El objetivo general de esta tesis fue analizar las disputas entre las coaliciones “isleños” y “ambientalistas” sobre el desarrollo del área actualmente denominada Zona Núcleo Forestal (Delta Bonaerense del río Paraná) en el período 2008–2019.
A partir de considerar los eventos de incendios del año 2008 en el Delta del Paraná como un hito que favoreció la emergencia de la cuestión ambiental en la región como issue en la agenda pública e institucional, mostré que el conflicto (constituido como tal a partir de dichos eventos) involucró inicialmente una configuración singular con dos coaliciones discursivas antagónicamente constituidas: la coalición “isleños” y la coalición “ambientalistas” (“isleños” versus “ambientalistas”). Entre los años 2008 y 2013, la arena de acción en torno al proceso histórico y a los proyectos históricos de desarrollo del área actualmente denominada Zona Núcleo Forestal se caracterizó por la conflictividad entre ambas coaliciones discursivas, vinculada principalmente por la incompatibilidad de los referenciales de quienes se inscribían en cada una de ellas. Y este antagonismo se expresó tanto discursivamente como en los procesos de producción de diferentes políticas públicas y sus múltiples interfaces socioestatales.
Sin embargo, no es adecuado asumir apriorísticamente una configuración estática de estas arenas: las conflictividades pueden involucrar tanto momentos de enfrentamiento abierto como momentos de reconfiguración y desactivación de los antagonismos previos. Así, a lo largo de esta tesis evidencié el surgimiento de novedosas formas de articulación en el período 2014–2019 entre “isleños”, técnicos y funcionarios de agencias estatales y “ambientalistas” (“isleños” y “ambientalistas”). Estos acercamientos implicaron la producción de nuevas propuestas de intervención estatales y no estatales, inscriptas dentro del paradigma de la sustentabilidad en clave ecoeficientista. A su vez, evidencié también que esta articulación se produjo con un sector específico de pobladores locales: los productores con mayores niveles de capitalización. Puesto que toda práctica etnográfica implica preguntarse no sólo por los que están sino por los que no están, argumenté que en estos mecanismos de articulación se produjo una exclusión en clave de clase (de los productores familiares menos capitalizados), de género (de las mujeres isleñas) de generación (de los jóvenes isleños) y de nacionalidad/etnia (los trabajadores migrantes paraguayos). Por esta razón, sostuve que las demandas particulares de estos sectores no son tenidas en cuenta en la producción de propuestas de intervención orientadas al desarrollo sustentable de la Zona Núcleo Forestal, lo cual refuerza sus posiciones de subalternidad.
Cuatro objetivos específicos estructuraron esta tesis. A partir de asumir la necesidad de historizar los conflictos en torno a la definición de las formas de uso y apropiación del ambiente en áreas de humedales, en el capítulo 3 analicé las históricas formas de producción y apropiación del espacio en la región de estudio desde mediados del siglo XIX hasta inicios del siglo XXI. Así, mostré los procesos de ocupación de “la isla” desde mediados del siglo XIX y caractericé el modelo productivo frutihortícola dominante hasta mediados del siglo XX. También di cuenta de los esfuerzos de las élites nacionales por construir un imaginario territorial en torno al Delta del río Paraná, de las memorias colectivas locales y sus referencias a las familias “pioneras” que “crearon” “la isla”, y más ampliamente de la construcción de “la isla” como lugar en los siglos XIX y XX. Posteriormente, analicé la reconversión productiva hacia la forestación moderna en la segunda mitad del siglo XX, y argumenté que esto supuso una profundización de las lógicas modernizadoras de desarrollo en la región y la incorporación de nuevas prácticas ingenieriles de control del agua (incluyendo la consolidación de la red de endicamientos estatalmente promovidos y la llegada de la energía eléctrica a fines del siglo XX), las cuales contribuyeron a diferenciar sustantivamente a “la zona de los vascos” de otras regiones del Delta del río Paraná. Luego retomé los argumentos principales desarrollados por Galafassi (2005) en su análisis sobre las transformaciones del Bajo Delta bonaerense en el siglo XX, sintetizados en la categoría ‘pampeanización del Delta’, y procuré dar cuenta tanto de la potencia como de las limitaciones de esta categoría para dar cuenta del proceso histórico de desarrollo en la región. Finalmente, mostré la emergencia de una nueva forma de producción y apropiación del espacio desde la década del ’90, constituida en el discurso científico ecológico. Sostuve que esta nueva forma de hacer legible el espacio (el humedal) involucró también la constitución de nuevos problemas (la necesidad de proteger una naturaleza amenazada por las prácticas antrópicas), y mostré las propuestas de intervención en clave ambiental que comenzaron a producirse en este período.
