Dos experiencias desde México
Yolanda Cristina Massieu Trigo
Introducción
Este texto representa un reto y una esperanza. Un reto porque caracterizar al llamado “Antropoceno”, con su cauda de catástrofes socioambientales que están poniendo a la humanidad al borde del abismo, representa la necesidad de reconocer que la civilización occidental y su manera de explotar a la naturaleza son insostenibles. El reto también aparece en llamar “biocentrismo” tanto a una concepción teórica que privilegie la vida, como a una práctica sociopolítica que contempla tanto la aspiración de un mundo más sustentable, justo y equitativo, lo cual se expresa en la consigna reciente de movimientos de defensa territorial que hablan de luchas “por la vida”, ante proyectos mineros, de extracción de hidrocarburos, de infraestructura, turísticos, urbanos, que son llamados “de muerte”. La esperanza está en documentar experiencias valiosas en México que contienen una propuesta civilizatoria que puede ser entendida como la transición a sociedades biocéntricas. Dichas experiencias provienen de pueblos originarios, en este caso mexicanos, que han sabido llevar sus saberes ancestrales y su capacidad de respuesta social a la acción.
El trabajo se estructura en tres apartados: uno de reflexión teórica para posicionar el debate acerca del Antropoceno, un segundo que busca caracterizar esta nueva era y la destrucción planetaria que ha generado, y un tercero en el que se describen las dos experiencias. Espero que este tipo de análisis contribuyan, desde América Latina, a visibilizar estas experiencias construidas desde abajo y hallar alternativas para concebir un Antropoceno diferente, más justo ambiental y socialmente.
El objetivo del texto es, por tanto, reflexionar sobre la posibilidad de transitar a los cambios necesarios en el Antropoceno para que no se continúe con la autodestrucción del planeta y como especie, a través de la construcción de sociedades biocéntricas. Esta posibilidad se expresa en los dos casos descritos, en los cuales pueblos originarios mexicanos han logrado concretar una propuesta alternativa a través de su acción por varias décadas. Planteo como indicador de la transición al biocentrismo la presencia de idea de relación con la naturaleza entre los protagonistas de las experiencias, que implica que esta se puede usar y aprovechar para lo necesario para vivir, no para obtener ganancias de forma desmedida. En las dos experiencias descritas, esto se ha dado en un contexto de defensa del territorio ante proyectos depredadores característicos del Antropoceno, en un proceso en el que se han obtenido logros que también es necesario preservar.
Biocentrismo: una reflexión teórica desde América Latina
El biocentrismo ha pasado de ser una propuesta utópica a una necesidad urgente ante la crisis socioambiental del Antropoceno. Este último, que caracterizo en el segundo apartado, ha tenido como sustrato conceptual al antropocentrismo, en el sentido de percibir a la naturaleza como subordinada, como ente por conocer y controlar, y como una canasta inagotable de todos los recursos necesarios para los humanos. Esta concepción parte de una separación radical entre la naturaleza y la humanidad, proviene del pensamiento occidental originado en la Ilustración francesa desde el siglo xix y es en buena medida responsable de la destrucción sin precedentes de la naturaleza característica del Antropoceno. Alicia Bugallo nos recuerda cómo esta concepción proviene de ideas de filósofos como Francis Bacon, desde el siglo xix, que reforzaban el poder del conocimiento humano para conocer la naturaleza y sus recursos y adueñarse de ellos, en una suerte de derecho natural, presente ya en la noción judeo-cristiana del paraíso.[1]
El requerimiento imperativo del cambio hacia el biocentrismo se debe a que el deterioro ecológico del mundo ha alcanzado su límite a nivel mundial, la pandemia del covid-19, las altas temperaturas e intensas sequías, entre otros fenómenos, son una manifestación de ello. Previamente a la pandemia, ya existían síntomas de la crisis socioambiental planetaria, como el cambio climático (CC), la acidificación de los océanos, la deforestación y consecuente desertificación, la creciente escasez de agua dulce, la contaminación de suelos y aguas por la agricultura industrial, la del aire en las ciudades por un modelo de urbanización no sustentable, así como la de suelos, agua dulce y mares, el empobrecimiento genético de especies vegetales y animales por el modelo de agricultura y ganadería industriales, la desaparición de polinizadores por los efectos de los agroquímicos, la extinción acelerada de especies silvestres por reducción de su hábitat y tráfico de especies, entre otros.
El cuestionamiento a un enfoque científico-epistemológico antropocéntrico occidental, que implica poner en el centro a los humanos por encima de los otros seres vivos y la naturaleza, cobra mayor relevancia cada día. Los enfoques teóricos de dicho paradigma de generación del conocimiento, tanto en las ciencias naturales como en las sociales, han privilegiado al ser humano como el único productor de saber y valor, y colocan en un lugar secundario al entorno ambiental-territorial y al conjunto de seres vivientes, considerando como un derecho natural del ser humano el dominio, el control y la explotación de estos y de los recursos abióticos.
Mi reflexión parte de exponer brevemente la separación sociedad-naturaleza presente en la teoría y la práctica sociales vigentes y el debate del Antropoceno, para posteriormente mostrar los posibles avances hacia un biocentrismo que privilegie la vida, tanto en la generación de conocimiento como en las políticas gubernamentales y los modos de vida, documentando dos experiencias en México.
La pandemia colocó al mundo con mayor urgencia ante la necesidad de replantear nuestra relación con la naturaleza. Una de las hipótesis más probables del origen de la enfermedad causada por el covid-19 es la destrucción de hábitats de animales silvestres, lo que ha llevado a que los patógenos microscópicos que portan estos seres vivos “saltasen” con mayor facilidad a los seres humanos.[2] Otra fuente probable de transmisión interespecies es la ganadería industrial, que se basa en el hacinamiento de millones de animales con un sistema inmunológico debilitado, lo que facilita la infección de estos seres a los humanos. Este problema toca de cerca el modelo alimentario, dado nuestro consumo de carne, que implica un desperdicio de recursos como el agua y una contribución a la generación de gases de efecto invernadero (GEI).
La propuesta teórica y político-social del biocentrismo puede ser una alternativa a esta situación. Para iniciar la reflexión, hay que preguntarse acerca de lo que entendemos por “vida”, dado que el biocentrismo plantea un giro radical para privilegiar esta por encima de la rentabilidad económica y las relaciones de poder, y la aparición en años recientes del término “luchas por la vida” en los movimientos sociales de defensa de los territorios. Una característica del enfoque antropocéntrico consiste en considerar la naturaleza y sus componentes bióticos y abióticos como “recursos” que ser explotados, conformando así una base conceptual hegemónica. Es en esta tradición en la que se acuña el concepto actual de “vida”, a partir del descubrimiento de la célula por Hooke en 1665, pues la aparición en la tierra de esta entidad microscópica, hace unos cuatro billones de años, se identifica con el comienzo de la vida. Esta entidad se conforma por una estructura de elementos funcionales para respirar, obtener energía y reproducirse, característica que diferencia a los seres vivos de los virus (como el SARS-COV-2), pues estos últimos no presentan los componentes de la célula, únicamente tienen la capacidad de reproducirse al invadir otro organismo, por lo que se considera que están en el umbral de la vida.[3] Llevó millones de años que las primeras células procariotas (sin núcleo) evolucionaran a células eucariotas con un núcleo, y de los primeros organismos unicelulares a los pluricelulares y la diferenciación sexual.[4] De esta manera, se llegó a la inmensa diversidad de seres vivos presentes (hoy amenazada).
