El siglo XXI, en apenas dos décadas, trajo consigo un proceso de reestructuración del sistema capitalista a escala mundial que evidencia un elevado grado de complejidad, profundidad y alcance. Esta reestructuración sistémica presenta como novedad histórica el regreso de China, viejo centro dinamizador del sistema mundial (Frank, 1998), que durante el dominio occidental del mundo moderno pasó a formar parte de la periferia global (Fernández et al., 2015). Ese reposicionamiento del gigante asiático como centro dinámico de la economía mundial se monta sobre un desempeño virtuoso de toda la región del Este de Asia (Kasahara, 2013; Yuzhu, 2011), favorecida por la estrategia geopolítica y geoeconómica de la hegemonía estadounidense durante el período de posguerra (Glassman, 2011, 2018). En este marco de acelerado crecimiento, China además ha acumulado condiciones para disputar la hegemonía de Estados Unidos en el sistema capitalista mundial a inicios del siglo XXI (Merino et al., 2021; Treacy, 2021).
En este escenario de reestructuración sistémica y disputa hegemónica, los tradicionales centros dinámicos de Occidente, y particularmente Estados Unidos, perdieron capacidad para motorizar la acumulación a nivel global, al mismo tiempo que comenzaron a exportar parte de sus contradicciones y conflictos internos, por ejemplo, a través de la influencia, bajo formas crecientemente sofisticadas, del “impaciente” capital financiero (Arrighi, 2005). Por su parte, el centro dinámico del Este de Asia, liderado por China, expandió su estrategia de acumulación de base productiva a distintos espacios de la periferia global (Beeson, 2018; Myers, 2018; Ye, 2020), a los que, por el momento y mayoritariamente, integró en una posición subalterna o subordinada como proveedores de recursos naturales (Jenkins, 2019). Puede advertirse así que, a nivel global, se reconfiguraron las relaciones asimétricas entre países y regiones, y se experimentaron cambios y continuidades en las formas de las interacciones entre centralidades y periferias.
En ese complejo escenario se ubica América Latina. Una región que exhibe una histórica posición periférica, asociada a su inserción subordinada al sistema capitalista mundial. Por lo tanto, este inédito contexto y el particular posicionamiento histórico de América Latina demandan una reflexión profunda y profusa que permita identificar herramientas analíticas para poder comprender la especificidad de los procesos, relaciones y espacios que están en juego. Pero, asimismo, plantea la necesidad de orientar este esfuerzo reflexivo hacia la identificación de claves propositivas, es decir, de estrategias que contribuyan a impulsar el desarrollo y revertir la condición periférica del espacio latinoamericano.
En el marco de esta búsqueda se inscribe la presente obra, sobre la base de una observación adicional: América Latina no parte de cero para pensar estos procesos y relaciones; por el contrario, cuenta, en su acervo de ideas y conceptos, con aportes originales que pretendieron captar los rasgos histórico-estructurales del sistema capitalista mundial y de la especificidad que América Latina adquirió en su integración a éste. Uno de los antecedentes más destacados en esta materia está conformado por los aportes del Estructuralismo Latinoamericano (ELA) que, con epicentro en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), se desarrollaron desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta mediados de la década de 1970.
La recuperación y reposicionamiento del ELA, por cierto, admite diferentes modos de abordaje. De hecho, se han sucedido numerosas contribuciones en las últimas décadas que han procurado interpretar y proyectar sus aportes para pensar los problemas del desarrollo de América Latina en el escenario actual, que utilizan como referencias corrientes de pensamiento económico provenientes de los centros (véase, por ejemplo, Pérez Caldentey & Vernengo, 2012; Boundi Chraki, 2013; Mallorquín, 2001). Sobre la base de la apelación a corrientes tanto ortodoxas como heterodoxas provenientes de los centros, estas contribuciones no buscaron recuperar los elementos más originales del ELA. La presente obra, por el contrario, recupera críticamente la originalidad de las contribuciones del ELA y las renueva para poder abordar los problemas del desarrollo de la región en el escenario actual[1]. Concretamente, procura dar respuesta al siguiente interrogante: ¿qué aportes contiene el ELA, como pensamiento crítico original elaborado en América Latina, para enfrentar los desafíos de su desarrollo en el escenario de transformaciones geoeconómicas y geopolíticas que se están sucediendo actualmente en el sistema capitalista mundial?
