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9 Agronegocios y cuestión ambiental

Los discursos en disputa
sobre los impactos del uso de agroquímicos en los territorios pampeanos

Dolores Liaudat[1] y Natalia López Castro[2]

Introducción

En Argentina, y particularmente en la región pampeana, se desarrolló en los últimos treinta años un modelo de agricultura industrial ligado a la difusión del denominado “paquete tecnológico”, integrado por la siembra directa y los cultivos transgénicos, que implicó un uso creciente de agroquímicos, principalmente del glifosato. De la mano de este “paquete”, el volumen utilizado de este herbicida creció tan exponencialmente, que, en los últimos diez años, llegó a superar los 1.000 millones de litros, lo cual ubica al país en el primer puesto a nivel mundial en el uso de plaguicidas por habitante (10 litros por hab. por año) (UNLP, 2018).

Este modelo altamente dependiente de insumos químicos ha generado grandes impactos sociales y ambientales. Y, si bien estas problemáticas han sido objeto de numerosos estudios, fueron las acciones de diferentes colectivos académicos, movimientos sociales y ciudadanos que denunciaron los efectos de las fumigaciones con glifosato desde una discursividad socioambiental (como Paren de Fumigar, Las Madres de Ituzaingó o el Grupo de Reflexión Rural) las que lograron incluirlas en la agenda y el debate públicos.

Frente a las crecientes controversias y conflictos locales por el impacto del uso de agroquímicos, los/as promotores/as de los agronegocios desplegaron toda una serie de dispositivos de legitimación social en el plano mediático, educativo y de acción social en los territorios. A través de estas estrategias, han difundido un discurso con una fuerte vocación hegemónica consistente tanto en la defensa a ultranza de las bondades del paquete tecnológico, y particularmente del glifosato, como en la deslegitimación de los/as referentes ambientalistas y en la incorporación de una especie de “ambientalismo débil” (Pierri, 2005). Este último se basa en una recuperación acrítica de conceptos como el de desarrollo sustentable, en la individualización de la responsabilidad por los impactos ambientales (específicamente en el mal uso de los productos químicos), y en la creencia de que existen alternativas tecnológicas para enfrentar los problemas amientales (Liaudat, 2019, 2023a, en prensa).

En este contexto, el objetivo de este capítulo es analizar los discursos en disputa sobre los impactos del uso de agroquímicos, recuperando las voces de los diferentes actores sociales que conviven en los pueblos y las ciudades pampeanos atravesados, en diferentes grados, por la lógica agropecuaria. Para ello se considerarán tanto los posicionamientos de los/as actores/as[3] vinculados/as al sector agropecuario, como las miradas de la población general de pueblos y ciudades de la provincia de Buenos Aires, haciendo eje en un rasgo propio del modelo productivo dominante: el uso masivo de agroquímicos (en especial glifosato) como sostén de los esquemas productivos agrícolas. Además, se buscará identificar la forma en que caracterizan las consecuencias del modelo vigente y el peso de la problemática ambiental en sus posicionamientos. Todos estos tópicos se analizarán poniendo el foco en el peso de los discursos en disputa en la esfera pública en los posicionamientos de los/as actores/as locales.

Agronegocios y problemática socioambiental

Si bien las preocupaciones ambientales vinculadas al agro no son recientes, desde la década de 2000, se ha configurado un contexto en que, como plantean Cloquell y su equipo, la “percepción de evidencias que contradicen la inocuidad del modelo agrícola ha quebrado la homogeneidad de su aceptación, [lo que da] lugar a crecientes conflictos y acusaciones sobre la responsabilidad de quienes hacen uso de las herramientas tecnológicas” (Cloquell, et al., 2014: 125). Y ello ha propiciado la multiplicación de las investigaciones sobre los impactos sociales y ambientales asociados al modelo de agronegocios y especialmente al uso masivo de agroquímicos (Giarracca y Teubal, 2013; Lapegna, 2019; Wahren, 2016), y sobre el surgimiento y avance de procesos organizativos en los territorios en busca de respuestas a esas problemáticas.

En cuanto a los impactos socioambientales, numerosos estudios han puesto el foco en la contaminación, evidenciada por la presencia de agroquímicos en el aire, el agua y los suelos agrícolas y urbanos, y la existencia de residuos en alimentos y elementos de higiene personal (Ronco et al., 2016; Sasal et al., 2010; Villamil et al., 2013). Además, se han analizado los diferentes efectos sobre la salud de la población de los agroterritorios, tales como desórdenes reproductivos, aumentos en las tasas de cáncer y trastornos respiratorios (Avila-Vázquez et al., 2015; Aissa et al., 2014; Bernardi et al., 2015; Verzeñassi, 2014). Estos fenómenos y su interpretación no han estado libres de controversias, y una serie de trabajos se ocuparon de reconstruirlas y ponerlas en perspectiva (Skill y Grinberg, 2013; Tubio, 2019). Así como también se buscó abordar los conflictos ambientales en los territorios, dando cuenta tanto de los procesos organizativos y de acción colectiva (Berger y Ortega, 2010; Treacy, 2018) y de las posiciones que al respecto plantean los/as actores/as agrarios/as y los grupos ambientalistas (Ferrer y Cabrini, 2018), como de las respuestas ensayadas desde ámbitos estatales y organizaciones de productores (Giordano et al., 2017; Schmidt y Toledo López, 2018; Acosta, 2022; Schmidt et al., 2021; Palmisano, 2018).

Además de estos estudios que proveen elementos relevantes para comprender el contexto en que se inserta nuestro trabajo, dos grupos de antecedentes resultan de especial interés en función de los objetivos que nos hemos trazado.

El primero reúne investigaciones que han abordado la problemática socioambiental asociada a los agronegocios tomando como referencia la mirada de las personas que habitan los agroterritorios, por lo cual suponen puntos de referencia para contrastar y poner en perspectiva nuestros resultados. En esa línea, algunos estudios, como el de Cabrini et al. (2018), se han ocupado de analizar las percepciones de actores/as locales sobre los principales problemas ambientales asociados a la producción agropecuaria y las posibles políticas para abordarlos. Además, algunas investigaciones han indagado especialmente en las perspectivas de los/as actores/as agrarios/as sobre el uso de agroquímicos, como los trabajos de Liaudat (2019), donde se analizan las representaciones de los/as sujetos agropecuarios/as sobre los componentes del “paquete tecnológico” y se visibiliza la influencia de las interpelaciones ideológicas de los agronegocios, y de Liaudat, López Castro y Moreno (2021), en el cual se corrobora nuevamente un consenso mayoritario sobre el uso de glifosato entre los/as actores/as agrarios/as, pero también la existencia de un núcleo crítico que, aun en minoría y con ciertas debilidades, pone en tensión el discurso dominante.

Otros trabajos han puesto el foco en la percepción de los riesgos implicados en el uso de agroquímicos, con especial énfasis en aquellos vinculados a la salud, desde el cruce de campos disciplinarios como la salud pública y la antropología social, médica y ecológica. Staffolani y Cuesta Ramunno (2020), por ejemplo, describen las representaciones sociales de poblaciones rurales de Santa Fe sobre el riesgo para salud implicado en el uso de agroquímicos y encuentran una suerte de encrucijada entre salud y economía en buena parte de la población: la productividad y el trabajo en la población se priorizan por sobre la salud, y, en general, existe una naturalización de las patologías que podrían relacionarse con determinantes ambientales. En una línea similar, Montedoro y Butinof (2019) analizan la percepción de la población de una localidad de Córdoba sobre el riesgo asociado a la exposición a plaguicidas y señalan que los riesgos ambientales identificados son principalmente aquellos de mucha proximidad, incorporados en la cotidianidad y espacialmente cercanos. También para el caso de Córdoba, Delgado (2021) encuentra que la percepción espacialmente fragmentada de la producción (los silos están cerca, los campos donde se fumiga están lejos) condiciona los grados riesgo que se asocian a las diferentes actividades y que aquello que no se ve a simple vista o no afecta directamente a lo cotidiano es considerado menos peligroso para la salud. De todos modos, identifica que, frente a los efectos de los agroquímicos y el modo de lidiar con ellos, la población encuestada mostró tanto posturas precautorias como pragmáticas (Skill y Grinberg, 2013). Esta última, alineada con el discurso técnico dominante, se evidenció principalmente entre los/as actores/as agropecuarios/as.

Lucero (2019), por su parte, estudia el caso de una localidad de la zona núcleo bonaerense y encuentra que la evidencia científica publicada resulta de escasa relevancia en la evaluación por parte de la población de los posibles peligros asociados a la aplicación de agroquímicos, que las formas de nombrar los productos químicos (en especial el glifosato) inciden en la percepción del riesgo, y que la necesidad de continuar trabajando es un factor relevante para comprender la relativización de los efectos sobre la salud. Kunin y Lucero (2020), por otro lado, introducen la dimensión de las relaciones de género y encuentran que inciden de manera significativa en la forma de entender, afrontar y desarrollar acciones frente a los riesgos ambientales asociados a la producción agropecuaria.

Estos estudios centrados en la percepción social del riesgo en localidades específicas se desarrollan a partir de un enfoque que resulta complementario al utilizado en este trabajo, en cuanto brindan elementos para la comprensión de las representaciones sobre la salud y el ambiente a partir de los determinantes de la vida cotidiana, especialmente del peso de los vínculos sociales de cercanía en poblaciones relativamente pequeñas y con estructuras productivas fuertemente vinculadas al sector primario.

El segundo grupo de antecedentes incluye estudios que han analizado los discursos públicos de los/as voceros/as de los agronegocios, identificando sus principales tópicos y estrategias de construcción de consenso en torno al uso de agroquímicos. Fundamentalmente, esas investigaciones nos proponen un marco con el cual poner en diálogo los resultados de nuestro propio trabajo, e identificar tanto la consolidación de este discurso en diferentes actores/as sociales que conviven en las pequeñas y medianas ciudades pampeanas (estén o no vinculados/as al sector agropecuario), como los puntos de tensión que emergen y los posibles espacios de disputa de sentido.

En esa línea, Liaudat (2019 y 2023a) reconstruye las operaciones discursivas que realizan los/as intelectuales y las asociaciones de los agronegocios, entre las que se destacan las siguientes:

  1. una operación de deslizamiento, que sobrevalora el conocimiento frente a los otros recursos claves en el sistema capitalista y presenta los beneficios productivos de las nuevas tecnologías, evadiendo enunciar sus límites o consecuencias,
  2. la construcción de un interés particular como general, al sostener que estas nuevas tecnologías benefician al medio ambiente, permiten construir un modelo agropecuario más justo y ayudan a combatir el hambre en el mundo,
  3. la adjudicación de la responsabilidad de los impactos sociales de las nuevas tecnologías al mal uso de algunos/as productores/as,
  4. la recuperación de algunos planteos críticos sobre los impactos de las nuevas tecnologías, pero cambiándole su valencia (el ejemplo más paradigmático es la recuperación de una versión diluida del discurso del desarrollo sustentable plasmada en la propuesta de buenas prácticas agrícolas), y
  5. la disputa por la legitimación de los/as enunciadores/as, al denigrar a los/as representantes políticos/as y académicos/as de los discursos críticos.

Por otro lado, Espoturno y González (2017) y González (2020) dan cuenta del lugar de la cuestión ambiental en el discurso de las cámaras empresariales y asociaciones de productores. Identifican una serie de estrategias que se despliegan para afrontar la cuestión ambiental asociada al modelo productivo: la presentación de los cuestionamientos como simples percepciones, que no poseen sustento científico (en ese sentido, las autoras señalan el peso del lenguaje de la ciencia y los/as expertos/as, en cuanto lenguaje del poder, como recurso para dirimir conflictos); la asociación de las críticas al desconocimiento y falta de comprensión por parte de la sociedad (vista como algo externo) de lo que “el campo” hace; y la introducción del concepto de desarrollo sustentable asociado al modelo de producción del agronegocio. Particularmente, en el estudio de González (2020), se analizan las formas de respuesta de los sectores empresariales a la conflictividad creciente en torno al modelo productivo en un territorio específico: la localidad de Pergamino. La autora reconstruye la disputa con colectivos socioambientales, dando cuenta de dos estrategias discursivas de las organizaciones empresarias:

  1. la reivindicación de las nuevas tecnologías agropecuarias como beneficiosas para el medio ambiente, frente a la propuesta de formas de producción agroecológica que es identificada como inviable, y
  2. la defensa de las buenas prácticas agrícolas, como el mecanismo que permitiría sostener la actividad y resguardar la salud y el ambiente.

En términos generales, estos trabajos dan cuenta de la existencia de una preocupación por lo ambiental en los/as referentes públicos/as de los agronegocios, que representa tanto una forma de afrontar los conflictos crecientes, como una estrategia para asegurar la continuidad y la expansión del negocio. A continuación, se abordarán los discursos sobre los agroquímicos presentes en los territorios, prestando atención a la influencia de estas estrategias discursivas.

Metodología

Con el objetivo de analizar los discursos en disputa sobre los impactos del uso de agroquímicos en los territorios, se consideraron tanto los posicionamientos de los/as actores/as agrarios/as como la mirada de la población de pueblos y de pequeñas y medianas ciudades de la provincia de Buenos Aires, utilizando datos provenientes de la aplicación de tres técnicas de investigación (tabla 1), analizados siguiendo estrategias específicas. Cada técnica presenta particularidades que inciden en el tipo de información que genera. Por esto consideramos que, tal como sostienen Balsa y Liaudat (2020), solo la triangulación metodológica tiende a una visión más integral del fenómeno de las disputas discursivas en el marco de las luchas por la hegemonía. superando los límites de cada técnica en particular, y la posible incidencia del investigador/a en las respuestas.

