Los dos sabíamos que nos habíamos expresado mal y que habíamos reaccionado mal.
En este fragmento también se puede encontrar una tensión entre agresión y amor. Él le hace un chiste de modo irónico. No es la primera vez, él comenta que le suele hacer chistes que a ella no le gustan, lo cual dada su reiteración puede ser catalogado como una forma de violencia psicológica (Velázquez, 2009). Ambos reaccionan mal. En lugar de cortar esa interacción, finalmente se van juntos en el auto. Se genera una escena de violencia donde ella maneja de un modo excesivo, marcando la intensidad en la que se encontraba la situación. Ante lo cual él reacciona gritándole (violencia verbal). Comienza una discusión donde ella frena el auto, le recrimina haberse tenido que ir del lugar donde estaban y llora.
E.: ¿Ella qué te respondía?
Pedro: Ella no estaba tan agresiva, sí hablaba en voz alta. Decía: “¿Qué te pasa a vos?”, cosas así y al toque se bajó y se sentó en el cordón sola.
E.: ¿Las charlas quién las encaró?
Pedro: Fueron diversas charlas y los dos las fuimos encarando, fuimos encarando problemas distintos y ahora ya no. Yo puedo decirle tal cosa o ella puede decirme tal cosa y discutirlo bien.
E.: ¿Por qué se venían llevando mal?
Pedro: ¿Por qué nos peleábamos? Era esa sensación de sentir que me lo decía para recriminármelo y yo sentirme culpable y estar maquinándome.
La situación se resolvió luego a través de una charla, desde el diálogo[20], propio de la racionalidad del ámbito homogéneo (Bataille, 2003), que es adonde debe apuntar el amor para Camarena Luhrs (2010). Sin embargo, él identifica que cuando las discusiones con su novia se tornan más fuertes ella llora, ante lo cual él se siente culpable. Este tipo de interacción en su reiteración comienza a ser identificado por él como una forma que tiene su pareja de dejarlo “maquinando”. Lo cual remite a un tipo de violencia psicológica que ella ejerce hacia él.
E.: Cuando vos discutías con ella, ¿encontrabas intensidad ahí?
Pedro: No mucho porque como ella se siente afectada muy rápido, cuando ella se pone a llorar o se pone mal tipo yo me siento mal por hacerla sentir mal y bajo. Pero sí nos ha pasado que alguna u otra vez, los dos de empezar a discutir por algo y cebarnos pero no de discusión mal, discusión bien, hablando de política, cualquier cosa, nos cebamos y ahí empieza a subir la intensidad de la discusión. Pero en cuanto a peleas no porque en cuanto ella se ve afectada o yo me veo afectado tipo baja la intensidad.
En el caso de esta pareja, el llanto de ella funciona marcando el parámetro de lo permitido como violento en su interacción. Es decir que el llanto marca el paso al momento de resolución del conflicto. En la pareja de Germán y Daniela, luego de una discusión a causa de que uno leyó mensajes del Facebook del otro sin pedir permiso (citada en el punto 2.1.3, “Celos y control”) –en la cual hubo violencia verbal (Femenías, 2009)–, vino la escena de placer (Barthes, 2009; Gregori, 2003), de comunicación tan fuerte como fue la escena de discusión.
E.: ¿Qué te dijo cuando te criticó?
Daniela: Me dijo “no porque vos sos una, sos un desastre, no podés, no podés”.
Germán: No, porque vos empezaste a mirar la conversación.
Daniela: “No podés, no podés, sos, no podés hacer eso de mirar conversaciones ajenas, sos una maleducada, no sé qué”.
Germán: Pero vos empezaste a leer la conversación.
Daniela: No tenés educación (hablan uno sobre el otro).
Germán: Vos empezaste a leer la conversación, yo no, yo cuando veo que está abierta la conversación con tal persona y listo.
Daniela: Sí, claro, está bien, está bien (tono irónico). Es lo mismo Germán.
Germán: Está bien, sí. Al fin y al cabo es lo mismo pero qué sé yo.
Daniela: Entonces no tenías por qué criticarme así. Me empezaste a putear, me re puteaste, me puteó, me dijo que era una pelotuda, que era una forra que podía mirar conversaciones así, que era una maleducada, bla bla bla. Un montón de cosas y no era tan grave porque vos dejaste el Facebook abierto en mi casa en definitiva, no hubieras abierto nunca tu Facebook.