Para avanzar en este sentido, la obra realiza un análisis retrospectivo que apunta a la recuperación de la base conceptual-analítica del ELA y a la identificación de sus contribuciones críticas originales. Asimismo, procura analizar, de manera contextualizada, los cambios del ELA en el paso hacia el neoestructuralismo, para precisar sus mutaciones y apreciar el alcance y significación de sus aportes originales. Una vez identificados estos aportes, busca pasar de la retrospección a la proyección. Para ello se plantean ciertas profundizaciones y actualizaciones de las contribuciones originales del ELA, de modo que éstas se constituyan en herramientas para el análisis del efervescente y, a su vez, profundo proceso de reestructuración global que ha tenido lugar en el siglo XXI. La recuperación del ELA que se propone consiste, por lo tanto, en una particular combinación de tres momentos. Un primer momento de recuperación de las hipótesis fundamentales del ELA y de sus bases epistémico-conceptuales desplegadas en las primeras tres décadas posteriores a su nacimiento, a mediados del siglo XX. Un segundo momento de reconocimiento de los cambios que ha experimentado el pensamiento estructuralista del desarrollo en la región. Se atiende aquí a los cambiantes contextos internos y externos de fines del siglo XX e inicios del siglo XXI, que, en muchos casos, han operado debilitando las contribuciones originales del ELA, y han dado lugar a la conformación del pensamiento neoestructuralista. Finalmente, un tercer momento de recuperación reelaborada y actualizada de aquellos elementos fundamentales del ELA que ayuden a comprender los procesos actuales de transformación del sistema capitalista mundial y a plantear estrategias de desarrollo para el futuro de la región.
Se advierte, así, que la mirada retrospectiva de recomposición de los cimientos del ELA se enfrenta al requerimiento de su sentido actual y prospectivo, esto es, a la capacidad de entender el mundo contemporáneo y de orientar las acciones para operar en él. Ello implica una “arqueología dinámica”, que intenta desenterrar el sarcófago del ELA evitando que su apertura convierta sus valiosos restos en polvo. Se trata, en otras palabras, de una “arqueología proyectiva” que pone en la superficie los elementos constitutivos del ELA con el propósito de interpelarlos a la luz de los cambios más recientes, recreando en tal sentido su doble contribución a la teoría y política del desarrollo de –y en– la región.
Con este abordaje retroproyectivo se busca jerarquizar dos aspectos centrales del ELA, bajo nuevas condiciones y con formas recreadas:
- En primer lugar, su perspectiva sistémica, histórica y estructural para el abordaje de los problemas del desarrollo de la región (Bielschowsky, 1998; 2009; Rodríguez, 2006). El ELA analiza la construcción histórica del sistema capitalista moderno, así como la particular configuración de América Latina en su inserción a éste y, en dicho marco, sitúa el examen de los problemas que limitan su desarrollo. A partir de esa clave de lectura, advierte la conformación de un sistema mundial con un orden jerárquico y desigual de centros y periferias, configurado a partir de la capacidad diferencial de los primeros para desarrollar el progreso técnico y apropiarse de sus frutos. En este particular sistema mundial, los países de América Latina presentan una serie de rasgos estilizados que permiten caracterizarlos como periféricos: una fuerte especialización productiva en la elaboración de bienes del sector primario; niveles muy dispares de productividad sectorial, siendo baja la capacidad de los sectores de elevada productividad para absorber mano de obra, y estructuras sociales e instituciones poco propensas a la inversión y al progreso técnico. Los países centrales, por su parte, presentan estructuras productivas con mayor grado de diversificación y homogeneidad, que permiten emplear a grandes sectores de la población en actividades de elevada productividad y estructuras sociales e instituciones que son más proclives a generación y apropiación de los beneficios del progreso técnico. Las relaciones que se establecen entre los centros y las periferias, a partir de las interacciones en el sistema económico internacional, lejos de moderar estas asimetrías estructurales, tienden a sostenerlas y agudizarlas.
- En segundo lugar, la dimensión conflictual que se da en el marco de una relación de poder –y dominación– que marca la conformación de esas estructuras diferenciadas centro-periferia (Bielschowsky, 1998; Faletto, 1996). En este sistema capitalista mundial, jerárquico y desigual efectivamente se establecen relaciones asimétricas entre países, pero también, y asociadas con ellas, en el interior de éstos, entre diferentes estratos socioeconómicos y regiones subnacionales. La existencia de estas relaciones de poder y dominación, tanto externas como internas, operan como constreñimientos y presentan resistencias –suscitando conflictos– frente a procesos de desarrollo autónomos que tiendan a configurar sociedades más justas e igualitarias.