Tabla 1. Técnicas de investigación utilizadas
Técnica de investigaciónLugarFechaCantidad de casosTipos de actores
Entrevistas
semi­estructuradas
Ayacucho y Baradero (PBA)2016-201842Actores/as agropecuarios/as de distinto perfil: productores/as familiares y empresariales, rentistas, contratistas, asesores/as y trabajadores/as.
Grupos focalesJunín (PBA)2019-2020Tres grupos
(20 participantes
en total)
Actores/as agropecuarios/as de distinto perfil: productores/as familiares y empresariales, rentistas, contratistas, asesores/as y trabajadores/as.
Encuesta virtual41 partidos
de la PBA
20211582Población residente en pequeñas y medianas ciudades bonaerenses.
Encuesta virtual101 partidos
de la PBA
2022922Población residente en pequeñas y medianas ciudades bonaerenses.

Fuente: elaboración propia.

Por un lado, desde un enfoque metodológico fundamentalmente cualitativo, se analizaron datos provenientes de entrevistas en profundidad y grupos focales.

Las entrevistas fueron desarrolladas entre los años 2016 y 2018 con actores/as agropecuarios/as de dos localidades de la provincia de Buenos Aires: Ayacucho (de carácter predominantemente ganadero) y Baradero (de carácter predominantemente agrícola)[4]. Se llevaron a cabo 42 entrevistas con base en un guion temático que incluía tópicos como los cambios en los modos de vida, identidad individual y colectiva, tecnologías y formas de producción y aporte del campo a la sociedad. Es de destacar que las cuestiones ambientales no estaban incluidas en el guion original, pero, ante la aparición de menciones espontáneas, se comenzó a indagar en ese aspecto de manera más puntual. El criterio de construcción de la muestra buscó contemplar la diversidad de sujetos que conviven en el agro pampeano, y que tienen fuerte presencia en los territorios locales, y no tanto la representatividad del número de cada categoría social. Se realizó un muestreo por cuotas a partir de contactos personales e informantes claves y se entrevistó a los siguientes tipos de sujetos en cada partido: pequeños rentistas (4), productores/as familiares y empresarios/as (de escala pequeña y mediana) (18)[5], contratistas familiares y empresariales (6), trabajadores/as de dirección (7), y asesores/as profesionales (7).

Los grupos focales, por su parte, se llevaron adelante en la localidad de Junín (Buenos Aires), en los meses de julio y noviembre de 2019, y un tercero en febrero de 2020. Su objetivo fue registrar las voces de diferentes actores/as agropecuarios/as para indagar en las concepciones del agro como espacio de producción y de vida y su articulación a un proyecto social más global, y los consensos y las tensiones en torno a los discursos que circulan sobre el agro. La muestra se construyó con el mismo criterio que las entrevistas, buscando abarcar la diversidad de perfiles que protagonizan la actividad agropecuaria en la región pampeana y que viven en los territorios donde producen, sin pretender que sean representativos de la totalidad del sector agropecuario juninense. Con la ayuda de informantes clave del territorio, se definió, en varias etapas, la conformación de los tres grupos. En total participaron veinte personas (repartidas en dos grupos de siete y un grupo de seis integrantes), entre productores/as familiares y empresarios/as (de escala pequeña y mediana) (10), rentistas (3), prestadores/as de servicios (2), trabajadores/as de dirección (3) y asesores/as profesionales (2)[6].

A través de las entrevistas y de los grupos focales, se buscó identificar las principales estrategias discursivas utilizadas por los/as actores/as al referirse al uso de agroquímicos y sus consecuencias, la eficacia interpelativa del discurso dominante en la esfera pública, los puntos de tensión y conflicto. A su vez, específicamente a partir de los focus, se pretendió analizar otros dos elementos relevantes para comprender cómo se presentan los posicionamientos sobre el tema en los territorios. Nos referimos, por un lado, a las formas de comunicación no verbal en instancias grupales, que permitieron dar cuenta de los modos alternativos de expresar consenso o disenso con lo dicho, y de intentar dar fuerza persuasiva al discurso. Con este objetivo se registraron elementos auxiliares del lenguaje (Ibáñez, 1979), como los elementos prosódicos (volumen y tono de la voz) y kinésicos (movimientos del cuerpo). Por otro lado, se prestó atención a los modos de interacción entre los/as participantes. Este análisis nos posibilitó indagar en la manera en que el intercambio estuvo marcado por la existencia de consensos previos o por la aparición de estos durante la discusión, en la forma en que aparecieron voces disidentes y en que las tensiones fueron resueltas. Para dar cuenta de la interacción, utilizamos herramientas del análisis conversacional con el objetivo de explicitar los recursos y los procedimientos que los/as participantes emplearon en el curso de su actividad, en especial la constitución relatada de una “voz colectiva” (Díaz Martínez, 1995).

Finalmente, para analizar los posicionamientos de la población de pueblos y de pequeñas y medianas ciudades de la provincia de Buenos Aires, se retomaron datos surgidos de dos encuestas online implementadas en mayo del 2021 y junio de 2022 a población residente en localidades bonaerenses de diferente tamaño (excluyendo los grandes aglomerados urbanos). Ambas encuestas tuvieron como objetivo captar las representaciones sociales, los sentidos y las opiniones sobre el rol del agro en la economía nacional y local, el modelo productivo actual, la dinámica social asociada a él y el rol del Estado en ese marco, entre otros tópicos. Para ello se utilizaron cuestionarios de alrededor de 60 preguntas cada uno, compuestos principalmente por preguntas de respuesta cerrada, un grupo de preguntas abiertas sobre la caracterización de los cambios sociales y productivos en el sector, y un ejercicio de respuesta frente a frases típicas de las distintas formaciones discursivas sobre el agro, presentes en la esfera pública nacional.

Los cuestionarios se administraron a muestras no probabilísticas construidas por invitación a través de redes sociales, que fueron reforzadas durante el período de relevamiento para garantizar cuotas por género, edad y nivel educativo, contemplando los parámetros de la población objetivo. En el primer relevamiento, se obtuvieron un total de 1.582 casos, y en el segundo, 922[7]. Para conformar la muestra, se consideraron todos los partidos de la provincia de Buenos Aires cuya dinámica económica se explica en diferentes grados por la gravitación de la actividad agropecuaria[8]. Por tal motivo se excluyeron las grandes ciudades (como Mar del Plata y Bahía Blanca) y los partidos que componen el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA)[9]. Por el modo en que se construyó la muestra y la modalidad de aplicación de la encuesta, es necesario considerar, al momento de proyectar los resultados, que estos reflejan las posiciones de una porción de la población predispuesta a completar formularios online para responder la encuesta.

Para el procesamiento de la información, se utilizó un programa de tratamiento estadístico de datos. Con el objetivo de lograr una caracterización más profunda de las posiciones de la población encuestada, se cruzaron los resultados de las preguntas seleccionadas con las variables “vínculo con el agro” (que distingue entre quienes tienen actividades laborales relacionadas con el sector agropecuario o familiares que las tienen, y quienes no tienen vínculo laboral ni familiar con el agro) y “tipo de relación con el agro” (que diferencia a quienes tienen relación económico-productiva –productores/as, rentistas, contratistas, asesores/as, venta de bienes y servicios específicos– de quienes tienen una relación de tipo institucional –docentes de escuelas agrarias y trabajadores/as de organismos estatales vinculados al sector– o familiar –familiares cercanos/as o personas cuyo sostén de hogar está vinculado con el agro–). De ese modo, se procuró identificar si la relación con el agro condiciona en algún sentido el modo en que se representa a la actividad agropecuaria y sus impactos, y si existen diferencias al respecto al considerar distintas inserciones en la actividad.

Los agroquímicos en los discursos de los actores agropecuarios

Diversos estudios han dado cuenta del avance a una gran velocidad, desde los años 90, de una nueva forma de desarrollar la producción en el agro pampeano ligada al uso intensivo de tecnologías industriales (Gras y Hernández, 2016; Newell, 2009; Liaudat, 2018). La mayoría de los/as actores/as agropecuarios/as pampeanos/as han adherido a esas transformaciones tecnológicas impulsadas por los agronegocios y se han apropiado particularmente de un “paquete tecnológico” altamente dependiente de agroquímicos, principalmente del glifosato. Si bien esta forma de producir ya es predominante en términos materiales, nos preguntamos si existe entre los sujetos rurales un consentimiento activo de los sentidos ideológicos que el discurso de los agronegocios construyó sobre el nuevo modelo tecnológico o si, por el contrario, podemos encontrar visiones que los cuestionen, e incluso que se atrevan a pensar, proyectar o imaginar formas de producción alternativas.

En las entrevistas realizadas entre 2016 y 2018 con actores/as agropecuarios/as de Ayacucho y Baradero, registramos la existencia de una mirada muy positiva sobre los tres componentes del “paquete tecnológico” entre los diferentes tipos de actores/as. No obstante, cabe resaltar que, en el caso del glifosato, la adhesión disminuyó un poco, existiendo algunas perspectivas que –sin cuestionar sus beneficios productivos– dieron lugar a la duda sobre sus posibles efectos colaterales. Estas miradas críticas tuvieron mayor peso entre los/as entrevistados/as vinculados/as a la ganadería o a la producción familiar diversificada, quienes –por el perfil de su actividad– consideramos pudieron preservar cierta distancia y esbozar una mirada más crítica sobre los impactos socioambientales asociados al modo de producción agrícola predominante.

Por otra parte, en los grupos focales realizados en 2019 y 2020 con diferentes actores/as agropecuarios/as de Junín, los posicionamientos sobre los agroquímicos fueron abordados utilizando como disparador un fragmento de programa televisivo en el cual se presentaban, desde una perspectiva socioambiental, las problemáticas de contaminación y de afectación a la salud humana vinculadas al uso de esos productos[10]. Aun cuando en los grupos focales había posibilidad de permanecer en silencio, la temática suscitó una participación activa del conjunto de los/as participantes, que interpretamos como indicio claro de su relevancia. En este caso también se observó el predominio de una mirada positiva sobre el glifosato y la existencia de un pequeño grupo de voces que se atrevieron a plantear la posible existencia de efectos negativos. Al igual que en las entrevistas, estas voces críticas nacieron de actores/as más vinculados/as a la ganadería o la producción diversificada.

A continuación, damos cuenta de los discursos defensores y críticos del glifosato presentes entre los/as actores/as agropecuarios/as y de las lógicas de construcción de consensos grupales al respecto.

La defensa del glifosato

Al indagar en los discursos de los diferentes tipos de actores/as agropecuarios/as sobre los agroquímicos implicados en la producción, se identificó, en términos generales, una apropiación muy fuerte de los sentidos construidos por el discurso de los agronegocios al respecto. Especialmente al preguntarles por el glifosato, gran parte de los/as actores/as consultados/as respondieron a través del uso de una serie de estrategias discursivas que, tal como se ha identificado en otros estudios (Espoturno, y González; 2017, Liaudat, 2019), son difundidas por los/as voceros/as del modelo en la esfera pública. Estas estrategias se enmarcaron en dos tipos de posicionamientos[11]:

  1. aquellos que plantearon una defensa total del glifosato desde una retórica monológica, que no reconoce ninguna validez a los planteos del discurso socioambiental, y
  2. aquellos que plantearon una defensa negociada (o con concesión) desde una retórica dialógica, que reconoce algunos de los problemas que el discurso socioambiental enuncia, pero disputa las causas de estos o la posibilidad de alternativas.

Como veremos a continuación, al interior de estos posicionamientos, se identificaron diferentes tipos de estrategias discursivas, que se encuentran resumidas en la siguiente tabla.

Tabla 2. Estrategias discursivas de defensa del glifosato

Tipo de defensa
Total
(discurso monológico)
Con concesión
(discurso dialógico)

Estrategias discursivas

Defensa por sus beneficios productivos y por su inocuidad.El problema es el mal uso por parte de algunos/as productores/as.
Descrédito de los/as enunciadores/as del discurso socioambiental.La producción con glifosato como la única posible.

Fuente: elaboración propia.

Los posicionamientos que plantearon una defensa total del glifosato, sin reconocer ningún tipo de validez a los argumentos críticos, se centraron en dos estrategias discursivas. Por un lado, se asoció el uso de este herbicida a una serie de beneficios productivos y se resaltó su inocuidad. En sintonía con los principales argumentos utilizados por los/as voceros/as públicos/as de los agronegocios, encontramos, entre nuestros/as interlocutores/as, referencias sistemáticas a las bondades de este producto. Los/as entrevistados/as valoraron la posibilidad de producir más con (inicialmente)[12] menores costos y el trabajo más sencillo que supuso la introducción del glifosato: “… realmente simplificó las labores, menos tractores, menos potencia por hectárea, menos gente por hectárea, menor inversión” (empresario mediano-grande agrícola, Baradero, 2017), al punto de considerarlo una salvación: “aplicabas un solo producto y [la solución] fue mágica, mataba todo y dejaba solo la soja” (ingeniero agrónomo, asesor, GF 1, Junín, 2019). Además, el uso del glifosato fue asociado a la posibilidad de realizar nuevos cultivos, que modificaron el perfil productivo de las zonas en las que se lo comenzó a aplicar, como surge de este testimonio:

El glifo para mí fue una revolución cuando salió, fue una cosa espectacular. Acá en Ayacucho teníamos gramilla en todos lados, no podíamos sembrar maíz, no podíamos sembrar alfalfa, hoy tenés alfalfa que te producen 800 kilos de carne por ha, y antes del glifo no lo podías hacer (empresario mediano-grande ganadero, Ayacucho, 2017).

En las palabras de estos/as actores/as, se observa cierta obnubilación con el glifosato, asociándolo, del mismo modo en que lo hace el discurso dominante, con una “receta mágica” que llegó para simplificar la producción (Liaudat, 2019). En ese sentido, la exaltación de los resultados económicos y productivos aparece como una barrera para el planteo de posiciones críticas:

… al poder usar el glifosato para matar maleza que te competían con los cultivos, pasamos a producir cuatro o cinco mil kilos más… Hoy, si te acompaña el tiempo, [se pueden lograr] diez mil kilos de maíz, entonces no podemos estar en contra de esas cosas (empresario contratista, Ayacucho, 2017).

