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Introducción

Con la publicación de este volumen, se concluye una larga trayectoria de investigaciones, seminarios y debates que avivó los trabajos de la Associazione Italiana Studi Iberoamericani (AISI) desde comienzos de 2020. La idea de abordar la temática del cuerpo en su relación con el espacio, desde posibles variaciones diacrónicas, diatópicas y diafásicas, se dio por primera vez a la hora de organizar el congreso AISI de ese mismo año. En ese entonces, el interés científico de investigar se motivaba por el cada día más significativo cambio de perspectiva desde una instancia ideológica hacia una más subjetiva, y por la consiguiente ampliación de las herramientas analíticas en la problematización de la producción literaria y de la crítica de la cultura. El congreso aspiraba a ser un momento de síntesis y de confrontación de líneas de investigación complejas y articuladas. Los instrumentos críticos privilegiados para las comunicaciones del congreso iban a ser los estudios de biopolítica, las representaciones de los espacios sociales y económicos –tanto físicos como virtuales–, el análisis de los flujos de circulación de las mercancías, el examen de los dispositivos ficcionales de la marginación social, de la creación de cuerpos disciplinados y de las estrategias de resistencia y redefinición identitaria y corporal.

Por las razones bien conocidas de la emergencia sanitaria, el congreso se postergó hasta que pudo realizarse en los hermosos lugares de la Universidad de Catania del 25 al 27 de mayo de 2022. Los años de la pandemia fueron vanos solo en parte ya que dieron la posibilidad de seguir investigando las propuestas enviadas para la edición de 2020, sugirieron nuevos ejes temáticos y más herramientas teóricas, permitieron la circulación de la convocatoria entre otras investigadoras y otros investigadores y, desde las medidas públicas y las secuelas del COVID, obligaron a repensar las políticas sobre el cuerpo, las acciones de coacción social, la relación con la medicalización, los heterogéneos imaginarios de la corporalidad.

Desde el punto de vista de la escritura literaria y de la crítica, la relación entre cuerpo y ficción, el giro subjetivo, la autoficción, las representaciones de las violencias hacia diferentes tipologías de víctimas y con intensidades diferentes se fue imponiendo en el debate público, en las redes sociales. América Latina, cual laboratorio de una racionalidad moderna de gobierno, de una jerarquización de la sociedad planteada sobre la genómica y el racismo y, a la vez, territorio de firme resistencia a estos mismos patrones, nos pareció el lugar adecuado desde el cual tener una panorámica de los posibles relatos sobre el control y la normativización del cuerpo, sobre las múltiples formas de disidencia y rebeldía.

Por añadidura, América Latina propone una problematización originaria también de la relación entre cuerpo y espacio, entre una visión exótica y otra utilitarista, desde una legislación de la moral basada estrictamente en la explotación y el provecho en contraste con un saber ancestral y con otra modalidad de pensar la relación con el medio ambiente.

De esta forma, tuvimos la posibilidad de reflexionar durante tres intensos días de trabajo sobre los temas que el congreso brindaba, volver a reunirnos con estudiosas y estudiosos después de dos años de dificultades e interactuar con experiencias procedentes de las academias extranjeras, europeas y americanas. Los días del congreso convencieron a su Comité Científico –que coincide con el Directivo de la Asociación– de aprovechar la ocasión para pensar un volumen coherente con los resultados de las numerosas ponencias presentadas, estableciendo conexiones entre ellas. La convocatoria, que invitó a investigadores e investigadoras a participar en la realización del proyecto, el gran número de participantes, la cualidad de informaciones, datos, referencias literarias que convergieron en él, junto a la inevitable cantidad de referencias teóricas y enfoques críticos, resumen –el encuentro en Catania fue de los más concurridos, con más de 120 ponencias– y al mismo tiempo profundizan, las temáticas del congreso de mayo de 2022.

