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De mi experiencia militante a la lucha por el derecho a la interrupción del embarazo[1]

Nina Brugo

A mediados de la década de los años 60 comencé a militar o activar en una agrupación cristiana de estudiantes universitarios que llevábamos cuestiones de promoción social a barrios de sectores populares. A finales de esa década, tomamos conciencia de que las situaciones de discriminación política, económica y social que veíamos, sólo podían ser transformadas con profundos cambios estructurales políticos. Era la época de la Ola Revolucionaria de América Latina, la cual me llevó a comprometerme en una agrupación política de entonces. Creía totalmente en la posibilidad real de que se lograrían cambios estructurales profundos para la construcción de un mundo enteramente igualitario.

A comienzo de los años 70 tuve un pequeño contacto con el feminismo de entonces –la segunda ola feminista–, que nos criticaba a las que estábamos comprometidas políticamente por no levantar las reivindicaciones del feminismo. Callábamos la discriminación por género que existía. Los responsables políticos, en un 95%, eran varones. Pero no llegábamos a visualizar nuestra problemática. Aunque vislumbraba el patriarcado, consideraba y contestaba: “Primero la revolución social y después veremos el problema de la mujer”. Sin comprender, entonces, que la construcción de una sociedad realmente democrática, sólo se logrará si la lucha por los cambios sociales está acompañada por la igualdad real de género. Luego, en los años de exilio externo, comencé a realizar lecturas sobre feminismo.

En 1986 fui invitada a participar en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) realizado en el complejo cultural San Martín de Buenos Aires, los días 23, 24 y 25 de mayo. Estuvo organizado por mujeres políticas, gremialistas, organizaciones feministas, organismos de derechos humanos y mujeres que veníamos del exilio. Ese encuentro me encantó. Me enamoré, no puedo decirlo de otra manera. Era abogada laboralista y empecé a trabajar cada vez más con las cuestiones de las mujeres trabajadoras. Junto con compañeras de Buenos Aires y otras que vinieron de varias partes del país hicimos, en el año 1987 (antes del 2do ENM), el 1er Encuentro de Mujeres Trabajadoras, al que fueron muchas trabajadoras que habían estado presas. Luego, nos empezamos a encontrar en todos los Encuentros Nacionales de Mujeres.

Esas inclusiones llevaron a introducirme en lo que podríamos llamar el Movimiento de Mujeres. La vida me regaló el poder asistir a los 34 Encuentros Nacionales de Mujeres realizados hasta ahora. Estimo que la energía de esos Encuentros multidisciplinarios, multisectoriales, horizontales, manifiestan la potencialidad de las mujeres para ser artífices de cambios estructurales de toda la sociedad. Todas las leyes conseguidas a fines de siglo pasado y de éste, son frutos de los Encuentros Nacionales de Mujeres, con las redes y campañas allí pergeñadas.

Me vinculé con muchas organizaciones, las ONGs, las redes. Eso me fue posible al introducirme cada vez más. Me interesaban muchas temáticas. Integré muchísimas organizaciones de mujeres y comisiones de mujeres de diversos partidos políticos. Comencé a atender en Lugar de Mujer y en mi estudio jurídico a mujeres que sufrían violencia.

En una oportunidad estuve muy preocupada por una mujer golpeada; me convenció de que la podían matar. Entonces consulté con personas de mayor experiencia en esa temática. Pero su respuesta fue: “Pero no, no matan a nadie, desde Alicia Muñiz por parte de Monzón en el año 1988”. Claro, todavía no se hablaba de feminicidio. Quizás entonces no las mataban, salvo uno que otro “crimen pasional”, porque las mujeres no estábamos suficientemente preparadas. Éramos en general sumisas. No estábamos empoderadas para decir: “Basta, hasta acá llegué”, como comenzó a suceder luego. Los violentos patriarcales –cuya ideología es hegemónica, todavía– no soportan un no. Por lo cual, creo que de ahí viene todo lo que lleva a esos violentos a matar. El patriarcado todavía sigue considerando que somos una cosa a la cual hay que “domar”. Actualmente pareciera una “moda”, una “pandemia”. A mi criterio, al decir las mujeres “basta” se hiere el orgullo de esa masculinidad, que no pueden tolerar que nos hayamos fortalecido y tomado conciencia de nuestra igualdad total en la sociedad.

