Modos de entender la sustentabilidad en la Arquitectura
Hay una tendencia de pensar que la sustentabilidad puede ser un estilo o un aspecto que podemos identificar visualmente con el pasto en el techo, los materiales orgánicos naturales, o a veces, un regreso al pasado a través del uso de tecnologías tradicionales, tales como paredes de adobe o techos de paja. […].
La sustentabilidad no es un estilo, sino simplemente una búsqueda adentro de distintas alternativas.
No hay una única forma de ser sustentables.
Martin Evans, 2008
Los profesionales están dotando al concepto de arquitectura ecológica un componente subjetivo que no debería tener (hay tantos conceptos de arquitectura sostenible, como arquitectos en el planeta).
Luis de Garrido, 2011
En el capítulo I, se analizaron las actitudes y los criterios utilizados para definir la sustentabilidad y lo ambiental en discursos provenientes de manuales, guías, revistas especializadas y eventos de arquitectura. Se observó la existencia de diferentes posturas frente a cómo entender la sustentabilidad y lo ambiental en arquitectura, que varían en función de los criterios que se seleccionan para hacer referencia a estos conceptos. Estos criterios se agruparon en diecisiete categorías.
A partir de la evaluación de las categorías y de sus agrupamientos, se establecieron “modelos de sustentabilidad”, o modos de entender la sustentabilidad. Cada uno de ellos fue definido en función del criterio de sustentabilidad predominante por sobre los otros criterios y de los abordajes bibliográficos abordados en los capítulos anteriores de esta tesis.
La descripción y el análisis de cada uno de los seis modelos con sus variantes se realizan en este capítulo.
Se retoma la definición de “modelos” ya planteada en la primera parte. Estos modelos pueden funcionar como arquetipos (una idea aceptada por un grupo o una sociedad con carácter más o menos inmutable), como prototipo (esquema cristalizado) o como cliché (de carácter superficial y reductor) (Amossy y Pierrot, 2001).
Para su clasificación se consideró el criterio de sustentabilidad predominante por sobre los otros criterios, tal como se mencionó anteriormente. Las variantes toman en algunos casos las posturas extremas de los modelos, funcionando como modelos estereotipados, prototipos o cliché.
El modelo normativo. Este modelo prioriza la aplicación de las normas y las certificaciones ambientales para el proyecto, la gestión y la construcción sustentables. Las posturas extremas buscan la sustentabilidad a través de la obtención del sello de platino o alguna otra “condecoración” que otorgan las certificaciones ambientales, sin importarle al proyectista o al emprendedor verdaderamente cuál es el grado real de sustentabilidad del edificio. Es el caso de la obsesión por certificar LEED. Esta actitud frente a la sustentabilidad estaría ubicada dentro del modelo normativo de las certificaciones ambientales. Otros, a través de obtener la mayor eficiencia energética sin importar el costo, entre otros factores para lograrla; o de obtener la mayor eficiencia al menor costo, tal es el caso de las normas de construcción Passivhaus. Estos casos estarían ubicados dentro del modelo normativo de eficiencia energética.
El modelo tecnológico. Busca soluciones sustentables a través del uso de bajas y de altas tecnologías (low tech y high tech) que generan variantes del modelo. El modelo ecotecnológico está definido por el uso de materiales y sistemas constructivos vernáculos, ecológicos o sanos.
El uso de las energías alternativas define el modelo de las energías renovables. La postura extrema es aquella que, más allá de la eficiencia generada o de la necesidad de su aplicación, o sin la consideración del contexto social, económico y ambiental, hace uso “obligado” de las energías renovables. En muchos casos, solo para dar cumplimiento a algún punto del listado de requerimientos de alguna norma que le permita obtener puntajes elevados y certificar con algún sello.
En el ejemplo extremo de la variante del modelo high tech verde, se enfatiza el uso indiscriminado de las altas tecnologías sin considerar o fundamentar la relación costo-beneficio/diseño ambiental, ya sea en el caso de las “fachadas eficientes” en la búsqueda de la eficiencia energética, o en el de los “techos y fachadas verdes” para parecer sustentable.
Generalmente, se utilizan en emprendimientos inmobiliarios para “vender una vida verde y saludable” a los futuros compradores.
El modelo de diseño. Considera el diseño como estrategia fundamental para mejorar la sustentabilidad en el hábitat. Incluye, además, la preocupación por la construcción con técnicas y materiales locales. Su postura es más abarcadora y menos fragmentada que los otros modelos. Pueden oscilar entre un modelo extremo y prototípico de diseño bioclimático y un modelo cercano al integrado, como la arquitectura de Murcutt.
El modelo ambiental. Su preocupación por la búsqueda de la sustentabilidad se fundamenta en la reducción del impacto ambiental, en el reciclado, la reutilización, la reducción y la rehabilitación de materiales, espacios y edificaciones, en el manejo del agua y de los recursos naturales, en la incorporación del verde y de la naturaleza en la arquitectura para el logro de espacios saludables para el hombre, y en el tema de la concientización de la crisis ambiental.
Una variante del modelo ambiental es el modelo greenwashing o lavado verde[1]. Se define este término como una forma de propaganda en la que se realiza marketing verde de manera engañosa para promover la percepción de que los productos, los objetivos o las políticas de una organización son respetuosos con el medio ambiente con el fin de aumentar sus beneficios. En el caso de la construcción de una obra, muchos emprendedores se enmascaran de verde incorporando a la manera de “ingredientes “inconexos un par de criterios de poco o nada peso ambiental.
El modelo Huella 0 (cero) centra su preocupación en la reducción del impacto ambiental. La huella ecológica se utiliza para medir el impacto de las actividades, en nuestro caso, el generado por la construcción, ya sea por la extracción de materiales, por el proceso de construcción o por el uso de los edificios.
Otra variante es el modelo 4R, que se apoya en las posturas que entienden que la calidad de vida puede mantenerse solo aplicando las 4R: reducir, reutilizar, reciclar, rehabilitar.
El modelo manejo del agua y recursos naturales hace mayor hincapié en el manejo del agua y de los recursos naturales (maderas certificadas, materiales ecológicos y sanos, etiquetado de materiales).
El modelo “verde” para la salud se fundamenta en la incorporación del verde y de la naturaleza en la arquitectura para el logro de espacios saludables para el hombre.
El modelo socioeconómico. Lo constituye la estructura productiva y su grado de desarrollo relativo en función de la producción territorial característica, de las condiciones técnicas de producción, los mecanismos de distribución y consumo, el mercado de los productos y las relaciones funcionales de la estructura productiva del ecosistema urbano.
Se determinaron diferentes variantes de este modelo que oscilan entre un modelo social que entiende que el mayor problema de la crisis de la sustentabilidad pasa por resolver los problemas en los asentamientos humanos, y el modelo smart city (‘ciudad inteligente’), basado principalmente en el desarrollo de la información y comunicación tecnológica.
El modelo de economía regional busca la sustentabilidad poniendo énfasis en preservar, mejorar o revertir la situación de los pequeños pueblos rurales regionales, respetando sus usos, costumbres y tradiciones, cuidando el patrimonio histórico-cultural y preservando la identidad.
Una variante es el modelo ecocity. Existen dentro de este modelo socioeconómico situaciones extremas que han generado modelos de expansiones de ciudades que devienen en modas o clichés y que, en nombre de “la sustentabilidad”, del “verde”, de lo “amigable”, de “la vida sana y natural”, promovieron barrios privados y clubes de campo que están muy lejos de ser sustentables, sin considerar el impacto social, económico y ambiental ocasionado.
El modelo integrado. Considera el concepto amplio de “sustentabilidad”, contemplando las dimensiones económica, social y ambiental y sus relaciones e interrelaciones.
El modelo normativo
Las normativas son propias de cada sociedad y establecen una serie de requisitos mínimos para la sustentabilidad que se centran especialmente en el control del consumo energético: calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria y electricidad durante el uso del edificio.
La Unión Europea, en su compromiso por reducir los gases de efecto invernadero para el 2050 (el objetivo trazado fue “energía casi nula”[2]), redactó una serie de leyes para la mejora de la eficiencia energética y el uso de las energías renovables en la construcción. Estas se trasladaron a normativas en cada uno de los países, en las que se especifican las características energéticas pasivas y activas de un proyecto de arquitectura sin considerar los criterios más globales de sustentabilidad, y que se deben actualizar cada tres años. Dadas las características de Europa, se trabaja en iniciativas políticas locales, regionales y nacionales para la promoción de la rehabilitación energética de lo ya construido (Wassouf, 2016).
En nuestro país, IRAM (Instituto Argentino de Normalización) es el representante de la Argentina en la International Organization for Standardization (ISO), y establece normas técnicas, promoviendo las actividades de certificación de productos y de sistemas de la calidad en las empresas para brindar seguridad al consumidor.
Las normas de eficiencia energética con las que cuenta nuestro país corresponden a las normas IRAM de acondicionamiento térmico, y de etiquetado de eficiencia energética actualizadas regularmente[3].
En la provincia de Buenos Aires, se sancionó la Ley 13.059 sobre Condiciones de Acondicionamientos Térmicos Exigibles en la Construcción de Edificios, reglamentada en julio del 2010, pero con un muy bajo cumplimiento por falta de difusión y de conocimiento por parte del profesional.
En CABA se sancionaron otras leyes específicas relacionadas con la sustentabilidad y lo ambiental que, a diciembre del 2017, aún no estaban reglamentadas[4].
A raíz de estas normas y exigencias europeas, surgieron hace un par de décadas una serie de herramientas que cuantifican la sustentabilidad de un proyecto o edificio conocidas como “sistemas de calificación y certificación ambiental”.
Existen tres organizaciones que controlan las herramientas de evaluación ambiental: la World Green Building Council (WGBC), la International Initiative for Sustainable Building Environment (IISBE) y la Sustainable Building Alliance (SBA). Y existen más de 20 herramientas de certificación difundidas en el mundo. Entre las más difundidas, se encuentran las siguientes: LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), desarrollada por United States Green Building Council (USGBC), basada en normativas estadounidenses y con presencia en más de 90 países, sobre todo en Latinoamérica; las BREEAM, que es el equivalente británico con más difusión en la Unión Europea; o el alemán DGNB (German Sustainable Building Council). La española VERDE podría tomarse como ejemplo de certificaciones locales. Las primeras tres tienen una política ofensiva de conquista de mercados de ámbito global y desarrollan estrategias de marketing semejantes a empresas multinacionales (Wassouf, 2016).
Las certificaciones medioambientales cuantifican el impacto ambiental generado en las diferentes fases de la vida de un edificio: en la del planeamiento urbanístico (infraestructura, accesibilidad, accesos, densificación, implantación), en el producto (proceso de producción de los materiales de construcción, reciclado, reúso, desperdicios, origen y procedencia, vida útil), en el transporte de materiales (materiales locales, traslados), en la construcción y gestión de la obra, en el uso del edificio (consumo energético, energía requerida para el mantenimiento) y en el final de vida (destrucción y reutilización del edificio o de sus partes).
Las certificaciones no ofrecen soluciones específicas; en cambio, los estándares de construcción sí. El Passivhaus, desarrollado en Alemania desde finales de la década de 1980, o el Minergie en Suiza cuantifican aspectos de sustentabilidad y a la vez ofrecen un conjunto de soluciones concretas para conseguir sus objetivos. El Passivhaus hace central hincapié en el ahorro energético, y el Minergie-ECO incorpora además el impacto ecológico y de salud ambiental. Un estándar de construcción tiene tres vertientes: requisitos energéticos mínimos (limita la demanda de energía para calefaccionar y refrigerar, como así también el consumo), un conjunto de soluciones para conseguir estos requisitos mínimos que son probados previamente en edificios prototipos, y una herramienta de cálculo (Wassouf, 2016).
El Parlamento Europeo, en su última directiva sobre la construcción de edificios[5], introdujo el concepto de “edificio de energía neta casi nula” (NZEB: nearly zero energy building), que define que la casi nula energía requerida debería estar cubierta en su gran mayoría por energía procedente de fuentes renovables producida ya sea in situ o en el entorno.
El Passivhaus es el estándar más conocido internacionalmente y es considerado la base para estos edificios impuesta por la Unión Europea para finales de esta década. El Minergie-P es el estándar suizo semejante al Passivhaus; sin embargo, el Minergie-ECO considera además todo el ciclo de vida del edificio, desde la obra, el uso y la demolición. La ventaja respecto del resto es que tiene un protocolo de control en la fase del proyecto muy sencillo y abarca de manera muy directa los aspectos de la sustentabilidad.
Modelo normativo de eficiencia energética
Una gran parte de esa facilidad y comodidad deriva del despliegue de recursos técnicos y organizaciones sociales para controlar el entorno inmediato: producir sequedad donde hay lluvia; calor en invierno y frío en verano; disfrutar la privacidad visual y acústica…
Reyner Banham, 1975
Por “eficiencia energética” se entiende al conjunto de acciones encaminadas a que los habitantes de un edificio disfruten de los beneficios que brindan este y sus instalaciones con el mínimo gasto de energía.
En Argentina los edificios son responsables del 40 % de la demanda total de energía, que a su vez proviene de un 90 % de fuentes no renovables (50 % en gas y 40 % en petróleo) con limitadas reservas disponibles. En este contexto, la sustentabilidad del hábitat construido es crítica para conservar los recursos y lograr mejores estándares ambientales (Evans, 2010).
Según Edwards (2011), los obstáculos que dificultan el ahorro energético son la falta de concientización, de recursos económicos, de conocimientos y de habilidades, obstáculos institucionales y obstáculos técnicos. También el autor amplía indicando que existen tres grandes factores que promueven la eficiencia energética en los edificios, y son los avances tecnológicos, las políticas estatales y los propios intereses de los usuarios informados.
Al respecto, Heywood (2012) refuerza el concepto del posterior uso del edificio indicando la necesidad de un manual de uso que explique a los usuarios cómo funciona el edificio durante el día y la noche y a lo largo de las estaciones y aclara además que, antes de usar la tecnología en energías renovables, hay que verificar “la eficiencia de la envolvente del edificio”, por ejemplo, añadiéndole espesores de aislación térmica.
Esta advertencia realizada respecto de la previa verificación de la eficiencia de la envolvente del edificio antes de invertir en costosas tecnologías para el uso de energías verdes, limpias o renovables es muy importante de considerar, sobre todo en las variantes extremas al modelo que buscan la eficiencia energética posdiseño del edificio, sin importar los costos económicos.
Marina Waisman indica:
La importancia de la consideración de la influencia de las técnicas ambientales sobre el diseño fue señalada por primera vez por Reyner Banham. Su propuesta se basa en que, desde hace cien años, la arquitectura depende cada vez más del consumo de energía, y consecuentemente, la implicancia de la utilización de la energía en la configuración del edificio llega a ser comparativamente mayor que la de los elementos mecánicos o estructurales (Waisman, 1972, p. 131).
