Acerca de la solidaridad intergeneracional
Elsa López y Liliana Findling
Este libro se propone describir y comparar el cuidado familiar hacia niños y adultos mayores en dos generaciones de mujeres (nacidas en 1940-1955 y 1970-1985) relacionando la organización del cuidado con los aspectos socioculturales e históricos que caracterizaron la formación de las familias de esas mujeres.
El cambio producido en la estructura y la dinámica de las familias se ha traducido en la modificación de las relaciones intergeneracionales. Los factores más relevantes a los que se les ha atribuido esas transformaciones son el aumento de la esperanza de vida, las nuevas modalidades de formación de parejas y familias, el crecimiento de las cifras de mujeres que se incorporan al mercado de trabajo, el descenso de la fecundidad y el retraso de la edad de la primera maternidad (Bazo y Ancizu, 2004; Findling y López, 2015; Roussel, 1995).
La gestión del cuidado requiere organizar bienes, recursos, servicios y actividades que hagan viable la alimentación, la salud y la higiene personal, así como la estimulación de procesos cognitivos y sociales de las personas que requieren asistencia, tareas que incluyen simultaneidad de roles y responsabilidades en espacios y ciclos difíciles de traducir en tiempo, intensidad o esfuerzo (Findling y López, 2015). Analizar el cuidado tomando como punto de partida la condición humana vulnerable invita a reconocer la interdependencia de todos los seres humanos (Martín Palomo y Muñoz Terrón, 2015).
Algunos ejes teóricos
El concepto de generación tiene varios significados: como cohorte de nacimientos, como grupo de edad, como grupo de personas que, en un momento dado, protagonizan un movimiento social o cultural o como forma de describir la situación de las personas en relaciones de parentesco (Imserso, 2009). Las generaciones suponen un concepto más amplio que la cohorte, que incluye aspectos de índole histórico-social, mientras que la cohorte se refiere a grupos que comparten un evento al origen (año de nacimiento, inscripción de ingreso en una institución educativa, entre otras).
Aunque las relaciones intergeneracionales pueden ser múltiples, en este trabajo se ha privilegiado la relación de abuelos-padres-hijos. Se incluye a los abuelos debido al aumento de la esperanza de vida, fenómeno que provocó la denominada “primavera de los abuelos”, que alude a un grupo de personas mayores de 60 años que, aunque dista de ser homogéneo en sus capacidades físicas y mentales, se encuentra en mejores condiciones de salud que la que tenían sus padres a esas edades (Roussel, 1995). Las mujeres entre los 50 y los 60 años, llamada generación “sandwich” (Gomila, 2011) se han encontrado también con notables cambios socioeconómicos y culturales en las relaciones de género, el ámbito laboral, el educativo y la vida doméstica.
El proceso de individualización y democratización ha modificado las relaciones entre generaciones, por lo cual éstas se han visto afectadas debido a los cambios producidos en la recomposición familiar, en la que los vínculos eran diferentes. A pesar de ello, no se puede generalizar sobre el debilitamiento de las relaciones intergeneracionales; por el contrario, la situación demográfica actual ha provocado un crecimiento de las relaciones entre generaciones que puede comprobarse entre abuelos y nietos y, en algunos casos, entre bisabuelos y bisnietos, lo que ha dado lugar a un ámbito de interacción entre generaciones mucho más frecuente de lo que sucedía en el pasado (Gomila, 2011). Esa coexistencia de generaciones no se da de manera homogénea en la sociedad sino que está influenciada por las condiciones demográficas, económicas, sociales, culturales y políticas de cada momento histórico.
El concepto de solidaridad familiar se construye en base a sentimientos y obligaciones, a derechos y deberes, a coacciones formales e informales que se concretan en el intercambio recíproco de servicios, bienes y conflictos (Gomila, 2011) y está muy ligado a los recursos simbólicos presentes en los procesos de ayuda mutua. Las relaciones intergeneracionales se refieren a los vínculos entre padres/hijos y a las formas en que pueden presentarse en los diferentes momentos del ciclo familiar (Roussel, 1995). Se trata de una reciprocidad a largo plazo que se va construyendo en el curso de los ciclos vitales (Martins, 2006; Lacerda, Pinheiro y Guizardi, 2006).
