Lo más importante, a mi juicio, es que se tomó conciencia del tema ambiental o medioambiental, algo que estaba absolutamente ausente en la formación que recibimos los que ya tenemos varias décadas en la arquitectura […]. Me complace ver cómo se empieza a entender la necesidad de una arquitectura con una visión más abarcadora, que no se ciña al hecho construido, sino que tome consideración también las consecuencias muchas veces irreversibles que cualquier obra nueva genera en su entorno. Por suerte, esta nueva forma de ver y abordar la arquitectura ganó mucho terreno en la práctica de nuestros profesionales sin que existiera previamente una tradición en este sentido.
Juan Manuel Borthagaray, 2012
Actitudes y criterios sobre lo sustentable
En primera instancia se analizaron las actitudes y los criterios considerados necesarios para una construcción y un diseño sustentables, ya sea de una obra de arquitectura o de un proyecto urbano arquitectónico, en una serie de manuales, guías, herramientas y compilaciones en las que se explicitaron diferentes posturas frente a la sustentabilidad y lo ambiental. De este análisis se deducen distintos modos de aplicación y de abordaje de estas actitudes y criterios en relación con el proceso proyectual en arquitectura, y se describen a continuación:
- los criterios sustentables son aplicados independientemente del proceso proyectual;
- los criterios sustentables son considerados según las etapas del proceso proyectual;
- los criterios de sustentabilidad con mirada englobante que incluyen las tres dimensiones: ambiental, económica y social;
- los criterios de sustentabilidad son relacionados con el proceso proyectual a la manera de una lista de comprobación (checklist);
- los criterios de sustentabilidad son relacionados con el proceso proyectual a la manera de una herramienta de evaluación.
Los autores[1] que consideran los modos de abordaje de manera independiente al proceso proyectual plantean las actitudes y los criterios sustentables como grandes problemas o temas generales por resolver, como los siguientes: la eficiencia energética; los recursos; los materiales y la construcción; el emplazamiento; la envolvente; la participación; el diseño pasivo; las energías renovables; entre otras. Esta forma de abordaje, en posturas extremas, puede devenir en modelos reduccionistas que consideren, por ejemplo, a la eficiencia energética como el único y gran aspecto de una obra sustentable, o correr el riesgo de que estos criterios se conviertan en “ingredientes”, con el objetivo de alcanzar una cierta clasificación o puntaje evaluativo.
En el caso del modo de abordaje de los criterios sustentables según las etapas del proceso proyectual, las recomendaciones acompañan a las diferentes etapas y estas varían de acuerdo a cada autor. Desde recomendaciones, estrategias y herramientas precisas para cada momento del proceso de proyecto y de construcción de una obra sustentable, como es el caso de Un Vitruvio ecológico, a preguntas y reflexiones que los proyectistas deben realizarse para cada momento diferenciado del proceso proyectual, como sucede en El pequeño manual del proyecto sostenible de Jourdá. Son reflexiones que podrían ser incorporadas en el accionar del proyectista y permitirían tener una mirada más abarcadora, menos reduccionista, y tendiente hacia un concepto integrado de “sustentabilidad”. Explica que la sustentabilidad de un proyecto no se alcanza con reducir el consumo energético o con encontrar energías alternativas, sino con conservar el capital de recursos para que las futuras generaciones puedan responder a sus necesidades. Enfatiza la responsabilidad de los arquitectos en este tema dado que la planificación, las infraestructuras, el urbanismo y la arquitectura consumen más del 40 % de los recursos, y destaca también la responsabilidad de quienes forman arquitectos en las escuelas.
Los casos que promueven una mirada englobante de los aspectos y de las dimensiones de la sustentabilidad no derivan en modelos reduccionistas ni en “ingredientes”, sino que derivan en modelos “integrados” de sustentabilidad, destacando, además, una real preocupación por el problema de la concientización.
En La guía básica de la sostenibilidad de Edwards, el autor reduce la acción proyectual en tres momentos de actuación: los recursos; los materiales y la construcción; y el proyecto. Respecto de los recursos, introduce al lector en la preocupación actual por el futuro de estos a nivel mundial a través de una serie de pautas, como considerar el edificio como un generador de energía, aprovechar la recuperación del calor, considerar la conservación de recursos (tierra, agua, materiales), considerar el ciclo de vida del edificio a la manera de los sistemas naturales, la utilización de energías renovables y proyectar teniendo en cuenta el bajo consumo energético. Respecto de los materiales y la construcción, describe una serie de “recomendaciones”: uso de materiales reciclados, reutilizados y renovables; uso de materiales saludables y naturales (productos derivados de tierra, piedra, madera, morteros de cal, aislantes orgánicos y pinturas al agua); uso de materiales y mano de obra local; construcción desmontable (estructuras de acero, de ladrillo, madera). Y, para las soluciones de proyecto, recomienda utilizar la orientación para reducir la carga de energía, ventilación natural o por desplazamiento de aire para un confort humano saludable, rehabilitar terrenos, evitar la contaminación a través del diseño (ya sea eliminando los residuos en la fase de proyecto, seleccionando materiales reutilizados, reciclados o recuperados, proyectando edificios que sean sencillos de desmantelar al final de su vida útil o proyectando edificios intrínsecamente flexibles y aptos para ser reutilizados al final de su vida útil), proyectar edificios duraderos y de bajo mantenimiento, coexistencia de tecnologías high y low tech en un mismo edificio, correcta elección de tipología constructiva para mayor aprovechamiento de recursos naturales, utilización de estructuras flexibles para mayor adaptación a diferentes usos y minimizar el impacto en el entorno a la hora de proyectar.
Miceli (2015), en su manual Arquitectura sustentable. Más que una nueva tendencia, una necesidad, insiste en la necesidad de incluir la sustentabilidad en la arquitectura promoviendo una construcción con compromiso socioambiental y con un pensamiento sistémico y holístico, contrario a la mirada tradicional, lineal y fragmentaria. Plantea claramente su postura diferenciándose del “enfoque eco-eficientista”, como denomina la autora al reduccionismo de pensar que la sustentabilidad pasa solo por el logro de reducir los consumos energéticos del edificio, ubicándose en el enfoque que llama “integrado” o “de justicia socioambiental”, donde coloca el acento en los conflictos ambientales, atendiendo a la dimensión social de dichos conflictos generados por las desigualdades sociales y los intereses económicos.
Los casos en los que se desarrollan los aspectos de sustentabilidad a modo de un listado de comprobación (checklist) basaron esos criterios en certificaciones ambientales: sitio, energía, agua, materiales, demolición, emplazamiento, accesibilidad, acondicionamiento natural, acondicionamiento artificial, calidad ambiental, construcción, materiales, habilitación posconstrucción y gestión del edificio. Y en algunos casos los relacionan a modo de tablas de doble entrada, con las siguientes etapas del proceso proyectual arquitectónico: planificación; diseño; detalles y especificaciones; construcción; uso; y demolición o reciclaje. Este modo de actuar se acerca también a un modelo integrado de diseñar y de construir sustentablemente. Con el afán de contemplar todos los aspectos de la sustentabilidad, estas grillas se convierten en extensos y complejos listados de criterios y subcriterios.
Es el caso particular analizado del instrumento de evaluación de proyectos sustentables diseñado para el Programa Nacional Sumar CUS del Ministerio de Salud de la Nación, es claramente una herramienta de evaluación que puede utilizarse como guía durante el proceso proyectual y al final de este para su verificación. Se convierten en extensos instrumentos con la intencionalidad de no dejar nada afuera del alcance de la evaluación o de la consideración para la obtención también de un puntaje.
A modo de conclusión, los criterios de sustentabilidad pueden acompañar al proceso proyectual, que, en la búsqueda de un modelo “integrado”, generan en un extremo extensos listados entremezclados de deseos, intenciones, recomendaciones, normativas, obligaciones y sugerencias, y, en el otro, contemplar el proceso con mirada multiescala, de manera holística y sistémica, contemplando las tres dimensiones de la sustentabilidad. Cuando los aspectos están desprendidos del proceso proyectual, puede tomar gran preponderancia uno de ellos por sobre el resto, perfilando modelos fraccionados y específicos (high tech verde, bioclimáticos, eficiencia energética, etc.), o bien toman criterios inconexos a la manera de ingredientes de una receta de cocina que generan un concepto reduccionista de “sustentabilidad”.
Más allá de las diferencias en el abordaje de los aspectos, existen actitudes coincidentes entre todos ellos: la conciencia de la crisis ambiental a nivel mundial; la responsabilidad del arquitecto para iniciar el camino para revertir esta situación; actuar sustentablemente en la implantación del edificio; actuar desde el inicio del proyecto; dar respuesta al clima (vientos, sol, lluvia; manejo del agua y los recursos naturales); el diseño pasivo y bioclimático; el ahorro en el consumo energético y considerar el uso de energías renovables.
En línea con las definiciones de los tres componentes de las actitudes definidos por Rodríguez A. (1994), y al aplicarlos al análisis de las actitudes ambientales, se puede concluir que, para favorecer esas actitudes, hay que generar conocimiento del objeto. El debate instalado en los ámbitos disciplinares, profesionales y académicos fue y es necesario para estar informado (componente cognitivo), para tomar partido frente a este conocimiento (componente afectivo), y para reaccionar y actuar ante él (componente conductual).
Los autores que tienden a un concepto integrado de “sustentabilidad” consideran al sitio más allá del clima y de la orientación y al problema más allá del programa. Tienen en cuenta los valores culturales y sociales y la dimensión ambiental y económica bajo una concepción sistémica, holística y compleja. En aquellas clasificaciones en las que se detalló un exceso de predominio de unos aspectos por sobre otros, tienden al fraccionamiento, a conceptos reduccionistas de la sustentabilidad que llevan el proyecto a resultados como high tech verde, ecológicos, bioclimáticos, energéticos, entre otros.
Los discursos sobre la sustentabilidad y lo ambiental
En segunda instancia se analizaron los discursos sobre la sustentabilidad y lo ambiental a nivel internacional y nacional.
En el ámbito internacional, entrado ya el siglo xxi, la construcción en el mundo atravesaba un momento de gran actividad, es allí cuando la concientización sobre la finitud de los recursos naturales comenzó a formar parte del discurso político y atravesó la arquitectura. El star system incorporó conceptos de “sustentabilidad” en los proyectos de gran escala. Edificios como el Swiss Re, de Norman Foster en Londres, y el Centro Nasher, de Renzo Piano en Dallas, se constituyeron en iconos en promotores del uso sustentable de la energía. La vanguardia tecnológica se encontraba con la mirada ecológica; la variación de tamaño de la forma de la torre de Foster facilitaba el flujo de los vientos, disminuía así la presión sobre la estructura con la posibilidad de ahorrar un 40 % de consumo energético.