Mi introducción en la temática del aborto fue cuando todavía estaba en el grupo “Greta” de cristianos universitarios. Cuando una parejita de 17 años, más o menos, me habló de aborto por primera vez, en el barrio Villa Albertina de Lomas de Zamora. Me contaron que eran novios, que ella estaba embarazada, y me preguntaron qué era lo que yo pensaba de la posibilidad de abortar. Hasta ese momento esa palabra para mí ni existía. Entonces fui a ver a un Dominico especialista en cuestiones de Teología Moral, al cual le comenté el caso. Él me dijo algo que me dejó como la pelota que va rebotando: “Primero tienen que analizar cuál es el mal menor: si tenerlo o no tenerlo”. Y agregó:

Segundo, Santo Tomás de Aquino en la época de la Edad Media, (ningún sacerdote hoy por hoy deja de estudiar sobre San Tomás de Aquino), decía que el embrión estaba en desarrollo. No era un ser completo. Por lo cual, hasta los 3 meses no tenía alma. Por otro lado, en el Derecho Romano no se consideraba persona hasta que no naciera.

Entonces, me quitó la idea de que el aborto era una cuestión espantosa. Pero eso sí, no era para hablar fuerte. Era una cosa tabú, para hablar en voz baja.

En 1990 concurrí al Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, realizado en San Bernardo, del 24 al 28 de noviembre. Había comenzado mi conciencia feminista. Entonces, iba en camino. Considero que nunca se termina de ser feminista, sino que es un proceso permanente. Sobre todo en esta sociedad, con tantas desigualdades políticas, económicas y sociales y discriminaciones y violencias de todo tipo.

Una anécdota de San Bernardo: se comía en comedores sindicales. Así, un día, esperando en la cola para entrar, se acerca Dora Coledesky (no sabía entonces cómo se llamaba), para pedirme la firma porque era de la Comisión por el Derecho al Aborto. Me asusté y le dije: “No ¿Cómo que derecho? No, yo no firmo”. Me dijo: “Bueno, si no querés firmar, no firmés”. Pero me dejó la pelota picando. También escuché que trataron el tema del derecho al aborto en el taller de Salud. Allí solicitaron instituir el 28 de septiembre como el día de lucha por el derecho al aborto en América Latina. Fue a pedido de las brasileñas, porque era el día que conmemoraban desde 1878 la Libertad de Vientre. Así descubrí que estaba ligada la libertad de vientre con el asunto del aborto.

A partir de ahí profundicé en el tema y comencé una relación con Dora Coledesky, que también era abogada. Así comenzamos una hermosa amistad. La acompañé en las actividades de la temática, incluidos los talleres de los Encuentros de Mujeres y Feministas. En el año 1999 la acompañé a Mar del Plata, a plantear a la CTA que se pronunciara en la Reforma de sus Estatutos por la despenalización de aborto. Estuvieron también Mabel Bellucci y Elsa Mura, entre otras.

Mi participación comenzó a ser cada vez más activa, sin dejar de estar en otras actividades o luchas. Recuerdo la Asamblea autogestionada de 3.000 mujeres que se realizó en el ENM de Rosario en octubre de 2003. Dora tuvo una magnífica alocución, que es inolvidable. Resaltó que nuestro derecho a la interrupción del aborto hacía a nuestra dignidad como mujeres y los aplausos resonaron en la facultad. En la marcha de ese Encuentro colaboré en la primera entrega de los pañuelos verdes.

Nos fuimos organizando hasta llegar a reunirnos como cofundadoras, en la ciudad de Córdoba el 28 de mayo de 2005, para la constitución de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito. Se puede considerar que nació como un movimiento en sí mismo amplio. Ahí se decidió que era una organización horizontal, en la cual convergíamos diferentes ideologías políticas. En general, casi todas nos considerábamos feministas, diría que de diferentes pensamientos políticos. Nos unía fundamentalmente el deseo de realizar una estrategia para conseguir una ley que despenalizara y legalizara el aborto. Las decisiones fundamentales las tomábamos en Plenarias Nacionales, por consenso. Nombramos compañeras que serían “articulantes”, porque coordinación sonaba a dirección y lo que nosotras más queríamos mantener era la palabra de todas las participantes. Esto no era una Organización o una ONG. No íbamos a poner presidenta ni vicepresidenta, nunca lo hicimos. Por eso nunca lo inscribimos legalmente. Las decisiones llevan muchas discusiones, no son un “lecho de rosas”, pero seguimos juntas…

En esa oportunidad se incorporaron las consignas Educación Sexual para Decidir, Anticonceptivos para no abortar, Aborto legal para no morir, las cuales ya venían siendo cantadas desde antes. Al año siguiente comenzamos entre las expertas y/o conocedoras y/o especialistas por su profesión (en mi caso al ser abogada) a elaborar un proyecto de ley de despenalización y legalización. En el año 2007 lo presentamos en ambas Cámaras Nacionales. Era un proyecto –hoy diría, más bien sencillo– donde voluntariamente una mujer podía solicitar un aborto hasta las 12 semanas. Lo hicimos como sociedad civil, sin firma de ningún diputado, ni partido político, para que nadie se apropiara. Al no ser firmado por ningún legislador perdió estado parlamentario.

