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Conclusiones

La sociedad, igual que las ciudades, se ha transformado y sigue en constante cambio. La forma de relacionarse ha cambiado, aplicaciones sociales y de citas han influido en la forma en que la gente se conecta y comunica. La vida es más acelerada, los gustos evolucionan y la apariencia, imagen y estética ha cobrado una relevancia que antaño no tenía.

Desde temprana edad se nos enseña y aprendemos a que nos guste lo que conocemos, sin embargo, la curiosidad por escuchar y disfrutar lo desconocido se desarrolla pero, si no se fomenta, se apoya o se promociona, es difícil que subsista.

A fecha de abril 2024 entre tres y cinco salas de concierto de la capital atraviesan dificultades debido a los costes inmobiliarios, seis salas se mantienen cerradas, sin embargo, lo habitual es que cuando una sala cierre, otra vuelva a abrirse en su lugar, de hecho, el 72% de salas de concierto cerradas en Madrid, han reabierto o están en fase de reapertura.

Las salas de conciertos de Madrid se traspasan, se transforman, pero los espacios no desaparecen. La demanda de espacios destinados al ocio es extremadamente alta y la competencia fuerte. Lo que sí se extingue es el concepto de sala de concierto tal y como la conocíamos en el pasado. El modelo se ha agotado. Algunas salas dejan de ser espacios con escenario e instrumentos en los que los músicos son el centro para convertirse o bien en espacios donde vivir experiencias a las que la música acompaña como restaurantes o salas de eventos o bien en discotecas, salas de sesiones DJ o salas de conciertos tributo.

La transformación de la ciudad, negocios, oficinas, centros comerciales y espacios culturales es irreversible, los gustos y los hábitos de la población cambian con el tiempo y forzar al sector privado a mantener una actividad no rentable, y a los jóvenes a acudir a lugares que no disfrutan, no es la solución.

Independientemente del color político que gobierne el ayuntamiento de la ciudad, no ha existido una planificación urbanística que se adapte a las necesidades reales actuales y futuras de los vecinos que habitan el centro de la ciudad, y las administraciones públicas tienden a actuar a posteriori, subsanando errores y no teniendo en cuenta el entorno de un inmueble, o las implicaciones que ciertos cambios tendrán en la ciudad a largo plazo.

Aunque existe constancia de que existen ciertos mecanismos de protección de las salas por parte de las autoridades, por lo general, tal y como se extrajo en la mesa de trabajo del Libro blanco de la creación, formación y desarrollo de públicos de la cultura, la música en directo suele tener un tratamiento restrictivo por parte de la sociedad, y sancionador a nivel administrativo.

Con el objetivo de buscar posibles soluciones de protección de las salas de pequeño formato se identifican a continuación algunas iniciativas que se están debatiendo y desarrollando en otras ciudades del mundo que podrían servir como base de trabajo. El esfuerzo ha de provenir de administraciones públicas, del sector educativo, de los ciudadanos, del sector empresarial e inmobiliario, de la industria musical, y por supuesto, también de los músicos.

  • A través de una colaboración público – privada, crear un grupo de trabajo en el que participen administraciones, representantes de salas, académicos, expertos y músicos, sentando las bases y definiendo el significado de sala de conciertos (desde el punto de vista administrativo, político, económico, jurídico, social y musical) -frente a espacios de ocio, bares, restaurantes o discotecas– que recibieran categoría de lugar histórico cultural protegido, como lo son hoy día los museos o teatros (Wavelength Music, s. f.). 
  • Equiparar las salas de conciertos a dichos espacios culturales, asignándose ayudas específicas a la infraestructura, accesibilidad y aislamiento acústico. Llevar a cabo un seguimiento continuado de las inversiones y resultados además de realizarse campañas de visibilización y promoción como parte fundamental del tejido cultural de Madrid.
  • Fomentar la creación de salas sin ánimo de lucro al igual que en los Países Bajos, Bélgica o Suiza (DMA, 2024) y aprovechar espacios públicos con posible gestión privada. Sirva de ejemplo el Paral.lel 62 en Barcelona.
  • Hasta la fecha no consta que ningún cargo político del área de cultura a nivel estatal o autonómico provenga del mundo de la música. Se hace además necesaria la figura de alcalde/sa de noche con el objetivo de apoyar y mejorar la imagen del sector como un activo económico y cultural y no como lastre al que controlar y sancionar (Macedo, 2024).
  • La integración de los espacios de música en vivo en los futuros planes urbanísticos de la ciudad que permitirían aliviar la estructura mono-céntrica de nuestra ciudad.
  • Promover la inclusión de una cláusula en los contratos de arrendamiento en la que los nuevos arrendatarios o propietarios de las viviendas cercanas a una sala de conciertos aceptan y reconocen la existencia de ésta limitando el número de quejas salvo casos específicos o excepcionales.
  • Inspirada en Music Venue Trust (MVT), se propone la creación de un fondo levantado con capital de inversores particulares, mecenas y fondos públicos. Este fondo tendría por finalidad la compra de las salas que atraviesen dificultades suscribiendo un contrato de arrendamiento cultural con la sala. En el Reino Unido este fondo ya ha procedido a la compra de dos salas.
  • Creación de un fondo cuyas aportaciones provengan de los conciertos organizados por las grandes promotoras de la industria musical: un porcentaje de cada entrada vendida en un festival o estadio se destinaría a un fondo de apoyo a las salas de conciertos. En Reino Unido MVT ha lanzado una campaña similar respaldada por los artistas.
  • Muchos de los músicos que actúan en festivales, estadios y salas de gran aforo no habrían alcanzado la fama si no se hubieran “entrenado” antes en salas de pequeño formato. Los artistas podrían desempeñar un papel relevante en cuanto a la difusión de la importancia de las salas, además de actuar en alguna de ellas esporádicamente fomentando así que la gente joven acudiera de nuevo a las salas, como lo hizo Carolina Durante en abril 2024 en la sala Wurlitzer (García, 2024).


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