Aclara:
… la tecnología ambiental puede ir más allá de influenciar el diseño: puede llegar, lisa y llanamente, a sustituirlo […] llama la atención sobre la tendencia a usar la tecnología como medio para corregir errores básicos de diseño, lo cual constituye, en definitiva, una abdicación del arquitecto de sus responsabilidades históricas (p. 136).
Y agrega:
¿Puede aceptarse la idea de que el empleo creciente de la tecnología ambiental volverá irrelevante el problema de la forma, como supone Banham? “Es una arquitectura que depende cada vez del consumo de energía, la forma del edificio puede devenir cada vez menos importante” […]. La forma separada de toda necesidad tecnológica difícilmente podría cumplir su función social, pues, librada al capricho y a la fantasía, llevaría al paroxismo, el caos urbano constituiría un elemento más en la incomunicación entre las gentes, o en la trivialización de la comunicación, que viene a hacer lo mismo (p. 138).
Respecto de las políticas estatales y de la conciencia necesaria que se requiere para asumir las actitudes adecuadas para el logro de una eficiencia energética, en Europa, por ejemplo, la Plataforma Española de Edificación Passivhaus (PEP) anunció que el 2017 se cerró con la adhesión de 62 entidades públicas al Manifiesto por la Eficiencia Energética “Vivir mejor consumiendo menos energía”, promovido por la plataforma para fomentar e impulsar el compromiso de las administraciones públicas españolas con el avance hacia un parque inmobiliario basado en Edificios de Consumo Casi Nulo (ECCN).
En nuestro país, la Dirección de Educación de la Subsecretaría de Ahorro y Eficiencia Energética del Ministerio de Energía y Minería de la Nación, que tiene a su cargo el desarrollo de programas de educación para todos los niveles del sistema de enseñanza, con el propósito de educar en el uso racional y eficiente de la energía y generar capacidades técnicas en la sociedad, publicó un material didáctico distribuido entre los docentes de las escuelas primarias: “Uso racional y eficiente de la energía”, en donde establece que
La educación Energética y Ambiental es un elemento clave en una educación de calidad y un factor impulsor del desarrollo sostenible. Es la herramienta fundamental para impulsar una transformación cultural basada en el consumo responsable de recursos naturales y generadora de conciencia ambiental en el uso racional y eficiente de los recursos energéticos (2017, p. 5).
Edificio de oficinas ASSA. Silvia Mazzetti. Bolonia, Italia. 2005-2007
Fue el primer edificio Passivhauss construido en climas cálidos y húmedos, y fue concebido con un balance positivo de energía. Se resolvió el escaso consumo energético para refrigeración y calefacción con una planta fotovoltaica de 535 m2, y, mediante una bomba de calor tipo Split (DC Inverter), se resolvió la reducida demanda de frío. La poca demanda energética se solucionó con la orientación y con una gran compacidad, y se minimizaron las ganancias solares en verano mediante voladizos fijos optimizados. Para las normas de construcción PASSIVHAUS, el objetivo es la reducción del impacto ambiental, por lo que considera primordial pensar primeramente en la disminución de los consumos y luego en la sustitución de las fuentes (Wassouf, 2016).
Modelo normativo de certificaciones ambientales
La certificación en sí, no necesariamente está siempre relacionada con la reducción de impactos, pero en general es una forma de probar que nuestros edificios están cumpliendo con una serie de objetivos”.
Martin Evans, 2008
Figura 1

A nivel mundial, a partir del año 2000, el número de metodologías de evaluación ambiental creció rápidamente. BREEAM fue el primero lanzado en 1990 en ofrecer etiquetado para edificios. Las adaptaciones fueron hechas acordes a las prácticas y la cultura de cada región o país, apareciendo una gran variedad de certificaciones a lo largo de estas últimas décadas, como fue detallado en párrafos anteriores.
De acuerdo a los análisis realizados, los datos obtenidos demostraron que las normas más difundidas en nuestro país son las BREEAM y las LEED, aunque estas últimas con mucha mayor difusión y marketing. Estos sistemas están destinados a desarrolladores, constructoras y diseñadores, y permiten a sus usuarios diferenciar sus edificios de sus competidores. La calificación otorgada actúa como incentivo comercial y bonificación en el mercado inmobiliario.
Si se comparan ambos sistemas según la manera en que fijan sus puntajes, los temas que refieren a la energía, al transporte, a la salud y el bienestar y al uso racional del agua son semejantes. Difieren, en cambio, tomando mayor puntaje para las BREEAM, los temas referidos al gerenciamiento, al uso del suelo y a la polución. Toman mayor peso en las LEED los temas referidos a los sitios sustentables y a los materiales.
La característica común entre las certificaciones es justamente el enfoque global de la sustentabilidad, pero no proponen procesos ni soluciones concretos. Pocas herramientas valoran la arquitectura pasiva, al extremo que un edificio mal proyectado (con mala orientación, poca protección solar, etc.) puede conseguir la mejor clasificación medioambiental con un sistema de instalaciones activas muy eficiente (Wassouf, 2016, p. 14). No hay duda de que las certificaciones protegen el bien público, pero también promueven los intereses de las grandes empresas.
Filippi (2013) explicaba acerca de las certificaciones:
Precisamente con el fin de evaluar y cuantificar correctamente el nivel de sustentabilidad de una construcción en los últimos años, surgieron numerosos protocolos de certificación. Se trata de listas de requisitos referidos a diversos aspectos del proceso constructivo (elección del sitio, proyecto, construcción, uso) y a diversos componentes del edificio (envolvente, instalaciones, terminaciones). A los cuales se les asigna singularmente un puntaje por parte de un sujeto externo respecto del comitente al resto de los actores involucrados en el proceso, obteniéndose un determinado nivel de certificación en función del valor alcanzado (p. 55).
El Arq. Guillermo Brunzini (2011), posicionándose a favor de las normas LEED, indica el mal uso de las normas que hacen algunos proyectistas cuando intentan convertir en LEED un edifico que no fue concebido bajo sus parámetros, agregando tecnologías caras, cuando debían planificarse desde su génesis con esta concepción (2011, pp. 52-53). Con el agregado de tecnologías caras o con la incorporación de algunos criterios menores, se obtienen de igual manera las certificaciones ambientales, lo cual deja entrever una falla en las normas.
El uso de las normas y certificaciones sigue aún en auge, especialmente las normas LEED, que promueven la construcción y el diseño sustentables en nuestro país. La intendencia de Neuquén, por ejemplo, promovió proyectos sustentables otorgando a los desarrolladores un 20 % más de superficie para construir si responden a certificaciones ambientales.
Refiriéndose al uso de las normas LEED, la editorial de la revista Entreplanos, con el título “Proyectar Sustentabilidad”, indicaba: “Es difícil entender cuál es el problema a fin de avanzar más rápidamente en sentido de la sustentabilidad, ya que las limitantes son principalmente culturales, debido a que los recursos para lograr una arquitectura sustentable se encuentran a disposición” (2017, p. 9).
El Arq. Roberto Busnelli, respecto del uso de las normas en nuestro país, indica que “parece razonable apostar por un modelo que utilice una metodología compatible y comparable con los estándares internacionales, pero que al mismo tiempo priorice objetivos específicos y los resuelva con tecnologías y métodos locales” (2017, p. 32).
Además especifica las diferentes etapas sucesivas de aplicación para dar cumplimiento a los objetivos de sustentabilidad, considerando, en la fase previa del proyecto, analizar y cuantificar las condiciones climáticas, ambientales, posicionales, etc.; en la fase del proyecto, el diseño de soluciones espaciales y constructivas que dan respuesta a la fase anterior; en la fase de la construcción, el empleo de materiales observando su ciclo de vida; en la fase en la que queda el edificio en manos de los usuarios definitivos, reducir los gastos al máximo; y en la última fase, la vida útil y final del edificio (Busnelli, 2017).
Cerrando el tema, y volviendo a la preocupación de la editorial de Entreplanos de por qué no se puede proyectar y construir sustentablemente, y en referencia al nuevo código de la ciudad, es interesante conocer la opinión de Andrés Schwarz (2017):
Un tema también relacionado con lo cultural es cuál es el abordaje de la sociedad al cumplimiento de la ley […]. Entonces por más que tengamos un buen producto llamado código, todavía nos falta evolucionar como sociedad, aceptar que hay ciertas pautas de convivencia plasmadas en este y otros documentos, y que el beneficio es para todos (p. 31).
Conviven diferentes posturas frente a una misma variante del modelo normativo de certificaciones ambientales: una postura considera estas normas como el “ABC de la sustentabilidad”, como “normas sacras” que verdaderamente logran la sustentabilidad en los proyectos y edificios; otra postura plantea que son solo marketing y mecanismos para mejorar las ventas en emprendimientos inmobiliarios; hay otra que considera que realmente genera una mejora en la calidad de los edificios; y, por último, una postura sobre que se debe adaptar las normas a nuestro país a partir de las particularidades de cada región.
Dadas las características de este modelo, se puede plantear que las normas favorecen el fraccionamiento de la concepción de sustentabilidad y no conduce a un concepto integrado de esta. Contemplan los criterios a la manera de ingredientes de una receta de cocina, promueven “la ambientación de proyectos”.
Torre Madero Office. Mario Roberto Álvarez y Asociados. Argentina. 2008
En el caso de Madero Office, los criterios de sustentabilidad destacados para la obtención de la certificación ambiental fueron los siguientes: el uso de materiales locales (en un radio de hasta 800 km), el empleo de componentes reciclados (hasta un 10 %) en materiales de construcción (cemento, hierro, vidrios de la fachada, cielorrasos de fibra mineral y el piso técnico, que fue hecho con chapa y rellenado con mortero).
Banco Provincia de Neuquén. Yanina Zylberman y otros. Argentina. 2017
Este edificio recibió la certificación internacional LEED por reducir las emisiones de carbono equivalentes a retirar de la calle más de 700 autos, por permitir un 30.48 % de reducción de consumo en el agua utilizando inodoros de doble descarga y griferías eficientes, por reducir hasta un 30 % del costo de electricidad en verano por su aislación térmica, por el uso de los vidrios de alta prestación, por la iluminación de bajo consumo, por los circuitos eficientes, por la colocación de parasoles, y por el empleo de aire acondicionado de alta eficiencia y de termotanques solares, que lograron un ahorro de un 22 % de energía. Se consideró además el uso de plantas nativas para el escurrimiento del agua de lluvia en las terrazas.
Entre las variantes del modelo normativo y el de certificación, se percibe una diferencia en los logros de sustentabilidad. En el modelo que aplican las normas de construcción –como las Passivhaus–, se logra una eficiencia alta por medio de criterios intrínsecos al proceso de diseño. En las certificaciones ambientales, se aplican criterios generales inconexos y que permiten igualmente certificar ambientalmente.
El modelo tecnológico
La abundancia de materiales, la falta de restricciones económicas, el criterio de “la obsolescencia planificada”, constituyen algunos de los factores que desvían al diseño de un camino positivo. Del mismo modo podría decirse que la falta de límites económicos para el uso de la tecnología, la abundancia de materiales y equipos, las necesidades del consumo masivo, conducen a “un diseño de la abundancia”, en el cual toda dificultad de diseño, todo capricho formal, toda imposición del gusto, puede ser resuelta al más alto costo por la tecnología.
Marina Waissman, 1972
La sustentabilidad no tiene que ser entendida como una virtud para ostentar (visible), sino como una virtud disimulada (invisible), que se manifiesta en todo su valor durante la vida útil del resultado construido.
Ing. Marco Filippi y Arq. Valeria Branciforti, 2013
Para introducir este modelo, se toman las palabras del Ing. Marco Filippi y de la Arq. Valeria Branciforti (2013), quienes, a través de un rápido recorrido histórico, sintetizan el desarrollo evolutivo de la relación tecnología/proyecto/instalaciones y sustentabilidad desde el siglo pasado hasta hoy. Los autores indican:
Antes de la revolución industrial todas las fases del proceso constructivo estaban dirigidas por un único arquitecto-ingeniero y la obra se constituía por un completo y unitario sistema de instalaciones, a menudo integrados a los elementos arquitectónicos. La sustentabilidad no era el objetivo pero sin embargo muchos edificios antiguos alcanzaron una admirable combinación de longevidad y sustentabilidad. En el siglo xix, con el desarrollo tecnológico, […] el edificio se presenta cada vez más complejo y el proyecto estructural y las instalaciones se convierten en un proceso auxiliar del proyecto arquitectónico… (2013, p. 56).
Este desprendimiento de las estructuras y de las instalaciones del proyecto repercute en la enseñanza de la disciplina. Como se dijo al inicio, los planes de estudios se conformaron según estos desprendimientos y aún siguen sosteniendo esta estructura. Esta separación provoca de alguna manera las especializaciones, no formales académicamente desde los planes de estudios, pero sí de manera tácita en ellos.
En la profesión se generaron durante el siglo xx megaestructuras que, en pos del confort de los usuarios, demandaron del sobredimensionamiento de las instalaciones “edificios depredadores de recursos” o “energívoros” (Filippi y Branciforti, 2013, p. 56).
Todavía hoy existe el enfoque proyectual, que involucra las instalaciones a posteriori del proceso, y que se ve reflejado aún en algunos ámbitos de la enseñanza de la arquitectura. Por el contrario, un enfoque holístico e interdisciplinar del proceso proyectual integrado permitiría la consideración de los aspectos de proyecto en combinación con metodologías tradicionales e innovadoras que contemplen el respeto al sitio, la gestión del agua y la energía y el control de costos, entre otros aspectos, en pos del confort de los usuarios (Filippi y Branciforti, 2013), o bien la necesidad de un modelo basado en la “tecnología apropiada cercana a las personas” (Bocco, 2013, p. 49).
Los autores indican:
En los años 90 el concepto de sustentabilidad se aplica a las construcciones, reconociendo el peso del sector edilicio tanto en términos de consumo energético (consumo por calefacción, refrigeración, producción de agua caliente, energía eléctrica, etc.) y la contaminación consecuente, en términos de uso de la energía e impacto ambiental durante el completo ciclo de vida del edificio (realización, transporte y demolición). […]. En junio de 1996, durante la conferencia Hábitat II (segunda conferencia de las Naciones Unidas sobre los asentamientos humanos), se definen los términos para la aplicación del concepto de desarrollo sustentable en el sector de la construcción. Paralelamente la cobertura mediática de las cumbres internacionales y los escándalos relacionados al peligro que representaban algunos materiales de la construcción como el amianto, suscitaron en la opinión pública interés por la conservación del entorno natural y por la construcción de edificios saludables y confortables (Filippi y Branciforte, 2013, p. 58).
