Balcarce, provincia de Buenos Aires,
República Argentina (2021)
José Muzlera[1]
Introducción
La década de 1990, de la mano del neoliberalismo –en lo político– y de los cultivos transgénicos, la informática y las nuevas formas de comunicación y georreferenciación –en lo tecnológico–, inaugura una nueva etapa en el agro argentino. Esta nueva etapa se caracteriza por una mayor producción y productividad, por una mayor riqueza agregada (con sus impactos beneficiosos para las cuentas nacionales) y por conflictos socioambientales.
El análisis de estas transformaciones es parte de un debate irresuelto. ¿Cómo afecta esta Tercera Revolución Verde la calidad de vida de las poblaciones geográficamente vinculadas? (Azcuy Ameghino, 2013; Muzlera, 2013; Gordziejczuk, 2015; Blois, 2017; Ramírez, 2019; De Arce y Salomón, 2020; Folguera, 2020; López Castro, Moreno & Liaudat, 2019; Verzeñassi et al., 2020; Zarrilli, 2020a; Fernández, Villulla & Capdeviellem, 2021; Gras y Hernández, 2021; Pinto, 2021).
El modelo agronegocio excede lo productivo, afecta a las relaciones humanas y el desarrollo territorial, la explotación de recursos y los vínculos con el ambiente (Muzlera, 2016 y 2018; Svampa y Viale, 2018). Carla Gras y Valeria Hernández (2013), en un trabajo fundante, entienden al agronegocio como un sistema socioproductivo que se asienta en cuatro pilares, tecnológico, financiero, productivo y organizacional. El tecnológico (biotecnologías de derecho privado y nuevas tecnologías de la información y de la comunicación) permitió potenciar las ventajas comparativas. El financiero actúa “por arriba” (mediante la intervención de los especuladores institucionales que presionan incrementando la demanda y haciendo subir los precios de los commodities agrícolas, particularmente la soja) y “por abajo”, a nivel local (a través de las estrategias implementadas por los productores y empresarios, quienes organizaron la producción, el almacenamiento y la comercialización de su producción en función de las “herramientas” financieras). El productivo, relativo a las nuevas características de los factores tierra y trabajo, por un lado, define una dinámica de acaparamiento de la tierra no solo vía compra, sino, de manera más general, mediante el alquiler, y, por otro, lleva a una proporción nunca vista la tercerización de las labores agrícolas. Por último, el pilar organizacional, mediante la implementación de nuevas herramientas de gestión (apoyadas en las TIC), reconfigura las prácticas productivas, políticas, sociales e institucionales del sector y, con ello, la fundación de nuevas identidades profesionales.
El modelo agronegocios impulsa un cambio en las lógicas de acumulación, así como en las identidades individuales y colectivas, con consecuencias directas en las dinámicas territoriales.
Respecto de nuestra pregunta central, cómo se vincula el modelo agropecuario imperante con el bienestar de quienes habitan los agroterritorios, hay dos grandes posturas que, a partir de intereses e ideologías, sostienen sus argumentos en indicadores indirectos.
Por un lado, quienes están a favor del modelo, los empresarios del agronegocio, nucleados en AACREA y AAPRESID, los principales grupos multimedios, Clarín o La Nación, los políticos que han ocupado los principales cargos de gestión nacional desde 1995 en adelante y algunos representantes del mundo académico, lo defienden con argumentos como los del derrame, la atracción de capitales extrasectoriales y el necesario e irreversible aumento de la productividad. Este discurso manifiesta que el modelo posee una alta eficiencia productiva, que demanda mano de obra calificada, que genera grandes saldos exportables y un efecto derrame que beneficia a las economías secundarias y terciarias locales (la industria metalmecánica, los servicios profesionales del agro, la informática, los comercios especializados). En los territorios, se expresa en la tan escuchada y naturalizada frase “Cuando al campo le va bien, al pueblo le va bien”. Entre otros, en esta línea de pensamiento, podríamos citar a Cristián Angió (2006); Roberto Bisang y Bernardo Kosacoff (2006); Bisang et al. (2008 y 2009); y Horacio Maiztegui Martínez (2009).
Por otro lado, están quienes afirman que el modelo agronegocio y su cultivo estrella, la soja, son el eje de un patrón de acumulación basado –junto a la minería y las actividades hidrocarburíferas– en la sobreexplotación de recursos naturales cada vez más escasos y en la expansión de las fronteras de producción agrícola hacia territorios antes reservados a otros usos y prácticas (selvas, yungas, bosques nativos, montes, valles), con consecuencias negativas en la salud, el deterioro medioambiental y la expulsión de seres humanos del sistema. En este grupo, se encuentran movimientos ambientalistas de alcance local y nacional y asociaciones que nuclean a pequeños productores campesinos e indígenas. En esta línea interpretativa, del mundo académico, podríamos citar a Marcelo Sili (2005); Hugo Ratier (2004); Norma Giarracca et al. (2005); Guillermo Neiman y Mario Latuada (2005); Silvia Cloquell et al. (2007); Germán Quaranta (2007); Carla Gras (2009); Natalia López Castro y Guido Prividera (2011); Adrián Zarrilli (2020b), entre otros.
La falta de datos diacrónicos sistematizados nos impide comparar el modelo agronegocio con su antecesor respecto a cómo afecta la calidad de vida de los agroterritorios, pero la evidencia recogida, al menos para el caso de Balcarce en 2019 y 2021, permite cuando menos relativizar que el sector agropecuario sea “el” sostén de la economía territorial, como también señalar el nivel de las afectaciones negativas en la subjetividad de quienes habitan esos territorios. Como se vio en el cap. 2 de este libro, “Desarrollo, calidad de vida y bienestar: un estado de la cuestión”[2], el concepto de calidad de vida va complejizándose (Sen, 1996 y 2016; Sánchez et al., 2006; Gudynas, 2011; Sassen, 2015; Salvia et al., 2018). Se vincula con el poder adquisitivo, pero también con otras dimensiones, como las características del trabajo, y con cómo se traducen en las subjetividades de quienes habitan esos territorios. No hay un consenso acerca de cómo medir el bienestar, aunque aumentan las propuestas para la incorporación del bienestar psicológico (o subjetivo) como una dimensión que debe medirse en términos de indicadores de desarrollo humano. Las necesidades psicosociales, para entender la calidad de vida, son tan centrales como las económicas (Salvia et al., 2018).