Bengtson (2001) distingue seis dimensiones de solidaridad intergeneracional: 1) la estructural describe la estructura de oportunidades para que se dé el intercambio entre las generaciones, tal como se refleja en la distancia residencial entre padres e hijos; 2) la asociativa se refiere a la frecuencia y la pauta de interacción entre los miembros de la familia, por ejemplo la frecuencia del contacto o de las actividades conjuntas; 3) la funcional define el intercambio de recursos entre las generaciones e incluye tanto las transferencias económicas como las ayudas instrumentales; 4) la afectiva comprende la dimensión y la reciprocidad de los sentimientos positivos entre los miembros de la familia; 5) la consensual traza el grado de concordancia entre las actitudes y las opiniones de los miembros de la familia; 6) por último, la solidaridad normativa concreta la intensidad con la que cada cual se siente vinculado con roles y obligaciones familiares. Un hallazgo fundamental derivado del modelo de Bengtson reside en el reconocimiento de que las relaciones intergeneracionales en cada una de estas seis dimensiones no son necesariamente adecuadas para garantizar la capacidad funcional de la familia.
Los intercambios de tiempo y de dinero entre generaciones funcionan mejor cuando existe un relativo equilibrio demográfico. Por ello, debe reconocerse que, en diversos grados, la solidaridad intergeneracional está actualmente amenazada y sometida a diversas tensiones concomitantes con el envejecimiento de la población y a la provisión informal y formal de cuidado (López et al., 2015).
La idea de la negociación, así como la de la reciprocidad, define los elementos sobre los que se construyen las responsabilidades familiares. Son estas “normas de juego” las que determinan, en gran medida, las actitudes de la asistencia a los demás, que se van modificando de una época a otra en las sucesivas generaciones (Gomila, 2011). Esta pertenencia común crea deberes de reciprocidad no sólo en caso de necesidad sino también para mantener el bienestar (Pitrou, 1992).
Las familias forman parte de la organización social como unidades de producción, reproducción y consumo y sus modos de interacción ponen de manifiesto conflictos de poder, afectos y obligaciones, sentimientos de adhesión y de enfrentamiento que expresan diversas situaciones domésticas y extra domésticas de los miembros que la componen (Jelin, 2012).
Para interpretar el lugar que ocupa la familia en los cuidados resulta útil el concepto de familismo, que se refiere a las prácticas familiares de los países mediterráneos europeos basadas en la solidaridad intergeneracional, en el carácter femenino de la asistencia y en el énfasis del rol familiar de las tareas de ayuda. Aunque las familias constituyen el eslabón fundamental de esas prácticas (Esping-Andersen, 1993), y a pesar de la persistencia de los modelos de familia tradicional (Flaquer, 2002), se advierten en la actualidad procesos de desfamiliarización caracterizados por el crecimiento de los divorcios, la mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo y el aumento de los hogares con jefatura femenina. Los cambios ocurridos en las modalidades de formación de parejas y familias fueron el resultado de profundas transformaciones en la asignación de roles masculinos y femeninos (Martín Palomo, 2009; Tobío et al., 2010).
La familia es, en los modelos tradicionales, la portadora de importantes tareas de provisión del bienestar entre generaciones, al mismo tiempo que la transmisora de una clara división sexual del trabajo. La noción del varón proveedor ubica a éste en el mundo público del trabajo asalariado y es frecuente que, a pesar de la participación y permanencia de las mujeres en el mercado de trabajo, se las ubique principalmente en el espacio privado adjudicándoles las tareas domésticas, con responsabilidades productivas y reproductivas (Flaquer, 2002).
Sin dudas, la crisis del modelo de familia tradicional cuestiona las posibilidades de brindar cuidado y afecta particularmente a las mujeres como sus proveedoras. Los procesos de individuación se manifiestan, en primer lugar, en la mayor selectividad y énfasis en la formación de las familias, liberando a hombres y mujeres de asignaciones de roles tradicionales, lo que conduce, con frecuencia, a una configuración de las relaciones menos consistente que en el pasado (Martín Palomo, 2009; Tobío et al., 2010).
