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De la fobia a la filia

Prácticas y representaciones de los espacios urbanos de uso público durante la pandemia de covid-19 en el Área Metropolitana
de Buenos Aires (2020-2022)

Martina Berardo y Diego Vazquez

Introducción

La pandemia de covid-19 ha producido profundas transformaciones en las urbes de todo el mundo a punto tal que se ha comenzado a pensarla no sólo como una crisis sanitaria y económica sino también como una grave crisis urbana (Ziccardi, 2021). Este fuerte cuestionamiento a las metrópolis y al modo de vida metropolitano incluyó cambios materiales en los entornos construidos, modificaciones normativas que clasificaron a las prácticas como legítimas e ilegítimas, alteraciones en los modos de apropiación de los espacios por parte de los habitantes y nuevas concepciones y formas de imaginar las múltiples ciudades posibles. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) no escapó a esta tendencia global y sufrió tanto los impactos del virus como los de las políticas públicas extraordinarias que los gobiernos de distinto nivel tomaron para enfrentarla.

En este marco, los espacios urbanos de uso público de esta metrópolis fueron objeto predilecto de las

medidas que las autoridades públicas ­­–gobierno nacional (GN), gobierno de la provincia de Buenos Aires (GPBA), gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) y los distintos gobiernos municipales de los Partidos del Gran Buenos Aires (PGBA)– implementaron a lo largo de la pandemia para intentar controlar los contagios con el menor costo económico, social y político posible. De esta manera, se sucedieron distintas fases y reglamentaciones relacionadas con los ritmos de contagio y las novedades científicas. Se decretaron desde cierres, prohibiciones y vaciamientos totales de los espacios urbanos hasta su completa apertura y la promoción de su intensa ocupación para evitar los encuentros en espacios cerrados, incluyendo etapas de retroceso y cierres parciales.

En este proceso, las políticas públicas y las representaciones oficiales sobre los espacios urbanos de uso público se modificaron profundamente. De modo no lineal, aunque en sintonía con el vaivén en el ritmo de contagios y en la política sanitaria, sostenemos que también se produjeron transformaciones en las representaciones y las prácticas que desarrollaban los habitantes del AMBA. En este marco, desde una posición que busca recuperar la trialéctica de espacio practicado, representaciones del espacio y espacios de representación que utilizaba Henri Lefebvre (2013), en este trabajo abordaremos tanto las prácticas como las representaciones que distintos actores sociales presentaron a lo largo de la pandemia sobre estos espacios urbanos a partir de dos objetivos. Por un lado, analizaremos las acciones gubernamentales y las concepciones oficiales acerca de los espacios urbanos de uso público impulsadas por los gobiernos locales durante las distintas fases de la pandemia de covid-19 (2020-2022). Por otro, desentrañaremos los modos de practicar e imaginar estos espacios en las áreas consolidadas de la ciudad por parte de los habitantes de la metrópolis.

Para alcanzar estos objetivos, es necesario antes especificar la apuesta por el concepto teórico clave de este capítulo, los espacios urbanos de uso público, que presenta dos fundamentaciones principales. En primer lugar, buscamos evitar conscientemente el empleo acrítico del sintagma espacio público, término adoptado por distintos campos de investigación, con múltiples acepciones que se refieren a objetos de análisis bien diferentes. Específicamente en el campo urbanístico-arquitectónico, se registra un romance del espacio público (Gorelik, 2008) que desde la década de 1980 ha convertido a esta categoría en una materialización o reificación utópica de los valores y principios democráticos. Así, los lugares que se designan como espacio público son diagnosticados en crisis (Berardo, 2021) y son los prioritarios para transformar las ciudades a través de su recualificación, reconquista, puesta en valor, etc. (Vazquez, 2022). Esta concepción hegemónica en el urbanismo opera con una intencionalidad ideológica al envolverlo en un manto místico que le aporta una significación siempre polisémica y capaz de ser resignificada a cada momento (Delgado, 2013).

En segundo lugar, nuestra apuesta propone el regreso a un concepto central para la tradición de estudios urbanos críticos. A diferencia de lo que sucede con espacio público, que prácticamente no estaba presente en las obras clásicas de las décadas de 1960 y 1970, autores como Jane Jacobs, Henri Lefebvre, Manuel Castells, David Harvey o Christian Topalov remiten frecuentemente a los espacios urbanos y los definen como (re)producciones sociales que realiza cada sociedad histórica a partir de un espacio heredado con el cual están destinados a interactuar. Al mismo tiempo, la idea de uso público pretende incorporar los desarrollos en los campos de la microsociología y la etnografía de la comunicación sobre los comportamientos en público, que consideramos central para nuestro trabajo. En otras palabras, en nuestra elección nos reconocemos como herederos de la tradición de Lefebvre y Jacobs pero también de Georg Simmel, Erving Goffman, Michel De Certeau e Isaac Joseph.

Desde este posicionamiento teórico, definimos los espacios urbanos de uso público como los lugares materiales de la ciudad –calles, veredas, plazas, parques, estaciones de transporte, etc.– en donde se desarrolla la vida urbana, caracterizada por estructurar relaciones fugaces basadas en el distanciamiento, la reserva y las impostaciones; el desconocimiento, el anonimato y la desatención cortés. La vida urbana que se desarrolla en estos espacios es entonces la sociabilidad típica de las grandes urbes en donde cientos de miles de individuos construyen cotidianamente pequeñas sociedades desancladas al coincidir física y temporalmente en un mismo espacio material, y verse obligados a adoptar determinadas posturas, actitudes y acciones con el simple fin de no incomodarse por esta proximidad. Espacios por definición inestables, que están permanentemente ordenándose y desordenándose, con sus propias lógicas y ritmos (Delgado, 2011).

Por lo tanto, se trata de espacios urbanos o exteriores que no se definen de manera esencialista sino más bien relacional a partir de identificarlos con un tipo específico de sociabilidad que sólo es posible en donde las acciones sociales cuerpo a cuerpo están siempre expuestas a la visibilidad y la publicidad. Así, lo opuesto a este tipo de espacio no es el espacio privado en un sentido jurídico de propiedad, sino los espacios domésticos o interiores, en donde las prácticas no están sujetas al escrutinio colectivo de lo público. No obstante, como mostraremos a lo largo de este capítulo, la crisis urbana que produjo la pandemia de covid-19 también implicó una tensión en esta dicotomía y un desdibujamiento de los límites entre el espacio urbano y el espacio doméstico. En distintos momentos de la pandemia, prácticas icónicas de los espacios urbanos de uso público se relocalizaron puertas adentro, en los espacios interiores, y prácticas típicas del espacio doméstico se alojaron puertas afuera, en los espacios exteriores[1].

Simultáneamente, para alcanzar los objetivos propuestos fue necesario apelar al desarrollo de una metodología híbrida que buscó captar diversas dimensiones a partir de la combinación de diferentes métodos de producción de datos. Por un lado, para comprender las acciones y los sentidos que presentaron los gobiernos locales se conformó y se analizó un corpus de comunicaciones oficiales en soporte digital que incluyó sitios web y redes sociales de las autoridades locales. Por el otro, para responder al objetivo de captar las prácticas y representaciones de los habitantes del AMBA se realizaron e interpretaron dos encuestas no probabilísticas desarrolladas a partir de un cuestionario online, un panel de entrevistas semiestructuradas y la observación de parques y plazas.

A su vez, la estructura de este capítulo está dada por cinco apartados. En el primero desarrollaremos las decisiones teórico-metodológicas adoptadas a lo largo de la investigación. Luego, avanzaremos hacia tres apartados donde se analizarán los modos de concebir y practicar los espacios urbanos de uso público en tres momentos de la pandemia: el aislamiento estricto que abarcó los meses de marzo y abril de 2020, el aislamiento administrado que se desarrolló entre abril y noviembre de 2020, y el distanciamiento que abarcó desde noviembre de 2020 hasta marzo de 2022. A su vez, cada uno de esos apartados estará dividido en subapartados que hacen referencia a los distintos actores estudiados. Finalmente, cerraremos este texto con unas conclusiones que sintetizan los modos en que los espacios urbanos de uso público son representados y practicados, tanto por los gobiernos locales como por los propios habitantes de la metrópolis, y que dan pie a nuevas formas de comprenderlos teóricamente.

Decisiones en la emergencia: herramientas teórico-metodológicas para la investigación en pandemia

Antes de emprender este recorrido es necesario explicitar nuestras decisiones teórico-metodológicas que harán las veces de mapa de acción, así como hacernos de una serie de herramientas que nos permitirán alcanzar los objetivos planteados. Comencemos, entonces, por describir el alcance espacio-temporal de nuestra investigación.

En cuanto al tiempo, una de las elecciones metodológicas que oficiaron de punto de partida de nuestra investigación fue la elaboración de una periodización para abordar el estudio de la pandemia. Se consideraron tres momentos que marcan diferencias en la relación entre los habitantes y la ciudad: Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) estricto, ASPO administrado y Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO).

El ASPO estricto tuvo como punto de partida el decreto presidencial del 20 de marzo de 2020 que estableció el confinamiento en las viviendas para la gran mayoría de la población y habilitaba a las personas a salir exclusivamente para abastecerse de alimentos y medicamentos en comercios de cercanía[2]. Así, el ASPO imponía que “las personas deberán permanecer en sus residencias habituales […] abstenerse de concurrir a sus lugares de trabajo y no podrán desplazarse por rutas, vías y espacios públicos.” También prohibía la realización de “eventos culturales, recreativos, deportivos, religiosos, o de otra índole que impliquen la concurrencia de personas” y habilitaba al Ministerio de Seguridad a desplegar “controles permanentes en rutas, vías y espacios públicos […] para garantizar el cumplimiento” (Decreto presidencial 297 de 2020). Se trataba entonces de un confinamiento estricto con la intención de vaciar los espacios urbanos de uso público de las ciudades de todo el país.