El bienestar subjetivo hace referencia a la autovaloración que las personas hacen de su vida y su nivel de satisfacción con ella. Esta valoración contempla los estados de ánimo asociados implícitamente a la experiencia personal y los aspectos emocionales, afectivos o cognitivos (Rosa-Rodríguez et al., 2015; Rodríguez et al., 2020). El bienestar psicológico se explica por cómo una persona evalúa su vida como un todo, por su desarrollo óptimo a través del impulso de sus capacidades y el crecimiento personal como indicadores directos del funcionamiento positivo (Veenhoven, 1991 y 1995; Rosa-Rodríguez et al., 2015; Rodríguez et al., 2020).
El bienestar psicológico es medido a través de diferentes índices que no se ven afectados de modo directo por los estímulos ambientales. Veenhoven (1991 y 1995) entiende que, así como el estado natural biológico del organismo es la salud, en el área psicológica el bienestar es el estado “natural”. Esto explica por qué personas que viven con condiciones materiales deficientes y baja capacidad de consumo no registran grados de bienestar psicológico necesariamente malos. No obstante, así como la mala alimentación o el agua contaminada empeoran los índices de salud de una población, hay situaciones en las que el peso de condiciones socioambientales adversas supera las capacidades de resiliencia y lleva a las personas a niveles de bienestar más bajos. Este punto es de suma importancia porque sugiere que, a nivel poblacional, un pequeño descenso en el bienestar psicológico promedio estaría asociado a condiciones materiales de existencia mucho peores.
En este capítulo, se calculará la riqueza producida por el sector agropecuario, se presentarán los niveles y las características de las actividades laborales y los índices de bienestar psicológico de los habitantes de la ciudad de Balcarce y San Agustín, un pueblo de 450 personas a 30 kilómetros de la mencionada ciudad. También se dará cuenta, para el área geográfica elegida, de cuánta mano de obra demanda el agro, de la identidad de género de esta, de los niveles de pobreza generales y sectoriales, de la relación entre sector agropecuario y patologías oncológicas, y de la comparación entre el bienestar psicológico de quienes desarrollan sus actividades productivas en el sector agropecuario respecto al de quienes las desarrollan por fuera de él.
La hipótesis central de este trabajo es que el modelo agronegocio, en función de la riqueza que genera, no logra una significativa distribución de la riqueza y que quienes están directamente vinculados a él presentan peores niveles en los indicadores de calidad de vida que la población vinculada a otros sectores productivos.
Metodología
Los datos que sustentan este trabajo, excepto cuando se aclare lo contrario, surgen de un relevamiento polietápico realizado de modo presencial en el domicilio de los encuestados, entre el 1.º de octubre y el 15 de noviembre de 2021. El muestreo fue del tipo aleatorio simple ajustado por cuotas según radios censales. El partido de Balcarce, según datos del último Censo Nacional de Población y Vivienda, contaba con 51.736 habitantes. 43.749, en la ciudad homónima, cabecera del partido. En San Agustín habitaban 511 personas.
Con un total de 793 formularios relevados, en Balcarce se logró trabajar, a nivel persona, con un nivel de confianza de 95 % y un margen de error de +/-4 %. Y en San Agustín, con un nivel de confianza del 90 % y un margen de error de +/-5 % para los hogares. Los encuestadores y las encuestadoras fueron empleadas y empleados de la Municipalidad de Balcarce, con conocimiento del terreno[3]. Por razones logísticas presupuestarias, no se relevaron zonas rurales (donde vive casi el 8 % de la población del partido).
Las preguntas que en la prueba piloto fueron señaladas como causantes de cierta incomodidad por algunos encuestadores (las referidas a ingresos) se dispusieron al final del formulario con el objetivo de disminuir las situaciones de tensión durante el relevamiento.
La administración de cada formulario solía demorar entre 20 y 30 minutos. Con un máximo de 100 preguntas, fueron relevados datos de viviendas, hogares, personas y explotaciones agropecuarias (en los casos de los hogares que estuvieran vinculados a alguna). Se obtuvo información de las características edilicias de la vivienda y del régimen de tenencia; la composición del hogar (edad, nivel educativo, ingresos y actividad principal de cada uno de sus miembros); el consumo de alimentos (frecuencia, características, lugares de adquisición y autoproducción); los consumos tecnológicos; la movilidad; la organización respecto al trabajo y el manejo del dinero; el uso del tiempo; el consumo de información y redes sociales; los subsidios y rentas; la salud (enfermedades mentales, crónicas y cáncer, lugares donde se atiende, frecuencia, tipo de prestaciones a las que accede); las producciones agropecuarias asociadas al hogar y sus características principales. Respecto a las dimensiones trabajo e ingresos, se indagaron por separado respondente y jefe de hogar. Además de las mencionadas y las preguntas sociodemográficas clásicas, se indagó acerca del bienestar psicológico personal mediante un instrumento específico, el BIEMPS-J, educación formal, uso del tiempo y sociabilidad lúdica.
Respecto a la dimensión trabajo, esta fue relevada en dos secciones de la encuesta. En la correspondiente al hogar, en la que se indagaba sobre el trabajo del jefe, y la que correspondía a la persona encuestada. Respecto a la rama de actividad, se consideraron 22 categorías, entre las cuales se podía optar por más de una respuesta para poder dar cuenta de la posibilidad de pluriactividad. Al indagar sobre el trabajo, existía la posibilidad de contestar “No trabaja” y “Buscó trabajo activamente durante la última semana”. De este modo, es posible poner en diálogo la información relevada con los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)[4], en la que se considera desocupado a alguien en condiciones de trabajar que no trabaja y que busca trabajo activamente.
El bienestar psicológico –como se mencionó en la introducción– es un concepto complejo que se vincula con la valoración respecto a la forma de vivir. Si bien es dinámico, es más estable que la percepción de felicidad; por eso, a pesar de la mayor complejidad respecto a la percepción de felicidad, optamos por este. Fue medido a través de una prueba estandarizada (BIEPS-J), cuyo formulario puede verse en el anexo, que consiste en afirmaciones a las cuales cada persona debía contestar si estaba de acuerdo, en desacuerdo o ni de acuerdo ni en desacuerdo. La versión final fue elaborada con base en cuatro subdimensiones: a) la autoaceptación de sí mismo y el control; b) la autonomía; c) los vínculos psicosociales; y d) los proyectos (Casullo, 2002). Según la respuesta, se le otorgaba un puntaje de entre 3 y 5 puntos (3 en desacuerdo, 4 ni de acuerdo ni en desacuerdo y 5 totalmente de acuerdo). De ese modo, los resultados variaron entre 39 y 65 puntos[5]. Al momento de agrupar los resultados, se construyeron tres categorías: regulares, buenos y muy buenos a partir de una distribución de la muestra en terciles (26,6 % – 39,1 % y 34,3 % en cada categoría respectivamente). Las líneas de corte estuvieron en 52 y 59 puntos. Esta decisión obedeció a que, como explican Veenhoven (1991 y 1995) y Casullo (2002), hay una tendencia hacia el bienestar y, si hubiésemos presentado dos categorías –a) buenos y muy buenos y b) regulares y malas– cortando por la mediana los cruces entre variables habrían mostrado menor correlación.
