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Sistema-mundo, globalizaciones y América Latina

Paulo Henrique Martins[1]

¿El término más apropiado para definir las características actuales de la sociedad humana posnacional es “sistema-mundo” o es “globalización”? Aunque los dos términos apunten en la misma dirección, a saber, la formación de la sociedad global, existen sin embargo diferencias teóricas importantes a ser señaladas para el correcto esclarecimiento de esta discusión y para orientar sus usos en América Latina. De modo amplio, hemos de reconocer que las dos interpretaciones plantean esferas discursivas macroterritoriales. Uno, el sistema-mundo, es más amplio e interdisciplinario, y el otro, el usual de la globalización (económico-financiero-tecnológico), más direccionado por el flujo del tiempo lineal y por el crecimiento ilimitado. Los dos expresan ambiciones epistemológicas legítimas, pues no hay cómo explicar la vida humana en el planeta, hoy, sin considerar los cambios de la matriz espacial y temporal. Hay una nueva matriz espacial que circula el globo desde varios meridianos geopolíticos continuos y discontinuos, y hay una nueva matriz temporal que recorta el momento en que vivimos desde memorias y tradiciones, por un lado, y por expectativas positivas y negativas respecto al futuro, por el otro. Así, hay diferencias en términos de concepciones filosóficas que necesitan ser subrayadas desde ahora, pues tienen impacto particular sobre la construcción de las creencias, de los valores y de las prácticas sociales y, sobre todo, para la comprensión de la presencia de América Latina como subsistema global.

Sistema-mundo y globalización

Sabemos que la idea de globalización no tiene lectura consensual en el campo académico, siendo orgánicamente ambigua. Hay autores que la interpretan desde los marcos históricos, culturales y políticos, y otros desde los factores económicos (Martins, 1999). No obstante, hay que considerar la variable colonial, pues colonizadores y colonizados desarrollan miradas diversas sobre las perspectivas de la globalización: los primeros, subrayando los procesos de integración mercantil global, y los otros, los impactos del imperialismo y de la dependencia sobre las periferias y sobre las movilizaciones colectivas. Sin embargo, no podemos negar que el discurso hegemónico de la globalización es el colonial neoliberal. Él se basa en la creencia –problemática– de la prioridad del elemento económico en la organización de la vida social; el mercado es descrito como una realidad evidente fundada en la generalización del interés, como un utilitarismo material generalizado, que justifica la apropiación injusta del trabajo social y de las riquezas productivas y naturales.

Asimismo, el discurso colonial liberal no es una narrativa reciente, mezclándose al espíritu de la colonialidad y del capitalismo. Conviene recordar que el liberalismo se inspira esencialmente en la filosofía moral y utilitarista inglesa de J. Bentham, A. Smith y J.S. Mill, proponiendo que todos los individuos son seres esencialmente egoístas y que deciden sus prioridades desde sus intereses particulares o grupales. Existe aquí la determinación privilegiada del factor económico utilitario y antisolidario en la organización de la vida (Caillé, 1989); y tal desvío teórico desvaloriza las dinámicas jurídicas, morales, culturales y emocionales que deberían ser decisivas para al menos regular políticamente el capitalismo en los centros nacionales y a nivel internacional.

El abordaje neoliberal de inspiración mercantilista sugiere cierta utopía de estandarización planetaria fundamentada en dos principios: uno de ellos propone el crecimiento ilimitado de la economía de mercado como un determinante incuestionable y privilegiado de la vida social; el otro sugiere la creciente desreglamentación de los dispositivos políticos, institucionales y jurídicos que constituyen bloqueo al libre funcionamiento del mercado, siendo el principal de éstos el de los estados nacionales. En el interior del universo de significación de esta utopía de estandarización planetaria, viene en primer lugar la globalización económico-financiera; las demás manifestaciones de la globalización –política, cultural, religiosa, afectiva– son tenidas como secundarias y asociadas a manifestaciones históricas, consideradas menos interesantes para explicar la “verdadera” globalización occidental.

Por su lado, los defensores de la idea de globalización como sistema-mundo complejo asumen la perspectiva sistémica de la realidad como procesos interdisciplinares e isomórficos, objetivos y subjetivos. Aquí la idea de sistema se despliega desde un abordaje amplio de procesos variados –económicos, tecnológicos, ecológicos, políticos, culturales, morales y emocionales– que influyen en los rumbos de los cambios históricos. Desde este entendimiento, los sistemas se mueven por flujos y contraflujos, que revelan la presencia simultánea de varios espacios y tiempos humanos, sugiriendo pronunciar la globalización en plural, como globalizaciones. Este sentido plural del término es también compartido por G.L. Ribeiro al sugerir que tales movimientos fuera de la globalización hegemónica se refieren poco al Estado y más a las redes translocales y al activismo transnacional (Ribeiro, 2008).