Con el avance de los meses, una leve disminución en el ritmo de contagios y la acumulación de conocimiento científico acerca de la forma en que el virus efectivamente se esparcía, se registró cierta flexibilización del ASPO a partir de permisos parciales para habitar los espacios urbanos. Así, para mediados de abril de 2020 se pasó a una etapa de ASPO administrado. Un mes después, el gobierno nacional decidió diferenciar geográfica y epidemiológicamente las medidas de aislamiento y delegar algunas decisiones de apertura a los gobiernos provinciales y locales (Decreto presidencial 459 de 2020). En el caso del AMBA, cuya existencia operativa se formalizó justamente por esta razón, la cuestión era más ardua aún, ya que se trataba de la urbe con mayor cantidad y velocidad de contagios. Sin embargo, en esta fase los gobiernos locales encararon distintas obras para adaptar los espacios urbanos de uso público a los nuevos protocolos sanitarios y gradualmente fueron permitiendo mayores prácticas y actividades.

Tiempo después, un nuevo decreto presidencial firmado el 7 de noviembre de 2020 dio inicio a la fase que se conoció como Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO) y que en la práctica fue un reconocimiento formal a la paulatina apertura que ya se había registrado en todo el país. En este contexto, se habilitaron las actividades artísticas y deportivas al aire libre, las reuniones en espacios abiertos con menos de diez personas y la realización de actividades culturales, religiosas o recreativas que respetaran este máximo de asistentes (Decreto presidencial 875 de 2020). Así, los espacios urbanos de uso público fueron rehabilitados e incluso priorizados como los lugares más seguros para el encuentro entre personas y la realización de actividades colectivas. Finalmente, como punto de cierre de nuestra investigación tomaremos la resolución del Ministerio de Salud del 31 de marzo de 2022 que, con menor repercusión que sus antecesoras y solapada con el éxito de la vacunación masiva de la población, dejó sin efecto el distanciamiento social (Resolución ministerial 705 de 2022). En síntesis, este trabajo abarcará dos años completos de pandemia que van desde el inicio de las medidas de aislamiento en marzo de 2020 a la resolución que puso fin al distanciamiento en marzo de 2022.

Por lo que respecta al espacio, cabe precisar que el trabajo se enfoca en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), definida –y redefinida– por decretos presidenciales justamente en el marco de la pandemia. En uno de ellos, que discriminaba la apertura de actividades por regiones, el gobierno nacional adoptó la forma más amplia posible de definir el AMBA al incluir a todas las jurisdicciones que son atravesadas parcial o completamente por la mancha urbana. Así, el AMBA quedó compuesto originalmente por la CABA y 40 partidos de la provincia de Buenos Aires (PBA)[3] (ver Imagen 1).

De esta forma, un decreto presidencial redactado al calor de la crisis sanitaria legisló sobre una región conformada por distintas jurisdicciones y caracterizada por la coexistencia de diferentes niveles de gobierno –provincia, ciudad autónoma y municipios–, y parecía haber resuelto un debate centenario por los límites de la metrópolis de Buenos Aires (Caride, 1997; Fernández, 2020). Sin embargo, tan sólo unos meses después, otro decreto presidencial redujo el alcance del AMBA a la CABA y 35 partidos de la PBA[4]. Si bien aquí mantendremos la denominación AMBA para referirnos a la urbe real que se extendió desde la ciudad fundacional de Buenos Aires hacia la pampa, la producción de datos de esta investigación estuvo centrada en lo que se denomina Gran Buenos Aires –conformado por la CABA y los 24 partidos del Gran Buenos Aires[5] y en el Gran La Plata, compuesto por la capital provincial y los partidos de Berisso y Ensenada (ver Imagen 1).

Ahora bien, ¿cómo haremos esto? El análisis multidimensional de espacios tan complejos y en circunstancias tan extraordinarias como la pandemia de covid-19 nos obligó a elaborar un diseño metodológico híbrido (Colomb, 2010) que combina diferentes técnicas de producción de datos tradicionalmente asociadas con los estudios cuantitativos y cualitativos. En primer lugar, recordemos que uno de los objetivos de la investigación es analizar las acciones gubernamentales y las concepciones oficiales acerca de los espacios urbanos de uso público impulsadas por los gobiernos locales durante las distintas fases de la pandemia de covid-19 (2020-2022). Esto se explica porque fueron los gobiernos de nivel local los que presentaron las mayores competencias y atribuciones para intervenir en este tipo de espacios durante la pandemia.

Sin embargo, debido a la extensión y complejidad del AMBA –que cuenta con 41 gobiernos locales– otra de las decisiones metodológicas adoptadas fue la selección de cinco distritos testigos para profundizar el análisis (ver Imagen 1).

Imagen 1. El AMBA en contexto y distritos testigos

Fuente: Elaboración propia.

Para ello se tuvieron en cuenta distintos criterios en pos de buscar diversidad y significación: la ubicación geográfica, las características socio-demográficas, las funciones que cumple al interior de la metrópolis, el alineamiento político del gobierno local con el nacional y la disponibilidad de información al momento de comenzar la investigación (ver Tabla 1). De este modo, la muestra de cinco distritos testigos está conformada por los siguientes:

  1. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA): capital del país, distrito más rico y ciudad central del AMBA. Posee más de 3 millones de habitantes y su gobierno local es opositor al nacional.
  2. El Municipio de Avellaneda (MdA): ubicado en la zona sur del GBA, con un importante pasado industrial, posee 370 mil habitantes y un gobierno local afín al nacional.
  3. El Municipio de La Matanza (MdM): ubicado en la zona oeste del GBA es el partido más poblado del país con casi 2 millones de habitantes. Posee una gran cantidad de villas y asentamientos y un alto número de hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI). Su gobierno es aliado del nacional.
  4. El Municipio de Vicente López (MdVL): ubicado en la zona norte del GBA forma parte del corredor norte caracterizado por hogares de clase media y alta, y oficinas de grandes empresas. Posee menos de 300 mil habitantes y su gobierno local es opositor al nacional.
  5. El Municipio de La Plata (MdLP): capital de la provincia de Buenos Aires y ciudad central del Gran La Plata. Sede administrativa y universitaria, posee 772 mil habitantes y su gobierno local es también opositor al nacional.
Tabla 1. Características de los distritos testigos

Distrito testigo

Ubicación geográfica

Población[6]

% hogares con NBI[7]

Alineamiento político

CABA

Ciudad central del AMBA

3.120.612

5,99

Opositor al GN

Avellaneda

Zona sur del GBA

370.939

5,84

Aliado al GN

La Matanza

Zona oeste del GBA

1.837.774

12,02

Aliado al GN

Vicente López

Zona norte del GBA

283.510

2,43

Opositor al GN

La Plata

Ciudad central del GLP

772.618

8,42

Opositor al GN

Tomando estos cinco distritos testigos, elaboramos un corpus documental que incluyó comunicaciones oficiales en diversos soportes: decretos y regulaciones, noticias de los sitios web y publicaciones en las redes sociales oficiales de los gobiernos locales[8]. Estas comunicaciones fueron codificadas y sistematizadas para luego realizar un análisis descriptivo e interpretativo de las acciones, discursos, narrativas y justificaciones que se produjeron desde los gobiernos locales del AMBA seleccionados sobre los espacios urbanos de uso público.

En segundo lugar, para desentrañar los modos de practicar e imaginar los espacios urbanos de uso público en las áreas consolidadas de la ciudad por parte de los habitantes de la metrópolis apelaremos a diferentes técnicas en función del subperíodo analizado. Para dar cuenta de las prácticas y representaciones de los habitantes en las fases hegemonizadas por el ASPO estricto y el ASPO administrado utilizamos dos fuentes de datos primarios elaborados por el Grupo de Estudios Culturales y Urbanos (GECU). Por un lado, dos encuestas online que se llevaron a cabo en abril de 2020 y en junio y julio del mismo año a habitantes del AMBA con el fin de indagar las características que adquirió la vida cotidiana durante la pandemia. Esta herramienta digital nos permitió relevar en pleno aislamiento a 2.878 personas en el primer caso y a 1.850 en el segundo[9] (ver Tabla 2 en anexo metodológico).

Por otro lado, en los mismos meses el GECU realizó dos tandas de entrevistas semiestructuradas con habitantes del AMBA por teléfono o videollamada a partir de una guía de preguntas que presentaba el mismo objetivo: profundizar en los detalles, las prácticas y los sentimientos en la vida cotidiana durante esta etapa de la pandemia. En este caso, se realizaron 12 entrevistas en abril de 2020 y luego, en junio y julio del mismo año, se completaron otras 9 entrevistas con las personas que pudieron ser recontactadas (ver Tabla 3 en anexo metodológico).

Por su parte, para la reconstrucción de las prácticas y representaciones de los habitantes del AMBA en la etapa hegemonizada por el DISPO realizamos 20 observaciones en 8 parques y plazas: 5 en CABA, 1 en Morón, 1 en La Matanza y 1 en Avellaneda (ver Tabla 4 en anexo metodológico). Estas observaciones se realizaron en diferentes momentos del día y en distintos días de la semana para intentar captar los cambios de ritmo. Asimismo, se elaboró una guía que buscaba captar los usos, usuarios, convivencia y tensiones que se manifestaban en estos espacios. Las notas de campo fueron posteriormente codificadas y analizadas de modo comparativo y sistemático.

