Elsa Schvartzman
Pensando en la propuesta de la convocatoria fueron apareciendo muchas cosas relacionadas con este espacio y el tiempo. Por supuesto con el tiempo, las luchas y la marea verde. Tiempo desde la censura en el Congreso hasta las puertas que se abrieron por tanto ruido. Pero que no fue exactamente ruido. Mejor digo grito y reclamo.
Un tiempo de más de 30 años de luchas que recuperamos, reivindicamos siempre presente en nuestra memoria. Por mencionar solo muy pocos años, los más recientes: 33 Encuentros Nacionales de Mujeres. Pero vamos a hacer un poco de historia:
2003: en el Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario se constituye por primera vez una asamblea para discutir el derecho al aborto y aparecen los pañuelos verdes. Distintos, sin el logo futuro y con otras leyendas.
2005: el 28 de mayo se lanza la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en todo el país y como articulación federal. Ese año, el 25 de noviembre se realiza una marcha con una cantidad nunca vista hasta ese momento de personas que nos manifestábamos por el derecho al aborto. Miles en ciudad de Buenos Aires y muchas más en otras ciudades del país.
2007: se presenta por primera vez nuestro proyecto en ambas cámaras. Se presentó ese año y 7 veces más.
2016: renovamos el texto. Cambios que fueron discutidos en foros abiertos en varias ciudades, aportes recuperados y trabajados por una comisión especialmente conformada por militantes, algunas de ellas juristas y profesionales de la salud, y refrendado en la plenaria de la Campaña de ese año (en la Ciudad de Paraná).
El histórico 2018: se discute por primera vez en el Congreso Nacional, se vota y se consigue media sanción en Diputados. En Senadores sigue primando la hipocresía y la negación de derechos. En todos esos meses de debate, las calles de la Ciudad de Buenos Aires y de muchas provincias se poblaron durante horas de voluntades en acción, de presencias exigiendo la despenalización y legalización del aborto. Con fuerza, convencimiento, alegría y también bronca, seguiremos hasta conseguir el reconocimiento de este derecho.
También aparecen otras formas del tiempo en los cambios que compartimos, construimos, vivimos y registramos. Por ejemplo, en nuestras clases en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires por los años 2000, el derecho al aborto era abordado con las limitaciones que imponía un tema ocultado en la sociedad y poco trabajado o divulgado en la mayoría de los ámbitos académicos.
Desde entonces, mucho se ha avanzado en el tratamiento del aborto desde las ciencias sociales como tema de salud, de derechos humanos, de reconocimiento de autonomía y ejercicio de ciudadanía, con un recorrido más visible y difundido.
A través de los años, las nuevas leyes que garantizaron derechos, conseguidas por el ejercicio político de la militancia, permitieron también una mejor y mayor participación y discusión teórica.
A través de los años lo que se desconocía se hacía visible y las preguntas y exigencias aumentaban. Las y los jóvenes se preguntaban y nos interpelaban académicamente y como personas políticamente comprometidas.
Se pasó del comentario titubeante, como pidiendo permiso, al requerimiento ineludible de tratar el aborto como un tema que se imponía.
Considero fundamental explicitar la importancia que tiene la información, la apropiación participativa y el ejercicio de prácticas de exigibilidad de derechos sobre la autonomía y el poder de decisión, en especial en las, los y les adolescentes y jóvenes. Desde algunas investigaciones y trabajos que desarrollamos, pudimos analizar los testimonios de las personas entrevistadas. Ese recorrido da cuenta de los cambios y avances. Desde el relato que lo refería siempre vivido por otras, hasta reconocerlo como una experiencia propia y poder contarlo en primera persona compartiendo sin censura. De definir al aborto como feo, malo, pecado, hasta poder decir en un reclamo explícito, que habrían abortado pero tenían miedo de morirse.
Así se manifestaban las adolescentes, y también las madres entrevistadas cuando hablaban de los embarazos de sus hijas. Embarazos que cuando terminan en maternidades forzadas por el miedo, desenmascaran otra de las consecuencias de una ley ya vieja, que contempla solo causales, que tampoco se cumple en todo el país y que solo logra controlar, estigmatizar y atemorizar. Contaban que no tenían educación sexual en sus colegios, nada o errónea información sobre métodos anticonceptivos, leyes y derechos. En las escuelas no se hablaba y en la familias tampoco.
También hubo importantes cambios en la práctica activista como integrante de la Campaña desde el año 2005, año en el que salimos con nuestra declaración inaugural y dijimos: “el derecho al aborto es un tema de salud pública, de justicia social y derechos humanos”, ante el estupor de quienes trataban de convencernos que no era tiempo de hablar de la legalización del aborto. Y presentábamos las planillas para firmar la adhesión a la Campaña, esas que fueron pensadas para presentar ante diputados/as, visibilizar los apoyos y que lograron una masividad solo imaginada por el entusiasmo.
Las llevamos a esquinas de muchas ciudades, en actividades organizadas en barrios, sindicatos, movimientos sociales, colegios y universidades, centros culturales. En esos tiempos cada firma conseguida era difundida y mostrada con orgullo. La adhesión no era masiva como ahora, podía implicar una conversación de veinte minutos para explicar de qué se trataba, qué pedíamos y por qué. Muchas veces quienes se acercaban se iban sin firmar porque querían pensarlo. Lograrlo fue y es uno de nuestros objetivos.