Si bien planteé que hacia fines del siglo XX ya era posible reconocer la existencia de tensiones latentes entre formas disímiles de producción y apropiación del espacio –entre una lógica del habitar y una lógica del ambientalismo, como las denominamos en Camarero et al. (2018)–, los incendios en el Delta del Paraná del año 2008 y la emergencia de la cuestión ambiental de los humedales en la agenda pública e institucional dio lugar a un conflicto ambiental con una singular configuración. Este primer momento del proceso de conflictividad, en clave de antagonismo, fue analizado en los capítulos 4 y 5 de esta tesis.
En el capítulo 4, en el que analicé la conformación de una arena de conflicto en torno al desarrollo de la región en el período 2008–2013 por medio de elementos conceptuales de la sociología de los conflictos ambientales, evidencié la conformación de dos coaliciones discursivas antagónicamente constituidas: la coalición “isleños” y la coalición “ambientalistas”. A fin de mostrar la existencia de dos líneas narrativas contrapuestas, en primer lugar mostré cuáles fueron los argumentos de la coalición “isleños” (que incluía tanto a los pobladores locales como a los técnicos y funcionarios de instituciones estatales) para caracterizar como adecuadas las prácticas productivas y de vida en “la isla”, así como para cuestionar las premisas y las representaciones de los “ambientalistas”. Y, posteriormente, mostré cuáles fueron los argumentos de los “ambientalistas” para sostener que las prácticas locales suponían la destrucción de “el humedal” y para definir cuáles sí eran apropiadas, así como sus representaciones sobre el “ser isleño”. De este modo, evidencié que ambas líneas narrativas implicaban formas diferentes de construcción del problema, lo que a su vez involucraba diferencias en la asignación de responsabilidades, culpabilidades y amenazas. A su vez, en este capítulo di cuenta de las estrategias desarrolladas por las agencias estatales vinculadas con la Zona Núcleo Forestal a fin de incorporar de la dimensión ambiental en la lógica de la producción forestal y silvopastoril en clave ecoeficientista dentro del paradigma de la sustentabilidad y favorecer una forma particular de ambientalización del territorio: una ambientalización utilitarista. El análisis realizado en este capítulo me permitió mostrar que ambas coaliciones discursivas insertaban sus afirmaciones en la narrativa de la sustentabilidad, pero en marcos interpretativos sustantivamente diferentes: mientras la coalición “isleños” inscribía sus preocupaciones ambientales en términos de defensa de sus medios de vida en “la isla”, la coalición “ambientalistas” hacía lo propio en términos de defensa del humedal (esto es, la naturaleza) a través de afirmaciones inscriptas en la corriente preservacionista[1].
En el capítulo 5 me focalicé en analizar los procesos de producción de políticas públicas orientadas al desarrollo de la región de estudio y dar cuenta de los modos en que el conflicto entre ambas coaliciones discursivas se expresó en las interfaces socioestatales constitutivas de cada uno de dichos procesos, por medio de un diálogo entre elementos conceptuales de la sociología del desarrollo y la antropología de las políticas públicas. Tomé como objeto de análisis cuatro políticas públicas: el PIECAS–DP, la “Ley de Bosques”, el Proyecto de Desarrollo Sustentable del Delta Bonaerense y la “Ley de Humedales”. En cada caso, señalé cuál era su objetivo general, la autoridad de aplicación, su ámbito de actuación, la población objetivo, sus referenciales, sus instrumentos de acción pública y el paradigma de desarrollo en que se inscribía. Si bien las cuatro políticas públicas explicitaron su inscripción en el paradigma del desarrollo sustentable (esto es, en un paradigma antropocentrista desde lógicas tecnocráticas, algo esperable dado su carácter institucionalizado), evidencié la existencia de diferencias sustantivas entre ellas. Por un lado, el Proyecto de Desarrollo Sustentable del Delta Bonaerense se inscribe dentro del paradigma modernizador verde, puesto que sus instrumentos se vinculan de forma casi exclusiva con la dimensión productiva y la dimensión ambiental se incorpora de forma subsidiaria. Por su parte, la “Ley de Bosques” propone una articulación entre la dimensión productiva y la dimensión ambiental en clave ecoeficientista, pero involucra una retórica preservacionista pese a contribuir a la consolidación de la Zona Núcleo Forestal como un espacio productivo orientado al monocultivo de Salicáceas. En el caso del PIECAS–DP la articulación propuesta se inscribe en términos similares a la “Ley de Bosques”, pero la ausencia de instrumentos de acción pública supone la imposibilidad de alcanzar los objetivos enunciados en dicho plan. Finalmente, la “Ley de Humedales” se inscribe de forma explícita en el paradigma de la sustentabilidad y retoma elementos de sentido de la corriente preservacionista: en esta norma había un marcado predominio de la dimensión ambiental (en clave ecológica) y las prácticas antrópicas se constituyeron principalmente como amenazas para la preservación de los ecosistemas. En este sentido, el análisis realizado me permitió evidenciar la inconsistencia entre los referenciales de cada política pública analizada (así como en sus instrumentos de acción pública)[2].