En respuesta a este contexto, la ASHRAE (American Society of Heating, Refrigeration and Air Conditioning Engineers) introdujo el concepto de green building. Rápidamente, el término se insertó como símbolo de una construcción sustentable. La ASHRAE identifica cinco criterios para realizar un green building: minimizar el consumo de recursos naturales; minimizar las emisiones que impacte negativamente; minimizar la eliminación de residuos sólidos y de efluentes; reducir al mínimo los impactos negativos sobre el ecosistema; y obtener la máxima calidad de los ambientes cerrados. Filippi y Branciforti (2013) agregan:
En la última década, algunas tecnologías y técnicas constructivas han asumido un peso mayor que otras respecto de lo que se juzga por construcción sustentable. La difusión en revistas masivas han construido un imaginario de la “arquitectura sustentable” caracterizado por ciertos elementos que evocan un equilibrio entre la relación edificio y ambiente, que oscilan desde la bio arquitectura a la arquitectura High Tech: espacios verdes en distintos niveles del edificio, vegetación que penetra en los edificios, materiales naturales, ventilación natural, aprovechamiento de las energías, paneles fotovoltaicos, paneles solares, molinos eólicos, envolventes eficientes, etc. (p. 58).
Esta enumeración que hacen los autores refuerza las variantes que se determinaron para este modelo tecnológico que oscilan entre el “eco tecnológico” y el “high tech verde”, pasando por el de “las energías renovables”.
Los protagonistas reconocidos de las grandes obras de la arquitectura internacional como Norman Foster, Renzo Piano, Richard Rogers, Thomas Herzog resuelven los problemas de la sustentabilidad con mayor tecnología.
La torre de Norman Foster, Commerzbank, fue considerada la primera torre de oficinas ecológica del mundo. Mostró un fuerte compromiso socioambiental y por el contacto con la naturaleza a través de patios verdes en diferentes pisos, vistas largas, vidrios transparentes y el uso de la luz natural. Fue considerada una torre inteligente por su diseño activo y pasivo, y por la automatización. “En oposición a los edificios que se denominan ‘inteligentes’ por poseer algún grado de automatización, pero de poca inteligencia en diseño y nula conciencia ambiental” (Czajkowski y Gómez, 2009, p. 61).
Se describen a continuación las variantes de este modelo tecnológico: el ecotecnológico, el de las energías renovables, y el high tech verde.
Modelo ecotecnológico
Ahora que la tecnología nos ha permitido alcanzar metas importantes, el sucesivo avance consiste en conquistar los mismos resultados con menos tecnología.
R. Messner, che tempo che fa, 27-12-2009
… no se puede dejar de afirmar la necesidad de un modelo de desarrollo alternativo basado en la “tecnología apropiada”, cercana a las personas.
Andrea Bocco, 2013
El proyecto del edificio en su conjunto no puede separarse fácilmente de la selección de materiales y los componentes que lo integrarán. Su selección influye profundamente en el diseño y en el rendimiento del edificio, y los efectos de esa selección pueden considerarse, por un lado, a partir de la fabricación, el procesado, el transporte, la construcción, el mantenimiento, la demolición y el reciclaje o la eliminación de los propios materiales (Análisis del Ciclo de Vida: ACV) y, por el otro, a partir de su influencia sobre el rendimiento medioambiental del edificio en su conjunto. Calcular el primer tipo de impacto dispone de una información que aún no está estandarizada (Hernández Pezzi, 2008, p. 125).
Las leyes no requieren que los productores declaren cómo están fabricados los productos para la construcción, cuánta energía se ha empleado en la producción y si están asociados a problemas de contaminación. Se debería acordar la preferencia por materiales y productos derivados de recursos biológicos renovables y ecocompatibles o de recursos abundantes y no perjudiciales para el ambiente, promoviendo el uso de los materiales y productos locales.
La construcción de casas con paredes de barro, arena, arcilla y paja está empezando a ser permitida en varias localidades del país. En marzo del 2017, se aprobó la norma que lo permite en Mar del Plata. Y, en el año 2016, se aprobó en Santa Rosa, La Pampa, por lo que se convirtió así en la primera ciudad capital que lo hace (Vivienda, marzo de 2017).
El modelo ecotecnológico considera los materiales procedentes del entorno, naturales y sanos, promueve el uso de fuentes de energías locales y, en muchos casos, renovables, y adopta prácticas constructivas que fomentan el reciclaje y el respeto por la naturaleza. Rescata lo vernáculo, extrayendo enseñanzas tanto del pasado como del presente, en lugares donde la población vive modestamente y en armonía con su clima y región. Es auténtica, simple y funcional, y hace uso racional de los recursos materiales e inmateriales locales. Es integral, nace del contexto y responde al sitio. El sistema económico tiende a estar en armonía con los sistemas ecológicos. Busca y fomenta la mano de obra local. Prioriza prácticas respetuosas del equilibrio ambiental.
La construcción con materiales naturales: paja, cáñamo, tierra y bambú, son considerados sistemas constructivos low cost. A propósito de ello, el Arq. Peter Walker (2013) indicaba:
La normativa para producir edificios enérgicamente eficientes con un impacto menor en el cambio climático, impulsó el desarrollo de nuevos usos para los materiales tradicionales de construcción de origen vegetal, por su baja producción de carbono y por ser fuentes sustentables para la construcción. Pero todavía existen desafíos para su reincorporación a la construcción moderna, como el alto costo de elaboración, la escasez de competencias proyectuales y constructivas, los pocos datos de rendimiento y las cadenas de abastecimiento (p. 136).
Y advierte que “para permitir un mayor desarrollo del mercado se requiere mayor investigación e innovación” (p. 141).
Gernot Minke (2016) explicaba para la Universidad de Valparaíso, en Chile, que la bioconstrucción emplea materiales naturales del lugar y que esta tecnología solo es para la gente interesada en la autoconstrucción con conciencia ambiental dado que la industria no tiene interés en ella y en las universidades casi ni se enseña.
La variedad en materiales “naturales” y “ecológicos” que responden a cada región, a cada lugar, a cada cultura genera esta riqueza de resultados. Desde el manejo de espacios públicos, como en el caso de la universidad en Corea (Universidad Femenia. Dominique Perrault. Corea del Sur. 2004-2008), donde los espacios abiertos se entremezclan con el entorno urbano en un diálogo mimético, hasta obras privadas como la bodega (Bodega Vauvert. Jacques Perraudin. Francia. 1998) y el museo del vino (Museo de Vinos. Jacques Perraudin Córcega. 2011), en que, sumado al uso predominante del material, se diluye la obra en el paisaje y el paisaje en la obra. O la escuelita en el norte argentino (colegio secundario el Alfarcito. Padre Chifri. Argentina. 2007), realizada con la participación de la comunidad, con materiales locales y utilizando estrategias pasivas de diseño sustentable acordes al modo de habitar del lugar o los prototipos de viviendas biológicas en Dinamarca del Estudio Een til Een, realizadas con residuos agrícolas, hierba, paja, algas marinas y restos de madera.
Modelo tecnológico de energías renovables
Después de la Segunda Guerra Mundial, en las décadas del 50 y comienzos de los 60, se iniciaron formalmente investigaciones sobre fuentes de energía que pudieran reemplazar algún día a los combustibles fósiles. Con el aporte de las nuevas tecnologías y las ciencias modernas, se exploraron las energías solar, eólica, térmica, hidráulica y otros tipos de energías renovables.
La energía renovable puede sustituir a los combustibles fósiles en la calefacción, refrigeración o ventilación de los edificios. Las principales fuentes de energía renovable en arquitectura son las energías solar y eólica. El fácil acceso a los combustibles fósiles desincentivó el uso en los ámbitos de la arquitectura y el urbanismo, pero, dada la conciencia acerca de la crisis energética, y especialmente en Europa por el objetivo propuesto de alcanzar “energía 0” para el año 2020, hay una tendencia creciente de la aplicación de estas energías a pequeña escala en instalaciones en edificios individuales.
La energía renovable puede emplearse en edificios de distintos modos, y a la vez puede extraerse de diferente manera: en otro lugar y distribuirse a través de canales convencionales; en el lugar donde está ubicado el edificio o cerca de él; por medio de la propia construcción del edificio. Para aprovechar estas estrategias, es importante que las posibles fuentes de energía estén presentes en una fase temprana del proyecto.
La energía solar activa complementa la energía solar pasiva. Esta energía se produce mediante dispositivos tecnológicos a partir de la radiación solar y puede transformarse en energía térmica (paneles solares) o en energía eléctrica (placas fotovoltaicas). La capacidad de producción de energía solar activa depende del clima, la orientación y la inclinación de los dispositivos.
Los sistemas solares térmicos son dispositivos que captan la energía del sol y la transforman en calor útil, sobre todo para producir agua caliente sanitaria. Se utilizan ampliamente en Europa, en especial en Grecia, Alemania, Austria, Escandinavia y Países Bajos. Son una fuente de energía limpia y económica. En la mayoría de los países de la Unión Europea, un sistema de este tipo puede proporcionar por lo menos la mitad del agua caliente necesaria para un hogar prácticamente sin costo de funcionamiento.
Los sistemas de paneles fotovoltaicos están compuestos por células fotovoltaicas que transforman la luz directamente en energía, son limpias y silenciosas, requieren muy poco mantenimiento y hacen un uso eficiente de la energía solar. El principal obstáculo que impide que su uso se generalice en la actualidad es el precio. Los estudios realizados en Alemania y Reino Unido calculan que entre una cuarta parte y la mitad de las necesidades de electricidad de esos países se podría satisfacer exclusivamente a través de células fotovoltaicas instaladas en edificios. Estas células se utilizan en dos tipos de instalaciones diferentes, con o sin conexión a una red de suministro eléctrico más amplia (Hernández Pezzi, 2008).
Respecto del uso y la aplicación de los paneles fotovoltaicos con relación al modelo tecnológico planteado, se puede considerar este fragmento en el que Edwards (2012) indica lo siguiente:
La estética ultramoderna de los paneles fotovoltaicos se adapta especialmente bien en proyectos High Tech. Además, su capacidad de respuesta ante condicionantes climáticas variables, su brillo y su “glamour” (comparados con otras fuentes de energía renovables), hacen que muchos clientes estén dispuestos a pagar coste adicional de la instalación. La colocación de paneles fotovoltaicos en la cubierta o en la fachada inclinada de un edificio indica interés por el medio ambiente, lo que mejora la imagen pública de la empresa. Esta combinación de estética y prestigio, así como las generosas subvenciones que ofrecen muchos gobiernos para promover su expansión, sugieren que los sistemas fotovoltaicos pronto tomarán la delantera a otras tecnologías renovables (p. 77).
La tecnología de las turbinas eólicas se ha desarrollado rápidamente en las dos últimas décadas, siendo una de las fuentes de energía renovable más rentables. Las turbinas se instalan en grupos en parques eólicos, que suministran energía a la red eléctrica del mismo modo que las centrales convencionales. El rendimiento económico es mucho mayor en las zonas costeras o elevadas, más expuestas al viento, que en las protegidas (Hernández Pezzi, 2008).
En noviembre del año 2017, nuestro país dio un gran paso respecto del tema y aprobó por unanimidad la ley de generación distribuida con energías renovables, que se pondría en marcha en el año 2018.
Se comentó la importancia de verificar las envolventes de los edificios antes de invertir en grandes tecnologías como las turbinas eólicas, por ejemplo. Algunas variantes tienen su extremo, en modelos que funcionan como cliché y en algunos casos hasta llegan a absurdos. Sucede en muchos casos con el uso de los molinos eólicos o el uso de terrazas y fachadas verdes.
Un ejemplo de la aplicación de la alta tecnología en el uso de las energías renovables es el caso del Bahrain World Trade Center, en el golfo Pérsico, inaugurado en el 2009 como el primer edificio en el mundo con autogeneradores de energía eólica. Más allá de sus características formales y programáticas, la tecnología empleada no alcanza a cubrir su propio funcionamiento. Además del costo monetario altísimo, es económicamente inviable. Apenas genera el 15 % de la energía que necesita para funcionar, sumado a la problemática para su montaje, las vibraciones y el ruido generado durante su funcionamiento.
Escuela Pierre Mendes France. Empresa alemana Heliatek. Francia. 2017
El avance de la alta tecnología en países avanzados y a la vez “necesitados” logró desarrollos como la escuela de La Rochelle, en la que se instalaron 500 metros cuadrados de techo orgánico fotovoltaico. Su liviandad permitió ser colocados incluso en techos livianos. Estos paneles generaron el 15 % de las necesidades de la energía del colegio.
Estos ejemplos muestran una clara diferencia en la alta tecnología aplicada, de manera útil, en edificios que los hacen sustentables a nivel de producción/gasto energético, como es el caso de la escuela francesa, y aquellos que no miden las consecuencias ni efectúan las previsiones, como en el caso del Bahrain World Trade Center.
Modelo tecnológico high tech verde
No me interesa si cubren o no sus edificios con ensalada sino si sus obras tocan una fibra emocional. Si un proyecto verde no nos llega al corazón, ¿Qué sentido tiene? No deja de ser una construcción más.
Emilio Ambasz, 2015
Figura 2

Más allá del chiste, totalmente pertinente, la vegetación en los edificios tiene beneficios: colabora con la aislación térmica y acústica, mejora el confort interno de los usuarios, renueva la calidad del aire interior y de la ciudad, recupera áreas verdes perdidas por la huella de la construcción con reducción de las superficies pavimentadas, retarda el escurrimiento del agua en volumen y velocidad y genera espacios verdes. La Ciudad de Buenos Aires sancionó la ley n.º 4.428 en el año 2012 con el objetivo de fomentar la instalación de cubiertas verdes en construcciones privadas.
A este modelo corresponde, además, como se especificó en párrafos anteriores, el muro cortina activo, fachada doble o “fachada eficiente”. Es una tecnología que combina los beneficios estéticos de un alto porcentaje de acristalamiento (más del 90 %) con la eficiencia energética y el confort de un cerramiento macizo. Los proyectistas son más conscientes de la necesidad del ahorro energético, al tiempo que mantienen la calidad estética. La respuesta de algunos arquitectos ha sido la creación de muros cortina con un rendimiento adecuado desde el punto de vista de la eficiencia energética.
La fachada doble consiste normalmente en dos capas independientes de vidrio, separadas por una cámara de aire. Una de las capas o ambas pueden ser de vidrio doble. Si el diseño es correcto, la fachada exterior debería proteger a la interior del viento, la lluvia y el ruido y, de este modo, permitir que las ventanas de la fachada interior estén abiertas para facilitar la ventilación natural. El objetivo es conseguir que el rendimiento térmico de una fachada doble bien diseñada se aproxime al de una envoltura maciza. En los edificios que requieran una alta proporción de superficie acristalada, el muro cortina activo puede generar un ahorro de energía y, por tanto, de dinero (Hernández Pezzi, 2008).