La construcción de la variable tipos de hogar por ingreso se presenta en tres categorías: indigentes, pobres y no pobres (todos aquellos que están sobre la línea pobreza). Para poder dialogar con datos del INDEC (que, a través de la EPH, solo mide los conglomerados urbanos más poblados del país, entre los que no se encuentra Balcarce), estas categorías se construyeron con la misma metodología, preguntando por los ingresos mensuales del hogar y utilizando las líneas de corte que sugiere el INDEC para GBA.
Se considera indigentes a quienes no logran los ingresos necesarios para comprar una canasta básica alimentaria y pobres a aquellos hogares que, habiendo podido adquirir una canasta básica alimentaria, no han llegado a cubrir una serie de bienes y servicios no alimentarios (vestimenta, transporte, educación, salud, etc.), Canasta Básica Total (CBT), que no incluye el alquiler de la vivienda.
Mientras que la canasta alimentaria es un concepto normativo, la canasta básica total se construye con base en la evidencia empírica que refleja los hábitos de consumo alimentario y no alimentario de la población de referencia[6]. Los montos en pesos argentinos y los coeficientes según tipo de hogar fueron calculados según la información de costo de vida provista por el INDEC[7].
Los montos para las líneas de corte para un varón adulto (equivalente 1)[8] son los propuestos por el INDEC para indigencia y pobreza, para el Área Metropolitana de Buenos Aires. Estos, en noviembre de 2021, fueron de ARS 10.304,44 para la línea de indigencia y ARS 24.121,77 para la línea de pobreza.
A partir de la metodología (porcentaje de equivalente adulto por sexo y edad) y los montos sugeridos por el INDEC, se realizó el cálculo de pobreza e indigencia del hogar caso por caso. Así, y solo a manera ilustrativa de algunos tipos de hogar: en un hogar de tres integrantes, compuesto por una mujer de 35 años, su hijo de 18 años y su madre de 61 años (coeficiente 2,46), las líneas de corte eran de ARS 25.358,78 y ARS 59.339,54; para uno de cuatro integrantes, compuesto por un varón de 35 años, una mujer de 31 años, un hijo de 6 años y una hija de 8 años (coeficiente 3,09), las líneas de corte fueron de ARS 31.853,10 y ARS 74.536,26; en un hogar de cinco integrantes, constituido por una pareja de un varón y una mujer, ambos de 30 años, y tres hijos de 5, 3 y 1 año (coeficiente 3,25), la línea de corte fue de ARS 33.502,45 y ARS 78.395,74.
De modo similar a lo realizado en 2019 (Muzlera, 2022), hemos estimado, considerando los rindes promedios de cada producción y las superficies, los márgenes brutos[9] regionales de los principales productos agropecuarios, y, a partir de esta información, calculamos las ganancias agregadas del sector. Este dato –a nuestro pesar– está indefectiblemente subestimado dado que, por falta de acceso a la información de los márgenes brutos (MB), no se contabilizaron las siguientes producciones: lechera, ovina, porcina y aviar. Y las siguientes producciones agrícolas: alpiste, arveja, avena y sorgo, que en conjunto demandaron el 1,6 % de la superficie cosechada[10]. Distintas estimaciones –con base en el último Censo Nacional Agropecuario (CNA), 2018, y profesionales locales– sugieren que la superficie agropecuaria del partido ronda entre 282.460 y 288.400 hectáreas. Nosotros, sin contar la superficie dedicada a la ganadería, pudimos relevar información de 252.002 ha, el 89 % de la superficie. Esto hace suponer que, si bien nuestras estimaciones están por debajo de las ganancias totales del sector, el volumen calculado es razonablemente serio para lo que nos proponemos en nuestro trabajo. Para el caso de la ganadería, el ejercicio realizado fue similar: tomamos una tercera parte del stock bovino del partido (ya que el ciclo ganadero promedio es de tres años) y lo multiplicamos por el margen bruto promedio por cabeza[11].
Balcarce
Balcarce es uno de los 135 partidos que tiene la provincia de Buenos Aires, Argentina. Está localizado en el sudeste de dicha provincia, a unos 400 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la capital del país. Su superficie total es de 412.000 ha. La localidad cabecera y su única ciudad es Balcarce, pero tiene pueblos que van desde los 50 hab. a los 500 hab. (San Agustín, Bosch, Napaleofú, Los Pinos, Villa Laguna Brava y Ramos Otero).
Mapa del partido de Balcarce. prov. de Buenos Aires, Rep. Argentina[12]

Fuente: elaboración propia junto a Juliana Romero a partir de información del Instituto Geográfico Nacional.
Características generales del agro balcarceño
Un primer dato para resaltar es el aumento de la superficie promedio de las explotaciones. Según surge de los Censos Nacionales Agropecuarios, la superficie de la explotación promedio en el partido de Balcarce en 1988 era de 293 hectáreas, en 2002 de 594 hectáreas y en 2018 de 671. Esto da cuenta del proceso de concentración de tenencia de la tierra a medida que avanza el modelo agronegocios.
De la observación de las bases catastrales de 2021, surge información respeto a la titularidad de la tierra. La superficie promedio de cada parcela (habiendo descartado las menores a 1 ha) es de 90,8 ha, pero la mitad de ellas es menor a 21,1 ha, y el 75 %, menor a 93,2 ha. El 63,6 % de los titulares de las parcelas viven en el partido de Balcarce; en CABA, el 10,3 %; en Mar del Plata, el 12,8 %; en Tandil, el 2,5 %; y el 10,8 % restante, en otras localidades. Quienes viven fuera del partido son los titulares de las explotaciones más grandes. Los que residen en CABA, en promedio, son dueños de parcelas de 251 ha; los de Mar del Plata poseen, en promedio, 113 ha; los de Tandil, 99; y quienes residen en Balcarce poseen, en promedio, 54 ha. El promedio de la superficie de las parcelas de quienes viven en otras localidades es de 119 ha.
