¿Ambientar proyectos o proyectar ambientalmente?
Existe una gran variedad de posturas acerca del proyecto y su consideración de lo sustentable y el ambiente. Algunas son extremas, como la de Latouche (2016), que considera al desarrollo sustentable como un slogan, o como la de De Garrido (2011), que afirma que las exageradas soluciones de techos y fachadas verdes son “aditivos” que hacen parecer al edificio más ecológico, o la de De Schiller, quien criticó en una entrevista en el 2011 las importaciones de normas y certificaciones extranjeras de países cuyo desarrollo productivo, social y económico nada tienen que ver con los nuestros. Moneo (2012) considera a la búsqueda de lo sustentable como un deseo voluntarista, mientras que Souto de Moura (2007) y Brahm (2011) sostienen que la buena arquitectura es siempre sustentable.
De Schiller (2009), pionera en la incorporación de la sustentabilidad ambiental en el ámbito académico en la formación de grado[1], señala que hay mucho por hacer sobre todo desde los ámbitos universitarios.
Detallando lo anterior, y en referencia a la postura de que la buena arquitectura es sustentable, Souto de Moura (2007), en la entrevista realizada el 30 de junio del año 2007 para el diario El País, considera que “la arquitectura, para ser buena, lleva implícito el ser sostenible”, y aclara:
Un edificio en cuyo interior la gente muere de calor, por más elegante que sea será un fracaso. La preocupación por la sostenibilidad delata mediocridad. No se puede aplaudir un edificio porque sea sostenible. Sería como aplaudirlo porque se aguanta.
Siguiendo con la misma postura, el arquitecto chileno Alex Brahm, para una entrevista realizada el 14 de setiembre del 2011 para 360° en Concreto, considera:
Disminuir la demanda energética del edificio, utilizar energías renovables […] son criterios que deberían imperar siempre de todas formas. Si uno revisa la arquitectura antigua que está más adecuada a los lugares donde se construía […] era una arquitectura que tenía criterios de sostenibilidad muy profundos. Desde esa perspectiva creo que con hablar de buena arquitectura es suficiente.
Según lo explicitado por el autor, en el edificio Transoceánica, aproximadamente el 80 % del ahorro energético que se pudo lograr dependió básicamente del recurso arquitectónico, y el 20 % restante, a la incorporación de tecnología alineada con la eficiencia energética. Concluye diciendo que “se hace necesario profundizar en el conocimiento de las realidades locales y a partir de eso construir la buena arquitectura” (Brahm, 2011).
Pensando en la sustentabilidad como un slogan o “puro voluntarismo”, Moneo (2012) afirma:
A medida que la energía ha ido incorporándose a los estándares de confort ha exigido un mayor consumo del que nos costará mucho prescindir. La arquitectura que ahora se reclama como sostenible es más la expresión de un deseo voluntarista de restringir el uso de la energía pero sin renunciar a esos estándares. Se siguen construyendo torres en altura que tienen grandes exigencias o se edifica en zonas en condiciones climáticas extremas y se dice que las técnicas ayudan a reducir el consumo de energía. Pero eso, sin llevarlo hasta sus últimas consecuencias y hacer actividades realmente sostenibles, es más la expresión de un eslogan político que otra cosa (entrevista realizada el 7 de noviembre del año 2012 para Asturama).
Latouche (2016) comparte este pensamiento al decir que “el desarrollo sostenible es un eslogan” y afirma además que “fue inventado por criminales de cuello blanco”.
De Garrido (2011), en una entrevista publicada por Ecoticias.com el 14 de abril del año 2011, alerta en contra del mal uso del término sustentabilidad y afirma:
Los intereses creados en torno a la arquitectura están haciendo que la sociedad vea como ‘sustentable’ un edifico repleto de supuestas tecnologías avanzadas, y de supuesta eficiencia energética, y con supuestos materiales ecológicos, y con ‘aditivos’ gratuitos que hacen parecer al edifico más ecológico, aunque en realidad lo convierten en mucho menos ecológicos (como jardines verticales, cubiertas aljibe, sistemas demóticos, y caros ‘gadgets’ similares). La verdadera arquitectura sustentable debe conseguir los mismos fines de forma más sencilla y económica.