El techo transparente del centro Nasher, constituido de paneles de vidrio, cuenta con dispositivos de aluminio que funcionan como pantallas solares para poder aprovechar los niveles más altos de luminosidad del norte de las galerías.
La conciencia “verde” parecía ir consolidándose hacia ciertas líneas programáticas entre los integrantes del star system, como el caso del Forum de Barcelona, de los suizos Herzog y de Meuron, que consideraron el espacio público dentro de los límites del proyecto.
Se destaca a Rem Koolhaas, que inauguraba la Embajada de Holanda en Berlín en el 2004, la Biblioteca de Seattle en el 2005 y la Central CCTV en Beijing en el 2008.
En el 2004, se desarrolló el Forum de Barcelona, un megaevento donde se discutieron temas centrales como el desarrollo sustentable, la paz y la diversidad cultural; también la alta tecnología y cómo hacer eficientes y sustentables los grandes edificios que marcaban tendencia fueron temas prioritarios. Al mismo tiempo las publicaciones internacionales mostraban la Torre Agbar en Barcelona, de Jean Nouvel, y el proyecto para la renovación del Estadio Camp Nou, de Norman Foster, con las fachadas realizadas con paneles fotovoltaicos de colores.
En nuestro país, en el año 2008, la legislatura porteña aprobaba el Plan Urbano Ambiental, específicamente para la construcción. Se planteaba la incorporación de tecnología resaltando propiedades específicas de los materiales para reducir el consumo de energía y cuidar el medio ambiente. El abordaje del tema de la construcción sustentable era incipiente, se comenzaba a incluir este aspecto en las políticas de producción.
Entre los años 2008 y 2009, existieron algunas situaciones a nivel mundial que marcaron consecuencias en la arquitectura y en la construcción en general, entre ellas: la Gran Recesión, el Congreso Mundial de la Unión Internacional de Arquitectos en Turín y la Cumbre de Copenhague.
Se llama la Gran Recesión a la crisis económica mundial que comenzó en el año 2008 y fue originada en los Estados Unidos. Entre los principales factores que se atribuyen como causas de la crisis, se encuentran los fallos en la regulación económica, la gran cantidad de delitos cometidos por los bancos, la sobrevalorización de productos, la crisis alimentaria mundial y energética, y la amenaza de una recesión en todo el mundo, así como una crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados. La crisis acabó convirtiéndose también en crisis de deudas en diferentes países, especialmente en los de la eurozona. Debido a la gran cantidad de dinero asignado a los rescates financieros y a la fuerte caída generalizada de los ingresos en la recaudación fiscal, algunos gobiernos realizaron programas de austeridad económica que implicaron fuertes recortes sociales, y se generó un aumento de la pobreza generalizada en gran cantidad de países del mundo.
A fines de junio del 2008, se realizó en Turín, Italia, el Congreso Mundial de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). El tema propuesto fue “Transmitiendo Arquitectura”, y aludía “elípticamente a la arquitectura que comunica y es comunicada” (Grossman, 2008), desplegado en tres jornadas. En la primera, el tema fue la cultura; en la segunda, la democracia; y en la tercera, la esperanza. En esta última, se incursionó en los temas de ecología y desarrollo sustentable, temas que en esos momentos estaban ganando terreno en la sociedad, tomando conciencia del retraso que acusaba la comunidad mundial en el enfoque de estas cuestiones. “La arquitectura está pagando el precio de esta demora y aparece por ahí un vocablo, cementificación, que se une al despilfarro de energías no renovables y a sus efectos en la atmósfera del planeta” (Grossman, 2018)[2].
La XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático se celebró en Copenhague, Dinamarca, en diciembre de 2009. Denominada COP 15, fue organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que organizó conferencias anuales desde 1995 con la meta de preparar los objetivos del Protocolo de Kioto, que terminaron en 2012.
El objetivo a largo plazo pretendido era la reducción mundial de las emisiones de CO2 en al menos un 50 % en 2050 respecto a 1990, y para conseguirlo los países debían marcarse objetivos intermedios. Así, los países industrializados deberían reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero entre un 25 % y un 40 % respecto de los niveles de 1990 en el año 2020, y deberían alcanzar una reducción entre el 80 % y el 95 % para 2050.
En síntesis, los programas de austeridad económica, los fuertes recortes sociales y el aumento de la pobreza en gran cantidad de países del mundo ocasionado por la Gran Recesión, sumados a los debates de las cuestiones ambientales por la toma de conciencia de la crisis ambiental en las esferas políticas y disciplinares, repercutieron en los ámbitos profesionales y académicos de la arquitectura instalando el debate desde nuevas perspectivas. Así, los términos “sustentable” y “ambiental” fueron invadiendo los discursos de manera masiva y progresiva en diarios, revistas y la literatura en general, como también en congresos, jornadas, charlas y seminarios. Fueron apareciendo entonces diferentes opiniones, distintos modos de ver y de enfrentarse a estos cambios que se avecinaron.
Algunos veían en la crisis económica la oportunidad para los arquitectos de modificar posturas, reconsiderar magnitudes, escalas, y duraciones de los proyectos, y especialmente la posibilidad de profundizar los estudios ambientales y energéticos (Shohei Shigematsu, 2010, citado en Villafañe, 2010, p. 15).
Herzog, en cambio, opinaba que “lo principal en la Arquitectura es la belleza por encima de la sustentabilidad, que ya es una obviedad, puesto que la atendemos de oficio” (2010, pp. 18-20), y Murcutt, que “la belleza de una obra es consecuencia de muchos factores, desde su emplazamiento a su sustentabilidad. Todavía no hay conciencia en el mundo de los retos ecológicos. La naturaleza importa mucho” (Moix Llatzer, 2010, pp. 18-20).
En el año 2009, en nuestro país, en revistas y diarios especializados, el término “sustentabilidad” se empleaba, en ocasiones, de manera ligera y hasta grotesca, como fue el caso del título del artículo “Una casa sustentable para las jirafas”. Se describió al zoológico de Rotterdam, de Lam Architects, como “un refugio diseñado a medida de estos animales”, y se lo consideró sustentable por cómo aprovechaba la energía solar, el viento y la lluvia, y porque todos los materiales utilizados en el edificio podían reusarse o reciclarse fácilmente. Se lo presentó como solución paradigmática de un hábitat sustentable para jirafas. El término fue empleado totalmente de manera desvirtuada. Sin embargo, en otras ocasiones, durante ese mismo año, se publicaron las actividades que se desarrollaron en algunos ámbitos académicos nacionales en los que se debatía “la sustentabilidad” como temática central. En la xxiii Conferencia Latinoamericana de Escuelas y Facultades de Arquitectura (CLEFA), que se desarrolló en octubre de 2009, se presentó el tema; la preocupación central planteada por los conferencistas fue la de evitar que el concepto se convirtiera, con el tiempo, en un término de moda o cliché. El Arq. Browne hizo hincapié en la búsqueda de una arquitectura más natural proponiendo “fachadas vivas”, el Arq. Jáuregui radicó en la arquitectura el elemento de inclusión social, y el Arq. Hedstrom enfatizó que la sustentabilidad ambiental no se logra sin alcanzar antes la sustentabilidad económica y la social. En esa misma conferencia, otros arquitectos asociaron la sustentabilidad solo a la utilización de las energías renovables. El Arq. Hevia relacionó la sustentabilidad con las energías pasivas, el respeto por el contexto y el ahorro del agua además de la energía (Cristofalo, 2009, pp. 14-18). El Arq. Tamés indicó que toda la arquitectura debería ser sustentable y adaptarse al lugar utilizando tecnologías y materiales locales (Hendler, 2009, pp. 20-21).
En noviembre de ese mismo año, se desarrolló también el Primer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente en la Ciudad de Salta. El Arq. Rubén Pesci afirmaba: “Sustentabilidad, porque no queremos ‘sostener’, sino que las cosas se sustenten solas” (Baduel, 2009, pp. 6-9). El Arq. Rueda propuso usar menos recursos y aumentar la complejidad de los sistemas urbanos. El Arq. Bozzano apuntó el enfoque sustentable hacia la conservación del patrimonio y agregó que “la identidad también es un recurso no renovable”, así como las enseñanzas de la tradición de un lugar no son suficientes para hablar de sustentabilidad, esta tampoco se garantiza utilizando células fotovoltaicas para abastecer un edifico de energía (Baduel, 2009, pp. 6-9).
En el ámbito profesional, entre los desarrolladores inmobiliarios, se discutía acerca de si la sustentabilidad era un buen negocio o no, considerando las inversiones iniciales para certificar LEED, por ejemplo, respecto del precio final de la obra. Otros temas se discutían bajo la concepción sustentable o ambiental: la arquitectura bioclimática, el ahorro energético y el impacto ambiental.
La revista ARQ como caso de estudio
Se analizaron los discursos sobre lo sustentable y el ambiente en los artículos publicados en ARQ Diario de Arquitectura en el período comprendido entre los años 2009 y 2017, específicos de la disciplina. ARQ es un diario/revista de llegada masiva a estudiantes y a arquitectos que cubre los aspectos nacionales e internacionales disciplinares, profesionales y académicos de la arquitectura. Se consideró el año 2009 como un quiebre en la historia contemporánea mundial con repercusiones directas e inmediatas en la arquitectura.
El objetivo de este análisis fue encontrar la frecuencia de aparición de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” o denominaciones derivadas en la estructura de sus artículos (título, copete, cuerpo y epígrafe) de sus diferentes secciones componentes de ARQ[3], sus relaciones y su comportamiento histórico.
Entre los años analizados, se publicaron 468 diarios de arquitectura (52 diarios anuales). Para esta investigación se analizaron 361 diarios, que conforman la muestra y representan el 78 % del total de las publicaciones. La búsqueda se dirigió a descubrir, primeramente, las apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y sus denominaciones derivadas en los 361 diarios, catalogados por año, por mes y por semana. Los términos aparecieron en 474 artículos[4] en 260 diarios, que representan el 72 % de la muestra. Se evaluaron las apariciones y oscilaciones de los términos (grilla 1 y gráfico 2).
Grilla 1. Apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y denominaciones derivadas
Año | Cantidad de diarios revisados | % de diarios revisados del total de 52 anuales | Cantidad de diarios en los que aparecen los términos | % de diarios en los que aparecen los términos respecto de la muestra | Cantidad de artículos o notas en las que aparecen los términos | Cantidad de artículos o notas por diario de la muestra |
2009 | 39 | 75 % | 25 | 64 % | 45 | 1.15 |
2010 | 40 | 77 % | 34 | 85 % | 67 | 1.7 |
2011 | 43 | 82 % | 29 | 67 % | 48 | 1.1 |
2012 | 31 | 60 % | 17 | 55 % | 31 | 1 |
2013 | 39 | 75 % | 28 | 71 % | 53 | 1.3 |
2014 | 34 | 65 % | 22 | 64 % | 45 | 1.3 |
2015 | 38 | 73 % | 24 | 63 % | 37 | 0.97 |
2016 | 47 | 90 % | 34 | 72 % | 60 | 1.3 |
2017 | 50 | 96 % | 47 | 94 % | 88 | 1.76 |
Total | 361 | 78 % | 260 | 72 % | 474 | 1.31 |
Fuente: elaboración propia.
En el gráfico 2, se observa que los años 2010 y 2017 tienen la mayor frecuencia de aparición (14 % y 18 %, respectivamente) y los años 2012 y 2015 tienen la menor frecuencia (6 % y 8 %, respectivamente).
Gráfico 2. Oscilaciones de las apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” o denominaciones derivadas (2009 y 2017)

