Un aporte a la religiosidad local
Carlos Moreno Fabaro[1] y Fredi Martín Varas[2]
En San Juan, la llegada de la nueva clase media a la Iglesia católica marcó un cambio significativo en la forma de vivir la religiosidad en la década de 1960. La palabra comunidad comenzó a tener relevancia, se buscaban nuevas estrategias para atraer fieles como así también cambió el perfil del sacerdote a los efectos de que respondiera a las necesidades de los tiempos. San Juan vivió, para la época, el comienzo del final de la reconstrucción del terremoto ocurrido el 15 de enero de 1944, siendo a finales de los años 60, cuando se comenzaron a bendecir los templos definitivos, dejando atrás las iglesias de emergencia.
El interrogante que nos motivó fue llegar a conocer cómo vivió la Iglesia sanjuanina los primeros años de la década del 60 en función de los cambios sociales y del proceso de reconstrucción
Nuestra hipótesis de trabajo se puede enunciar de la siguiente manera: las comunidades católicas sanjuaninas, entre los años 1960 y 1966, se destacaron por una notable inestabilidad, producto de la llegada de nuevos miembros provenientes de los grupos sociales medios, surgidos con el proceso de la reconstrucción y por el clima confuso vivido en la interioridad de las parroquias en relación a la tarea pastoral y a los aspectos formativos.
El terremoto de 1944 dejó a San Juan con una notable fractura cultural, desde aquel 15 de enero todo cambió. Las posteriores décadas de 1950 y 1960 estuvieron marcadas por el signo de la reconstrucción. La nueva realidad era la de un pueblo en el que todo estaba por hacerse. Ya en la década del 50, los barrios de emergencia surgidos luego del sismo, habían sido sustituidos por barrios antisísmicos que contaban con las comodidades propias de la nueva sociedad de consumo. Dentro de este surgimiento de nuevos barrios debemos mencionar los préstamos que el gobierno peronista otorgó mediante la Ley 1167 que permitieron que la gente construyera su casa y la pagara en cómodas cuotas. Como así también la política desarrollista del Gobernador Américo García que propició una amplia política de construcción de viviendas en los departamentos aledaños a la ciudad de San Juan.
Con estas facilidades muchos sanjuaninos vendían sus grandes caserones o sus pequeñas casas de adobe para trasladarse a zonas que habían sido rurales y que comenzaban a poblarse con estas nuevas construcciones que tenían los adelantos de la época. Es en este marco en el que San Juan comenzó a tener un nuevo grupo social que tuvo características propias y elementos identitarios. Se lo puede insertar en lo que se pudo llamar una nueva clase media. En las parroquias, en el último tramo de la década de 1950, se comenzó a vivenciar una fuerte movilidad social. Fue en este contexto de cambio en el que los sacerdotes trataron de captar a estos grupos medios para que participaran de la actividad pastoral siendo este un paso más en alcanzar el tan ansiado ascenso social de la época.
En lo que respecta a los usos y costumbres, los años 60 estuvieron marcados por el consumismo y la confusión, había católicos que hablaban de renovación y otros, que se habían formado en la década del 30, que mantenían conceptos tradicionales como era el espíritu de sacrificio, la verticalidad, el orden, entre otros. Dentro de las instituciones parroquiales se presentó mucha confusión en lo que respecta a las tareas pastorales y de formación. Sumado a esto, el rol del sacerdote cambió, dedicándose a otras tareas que no eran específicamente religiosas, diluyéndose la imagen de éste en una amalgama de labores. Un aspecto destacado de esta década fue la creación de las primeras escuelas parroquiales, en las que los clérigos asumieron como directores y las jóvenes de la Acción Católica fueron las primeras maestras.
Un caso aparte fueron los salesianos sanjuaninos que no estuvieron insertos en el proceso de la reconstrucción, permitiéndoles proyectarse, de una manera diferente, en la sociedad. El Colegio Don Bosco fue una de las pocas instituciones religiosas que supo adaptarse a los cambios propios de la década. Cabe aclarar que sus instalaciones fueron las únicas que sobrevivieron al sismo del año 1944 y por esta razón la congregación no se encontró inmersa en el complejo proceso de reconstrucción provincial y superó las diversas dificultades que sí afrontaron las parroquias diocesanas, siendo muy propio del católico sanjuanino de esta época vincularse por la práctica de los sacramentos, confesión y misa y, en muchos casos, la escolaridad de los niños y de los jóvenes desde la idiosincrasia salesiana.
- Investigador del Instituto de Historia Argentina y Regional “Héctor D. Arias”, Universidad Nacional de San Juan. cmmoreno11@hotmail.com.↵
- Alumno avanzado de la carrera Licenciatura en Historia FFHA-UNSJ. Alumno adscripto del proyecto «Instituciones, actores y prácticas de la religiosidad» en el Instituto de Historia Argentina y Regional “Héctor D. Arias”. fredimarvaras@gmail.com.↵






