Horacio Paulín, Guido García Bastán, Florencia D’Aloisio
y Rafael Carreras
Desde hace poco más de una década, los jóvenes en Latinoamérica[1] vienen siendo uno de los principales temas de agenda para las Ciencias Sociales. Si bien en nuestro país la década del 80 vio aparecer los primeros informes de situación sobre nuestras juventudes (Braslavsky, 1986), la reflexión sistemática referida a los problemas que afectan a esta franja poblacional es aún relativamente reciente[2]. No se trata de una simple “moda” académica. Muy por el contrario, la atención que los jóvenes reciben en distintas latitudes habla de un contexto en el que, a muchos de ellos, su condición de tales los expone a situaciones de estigmatización y vulneración de derechos.
Ante un panorama social de estas características, la recuperación de las perspectivas juveniles constituye –al menos para nosotros– una apuesta política. Consideramos que los mundos juveniles son ciertamente complejos y que el desarrollo de investigaciones en el ámbito nacional y provincial favorece la construcción de miradas locales, situadas en la realidad de nuestros jóvenes. Cuestión de la que con frecuencia adolecen las políticas estatales cuando hacen foco en esta categoría de actores sociales.
Cabe decir que entre 2010 y 2013 hemos transitado una línea de investigación centrada en el estudio de las sociabilidades juveniles y los conflictos en la escuela secundaria. En esa búsqueda hemos subrayado la importancia de comprender a las relaciones intersubjetivas de los adolescentes y jóvenes como un mundo juvenil que refleja una subjetividad no reducida a la lógica escolar para enfatizar el papel activo y recreador que desempeñan en la convivencia cotidiana de la escuela secundaria. Además, hemos propuesto un enfoque psicosocial relacional y dinámico sobre las violencias y la convivencia en la escuela que considere no solo los procesos de maltrato y acoso (Paulín, 2015) sino también las violencias institucionales y sociales que atraviesan las relaciones educativas, las diferentes condiciones juveniles de los estudiantes –sobre todo en las intersecciones de clase, género y etnia– (Margulis,1996) y la interrogación sobre los vínculos y relaciones de sociabilidad que favorecen la solidaridad, la amistad y el compañerismo como bases del respeto mutuo entre pares y en las relaciones intergeneracionales (Hernández Gónzalez, 2007; Weiss, 2009; Paulín, 2013).
Interrogarnos sobre cómo se procesan estas relaciones de sociabilidad entre diferentes condiciones juveniles que acceden a la educación secundaria ha sido el punto de partida para continuar con otro recorrido de investigación en el que nos preguntamos por los sentidos y las acciones que se juegan en las prácticas relacionales juveniles para la procuración del respeto social y personal (Martuccelli, 2007a) específicamente en contextos educativos y barriales donde transitan jóvenes de sectores populares. Ampliamos nuestra observación hacia contextos urbanos y barriales para comprender el interjuego entre lógicas de reconocimiento prevalecientes en distintos escenarios de interacción, teniendo en cuenta cómo se configuran valoraciones y jerarquías sociales y subjetivas en ámbitos de la vida cotidiana significativos para los jóvenes. La opción por la coconstrucción de relatos de vida en el marco de un tipo particular de análisis biográfico nos permitió asumir el desafío de aproximarnos a la comprensión de sus experiencias de reconocimiento y menosprecio, sus proyecciones personales y familiares en un horizonte existencial a veces más sostenido por soportes afectivos, institucionales y comunitarios y en otros casos fuertemente vulnerabilizados.
Este libro reúne producciones realizadas en el marco de tres proyectos de investigación avalados académicamente y subsidiados por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba en el bienio 2016-2017. Cada uno, con sus propios objetivos, tiene en común la preocupación por comprender los modos de transitar la juventud en condiciones de vulneración social a la vez que contribuir a la visibilización de sus relaciones de opresión y procesos de sufrimiento y menosprecio social.
En el primero de los proyectos, titulado “Jóvenes de sectores populares y búsquedas de reconocimiento en ámbitos educativos y escenarios urbanos de la ciudad de Córdoba”[3], nos propusimos describir las esferas de socialización y sociabilidad más relevantes que identifican los jóvenes en sus recorridos vitales; analizar las significaciones sobre sus experiencias en torno al respeto y reconocimiento de sí mismos y cuáles son las tensiones que se producen entre sus expectativas y demandas de reconocimiento y las condiciones de vida en las que transitan atravesados por sus redes de interdependencia familiares, grupales e institucionales.
Derivada de este proyecto, la investigación “La escuela secundaria en el devenir y porvenir biográfico de jóvenes de sectores populares. Soportes y experiencias de reconocimiento y subjetivación”[4] estuvo centrada en el sentido de la educación desde la perspectiva juvenil. Con este propósito, buscamos comprender los acercamientos, tensiones y/o distancias que se producen entre sus experiencias escolares, los recorridos biográficos juveniles y las proyecciones al porvenir. Asimismo, analizamos los vínculos intersubjetivos y experiencias educativas que propician y sostienen procesos de reconocimiento, subjetivación y apropiación de derechos para sujetos jóvenes en condiciones de vulnerabilidad.
Por último, en el proyecto de investigación “Significaciones y experiencias juveniles vinculadas a la vida y a la muerte en sectores empobrecidos de la ciudad de Córdoba”[5] buscamos analizar a partir de qué experiencias y situaciones los jóvenes de pobreza estructural construyen significaciones sobre la vida y la muerte. Como parte de la definición de nuestro objeto de estudio se plantearon las siguientes preguntas que conforman el núcleo del problema de investigación: ¿cuáles son las significaciones construidas sobre vida y muerte por jóvenes en situación de pobreza?; ¿qué experiencias participan en las significaciones construidas sobre vida y muerte por jóvenes en situación de pobreza?; ¿cómo presentan los medios de comunicación las noticias que involucran a los jóvenes de la ciudad de Córdoba? Para esto nos trazamos como objetivo general comprender las significaciones que los jóvenes construyen sobre la vida y la muerte identificando las experiencias y situaciones de la cotidianeidad ligadas a esta construcción. Como comprendemos que las significaciones sociales son configuradas también desde narrativas sociales de contexto incluimos el análisis de contenido de uno de los medios de prensa de mayor historia de la ciudad de Córdoba.
A continuación, desarrollamos las principales referencias teóricas y metodológicas que orientaron los distintos proyectos.