Una vez aclarada una noción básica de “vida” expresada en la célula y la aparición de los primeros organismos unicelulares en la tierra hace millones de años, paso a describir brevemente cómo se reelaboró el concepto en los tiempos actuales. Hablar de “vida” hoy en día desde la perspectiva de los movimientos socioterritoriales remite a la expansión de una modalidad agresiva de capitalismo, conocida hoy como acumulación por desposesión o despojo,[5] puesto que los capitales en el mundo han migrado en mayor escala que antes a explotar recursos naturales y activos de países periféricos o no hegemónicos, en lo que el autor caracteriza como “el nuevo imperialismo”. Esto ha provocado una andanada de inversiones masivas en actividades como la minería, cuya modalidad a cielo abierto se caracteriza por una destrucción de la naturaleza sin precedentes, o la extracción de hidrocarburos. Ello ha originado movimientos de defensa del territorio que se autodenominan “luchas por la vida” y que han llamado a los proyectos depredadores como “proyectos de muerte”.[6] “Esta idea de oposición vida-muerte posee pues un fuerte potencial movilizador al cual se habrían de suscribir otras resistencias emergentes frente a otros numerosos proyectos que comenzaron a querer instalarse en diversas partes del territorio”.[7] En el apartado 3, describo algunas de estas experiencias en México, sus logros y limitaciones para transitar a una sociedad biocéntrica.
Había algunas expectativas de que en la pospandemia se avanzase a una sociedad más sustentable y armónica con la naturaleza, pues se consideraba la posibilidad de abrir espacios para las propuestas de los movimientos sociales de defensa de los territorios y el medio ambiente, en la forma de un nuevo “pacto ecosocial”,[8] pero la invasión de Rusia a Ucrania, la ofensiva israelí en Gaza y los indicios de que la recuperación económica no tiene consideraciones ambientales hablan en sentido contrario. En el Antropoceno se reafirma así que, con tal de revertir las consecuencias económicas de la pandemia, las potencias hegemónicas del planeta se enfrascan en las pugnas por el poder mundial sin menoscabo de las consecuencias destructivas.
Aún más, para David Harvey, la crisis global de 2008 fue “resuelta” con un mayor apoyo a las corporaciones multinacionales, agudizando la desigualdad, en un contexto en que el motor de la economía china impidió un derrumbe de mayores consecuencias. Para el autor, el capitalismo actual global descansa en capital ficticio y la expansión de la oferta de dinero y creación de deuda, con una insuficiente demanda efectiva para la realización de los valores producidos por el capital. Harvey propone una visión “más dialéctica y relacional de la relación metabólica con la naturaleza”,[9] en la cual el capital modifica las condiciones medioambientales de su propia reproducción, con consecuencias involuntarias, como el CC, planteamiento emparentado con la 2.º contradicción del capitalismo de O´Connor en cuanto a que el capital, al expandirse, socava las bases de su propia reproducción.[10] Las ganancias obtenidas por las corporaciones farmacéuticas con la fabricación de vacunas contra el coronavirus y las de la industria bélica beneficiada por las guerras en Ucrania y Gaza son indicadores de que la recuperación económica pospandemia puede estar transitando a un “más de lo mismo”, sin mayor preocupación socioambiental. No está de más mencionar que, ante estas modalidades de acumulación de capital cada vez más agresivas sobre los territorios, la vida y las personas, los llamados “conflictos socioambientales” se han multiplicado en México y América Latina.[11] Ante ello, es importante insistir en la urgencia de una transición a sociedades biocéntricas y sustentables.
El valor intrínseco del entorno natural, que significa que no hay que tener justificaciones económicas para actuar por su conservación, es un tema de debate fundamental en cuanto a la posibilidad de llegar a un biocentrismo que supere la separación sociedad-naturaleza y la destrucción ecológica consecuente. Desde los pioneros del ambientalismo, como John Stuart-Mill desde las ciencias sociales en el siglo xix, aparece la cuestión de si el cuidado de la diversidad biológica solo es valioso por su utilidad para los humanos y si únicamente estos pueden otorgar dichos valores.[12] A esta idea utilitarista y mercantilista, se contrapone, con tal fuerza que quedó plasmada en la Constitución de Ecuador de 2008, la idea del valor intrínseco de la naturaleza, según la cual merece ser conservada sin demostrar su valor económico, pues tiene valor per se y por tanto derechos (Derechos de la Naturaleza en la mencionada constitución), entre ellos el derecho a ser restaurada en caso de daño por los humanos (Constitución del Ecuador, 2008). Es una concepción con profundas raíces ancestrales en los pueblos originarios latinoamericanos, en la que los seres vivos y elementos naturales están animados y se relacionan con los humanos de manera horizontal.
Evidentemente, hay resistencias para adoptar dicha concepción, tanto en el medio académico como en el gubernamental, pues “desde la mirada antropocéntrica es imposible esperar un cambio civilizatorio”[13] (Acosta, 2014: 16). Si, desde las culturas de los pueblos originarios latinoamericanos, e incluso de América del Norte, los humanos solo somos una parte de la naturaleza y no sus dueños, entonces la propuesta del biocentrismo pasa por aceptar esta idea acerca de la especie humana. Pese a que el origen de la propuesta biocentrista es nórdica, pues la idea fue planteada por el filósofo Arne Naess desde los años setenta,[14] considero que la reelaboración latinoamericana del concepto es válida a partir de las experiencias descritas en el apartado 3, y los movimientos de defensa del territorio, en los que, en los últimos años, se habla de “luchas por la vida”, en contra de los “proyectos de muerte”.
A la luz de la catástrofe ambiental presente, no se sostiene la crítica al biocentrismo en cuanto a que genera un retraso por concebir a la naturaleza como prístina o intocada, más bien es una propuesta civilizatoria de convivencia con la naturaleza y los otros seres vivos de los pueblos originarios latinoamericanos (pese a la violencia y destrucción de la conquista y la colonización europeas) y el biocentrismo. La posibilidad de una convivencia armónica con la naturaleza, los otros seres vivos y nuestros semejantes es fundamental en las propuestas del buen vivir sudamericano y otras semejantes en grupos originarios mesoamericanos. Es urgente considerar seriamente el biocentrismo y enriquecerlo con propuestas como el buen vivir en el Antropoceno, cuando ya empezó el colapso planetario por la destrucción antropogénica de la naturaleza.