Fuente: elaboración propia.
La frecuencia promedio fue de 1,73 artículos por diario para los porcentajes mayores, y de 0.98 para los porcentajes menores.
¿Qué significa esta diferencia de frecuencia de aparición de estos términos? ¿Más apariciones implican más debate? ¿Implican mayor difusión? ¿Mayor importancia del tema? ¿Son solo más apariciones? ¿Es solo marketing?
Estos datos no son suficientes para responder a estas preguntas. Se analizó, entonces, la jerarquía de la frecuencia de aparición dentro de la estructura del artículo.
Como se dijo, la estructura de un artículo se compone de título, copete, cuerpo y epígrafe. El título condensa lo esencial del artículo, es atractivo y llamativo. El copete incita al lector a seguir leyendo, el cuerpo es el núcleo principal de la información, en el que se describen los hechos y el contenido, y el epígrafe es una breve descripción de la fotografía que acompaña la información.
La frecuencia jerárquica de las apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” o denominaciones derivadas fueron volcadas y clasificadas en el gráfico 3.
Gráfico 3. Frecuencia de aparición de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y denominaciones derivadas en la estructura de un artículo

Fuente: elaboración propia.
En los años 2012 y 2015, la mayor frecuencia de aparición de los términos analizados se dio en el título, y en el 2015 se dio especialmente una gran amplitud de diferencia entre el cuerpo y el título del artículo. Se infiere que esta particularidad de la frecuencia responde a una moda o a un uso publicitario de los términos. Responde a vestir de “verde”, de sustentable o de ambiental el contenido del artículo.
Los años 2012 y 2015 corresponden también a la menor frecuencia de artículos por diario. Se desprende una disminución en el interés, en la calidad y en la profundidad del tema.
Los discursos disciplinares y profesionales en revistas, diarios y agendas profesionales (seminarios, congresos, etc.) analizados en los años 2012 y 2015 indicaban la existencia de un debate fragmentado y diversificado especialmente del término “sustentabilidad” que se inició en el año 2012 y se consolidó en el año 2015.
En los seminarios, las jornadas, las charlas, los cursos y los congresos del año 2012, la preocupación mayor estaba centrada en el tema de la concientización y la preocupación por el impacto ambiental, el cambio climático, la huella de carbono y el gasto energético. Los grandes aspectos de la construcción y el diseño sustentables estaban planteados. El auge de las normas LEED, que se han difundido mayoritariamente en nuestro país, estaba intentando insertarse en nuestros ámbitos profesionales. Aunque ya en el 2015 un tercio de los seminarios correspondían al uso y la implementación de las Normas LEED, anunciadas en un principio como capacitaciones “para la construcción y diseño sustentables”, y al finalizar el año se anunciaban como “el diseño, desarrollo y aplicación de las normas LEED V4”.
Cabe señalar que eran muy pocos los eventos que tendían a una mirada hacia un concepto integrado de “sustentabilidad”. Las actitudes y los criterios ambientales ya analizados en las guías y los manuales se vieron claramente reflejados en los temas de estas agendas: normas y certificaciones, materiales y tecnología, eficiencia energética, energías renovables, uso racional de los recursos naturales y salud.
En el año 2012, en diversos artículos publicados en ARQ, aparecen actitudes y criterios ambientales en los discursos de los arquitectos.
El premio Pritzker fue entregado a Wang Shu por buscar en sus obras una relación entre el pasado y el presente, invitando al debate sobre si la arquitectura debiera anclarse en la tradición o mirar solamente hacia el futuro (Baduel, 2012a).
Se remarca el cambio sustancial de hábitos en el que debe estar basada la sustentabilidad y se hace especial referencia en el ahorro de energía incluso por parte de los usuarios (Jurado, 2012a).
El Premio Holcim se otorgó a una escuela de un pequeño poblado africano considerada como “un proyecto real, de sustentabilidad real” (Jurado, 2012b), por el contexto de extrema pobreza, y por el uso de estrategias pasivas de diseño y de materiales, tecnología y mano de obra local.
Otras posturas siguen conformando el abanico de los discursos sobre la sustentabilidad. Ma Yansong indica: “Los edificios ecológicos y la sustentabilidad es algo a lo que juegan los empresarios y políticos. No tiene relación alguna con la innovación arquitectónica” (Baduel, 2012b, p. 12).
Durante el Arquisur desarrollado en la FADU UBA en octubre del 2012, tres especialistas disertaron acerca de la sustentabilidad adoptando diferentes posturas: la certificación de edificios bajo las normas LEED, la de apelar casi exclusivamente al sentido común y a la economía de recursos, y la de apoyar la generación de un plan de gestión ambiental para favorecer la internalización de las cuestiones ambientales en la etapa de la formulación de proyectos.
Iniciado el debate en el siglo xxi en los ámbitos disciplinares, profesionales y académicos, se observó en el año 2012 la existencia de un discurso reflexivo que puso en crisis el concepto de “sustentabilidad” entre los expertos académicos y profesionales. Se fragmentaron las posturas frente a estos términos, que, en el 2009 y 2010, tuvieron un discurso más integral y holístico, para generar pares dialécticos como sustentabilidad/diseño, sustentabilidad/tecnología, sustentabilidad/patrimonio, sustentabilidad/urbanismo, sustentabilidad/eficiencia, sustentabilidad/certificaciones, sustentabilidad/materiales y mano de obra locales, sustentabilidad/cambio de hábitos, sustentabilidad/conciencia ambiental.
En el año 2015, esta diversificación del término “sustentabilidad” se consolidó al extremo de generar especializaciones en el ámbito profesional.
En la realización de la VII Conferencia Internacional + Expo Buildgreen organizada por Argentina Green Building Council, se abordaron temas como infraestructura en energía y desarrollo sustentable, la sustentabilidad como marco de proyectos de infraestructura, la creación de trabajo para una economía local, diversa y sustentable, el mercado verde de Real Estate, las tendencias globales en arquitectura sustentable, las escuelas verdes, las empresas constructoras con proyecto LEED, y los desafíos tecnológicos de la construcción sustentable. El detalle de los temas de la conferencia refuerza la noción de fragmentación o la de un discurso particionado del concepto de “sustentabilidad”.
Se fortalecieron posturas dicotómicas como diseño vs. tecnología en las que se observaron críticas al uso excesivo de la tecnología en la búsqueda de una arquitectura más sustentable, se apoyaba la construcción y el diseño pasivo en pos de armonizar el proyecto con el ambiente, realzando el uso sensato y eficiente de los recursos renovables locales, no a través de tecnologías costosas.
El premio Pritzker 2015 fue otorgado a Frei Otto, que “convirtió su arquitectura en una solución eficiente y amigable con el ambiente siendo el gran protagonista de la primera ola de sustentabilidad que vivió la arquitectura” (Jurado, 2015, p. 20).
Foster reafirma en su proyecto de la Casa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires “su fe en las soluciones que consideran el clima y el lugar” (Jurado y Sánchez, 2015, p. 8) y explica que, para mejorar la sustentabilidad del edificio, consideraron el clima local, la ubicación y el movimiento del sol y dispositivos tradicionales como aleros, parasoles, patios y vegetación (Jurado y Sánchez, 2015, pp. 6-10). Estas afirmaciones y las anteriores apoyan la postura del diseño por sobre las tecnologías costosas.
Había una preocupación por el tema económico, por saber cuánto cuesta ser sustentable, agregándose la dicotomía sustentabilidad vs. costos. Se definió el índice ESARQ de construcción sustentable, que reflejaba el valor y las variaciones del metro cuadrado de construcción de un edificio corporativo bajo normas LEED.
Las posturas dicotómicas representaban ideas estereotipadas acerca de la sustentabilidad y lo ambiental que acentuaron la fragmentación del concepto, estereotipos que fortalecieron creencias que iban a sostener que el camino a la sustentabilidad era a través del diseño, o a través de las costosas tecnologías, o a sostener que la sustentabilidad era costosa, o directamente “ser o no ser sustentables” (Becerra, 2015, p. 16). También se observó el uso del término como moda o cliché empleado como cosmética o para “calmar la culpa” por el daño ambiental.
A modo de síntesis, en el año 2015, el debate sobre la sustentabilidad y lo ambiental estaba instalado en los ámbitos disciplinares y profesionales. Los términos estaban fragmentados. No había una lectura integral, holística y abarcadora de la sustentabilidad. Se discutía fragmentado. Se pensaba fragmentado. Se capacitaba fragmentado. Los temas de los discursos coincidieron con las actitudes y los criterios de sustentabilidad analizados en las guías y los manuales: alta y baja tecnología, diseño pasivo, diseño bioclimático, costos, salud, certificaciones, verde, eficiencia energética, cosmética, moda. La frecuencia de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y sus denominaciones derivadas se dio con valores muy altos en el título y muy bajos en el cuerpo de los artículos analizados. Se infirió la derivación del término en cliché, utilizado como una cosmética verde para la publicitación del artículo.
Gráfico 4. Frecuencia de apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y sus denominaciones derivadas en las secciones de proyectos, obras y concursos nacionales e internacionales