Este enfoque tecnológico tiene mayores posibilidades en contextos altamente industrializados.
Las obras Design Centre de Herzog and Partner en Austria (1993), Fukuoka Prefectural International Hall de Emilio Ambasz en Japón (1995) y la Banca dell’Occhio de Emilio Ambasz en Italia (2008) son ejemplos de la alta tecnología aplicada de manera equilibrada en pos de la eficiencia energética. Como se dijo, los países industrializados o “desarrollados” pueden manejar este tipo de tecnología. En aquellos países en los que el alto costo no lo permite, sucede lo que, en la tira cómica, describe Tristán como “Me hago la sustentable”. La alta tecnología (high tech) debería aplicarse de acuerdo con el desarrollo económico y social de cada región. El costo es una variable que debe tenerse en cuenta cuando se habla de sustentabilidad.
Por las características de este modelo analizadas previamente, se puede plantear que su uso lleva a la fragmentación del concepto de “sustentabilidad” y se aleja de una tendencia hacia un modelo integrado. Se sostiene que no son suficientes las acciones aisladas. El empleo de criterios inconexos no permite alcanzar una verdadera sustentabilidad. Con los modelos fragmentados, se favorece el “ambientar proyectos”, es decir, ajustar el proyecto con pocas acciones externas que buscan parecer o ser sustentable, a diferencia de fomentar el proyectar ambientalmente, que considera la totalidad de las dimensiones de la sustentabilidad desde el inicio del proceso proyectual.
El modelo de diseño
La convocatoria de una ética ecológica, estilo de vida y mentalidad de sustentabilidad es la fuerza más importante del cambio en el campo de la arquitectura desde el avance de la modernidad hace un siglo. La historia de la arquitectura es vista como una sucesión de diferentes cánones estilísticos, pero el desafío de hoy exige una nueva comprensión de la esencia de la arquitectura.
Juhani Pallasmaa, 2014
Este modelo registra el diseño como estrategia fundamental para mejorar la sustentabilidad en el hábitat humano. Su postura es más abarcadora y menos fragmentada. Puede oscilar entre un modelo extremo y prototípico de diseño bioclimático y un modelo cercano al integrado como la arquitectura de Murcutt. Incluye, además, la preocupación por la construcción con técnicas y materiales locales.
Nick Baker, en su artículo “We are all outdoors animals” (“Somos todos animales de exterior”), expresa que no hasta hace mucho la especie humana pasaba más tiempo en el exterior que en el interior. Hoy pasamos casi el 90 % de nuestro día en espacios interiores. Indica en su artículo que el hombre como especie tiene una afinidad profunda con el mundo natural y que el entorno construido nos separa cada vez más de ella. Por eso plantea dos situaciones: una es la de “traer más naturaleza” a nuestro entorno construido, y la otra, diseñar características similares a las que hemos evolucionado en el mundo natural. Una de las características del mundo natural es la necesidad de respuestas adaptativas a través de proporcionar un “acoplamiento” más cercano del interior del edificio con el exterior. Se pregunta también acerca de la “naturaleza virtual” y afirma que ese acercamiento sería más adaptable a través del diseño pasivo de bajo consumo de energía a través del uso de altas tecnologías. Indica, además, que no considerar esta necesidad y responsabilidad de responder frente a esta relación “hombre y naturaleza” sería una privación cultural (Baker, 2000, pp. 553-555).
Tecnología, diseño y sustentabilidad: Glen Murcutt
El resultado es una síntesis formal/estructural de la gramática constructiva que a la vez evoca una economía de medios muy próxima a la de los cuerpos biológicos.
Matías Beccar Varela, 2018
Se considera al arquitecto australiano un ejemplo de este modelo que entiende la sustentabilidad no como un sistema evaluativo exógeno a la arquitectura, sino como una cuestión intrínseca a la elaboración proyectual. En su evolución histórica, sus obras ejemplares que dan cuenta de este modelo son la Casa Marie Short (1974-1975; 1980), la Casa Magney (1982-1984; 1999), la Casa Simpson-Lee (1988-1993), la Casa Marika-Alderton (1991-1994) y la Casa Walsh (2001-2005), entre otras.
Las “pieles de Murcutt” son pensadas en sección y son el límite real y simbólico entre los humanos y el ambiente. La piel de muchas capas y diferencias cualitativas, según orientaciones y necesidades, funciona como mecanismo domesticador de los elementos de la naturaleza, artilugio de afinación que compone con el entorno una “sinfonía” como si la casa fuese un “instrumento” y hubiera que “afinarlo” constantemente (Fernández y Beccar Varela, 2018), a la manera del “acoplamiento entre el interior y el exterior” que citaba Nick Baker.
En sus investigaciones, Fernández y Beccar Varela (2018) descubren ciertos artilugios repetitivos a lo largo de su obra, como el parasol orientado, el desflecamiento, el uso de galerías, el desprendimiento del suelo, el control de vientos, los techos en pendientes, la recolección del agua de lluvia, el uso de materiales acumuladores para las amplitudes térmicas, el uso de materiales reciclados y reciclables y el reconocimiento del lugar.
Para Murcutt, la casa, además de ser un refugio del frío y del viento, debía tener una significación. El resultado es un diseño pasivo en donde el manejo de la forma, de la función y de las soluciones tecnológicas responde al estudio y análisis exhaustivo de la interpretación del clima y del paisaje.
Cuando no se hablaba de sustentabilidad: W. Acosta, E. Sacriste, C. Carli
Lo que no entiendo todavía es por qué pasamos de tener el ejemplo de los maestros de la arquitectura locales como Wladimiro Acosta, Sacriste, César Carli, que ya trabajaban el concepto de relación entre la arquitectura y su entorno bioclimático, y de repente hubo veinte o treinta años donde eso disminuyó drásticamente.
Arq. Javier Pisano, mayo de 2017
Wladimiro Acosta
… En esta circunstancia, me encontré frente a una disyuntiva: retroceder hacia la arquitectura colonial, o, como lo hacían los arquitectos que llegaban de Europa, seguir repitiendo, por inercia, como cliché, en este medio tan diferente, una arquitectura que en su lugar de origen era consagrada como “ritualmente moderna”, pero que fracasaba aquí, porque resultaba en el fondo inadecuada a este medio geográfico.
Quedaba un tercer camino, incierto y azaroso: empezar todo desde el principio, estudiar la geografía física y humana del lugar, sus características, su tecnología, su técnica de construcción, los modos de habitar más autóctonos y encontrar una arquitectura no solo más o menos apropiada a este lugar, sino propia de él.
Wladimiro Acosta, 1984, pp. 15-16
Para W. Acosta, la vivienda debía proporcionar al hombre un “clima privado”, para lo cual se interponían una “combinación de superficies termo-aislantes e impermeables: techo, paredes, piso”, que no debían aislar al hombre de la naturaleza. Debía permitir el asoleamiento, la iluminación y la aireación de su interior, y la posibilidad de comunicación visual con el paisaje (las pieles de Murcutt). Cuanto más se lo protegía de los agentes “malos” y cuánto más se lo favorecía de los agentes “buenos”, mejor sería el confort logrado. Para ello la vivienda debía ser flexible, estar construida con los materiales adecuados y considerar una determinada orientación, una determinada conformación arquitectónica, tamaño, forma y modo de funcionamiento de sus aberturas, entre otros, y, en los casos que así lo requiriesen, estar dotada de medios especiales para el “control” y la “corrección climática” de sus ambientes (patios, terrazas, galerías, “viseras”). A la búsqueda de esta conformación arquitectónica, la denominó “arquitectura Helios”.
El sistema Helios sirve para controlar el sol, no es un aditamento auxiliar pegado al edificio, sino que constituye una parte orgánica de su arquitectura. Es perfectamente flexible y se adapta a las condiciones del terreno, el paisaje, la latitud y la altitud, y varía de acuerdo al tema, a la magnitud del edificio, al material empleado.
Se podría indicar en el caso de W. Acosta una estereotipación en su modelo de “viviendas Helios” que identifica su arquitectura. A diferencia de la arquitectura de Murcutt, en la que cada una de sus viviendas es una resultante única en su respuesta formal, tecnológica, funcional y paisajística. No hay estereotipación en las viviendas de Murcutt como sí se considera que hay en W. Acosta. Tampoco el comportamiento prototípico de la vivienda bioclimática de experimentación proyectada y construida por el INTI o las proyectadas por el Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires.
Eduardo Sacriste
Se recupera un párrafo dedicado al sitio y al paisaje que realiza Eduardo Sacriste:
Un proyecto en la pampa, donde hay una visual infinita, es distinto de otro en la montaña donde las perspectivas son cortas […] no es el vacío en la estratósfera, sino en sitios, terrenos determinados […] por una luminosidad, por un tipo de vegetación, por un clima, una topografía, una vecindad […]. Ubicar un edificio en un sitio determinado implica darle carácter, ambiente y clima: arraigado en el paisaje. Todo esto requiere de sensibilidad […] el paisaje necesita ser captado…
Sacriste, 1970, p. 58
El texto caracteriza la postura de Sacriste frente a la arquitectura, que es el resultado de un equilibrio entre lo sencillo, lo eficiente y lo reflexivo. Su arquitectura responde a los modos de vida de las personas y del lugar, del clima y del paisaje, del ambiente y del territorio. Es una arquitectura humilde con el sentido de la razón y la economía, vinculada a lo vernáculo, a la cultura, a las costumbres y a las tradiciones. Una arquitectura que toma los materiales y la tecnología del lugar. Una arquitectura que nace del sitio, responde a él, sin adjetivos. Una arquitectura sustentable aun cuando no se hablaba de sustentabilidad.
César Carli
Ante la ignorancia de las verdaderas soluciones que busca el ser humano, proponemos la arquitectura nueva, una en la que el hombre participe.
César Carli, 2017
Se transcribe a continuación un párrafo del libro 8° al Sur del Trópico de capricornio, en el que Carli (2003) expresa su sensibilidad frente al sitio y al hombre:
Lo primero a rescatar es el eje enérgico y la gradación lumínica de las calles y las galerías de las “casas del gringo” e “islera”. Con este eje, que orientado convenientemente favorece y apresura la brisa fresca a la manera de un tubo Venturi la casa deja de ser concebida como un hecho arquitectónico creado para convertirse en una suerte de micro urbanización […]. Cuando llueve el agua conducida por las canaletas hasta el suelo empedrado, irregular, producirá un rumor excitante que envolverá a la casa toda. De pronto esta calle galería se ensancha, los volúmenes que la conforman se retraen, la tonalidad lumínica cambia y aparece entonces el patio de la casa vestíbulo pero con una escala mayor; a este lo llamaremos patio-corazón y será cubierto con el techo-sombra encargado de producir el fresco en el solsticio de verano […]. ¿Cómo proteger este patio-corazón de la lluvia empujada por el pampero en invierno? Respondemos: con esclusas (p. 46).
Estos tres maestros referentes de nuestra arquitectura fueron seleccionados en esta tesis porque han trabajado la arquitectura con relación al clima y al paisaje, cada uno de ellos con sus particularidades específicas y sus propias personalidades e ideologías volcadas en sus diseños. Unos, más prácticos, otros, más teóricos. W. Acosta, con su impronta formal en el uso de la “visera” en su sistema Helios, Sacriste, quien en su arquitectura suma al clima, la consideración del paisaje, el color, la textura, la cultura y los materiales del lugar, y Carli, con su fuerte marca en lo local, en las tradiciones y costumbres y en el modo de uso de los espacios. Más allá de ello, todos poseen ciertos patrones comunes de diseño: patios, galerías, aleros, parasoles orientados según el recorrido del sol y de los vientos predominantes; el diseño de las cubiertas y control de vientos. Todos ellos, como se dijo, son criterios de “sustentabilidad”, utilizados cuando todavía no se hablaba de sustentabilidad.
Esto lleva a una reflexión análoga. En junio del año 2017, el Ministerio de Salud de la Nación Argentina[6] publicitó en los medios masivos de televisión y en redes sociales una campaña publicitaria que explicaba en cuatro pasos cómo lavarse las manos correctamente para evitar enfermedades. ¿Habrá que hacer lo mismo con la arquitectura? ¿Habrá que volver a enseñar lo que alguna vez ya estuvo aprendido?
Diseño pasivo y los prototipos de vivienda bioclimáticas
Un edificio pasivo es aquel que puede garantizar el confort climático suministrando la energía para la calefacción y/o refrigeración solo a través del aire de ventilación. Este caudal de ventilación es el mínimo necesario para garantizar la higiene de las estancias interiores (30 m3/h por semana en uso residencial).
Micheel Wassouf, 2016
La demanda de la calidad pasiva de un edificio es calculada por las pérdidas a través de la envolvente térmica, las ganancias a través de la radiación solar y las ganancias debido a la producción de calor interno. Esto depende de las estrategias empleadas: orientación, compacidad, protección solar, calidad de la envolvente térmica opaca y transparente, hermeticidad al paso del aire y aspectos relacionados con la ventilación y otros. Se basan además en criterios de la tradición de la arquitectura popular: el impacto de la radiación solar y del viento sobre la envolvente, la protección solar y la reflectividad solar (Wassouf, 2016).
Pertenecen a este modelo los diferentes prototipos de viviendas bioclimáticas que tanto organismos municipales y gubernamentales generan especialmente para las viviendas sociales, como el Instituto de la Vivienda de Chubut, que se ejemplifica más adelante, o el Instituto de la Vivienda de la provincia de Buenos Aires, o nacionales como el INTI.
Estos prototipos de vivienda, además de ser diseñados en función de las zonas climáticas, cuidando los recursos energéticos, consideran el uso de bajas tecnologías para su construcción respetando los materiales locales, o para aplicar energías alternativas como el uso pasivo de paneles solares o el manejo del agua –ya sea su provisión, reúso o tratamiento de aguas grises–.
Se resuelve la calefacción y la refrigeración y el confort en general a través de estrategias de un diseño pasivo: el manejo de las orientaciones, el uso de elementos como parasoles y galerías, el manejo de los espacios abiertos y semicubiertos, ventilaciones cruzadas, efecto Venturi, muros Trombe, iluminación natural, efecto chimenea, invernaderos, aislaciones de las envolventes, entre otros.
El Instituto de Vivienda de la provincia de Chubut realizó prototipos de viviendas sustentables con panes de sustrato vegetal secados al sol para constituirse en un adobe natural con muy buena inercia térmica.
El modelo ambiental
Non ci vuole un nuovo modo di costruire, ci vuole un nuovo modo di vivere.