Antropoceno y destrucción de la naturaleza
El término “Antropoceno” fue utilizado por primera vez por Paul Crutzen en 2002 y propone, junto con otros autores, que ya no estamos viviendo en el Holoceno,[15] sino en la época del Antropoceno, caracterizada por los cambios profundos, inéditos e irreversibles que los humanos estamos causando en el planeta.[16] Hay que diferenciar era y época geológica para ubicar el término. Una era es de millones de años, mientras que una época comprende periodos geológicos menores. El planteamiento del Antropoceno ha suscitado críticas respecto a que ha minimizado el peso de la cultura y el poder, ocultando las inequidades intraespecie y el papel de las relaciones sociales humanas en la transformación de las propias condiciones de la existencia de nuestra especie, centrales para entender la crisis socioambiental y civilizatoria.[17]
Para Paul Crutzen, los orígenes del Antropoceno se remontan al siglo xviii, inicio de la industrialización capitalista,[18] mientras que Jason W. Moore nos habla de un Capitaloceno, originado desde la época medieval europea.[19] Svampa, por su parte, nos recuerda que el concepto transmite la idea de umbral, de peligro para el planeta, los seres vivos no humanos y la humanidad, y nos da algunos datos que fundamentan este riesgo y el paso del Holoceno al Antropoceno: enfatiza el CC, asociado al calentamiento global y la emisión de GEI, pues, en relación con 1750, la atmósfera contiene un 150 % más de gas metano y 45 % más de dióxido de carbono, lo cual ha sido suficiente para que la temperatura global aumente 0.8 ºC. La prospectiva del Panel Intergubernamental de Cambio Climático es de un aumento que va desde 1.2 ºC a 6 ºC, mientras que las opiniones científicas establecen que más de 2 ºC es un límite peligroso, con cambios imprevisibles y desordenados (que probablemente ya están aquí con las sequías, las heladas y los huracanes cada vez más frecuentes en fechas diferentes a las de años anteriores).[20]
Una segunda evidencia alarmante es la pérdida de biodiversidad, “la destrucción del tejido de la vida y los ecosistemas”.[21] Se habla ya de una Sexta extinción antropogénica, que ha significado, según la World Wild Foundation (WWF), que entre 1970 y 2014 se ha extinguido el 52 % de las especies de vertebrados, y hasta 2016 el 57 %.[22] En cuanto a animales salvajes, hay una disminución media de 69 % en sus poblaciones entre 2018 y 2022, y América Latina presenta el mayor declive regional en la abundancia poblacional media (94 %).[23] Samuel Turvey y Jennifer Crees nos recuerdan que la extinción de un número considerable de especies se debió a la acción humana desde el Holoceno, principalmente de megafauna de las islas. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reconoce más de 28 000 especies amenazadas de extinción, cifra que solo refleja aquellas que han sido estudiadas, mientras que la Plataforma para Política Científica en Biodiversidad y Servicio Ecosistémicos calcula aproximadamente 1 millón de especies animales y vegetales amenazadas de extinción. Aun los cálculos más conservadores respecto a la extinción en el Antropoceno estiman que esta es 100 veces mayor que las precedentes.[24]
En el Holoceno existían regiones de refugio para los seres vivos, incluyendo los humanos, y la naturaleza mostraba capacidad de resiliencia ante cambios adversos. En contraste, el Antropoceno ha llevado a la destrucción de estos espacios y tiempos de refugio, y la aceleración de la transformación dificulta la capacidad de adaptación. Otros factores críticos tienen que ver con la alteración y el rompimiento de ciclos naturales que pasaron a manos de los humanos, tales como el ciclo del carbono, los del agua, del nitrógeno, del fósforo, y de oxígenos esenciales para la reproducción de la vida. Las alteraciones de estos ciclos se producen por el aumento desmedido de la actividad industrial, la contaminación de los suelos por fertilizantes y del agua por contaminantes industriales, agrícolas y mineros. La creciente demanda de energía ha llevado a modificar el ciclo del agua por la construcción de represas, que ha causado el desplazamiento de entre 40 y 80 millones de personas en el mundo. Más de la mitad de los ríos del mundo se han alterado para construir estas represas, en más de 140 países.
Se calcula que la huella ecológica de la humanidad excede la capacidad de regeneración de los ecosistemas y se ha incrementado en un 50 % entre 1970 y 1997. Para el año 2050, la población humana alcanzará los 10 000 millones de habitantes y, de persistir los actuales índices de consumo, para 2030 necesitaremos el equivalente a dos planetas Tierra para mantenernos.[25] A esto podemos agregar la obsolescencia precoz o programada de la industria electrónica, de electrodomésticos y automotriz, que genera basura contaminante y desperdicio de recursos naturales. Otro aspecto se refiere a los cambios en el modelo alimentario, construido por las grandes corporaciones del ramo, que tienen impactos importantes en la salud humana y la vida de plantas y animales. Se basa en la expansión del monocultivo, la tendencia a la sobrepesca, la contaminación por fertilizantes y pesticidas y el acaparamiento de tierras. Estas formas de producción son también responsables de la emisión de GEI.
Svampa distingue cuatro narrativas respecto al Antropoceno, destacando que el concepto ha sido adoptado rápidamente entre científicos tanto de ciencias físicas y naturales como sociales. Una es la del historiador de la India Chakrabarty, en la cual se planea una dislocación de temporalidades en la desconexión entre la escala humana y no humana. En esta visión, el Antropoceno presenta dilemas indisolubles que no pueden comprenderse sin recurrir a la historia planetaria. Postula un “antropocentrismo ilustrado”, con mayor conciencia de nuestra delicada relación con la naturaleza y sus impactos irreversibles.[26]
La segunda narrativa se refiere al concepto genérico de “humanidad”. Aquí las transformaciones presentes son fruto del poder de los humanos, los cuales pueden cambiar el clima y el entorno usando la tecnología sin límites, para llegar a lo poshumano. Sin ninguna mirada crítica, la fuerza tecnológica de los humanos puede remediar los problemas causados por la tecnología… con más tecnología. Esta deificación de la tecnología, creyéndola capaz de resolver todos los problemas socioambientales, es lo que Kohei Saito llama “la falacia de los Países Bajos”, que “consiste en creer que los problemas medioambientales se han solucionado gracias al crecimiento económico y el desarrollo tecnológico”.[27]
Existe una tercera narrativa del ecomarxismo, que considera al término “Antropoceno” como demasiado abstracto y genérico, comprendiendo a la humanidad sin distinción ni desigualdades, a lo cual Jason Moore ha contrapropuesto el término “Capitaloceno”. Vale recordar aquí a Saito que la desigualdad se da también entre países, de manera que las potencias externalizan los costos ambientales de su crecimiento económico permanente a los países periféricos; basta recordar que los mayores emisores de GEI son China, con 29.2 % del total en 2020, y Estados Unidos, con 14.5 %.[28]
Otros autores ecomarxistas son el mencionado James O’Connor[29] y John Bellamy Foster, quienes destacan la apropiación y el uso autodestructivo por parte del capital de la fuerza de trabajo, la infraestructura, el espacio urbano y la naturaleza. Una rama de pensamiento que se desprende de este ecomarxismo es la propuesta de acumulación por desposesión de David Harvey,[30] ya mencionada. Jason Moore[31] (2016) ha retomado más a fondo la discusión del Antropoceno y destaca la expansión de la frontera de la mercantilización a espacios donde esta es mínima. De esta manera, los ciclos del capital generaron un modelo histórico-geográfico basado en la apropiación rápida y la expansión-diversificación cuando se agotan los recursos.
La cuarta narrativa identificada por Svampa es la del fin del mundo, en la que está presente la posibilidad de otra era geológica sin los seres humanos. Destaca que el mundo está cambiando de manera acelerada y la humanidad no sabe cómo reaccionar. Es una perspectiva enarbolada por los antropólogos brasileños Eduardo Viveiros de Castro y Deborah Danowsky.
