Francesca Panajo[1]
Introducción
El presente trabajo se centra en el análisis de las principales características léxico-semánticas de la palabra nacayo (‘cuerpo’) en náhuatl y su aparición bajo forma de yuxtaposición conocida como difrasismo.
La elección de este lexema se debe en primera medida a una falta originaria de la entrada “cuerpo” en la parte castellano-náhuatl del diccionario de Alonso de Molina, donde sí encontramos la expresión “cuerpo humano” traducida con tonacayo. Sin embargo, la elección por parte de Molina de incluir tonacayotl reflejaría, según Miguel León-Portilla, una manera de hablar de los nahuas, pues podía estar vinculada con un sistema de conceptualización de esta lengua, en cuanto que concibe las partes del cuerpo como elementos inalienables, constitutivos y, por lo tanto, inmersos en una relación todo-parte. De esta forma, el cuerpo –el todo– parece ser designado mediante la carne –la parte– en una relación sinecdótica.
Además, el estudio lexicográfico brinda otro proceso cognitivo que, al igual que la sinécdoque, conecta “lo que se refiere a la carne” al elemento nutricio por excelencia en esta cultura, el maíz[2]. Coincidiendo el vocablo tonacayotl con el de “fruto de la tierra. mantenimiento humano”, la relación metafórica se construye a través de una semejanza entre el cuerpo humano y su principal forma de sustento[3]. Pero, como se verá más adelante, dicha construcción metafórica no será la única a la hora de abordar el dominio conceptual de la metáfora.
Para llevar a cabo la investigación sobre estos conceptos, ha sido necesario combinar distintas perspectivas metodológicas destinadas a investigar la caracterización del campo léxico-semántico de la palabra “cuerpo”.
Es así como se ha considerado necesario realizar un estudio lexicográfico de las distintas designaciones de la palabra nacayo que incluyera una aplicación de los estudios de lingüística cognitiva para analizar las dos funciones a partir de las cuales el término puede asumir distintos valores semánticos. Además, el rastreo de las formas típicas de conceptualizar y descifrar la realidad de los habitantes del México prehispánico, a saber, difrasismos, representan los contornos del núcleo conceptual del cuerpo cuya meta reside supuestamente en una categorización del conocimiento del mundo.
El listado de forma léxico-semántica que se presenta a continuación constituye el corpus de datos analizados a partir del análisis del Libro VI del Códice Florentino.
El cuerpo gramatical
Para acercarse a la dimensión conceptual del cuerpo mexica, parece necesario, en primer término, explorar su perfil etimológico.
Tal como afirma Alonso de Molina en el “Prólogo al Lector” de su Vocabulario fechado en 1555, la tarea del lexicógrafo consiste precisamente en “entender bien la propiedad de los vocablos y las maneras de hablar”[4]. Esa misma actitud, junto con la necesidad de editar un diccionario de usos para los evangelizadores del Nuevo Mundo, le otorgó el apodo de “el primer Nebrija de las Indias”[5] y primer lexicógrafo de la lengua náhuatl[6]. Posteriormente, en 1571[7], Alonso de Molina publicó una edición aumentada, Vocabulario en lengua Castellana y Mexicana y Mexicana y Castellana, que incluía una versión del náhuatl al español.
A través de un rastreo etimológico, es fácil señalar una falta en la versión castellano-náhuatl para la entrada “cuerpo”. En cambio, encontramos expresiones relacionadas con la palabra “cuerpo”: “cuerpo humano. tonacayo, nacayotl”, “cuerpo de la cinta arriba. tactli, totlac” y “cuerpo muerto. micqui, micquetl”. Asimismo, en la parte mexicana, encontramos “nacayo. cosa carnuda y gorda”, “nacayotl. cosa que pertenece a la carne” y “tonacayo. cuerpo humano, o nuestra carne”.
Todas las acepciones aquí expuestas parecen partir de un supuesto: la base nacatl, ‘carne’, y sus distintas declinaciones dibujan una diferencia entre la carne que se come y la carne de la que estamos hechos.
En náhuatl, el nombre más usual del cuerpo humano, considerado éste en su integridad, remite sólo al elemento predominante: “nuestro conjunto de carne” (tonacayo). El mismo término se dio a los frutos de la tierra, y en particular al alimento por excelencia, el maíz, formándose metafóricamente un vínculo entre la corporeidad del hombre y el cereal al que debía su existencia[8].