En este punto debemos hacer una aclaración más. Tanto por un interés teórico como por las limitaciones de las herramientas metodológicas, los datos producidos en esta investigación dan cuenta únicamente de las representaciones y las prácticas de los habitantes de la ciudad consolidada del GBA entendida como las áreas con continuidad que cuentan con infraestructura urbana, de servicios y equipamiento colectivo: trama vial y peatonal integrada, transporte público, agua potable, desagües cloacales, energía, recolección de basura, espacios verdes, escuelas, hospitales. De este modo, el alcance de las encuestas, las entrevistas y la observación de las plazas y parques nos permitirán reflexionar y analizar sobre las transformaciones en los modos de practicar y representar los espacios urbanos de uso público exclusivamente de esta parte de la ciudad. En cambio, queda por fuera del ámbito de indagación de este trabajo lo ocurrido durante este mismo periodo de tiempo en otros tipos de hábitat metropolitanos, como pueden ser las villas, los asentamientos y los complejos de vivienda social pero también los barrios cerrados y countries club.

Por último, cabe aclarar que para el análisis de los tres períodos construidos (ASPO estricto, ASPO administrado y DISPO) la metodología recién detallada también incluyó la lectura e interpretación de datos del Reporte de Movilidad de Google, que complementa la comprensión de los cambios ocurridos en la intensidad de uso de los espacios urbanos de uso público.

Imagen 2. Periodización y propuesta teórico-metodológica

Fuente: Elaboración propia.

Acciones gubernamentales, prácticas cotidianas y representaciones en el espacio urbano de uso público durante el ASPO estricto

“Quedate en casa”: acciones y representaciones de los gobiernos locales

En línea con los dictámenes del ASPO, en los meses de marzo y abril de 2020 los gobiernos locales de los distritos testigos se comprometieron con la tarea de vaciar de prácticas y de habitantes los espacios urbanos de uso público. Con mayor énfasis en los municipios alineados políticamente con el oficialismo nacional –MdM y MdA– y menor en los opositores –CABA, MdVL y MdLP– las comunicaciones oficiales instaban a la población a que se refugiara en sus casas y asociaban el “quedate en casa” con “cuidarte y cuidarnos” (ver imágenes 3-6).

A los pocos días, los gobiernos locales comenzaron a reconocer el esfuerzo que hacía la ciudadanía mostrando las postales icónicas de sus distritos completamente vaciadas de vida urbana (ver imágenes 7-10). Si en la fórmula de Manuel Delgado (2011) lo urbano es lo que queda al restarles la arquitectura a las ciudades, en estas postales de las primeras semanas de pandemia en el AMBA lo urbano parecía haber desaparecido aunque, como veremos, se había reformulado puertas adentro.

Otra constante en las comunicaciones oficiales durante las semanas de aislamiento estricto estuvo dada por la presencia permanente de las fuerzas de seguridad que garantizaban el cumplimiento de las restricciones. Si bien los mensajes se enfocaban en el alto acatamiento y la responsabilidad de los gobiernos locales con el cuidado de la ciudadanía, la referencia a las consecuencias que podía acarrear la desobediencia al aislamiento quedaban bien claras (ver imágenes 11-14). 

Por último, los gobiernos locales también promovieron a través de la comunicación oficial el traslado de distintas prácticas que tradicionalmente se realizaban en los espacios urbanos de uso público hacia el interior de las viviendas. Por un lado, el recordatorio de que el trabajo en modalidad homeoffice y las clases virtuales de la escuela primaria, secundaria y terciaria eran obligatorios para casi todas las personas. Por otro, la promoción de cursos, actividades y eventos de ocio y entretenimiento que ahora podían disfrutarse desde la seguridad que brindaba el interior del hogar[10] (ver imágenes 15-20).

En síntesis, las primeras semanas del ASPO estuvieron marcadas por comunicaciones oficiales que se centraron en la clausura, el cerramiento y la vigilancia o control de los espacios urbanos de uso público en pos de cumplir las medidas dictadas por el gobierno nacional y mantener a salvo a la ciudadanía del contagio. De esta manera, a través de estos mensajes se representaban los espacios urbanos como lugares peligrosos en donde era posible contagiar y contagiarse el virus, y al interior del hogar como el sitio más seguro para protegerse. Al mismo tiempo que se acudía a la responsabilidad individual de las personas, también se publicitaba el despliegue de las fuerzas de seguridad que estaban para asegurar el respeto del aislamiento y se mostraban las calles vacías que reforzaban esta representación distópica de la ciudad en pandemia en la cual se había interrumpido la vida urbana o, al menos, se había desplazado hacia los espacios interiores.

Imagen 3. Comunicación oficial durante el ASPO estricto

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno del Municipio de la Matanza.

Imagen 4. Comunicación oficial durante el ASPO estricto

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Imagen 5. Comunicación oficial durante el ASPO estricto

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno del Municipio de Avellaneda.

Imagen 6. Comunicación oficial durante el ASPO estricto

Fuente: Cuenta oficial de Instagram del gobierno del Municipio de Vicente López.

Imagen 13. Comunicación oficial sobre el rol de las fuerzas de seguridad durante el ASPO estricto

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Matanza.

Imagen 14. Comunicación oficial sobre el rol de las fuerzas de seguridad durante el ASPO estricto

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Matanza.

Imagen 15. Comunicación oficial sobre actividades virtuales

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 16. Comunicación oficial sobre actividades virtuales

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Avellaneda.

Imagen 17. Comunicación oficial sobre actividades virtuales

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 18. Comunicación oficial sobre actividades virtuales

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Avellaneda.

Imagen 19. Comunicación oficial sobre actividades virtuales

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 20. Comunicación oficial sobre actividades virtuales

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Matanza.

“Como en The Walking Dead”: prácticas y representaciones espaciales de los habitantes del AMBA

A su vez, en esta primera etapa el ASPO fue una medida con alto nivel de valoración y acatamiento por parte de los habitantes del AMBA. Según nuestro primer relevamiento, durante la tercera y cuarta semana del ASPO, el 96,5% de la población encuestada la valoró positivamente, mientras que quienes declararon realizar actividades restringidas no superaron el 6%. Esto se condice con una drástica disminución de la cantidad de personas en las calles, plazas, parques o estaciones registrada por los gobiernos locales y la prensa, así como por los datos de uso del transporte público que dan cuenta de una caída abrupta en su utilización. De esta manera, los espacios urbanos de uso público se vieron reducidos a un mero lugar de tránsito para actividades clasificadas como esenciales que, de acuerdo con las recomendaciones sanitarias, era deseable evitar para disminuir el contacto con otras personas y así las probabilidades de contagio.

En este sentido, al referirse a los cambios observados en sus barrios durante el confinamiento estricto, las personas entrevistadas remitieron a un escenario apocalíptico conocido sólo a través de la ficción. Al relatar sus sensaciones durante el inicio del aislamiento, dos entrevistadas mencionaban:

¿Viste la película que vino el apocalipsis y que está todo el mundo con miedo y por eso se quedaron adentro de la casa? (Mariela, 49 años, San Martín).

Me siento como si estuviera en una película o como en esa serie The Walking Dead (Carla, 37 años, CABA).

Esta narrativa apocalíptica se expresaba en la sorpresa que generaba en las personas entrevistadas “la quietud de la calle” (Mercedes, 74 años, CABA), “los negocios cerrados” (Francisco, 45 años, CABA), la evidencia de que “no pasa nadie” por las calles (Pedro, 72 años, San Isidro), “no hay autos” y “no escuchás nada, absolutamente nada” (Mariela, 49 años, San Martín). Así, la imagen de la ciudad vacía era central en las percepciones que las personas entrevistadas presentaban del espacio urbano durante el confinamiento estricto. Estas percepciones se condensan en la idea de un “domingo eterno”, como nos relataba un entrevistado:

El barrio parece un domingo eterno. No escucho nada, muy de vez en cuando pasa algún coche. Todos los días son domingo. Viste que a la mañana los domingos en los barrios es donde menos movimiento hay. Acá desde la mañana hasta la noche parece un domingo a la mañana. Sea lunes, martes, miércoles, jueves, viernes o sábado […] Le falta un poco de vida digamos, ¿no? Salir, charlar… (Antonio, 68 años, Avellaneda).

Desde la ventana de las personas entrevistadas, al barrio y a la ciudad les faltaban los sonidos, movimientos y temporalidades habituales, estaban despojados de vida urbana. Ante un espacio urbano percibido como vacío y sin vida, el 82,1% de los encuestados identificó su vivienda como el lugar donde se sentían más seguros. Más aún, el 25,4% sentía miedo al salir a la calle. Así lo relataba una entrevistada:

Lo que me afecta es el miedo a salir en estas condiciones. […] Realmente me asusta muchísimo el tema de la salud de mis hijos y la mía (Roxana, 61 años, Avellaneda).

Cabe mencionar que la mayoría de las personas encuestadas no identificó a los espacios urbanos de uso público con sensaciones negativas. Por ejemplo, 89,8% declaraba no haber asumido sensaciones negativas sobre las plazas y parques a partir de la pandemia[11]. Resulta ilustrativa la postura de un entrevistado que, al preguntarle por una palabra para calificar su sensación al salir a la calle, nos comentaba:

Precaución puede ser, porque no es temor. Yo no tengo miedo ni nada, hay gente que está muy atemorizada. Pero no, trato de seguir las medidas de seguridad que nos dan en el centro de salud (Francisco, 45 años, CABA).

Esta distinción que realizaba Francisco entre el miedo y la precaución permite explicar que, a pesar de no ser mayoritario el temor a los espacios urbanos, la vivienda es hegemónicamente pensada como el espacio de mayor seguridad. A su vez, no es despreciable la cantidad de respondentes que asociaron la vida urbana con sensaciones negativas: el 38% admitió sentirse inseguro en los supermercados y el mismo porcentaje reportó sentir mayor nerviosismo que en la prepandemia al caminar por las calles de su barrio.

Entre las personas entrevistadas, una de las razones del nerviosismo en la vía pública estuvo dada por la intensa presencia policial que aseguraba el cumplimiento de las medidas de aislamiento. Al preguntar por aquello que llamaba su atención en las salidas a la calle, Marta (63 años, Ezeiza) nos relataba:

Mucha policía. No me gusta […] Me da temor porque me hace acordar a un tiempo… Y los militares no te preguntan, ellos tienen que cumplir una orden y la van a cumplir […] Porque ellos cumplían, sea como sea. Vos no tenés barbijo y bueno, chau. Y te llevan. Y no te van a llevar a la comisaría.