A la luz de estas diversas versiones del Antropoceno y las críticas al concepto, en este texto sostengo el término, si bien sin ignorar las desigualdades y responsabilidades diferenciadas en las sociedades humanas y entre los países, dado que abona a pensar a los humanos como especie, formando parte de ese todo que llamamos naturaleza. Esta última es justamente lo que ha puesto en riesgo la especie humana y el capital, con su crecimiento económico desmedido y su voraz obtención imparable de ganancias.
Para América Latina, Svampa destaca la diferencia entre el debate en el norte global, que enfatiza las diferencias entre Antropoceno y Capitaloceno, y el de nuestro continente, donde el énfasis está en la conflictividad ambiental y las respuestas de los movimientos de defensa de los territorios frente al neoextractivismo.[32] Este último término se refiere a la extracción sin precedente de bienes primarios y recursos naturales que la región está viviendo desde los años noventa, en una suerte de regreso al modelo primario-exportador, puesto en práctica de manera entusiasta inclusive por los gobiernos llamados “progresistas”. Es debido a este giro latinoamericano debido a lo que a continuación presento dos experiencias mexicanas que llevan en su seno el embrión de una nueva sociedad biocéntrica, que pueda contrarrestar la destrucción planetaria que caracteriza al Antropoceno.
Experiencias biocéntricas en México: una propuesta civilizatoria
La conquista y colonización de América Latina no aniquiló por completo a las sociedades originarias, pese a su violencia y destrucción. En nuestro continente encontramos a la fecha experiencias alternativas que expresan una visión distinta de la occidental dominante de relación con la naturaleza, que han logrado sobrevivir y recrear conocimientos ancestrales, con frecuencia a contracorriente de políticas gubernamentales y dinámicas económicas que les son adversas. Para Carlos Porto Gonçalves y Milson Betancourt, los movimientos de los pueblos originarios en defensa de los territorios saqueados y despojados durante la conquista y la colonia tuvieron un cariz ambientalista, aunque explícitamente no se denominaran así, y esta defensa de la naturaleza y el medio ambiente ha evolucionado y está presente hasta nuestros días.[33] Describo brevemente dos casos de experiencias en México que presentan señales importantes de avance hacia sociedades biocéntricas, y que han enfrentado condiciones difíciles que han llevado a la movilización en defensa de los territorios y sus recursos: Cuetzalan, en la Sierra Norte de Puebla, y Yavesía, en la Sierra Juárez de Oaxaca.
Cuetzalan: biodiversidad, cultura y defensa del territorio
Es un municipio de alta marginación del estado de Puebla, y la mayor parte de sus habitantes son indígenas: 38 926 de un total de 47 333 en 2010,[34] con dominancia del grupo nahua o masehual. Es un territorio biodiverso, no solamente por la gran cantidad de plantas y animales que alberga, también por la riqueza en recursos naturales como agua y la importante bioculturalidad, puesto que los pueblos originarios han sabido usar sus recursos naturales y biodiversidad por siglos sin destruirlos. La región ha estado poblada ancestralmente, primero por el pueblo totonaco desde el siglo iv y después por los nahuas en el siglo xv. Los mestizos y españoles llegaron posteriormente a la conquista. Es un reducto de biodiversidad con combinación de varios ecosistemas: el bosque mesófilo de montaña, de pino y encino, y de la selva baja subperennifolia, mezclados de una manera abigarrada en un relieve pronunciado y complejo, que va de los 1600 a los 159 m. s. n. m. Es uno de los lugares donde más llueve en el país, con una precipitación de 4200 mm. Cuenta además con un sistema geológico cárstico (sistemas montañosos formados por roca calcárea o caliza), lo cual genera un comportamiento peculiar del agua y origina ecosistemas en cavernas.
… en Cuetzalan las condiciones geográficas y biofísicas han generado un territorio proclive a la diversidad tanto ecológica como cultural. Por su ubicación geográfica, su orografía y un régimen de lluvias cercano a los 4,500 mm anuales, propicia condiciones de gran variabilidad tanto a lo largo de las diferentes estaciones del año como a nivel territorial, por lo que es posible encontrar ecosistemas de clima templado, como los bosques de pino-encino, cercanos a los 1,600 msnm, hasta selva mediana casi a nivel del mar, pasando por el bosque mesófilo de montaña, entre los 1,300 y 800 msnm.[35]
La población nahua representa un 72 % del total del municipio, los masehuales (como se llaman a sí mismos)
han sostenido un modo de producción en el campo y de aprovechamiento de la flora y la fauna respetuosas de la naturaleza, a partir de una cosmovisión que establece que la naturaleza no pertenece al ser humano sino por el contrario, éste debe integrarse a ella, a la que pertenece.[36]
En entrevista realizada en 2014, la Sra. Rufina Villa, líder local, expresó que los animales tienen más derecho a vivir que los humanos, pues “ellos no atentan contra la naturaleza”, y que los humanos no tenemos derecho a tomar de la naturaleza más que lo que necesitamos, sin abusar para obtener ganancias.[37]
Cuetzalan es un ejemplo privilegiado de cómo la biodiversidad y otros recursos naturales como el agua pueden ser usados por los seres humanos y a la vez conservados, es decir, cómo es posible la construcción de sociedades biocéntricas. Para ello, nahuas y totonacos aplican sus conocimientos y viven su cultura, que están lejos de ser un reducto del pasado, sino que son creados y recreados en procesos de resistencia y defensa del territorio a lo largo de varios siglos.
