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Prefacio

Uno “es” en su contexto, y el mío es excelente. Mi familia, mis amigos y mi lugar de trabajo; tres ámbitos de relaciones personales que hacen placentera mi vida.

A ellos que me ayudan diariamente, les agradezco y dedico este libro.

Mi preocupación por el tema de la enseñanza de la arquitectura empezó con mi tesis de Maestría en Desarrollo Sustentable, cuando también comenzaba mi carrera docente. El ámbito institucional en el que me desarrollaba, desde las actividades académicas hasta el equipo docente y los alumnos, permitió los diálogos y debates necesarios para sumergirme en este proceso espiralado de conocimiento entrelazado entre lo sustentable y lo ambiental, y la enseñanza de la arquitectura.

En el año 2007, comencé oficialmente en mi cargo de secretaria académica de la Carrera de Arquitectura de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). La escala de la Facultad me permitió trascender los límites del taller o el de una oficina y analizar la complejidad de la enseñanza de la arquitectura desde el proyecto académico y su implementación en los talleres proyectuales, una “mirada multiescala” de la Carrera de Arquitectura.

Entre los acontecimientos maravillosos de esta profesión, estuvo conocer al arquitecto Juan Manuel Borthagaray, tuve el honor de que fuese mi director de tesis doctoral hasta su fallecimiento el 18 de mayo de 2016. Entre asados, picadas y vino tinto, discutimos y debatimos, junto al equipo de profesores, temas de enseñanza para la carrera de la UAI. Fuera con viajes a Rosario, charlas en su hogar, café, masas y vistas hermosas desde su departamento en Recoleta hacia la Ciudad de Buenos Aires, Manolo estuvo siempre presente. A pesar de su ausencia, siempre sentí su presencia.

En esos momentos críticos de la confección final de la tesis, buscando bibliografía entre mis libros, encontré Habitar Buenos Aires, y en él su cálida, sincera y afectuosa dedicatoria. En el momento que más necesitaba un aliento, ahí estaba él, presente en sus palabras, alentándome a seguir, recordándome su presencia. ¡Qué hermoso fue disfrutarte, Manolo!

   

Simplemente gracias.

Vicenta



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