Ciertamente, hay una comunicación dialógica entre las dos concepciones de sistemas en la producción de sus regímenes de verdad. Por un lado la concepción simplista, valorando la determinación económica, y por otro, la concepción compleja, valorando la interdisciplinariedad y la co-presencia de elementos objetivos y subjetivos de la vida social. Si tomamos el modelo simplista de globalización económica, fundado en la acumulación utilitaria lineal, y lo ampliamos con variables no económicas –ecológicas, tecnológicas, culturales, religiosas, políticas, psicológicas, entre otras–, entonces se vuelve crecientemente complejo. De esta manera, nos vamos acercando necesariamente a la teoría de los sistemas complejos y abiertos como la teoría del sistema-mundo. Empero esta reflexión no es meramente abstracta. Dicha teoría manifiesta exactamente lo que observamos en este momento a nivel global, aunque los intelectuales neoliberales continúen insistiendo sobre el determinismo económico reduccionista; los economistas tienen dificultades de comprender que debajo de los cálculos matemáticos del mercado hay un universo intersubjetivo formado por flujos de símbolos, emociones, sueños y creencias, que resinifican lo que se entiende por economía o por mercado, y que explica las guerras y genocidios humanos y, cómo tales tragedias motivan el funcionamiento del mercado de capitales.

Por otro lado, si tomamos el modelo complejo de sistema-mundo y sacamos algunas variables multidimensionales, vemos que la imagen de la globalización como proceso complejo se empobrece estéticamente al limitar la percepción humana de la realidad social. Es decir, la definición de globalización pierde densidad histórica y entra en el dominio del simplismo formal y abstracto, como vemos entre los autores que reducen la idea del sistema-mundo al del sistema económico. En esta dirección, hemos de aceptar el hecho de que las dos grandes tendencias del pensamiento en los dos últimos siglos –marxismo y liberalismo– han contribuido para limitar el entendimiento de la realidad histórica de la globalización al poner énfasis excesivo en los fundamentos económicos y productivos. Aquí, los autores marxistas y liberales se acercan tácticamente en una interpretación del sistema-mundo que favorece esta híper valorización del elemento económico y funcional de la vida humana. Sin embargo, este modelo de análisis tiene fragilidades, debido a su simplificación como dispositivo de mapeo de la realidad histórica e incluso de la crisis reciente de los mercados; pues entendemos que es imposible un análisis más profundo del contexto sin una evaluación interdisciplinaria que integre varios otros elementos no económicos, que iluminan el libro de la historia humana por la diversidad cultural de percepciones, creencias y valores, liberando la crítica anticolonial desde las periferias.

Ocurre que tanto el marxismo como el liberalismo fueron pensados desde la realidad del eurocentrismo y de la colonialidad, y no de la complejidad de poder, de diferencias culturales y emocionales de los varios sistemas de globalización que se expanden desde el centro y desde la periferia, desde la colonialidad, la poscolonialidad y la anticolonialidad. La simplificación teórica de las vertientes de pensamiento dominantes en la modernidad occidental limita la explicación histórica, fenoménica de la vida real de las diversas comunidades nacionales, étnicas y religiosas. Este contexto fortalece la idea hegemónica de globalización que es ofertada por el neoliberalismo, pues la lógica utilitarista y materialista desvaloriza las dimensiones intersubjetivas de los acuerdos colectivos en la producción de la vida.

Al acentuar uno de los elementos estructuradores, el económico, en detrimento de otros no económicos (estéticos, morales, políticos, jurídicos, sentimentales), el mapeo teórico se empobrece y no logra dar las clarificaciones epistemológicas para la definición sugerida por M. Mauss (2003) de la sociedad humana como un “hecho social total”. Ciertamente, si disminuimos el número de variables intervinientes para privilegiar el elemento económico (tendencia usual), pasamos necesariamente a un modelo de simplificación teórica y de abstracción de la realidad del poder. Entonces, la matriz conceptual sistémica compleja y abierta, es remplazada por otra que dimensiona excesivamente los contratos mercantiles, desvalorizando los sistemas de regulación políticos, jurídicos y administrativos como los estados nacionales. Una de las consecuencias teóricas es la asociación mecánica entre globalización y capitalismo, y también la emergencia de un sentimiento desagradable de totalitarismo mercantil, de ausencia de perspectivas utópicas liberadoras. Sin embargo, tal simplificación conceptual no explica la fuerza de los procesos liberatorios que nacen desde las márgenes del sistema-mundo y que rebaten la matriz conceptual colonizadora.