… esta cosmovisión expresada en las prácticas campesinas y sus sistemas de cultivo (especialmente milpas y cafetales), dan como resultado una diversidad útil de productos para beneficio de los seres humanos, pero que también son sustento a los seres vivos propios de la flora y fauna local. Así, la riqueza en biodiversidad está estrechamente ligada a la riqueza cultural de su población…[38]
Es decir, estamos hablando de una riqueza biocultural de raíces antiguas. No estoy idealizando la conservación de la biodiversidad y el agua por los masehuales y totonacos en Cuetzalan como óptima debido a las prácticas indígenas. Históricamente, los masehuales y totonacos han logrado conservar una buena parte de las tierras, y muchas de sus prácticas (como el kuojtakiloyan, que expondré a continuación) conservan el ecosistema en buen estado, pero también ha habido prácticas depredadoras. Los antiguos bosques de coníferas presentes en los recodos y zonas montañosas altas ahora son zonas de árboles mucho más pequeños, y hay grandes porciones con la roca madre descubierta, porque la vegetación que sostenía el humus se ha perdido, en un proceso de erosión constante. Elsa Fernández Flores estudia la microcuenca del Cuichat, en la cual quedan muy pocos sitios de la vegetación del bosque tropical perennifolio antes dominante, debido a las prácticas agropecuarias. La selva casi ha desaparecido, ocupa solo el 0.47 % del territorio del municipio.[39]
Pese a lo anterior, Cuetzalan sigue siendo un lugar mágico de naturaleza impresionante, con flora y fauna recreada posteriormente a la casi desaparición de la selva y el bosque de niebla originales, sustituidos principalmente por el café de sombra. En años recientes el municipio y su gente transitaron por un interesante proceso de planear y llevar a cabo un ordenamiento territorial propio y autogestivo, que ha logrado detener proyectos depredadores de la naturaleza (llamados “de muerte”), que querían imponerse desde el gobierno del estado (turismo masivo y excluyente, Walmart, establecimiento de empresas mineras e hidroeléctricas). Dicho ordenamiento ha sido un instrumento muy valioso para la defensa del territorio, y su proceso de gestación demuestra cómo estos instrumentos territoriales pueden no ser solamente medios de política gubernamental, concepción que olvida que “los pueblos campesinos e indígenas, en su proceso de organizar su subsistencia en un territorio determinado, ordenan ese terruño en función de sus necesidades materiales y de sus valores culturales”.[40] La compleja relación biocultural de los masehuales de Cuetzalan se expresa en las narrativas nahuas y totonacas, en las cuales los animales, el agua, el rayo, la luna y otros elementos naturales están dotados de vida y tienen una relación bastante horizontal con los seres humanos. En el relato “Cuando apareció el maíz”, los pájaros y las hormigas son benefactores de los humanos, pues encuentran los granos de maíz, que salen de una roca, los picotean durante varios días, y luego las hormigas cargan los granos, que ven los humanos. Cuando estos últimos detectan a las hormigas, siguen el camino y encuentran los granos de maíz, y abren el paso con el machete, porque la roca estaba en un lugar lejano e inaccesible. Una vez que estas primeras personas se han llevado los mejores granos, dan a conocer el hallazgo a otros humanos, que ya no encuentran granos tan buenos. Vemos aquí a la naturaleza y otros seres vivos como proveedores y benefactores de los humanos del alimento principal, se ignora el papel de la agricultura, el maíz aparece como un don. En la región también está la creencia de que algunos elementos naturales tienen vida, como el agua, a la cual no hay que echarle piedras, hay que respetarla. Algunos animales tienen poderes sobrenaturales, como la serpiente cincuata, que es guardiana de los lugares, y no hay que agredirla, porque hacerlo trae mala suerte.[41]
Para Beaucage, el actual ecosistema cuetzalteco se explica porque hubo dos grandes épocas en la historia regional: la primera desde la fundación del pueblo como república de indios en el siglo xvi, con la forma colectiva de tenencia de la tierra llamada “el común de los naturales”. La segunda es a mediados del siglo xix, cuando esta forma colectiva de tenencia se desmanteló con las Leyes de Reforma y se reemplazó por la propiedad privada. Fue en esta segunda época cuando se produjo el actual ecosistema, pues “los indígenas lograron adaptar su forma de vida a la transformación radical que significó la privatización de la tierra en un periodo de rápido aumento demográfico”.[42] Ello significó el establecimiento en las parcelas individuales privadas del cafetal tradicional indígena, que, en contraste con la plantación cafetalera, no es un monocultivo ecológicamente destructivo, sino que se desarrolló como un policultivo arbóreo adaptado al ambiente tropical de montaña que caracteriza la región. La ocupación del territorio principalmente por grupos totonacas y nahuatlacas data de hace más de 750 años y ha generado procesos bioculturales que han transformado la naturaleza, expresados en la milpa (milaj), el monte o la selva intervenidos (kuojta), el monte en el que se produce (kuojtakiloyan), el ixtautat (potrero), o el cafetal bajo sombra (caffenta), lo que configura un paisaje de diversidad biológica y cultural.[43]
El conocimiento indígena y la concepción que implica del Kuojtakiloyan (el monte donde producimos) es uno de los ejemplos más notables en México de una gestión comunitaria sustentable de los recursos naturales y la biodiversidad, es decir, de un posible tránsito a una sociedad biocéntrica. Es una muestra tangible de un conocimiento indígena moderno, que tiene raíces ancestrales, pero que es elaborado, recreado y practicado por los pueblos totonaca y masehual de Cuetzalan en la actualidad. Es decir, no es un conocimiento “tradicional”, que reproduce saberes del pasado. Esto se expresa en que se han perdido los bosques originales, pero la región conserva su riqueza en biodiversidad y agua. Según el Cupreder, el bosque mesófilo de montaña o monte alto, que originalmente cubría el 50 % del territorio del municipio, en 2009 solo ocupaba el 14 %, perdió casi el 50 % en 30 años. La selva mediana perennifolia pudo ocupar el 40 % de la superficie, y en 2009 únicamente estaba presente en el 0.81 %[44] (una porción aún menor de la reportada por Fernández Flores en 2008). El cultivo del maíz disminuyó un poco entre 1979 y 2009, mientras que el del café casi se duplicó.
La población es densa (275 personas por metro cuadrado), la mayoría indígena: nahuas o masehuales en el oeste, sur y este, totonacos en el centro. Los campesinos cultivan maíz, frijol, café, pimienta, frutas como naranjas y mamey, y algo de caña de azúcar para venta. También hay presencia de canela y vainilla en algunas de las huertas. De esta manera, el kuojtakiloyan conserva una gran biodiversidad en plantas y otros seres vivos, teniendo además un uso productivo.
Entre 1920 y 1990, se expandió el cafetal indígena, que para Beaucage creó una “policultura arbórea”, y constituyó para los campesinos una salida ecológica al rápido crecimiento demográfico, que hacía cada vez más difícil el modo de subsistencia anterior basado en la milpa. También fue por el crecimiento demográfico por lo que se hizo no sustentable la producción de caña de azúcar. La manera indígena de manejar el cultivo del cafetal mantuvo y recreó sobre las laderas una biodiversidad análoga al bosque de niebla original que desplazó, con docenas de plantas y especies animales asociadas.[45]
La abundancia de agua es objeto de disputa y de las recientes amenazas, pues el proyecto turístico excluyente contra el que resistieron los habitantes en 2009 acaparaba el agua de 18 000 personas para unos cuantos,[46] y los proyectos mineros e hidroeléctricos en la región, detenidos por la movilización de los habitantes, contaban con la abundancia del recurso para extraer los minerales. La precipitación y la orografía generan que haya aguas tanto subterráneas como superficiales, los resurgimientos de las corrientes subterráneas forman pozas y cascadas. Son comunes en áreas donde existen desniveles abruptos y poco accesibles, a los que los habitantes llaman “apa” o “ameyal”.[47]
En toda la toponimia de Cuetzalan, está presente el agua. Para Fernández Lomelín, “el agua está viva, presente en casi todos los nombres de lugares”. [48] La montaña para los habitantes es muy preciada porque de ahí se surte agua para el 80 % de la población. Esto se relaciona con el proceso de defensa del territorio, lo que fue el riesgo por el agua, pues se descubrió que, por el proyecto hotelero Bosque de Niebla, “abrieron brechas, tumbaron monte, contaminaron agua, el agua está viva, siente”.[49]
Siempre la tierra sobre el agua, visión prehispánica del mundo, donde no hay grutas son fauces del jaguar, entrada al talocan, el talocan es como otra dimensión, otro mundo, taltipan es la tierra donde vivimos, el inhuical los cielos, el lugar a donde vamos cuando morimos. Ayotzi es la tortuga, genera agua en manantiales y ríos.[50]
La fascinante biodiversidad, los ecosistemas y la gente de Cuetzalan, descritos brevemente, son los que han estado en riesgo ante las amenazas de proyectos depredadores que se pretenden imponer en la región, ante lo cual el municipio y su gente han vivido un proceso de defensa del territorio. Las amenazas que detonaron dicha movilización han sido, primero, el mencionado proyecto turístico excluyente en 2009, que generó la elaboración colectiva del ordenamiento territorial, después la amenaza de instalar un Walmart, y posteriormente megaproyectos de minería e hidroeléctricas, que llevaron a una resistencia de largo plazo hasta la fecha, lo cual se ha extendido a otros municipios de la sierra.[51] Es así que los masehuales y totonacos de Cuetzalan han avanzado en la defensa de su territorio, rico en recursos naturales, e impedido hasta la fecha que los megaproyectos depredadores propios del Antropoceno lo destruyan, con una propuesta propia hacia el biocentrismo. Es importante mencionar que, con el gobierno nacional 2018-2024, muchas de las amenazas desaparecieron o disminuyeron dado que las organizaciones locales, notoriamente el complejo de cooperativas Tosepan Titataniske[52], participaron en el triunfo electoral, y la actual Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales pertenece a esta organización.