El lector especialista se encuentra aquí con veintinueve capítulos, cada uno de una investigadora o un investigador diferente, recopilados según cinco ejes temáticos que definen las secciones del volumen. Algunos aportes podrían encajar, como siempre pasa, en más de una sección, mientras que otros a veces rehúyen, como piezas únicas, todo intento de clasificación. En cualquier caso, las diferentes contribuciones logran entrar en dichas secciones que, a su vez, se amoldan a las urgencias científicas que animan el debate internacional: se observa la construcción de un lenguaje de la resistencia que desmantela las trampas discursivas del poder y, de ahí, se cuestionan las jerarquías epistémicas, también en relación a la ecología y a la percepción del espacio; se objeta el concepto de origen para repensar el destino, analizar la huida, burlarse de las raíces; se redefinen las semánticas corporales desde una percepción radicalmente diferente de la subjetividad; se viaja por experiencias vivenciales en los límites del género, del derecho, de la patria, de la ciudad, de la movilidad económica, del concepto de raza, de las atribuciones de significados al género biológico.

Como bien destaca Maria Amalia Barchiesi, se trata de una literatura en busca de definiciones y de maravillas desde sus orígenes, al mismo tiempo consumida por la urgencia de la taxonomía, de la clasificación funcional en un taller permanente de catalogaciones linneanas. La profesora de la Università di Macerata nos ayuda también a entender que el refrán de la maravilla solapa la operatividad de un orden y la configuración de una sociedad atravesada por feroces contradicciones. De ahí que, sin la pretensión de ofrecer un archivo histórico de los vilipendios sufridos en los territorios americanos, las secciones se organizan por núcleos temáticos.

En la primera parte, se proponen seis trabajos que miran la literatura contemporánea desde la perspectiva de la violencia política y de género sobre cuerpos normalmente desamparados y rechazados. Desde el México de Laura Alicino, que analiza las complejas construcciones del yo narrativo en una serie de novelas cruzadas por el abuso y el olvido, hasta el Perú contado por Luca Breusa, quien analiza dos obras de Claudia Salazar Jiménez en las que se narra la aniquilación de unos sujetos y sus cuerpos, representada a través de una narración y una lengua, ambas mutiladas, quebradas. La sección del texto cuenta con una mayoría de autores argentinos (Félix Bruzzone y Jorge Baron Biza), también en relación con experiencias de la verbalización del trauma. Es este el caso del artículo de Alice Favaro sobre la chilena Alicia Trabucco Zerán y la argentina Marta Dillon, que se enfoca en la escritura frente a la recuperación de los restos mortales de sus parientes desaparecidos, y también de Ilaria Magnani y Amanda Salvioni, en sus respectivas contribuciones sobre El desierto y sus semillas, obra en la que Barón Ibiza narra la desfiguración del rostro de la madre por parte del padre, una vez más a través de un cuerpo lingüístico híbrido y fragmentado. El ensayo de Federico Cantoni vuelve sobre el tema de un hijo que busca vanamente los despojos de su madre y lo hace a través de la imagen de un cuerpo que corre sin parar, el del protagonista de Campos de Mayo de Feliz Bruzzone.

El segundo apartado se interroga sobre la relación conflictual entre el sujeto y su geografía vivencial, reconociendo los recursos empleados para expresar lingüísticamente dicha discordia. El apuro hacia el entorno se remonta, en esta parte, hasta el Perú virreinal, gracias a las críticas encendidas de Fray Francisco del Castillo, conocido como “el ciego de la merced”. Este es el aporte de Concepción Reverte Bernal, que nos ofrece un primer enfoque sobre la valoración del poder, la irreverencia contra las injusticias y un lenguaje acusador, matizado por la necesidad de ver más allá de la posibilidad fisiológica de hacerlo.

Los demás capítulos de la sección interrogan la sociedad contemporánea, desde el último tercio del siglo XX hasta nuestros días, en particular desde un espacio perentoriamente retador, como el de la Revolución cubana. Para bien o para mal, escribir desde, sobre y contra el gobierno de la isla articula en un solo acto literario una cantidad frenética de instancias que convierten el espacio en el centro, en el foco, de una vitalidad discordante, compleja, proteicamente disconforme. Si consideramos los capítulos de Sabrina Costanzo y Melania Libra, es fácil entender la cantidad de instancias que procuran interceptar la condición del cuerpo enmarcado en una ideología programática y holística; también en un cuerpo atrapado en el insularismo, en un espacio en el que el pacto de sentido es constante y convierte la literatura en suciedad y estigma. Este es el término que vuelve en María de los Ángeles Romero, en el que todos los espacios son espacios de constricción, por lo menos en la comparación entre Pedro Juan Gutiérrez y el uruguayo Daniel Mella. Enmarcados en una lectura que considera el realismo sucio –o, como bien apunta la autora, un nuevo tipo de “miserabilismo” decimonónico– esta literatura es un despliegue de “condiciones turbias de lo humano y su vida en sociedad” (Romero, infra).

