Florencia Gutiérrez, María Belén Portelli y Lucía Santos Lepera
Desde finales del siglo XIX, la Santa Sede manifestó su preocupación por los problemas sociales derivados de la industrialización y la consolidación del capitalismo. Esto se puso de manifiesto en la encíclica Rerum Novarum (1891), que reconoció la gravedad de la situación obrera y propició una intervención reformista para mejorar las condiciones de los trabajadores, conciliar las relaciones obrero-patronales y evitar el avance de las izquierdas.
Bajo estos lineamientos, el catolicismo social argentino comenzó a orientar su acción hacia el mundo del trabajo mediante múltiples y diversas iniciativas de carácter asociativo, asistencial, educativo, legislativo y gremial. Por esta vía, el laicado y la jerarquía eclesiástica buscaron acompañar los cambios derivados de la modernización y ganar influencia en una sociedad que se transformaba vertiginosamente, avanzando hacia la “recristianización” de los trabajadores.
Los estudios sobre la Iglesia y el catolicismo argentinos se ampliaron extensamente durante los últimos años, incorporando nuevos objetos y enfoques historiográficos. En este marco, se multiplicaron las producciones preocupadas por renovar y profundizar el conocimiento sobre el accionar de la Iglesia y el laicado católico entre los sectores trabajadores. Nutridas de los aportes de la historia social contemporánea y operando en escalas espaciales más específicas, estas historias contribuyeron a visibilizar una multiplicidad de actores, intereses, mediaciones, prácticas e interacciones, en contextos políticos y culturales más amplios. En tal sentido, el propósito de esta publicación es contribuir a la reflexión sobre los aportes y debates recientes acerca de los vínculos entre el catolicismo social y el mundo del trabajo. Especialmente, nos guía el interés por recuperar y repensar las acciones del laicado y la jerarquía eclesiástica que interactuaron con los trabajadores en la Argentina desde fines del siglo XIX y a lo largo del XX. De manera más general, el libro repone estudios que dan cuenta de la compleja y cambiante trama de relaciones tejida entre los católicos sociales y el universo obrero en diversas esferas de actuación. Al mismo tiempo, aspira a propiciar el intercambio teórico-metodológico para sostener una agenda historiográfica que invite a seguir indagando sobre la interacción entre el catolicismo social y el mundo del trabajo con un fuerte sentido dialógico.
En definitiva, esta publicación procura estimular los intercambios entre la historia del catolicismo, la historia del trabajo y la historia de las políticas laborales y sociales, con miras de avanzar en la construcción y articulación de líneas y perspectivas comunes para el abordaje de contextos espaciales y temporales diversos. Por tanto, esperamos que contribuya a la producción de conocimiento sobre problemáticas y dimensiones socio-históricas que en los últimos años han concitado el interés de los investigadores y, de este modo, represente un aporte al campo de la historia social.