Sobre la base de una clave de lectura retroproyectiva y buscando jerarquizar las dos dimensiones señaladas, el libro presenta cinco capítulos que procuran abordar articuladamente, y al mismo tiempo actualizar sin desvirtuar, distintas contribuciones del ELA –algunas más exploradas y otras que hasta el momento han recibido menor atención.
El capítulo 1 inicia el recorrido abordando la dimensión estratégica de la geopolítica económica que, si bien fue subanalizada en los estudios que recuperaron al ELA, representa una importante contribución del pensamiento del desarrollo de la región. Incluso, esta dimensión adquirió centralidad desde su nacimiento, en el marco del esquema de relaciones internacionales desarrollado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y que, bajo la consolidación de la hegemonía estadounidense, se extiende hasta nuestros días. El capítulo resalta el esfuerzo de Raúl Prebisch, a quien puede sindicarse como “padre fundador” del ELA, por operar una sigilosa inoculación del “triángulo estratégico” en los organismos internacionales (OI) vinculados al desarrollo de la región. Dicho triángulo se asocia a la instauración de un programa que valoriza la industrialización, la planificación estatal y la integración macrorregional como estrategia de desarrollo. El argumento del capítulo recorre, en clave diacrónica, la presencia de una geopolítica económica implícita del ELA, destacando su frustrada instalación regional en un contexto complejo de tensiones bipolares, conducidas por la Guerra Fría. Esta recorrida aporta insumos para comprender las divisiones actuales en el interior del Sur Global. Se destaca cómo este intento frustrado y, asociado a ello, la pretensión de revertir la asimetría relacional con el centro, contrasta con el desigual tratamiento otorgado por la potencia hegemónica al Este Asiático en lo que respecta al apoyo de su proceso de industrialización endógena y el acceso privilegiado a sus mercados.
En este contexto, en el capítulo se resalta la importancia de ese triángulo para la formulación de una geopolítica económica consistente con la superación de la “insuficiencia dinámica” (Prebisch, 1963) que afecta el proceso de acumulación de capital en los países de la región. El análisis da cuenta de cómo ante los límites internos y externos de la estrategia industrializadora observados a partir de la década de 1970, en el marco de una crisis sistémica que implicó cambios económicos, políticos, ideológicos e institucionales a nivel mundial y regional, comenzó a tener lugar un progresivo retroceso del ELA. Ello es interpretado como producto de la dilución de los contenidos teóricos originales y críticos del pensamiento estructuralista del desarrollo en la región en su tránsito a la conformación del pensamiento neoestructuralista. Concretamente, con la instauración del neoestructuralismo se asiste a una marginación, cuando no a un abandono o a una mera apelación retórica, de la mirada histórica estructural que reconoce la configuración centro-periferia del sistema capitalista mundial y el componente de poder que acompaña dicha configuración. En este escenario se advierte, asimismo, el abandono de la pretensión de inocular el “triángulo estratégico” en las instituciones vinculadas a la problemática del desarrollo en la región, particularmente en la CEPAL, para propiciar la salida de América Latina de su posicionamiento periférico. Paralelamente, se observó la propensión del neoestructuralismo a incorporar acríticamente material analítico-conceptual proveniente de los centros para evaluar la región y proponerle a ésta nuevas estrategias de desarrollo que atiendan a las particularidades del nuevo contexto global.
Se presenta luego cómo ese proceso dilusivo de los pilares fundantes del ELA y la relativización en el plano propositivo de la configuración del “triángulo estratégico” debilitaron seriamente su capacidad teórica y práctica. En particular, ello se advierte a la hora de dar cuenta del actual proceso de reestructuración global a partir del creciente dinamismo de la región sino-asiática, en el que el triángulo del ELA aparece ocupando un rol estratégico. Finalmente, se destaca la importancia de repensar y actualizar dicho triángulo, de modo tal de contar con un herramental central para observar tanto la debilidad como los desafíos que enfrenta la región para emprender una estrategia de desarrollo en el complejo escenario de reconfiguración geopolítica y geoeconómica mundial en curso.