Fuente: elaboración propia.
Gráfico 5. Frecuencia de apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y denominaciones derivadas en la sección “Obras y contratistas/construcción”

Fuente: elaboración propia.
La mayor frecuencia de aparición de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y denominaciones derivadas (gráfico 5) se dio en los años 2010 (14 %) y 2017 (18 %), y con un promedio de 1,73 artículos por diario, casi el doble de lo que sucedía en los casos analizados, 2012 y 2015. Se observa en el gráfico 5 que, en el año 2017, la frecuencia de aparición es casi igual tanto en el título como en el cuerpo del artículo. Esta situación particular se considera una evolución positiva del término “sustentabilidad”.
The Edge fue considerado el edificio de oficinas más sustentable del mundo por la marca de 98,4 puntos alcanzada en el sistema de certificación británico BREEAM (Baldo, 2017ª), y la Torre Patriotismo se destacó por la obtención de la certificación LEED, y especialmente por su fachada eficiente (Álvarez, 2017a).
En la obra Faro Belén realizada en Río Negro por los arquitectos Oks, Lee y Rovegno, se realzó el uso de materiales aislantes térmicamente para garantizar la economía de calefacción y de refrigeración, como así también la tecnología o el sistema constructivo, que, por ejemplo, mediante palafitos o pilotes, evitó la erosión del suelo y permitió la continuidad del estrato vegetativo. Dentro del desarrollo del texto del artículo con el subtítulo “sustentabilidad”, se describieron el manejo de la recolección de agua de lluvia y su posterior uso, y además la colocación de paneles fotovoltaicos o molinos eólicos que abastecerían el sistema energético. Las viviendas incorporarían además un sistema sustentable de efluentes (Villafañe, 2017a, pp. 22-25).
En la Casa CG342 del Estudio BAM Arquitectura, se anunció en el copete del artículo el uso de estrategias sustentables que, en el cuerpo principal, se describieron como principios sustentables: flexibilidad y funcionalidad, bajo mantenimiento y alta durabilidad, terraza verde, luz cenital, apertura visual, aislación térmica, doble vidriado hermético, recolección de agua de lluvia y orientación adecuada (Baduel, 2017a, pp. 6-8).
Tanto en el campo de la educación como en el de la salud, el tema de la sustentabilidad desbordó a la propia disciplina arquitectónica, como el caso de la Escuela Siglo xxi de CABA, descripta como “un complejo educativo abierto al entorno vecinal y con un claro mensaje ecológico” (Álvarez, 2017b, p. 8).
A las anteriores dicotomías descriptas, se incorporó la de la “belleza/eficiencia”. Se trajo el debate y la reflexión acerca de lo estético y lo eficiente: “A través de la arquitectura bioclimática, las construcciones pueden ser confortables y atractivas sin dejar de lado la reducción de energía. Lo estético y lo eficiente pueden, y deben ir de la mano” (Crevant, 2017, p. 11).
A lo largo de todo el período, con mayor o menor frecuencia e intensidad, se discutió acerca de otro término dicotómico: “la buena arquitectura/Arquitectura sustentable/verde o ecológica”. En este sentido, se referenció a W. Acosta como quien plasmó los conceptos de adecuación al lugar, con la consideración del clima y el paisaje como condicionantes ambientales para el proyecto de su arquitectura, mucho antes a la preocupación actual por la huella de carbono y por las certificaciones LEED, y se reforzaba que la buena arquitectura llevaba siempre implícito ser sustentable (Frigerio, 2017, p. 11).
Pelli (2017) consideraba positivos los esfuerzos realizados por los arquitectos frente a la sustentabilidad, la tecnología y la preservación patrimonial; advirtió que se lograron grandes avances, pero que también se puso en peligro la Tierra. Colocó el acento en “contribuir a hacer ciudades vivibles y hermosas”, y pensar siempre que “la ciudad es más importante que el edificio, y el edificio es más importante que el arquitecto” (2017, p. 9).
El estudio BAM! Arquitectos aseguraba crear “diseños sustentables para quienes se animan a vivir mejor”. Plantearon una serie de “premisas sustentables” que respondían a la iluminación natural, la reutilización del agua de lluvia, ventilaciones cruzadas y controladas, la orientación, vegetación nativa, materiales locales, aislaciones térmicas, paneles solares, impacto ambiental y la recuperación de los espacios verdes perdidos por la huella constructiva (Baduel, 2017b, pp. 14-18).
En algunas descripciones de proyectos y de obras, se observó que el modo en que consideraban los criterios de sustentabilidad era a la manera de ingredientes de una receta de cocina. Se tomaban algunos criterios de un listado mayor, generalmente provenientes de las certificaciones ambientales o de herramientas ambientales de evaluación. Es una manera de “condimentar” el proyecto sin que los criterios formen parte intrínseca de él. Es decir, se acerca a la idea de “ambientar proyectos” y no de “proyectar ambientalmente”.
Así, se indicaba por ejemplo que “el edificio fue proyectado a partir de tres normas básicas de construcción sustentable” (Villafañe, 2017b, p. 23). Se referían a la utilización de cubiertas vidriadas para el ingreso de luz natural, la reutilización del agua de lluvia para sanitarios y riego, y el uso de paneles solares para alimentar el termo tanque para abastecimiento de agua caliente.
Se debatieron, además, temas como las energías “verdes” (Baldo, 2017d, p. 32) y el nuevo código de la ciudad (Ludueña, 2017a).
Reforzando la idea del abordaje integral de la arquitectura y en referencia a los resultados de la Bienal Internacional de Arquitectura Buenos Aires 2017, Jurado opinaba:
Así como Bjarke Ingels abrió las puertas a una manera integral de pensar los problemas de la arquitectura, las aproximaciones al contenido social, la sustentabilidad, la construcción y los programas ocuparon un lugar central, tanto en las muestras como en las disertaciones. […] Participación, sustentabilidad, utilidad social y austeridad parecen ser las palabras de moda en el contexto internacional y fueron las que más se escucharon durante la Bienal… (2017, pp. 16-22).
En el año 2017, varios artículos trataron sobre la eficiencia energética, lo ecológico, lo verde o lo eficiente sin hacer referencia al término “sustentabilidad” o “ambiental”. Los valores de la frecuencia de aparición fueron iguales en el título y en el cuerpo del artículo. Se infiere que estos términos dejaron de ser usados como términos publicitarios, de moda o cliché. Se dejó la incertidumbre de los inicios, se avanzó respecto del fraccionamiento del 2015 y se estaría tendiendo hacia una concepción más integrada del término, más allá de la persistencia de algunos estereotipos como el de las certificaciones LEED, que fueron considerados como “modelos de aplicación de estrategias bioambientales y de sustentabilidad” (Villafañe, 2017c, p. 19).
Durante la primera semana de noviembre del 2017, se desarrolló el Programa de Tecnologías Sustentables en el Foro Anual del INTI, en donde se analizó el uso de materiales ecológicos y de tecnologías limpias, el rol de los arquitectos en lo referente al diseño de un hábitat sustentable, la construcción colectiva y el uso de materiales (ARQ, 2017c).
El empleo de las altas tecnologías como estrategias de sustentabilidad (cubiertas y fachadas verdes, colectores solares, fachadas eficientes, parasoles) estaba también en los discursos disciplinares y profesionales. En el marco del X Congreso de Tecnologías para Cerramientos de Edificios, Andrés Schwarz explicitó estrategias para organizar el diseño de envolventes eficientes para edificios e indicó la toma de criterios de proyectos como solución por sobre los parasoles o las tecnologías (Villafañe, 2017d, p. 14). El par dicotómico diseño vs. tecnología aún seguía vigente.
González Montaner (2017) referenció a Bucci y concluyó: “Qué bueno que las infraestructuras, el territorio y el ambiente empiecen a estar dentro de los temas de interés de la arquitectura” (2017b, p. 3). Esta frase concluyente refuerza la tendencia hacia la mirada integral de la sustentabilidad.
En el año 2017, se dio la mayor frecuencia de artículos en la sección de proyectos nacionales, triplicando al año 2015 y duplicando al 2010, y, sumada a la de proyectos internacionales, se obtuvo el máximo valor histórico. Casi la mitad de las frecuencias se encontró en la sección de proyectos. Sumadas las frecuencias en “Obras y contratistas/construcciones”, se observó que las tres cuartas partes fueron destinadas a las descripciones de proyectos y de obras. La balanza para el 2017 se inclinó en mostrar detalladamente lo que se hace, dejando una cuarta parte para las novedades y para la agenda. Se rescató “el hacer” por sobre “el decir”. Estos datos indican que la incertidumbre inicial y el debate posterior acerca de los términos “sustentabilidad” y “ambiental” estarían en su final. No se necesita discutir el término, sino la implementación. No se discute el qué, sino el cómo. Menos discusiones en el decir y más debate en el hacer.
Apareció fortalecido el tema de la eficiencia energética indistintamente de la sustentabilidad, estereotipando el modelo energético como único objetivo. Esta postura devino de la fuerte preocupación en Europa por el ahorro del consumo energético para llegar a los valores propuestos (“energía 0”) en las sucesivas cumbres realizadas por el cambio climático.
Del análisis de los discursos del año 2010, se definieron tres tendencias:
- aquellos preocupados por el compromiso del arquitecto como profesionales y ciudadanos del mundo sobre la crisis social, económica y ambiental a nivel mundial y a nivel local,
- los que aseguraban que la sustentabilidad estaba implícita en la buena arquitectura,
- los que esquivaban estas discusiones y proyectaban y construían con los criterios de sustentabilidad o de buena arquitectura haciendo referencia a una arquitectura “verde” o “ecológica”.
Foster (2010), entre los preocupados por los temas ambientales y por el malgasto energético en los proyectos y en las construcciones, afirmaba: “Vivimos en la tradición de los edificios que malgastan energía” (Llopart, 2010, p. 20). Y Ruiz-Geli, en la entrevista realizada el 20 de julio del año 2010 para ARQ, sostuvo:
El planeta está pidiendo un trabajo comunitario y la arquitectura debe operar con un guion fundamental que, así como antes fue la solución del programa o el valor de la fachada, ahora es la energía. […]. La eficacia energética es-debe ser- un motor para la invención (Betti, 2010, p. 14).
Se promocionó la Ley 13.059 de Acondicionamiento Térmico en la Construcción en la provincia de Buenos Aires (ARQ, 2010a), y se marcaba como tendencia hacia una construcción eficiente, una casa pasiva y el etiquetado de edificios (Englebert, 2010, p. 39).
En otra postura, Gehry tildó de “mentira” a las certificaciones LEED (ARQ, 2010b, p. 5), y el estudio B4FS expresó: “Creemos que la buena arquitectura debe ser sustentable” (Baldo, 2010, p. 6).
El estudio Del Puerto-Sardin, apartado del debate, pero con compromiso social y ambiental, empleaba términos como “verde” y “responsable” en la descripción de sus proyectos. González Montaner, bajo el título “Sustentables con diseño”, presentó y describió dos proyectos que incorporaban “los cada vez más ineludibles criterios sustentables” (2010, p. 5). Su positiva consideración fue por tener uno de ellos, cubiertas que recolectaban agua de lluvia en grandes espejos de agua que funcionaban como reguladores del clima, permitiendo utilizarla para riego o para servicios contra incendio. El otro proyecto, en cambio, utilizaba materiales del lugar. Siguiendo con sus consideraciones respecto de la sustentabilidad, consideró decisiones positivas, la implementación de las bicisendas y del metrobús en la Ciudad de Buenos Aires (Montaner, 2010, p. 5). Aún más interesante es comparar esta opinión con la última realizada en el 2017. Es perfectamente notable cómo los términos “sustentable” y “ambiental” evolucionaron. Pasando de ser “algo nuevo que ineludiblemente debemos considerar” a algo pensado integradamente, incluyendo el territorio, las infraestructuras y las cuestiones ambientales.
En el gráfico 6, vemos al final del período analizado líneas ascendentes y descendentes. Podemos definir las líneas ascendentes, que corresponden a “obras, proyectos y concursos nacionales”, los “proyectos internacionales” y las “construcciones”, como el “hacer”, y las descendentes, que corresponden a “novedades”, “agenda” y la “0.3” (jornadas, charlas, debates, capacitaciones, exposiciones, congresos, opiniones, entre otras), como el “decir”. Esta tendencia empezó a visualizarse en el año 2017. ¿Marcaría un camino hacia un “hablar menos y hacer más”?
Gráfico 6. Comportamiento histórico de la frecuencia de las apariciones de los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y sus denominaciones derivadas en las secciones de ARQ entre los años 2009 y 2017