En este contexto de preocupaciones, el libro abre con dos capítulos que centran su atención en los círculos de obreros y los intentos de dar forma a un gremialismo católico entre fines del siglo XIX y principios del XX. Situándose en Tucumán, Alejandra Landaburu analiza el posicionamiento sostenido por referentes de los dominicos, franciscanos y redentoristas frente a la cuestión social en una provincia conmovida por el despegue azucarero y el avance del proceso de proletarización. Asimismo, se detiene en el accionar de los círculos de obreros con la congregación salesiana, vínculo que procuró avanzar por la senda del gremialismo católico para prevenir la conflictividad laboral en el espacio agroindustrial. Su texto contribuye a reponer los matices, esfuerzos y debilidades del catolicismo social en la provincia para conquistar el mundo del trabajo, especialmente, el azucarero. Por su parte, Sabrina Asquini se focaliza en los círculos de la Capital Federal para indagar en el perfil social de sus socios y devolvernos una imagen compleja y variopinta del universo de trabajadores que los conformaban. Así, revela que sus filas se nutrieron de trabajadores manuales –con y sin calificación–, comerciantes y empleados, en su mayoría varones extranjeros, de diversos orígenes y con distintos niveles de compromiso, cuya presencia también alentó la discusión sobre el lugar que debían ocupar en los órganos de decisión. En síntesis, el texto contribuye a dotar de sentido y contenido a la clásica definición del carácter policlasista de los círculos de obreros a partir del cruce entre el perfil impulsado por los organizadores, su base societaria, los objetivos institucionales y la percepción que sobre ellos sostuvieron sus principales oponentes políticos. En esta coyuntura y clima de preocupaciones, Florencia Gutiérrez y Lucía Santos Lepera analizan el viaje de tres miembros de la Liga Democrática Cristiana, quienes llegaron a Tucumán en 1905 para relevar las condiciones sociolaborales de los trabajadores azucareros e impulsar su organización. El diario de viaje de los expedicionarios católicos constituye un puente para desandar la construcción de un imaginario social del mundo laboral agroindustrial, clave para legitimar su mirada frente a la dirigencia de la Liga y convencerla de la necesidad de su intervención. A lo largo de la travesía, el “contemplar, fotografiar e informar” se convirtieron en acciones decisivas para recuperar y transmitir “las impresiones” de su recorrido por los ingenios azucareros tucumanos.
El impulso de la legislación social también formó parte de las estrategias del catolicismo para ampliar su presencia en el mundo obrero. En ese marco, María Belén Portelli reconstruye la trama de vínculos que se estableció entre el dirigente católico Arturo M. Bas y los trabajadores que conformaron la Asociación Ferroviaria Nacional (AFN) durante la gestación de las leyes jubilatorias para este sector. El análisis muestra que, en el derrotero que la iniciativa siguió en el parlamento, estos actores desarrollaron intereses convergentes que favorecieron el intercambio y la cooperación. En este acercamiento, el catolicismo habría encontrado una oportunidad para disputar la influencia del socialismo y el sindicalismo revolucionario en el interior del gremio ferroviario. Sobre la diversidad de experiencias del catolicismo social en el territorio argentino da cuenta el trabajo de Clarisa Segura. A partir del análisis de la conformación y el desarrollo de la Unión Popular Católica (UPCA) en la diócesis de Paraná, el trabajo desentraña la heterogeneidad de su derrotero y los perfiles de los actores que involucró. El capítulo incorpora distintas escalas de análisis, al abordar la estructura y estrategias de esta asociación a nivel nacional, diocesano y parroquial. La UPCA fue impulsada por el Episcopado con el fin de centralizar las acciones del laicado, en especial las orientadas a los sectores trabajadores. Sin desconocer este aspecto, el estudio muestra la complejidad y el dinamismo que adquirió el laicado a principios del siglo XX, cuyas actividades se desarrollaron en distintos planos. La investigación situada en la diócesis le permite mostrar los esfuerzos del catolicismo social centrados no sólo en disputar con organizaciones de izquierda la llegada al mundo obrero sino, principalmente, los intentos de diferenciarse de los sectores “patronalistas”, “capitalistas” y “amarillistas”, lo que fue delineando un nuevo discurso al interior del catolicismo de esas décadas.
Por su parte, el capítulo de María Pía Martín se concentra en el estudio del catolicismo social rosarino en el tránsito de los años treinta a los cuarenta a la luz de la biografía de un joven militante laico: Pedro Pablo Francisco Beltramino. Bajo el principio de que el estudio de trayectorias individuales puede ofrecer claves interpretativas para abordar dinámicas más generales de la Iglesia Católica, la autora reconstruye el derrotero de Beltramino como intelectual y dirigente y, por esa vía, revela los tópicos –y las preocupaciones– de los católicos del período sobre el mundo del trabajo, así como las estrategias que impulsaron para la conquista de la clase obrera. Jessica Blanco pone el foco en una experiencia clave del catolicismo del siglo XX en su búsqueda por acercarse al mundo laboral: la Juventud Obrera Católica (JOC). A diferencia de los círculos de obreros, la JOC no persiguió la agremiación confesional de los trabajadores sino interpelar a los sindicatos existentes y transformarlos en clave cristiana a partir del apostolado individual de sus militantes. Teniendo en cuenta que esta asociación fundada a nivel nacional en 1940 tuvo un desarrollo disímil en las diócesis del país, la autora introduce una perspectiva comparada para analizar la experiencia de la JOC en Córdoba y Tucumán. Las similitudes y diferencias en su desarrollo son explicadas a partir de factores como el rol de los obispos, el perfil de la población obrera y las particularidades del proceso de sindicalización, los vínculos de la Iglesia con los gobiernos provinciales, entre otros. La apuesta por la perspectiva comparada contribuye a delinear una imagen más compleja del catolicismo y las organizaciones del laicado.
