De esta manera, pues, el bienaventurado Santiago, el apóstol, proponiéndonos el gesto del profeta Elías como ejemplo, nos exhorta a recurrir a la oración en la tristeza, en la enfermedad, y para el perdón de los pecados, cuando dice: Orad unos por otros para que seáis salvados. Pues de mucho vale la plegaria asidua del justo. Elías era un hombre de igual condición que nosotros; y rezó una oración para que no lloviese, y no llovió por tres años y seis meses. Después volvió a orar y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.[1] Así pues, Elías rezó su oración para que no lloviese, y no llovió por tres años y seis meses. Ahora bien, hizo esto para castigo y corrección de su [154A] pueblo, esto es, para que se apartaran de la aberración del espíritu por la que abandonaban el culto de Dios todopoderoso, y se alejaran luego de la impureza de los ídolos y para que, entonces, castigados y fatigados por el anhelo de la lluvia, se corrigieran y se volvieran a Quien habían abandonado: el Señor Dios.[2]
X
Sic enim beatus Iacobus apostolus, factum Eliae prophetae in exemplum nobis proponens, exhortatur nos ad orationem recurrere pro tristitia, pro infirmitate, pro remissione peccatorum, dicens: Orate pro invicem ut salvemini: multum enim valet deprecatio iusti assidua. Elias homo erat similis nobis passibilis et orationem oravit ut non plueret et non pluit annos tres et menses sex. Et rursum oravit: et caelum dedit pluvias et terra dedit fructum suum. Elias itaque orationem oravit ut non plueret et non pluit annos tres et menses sex. Fecit autem hoc propter correptionem et correctionem gentis [154A] suae, id est ut prius corriperentur de aversione mentis, eo quod dereliquissent cultum Dei omnipotentis, et post sordes idolorum abirent, et postea flagellati et fatigati, expectatione pluviarum corrigerentur, et redirent ad Dominum Deum, quem dereliquerant.