En el año 2008, lo presentamos ya con 22 firmas de diputados de diferentes partidos políticos. Y después, cada dos años, al perder el estado parlamentario, lo volvíamos a presentar cada vez con más cantidad de firmas. Una de las comisiones que existe en la Campaña es la de “cabildeo” (así le decimos nosotras, serían los lobbys), que recorre y habla con cada diputado y diputada. Fuimos avanzando, junto a la Campaña contra la Violencia con Ni Una Menos, diciendo “Ni Una Menos muerta por aborto clandestino”.

El 28 de septiembre de 2017 fuimos nombradas punto focal y global para América Latina para la cuestión del aborto. Estábamos compañeras de todo el país, fue impresionante la marcha que se realizó. La prensa nacional no nos pudo ignorar. En el Congreso a veces tuvimos posibilidades de tener una Comisión con dictamen favorable. De hecho, prácticamente dos o tres veces fue así y vinieron cuestiones políticas de “más arriba” que dijeron “no”.

Rehicimos otro Proyecto más actualizado en el año 2016 (luego del fallo FAL de 2012 y las leyes sobre Diversidad de Género). También innovamos solicitando que el aborto fuera posible hasta las 14 semanas, de acuerdo al Derecho Comparado. En el último artículo consignamos que ese proyecto también incluía a toda persona con capacidad de gestar.

Así que, en el año 2018, con el Gobierno de Cambiemos, que también tiene liberales (los radicales en general lo son, ellos hicieron la Reforma Universitaria), se decidió que se tratara en el Congreso. Es un aspecto que tiene que ver con el feminismo más liberal, que existe en todo el mundo y que obtuvo el aborto legal en distintos lugares. Ese tratamiento, con la llamada Marea Verde que se extendió a toda América Latina, casi diría a todo el mundo, fue un boom. Nosotras cada vez crecimos más en todos los sectores: estudiantiles (no sólo universitarias, sino secundarias), en los territorios, en los barrios populares, artísticos y profesionales. Fue un tema que se instaló en todas las casas y en todo lugar. No se pudo ignorar. A partir de allí se acabó el tabú, y en la Argentina eso ya no tiene regreso. Ya no hay retorno.

En el año 2019 nuevamente rehicimos el anterior, por la experiencia acumulada con el proyecto que se elaboró y aprobó en junio de 2018 en la Cámara de Diputados, además de las exposiciones que se realizaron ese año en el Congreso. No son cambios profundos. La esencia ideológica y social nuestra la seguimos manteniendo. Lo importante para nosotras es el Derecho Humano a decidir de parte de toda mujer u otras personas con capacidad de gestar. También tuvimos en cuenta mejorar la técnica legislativa para la presentación de un proyecto.

El 28 de mayo de 2019 presentamos el proyecto reformulado. Era la octava vez. El Poder Ejecutivo actual tiene elaborado también un proyecto. Es posible que existan coincidencias en muchos artículos con el nuestro, pero puede poseer sus diferencias. Según los trascendidos, se prioriza las cuestiones que hacen a la Salud Pública. Nosotras, también tomamos esas cuestiones, pero priorizamos sobre todo los principios de derechos humanos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Tampoco penalizamos a ninguna mujer ni a quien la ayude luego del plazo de 14 semanas (aunque sabemos que es una laguna legal). Ni tampoco pusimos la Objeción de Conciencia, de la cual se valen los antiderechos. Seguramente conversarán con nuestra Comisión de Cabildeo. Confrontarán con el nuestro y los presentados por otros legisladores. Esperemos sea durante este año 2020 que se pueda discutir presencialmente.

La gran luchadora y cofundadora Dora Coledesky, que falleció el 17 de agosto de 2009, mandó un email antes de morir que más o menos así decía: “¡Ojo! No nos equivoquemos. El aborto no es solo la interrupción del embarazo. Es fundamentalmente nuestro derecho a decidir sobre nuestra libertad, autonomía y sobre todo sobre nuestra sexualidad ¡que tanto le temen los antiderechos!”. Son esos fundamentalistas, indeseables que andan por ahí ¡Todavía hoy siglo XXI! Acechando nuestras luchas, no solo en nuestro país sino en América Latina y agregaría en este mundo global.


  1. Si bien esta presentación fue elaborada especialmente para este libro, la autora participó en el Primer Seminario de la Cátedra Libre: “El derecho al aborto en la formación psi”, desarrollado durante el segundo cuatrimestre de 2016 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.


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