Germán: Bue, lo cerrás y listo.
Daniela: ¡No, no hubieras abierto nunca tu Facebook! Fin.
Germán: Eh… no, no me acuerdo qué iba a decir ahora. Pero, iba a decir algo pero no me acuerdo ahora.
E.: No se hagan problema. Y después, la resolución de los conflictos ¿Qué hacen?
Germán: Por ejemplo, a veces sí terminamos un conflicto, en vez de yo tener que irme a mi casa por ejemplo, me quedo con ella y nos quedamos juntos, como que resolver un problema te hace dar cuenta, darte cuenta de que estás como más unido cada vez, yo siento eso.
Daniela: Claro, como que te unís después de, después del conflicto como que te arreglás y es como que te querés quedar con la persona, capaz a veces como que él se está por ir o estamos re peleados y es como que “bueno, andate” y cuando nos arreglamos, se queda, y nos quedamos ahí.
De este fragmento se desprenden varios aspectos. En primer lugar, cuando recuerdan el conflicto comienza una nueva discusión, la cual pude observar, donde el derecho al diálogo, en términos de Barthes (2009), existe hasta cuando ella le dice “Fin” y él ya no puede retornar al punto de lo que iba a decir. En esa escena que se da durante el transcurso de la entrevista, la misma adquiere una velocidad rápida que lleva a que uno hable encima del otro y se discuta un hecho puntual: la gravedad del modo en que cada uno leyó el Facebook del otro. Las respuestas se mueven en cierta simetría (Barthes, 2009), pero cada uno focaliza su yo, como si lo que sintió o su propia situación hubiera sido más grave, aunque se basó en el mismo hecho: ambos leyeron conversaciones del Facebook del otro.
En segundo lugar, según el entrevistado, en el proceso de la reconciliación se encuentra la satisfacción y el deseo de continuar aún más la relación. Son momentos de fusión (Bataille, 2010) que aportan a un “progreso”, es decir, a una construcción de la pareja (Badiou, 2010). La resolución del conflicto se da a través de dos medios posibles: quedarse juntos, es decir, el pasaje al deseo (Barthes, 2009), o si no el diálogo que es propio de la racionalidad del ámbito homogéneo. Aquí el diálogo, a diferencia de la concepción del mismo descripta por Barthes (2009) que se da dentro de una escena de discusión, busca el entendimiento.
La última experiencia que analizo aquí es la de Gabriela. Ella describe la intensidad de su vínculo al punto de la obsesión. Las acciones de él repercutían excesivamente en los estados de ánimo de ella, piensa excesivamente en él, les habla excesivamente a sus amigas sobre él y aunque no le manda mensajes de texto todo el tiempo, hay un exceso en ese canal de comunicación. Gabriela dice que le “rompe las pelotas”. Estos excesos, propios del erotismo (Bataille, 2010), se basan por un lado en el interés de saber acerca del otro y aportar a la construcción (Badiou, 2009), pero por el otro en la desconfianza que le genera que su novio salga de noche. Él, a su vez, sabiendo que ella quiere saber de él, no le responde, es decir, actúa ignorándola, no sólo en esta situación sino también cuando no quiere besarla en la plaza ante la presencia de otras jóvenes que “gustan” de él.[21] Este ignorar al otro a partir de lo que he venido presentando puede ser conceptualizado como violento (Velázquez, 2006).
E.: ¿Cómo fue que te empezaste a dar cuenta de que estabas enamorada de él?
Gabriela: Igual yo soy medio enferma, quizás es más una obsesión a veces, pero el tema es que el pibe es medio raro, es como que me hizo notar a mí, o sea, yo no soy una piba que se enganche mucho de los chabones, estoy como me chupa un huevo si me dan bola, si no me dan bola y con éste como que me empecé a obsesionar cada vez más y me di cuenta de que nada de que ya, si no me daba bola un día me ponía como el culo y ahora estoy con él todos los días.
E.: ¿Cómo es eso de que sos medio enferma?