Por su parte, Mario (33 años, CABA) nos explicó cómo se sentía al salir a la calle durante la fase más estricta del ASPO:

Me sentía como un dealer que iba a repartir drogas. O sea, como que estaba en peligro, en falta […] Encima vivo a la vuelta de una comisaría.

Además de la vigilancia policial, quienes asociaron la calle con sensaciones negativas aludieron al temor que les generaba la posibilidad de contagio en las situaciones de interacción con otros o en las aglomeraciones de personas que, como indicamos, eran constitutivas de la cotidianidad de la vida en las grandes urbes:

Hace diez días casi le pego una piña a una pobre vieja de noventa años [Risas] […] Estoy esperando acá abajo que me entreguen los productos del almacén por la ventanita y me toca una señora viejita con el changuito y se me pone pegada. Yo me retiro para que compre. Me retiro y me dice: “ay, no tengo nada, ni siquiera estoy resfriada”. “Ay, mirá –le dije–, no es si tiene algo o está resfriada o tiene mocos o tos, yo me retiro no solo por mí, sino para cuidarla a usted también”. Y por adentro estaba diciendo: “vieja de mierda, la puta que te parió, no entendiste un carajo”. Pero bueno, me pone loca la gente que no respeta, que no está respetando esas condiciones que son básicas (Roxana, 61 años, Avellaneda).

De esta manera, si bien para la mayoría de los encuestados los espacios de uso público no constituían fuentes de miedo o nerviosismo, a través de las entrevistas es posible ver que esta asociación se amplía en aquellas situaciones que implican cercanía, interacción o aglomeración de personas, ya sean transeúntes, comerciantes o clientes.

Por su parte, con respecto a las prácticas realizadas en el espacio urbano, las personas entrevistadas señalaron que intentaron reducir las salidas al mínimo. Uno de ellos nos contaba:

Tampoco me quiero exponer por una cosita que por ahí sabés que te puede faltar. Prefiero mañana, que voy a salir, ahí comprar para toda la semana o para más y… y no estar saliendo todos los días un ratito, ¿entendés? Me parece que me expongo más de esa manera (Antonio, 68 años, Avellaneda).

Por otro lado, quienes salían para realizar compras lo hacían principalmente dentro de los límites de su barrio. Como mencionaba Mario (33 años, CABA): “No salgo casi […] Tengo un supermercado chino acá, a una cuadra y media, que si salgo yo voy a comprar ahí”. También se refirieron a la búsqueda de maximizar las tareas realizadas durante las salidas. Así lo relataba Mariela (49 años, San Martín): “Fui a verla a mi mamá que vivía cerca de un supermercado, tenía el permiso, entré a ese supermercado a comprarle a mi mamá y compré para mí”.

Como se reconstruye a partir de los datos que arrojan la encuesta y las entrevistas, durante esta etapa de la pandemia las salidas al exterior estuvieron signadas por la disminución de su frecuencia, la abreviación del tiempo de duración y la búsqueda de maximización de las tareas.

Interiorizar lo urbano: prácticas e imaginarios urbanofóbicos durante el ASPO estricto

En este sentido, en un contexto de repliegue hacia el espacio doméstico (Marcús et al., 2021) dado por la combinación de las recomendaciones sanitarias y las restricciones dispuestas por el gobierno nacional y un imaginario que enfatizaba en los riesgos de la vida urbana y sus encuentros, las prácticas realizadas en los espacios urbanos de uso público se vieron reducidas tanto cuantitativa como cualitativamente. Por lo tanto, a partir del análisis del corpus documental así como de los hallazgos de la primera ronda de encuestas y entrevistas, es posible sostener que durante el confinamiento estricto se generalizó un imaginario urbanofóbico. Como todo imaginario, tiene un carácter actante (Lindón, 2017), y en este caso se trata de un conjunto de percepciones y representaciones negativas acerca del espacio urbano de uso público que motivaron una reducción de las prácticas que acontecían en esos lugares.

En este imaginario se ponen en juego tendencias claustrofílicas preexistentes (Gubern, 1987), de modo que las viviendas se consolidaron como espacios para una multiplicidad de actividades típicamente realizadas fuera de ellas (Marcús et al., 2021). A la conformación de este imaginario urbanofóbico contribuyeron tanto las recomendaciones sanitarias y las comunicaciones oficiales de los gobiernos locales, que sugerían evitar el contacto y las interacciones con los otros tan propias de la vida urbana, como también las representaciones, experiencias y sensaciones de los habitantes del AMBA que identificaban sus viviendas como el lugar más seguro al tiempo que las calles eran experimentadas con miedos y nerviosismo[12].

Acciones gubernamentales, prácticas cotidianas y representaciones en el espacio urbano de uso público durante el ASPO administrado

Adecuar espacios y usos: el urbanismo táctico y los protocolos de cuidado de los gobiernos locales

En el AMBA, la fase de aislamiento estricto se extendió hasta el 17 de abril de 2020. A partir de allí, comenzó a implementarse un aislamiento administrado caracterizado por una progresiva flexibilización con la autorización de nuevas actividades que incluyó la apertura de comercios de escala barrial con protocolos estrictos; los permisos a locales gastronómicos con modalidad exclusiva de retiro o entrega a domicilio; las salidas recreativas para menores de 15 años acompañados de una persona adulta durante los fines de semana y a no más de 500 metros de su domicilio; y la realización de actividades deportivas de forma individual en días y horarios acotados al entorno del lugar de residencia.

Luego, en mayo comenzó a aplicarse un criterio de segmentación geográfica de acuerdo con el cual se reconocía la heterogeneidad de situaciones sanitarias en las distintas regiones del país y se delegó en las gobernaciones la decisión respecto de la autorización de nuevas actividades guiada por criterios epidemiológicos[13]. Si bien las reuniones sociales tanto en espacios cerrados como abiertos continuaban prohibidas, para mediados de 2020 se autorizaron nuevas prácticas en el AMBA[14] que incluyeron salidas recreativas, de ocio y consumo al aire libre mediante la reapertura al público de los espacios verdes y los establecimientos gastronómicos.

En este momento, además de las estrategias de control y la oferta de actividades virtuales, los gobiernos locales comenzaron a desarrollar acciones públicas de adaptación del espacio urbano de uso público en pos de soportar la progresiva flexibilización de las prohibiciones y restricciones. Éstas estuvieron enmarcadas en lo que se denomina urbanismo táctico: una modalidad de acción que, si bien se encontraba vigente antes de la pandemia, experimentó un auge a nivel mundial a partir de 2020 (Vazquez y Berardo, 2023). Se trataba de intervenciones rápidas que introdujeron transformaciones temporales mediante recursos de bajo costo y provisorios, fundamentalmente mediante el uso de pintura y vallado: ampliaciones de veredas, cierres de calles al tránsito vehicular para favorecer el uso peatonal y la inscripción de señalamientos para fomentar a los usuarios a mantener la distancia física (ver imágenes 21-23).

Imagen 21. Acciones de urbanismo táctico

Fuente: Sitio web del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires CC-BY.

Imagen 22. Acciones de urbanismo táctico

Fuente: Sitio web del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires CC-BY.

Imagen 23. Acciones de urbanismo táctico

Fuente: Sitio web del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires CC-BY.

Así, estas acciones fueron promocionadas ampliamente por los gobiernos locales mediante noticias publicadas en sus sitios oficiales. Por ejemplo, el GCBA (21 de julio de 2020) anunciaba en su web que “se intervienen 100 mil m2 de avenidas, calles y veredas para garantizar el distanciamiento”. Por su parte, la MdLP (18 de septiembre de 2020) publicaba en la suya:

Iniciamos una intervención estratégica de diseño urbano en espacios verdes para que las personas sigan los procedimientos adecuados recomendados. En ese sentido, se dispuso la demarcación de círculos en más de una decena de parques y plazas públicas de la ciudad con el objetivo de que las salidas saludables se hagan respetando el distanciamiento social requerido por las autoridades sanitarias.

Si bien se continuaba con la representación del peligro que significaba para las personas el acceso masivo a los espacios urbanos de uso público, los gobiernos locales buscaban mostrar cómo sus obras y sus protocolos de higiene podían brindar cierta seguridad. En este sentido, Clara Muzzio, ministra de Espacio Público e Higiene Urbana del GCBA, declaraba:

El nuevo espacio público debe garantizar las medidas de cuidados y brindar mayor seguridad a las personas que están transitando. Tiene que tener ciertas características: responsable, sustentable, resiliente, replicable y colaborativo. Vamos hacia una ciudad cercana, a escala barrial, con una centralidad que ya no es única (Giambartolomei, 2 de septiembre de 2020).

Con este espíritu, se realizaron aperturas parciales de parques, plazas y ferias (ver imágenes 24-29). De manera inversa a lo que sucedió con las comunicaciones que solicitaban permanecer en las casas, esta vez los gobiernos locales opositores al oficialismo nacional se mostraron mucho más interesados en promocionar las nuevas aperturas y permisos. Más aún, el GCBA lanzó el “Plan integral y gradual de puesta en marcha de Buenos Aires” para dar cuenta de estas flexibilizaciones, protocolos y permisos que se otorgaron hacia mediados de 2020.

Imagen 24. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 25. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Avellaneda.

Imagen 26. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 27. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen 28. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Vicente López.

Imagen 29. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 30. Anuncio de nuevos permisos en espacios urbanos

Fuente: Sitio web del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires CC-BY.