Fuente: elaboración propia.
En el inicio del período, las secciones encargadas de la difusión, “agenda y “novedades”, tomaron valores ascendentes y se mantuvieron hasta marcar una tendencia descendente en el año 2017. Esto describe la evolución del término en nuestro país desde los primeros debates disciplinares, profesionales y académicos iniciados al comienzo del período, la instauración en el país entre los años 2012 y 2015, a través de jornadas, charlas, congresos y seminarios, hasta el final del período con publicaciones de ejemplos de proyectos nacionales e internacionales, estos últimos provenientes de los debates y de las obras de los grandes estudios y arquitectos, Renzo Piano, Norman Foster, Jean Novel, Herzog y de Meuron, Rem Koolhaas, tomadas como modelos de la arquitectura.
A modo de síntesis
La recesión del 2008-2009, sumada a la toma de conciencia de la crisis ambiental en las esferas políticas y disciplinares, generó que los términos “sustentable” y “ambiental” invadieran los discursos de manera masiva y progresiva en los ámbitos profesionales, disciplinares y académicos de la arquitectura.
Los debates oscilaban entre pensar la sustentabilidad y lo ambiental como “solución de viviendas para jirafas”[5] y considerarlos conceptos integrales de la sustentabilidad. El debate estaba instaurándose. El par dicotómico “la buena arquitectura o el imperativo sustentable” inició el largo debate de los años subsiguientes. En los discursos se percibía la transversalidad del concepto en los diversos temas y problemas de la arquitectura: el patrimonio, el urbanismo, las normas y certificaciones, el diseño, los materiales y la mano de obra local, el cambio de hábitos, la tecnología, la conciencia ambiental, la eficiencia. El concepto fluctuaba entre una concepción transversal y otra en la que se consideraba como un objetivo o una meta por lograr. Así, cada debate se fue convirtiendo en posturas firmes que oscilaban entre estereotipos y clichés. Se publicaron una gran variedad de libros a modo de manuales, guías o reglas que indicaban cómo diseñar y construir arquitectura sustentable (algunos de los cuales fueron analizados en esta tesis).
En el 2015 se consolidó la fragmentación de los términos y se los empleó en la mayoría de los casos como una “rociada de verde”, como una moda o como término publicitario. Los términos se banalizaron, y todo se ofreció como sustentable. Las normas LEED tomaron un gran auge y fueron adquiriendo identidad propia. No había una lectura integral y holística de la sustentabilidad. Se discutía, se pensaba y se capacitaba de manera fragmentada. Esta fragmentación de los temas de los discursos se corroboró en los manuales publicados, en jornadas, congresos, cursos y capacitaciones, y en las publicaciones de diarios y revistas; y fueron coincidentes con las actitudes y los criterios de sustentabilidad analizados: alta y baja tecnología, diseño pasivo, diseño bioclimático, costos, salud, certificaciones, eficiencia energética, recursos naturales, entre otros.
En el año 2017, más allá de cierta fragmentación que llevó a la persistencia de ciertos estereotipos, se advirtió una fuerte preocupación en los discursos por la sustentabilidad urbana y la sustentabilidad social que podrían promover el desarrollo de actitudes y de criterios necesarios para entender la sustentabilidad como un concepto integrador, holístico, sistémico y complejo. Se notó también la persistencia “de ambientar proyectos”, de utilizar los criterios de sustentabilidad como ingredientes de una receta de cocina. Temas como la eficiencia energética (grandes problemas europeos que repercuten en nuestro país) se vieron fortalecidos estereotipando modelos energéticos.
Probablemente los debates estén casi cerrados, la conciencia y el compromiso por la crisis ambiental estén asumidos, la crisis energética sería ya considerada un hecho, como así también la necesidad del cuidado de los recursos naturales. Los debates sobre si la buena arquitectura es ya sustentable, o el del diseño por sobre la tecnología, o viceversa, o el de la estética de la arquitectura sustentable son debates en vías de extinción.
Las categorías. ¿A qué referencian estos términos en los artículos analizados?
Si bien la arquitectura argentina se está incorporando al universo de la actividad sustentable, el balance general aún se mantiene desequilibrado. Por esta razón, los arquitectos deberíamos reflexionar y comenzar a incorporar nuevas costumbres fundamentales como si fueran innatas, para tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor y se refiere, particularmente, al ahorro energético. […].
Es importante entender la problemática ambiental, desde una visión sistémica integral, donde la alteración de uno de los componentes afecta al otro, a partir de una secuencia causa-efecto, que intervienen sobre el conjunto. […]. El desafío sería adecuar las metodologías sustentables utilizadas por países líderes a nuestra realidad e idiosincrasia constructiva.
Javier Pisano, 2008
Se clasificaron los aspectos o criterios a los que se hacía referencia en los discursos cuando aparecían los términos estudiados. Es decir, qué indicaban concretamente en el desarrollo del artículo o la nota cuando nombraban la sustentabilidad y lo ambiental.
Estos aspectos o criterios a los que los términos “sustentabilidad”, “ambiental” y las denominaciones derivadas hicieron referencia en los artículos analizados se agruparon en las siguientes 17 categorías: sitio; materiales y sistemas constructivos; eficiencia energética; diseño; impacto ambiental; sustentabilidad urbana; sustentabilidad; sustentabilidad ambiental; sustentabilidad social; sustentabilidad económica; energías renovables; reciclado y reúso de materiales; manejo del agua; conciencia ambiental; normas; economía de recursos; y tecnología[6].
A continuación, se grafica y analiza la frecuencia de las categorías entre los años 2009 y 2017, se explicitan los diferentes agrupamientos de las categorías, se establecen los modelos de sustentabilidad y finalmente se grafica el comportamiento histórico. En los siguientes gráficos, se registran las categorías como aspectos y criterios de lo sustentable y lo ambiental debatidos en los ámbitos disciplinares, profesionales y académicos.
En el gráfico 7, que corresponde al año 2009, los valores más altos correspondieron a relacionar la sustentabilidad a las categorías de “materiales y sistemas constructivos” y “diseño”. “Economía de recursos” y “normas” fueron los criterios a los que menos se relacionó con los términos “sustentabilidad” o “ambiental”. Estas cuestiones empezaban a instalarse en los ámbitos disciplinares y profesionales de la arquitectura.
Gráfico 7. 2009. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
Gráfico 8. 2010. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
En el año 2010, los discursos en los ámbitos profesionales, en su mayoría, giraban en torno al “impacto ambiental” (gráfico 8).
Los temas comenzaron a dispersarse y fueron tomando posiciones respecto a lo que se cree entender por sustentabilidad en arquitectura. Se abordaban los materiales y la construcción sustentables, la eficiencia energética, el diseño bioclimático y pasivo, la relación con el sitio. Las normas LEED estaban apenas incorporándose en los ámbitos profesionales y lo hacían a través de cursos en facultades de Arquitectura de la Ciudad de Buenos Aires, entre otros ámbitos. La categoría que corresponde a “la sustentabilidad económica” no tiene valores. Estos resultados son coincidentes con los análisis discursivos realizados en revistas y en eventos realizados en este año 2010. Las mayores referencias realizadas a los aspectos del “diseño”, del “sitio” y de los “materiales y sistemas constructivos” dan cuenta del debate instaurado sobre si la buena arquitectura lleva implícito ser sustentable. Se debate sobre la sustentabilidad transversal a criterios de diseño, de proyecto y de construcción de una obra.
La frecuencia de la categoría “eficiencia energética” como otro aspecto de la sustentabilidad se corresponde con los eventos, la agenda y las novedades del momento.
A partir del año 2011, algunos criterios relativos a la sustentabilidad comenzaron a destacarse sobre otros, “materiales y sistemas constructivos”, la “eficiencia energética”, “el diseño”, el “impacto ambiental”, el “sitio”, las “energías renovables” y la “tecnología” (gráfico 9).
Gráfico 9. 2011. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
Las normas empezaban a insertarse en el mercado especialmente a través de capacitaciones, cursos y certificaciones de edificios. Tanto en la provincia como en la ciudad, se estaban trabajando normas y leyes relacionadas con las cuestiones ambientales, en provincia de Buenos Aires, la Ley 13.059 de Aislación y Acondicionamiento Térmico de los Edificios. A las certificaciones LEED se las relacionó de manera directa al diseño y a la construcción sustentable durante los años 2010, 2011 e incluso 2012.
En el año 2012 (gráfico 10), la diferenciación de las frecuencias entre las categorías se hizo más evidente. Los grupos de categorías se fueron diferenciando. Los términos no consideraron prácticamente al “sitio” y el “impacto ambiental” en sus referenciaciones a las categorías.
Gráfico 10. 2012. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
Se agruparon la categoría “materiales y sistemas constructivos” con la de “diseño” y la de “normas” con la “tecnología”. El aspecto de la “sustentabilidad” tuvo un valor más bajo que los años anteriores, junto a los de “sustentabilidad urbana”, “ambiental”, “social” y la “eficiencia energética”. La categoría de la “sustentabilidad económica” no tuvo valor. El “manejo del agua” fue adquiriendo identidad propia. Las “energías renovables”, la “conciencia ambiental”, el “sitio” y la “economía de recursos” no estaban formando parte del debate y de los discursos en los ámbitos de la arquitectura como aspectos referenciados a lo sustentable o ambiental.
En el año 2013, las categorías se consolidaron (gráfico 11) y conformaron un primer agrupamiento (gráfico 11), tendiente al establecimiento de modelos de sustentabilidad. Los valores de la categoría “tecnología” ascendieron. La categoría “materiales y sistemas constructivos” fue absorbida por la “tecnología”. La “eficiencia energética” ascendió casi al nivel de la “tecnología”. En los artículos, a la tecnología se la relaciona con el diseño pasivo y bioclimático, con los materiales y sistemas constructivos, con las instalaciones y el confort y con la tecnología en la búsqueda de “fachadas eficientes”.
Gráfico 11. 2013. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
Las normas LEED se diferenciaron del diseño y de la construcción sustentable y adquirieron su propia identidad. El diseño lideraba en las frecuencias de las categorías. Estas categorías resultaron ser también la resultante de posturas frente a la sustentabilidad y a lo ambiental en los discursos disciplinares, profesionales y académicos, aunque los mayores debates se daban también en cuanto a las categorías de “eficiencia energética”, “tecnología”, “materiales y sistemas constructivos” y “sustentabilidad”. La referencia a lo “ambiental” se dispersó, a través de considerar el “impacto ambiental”, el “reciclado y reúso de materiales”, el “manejo del agua”, los “recursos naturales” y la toma de conciencia de la crisis ambiental. El aspecto económico siguió con valores muy bajos, casi insignificantes, y en los artículos aparecía relacionado a las tres dimensiones de la sustentabilidad, ambiental, social y económica, y a las economías regionales y locales.
Se reflexionaron diversos temas en los ámbitos disciplinares, profesionales y académicos: el patrimonio y la memoria; la tecnología high tech y los países altamente industrializados; la construcción con materiales naturales; la construcción de un edificio pasivo; el manejo del agua y de los recursos naturales; proyectos urbanos sustentables ecológicos e inteligentes (SCA, 2013, pp. 40-42). Estas reflexiones, junto a las analizadas, tomaron posturas respecto de la sustentabilidad que contextualizaron de alguna manera, discursivamente, los modelos que estaban empezando a establecerse.
El esbozo de fuertes posturas posibilitó un “primer agrupamiento de categorías”: 1. diseño; 2. eficiencia energética; 3. tecnología, y materiales y sistemas constructivos; 4. normas; 5. sustentabilidad; 6. ambiental (que agrupa a impacto ambiental + reciclado y reúso de materiales + manejo del agua y de los recursos naturales + conciencia por la crisis ambiental); 7. Socioeconómico (que agrupa al social y al económico) (Gráfico 12).
Gráfico 12. 2013. Primer agrupamiento de las categorías