Considerando uno de los argumentos de quienes promueven el modelo agronegocios, según el cual las empresas agropecuarias crecen en superficie concentrando tierra pero derraman vía demanda de bienes, servicios y consumos, estimamos cuánta ganancia produjo el sector agropecuario balcarceño y lo vinculamos con los ingresos promedio por habitante.
Campaña agroganadera 2020/2021. Balcarce. Ganancia agregada
Producto | Hectáreas cosechadas 2021 Cabezas (dic. 21) | Rinde kg/ha | MB USD/ha | USD Tot. |
Papa | 8.000 | 60.000 | 5.811 | 46.490.080 |
Cebada total | 30.111 | 5.800 | 479 | 14.423.169 |
Girasol | 55.200 | 2.100 | 590 | 32.568.000 |
Maíz | 62.000 | 6.700 | 455 | 28.210.000 |
Soja 1.º | 19.419 | 2.600 | 395 | 7.670.505 |
Soja 2.º | 41.780 | 1.400 | 223 | 9.316.940 |
Trigo total | 31.540 | 4.803 | 452 | 14.256.080 |
Alpiste, arveja, avena y sorgo[13] | 3.952 | 432 | 1.707.264 | |
1/3 stock ganad. dic. 2021 | 109418 | 185 | 20.242.372 | |
Total, USD | 174.884.410 |
Fuente: elaboración propia a partir de información de datos publicados por el MAGYP, Dir. Prov. Estadística PBA, revista Márgenes Agropecuarios y Argenpapa. Ver detalles en el apartado metodológico.
Agro, empleo e ingresos
Imaginemos una distribución perfecta de lo producido por el agro entre toda la población del partido: USD 174.884.410 divididos entre 51.736 personas da un promedio de USD 3.380 por habitante durante el año, lo que equivale a USD 282 por persona por mes. En pesos, según el valor promedio del dólar informal (blue) en octubre de 2021, eso es ARS 52.677 por persona, y, si lo calculásemos al valor del dólar oficial, serían ARS 28.626. Si todos fueran hogares unipersonales de hombres adultos, con lo producido por el sector agropecuario alcanzaría para que nadie viviese por debajo de la línea de pobreza (ARS 24.121,77 para un varón adulto solo).
Según nuestra encuesta, el 5,9 % de los hogares eran indigentes, 24,1 % de los hogares eran pobres, y 70 % estaban por sobre la línea de pobreza. Según datos publicados por el INDEC, en los aglomerados de la región pampeana, los hogares indigentes eran 5,8 % y los pobres alcanzaban 26,2 % del total de hogares.
Al comparar por ingresos la población balcarceña con el promedio de los conglomerados urbanos más grandes de la región pampeana medidos por el INDEC, podemos observar que no hay mayores diferencias.
Al no tener información sistematizada de largo plazo acerca de la distribución de la riqueza en Balcarce, sería irresponsable comparar este modelo productivo con uno anterior, pero sí es lícito explicitar su capacidad de derrame, concentración, inclusión y exclusión. A continuación, presentaremos la actividad principal del jefe de hogar.
Actividad principal del jefe de hogar
| Actividad principal del jefe/a de hogar | Porcentaje |
| Ama de casa | 2,49 % |
| Contratista de maquinaria agrícola o transportista (dueño del camión o máquina o tractor) | 1,84 % |
| Empleado de productor, o contratista o transportista | 12,34 % |
| Otro sector agropecuario (profesional independiente, empleado profesional, trabajo en acopio, comercio especializado, etc.) | 5,2 % |
| Productor agropecuario (con o sin empleados) | 1,84 % |
| Cuentapropista y profesionales independientes no agropecuarios (pintor, mecánico, electricista, comerciante, abogado, contador, etc.) | 14,29 % |
| Empleado estatal provincial o nacional (Seguridad, Educación, etc.) | 5,52 % |
| Empleado municipal (administrativo, salud, educación, tránsito, etc.) | 5,2 % |
| Empleados del sector privado no agropecuario (administrativos, mantenimiento, abogados, contadores, médicos, etc.) | 10,28 % |
| Servicio doméstico | 5,63 % |
| Otro (especifique) | 6,82 % |
| Desocupado | 27,9 % |
Fuente: elaboración propia.
El sector agropecuario (incluyendo productores, prestadores de servicios de maquinaria, asalariados y servicios profesionales) da trabajo al 21,22 % de los jefes de hogar. El sector estatal demanda al 10,72 % de los jefes de hogares, 5,63 % se emplea en el servicio doméstico, 2,49 % son amas de casa, 24,57 % trabajan en el servicio privado no agropecuario, y el 27,9 % de los jefes de hogar se encuentran desocupados.
Considerando estas mismas categorías, y analizando el total de la PEA (ya no solo los jefes de hogar), el sector agropecuario emplea al 11,6 % del total de la PEA balcarceña y la desocupación asciende al 33,4 % si la comparamos con la de los jefes de hogar. Según el INDEC, para el tercer trimestre de 2021, la tasa de desocupación en el conjunto de los conglomerados urbanos más grandes del país era del 8,2 %, muy por debajo de nuestras mediciones.
Siendo intelectualmente honestos, es difícil saber cómo valorar estos datos. Si no fuera por el sector agropecuario, ¿la desocupación rondaría el 50 % o –como creemos– el agro demanda cada vez menos mano de obra y la desocupación comienza a aumentar en los agroterritorios? Lo que sí sabemos es que, más allá de lo que derrame el sector agropecuario, este territorio presenta más concentración de la riqueza y más desocupación que el conjunto de los conglomerados urbanos de la zona pampeana.
Estrato socioeconómico del hogar según la actividad principal
del jefe de hogar
| Indigente | Pobre | Sobre línea de pobreza | ||
| Otro (especifique) | 7,1 % | 26,2 % | 66,7 % | 100,0 % |
| Productor agropecuario (con o sin empleados) | 12,5 % | 12,5 % | 75,0 % | 100,0 % |
| Nunca trabajó | 50,0 % | 50,0 % | 100,0 % | |
| Contratista de maquinaria agrícola o transportista (dueño del camión o máquina o tractor) | 44,4 % | 55,6 % | 100,0 % | |
| Empleado de productor, o contratista o transportista | 6,5 % | 33,7 % | 59,8 % | 100,0 % |
| Otro sector agropecuario (profesional independiente, empleado profesional, trabajo en acopio, comercio especializado) | 11,4 % | 22,9 % | 65,7 % | 100,0 % |
| Empleado municipal (administrativo, salud, educación, tránsito, etc.) | 10,5 % | 89,5 % | 100,0 % | |
| Empleado estatal provincial o nacional (Seguridad, Educación, etc.) | 16,7 % | 83,3 % | 100,0 % | |
| Cuentapropista y profesionales independientes no agropecuarios (pintor, mecánico, electricista, comerciante, abogado, etc.) | 5,3 % | 24,5 % | 70,2 % | 100,0 % |
| Empleados del sector privado no agropecuario (administrativos, mantenimiento, abogados, contadores, médicos, etc.) | 1,3 % | 14,3 % | 84,4 % | 100,0 % |
| Servicio doméstico | 14,3 % | 45,2 % | 40,5 % | 100,0 % |
| Ama de casa | 5,9 % | 11,8 % | 82,4 % | 100,0 % |
| Total | 5,8 % | 24,2 % | 70,0 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson: 0,000. Phi: 0,380.
