Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

La importancia de la pluralidad[1]

Abortos, clandestinidades y derechos

Débora Tajer

Quisiera comenzar agradeciendo la invitación a esta mesa de lanzamiento y celebrar la iniciativa de la Cátedra Libre por el Derecho al Aborto en nuestra Facultad de Psicología de la UBA.

Desde la Cátedra Introducción a los Estudios de Género a mi cargo, adherimos a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y trabajamos estas temáticas que tienen mucha importancia en términos epidemiológicos, políticos y de ciudadanía. Es una materia optativa que se da los dos cuatrimestres y la cursan un promedio de 180 alumnxs en cada uno. Las razones por las cuales aún es una materia optativa parecieran ser políticas, en relación a cuáles son los temas centrales y cuáles los marginales en esta facultad; aun cuando en este momento es un tema central en nuestra sociedad y hay una expectativa de que lxs psicologxs incluyan esta perspectiva en su formación. Espero que en los próximos tiempos esta brecha entre expectativa social y oferta educativa se salde y que la materia consiga su lugar de asignatura obligatoria, haciendo honor la Facultad de Psicología de la UBA a su historia como pionera, dado que la nuestra fue la primera materia de grado de género en América Latina hace 32 años.

Dicho esto, y para comenzar, quisiera repasar las marcas en el cuerpo y en nuestra historia al trabajar estas temáticas desde hace muchos años; siempre estuve a favor del aborto voluntario pero no siempre me definí de esa manera públicamente. De hecho, tuve el gusto de conocer a Dora Coledesky[2] y admiré su lucha, pero en su momento no la entendía en su real dimensión. No entendía la radicalidad de la importancia de la decisión voluntaria del aborto hasta que algo aconteció. Fue en una reunión internacional en el 2002 convocada por la revista Reproductive Health Matters[3] en la que se abordaba las reformas del sector salud —eufemismo para hablar de reformas neoliberales—, en su relación con la salud sexual y reproductiva en la cual presenté la situación de Argentina. En ese momento, percibí una cuestión en la que no había reparado tan fuertemente: en los países centrales el aborto ya era un derecho en los comienzos del milenio actual. Esto no era así en los países denominados del “tercer mundo”, con algunas excepciones. Entonces comprendí que mi tibieza o mi no entendimiento cobraban sentido porque todavía tenía mi cabeza colonizada. A partir de ese momento, me manifesté públicamente a favor de la opción libre y voluntaria de interrupción del embarazo como un derecho de las mujeres. Entendí que la prohibición de la legalidad de la interrupción voluntaria de la gestación es una biopolítica dirigida a las mujeres de los países periféricos como el nuestro.

En esta ocasión, quiero que pensemos algo muy importante: cómo formamos a lxs profesionales de grado para estar a la altura de los derechos de las mujeres. En este sentido, he encontrado a muchxs médicxs, fundamentalmente generalistas, que se van a formar a México, Cuba, Uruguay o Colombia porque aquí no existe oferta curricular. A partir de ello me pregunto: ¿quiénes forman a lxs futurxs psicólogxs para estar a la altura de las circunstancias y acompañar situaciones de interrupción del embarazo?

En relación a esto, se me ocurren tres ejes de los cuales quiero hablar muy sucintamente. El primero es la relación entre clandestinidad y salud mental con respecto al aborto. El segundo, la relación entre femicidios, violencia de género y aborto, que me parece importante mencionar como así también compartir algunos resultados interesantes de dos investigaciones sobre femicidios en las que participé. El tercer eje, que me parece sumamente importante y se constituyó como un reto, tiene que ver con lo planteado, en una mesa redonda de la que formé parte en esta facultad[4], por la socióloga Lucila Szwarc: la dificultad de trabajar articuladamente con profesionales “psi” en el sistema público de salud cuando hay que abordar interrupciones por la causal “salud-salud mental” desde una perspectiva integral. 

En principio, se sabe que en Argentina la situación del aborto legal es sólo por tres causales, una de las cuales tiene que ver con la salud de las mujeres. En esta última, se pueden pensar dos perspectivas: una que entiende la salud de manera integral y otra más restrictiva, de acuerdo al posicionamiento respecto del aborto. Pero el aborto voluntario todavía es clandestino. Por lo tanto, si tenemos que hablar de salud mental tenemos que hablar fundamentalmente del impacto de la clandestinidad en las subjetividades. En este sentido, además del impacto simbólico y de cómo el mismo talla la constitución de nuestros deseos y la forma en que nos miramos a nosotras mismas (constituido en relación al patriarcado, que no es el único simbólico posible) también está el tema del clóset. Esto que sabemos para el campo de la diversidad, también hace parte de las subjetividades de las mujeres en relación a prácticas de aborto toda vez que, en una sociedad como la nuestra, se realiza en contextos de clandestinidad. Por lo tanto, cada vez que aparece la relación entre el aborto y la culpa, tiene que ser leída en relación con la clandestinidad. En este sentido, también rescato algunas reflexiones que pude realizar a partir de la invitación a presentar el libro Código Rosa de las compañeras de Socorristas en Red. Ahí me di cuenta de que hay distintas clandestinidades. En los testimonios de mujeres que abortaron con Misoprostol acompañadas por socorristas en contexto de clandestinidad, aparecían relatos de sus propias sensaciones y vivencias subjetivas. En ese sentido, me parece importante una frase del libro en la que se plantea la despenalización social, además de la legalidad. Es decir, una cuestión es que todavía el aborto voluntario no sea legal y otra es qué pensamos, si nos paramos y actuamos desde la perspectiva de la despenalización social y qué trato damos a las mujeres cuando las acompañamos en estos contextos. Esperando que estemos a la altura de albergar con dignidad como lo hacen las Socorristas en Red. 