Bernardo Rudofsky, Domus, n.º 123, marzo de 1938, pp. 6-15
Figura 3

Este modelo se fundamenta en la búsqueda de la sustentabilidad por la reducción del impacto ambiental, y por el reciclado, la reutilización, la reducción y la rehabilitación de materiales, espacios y edificaciones, en el manejo del agua y de los recursos naturales, en la incorporación del verde y de la naturaleza en la arquitectura para el logro de espacios saludables para el hombre, y en el tema de la concientización de la crisis ambiental. Promueve la defensa de los recursos naturales definidos como bienes comunes, de la biodiversidad, del ambiente y de la comunidad.
Modelo ambiental greenwashing o lavado verde
Se tiene un concepto equivocado de lo que es la arquitectura sostenible. Las empresas de tecnología desean favorecer la venta de sus supuestos productos ecológicos y tener buenas relaciones con los arquitectos. Por tanto se ha adaptado la idea más cómoda posible de que la arquitectura sostenible es la misma arquitectura convencional, pero repleta de “gadgets” sostenibles (aires acondicionados, sistemas domóticos, vidrios especiales, materiales extraños, tecnologías avanzadas […]). Por tanto, si a una arquitectura convencional se le añaden cosas, sencillamente se obtiene una arquitectura mucho más cara. Lo que ocurre es que esta arquitectura resultante nada tiene de sostenible, y además es mala arquitectura.
Luis de Garrido, 2011
Se definió al inicio de este capítulo el término greenwashing como una forma de propaganda o marketing verde. También se analizó cómo se enmascaran proyectos y obras de construcción de verde incorporando, a la manera de “ingredientes “inconexos, un par de criterios de poco o nada peso ambiental.
Green o verde otorga un valor agregado a cualquier producto, servicio o idea. En el sector de la construcción, sucede lo mismo, y, asociado a la sustentabilidad en fuentes renovables, en edificios, en eficiencia energética, en tecnologías y en otros, se tornó muchas veces abusivo, como se observó en modelos anteriores.
En muchos edificios se declara la sustentabilidad con fines comerciales, sin ofrecer ninguna demostración y produciendo cierta desinformación para presentar una imagen pública de conciencia ambiental.
Es contrario y opuesto al modelo integrado desde el accionar en las estrategias de diseño. Este modelo toma a modo de recetas de cocina ciertos “ingredientes sustentables” y los incorpora al proyecto en cualquiera de las etapas, por lo general cuando ya está avanzado. Las certificaciones ambientales colaboran con la expansión de este modelo, por un lado, a través de la facilitación de un gran listado de criterios que “elegir” y, por el otro, otorgando sellos de “calidad ambiental y de sustentabilidad” con la otorgación de la certificación.
Es contrapuesto al de Huella 0 desde lo actitudinal, dado que su interés por lo ambiental se debe más a un “parecer sustentable” que a un “ser sustentable”.
Modelo ambiental “huella 0”
El modelo Huella 0 (cero) centra su preocupación en la reducción del impacto ambiental. La huella ecológica se utiliza para medir el impacto de las actividades, en nuestro caso, el generado por la construcción, ya sea por la extracción de materiales, por el proceso de construcción o por el uso de los edificios. Mide el impacto de estas actividades sobre el planeta, el ecosistema y el biotipo. El objetivo es disminuir la huella ecológica al máximo o incluso reabsorberla (Jourdá, 2012). La contaminación es un factor importante. Los recursos naturales se conservan construyendo mejor y menos, con el uso de materiales renovables y reciclables.
Un material ecológico es aquel que no contribuye a la degradación del medio local o global (destrucción de la capa de ozono, calentamiento global, la lluvia ácida, la contaminación del aire, del suelo y de las aguas, la explotación de recursos no renovables) o cuando no es nocivo para las personas y los animales. Un material energético es aquel cuya fabricación supone un ahorro energético de combustibles fósiles.
En varios países miembros de Europa, en los últimos años, se han desarrollado métodos para evaluar el rendimiento ecológico global del proyecto de edificios. Estos métodos otorgan puntos al proyecto bajo muchos criterios diferentes. Se escoge para representar a este modelo los criterios de construcción ecológica-método Pimwag, para Viikki, desarrollado por el ayuntamiento de Helsinki en Finlandia, para el barrio ecológico de Viikki. Este método está basado justamente en los siguientes criterios: contaminación; recursos naturales, flexibilidad de la planta, uso de los espacios comunes y multifuncionalidad; salud; biodiversidad; y producción de alimentos.
Los criterios examinan el proyecto desde distintas perspectivas y difieren de las normas de certificaciones ambientales, especialmente desde lo actitudinal.
La contaminación es el factor más importante, y se reduce construyendo de forma más eficiente y utilizando materiales duraderos y reciclables.
Los recursos naturales se conservan construyendo mejor y menos, utilizando materiales renovables y reciclables.
La salud se mejora creando un microclima exterior favorable, así como condiciones interiores saludables.
La diversidad natural se realiza dejando la mayor parte posible del terreno sin construir.
Los criterios y las actitudes desarrollados por este método difieren de las normas de certificaciones ambientales, especialmente desde lo actitudinal. Tiene una mirada más abarcadora y hace foco en lo socioambiental.
Respecto del criterio de la contaminación, se incluyen bajo este modelo la carga de emisiones de CO2 al aire y al suelo contemplada para un período de 50 años, el tratamiento del agua residual y sistemas de reducción del consumo específicos para cada vivienda que controlan el agua caliente y fría, la cantidad de residuos de obra, clasificando los residuos de construcción, utilizando materiales precortados y residuos reciclables, el manejo de los residuos de los residentes, y el uso de materiales que cumplan los requisitos de la etiqueta ecológica.
La reducción del consumo de energía ahorra combustibles fósiles, recursos no renovables. El consumo de combustibles fósiles se mide por medio de la energía primaria total utilizada: la calefacción (incluyendo agua caliente) y la energía eléctrica consumidas durante la ocupación; la energía incorporada de los materiales; y la energía necesaria para el mantenimiento del edificio durante 50 años. Los cálculos tienen en cuenta la energía perdida en los procesos de producción.
Se incluye, además, el impacto sobre los recursos naturales a través del aumento de la densidad de las zonas residenciales y de la flexibilidad en el crecimiento y en el diseño de espacios multiusos próximos a las viviendas.
En este modelo, el criterio de salud implica la generación de un clima interior cómodo y saludable cumpliendo con las normas del país, como así también lo concerniente a los riesgos de la humedad interior, a los ruidos, y a la protección del viento y del sol. El criterio de la biodiversidad está contemplado en aquellas soluciones que incorporan una amplia gama de especies vegetales y fauna locales y el manejo del agua (Hernández Pezzi, 2008).
El modelo 4R: reducir, reutilizar, reciclar, rehabilitar
Conforme los cálculos de la ONU, se calcula que, para el año 2050, la población mundial pasará de 7 mil millones a 10 mil millones, y que la especie humana causará ocho veces más daño que lo que causa hoy, sosteniendo un crecimiento económico mundial del 2 % anual pronosticado por la Organización Mundial del Comercio. Los ecosistemas del mundo ya están sometidos a una enorme presión, y la sociedad necesita adoptar una estrategia que consiga mejorar las condiciones de vida sin producir un desastre planetario. Las ciudades se han convertido en los principales focos de contaminación y residuos, y este modelo se apoya en las posturas que entienden que la calidad de vida puede mantenerse solo aplicando las 4R: reducir, reutilizar, reciclar, rehabilitar.
- Reducir. La sociedad debería reducir la demanda de recursos no renovables como los combustibles fósiles, el agua, los minerales, el suelo agrícola o los depósitos geológicos y necesita una cultura de la reducción y no del consumo indiferenciado.
- Reutilizar. La construcción de un edificio supone un gran gasto en recursos e inversiones que las futuras generaciones deberían reutilizar y adaptar a nuevos usos, y además supone comprender todos los aspectos de la sustentabilidad y encontrar soluciones funcionales flexibles. La reutilización conlleva también la recuperación de elementos constructivos (vigas metálicas, madera, ladrillos, entre otros).
- Reciclar. El reciclaje se basa en la recuperación de la fracción útil de un material mediante su extracción y reprocesamiento. Algunos materiales de construcción, como el acero, el aluminio, el plomo y el cobre, a pesar de su elevada energía incorporada, acostumbran reciclarse. Es importante tener en cuenta las posibilidades de reciclaje, los impactos ambientales en cada etapa y las consecuencias del ciclo de vida completo de cada una de las opciones de reutilización y reciclaje.
- Rehabilitar. La mitad de la población humana mundial habita en ciudades, la mayoría en conurbanos de más de un millón de habitantes. Las áreas urbanas son una de las principales fuentes de contaminación atmosférica y, por consiguiente, suponen un riesgo cada vez mayor para la salud humana. La acción conjunta de la arquitectura, el paisajismo y el urbanismo puede ayudar a las ciudades a controlar el tema de la contaminación, el caos y la alienación. Un gran ámbito de actuación para la rehabilitación urbana son los suelos contaminados que antes estaban dedicados a usos industriales (Edwards, 2012).
Los materiales reciclados son los provenientes de residuos sólidos urbanos, como papel, plástico, vidrio, material orgánico, etc.; los de reúso son los que fueron pensados para un uso particular y se utilizan para otro uso sin ninguna transformación ni aporte de energía; y los materiales de reubicación son aquellos desechos de la construcción como puertas, ventanas, barandas, artefactos y elementos varios que son recuperados de demoliciones y que pasan a tener el mismo uso, pero en un lugar y un tiempo diferentes (Miceli, 2015).
Se puede contribuir a la reducción de los residuos de cuatro modos: con la eliminación de los residuos en la fase de proyecto, la selección de materiales reutilizados, reciclados o recuperados, el proyecto de edificios que sean sencillos de desmantelar al final de su vida útil y de edificios intrínsecamente flexibles y aptos para ser reutilizados al final de su vida funcional (Edwards, 2012).
Europa está trabajando mucho el tema de los residuos, algunos países europeos acordaron reciclar el 65 % de los residuos para el año 2035. En Suiza, por ejemplo, los desechos que no pueden ser reciclados son incinerados para transformarlos en energía eléctrica.
Nave Tierra. Michael Reynolds. Argentina. 2014-2016
Este proyecto fue considerado el primero en vivienda autosustentable de Latinoamérica, por las estrategias empleadas, por las energías pasivas adoptadas, pero sobre todo por los materiales de construcción. La vivienda fue levantada por más de 60 personas de diferentes partes del mundo. Se emplearon 333 neumáticos, 3.000 latas de aluminio, 5.000 botellas de plástico y 3.000 botellas de vidrio reciclados. Un armazón de cristales permite que la vivienda mantenga una temperatura constante de entre 18 y 22 grados, ahorrando energía eléctrica (Franco, 2014).
El modelo ambiental del manejo del agua y recursos naturales
Esta variante del modelo ambiental hace mayor hincapié en el manejo del agua y de los recursos naturales (maderas certificadas, materiales ecológicos y sanos, etiquetado de materiales). Se preocupa especialmente por el uso indiscriminado del agua corriente de red para todo tipo de usos, entendiendo que el agua potable es un recurso no renovable, muy escaso y en riesgo de desaparición.
En el mundo actual, una de cada seis personas no tiene acceso a agua potable, casi la mitad de la población carece de instalaciones sanitarias adecuadas en sus viviendas, y cada 15 segundos muere un niño a causa de alguna enfermedad relacionada con el agua (Edwards, 2012).
Los edificios, ya sea en su construcción y en su uso, requieren de una excesiva cantidad de agua. Los arquitectos son responsables en parte de este mal uso del agua. Se puede actuar realizando las instalaciones sanitarias según las normativas que contemplan el uso eficiente del agua, y eligiendo materiales y artefactos apropiados ya estandarizados con relación al tema. Se debe reducir la cantidad de agua requerida y la desechada. La acción específica en el diseño, el proyecto y la construcción de un edificio está en la dimensión, el diseño y el tipo de material de las cañerías, en la elección en los artefactos, y en el reciclado y reúso de las aguas grises y del agua de lluvia (Miceli, 2015).
Para intervenciones urbanas este modelo considera el manejo territorial del agua.
El modelo “verde” para la salud
La proposición central de este libro ha sido que la creatividad y destrucción son fenómenos reales, que ambas tienen sus características, que la adaptación y la inadaptación –en sentido evolucionista– son expresiones de aquellas, como lo son la salud y la enfermedad.
Ian Mcharg, 2000
Should we be providing this in our buildings by a closer coupling of the interior with the outside. Or is it possible for the built environment to provide an equivalent richness, together with the challenge and opportunity to respond, without the engagement of nature, a kind of “virtual nature”? (Already the Japanese are introducing perfumes into the air-conditioning system and playing forest sounds through the PA)[7].
Nick Baker, 2000
Nick Baker (2000) indicaba en su artículo “Somos animales del exterior” que el hombre como especie tiene una afinidad muy profunda con el mundo natural y que el entorno construido separa al hombre cada vez más de ella. De las dos situaciones planteadas por el autor, esta variante del modelo ambiental toma la de “traer más naturaleza” al entorno construido. La postura que adoptó esta variante es incorporar la naturaleza al edificio para lograr espacios saludables para el hombre.
La naturaleza es parte del proyecto arquitectónico de forma explícita dentro o fuera del edificio, o directamente a través de los materiales de construcción.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social”. Los edificios contribuyen a este estado y, por tanto, ejercen un profundo impacto sobre la calidad de vida. Un ambiente saludable es siempre confortable, libre de contaminación, estimulante, y sensible a las necesidades humanas (Edwards, 2012).
Investigaciones actuales realizadas muestran los beneficios físicos y psicológicos de “dejar entrar la naturaleza” en los edificios: la sustentabilidad en relación directa con la naturaleza y la salud de las personas. La naturaleza es una fuente de placer táctil, visual y auditiva. Purifica el aire, eleva el espíritu y reduce el estrés. “La naturaleza otorga a los edificios su ‘alma’ y así, en términos jungianos, trascienden de ser seres inanimados a seres vivos” (Edwards, 2012, p. 16).
Investigadores de la Universidad de Oregón encontraron que la exposición a los movimientos naturales del viento y a los reflejos del sol y del agua bajaba las frecuencias cardíacas y demostró tener un efecto calmante sobre los ocupantes del edificio.
Los patios y las circulaciones proyectadas en la Fundación Santa Fe de Bogotá de Giancarlo Mazzanti (2016), junto al tratamiento de ladrillos en la fachada y al uso de vegetación interior y exterior, permitieron el acceso a la luz cambiante del sol, la ventilación natural y el contacto con la naturaleza.