Así, el análisis del lenguaje cinematográfico en la narración de la marginalidad urbana de Buenos Aires, a través de la grabación de la vida de los cartoneros que por las noches se desplazan de la periferia hacia el centro en el Tren Blanco, ofrece una mirada radicalmente diferente de la miseria como concepto. Aquí el cuerpo ya no es el residuo de una ambición primermundista, sino la víctima estructural que se apodera de lo excedente de la producción para convertirlo en riqueza, en el sentido de bien, de mercancía. La dialéctica del espacio, en el capítulo a cargo de Susanna Nanni, confirma la representación de este a través de unas fuerzas de atracción y repulsión, y así se lo inserta en un orden discursivo diferente, el de la solidaridad, de la vida comunitaria en contraste con la expulsión, el rechazo de un poder que repele a los inconformes.

Por su parte, Elena Ritondale, en diálogo con las perspectivas teóricas ya abordadas en el texto de Laura Alicino, nos ofrece una lectura contestataria del espacio colonial desde la perspectiva de Cristina Rivera Garza. Gracias al análisis del majestuoso trabajo documental de Autobiografía del algodón, texto difícil de definir, que desafía las categorías con las cuales solemos examinar lo literario, explora el tema del extractivismo, en una especie de arqueología del campo algodonero.

Si bien el aporte de Domenico Antonio Cusato retoma, desde la obra de Reinaldo Arenas, las modalidades de narración del cuerpo en el espacio de la Revolución cubana, es también cierto que su función es la de bisagra con la sección siguiente. De hecho, el gran poeta de “celestino” es un cuerpo dramáticamente rechazado por el espacio en todo sistema económico: marielito en Cuba; ofendido y enfermo en los Estados Unidos, Reinaldo Arenas es el paradigma del inconforme en el espacio normativo. Las fuerzas de repulsión sobre las que se fija Cusato y que definen las trayectorias lingüísticas de la literatura de Arenas son, en el cubano, constantemente centrífugas. Acosado por su misma diferencia, Arenas parece cuestionar radicalmente el mero concepto de “democracia”, más allá de la simple contingencia castrista. Exiliado entre los exiliados, Arenas abre una visión reconocida del destierro, relacionada con la lejanía, la soledad, la miseria y la muerte.

Esta idea vuelve, matizada de manera diferente, en Mara Donat y Angela Sagnella. Ambas ayudan a pensar en una trayectoria individual de la experiencia del exilio en la que se viven sucesiva o simultáneamente la desesperación de la pérdida, la ironía de la expulsión de un espacio y las infinitas posibilidades del lenguaje en la construcción de una condición nómada. El cambio en la percepción del exilio es evidente en el poemario de la uruguaya Cristina Peri Rossi que investiga Sagnella. Recopilación de poemas que van de los primeros días de permanencia en Europa –sin dinero ni más recursos que la pluma y el cuerpo–, hasta los comienzos del siglo XX, Estado de exilio permite escudriñar el cambio de perspectiva de Peri Rossi que llega a ser arquetipo de esa identidad sin fronteras teorizada por su connacional Fernando Aínsa en Palabras nómadas. Nueva cartografía de la pertenencia (2012).

Junto al exilio, las migraciones, otro movimiento obligado por las condiciones materiales que es también un territorio de la necesidad de contar, construir, identificar, elaborar. Las migraciones de entresiglos (o sea entre el XIX y el XX) en Fernanda Elisa Bravo Herrera, y las migraciones contemporáneas en Ana Sagi-Vela González.