Juventudes, socializaciones múltiples y luchas por el reconocimiento
Un aspecto transversal al campo de estudios sobre juventudes, es la definición de lo juvenil (ya sea en su dimensión cultural o identitaria), casi con exclusividad, a partir de prácticas que emergen en oposición al mundo adulto. En este sentido, Bernard Lahire (2007) advierte la importancia de recordar que en las actuales configuraciones societales vivimos en un momento de socializaciones múltiples, en el que los adolescentes y jóvenes se encuentran en redes de interdependencia “a veces, contradictoria, a veces armoniosa” entre las relaciones familiares, de amistad entre pares y escolares (p. 24). A su vez, dichas redes se hallan situadas en territorios, es decir, en complejos escenarios –urbanos para nuestro caso– en los que las personas jóvenes van construyendo sus propios recorridos en tensión con constricciones y condicionamientos simbólicos y materiales que caracterizan a dichos escenarios (Bachiller, 2012; Bambirra Silveira y Leão, 2014; Valdés y Cargnelutti, 2014).
La “juventud” por tanto no es solo una palabra como expresara Bourdieu, sino también, como precisa Lahire, “una condición de existencia y de coexistencia sometida a una triple constricción [familiar, escolar y del grupo de pares], un régimen de vida con constricciones múltiples que puede objetivarse como cualquier otro régimen de vida” (2007, p. 31). Comprendemos a los jóvenes como sujetos que construyen experiencias en escenarios de actuación diversos como el escolar, la familia, el barrio, el trabajo, la pareja. Como señala Dayrell (2007), el conjunto de experiencias sociales vivenciadas en diferentes tiempos y espacios constituyen una determinada condición juvenil. Esta noción remite, por una parte, a una dimensión histórico-generacional, referente al modo en que una sociedad constituye y significa ese momento vital; por otra, a una dimensión situacional, inherente a los modos en que el “ser joven” es vivido por los sujetos a partir de diversos recortes relativos a diferencias culturales, sociales, geográficas, económicas, de género, étnicas, entre otros (Dayrell, 2007). Se trata de una categoría antropológica y sociológica que enlaza la estructura social con la cultura y valores particulares de los jóvenes en el marco de los procesos de transformación social contemporáneos, sean estos laborales, formativos, familiares, culturales o económicos (Dávila León, 2004). Este concepto analítico posibilita considerar tanto la dimensión simbólica como los aspectos materiales, históricos y políticos en los cuales se desenvuelve la producción social de la juventud (Abramo, 2005, citado en Dayrell, 2007) así como sus particulares prácticas y producciones significantes.
En el marco de estas socializaciones múltiples los jóvenes despliegan sus construcciones identitarias en referencia a otros concebidos como semejantes y como alteridades. Asumimos que los procesos de reconocimiento personal y social se entrelazan en las relaciones de sociabilidad juvenil, las cuales –atravesadas por la heterogeneidad propia de las condiciones etarias, genéricas, sociales, culturales, económicas y étnicas– se constituyen en desafíos y tensiones específicas para la convivencia social en las escuelas y en el barrio.
Si consideramos que la sociabilidad, como sistema de reglas para construir una relación con otros, “se encuentra actualmente resquebrajada por las tensiones entre la adhesión comunitaria y la expresión de la individualidad, la singularización a partir de las relaciones entre “géneros” y un malestar cultural que se vislumbra como crisis del sentimiento de solidaridad hacia los otros” (Martuccelli, 2007a, p. 204) es clave comprender las formas del respeto que dan confirmación social al individuo en un contexto social contemporáneo que extiende y amplifica las dificultades de relación con los otros. Desde la perspectiva de una sociología de la individuación, estas formas de conseguir respeto se pueden analizar en determinados órdenes de interacción (como el escolar, el familiar y el de grupos de pares) de acuerdo a tres regímenes políticos de interacción como son el de la jerarquía, la igualdad y la diferencia. Las formas de demandar respeto y las prácticas relacionales en pos de su obtención atraviesan diversos espacios de interacción social e institucional desde distintas lógicas políticas que indican demandas diferentes: de rango, de respeto igualitario o de reconocimiento singular (Martuccelli, 2007a).
Por su parte, hemos recuperado la perspectiva crítica de la teoría del reconocimiento como marco de lectura de los procesos subjetivos e intersubjetivos implicados en la procura del respeto personal y social a partir de Honneth (1997 y 2011). Este representante de la escuela de Frankfurt se apuntala en la teoría hegeliana y la psicología social de George Mead para replantear la tesis de la lucha por el reconocimiento, que se ancla en las relaciones cotidianas donde se despliegan condiciones de vulneración y situaciones de conflictividad en las cuales los sujetos pugnan porque sean reconocidas sus aspiraciones y/o necesidades. En ese sentido, la violencia del maltrato, la exclusión del acceso a derechos y la injuria discriminatoria asociada al sentimiento de indignidad, son los tres mecanismos del menosprecio que Honneth (2011) establece como contracaras del reconocimiento hegeliano. Este último se consolida en las relaciones de confianza, (como sujeto de amor y amistad), respeto (como sujeto de derechos) y la estima de sí (como sujeto de la comunidad), estableciendo una gramática moral que incluye la atención tanto a las formas de reconocimiento como a las heridas físicas y morales que reciben las personas. Al recuperar el planteo de George Mead, Honneth comprenderá el reconocimiento del otro como un elemento central de las interacciones. A la vez que son estas interacciones, en absoluto armónicas, las que hacen posible la construcción de la identidad al instalar “a quienes interactúan y se interrelacionan, en una situación de conflicto, de lucha por el reconocimiento de sus pretensiones y necesidades” (Pasillas Valdez, 2011, p.3).
Narrativas juveniles en contextos de desafiliación institucional y vulneración de derechos
A principios del siglo xxi varios análisis mostraban en Argentina y Latinoamérica el estado de precariedad de las trayectorias de vida de adolescentes y jóvenes en situaciones de expulsión social. La idea de expulsión social indica la relación entre las políticas excluyentes del Estado que hace posible un estado de exclusión de las personas jóvenes. Es decir, “la expulsión nos da la oportunidad de ver un funcionamiento, […] más que denominar un estado cristalizado por fuera, nombra un modo de constitución de lo social” (Duschatzky y Corea, 2009, p. 18).