El capítulo 2 en parte da continuidad y profundiza en algunos de los desarrollos del capítulo anterior, al centrarse en el análisis de la integración macrorregional y sus vínculos con el proceso de industrialización propuesto por el pensamiento del desarrollo de la región. El trabajo se organiza en tres partes. En la primera recupera el papel de la integración macrorregional en la propuesta del ELA. En la segunda analiza los cambios y continuidades operados en esta materia por el pensamiento neoestructuralista. En la tercera, a modo de conclusión y considerando los desarrollos previos, destaca la importancia de recuperar el estímulo a los procesos de industrialización a nivel macrorregional bajo renovadas formas, como estrategia de desarrollo para los países de la región en la economía capitalista contemporánea.
En el desarrollo de la primera parte se realiza un análisis detenido de la concepción integracionista del ELA, en la que adquiere centralidad la escala macrorregional para avanzar en el desenvolvimiento de la producción industrial de los distintos países de la región, e impulsar su desarrollo. Se observa cómo, a través de esta integración productiva macrorregional de base industrial, se buscaba contribuir a la conformación de un espacio autónomo, revirtiendo el posicionamiento periférico de América Latina. Se repara también en la importancia de los diversos –aunque limitados– acuerdos de integración regional que tuvieron lugar entre las décadas de 1950 y 1960, y su recuperación en las décadas de 1980 y 1990, aunque bajo un nuevo contexto que llevó, ya en clave neoestructuralista, a introducir profundos cambios en su concepción. Se destaca cómo en dicho escenario emergió el concepto de regionalismo abierto que, en clara discontinuidad con la estrategia del ELA, quitó centralidad a la importancia de la integración industrial macrorregional para salir de posicionamientos periféricos. En el marco de los procesos de liberalización y apertura que transitaba la región, el regionalismo abierto de la CEPAL formó parte de la estrategia de desarrollo de los distintos países de América Latina a partir de incentivar las articulaciones macrorregionales que permitieran incrementar y cualificar su inserción competitiva en el mercado internacional. Se plantea luego cómo esta estrategia, pese a ciertos giros discursivos, fue sostenida sin cambios significativos por la institución ya entrado el siglo XXI, de la mano del impulso de un regionalismo “estratégico” y/o “pragmático” que fomenta la inserción de los países latinoamericanos en cadenas regionales de producción. Finalmente, se repara en el actual contexto geoeconómico y geopolítico global, y se destaca la importancia de repensar, bajo nuevas formas y con renovados instrumentos, los procesos de integración manufacturera a nivel macrorregional como estrategia de desarrollo de los países de la región.
El capítulo 3 da continuidad al análisis de la dimensión espacial dentro del ELA, pero ya no externa a los espacios nacionales, sino al interior de éstos, considerando la escala subnacional en la producción teórica del pensamiento estructuralista de la región. El trabajo parte de la observación de un débil tratamiento del problema en la versión original del ELA, para dar cuenta, luego, de un creciente interés por él. Ya situado en este contexto, explicita las hipótesis centrales que dan sustento a la lectura de la problemática de la desigualdad a escala subnacional, así como los principales debates teóricos que se suscitaron alrededor de ésta, tanto al interior de la CEPAL como fuera de dicha institución.
En los primeros cuatro apartados del capítulo se examina, en clave diacrónica, la evolución del debate regional en el ELA, tanto en la CEPAL y en el ILPES como también por fuera de estas instituciones de Naciones Unidas. Allí se verifican disonancias analíticas sobre el rol del regionalismo y los espacios subnacionales en las estrategias de desarrollo, resaltando el distanciamiento entre las posiciones que ganaron más peso dentro del ILPES y aquellas críticas externas. El examen destaca, dentro de la deriva de ese debate, una progresiva desconexión del posicionamiento regionalista cepalino con respecto a las bases constitutivas del ELA y, particularmente, a partir de la década de 1990, la instalación dominante de un enfoque localista-endogenista, paradojalmente alimentado desde un dispositivo teórico exógeno, de matriz céntrico-europea, y por el influjo de un clima de época signado por la dinámica globalizadora.
En la parte conclusiva del capítulo, y sobre la base de sus desarrollos previos, se realiza una recuperación y vinculación de las raíces teóricas del ELA para la consideración de la espacialidad regional subnacional en los procesos de desarrollo contemporáneos. Se plantea una propuesta de actualización que relativiza el traslado automático de la bipolaridad centro-periferia al interior de los espacios nacionales e incorpora una clave de análisis multiescalar. Se busca, así, generar un marco de análisis para abordar la espacialidad subnacional vinculada a las espacialidades nacionales y macrorregionales, desde el cual pensar los procesos de desarrollo de América Latina en el escenario actual.