En el capítulo 5 también identifiqué etnográficamente las interfaces socioestatales de cada uno de estos procesos y mostré diacrónicamente cuáles fueron las estrategias desarrolladas por quienes se articulaban dentro de cada bloque para influir en los procesos de formulación e implementación de las políticas públicas analizadas. Así, mostré que la conformación de coaliciones discursivas con líneas narrativas antagónicamente constituidas dio lugar a la expresión de discursos de política opuestos, y que las disputas entre dos bloques antagónicos se expresaron en cada interfaz socioestatal. Además, señalé que ambas coaliciones demostraron ser capaces de obturar la implementación de aquellas políticas públicas que consideraban problemáticas, pero no de promover aquellas que apoyaban. Esto implica que la singular configuración del conflicto en esta etapa supuso una paralización de la disputa, que sólo hizo posible una dinámica inercial en el período en cuestión.
Sin embargo, esta situación de parálisis no era interpretada como una medida de éxito por ninguno de los dos bloques y comenzó a producirse un acercamiento progresivo entre ambas partes. En el capítulo 6 analicé estos mecanismos de articulación entre “isleños”, técnicos y funcionarios de agencias estatales y “ambientalistas” en torno al desarrollo sustentable de la región entre 2014 y 2019. Inicialmente di cuenta de la disminución de las tensiones (2014–2015) y los acercamientos entre actores (2016–2019) en el proceso de producción de la “Ley de Humedales”. Y posteriormente analicé como ciertos “isleños” y empresas forestoindustriales, técnicos y funcionarios del INTA EEA–DP y “ambientalistas” participaron en la producción de manuales de buenas prácticas, esquemas de certificación forestal, lineamientos y protocolos de actuación en materia ambiental que (en tanto tecnologías de gobierno) operan de forma articulada para prescribir cuáles prácticas son ambientalmente sustentables y definir qué sería un buen productor, un productor sustentable. Finalmente, en el último apartado del capítulo analicé estos procesos de articulación: di cuenta de las disputas sobre quiénes deberían liderar estos procesos y bajo qué categorías conceptuales, mostré quiénes participan en esos espacios y también explicité quiénes quedan por fuera de estos espacios de articulación.
El análisis realizado en el capítulo 6 me permitió mostrar las potencialidades de la articulación entre sectores que previamente se habían constituido como bloques antagónicos: las propuestas construidas de forma conjunta entre ciertos “isleños”, las empresas forestoindustriales, los técnicos del INTA EEA–DP y los “ambientalistas” resultan auspiciosas en términos de la incorporación de la cuestión ambiental dentro de los debates sobre cómo llevar adelante la producción forestal, ganadera y silvopastoril en esta zona del Delta Bonaerense del río Paraná. Sin embargo, también me permitió resaltar las limitaciones de estos procesos de articulación: la exclusión e invisibilización de los otros (en términos de clase social, género, generación y nacionalidad/etnia) y la naturalización de las desiguales relaciones de poder constitutivas de la Zona Núcleo Forestal. Siguiendo a Forsyth y Walker (2014), sostuve que las disputas entre los productores más capitalizados y los “ambientalistas” representaron una alianza oculta dado que en la configuración del conflicto como una disputa entre dos proyectos históricos contrapuestos había un punto en común subyacente: la negación de proyectos históricos otros, de órdenes sociales alternativos, lo cual implicaba el refuerzo de las posiciones de subalternidad de los sectores marginalizados[3].