Para otros arquitectos, como Murcutt (2008), lo ambiental y lo sustentable forman parte de su proceso de diseño, y, en la entrevista realizada para La Nación, el 20 de agosto del año 2008, sostiene:
El medio ambiente y la obra son para mí como una sinfonía en la que todo debe sonar perfecto […]. La naturaleza es una cosa y la edificación es otra. Ambas deben dialogar, articularse, pero nunca fusionarse ya que la fusión es artificial […]. Es la cultura del lugar, la latitud, la longitud, la topografía, el giro del sol, el viento y el régimen anual de lluvias, entre otras cosas, los que determinarán qué diseño tendrá cada obra […]. Ahí reside un secreto: trabajar en forma silenciosa y tranquila, y después, quizá conseguir una buena sorpresa.
De Garrido se destaca por la búsqueda de un nuevo paradigma ecológico en arquitectura y de una metodología de diseño que le permite integrar la arquitectura a la naturaleza; criterio que se refleja en el título de una de sus últimas conferencias realizada para la Federación Empresarial de Valencia en España: “Arquitectura Ecológica Avanzada” (De Garrido, 2017). Considera que la arquitectura sustentable debe fundamentarse en seis pilares básicos, cuyo grado de consecución constituirá el nivel de la sustentabilidad de la construcción: la optimización de los recursos y materiales; la disminución del consumo energético; el fomento de energías renovables; la disminución de residuos y emisiones; la disminución del mantenimiento, la explotación y el uso de los edificios; y el aumento de la calidad de vida de los ocupantes de los edificios.
Como también se mencionó anteriormente, un importante número de sistemas, normas y métodos de evaluación ambiental han sido introducidos a nivel mundial y adaptados a sus condiciones nacionales, tales como las CASBEE, las BREEAM, las Green Star, y las LEED Leadership in Energy and Environmental Design. Estas últimas fueron “importadas” de Estados Unidos durante los años 2009 y 2010. De acuerdo a los análisis comparativos realizados por Julián Evans, ninguno de estos es apto para ser usado en cualquier lugar. Pero, sin embargo, desde el año 2010 están siendo incorporados paulatinamente en certificaciones respaldadas por instituciones académicas y por organismos como la SCA[2], que los promueve en la oferta de cursos a estudiantes y a profesionales.
Al respecto, existen otras posturas. En la misma entrevista citada, De Garrido (2011) afirma:
… el mayor peligro actual para el desarrollo e implantación de una auténtica, honesta y verdadera arquitectura sostenible son precisamente estas supuestas certificaciones sostenibles. El uso de las certificaciones no sólo no fomenta la arquitectura sostenible, sino que la aparta del camino correcto para su evolución futura […]. La sostenibilidad es una cuestión básicamente de decisiones generales de dibujos arquitectónicos […] prácticamente el 90% de una auténtica arquitectura sostenible solo son decisiones arquitectónicas […]. El otro 10% concierne a detalles constructivos, tecnologías y materiales especiales. Pues bien, las supuestas certificaciones sostenibles prácticamente no tienen en cuenta para nada el diseño arquitectónico (responsable de un 90% del nivel de sostenibilidad de un edificio), y se centran en cuestiones relativas a sistemas de recogida de agua, sistemas alternativos de energía, vidrios espaciales, sistemas de control, sistemas de gestión del edificio […] en definitiva, en los aspectos menos importantes de la sostenibilidad de un edificio (el 10% restante) […]. En definitiva, detrás de estas supuestas certificaciones sostenibles, simplemente hay un encubrimiento de la venta de tecnologías y materiales especiales que no sirven para nada […]. En definitiva, las supuestas certificaciones sostenibles simplemente fomentan el encarecimiento de los edificios, y la utilización de materiales y tecnologías caras, que además ni siquiera serían necesarias si el edificio estuviera bien diseñado. La arquitectura sostenible, al igual que cualquier faceta del desarrollo sostenible, es algo completamente local. Por tanto, aplicar unos supuestos y unos programas informáticos y una concepción de la arquitectura realizadas en Washington o en Londres, y pretender aplicarlos a cualquier rincón del planeta, es una soberana bellaquería […] estas certificaciones supuestamente sostenibles no sirven para nada, y que solo existen debido a la ignorancia y pasividad de la sociedad y de los arquitectos. El diseño sostenible debería enseñarse en todas las facultades de Arquitectura del mundo. Y así los edificios serían muy buenos, mucho más baratos, y no se tiraría el dinero en certificaciones que no sirven para nada.