A pesar de que no hay en lengua náhuatl un mito referido a la creación del hombre a partir del maíz, mito que sí existe en lengua quiché, el poder que este cereal encierra le permite expresar ya no solo “nuestro sustento”, sino “nuestra misma carne”.
En esta acepción ofrecida por López Austin, el cuerpo parece responder a la definición del diccionario de la Real Academia Española, “conjunto de los sistemas orgánicos que constituyen un ser vivo”[9], en cuanto que se aplica al factor humano y, por consiguiente, a la entereza de su estructura física y material.
Aun así, las designaciones para el cuerpo nahua no parecen agotarse. Si termináramos sobreponiendo el concepto de “cuerpo” al de “carne”, caeríamos en el error de elegir una “opción materialista” que tiene el defecto de deshumanizar la cosmogonía nahua. Así, Alexandre Surrallés dice:
Las características de esta opción consisten en evitar el concepto “cuerpo” sin más consideraciones, traduciendo el concepto de “cuerpo humano” por un término que significa “carne” o, en todo caso, estrechamente emparentado con éste, de manera que prevalece un sentido de cuerpo asociado al soporte material de tejidos y substancias orgánicas que lo conforman como entidad fisiológica del ser vivo[10].
La crítica, fruto de un análisis antropológico del concepto “cuerpo” y de los problemas de traducir conceptos amerindios a universos que no parecen compartir el mismo sistema conceptual, desvela una cierta “retórica de traducir ‘cuerpo’” empezada por el mismísimo Alonso de Molina y que sigue vigente en un gran número de diccionarios que le siguieron.
Retomando ahora el lexema incluido por López Austin para designar “nuestro conjunto de carne”, tonacayo, se vuelve necesario brindar un breve análisis semántico. El lexema se compone de un prefijo posesivo de primera persona plural, to-, y un lexema nominal, nacayo, a su vez compuesto por una raíz nominal, naca, y un sufijo yo-.
A este propósito, Michel Launey dedica unos cuantos párrafos a la cuestión de la posesión en náhuatl en cuanto hecho imprescindible para abordar los lexemas que se refieren a las partes del cuerpo. Así como para los nombres de parentesco, el náhuatl responde a una ley dual, la misma que rige su ideología[11], a la hora de distinguir entre una posesión externa y una relación constitutiva, o interna. Launey remite a dicha dicotomía introduciendo uno de los sufijos más importantes en lengua náhuatl, el –yo, y la aparición de este bajo forma posesiva. Es aquí donde se determina claramente una oposición que, en el marco de una lengua polisintética con morfología aglutinante, como es el náhuatl, puede resultar sumamente importante: “in nonac ‘mi carne’ (que compro, que como…). In nonacayo ‘mi carne’ (de la que estoy constituido)”[12]. El primer caso presenta un proceso de aglutinación entre un radical nominal, nacatl, y un prefijo posesivo de primera persona singular, no-. El segundo se forma a partir del lexema nacayo, resultado de sufijación entre naca y –yo, cuyo sentido remite a la idea de conjunto, y del prefijo posesivo no-.
Llegados a esta altura, cabría preguntarnos qué es un cuerpo. Podríamos afirmar que, según el estilo de la lengua náhuatl, no hay cuerpo o partes del cuerpo que no sean de alguien, que no pertenezcan a alguien[13]. Puede haber hombre, oquichtli, mujer, cihuatl, pero no hay cuerpo, nacayo, en el sentido de recipiente de sistemas orgánicos[14], que no presente una relación constitutiva con lo que lo compone y con el orden cósmico en el cual está inserto.
De esta forma, y retomando la falta de un término equivalente a “cuerpo” en el Vocabulario de Molina, lo cual podría revertir en la acepción de “cuerpo humano” definida tonacayotl, Michel Launey explica dicha extensión semántica remitiendo a la posibilidad de esta lengua de indicar nombres de estado o cualidades abstractas mediante sufijos como -ca-yo-tl. Sin embargo, señala Launey:
Puede tenerse –cayo si por extensión de sentido el nombre designa una realidad material: así tonacayotl significa “cosecha” (relaciónese con el primer sentido de tona que es “prosperar, dar fruto”): la forma de posesión “nuestra cosecha” será totonacayo (totonaca sería tal vez “nuestra propia situación de prosperidad”)[15].