El Centro de Salud Maggie’s Oldham del Grupo DRMM (Reino Unido, 2017) para la mejora de enfermos de cáncer fue construido alrededor de un árbol y se emplearon paneles de madera contralaminadas (CLT)
En las oficinas corporativas de KMC, RMA Architects (India, 2012), se repiensa el concepto de “pared verde”, que permite modular la luz y el aire dentro del edificio a través del uso de una doble piel. La interior es de estructura de hormigón armado con ventanas de aluminio de uso común, y la exterior es un enrejado de aluminio fundido con bandejas de plantas hidropónicas.
En Brick Passive Designed University, Taisei Corporation (Vietnam, 2017), con el uso de estrategias pasivas, se logra ambientes de calidad y de confort para los estudiantes y a la vez se generan espacios semicubiertos por los que se permite la entrada de luz natural a través de pequeñas aberturas generadas en el diseño de las pantallas de ladrillo.
La empresa Desarrollo Urbano EDU en Colombia (2016) apostó a la construcción de edificios públicos sustentables bajo la concepción de “edificios que respiran” a través de ventilación pasiva. La ventilación natural mantiene una brisa agradable a través del edificio.
El centro de recepción Chupei de CYS.ASDO en Taiwán (2014) entreteje el espacio de las oficinas con el paisaje y la naturaleza generando un juego de luces y de sombras cambiantes a lo largo del día y de las estaciones.
Las posturas fanáticas o extremas desvirtúan el significado de la sustentabilidad. Las variantes de los modelos puestas en posiciones extremas a veces se estereotipan, otras veces funcionan como cliché. Estas posturas no benefician el diálogo y la reflexión. Las posturas extremas no consideran los costos. Lo único importante es la obsesión por lograr el sello de una certificación ambiental, la venta de la obra, el marketing o el “embanderamiento ambientalista”. El aspecto económico como se planteó en el capítulo anterior y se observó en los gráficos de las categorías, casi no se consideró en los discursos en ninguno de los ámbitos analizados. La dimensión económica es una de las dimensiones que compone la sustentabilidad. Estos modelos son considerados fragmentados, con mirada sesgada, que no permiten pensar en un modelo integrado de sustentabilidad como podrían permitirlo algunos ejemplos de autores que se desarrollaron en el modelo de diseño, como fue el caso de Glenn Murcutt.
El modelo socioeconómico
Es evidente que la desproporción entre lo que hay que hacer y lo que hay hecho es descomunal, y lo que es peor, en muchos casos hay que ir en la dirección contraria.
Luis de Garrido, 2011
Al modelo socioeconómico lo constituye la estructura productiva y su grado de desarrollo relativo en función de la producción territorial característica, de las condiciones técnicas de producción, de los mecanismos de distribución y consumo, del mercado de los productos y de las relaciones funcionales de la estructura productiva del ecosistema urbano.
Se determinaron diferentes variantes de este modelo que oscilan de un modelo social que entiende que el mayor problema de la crisis de la sustentabilidad pasa por resolver los problemas en los asentamientos humanos: mejorar la vivienda social y profundizar el diseño del hábitat extremo y temporal y el modelo smart city (ciudades inteligentes) basado principalmente en el desarrollo de information and communication technology (‘información y comunicación tecnológica’) y en la difusión de smart objects.
Existe dentro de este modelo socioeconómico situaciones extremas que han generado modelos de expansiones de ciudades que devienen en modas o clichés y que, en nombre de “la sustentabilidad”, del “verde”, de lo “amigable”, de “la vida sana y natural”, promovieron barrios privados y clubes de campo que están muy lejos de ser sustentables y que, muy por el contrario, en muchos casos han modificado el entorno natural, sin considerar el impacto social, económico y ambiental ocasionado.
Se explicitan a continuación las variantes de este modelo.
Modelo social
Se espera que en unas pocas décadas seis mil millones de personas vivan en ciudades; de ellas, dos mil millones vivirán por debajo del umbral de la pobreza. La necesidad de generar espacios sociales asequibles y adecuados es inmensa, tanto para el presente como para el futuro. El diseño innovador de las ciudades del futuro será crucial para el desarrollo sostenible.
Alejandro Aravena, 2017
Alejandro Aravena aplica en sus obras y proyectos una filosofía de diseño que involucra a los usuarios como parte de la solución y no solo como parte del problema, “construyendo puentes de confianza entre las personas, las empresas y el gobierno”. Su principal herramienta es la participación. Argumenta en el sitio Plataforma Arquitectura, en una entrevista realizada el 29 de junio del año 2016, que, “con el diseño adecuado, la sostenibilidad es simplemente usar sentido común”, y que “el resultado son soluciones simples a problemas complejos”.
Contempla las tres dimensiones de la sustentabilidad pensando que las viviendas deben ser inversiones para sus habitantes, y que hay que tratar de resolver el problema habitacional de las personas involucradas y del impacto ambiental que genera su obra, contemplada en su integridad, desde el inicio hasta su uso y mantenimiento.
Quinta Monroy. Alejandro Aravena. Chile. 2003
Dentro del marco específico de un programa del Ministerio de Vivienda del gobierno de Chile, y con una escasez muy grande de presupuesto, Aravena y su equipo debieron resolver el problema de la radicación de 100 familias muy pobres que habían ocupado ilegalmente un terreno de media hectárea en el centro de Iquique ubicado en el desierto chileno. Quería evitarse la erradicación de esas familias a la periferia más allá del costo del terreno que superaba el valor de la vivienda en tres veces. Pensaron el proyecto de viviendas como una inversión para el usuario y no solo como cobijo y protección. La participación de sus habitantes fue clave en el proceso proyectual y para su construcción presente y futura ampliación.
Villa Verde. Alejandro Aravena. Chile. 2010
En el caso de la Villa Verde (2010), las viviendas fueron encargadas por una empresa forestal para el desarrollo de un plan para apoyar a sus trabajadores y contratistas. El número de viviendas era mayor, y, por lo tanto, el impacto en la sociedad también.
Modelo de economía regional
Una sociedad sin memoria no es sostenible porque carece de la base sobre la cual se funda su identidad, lo que conlleva irremediablemente a la disgregación social, a la locura.
Melina Berman y Emiliano Cruz, 2013
Esta variante del modelo socioeconómico busca la sustentabilidad poniendo énfasis en preservar, mejorar o revertir la situación de los pequeños pueblos rurales regionales, respetando sus usos, costumbres y tradiciones, cuidando el patrimonio histórico-cultural y preservando la identidad. Considera los materiales y las tecnologías locales, lo vernáculo como respuesta a soluciones climáticas del proyecto.
Un tema importante es la preocupación por el uso de los recursos materiales y tecnologías de construcción que generen bajo impacto ambiental. Se utilizan materiales y mano de obra local, se combinan estrategias bioclimáticas y se optimiza el uso de recursos naturales locales, generando movimientos económicos regionales.
Respecto de los materiales, del sistema constructivo utilizado y del diseño de la arquitectura del norte argentino, Verónica Skvarca (2011) aclara que
este ejemplo de arquitectura propicia un interesante ejercicio de ver lo patrimonial con ojos ambientales y redescubrir en los bienes del pasado, propuestas amigables con el entorno: el sitio, la orientación, la implantación, los ángulos del sol, los vientos, los materiales del lugar y las estrategias culturalmente probadas por la tradición (p. 16).
Y, junto a Susana Muhlmann (2014), amplía diciendo que, “a través de diseños con fuertes raíces probadas en el tiempo y materiales adecuados, el estudio del patrimonio cultural brinda estrategias que permiten minimizar el uso de la energía y el impacto ambiental, siempre en armonía con la naturaleza” (p. 7).
La experimentación, lo vernáculo y los materiales. Anupama Kundoo
Las formas actuales de construcción están produciendo más problemas de los que solucionan.
Anupama Kundoo, 2017
Anupama Kundoo (2017), en sus amplias experimentaciones, busca materiales que minimizan los efectos ambientales y tecnologías socioeconómicamente beneficiosas. En sus proyectos se observa la optimización del uso de los recursos y el empleo de transiciones vernáculas entre los espacios como estrategias bioclimáticas.
En Volontariat Home for Homeless Children en India (2014), se utilizó una técnica antigua consistente en el armado de una estructura con ladrillos de barro secados al sol como único material de construcción, y, para su resistencia e impermeabilización, fue sometida a una temperatura de 960 grados centígrados durante tres o cuatro días utilizando una mezcla de polvo de carbón y arcilla. El vacío de la casa funciona como hogar y horno en el que se fabrica buena parte de los productos cerámicos necesarios, convirtiéndose en un productor de materiales, en lugar de un mero consumidor de estos.
En Wall House (India, 1997-2000), Anupama Kundoo adopta el uso vernáculo de diseño, materiales y mano de obra.
Modelo ecocity
A fines del siglo xx, el consumo energético y la contaminación ambiental fueron dos grandes preocupaciones para la planificación y gestión de las ciudades. Con la conciencia sobre las crisis energéticas mundiales iniciadas ya en los 70, sumadas a las cuestiones del cambio climático, la sustentabilidad se volvió tema prioritario en las agendas mundiales. En lo que hace al urbanismo y su estructuración, el tema de la sustentabilidad urbana pasó por la densidad urbana y el consumo energético. Como se dijo, ciudad compacta vs. ciudad dispersa eran las dos grandes posturas.
La sustentabilidad urbana promueve las ciudades compactas, que promulgan las siguientes estrategias: incrementar el área construida y las densidades residenciales, intensificar las actividades económicas, sociales y culturales urbanas; operar sobre el tamaño, la forma y la estructura de las ciudades, buscar mayor uso del transporte público, distancias caminables, diversidad e interacción social, preservación del campo y ámbitos naturales, reutilización del espacio consumido por los automóviles y mejor utilización de la infraestructura existente (Kozak y Romanello, 2012). Cada ciudad tiene problemas específicos y propios por resolver. No hay “recetas” genéricas que sirvan para todas las ciudades, hay cuestiones generales como las citadas en el párrafo anterior. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, el tema de las grandes superficies de medianeras expuestas al sol, por ejemplo, es un tema que considerar para hacer más sustentable nuestra ciudad.
Coral Reef. Vincent Callebaut. Haití. En curso
Existen siempre extremos en las variantes, y las ecocity publicitadas por los grandes emprendimientos inmobiliarios o por grandes estudios internacionales de arquitectura son una muestra de ellas. Son promocionadas como paraísos terrenales cargados de dicha y felicidad, o las visiones futuristas de algunos arquitectos que, solo porque sus edificios están cubiertos de verde y por tener plantados “ventiladores de pie”, creen conformar ciudades sustentables.
La visión de Vincent Callebaut de París 2050.
En la imagen de la visión de París 2050 del Arq. Callebaut, se pueden apreciar grandes turbinas eólicas “agujereando” los edificios, penetrando en ellos, sin contemplar los ruidos y las vibraciones que estos generan al funcionar. Como indicamos, por ahora, son extremos de la variante de este modelo.
Modelo smart city
En una situación en la cual la crisis económica, el crecimiento desmesurado de la población –cada vez más concentrado en áreas urbanas–, y el aumento del consumo de recursos naturales han alcanzado a niveles inaceptables, se introdujo el concepto de “smart city” intentando dar una respuesta a todos estos desafíos sociales, ambientales y económicos que los gobiernos urbanos ya no son capaces de afrontar con métodos tradicionales, para las cuales deben encontrar rápidamente una respuesta, elaborando soluciones nuevas y racionales a fin de preservar la sustentabilidad de las aglomeraciones y asegurar un futuro a las próximas generaciones.
Riccardo Bedrone, 2013
En muchas ciudades de todo el mundo, se están activando proyectos smart cities basados principalmente en el desarrollo de information and communication technology (ICT) y en la difusión de smart objects.
La idea central en la que se basan este tipo de ciudades es el desarrollo inteligente de aspectos tecnológicos y empresariales que son considerados como el camino para una ciudad sustentable y competitiva a nivel internacional. Una mala organización de esta tecnología ICT provoca grandes desigualdades, que generan conflictos en cuanto a la sustentabilidad ambiental y al crecimiento económico.
Así como se vio que con la tecnología no se garantiza “ser sustentable”, tampoco se garantiza “ser inteligente”. Volviendo a los extremos en las variantes, una ciudad plagada de tecnología, de oficinas inteligentes, de “fachadas y techos verdes”, de hoteles de lujo o de grandes controles de seguridad para cierta clase pudiente, no necesariamente es inteligente. El foco debería ponerse en las personas y su cohesión social. A mayor brecha, menos inteligente son las ciudades.
En estos últimos años, se presentaron clasificaciones sobre las ciudades más vivibles, más sustentables, más verdes o más inteligentes, basadas sobre el grado de aprobación pública. Estas clasificaciones se componen algunas de ellas de las siguientes categorías: economía, movilidad, ambiente, gobierno, vida y gente, pasadas todas estas categorías bajo el tamiz de smart.
Las ciudades ganadoras respondían mayoritariamente como eje estratégico, primeramente, a lo ambiental y, en segundo lugar, a la categoría “gente”. En otros concursos, los premios fueron otorgados a proyectos basados en la cantidad de inversiones que recibieron de parte de los gobiernos y de las empresas privadas, y por el tema de la movilidad (Riccardo Bedrone, 2013).
En el año 2017, la Ciudad de México fue una de las diez ciudades premiadas por C40 Cities Bloomberg Philanthropies Awards, justamente por abordar políticas, proyectos y programas innovadores que buscan combatir el cambio climático.
En el caso de Europa, siendo el principal objetivo de sus ciudades, como se dijo, alcanzar emisiones de carbono cero, es conveniente aclarar la diferencia desde el planteo de la sustentabilidad entre las ciudades ya existentes y las nuevas.
La Unión Europea, para estimular a las ciudades de la comunidad a tomar un camino de desarrollo inteligente, ha lanzado el programa European Smart Cities and Communities, cuyo objetivo es hacer a las ciudades europeas más eficientes y más sustentables en el sector energético, del transporte, de la tecnología de la información y la comunicación del desarrollo económico y las políticas sociales.
La prioridad inicial del proyecto está enfocada en las políticas de eficiencia energética, con el objetivo de reducir el consumo de energía eléctrica y las emisiones de CO₂ en correspondencia con la “ESTRATEGIA EUROPA 2020” (Riccardo Bedrone, 2013).
Ciudades construidas desde cero, como Masdar en el Emirato de Abu Dhabi, surgen de una premisa inicialmente insostenible: su ubicación en el medio del desierto. A pesar de su compromiso con las emisiones cero, es razonable cuestionar hasta qué punto puede considerarse “inteligente” una ciudad con tales condiciones de partida.
