Giuliana Dellocchio Marendazzo[1]
Entre 1914 y 1924, la cátedra de Historia Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires estuvo a cargo de Carlos Ibarguren, reconocido exponente de la incipiente derecha argentina, en su vertiente nacionalista. Su designación como Profesor Titular trajo aparejados numerosos cambios en lo que refiere a los contenidos y temáticas abordadas en los programas de su asignatura. El estudio de temáticas tradicionales como la Revolución de Mayo y la Declaración de Independencia se realizó en pos de despertar en sus estudiantes un ferviente espíritu nacionalista. La búsqueda y reivindicación del ser nacional colmó los programas de Historia Argentina, no sólo a causa del pesimismo de Ibarguren sobre la situación que el país atravesaba en ese entonces, sino como un intento de reposicionarse a sí mismo como líder político natural -dejado de lado tras la Ley Sáenz Peña y la irrupción de la democracia de masas.
En este trabajo, se busca analizar los vínculos entre la política y los contenidos impartidos en Historia Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en el período 1914-1924, así como también identificar las causas que motivaron la intervención de los sectores conservadores porteños de derecha en la construcción de un relato histórico nacional en la FFyL y comprobar la relación entre la filiación política del titular de cátedra con los contenidos dictados en la asignatura. Para ello, se parte de la premisa de que, en el proceso de construcción de una formación hegemónica burguesa, los contenidos impartidos en la cátedra de Historia Argentina habrían estado teñidos por los intereses de los sectores conservadores y desprovistos de la perspectiva social que comenzaba a instalarse en otras casas de estudio tras la Reforma universitaria de 1918.
El análisis se realiza a partir de diversas fuentes primarias: los Programas de Historia Argentina de 1914, 1916, 1917, 1918, 1919 y 1924, la Revista de la Universidad de Buenos Aires editada en 1919 y los volúmenes 47 y 48 de la Revista Verbum, del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. A partir de las mismas, se verifica un profundo cambio en los alcances, enfoques y problemas que la materia abordaba, respecto de sus predecesores. Asimismo, las fuentes permiten afirmar que Ibarguren trasluciría una intención identificada en otros integrantes de la derecha nacionalista: la necesidad de desarrollar una identidad con fuerte arraigo en la nación y la patria. Mediante el sobredimensionamiento de los sucesos que siguieron al 25 de mayo de 1810, ejercido desde su cátedra -puesto que se parte de la premisa de que la única Historia de la Argentina importante de conocer a lo largo de toda la formación universitaria es la de los Héroes de Mayo-, Carlos Ibarguren impuso una visión acotada de los acontecimientos, reivindicó valores que consideraba perdidos en su época y buscó instalar paulatinamente la idea de que eran los herederos de aquella gesta nacional y patriótica quienes debían ejercer el poder político.
A partir de las temáticas propuestas en sus programas, Carlos Ibarguren no sólo buscaba implantar un cierto amor por el “ser nacional”, encarnado en los patriotas de la gesta revolucionaria-independentista, sino que también empleaba la cátedra como espacio de difusión de ciertos ideales personales, propios de un sector conservador cada vez más lejos de ver realizada cualquiera de sus aspiraciones políticas. Ibarguren, miembro de una de las élites provinciales más poderosas y con grandes aspiraciones presidenciales, se vio desprestigiado en una sociedad heterogénea y ajena a sus principios. Esto lo llevó a buscar en el pasado, y en la materia que él dictaba, los mecanismos y justificaciones para retrotraer el orden de cosas a una etapa anterior. De hecho, lo hace explícitamente, mostrando las glorias de inicios del siglo XIX y trazando redes genealógicas -en las que él estaba inserto, lógicamente- que filiaban a los patriotas de la independencia con figuras políticas del presente, desplazadas del núcleo del poder político pero pujantes por recuperar sus posiciones.
La propuesta pedagógico-curricular del Profesor Ibarguren se nos aparece como un síntoma de época de un sector muy particular de la sociedad argentina, en particular de la sociedad porteña. A partir de la sanción, en 1912, de la Ley Sáenz Peña que establecía el voto secreto, universal masculino y obligatorio, muchos miembros de antiguas elites provinciales se vieron desplazados en sus prometedoras carreras políticas. Este hecho, que provocó un aumento de la participación ciudadana en los comicios, sacó del poder a esta clase dirigente conservadora, exacerbando sus ideales y provocando una fuerte irrupción de principios nacionalistas. Dentro de este sector se encontraba Carlos Ibarguren, quien compartía los mismos principios y pesares respecto de su nueva situación. En función de una visión conservadora, el Profesor buscó construir una nueva carrera política, lejos del poder, en la que él y los suyos eran los herederos legítimos del poder, en tanto poseían filiaciones genealógicas con los grandes héroes de la Patria. El espacio de difusión de esta matriz nacionalista fue, sin dudas, la cátedra de Historia Argentina.
- Estudiante avanzada de Licenciatura en Historia. FFyL-UBA (Facultad de Filosofía y Letras – Universidad de Buenos Aires). Cátedra de Historia Argentina III (B). Correo electrónico: giuliana.dellocchio@gmail.com.↵