Es así como se llegan a poner de relieve tres configuraciones de la palabra “cuerpo”:
- tonacayo: nuestra carne
- nacayo: hecho de carne
- tonacayotl: cosecha
En la primera acepción, tonacayo representa el resultado de dos procesos aglutinantes, el de posesión y el de sufijación del abstractivo –yo. En el segundo, el sufijo –yo produce un sentido de carne en cuanto que elemento constitutivo del cuerpo. Finalmente, tonacayotl pasa a expresar una realidad material o, podríamos añadir, una opción materialista.
La conceptualización del cuerpo desde un enfoque cognitivo
Para analizar las distintas perspectivas a partir de las cuales nacayo puede adquirir distintos valores semánticos, la aplicación de los estudios cognitivistas resulta imprescindible. Dicha perspectiva representa una posibilidad de clasificar las formas de conceptualización del pueblo prehispánico del siglo xvi a partir de los procesos de asociación semántica que intervienen en la mente de un hablante nahua. La tabla que se presenta a continuación ha sido elaborada a partir del análisis del Libro VI del Códice Florentino y constituye el material de referencia para el presente examen.
Tabla 1. Difrasismos provenientes del Libro VI del Códice Florentino
Lexema base | Difrasismo | Página | Significado |
Omitl Nacatl
| in jiomjo, in jnacaio | 4, 8, 73, 215 | Hueso Carne |
| in techomjoti, in technacaioti | 54 | ||
| in mjtzomjioti, in mjtznacaioti | 73 | ||
| in tomjo, in tonacaio | 92 | ||
| in amomjiotzin, in amonacaiotzin | 138, 186, 195 | ||
| in momjiotzin, in monacaiotzin | 184 | ||
| in momjo, in monacaio | 193 | ||
Tlallotl | in tlalli, i’ çoqujtl | 165 | Tierra Lodo |
Yollotl
| in jiollo, in jnacaio | 9, 20, 22, 26, 27, 30, 37, 73 | Corazón Cuerpo |
| in moiollo, in monacaio | 31, 77, 91, 217 | ||
| in moiollotzin, in monacaiotzin | 58, 61, 133, 152, 190 | ||
| in amoiollotzin, in amonacaiotzin | 144, 195 | ||
| in noiollo, in nonacaio | 236 |
Los presupuestos teóricos que se asumirán como marco metodológico serán los de la lingüística cognitiva. Concretamente, la gramática cognitiva de Ronald Langacker representó una revolución en los estudios de semántica tradicional en cuanto que fijó el estudio de la gramática de una lengua con referencia a su valor semántico y, por lo tanto, sujeta a “un sistema de organización del conocimiento lingüístico como parte integrante de la experiencia humana”[16].
Paralelamente a los estudios de gramática cognoscitiva, se posiciona la teoría de los espacios mentales[17] de Gilles Fauconnier y Mark Turner, a la que aquí se acude con vistas a analizar la construcción del significado de los difrasismos.
De esta forma, los espacios mentales se representan como paquetes conceptuales que estructuran nuestra percepción y que están conectados a través de mapeos estructurales. La existencia de dos tipos de asociación mental, metafórica y metonímica, resultará fundamental a la hora de señalar las dos trayectorias que intervienen en la construcción del sentido de los difrasimos.
La trayectoria metonímica
El primer recorrido por el cual se puede seguir la estructuración de un difrasismo es el metonímico. La teoría metonímica formulada por Lakoff y Johnson está presentada por una función capaz de proyectar un elemento desde un modelo hacia el otro. Más específicamente, en un modelo metonímico que representa una estructura parte-todo, una función permitirá a una parte A estar por el todo B[18]. El elemento de la estructura A que será proyectado en una imagen B recibirá el nombre de lo que Rosch identificó en sus estudios como “prototipo”[19].
A diferencia de lo que acontece en la trayectoria metafórica, la metonímica no implica un cambio de dominio para las entidades involucradas. Es así como resulta posible asistir a un proceso de cambio denominativo en la medida en que los distintos objetos que intervienen en el espacio conceptual del “cuerpo” estén conectados por una relación de continuidad.