Luego de esto, los gobiernos locales avanzaron hacia la creación de nuevas áreas peatonales a través del cierre de calles para el tránsito vehicular en zonas centrales con usos comerciales y de servicios intensivos. El rubro gastronómico se perfiló rápidamente como beneficiario de estas acciones: luego de permanecer cerrados por algunos meses, los locales ahora podían expandirse y brindar atención al público al aire libre colocando mesas y sillas en las calles recientemente peatonalizadas (ver imágenes 31-34).

Imagen 31. Reapertura de bares y restaurantes en la vía pública

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen 32. Reapertura de bares y restaurantes en la vía pública

Fuente: Sitio web del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires CC-BY.

Imagen 33. Reapertura de bares y restaurantes en la vía pública

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Matanza.

Imagen 34. Reapertura de bares y restaurantes en la vía pública

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Un acostumbramiento a la nueva normalidad: adecuaciones de los habitantes del AMBA en sus prácticas e imaginarios cotidianos

En la segunda ronda de entrevistas que realizamos en junio y julio de 2020 en el contexto de flexibilización de las restricciones y autorización de nuevas actividades, las personas entrevistadas comenzaron a observar cambios con respecto a la fase más restrictiva. Uno de los aspectos mencionados refería a una merma en los controles policiales:

Veo pasar patrulleros pero no están parando ni nada de todo eso […] No hay ningún tipo de control. Los controles están dentro del supermercado, no fuera (Antonio, 68 años, Avellaneda).

También observaban una recuperación de la presencia de personas en las calles, así como del habitual tránsito vehicular:

¿Te acordás que yo te había dicho que parecía una película o como la serie esa de los zombis, que no había nadie en la calle? Hoy por hoy hay muchísima gente en la calle (Carla, 37 años, CABA).

Prácticamente eran días normales, eh. Las veces que yo salía, yo le prestaba atención a eso y el tránsito era hasta con algún tipo de congestión (Antonio, 68 años, Avellaneda).

Yo siento que volvimos a antes de abril, antes de marzo, antes de que empezara la cuarentena porque hay mucha gente en la calle. Salvo algunos negocios como las peluquerías, que hay un montón por acá, o las dos librerías que están cerradas, después está todo abierto, está todo lleno de gente (Yanina, 43 años, CABA).

Además, las estrategias de prevención del contagio emanadas de los conocimientos científicos acerca del virus comenzaron a consolidarse como parte de la experiencia urbana y matizaban los miedos o inseguridades que encontrábamos en la fase previa:

Antes sentía miedo. Hoy por hoy es como que ya es un acostumbramiento de salir a la calle con las precauciones correspondientes, el tapaboca, tratar de cuidarse. Es como que uno ya se acostumbró a convivir con eso (Carla, 37 años, CABA).

Como vemos, comenzó a producirse un pasaje desde la narrativa apocalíptica, que hablaba de una ciudad vacía, quieta, silenciosa, paralizada y distópica, hacia la percepción de indicios de una nueva normalidad que combinaba características de la vida urbana previa a la pandemia, como la congestión vehicular y la aglomeración de personas, con otras más novedosas como las estrategias de cuidado.

Sin embargo, al consultarles por sus experiencias durante el mes de junio de 2020, la mayoría de la población encuestada (75,8%) continuaba identificando su vivienda como el lugar donde sentían más seguridad. Al indagar acerca de las sensaciones experimentadas en el espacio urbano en esta nueva etapa del ASPO, una gran cantidad de respondentes continuaba asociándolo a emociones negativas: el 20,9% declaraba sentirse nervioso/a al caminar por las calles de su barrio y el 29,1% sentirse inseguro/a cuando iba al mercado o supermercado. Si bien la mayoría identificó su experiencia en la calle con indiferencia o bien con sensaciones positivas, aún el 26,4% de las personas encuestadas se sentía mal o muy mal al salir de su vivienda.

Al mismo tiempo, en esta nueva fase del ASPO las sensaciones negativas experimentadas por las personas entrevistadas al salir a los espacios urbanos de uso público comenzaron a llenarse de nuevos sentidos. Mientras que durante la etapa más restrictiva del aislamiento el temor aparecía asociado a la ausencia de vida urbana y a la presencia policial, conforme se flexibilizaron las restricciones y se retomaron tímidamente las salidas del hogar, el miedo comenzó a manifestarse en torno a la presencia y acumulación de personas en las calles en un contexto en que la vacunación aún se presentaba lejana.

En esta etapa, la gran mayoría de personas encuestadas (74,7%) declaró que no realizaba aún salidas para trabajar, mientras que quienes sí lo hacían (25,3%) indicaron también aprovechar la salida para llevar a cabo otras actividades como compras o visitas en pos de disminuir su tiempo de permanencia en las calles. Considerando las nuevas actividades permitidas así como las percepciones de las personas encuestadas acerca del espacio urbano de uso público, el principal motivo para salir del hogar continuaba siendo comprar alimentos o medicamentos: entre quienes respondieron la encuesta, más del 90% salía del hogar por este motivo, y lo hacía mayormente con una frecuencia de entre una y tres veces por semana. Para ello, la mayoría apelaba al comercio más cercano a su domicilio y recorría entre dos y cinco cuadras. A su vez, casi la mitad (44,6%) declaró que “intentaba salir en momentos del día con poca circulación en la calle”. En este sentido, las personas adultas mayores que entrevistamos nos contaron que al momento de salir a realizar compras las hacían en los comercios de cercanía y aprovechaban el horario prioritario otorgado a su rango etario:

Estoy aprovechando el horario que nos dan a los mayores de sesenta en los supermercados […] Los supermercados habilitan de siete a ocho de la mañana para mayores de sesenta (Antonio, 68 años, Avellaneda).

En línea con lo anterior, a pesar de estar recién permitidas las salidas recreativas a parques y plazas, solo el 17,5% de las personas encuestadas afirmó haber hecho una salida por ese motivo durante el mes de junio[15]. En cambio, el 45,4% sostenía que “aprovecha las salidas para caminar, tomar sol y despejarse”. Quienes visitaron parques o plazas en esta nueva etapa, priorizaron la cercanía a su domicilio: 76,7% lo hizo a una plaza o parque ubicado a no más de diez cuadras de su vivienda.

Del mismo modo, al consultarles por los distintos motivos de sus salidas durante esta nueva fase, las personas entrevistadas aludieron principalmente a la realización de compras en las cercanías de su hogar, que aprovechan también para caminar y distenderse del encierro. Dos personas nos relataban:

Salí el lunes porque tuve que ir a comprarle alimento a mis gatos. Miré dos segundos más el sol así… Y nada, me volví. Dos cuadras ida, dos cuadras de vuelta (Flor, 35 años, San Martín).

Una o dos veces por semana voy a comprar. Mis tres salidas son la panadería, la fábrica de pastas y los chinos, nada más. Pongámosle, qué sé yo, ni siquiera, pero una vez por semana a cada uno de los lugares y en general aprovecho para hacer los tres juntos. Voy para la fábrica de pastas que es la que queda más lejos, camino, aprovecho para caminar… De allí a la panadería, de allí al chino y voy para casa de nuevo (Pedro, 72 años, San Isidro).

Habilitada la posibilidad de las salidas recreativas para menores, una de nuestras entrevistadas nos mencionó: “aprovecho cada vez que salgo a comprar, a veces me la llevo a la más chiquita” (Carla, 37 años, CABA). Como vemos, en esta nueva fase de la cuarentena, las personas encuestadas y entrevistadas buscaban hacer más eficiente su paso por el espacio urbano de uso público, realizando más de una función en cada salida, que generalmente tenía lugar en el entorno barrial.

Re-descubriendo el barrio: un retorno de la centralidad de escala barrial en el ASPO administrado

A través del análisis del corpus documental y de la segunda ronda de encuestas y entrevistas, podemos sostener que durante la etapa de flexibilización de las restricciones comenzó a producirse una merma en el imaginario urbanofóbico: como el ASPO, el espacio urbano de uso público empezó a ser administrado mediante una serie de intervenciones que se proponían protocolizar la vida urbana para disminuir su peligrosidad. Al mismo tiempo, quienes habitan el AMBA también comenzaron a percibir una relativa vuelta a la normalidad en sus barrios o un acostumbramiento a las nuevas condiciones que ya no parecían ser tan transitorias.

En este sentido, el barrio se consolidó como escenario predilecto de las salidas del hogar, evidenciadas en la realización de compras en comercios de cercanía y en las actividades de esparcimiento por las calles y espacios verdes aledaños al domicilio que ahora copaban las flamantes peatonalizaciones. Si en la prepandemia la experiencia urbana estaba conformada por el recorrido por la ciudad toda, y sus barrios centrales e históricos concentraban diversas funciones –trabajo, educación, comercio, ocio, etc.–, las características que asumió la vida urbana durante esta etapa dan cuenta de una retracción del espacio metropolitano al espacio barrial.

Este proceso puede pensarse en dos claves: desde la propia historia urbana de Buenos Aires y desde el modelo en boga del urbanismo contemporáneo. Por un lado, registramos un retorno al barrio como centro de la vida cotidiana tal y como había ocurrido durante la primera metropolización de Buenos Aires hacia principios del siglo XX. En aquel momento histórico, los nuevos barrios porteños funcionaban casi como totalidades urbanas que brindaban diferentes servicios a las familias recién llegadas: la escuela, el club de fomento, el bar de la esquina, la comisaría, la parroquia, los comercios, el cine, etc. Prácticamente la vida cotidiana se remitía a los límites del barrio y las visitas al centro eran más bien reducidas o exclusivas de quienes trabajaban allí (Gorelik, 2016; Scobie, 1977).