Cada generación hace un balance entre lo que da y lo que recibe de otras generaciones y, a partir de ello, se construyen las expectativas de ser cuidado y las motivaciones para proporcionar asistencia El principio de la reciprocidad castiga el egoísmo y el individualismo excesivo en el seno familiar (Gomila, 2011). Estas interacciones solidarias se desarrollan, según la lógica de Mauss (1968), en la dádiva o sistema del don, que permite visibilizar una forma de organización social caracterizada por la presencia de un conjunto de intercambios recíprocos promovido por la acción de dar-recibir-retribuir determinados bienes que circulan en la vida social (Martins y Bivar Campos, 2006). La perspectiva de la dádiva o del don permite comprender las complejas razones de organización de los individuos y los grupos sociales. En el sistema del don, la obligación colectiva y la libertad individual, el interés/desinterés y la espontaneidad/no espontaneidad son motivaciones igualmente válidas en la organización de la acción social (Martins, 2009). La cohesión pasa por el respeto a las normas y es precisamente en la asistencia en la vejez donde se manifiesta más claramente cuál es –o cuál ha sido– el nivel de integración.
El triple movimiento de dar, recibir y retribuir funciona en la dinámica de cuidados familiares porque supone no sólo la obligación mutua entre dos generaciones sino una retribución que se espera de la siguiente generación (Venturiello, 2016).
Las estrategias de vida de las mujeres están fuertemente influenciadas por expectativas de cuidado, que se centran en el nacimiento y crianza de los niños o en dificultades de salud de sus padres. Toda su existencia está estructurada por estos registros de responsabilidad y temporalidad. Así, las relaciones intergeneracionales afectan a las mujeres en su vida personal y profesional. Los patrones de vida y trabajo se organizan en función de las actividades de cuidado que se estructuran con criterios de roles de género y edad (Bessin, 2013).
¿Cuál es el papel de las políticas sociales en los temas que se están tratando? Las políticas sociales afectan las transferencias intergeneracionales de carácter monetario y no monetario y deberían constituir un nuevo contrato social que asegure una distribución más equitativa de los roles entre mujeres y varones en torno al cuidado de las familias. El cuidado como marco de las políticas completa la agenda de los derechos sociales, especialmente el acceso universal a servicios con estándares de calidad. El interés por conocer cómo se concibe la prestación de ayuda en una sociedad está muy ligado a la organización y gestión de la estructura asistencial de los Estados a través de las políticas sociales y sanitarias (Cepal, 2013; Gomila, 2011; Pautassi, 2013).
Es necesario comprender las condiciones y la dinámica en las que se formulan las políticas sociales, cómo inciden las reformas en los sistemas de protección social y cómo se redefine el Estado. Esping-Andersen (1993) analizó comparativamente varios Estados de Bienestar en Europa desde un enfoque neo-institucional. Según su definición, un Estado de Bienestar es algo distinto de cualquier menú de prestaciones sociales que puede ofrecer un Estado y abarca mucho más que una política social: se trata de una construcción histórica única, es una redefinición explícita del Estado (Esping-Andersen, 2000). Su perspectiva considera que las políticas públicas sociales se relacionan con el régimen de bienestar, noción bastante amplia que refiere a la configuración de diversas instituciones que proveen protección social y moldean las oportunidades y las condiciones de vida de la población. Así, el bienestar de una sociedad depende de la combinación de las políticas públicas sociales, del mercado de trabajo y de la familia, así como de la forma en que estos factores se reparten el riesgo social que se analiza desde las perspectivas de clase, de trayectoria vital e intergeneracional. Según dicha perspectiva existe una fuerte interrelación entre los sistemas de protección social, el empleo y el sistema político y se advierte sobre la omisión de las consideraciones culturales y axiológicas en las que se analiza a los regímenes de bienestar, aspecto importante para planificar, implementar y evaluar las políticas sociales.