En el marco de este estudio, expongo a continuación una representación del espacio mental que se activa para conceptualizar al cuerpo. Analizando el difrasismo in omitl in nacatl (‘el hueso la carne’), se puede llegar a la comprensión del significado de dicha estructura pareada siguiendo una trayectoria metonímica. Dada su condición de elementos inalienables, todos los pares que se detectaron en el texto se presentan bajo forma poseída. He aquí unos ejemplos:
azo oquicac, azo omononotz: azo oinoma, iyomotlan, inacaztech
el que nunca se calienta,
el que nunca se entibia,
el que nunca deleita sus huesos,
su carne[20]
Sufre el mismo fenómeno el difrasismo in yollotl in nacayotl, literalmente el corazón-la carne del cuerpo:
ca quicua, ca qui in quizonehua in iyollo, in inacayo
Y lo que come,
lo que bebe, daña su corazón,
su cuerpo[21].
A este respecto Montes de Oca asevera que, a pesar de una semejanza entre los dos difrasismos, in omitl in nacatl e in yollotl in nacayotl “no cubren el mismo espacio semántico. In yollotl in nacayotl cubre el espacio del sustento físico y emocional de la persona, mientras que in omitl in nacatl abarca la parte del sustento físico pero enfocado en la fortaleza”[22].
Dentro del sistema conceptual del cuerpo, es posible presentar un abanico semántico compuesto por las distintas entidades que intervienen en el proceso de construcción de sentido del “cuerpo”. Dicho espacio parece estar habitado por lexemas como ixtli, ‘ojo’, yollotl, ‘corazón’, omitl, ‘hueso’, nacatl, ‘carne’.
Todos los elementos aquí enunciados intervienen en el primer espacio mental proyectando una imagen esquemática del cuerpo. Sin embargo, hueso y carne, en cuanto que elementos prototípicos del dominio, serán objeto de la proyección para el nuevo espacio semántico creando de esta forma el significado del difrasismo.
Figura 1. Trayectoria metonímica

De tal forma, la metonimia conectará los distintos objetos que intervienen dentro del espacio semántico del cuerpo humano, asignándole un nombre distinto, cuerpo, en nuestro caso, pero que mantendrá con los primeros una relación de continuidad.
La trayectoria metafórica
La segunda trayectoria a través de la cual se puede observar la formación de nuevos significados es la metáfora. La trayectoria metafórica prevé que la construcción del significado se obtenga a través del mapeo de un dominio al otro o, mejor dicho, de un dominio conceptual a otro dominio conceptual.
La posibilidad de abordar el tema de la metáfora en términos conceptuales la ofrecieron George Lakoff y Mark Johnson en Metaphors We Live By. En este estudio capital, la metáfora se libera de su prisión lingüística, para coincidir finalmente con el sistema conceptual humano.
Aquí presento un ejemplo de difrasismo indicante el cuerpo, cuyo sentido se construye a través de un cambio de dominio. El difrasismo en cuestión es in tlalli in zoquitl (‘la tierra el lodo’). A pesar de su baja frecuencia dentro del texto analizado, resulta sumamente interesante observar que los mexicas además de tonayaco “nuestra carne” nombraban al cuerpo a través del difrasismo in tlalli in zoquitl. Siguiendo al padre de los estudios acerca del cuerpo de los antiguos nahuas, el uso de dicha estructura estaba limitada a discursos metafóricos o a lenguajes especiales, tal como el nahuallatolli. Traducido con conjuro o sortilegio, López Austin redactó un corpus de datos a partir del Tratado de las supersticiones de los naturales de esta Nueva España, de Hernando Ruiz de Alarcón, entre cuyos vocablos destaca el difrasimos “tlalli, zoquitl (‘la tierra, el lodo’). El cuerpo humano”[23].
Figura 2. Trayectoria metafórica

Tal y como afirma Montes de Oca, “es posible que este difrasismo represente una extensión del sentido central de persona, pero incorporando un estado específico ya que establece la relación entre la persona y el cuerpo después de la muerte”[24].