Una de las cosas que deja en evidencia la tabla anterior sobre la que no podemos dejar de llamar la atención –aunque, en las últimas décadas, se ha hecho común– es la cantidad de personas en hogares pobres aun con un jefe de hogar con trabajo. Al calcular los porcentajes de la tabla en sentido inverso (no la presentamos por una cuestión de espacio), observamos que en el 36,2 % de los hogares indigentes su jefe de hogar está ligado laboralmente con el sector agropecuario. Lo mismo sucede con el 36,0 % de los hogares pobres. Entre los hogares por sobre la línea de pobreza, solo en el 25,2 % su jefe de hogar se vincula laboralmente al sector agrario. Esto es una muestra más de la mala distribución de la riqueza que promueve el modelo agronegocios.
Sector de actividad y horas de trabajo semanales
| No trabaja | 20 o menos | 21 a 40 | 41 o más | Total |
| Otro | 51,6 % | 9,4 % | 21,9 % | 17,2 % | 100,0 % |
| sector agropecuario | 44,3 % | 5,7 % | 18,6 % | 31,4 % | 100,0 % |
| Sect. estatal | 24,8 % | 8,6 % | 47,6 % | 19,0 % | 100,0 % |
| Sect. privado (no agropecuario) | 15,0 % | 10,5 % | 43,5 % | 31,0 % | 100,0 % |
| Hogar (ama de casa y serv. doméstico) | 49,7 % | 20,6 % | 18,8 % | 10,9 % | 100,0 % |
| 33,4 % | 12,3 % | 32,3 % | 22,0 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,000. Phi, 0,427.
El sector privado en su conjunto, agropecuario y no agropecuario, es el que más tiempo demanda a quienes trabajan en él. El 31,4 % de quienes trabajan en el agro y el 31,0 % de quienes trabajan en el sector privado no agropecuario dedican más de 40 horas semanales a esta actividad.
Sector de empleo según máximo nivel educativo alcanzado
| Primario incompleto (o inferior) | Primario completo | Secundario incompleto | Secundario completo | Terciario o universitario incompleto | Terciario o universitario completo | Posgrado (completo o incompleto) | Total | |
| Otro | 3,1 % | 20,3 % | 28,1 % | 34,4 % | 4,7 % | 7,8 % | 1,6 % | 100,0 % |
| Agrop. | 27,1 % | 24,3 % | 10,0 % | 27,1 % | 11,4 % | 100,0 % | ||
| Estado | 3,8 % | 7,5 % | 3,8 % | 30,2 % | 11,3 % | 41,5 % | 100,0 % | |
| Privado (no agrop.) | 4,0 % | 12,0 % | 15,5 % | 30,5 % | 12,0 % | 24,5 % | 100,0 % | |
| (ama de casa y serv. doméstico) | 14,5 % | 32,5 % | 21,7 % | 25,3 % | 4,2 % | 1,8 % | 100,0 % | |
| 9,4 % | 19,1 % | 15,8 % | 29,0 % | 7,6 % | 18,0 % | 1,0% | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson, 0,000. Phi, 0,543.
En contra de uno de los pilares argumentales de los defensores del modelo agronegocios, al menos Balcarce, el sector agropecuario es el sector que emplea la mano de obra con menor nivel de educación formal: el 27,1 % no han terminado el nivel primario, y solo el 11,4 % han completado estudios terciarios o universitarios. El 14,5 % de las amas de casa y empleadas del servicio doméstico tienen su educación primaria completa. El sector estatal, en el otro extremo, tiene al 41,5 % de sus empleados con estudios terciarios o universitarios completos.
Ingresos y nivel educativo
| Estrato del hogar por ingresos (según adulto equivalente) (ver tabla metodológica) | Total | ||
| Indigente | Pobre | Sobre línea de pobreza | ||
| Primario incompleto (o inferior) | 9,1 % | 31,8 % | 59,1 % | 100,0 % |
| Primario completo | 9,9 % | 24,3 % | 65,8 % | 100,0 % |
| Secundario incompleto | 11,5 % | 42,7 % | 45,8 % | 100,0 % |
| Secundario completo | 19,8 % | 80,2 % | 100,0 % | |
| Terciario o universitario incompleto | 6,7 % | 13,3 % | 80,0 % | 100,0 % |
| Terciario o universitario completo | 1,3 % | 10,5 % | 88,2 % | 100,0 % |
| Posgrado (completo o incompleto) | 100,0 % | 100,0 % | ||
| 5,9 % | 24,1 % | 70,0 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson, 0,000. Phi, 0,343.
Si bien, como ya lo señalaba Susana Torrado (2007), desde la década de 1970, la relación entre educación formal e ingresos comienza a debilitarse. No obstante, este vínculo –del que podemos discutir si existe una variable dependiente de la otra o si se afectan mutuamente en cuanto mecanismo de reproducción social bourdiano– aún existe. El 100 % de quienes tienen un posgrado están por sobre la línea de pobreza, el 88,2 % de quienes poseen una carrera de grado o terciara completa lo están, el 80,0 % de quienes poseen un secundario completo o una carrera terciaria o universitaria están por sobre la línea de pobreza y de ahí para abajo el cambio es abrupto. El 40,9 % de quienes no han accedido a una educación secundaria y el 54,2 % de quienes no han terminado el secundario están por debajo de la línea de pobreza.
Género del jefe de hogar y sector agropecuario
| Identidad del género del jefe de hogar | Total | |
| Varón | Mujer | ||
Sí | 88,5 % | 11,5 % | 100,0 % |
No | 54,9 % | 45,1 % | 100,0 % |
| 65,1 % | 34,9 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson, 0,000. Phi, 0,325.
Si bien los jefes de hogares siguen siendo mayormente varones, esta diferencia es particularmente marcada en el sector agropecuario. El 88,5 % de los hogares vinculados al agro declaran que el jefe de hogar es un varón, contra el 54,9 % de entre los que no.