De todas maneras, este modelo es criticado en los países europeos mediterráneos (con los que Argentina posee varias similitudes) ya que en esa concepción queda implícito el trabajo gratuito de la mujer para cuidar, proponiéndose un cuarto modelo mediterráneo-latino familiarista basado en magras contribuciones públicas (Martín Palomo, 2016).
Las políticas sociales deben enmarcarse en un espacio crítico, en el que la cuestión social se torne cuestión de Estado y sea el resultado de la politización del ámbito de la reproducción. Estas políticas reflejan cómo una determinada sociedad se acerca o se aleja del reconocimiento de las necesidades de su población y cuál es su real capacidad de protección de los ciudadanos (Grassi, 2003).
Las políticas sociales constituyen el ámbito por excelencia en el que se resuelve la cohesión social y el poder de integración; más específicamente, aluden a un conjunto de servicios sociales y normas institucionalizadas que encuentran en el Estado, tanto su prestador directo (jubilaciones y pensiones), como una instancia de gestión y/o control (obras sociales, asignaciones familiares, seguros de desempleo).
Un panorama sobre estudios empíricos
La mayoría de las investigaciones realizadas en el continente europeo sobre cuidados y solidaridad intergeneracional se enmarcan en las orientaciones establecidas por los organismos internacionales como las Naciones Unidas y la Unión Europea, que subrayan la necesidad de fortalecer la solidaridad y la asociación entre las generaciones para satisfacer las necesidades particulares de los mayores y los más jóvenes y alientan las relaciones solidarias intergeneracionales. A modo de ejemplo, en 2005 se presentó el Libro Verde dedicado a este tema, en el que la Comisión Europea sostuvo que, para aliviar las consecuencias negativas de los cambios demográficos sobre el mantenimiento de los sistemas de protección social, debían desarrollarse nuevas formas de solidaridad entre las generaciones, basadas en el apoyo mutuo y en la transferencia de habilidades y experiencias. En la Unión Europea, la preocupación por la solidaridad intergeneracional va unida al compromiso de aumentar la productividad y el crecimiento socio-económico de los Estados miembros. Se valoriza el potencial de crecimiento que representan tanto las jóvenes generaciones como las personas mayores, subrayando la importancia de crear nuevas oportunidades laborales para adultos mayores (Imserso, 2009).
Podría pensarse que los postulados que sustentan estas orientaciones se dirigen a justificar el retroceso de los programas de protección social del otrora Estado de Bienestar, reemplazando la responsabilidad estatal por el esfuerzo de las familias que, en muchos casos, deben recurrir al mercado (López et al., 2015).
¿Cuáles son las líneas de investigación que tienen como objetivo indagar sobre transferencias generacionales de cuidados? Los resultados de la encuesta Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE), realizada desde 2004 a 2009 en 14 países europeos, muestran la persistencia de relaciones frecuentes entre las generaciones detectándose, además, un menor compromiso de las abuelas en el cuidado de los nietos ante la prolongación de su vida laboral, aspecto que rompe la gestión del cuidado de varias generaciones de la familia (Hank, 2012).
Otros estudios cuantitativos encarados en el mismo ámbito territorial arriban a conclusiones similares, resaltando la fuerza de las relaciones de apoyo mutuo entre las distintas generaciones de la familia y la importancia de los apoyos prestados por las mujeres de la generación adulta. Las personas entrevistadas prefieren, en mayor medida, la ayuda de la familia que la que proporcionan los servicios sociales, aunque con matices diferenciadores entre los países estudiados, al mismo tiempo que se hace notoria la demanda de la responsabilidad pública, considerando que le corresponde al Estado el rol principal en el apoyo de las familias (Bazo, 2012; Ayuso Sánchez, 2012).
También se ha observado que en muchos países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) persiste una notable diferencia entre la participación laboral de las madres y la de las mujeres en general. Esta diferencia suele ser más pronunciada en aquellos países en los que los costos del servicio de cuidado de niños son elevados, lo que sugiere que el acceso y la oferta de estos cuidados representan una barrera al trabajo remunerado de las madres con hijos pequeños (García Morán y Kuehn, 2012).