A modo de cierre de estas páginas que dan cuenta de la respuesta a la pregunta de investigación que orientó a esta tesis, deseo traer a colación una reflexión final. Si en términos teóricos (y políticos) coincidimos con aquellas perspectivas que sostienen que el conflicto es un componente de las relaciones sociales que nunca desaparece del campo de fuerzas (y que, por tanto, toda forma de estabilización es precaria y contingente), entonces su desactivación no es necesariamente un proceso virtuoso. Como lo plantearon Bebbington y Humphreys (2009) en su análisis de los conflictos socioambientales en Perú, un efecto colateral de la desactivación de los conflictos puede ser “que se evite que éstos tomen su curso y vayan generando debates de fondo, necesarios si se desea enfrentar las contradicciones estructurales” (p. 127). En un sentido similar, Gudynas (1999) planteó que
el ámbito político de discusión es una condición necesaria para lograr políticas ambientales y estrategias de conservación. No las asegura, ya que no predetermina las soluciones. Pero es un ingrediente indispensable. Sin un espacio político nunca podrá existir una política ambiental. Este hecho, aunque obvio es muchas veces minimizado, no sólo por los defensores del progresionismo (que apelan a soluciones que consideran únicamente técnicas), sino incluso por ambientalistas (que sueñan con “otra” ciencia que “objetivamente” mostrará la “verdadera” naturaleza) (p. 122)
Para este autor, quien asegura que “no hay dudas en que es necesario generar políticas ambientales que aseguren la conservación del patrimonio ecológico de la región, pero a la vez deben ser adaptadas a las poblaciones humanas” (op. cit.), es necesario desarticular la pretensión de restringir las políticas ambientales a una cuestión técnica a fin de poder recuperar los aportes alternativos. En esa dirección, en esta tesis argumenté que la articulación de la dimensión ambiental y productiva es condición necesaria pero insuficiente para la producción de un modelo de desarrollo sustentable, dado que ningún proyecto histórico puede ser así adjetivado si no supone también la reconfiguración de las propias relaciones sociales de desigualdad constituyentes de los territorios.
Para producir los hallazgos de esta tesis, la estrategia teórico-metodológica construida fue un pilar fundamental. La articulación de elementos conceptuales de la sociología de los conflictos ambientales, la sociología del desarrollo y la antropología de las políticas públicas, aunque potente, representó un desafío de gran envergadura: es fácil decir “use la bibliografía, no deje que la bibliografía lo use a usted” (Becker, 2011: p. 187), pero no es tan sencillo lograrlo. En ese sentido, la estrategia teórico-metodológica construida se derivó de la propia pregunta de investigación antes que de un deseo de utilizar uno u otro marco conceptual.
Más allá de esta cuestión, cabe señalar que la articulación de enfoques provenientes de distintas escuelas supuso también la necesidad de una reflexión crítica sostenida. Por ejemplo, y aunque parezca una obviedad, es necesario que estos enfoques compartan ciertas conceptualizaciones de la vida social. A su vez, es necesario también reconocer los límites de esas posibles articulaciones. Tal y como mis directores pueden atestiguar, algunas preguntas de investigación sumamente interesantes han quedado por fuera de esta tesis por las dificultades para articular esos diversos enfoques teóricos en un único producto escrito, coherente, y con una extensión comprendida dentro de las normas establecidas por la Facultad.
A su vez, considero que la perspectiva metodológica cualitativa brindó las herramientas necesarias (en términos de producción y análisis de datos) para poder llevar adelante esta investigación. Como lo planteé en el capítulo introductorio, el trabajo de campo necesario para responder la pregunta de investigación de esta tesis tuvo su inicio allá por el año 2012, mucho antes que la formulación de la propia pregunta de investigación. Esto me permitió llevar adelante sucesivos procesos de lectura y relectura y de codificación y recodificación de los registros, algo virtuoso según los manuales de la investigación cualitativa, pero también me forzó a tener presente los siempre cambiantes contextos de producción de cada uno de ellos. Y es que en una investigación de diez años de duración, tanto los contextos restringidos como los contextos amplios de los registros producidos van cambiando marcadamente a lo largo del tiempo. Por ello, la constante reflexividad fue una característica central de este proceso de investigación.