El cambio de dominio para las entidades involucradas, tierra y lodo, está confirmado gracias a un ejemplo proporcionado por Horacio Carochi en su Arte de la lengua mexicana con la declaración de los adverbios della, donde se lee: “Y assi se dice; ca titlallo’que, ca tiçaquio’que: fomos de tierra, y lodo; porque tenemos cuerpo; a quien llaman los Indios tlalli, çoquitl”[25]. A este propósito, Alfredo López Austin parece compartir el sentido difrástico al añadir que el sustantivo tlallotl significaría ‘carne’ debido a su aparición dentro del difrasismo in tlallotl in zoquiotl, que traduce como “lo formado por tierra”[26].
Finalmente, la existencia de un pensamiento ancestral acerca del cuerpo en cuanto que conjunto de tierra y lodo está confirmada por el análisis lexicográfico. Aparte de la definición ofrecida en la versión de Carochi fechada en 1645, el GDN señala otra entrada de “tlâllôtl 1.£ terre, boue. 2.£ métaphor., corps. à la forme possédée.”notlâllo”, ma terre, mon corps (Par.). ll s’agit d’une forme possédée inaliénable sur tlâl-li”[27] en el diccionario de Wimmer, quien señala la presencia de dos acepciones, la primera con referencia a los lexemas “tierra” y “lodo”, y la segunda en su sentido metafórico.
Así las cosas, tenemos que señalar que no existe un mito de creación del hombre a partir del lodo, o barro, al igual que no existe a partir del maíz. Sin embargo, es posible que la presencia de estos mitos en otras culturas cercanas a la nahua influyera en la forma de conceptualizar el cuerpo.
A modo de conclusión
El punto de partida del presente estudio ha sido la falta, en el primer diccionario de lengua náhuatl redactado por Alonso de Molina, de un lexema que abarcase el concepto “cuerpo”. El rastreo etimológico ha permitido investigar unas expresiones relacionadas con la palabra “cuerpo”, a saber, “cuerpo humano. tonacayo, nacayotl”, “cuerpo de la cinta arriba. tactli, totlac” y “cuerpo muerto. micqui, micquetl”, y las contrapartes náhuatl “nacayo. cosa carnuda y gorda”, “nacayotl. cosa que pertenece a la carne” y “tonacayo. cuerpo humano, o nuestra carne”.
El análisis lexicográfico ha arrojado luz sobre el riesgo que correríamos si termináramos sobreponiendo el concepto de “cuerpo” con el de “carne”. Riesgo denunciado por Alexandres Surralés, quien lo remite a una visión traductológica y antropológica que ha pretendido, y sigue pretendiendo, conquistar espiritual y conceptualmente la cultura mexica.
Como se desprende de la tabla 1, el análisis del Libro VI del Códice Florentino ha permitido realizar un corpus de datos que tuviera en cuenta la frecuencia de aparición de la palabra nacayo y su configuración semántica. Los resultados han puesto de relieve las tres formas de conceptualización del cuerpo a partir de la realidad de los habitantes del México prehispánico: in omitl in nacatl (‘el hueso la carne’), in yollotl in nacayotl (‘el corazón el cuerpo’) e in tlalli in zoquitl (‘la tierra el lodo’).
Finalmente, los estudios cognitivos han puesto de relieve las dos perspectivas que permiten descifrar los procesos de construcción de significado de los difrasismos. A partir de los estudios de las lingüísticas cognitivas, la metáfora y la metonimia dejan de ser consideradas como meros tropos lingüísticos para representar las dos trayectorias mediante las cuales el cuerpo nahua puede ser conceptualizado.
- Università della Calabria.↵
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- Ibidem, p. 280. ↵
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- Ibidem, fol. 26r.↵
- Mercedes Montes de Oca Vega, Los difrasismos en el náhuatl de los siglos xvi y xvii, México, UNAM-IIF, 2013, pp. 111-112. ↵
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- Mercedes Montes de Oca Vega, “Los difrasismos: ¿núcleos conceptuales mesoamericanos?”, en Mercedes Montes de Oca Vega (ed.), La Metáfora en Mesoamérica, México, IIFL-UNAM, 2004, p. 237.↵
- Horacio Carochi, Arte de la lengua mexicana con la declaración de los adverbios della, edición facsimilar, México, UNAM, 1983, [1645], p. 210.↵
- Alfredo López Austin, op. cit., pp. 188-189.↵
- Gran Diccionario Náhuatl [en línea]. UNAM: 2012. Disponible en la web en t.ly/gOOKt.↵