Bravo Herrera lee el desplazamiento del migrante desde la perspectiva del palimpsesto, de un cuerpo que funciona como motor capaz de generar un sinnúmero de historias diferentes tanto desde la mirada interrogante de la sociedad (mejor dicho, de la élite) de destino como desde la corporalidad migrante. Así, la literatura moderna argentina –se estudia en el capítulo el ejemplo paradigmático de la emigración porteña– elabora un código de significación en la estetización ficcional de una nueva fisonomía, de una identidad otra que procede de una diferente marginalidad y que se convierte en cuerpo migrante. La construcción de una visualidad de la diferencia caracteriza estas ficciones instaladas en el gobierno y en la frontera entre una sociedad anclada en su representación espuria y otra sistematización del orden social que identifica el cuerpo migrante en el conjunto de alteridades rechazadas (un día serán, junto a otros migrantes, ya no europeos sino latinoamericanos, mestizos e indígenas, protagonistas de la marginalidad urbana de El Tren Blanco del que nos habla Susanna Nanni).

La complejidad de los movimientos, de las fronteras, de las diferencias y de los abusos ocupa las páginas de Huaco retrato de Gabriela Wiener, autoficción que pone permanentemente en tela de juicio toda categoría. El capítulo a cargo de Ana Sagi-Vela González nos permite intuir la multiplicidad de historias y atropellos que construyen una identidad compleja, declaradamente heterogénea, procedente de una violencia neocolonial. Al mismo tiempo, la joya literaria de Wiener indaga cómo estas diferencias se suman a una subjetividad naturalmente inclasificable, orgullosamente diferente, como es el caso de la autora. Lejana a toda definición, Wiener exhibe, cuenta, inspecciona su identidad rotundamente otra: mestiza en Perú, peruana en España, no fluida, madre en una familia plural, etc. Desde el otro lado de la colonización y de la migración, desde el otro lado del colonialismo y, paradójicamente, desde el otro lado del Atlántico (desde España), Wiener –y con ella Sagi-Vela– cierra la sección deconstruyendo los elementos de normativización considerados hasta ese momento, tal vez desde el primer capítulo de Laura Alicino.

Un cuerpo disidente, disconforme, que remite a los interrogantes siguientes sobre las culturas clásicamente heterogéneas de América Latina, es decir, el indígena y el afrodescendiente, es el eje temático de la cuarta sección, encabezada por el artículo de corte semiótico y lingüístico de Maria Amalia Barchiesi. El trabajo se sitúa en el principio de las especulaciones sobre la otredad, donde se inscribe el gesto originariamente taxonómico de la mirada europea que aspira a la imposición de su centralidad. Por lo tanto el principio básico de articulación discursiva reanuda constantemente los términos fundamentales de esa fractura epistémica que, como bien se remarca en las investigaciones de Michela Craveri, es una separación atravesada por múltiples factores y diferencias, poblada de hibrideces distintas, de historias múltiples que se despliegan en un abanico potencialmente infinito de opciones transculturales.

En este sentido, preguntas que aparentan incidir en un ámbito claramente lingüístico –cómo se articulan en náhuatl los términos relacionados con el cuerpo y el corazón o qué conceptualización relacional denuncia su morfología o su morfosintaxis– resultan ser el punto de partida para las investigadoras María Lida Mollo y Francesca Panajo en sus sofisticados estudios sobre lingüística náhuatl, que lucen una herramienta filosófica que permite pensar en la corporalidad desde una firme teorización intercultural.

Sin intención de entrar en debate con la teoría cultural que respalda de manera evidente esta introducción, solo argüimos que el trabajo de Stefano Pau nos llama la atención sobre las heterogeneidades totalmente radicales que son las poblaciones indígenas subalternas también a los centros irradiadores de una nobleza indígena. Si consideramos la destacada valoración cultural de la componente indígena en los autores que supieron contar su origen mestizo, como Garcilaso de la Vega, El inca, en su obra monumental, podemos notar que la tradición andina ha tenido cierta influencia en el desarrollo de la compleja identidad del país. A pesar de que, en general, estas civilizaciones no han logrado escapar de la marginalización racial, es importante reconocer que las poblaciones no andinas, particularmente las amazónicas, fueron ignoradas y subestimadas en su totalidad. Solo a lo largo del siglo XX fue posible comprender y reconsiderar las funciones fundamentales de la mirada antropológica mediante un extenso estudio de sus dinámicas. A través de esta clave interpretativa se puede apreciar la puntual lectura que nos ofrece Pau sobre la obra de una de las poetas wampis más significativas de la contemporaneidad, Dina Ananco.