Una smart city debería considerar los tres aspectos de la sustentabilidad. Volvemos al tema focal que gira en torno a todos los modelos fraccionados o segmentados, que es el no considerar las tres dimensiones de la sustentabilidad (lo social, lo ambiental y lo económico), o, aún peor, tomar alguna parte de alguna dimensión.
Fujisawa. Japón. 2014-2018. Fujisawa Sustainable Smart Town
Fujisawa es un pequeño barrio de 3.000 habitantes inserto en una ciudad. Tiene como objetivos reducir en un 70 % las emisiones de CO₂ respecto de 1990, el consumo del agua por encima del 30 % y el gasto energético en las viviendas en un 70 %. Para alcanzar estos objetivos, plantea estrategias urbanas sustentables relacionadas con la movilidad, la energía, la seguridad y el bienestar.
El modelo integrado
Este modelo que se considera “integrado” entiende la sustentabilidad en sus tres dimensiones: social, económica y ambiental. La mirada respecto de la sustentabilidad es holística, sistémica y con mirada territorial.
Esta mirada de la sustentabilidad implica una concepción holística diferente a la sectorial, técnicas integradoras distintas a las especializadas, estrategias a corto, mediano y largo plazo, ciclos retroactivos que corresponden a un flujo cíclico y no lineal, y ecosistemas autorrenovables. Implica, entonces, menos polución, movilidad eficiente, calidad y cuidado de los espacios públicos, menor consumo de la energía, interacción social de la población, facilidad de acceso a los servicios, disponibilidad de infraestructura, solución a los problemas de vivienda. Significa un desafío complejo y profundo, un compromiso con el futuro que atiende no solo a los desafíos del ambiente, sino también a los de la organización social y productiva, e implica cambios de actitudes.
Se presentan a continuación ejemplos que responden a las características de este modelo, cada uno de ellos con sus propias especificidades. A pesar de responder estos a iguales características generales, sus procesos, metodologías y productos finales son completamente diferentes. Todos poseen metodologías y propuestas definidas, y están relacionados, además, con el ámbito académico. Dictan seminarios, cursos, especializaciones y maestrías para la formación de profesionales en arquitectura sustentable.
El método Sustentarq[8] de la Arq. Adriana Miceli[9] responde a este modelo integrado. Ella entiende por “sustentabilidad” al proceso de diseño que revierte el producir edificios que consumen en exceso en edificios de consumo responsable y de producción limpia y aclara que entender este concepto de esta manera lleva a una arquitectura reduccionista que solo piensa la sustentabilidad en relación con la eficiencia energética. Por lo cual incorpora lo que llama “la otra arquitectura sustentable”, es decir, la sustentabilidad social y la ambiental (Miceli, 2015).
Se desarrollan en este apartado dos ejemplos que responden con sus metodologías y con sus proyectos a este modelo integrado de sustentabilidad, Luis de Garrido y el estudio CEPA[10], de los cuales se explicitarán su metodología y ejemplos de sus obras y proyectos.
Los indicadores de sustentabilidad: Luis de Garrido
De Garrido[11] estructuró una metodología[12] que llamó “metodología general para conseguir una verdadera arquitectura sustentable”. Para ello primeramente define:
La Arquitectura Sustentable es aquella que satisface las necesidades de sus ocupantes, en cualquier momento y lugar, sin por ello poner en peligro el bienestar y el desarrollo de las generaciones futuras. Por lo tanto, la arquitectura sustentable implica un compromiso honesto con el desarrollo humano y la estabilidad social, utilizando estrategias arquitectónicas con el fin de optimizar los recursos y materiales; disminuir al máximo el consumo energético, promover la energía renovable; reducir al máximo los residuos y las emisiones; reducir al máximo el mantenimiento, la funcionalidad y el precio de los edificios; y mejorar la calidad de la vida de sus ocupantes[13].
Considerando esta definición, De Garrido puntualiza los objetivos generales de la arquitectura sustentable y deja enumerados los pilares básicos en los que debe fundamentarse. De acuerdo al grado de consecución de estos, será el nivel de sustentabilidad de una construcción:
- Optimización de recursos. Naturales y artificiales.
- Disminución del consumo energético.
- Fomento de fuentes energéticas naturales.
- Disminución de residuos y emisiones.
- Aumento de la calidad de vida de los ocupantes de los edificios.
- Disminución del mantenimiento y coste de los edificios.
Metodología general. Los pasos de su proceso. Primer acercamiento
De Garrido plantea una metodología general para alcanzar una verdadera arquitectura sustentable y pauta una serie de pasos para llegar a ella que se sintetizan a continuación:
- Delimitar el sistema territorial y arquitectónico en la búsqueda de una arquitectura que satisfaga las necesidades humanas, que asegure su salud y su bienestar, integrada en los ciclos vitales de la naturaleza, y que permita un mejor equilibrio social.
- Formalizar una herramienta de evaluación con un conjunto de indicadores sostenibles que, por un lado, puedan evaluar directamente el grado de “sustentabilidad” de un determinado edificio y, por otro lado, en fase de proyecto, puedan indicar con bastante precisión el camino que se debe tomar para lograr una verdadera arquitectura sustentable.
- Ejecutar un conjunto de estrategias y de acciones arquitectónicas concretas y lo más efectivas posibles, adaptadas a la realidad socioeconómica de un determinado país o región, para lograr el entorno sostenible deseado utilizando los indicadores sostenibles como pautas de acción generalistas.
- Evaluar periódicamente las estrategias y acciones arquitectónicas con ayuda de los indicadores sostenibles.
Basado en su experiencia y en la del equipo de trabajo, como así también en las investigaciones realizadas, De Garrido genera lo que él denomina “indicadores sostenibles”, o “sustentables” para nuestra tesis, ampliando y subcategorizando en aspectos o criterios diferenciados. Obtiene en ese desglose un total de 39 indicadores[14] a la manera de las herramientas de evaluación durante un proceso de proyecto o de una evaluación de impacto ambiental, que ya se analizó en otros capítulos.
Estos indicadores pueden utilizarse para evaluar el grado de sustentabilidad de un determinado edificio, o bien proporcionar un conjunto de pautas que seguir para la consecución de lo que De Garrido define como una “verdadera” arquitectura sustentable, la cual debe cumplir con la mayor cantidad posible de “indicadores sostenibles”. Aclara que los indicadores no tienen el mismo valor relativo, por lo cual utiliza coeficientes correctores, y ni tampoco tienen el mismo contexto social y económico, aspecto que debe considerarse en las ponderaciones.
Define un sistema sencillo de evaluación numérica para cada indicador: 0: nivel cero; 1: nivel muy bajo; 2: nivel bajo; 3: nivel medio; 4: nivel alto; 5: nivel muy alto.
Finaliza en su metodología indicando la sencillez de aplicación de esta herramienta, hasta el punto de que con ella se puede obtener un resultado numérico exacto sobre el “nivel de sostenibilidad” o de sustentabilidad de un determinado material, un determinado sistema constructivo, o un edifico completo.
Son ejemplos de sus obras, entre otras, la Urbanización “Ecopolis 3000” (España. 2007), Eye of Horus (Turquía. 2010), Carolina Eco-House (España. 2014)
Proyectar el ambiente: Estudio Cepa[15]
Propongo Ambitectura como nueva multidisciplina de proyectar y construir contextos, donde naturaleza y cultura, micro y macro escala, sembradíos, barrios o ciudades, paisajes completos, vuelvan a concebirse como reequilibrio del territorio y forma de hacer paisajes. Propongo Ambitectura como el arte de proyectar el Ambiente.
Rubén Pesci, 2013
A lo largo de su trayectoria, Rubén Pesci escribió una serie de libros en los que describe la metodología adoptada de su estudio para la “proyectación del ambiente”.
CEPA sostiene que la mirada holística, el enfoque de sistemas, la consideración de las relaciones y la diversidad, la participación social, entender el proyecto como un proceso helicoidal y el enfoque transdisciplinario son todos aspectos que en su conjunto dan gobernabilidad a la complejidad contextual. Con su equipo interdisciplinario de trabajo, busca conseguir la funcionalidad de contextos complejos, pero también busca conseguir un simbolismo cultural capaz de valorar la reintegración de hombre y naturaleza, la sustentabilidad a largo plazo y la convivencia amplia y diversificada.
Ruben Pesci (2013) refuerza el concepto: “… diseñar con el ambiente, natural pero también cultural, hacia el futuro pero también hacia el pasado, grande como un territorio, o pequeño como un rincón de una casa, o un jardín” (p. 12).
Pesci (2013) habla de “el arte de proyectar el ambiente” e indica:
El ambiente, porque sigue siendo el sujeto que precisa urgente e integrada proyectación. Arte, porque si no incorporamos la dimensión simbólica y la capacidad que tiene el arte de hablar de valores, no conseguiremos que ese ambiente sea, además de justo, bello. […]. Y aprendí a leer aquello que está por detrás del hábitat, el ambiente, el sistema complejo de relaciones vivas y no vivas, la biosfera, la esfera vital que nos permite la vida, a la cual cada vez más debemos y con la cual tenemos que crear nuestro hábitat (pp. 12-15).
Proyectando el ambiente
Los niveles del lenguaje permiten un aprendizaje más profundo, lo que conlleva a modelar un hábitat más pertinente y un paisaje integral. Pero existe otra dimensión igualmente importante para aprender: los mensajes se organizan según signos, señales culturales, que contienen siglos y hasta milenios de diseño a través de la propia experiencia, y esas constantes se denominan patrones.
Rubén Pesci, 2013.
En una entrevista[16] realizada recientemente, el arquitecto Pedro Pesci (2018), director de proyectos de CEPA, explicitó que el estudio maneja una serie de conceptos que son transversales a las etapas del proceso de diseño: la interfaz, los patrones, un programa “eco-lógico”, la participación y las destrezas de diseño y de tecnologías. Estos conceptos son brevemente ampliados en los siguientes párrafos.
La lectura de interfaz es el elemento que relaciona el proyecto con el entorno, con el medio natural o con elementos construidos. En la lectura de interfaces, se puede encontrar el gran conflicto y el espacio para la gran solución. Son espacios entre-entre. Una interfaz es un zaguán, la terraza de una casa, un patio de entrada, un hall de acceso, la plaza de ingreso a un edificio público, una avenida, una costanera o una playa. Se trabaja la multiescala (la casa con la ciudad, el edificio con la ciudad, la ciudad con el río, el barrio con otro barrio).
Los patrones son las constantes, la forma adecuada de los comportamientos situados, pero también encarnan la posibilidad de la evolución. Son fenómenos reconocibles y mensurables. Pueden ser de localización, de lenguaje, tecnológicos, etc., para respetarlos, transformarlos o modificarlos. Involucra al clima (cómo se ha manejado el espacio exterior de una edificación, cómo manejan aleros, ventanas, entre otros), a la tradición constructiva del lugar (la madera, la tierra, entre otros), a las tradiciones culturales (patrones de uso, de reunión, de actividades), al lenguaje (muchas veces asociados a los patrones culturales, a los patrones climáticos o a los patrones constructivos). La lectura de patrones es integradora y trabaja la multiescala. Se pueden minimizar impactos simplemente conociendo los patrones del lugar del proyecto (desde menor consumo energético hasta disminuir inundaciones).
El programa eco-lógico garantiza si el programa sobre el que se trabaja es el adecuado para ese cliente, para ese lugar, para ese clima, para esa economía, para la vida útil de la construcción, etc. Cuando el programa no corresponde a uno “eco-lógico”, tiende a perder valor, a cambiar de uso, a abandonarse, a degradarse o a perder roles paulatinamente hasta llegar a ser demolido, abandonado o similar.
Trabajar participativamente con el cliente, con la comunidad local, para que el proyecto sea sustentable socialmente.
Desarrollar destrezas de diseño o tecnológicas que garanticen un buen resultado apoyado en los cuatro puntos anteriores. Cada proyecto es una investigación y debe ser un espacio para mejorar las destrezas y capacidades del equipo de trabajo inter y transdisciplinario.
Proceso de “diseño ambitectónico”
Sorpresas, puertas, enchufes, formas puras y simples o combinaciones múltiples. Diafragma de luz y sombra, intersecciones, formas abiertas, pernos configuracionales. Puertas, corredores, topología del espacio.
Rubén Pesci, 2013
Rubén Pesci (2013) aclara que “el ambitecto no es una persona sino un equipo transdisciplinario que supera los campos de actuación y de conocimientos del arquitecto” (p. 15). Para ello explica que simultáneamente deben manejarse tres campos de actuación: el macro es la escala del territorio, es preguntarse qué hacer; el intermedio es la escala de la ciudad y del barrio, es preguntarse dónde y para quién; y el micro es la escala del edificio, e implica preguntarse de qué manera y cómo.
La no fragmentación de este modelo se aprecia en la mirada integradora que se aplica en cada uno de los campos de actuación de este proceso de diseño.
Así, en el campo de actuación macro, la mirada no se estanca en la del mercado y la rentabilidad, sino que aspira una función sistémica más esencial y profunda: conservar la biodiversidad, el suelo y el paisaje, generar la mejor inclusión social, introducir la economía verde. Por ello debe encontrar los patrones profundos de ese espacio: su historia y su vocación de futuro, el sentido de esa cultura, su identidad. Es el manejo sustentable económico-financiero, el de la producción, el urbano-territorial y el cultural (sentido del lugar). Se busca encontrar la interfaz cultural, las productivas, las marcas históricas y las apetencias sociales.
En el campo intermedio, se define la forma. La “forma del territorio”, que denomina la “ecoforma” (modelización del territorio, morfogénesis natural, conservación del paisaje y del lugar), “la forma de los patrones culturales”, que denomina la “socioforma” (los actores-autores, contrato social, comportamiento social), y “la forma de la evolución y adecuación temporal”, que denomina “tiempo forma”.
El campo micro (“la tecnoforma”) es el que pregunta de qué manera y cómo. Son considerados el clima, las tecnologías apropiadas, las formas fenomenológicas. Es donde, finalmente, se concentra “la punta fina del lápiz del diseñador” (2013, p. 72).
Con relación al clima, se buscan los patrones de expresión del viento, el sol, la lluvia, la amplitud térmica, la ventilación.
En cuanto a las tecnologías apropiadas, se consideran la naturaleza de los materiales, la mano de obra con identidad local, el ahorro de energía y la reutilización de residuos.
En cuanto a las articulaciones, es en el plano del lenguaje en que aparece la gran destreza del arquitecto con las formas y el espacio, y que debe aprender a extrapolar a la gran escala del territorio.
Chacra La Media Luna. Rubén Pesci/Pedro Pesci. Argentina. 1992-1993
Se piensa como una unidad productiva rural tradicional, revalorizando esa condición, potenciándola, sumando la idea de la casa de fin de semana, integrando soluciones como riego y piscina, el tema de las tecnologías locales (para ser realizadas por albañiles rurales) y a la vez también se piensa en su posición asociada al pueblo, que algún día demandará la subdivisión, y por eso desde el día uno se va preparando todo.