Desde otra perspectiva metodológica, de índole cualitativa, y estudiando a tres generaciones de mujeres de la misma familia en Sevilla, Martín Palomo (2013) observa que en las relaciones de cuidado es usual detectar sentimientos de afecto y de deberes que se ejercen gratamente. Sin embargo, se advierte un frágil equilibrio entre reciprocidades, afecto y obligación que, si bien no rompen las relaciones familiares, las tensan y recargan. En los intercambios entre generaciones se producen modificaciones en los modelos de cuidado tanto ascendentes como descendentes que implican negociaciones, consenso y también relaciones de poder y deseos de control o coacción entre quien da y quien recibe los cuidados. La movilidad social y geográfica de la segunda o tercera generación marca una cultura de la discontinuidad que supone acudir en mayor medida al apoyo del Estado o del mercado para la recepción de ayudas.
La realidad de los países del norte de América es diferente: en Canadá, por ejemplo, se ha estimado que hasta el 22% de las redes de cuidado contienen alguna persona que no forma parte de la familia y el 15% de las redes no contiene ningún familiar (Rogero García, 2009).
La situación en América Latina se asemeja a la de los países del sur de Europa. Un estudio hecho en cuatro estados de México en cohortes generacionales de adultos mayores (65 años o más) y de jóvenes (de 18 a 30 años) evidencia que para los adultos el cuidado es una responsabilidad individual especialmente de las hijas, mientras que los jóvenes plantean una mayor equidad de género (Robles y Pérez, 2012).
En Uruguay, y ante la discusión pública de la creación de un Sistema Nacional de Cuidados, la Universidad de la República y el Ministerio de Desarrollo Social financiaron un estudio en el que se indagó sobre las representaciones sociales y las expectativas de cuidados de la población uruguaya dependiente (niños y adultos). De sus resultados se desprende una elevada participación de las familias en el cuidado, en la que la responsabilidad de las mujeres es claramente más pronunciada que la de los varones y, a su vez, es más marcada en el caso del cuidado de la población adulta mayor, donde el contrato de género tradicional se mantiene de forma más rígida. La presencia del cuidado domiciliario familiar es fuerte y se observan diferencias entre las expectativas del cuidado según edad y nivel socioeconómico. Al analizar las representaciones sobre el Estado, éste desempeña un papel sustitutivo a las familias solo en aquellos casos en los que no se dispone de recursos, sean económicos o de apoyo social, para enfrentar los problemas de dependencia (Batthyány, Genta y Perrotta, 2013).
El porqué de este libro
Los principales resultados de proyectos anteriores encarados por el equipo de investigación sobre el tema de cuidados mostraron que las mujeres ejercen un rol protagónico en la organización, provisión y supervisión del cuidado a niños y familiares con problemas de salud. Aunque esta asistencia es casi generalizada, hay que subrayar que las mujeres de sectores medios cuentan con la posibilidad de delegar algunos aspectos del cuidado en ayudas remuneradas a cargo de congéneres de menores recursos. Se ha comprobado que las mujeres entrevistadas son conscientes de los sistemas de intercambio y apoyo mutuo para su vida cotidiana y para el futuro, sea porque piensan que requerirán apoyo para el cuidado de sus hijos o bien para su propia vejez. Cuidar afecta también la salud de las personas (Findling y López, 2015).
Algunos de los interrogantes que guían este libro son: ¿qué normas rigieron en el pasado sobre las relaciones de reciprocidad del intercambio intergeneracional de cuidados al interior de las familias? ¿Cuáles rigen actualmente? ¿Existen cambios en las prácticas vinculadas al cuidado de niños y personas mayores? ¿Cuáles son esas modificaciones y cuáles las continuidades? ¿Cuáles son los beneficios de la solidaridad intergeneracional de las familias con respecto a la asistencia y qué conflictos suscita en las mujeres mayores y las más jóvenes? ¿Qué aspectos inciden en el auto cuidado de la salud de las mujeres de estas generaciones? ¿Qué problemas presenta la infraestructura de servicios de cuidado para niños y adultos mayores en el país? ¿Cuáles son las demandas al Estado sobre el cuidado?