Al mismo tiempo, este retorno al barrio también es uno de los principales objetivos que el modelo arquitectónico-urbanístico de la ciudad de los 15 minutos propone. Éste fue desarrollado por el urbanista Carlos Moreno e implementado por el gobierno local de París desde 2014. Se trata de una propuesta que se plantea crear una ciudad “descentralizada, policéntrica y multiservicial en la que los ciudadanos solo tengan que desplazarse durante un cuarto de hora para satisfacer sus necesidades esenciales” (Daza, 2020, párr. 3). De este modo, las restricciones y flexibilizaciones del ASPO también contribuyeron a (re)producir la oferta y la demanda de bienes y servicios a escala barrial que antes eran exclusivos de la centralidad urbana, lo que representó una oportunidad para que los gobiernos locales del AMBA se mostraran como propulsores de este nuevo modelo urbano de vanguardia en el norte global (Vazquez y Berardo, 2023).

Acciones gubernamentales, prácticas cotidianas y representaciones en los espacios urbanos de uso público durante el DISPO

“Vamos a las plazas”: acciones y representaciones de los gobiernos locales

La publicación del decreto del DISPO en noviembre de 2020 sirvió para formalizar una situación de hecho: gobiernos locales y habitantes habían perdido gradualmente el miedo a los espacios urbanos de uso público y los practicaban cada vez con más frecuencia[16]. Más aún, las nuevas recomendaciones científicas y sanitarias sostenían que los riesgos de contagio disminuían notablemente al aire libre si se respetaban el distanciamiento y el uso de barbijos.

Adaptados a través de las acciones de urbanismo táctico que habían emprendido y con esta nueva información, los gobiernos locales propiciaron en su comunicación una inversión de los sentidos y las representaciones que se habían construido acerca de los espacios urbanos de uso público. Ahora estos espacios eran los más seguros para moverse, encontrarse, divertirse y consumir. Muestra de esto fueron las declaraciones de Felipe Miguel, jefe de gabinete del GCBA:

En este nuevo camino el espacio público tiene una relevancia muy especial. Siempre la tiene, pero en este contexto de pandemia es mayor porque el riesgo de contagio al aire libre es menor, disminuye 19 veces en comparación con los lugares cerrados, y por eso la promoción de los espacios al aire libre en esta etapa de recuperación de la normalidad (Giambartolomei, 2 de septiembre de 2020).

Con esta nueva concepción, los gobiernos locales no sólo rehabilitaron el uso de parques y plazas sino que también invitaron a los habitantes a reunirse y ocupar estos espacios, pero siempre respetando los protocolos sanitarios (ver imágenes 35-38). En este caso, observamos que en los cinco distritos testigos se registraron comunicaciones similares en este sentido.

De esta manera, se incentivaba a las personas a desarrollar prácticas típicamente relacionadas con los espacios interiores en los espacios urbanos de uso público. A los encuentros y los juegos cotidianos se agregaron invitaciones a festejar cumpleaños, trabajar, estudiar o mirar una película (ver imágenes 39 y 40).

En otra inversión de las actuaciones que habían desarrollado durante el ASPO estricto, los gobiernos locales organizaron y promovieron una gran cantidad de actividades deportivas, recreativas, artísticas y culturales en los espacios urbanos de uso público (ver imágenes 41-46). Lo que se buscaba ahora era una intensa ocupación de estos lugares que eran nuevamente identificados como los más importantes de la ciudad a partir de una abundante oferta de atracciones que incluían clases de baile, yoga, música en vivo, exposiciones, competencias, carnavales, etc. Asimismo, en los distritos testigos se hacía un fuerte énfasis en remarcar que se trataba de una vuelta y un reencuentro con una vida urbana plena.

Imagen 35. Habilitación de actividades en parques y plazas

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Avellaneda.

Imagen 36. Habilitación de actividades en parques y plazas

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen 37. Habilitación de actividades en parques y plazas

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Vicente López.

Imagen 38. Habilitación de actividades en parques y plazas

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Matanza.

Imagen 39. Promoción de nuevos usos de parques y plazas

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Vicente López.

Imagen 40. Promoción de nuevos usos de parques y plazas

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen 41. Promoción de actividades en el espacio urbano

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Matanza.

Imagen 42. Promoción de actividades en el espacio urbano

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Avellaneda.

Imagen 43. Promoción de actividades en el espacio urbano

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen 45. Promoción de actividades en el espacio urbano

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de La Plata.

Imagen 44. Promoción de actividades en el espacio urbano

Fuente: Cuenta de Instagram del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Imagen 46. Promoción de actividades en el espacio urbano

Fuente: Cuenta de Instagram del Municipio de Vicente López.

La vuelta a las plazas: masificación y multiplicación de viejos y nuevos usos de los espacios verdes[17]

En este punto, cabe retomar los hallazgos de la encuesta realizada durante la fase más estricta del confinamiento. Al consultar sobre las actividades que más extrañaban realizar fuera de sus viviendas, las respuestas más mencionadas fueron aquellas prácticas propias de los espacios urbanos de uso público: la asistencia a restaurantes, bares y/o boliches (35,9%), la práctica de deportes (32,6%) y pasar el tiempo en plazas y parques (24%). En la misma línea, las personas entrevistadas también manifestaron extrañar este tipo de actividades, como se ilustra a continuación:

[Lo que más extraño es] ir a tomar un café con una amiga, a merendar, esas cosas (Mariela, 49 años, San Martín).

Seguimos hablando con mis amigas de eso, que extrañamos ir a tomar una cervecita a la plaza […] juntarme con amigos, salir a la tardecita, ir al parque […] Salir con mi hijo también, que salíamos bastante. Nos juntábamos por ahí a veces, en Parque Lezama o Parque Centenario, en los parques grandes. Eso sí que me gusta mucho y eso sí lo extraño (Yanina, 43 años, CABA).

Hay cosas que me gustan hacer al aire libre, por ejemplo, jugar al golf. Yo jugaba todos los lunes al golf y no estoy jugando ahora (Francisco, 45 años, CABA).

Además, al indagar por la incorporación de nuevos hábitos a futuro, la mayoría encuestada (90,8%) refirió que no regularía su tiempo de permanencia en espacios exteriores como la calle, las plazas y los parques. Resulta representativo el relato de un entrevistado obtenido durante el ASPO estricto al consultarle sobre los espacios en que estaría dispuesto a realizar actividades en la pospandemia:

Yo no iría ni al teatro, ni al cine, ni a un boliche, ni a un lugar cerrado. Sí a los lugares abiertos, a cualquier tipo de lugar abierto, sin ningún problema (Antonio, 68 años, Avellaneda).

En un contexto de promoción del espacio urbano de uso público como receptáculo de variadas prácticas y de desincentivo del uso de espacios cerrados para reuniones sociales promovida por los gobiernos locales del AMBA, aquellas actividades más extrañadas durante el ASPO estricto se volvieron protagonistas de la vida urbana durante el DISPO. Se trataba de una intensificación en el uso de las veredas y calles para prácticas de ocio-consumo y de los espacios verdes para actividades deportivas y recreativas[18]. En retrospectiva, constituye un indicio que en el momento más estricto del confinamiento anticipaba una tendencia urbanofílica, el comienzo de una reconversión del imaginario urbanofóbico consolidado en el período anterior hacia un imaginario urbanofílico. Dicho imaginario está conformado por un conjunto de percepciones y representaciones positivas acerca del espacio urbano que motivaron una progresiva ampliación de las prácticas que acontecían en esos lugares, no sólo con respecto al confinamiento estricto sino incluso en comparación a la prepandemia.

Al haber observado diferentes parques y plazas del AMBA en mayo y junio de 2021, en diversos momentos del día y de la semana y con cambios en el clima, como parte de nuestro trabajo de campo, pudimos notar modificaciones en los ritmos de los usos y de los usuarios. Sin embargo, durante el relevamiento notamos una importante ocupación y una multiplicidad de prácticas urbanas con distintas intensidades. Por ejemplo, en los parques, las mañanas de los días de semana estaban hegemonizadas por población joven y adulta que hacía deportes individuales o grupales en el marco de una clase, y por gente que atravesaba velozmente los caminos yendo hacia algún otro lugar. Por la tarde, si bien se mantenían estos usos, empezaban a combinarse con una mayor presencia de grupos infantiles y de adolescentes que los utilizaban como escenario para sus juegos y partidos de fútbol o básquet, y de jóvenes que acudían para sociabilizar, charlar, escuchar o tocar música o simplemente descansar.

A medida que se acercaba la caída del sol, muchas de estas prácticas se iban apagando al tiempo que las pistas se llenaban de personas trotando y caminando, y otros sitios eran apropiados por actividades muy concurridas: clases de gimnasia, zumba y artes marciales. El fin de la tarde y el comienzo de la noche eran el momento en que los parques se encontraban más habitados durante esta etapa. A su vez, como constante notamos la presencia de visitantes que paseaban a sus mascotas y de personas mayores que caminaban por los senderos trazados, charlaban u organizaban partidos de bochas (ver imágenes 47-56).

Los fines de semana presentan ritmos algo diferentes. Las propuestas de los gobiernos locales tomaban mayor importancia y reemplazaban la merma de las actividades ofrecidas por prestadores particulares. También observamos una mayor cantidad de familias que utilizaban principalmente los parques como lugares de recreación y esparcimiento, y una menor proporción de personas mayores. En todos los casos, a pesar de las diferencias de usuarios y usos, hemos observado una armónica convivencia que sólo era interrumpida por algún cruce de miradas cuando, al decir de Goffman (1979), alguien invadía territorios que otras personas sentían como propios.

Por su parte, las plazas, más pequeñas y con menos superficie verde, también evidenciaban cambios de ritmo a lo largo del día y de la semana. Utilizadas más como lugares de paso hacia algún otro sitio o como punto de encuentro social, alojaban clases de zumba y juegos infantiles. Alrededor de ellas podían encontrarse personas trotando o caminando, o dedicándose a la venta callejera. Estos espacios asimismo eran utilizados para que los seres humanos pasearan sus perros –o para que los perros pasearan a sus seres humanos, nunca se sabe a ciencia cierta–. Los deportes, en cambio, tenían menos lugar en las plazas y la presencia de adolescentes se reducía a una mera socialización entre ellos.