Pedro Pesci, 2018
Se desarrolla a continuación una síntesis secuencial de los pasos que emplea esta metodología para el abordaje general de un proyecto. En la escala macro, se observaron el patrón de formación de oasis en el Río de la Plata, el clima, la topografía y la producción.
En la escala intermedia, se consideró la idea de no proyectar solo la casa, sino también todo el campo, con su programa productivo; se valoró lo mejor de las tradiciones locales tanto en lo constructivo como en el lenguaje netamente rural.
Se destinó un campo de 40 ha a la producción agraria intensiva con riego y protección de vientos.
Figuras 4 y 5. Vista aérea de la zona


El casco se enlazó al pueblo cercano y conformó el sitio más alto, para mejores visuales y riego por gravedad.
Se logró un campo modelo, con agroecología y un asentamiento modelado por el relieve y las cortinas de árboles. Al mismo tiempo, un mirador y un oasis protegido.
En la escala micro, se rescató el “patrón” del casco de estancia, con sus habituales elementos: la casa principal, la casa de caseros, dependencias de trabajo que fue utilizado y modificado a partir de nuevas ideas.
Figuras 6 y 7. Escala micro de intervención


Se manejaron estrategias de diseño pasivo, como el techo bioclimático que va interceptando los principales volúmenes protegidos del viento y el frío, o la galería principal que mira a los cultivos desde una posición alta, donde la sombra del techo y de los enrejados protege la galería bioclimáticamente.
Figura 8. Escala micro de intervención

Para concluir, en un artículo que publicó para la SCA en el 2013, García Espil contaba que Tony Díaz, en una de sus visitas a la Argentina, marcaba la diferencia entre los arquitectos maduros y los nuevos, indicando que los maduros realizaban primero sus anteproyectos y después le agregaban los contenidos ambientales, y que, en cambio, los jóvenes, desde el primer momento, incorporaban los criterios ambientales al mismo tiempo que pensaban la organización funcional y la forma del edificio, y su inserción en el entorno; y completaba su comentario diciendo que “no es que agregaban doble vidrio hermético a las fachadas vidriadas orientadas al oeste, sino que pensaban el edificio desde el inicio sin muros de vidrio al oeste”. Esta observación realizada por Tony Díaz refuerza el par dicotómico que de alguna manera conduce esta tesis: proyectar ambientalmente o ambientar proyectos. Los modelos explicados a lo largo de todo este apartado oscilan entre una y otra posición, entre modelos integrados y modelos fragmentados.
Los modelos fragmentados son aquellos que están en la postura de ambientar los proyectos. Son modelos que tienen una mirada sesgada de la sustentabilidad, balanceada, entre otras, según posturas ideológicas, arquitectónicas o mercantilistas.
Muchos de estos modelos conformaban estereotipos que, en algunos casos, pusieron en crisis la sustentabilidad, planteándose posturas enfrentadas como sustentabilidad vs. costo, sustentabilidad vs. estética, sustentabilidad vs. mantenimiento, tecnología vs. diseño, sustentabilidad vs. certificaciones ambientales, sustentabilidad vs. tecnología, sustentabilidad vs. marketing y mercado. Las posturas firmes y prefijadas de modelos estereotipados manifiestan algunos miedos o temores que paralizan de alguna manera el avance y la salida de estos discursos.
Cada variante planteada puede ubicarse dentro de alguna de ellas. Es necesario salir de los estereotipos y avanzar hacia un pensamiento más integrado.
Las actitudes y los criterios de sustentabilidad empleados en los modelos fragmentados se incorporan a la manera de ingredientes durante el proceso proyectual, o, en los casos extremos, después de realizado el proyecto. En los modelos integrados, son parte intrínseca del proyecto, contemplados desde el inicio del proceso hasta el final de la vida del edificio.
Estos modelos se fueron conformando a raíz de los debates que se hicieron fuertes en los discursos en los ámbitos profesionales, disciplinares y académicos, apenas antes del inicio de la primera década de este siglo, inmediatamente con posterioridad a la crisis mundial del 2008-2009. El término “sustentabilidad” se debatió en sus comienzos desde un lugar más próximo al modelo que llamamos “integrado”. Pero, con las discusiones sucesivas, y a lo largo de los años siguientes, se fueron tomando posturas e intereses diferentes, que devinieron en los diferentes modelos analizados y sus variantes, todos aún vigentes.
El modelo integrado promueve la contemplación de las tres dimensiones de la sustentabilidad de manera holística, sistémica, abarcadora e integrada, con pensamiento complejo y enfoque transversal y transdisciplinario, aunque vimos que con diferentes metodologías, pero con semejantes concepciones.
En este modelo, como se vio en el caso de CEPA, la arquitectura traspasa los límites habituales de contemplación, amplía su mirada hacia la ciudad y el territorio, contempla la economía local y regional y considera el pasado, el presente y el futuro de la sociedad.
El modelo integrado y el modelo de diseño promueven el proyectar ambientalmente.
- Es un término inglés que aún la RAE no ha incorporado en su diccionario, por lo que la definición se tomó del siguiente link: t.ly/k9WJB.↵
- “La expresión ‘energía cero’ o ‘energía nula’ se utiliza para describir el hecho de que un determinado edificio consuma, en período mínimo de un año, tanta energía como produce y alcance, por lo tanto, un balance energético neutro” (Jourdá, 2012: 75).↵
- Norma IRAM n.º 11601: Características térmicas y cálculo de transmitancia térmica. Norma IRAM n.º 11603: Zonificación Bioambiental de la República Argentina. Norma IRAM n.º 11604: Verificación de las condiciones higrotérmicas. Ahorro de energía en calefacción. Norma IRAM n.º 11605: Valores máximos de transmitancia térmica en cerramientos opacos. Norma IRAM n.º 11625: Verificación de riesgos de condensación del vapor de agua superficial e intersticial en paños centrales. Norma IRAM n.º 11549: Aislamiento Térmico de edificios. Vocabulario. Norma IRAM n.º 11630: Verificación del riesgo de condensación Intersticial y superficial en puntos singulares y normas concurrentes. Norma IRAM n.º 11507: Aislación térmica en carpinterías. Ventanas exteriores. Norma IRAM n.º 11.900: Etiqueta de eficiencia energética de calefacción para edificios.↵
- La Ley 4.024: “Sistemas de captación de Energía Solar”, sancionada en enero del 2012 con un incentivo basado en una reducción entre el 20 % y el 80 % del tributo a pagar en concepto de ABL; la Ley 4.237 “Sistemas de recolección de agua de lluvia aguas recuperadas”, sancionada en julio del 2012, y la Ley 4.428 “Techos o Terrazas Verdes”, sancionada en diciembre de 2012 con un posible incentivo de un descuento de hasta el 20 % del ABL.
Desde el 1 de junio de 2017, la Ciudad de Buenos Aires se ha adherido a la Ley Nacional n.º 26.190, que establece el “Régimen de Fomento Nacional para el Uso de Fuentes Renovables de Energía Destinada a la Producción de Energía Eléctrica”.↵ - Directiva 2010/31/UE del Parlamento y de Consejo Europeo (19 de mayo de 2010) relativa a la eficiencia energética de los edificios.↵
- Ministerio de Salud de la Nación Argentina, publicado el 22 de junio de 2017. Cuatro pasos para lavarse las manos correctamente. Así de fácil es prevenir enfermedades. // http://salud.gob.ar
https://www.youtube.com/watch?v=IfIRrq8Az84↵ - Deberíamos proporcionar esto en nuestros edificios mediante un acoplamiento más cercano del interior con el exterior. ¿O es posible que el ambiente construido proporcione una riqueza equivalente, junto con el desafío y la oportunidad de responder, sin la participación de la naturaleza, una especie de “naturaleza virtual”? (ya los japoneses están introduciendo perfumes en el sistema de aire acondicionado y sonidos del bosque a través del PA).↵
- Sustentarq es un modo de hacer arquitectura desde la vertiente de la sustentabilidad y crea los módulos de habitabilidad sustentable: MHS. Sostiene que el arquitecto no es un artista, sino un facilitador entre el problema y la oportunidad de solucionarlo. El método consiste en articular cuatro esferas: la social, la ambiental y la económica, según las pautas del desarrollo sustentable, y una cuarta que es la política. La articulación de las cuatro da la quinta esfera, que es la sustentabilidad (Miceli, 2015).↵
- Adriana Miceli es arquitecta de la FADU-UBA. Es autora de dos libros: Arquitectura sustentable, más que una nueva tendencia una necesidad, y Arquitectura sustentable, sentir es el secreto. Participó en numerosas clases, talleres, jurados en universidades del país y la región. Es profesora titular de la cátedra Arquitectura Sustentable, FADU-UBA. Directora del Programa de Actualización en Arquitectura Sustentable, Secretaría de Posgrado FADU-UBA. Directora en el CFAS, y del estudio profesional de arquitectura sustentable. Piensa que la arquitectura sustentable no es una nueva tendencia, sino una necesidad. ↵
- Centros de Estudios y Proyectación Ambiental.↵
- Luis de Garrido, en el año 1987, abrió su estudio en Valencia, y en el año 2003 en Barcelona. Durante estos años desarrolló su actividad en tres formas: la docencia, la investigación, y la actividad profesional. Realizó más de 300 conferencias en países diferentes. Ha realizado dos tesis doctorales (arquitectura e informática). Ha escrito 6 libros, y más de 100 artículos. Además, ha construido diversos prototipos experimentales de vivienda. Respecto a su actividad profesional, ha realizado unos 200 proyectos, de varias tipologías, incluyendo un total de 2.000 viviendas, en España y en Colombia.
La arquitectura de Luis de Garrido se basa en 5 pilares fundamentales: hacer feliz a la gente, tener el máximo grado ecológico (“Naturalezas Artificiales”), un diseño singular, bajo precio, y máximo nivel de industrialización y prefabricación. Sus obras poseen un alto valor ecológico, siguiendo fielmente un conjunto de 38 indicadores sostenibles que él mismo se autoimpuso hace 20 años en su estudio. ↵ - En su página oficial, el Arq. De Garrido expone su metodología a través de una serie de documentos que son retomados en esta tesis para su exposición.↵
- Los arquitectos que validaron esta definición fueron Ken Yeang, Emilio Ambasz, Norman Foster, Richard Rogers, Antonio Lamela, David Kirkland, Jonathan Hines, Rafael de la Hoz, Iñigo Ortiz, Enrique León, Mario Cucinella y Winny Maas (MVRDV). Esta definición está expuesta entre los documentos que exhibe en PDF en su sitio oficial.↵
- Los 39 indicadores son los siguientes: 1. Optimización de recursos. Naturales y artificiales 1.1. Nivel de utilización de recursos naturales. 1.2. Nivel de utilización de materiales duraderos. 1.3. Nivel de utilización de materiales recuperados. 1.4. Capacidad de reutilización de los materiales utilizados. 1.5. Nivel de utilización de materiales reutilizables. 1.6. Capacidad de reparación de los materiales utilizados. 1.7. Nivel de utilización de materiales reciclados. 1.8. Capacidad de reciclaje de los materiales utilizados. 1.9. Nivel de aprovechamiento de los recursos utilizados. 2. Disminución del consumo energético 2.1. Energía consumida en la obtención de materiales. 2.2. Energía consumida en el transporte de materiales. 2.3. Energía consumida en el transporte de la mano de obra. 2.4. Energía consumida en el proceso de construcción del edificio. 2.5. Energía consumida por el edificio a lo largo de su vida útil. 2.6. Nivel de adecuación tecnológica para la satisfacción de necesidades humanas 2.7. Eficacia energética del diseño arquitectónico bioclimático 2.8. Nivel de inercia térmica del edificio. 2.9. Energía consumida en el proceso de derribo o desmontaje del edificio. 3. Fomento de fuentes energéticas naturales 3.1. Nivel de utilización tecnológica a base de energía solar 3.2. Nivel de utilización tecnológica a base de energía geotérmica 3.3. Nivel de utilización tecnológica a base de energías renovables por el ecosistema natural. 4. Disminución de residuos y emisiones 4.1. Nivel de residuos y emisiones generadas en la obtención de materiales de construcción 4.2. Nivel de residuos y emisiones generadas en el proceso de construcción 4.3. Nivel de residuos y emisiones generadas en el mantenimiento de los edificios 4.4. Nivel de residuos y emisiones generadas en el derribo de los edificios. 5. Aumento de la calidad de vida de los ocupantes de los edificios. 5.1. Emisiones perjudiciales para el ecosistema natural. 5.2. Emisiones perjudiciales para la salud humana. 5.3. Número de enfermedades de los ocupantes del edificio. 5.4. Grado de satisfacción y bienestar de los ocupantes del edificio. 6. Disminución del mantenimiento y coste de los edificios. 6.1. Nivel de adecuación entre la durabilidad de los materiales y su ciclo de vida funcional. 6.2. Adecuación funcional de los componentes. 6.3. Recursos consumidos por el edificio en su actividad cotidiana. 6.4. Energía consumida por el equipamiento tecnológico del edificio. 6.5. Energía consumida en la accesibilidad al edificio. 6.6. Energía residual consumida por el edificio cuando no está ocupado. 6.7. Nivel de necesidad de mantenimiento en el edificio. 6.8. Nivel de necesidad de tratamiento de emisiones y residuos generados por el edificio. 6.9. Coste económico en la construcción del edificio. 6.10. Entorno social y económico.↵
- Centro de Estudios y Proyectos del Ambiente. Es una organización no gubernamental creada en 1974 para abordar con la visión integradora del enfoque ambiental proyectos y acciones destinados al mejoramiento de la calidad de vida y el desarrollo de las condiciones del hombre, en el marco de su necesaria articulación con la naturaleza, su genuina identidad cultural y el ejercicio auténtico de sus libertades. Es un ámbito de debate, de capacitación, y de desarrollo de técnicas y procesos. Fue un foro de ideas y de realizaciones desde su creación pionera en América Latina y consolidada en 1983 cuando se constituyó en fundación. Acredita un cuerpo de unos 25 técnicos y asesores permanentes de amplia trayectoria. Ha realizado más de 100 proyectos relevantes en 10 países de América Latina y Europa. Ha recibido premios y distinciones internacionales. El director general es el Arq. Rubén Pesci, y el director de proyectos es el Arq. Pedro Pesci, junto al Arq. Jorge Pérez.↵
- La entrevista fue realizada por la tesista en el estudio CEPA en la ciudad de La Plata, el día jueves 8 de febrero del 2018.↵