Entre 2005 y 2013 en Argentina se produjeron cambios importantes en algunas políticas destinadas a ampliar derechos en educación, salud, género y trabajo para los sectores juveniles. Sin embargo, la inclusión efectiva y el proceso de accesibilidad a derechos tuvieron sus vaivenes, tornando a la efectiva disminución de la desigualdad social en un asunto fuertemente controvertido entre los analistas sociales (Saraví, 2006 y 2009; PNUD, 2009; Kessler, 2014).
La exigencia de políticas públicas para dar respuesta a las desigualdades sociales en niñez, adolescencia y juventud plantea la necesidad de intervenciones que posibiliten la inclusión social y el reconocimiento de los sectores populares. Entre 2006 y 2014 se reformularon políticas sociales “con imperativos ético-políticos de generar condiciones para la realización de la vida digna, la justicia social y la sustentabilidad intergeneracional” (Zaldúa et al., 2009, p. 309). La Ley Nacional 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes plantea un cambio de abordaje sustantivo en las intervenciones del Estado. Las políticas públicas y sociales que se aplican en Córdoba deberían tener una correspondencia con la Ley Nacional 26.061 que apunta a la integralidad y la corresponsabilidad pero se despliegan con fuertes discontinuidades desde el Estado provincial y municipal a la vez que tropiezan con prácticas en terreno que no logran avanzar en la protección de derechos o que promueven mayor estigmatización y no reconocimiento.
Nuestras indagaciones se sitúan en barrios y escuelas de gestión estatal de una urbanidad particular, la ciudad de Córdoba. En esta se dan fuertes tensiones entre procesos estatales de ampliación de derechos (educativos, laborales, civiles, políticos, sexo-genéricos e identitarios) para las poblaciones juveniles del país que se potenciaron, como decimos más arriba, hasta 2015 en conjunción con procesos locales de vulneración de derechos y restricción de la ciudadanía para los jóvenes de sectores populares.
En estos contextos el aparato represivo del Estado es el director y actor principal de una pieza de teatro que construye guiones de actuación juvenil reservados al miedo y la violencia y con una puesta en escena que se basa en condiciones de desigualdad social para los habitantes de los barrios más empobrecidos y marginalizados. Desde hace dos décadas se viene agudizando la criminalización de los jóvenes de sectores populares a través de políticas de seguridad cuya expresión más cotidiana es la aplicación del anterior Código de Faltas –hoy Código de Convivencia– de la provincia de Córdoba. Esta normativa de la urbanidad “segura” se asocia con las arbitrariedades de las fuerzas de seguridad, que muchas veces han culminado con el abuso y las muertes de nuestros jóvenes. La vulneración de la libre circulación de los jóvenes por los espacios de la ciudad, en pos del control y la vigilancia de sus cuerpos interpela sus existencias y sus relaciones sociales y nos devuelve miradas atravesadas por la humillación y el estigma.
Teniendo en cuenta este estado de situación de las juventudes y desde una perspectiva psicosocial crítica entendemos que es imperativo desnaturalizar las operaciones desubjetivantes que construyen el sufrimiento psíquico y social (Carreteiro, 2003; Bleichmar, 2005) pero que también es clave analizar cómo y cuándo se producen dinámicas vinculares intra e intergeneracionales que favorecen la inclusión social y el reconocimiento desde la acción y la perspectiva de los jóvenes. En términos psicosociales nos referimos a prácticas y escenarios subjetivantes, que a modo de mediaciones subjetivas y simbólicas operan procurando el respeto, la figuración de un proyecto de vida, el ejercicio de la ciudadanía y de la autonomía.
En el marco de esta lectura local de la condición juvenil en Córdoba, hemos recurrido a propuestas teóricas recientes en la teoría social sobre los modos heterogéneos de atravesar la experiencia social en contextos de vulneración de derechos.
Por un lado, recuperamos de la sociología de la individuación de Danilo Martuccelli (2007b) la noción de soporte para aludir a aquellos elementos materiales, simbólicos o afectivos (actividades, objetos, vínculos o consumos culturales) que se entrelazan heterogéneamente constituyendo un tejido existencial y social flexible que le permite a un individuo sostener su existencia en el mundo. Esos soportes pueden ser movilizados consciente y activamente por el sujeto o bien presentarse de forma no consciente, como efecto de su entramado social y existencial (Di Leo, Camarotti, Güelman y Touris, 2013). Si bien todos los individuos existen en la medida en que están sostenidos por soportes, estos tienen un grado diferencial de visibilización y legitimidad: hay soportes que son invisibles (discretos y con alto nivel de aceptación social), estigmatizantes (cuentan con alta visibilidad y escasa legitimidad, operando simultáneamente como protectores y descalificadores de los individuos y sus prácticas)[6], algunos ambivalentes, varios confesables y otros patologizados (Martuccelli 2007b). Atender a la legitimidad de los soportes es clave para comprender diferencialmente las experiencias individuales –en virtud de las posiciones sociales, del género, la edad y las tradiciones culturales– y los modos en que cada individuo hace frente a las pruebas estructurales[7] que se le imponen. Pero un individuo, advierte el autor, es algo más que el entramado de soportes, aunque subsiste y hace frente de modo diferente a los condicionamientos estructurales en función del tipo de soportes de los que dispone.
Por otra parte, bajo el recorte poblacional de “sectores populares”, advertimos que las prácticas y experiencias de los jóvenes participantes en estos estudios difieren según las condiciones de vulnerabilidad en las que construyen y despliegan sus biografías. Dentro de la polisemia característica de la noción de vulnerabilidad, retomamos en nuestros análisis la perspectiva que desarrollan Delor y Hubert (2000) como matriz heurística en el campo de los estudios sobre salud. Los autores proponen analizar objetiva y subjetivamente tres dimensiones: las trayectorias sociales, los vínculos interaccionales (intersección entre dos o más trayectorias personales) y los contextos socio-institucionales; el interjuego entre estas explica el incremento o disminución de vulnerabilidad. Desde esta perspectiva, “los procesos de construcción de identidad se proponen como observación particular y puntos de ‘gelificación’ para estos diversos niveles tomados en conjunto” (p. 1559) y están dirigidos a mantener, expandir o proteger el espacio de vida en el que cada sujeto es socialmente reconocido. Este deslizamiento de las situaciones a los procesos posibilita analizar empíricamente las vinculaciones entre lo individual y lo social (Di Leo y Camarotti, 2015), abordando de manera articulada una dimensión socio-estructural y otra socio-simbólica de las biografías.
