Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

VII

Por tanto, si mediante la fortaleza de su propio brazo Dios todopoderoso –cuya mano no es posible rehuir– fustiga a los enemigos de los justos con renovadas aguas y granizos y lluvias, quienes creen que los seres humanos pueden hacer cosas así tienen una absoluta ignorancia de Él. Pues si los seres humanos pudieran enviar el granizo, podrían también enviar lluvias. En efecto, nadie vio jamás granizar sin lluvia. Incluso podrían vengarse de sus enemigos, no solo sustrayéndoles los frutos, sino también quitándoles la vida. Pues cuando los enemigos de los tempestarios se encuentran en los caminos o en los campos, estos [151D] podrían dejar caer de una vez un cúmulo de abundante granizo sobre ellos, y enterrarlos. En efecto, algunos hasta dicen esto: que conocen a unos tempestarios que pueden hacer caer el granizo que cae disperso a lo ancho de toda una región sobre un punto en particular, de un río o de un bosque yermo o en una cuba, como dicen, bajo la que alguno se haya escondido.

Es cierto que con frecuencia hemos escuchado a varios decir que saben que tales cosas ocurrieron de verdad, pero hasta ahora nunca escuchamos a nadie que declare haberlas presenciado. Me contaron una vez sobre alguien que decía haberlas visto por sí mismo. Y yo [152A] procuré, con gran celo, encontrarlo, y así lo hice. Y al entrevistarme con él, cuando ya se disponía a contar lo que había visto tal como lo había visto, lo insté a que no dijera otra cosa sino la verdad –apremiándolo con varias oraciones y juramentos, incluso con divinas amenazas–. Y él afirmaba que ciertamente era verdad lo que contaba, dando el nombre del individuo en cuestión, el tiempo y el lugar, pero, con todo, confesó que él no había estado presente en ese momento.

También en el libro del Eclesiastés, atribuido a Jesús, el hijo de Sirach, está escrito: Hay exhalaciones que fueron creadas para la venganza, y en su furor arrecian sus tormentas, y llegado el momento descargan su poder, y emanan el furor de quien los hizo. El fuego, el granizo, el hambre y la muerte, todo ello fue creado para la venganza. Las dentaduras de las fieras, los escorpiones, [152B] y las serpientes; y la espada, en el exterminio, véngase de los impíos.[1] Así pues, si el granizo fue creado como las demás cosas de las que se hablan aquí, no hay duda de que fue creado por Dios y no por un ser humano.

Asimismo, en el mencionado libro leemos: Mira el arco iris y bendice a quien lo hizo: ¡es tan hermoso en su esplendor! Da la vuelta al cielo con el curso de su gloria cuando las manos del Excelso lo despliegan. Dios apura la nieve con su imperio y se apresura a lanzar los relámpagos de su juicio. Se abren, luego, sus tesoros y salen volando las nubes, como pájaros. En su grandeza, condensa las nubes, y se desatan las piedras del granizo. A su mirada, las montañas se estremecerán y, a su voluntad, soplará el Noto. El estrépito de su trueno, como una tempestad del Aquilón, como un huracán, hará temblar la tierra. [152C] Esparce la nieve como un pájaro que abandona el vuelo para buscar reposo, y su descenso, como una langosta cayendo. El ojo se maravilla por la belleza de su color, y el corazón se espanta ante su llovizna. Como sal, derrama la escarcha sobre la tierra, y cuando se congela se vuelve como puntas de trillo. Sopla el frío Aquilón, y congela el cristal del agua, y descansará sobre la reunión de las aguas, y se vestirá con las aguas como con una coraza. Devorará las montañas y consumirá el desierto y borrará todo lo verde como si fuera fuego. La medicina de los seres humanos reside en una vertiginosa nube. El templado rocío lo amansará. Con una palabra suya el viento se calma. Con su pensamiento aplacará el abismo del mar; y el Señor Jesús lo sembrará.[2]