Imagen 47. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 48. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 49. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 50. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 51. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 52. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 53. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 54. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 55. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

Imagen 56. Prácticas en parques y plazas durante el DISPO

Fuente: Fotografía propia.

En buena parte de los espacios verdes observados también hubo lugar para la presencia de ferias de distinto tipo –de alimentos, de artesanías, de libros– que sumaban intereses a las salidas y se mostraban como una oportunidad de supervivencia económica para los sectores populares. Estas ferias, así como los puestos improvisados de venta de comidas rápidas o los ya clásicos que ofrecen pochoclos y garrapiñadas, se multiplicaban los sábados y domingos mientras que casi desaparecían durante los días de semana.

La observación atenta de estos espacios urbanos de uso público nos comenzó a revelar los ritmos, los tiempos y las intensidades propias de cada lugar. A pesar de no contar con investigaciones anteriores, podemos arriesgar que gran parte de estos usos preexistían a la pandemia pero se masificaron a partir de ella. Otros usos fueron novedosos: ejemplo de ello fueron los festejos de cumpleaños de todas las edades, que se trasladaron desde las viviendas y los salones de fiestas a los parques y plazas.

De este modo, en nuestras observaciones, este regreso al espacio urbano de uso público se hizo patente ante el intenso uso de los parques y plazas del AMBA que combinaba, dentro de lo armónicamente posible, una gran diversidad de prácticas que incluyó charlas y comidas; clases de baile, música, artes marciales o gimnasia; partidos de fútbol, básquet, bochas u otros deportes grupales; caminatas y running; paseos con mascotas y niños/as; juegos infantiles; reuniones de adolescentes desaprensivos; paseos de compras en las ferias itinerantes; festejos de cumpleaños; lecturas silenciosas o acompañadas; e, incluso, celebración de rituales religiosos.

Exteriorizar lo doméstico: las prácticas y los imaginarios urbanofílicos durante el DISPO

En las observaciones realizadas por el GECU durante mayo y junio de 2021, registramos un proceso de intensificación en la ocupación y usos de las plazas y parques por parte de las personas que habitan el AMBA. Con la promoción de estos espacios por parte de los gobiernos locales, las restricciones que todavía regían para los espacios de ocio y entretenimientos cerrados –gimnasios, cines, teatros, boliches, etc.– y las nostalgias y el anhelo por estos lugares que había despertado el ASPO estricto, una vez rehabilitados los espacios verdes se (re)llenaron de vida urbana.

Esto nos permite pensar en un momento de urbanofilia que invirtió las representaciones y las clasificaciones de usos legítimos e ilegítimos que hegemonizaron las fases del ASPO. De este modo, los espacios urbanos de uso público fueron concebidos como los lugares más seguros y útiles para evitar los contagios y se promovieron una serie de prácticas que o bien existían antes de la pandemia y ahora se tornaron masivas, o bien se mudaron de los espacios íntimos a las calles, los parques y las plazas de la ciudad como contracara de lo que sucedió a principios de la pandemia. Mientras que el ASPO significó un vaciamiento de estos espacios y un traslado de actividades que típicamente se realizaban en los espacios exteriores hacia el interior del hogar, el DISPO conllevó una importante reocupación de las calles y espacios verdes a partir de usos y usuarios tradicionales e innovadores.

Al mismo tiempo, esta representación de los espacios urbanos de uso público operó en algún punto como un retorno a la función higienista con que fueron concebidos hacia finales del siglo XIX y principios del XX. El auge del movimiento higienista en Buenos Aires, especialmente a partir de la epidemia de fiebre amarilla de la década de 1870, acarreó un conjunto de transformaciones urbanas entre las que se incluyeron la creación de grandes parques ideados por Domingo Faustino Sarmiento. Construidos a la par de la primera metropolización de Buenos Aires, su propósito era funcionar como sitios educativos, de socialización y de ocio en donde los habitantes pudieran airearse y asolearse, de acuerdo con las recomendaciones sanitarias de la época (Gorelik, 2016; Paiva, 2000; Scobie, 1977)[19]. En un sentido similar, con el devenir de la pandemia de covid-19 las plazas y parques del AMBA se consolidaron como sitios que, a diferencia de los espacios interiores y cerrados, hacían posible realizar actividades cotidianas en contextos seguros desde la perspectiva sanitaria, ya que permitían acceder a calidades óptimas de ventilación[20].

A modo de conclusión

Con distintas técnicas de producción de datos, a lo largo de este capítulo buscamos comprender y analizar las representaciones y las prácticas de y en los espacios urbanos de uso público hegemónicas durante las distintas etapas de la pandemia de covid-19 en el AMBA. Para caracterizar este proceso, propusimos las categorías de urbanofobia y urbanofilia. Las definimos como imaginarios de carácter actante, ya que se trata de conjuntos de percepciones y representaciones negativas o positivas acerca de los espacios urbanos de uso público, que motivan una reducción o ampliación de las prácticas que tienen lugar en dichos espacios.

De esta manera, las estrictas restricciones del ASPO presentaron una afinidad electiva con imaginarios urbanofóbicos y provocaron un casi completo vaciamiento de estos espacios. En las primeras semanas, los gobiernos locales volcaron toda su potencia comunicativa para mantener a la ciudadanía segura y adentro de sus hogares, ofrecieron una gran oferta de actividades virtuales que tradicionalmente se realizaban en los espacios urbanos, movilizaron a las fuerzas de seguridad y se encargaron de mostrar las calles y las plazas deshabitadas. Por su parte, la ciudadanía respondió con un alto acatamiento, una valoración positiva de las medidas y una incorporación de esa representación de la vida urbana como peligrosa y el interior doméstico como seguro: al tiempo que identificaban su casa como el espacio seguro, jugaban con metáforas apocalípticas y distópicas para describir los exteriores.

La fase siguiente, que flexibilizó el ASPO y que se conoció como aislamiento administrado, implicó una atenuación de las representaciones urbanofóbicas de los espacios urbanos de uso público. Por un lado, los gobiernos locales desarrollaron acciones de urbanismo táctico –señalizaciones, peatonalizaciones, ensanchamiento de calles, pintadas– que buscaban tornar más seguros estos espacios y elaboraron detallados protocolos para las actividades que se iban habilitando gradualmente. Por otro, los y las habitantes comenzaron a acostumbrarse a esa nueva normalidad y a convivir con la existencia del virus mediante la incorporación de diversas estrategias de cuidado. Esta pérdida paulatina del miedo y la merma de las representaciones apocalípticas respecto de la ciudad significó que las personas se permitieran de forma gradual salir y permanecer más tiempo en el exterior urbano.

No obstante, estas salidas para abastecerse en comercios, consumir en los recién reabiertos bares y restaurantes o recrearse en parques y plazas eran aún tímidas y se realizaban casi exclusivamente dentro del entorno barrial. En este sentido, registramos un retorno al barrio como espacio central y de referencia de la vida urbana: el espacio barrial se tornó el sitio donde comprar, socializar y divertirse, la ciudad toda tal y como lo había sido para aquellas personas que protagonizaron la primera metropolización de Buenos Aires hacia principios del siglo XX y, al mismo tiempo, como la meta que se propone alcanzar la nueva moda arquitectónico-urbanística que se importa desde el norte global con el nombre de ciudad de los 15 minutos.

Por último, la llegada del DISPO, la reapertura masiva de espacios urbanos de uso público y la autorización de actividades terminó por consolidar una inversión de sentido y de prácticas. Hacia finales de 2020 y durante 2021, este tipo de espacios fueron señalados por los gobiernos locales como los lugares privilegiados para el encuentro y la realización de todo tipo de actividades. Al mismo tiempo, estos gobiernos planearon una intensa (re)ocupación de estos espacios a partir de una amplia y detallada oferta de talleres, eventos, festivales y exposiciones, retomando y reforzando aquel romance del espacio público que surgió en la década de 1980. Del mismo modo, los y las habitantes mostraron los cambios en sus concepciones al apropiarse masivamente de los parques y plazas de su barrio y llevar hasta allí actividades típicas del hogar. En poco tiempo, los imaginarios del miedo y de la ciudad distópica dieron lugar a nuevos imaginarios urbanofílicos en los cuales estos espacios eran representados como sitios ideales para todo tipo de prácticas. En este caso, las plazas y los parques recuperaban un sentido que había sido hegemónico en su origen bajo las ideas del higienismo: lugares para la sociabilidad y el ocio pero también para airearse y asolearse en pos de mantener la salud. Queda abierto el interrogante acerca de si las intervenciones sanitarias de lo urbano enmarcadas en esta pandemia implicarán en el largo plazo la modificación, incorporación o extinción de ciertas formas de sociabilidad que tienen lugar en público, así como lo hicieran las medidas propias del movimiento higienista primigenio (Espinosa Zepeda, 2016; Margulis, 2002).

Así, en una fuga hacia delante, proponemos pensar de qué manera se reconfigurarán estas prácticas y estas representaciones en la pospandemia: ¿será sostenible este momento urbanofílico que redescubrió, reocupó y rellenó de usos las calles, las plazas y los parques en el AMBA? ¿Qué prácticas espaciales públicas perdurarán y cuáles no sobrevivirán a la euforia del retorno? ¿Tendrán algún impacto estas nuevas representaciones espaciales en las formas de concebir, planificar y elaborar nuestras ciudades pospandémicas?