Desde estas referencias analizamos las demandas de respeto y búsquedas de reconocimiento en los procesos de socialización y de sociabilidad de los jóvenes. En ese sentido cabe aseverar que cuando estas prácticas y luchas por el reconocimiento se sostienen en relaciones de interdependencia solidaria es posible comprenderlas como procesos de subjetivación en tanto búsquedas de emancipación de estructuras y normas hegemónicas (Martuccelli, 2007a).
Al decir de Weiss (2012), enfatizar el análisis de los procesos de subjetivación en el estudio de las relaciones juveniles permite incorporar la dimensión de “agencia del yo” y la reflexión sobre las expectativas de los otros generalizados que los sujetos pueden desplegar en el desarrollo de sus proyectos personales en el marco de las experiencias institucionales, familiares y comunitarias. En ese sentido entendemos que, junto con las condiciones estructurales que oprimen a las existencias juveniles se despliegan vínculos y redes, a modo de soportes no siempre conscientes, en los que los sujetos abordan los desafíos de ser jóvenes. Para aproximarnos a ese entramado heterogéneo de condiciones objetivas y vínculos de interdependencias, menosprecios y reconocimientos hemos incursionado en el registro de las narrativas juveniles.
Acerca de la estrategia metodológica y el trabajo con los jóvenes
En los distintos proyectos nos situamos desde un paradigma de investigación interpretativa-cualitativa (Vasilachis, 2007) ya que buscamos comprender y analizar sus experiencias de reconocimiento personal y social y su perspectiva como actores situados en contextos urbanos de la ciudad de Córdoba que sufren fuertes procesos de desigualdad social. A partir de una serie de aproximaciones a experiencias juveniles en distintos barrios y establecimientos educativos de la ciudad de Córdoba, avanzamos en la definición de un diseño múltiple de casos incluyendo en el muestreo inicial a jóvenes que viven en distintos escenarios cotidianos en condiciones de desigualdad social. Esto nos permite realizar un conjunto de análisis comparativos para favorecer la comprensión de procesos y significaciones contextuados en distintos escenarios educativos y entornos sociocomunitarios desde la perspectiva de los jóvenes (Neiman y Quaranta, 2007).
El trabajo de campo se realizó con jóvenes provenientes de diez barrios y en tres escuelas secundarias públicas de la periferia urbana de la ciudad de Córdoba[8]. Estos espacios se definieron a partir de los lazos previos de cooperación construidos con docentes de establecimientos educativos, vecinos y jóvenes en el trabajo de campo 2014-2015 y en actividades de trabajo extensionista del equipo de investigación. Reúnen características similares en cuanto a escenarios urbanos con características de fragmentación residencial y periferización urbana (Valdés y Cargnelutti, mayo 2014) que favorecen condiciones de vulneración social y económica de sus habitantes.
En los escenarios comunitarios donde desarrollamos nuestro trabajo, los jóvenes son constantemente interpelados por el mundo adulto y las fuerzas de seguridad, por esto las detenciones arbitrarias, los abusos policiales y las muertes por gatillo fácil suelen ser recurrentes. Sin embargo, hemos identificado que los jóvenes asumen esta realidad con cierta naturalidad en la cual la muerte a veces es visibilizada como evento próximo.
Para muchos jóvenes la vida cotidiana se desenvuelve en una ciudad fuertemente distópica. Ante estos contextos adversos (de interpelaciones mencionadas en el párrafo anterior), los agrupamientos juveniles adscriben a determinadas prácticas sociales, consumos culturales, sistemas de creencias que protegen y resguardan la vida en la cual la historia familiar ocupa un papel tan importante como singular.
Invitamos a participar jóvenes entre 16 y 24 años y la selección de los mismos se realizó a partir de un muestreo intencional que contempló criterios de diversificación como edad, género, trayectoria educativa y procedencia barrial. En el acceso a los entrevistados y en la construcción de un acuerdo de confidencialidad de los datos, nos orientamos por la premisa de que cada miembro del equipo se acercara a algún joven con el que venía compartiendo alguna experiencia previa de participación en la investigación social o en trabajos institucionales y/o comunitarios. De esta forma, buscamos garantizar que su participación se sostuviera en un vínculo previo de confianza para reducir al mínimo cualquier sentido de obligatoriedad y vulneración de derechos.
Utilizamos la técnica de relatos de vida del enfoque biográfico (Cornejo, Mendoza y Rojas, 2008; Leclerc-Olive, 2009; Di Leo y Camarotti, 2013) que permite acceder a la manera en que un sujeto significa su propia experiencia vital y cómo se articula esta con las condiciones histórico-sociales que la atraviesan. Al resultar de la narrativa de experiencias a lo largo del tiempo, los relatos producen una intersección entre las biografías personales y los procesos socio-históricos (Di Leo, Camarotti, Güelman y Touris, 2013). En su relato, construcción narrativa que dota de continuidad subjetiva a la experiencia a lo largo del tiempo, el sujeto construye su presente dentro de un horizonte específico del pasado ya experimentado y del futuro que anticipa (Guerra Ramírez, 2008). La utilización de los relatos permite dar cuenta de la visión subjetiva de los jóvenes sobre sus recorridos biográficos, acciones y condicionamientos, buscando propiciar la reflexividad y construcción dialógica con ellos. La opción por arribar a relatos desde la selección de acontecimientos significativos para el sujeto se fundamenta teóricamente en la función temporalizante que los mismos adquieren al sancionar significativamente la vida a modo de un “calendario privado”, más que un calendario oficial, en el que se despliega su mismidad como dimensión subjetiva (Leclerc, 2009, p. 32).
Con cada joven realizamos cuatro o cinco sesiones de entrevistas semiestructuradas a los fines de construir conjuntamente un relato biográfico siguiendo las orientaciones desarrolladas por los investigadores Pablo Di Leo y Ana Clara Camarotti (2013). La consigna de apertura, “Si tuvieras que decirme quién sos, ¿qué dirías?, ¿cómo te describirías?, ¿cómo te presentarías?”, proponía a los jóvenes elegir cómo presentarse y autodescribirse. En el transcurso de las diferentes sesiones, se los invitaba a rememorar situaciones en las que se hubieran sentido bien o mal tratados como personas (en su familia, en el barrio, con otros jóvenes, en la escuela o en el trabajo), haciendo referencia en forma explícita a la noción de respeto. Cada sesión de trabajo era transcrita y entregada a los jóvenes para que pudiesen leerla antes o durante el transcurso de la siguiente sesión. La construcción del texto que configuraba cada relato se realizaba de manera conjunta entre el investigador y el joven, aunque las decisiones sobre el contenido final eran tomadas por este último (qué incluir o dejar fuera del relato biográfico final). El material de campo que se analiza en los distintos capítulos se encuentra conformado tanto por fragmentos de los relatos de vida elaborados como por extractos de las entrevistas realizadas en las distintas sesiones de trabajo.