Fuente: elaboración propia.
En el año 2014 (gráfico 13), se consolidaron los grupos de categorías. El “sitio” es referenciado como categoría de la sustentabilidad y de lo ambiental a través de las estrategias de diseño. Se observaron mayores consideraciones a las energías renovables, las cuales fueron agrupadas dentro de tecnologías junto a materiales y sistemas constructivos (gráfico 14).
Gráfico 13. 2014. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
Gráfico 14. 2014. Segundo agrupamiento de las categorías

Fuente: elaboración propia.
En el año 2015 (gráfico 15), el discurso de lo sustentable y de lo ambiental en el ámbito disciplinar, profesional y académico se consolidó equilibradamente en la diversidad. Cada grupo de categorías tomó identidad propia en los debates arquitectónicos, diferenciándose marcadamente los agrupamientos anteriores para establecerse como modelos de sustentabilidad (gráfico 15). Las consideraciones respecto de la eficiencia energética respondían prácticamente a normas y certificaciones nacionales y extranjeras, llegando al extremo de convertirse, en algunos casos, casi una obsesión su logro. La sustentabilidad urbana empezó a tener peso en el debate, extendiendo la preocupación y el debate más allá de los límites del edificio y de su entorno mínimo de emplazamiento.
Gráfico 15. 2015. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
A partir de la evaluación de las categorías y de sus agrupamientos, se establecieron los siguientes “modelos de sustentabilidad” (gráfico 16). En el capítulo II, se profundiza el análisis de cada modelo.
Gráfico 16. Los modelos de sustentabilidad. 2015