Si bien Latour (2012) alguna vez lamentó que “cada día disminuye más la diferencia entre un investigador y un search engine” (p. 165), sostengo que esta investigación sólo fue posible por las particularidades de la estrategia teórico-metodológica construida. En consonancia con lo que planteé en las conclusiones de mi tesis de maestría (Straccia, 2019), considero que el uso de técnicas de producción y análisis de datos propios de la metodología cualitativa, así como la articulación conceptual de categorías provenientes de diferentes enfoques, permiten superar la producción de conocimiento con la lógica propia de un buscador e incorporar los emergentes de “el campo” tanto en la construcción del problema de investigación como en la producción de los hallazgos.
Por otra parte, también me interesa señalar que nuestras formas de implicación han sido fundamentales para el desarrollo de esta tesis. El reconocimiento de las situaciones de exclusión e invisibilización de los otros, vinculado a la negación de proyectos históricos alternativos y la naturalización de las desiguales relaciones de poder constitutivas de la Zona Núcleo Forestal, es uno de los hallazgos principales de la investigación realizada. En este sentido, los continuos debates al interior del equipo de trabajo sobre cómo llevar adelante una investigación social políticamente comprometida (Hale, 2006) fueron una parte central del proceso reflexivo llevado a cabo en todo el devenir de nuestro estudio, no sólo en esta tesis sino en el conjunto de investigaciones que llevamos adelante al interior del equipo
Por esa razón, hemos procurado que nuestras prácticas de investigación se llevaran a cabo de forma concomitante con nuestras actividades de extensión: tal y como reflexionaron Ortiz y Monkes (2019) al realizar una crónica del proyecto que llevamos adelante junto a la Asociación Civil Isleños Unidos II, investigación y extensión se entrelazan en nuestro involucramiento en el territorio. Si en el marco de ese proyecto de extensión incorporamos la dimensión de clase al procurar dar cuenta de la historia de esta asociación de pequeños productores familiares del Delta bonaerense, en un segundo proyecto de extensión procuramos incorporar la dimensión de generación. En este proyecto, ejecutado en el marco de una convocatoria UBANEX (y que recién pudimos llevar adelante en el año 2022 producto de la situación de pandemia), nos propusimos realizar talleres junto a las y los jóvenes isleños que nos permitieran construir un diagnóstico local participativo de la situación en torno a sus roles y prácticas cotidianas, sus expectativas y sus proyectos de vida, a fin de favorecer el arraigo y la permanencia de los isleños en sus lugares de pertenencia. Como lo planteé en la introducción de la tesis, estas reflexiones adquieren sentido en el marco de un trabajo colectivo: la implicación fue y es colectiva, la producción de los datos fue y es primariamente colectiva y muchas de las reflexiones son producidas de forma colectiva. Y si bien las respectivas preguntas de investigación no pierden su singularidad, guardan estrecha relación entre sí. Por esa razón, esta tesis sólo adquiere pleno sentido en esta trama colectiva de trabajos de investigación y de extensión.
Finalmente, debo dar cuenta de cuáles son los nuevos interrogantes que han emergido a lo largo de este trabajo y que podrán ser respondidos a través de futuras investigaciones.
A mi juicio, un punto central es la necesidad de continuar analizando las formas particulares de configuración del conflicto ambiental en la región de estudio. En el período bajo análisis, en esta tesis planteé que en la segunda etapa se había producido una desactivación (parcial) del antagonismo entre “isleños” y “ambientalistas”. Sin embargo, un análisis de largo plazo podría evidenciar que se trata de una huella de la reconfiguración de los antagonismos: esto es, una desactivación del antagonismo primigenio y la configuración de nuevos bloques antagónicos. En este sentido, el estudio de Roldán y Urcola (2022) sobre la dinámica de la conflictividad territorial del río Paraná en las zonas cercanas a Rosario (Santa Fe) da cuenta de procesos de esa índole, esto es, de continuas reconfiguraciones del conflicto que suponen la desactivación de ciertos antagonismos y la conformación de otros nuevos. De modo hipotético aún, la amenaza que constituye el avance de los emprendimientos inmobiliarios en el Delta del río Paraná podría ser un elemento aglutinador de una nueva coalición discursiva que contenga tanto a “isleños” como a “ambientalistas” en su interior, en línea con lo planteado por Astelarra (2017) en sus estudios realizados en el Delta de Tigre. Y es que la aparición de un nuevo actor de esas características supondría necesariamente una reconfiguración de la arena de conflicto. Aunque hasta el momento no es una situación acuciante en la Zona Núcleo Forestal, la aparición de loteos y las primeras aproximaciones de desarrolladores inmobiliarios tanto en el sector insular de Campana y San Fernando como en la margen contraria del río Paraná (en las adyacencias del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos) representan una luz de alerta tanto para quienes demandan continuar con sus prácticas productivas y de vida en “la isla” como para quienes propugnan por la conservación de “el humedal”.