Si bien en estos tópicos visualizamos la influencia del discurso de los agronegocios, es relevante señalar que la adhesión a las bondades técnicas y económicas del glifosato también se ancla en ciertos beneficios materiales que los/as actores/as corroboraron en sus prácticas productivas en el corto plazo (simplificación de las labores, utilización de menor cantidad de combustible y herramientas). Es que resulta innegable que el glifosato (en el marco del “paquete tecnológico”), en un comienzo, trajo soluciones a problemas que el sistema tradicional no estaba pudiendo resolver, y, tal como lo sostuvieron Cáceres et al. (1999), el mundo de los/as productores/as agropecuarios/as es un mundo fenoménico y concreto regido por hechos y sucesos tangibles, observables y distinguibles unos de otros.

Pero la defensa total del glifosato también se centró en resaltar su inocuidad. Muchos/as entrevistados/as desacreditaron las críticas a partir de la contrastación empírica que les daría su propia experiencia. De esta manera, nos encontramos con narraciones que, usando como referencia la trayectoria personal y de terceros en la actividad agropecuaria, no registran evidencias de efectos nocivos del glifosato sobre la salud, ya que, en sus propias palabras, han “visto gente convivir con el glifosato durante 20 años y no le ha pasado nada” (empresario mediano grande agrícola, Baradero, 2017). En ese mismo sentido, uno de los/as entrevistados/as planteaba:

No me consta lo malo que son para la salud los agroquímicos, no me consta, parece una barbaridad lo que digo, porque he estado siempre en contacto, conozco un montón de gente que ha estado en contacto directo [y no sufre problemas de salud] (empresario pequeño agrícola, Baradero, 2017),

Mientras que otro, resaltando su propia experiencia, señalaba:

Glifosato se usa hace más de 40 años, yo era chico cuando el glifosato se pasaba con la famosa soguita, que era altamente concentrado […] y andabas con una botella con el glifosato y un guante como el que se usa para lavar los platos con una esponja… y yo a esa gente la sigo conociendo y no tiene cáncer (rentista y productor porcino, GF 2, 2019).

En este tipo de relatos, se buscó desacreditar el discurso socioambiental desde el lugar de autoridad que les da a los/as actores/as su propia trayectoria histórica en el sector. Es un tipo de argumento que esboza un criterio de verdad a partir de lo que los/as actores/as “ven” en sus experiencias personales y del entorno. Es que, tal como señalamos antes, el mundo de los sujetos agropecuarios es un mundo fenoménico regido por hechos observables. No obstante, también parecería existir una acción ideológica deliberada que opera en la activación selectiva en los discursos de estas personas de los episodios de los que han sido testigos o sobre los que han escuchado. De acuerdo a Van Dijk (1999: 116), las personas tienden a activar en sus discursos las representaciones sobre episodios (las fumigaciones con glifosato en este caso) que resultan consistentes con aquellas actitudes del grupo del que forman parte. Inversamente, se pueden “olvidar” o, de otro modo, suprimir, las narraciones (de la experiencia propia o de lo que han leído o escuchado) que conforman proposiciones negativas sobre su propio grupo y su accionar.

El otro recurso utilizado por los/as actores/as agropecuarios/as para defender la inocuidad del glifosato fue la comparación. Una operación retórica empleada en reiteradas ocasiones por los/as promotores/as de los agronegocios para defender a este producto. Nuestros/as interlocutores/as compararon los impactos del glifosato con otros productos de uso en la vida doméstica, haciendo especial énfasis en los insecticidas de uso habitual, considerados “mucho más áspero[s] que el glifo” (trabajador de dirección, Baradero, 2018). Por ejemplo, una de las entrevistadas sostenía:

Hay muchos otros [productos] de los que no se habla que son muchísimo más perjudiciales, o que pueden llegar a ser perjudiciales, como es un insecticida. De hecho, el Raid que usamos todos los días en mi casa es mucho más, creo yo, es mucho más perjudicial que el glifosato (ingeniera agrónoma, asesora, Baradero, 2017).

En la misma línea, en uno de los grupos focales, se planteaba: “¡Cuántos productos peores que el glifosato [hay]! Tenés insecticidas…” (ingeniero agrónomo, asesor, GF 1), “esto [agarra un paquete de azúcar de la mesa] está haciendo peor a los chicos [que el glifosato]” (empresario contratista y vendedor de maquinarias, GF 1, 2019).

A su vez, utilizaron el recurso de la comparación con otras actividades productivas, especialmente con la horticultura, resaltando la mayor peligrosidad de los productos que se emplean en ese rubro y las implicancias por tratarse de alimentos de consumo directo. Así lo señalaban dos de los/as entrevistados/as: “Hay cosas mucho más tóxicas que el Roundup, por ejemplo, un insecticida que se tira en una acelga que estamos comiendo a los 4 o 5 días…” (productor familiar, Baradero, 2017), “los horticultores usan el clorpirifós, que en la agricultura se usa como último recurso ante una plaga. En la horticultura se utiliza y ni siquiera se respetan los tiempos [de carencia]” (pequeña empresaria agrícola, GF 3, 2020).

A través del uso de la comparación, se produce una operación discursiva de “deslizamiento” en términos de Balsa (2006), al no centrar el planteo en las características propias del glifosato, sino en las de otros productos o actividades. La fuente de los riesgos se diversifica, y se diluye la centralidad del glifosato como problema.

Por otro lado, también en el marco de la posición de defensa total del glifosato, se buscó desacreditar a los/as emisores/as del discurso socioambiental. Las críticas al impacto del glifosato en la salud y el ambiente han llegado a los/as actores/as agropecuarios/as en la mayoría de las ocasiones a través de los/as voceros/as de los agronegocios, y, por ende, han conocido dichas críticas mediadas por toda una serie de estrategias de deslegitimación. En las entrevistas y los grupos focales, se registró una importante influencia de esas estrategias en los/as actores/as agropecuarios/as, a través de la apropiación y reproducción de dos argumentos que suelen repetir los/as promotores/as del modelo. Nos referimos a la adjudicación a los/as ambientalistas de intereses ocultos o políticos, y de sostener posiciones basadas en el desconocimiento o la desinformación (Espoturno y González, 2017; Liaudat, 2019).

Con relación al primer argumento, fue frecuente escuchar, por un lado, reflexiones que caracterizaban los “ataques” al glifosato como tendenciosos y direccionados políticamente, asociados a “una bandera política o ideológica”. Como lo planteaba uno de los/as entrevistados/as, “(el) debate respecto a que el glifosato es una mala palabra es más una cuestión política que lo que se pudo demostrar” (contratista 2, Baradero, 2017). E incluso se identificó la existencia de una acción política organizada, en algunas ocasiones poco especificada partidariamente:

Yo percibo que hay un movimiento político y social que está en contra de esto, no me cabe duda, hasta activistas, pero ya te digo no me consta, y si vos escuchás los fundamentos de ellos, a la mayoría de la gente común convence, pero a los que estamos muy compenetrados en el tema este, no (pequeño empresario agrícola, Baradero, 2017).

En otras ocasiones, relacionada directamente con un sector político-partidario: “Fue toda una campaña que hubo en contra del sector agropecuario fomentada por el gobierno [kirchnerista]” (empresario mediano-grande agrícola, Baradero, 2017). Así también fue recurrente la vinculación de las posiciones críticas a “algún interés” (poco especificado) o a “intereses creados por otros motivos que es imposible saber cuáles son” (contratista, Ayacucho, 2017), pero que, en todos los casos, eran contrarios al sector agropecuario. En esa línea, una participante de los grupos focales señalaba que los planteos que se reponían desde el programa de televisión utilizado como disparador reforzaban sentidos negativos asociados al sector y especialmente a los/as productores/as y su responsabilidad: “[…] ese programa [en relación al video proyectado en el focus] fue también medio tendencioso, a veces con una cierta… malicia para el sector. Porque la culpa cae en el productor” (productora familiar mixta, GF 3, Junín, 2020).

Estos testimonios realizan una determinada evaluación subjetiva de la situación (el evento comunicativo) en que se produce el discurso crítico al glifosato. Es decir, del “modelo de contexto”, en términos de Van Dijk (1999), que opera en la identificación de un discurso como una opinión en contraposición a lo que se incorpora como saber (por la experiencia en el sector, por la formación científica). En este caso dicha evaluación determina intereses políticos en los/as voceros/as socioambientales desde un presupuesto de la política o lo político como algo negativo, o como expresión de una mirada sesgada, poco objetiva. En algunos casos se habló de lo político en abstracto y en otros directamente existió una referencia al kirchnerismo como responsable de discursos que consideran erróneos, un aspecto que se vincula con el fuerte peso de la “grieta política” en los discursos en disputa sobre el sector en esos años (Liaudat, 2023b).

El otro argumento que también se enfocó en disputar el “modelo de contexto” consistió en remarcar el desconocimiento y la falta de sustento de los discursos críticos. Al respecto se resaltó la existencia de “desinformación apuntando hacia el glifosato” (productora familiar mixta, 200 ha, GF 2, Junín, 2019), que “hay gente que está tomando cartas en esto y no tiene ni idea” (empresario mediano agrícola y contratista, Baradero, 2017) y que esas posiciones además son difundidas por los medios de comunicación, como lo señalaba uno de los/as entrevistados/as:

La otra vez en Intratables estaban tratando el tema del glifo y me daba risa porque hablan muchos sin tener idea. Hay productos mucho más nocivos para el ambiente y para nosotros que el glifo y nadie les da pelota (ingeniero agrónomo, contratista, Ayacucho, 2017).

Es decir, el desconocimiento se fundamentó principalmente en que habría gente que opina sobre el tema sin conocer realmente cómo funciona el producto y cómo es utilizado en el sector.

Pero, además, se hizo hincapié en que la falta de rigurosidad alcanza también al ámbito académico. Por ejemplo, un entrevistado decía al respecto:

La Universidad de Rosario, la de Medicina, sale a decir que [el glifosato] produce cáncer, ¿por qué? Porque van a un lugar y preguntan “¿Vos tenés cáncer? Y estás cerca de un campo”, y listo… Es un disparate lo que hacen, aparte son chicos que están estudiando con nada de rigor científico (empresario mediano-grande agrícola, Baradero, 2017).

En este punto, la refutación al trabajo del investigador de CONICET Andrés Carrasco sobre la incidencia del glifosato en la ocurrencia de malformaciones fue particularmente categórica, lo que denota la incomodidad que generó su investigación al interior del sector. En las entrevistas, las referencias intertextuales a su estudio salieron frecuentemente, aun cuando no fue un tema sobre el que preguntamos. Al respecto nos decían: “Un estudio muy grande que se hizo en algún momento decía que les aplicaba el glifo a los embriones, ¡claro, si le aplicas nafta, también lo vas a matar!” (ingeniero agrónomo y asesor 1, Ayacucho, 2017), “El flaco de CONICET que metió embriones de anfibio en una solución de glifosato, si esos embriones de anfibio los metías en gasoil, directamente no eran que era cancerígeno, ¡se morían! En una solución salina, también, ¡es una locura!, de ahí se agarraron muchos para demonizar al glifo…” (empresario mediano grande agrícola, Baradero, 2017).

En los grupos focales donde se proyectó un video disparador en el cual aparecía Carrasco, el rechazo se hizo evidente en las verbalizaciones de los/as participantes, pero también en los gestos y las actitudes corporales durante la proyección e inmediatamente después. Durante la proyección aparecieron gesticulaciones descalificatorias ante la aparición del Dr. Carrasco, movimientos de negación con la cabeza y gestos que reforzaban el fastidio. En relación con las verbalizaciones, la autoridad de quien realizó la investigación fue impugnada desde una serie de referencias y predicados desaprobatorios, como se puede observar en los siguientes ejemplos:

Es imposible no reírse… Vos agarrás un roedor y le inyectas cualquier cosa (como jugo de naranja)… Es un delirio, es un delirio, el CONICET no va a dejar que este flaco publique eso porque es un papelón… Si lo digo yo, vos me vas a decir, pero vos sos vendedor de Roundup, por eso no puedo hablar… El desconocimiento, lo tendencioso, lo invalida completamente (ingeniero agrónomo, asesor, GF1, Junín, 2019).

Yo la leí a la investigación de Carrasco, y tiene bastantes… no errores, pero sí como una tendencia a desviar la información. Si agarramos una cajita Petri y le ponemos unas gotitas de lavandina, de acuerdo a la concentración de cloro, vas a tener un efecto seguro, sea glifosato o lavandina (ingeniera agrónoma, asesora, GF3, Junín, 2020).

Prácticamente, todos/as quienes buscaron deslegitimar el trabajo de Carrasco eran actores/as con formación profesional. En todos los casos, la disputa de la credibilidad del informe se realizó desde la misma cadena equivalencial utilizada por las usinas ideológicas de los agronegocios: los resultados del informe del investigador de CONICET son los mismos que lograría si metiera un embrión en cualquier otro producto tóxico de uso cotidiano (nafta, gasoil, lavandina). Bajo la forma de una descripción, introdujeron una metáfora que produce un deslizamiento que evade la rigurosidad de la lógica. Esto da cuenta de cómo se pueden imponer determinadas significaciones a través de una serie de frases cristalizadas.

El segundo grupo de posicionamientos que identificamos sostuvieron una defensa negociada del glifosato (es decir, desde una posición dialógica que implica cierto reconocimiento al discurso crítico) y se centraron también en dos estrategias discursivas: una que asocia el problema al mal uso de los productos y otra que sostiene, aun con sus dilemas, a la producción de altos insumos como la única posible.