Fuente: elaboración propia.
En el año 2016 (gráfico 17), algunas categorías se convirtieron en variantes de los modelos establecidos. El caso de las bajas tecnologías (materiales y sistemas constructivos) tomó mayor predominio respecto de las altas tecnologías (las fachadas y techos verdes). El boom publicitario de esta tecnología disminuyó categóricamente respecto del uso de sistemas y soluciones constructivas de baja tecnología. La eficiencia energética y las normas tomaron preponderancia, al igual que en el año anterior.
Gráfico 17. 2016. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
Las energías renovables adquirieron un peso importante en los discursos de la disciplina, consideradas como altas tecnologías, sus usos oscilaron en la arquitectura desde estereotipos hasta cliché. La preocupación por las energías renovables creció en semejanza a los discursos y las preocupaciones europeos, aunque en algunos casos, por seguir modas u obtención de sellos ambientales, se colocaron erróneamente enormes molinos eólicos en azoteas de grandes torres, imposibles de usar por las vibraciones y los ruidos generados, alcanzando de igual manera certificaciones altas de sustentabilidad. Los modelos se sostuvieron y se vislumbraron ciertas variantes de estos que tomaron un predominio sobre otras (gráfico 18).
Gráfico 18. Los modelos de sustentabilidad. 2016

Fuente: elaboración propia.
Gráfico 19. 2017. Frecuencia de las categorías

Fuente: elaboración propia.
En el 2017 (gráfico 19), las categorizaciones volvieron a sufrir ciertos reajustes que indicaron una tendencia al equilibrio entre las categorías.
Las variantes de los modelos tendieron también a un equilibrio, distinto a las predominancias de años anteriores. Los “materiales y sistemas constructivos”, la “eficiencia energética” y el “diseño” alcanzaron los valores máximos del promedio histórico. Las “normas” sostuvieron el mismo valor. La “sustentabilidad ambiental”, la “social” e incluso la “económica” también elevaron sus valores, acercándose a los números del 2009. Se dijo en párrafos anteriores que el término se inició con una concepción integral, más cercana a su definición, considerando las tres dimensiones de la sustentabilidad y su interrelación.
“Las energías renovables”, el “manejo del agua”, las “tecnologías” y el “sitio” también reajustaron sus valores, tomando promedios históricos.
Se observó un discurso de valores equilibrados entre las categorías que establecen los modelos (gráfico 20). Es decir, cuando se citaban los términos “sustentabilidad” y “ambiental”, se hacía referenciándose de manera equitativa a las categorías, de lo cual se infiere una cierta concepción integral de la sustentabilidad.
Gráfico 20. Modelo de sustentabilidad 2017

Fuente: elaboración propia.
La categoría “sustentabilidad” quedó con valores muy bajos. Se infieren diferentes posibilidades: que no sea necesario relacionar la arquitectura con la sustentabilidad, y que el término esté comprendido y no haga falta seguir con el debate. Se aclaró también que se usaban otras expresiones como “eficiencia energética”, “saludable”, “verde”, “amigable” como términos reemplazantes.
Se necesitaron algunos años para debatir este concepto en los diferentes ámbitos para reflexionar sobre lo hecho y pensar en el futuro. Quizás se esté en el camino hacia un modelo integrado de sustentabilidad. Un modelo que quizás permita pensar que la arquitectura lleva implícita la sustentabilidad
¿Qué sucede en los ámbitos académicos? ¿Se replican estos modelos en los procesos de enseñanza de la arquitectura? ¿Se considera lo sustentable y lo ambiental en los talleres proyectuales de Arquitectura?
Para concluir en este apartado el tema de los modelos de sustentabilidad, en el gráfico 21, se sintetiza su comportamiento histórico. Los valores representan el peso en los discursos de cada uno de los modelos entre los años 2013 y 2017. Se toma el año 2013 dado que es el año en el que se estableció el primer agrupamiento de categorías.
Gráfico 21. Comportamiento histórico de los modelos de sustentabilidad

Fuente: elaboración propia.
Para ampliar y profundizar el análisis, se retoman las frecuencias de las categorías y se expone a continuación sus comportamientos históricos entre los años 2009 y 2017. En el gráfico 22, se observan cómo las categorías “diseño” y “materiales y sistemas constructivos” comenzaron en el año 2009 con valores similares y cómo, a medida que se avanzó en los años, fueron tomando caminos paralelos, pero con valores diferentes. En el año 2012, fueron coincidentes, a la vez que la “eficiencia energética” tomó uno de los valores más bajos históricos. Los discursos no se centraban en la eficiencia energética. Las normas LEED y las altas tecnologías aplicadas a fachadas y techos “verdes” estaban instaurándose en el mercado y en los ámbitos profesionales.
Gráfico 22. Comportamiento histórico de las categorías “sitio”, “materiales y sistemas constructivos”, “eficiencia energética” y “diseño”.

Fuente: elaboración propia.
En el año 2012, cada categoría inició un camino de diferenciación. En el punto donde los materiales y los sistemas constructivos toman su valor más bajo en el 2013, el diseño tomó uno de los valores más altos, coincidentemente con la subida en valor de la “eficiencia energética” y de la “tecnología” (gráfico 22); fue el año en que los modelos se diferenciaron. Apareció un auge de los sistemas constructivos en adobe, y la permacultura y lo vernáculo tomaron difusión. Los pares dicotómicos fortalecieron el fraccionamiento en el discurso y la ruptura en modelos. En el 2014, los materiales y sistemas constructivos, la eficiencia energética y el diseño se aproximaron hasta llegar, en el año 2015, a valores casi iguales hasta el año 2017. En el año 2015, los modelos estaban establecidos.
Las categorías “materiales y sistemas constructivos”, “diseño” y “eficiencia energética” se iniciaron en el año 2009 con valores casi iguales y llegaron al año 2017 nuevamente a valores semejantes y con tendencias ascendentes.
Entre los años 2012 y 2016, se notó claramente la dispersión en los valores que coincidió con el mismo período en que se fueron conformando los modelos y sus variantes.
En el gráfico 23, se observó un tajante descenso de la categoría “impacto ambiental” que se debió a la reducción de los discursos por sostener en el ámbito profesional y disciplinar que “pensar en el impacto ambiental sería llegar tarde al diseño”. La incorporación de la sustentabilidad al debate permitió evaluar el tema ambiental más allá del impacto que se generaba. Desde comienzos de este siglo, el CPAU, entre otros organismos profesionales, emitió revistas y publicaciones como consecuencia de la sanción de la Ley 123 de Evaluación de Impacto Ambiental.
Gráfico 23. Comportamiento histórico de las categorías: “impacto ambiental”, “sustentabilidad urbana” y “conciencia ambiental”

Fuente: elaboración propia.
La responsabilidad social empresarial y ambiental, las actitudes ambientales, la educación en conciencia ambiental, la concientización ambiental estuvieron casi ausentes en el debate. Se publicaron y se publicitaron poco.
La “sustentabilidad urbana” obtuvo también valores bajos a lo largo de todos estos años, más allá de algunos picos en los años 2012 y 2015. La SCA y el CPAU lanzaron publicaciones especiales sobre el tema de la sustentabilidad urbana y aclararon que, en la mayoría de la bibliografía accesible sobre el tema sustentabilidad, solo se lo hacía referido al edificio y no a la ciudad.
En el 2010 (gráfico 24), el término se puso en la mesa de debate y aparecieron publicaciones, ejemplos internacionales, cursos, charlas, eventos que aludían en general a la concepción integral de la sustentabilidad.
En los discursos subsiguientes, se fueron tomando posturas que favorecieron el fraccionamiento del término en diversos aspectos. Volviendo en el 2013, vuelven a tomar valores tan altos, que, como se dijo en análisis anteriores, el término se convirtió en moda o cliché.
Gráfico 24. Comportamiento histórico de las categorías: “sustentabilidad”, “ambiental”, “social” y “económico”

Fuente: elaboración propia.
El gráfico 24 refuerza los resultados de las primeras conclusiones arribadas para el año 2015, en las que se observó que “la sustentabilidad” y “lo ambiental” se emplearon como cosmética publicitaria: “pintar de verde los artículos”. Este modo de entender la sustentabilidad disminuyó hasta llegar a valores relativamente bajos en comparación con otros valores de otras categorías que ya se analizaron.
La observación realizada por el recorrido histórico de los pares dialécticos sustentabilidad social/sustentabilidad ambiental, por un lado, y el par sustentabilidad/sustentabilidad económica, por el otro, mostró que, al inicio de los debates, el discurso sobre la sustentabilidad relacionaba más lo ambiental con lo social y lo sustentable con lo económico, pero a la vez había una lectura integrada del concepto. Con el correr de los años y de los debates, los discursos se abrieron, se dispersaron, se fragmentaron en modelos y variantes hasta que en el año 2017 volvieron a unirse los pares y el concepto. Se observan las fluctuaciones durante esos años.
En general, los valores son bajos, lo que implica que hay una tendencia a cerrar los debates. Se infiere que no por desinterés, sino por conocimiento del término.
La categoría “economía de recursos naturales” no tuvo mayores repercusiones como componente de los términos “sustentabilidad” o “ambiental” en estos artículos a lo largo de todo el período analizado (gráfico 25). La categoría “reciclado y reúso de materiales”, que incluye además el manejo de los residuos, después de diversas fluctuaciones durante todo el recorrido histórico analizado, terminó en el año 2017 con los valores más bajos.
Gráfico 25. Comportamiento histórico de las categorías: “energías renovables”, “reciclado y reúso de materiales”, “manejo del agua y economía de recursos”