Relación de felicidad con el trabajo
| ¿Cuán feliz está con su trabajo? | Total | ||
| Muy feliz/Lo disfruto/Me realiza | Me es indiferente/Más o menos | Lo padezco | ||
| Otro (especifique) | 42,2 % | 45,3 % | 12,5 % | 100,0 % |
| Productor agropecuario (con o sin empleados) | 50,0 % | 50,0 % | 100,0 % | |
| Contratista de maquinaria agrícola o transportista (dueño del camión o máquina o tractor) | 60,0 % | 40,0 % | 100,0 % | |
| Empleado de productor, o contratista o transportista | 25,0 % | 66,7 % | 8,3% | 100,0 % |
| Otro sector agropecuario (profesional independiente, empleado profesional, trabajo en acopio, comercio especializado, etc.) | 39,1 % | 47,8 % | 13,0 % | 100,0 % |
| Empleado municipal (administrativo, salud, educación, tránsito, etc.) | 75,9 % | 20,4 % | 3,7 % | 100,0 % |
| Empleado estatal provincial o nacional (Seguridad, Educación, etc.) | 75,0 % | 23,1 % | 1,9 % | 100,0 % |
| Cuentapropista y profesionales independientes no agropecuarios (pintor, mecánico, electricista, comerciante, abogado, contador, etc.) | 65,0 % | 34,0 % | 1,0 % | 100,0 % |
| Empleados del sector privado no agropecuario (administrativos, mantenimiento, abogados, contadores, médicos, etc.) | 46,0 % | 49,0 % | 5,0 % | 100,0 % |
| Servicio doméstico | 21,0 % | 62,9 % | 16,2 % | 100,0 % |
| Ama de casa | 27,9 % | 65,6 % | 6,6 % | 100,0 % |
| Total | 46,4 % | 46,4 % | 7,3 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson, 0,000. Phi, 0,420.
Una vez más, quienes se vinculan con el sector agropecuario no son los más beneficiados. El 50 % de los productores se sienten muy felices con su trabajo, el 60 % de los contratistas y los transportistas, el 25 % de los asalariados del sector, y el 39 % de los profesionales independientes. En contrapartida, más del 75 % de los empleados estatales se sienten muy felices o realizados con su trabajo. De entre quienes trabajan como servicio doméstico, el 21 % entra en la categoría de muy felices, y de las amas de casa, el 28 %. De entre quienes dicen padecer su trabajo, están el 8,3 % de los empleados del sector agropecuario, el 13 % de los profesionales del sector y el 16,2 % del servicio doméstico.
Bienestar psicológico
Como venimos sosteniendo a lo largo de este libro, el bienestar es más complejo que el nivel de ingresos. Por ello, en este apartado, presentaremos la relación de este con otras variables que pueden llegar a ayudarnos a comprenderlo.
Actividad principal y bienestar psicológico
| Regular | Bueno | Muy bueno | Total | |
| Otro (especifique) | 23,4 % | 45,3 % | 31,3 % | 100,0 % |
| Productor agropecuario (con o sin empleados) | 100,0 % | 100,0 % | ||
| Contratista de maquinaria agrícola o transportista (dueño del camión o máquina o tractor) | 80,0 % | 20,0 % | 100,0 % | |
| Empleado de productor, o contratista o transportista | 50,0 % | 36,1 % | 13,9 % | 100,0 % |
| Otro sector agropecuario (profesional independiente, empleado profesional, trabajo en acopio, comercio especializado, etc.) | 26,1 % | 21,7 % | 52,2 % | 100,0 % |
| Empleado municipal (administrativo, salud, educación, tránsito, etc.) | 18,5 % | 48,1 % | 33,3 % | 100,0 % |
| Empleado estatal provincial o nacional (Seguridad, Educación, etc.) | 11,5 % | 46,2 % | 42,3 % | 100,0 % |
| Cuentapropista y profesionales independientes no agropecuarios (pintor, mecánico, electricista, comerciante, abogado, contadores, etc.) | 12,0 % | 33,0 % | 55,0 % | 100,0 % |
| Empleados del sector privado no agropecuario (administrativos, mantenimiento, abogados, contadores, médicos, etc.) | 12,0 % | 42,0 % | 46,0 % | 100,0 % |
| Servicio doméstico | 45,7 % | 35,2 % | 19,0 % | 100,0 % |
| Ama de casa | 45,9 % | 37,7 % | 16,4 % | 100,0 % |
| Total | 25,6 % | 38,09 % | 35,5 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson: 0,000. Phi 0,428.
Si nos concentramos en las ocupaciones que se asocian con un mejor bienestar psicológico, encontramos la de ser productor agropecuario. Acá, se imponen dos comentarios: el primero es que, a pesar de los 793 formularios relevados, solo se captaron siete productores agropecuarios, y el segundo es que, en noviembre de 2019, antes de la pandemia y un año en el que el sector agropecuario balcarceño, a nivel agregado, produjo 45 % menos que durante 2021 (Muzlera, 2022), “solo” 75,6 % de quienes estaban vinculados al sector agropecuario se ubicaron en la categoría “muy buena” de bienestar psicológico. En el otro extremo, entre quienes peores índices de bienestar presentaron, también estaba el sector agropecuario, pero en este caso los asalariados, el 50 % de los asalariados del sector mostraron en el test un bienestar psicológico regular, 36,1 % bueno y solo el 13,9 % muy bueno. Resultados ligeramente peores que el personal doméstico y las amas de casa. En esta categoría (asalariados del sector agropecuaria), no cabe ninguna “salvedad” metodológica que nos haga dudar o relativizar el resultado.
Ingresos y bienestar psicológico
| Regular | Bueno | Muy bueno | Total |
Indigente | 46,7 % | 33,3 % | 20,0 % | 100,0 % |
Pobre | 43,4 % | 33,6 % | 23,0 % | 100,0 % |
Sobre línea | 21,5 % | 42,9 % | 35,6 % | 100,0 % |
Total | 28,3 % | 40,1 % | 31,6 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,000. Phi, 0,234.
Como es de esperarse, el bienestar psicológico se explica en buena medida por el nivel de ingresos del hogar. Entre el 43,4 % y el 46,7 % de quienes viven en hogares pobres o indigentes presentaron niveles de bienestar psicológico regulares, mientras que solo el 21,5 % de quienes viven en un hogar por sobre la línea de pobreza poseen un bienestar psicológico regular. En la categoría de bienestar psicológico muy bueno, están entre el 20,0 % y el 23,0 % de los hogares indigentes y pobres y el 35, 6 % de los hogares que están por sobre la línea de pobreza.