En la realización de las entrevistas y la construcción de los relatos biográficos nos orientamos por las premisas ético-metodológicas que Leclerc-Olive (2009) postula para la investigación biográfica: 1) principio de iniciativa: atendiendo a que el interés por la investigación nace en el investigador, deben vigilarse los efectos de obligatoriedad a participar de los actores; 2) principio de intercambio: adoptar una actitud intermedia entre la pasividad o “no directividad” y el intervencionismo intrusivo; y 3) principio de totalidad: la serie de entrevistas finaliza cuando la persona considera haber dicho lo más importante sobre su vida. A su vez, los nombres de los jóvenes que aparecen son ficticios para preservar la identidad de los participantes.
Es importante destacar que para nosotros fue una experiencia enriquecedora sostener un vínculo de varios encuentros con cada joven a través de la invitación a contarnos aspectos centrales de sus vidas, sus aspiraciones y preocupaciones y lo que significa para ellos sentirse respetados y/o menospreciados. Observamos que también para ellos fue significativa la experiencia de compartir un relato de vida con nosotros en cuanto a la dosis de reflexividad que la conversación narrativa promueve para el sujeto (Güelman y Borda, 2014). En varias ocasiones se sucedieron profundos despliegues reflexivos ya sea a modo de interrogantes, dudas y dilemas sobre sus acciones, como así también momentos muy gratos donde se veían identificados en sus relatos y líneas de vida.
Por otra parte, cada investigador realizó un registro de observación del contexto institucional y/o comunitario de donde surge este conjunto de entrevistas. La construcción de datos a través de la combinación del análisis de documentación, registros de observación, entrevistas y relatos biográficos y el análisis e interpretación en equipo nos aproximó a un abordaje complejo de la problemática a través de la triangulación de técnicas e investigadores e investigadoras (Fielding y Fielding, 1986).
Para el análisis de datos seguimos los procedimientos centrales de la tradición Teoría Fundamentada (Glaser y Strauss, 1967; Strauss y Corbin, 2006), en tanto estrategia de investigación cualitativa que permite la reconstrucción de significados y de situaciones de la cotidianeidad a partir de un interjuego entre los datos y las perspectivas teóricas de partida, favoreciendo la construcción de categorías analíticas referidas a los casos en estudio y la elaboración de análisis comparativos de procesos, contextos y sujetos en cada caso seleccionado. Procedimos mediante operaciones de codificación abierta y selectiva de los datos, de muestreo teórico en la selección de los jóvenes participantes y la construcción de descripciones y categorías analíticas poniendo en tensión el contexto conceptual de partida con los datos emergentes de nuestra participación en el campo.
Trabajamos con la estrategia de análisis categorial que propone la teoría fundamentada desde un enfoque constructivista (Charmaz, 2013) a la hora de generar un conjunto de hallazgos e interpretaciones sobre los acontecimientos biográficos que los jóvenes relatan y que daban cuenta de los procesos de socialización en la familia, las instituciones escolares, sus primeras experiencias laborales y los devenires de transitar la juventud en contextos donde son objeto de la vulneración social y diversas violencias institucionales.
La teoría fundamentada ha recibido críticas en cuanto a su adhesión epistemológica a un realismo ingenuo amparado en los rasgos fuertes del neopositivismo, a saber, la presunción de una realidad externa, las relaciones entre observador y observado y la representación (cientificista) que hacen los investigadores de los mundos de vida de los participantes en la investigación (Charmaz, 2013). En nuestro caso, optamos por recuperar las herramientas y procedimientos centrales de esta estrategia de investigación, como las operaciones de codificación, el muestreo teórico y la comparación constante como parte de un enfoque sistemático que encuentra su directriz en los procesos de reflexividad en el equipo de investigación y en el intercambio dialógico con los participantes al poner en tensión los diferentes modos de interpretación de las acciones y procesos sociales que estudiamos. Por ello, recuperamos de esta tradición investigativa el aspecto creativo que promueve el desarrollo de categorías analíticas orientadas a complejizar la interpretación de los datos más allá de las meras descripciones empiricistas.
En este sentido, luego de avanzar con las primeras lecturas del material empírico, en algunos capítulos hemos incursionado en la estrategia de análisis narrativo (Sparkes y Devís, 2007). Este modo de aproximarnos a las biografías juveniles permite examinar los mecanismos retóricos y la forma en que nuestros informantes representan y contextualizan su experiencia (Gibbs, 2012). Contar la historia de la propia vida implica una toma de distancia en la que dicha experiencia se vuelve objeto de reflexión (Huberman, 2005) y se ordena en la trama de una narración (Leclerc-Olive, 2009). Al construir sus relatos narrativos, los sujetos sitúan sus experiencias en coordenadas espacio temporales y proponen desenlaces que incluyen aspectos emotivos y/o morales (Fernández-Cid y Kriger, 2017).
Como analistas de estas tramas, buscamos generar interpretaciones sobre las maneras en que los jóvenes toman posiciones de sujeto para presentarse a sí mismos, construyendo y apoyando sus identidades (Gibbs, 2012). Entendemos que la identidad, como dimensión analítica, no puede pensarse por fuera de la representación o narrativización personal del sí mismo (Ricoeur, 1996; Arfuch, 2002; Hall; 2003). El concepto de identidad narrativa refiere a la capacidad humana para organizar un relato de la trayectoria vital, sorteando las paradojas que imprimen la continuidad y el cambio, mediante mecanismos retóricos que apelan a un repertorio de relatos distintivos de cada cultura. La identidad narrativa se torna un concepto fértil al operar una mediación entre la identidad social y personal del individuo (Hernández, 2007). Estas orientaciones nos conducen a reparar en los modos mediante los cuales nuestros jóvenes informantes deciden narrarse a sí mismos, construyendo relatos que nos proveen de elementos para realizar inferencias referidas a las narrativas canónicas propias de su universo cultural de referencia (Ricoeur, 1996; Bruner, 2006). Por otro lado, la atención puesta en la estructura narrativa (Gergen y Gergen, 1983) de los relatos juveniles –aquello que da forma y direccionalidad a los acontecimientos evocados– permite establecer comparaciones que revelan aspectos comunes en los modos de experimentar ciertos acontecimientos vitales (Gibbs, 2012).