La primera estrategia se articuló en torno a la responsabilización de los efectos negativos del glifosato en el mal uso que hacen algunos/as productores/as, una operación discursiva utilizada cada vez con más fuerza por los/as promotores/as de los agronegocios. Estos/as actores/as, en su vocación hegemónica, han construido un discurso sobre las buenas prácticas agrícolas (BPA) por medio del cual reconocen lo que ya no se puede ocultar: los impactos negativos de la forma predominante de producción. Pero depositan la responsabilidad de dichos impactos en los individuos, en sus modos más o menos responsables de producir, y no en el modelo (Liaudat, 2023a). En línea con lo señalado por González (2020), la referencia a las BPA y su certificación constituye una herramienta que permite tanto dar cuenta de cierta preocupación por el medio ambiente y demostrar el buen uso de los agroquímicos ante sectores de la sociedad no involucrados en la producción (y generadores de las críticas al modelo), como sostener la forma de producción sin cambios radicales.

Tanto en las entrevistas como en los grupos focales, fueron recurrentes entre los diferentes tipos de actores/as agrarios/as afirmaciones que vincularon los impactos negativos a un uso incorrecto de este agroquímico. Así, se señaló que “el tema es usarlo bien” (ingeniero agrónomo y trabajador de dirección, GF1, 2019), porque “bien usado no tienen problema” (contratista, Baradero, 2017). En esa línea, se puso énfasis en la necesidad de tomar precauciones y tener actitud responsable, como lo planteaban una productora –“El tema es [hacer] todo con buenas prácticas agrícolas y con conciencia” (productora familiar mixta, GF 3, Junín, 2020)– y un asesor técnico –“Otra cosa que hay que tener en cuenta son las buenas prácticas, o sea, hacer las cosas con conciencia, las fumigaciones con conciencia, no dejar los bidones tirados en cualquier lugar…” (asesor INTA, Ayacucho, 2017)–. Y también en buscar estrategias para sostener el uso haciendo resguardo de la seguridad y la salud:

Hay que saber usarlo, el que lo aplica tiene que tomar las precauciones […] va todo en cómo lo aplicamos el cuidado que tenemos que tener cerca de un pueblo, cerca de una escuela tiene sus cosas, pero, bueno, no lo podemos evitar (pequeño empresario ganadero, Ayacucho, 2017).

En algunos casos nuestros/as interlocutores/as profundizaron en los motivos de la mala praxis. En general, fueron actores/as con formación profesional quienes intentaron dar alguna explicación al respecto, señalando como causa del mal uso del glifosato la resistencia de muchos/as productores/as a pedir asesoramiento profesional:

Como ha habido abundante información, cualquiera dosificaba glifosato, o sea, entonces, un gaucho miraba, googleaba y tiraba […]. Pero no era un técnico especializado en decir “Che, no, en vez de 2 litros, usá 1,2, porque vamos a generar resistencia”, olvidate. Entonces hoy estamos pagando justamente eso, se han generado resistencias también por el hecho de no contratar a un asesor (ingeniero agrónomo y asesor 2, Ayacucho, 2017).

O directamente se apuntó contra el Estado por la falta de una regulación adecuada en el uso de este producto o de una “política seria” para el sector:

Para mí el problema no son las cosas puntuales como el glifosato, para mí es el uso. Es la mala praxis, es la simplificación, es hacer cosas mal hechas durante mucho tiempo consecutivo hoy te llevan a esto. […]. Y creo que eso viene marcado por un Estado, o por una política general que no tiene una política agropecuaria seria a largo plazo. Y dentro de eso, el Colegio de Ingenieros Agrónomos, por ejemplo, no está marcado en ningún lado (ingeniero agrónomo, trabajador de dirección, Baradero, 2017).

El problema más grande de la Argentina es que no dejamos de ser un país bananero y pasamos de la liberación de todo a la restricción, hacemos lo que queremos, nunca hay un término medio, un control, un uso consciente de lo que usamos y de las tecnologías que tenemos (ingeniero agrónomo y empresario mediano mixto, GF 2, Junín, 2019).

En estos relatos existe un diagnóstico compartido respecto de “la ausencia de control estatal” como una causa fundamental de los problemas derivados del uso del glifosato. Nuevamente, podemos advertir una operación de deslizamiento que diluye las responsabilidades del sector. Se presupone en estos discursos que la solución es un Estado que establezca reglas claras. Sin embargo, ante la efectiva intervención estatal a través, por ejemplo, de la regulación de las distancias para las fumigaciones (ensayada en muchos municipios), existió una importante resistencia al interior del sector (Lucero, 2019; González, 2020). Entonces, la demanda de control estatal entre actores/as agropecuarios/as con posiciones fuertemente liberales respecto del Estado (Moreno et al., 2020) podría vincularse más bien al presupuesto propio del discurso liberal-conservador que señala que el Estado debe generar ciertas condiciones básicas para permitir el desarrollo del sector privado, pero sin implementar “trabas” económicas. Es que, en general, la preocupación de nuestros/as interlocutores/as por el “mal uso” no parecería tener que ver con la contaminación del ambiente y la salud, sino con la necesidad de un uso regulado del glifosato que evite la aparición de malezas tolerantes o resistentes, que a la larga generan la reducción de sus tasas de ganancia.

La segunda estrategia, en el marco de la defensa negociada o con concesión, consistió en sostener al glifosato como eje del único modo de producción posible. Tal como lo sostiene Therborn, la última trinchera en las disputas ideológicas, luego de plantear “lo que existe” y “lo que no existe” (en este caso cómo es el glifosato y sus “reales” consecuencias), “lo que es bueno, correcto y justo” (en este caso las buenas prácticas agrícolas), consiste en disputar “lo que es posible e imposible” (1991: 15-17)[13]. En los relatos de la mayoría de nuestros/as interlocutores/as, más allá de que algunos/as de ellos/as plantearon algunas críticas a los impactos del glifosato, se observa la creencia de que es el único modo de hacer agricultura en la actualidad, que hay una imposibilidad práctica de una alternativa mejor. No obstante, distinguimos al interior de este planteo diferentes tipos de argumentos. Por una parte, quienes sostuvieron que es el único modo de garantizar el nivel de producción que necesita Argentina. En ese sentido se expresaba una productora:

Hay que decir que sin agroquímicos la producción es inviable, creo que nadie quisiera usar agroquímicos acá, pero es inviable. Si se quiere producción y hoy el campo es una caja extractiva por la producción de soja, sin agroquímicos no va (productora familiar mixta, GF2, Junín, 2019).

Y también el encargado de producción de una empresa:

El tema es cómo hacer para producir sin glifo ahora con la intensidad que se produce. Un ejemplo, antes una hectárea de maíz rendía 3 mil kilos y hoy entre 8 y 10 mil kilos […]. Sin glifo eso no se puede lograr. Si hace mal el glifo, no sé, sacar el glifo y poner algo que lo suplante y que no sea malo, [pero] no hay todavía […]. [Entonces] ¿cómo hacemos? ¿Cómo hacemos para producir más sin glifo? (encargado de producción, Ayacucho, 2017).

Por otra parte, encontramos justificaciones que recuperaron tópicos centrales del discurso moral de los agronegocios. Siguiendo a Córdoba et al. (2023, en prensa), esa discursividad ensambla lo productivo y lo social a través de la presentación de la producción con agroquímicos como un modelo deseable para el progreso del conjunto social. Esto lo podemos registrar en las voces de nuestros/as interlocutores/as en un doble sentido: la necesidad de utilizar el glifosato para producir los alimentos que requiere el mundo y, paradójicamente, también para el cuidado del ambiente:

Porque entonces, si todos hiciéramos, suponete yo me pongo a hacer, como te digo, todo ecológico, no uso herbicidas, no uso nada, voy a producir menos. Si produzco menos y todos producimos menos, las cosas valen el doble. Estamos hablando de alimentos, entonces si los alimentos valen el doble o el triple, porque van a valer el doble o el triple, entonces van a producir todos menos, no es una respuesta para la sociedad […]. Entonces, ¿qué te quiero decir? Que es al revés de lo que uno cree. La defensa, para mí, del hábitat y de lo poco que queda natural y de cuidar el medio ambiente es hacer con la mayor tecnología posible, bien hecha en los lugares específicos, para cada cosa (ingeniero agrónomo, comerciante y asesor, Ayacucho, 2017).

Nosotros fabricamos alimentos para 400 millones de habitantes en Argentina, si pueden comer 400 millones con los alimentos que fabricamos, muchos pueden comer gracias a que existe un glifosato que te abarata los costos, cuando el glifosato siga perdiendo efectividad, y se empiecen a utilizar otras combinaciones que se están empezando a usar que son más caras, los costos de los alimentos van a subir y va a haber o menos alimentos o más caros ¿Por qué? Porque parte de la agricultura donde se podía producir con un margen porque gracias que le tiraba glifosato, aunque fuera poco te daba ganancia. Si tenemos que utilizar combinaciones de herbicidas, elevamos los costos, los números no son rentables, y tenemos que dejar de producir (empresario contratista 2, Baradero, 2017).

En estos testimonios se observa la creencia en la tecnología como generadora de soluciones para problemas que son de tipo social. A su vez, se entrelaza el discurso moral con argumentos netamente económicos, particularmente en las menciones al aumento del costo de producción que implicaría producir sin glifosato.

Por último, en otro sentido, nos encontramos con quienes sostienen, desde la resignación, que, si no utilizan el glifosato, quedan fuera de la producción:

… el tema herbicida, si bien es discutido por lo ecológico, para el chacarero es indispensable, si vos me decís que siembre sin herbicida, yo no siembro. ¿Por qué? Porque tenemos que lograr rindes, y, si no matas malezas, no tenés rindes. Y los herbicidas, los escucho, envenenan a la gente. Sin herbicida desaparezco, no soy chacarero. A mí me ponen como que enveneno a la gente. Entonces no soy chacarero si no enveneno a la gente, es una contradicción. Yo necesito rinde y para tener rinde necesito trabajar toda la tecnología de punta, dejando de lado si es malo, que eso no puedo definirlo yo. Si es malo, no habrá que hacerlo más, [pero] un país que se derrumba si no se siembra más. Esas son las contradicciones (contratista familiar, Ayacucho, 2017).

En este relato, si bien se da lugar a la duda sobre algún posible impacto del glifosato en “lo ecológico”, nos encontramos con la clara identificación del “paquete tecnológico” como la única forma viable de producción. En lugar de problematizar las causas sociales que llevan a la desaparición de los chacareros chicos, este contratista señala que la única forma de seguir en la producción tiene que ver con adoptar las tecnologías de punta del modelo de los agronegocios.

Las lógicas de construcción de los consensos grupales

Para complementar el análisis de las posiciones de los/as actores/as agropecuarios/as sobre los agroquímicos, resulta de interés recuperar las lógicas de construcción de consensos grupales que pudimos analizar a través de los grupos focales. La riqueza de esta técnica de investigación consiste en que nos permite analizar los procedimientos mediante los cuales los/as participantes, en situaciones de interacción social, constituyeron lo colectivo, de qué modo lo utilizaron, y cuáles fueron los discursos dominantes en ese ámbito grupal específico.

El alto nivel de consenso con el discurso de los agronegocios sobre el glifosato apareció con claridad en los grupos focales principalmente porque, en torno a este tema, se conformaron “voces colectivas”. Nos referimos, siguiendo a Díaz Martínez (1995), a la organización secuencial de la narración a través del complemento mutuo de afirmaciones. A diferencia de las otras temáticas que se abordaron en los grupos de discusión, fue llamativo cómo con relación al debate sobre el glifosato se activaron procedimientos discursivos para conformar posiciones colectivas.

Para ejemplificar, traemos un fragmento del intercambio que se generó en el GF1 al finalizar la proyección del video, y que permite observar cómo se van amalgamando o complementando las diferentes estrategias discursivas que antes señalamos a través de la participación de seis de los siete participantes del grupo:

—Yo creo que esto es re dañino [en relación con lo que dice el video], es lo que hablamos al principio… ¡Le echaban la culpa del cáncer a una planta de procesamientos de semillas! […]. Porque es una planta que iba a poner Monsanto ahí, pero es una planta de procesamientos de semillas (participante 2, asesor).

—[Interrumpe al 2 socarronamente) ¡Se había instalado el mundo contra Monsanto! (participante 5, contratista y vendedor de maquinarias).

—En el centro de Córdoba, cuánta exposición pueden tener al glifosato las personas (participante 2, asesor).

—¡Aparte cuántos productos peores que el glifosato! Tenés insecticidas… (participante 3, contratista).

—[Interrumpe] En la vida cotidiana, tenés miles de riesgos (participante 4, rentista).

—El ejemplo es… [no puede imponer su voz] (participante 5, contratista y vendedor de maquinarias).

—El tema es usarlo bien (participante 7, ingeniero agrónomo y trabajador de dirección).

—Como todas las cosas (participante 2, asesor).

—El ejemplo más práctico es el que lo aplica, yo conozco gente que hace más de 30 años que lo aplica y saca la pastilla [imita la acción] y sopla… Tiene hijos, nietos (participante 5, contratista y vendedor de maquinarias).

—Yo he aplicado desde los 15, 16 años hasta hace dos o tres años y lidié toda la vida entre fumigadores, no sé cuánto más viviré, pero llegué hasta los 61 años” (participante 6, productor mediano).

—[Hace un chiste a las carcajadas] tan deformado no estás (participante 7, ingeniero agrónomo y trabajador de dirección).

[Sonrisas o risas de todos]

—No se te ve tan mal [carcajadas] (participante 3, contratista).

—Tan mal no… (participante 6, productor mediano).

—Yo creo que, hablando de lo social, creo que hay más deformaciones en la gente que está excluida que tiene acceso a otro tipo de alimentación, que no tiene acceso a otras cosas, los ves por las calles y son flaquitos… (participante 5, contratista y vendedor de maquinarias).

—Esto [agarra un paquete de azúcar de la mesa] está haciendo peor a los chicos (participante 2, asesor).

—[Asiente con la cabeza] Las gaseosas, los jugos esos que venden… (participante 5).

