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XII

Y en ese tiempo, cuando por la oración de Elías la sequía se extendía sobre la tierra de Israel, faltaban además los pastos para alimentar a las bestias. Pues está escrito: Dijo Acab a Abdías: Ve por la tierra a todas las fuentes de agua, a todos los valles, para ver si acaso podemos hallar pasto, y salvar a los caballos y las mulas, a fin de que no perezcan todos los animales. He aquí que, según parece, desesperados por la falta de lluvia –cosa que no habría tenido lugar sino por las palabras de Elías buscaron fuentes de agua y ríos. Pues ya se daban cuenta de que era verdad lo que dijo Elías al mismo Acab: Vive el Señor, Dios de Israel, ante cuya mirada me yergo, que no habrá [155A] ni rocío ni lluvia en estos años a no ser por las palabras de mi boca.[1] Y ciertamente Elías predijo cuántos años serían. Y entonces, este Acab, como dije, ¿por qué no suplicó a los tempestarios para que levantaran tempestades o –como soléis decir– tormentas “provocadas” para que irrigaran la tierra y esta pudiera dar pastos para sus caballos y sus mulas, y para los demás animales, todo lo que él había pedido? Sobre todo porque para ese entonces ya no temía perder la cosecha de los campos y las viñas puesto que estaban totalmente perdidas.

XII

Illo praeterea tempore, quando oratione Eliae siccitas erat in terra Israel, etiam pascua pecoribus negabantur. Scriptum est enim: Dixit Achab ad Abdiam: Vade in terram ad universos fontes aquarum et in cunctas valles, si forte invenire possimus herbam et salvare equos et mulos, et non penitus iumenta intereant. Ecce, ut apparet, de pluvia desperati, quod non esset nisi iuxta Eliae verba, pro iumentis herbas quaerunt iuxta fontes et rivos aquarum; iam enim sentiebant verum esse, quod ipsi Achab Elias dixerat: Vivit Dominus Deus Israel, in cuius conspectu sto, si erit [155A] annis his ros et pluvia, nisi iuxta oris mei verba. Et certe Elias annos dixit quanti essent. Iste ergo Achab, ut dixi, quare non rogavit tempestarios ut levarent tempestates et, ut dicere soletis, auras levatitias per quas inrigata terra habere posset herbas equis et mulis suis, caeterisque iumentis pro quibus sollicitus erat, maxime quia non timebat perdere fruges in campis et vineas quae nullae omnino tunc erant?


  1. II Reyes III, 17.


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