Cantidad de horas trabajadas y bienestar psicológico
| Regular | Bueno | Muy bueno | Total |
| No trabaja | 41,1 % | 34,7 % | 24,3 % | 100,0 % |
| 20 o menos | 20,3 % | 33,8 % | 45,9 % | 100,0 % |
| De 21 a 40 | 17,9 % | 42,6 % | 39,5 % | 100,0 % |
| 41 o más | 15,8 % | 42,9 % | 41,4 % | 100,0 % |
| 25,5 % | 38,9 % | 35,6 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,000. Phi, 0,269.
La cantidad de horas trabajadas es un elemento estadístico explicativo respecto del bienestar psicológico, en particular entre quienes no trabajan y quienes sí. Quienes no trabajan son quienes peores índices de bienestar psicológico presentan. Entre los trabajadores, hay una relación inversa entre cantidad de horas trabajadas y bienestar.
Vínculo con el trabajo y bienestar psicológico
| Bienestar psicológico | Total | ||
| Regular | Bueno | Muy bueno | ||
| Muy feliz/Lo disfruto/Me realiza | 14,2 % | 39,5 % | 46,3 % | 100,0 % |
| Me es indiferente/Más o menos | 33,5 % | 38,1 % | 28,5 % | 100,0 % |
| Lo padezco | 47,7 % | 40,9 % | 11,4 % | 100,0 % |
| 25,6 % | 38,9 % | 35,5 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,000. Phi, 0,287.
La relación con el trabajo tiene una variación concomitante con el bienestar psicológico. Quienes más a gusto están con el trabajo mejor nivel de bienestar psicológico presentan, y viceversa. En este caso, como en varios anteriores, si bien la hipótesis es que el grado de bienestar psicológico es dependiente de cómo se sienten las personas en el trabajo, no se puede descartar una relación de retroalimentación o inversa, al menos en algunos casos.
Agro y salud
En el último apartado de este capítulo, presentaremos algunas correlaciones entre el vínculo con el sector agropecuario e indicadores de salud. Si bien en el formulario se hicieron varias preguntas sobre estado de salud (chequeos de rutina, actividad física, lugar donde se atiende, cobertura, enfermedades crónicas, afecciones oncológicas, etc.), solo presentaremos las que por su correlación hayamos observado como más relevantes.
Relación entre el agro y patologías respiratorias crónicas
| Enfermedad respiratoria crónica (asma, EPOC, etc.) | Total | ||
| Sí | No | |||
Hogar vinculado al agro | Sí | 28,1 % | 71,9 % | 100,0 % |
No | 16,2 % | 83,8 % | 100,0 % | |
Total | 19,7 % | 80,3 % | 100,0 % | |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,058. Phi, 0,136.
Este cuadro muestra que hay una mayor probabilidad de padecer una patología respiratoria crónica si se está vinculado al agro.
Relación entre el agro y la obesidad
| Obesidad | Total | ||
| Sí | No | |||
Hogar vinculado al agro | Sí | 33,3 % | 66,7 % | 100,0 % |
No | 19,9 % | 80,1 % | 100,0 % | |
Total | 23,8 % | 76,2 % | 100,0 % | |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,045. Phi, 0,144.
De modo similar a lo que ocurre con las patologías respiratorias crónicas, quienes están laboralmente vinculados al agro tienen más riesgo estadístico de padecer obesidad que quienes no. Esta relación no implica que el riesgo sea “materialmente inevitable”, es probable que sean factores culturales “típicos” de quienes se vinculan laboralmente al sector.
Patologías oncológicas y agro
| ¿Algún miembro de su hogar ha sufrido alguna enfermedad oncológica en los últimos 10 años? | Total | ||
| Sí | No | Ns/Nc | ||
| Otro (especifique) | 12,7 % | 87,3 % | 100,0 % | |
| Productor agropecuario (con o sin empleados) | 11,8 % | 82,4 % | 5,9 % | 100,0 % |
| Contratista de maquinaria agrícola o transportista (dueño del camión o máquina o tractor) | 17,6 % | 82,4 % | 100,0 % | |
| Empleado de productor, o contratista o transportista | 10,5 % | 89,5 % | 100,0 % | |
| Otro sector agropecuario (profesional independiente, empleado profesional, trabajo en acopio, comercio especializado, etc.) | 16,7 % | 83,3 % | 100,0 % | |
| Empleado municipal (administrativo, salud, educación, tránsito, etc.) | 10,4 % | 87,5 % | 2,1 % | 100,0 % |
| Empleado estatal provincial o nacional (Seguridad, Educación, etc.) | 5,9 % | 94,1 % | 100,0 % | |
| Cuentapropista y profesionales independientes no agropecuarios (pintor, mecánico, electricista, comerciante, abogado, etc.) | 7,6 % | 92,4 % | 100,0 % | |
| Empleados del sector privado no agropecuario (administrativos, mantenimiento, abogados, contadores, médicos, etc.) | 6,3 % | 93,7 % | 100,0 % | |
Servicio doméstico | 9,6 % | 88,5 % | 1,9 % | 100,0 % |
Ama de casa | 8,7 % | 91,3 % | 100,0 % | |
| 9,8 % | 89,8 % | 0,5 % | 100,0 % |
Fuente: elaboración propia. Chi-cuadrado de Pearson 0,214. Phi, 0,201.
Si bien la relación entre cáncer y sector agropecuario no aparece en este relevamiento tan marcada, queda claro que quienes más vinculados están a las labores agropecuarias más posibilidades de enfermar de cáncer tienen. Otra salvedad es que no sabemos cuán expuestos están a los productos cancerígenos de la agricultura quienes no trabajan directamente vinculados al sector. En localidades medianas y pequeñas como las estudiadas, “el campo” queda muy cerca de donde la población pasa la mayor parte de su tiempo (aunque no esté vinculada laboralmente al sector). Existen derivas en el agua, en el aire y en los alimentos que se consumen.
Conclusiones
El presente capítulo se ha centrado en mostrar datos relacionados con la calidad de vida de quienes viven en una agrolocalidad (Balcarce en octubre y noviembre de 2021) y posibles relaciones de esta calidad de vida con el modelo agropecuario hegemónico, el agronegocio. Estos datos, en un universo con muy poca información accesible y de calidad, son un elemento valioso. Aportan a la disputa en torno a los aspectos positivos y negativos respecto del agronegocio como modelo de producción y organizador de la vida en gran parte de las localidades medianas y pequeñas de la Argentina. Aunque, por falta de datos, no se puede comparar con el modelo anterior, sí se aportan elementos para conocer mejor la realidad actual y para imaginar y disputar los sentidos para construir un futuro.