En el caso particular del proyecto sobre significados de vida y muerte en jóvenes la metodología fue la Investigación-Acción Participativa (IAP), que entiende el conocimiento como construido desde la práctica, que se enriquece en el encuentro con el otro y sus saberes. La investigación y la acción son instancias de un mismo proceso que recupera y dispone supuestos teóricos desde los cuales se mira, y construye la realidad. Consideramos que esta labor de corte cualitativo permitió la comprensión de procesos psicosociales con cierta profundidad (a través de entrevistas semiestructuradas), tensionando aspectos subjetivos y contextuales a los fines de acceder a la comprensión de significaciones construidas por los sujetos desde el propio marco de referencia en que actúan y desarrollan su vida cotidiana. La muestra estuvo constituida jóvenes pertenecientes a barrios periféricos en situación de pobreza de la ciudad de Córdoba. Se desarrolló en articulación con el programa de extensión: “Fortalecimiento comunitario y producción de mecanismos de soportabilidad social en comunidades de la Provincia de Córdoba: juventudes, monitoreo participativo y violentación institucional”[9] que lleva adelante el equipo de investigación en distintos territorios de la ciudad. Este abordaje nos permitió que se incorporaran todos los sujetos de la experiencia en campo y sus miradas, y así favorecer el diálogo entre los saberes.
Esto facilitó el acceso a la muestra y permitió principalmente elaborar registros de campo que permitieron ampliar la mirada del objeto de estudio. Por último, se utilizaron fuentes de información secundarias, noticias narradas por sujetos que no participaron directamente de los hechos, es decir que fue un agente externo quien construyó la noticia. La técnica de recolección de datos basada en Internet se obtuvo mediante observaciones en línea.
Acerca de los jóvenes que participaron de la investigación y los capítulos del libro
En los diversos escritos que reúne este libro pretendemos mostrar matices, tensiones y también continuidades en los procesos de subjetivación, construcción de respeto y demandas de reconocimiento que construyen los participantes de nuestras investigaciones. Sin pretensión de agotar la riqueza y heterogeneidad biográfica de los jóvenes con que trabajamos, en la siguiente tabla sintetizamos algunos datos que nos permiten contextualizar y caracterizar sucintamente las narrativas construidas con ellos.
Tabla 1. Jóvenes participantes del estudio
Joven |
Edad |
Género |
Escolaridad |
Familia |
Alma |
19 |
Mujer |
Cursa 6to año en un IPET de la zona sur de la capital cordobesa. Repitió 3er año. | Vive con su madre (enferma de cáncer) y hermanos (es la menor). Su padre formó una nueva familia pero sigue manteniendo un vínculo cotidiano. |
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Bárbara
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16 |
Mujer |
Abandonó la secundaria en 2do año para retomarla al año siguiente. Cursa 3er año en un IPEM del área oeste de la ciudad. | Tiene 10 hermanos. Vivía con su madre pero se mudó a la casa de su padre luego de quedar embarazada a los 14 años. Tiene una hija. |
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Celeste
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17 |
Mujer |
Cursa 6too año en un IPEM del área oeste de la ciudad. | Tiene una hija. Vive con el padre de la niña en una de las habitaciones de la casa de su familia. Allí conviven sus padres separados y seis hermanos, algunos con su propia familia. |
|
Cintia
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18 |
Mujer |
Cursa 6to año en un IPEM del área sudoeste de la ciudad. | Vivió con su abuela hasta que comenzó la secundaria. Ahora vive con sus padres, sus tres hermanas, un hermano y una sobrina. |
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Diego
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19 |
Varón |
Asiste a 6to año de un IPET de la zona sur de la capital cordobesa. Repitió 4to año. | Vive con sus padres y dos hermanos. Él es el mayor. |
|
Elizabeth
|
16 |
Mujer |
Cursa 2do año en un IPET de la zona sudeste de la ciudad. | Vive con su madre, padrastro, hermano mayor y sus dos medias hermanas por parte de su madre. |
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Ezequiel
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18 |
Varón |
Cursa 6to año en un IPEM del área oeste de la ciudad. Participa del cuerpo de delegados escolares. | Vive con dos hermanos menores. Su madre es empleada doméstica cama adentro. Su padre está preso por el asesinato de su padrastro. |
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José
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18 |
Varón |
Cursa 6to año en un IPEM del área sudoeste de la ciudad. Escolaridad no interrumpida. | Vive con su madre, dos hermanos y sobrinos. Es el menor. Su padre y su abuelo materno fallecieron de forma sucesiva. |
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Juan
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20 |
Varón |
Repitió 1er año y luego abandonó la escuela. | Vive con dos de sus hermanas en la casa de su madre fallecida. Su padre abandonó el hogar familiar con anterioridad. |
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Leandro
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19 |
Varón |
Asistió a un IPEM de la zona sur de la ciudad que dejó tras repetir tres veces 1er año. Quiere finalizar los estudios secundarios. | Vive con su abuela paterna. Su madre vive con sus hermanos menores y una nueva pareja. Su padre está preso. Su abuelo paterno murió en una pelea. |
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Lucía
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16 |
Mujer |
Cursa 3er año en un IPEM del área oeste de la ciudad. | Vive con sus abuelos maternos, quienes la sustentan económicamente. |
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Marcos
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23 |
Varón |
Abandonó la escuela a los 12 años. | Vive con su madre, cuatro de sus siete hermanos y dos de sus sobrinos. |
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Nahuel
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15 |
Varón |
Asiste a 4to año de un IPEM del área sudoeste de la ciudad. Su escolaridad ha sido continua. Es abanderado y participa en el Centro de Estudiantes. | Vive con su madre, hermana, abuela y tía maternas. Es el mayor. Con su padre no tiene contacto desde hace cuatro años. |
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Natalia
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23 |
Mujer |
Asistió a dos IPEM, luego fue a un CENMA. Quiere terminar el secundario a distancia. | Vive con su hijo (cuyo embarazo fue posterior a la entrevista) en un terreno donde conviven varios familiares. Su novio y padre del niño está preso desde hace dos años. Ella lo visita regularmente. |
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Paula
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16 |
Mujer |
Abandonó la escuela en 1er año luego de que la echaran por haber peleado afuera del establecimiento. | Tiene cinco hermanas y cuatro hermanos. Desde hace tres años vive con su novio Néstor de 24 años. |
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Pedro
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24 |
Varón |
Terminó la escuela primaria. | Vive con sus padres y algunos de sus hermanos y sobrinos. |
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Pilar
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17 |
Mujer |
Cursa 5to año en un IPEM del área sudoeste de la ciudad. Perdió un año escolar a raíz de sus consumos problemáticos. | Vive con sus padres y una hermana. |
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Rocío
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17 |
Mujer |
Cursa 5to año en un IPEM del área sudoeste de la ciudad. | Vive con sus padres y su hermana. Fue madre a los 14 años. |
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Victoria
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16 |
Mujer |
Abandonó la escuela en 1er año luego de quedarse libre y no contar con el dinero para la reincorporación. | Tiene una hija. Vive con su madre. Su padre falleció en la cárcel cuando ella tenía 3 años. |
Las claves de lectura que recuperamos a lo largo de esta presentación son, a grandes rasgos, nuestras coordenadas en común. Cada uno de los capítulos que componen este libro las retoma y dinamiza, al confrontarlas con las experiencias juveniles en diversos escenarios sociales e institucionales, siempre en tensión con una variedad de aspectos y problemáticas propias del universo juvenil: las trayectorias escolares, los vínculos familiares, la maternidad y paternidad, la participación en los consumos y el delito, las dificultades del ingreso al mercado laboral, entre otras. Miradas que revelan la dimensión histórica y situada en que se configuran las vivencias que nos fueron generosamente compartidas y que aquí hacemos llegar a los lectores.