Santa María Yavesía, Sierra Juárez de Oaxaca. Bosques y comunalidad
La Sierra Juárez de Oaxaca se distingue por el manejo sustentable de sus bosques, fruto de un proceso de recuperación de su territorio desde fines de los años ochenta. La región tiene una biodiversidad notable, dados los variados pisos altitudinales que comprende, y es una gran captadora de agua, pues ahí se origina la cuenca del río Papaloapan, uno de los más caudalosos de México, una cuenca de 45 mil millones de metros cúbicos anuales.[53] Se lo conoce como uno de los sitios de mayor importancia para la conservación en el mundo, con el gradiente altitudinal de vegetación húmeda mejor conservado y más amplio del país. Influye también su ubicación como parteaguas de las vertientes del océano Pacífico y el golfo de México. Hay áreas cubiertas con selvas altas perennifolias, selvas bajas perennifolias, bosques mesófilos, bosques de pino-encino y zonas de praderas subalpinas. En la sierra se encuentra el 50 % de las especies vegetales de Oaxaca, con alto endemismo, y hay 168 mil hectáreas de bosque mesófilo o bosque de niebla, el más amenazado de México y América Latina.[54]
En este apartado me refiero a Santa María Yavesía, uno de los tres pueblos mancomunados de la sierra. Para abordar el estudio de esta comunidad y esta región, considero la propuesta de la comunalidad[55] y cómo esta se expresa a nivel de una comunidad dueña de un recurso natural importante (aproximadamente 9000 hectáreas de bosque de pino-encino), con un proyecto propio de obtención de ingresos a través del ecoturismo, manejado bajo la normatividad interna. Para Floriberto Díaz Gómez, autor mixe o ayuuk fundacional de la propuesta de la comunalidad, esta es la manifestación fenomenológica de la comunidad, y enfatiza la relación con la naturaleza y las y los individuos entre sí, destacando su diferencia con la sociedad occidental. Para este autor, los elementos de la comunalidad así concebida son los siguientes:
- la Tierra como madre y como territorio,
- el consenso en asamblea para la toma de decisiones,
- el servicio gratuito como ejercicio de autoridad,
- el trabajo colectivo como un acto de recreación, y
- los ritos y las ceremonias como expresión del don comunal.[56]
Jaime Martínez Luna, teórico zapoteco o binnizá de la Sierra Juárez que, junto con Díaz, es autor fundacional de la comunalidad, distingue cuatro momentos de la filosofía comunal:
- la naturaleza, la geografía, el territorio o la tierra;
- la sociedad, comunidad, familia que habita esa naturaleza;
- el trabajo que realiza la sociedad, comunidad o familia en ese territorio; y
- lo que obtiene o consigue como goce, bienestar, fiesta, distracción, satisfacción y cansancio con su trabajo esa sociedad, comunidad que habita en ese suelo.[57]
Las diferencias y similitudes entre estos dos teóricos llevan a Elena Nava a plantear que, en Díaz y los ayuuk, están más presentes el territorio y la naturaleza, mientras que, en Martínez Luna y los zapotecos o binnizá de Sierra Juárez, se da mayor peso a la fiesta, la convivencia y el servicio a la comunidad.[58]
Considero que ambas visiones están presentes en Yavesía en cuanto a la gestión comunitaria de su bosque y la organización del ecoturismo, y que el ejercicio de la comunalidad en la Sierra Juárez es un ejemplo vivo de una propuesta civilizatoria diferente del capitalismo, con base en una visión originaria de convivencia y relación con la naturaleza. Esta propuesta es especialmente relevante en el presente Antropoceno y la crisis civilizatoria y socioambiental, y puede interpretarse como un paso importante a la construcción del biocentrismo.
Yavesía tiene una propuesta propia de ecoturismo, que consiste en mantener su bosque como una reserva, y no explotarlo para obtención de madera. Ello distingue a esta comunidad de sus vecinos mancomunados Lachatao y Amatlán, quienes practican el ecoturismo paralelamente a la explotación maderera, lo que ha generado conflictos con Yavesía. Los resultados mostrados son fruto de la realización de un taller de ecoturismo en Yavesía en septiembre de 2019 por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.
La relevancia de la reflexión sobre el manejo del bosque de Yavesía se relaciona con la situación de los bosques a nivel global, pues, ante el reconocimiento oficial mundial del CC (lo cual no ha significado que se tomen medidas efectivas para contrarrestarlo), es sabido que los bosques y la reforestación (junto con la agricultura campesina diversificada) son indispensables para “enfriar” el planeta. Los bosques son entonces fundamentales si queremos combatir el CC, programas globales como REDD+ (UICN, s/f) supuestamente tienen la meta de favorecer la reforestación y conservación de los bosques, pero, desafortunadamente, la situación es alarmante. Si bien la deforestación ha disminuido su ritmo desde su pico en los años ochenta, la tendencia varía según regiones, y hay casos, como el Amazonas, donde, entre agosto de 2020 y julio de 2021, se perdieron 13 000 kilómetros cuadrados de bosque lluvioso.[59] Especifico aquí uno de los aspectos más dramáticos del daño ambiental presente en el Antropoceno, que sitúa la importancia de las decisiones de Yavesía respecto a su bosque.
Fenómenos como la contaminación atmosférica están reconformando los bosques, pues, a medida que el bióxido de carbono y otros GEI causantes del CC aumentan, algunas de las cerca de 73 000 especies de árboles se mueven hacia los polos y las laderas más altas. Los árboles crecen más rápido debido a la mayor absorción de CO₂, ingrediente esencial para la fotosíntesis, y ese “reverdecimiento” ha contribuido a “enfriar” el planeta y frenar así el CC. Pero este efecto positivo del CC se ve contrarrestado por los cada vez más frecuentes incendios, sequías, invasiones de plagas y calor extremo. Aunque los datos satelitales indican que la superficie terrestre cubierta de árboles aumentó en 7 % entre 1982 y 2016,[60] este dato no distingue entre granjas forestales industriales (como las plantaciones de palma aceitera) y los bosques primarios. Esta distinción es importante porque son los árboles más grandes y viejos de los bosques primarios los que almacenan más carbono, los más importantes para la biodiversidad y los más difíciles de recuperar. Investigaciones recientes demuestran que en los bosques existen redes colaborativas (integradas por microorganismos) en el suelo que permiten mayor resiliencia a los eventos del CC. Este dato es importante para posicionar la propuesta de Santa María Yavesía de no explotar su bosque para madera, sino conservarlo como reserva y practicar el ecoturismo y la valoración de la propia comunidad de su riqueza natural.