El objetivo general de este libro es describir y comparar las formas de cuidado familiar hacia niños y adultos mayores en dos generaciones de mujeres nacidas entre 1940-1955 y 1970-1985, relacionando la organización del cuidado con los aspectos socioculturales e históricos que caracterizaron la formación de sus familias.
El primer objetivo específico es describir y comparar diversos atributos sociodemográficos de las dos generaciones de mujeres con hijos pertenecientes a estratos socioeconómicos medios y bajos, residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El segundo objetivo es caracterizar y comparar el escenario de las políticas sociales y la legislación referidas a los servicios de cuidado correspondientes a los años de formación de las familias de las mujeres de dos generaciones; finalmente, el tercer objetivo es comparar las prácticas de cuidado familiar de las mujeres con hijos de ambas generaciones con respecto a niños y adultos mayores
Los supuestos que guían la investigación son los siguientes:
- El envejecimiento de la población modifica las necesidades de cuidado y afecta la carga de trabajo no remunerado de las mujeres.
- La ausencia o precariedad de políticas de cuidado unidas al sentimiento de obligación que tienen las mujeres hacia la asistencia de niños y personas dependientes hace que se reduzca el tiempo de trabajo o se deba abandonarlo cuando es preciso ocuparse de otros.
- Los cambios sociodemográficos y culturales de las cohortes más jóvenes tiende a hacer algo más equitativa las tareas de cuidado de niños y adultos mayores entre los sexos.
- El nivel socioeconómico de los hogares influye de manera preponderante en los modos de acceso para el cuidado de niños y adultos mayores.
- La mayor participación de las mujeres adultas en el mercado de trabajo disminuye la frecuencia para cuidar a sus nietos menores.
- Las mujeres más jóvenes perciben relaciones familiares más democráticas con sus madres que lo que éstas consideran respecto a las suyas.
- Las mujeres adultas provenientes de niveles medios desearían acudir a asistencia externa en el caso de que se vieran en una situación de dependencia, antes de ser cuidadas por sus propios hijos para no suponer una carga, aunque ellas mismas hayan asistido a sus padres.
El abordaje metodológico tuvo en cuenta un diseño exploratorio y descriptivo en base a fuentes secundarias y primarias.
Para la caracterización y comparación de ambas generaciones de mujeres residentes en el Gran Buenos Aires (GBA) que hayan tenido hijos y nacido entre 1940-1955 y 1970-1985, se trabajó con fuentes secundarias provenientes de Censos Nacionales de Población, Hogares y Viviendas, Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y series estadísticas de matrículas escolares del Ministerio de Educación. Se consideraron dimensiones relativas a la composición familiar, número de hijos nacidos vivos, participación en el mercado de trabajo y asistencia de los hijos al nivel inicial de la escuela.
Para analizar y comparar los contextos socioculturales e históricos, las políticas sociales y las legislaciones vinculadas al cuidado de niños y adultos mayores, se analizaron leyes y resoluciones de los Ministerios de Trabajo, Desarrollo Social, Educación y Salud, y se procedió a revisar publicaciones correspondientes a los períodos analizados desde 1960. Asimismo, se realizaron algunas entrevistas en profundidad a responsables de instituciones de cuidado de niños y adultos mayores.
Para conocer y comparar las prácticas de cuidado hacia las personas mayores y los hijos de mujeres de dos generaciones, se seleccionaron dos unidades de análisis:
a) Mujeres de estratos medio bajos y medios residentes en el GBA nacidas entre 1940 y 1955 que hubieran tenido hijos nacidos vivos y trabajado en forma remunerada.
b) Mujeres de estratos medio bajos y medios residentes en el GBA nacidas entre 1970 y 1985 con hijos nacidos vivos hasta 12 años de edad, que se encuentren actualmente trabajando en forma remunerada.
Se elaboró una muestra no probabilística, intencional, por cuotas según edad y estrato social y se entrevistó a 25 mujeres cuya caracterización se detalla en el capítulo 3. El nivel socioeconómico se definió en base al grado de instrucción alcanzado y la posición ocupacional de las entrevistadas.