Otro punto central se vincula con la categoría local “ambientalistas” y sus múltiples sentidos a lo largo y ancho del Delta del Paraná. En el Delta de Tigre, en la Zona Núcleo Forestal, en el Delta de Victoria (Entre Ríos) y en el Delta santafesino la categoría “ambientalistas” puede referir a individuos y organizaciones con características muy diferentes, de modo que debe siempre tenerse en cuenta que se trata de una categoría situada. Más aún, los diálogos que llevamos adelante con investigadores que realizan sus estudios en esas áreas nos indican que las formas de articulación de los “ambientalistas” con las poblaciones locales en cada una de estas zonas serían sustantivamente diferentes. En ese sentido, un ejercicio comparativo que dé cuenta de las formas de construcción del ambientalismo como movimiento y como categoría de heteroadscripción que vaya más allá de cada caso singular (esto es, un análisis transversal de los ambientalismos en el Delta del Paraná) no sólo sería potente en términos académicos sino sumamente relevante en términos políticos.
En relación con la cuestión del fuego en “la isla” (un tema continuamente presente en la agenda mediática metropolitana), las formas locales de uso desde las perspectivas de los propios isleños, las categorías locales que dan cuenta de las heterogeneidades de los fuegos (en plural, no en singular) y su relación con los procesos de construcción del territorio no han sido sistemáticamente estudiadas hasta el momento. Habida cuenta de la existencia de investigaciones en curso similares en otras zonas del Delta del Paraná desde un enfoque sociocultural, una investigación de esta índole en la Zona Núcleo Forestal podría luego articularse dentro de un análisis comparativo entre las diferentes áreas del Delta paranaense. Sobre esta misma cuestión, también sería relevante analizar sistemáticamente la historia del Consorcio Delta de Lucha y Prevención de Incendios Forestales y sus prácticas de gestión del fuego. Dado que otras políticas públicas (como el Programa ‘Faros de Conservación’, generado como respuesta a las quemas producidas en el Delta del Paraná en el año 2020 y gestionado por la Administración de Parques Nacionales) encontrarían sus bases en el esquema de gestión del fuego oportunamente construido por esta organización, se trata de una pregunta de relevancia para el estudio de las estatalidades producidas en materia ambiental.
A su vez, a partir de lo trabajado en los capítulos 4 y 5 de esta tesis sería pertinente preguntarse sobre la productividad del conflicto ambiental en torno a los incendios del año 2008 en la Zona Núcleo Forestal, retomando la propuesta conceptual de Merlinsky (2013; 2020b). Una propuesta de esta índole podría luego dar pie a ejercicio comparativos, tanto en un sentido diacrónico (por ejemplo, dando cuenta de las productividades del conflicto ambiental en torno a los incendios del trienio 2020/2022) como en un sentido sincrónico (esto es, dando cuenta de las particulares productividades del conflicto ambiental en las diferentes regiones del Delta del Paraná).
El caso específico de la “Ley de Humedales”, cuya etapa de formulación aún se encuentra activa habida cuenta de las sucesivas pérdidas de estado parlamentario y su reemergencia en la agenda mediática ante cada evento de incendios en el Delta del Paraná, también merece ser profundizado en futuros estudios. Y esto podría hacerse desde dos dimensiones complementarias. Con el foco puesto en la zona de estudio de esta tesis, sería relevante dar cuenta de las estrategias que han llevado adelante los isleños (quienes continúan demandando que sus formas de vida sean tenidas en cuenta) a fin de incidir en el proceso de formulación de la ley. De hecho, a fines del año 2020 Leonardo Grosso (entonces presidente de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Humano de la Cámara de Diputados de la Nación y uno de los principales impulsores de la ley) visitó la Zona Núcleo Forestal y fue recibido por representantes de diferentes organizaciones locales.