En ocasiones se armaban talleres espontáneos, por ejemplo en la histórica esquina de la Confitería del Molino, cuando pasaban chicas y chicos y se acercaban a averiguar.
Esa esquina que vivió la historia desde la mesita de la “Comisión por el derecho al aborto” hasta las largas colas que se forman ahora para firmar y desde donde se ven los mesazos, los pañuelazos, los martes verdes, la esquina donde nos pegamos desde muy temprano el 14 de junio porque la Campaña puso la pantalla para compartir la votación.
Y en estos 13 años creció el debate, uno de nuestros objetivos.
Lo hemos conseguido: del aborto se habla, se discute, está en la agenda política, social y legislativa. Como afirmamos, hemos logrado la despenalización social del aborto.
Dijo Tununa Mercado en un seminario de la Campaña en el año 2010:
“Nadie quiere el aborto” es el encabezado que surge espontáneamente para disminuir la incomodidad que produce la defensa del derecho al aborto. Si hubiera que ser absolutamente sinceros, habría que aceptar que nada se quiere tanto como el aborto. Cuando una mujer ha decidido no tener un hijo, no ser madre, no parir, no reproducir, y queda embarazada, lo que más quiere es abortar, y en esas circunstancias no hay nada que la amedrente.
Nos reconozco, y reconozco a la historia de las luchas que rescatamos, cuando se habla de resistencias y enfrentamientos al “poder” que disciplina y regula, en tanto nos mostramos como mujeres y personas que abortamos y que defendemos el derecho a abortar.
Que recuperando el YO ABORTÉ, ya en la demanda pública del aborto legal, hemos transitado desde una decisión individual de resistencia al orden establecido, a una lucha en la que reivindicamos nuestra diferencia como decisión política y de acción para que nos vean como seres socialmente viables.
En todos estos años, desde 2005, la Campaña se ha constituido en un actor social cada vez más convocado y reconocido. Hemos logrado un lugar en el debate público como interlocutora válida e ineludible, insoslayable en el momento de fijar posición, de recuperar la historia, de promover la conquista de nuevos derechos y de exigir el cumplimiento de los ya reconocidos como las ILE (antes Abortos No Punibles -ANP- que no es un simple cambio de nombre).
Con la conformación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito se ha dado fuerza y visibilidad al trabajo de acumulación histórica contra la opresión que se viene realizando desde hace décadas en las distintas acciones y con cada actor involucrado. Esta articulación recupera activamente la historia militante, agrandando y complejizado sus bases, ampliadas en las luchas de los años 2001-2002 con la acción de miles de mujeres en las calles y en los debates de gran enriquecimiento en los Encuentros Nacionales de Mujeres.
Hasta hace relativamente pocos años, sólo lo hacíamos en voz baja y lo pensábamos en soledad. En esta demanda por el aborto legal nos constituimos como sujeto de derechos, con posibilidad de exigencia, con posibilidad de construcción de redes de apoyo y acompañamiento.
Las distintas posturas ya están expuestas. Es imposible mantenerse al margen. No aceptamos más la hipocresía de algunos argumentos que se escuchan en los debates y que se sustentan en una supuesta inmadurez que invalida y cuestiona la posibilidad de lucha, apropiación y exigencia de cumplimiento de todos nuestros derechos.
La refrendación de este derecho saldará así una deuda de la democracia para con los derechos humanos de toda persona con capacidad de gestar.
Es indispensable la participación, el pronunciamiento y el compromiso. La adhesión debe ser visibilizada para ser reconocida. El debate y la movilización, siguiendo esta tradición de luchas populares que reivindicamos, hará que las y los legisladores sientan el respaldo y la decisión.
El año 2018 fue un hito que será recordado en la historia de las luchas por la conquista de derechos, desde los abrazos y la alegría compartida el 14 de junio hasta la lluvia en la madrugada del 9 de agosto, que no nos abatió pero nos dejó mojadas.
La reacción también tuvo cambios. La fuerza demostrada en tantos días y noches multitudinarios alertó y movilizó a quienes se oponen desde sus fundamentalismos a la conquista de derechos. No es un enemigo desconocido. No es nuevo. Pero tenemos que reconocer las nuevas fuerzas y alianzas que siguen entretejiendo.
No es solo mera copia de estrategias. Significan alertas ante el poder puesto en juego en toda la región y el mundo. Reconocerlo en su medida, no para paralizarnos, sino precisamente para poder imaginar nuevas estrategias más fortalecidas y crecientes alianzas regionales y mundiales. El feminismo como lucha internacionalista nos está marcando caminos.
Con una mirada a futuro seguimos exigiendo un Estado con efectiva separación de las iglesias, en el que se salde una de las deudas de la democracia, respetando uno de los derechos humanos que hacen a la autonomía y a la libertad de una gran parte de la población. Desde el activismo de la Campaña y la sociedad en su conjunto exigimos compromiso con una causa que la ciudadanía reclama. Copiamos a nuestras hermanas de Irlanda que nos dijeron “No más estigma, ni secreto, ni vergüenza”. Por todo esto seguimos en Campaña con nuestros lemas acompañados por miles:
EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR,
ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR,
ABORTO LEGAL PARA NO MORIR
- Este texto sintetiza la presentación de la autora en la mesa inaugural de la I Jornada por el Derecho al Aborto “Marea verde en psico”, realizada el día 10 de noviembre de 2018 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.↵