En este fragmento visualizamos el modo en que se van complementando las afirmaciones, construyendo una única y misma voz que parece expresar un consenso unívoco en contra del discurso socioambiental. Este apoyo mutuo se observa no solo desde intervenciones verbales, sino también en las diferentes formas de comunicación no verbal implicadas. Hacemos referencia a elementos auxiliares del lenguaje como las risas y sonrisas, el acompañamiento gestual para dar fuerza interpelativa a las afirmaciones y el asentimiento a lo que dicen otros/as con el movimiento de cabeza.

Pero el modo más claro en que se identifica cuáles son los discursos hegemónicos sobre los agroquímicos en los territorios es la forma en que se reaccionó a la disidencia. A pesar de los modos indirectos y matizados en que se presentaron las críticas y de que el contenido mismo de la argumentación no postuló un paradigma opuesto al dominante, fue notoria la reacción contundente, de incomodidad, de la mayoría de los/as participantes frente a la introducción de argumentos no completamente alineados con el consenso mayoritario.

Para ejemplificar, reconstruimos lo sucedido en uno de los grupos (GF2). En la primera intervención, luego de la proyección del video, uno de los integrantes formuló, en tono de broma, la “suerte” que implicaba que sus hijos hubieran nacido “sanos”. A continuación, otro participante contó su experiencia con malformaciones de terneros asociadas al uso de glifosato. La reacción de la mayoría del grupo fue puntualizar a este último algunas inconsistencias y cuestionamientos a su argumentación. A partir de allí, tres participantes (de los cinco que aún no habían intervenido) iniciaron un diálogo entre ellos/as, en el que discutieron lo dicho e interrogaron al integrante respecto de qué tipo y cantidad de producto había usado, si lo había combinado con otros, etc., para desplazar el posible problema a la combinación o el uso de otros productos. Reproducimos un fragmento de este diálogo:

—[Al unísono] ¿Solo glifo le pasaste? (participante 3, trabajador jubilado y participante 4, ingeniero agrónomo y productor agrícola ganadero, 500 ha).

—Glifo y 2,4 D (participante 6, productor ganadero agrícola, menos de 200 ha).

[Tres participantes asienten con la cabeza, identificando ahí el problema]

—Ahí está el problema (participante 2, productora ganadera, 200 ha).

—Yo eso iba a preguntar, porque yo ya hace muchos años que… (participante 3, trabajador jubilado).

—Ahí está el problema, no en el glifo. Los hormonales son peligrosos, el glifosato no (participante 4, ingeniero agrónomo y productor agrícola ganadero).

—Ese es el problema (participante 2, productora ganadera, 200 ha).

Este fragmento nos permite ilustrar la dinámica de conformación de una “voz colectiva” para descalificar el planteo crítico inicial a través de la búsqueda de contradicciones en su argumento. Esta reacción contra la disidencia buscó “dejar en claro” cuál es la “verdad” sobre el glifosato. Según Balsa (2020), en las luchas por la hegemonía, se intenta desarticular un significante de la red en la que se encuentra articulado para rearticularlo en otra red. En este caso se procuró disociar al glifosato de las malformaciones de los terneros para articularlo a la cadena de significados que antes señalamos, basadas en resaltar su carácter inocuo y sus beneficios productivos. La contundencia de la respuesta dejó sin posibilidad de defensa a quien planteó el cuestionamiento.

Asimismo, es clave remarcar que quienes sostuvieron la posición predominante utilizaron también en los diferentes grupos de discusión recursos no verbales para “hacer entender” a quienes plantearon la disidencia que estaban equivocados. Entre los elementos auxiliares del lenguaje identificados, destacan la elevación de la voz (en oposición al tono de voz bajo y hasta tímido de quienes plantearon las críticas), la interrupción constante (sin dejar terminar la idea a la voz disidente) y el uso de los silencios. En este último sentido, a diferencia de lo ocurrido con la exposición de los argumentos dominantes, quienes plantearon las disidencias quedaron “aislados”, sin ningún tipo de acompañamiento gestual por parte de otros/as participantes.

Los discursos críticos

Si bien, como se desprende de lo desarrollado hasta aquí, los discursos defensores y celebratorios del glifosato fueron los predominantes entre nuestros/as interlocutores/as, es relevante señalar la existencia de algunos planteos críticos. Para articular esas posiciones divergentes, se utilizaron dos estrategias discursivas, sostenidas en diversas experiencias personales, que dieron al agroquímico un sentido opuesto al que le otorga el discurso de los agronegocios.

Por un lado, nos referimos a la estrategia argumentativa que sostuvo que el glifosato genera contaminación en el medio ambiente, con efectos principalmente sobre el suelo, la fauna, la huerta y los frutales, como se puede observar en este ejemplo:

Con los árboles hemos tenido problemas, nos han quemado los árboles, pasan el fumigador que tienen alas anchas y a veces se van sobre los alambrados y nos han matado árboles de sombra que teníamos para la ganadería. Somos todos amigos y viste como que no se hace nada, uno lo deja a conciencia y a veces habría que quejarse. En las huertas también eso se ve afectado cuando pasan los fumigadores, depende dónde está el viento, y afecta también todo lo que sea fumigación. Estamos rodeados de campos agrícolas y en donde hay soja es imposible no fumigar, en algún momento tenés que fumigar (productora familiar, Baradero, 2017).

Por otro lado, con menor peso, se sostuvo el argumento de que el glifosato es cancerígeno, que recuperamos del testimonio de una entrevistada:

… se usa mucho, no les importa y tengo casos reales de que sí… de un familiar que falleció a los 18 años de una leucemia fulminante, que trabajaba en el campo, y los médicos del Hospital Fernández donde lo trataron nos explicaban por qué tenían más pacientes del área rural de la provincia y no de la Ciudad de Buenos Aires, que tiene una contaminación altísima. Algo hay, los productores te siguen diciendo que no, pero yo creo que sí, se han hecho estudios en otros lados en Tres Arroyos, había gente que se moría de cáncer que trabajaba en el campo, donde vive Matías, mi otro hijo, él está en la casa, y viene el chacarero y le fumiga hasta el alambre, y yo les digo “No salgan afuera”, creo que son tres días, yo vivo con eso (pequeña rentista, Ayacucho, 2017).

En estos relatos se construyó un distanciamiento crítico de los sentidos dominantes acerca del glifosato. Podríamos hablar, a partir de Gramsci, de una conciencia que surge de la práctica y que permite rechazar al discurso hegemónico desde un núcleo de “buen sentido”. Sin embargo, es necesario destacar que, en ninguno de los casos que plantearon críticas, se propuso invalidar el uso del glifosato, aceptándolo como parte de un “paquete tecnológico” que se presenta como la única forma de producción posible.

En el mismo sentido, como señalamos en el apartado anterior, en los tres grupos focales un grupo reducido de actores (5 de 21) intentó esbozar críticas, que fueron muy mal recibidas por el resto de los/as participantes. Los cuestionamientos también se centraron en señalar los impactos en el ambiente y en la salud, tal como se puede observar en los siguientes testimonios:

Yo estoy de acuerdo con que se comente lo del exceso. Yo tengo un establecimiento con cerdos y tengo soja alrededor. Les digo la verdad…Y estamos teniendo problemas con las madres […]. No voy a decir que es por eso. Pero encima estoy en una zona en la que es todo soja y un poco de maíz. Ojalá que no sea… (productora ganadera, menos de 500 ha, GF 3, 2020).

A mí me pasó un caso con cinco vacas, le llevé las vacas para que limpien el patio, nosotros pasamos glifosato en el campo, el viejo me larga las vacas, cinco vacas nada más y tres me parieron así, deformados totalmente los terneros, y tiene que haber sido eso porque nunca nació un ternero deformado (pequeño empresario mixto, GF 2, Junín, 2019).

Hay un caso en Baigorrita de una chica que nació con problemas, que fue a La Haya con abogados y todo, y le ganó un juicio a una multinacional. Y hay muchos casos (pequeña empresaria agrícola, GF 3, Junín, 2020).

Estos/as participantes, desde el saber construido en su experiencia personal (directa o por conocimiento de terceros), se atrevieron a dudar de los efectos del glifosato. Sin embargo, es relevante señalar que las disidencias se presentaron en el debate grupal de un modo matizado para evitar la confrontación directa con los/as otros/as participantes, tal como podemos verlo en los siguientes ejemplos:

A ver, nosotros estamos en pos de la vida, y cuando estamos en pos de la vida, no es que estamos en contra de los agroquímicos, de los agrotóxicos, del glifosato. Como dijo ella, cuando surgió el glifosato era la solución. Y hay una transición de todos los procesos […]. Pero el tema del glifosato es lo menor, lo peor es la horticultura (productora agrícola agroecológica, GF 3, Junín, 2020).

Uno no es que está en contra, sino que empezás a tener herramientas de conocimiento y a tomar conciencia […]. Está en estudio todo eso. Yo no quiero demonizar nada […] por lo poco que yo sé del tema, hay productos cancerígenos, probablemente cancerígenos, es como una escala, ¿no? No cancerígenos y se determina que el glifo está entre los probablemente cancerígenos (ingeniero agrónomo y trabajador de dirección, GF1, Junín, 2019).

A partir de estos relatos y los antes citados, es posible observar que los discursos críticos se introdujeron en los grupos focales de un modo que busca desplazar el eje de discusión. A través de diferentes operaciones discursivas, como exponer las afirmaciones de modo indirecto, enmarcar los argumentos en cuestiones más generales, indicar que el glifosato no es el único producto que tiene efectos negativos y retomar lo dicho anteriormente por otros (e incluso marcando estar “de acuerdo” con todo lo que se dijo antes), los/as participantes intentaron diluir el conflicto en la instancia grupal. Estos mecanismos para expresar la disidencia son un indicativo del grado de hegemonía del discurso de los agronegocios sobre el glifosato entre los/as actores/as agropecuarios/as locales, en cuanto naturalización de “lo decible” en un territorio específico, es decir, de una serie de ideas que no pueden ser puestas en cuestión.

A lo largo de este apartado, hemos podido reconstruir, por un lado, los mecanismos a través de los cuales se manifiesta el consenso mayoritario de los/as actores/as rurales con algunos de los principales tópicos y sentidos ideológicos del discurso de los agronegocios sobre el modelo tecnológico que organiza la producción agropecuaria pampeana actual. También fue posible identificar posiciones críticas, aunque minoritarias o expresadas solo débilmente.

En el apartado a continuación, se introduce una perspectiva complementaria a lo desarrollado hasta aquí, con el análisis de los datos surgidos de dos encuestas a población de las localidades bonaerenses. Uno de los ejes de interés de esta combinación de técnicas reside en que el uso de herramientas estandarizadas nos posibilitará estimar la representatividad (no en estrictos términos estadísticos, pero sí de grados de extensión) de los tipos de narraciones que observamos en las entrevistas y los grupos focales, e incorporar la mirada del resto de los/as actores/as sociales del territorio.

Los discursos sobre agro y ambiente en las pequeñas y medianas ciudades pampeanas

En este apartado procuramos ampliar el foco del análisis al incluir la mirada sobre los agroquímicos y el impacto ambiental de la actividad agropecuaria de la población de pequeñas y medianas ciudades bonaerenses. Se buscará estimar la representatividad de las argumentaciones reconstruidas en el apartado anterior y profundizar en el análisis al indagar si el vínculo con el agro y los diferentes tipos de relación con el sector (productiva, institucional o familiar) inciden en las opiniones sobre las temáticas bajo estudio.

El uso de agroquímicos para producir

En el marco de la gran difusión del discurso que propone a la agricultura de insumos como único modelo productivo posible, que destacamos en el apartado anterior, se buscó conocer la opinión de la población sobre la importancia de los agroquímicos para llevar adelante la producción. Con ese objetivo, en ambas encuestas se preguntó cuán necesarios resultan para producir.

En términos generales, a partir del análisis de ambos relevamientos, podemos destacar el predominio, entre la población alcanzada por la encuesta, de perspectivas críticas-moderadas sobre los agroquímicos, especialmente entre las personas no vinculadas al agro.

En la encuesta de 2021 (tabla 3), las respuestas que podríamos ubicar en el espectro crítico de los agroquímicos (45 %) fueron un poco más frecuentes que las opiniones del espectro favorable (35 %). Las posiciones críticas fueron más bien moderadas (un 29 % señaló que podrían utilizarse en menor cantidad y solo para algunos cultivos), pero también encontramos un núcleo con posiciones más taxativas (16 % sostuvo que no son indispensables, se puede producir sin usarlos). Por otra parte, entre quienes se mostraron favorables al uso de agroquímicos, también encontramos el predominio de posiciones moderadas (25 % señaló que son necesarios, pero no en la cantidad en que se utilizan en la actualidad), y un grupo minoritario que adoptó una postura de apoyo contundente (10 % señaló que son indispensables, si no, no se logra tanta cantidad de productos).

Tabla 3. Opinión sobre uso de agroquímicos en la actividad agropecuaria. Total, y según vínculo con el agro
Son indispensables, si no, no se logra tanta cantidad de productosSon necesarios, pero no en la cantidad en que se utilizan en la actualidadPodrían utilizarse en menor cantidad y solo para pocos cultivosNo son indispensables, se puede producir sin usarlosNo tengo opinión al respectoNS/NCTotal

Con vínculo

13 %27 %28 %12 %3 %17 %100 %

Sin vínculo

4 %20 %31 %21 %8 %15 %100 %

Total

10 %25 %29 %16 %5 %15 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, mayo de 2021.

En cuanto a la incidencia del vínculo con el agro, este parece influir sobre todo en las posiciones más “extremas”, tanto a favor como en contra del uso de agroquímicos. Las personas no vinculadas con el sector se mostraron más proclives a perspectivas altamente críticas (21 % respondió que los agroquímicos no eran indispensables, frente al 12 % registrado para las vinculadas al agro), mientras que las vinculadas identificaron a los agroquímicos como indispensables en mayor medida que los/as no vinculados/as al agro (13 % frente a 4 %).