Gabriela: Nada, soy bastante goma, goma de que pienso todo, todo el tiempo todo el día de por qué no me habla, igual no es que le rompo tanto las pelotas pero estoy todo el día pensando y le cuento a las pibas eso un poco. Pero después nada, le rompo las bolas […]. No sé, por ejemplo sale a la noche, no es que le rompo las bolas de novia loca, sino de que nada. El pibe es si sale yo salgo y lo que hace que me rompe las bolas es que me clava vistos en el WhatsApp, o sea, le pongo: “¿che qué onda? ¿Salís?”. Ahora ya aprendí igual porque ya entendí que nada, ya fue, yo debería estar disfrutando lo que yo hago, pero fue un proceso. Así horas, y yo me empiezo a violentar más corte, no me va a contestar nunca, así de decirme “che Gabi la verdad que sos una goma”, o sea pará. […] O sea, a mí me encantaría estar más tranquila porque en realidad estoy tranquila, tengo novio, no es que tengo un pibe que quizás me caga, quizás no me caga y nada, podría salir tranquila y decir mi novio salió, lo veo mañana ¿entendés?, en vez de estar como una pelotuda, que me hace mal, todo el tiempo pensar.
E.: ¿Cuando él te “clavaba el visto”, vos qué hacías después si él no te respondía? ¿Qué te pasaba?Gabriela: Nada, después me respondía, pero a las 5 horas ¿entendés?
E.: ¿En esas cinco horas estabas todo el tiempo pensando?
Gabriela: No, me enojaba. Pero sí, igual con las pibas yo soy así, o sea, estoy enojada y les puedo decir a mis amigas, todo el tiempo estoy hablando de él, pero sí estoy medio mal con eso.
Esta situación hace que ella se enoje pero a la vez mantiene el deseo en él, de saber qué está haciendo y querer verlo. En esta ausencia de él al “clavarle el visto”, que implica que vio el mensaje pero que decidió no respondérselo, dejándola a la expectativa de que le escriba, él, por un lado, se torna soberano (Bataille, 1996), se vuelve en los pensamientos de ella más presente; y. por el otro, el deseo de Gabriela, aunque pasa por el enojo, se incrementa. Vuelvo a citar la frase de Bataille que aparece en la primera página del presente capítulo: “Si el amante no puede poseer al ser amado, a veces piensa matarlo; con frecuencia preferiría matarlo a perderlo” (2010: 25). Si bien aquí no se llega al extremo de la muerte en un sentido literal, metafóricamente remite al enojo que le genera su ausencia en tensión con el deseo de que él le responda y de tener confianza en él. La confianza y la fidelidad son pilares en los noviazgos de estos/as entrevistados/as.
- E. es la inicial que utilizo para referirme a Entrevistadora.↵
- Elizabeth Grosz (1994) explica que el feminismo de la igualdad, el cual incluye a pensadoras como Simone de Beauvoir, Shulamith Firestone, y a las perspectivas liberales, conservadoras y humanistas del feminismo, posee una postura negativa en relación con el cuerpo. Para estas autoras, debido a la diferenciación cuerpo y mente, las características corporales de las mujeres han sido entendidas como un obstáculo para el propósito emancipatorio y de lucha por sus derechos.↵
- En el año 1996 se promulgó la “Ley de protección contra la violencia familiar” (24.417), en el año 2005 la “Ley de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes” (26.061) y en el año 2009 la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales” (26.485), entre ellos el doméstico. También se han firmado tratados internacionales como son la Convención de Belém do Pará en 1996, que es una organización interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, y la CEDAW (Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer) en el 2006. Todas estas leyes y tratados, que han sido ratificados por leyes, legislan sobre las prácticas en el ámbito doméstico.↵
- Es una campaña público-privada que tiene como finalidad prevenir y denunciar la violencia de género.↵
- WhatsApp es una aplicación de mensajería multiplataforma que permite enviar y recibir mensajes de texto, de voz e imágenes.↵
- Facebook es un sitio web de redes sociales mediante el cual se puede enviar y recibir mensajes, imágenes, jugar, entre otras funciones.↵
- El chat es un servicio de mensajería instantánea en dispositivos móviles y computadoras.↵