Poco representado es también el cuerpo afrodescendiente o afrodiaspórico, que en su trayectoria de estudiosa Sara Carini ha investigado desde un marco metodológico que extiende el área caribeña hasta las regiones continentales de América Central. En el caso específico del capítulo a su cargo, la investigadora se fija en el lenguaje poético de la dominicana Myrta Santos Febres. La corporalidad se articula, en la obra de la escritora, desde una combativa instancia de reivindicación de un orden y una memoria. Penetrante, irónico y en algunos momentos cáustico, el lenguaje poético de Myrta Santos Febres espeta una realidad corporal libre (y en contra) de todo estereotipo sobre el cuerpo tropicalizado del “negro”.

En la última sección se incorporan las contribuciones sobre disidencias, relecturas que desbaratan el orden clásico de la mirada y de la narración sobre el cuerpo. Empezando por una versión de la disidencia bien conocida, la de Pedro Páramo, la sección supone un recorrido por la expresión literaria y la corporalidad en la segunda mitad del siglo XX. Desde el apartado a cargo de Pablo Lombó Mulliert, esta sección busca incluir las múltiples formas de representación de cuerpos desviados de una concepción socialmente consentida. Sinécdoque de la narración, la mirada abre la sección definiendo la centralidad del punto de vista en la construcción de una historia.

La misma idea rige el ensayo de Margherita Cannavacciuolo donde, en el acopio de versiones de una misma historia que desplaza sistemáticamente la (re)lectura de la historia de México, se regresa ad libitum sobre la culpa ancestral que sustenta y caracteriza la formación de una identidad mestiza.

Puntos de vista, ostranenie, humor, pilares de la (anti)poesía de Nicanor Parra que vuelven a analizarse en el escrito de Silvana Serrani, en una desestructuración de las metáforas que definen, en la historia de los estilos poéticos, el cuerpo. Maria Cristina Caruso investiga una de las más llamativas propuestas literarias contemporáneas: la rapera, poeta y escritora dominicana Rita Indiana que, en su novela de 2013 Nombres y animales, inventa una ficción alrededor de la frontera racial tal vez más cruenta de América, que parte en dos la isla de La Española y separa Haití de la República Dominicana. Anclándose en el concepto foucaultiano de heterotopía, lugar disputado al control disciplinario, Caruso se enfoca en los recursos de la ficción para representar las repetidas tentativas de esos cuerpos disidentes de zafarse de las mallas biopolíticas.

La lectura crítica de Maria Asencio Serrano se propone iluminar el campo literario femenino cubano contemporáneo, que apela al rescate de una voz propia, tras la ruptura con el imaginario patriarcal de la revolución. Gracias al detallado análisis de la poesía pornoqueer de Martha Luisa Hernández, la autora bien ejemplifica las modalidades de liberación de la sexualidad transgresora de la mujer, que se concreta en descripciones desprejuiciadas del cuerpo femenino como inédito sujeto del placer.

Cierra el apartado Susanna Regazzoni con el intenso recorrido crítico de la literatura argentina escrita por mujeres. La lectura a contrapelo de las propuestas literarias del siglo XXI, definidas por la crítica mainstream como nuevo “boom” de escritoras, muestra la continuidad con las protagonistas del siglo XX (Storni, Ocampo, Molloy, Valenzuela), y traza una genealogía subversiva, de signo femenino. En continuidad con dichas posturas disidentes, las múltiples representaciones de cuerpos enfermos, lastimados y, al mismo tiempo, insumisos y resistentes, que pueblan la narrativa de Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada, Mariana Enríquez, Samantha Schweblin, abren inéditas posibilidades interpretativas, capaces de fisurar la superficie plana del capitalismo tardío y proporcionar nuevas lecturas del presente.



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