Por otra parte, sería también pertinente analizar el proceso de producción del nuevo proyecto de Ley a nivel nacional en este período. Este proyecto es caracterizado como “consensuado”, “participativo” y “multisectorial” por parte de legisladores, asambleas socioambientales, ONG, académicos y actividades que apoyan su sanción. Y si bien ese proyecto perdió estado parlamentario, los sectores mencionados actualmente continúan demandando su tratamiento y aprobación. Sin embargo, sectores vinculados con el agronegocio, la minería y los megadesarrollos inmobiliarios propugnan la sanción de una “Ley de Humedales” con características disímiles. Así, analizar las interfaces socioestatales del proceso de producción de los proyectos de ley en debate, identificar a los actores participantes, sus posiciones, sus argumentos, sus vínculos (en términos de articulación y oposición) y sus estrategias es un ejercicio social y académicamente relevante.
Finalmente, y en línea con el planteo de Shore y Wright (1997) de que las políticas públicas son la expresión de ciertas racionalidades de gobierno (y, por extensión, de ciertas gubernamentalidades), la activación de categorías propias de la antropología de las políticas públicas representa la puerta de entrada hacia un nuevo tipo de interrogantes: las preguntas en clave de gubernamentalidad (en tanto modos específicos de combinación de las racionalidades políticas y las tecnologías de gobierno en los procesos de conducción de las conductas). Esto supone analizar en clave foucaultiana las tecnologías de gobierno producidas (incluyendo a los manuales, protocolos y lineamientos de buenas prácticas o a las certificaciones ambientales), pero no se limita a ello: para mapear empíricamente como se producen estos modos específicos de combinación, también es necesario analizar las formas de producción del espacio, de las poblaciones y de los sujetos. Así, futuras investigaciones bajo la grilla analítica de la gubernamentalidad ambiental podrán dar cuenta de los procesos de constitución de territorios y sujetos ambientales, indagar sobre los modos específicos en que ello ocurre, y analizar cuáles son las territorialidades subordinadas, las subjetividades subyugadas y las resistencias emergentes en estos procesos de ambientalización de los territorios. De esa forma, será posible aportar a la visibilización de territorialidades y subjetividades otras y al reconocimiento de órdenes sociales alternativos.
En un contexto de institucionalización del discurso de la sustentabilidad, la cuestión ambiental en el Delta del Paraná y la demanda por su desarrollo sustentable llegaron para quedarse. Y por lo tanto, también las disputas por cómo construir el problema, bajo qué categorías hacerlo o cuáles son las soluciones para resolverlo (y quiénes deben brindarlas). Por esa razón, esta tesis pretendió dar cuenta de los nuevos mecanismos de articulación emergentes entre la cuestión ambiental y la cuestión productiva, pero también evidenciar la exclusión de los órdenes sociales alternativos. Y, así, constituirse como un aporte para la producción de nuevas formas de institucionalización de los conflictos estructurales.
Y es que, como hemos visto en estas páginas, los ‘perdedores’ del Bajo Delta bonaerense –así caracterizados por Galafassi (2005)– siguen teniendo un escaso margen de acción para poder llevar adelante estrategias que les posibiliten modificar sus condiciones de vida y sus perspectivas de futuro. Siguen en la tribuna, sí. Pero siguen demandando ser tenidos en cuenta. Y esa tarea continúa pendiente.
- Por esta razón es que en esta tesis no utilicé la categoría ‘productivistas’, prototípica de los estudios en torno a conflictos ambientales (en oposición a las posiciones ambientalistas), para nominar a esta coalición discursiva. Antes que la expresión de una racionalidad instrumental orientada a la maximización de las ganancias en desmedro de los posibles impactos socioambientales, en esta etapa del antagonismo la coalición “isleños” se articuló en torno a la defensa de sus formas de vida en “la isla”. Por ello es que en Camarero et al. (2018) la definimos como una lógica del habitar, y no de la producción. ↵
- Expresado de forma especialmente evidente en lo referido a la posibilidad de construcción de los endicamientos: el Proyecto de Desarrollo Sustentable del Delta Bonaerense (cuyo proceso de producción inició en 2008) proponía la construcción de cincuenta kilómetros de alteos transitables, mientras la “Ley de Humedales” (cuyo proceso de producción inició en 2010) supondría la prohibición total de realizar nuevos diques.↵
- Afirmación, reitero una vez más, que no supone la asignación de intencionalidad: tal y como lo trabajaron dichos autores, la categoría ‘alianza oculta’ no hace referencia a un tipo de vínculo intencionado que procura mantenerse oculto sino a la existencia de puntos compartidos subyacentes entre dos bloques antagónicamente constituidos.↵