En una entrevista que realizó Ekotectura el 19 de octubre del año 2011 a Martin Evans y a De Schiller, Evans indica que el 98 % de los consumos en Argentina dependen de energía no renovable y que mucho de ese porcentaje lo generan los edificios. La calefacción, la ventilación, la iluminación y la refrigeración provocan los mayores consumos y los mayores impactos, junto a los materiales de construcción. En respuesta a esto, dice textualmente que “el diseño es la clave” para disminuir el impacto ambiental, bajar costos, aumentar la eficiencia energética y mejorar la calidad de vida de las personas. De Schiller aclara que la sustentabilidad es influenciada por la economía y por el contexto social, y que, por lo tanto, no es la misma la situación en nuestro país que la de los países desarrollados, dado que en Argentina tenemos producciones de arquitectura de altísimo nivel y al mismo tiempo tenemos una agenda social muy importante que es la pobreza. Agrega además que “toda escala es relevante” y que “cada contexto tiene sus propias demandas”. Respecto de las certificaciones sustentables, opina que son “una forma de incentivar cambios en las prácticas de arquitectura”, una forma de alentar los cambios, y que en Estados Unidos la creación de estas normas surgió para mejorar las prácticas y cambiar el mercado. Opina que hay que “aprender de estas experiencias pero no copiarlas porque no responden a nuestros contextos”. En el mensaje final que deja en la entrevista, sugiere que
hay mucho por hacer, que hay que trabajar desde los ámbitos universitarios, desde la práctica profesional, desde la acción estatal y privada, en las organizaciones, en las empresas para esta transformación, para producir mejores lugares para vivir con menores recursos, con menor dependencia del uso de las energías y del agua y de las economías de otros países.
Concluye aconsejando junto con Martín Evans “desarrollar nuestras capacidades para nuestras demandas […] atender lo nuestro que mucha falta hace”.
En una entrevista realizada en Plataforma Arquitectura el 29 de junio del año 2016, Aravena fue muy crítico hablando acerca de la enseñanza de la arquitectura actual. Comenta:
… lo que en general veo en la academia es un circuito de personas que depende de publicaciones, simposios y congresos, y que suelen ocuparse solo de temas que suenen muy potentes. Los problemas que de verdad importan parecieran no tener méritos desde el punto de vista académico, son muy comunes y corrientes y eso no tiene glamour. Se necesita entender y dar otra tensión a las preguntas y luego, al juzgar, entender también la real complejidad del problema y que por lo tanto debes reevaluar la forma con la cual decides si un proyecto es o no exitoso (Aravena, en Yunis, 2016).
El concepto de “sustentabilidad” lleva implícito el garantizar que podamos legar nuestro planeta a nuestros hijos y nietos en buen estado. Los especialistas han trabajado arduamente para tratar de definir los principios de la sustentabilidad, pero poco para introducir verdaderamente este concepto en los valores de la sociedad.
Para ello, la educación cumple un rol importante, junto a otras medidas que deben ser tomadas a nivel político. El cuerpo educativo, que forma profesionales y ciudadanos para desempeñarse en la sociedad local y global, tiene un papel fundamental en el desarrollo del proyecto académico de las facultades y del diseño curricular de las carreras. Desde la formación de grado del arquitecto, se podría generar esta concientización sobre los aspectos ambientales para el logro de edificios y proyectos ejemplares que demuestren principios ecológicos.