- La palabra “hackear” es un neologismo que significa ‘vulnerar la seguridad de un sistema informático’. Esta acción puede darse de varias formas: hackear puede referirse al robo de una contraseña, a la copia ilegal de un software protegido o a una acción que deje sin funcionamiento una página web.↵
- “Me gusta” es una función que aparece en la parte inferior de cada publicación hecha por el usuario o sus contactos (actualizaciones de estado, contenido compartido, etc.); se caracteriza por un pequeño ícono con la forma de una mano con el dedo pulgar hacia arriba. Permite valorar si el contenido es del agrado del usuario actual en la red social; del mismo modo se notifica a la persona que expuso ese tema originalmente si es del agrado de alguien más (alguno de sus contactos). También es llamado con el término “like”.↵
- Cuando se etiqueta a alguien, se crea un enlace a su biografía. También se puede agregar a la biografía de esa persona la publicación en la que se la etiqueta. Por ejemplo, se puede etiquetar una foto para indicar quién aparece en ella o publicar una actualización de estado e informar con quién se está. Si se etiqueta a un “amigo” en la actualización de estado propia, cualquier persona que vea la actualización podrá hacer clic en el nombre de ese “amigo” e ir a su biografía. Es posible que la actualización de estado propia también aparezca en la biografía de ese “amigo”.↵
- En la lista de amigos el usuario puede agregar a cualquier persona que conozca y esté registrada, siempre que acepte su invitación.↵
- Twitter es un servicio de microblogging, es decir, un servicio que permite a sus usuarios enviar y publicar mensajes breves, generalmente sólo de texto.↵
- Los tweets son mensajes de texto de corta longitud, con un máximo de 140 caracteres.↵
- Los usuarios pueden suscribirse a los tweets de otros usuarios –a esto se le llama “seguir”–, y a los usuarios abonados se los llama “seguidores”. Seguir a alguien es un acto individual y la persona a la que se sigue no tiene necesariamente que seguir a quien la sigue.↵
- Se puede marcar un tweet como favorito al hacer clic en la estrella amarilla junto al mensaje. A la acción de hacerlo en repetidas ocasiones con un mismo usuario se la llama “favear”. ↵
- El muro es un espacio en cada perfil de usuario que permite que los amigos escriban mensajes para que el usuario los vea. Sólo es visible para usuarios registrados. Permite ingresar imágenes y poner cualquier tipo de logotipos.↵
- En el muro de Facebook aparece la opción de colocar el “estado” en el cual el usuario se encuentra. Allí usualmente se escriben frases sobre cómo la persona se siente, se comparten fotos, canciones y reflexiones. ↵
- En Facebook, cuando se lee un mensaje que manda un contacto por el chat aparece “visto a las (determinado día y horario)”. Si ese mensaje fue leído y no respondido los jóvenes dicen me “clavó el visto”. Respecto a la pregunta “¿Qué sería clavar el visto?”, Diana responde: “y… leer lo que te puso e ignorarlo, no contestar nada”.↵
- “Se comió” significa que se besaron o tuvieron relaciones sexuales.↵
- El diálogo es nombrado por el entrevistado como un modo de solución de conflictos, de comprenderse, no en el sentido que le da Barthes (2009) cuando se presenta dentro del conflicto como ejercicio de un derecho mediante el cual cada uno a su turno dice lo que quiere decir sin implicar que se escuchen.↵
- E.: ¿Qué otro problema habitual tienen? Gabriela: Ah, eso fue porque… nada, tema romanticismo pelotudo de que yo… Fue un momento en el que yo estaba más hasta las bolas que él en el noviazgo y yo no lo notaba más porque hacía cosas que nada que ver. E.: ¿Como cuáles? Gabriela: Como estar acá y no saludarme enfrente de dos pibas que gustaban de él y decirle corte bue, pará. Yo de venir acá y decirle: “Loco, hola. Podemos estar sin besarnos, pero saludame”. O sea, no me voy a poner a transar acá con vos en Parque Rivadavia porque me parece que nunca hicimos eso, pero saludame, y más enfrente de estas dos putas o sea. Pero hay gente que se puede poner mal, le digo mirá, si vos vas a mantener cosas haciendo que yo no estoy de novia con vos bueno, y esas cosas me hacían sentir que el chabón no estaba como yo estaba porque la verdad es que cuando ves a tu novio tenés ganas de saludarlo no importa con quién esté.↵