Fuente: elaboración propia.
La categoría “economía de recursos naturales” no tuvo mayores repercusiones como componente de los términos “sustentabilidad” o “ambiental” en estos artículos a lo largo de todo el período analizado. La categoría “reciclado y reúso de materiales”, después de diversas fluctuaciones durante todo el recorrido histórico analizado, terminó en el año 2017 con los valores más bajos. El “manejo del agua” y las “energías renovables” volvieron a ascender en sus valores.
Gráfico 26. Comportamiento histórico de las categorías: “normas” y “tecnología”

Fuente: elaboración propia.
En todos los gráficos, se observan grandes fluctuaciones que dan cuenta del debate.
La categoría “tecnología” (gráfico 26) está compuesta básicamente por tres aspectos tecnológicos: “la fachada verde”, “el techo verde” y “la fachada eficiente”. En los análisis anteriores, se observó cómo, entre los años 2012 y 2015, se fueron estableciendo los modelos de sustentabilidad, algunos en modelos estereotipados, otros en modelos de moda o cliché. En el caso de la tecnología, estos modelos fueron usados mayoritariamente por emprendedores inmobiliarios que utilizaron los techos verdes y fachadas verdes para publicitar sus emprendimientos como ecológicos o verdes.
En el año 2017, ese valor ascendió por el concepto de “eficiencia energética” aplicado a fachadas eficientes. Los valores de la categoría “normas” comenzaron a subir a partir del año 2010. En la mayoría de los artículos, se hacía referencia a las certificaciones LEED. A partir del año 2010, se realizó la mayor difusión de los cursos de capacitación, jornadas, charlas y seminarios, especialmente la difusión de los proyectos con sello LEED; también se realizaron a partir del 2010, y alcanzaron los picos más altos en el 2014, 2016 y 2017.
- Heywood (2012), Wassouf (2016), Garzón (2010), y Delucchi (2016). ↵
- En un artículo para el diario La Nación del día 9 de enero del año 2008, el arquitecto Luis Grossman opinaba acerca del Congreso Mundial en Torino. ↵
- Se tuvieron en cuenta las secciones de ARQ de la siguiente manera. La sección “Agenda” está compuesta íntegramente por una foto de algún proyecto que constituye la nota de la semana que se detalla en el interior del diario y que, además, lleva un título destacado que da cuenta de por qué fue elegido para la tapa. También figuran los títulos de otros temas considerados menos importantes o impactantes. En la agenda se informa sobre cursos, charlas, muestras, exposiciones, congresos, posgrados y todo tipo de eventos que se dictan en diferentes instituciones de gestión pública o privada, disciplinares, profesionales y académicas. En la sección “Novedades”, se informa escuetamente los sucesos de mayor impacto acontecidos en el mundo y en nuestro país, considerándose para esta tesis solo los que corresponden a la arquitectura y al urbanismo. En esta sección se considera también la introducción que realiza la editorial a cargo de Miguel Jurado o González Montaner. Las secciones “Obras, proyectos y concursos nacionales” y “Obras, proyectos y concursos internacionales” corresponden a la presentación y descripción de trabajos, ya sean concursos, proyectos u obras de arquitectura, una para los nacionales y otra para los internacionales, o de estudios o de empresas de arquitectura reconocidos. La exposición de estos en los artículos se hace a través de entrevistas o descripciones realizadas por los propios autores, comentarios del periodista, fotografías, croquis y planos. La sección “Obras y contratistas/construcción” corresponde a la segunda parte del diario, en donde se concentran los informes y artículos técnicos y las obras de contratistas y desarrolladores inmobiliarios. Informa acerca de la actualidad en la construcción, novedades de materiales, de técnicas, de sistemas constructivos y desarrollo de emprendimientos inmobiliarios. Esta sección tiende a ser una sección de publicidad. En la sección “La 0,3”, se exponen las opiniones de los expertos en la disciplina y en la profesión acerca de algún tema o problema vigente de la arquitectura y el urbanismo. En la sección “Otros”, se consideran las capacitaciones que el propio ARQ brindaba, y en “El Taller” se exponen los trabajos de los talleres proyectuales de arquitectura de las escuelas y facultades de arquitectura del país, especialmente las cátedras de la FADU. ↵
- Se considera para la sección “Agenda” y “Novedades” la siguiente acepción que la RAE le da a la palabra “nota”: “Noticia breve de un hecho que aparece en la prensa”. Estas secciones aparecen con formatos y extensiones diferentes al resto de las secciones de ARQ. En esta tesis se analizaron con iguales criterios todas las secciones, por lo que se considera “artículos” a todos los discursos analizados en ARQ, más allá de sus extensiones y formatos. ↵
- “Una casa sustentable para las jirafas”, ARQ. Diario de Arquitectura Clarín, (17-11), 6-7, 2009.↵
- Se detallan los términos que corresponden a cada categoría. Sitio: se consideraron las posturas que veían a la arquitectura como resultante o consecuencia del sitio y que concebían al proyecto de arquitectura con una mirada más amplia y abarcadora: sitio + clima, sitio + paisaje, sitio + geografía, sitio + topografía, sitio + territorio. Fueron consideradas las descripciones en las que se hacía referencia utilizando términos y construcciones como “clima”, “paisaje”, “geografía”, “topografía”, “entorno”, “la arquitectura como resultante del sitio”, “del paisaje”, “de la geografía”, “del entorno”. Materiales y sistemas constructivos: se tuvieron en cuenta los siguientes aspectos: “ciclo de vida de los materiales: procedencia-composición-destino final”; “deconstrucción del edificio”; “uso de materiales sustentables”; “materiales vernáculos”; “materiales orgánicos”; “muros Trombe”, “bajo mantenimiento”. Eficiencia energética: se incluyeron los siguientes tópicos: “optimización de recursos energéticos”; “conservación de la energía”; “ahorro energético”; “aprovechamiento energético”; “uso racional de la energía”; “racionalización de la energía”. Diseño: se analizaron los siguientes criterios y estrategias: “diseño pasivo”; “energía pasiva”; “estrategias pasivas y activas”; “criterios bioclimáticos”; “aprovechamiento pasivo de los recursos naturales”; “efecto chimenea”; “ventilación cruzada” y “efecto invernadero”. Y además las siguientes referencias: “la morfología/implantación”; “la volumetría/implantación/clima”; “la forma/implantación/clima”; “la flexibilización de usos”; “la orientación”; “los vientos”; “asoleamiento”; “accesibilidad”; “reducción de la isla de calor”; “luz natural”; “uso de recursos naturales”; “calidad ambiental” y “visuales/ paisaje”. Impacto ambiental: se tuvieron en cuenta los siguientes aspectos: “la reducción del impacto ambiental”; “la disminución de la huella de carbono”; “la disminución de la huella ecológica”; “la contaminación” y “el cambio climático”. Sustentabilidad urbana: se consideraron “ciudad verde”, “ciudad sustentable”, “smart city”, “ecocity”, “ciudad ecológica”, “ciudad inteligente”, “usos mixtos en los barrios”, “movilidad eficiente”, “ciudades compactas”, “centralización”, “centralidades”. Sustentabilidad: se contemplaron los términos “sustentabilidad” o “sustentable” de manera general sin definir dimensiones, aspectos ni criterios. Sustentabilidad ambiental: se tuvo en cuenta el término “ambiental” de manera general sin especificarlo o como componente de una de las dimensiones de la sustentabilidad. Sustentabilidad social: se incluyó “participación comunitaria”, “gestión comunitaria”, “identidad”, “patrimonio”, “tradiciones”, “vernáculo”, “actividades locales”, “actividades regionales”, “lo cultural”, “sociedad”, “histórico”, “social” de manera general sin especificaciones. Sustentabilidad económica: se contempló el aspecto económico como una de las tres dimensiones que componen el concepto de “sustentabilidad”. Energías renovables: se consideraron “energía solar”, “paneles fotovoltaicos”, “paneles solares”, “energía eólica”, “molinos eólicos” (la energía eólica aparece usada para iluminación exterior de los edificios con ayuda de paneles fotovoltaicos), “energías sustentables”, “energías alternativas”, “energías verdes”, “energías limpias”. Reciclado y reúso de materiales: se tuvo en cuenta el uso de materiales reciclados y reciclables y el manejo de residuos. Manejo del agua: se incluyó todo tipo de referencias realizadas al ahorro del consumo del agua, al reúso del agua, a la recolección del agua de lluvia, y a la reutilización de aguas grises y negras. Conciencia ambiental: abarcó “responsabilidad social empresaria”, “conciencia sobre lo ambiental” y “actitudes”. Normas: IRAM; LEED; BREEAM; ESTANDARES; LEY 13.059; MINERGIE; DGNB. Economía de recursos: se consideraron los términos “uso racional de los recursos disponibles” y “uso racional de los recursos naturales”. Tecnología: se tuvieron en cuenta los siguientes aspectos: “techo verde”, “terrazas verdes”, “fachadas verdes”, “suelos absorbentes”, “fachadas eficientes”, “pared verde”, “la envolvente de la fachada”.↵