Los bosques no son tan resistentes al CC como se había pensado, hay evidencia reciente de cómo son afectados por las sequías hasta el grado de que se llega a la muerte de los árboles, cómo cada vez hay más dificultades para que se recuperen de incendios más intensos, y cómo plagas de insectos descortezadores se incrementan con el calor y matan más masa arbórea. En muchos lugares de la Tierra, se han dado muertes masivas de bosques, lo mismo lluviosos que templados o manglares, por los eventos asociados al CC, principalmente el calor y la sequía (otros rasgos característicos del Antropoceno). Esta breve información nos da una idea del carácter estratégico de los bosques frente a la crisis socioambiental y civilizatoria global, ante la cual son fundamentales propuestas como las de algunas comunidades de la Sierra Juárez, ya no solo para esa región o nuestro país, sino para el planeta. En este contexto sitúo la experiencia de vinculación universitaria y de ecoturismo en Santa María Yavesía.
En Yavesía, como es característico de la comunalidad, son las y los comuneros quienes tienen el poder de decisión sobre las acciones que seguir en el manejo de los bienes naturales (principalmente bosque y agua); y es la Asamblea comunal el espacio donde se ponen sobre la mesa los temas, se toman acuerdos, y se determina el rumbo de los proyectos. En el bosque de Yavesía, hay presencia de una gran variedad de especies animales, algunas de ellas en peligro de extinción (mamíferos como pecarí, puma, venado y jaguar, aves diversas). Los habitantes orgullosamente plantean que su bosque, al no ser explotado, se ha convertido en zona de refugio para estos animales.
La organización de los pueblos mancomunados se remonta a la Revolución mexicana, cuando se organizaron autodefensas para resguardarse del bandidaje.[61] En 1962 este núcleo agrario de características únicas se reconoció por un decreto nacional el 20 de octubre y cuenta con una superficie forestal de 20 849,3 ha entre los tres pueblos mancomunados. Además de la gestión comunitaria, existen presiones empresariales, como una empresa forestal que explota los bosques de Amatlán y Lachatao, Yavesía no participa de esta explotación y tiene el propósito comunitario explícito de mantener su bosque como reserva. Son múltiples los testimonios que se escucharon desde las primeras visitas a la comunidad respecto al orgullo de que su bosque está bien conservado y se ha convertido en un santuario de fauna.
Los habitantes zapotecos o binnizá de la Sierra Norte históricamente han tenido una relación horizontal con los bienes naturales de su región, que se traduce en el cuidado de los recursos naturales. Los Pueblos Mancomunados de la Sierra Norte de Oaxaca están integrados por Santa María Yavesía, Santa Catarina Lachatao, Nevería, San Isidro Llano Grande, San Miguel Amatlán, San Antonio Cuajimoloyas, Santa Martha Latuvi y Benito Juárez, su finalidad es el establecimiento de actividades compartidas para el aprovechamiento de los bienes naturales de uso común.
Más allá de conservar la naturaleza como un ente distante y externo a los seres humanos, “la cuestión es avanzar en cómo las comunidades locales dueñas de recursos naturales importantes puedan gestionarlos y usarlos de una manera sustentable”.[62] En este sentido, los habitantes de Yavesía coinciden en que es necesario preservar el cuidado de las montañas, continuar la reforestación del bosque de pino encino y preservar la biodiversidad de la sierra, puesto que allí radica el bienestar de la comunidad, no necesariamente la obtención desmedida de ganancias, aunque sí se busca tener los ingresos necesarios para vivir bien a partir del bosque y los productos locales. Por ello, los participantes en el taller y las autoridades entrevistadas creen conveniente mantener un turismo autónomo, comunitario y relacional con sus prácticas organizativas. El turismo que se está construyendo en Santa María Yavesía podría considerarse ecoturismo, turismo sustentable, turismo comunal o turismo rural. Se ha enfocado en el buen estado de conservación de su bosque, por lo que se promueven actividades de bajo impacto, como carreras, senderismo y recorridos en bicicleta de montaña. Sin embargo, algo que sí tienen claro las y los habitantes de Yavesía es que las personas que visiten su territorio deben estar conscientes de la relación horizontal que ellos como habitantes del bosque han construido a lo largo de generaciones, así como de la normatividad comunal interna. Por ejemplo, Yavesía no tiene una infraestructura de cabañas turísticas, como sí tienen otros pueblos de la Sierra Juárez (entre ellos, los otros dos pueblos mancomunados Amatlán y Lachatao), los visitantes se alojan en las casas, y es el Comité de Ecoturismo, electo en asamblea, quien decide cuáles miembros de la comunidad van a recibir a los turistas, organizando turnos que permitan que los beneficios se repartan lo más equitativamente posible.
Su proyecto es totalmente autosuficiente y comunitario. Hace dos años hicieron un campamento con los niños de primaria, luego de secundaria, y el más reciente de jóvenes, con autoridades, el comité de originarios de Yavesía en la Ciudad de México y la autoridad comunal. Llevan tres campamentos en dos años y ya se están dando a conocer, pues la gente les pregunta por el costo de esos servicios. También hicieron uno con gente de fuera y personas adultas, vinieron los maestros de la región del istmo. Este tipo de eventos beneficia económicamente a distintos sectores de la comunidad, por ejemplo, las mujeres que se encargan del DIF (Desarrollo Integral de la Familia, institución gubernamental) se hacen cargo de la venta de alimentos y aprovechan para ofrecer sus productos como mermeladas, nueces, frutas en conservas, entre otros. En marzo de 2019, albergaron a 40 personas que organizaron un retiro. Es así que Yavesía, quizás más lentamente que sus vecinos, ha promovido un turismo respetuoso de la naturaleza, que fomenta el orgullo comunitario por mantener su bosque y contribuye así con una propuesta que contrarresta el grave daño ambiental que caracteriza al Antropoceno.
Conclusiones
En la reflexión teórica expuesta y las dos experiencias descritas brevemente, lo que salta a la vista es que el deterioro ambiental surge principalmente no desde los pueblos indígenas y los ciudadanos, sino desde la modalidad de industrialización que se impone en el mundo a partir del siglo xviii, característica del ahora llamado “Antropoceno”. Esto conlleva una promesa de vida occidental cómoda a la que todos aspiramos, un modelo que es devorador de energía y de recursos naturales, podemos decir que es esta concentración de la riqueza en pocas manos y la generación de este ideario de bienestar para los pobres lo que provoca el agotamiento de los recursos.