Por otro lado, pero dentro de la misma línea, tampoco se puede decir que hay un solo tipo de aborto. En este sentido, me parece esclarecedor un intercambio con una colega en el que relató la experiencia de una compañera que había abortado cuando volvió del exilio y el recuerdo en el cual ella se había sentido muy culpable, quedando abroquelada la culpa y el aborto en dicha historia. Pero luego empezamos a contextualizar ese aborto: una pareja que se terminaba por el fin del exilio de ella y no el de él, un proyecto de conformar una familia que ya no tenía lugar. En este sentido, no es lo mismo que otros abortos: un aborto por violación, una pareja que ya tuvo hijxs y no quiere tener más, una mujer que sabe que no quiere ser madre, entre otros. Entonces, me parece que no hay que abroquelar toda situación de aborto con una sensación o un sentimiento subjetivo prefijado, sino historizar y pensar cada aborto con su historia y ver qué sentimientos suscita. Con lo cual digo algo muy simple, pero que pareciera habría que repetir una y otra vez, hay abortos, así en plural.

En segundo lugar, es interesante pensar la relación entre femicidio y aborto. En dos investigaciones realizadas en el marco de la convocatoria Salud Investiga del Ministerio de Salud de la Nación que co-dirigí con base en la Facultad de Psicología de la UBA sobre violencia de género, relevamos la relación que hay entre algunos femicidios y el no deseo de hijx de algunos varones que matan cuando les anuncian que van a tener un hijx. Este fue el caso que detonó el #NiUnaMenos: Chiara, una adolescente que decidió llevar adelante un embarazo y que cuando se lo comunicó a su pareja –adolescente también–, él y su familia se complotaron y decidieron efectuar ese femicidio que fue la manera en la que ese pibe y esa familia obligaron a Chiara a abortar. El femicidio como aborto muestra que hay un doble estándar. Este joven no es acusado por haber realizado un aborto y sí se acusa a una mujer por decir que no, como a Belén[5] o a tantas. Es decir, cuando un varón asesina a una mujer embarazada, es un femicidio no agravado por la situación de quitar la vida a ese feto. Ahí se evidencia un doble estándar acerca de lo que se cataloga como punible o no punible. Es importante decir esto, y decirlo con todas las letras. Lo intolerable es la autonomía y ciudadanía de las mujeres.

Por último, quiero plantear qué pasa con nuestrxs colegas de salud mental en los hospitales públicos y qué hacen en relación a la causal salud cuando los equipos están dispuestos a ampliar esta concepción ¿Qué hacen nuestrxs colegas? Lucila Szwarc comparte que muchxs de ellxs en interconsulta dicen “necesito ocho o nueve encuentros con esta mujer para ver si hay deseo”. Y cuando hay deseo: “necesito saber si habrá impacto en la salud mental de estas mujeres”. Por supuesto, con estas dilataciones, la gestación sigue su curso y luego surgen otras complejidades. Adoptar una actitud como esa es, precisamente, una vulneración de derechos. En este sentido, también creo que ningún colega tendría la misma actitud frente a una evaluación forense: haría una o dos entrevistas y si no se puede definir haría una batería de tests. En este punto, me parece que hay que alertar sobre algunas modalidades de formación clínica que atentan contra los derechos desde una perspectiva de “espiritualismo deseante” y de “hacer esperar” que en realidad es una concepción de la subjetividad de las personas a quienes se atiende que vulnera los derechos de ciudadanía.

Graciela Zaldúa, Débora Tajer y Analía Bruno. Charla debate “Derecho al aborto: cuerpo, deseo y decisión”. Junio 2016, Facultad de Psicología, UBA.

Martha Rosenberg. Charla debate “Derecho al aborto, demandas históricas y procesos instituyentes”. Octubre 2018, Facultad de Psicología, UBA.

Graciela Zaldúa y Elsa Schvartzman. 1º Jornada de la Cátedra Libre. Noviembre 2018, Facultad de Psicología, UBA.


  1. Este texto sintetiza la presentación realizada en la charla debate “Derecho al aborto: cuerpo, deseo y decisión” del 8 de junio de 2016, organizada por la Cátedra Libre por el Derecho al Aborto en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
  2. Dora Coledesky nació el 21 de junio de 1928. Fue una abogada feminista comprometida por la defensa de los derechos humanos y por una sociedad más justa e igualitaria. En la última dictadura militar tuvo que exiliarse en Francia. Regresó a Argentina en 1984 y asumió un compromiso importante en la lucha por el derecho al aborto en nuestro país. En 1988 junto con otras feministas creó la Comisión por el Derecho al Aborto (CDA). Dora siempre se preocupó en la necesidad de que la lucha por el derecho al aborto crezca, por ello en el año 2000 la CDA deviene en lo que se llamó la Coordinadora por el Derecho al Aborto. Fue una de las impulsoras y fundadoras de la Campaña Nacional por el Derecho del Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Murió el 17 de agosto de 2009 a los 81 años (Nota del Ed.).
  3. Revista inglesa de primer nivel sobre temas de salud reproductiva a nivel mundial.
  4. Mesa redonda sobre lanzamiento del Protocolo de Atención a la Violencia de Género en la Universidad de Buenos Aires. Panelistas: Mercedes D´Alessandro, Lucila Szwarc y Débora Tajer. La misma se realizó el 6 de mayo de 2016 en la Facultad de Psicología de la UBA.
  5. La autora hace referencia al caso “Belén”, una joven tucumana que en el año 2014 asistió a una guardia por un aborto espontáneo y fue detenida y condenada a 8 años de prisión por homicidio agravado por el vínculo. “Belén” fue liberada luego de casi tres años de prisión, a partir de que la Corte Suprema de Tucumán resolviera su absolución.


Deja un comentario