En el primer capítulo, Florencia D’Aloisio, Valentina Arce Castello y Lucía Angélica Arias se centran en las trayectorias escolares como criterio analizador transversal de las narrativas biográficas juveniles. Entramando caracterizaciones de los territorios barriales de pertenencia, las culturas de las instituciones educativas, los soportes y los giros biográficos significativos, las autoras analizan tres grandes tipos de trayectorias escolares de los jóvenes: algunas de mayor afiliación, unas con períodos de “caídas” y reafiliaciones y otras que denuncian la desafiliación total del sistema educativo. Enfatizan que es clave leer la afiliación y la desafiliación escolar en su íntima ligazón con las continuidades, tensiones y rupturas entre la condición juvenil y la condición escolar, problemática nodal en el campo de la educación de jóvenes en Latinoamérica. Asimismo, asumiendo a la escolaridad secundaria como una prueba estructural para las juventudes contemporáneas que conjuga obligatoriedad y selectividad, advierten que un abordaje de las trayectorias escolares de los sujetos de sectores populares no puede soslayar las condiciones de vulnerabilidad y de cuidado en que construyen sus recorridos biográficos.
El capítulo siguiente hace foco en una problemática clave como lo es el entrecruzamiento de lo juvenil, la maternidad y las experiencias de escolarización. A lo largo del mismo, Melina Villagra, Florencia D’Aloisio y Horacio Paulín recuperan dos dimensiones centrales de un trabajo final de la Licenciatura en Psicología (UNC). Desde los recorridos biográficos de dos jóvenes estudiantes, abordan el tránsito de la condición juvenil a la maternidad y la forma en que el mismo fue integrado en sus experiencias escolares. Las narrativas de ambas develan que es posible conciliar el ser joven, estudiante y madre, lo que resulta en mejores condiciones para terminar los estudios secundarios. Además de las familias, aquí parece primordial el contexto institucional en que están situadas sus escolaridades: una escuela atenta a los derechos juveniles, que aloja la maternidad de estas estudiantes de la mano de educadores que van construyendo formas específicas de cuidado desde un posicionamiento significado como “buenas voluntades”.
Seguidamente, en el tercer capítulo, Sofía Sicot y Ayelén Zurbriggen se sumergen en los relatos juveniles para explorar las significaciones que la familia adquiere desde la perspectiva de los jóvenes. Su punto de partida es una concepción teórica de familia como organización social de fuertes componentes ideológicos y afectivos. Sin embargo, a poco de andar, esta definición se muestra insuficiente para captar la riqueza de matices que lo familiar evoca en los testimonios juveniles. Por esta vía, arriban a la categoría de familia asumida; una noción tan sencilla como productiva, que les permite mostrar los dinamismos que la familia presenta en las vivencias de los jóvenes. Asimismo, aportan elementos para apreciar cómo las lógicas de reconocimiento y menosprecio tienen un papel clave en la definición de quiénes son considerados (o no) como parte de la familia y en los modos en que los jóvenes perfilan sus propias expectativas en torno a ser padres.
En el capítulo 4 Julieta Arancio y Julieta Castro se preguntan por las significaciones de jóvenes en situación de vulnerabilidad acerca de la legitimidad de sus prácticas sociales. Luego de situar al lector en el escenario barrial, presentan un análisis de tres relatos biográficos construidos con jóvenes varones de un sector específico de la zona norte de la ciudad de Córdoba. Las autoras desarrollan dos ejes analíticos para comprender las vicisitudes de estos jóvenes, las que se comprenden como modalidades de supervivencia en un contexto de precariedad económica, hostigamiento policial y conflictividad barrial. Por un lado, presentan las formas juveniles de afrontar la relación con las fuerzas de seguridad y su participación en expresiones de acción colectiva para luchar por sus derechos. En esta cuestión concluyen que si bien existen tensiones permanentes entre la demanda de la presencia y el accionar policial en el barrio entre los discursos de los adultos y los jóvenes, el encuentro con esta institución es conflictivo y deja profundas marcas en los cuerpos, los vínculos y los soportes subjetivos de estos jóvenes. Por otra parte, se abocan a comprender la participación de los jóvenes en la función de proveedores a como dé lugar ya sea incursionando en trabajos y changas donde son explotados y humillados o en la incursión del delito amateur, al decir de Kessler (2004). Las autoras consideran que en estas historias de explotación y menosprecio el binomio legalidad/ilegalidad pierde sentido. El imperativo de la provisión atraviesa las significaciones juveniles y el hacer plata aparece como una forma de participar en el circuito de los consumos y, a veces, como actor que busca construir ciudadanía ante un Estado que no garantiza sus derechos.