Las cuatro partes en que estructuramos este trabajo, “Características generales del agro balcarceño”, “Agro, empleo e ingresos”, “Bienestar psicológico” y “Agro y salud”, sugieren que el modelo agronegocios tiene varias consecuencias negativas para el territorio y quienes habitan en él. En primer lugar, concentra la producción y no se observa -al menos a nivel local- la demanda de obra especializada con la que muchos defensores del modelo intentan promocionarlo. Los niveles de pobreza, indigencia y desocupación no son mejores que los del total del país (de hecho, los niveles de desocupación son bastante peores). Si comparamos con nuestra medición anterior (diciembre de 2019, prepandemia y cuarentena COVID-19) los ingresos relativos para quienes trabajan en el sector disminuyeron, al tiempo que –a nivel agregado– el sector produjo más ganancias. Los índices de bienestar psicológico son peores entre los empleados del sector. Y, por último, algunas de las variables de salud también han dado cuenta de los efectos negativos del modelo. Quienes trabajan para el sector agropecuario tienen más probabilidades de padecer obesidad, así como de contraer cáncer y enfermedades respiratorias.
Habrá que seguir construyendo datos sistemáticos para poder planificar y debatir cómo alimentarnos de manera social y ambientalmente sustentable, pero las primeras evidencias no son alentadoras respecto del camino que vamos transitando.
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Anexo
| De acuerdo | Ni de acuerdo ni en desacuerdo | En desacuerdo | ||
1 | Creo que sé lo que quiero hacer con mi vida. | |||
2 | Si algo me sale mal, puedo aceptarlo, admitirlo. | |||
3 | Me importa pensar qué haré en el futuro. | |||
4 | Puedo decir lo que pienso sin mayores problemas. | |||
5 | Generalmente le caigo bien a la gente. | |||
6 | Siento que podré lograr las metas que me proponga. | |||
7 | Cuento con personas que me ayudan si lo necesito. | |||
8 | Creo que en general me llevo bien con la gente. | |||
9 | En general hago lo que quiero, soy poco influenciable. | |||
10 | Soy una persona capaz de pensar en un proyecto para mi vida. | |||
11 | Puedo aceptar mis equivocaciones y tratar de mejorar. | |||
12 | Puedo tomar decisiones sin dudar mucho. | |||
13 | Encaro sin mayores problemas mis obligaciones diarias. |
Fuente: Casullo y Brenlla (2002, p. 101).
- Lic. y Prof. en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Mg. en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de General Sarmiento y el Instituto de Desarrollo Económico y Social (UNGS-IDES), Dr. en Ciencias Sociales y Humanas por la Universidad Nacional de Quilmes (UNGS), Diploma de Posgrado Bases y Herramientas para la Gestión Integral del Cambio Climático por el Ministerio de Desarrollo Sostenible – Universidad Nacional de Quilmes – Universidad Nacional de Jujuy y ONU Programa para el Medioambiente. Director Lic. en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), docente del Área de Sociología de la UNQ. Docente de posgrado de FLACSO y de la UNQ. Investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro de Estudios de la Argentina Rural de la Universidad Nacional de Quilmes (CEAR-UNQ), orcid.org/0000-0002-5334-0346. Contacto: jmuzlera@unq.edu.ar y jmuzlera@gmail.com.↵
- Al haber sido desarrollados en el cap. 2, no ahondaremos aquí acerca de las discusiones de estos conceptos.↵
- Cabe en este punto una mención especial de agradecimiento al Dr. Esteban Reino, intendente de Balcarce, que facilitó los RR. HH. para el relevamiento. A la Lic. Juliana Romero, directora de GIS de Municipalidad de Balcarce, sin su colaboración y asistencia permanente, no pudiera haberse llevado a cabo el relevamiento, y a todos los encuestadores (Franco Costanzo, Gladys Juarez, Juan Laforgia, Mary Cepeda, Natalia Bodega, Paola Moreno, Sara Petz, Silvana Santillán, Verónica Amuschastegui), en especial a la Lic. Verónica Camino, por su compromiso y disponibilidad más allá del presupuesto. ↵
- A nivel nacional no hay estadísticas –más allá de los principales conglomerados urbanos relevados por la EPH y exceptuando los Censos Nacionales de Población y Vivienda, que se realizan cada diez años– que releven datos de pobreza, trabajo y desocupación de las localidades medianas y pequeñas (Román y Willebald, 2019).↵
- Los análisis de coherencia y grado de correlación que existen entre los ítems pueden encontrarse en Casullo y Brenlla (2002).↵
- Para una mayor precisión, se sugiere consultar t.ly/0W3vO (recuperado el 6 de diciembre de 2021).↵
- En t.ly/I8w31 (recuperado el 6 de diciembre de 2021).↵
- Los consumos estimados varían según sexo y edad. Estos se establecen para el varón adulto, equivalente a 1, y los demás grupos se calculan en función de este.↵
- Los MB excepto los de papa fueron calculados según la revista Márgenes Agropecuarios. Para el caso de la papa, estos fueron los que estima el portal balcarceño Argenpapa. Las superficies cosechadas y los rindes fueron los que publica el Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca. En t.ly/ym0Tu (junio de 2023), y el stock ganadero el que publica La Dirección General de Estadísticas de la Prov. de Buenos Aires, t.ly/LeSuc (junio de 2023).↵
- Estos cuatro cultivos, en conjunto, demandaron 3.952 ha. Para los cálculos de ganancia agregada, se calculó un MB promedio del resto de las actividades agrícolas extensivas (la papa quedó por fuera por ser intensiva), 432 UDS/ha; realizándose el siguiente cálculo: 3.952 ha a USD/ha 432 = USD 1.707.264. Sí pudimos acceder a la información del stock ganadero y sus MB, aunque no a la sup. que demandaban, pero es lícito suponer que esa proporción de menos del 11 % de la superficie agropecuaria sobre la que no tenemos información sea destinada a la ganadería. En función de esta suposición, calculamos la carga por ha y de allí el MB.↵
- Fuente: Márgenes Agropecuarios, n.º 437, nov. de 2021.↵
- Como falta el territorio argentino en el Continente Antártico, no se presentó la etiqueta correspondiente a la Prov. de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.↵
- Ver apartado metodológico para esta estimación.↵