Para la segunda encuesta, realizada durante 2022 (tabla 4), se refinaron las opciones de respuesta y se ofreció un mayor gradiente. A diferencia de lo que encontramos en 2021, las posiciones que podemos considerar favorables al uso de agroquímicos aventajaron a las posiciones críticas (58 % frente a 42 %, respectivamente). No obstante, aun dentro del espectro favorable, se destacaron, al igual que en el relevamiento del 2021, las posiciones moderadas. La opinión con mayor adhesión fue que son necesarios, pero su uso debe ser más regulado (34 %), lo cual puede identificarse con un buen sentido que considera deseable la existencia de controles sobre el uso de los agroquímicos, pero coincide también con el discurso de los agronegocios que centra la problemática en el modo en que se usan los productos y en las limitaciones que muestran las regulaciones vigentes, y no en los agroquímicos mismos o en el hecho de utilizarlos.

Tabla 4. Opinión sobre uso de agroquímicos en la actividad agropecuaria. Total y según vínculo con el agro
Indispensables, sin ellos no se lograría tanta cantidad de productosNecesarios, pero su uso debe ser más reguladoNecesarios, pero no en la cantidad en que se utilizan en la actualidadPodrían utilizarse en menor cantidad y solo para pocos cultivosNo son indispensables, se puede producir sin usarlosTotal

Con vínculo

22 %28 %14 %12 %24 %100 %

Sin vínculo

12 %35 %9 %22 %22 %100 %

Total

14 %34 %10 %20 %22 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, mayo de 2022.

Si se analizan los datos teniendo en cuenta la relación con el agro, aparece que las posiciones favorables al uso de agroquímicos fueron mayoritarias en general, pero resultaron más enfáticas entre las personas vinculadas con el agro. En particular se destaca que la opción de que los agroquímicos son indispensables fue casi dos veces más frecuente entre las personas vinculadas que entre las no vinculadas (22 % vs. 12 %, respectivamente). Las posiciones más críticas, por su parte, presentaron niveles considerables, y, al igual que en la encuesta 2021, las personas sin vínculo eligieron las opciones más críticas, pero no es menor que más de un tercio de quienes señalaron tener vínculo hayan optado por esas posiciones también y que casi un cuarto haya adherido a la opción más fuertemente crítica que señala que los agroquímicos no son indispensables.

Otro aspecto que resaltar es que las opciones moderadas y que ponían el eje en la necesidad de regular el uso de los agroquímicos, haciendo énfasis en la forma de uso y no en los productos en sí, tuvieron un peso relevante tanto entre las personas vinculadas al agro, como entre las no vinculadas.

Si se profundiza en la información observando específicamente, en ambas encuestas, las respuestas de las personas vinculadas al agro, se destaca que las posiciones críticas resultaron más recurrentes entre personas con vínculo institucional y familiar que entre aquellas relacionadas por su actividad económica-productiva.

Entre quienes tienen una relación económico-productiva, predominaron las posiciones favorables al uso de agroquímicos. En la encuesta 2021 (ver anexo-tabla 1), un porcentaje mucho más alto que en los otros subgrupos respondió que estos son indispensables (20 % contra entre el 5 % y el 8 %), mientras que, en la realizada en 2022 (ver anexo-tabla 2), la consideración del uso de agroquímicos como indispensable para producir fue tres veces más alta entre quienes tienen relación económico-productiva que entre quienes tienen relación institucional o familiar. Las miradas críticas respecto del uso de agroquímicos, por su parte, sumaron poco más de un cuarto de las respuestas en este subgrupo, lo cual coincide en buena medida con la proporción de manifestaciones en el mismo sentido que pudimos identificar mediante los grupos focales y las entrevistas[14]. Esta continuidad resulta sugerente respecto de la existencia de tensiones y de un posible núcleo de sentido crítico en desarrollo.

Entre las personas con relación familiar o institucional, predominaron las miradas críticas. Si bien en buena medida eligieron opciones críticas-moderadas (necesidad de regulación o uso de menor cantidad de agroquímicos), alrededor de un 20 % de esos subgrupos (17 % en 2021 y 23 % en 2022) tomó una posición más fuertemente crítica optando por la respuesta de que los agroquímicos no son indispensables. Estos posicionamientos más críticos podrían dar cuenta de un cierto distanciamiento reflexivo, asociado a no estar involucrados/as directamente en la producción agrícola, es decir, no tan permeados/as por intereses claramente vinculados a su posición de clase, pero también a una preocupación más general respecto del ambiente y la salud (de familiares o de la población en general).

En síntesis, a partir de este análisis, es posible señalar algunas tensiones respecto de las posiciones sobre el uso de agroquímicos que predominan entre los actores agrarios. Es posible inferir que, en un marco de aceptación, en términos generales, del discurso de los agronegocios sobre el necesario uso de agroquímicos para producir, la población encuestada consideró excesiva la cantidad de esos insumos que se utilizan y, en consecuencia, se inclinó por posiciones que van desde la regulación (que sería la opción más moderada) hasta la producción libre de este tipo de productos. El importante peso de la opción vinculada con la regulación de los agroquímicos puede asociarse a lo que Skill y Grinberg (2013) llaman “posición pragmática”, que se sostiene en considerar los beneficios económicos del uso de agroquímicos, poner en cuestión las pruebas de los efectos nocivos de su utilización e impulsar la aplicación de técnicas de uso responsable, por ejemplo, las buenas prácticas agrícolas (BPA), como solución a los problemas del “mal uso”. En línea con otros estudios que han señalado que esta posición ha sido más frecuente entre productores/as, propietarios/as o ingenieros/as agrónomos/as (Delgado, 2021), en este trabajo hemos corroborado su difusión entre la población relacionada de formas diversas con el agro y también entre quienes no tienen vínculo directo con el sector.

Las críticas más fuertes fueron expresadas por personas no vinculadas al agro y por quienes señalaron tener relación familiar e institucional con el sector, mientras que las personas con inserción económico-productiva en la actividad agropecuaria sostuvieron posiciones más cercanas a las descritas en el apartado anterior. Sin embargo, es de resaltar el escaso peso relativo de la defensa taxativa de los agroquímicos como indispensables y el predominio de posiciones moderadas, lo cual podría indicar la existencia de tensiones con la discursividad que ha predominado en la esfera pública en las últimas décadas.

La producción agropecuaria como fuente de contaminación

Complementariamente, procuramos conocer cuán contaminante consideraba la producción agropecuaria la población de las localidades intermedias bonaerenses. En la encuesta del 2021, las opciones de respuesta presentaban solo un gradiente simple (mucho-poco-nada), mientras que, en el cuestionario 2022, las posibles respuestas se presentaron como proposiciones más detalladas.

En términos generales pudimos observar que buena parte de las personas que participaron de la encuesta identificaron a la actividad agropecuaria como contaminante.

En el relevamiento de 2021 (tabla 5), encontramos posiciones repartidas entre las opciones contamina mucho y contamina poco (42 % y 36 %, respectivamente), mientras que la opción nada fue elegida solo por el 6 % de los/as encuestados/as. Esta respuesta, al igual que la referida al uso de agroquímicos, tuvo un nivel de no respuesta relativamente alto.

Tabla 5. Opinión sobre cuánto contamina la actividad agropecuaria.
Total y según vínculo con el agro

MuchoPocoNadaNS/NCTotal

Con vínculo

37 %41 %6 %16 %100 %

Sin vínculo

49 %29 %6 %16 %100 %

Total

42 %36 %6 %16 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, mayo de 2021.

Respecto del vínculo con el agro, las posiciones más críticas aparecieron entre las personas sin relación con el sector (49 % eligió la opción mucho), mientras que entre los/as vinculados/as las respuestas dan cuenta de una perspectiva levemente menos crítica (con posiciones repartidas entre mucho y poco). Para el caso de las personas vinculadas al agro, estas posiciones podrían asociarse a la relativización de los impactos ambientales que fue identificada en estudios previos (Liaudat et al., 2021; Delgado, 2021). Sin embargo, es de destacar que más de un tercio de ellas eligieron la opción mucho para describir cuán contaminante es la actividad. Resalta en ambos casos que fue muy baja la proporción de encuestados/as que consideró que la actividad no contamina en absoluto. Es decir, se parte de un “piso” común de identificación de la producción agraria como contaminante, y existen matices, en todo caso, en torno a la magnitud del problema.

En la encuesta de 2022 (tabla 6), nuevamente fue muy baja la identificación de la producción agropecuaria como no contaminante (solo un 8 % respondió no contamina nada o casi nada). La mayor parte de los/as encuestados/as (58 %) sostuvo que la actividad agropecuaria produce bastante o mucha contaminación. Sin embargo, el mayor gradiente de opciones nos permitió visualizar que un porcentaje importante relativizó el efecto contaminante de la actividad agropecuaria (34 % respondió contamina poco y no más que otras producciones), lo cual coincide con buena parte de las estrategias descritas en el apartado anterior.

Al analizar el cruce entre esta pregunta y el vínculo con el agro, es posible observar posiciones repartidas sobre este punto entre las personas relacionadas con el sector (49 %, sumando las dos primeras columnas de la tabla, relativizó la contaminación, y 51 %, sumando las últimas dos columnas, aceptó su existencia en diferentes grados).

Tabla 6. ¿Qué opina sobre que la producción agropecuaria contamina el agua o el suelo? Total según vínculo con el agro

Que no es cierto, no contamina nada o casi nadaQue no es tan cierto, contamina poco y no más que otras produccionesQue es cierto, produce bastante conta­minaciónQue es cierto, genera mucha conta­minaciónTotal

Con vínculo

11 %38 %27 %24 %100 %

Sin vínculo

7 %33 %29 %31 %100 %

Total

8 %34 %29 %29 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, junio de 2022.

Entre los/as no vinculados/as, por su parte, predominaron las opciones que consideran contaminante la producción agropecuaria (alrededor del 60 %). Al igual que en el relevamiento 2021, la opción “no contamina” explicó un porcentaje muy bajo de las respuestas, lo cual refuerza la existencia de un “piso” común de acuerdo sobre la existencia de contaminación asociada a la producción agraria. De todos modos, es de destacar que, independientemente del vínculo con el agro, la opción más elegida fue contamina poco y no más que otras producciones, en línea con el planteo que combina la concesión de admitir la existencia de contaminación al tiempo que relativiza la gravedad de la problemática al compararla con otros casos. Los resultados presentados nos permiten señalar, como aspecto en el que profundizar, que esta postura, que habíamos identificado en este capítulo y en trabajos previos (Liaudat et al., 2021), como parte de las estrategias discursivas de los/as actores/as agrarios/as resulta también relevante entre las personas no vinculadas al sector.

Si se observan específicamente las posiciones de las personas vinculadas con el agro, es posible señalar que aquellas con relación institucional y familiar eligieron opciones más críticas que aquellas con inserción económico-productiva, aunque es de resaltar que alrededor de un cuarto de este último subgrupo planteó el carácter contaminante de la actividad.

En la encuesta de 2021 (ver anexo-tabla 3), se destaca que las posiciones presentan una forma de espejo invertido entre quienes se dedican a la producción o actividades conexas y quienes se relacionan con el sector por vínculos familiares. El 50 % de los primeros considera que la producción contamina poco, y el 50 % de los familiares, que contamina mucho, mientras que el 25 % de quienes tienen vínculo productivo consideran que contamina mucho, y el 30 % de quienes tienen vínculo familiar, que es poco contaminante. En el relevamiento 2022 (ver anexo-tabla 4), por su parte, los datos muestran posiciones mucho más críticas entre las personas con relación institucional (87 % de ellos sostuvo que la producción agropecuaria genera bastante o mucha contaminación), seguidas por quienes tienen relación familiar (56 % de ellos eligieron esas opciones).

Los resultados de ambos relevamientos permiten inferir nuevamente la presencia de una imagen que asocia la producción agropecuaria con problemáticas ambientales, ya que en promedio la mitad de los/as encuestados/as la identificó como fuente de contaminación más o menos grave. En principio, es posible señalar que las posiciones críticas fueron más fuertes entre las personas no vinculadas al sector, lo cual puede relacionarse con la creciente conflictividad social que se ha registrado en los territorios pampeanos en torno a las consecuencias ambientales de la producción agropecuaria (Ferrer y Cabrini, 2018; Schmidt et al., 2021). Además, entre las personas con diferente tipo de inserción en el sector agropecuario, se identificaron miradas tensionadas entre las personas con vínculo familiar e institucional y los/as actores/as con relación económica-productiva, quienes presentaron perspectivas mucho menos críticas. Asimismo, resultó evidente el peso significativo de las posiciones que relativizan la contaminación mediante la estrategia de concesión que señaláramos con anterioridad y el escaso peso de las opiniones que niegan la contaminación como efecto de la producción agropecuaria, aunque estas fueran más frecuentes entre quienes tienen inserción económico-productiva que en los otros dos subgrupos.

La identificación (más o menos clara) de la producción como contaminante se encuentra en línea con lo señalado por todos los estudios sobre percepción de riesgos para la salud referidos previamente, pero, a diferencia de lo que señalaban Montedoro y Butinof (2019) y Delgado (2021), nuestros resultados muestran que son las personas más alejadas de la producción las que identifican en mayor medida la contaminación. Si bien los enfoques de los trabajos no son equiparables, se abre un contrapunto interesante, para profundizar, respecto del peso de la cercanía (física, social o económica) en el registro y la caracterización de esa contaminación.

La opinión sobre grupos que denuncian los impactos ambientales

Finalmente, buscamos conocer cuál era la opinión de la población encuestada sobre los grupos que denuncian los efectos del uso de agroquímicos, para aproximarnos al registro de tensiones sociales y conflictos en torno a la aplicación de esos productos y a la recepción de quienes plantean esas tensiones en la esfera pública. A grandes rasgos, es posible señalar que encontramos un fuerte apoyo a los grupos ambientalistas, con matices asociados a la vinculación con el agro.