En las experiencias descritas, observo una paradoja: las propuestas civilizatorias tienen raíces antiguas de pueblos originarios, y han avanzado a contracorriente y con obstáculos. Los procesos de lucha por la defensa de sus territorios están presentes para que estas comunidades hayan podido concretar sus propuestas biocéntricas. Es decir, las hondas raíces ancestrales de su conocimiento y cosmogonía son vigentes, en un Antropoceno urgido de salidas a la crisis civilizatoria y socioambiental. En ambos casos encontramos un manejo biocéntrico de recursos naturales importantes (agua, bosque, biodiversidad), y las propuestas han surgido como respuesta a amenazas concretas. En los dos casos, también está presente el indicador principal propuesto para el biocentrismo: la idea de que se puede usar y aprovechar la naturaleza para vivir, tomar lo necesario y no buscar obtener ganancias sin límite (puesto que, y en estos momentos es claro, los límites existen y ya los hemos rebasado).
Podemos entender la comunalidad de la Sierra Juárez y al kuojtakiloyan de la Sierra Norte de Puebla como elaboraciones propias y autónomas, propuestas civilizatorias que pueden ser discutidas y equiparadas con el buen vivir sudamericano y los derechos de la naturaleza de la Constitución ecuatoriana, como una transición hacia el biocentrismo.
En ambos casos está presente el valor intrínseco del medio natural, se obtienen ingresos de actividades de bajo impacto, no a costa de la destrucción de la naturaleza, no privilegiando la obtención desmedida de ganancia. He ahí las propuestas civilizatorias que pueden contrapesar el daño socioambiental característico del Antropoceno.
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- El Holoceno es una época englobada en el período cuaternario, que a su vez forma parte de la era cenozoica, la cual inició hace unos 66 millones de años y consta de tres periodos: paleógeno, neógeno y cuaternario. Este último comprende el Pleistoceno (comenzó hace 2,59 millones de años y finalizó aproximadamente en el 10 000 a. C.; aquí se produjo el famoso periodo glacial) y el Holoceno (empezó hace 11 700 años y se extiende a la actualidad y se considera el reinado absoluto de la especie humana). Para más información sobre el Holoceno, consultar Samuel Sánchez, “Holoceno: qué es, duración y características de esta época”, Psicología y Mente (2021). En psicologiaymente.com/cultura/holoceno. La propuesta del Antropoceno enfatiza los cambios que la especie humana ha provocado en el planeta, y sería otra época geológica de periodo cuaternario de la era cenozoica.↵
- Jan Zalasiewicz, Mark Williams, Will Steffen y Paul Crutzen, “The New World of Anthropocene”, Environmental Science and Technology, n.º 44 (2010): 2228-2231. ↵
- Andreas Malm y Alf Hornborg, “The geology of mankind? A critique of the Anthropocene narrative”, The Anthropocene Review (2014). DOI: 10.1177/2053019613516291. ↵
- Paul Crutzen, “Geology of Mankind”, Nature, vol. 415, n.º 23 (2002). ↵
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- Maristella Svampa, “El antropoceno como diagnóstico y paradigma. Lecturas globales desde el Sur”, Utopía y Praxis Latinoamericana, 24, n.º 84 (2019a.): 32-53, doi.org/10.5281/zenodo.2653161.↵
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- WWF (World Wildlife Fund). “Informe Planeta Vivo. Hacia una Sociedad con la naturaleza en positivo”, Almond, R. E. A.; Grooten, M.; Juffe Bignoli, D. y Petersen, T. (Eds). WWF, Gland, Suiza, (2022): 12, wwflpr.awsassets.panda.org/downloads/descarga_informe_planeta_vivo_2022_1_1.pdf ↵
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- Sra. Rufina Villa, entrevista realizada por la autora, Cuetzalan, 5 de abril de 2014. ↵
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- Alejandra Meza, “Masehuales y coyomes de Cuetzalan. Respuesta social: construcción de procesos en defensa del territorio”, en El México bárbaro del siglo xxi, ed. por Carlos Rodríguez Wallenius y Ramsés Cruz Arenas (México: Ed. Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 2014), 175. Dicho proyecto turístico se llamaba Bosque de Niebla y fue promovido desde la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, sin consultar a los habitantes de la región, quienes se movilizaron y lo detuvieron.↵
- Fernández Lomelín, Gestión Pluricultural del agua en un territorio indígena…, 108.↵
- Dr. Luis Enrique Fernández Lomelín, entrevista realizada por la autora, Cuetzalan, 5 de abril de 2014. ↵
- Mtra. Elsa Fernández Flores, entrevista realizada por la autora, Cuetzalan, 5 de abril de 2014. ↵
- Dr. Luis Enrique Fernández Lomelín, entrevista realizada por la autora, Cuetzalan, 5 de abril de 2014. ↵
- Francisco Javier Hernández, “Los defensores de la vida contra los proyectos de muerte: Resistencias y Articulaciones frente a la industria extractiva en la Sierra Norte de Puebla”, Bajo el Volcán, vol. 18, n.º 28 (2018): 109-143, www.redalyc.org/journal/286/28659183008/html. ↵
- La Tosepan Titataniske es un conjunto de cooperativas que se originó en la región a fines de los años ochenta como cooperativa de abasto, y a la fecha han ampliado su rango de actividades a la producción de café orgánico, pimienta, miel de abeja melipona, de vivienda, una microfinanciera y de ecoturismo, entre otras.↵
- Leticia Merino, “Conservación comunitaria en la cuenca alta del Papaloapan, Sierra Norte de Oaxaca”, biblioteca virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 2008, 41, www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-06362008000100003.↵
- Olga Rosario Avendaño, En la Sierra Norte de Oaxaca. Society of Environmental Journalists, 2009, www.sej.org/library/sej-espanol/en-la-sierra-norte-de-oaxaca.↵
- Ver en Floriberto Díaz Gómez, “Comunidad y comunalidad”. Culturas populares e indígenas. Diálogos en la acción. 2.º etapa, (2004): 365-373, rusredire.lautre.net/wp-content/uploads/Comunidad.-y-0comunalidad.pdf; Jaime Martínez Luna, “Conocimiento y comunalidad”, Bajo el Volcán, 15, n.º 23 (2015): 99-112, www.redalyc.org/pdf/286/28643473006.pdf; Arturo Guerrero Osorio, “La comunalidad como herramienta: una metáfora espiral”, Bajo el Volcán, vol. 15, n.º 23 (2015): 113-129, www.apps.buap.mx/ojs3/index.php/bevol/article/view/1290; y Elena Nava, “La comunalidad oaxaqueña. Lucha y pensamiento indígena”, en Pensamiento indígena en Nuestramérica. Debates y propuestas en la mesa de hoy, ed. por Pedro Canales Tapia y Sebastião Vargas (Open Eidition Books, Ariadna Ediciones, 2018), books.openedition.org/ariadnaediciones/1770.↵
- Díaz Gómez, “Comunidad y comunalidad…”.↵
- Martínez Luna, “Conocimiento y comunalidad”.↵
- Nava, “La comunalidad oaxaqueña…”.↵
- Craig Welch, “El calor y las sequías acaban con nuestros bosques”, National Geographic, (edición especial, “Al rescate de los bosques”, 2022), 42.↵
- Ibid.↵
- Dr. Francisco Chapela, entrevista realizada por la autora, Oaxaca, 10 de septiembre de 2019. ↵
- Yolanda Massieu, “Coronavirus, crisis civilizatoria y socioambiental: al borde del precipicio”, Revista Interdisciplinaria del INAH. COVID-19 y prospección de los saberes científicos, n.º 9, (2020): 16, revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologia/article/view/17578/18931. ↵











