Graciela Zaldúa
La marea verde de 2018 y la demanda por el aborto legal, seguro y gratuito irrumpieron en las calles de Argentina, poniendo en acto lo postergado, silenciado, reprimido y criminalizado de la cuestión de la decisión de interrupción del embarazo. Los feminismos, los participantes de organismos de derechos humanos y muchas profesionales de la salud, la educación, la cultura, el movimiento #NiUnaMenos y, fundamentalmente, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, motorizaron la demanda por la legalización del aborto tantos años excluida del tratamiento parlamentario.
Se trata de una interpelación intergeneracional multitudinaria, mayoritariamente joven, a la sociedad y a los representantes legislativos. El derecho al aborto es una deuda de la democracia que es visibilizada ahora con más fuerza que nunca e impacta en los diferentes ámbitos sociales y en las instituciones atravesadas por el patriarcado. Es una interpelación al mundo dicotómico público-privado, a la sexualidad heteronormativa, a la reproducción como destino único, a los imaginarios dominantes de mujer=madre, a los mitos y estereotipos de género, a las violencias visibles e invisibilizadas, a las inequidades de género, clase social, raza, edades y territorios.
Este acontecimiento, que tiñó de verde las calles, no puede ocultar que las fuerzas de la reacción dominante operan desde las relaciones estructurales y simbólicas de poder de manera permanente para ocultar y/o justificar las inequidades y desigualdades sociales. En estas tensiones sociohistóricas por la hegemonía productiva y reproductiva capitalista y patriarcal, la resistencia feminista propició la visibilización de las violencias y su relación con el poder expropiado de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos y sus deseos. Tanto la violencia como el poder son estrategias para neutralizar la inquietante otredad, la sediciosa libertad del otro o, mejor dicho, la Otra. Byung Chul Han (2016) diferencia el poder, como una expresión relacional que minimiza la Otredad pero no la acaba, de la la violencia, que aniquila al otro. Polemiza con Agamben y Zizek sobre la violencia de la negatividad del estado de excepción y del homo sacer o la violencia sistémica para adjudicar la desmesura del igual, víctimas y verdugos al mismo tiempo. Las mujeres a las que refiere son las del hiperconsumo cosmético, sobreinformación, del rendimiento del primer mundo. Pero también nos interesa resaltar la negatividad de las violencias sistémicas del neoliberalismo patriarcal y, en particular, de las niñas abusadas y obligadas a una maternidad repudiada, como la niña wichi que a los trece años muere por un embarazo de 28 semanas y una infección multisistémica. Violencias y poder patriarcal capitalista arrasador de las soberanías territoriales, culturales, económicas y subjetivas.
Topologizar la violencia de género que es estructural, simbólica y subjetiva, es visibilizar el poder de la ideología patriarcal conservadora y religiosa que conlleva a la clandestinidad, la ilegalidad, la criminalización y la perpetuación de las desigualdades e inequidades. Es una batalla sistémica que requiere de argumentación de diversos campos y de la participación activa en todos los espacios para propiciar una interlocución sobre los derechos y los deseos. Asimismo implica poner en visibilidad exponencial a las relaciones intersectadas en las que lo discursivo, vía multimediática, impone falacias, mitos encubridores y estereotipos. Se destacan por su oscurantismo anticientífico, la igualación de las “dos vidas”, tornando al embrión en niño/a, o la inevitabilidad del trauma psíquico para las mujeres que interrumpen por lo inoportuno o indeseado de su gestación, o la distorsión de las cifras nacionales o internacionales sobre mortalidad.
El 13 de junio de 2018, el escenario de la primera votación en Diputados fue inolvidable. Pero ya se anunciaba el vuelco negativo de las/os senadoras/es que expresaron los argumentos más retrógrados y que merecen un análisis discursivo integral, sobre todo que contextualice las procedencias de las provincias con indicadores muy altos de abusos sexuales, embarazos adolescentes y mortalidad gestante temprana. Retóricas patriarcales y religiosas encubridoras de sus realidades y sostenidas con la banalización de la educación sexual integral necesaria como alternativa que, debemos recordar, se ha negado previamente.
En el campo de la reacción fundamentalista antiderechos, se reactiva la negación a la educación sexual integral y lo último, lo ominoso, en la provincia “provida” de Tucuman con el pedido de ilegalidad de las causales de interrupción legal del embarazo (ILE) por violación. Esos 29 diputados provinciales deben ser recordados por provocar un retroceso de 100 años del Código Penal y del fallo FAL de la Corte Suprema de 2012 que establece taxativamente las tres causales de interrupción legal incluyendo la violación, además del peligro de la vida y la condición de incapacidad de la persona gestante.
La contrapartida a la inmensa marea verde fue la irrupción en las calles aledañas de la ola celeste, de los “provida”, los fundamentalistas religiosos católicos y evangélicos. Sus débiles, a-científicos y bizarros argumentos no nos deben ocultar el inmenso poder que desarrollan en los territorios y en los medios de comunicación. La bolsonarización de la política es un riesgo que las mujeres debemos alertar y enfrentar en todos los espacios sociales. Denunciar las violencias institucionales como las perpetradas contra las ILEs en diversos lugares del país: actos violentos e ilegales que no tienen sanción y hasta son promovidos por periodistas que interfieren actos de salud. O los ataques a la educación sexual integral con slogans como “Con mis hijos no te metas”, que dan cuenta de un operativo ideológico que pretende retroceder en los derechos de ciudadanía, especialmente, de las mujeres. Los/as hijos/as no son una propiedad sino sujetos de derecho y deben recibir información científica acorde a su desarrollo evolutivo y promoviendo el cuidado y la prevención de situaciones de riesgo.