VII

Si igitur omnipotens Deus per fortitudinem brachii sui flagellat inimicos iustorum novis aquis et grandinibus et pluviis, cuius manum effugere impossibile est, omnino ignorantiam Dei habent, qui haec homines facere posse credunt. Nam si homines grandinem immittere possent, utique et pluvias possent; nemo enim grandinem sine pluvia umquam vidit. Possent quoque de inimicis suis se vindicare, non solum ablatione frugum, sed et vitae ademptione. Quando enim contingit, inimicos tempestariorum esse in itinere aut in agris, ut eos occiderent, [151D] possent multiplicatam grandinem super eos in unam congeriem fundere, et obruere illos. Nam et hoc quidam dicunt, nosse se tales tempestarios, qui dispersam grandinem, et late per regionem decidentem, faciant unum in locum fluminis aut silvae infructuosae, aut super unam, ut aiunt, cupam, sub qua ipse lateat, defluere.

Frequenter certe audivimus a multis dici quod talia nossent certe in locis facta, sed necdum audivimus, ut aliquis se haec vidisse testaretur. Dictum est mihi aliquando de aliquo quod se haec vidisse diceret. Sed ego multa [152A] sollicitudine egi, ut viderem illum, sicuti et feci. Cum autem loquerer cum illo et temptaret dicere se ita vidisse, ego multis precibus et adiurationibus, cum divinis etiam comminationibus obstrinxi illum rogitans, ut non diceret aliud nisi quod verum esset. Tunc ille affirmabat quidem verum esse quod dicebat, nominans hominem, tempus et locum, sed tamen confessus est se eodem tempore praesentem non fuisse.

Item in libro Ecclesiastici,[3] qui praenotatur Iesu filii Sirach, scriptum est: Sunt spiritus, qui ad vindictam creati sunt, et in furore suo confirmaverunt tormenta sua; et in tempore consummationis effundent virtutem; et furorem eius, qui fecit illos, confundent. Ignis, grando, famis, et mors, omnia haec ad vindictam creata sunt. Bestiarum dentes et scorpii [152B] et serpentes et romphaea vindicans in exterminium impios. Si igitur grando creata est, sicut et caetera quae hic dicuntur, a Deo utique creata est, non ab homine.

Item in praedicto libro scriptum legimus: Vide arcum, et benedic, qui fecit illum: valde spetiosus est in splendore suo. Gyravit caelum in circuitu gloriae suae, manus Excelsi aperuerunt illum. Imperio suo acceleravit nivem et accelerat coruscationes emittere iudicii sui. Propterea aperti sunt thesauri et evolaverunt nebulae sicut aves. In magnitudine sua posuit nubes et confracti sunt grandinis lapides. In conspectu eius commovebuntur montes et in voluntate eius aspirabit Nothus. Vox tonitrui eius verberabit terram, tempestas Aquilonis et congregatio spiritus. Et sicut avis deponens [152C] ad sedendum aspergit nivem et sicut locusta demergens descensus eius. Pulchritudinem coloris eius admirabitur oculus et super imbrem eius expavescet cor. Gelu sicut salem effundet super terram: et cum gelaverit, fiet tamquam cacumina tribuli. Frigidus ventus Aquilo flabit, et gelabit crystallus ab aqua, super omnem congregationem aquarum requiescet, et sicut lorica induet se aquis. Devorabit montes et exuret desertum et extinguet viride, sicut ignem. Medicina hominum in festinatione nebulae. Ros obvians ab ardore venienti humilem efficiet eum. In sermone eius siluit ventus, cogitatione sua placabit abyssum, et plantabit illum Dominus Iesus.


  1. Ecclesiastés XXXIX, 33-36.
  2. Ib., XLIII, 12-25.
  3. Aceptamos la conjetura de Baluze (Ecclesiastici en lugar de Ecclesiastico).


Deja un comentario