El capítulo 4 repara en la importancia otorgada por el ELA, en sus primeras tres décadas, a la estructura social para analizar y proyectar los procesos de desarrollo de los países de la región. Reconoce cómo las particularidades de la estructura social en América Latina, configuradas en el marco de su inserción en la moderna economía capitalista mundial, presentaban obstáculos a los procesos de desarrollo. Repara luego en cómo esta clave de lectura, que tendía a conformar una mirada interdisciplinaria e integrada de los problemas del desarrollo, perdió centralidad en el pensamiento latinoamericano. Resalta que este viraje se hace evidente particularmente a partir de la década de 1990, con la conformación del neoestructuralismo. Con la adopción de este enfoque, el pensamiento del desarrollo dentro de la CEPAL perdió sus claves de lectura más originales y se replegó sobre los dominios de la ciencia económica convencional. Finalmente, el trabajo advierte, a inicios del siglo XXI, cierta reemergencia de los análisis de estructura social en el pensamiento del desarrollo de la región, en el marco de un clima de época que dio lugar a una nueva implicación del Estado en los procesos y estrategias de desarrollo en Latinoamérica y, por lo tanto, en su planificación. No obstante, considera que los análisis y las propuestas que se suscitaron en este marco aún se encuentran lejos de avanzar en la recuperación de una mirada integrada y multidisciplinar del desarrollo. La necesidad de retomar y renovar los estudios de la estructura social en América Latina se presenta relevante para avanzar en este cometido y contribuir a la definición de estrategias que permitan revertir la condición periférica de los países de la región.
El capítulo 5 aborda la cuestión estatal en el ELA y la posibilidad de recuperar aportes fundamentales para un análisis del Estado en el complejo escenario actual. Para ello realiza, en primer lugar, un recorrido sobre la presencia central del Estado en el ELA. Identifica una primera etapa en la que se apela al Estado en clave normativa, reconociendo la necesidad de su intervención activa en el proceso de industrialización. Luego se destaca la progresiva complejización de la conceptualización y análisis del Estado, a partir de la incorporación de las contribuciones provenientes del campo de la sociología y la ciencia política. Se repara así en la dimensión conflictual de la constitución e implicación del aparato estatal y se comienzan a analizar las dificultades que presenta para traccionar el desarrollo de los países de la región. El trabajo resalta la existencia de una reflexión inconclusa a mediados de la década de 1970 sobre el Estado y sus posibilidades de impulsar el desarrollo, bajo un contexto de crisis y transformaciones tanto en el plano interno al escenario latinoamericano como en el contexto global. Repara luego en el tratamiento dado al Estado por el neoestructuralismo. Identifica que aquí tiene lugar un debilitamiento de la centralidad que otrora le otorgara el ELA al Estado en los procesos de desarrollo. Destaca la importancia que, a partir de una alimentación conceptual exógena –impulsada desde el centro–, ganan en el pensamiento latinoamericano del desarrollo las estrategias basadas en lógicas cooperativas y no conflictuales entre los distintos actores sociales públicos y/o privados.
El capítulo adopta en su parte final un sentido propositivo, apelando a una recuperación actualizada del ELA para problematizar el Estado y su centralidad en el impulso del desarrollo. Para ello trae a consideración dos dimensiones del Estado, por un lado, como relación social de dominación, pero también la relevancia de las capacidades estatales. Una reflexión sobre ambas dimensiones se presenta necesaria para avanzar en una reversión de buena parte de la histórica trayectoria constructiva del Estado en América Latina. Se plantea allí la exigencia y se analizan las posibilidades de dar un salto de calidad en las condiciones organizacionales y decisionales del Estado, munido de una estructura socioproductiva alternativa a la históricamente heterogénea característica de la región. Ello demanda, según los autores, situar la acción estatal y su institucionalidad dentro de una lógica sistémica que actualmente se expresa en un contexto de global disputado y cambiante, que sin embargo mantiene un ordenamiento jerárquico que afecta las dinámicas de poder dentro de la propia periferia.
A través de sus cinco capítulos, este libro intenta contribuir a una reelaboración, complementación y actualización del ELA. Se pretende, por una parte, aportar a un debate profundo sobre los desafíos y alternativas que enfrenta la región en el particular contexto geopolítico y geoeconómico actual. Pero, simultáneamente, se busca recuperar, en su actualidad, una de las más ricas y originales contribuciones latinoamericanas al campo de las ciencias sociales.
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- De aquí la expresión “Volver al futuro” que forma el título de esta obra.↵