En la encuesta 2021, además de la pregunta sobre la opinión respecto a estos grupos, se incluyó previamente una para captar el nivel de conocimiento que tenía la población sobre ellos. Casi la mitad de la muestra (46 %) señaló conocer la existencia de ese tipo de organizaciones. Es a este grupo de personas a quien luego se les consultó respecto de su opinión. Por ello, es necesario considerar que los resultados que se describen a continuación refieren a ese subgrupo y no al conjunto de la muestra.

Como puede observarse en la tabla 7, encontramos una opinión altamente favorable de los grupos o las instituciones que denuncian los efectos de los agroquímicos entre quienes conocían su existencia. El 70 % les atribuyó funciones sociales de relevancia (hacen visible que los agroquímicos nos están enfermando y están contaminando la Tierra, con 48 % de las respuestas, o trabajan una problemática que afecta a toda la sociedad, con el 22 %). El restante 30 % se posicionó críticamente frente a esas organizaciones, al optar por las respuestas tienen otros intereses políticos y/o económicos (15 %) o están compuestos por personas que no saben de campo (15 %).

Tabla 7. Opinión sobre los grupos que denuncian los efectos de los agroquímicos. Total y según vínculo con el agro

Los grupos ambientalistas trabajan una problemática que afecta a toda la sociedadLos grupos ambientalistas hacen visible que los agroquímicos nos están enfermando y están contaminando la TierraLos grupos ambientalistas tienen otros intereses políticos y/o económicosLos grupos ambientalistas están compuestos por personas que no saben de campoTotal

Con vínculo

21 %40 %18 %21 %100 %

Sin vínculo

24 %61 %8 %7 %100 %

Total

22 %48 %15 %15 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en encuesta SocPol, mayo de 2021.

Ante este panorama, resulta de especial interés analizar los datos obtenidos en función del vínculo con el agro. Llamativamente, encontramos que, en este 46 % de la muestra que señaló conocer la existencia de grupos e instituciones que denuncian los efectos de los agroquímicos, las posiciones favorables son mayoritarias tanto entre los/as vinculados/as como entre los/as no vinculados/as con el sector. Si bien la posición favorable es muy mayoritaria entre estos/as últimos/as (85 %), es de destacar que el 61 % de las personas vinculadas al sector también optó por respuestas en esa línea.

Las miradas contrarias a estos grupos, por su parte, fueron mucho más altas entre los/as vinculados/as (39 %) que entre los/os no vinculados/as (15 %). Si bien ese mayor peso de las miradas críticas entre las personas vinculadas al sector se encuentra en sintonía con el discurso que hemos identificado entre los/as actores/as agrarios/as, cabe destacar que no es la posición mayoritaria, como podía esperarse con base en la reconstrucción de las posiciones a partir de otras técnicas como entrevistas y grupos focales. Esto puede deberse a que los datos refieren solo a un grupo de los/as encuestados/as que tal vez tengan interés especial en la temática ambiental, pero no deja de ser un aspecto que profundizar, porque podría estar dando cuenta de un punto de tensión en el discurso que propone al ambientalismo como uno de los principales problemas con los que debe lidiar la actividad agropecuaria (Liaudat, 2019; Liaudat et al., 2021).

En el relevamiento 2022 (tabla 8), por su parte, se consultó la opinión sobre los grupos ambientalistas al conjunto de las personas que respondieron la encuesta. Nuevamente, las posiciones favorables a estos grupos fueron mayoritarias: 56 % optó por la respuesta son importantes, estoy de acuerdo con sus reclamos. También se destaca que tuvo un peso importante una posición que, si bien es favorable a la existencia de este tipo de grupos, considera críticamente sus formas de accionar, expresada en un 30 % que optó por la respuesta son necesarios, pero tendrían que moderarse un poco. Las opiniones meramente negativas, por su parte, fueron escasas (14 % de las respuestas): un 10 % señaló que hablan desde el desconocimiento y frenan el desarrollo, mientras que solo un 4 % eligió la opción más crítica que planteaba que son negativos y no tendrían que existir.

Tabla 8. Opinión sobre los grupos que denuncian los efectos de los agroquímicos. Total y según vínculo con el agro

Son importantes, estoy de acuerdo con sus reclamosSon necesarios, pero tendrían que moderarse un pocoHablan desde el descono­cimiento y frenan el desarrolloSon negativos y no tendrían que existirTotal

Con vínculo

42 %39 %15 %4 %100 %

Sin vínculo

60 %27 %9 %4 %100 %

Total

56 %30 %10 %4 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, junio de 2022.

En cuanto al cruce por el vínculo con el agro, al igual que en el caso de la encuesta de 2021, la relación con el sector incide en el grado de énfasis de las posiciones. Así, aunque la opinión positiva es mayoritaria independientemente del vínculo con el agro, entre las personas no vinculadas el apoyo es mucho más contundente (el 60 % de los/as encuestados/as sin relación con el sector expresó una mirada favorable frente al 42 % de quienes se encuentran vinculados/as), mientras que, entre las personas relacionadas al sector, tuvo un peso relevante la opción más moderada, que considera necesaria la existencia de estos grupos, pero considera críticamente sus formas de accionar (39 %).

Al analizar específicamente las opiniones de las personas vinculadas al agro, surgen algunas diferencias entre los dos relevamientos. En la encuesta 2021 (ver anexo-tabla 5), encontramos que quienes señalaron tener relación económica-productiva presentaron posiciones más claramente alineadas con los discursos descritos en el apartado anterior: fueron mayoritarias las opciones que consideraban a los grupos ambientalistas como integrados por personas que desconocen sobre el sector (29 %) o movidos por intereses políticos o económicos no declarados (28 %). Las personas con relación institucional, por su parte, plantearon posiciones mayormente favorables a los grupos (67 %), mientras que aquellas vinculadas por su familia con el sector mostraron las posiciones más favorables a los grupos ambientalistas (78 % de las respuestas). Tanto en este caso como en las demás preguntas analizadas, cabe preguntarse de qué modo inciden los grados de cercanía con la actividad y las relaciones de género (Kunin y Lucero, 2020) en el mayor grado de criticidad de este subgrupo, aspectos que será de gran interés profundizar a futuro.

En la encuesta realizada en 2022 (ver anexo-tabla 6), por su parte, resulta evidente nuevamente el predominio de las posiciones favorables a los grupos que denuncian las fumigaciones y una muy baja incidencia de las miradas negativas. Pero, a diferencia de lo señalado para 2021, esos posicionamientos se dan con independencia del tipo de relación con el sector. Los resultados llaman la atención sobre todo para el caso de las personas con relación económico-productiva, ya que sus posiciones se corren en buena medida de las reconstruidas por medio de las otras técnicas de investigación. Si bien es necesario considerar que pueden haber respondido la encuesta personas con especial interés en cuestiones ambientales, no deja de ser llamativo el peso de las preguntas favorables.

Los resultados obtenidos a partir de las dos encuestas pueden asociarse a la existencia de una conflictividad social creciente en los territorios, vinculada a las consecuencias de la producción agropecuaria sobre el ambiente y la salud de las personas (Acosta 2022; Cloquell et al., 2014; Delgado, 2021; Lucero, 2019). En ese marco, es de destacar el alto grado de aceptación de estos grupos “ambientalistas” que encontramos entre los/as vinculados/as al agro, ya que ello podría estar indicando la existencia de matices en la identificación del discurso ambientalista y sus impulsores como “enemigos” del campo y el desarrollo.

Entre la población no vinculada, es posible relacionar el enorme peso de las opiniones favorables con la instalación en la esfera pública de problemas ambientales vinculados a la producción agropecuaria, que en los territorios locales adquieren relevancia por los reclamos de distintos/as actores/as (organizados/as o no). Las opiniones favorables sobre este tipo de grupos y sus reclamos, además, se encuentran en línea con la caracterización de la actividad agropecuaria como contaminante y las posiciones críticas sobre el uso de agroquímicos para producir. Tal vez la imagen positiva que parecen tener los grupos ambientalistas pueda asociarse a la necesidad de que esos posicionamientos ganen fuerza y se manifiesten en la esfera pública, o a la búsqueda de posibles soluciones de orden colectivo a la problemática que atraviesa todos los territorios vinculados con lo agrario desde hace años.

Lo desarrollado en este apartado nos permitió poner en perspectiva el predominio del discurso de los agronegocios, al incorporar la mirada de la población no vinculada con el sector agropecuario y profundizar en los posicionamientos considerando diversas formas de vinculación al agro.

Al ampliar la mirada al conjunto de la población, cobran más fuerzas las posiciones críticas respecto de la forma de producción altamente dependiente de insumos, y, al mirar hacia el interior del grupo vinculado al agro, es posible identificar tensiones entre quienes tienen relación económica-productiva y quienes se vinculan institucional o familiarmente. Estas constataciones resultan de interés no solo porque suponen un contrapunto con el discurso dominante, sino también porque se dan en un marco de alto consenso positivo con relación al sector agropecuario en los territorios locales. Tal como señalamos en un estudio reciente basado en las encuestas que se analizan también en este capítulo (López Castro y de Martinelli, 2022), entre la población de las pequeñas y medianas ciudades bonaerenses, existe una fuerte identificación con un ideario que considera al agro como pilar de la economía nacional, y a los/as productores/as como símbolo de sacrificio y trabajo. Entonces, es posible hipotetizar que la “buena imagen” del sector, predominante entre los/as actores/as agrarios/as y en buena parte de la población local, encuentra un límite en la identificación de la producción agropecuaria como fuente de contaminación que impacta en los territorios. Así como también las críticas ambientales encuentran su límite en la consideración del sector desde el punto de vista de su aporte a la economía del país. Este límite podría asociarse a la incidencia de una “encrucijada” entre desarrollo económico y ambiente/salud a la que refieren, con matices, Staffolani y Cuesta Ramunno (2020) y Montedoro y Butinof (2019), o entre crecimiento económico y calidad de vida o bienestar, tal como lo abordan en este libro Muzlera y Pérez Gañán.

Conclusiones

El modelo de agronegocios se ha consolidado en términos tanto técnico-productivos como discursivos, logrando un alto consenso en torno a la concepción de una forma de producir (que propone) como la única posible y deseable. Pero la dinámica reciente muestra también aspectos que ponen en tensión su desenvolvimiento, como los límites que presenta el propio modelo productivo, evidenciados en el incremento de los costos y la disminución de la eficiencia de las tecnologías de insumos, y la creciente conflictividad social en torno a los efectos sobre la salud y el ambiente del uso de agroquímicos, que se vivencia especialmente en los espacios locales, donde los lazos sociales de cercanía suponen un contexto peculiar para la manifestación de críticas o el desarrollo de conflictos.

En estudios previos hemos podido corroborar un retroceso de las problemáticas asociadas a la clásica cuestión agraria, de la mano del repliegue de la discursividad agrarista y la hegemonía de la discursividad del agronegocio, articulada con la liberal-conservadora (Balsa et al., 2017; Liaudat, 2018). Actualmente, la perspectiva crítica sobre el modelo de desarrollo aparece principalmente vinculada a discursos ambientalistas que ponen el foco en los impactos socioambientales del modelo productivo dominante y constituyen el nuevo eje de la conflictividad en los agroterritorios.

En ese marco, resulta pertinente detenerse a analizar los discursos en disputa sobre los impactos del uso de agroquímicos en los espacios locales, recuperando las posiciones tanto de los diferentes tipos de actores/as agrarios/as, como de la población general. A partir de diversas técnicas que nos permitieron acercarnos a las perspectivas de los/as actores/as agrarios/as y de los/as habitantes de las pequeñas y medianas localidades bonaerenses, fue posible mostrar que el discurso de los agronegocios ha tenido la capacidad de lograr consensos importantes sobre todo entre personas vinculadas al sector. Pero ese consenso mayoritario encuentra algunos límites, surgen también algunas voces disidentes o algunos núcleos de sentido crítico que, si bien tienen más eco en la población no vinculada al agro, son relevantes también entre los diversos actores/as agrarios/as.

A través del análisis de entrevistas y grupos focales, encontramos el predominio, entre los/as actores/as agrarios/as, de posiciones que defienden el uso de agroquímicos (ilustrado en este caso por sus posiciones en torno al glifosato), ya sea de manera total o negociada, mientras que las perspectivas críticas fueron menos frecuentes, y encontraron límites y dificultades para expresarse. Los principales argumentos esgrimidos por las personas que participaron de nuestras investigaciones retoman el discurso de los agronegocios y sus estrategias para responder a las críticas socioambientales (Lucero, 2019; Espoturno y González, 2017; González, 2020). En ese marco, resulta relevante señalar el protagonismo de los/as profesionales (principalmente ingenieros/as agrónomos/as) en la articulación de argumentos en defensa del glifosato alineados con esta discursividad. Es que, tal como lo hemos analizado en otros estudios (Liaudat, 2018; Liaudat et al., 2022), estos/as actores/as asumen un papel clave como mediadores/as entre el discurso dominante y los/as actores/as locales. Muchos/as de ellos/as se han formado en universidades donde existe una hegemonía discursiva de los agronegocios, y, una vez insertos/as en la actividad económico-productiva ligada al sector, se han encargado de introducir y adaptar sus principales tópicos al lenguaje de los agroterritorios.

Por otro lado, en las encuestas, al incorporar la mirada de la población no vinculada con el sector agropecuario y profundizar en los posicionamientos considerando diversas formas de relación con el agro, fue posible identificar que, en las pequeñas y medianas ciudades bonaerenses incluidas en el relevamiento, tuvieron un peso mayoritario las miradas críticas (moderadas) sobre los agroquímicos (es decir, aquellas que los señalaron como necesarios, pero que consideraron problemático el modo y la cantidad en que se los usa), predominó la consideración de la actividad agropecuaria como contaminante, y encontramos un apoyo fuerte a los grupos ambientalistas. Estos posicionamientos, que podríamos denominar como “proambiente” o “críticos”, fueron más frecuentes entre las personas sin vínculo con el agro. Y al interior de los/as actores/as con inserción en el sector, resultaron más recurrentes entre personas con vínculo institucional y familiar que entre aquellas relacionadas por su actividad económico-productiva.