En el capítulo 5, Guido García Bastán, Florencia Caparelli y Horacio Paulín se ocupan de analizar los microrrelatos juveniles referidos a sus “caídas” y “rescates”: momentos superados de la biografía de algunos informantes, caracterizados por los consumos excesivos o la participación en prácticas delictivas. El análisis comparativo de los recursos narrativos que estructuran la trama de estos relatos, permite identificar el agenciamiento del yo como modo recurrente de construir el self del narrador. Esto se vincula con la pregnancia que cobra en los relatos una narrativa racionalista, individualista y adultocéntrica en torno a lo que implica “madurar”. Sin por ello restar crédito a la precariedad de los soportes institucionales con los que cuentan los jóvenes entrevistados, lo anterior permite a los autores argumentar que las dificultades experimentadas en el “crecer” no serían solo de orden estructural. Una matriz adultocéntrica parece cargarlos de responsabilidad por sus devenires vitales, eclipsando los escasos márgenes de agenciamiento con los que cuentan. Recuperando las reflexiones de Axel Honneth, se señala que para ciertos jóvenes, ante lógicas de reconocimiento lábiles en los planos afectivo y jurídico, el peso de la construcción de reconocimiento social se vería restringido a la esfera de la estima de sí mismos, en un contexto cultural que –paradójicamente– no parece propiciar el despliegue de lazos de solidaridad.
Finalmente, en el último capítulo, Rafael Carreras, Julio Muro, Santiago Rebollo, Guillermina Pruneda Paz, Belén Ardiles, Candelaria Espinosa, Paula González y Jeremías Miretti, asumen el análisis de experiencias y significaciones que los jóvenes tienen respecto al binomio vida y muerte. El escrito busca presentar algunas discusiones y resultados del trabajo que vienen desarrollando desde hace más de dos años en territorios de intensa desigualdad social. Proponiendo como tesis central que las condiciones sociales contextuales contemporáneas producen muertes juveniles y que los medios de comunicación articulados con otros sectores hegemónicos participan en la construcción de una narrativa social que sitúa a los jóvenes en una gran encrucijada. Más allá de esto, los jóvenes solidifican lazos sociales de proximidad, que operan como soportes psicosociales.
Por último, quisiéramos agradecer a la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC por el apoyo sostenido a nuestras líneas de investigación; a cada uno de los integrantes de nuestro equipo, por el empeño puesto para que este libro fuese posible; a los docentes y directivos de las escuelas que nos acompañaron; a Pablo Di Leo y Ana Clara Camarotti, por la afectuosa generosidad con que compartieron con nosotros sus experiencias de investigación, “apadrinando” nuestros trayectos en la construcción de relatos biográficos. Solo nos resta agradecer especialmente a los protagonistas de este libro: jóvenes que con desinteresada y genuina apertura nos permitieron conocer algunos aspectos –no siempre “modélicos”– de sus vidas, contagiándonos su espontaneidad en el camino, materia prima de los trabajos que presentamos. A todos y todas, muchas gracias.
Córdoba, marzo de 2018
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- Reconociendo la orientación androcéntrica de nuestra cultura, y sin negar sus implicancias políticas y simbólicas, optamos por utilizar el género masculino en los plurales, solo en pos de facilitar la lectura.↵
- En el año 2004, a partir de una iniciativa de las antropólogas argentinas Mariana Chaves y Silvana Sánchez, se conforma la Red de Investigadores/as en Juventudes Argentina (REIJA). Una organización sin fines de lucro que tiene por objetivo promover la construcción de conocimientos en el campo de estudios sobre juventudes. Desde 2007, de manera bienal, la red convoca a reuniones nacionales presenciales que buscan favorecer el intercambio, la reflexión y la sistematización de experiencias de investigación e intervención en dicho campo. Las universidades de La Plata, Salta, Viedma, Villa Mercedes y Rosario, respectivamente, han oficiado como sede de las primeras cinco reuniones.↵
- Dirigido por el Dr. Horacio Luis Paulín. Radicado en el Centro de Investigaciones (CIPSI) de la Facultad de Psicología, UNC. Proyecto Categoría “A” (Res. SECyT N.o 202/2016 y N.o 313/2016). Integrantes: Dr. Rafael Carreras, Dra. Florencia D`Aloisio, Dr. Guido García Bastán, Lic. Valentina Arce Castello, Lic. Florencia Caparelli, Lic. Ayelén Zurbriggen, Lic. Julieta Castro, Lic. Julieta Rocío Arancio y Lic. Sofía Sicot.↵
- Dirigido por la Dra. Florencia D’Aloisio. Radicado en el Área de Investigación de Educación del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Proyecto Categoría “B” (Res. SECyT N.o 202/2016 y N.o 313/2016). Integrantes: Lic. Daniel Lemme, Lic. Lucía Angélica Arias y Melina Mariel Villagra.↵
- Dirigido por el Dr. Rafael Carreras. Radicado en el Centro de Investigaciones (CIPSI) de la Facultad de Psicología, UNC Proyecto Categoría “B” (Res. SECyT N.o 202/2016 y N.o 313/2016). Integrantes: Lic. Candelaria Espinosa, Lic. Belén Ardiles, Lic. Guillermina Pruneda Paz, Dr. Santiago Rebollo, Lic. Paula Daniela González y Lic. Jeremías Miretti.↵
- El autor precisa que “La estigmatización propia de la ayuda social termina siempre en una descalificación de índole moral” (p. 89), distinción de gran utilidad para comprender las posturas de reprobación, desconfianza y descalificación a los sujetos jóvenes de sectores populares que son beneficiarios de programas y políticas asistenciales como la Asignación Universal por Hijo (AUH).↵
- Las pruebas estructurales son desafíos históricos comunes, socialmente producidos, culturalmente representados y desigualmente distribuidos, que todos los miembros de un colectivo o sociedad están obligados a enfrentar desde posiciones diversas y a través de experiencias disímiles (Martuccelli, 2007 y 2010).↵
- Barrios e instituciones en las que integrantes de los equipos, tesistas de grado y posdoctorado realizan trabajo de campo y donde se desarrollaron actividades de extensión y voluntariado universitario desde el Programa de Extensión “Promoción de la convivencia y ciudadanía en escenarios educativos y comunitarios” (UNC).↵
- Radicado en la Secretaría de Extensión de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba.↵