El libro cierra con dos capítulos situados en la segunda mitad del siglo XX para recuperar iniciativas, colectivos e intervenciones marcados por la impronta del Concilio Vaticano II. Así, inscrito en la convulsionada coyuntura tucumana de mediados de los años sesenta, signada por una profunda crisis azucarera cuyo corolario fue el masivo cierre de ingenios, Diego Ledesma analiza la trayectoria del cura tercermundista Amado Dip. El compromiso y la acción social de Dip y otros párrocos en defensa de las comunidades asoladas por el colapso alentó la formación del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo a principios de 1968. En este marco, el autor se pregunta por la forma en que el Concilio Vaticano II interpeló a los curas tucumanos e incidió en el compromiso asumido con los pueblos azucareros, dimensiones que le permiten reflexionar sobre el colectivo sacerdotal como una configuración flexible y heterogénea, cuyos tiempos de formación, auge y declive reconocen particularidades que merecen ser analizadas. Por último, la contribución de Rebeca Camaño Semprini reflexiona sobre los posicionamientos de los actores católicos en el complejo periodo comprendido entre el final de la última dictadura cívico-militar y la recuperación de la democracia. Para ello, analiza las discursividades de la revista Tiempo Latinoamericano en torno a la realidad socioeconómica de la coyuntura. Nacida en Córdoba en 1982, a instancias de un grupo comprometido con los principios del Concilio Vaticano II y los documentos de Medellín y Puebla, la publicación asumió una “opción preferencial por los pobres”. Desde este lugar, cuestionó las políticas económicas y sociales del gobierno militar y destacó la importancia del movimiento obrero y la justicia social en la construcción de un nuevo orden democrático.
Para culminar, deseamos señalar que las distintas contribuciones reunidas en este libro son el resultado del intercambio académico sostenido en el “Workshop Catolicismo social y mundo del trabajo. Actores y mediaciones (Argentina, primera mitad del siglo XX)”, celebrado los días 5 y 6 de octubre de 2023 en la ciudad de Córdoba. Este evento fue organizado por el Instituto de Estudios Históricos (IEH-CONICET-CEH) y el Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES-UNT-CONICET), y contó con el aval académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba y el financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i). El proyecto colectivo “Mediadores, redes sociales y cambio político. Los pueblos azucareros de Tucumán durante el primer peronismo (1943-1955)”, financiado por la Agencia I+D+i (PICT 2019), hizo posible la realización de algunos de los avances de investigación que allí se presentaron.
El diálogo entablado en el Workshop nos alentó a publicar este libro. Quisiéramos agradecer a todas las personas que participaron como expositores/as, comentaristas y asistentes, porque sus aportes e intervenciones enriquecieron los textos que aquí se presentan. En especial, a Mario Barbosa Cruz (UAM-Cuajimalpa), quien acompañó generosamente la iniciativa y ofreció la conferencia de cierre. A Marta Gallo, por el apoyo en la edición del material gráfico. A Sabrina Asquini, Jessica Blanco, Rebeca Camaño Semprini, Alejandra Landaburu, Diego Ledesma, María Pía Martín y María Clarisa Segura, por aceptar la propuesta de publicación y compartir sus contribuciones.