Finalmente, el abordaje de las representaciones y las prácticas de los espacios urbanos de uso público durante la pandemia de covid-19 nos permitió complejizar, matizar y tensionar las propias definiciones teóricas de las cuales partimos. Si estos espacios están constituidos a partir de un tipo específico de prácticas y sociabilidades cuerpo a cuerpo, expuestas a la publicidad y visibilidad, y se contraponen a los espacios domésticos de uso privado, la crisis urbana que desató la pandemia nos recordó la vigencia de la crítica que los enfoques feministas de los estudios urbanos llevaron a cabo (Flores Pérez, 2014; Massey, 1994; Rodó de Zárate, 2018; Soto Villagran, 2003). De este modo, es imperioso comprender que se trata de fronteras intrínsecamente porosas, de límites lábiles y de la posibilidad siempre presente de correr y redefinir lo constitutivo, lo legítimo y lo ilegítimo dentro de estos dos tipos ideales de espacio.

Referencias bibliográficas

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Anexo metodológico

Tabla 2. Composición de la muestra (encuestas)

Primera encuesta

Segunda encuesta

Casos

Total: 2878

Total: 100%

Total: 1850

Total: 100%

Género

F: 2096
M: 752
Otro/NS/NC: 30
F: 72,8 %
M: 26,1%
Otro/NS/NC: 1%
F: 532
M: 1290
Otro/NS/NC: 5
F: 28,8%
M: 69,7%
Otro/NS/NC: 0,3%

Edad

18 a 24: 315
25 a 44:164145 a 59: 532
+60: 390
18 a 24: 10,9%
25 a 44: 57,0%
45 a 59: 18,5%
+60: 13,6%
18 a 24: 176
25 a 44: 1024
45 a 59: 339
+60: 299
18 a 24: 9,5%
25 a 44: 55,4%
45 a 59: 18,3%
+60: 16,2%

Región

CABA: 1669
GBA Norte: 516
GBA Oeste: 273
GBA Sur: 420
Gran La Plata: 0
GBA 2: 0
CABA: 58,0%
GBA Norte: 17,9%
GBA Oeste: 9,5%
GBA Sur: 14,6%
Gran La Plata: 0
GBA 2: 0
CABA:1067
GBA Norte: 153
GBA Oeste: 121
GBA Sur: 278
Gran La Plata: 129 GBA 2: 47
CABA: 57,7%
GBA Norte: 8,3%
GBA Oeste: 6,5%
GBA Sur: 15%
Gran La Plata: 7,0%
GBA 2: 2,5%

Máximo nivel educativo alcanzado

Hasta secundario incompleto: 53
Secundario completo: 155
Superior incompleto: 906
Superior completo o más: 1753
Hasta secundario incompleto: 1,6%
Secundario completo: 5,8%
Superior incompleto: 31,5%
Superior completo o más: 60,9%
Hasta secundario incompleto: 20
Secundario completo: 112
Superior incompleto: 486
Superior completo o más: 1176
Hasta secundario incompleto: 1,1%
Secundario completo: 6,1%
Superior incompleto: 26,3%
Superior completo o más: 63,6

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 3. Composición de la muestra (entrevistas)

Casos

13

Género

F: 8
M: 5

Edad

Entre 18 y 59 años: 7
Más de 60 años: 6

Lugar de residencia

GBA: 8
CABA: 5

Tipo de hogar

Unipersonal: 8
Familiar: 5

Fuente: Elaboración propia.

Tabla 4. Observaciones en parques y plazas

Parque o plaza

Ubicación
geográfica

Cantidad de
observaciones

Parque Centenario

CABA

2

Parque Los derechos de los trabajadores

Avellaneda

2

Parque Lezama

CABA

2

Patio urbano Gurruchaga

CABA

2

Plaza Inmigrantes de Armenia

CABA

2

Plaza Domingo Faustino Sarmiento

La Matanza

5

Plaza San Martín

Morón

2

Plaza General Pueyrredón

CABA

4

Fuente: Elaboración propia.


  1. Para profundizar en estos aspectos, ver los capítulos de Martín Boy y María Agustina Peralta, y Lucía Gamino y Marcos Jaramillo en este volumen.
  2. Se encontraban exentos de las restricciones a la circulación aquellos que se desempeñaban en sectores tales como la salud y los servicios, que fueron calificados como “trabajadores esenciales”.
  3. Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Brandsen, Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Exaltación de la Cruz, Ezeiza, Florencio Varela, General Las Heras, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lanús, La Plata, Lomas de Zamora, Luján, Marcos Paz, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, San Vicente, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López y Zárate (Decreto 459/2020).
  4. En este caso, cinco municipios de la Tercera Corona fueron excluidos de esta región: Brandsen, Campana, Cañuelas, Exaltación de la Cruz y Zárate (Decreto 125/2021).
  5. Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, Morón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, Tigre, Tres de Febrero y Vicente López.
  6. Resultados provisorios del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022.
  7. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.
  8. Se indagaron las redes sociales Twitter, Instagram y Facebook.
  9. Tal como se plantea en la Introducción de este libro, cabe señalar que la encuesta presentó algunas limitaciones que pueden acarrear ciertos sesgos a nuestros datos: la imposibilidad de alcanzar a la población que no tiene acceso a Internet; una alta feminización de la muestra, que en ambos casos superó el 70%; y una sobrerrepresentación de adultos −más del 70% de ambas muestras eran personas entre 25 y 59 años−, de individuos con estudios superiores −siempre por encima del 60%− y de habitantes de la CABA por sobre el resto del AMBA −más del 55% en ambas (ver Tabla 2 en anexo metodológico). Sin desconocer esto, sostenemos que la encuesta online nos permitió llegar a un número importante de casos en tiempo real durante la etapa del ASPO estricto, lo cual nos aportó un tipo de información muy valiosa y escasa. Asimismo, los sesgos que aquí exponemos fueron encontrados en otras investigaciones que contaron con herramientas similares (Arrossi et al., 2020; Jones y Camarotti, 2020; Zunino Singh et al., 2020; Ziccardi, 2021).
  10. Para un análisis exhaustivo de los usos del tiempo libre al interior de la vivienda durante la etapa estricta del ASPO y la desigual distribución del disfrute en el espacio doméstico según género, edad y tipo de hogar, ver el capítulo de Agustina Márquez y Emilia Tamburri en este volumen.
  11. Aunque esta afirmación sobre la asociación entre espacios urbanos de uso público y emociones negativas puede matizarse si se consideran variables como el género y el lugar de residencia de la persona encuestada, tal como señalamos en Marcús et al. (2021).
  12. Esto resulta coherente con los datos de movilidad producidos por Google. Por ejemplo, para el caso de la CABA, entre el 6 de marzo y el 17 de abril de 2020 la movilidad hacia parques y plazas se redujo en promedio un 87% mientras que en las zonas residenciales aumentó en promedio 38% con respecto a la prepandemia (Data Driven Argentina, 17 de abril de 2020).
  13. Así, mientras que para el mes de junio gran parte del país se encontraba iniciando la fase 4 de “reapertura progresiva”, el AMBA continuaba en la tercera fase de “aislamiento administrado” debido a sus indicadores epidemiológicos.
  14. Cabe aclarar que, debido a que el AMBA no constituye una jurisdicción, las decisiones con respecto a la flexibilización del ASPO eran tomadas por el jefe de gobierno porteño para la CABA y por el gobernador de la provincia de Buenos Aires para el caso de los PGBA. Estas flexibilizaciones no necesariamente coincidían, sino que en general el GCBA tuvo una impronta más aperturista mientras que el GPBA fue más moderado. Más allá de estos matices, en líneas generales se autorizaron progresivamente nuevas actividades que permiten hablar de una etapa de flexibilización para el AMBA en su conjunto.
  15. La acotada recuperación de las salidas a los parques y plazas marcada por nuestro relevamiento es coherente con lo señalado por el Reporte de Movilidad de Google. Por ejemplo, en los distritos testigo de Avellaneda, La Matanza, La Plata y Vicente López, para fines de junio de 2020 la disminución en la movilidad (media móvil 14 días) hacia parques y plazas con respecto a la prepandemia osciló entre 67,07% y 59,43%, mientras que la mayor disminución corresponde a principios de abril durante el confinamiento estricto y osciló para dichos distritos entre 87,86% y 79,21% (Data Driven Argentina, 7 de marzo de 2022).
  16. Por ejemplo, para los distritos testigos de la PBA, el aumento de la movilidad en las zonas residenciales a principios de noviembre de 2020 ya era de aproximadamente la mitad del pico máximo registrado durante el confinamiento estricto (entre 28,29% y 35,21% para el primer momento y entre 12,86% y 18,29% para el segundo, ambos medidos en media móvil 14 días) (Data Driven Argentina, 7 de marzo de 2022).
  17. Sobre los usos, valoraciones y representaciones de las plazas y parques de la CABA antes y durante la pandemia, ver el capítulo de Lucía Gamino y Marcos Jaramillo en este volumen.
  18. Nuestras observaciones se condicen con los datos de movilidad de Google. Para los casos testigo del Gran Buenos Aires, desde la sanción del DISPO y hasta el momento de nuestras observaciones en mayo y junio de 2021 se produjo una notable recuperación de la permanencia en parques y plazas. Mientras que la disminución más fuerte de la movilidad hacia este tipo de espacios se alcanzó el 1.° mayo de 2020 (entre 87,86% y 95,07% con respecto a la prepandemia, medido en media móvil 14 días), para el 8 de mayo de 2021 la disminución oscilaba entre 45,14% y 0,79%. Es decir, era de aproximadamente la mitad para algunos distritos y se había recuperado casi completamente para otros (Data Driven Argentina, 7 de marzo de 2022).
  19. Sobre esta temática, puede consultarse en este mismo libro el capítulo de Joaquín Benitez referido a la relación constitutiva entre pandemias, epidemias y endemias, y las ciudades.
  20. Incluso los espacios interiores experimentaron el regreso de las medidas higienistas en la medida en que las recomendaciones sanitarias para las viviendas, lugares de trabajo y lugares cerrados para el esparcimiento enfatizaban en la ventilación de los ambientes (Boy y Marcús, 2021).


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