Otro aspecto que sobresale del análisis de la población general es que la opción por la regulación de los agroquímicos tuvo un peso relevante tanto entre las personas vinculadas al agro, como entre las no vinculadas. La importante difusión del planteo sobre la necesidad de regular el uso de los agroquímicos puede interpretarse como sostenida sobre el “buen sentido” de la deseabilidad de controles que aseguren el resguardo de la salud tanto como el desarrollo de la actividad productiva. Pero también como parte de los mecanismos del discurso dominante para lograr consensos. En ese sentido, podría pensarse la regulación como un sentido en disputa.

Respecto a los/as actores/as con vínculo económico-productivo, encontramos una muy importante apropiación de los principales tópicos del discurso del agronegocio junto con la existencia de un núcleo de sentido crítico, lo cual coincide en buena medida con lo identificado a través de otras técnicas. Es decir, en su mayoría, este subgrupo de encuestados/as identificó a los agroquímicos como indispensables o necesarios, y, si ceden a la idea de que hay algún problema, este se centra en el uso o la cantidad. Pero también alrededor de un cuarto de ellos presentaron posiciones críticas, de variada intensidad. En esa línea, la mayor novedad respecto de este subgrupo –en relación con lo estudiado previamente– la observamos en el peso que tuvieron las respuestas críticas respecto del carácter contaminante de la actividad agropecuaria (más del 40 % sostuvo que contamina en la encuesta 2022, y un 25 % en la encuesta 2021) y sobre todo en el apoyo a los grupos que denuncian los efectos de los agroquímicos (que fue en ambos relevamientos de más del 40 %).

Estos resultados abren nuevos interrogantes que requerirán profundizar las indagaciones, para dilucidar si se trata de opiniones que resultan “habilitadas” por el anonimato propio de la técnica (y podría dar cuenta de una dificultad para expresar posiciones divergentes por otros medios o en otros ámbitos) o de la evaluación de lo que las personas consideran se espera que respondan. En ese sentido, consideramos necesario tener en cuenta que, en los posicionamientos críticos que hemos descripto, puede estar incidiendo, por un lado, una suerte de “clima de época” marcado por la emergencia y el avance de preocupaciones ambientales entre la población, que podría estar orientando las respuestas hacia lo que se considera, al menos en algunos ámbitos, como políticamente correcto. Por otro lado, es necesario no perder de vista los cambios y el énfasis de los discursos de las megaempresas y multinacionales vinculadas al agro, que han incorporado las preocupaciones ambientales y el concepto de sustentabilidad entre sus estrategias comunicacionales. Es decir, lo que registramos podría dar cuenta del avance de perspectivas críticas, pero también de nuevas estrategias de construcción de hegemonía del agronegocio.

De lo desarrollado hasta aquí, se desprende que las posiciones sobre el modelo productivo pampeano actual se encuentran fuertemente influenciadas por el discurso de los agronegocios, pero ese predominio presenta fisuras significativas, sobre todo entre la población no vinculada directamente a la actividad productiva. Como pudimos describir en trabajos previos (Moreno et al., 2020; López Castro y de Martinelli, 2022), existe, tanto entre los/as actores/as agrarios/as como entre la población en general, un ideario que asocia al agro con un pilar de la economía nacional (que se refleja en su identificación como “el motor del país”) y que tiende a asociarlo con otros sentidos positivos (el sacrificio, la producción de alimentos) que le otorgan una “buena imagen”. Sin embargo, esa imagen parece encontrar un límite en la identificación de la producción agropecuaria como fuente de contaminación y conflictos que impactan en los territorios, lo cual refuerza la relevancia de conocer los posicionamientos en sus matices y articulaciones para poder identificar tensiones y poner en debate el modelo dominante.

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Anexo

Tabla 1. Opinión sobre uso de agroquímicos en la actividad agropecuaria. Según tipo de vínculo con el agro

Son indispen­sables, si no, no se logra tanta cantidad de productosSon necesarios, pero no en la cantidad en que se utilizan en la actualidadPodrían utilizarse en menor cantidad y solo para pocos cultivosNo son indispen­sables, se puede producir sin usarlosNo tengo opinión al respectoNS/NCTotal
Vínculo económico-productivo20 %32 %20 %7 %3 %18 %100 %
Vínculo institucional5 %35 %30 %17 %2 %11 %100 %
Vínculo familiar8 %22 %35 %17 %4 %14 %100 %

Total

13 %27 %28 %13 %4 %15 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, mayo de 2021.

Tabla 2. Opinión sobre uso de agroquímicos en la actividad agropecuaria. Según tipo de vínculo con el agro

Indispen­sables, sin ellos no se lograría tanta cantidad de productosNecesarios, pero su uso debe ser más reguladoNecesarios, pero no en la cantidad en que se utilizan en la actualidadPodrían utilizarse en menor cantidad y solo para pocos cultivosNo son indispen­sables, se puede producir sin usarlosTotal
Vínculo económico-productivo29 %27 %13 %7 %24 %100 %
Vínculo institucional8 %38 %8 %23 %23 %100 %
Vínculo familiar11 %31 %18 %20 %20 %100 %

Total

22 %29 %14 %12 %23 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, junio de 2022.

Tabla 3. Opinión sobre cuánto contamina la actividad agropecuaria.
Según tipo de vínculo con el agro

MuchoPocoNadaNS/NCTotal
Vínculo económico-productivo25 %50 %6 %19 %100 %
Vínculo institucional43 %44 %3 %10 %100 %
Vínculo familiar49 %30 %7 %14 %100 %

Total

37 %41 %6 %16 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, mayo de 2021.

Tabla 4. Opinión sobre cuánto contamina la actividad agropecuaria.
Según tipo de vínculo con el agro

Que no es cierto, no contamina nada o casi nadaQue no es tan cierto, contamina poco y no más que otras produccionesQue es cierto, produce bastante contaminaciónQue es cierto, genera mucha contaminaciónTotal
Vínculo económico-productivo15 %40 %22 %23 %100 %
Vínculo institucional0 %23 %62 %15 %100 %
Vínculo familiar5 %39 %28 %28 %100 %

Total

12 %38 %27 %23 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, junio de 2022.

Tabla 5. Opinión sobre los grupos que denuncian los efectos de los agroquímicos. Según tipo de vínculo con el agro

Los grupos ambientalistas trabajan una problemática que afecta a toda la sociedadLos grupos ambientalistas hacen visible que los agroquímicos nos están enfermando y están contaminando la TierraLos grupos ambientalistas tienen otros intereses políticos y/o económicosLos grupos ambientalistas están compuestos por personas que no saben de campoTotal
Vínculo económico-productivo16 %27 %28 %29 %100 %
Vínculo institucional29 %38 %15 %18 %100 %

Vínculo
familiar

24 %54 %9 %13 %100 %

Total

21 %40 %1 %21 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, mayo de 2021.

Tabla 6. Opinión sobre los grupos que denuncian los efectos de los agroquímicos. Según tipo de vínculo con el agro

Son importantes, estoy de acuerdo con sus reclamosSon necesarios, pero tendrían que moderarse un pocoHablan desde el desconoci­­miento y frenan el desarrolloSon negativos y no tendrían que existirTotal
Vínculo económico-productivo42 %37 %16 %5 %100 %
Vínculo institucional50 %36 %14 %0 %100 %
Vínculo familiar38 %45 %15 %2 %100 %

Total

41 %39 %16 %4 %100 %

Fuente: elaboración propia con base en Encuesta SocPol, junio de 2022.


  1. Licenciada en Sociología (Universidad Nacional de La Plata). Doctora en Ciencias Sociales y Humanas (Universidad Nacional de Quilmes). Investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el Instituto de Investigación en Economía y Sociedad de la Argentina Contemporánea, perteneciente a la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y a la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC-PBA). Correo de contacto: doloresliaudat@gmail.com.
  2. Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata(UNLP). Magíster en Estudios Sociales Agrarios por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – Argentina (FLACSO). Doctora en Ciencias Sociales y Humanas por la Universidad Nacional de Quilmes(UNQ). Investigadora Adjunta del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con lugar de trabajo en el Instituto de Investigación en Economía y Sociedad de la Argentina Contemporánea, perteneciente a la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y a la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC-PBA). Correo de contacto: nlopez@unq.edu.ar.
  3. Es necesario aclarar que, para el término “sujeto social”, concepto clave en las ciencias sociales, no encontramos un modo de adaptación al lenguaje inclusivo que resulte de fácil lectura, por lo cual en este trabajo utilizamos su versión masculina. Esta opción responde solo a un criterio de estilo de redacción, ya que entendemos este concepto desde una perspectiva que reconoce e incluye las diferentes identidades de género.
  4. Las entrevistas forman parte del trabajo de campo para la realización de la tesis doctoral Hegemonía, discursos e identificaciones en el agro pampeano: análisis de los agronegocios y su eficacia interpelativa en los actores agropecuarios (Liaudat, 2018).
  5. La distinción del tamaño de los/as productores/as tanto en la muestra de las entrevistas como de los grupos de discusión se guio con base en el promedio de hectáreas trabajadas en la zona predominantemente agrícola de la región pampeana. Este promedio se construyó a partir del trabajo de campo de nuestro equipo de investigación y la revisión bibliográfica. De esta manera, entre los/as empresarios/as entrevistados/as, podemos distinguir como de tamaño mediano a quienes operan entre 1.000 y 5.000 ha aproximadamente y su empresa puede extenderse a nivel regional (en distintos departamentos o provincias), y de tamaño pequeño a quienes operan unidades de menos de 1.000 ha y su ámbito de valorización suele ser local. Estos perfiles se distinguen de las mega y grandes empresas por el tamaño de sus explotaciones, la escala de valorización del capital y su lugar en la vida económica y social de los territorios locales.
  6. En el primer grupo, participaron dos productores, un asesor, dos contratistas de maquinaria, un rentista y un trabajador de dirección. En el segundo, dos trabajadores, tres productores y un rentista. En el tercero, cinco productoras, una rentista y una asesora.
  7. Cabe aclarar dos cuestiones sobre los casos relevados. Por un lado, que, por la dinámica propia de la encuesta autoadministrada online, es posible que algunos resultados muestren una cantidad menor de respuestas a los casos iniciales. Esto se debe a que, por diversos motivos, algunas personas abandonan la encuesta antes de su finalización. Por el otro, que la información que se presenta refiere a los casos positivos, es decir, a las respuestas obtenidas, y solo se mencionará la proporción de no respuesta cuando esta represente un número significativo sobre el total de la submuestra.
  8. Siguiendo a Albadalejo (2013), quien construye una representación de la estructuración del espacio pampeano distinguiendo diferentes niveles de organización urbana y su vínculo con la actividad agropecuaria, se contemplaron en la muestra tres escalas territoriales: los “pueblos o parajes rurales” (de menos de 10 mil habitantes) organizados en torno a un almacén, un acopiador o un boliche; las “agrociudades” (de entre 10 mil y 90 mil habitantes), que suelen ser cabecera de distrito, y se constituyen en centro residencial, económico y político de los espacios rurales; y las “ciudades medias” (de alrededor de 100 mil habitantes), cuya actividad ya no es esencialmente agropecuaria, pero garantizan algunos servicios para el agro y son un medio urbano complementario a la “agrociudad” en lo que respecta a los consumos de los/as productores/as y sus familias.
  9. Mientras que los/as encuestados/as en 2021 pertenecen a 41 partidos de la provincia de Buenos Aires, para la encuesta 2022 se cubrieron 101 partidos de todas las regiones agroecológicas, lo cual permite considerar una diversidad interesante en cuanto a la representación de diversos territorios y realidades.
  10. Se utilizó un fragmento del informe “El veneno de las pampas”, presentado en un programa televisivo conducido por el periodista Rolando Graña y emitido el 18 de abril de 2010. El informe puede visualizarse en el siguiente enlace: t.ly/vy6Lv.
  11. Se recupera aquí la distinción de Balsa (2020) basada en los aportes de Fairclough (2003), entre una lógica discursiva monológica o no hegemónica (aquella que no incluye el discurso de otros/as enunciadores/as y que tampoco escuchan a los/as otros/as ni atienden a su recepción) y una lógica dialógica o con vocación hegemónica (que toma conocimiento de las demandas de los sectores subalternos, de sus modos de enunciación, y las integra en una propuesta de carácter pretendidamente universalizante). Dentro de esta segunda lógica, una operación discursiva clave es la concesión: se reconocen los problemas de un determinado orden social, las dificultades que les genera a algunos sectores de la población, se señalan sus limitaciones, pero, finalmente, se lo rescata como el mejor o el único posible.
  12. Este aspecto se ha visto matizado en los últimos años por la creciente aparición de malezas resistentes y el incremento constante de los costos.
  13. Balsa (2020) reelabora esta perspectiva planteando que, como último recurso en las luchas por la hegemonía, antes de la mera coerción, queda la negación de las posibilidades alternativas al statu quo, pues una hegemonía alternativa solo sería posible si se lograra consolidar la creencia en que otra realidad es factible. En este sentido, un tercer nivel lógico en la construcción de un discurso hegemónico (en este caso el de los agronegocios) implica una disputa por lo que puede haber en el mundo.
  14. En los grupos focales, 5 de 21 participantes presentaron críticas a los impactos de los agroquímicos en la salud y el ambiente, aunque señalaran asimismo beneficios productivos. En las entrevistas, por su parte, sobre el total de 42 casos, 11 resaltaron que existen aspectos positivos y negativos, y 4, aspectos meramente negativos.


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