Se comparan a continuación los resultados de las encuestas realizadas en el año 2004 y el 2018 a profesores de la carrera de Arquitectura de la UAI, en las que se les preguntó qué les sugería el término “sustentabilidad” y si lo creían aplicable a su disciplina, y se les pidió que ejemplificaran. En el año 2004, en el marco del desarrollo de la tesis de maestría “Hacia una nueva formación de grado del arquitecto”[3], de los 60 profesores encuestados, el 53 % desconocía el término, del 47% restante, un 5 % lo atribuía a un término de moda, solo el 5 % relacionó el término con lo ambiental, lo social y lo económico, y el resto, a recursos renovables y energéticos. A pesar de ello, el 88 % dijo que era aplicable a su disciplina, pero solo el 25 % de los encuestados pudo ejemplificar correctamente cómo (Quallito, 2004). La misma encuesta se aplicó en marzo del año 2018 en el marco de esta tesis doctoral, y hoy ninguno de los 26 profesores encuestados dijo desconocer el término, pero solo el 75 % lo definió correctamente en relación con su significado o haciendo referencia en parte a su significado y lo aplicó debidamente a su disciplina. La mayoría de ellos referenciaron la sustentabilidad a aspectos de lo ambiental y lo social y a la economía de recursos; en menor medida, lo relacionaron con lo económico y con el compromiso ambiental (lo actitudinal), y luego la implantación y el clima, los materiales y sistemas constructivos y el impacto ambiental; los porcentajes más bajos corresponden a la eficiencia energética, el diseño, las energías renovables, el reciclado, la tecnología y el manejo del agua (Quallito, 2018). Estas cifras, en una primera observación, indican que desde el discurso el término se conoce, se entiende, y está consolidado entre la mayoría de los profesores. Se observa también la diversidad de aspectos a los que hacen referencia, a diferencia del año 2004.
Este trabajo pretende ser un camino hacia un cambio en el pensamiento proyectual, en el que pueda comprenderse la estructura compleja de la arquitectura en su relación con el ambiente desde el ámbito académico, que parta de propuestas pedagógicas integradoras y no fragmentarias, orientadas hacia una enseñanza a proyectar ambientalmente y no a ambientar proyectos. En donde los temas ambientales no se concentren en asignaturas específicas y estancas dentro del currículum en los planes de estudios de las carreras de Arquitectura, en seminarios, o solo como temas de investigación. Sino que, en los propios talleres proyectuales de Arquitectura, se trabaje desde el inicio del proceso proyectual con la concepción ambiental, para desarrollar en el alumno las actitudes y los criterios necesarios para ejercer su profesión comprometida plena y responsablemente con el ambiente, en permanente diálogo con la arquitectura.
Desde la experiencia de poco más de veinte años en docencia y en gestión académica en la carrera de Arquitectura de la UAI, se ha notado que, a pesar de la consideración de lo ambiental en la actualización periódica del plan de estudios, de poseer asignaturas específicas que consideran estas cuestiones ambientales, y de incorporar líneas de investigación y de extensión que abordan el tema, esto no resultó suficiente para alcanzar los objetivos pretendidos.
Para muchos arquitectos reconocidos mundialmente, la clave está en el diseño[4]. ¿Qué rol tendrían los talleres proyectuales de Arquitectura? ¿Cómo se incorporaría la concepción ambiental en el diseño curricular de un plan de estudios y en los talleres? En el proceso enseñanza-aprendizaje de la carrera de grado, ¿es posible lograr proyectar ambientalmente y no ambientar los proyectos?
- Junto con Martín Evans.↵
- “Cada vez son más los proyectos que buscan alcanzar la certificación LEED en nuestra región, de hecho, en algunas tipologías como ser edificios de oficinas o centros de distribución, son pocos los desarrollos que no lo eligen en la actualidad como gran elemento diferenciador que seguramente facilitará y mejorará su posterior comercialización. Las ventajas de alcanzar la certificación son múltiples, aparte de las meramente ambientales, serán edificios que reducirán significativamente sus costos operativos frente a edificios convencionales, siendo así beneficiados de un aumento de su valor inmobiliario. El objetivo principal del curso es presentar la aplicación práctica a este sistema de certificación, desde las variables proyectuales, las gerenciales y también las constructivas incluidas en cualquier proceso de certificación. Se analizarán los objetivos de cada prerrequisito y crédito, las estrategias de implementación y sus métodos de cálculo. El curso estará basado en la norma LEED para New Construction (LEED-NC: BD&C) versión 4 que regirá como única opción de certificación a partir del 31 de octubre del 2016” (SCA, 2016). ↵
- Maestría en Desarrollo Sustentable. UNLa. Hacia una nueva formación de grado del arquitecto. De la unidisciplina de las escuelas medias a la transdisciplina en los talleres integrales de Proyectación en las escuelas de Arquitectura. El inicio del aprendizaje de la Proyectación Ambiental en Arquitectura. Vicenta Quallito, 2009.↵
- En el diseño en arquitectura.↵