El instrumento de recolección de datos fue una entrevista en profundidad que indagó sobre los cambios producidos en el período transcurrido entre ambas generaciones a fin de aprehender experiencias destacadas de la vida de las mujeres según su propia visión, captando información sobre problemas que confluyen en la relación entre tiempo biográfico y tiempo histórico-social. La guía de pautas incluyó las siguientes dimensiones: composición de la familia y características sociodemográficas, número de miembros, sexo y edad, escolaridad, condición de actividad, ocupación, vivienda y cobertura de salud, trayectoria familiar, la trayectoria laboral de la entrevistada, percepciones sobre el cuidado de la familia, valores, motivaciones, negociaciones intergeneracionales en torno a la asistencia, expectativas acerca del cuidado en la adultez, percepciones sobre las diferencias y/o similitudes en el cuidado familiar entre la generación anterior y la actual, organización del cuidado de ambas generaciones para los adultos mayores dependientes o discapacitados y para niños, características del cuidado, tipo de tareas realizadas, principales redes de apoyo informales e institucionales para la asistencia y comparación entre las dos generaciones, transmisión de valores sobre el cuidado, la familia y el trabajo de madres a hijas, modalidades del cuidado ejercidas por las madres que continúan vigentes, que se han modificado o que ya no existen, modelos de educación y cuidados recibidos y puestos en práctica y auto cuidado de la salud.
Posteriormente a la desgrabación de cada una de las entrevistas, el material fue procesado con un procesador de datos cualitativos, teniendo en cuenta la construcción de categorías interpretativas para identificar los ejes predominantes del discurso, recuperando las motivaciones, valores, justificaciones y propósitos a través del discurso de las entrevistadas.
Los contenidos de este libro
En esta introducción se han expuesto los objetivos, metodología y algunos aspectos relacionados con el cuidado desde el punto de vista de la solidaridad intergeneracional.
En el capítulo 1 se analiza la evolución de las mujeres de ambas generaciones teniendo en cuenta el trabajo, la conformación de los hogares, el cuidado de la salud reproductiva y la oferta de servicios educativos.
En el capítulo 2 se describe el marco legislativo de Argentina referido al cuidado de niños, al cuidado de adultos mayores y de las personas con discapacidad.
El capítulo 3 se inicia con el análisis de las entrevistas a las mujeres de ambas generaciones. Se ofrece un panorama sociodemográfico de las entrevistadas y se interpreta el discurso de las mujeres con respecto al cuidado de niños, así como las demandas al Estado que hacen las mujeres madres.
El capítulo 4 trata sobre el cuidado de adultos mayores (cómo cuidaron y cuidan, cómo esperan ser cuidados en la vejez) y cuáles son las demandas requeridas al Estado.
En el capítulo 5 se detallan los discursos de las entrevistadas relacionados con el auto cuidado de la salud y las implicancias de cuidar a niños y a adultos mayores en sus trayectorias de vida.
Finalmente, en el capítulo 6 se esboza una comparación de ambas generaciones de mujeres a modo de reflexiones finales.
Este libro es el resultado de un proyecto de investigación titulado “Mujeres, cuidados y familias en el Gran Buenos Aires: los senderos de la solidaridad intergeneracional” (subsidio Ubacyt, financiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires durante el período 2014-2017), dirigido por Elsa López y codirigido por Liliana Findling, en el que participaron todas las autoras de los capítulos de este libro. El proyecto tuvo sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, a cuyas autoridades y personal administrativo agradecemos por su constante apoyo.
Asimismo, no podemos dejar de mencionar la excelente disposición de las entrevistadas para responder preguntas que indagaron sobre su intimidad y sus vínculos afectivos. Sin su confianza, este trabajo no hubiera sido posible.
La mayoría de los temas presentados en el libro han sido expuestos en jornadas, congresos y seminarios académicos. El equipo de investigación considera importante poder plasmar en este libro una visión global de los resultados de la investigación.
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