Deconstruir mensajes falaces y bizarros sobre la educación sexual integral es una tarea que debemos insistir desde el campo de la salud colectiva, la psicología y la militancia feminista para aportar desde diferentes plataformas y campos de nuestra intervención educativa, sanitaria, comunicacional y activista. Tal vez, por lo bizarro, se tiende a banalizar los dichos de algunos personajes que amenazan con los peligros de la mostración de los cuerpos infantiles, de la imposición de la diversidad, de las modalidades eróticas con metáforas que relacionan con contagio, rupturas, infecciones, etc. Es decir, repetición de enunciados que remiten al miedo atávico a la sexualidad, a lo femenino, a la libertad de las/los/les sujetos, del deseo y las decisiones.
La marea verde irrumpió en múltiples instituciones y también en las casas, en las familias. Algunos/as legisladores/as sostuvieron un voto positivo por la interpelación de hijas y nietas que lograron desestabilizar creencias o posiciones antes sostenidas. Otros espacios relevantes fueron las instituciones escolares públicas y hasta confesionales en donde los pañuelos verdes se expusieron en las mochilas, generando espacios de diálogo con centralidad en las libertades y los valores antiautoritarios, emancipatorios y participativos. Las escuelas secundarias universitarias emblemáticas dieron lugar a acontecimientos que ponen en jaque los silencios sobre los abusos sexuales, las discriminaciones de género, las misoginias, es decir, la violencia y el poder patriarcal.
Esta ola nos lleva a decir con Bell Hooks (2017) desde su libro El feminismo es para todo el mundo, que debemos centrar nuestra imaginación en nuestra realidad y al mismo tiempo imaginar posibilidades más allá, como lo ha demostrado la capacidad del feminismo para cambiar de forma y direcciones con su potencia. Las feministas radicales en la revolución sexual soñaban con un movimiento político radical que otorgara en una fase reformista derechos civiles en el marco del sistema patriarcal capitalista de supremacía blanca y, a la vez, luchar para derrocar al sistema. Soñaban con reemplazar una cultura de dominación por una economía participativa, en lo comunitario, en la democracia social; un mundo sin discriminación de raza o de género, un mundo donde el ethos fuera el apoyo mutuo y el reconocimiento de la interdependencia con una visión ecológica global para preservar el planeta y para que todos sus habitantes accedieran a la paz y al bienestar. Otras perspectivas hicieron que el movimiento se volviera más vulnerable a la cooptación del capitalismo patriarcal. Seducidas por el poder de clase o la movilidad social, resultaron indiferentes o contribuyeron a que se mantenga la subordinación de la clase trabajadora o las mujeres pobres. En este sentido, Hooks señala que las mujeres blancas se beneficiaron con la discriminación positiva en el trabajo y en las carreras profesionales, pero no crearon instituciones con los principios feministas. Por ello, insistimos en que se necesita una educación feminista de masas para la toma de conciencia crítica sobre la opresión y dominación sexista y el principio feminista de tener derecho a decidir. Otras experiencias y trayectorias del feminismo crítico pueden también interpelar sobre la reproducción, el trabajo doméstico y el patriarcado del salario no remunerado que disciplina y controla, como señala Federici (2018).
Hoy, nuevos escenarios nos convocan: con sus lenguajes inclusivos les jóvenes; identificaciones feministas impensables en otros tiempos e instalación de espacios de debate y construcción de narrativas comunes; más presencia de consultorías y consejerías; y la habilitación de protocolos sobre interrupción y prevención de las violencias. Pero, como nos advierte Bell Hooks, la participación es clave así como las modalidades de abogacía social que no alienen la potencia de lo múltiple y diverso en lo individual, patologizando y culpabilizando como encerrona de prácticas profesionales oportunistas.
Ampliar la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, en tiempos de gobierno del FMI, es también clave para constituir equipos interdisciplinarios que faciliten la accesibilidad pública y gratuita a esa decisión sobre el propio cuerpo. Es necesario deconstruir las barreras y construcciones ideológicas y materiales que oprimen a mujeres, varones y otras identidades e impiden el acceso a la ciencia, a la tecnología, al bienestar subjetivo y social y a una sociedad emancipada. Contribuir desde las cátedras libres y diversas asignaturas con los aportes de las indagaciones sobre los obstáculos y posibilidades para las innovaciones epistémicas y prácticas es un desafío que se enraíza en la lucha feminista contra todo tipo de opresión.
Referencias bibliográficas
Federici, S. (2018). El patriarcado del salario. Buenos Aires: Tinta Limón.
Hooks, B. (2017). El feminismo es para todo el mundo. Buenos Aires: Traficante de sueños.
Han, B. (2016). Topología de las violencias. Buenos Aires: Heder.
- Este texto sintetiza en parte la presentación de la autora en la mesa inaugural de la I Jornada por el Derecho al Aborto “Marea verde en psico”, realizada el día 10 de noviembre de 2018 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.↵