El marco interpretativo macrosocial elegido para describir la sociedad global impacta sobre el entendimiento de los rumbos del sistema planetario y de los subsistemas regionales y nacionales. Desde que se considera como marco interpretativo la idea hegemónica de globalización como uniformización planetaria, hay una tendencia a valorar los procesos funcionales, e igualmente a menospreciar las rupturas y discontinuidades que sólo pueden ser corregidas por dispositivos administrativos, jurídicos y políticos que emergen justamente de los flujos antiuniformización. No obstante, tal detalle no puede ser localizado por teorizaciones abstractas que separan los procesos disciplinarios de conocimiento y, específicamente en el caso del capitalismo, plantea equivocadamente la primacía del factor económico sobre los factores morales y, fundamentalmente, sobre la ética del bien común. Para ir directo al tema: ¿Qué significan ontológicamente las expresiones economía o mercado? Si abandonamos las ecuaciones matemáticas de los economistas, sólo vemos que uno u otro término se refieren a acuerdos de dádivas, de confianza, de reciprocidad, de expectativa de hacer y vivir juntos, todo esto consolidado por un sistema jurídico-legal. Por otro lado, cuando el marco interpretativo macrosocial considera que los movimientos centrípetos y centrífugos de informaciones son partes de un mismo proceso de despliegue del sistema-mundo, entonces es posible el planteamiento de una mirada teórica e institucional más compleja, transdisciplinar, histórica y humana, de la realidad global.

En la perspectiva de la globalización como estandarización planetaria (la visión simplificada), América Latina aparece prioritariamente por su representación económica colonial, es decir, como mercado de consumo para los países productores de bienes manufacturados y productor de materia prima a ser transformada en los países industrializados. Cambia a escala geográfica –China pasa a ser nuevo cofrade del proceso colonizador–, pero el marco interpretativo permanece. Los intelectuales continúan fascinados por la imagen de una lógica de colonización económica planetaria, que separa el centro de la periferia como realidades excluyentes, en términos de organización del poder financiero, económico y tecnológico; aunque los teóricos de la dependencia han buscado valorar las luchas políticas nacionales en los procesos de automatización de las sociedades de la región, el hecho es que esta lectura alternativa quedó limitada por la fuerza del discurso económico y mercantilista colonialista.

En la perspectiva de la teoría del sistema-mundo, América Latina aparece como un subsistema que se mueve por diversas tensiones, a partir de luchas de poder importantes por la producción de significaciones lingüísticas y emocionales diversas, impactando sobre las creencias religiosas, las fronteras geográficas, las migraciones, el acceso y posesión de las riquezas naturales, los problemas ambientales, el control de los subsistemas políticos internacionales, nacionales y locales, y la producción y distribución de riquezas colectivas. No obstante, ahondar en el interés de la teoría del sistema-mundo para pensarse hoy América Latina es trascendente para profundizar el entendimiento de la crítica anticolonial.

La teoría del sistema-mundo y las ciencias sociales

Para Darío Rodríguez y Marcelo Arnold, el abordaje sistémico está enraizado profundamente en la filosofía y podemos encontrarlo en Aristóteles, Kant, Hegel, entre otros. Sin embargo, en la teoría social, o sea respecto al pensamiento de una ciencia de la sociedad, los autores identifican a Comte, Spencer, Durkheim y Pareto como intelectuales que conceptualizarán lo social “en términos de todos, cuyas partes se interrelacionan en tal forma, que generan una realidad propia, sui generis…” (Rodríguez y Arnold, 2007: 23). El uso de la perspectiva del todo y visitada por la interdisciplinaridad en la teoría social se desarrolla en paralelo a los avances de la teoría general de los sistemas, que tiene como referencia a la biología y la cibernética (Rodríguez y Arnold, 2007: 37-63).

Usualmente, desde el campo de las “ciencias exactas”, la teoría general de los sistemas está relacionada al nombre del biólogo austriaco Ludwig Von Bertalanffy (1968), quien buscó establecer en los años veinte del siglo pasado las bases de un abordaje orgánico de la biología, por el cual el todo sería considerado mayor que las partes. Bertalanffy se opone a la visión reduccionista cartesiana que separa el sujeto del objeto de observación como si fuesen fenómenos distintos. Para él, el mundo era una realidad integrada, formada por sus partes. Este abordaje sistémico de la biología se tornó más sofisticado con la sistematización de la cibernética (Wiener, 1948) y la noción compleja de máquina y de la explicación del sistema, no como una unidad elemental discreta, sino como una unidad compleja. Le aclara M. Arnold-Chatalifaud que la cibernética ha articulado procesos de control con sofisticadas teorías de la comunicación que analizan ruidos, codificaciones y decodificaciones, contribuyendo a una teoría matemática novedosa de la comunicación (Arnold-Chatalifaud, 2014: 264). E. Morin se apoya en la teoría sistémica para hacer una crítica a teorías simplificadoras, que tienen ambición de controlar y administrar lo real. Para él, es necesaria la sistematización de un pensamiento complejo que dialogue con lo real y que busque un conocimiento multidimensional (Morin, 1990: 10-11). Explica el autor que el abordaje sistémico presenta tres virtudes: a) el centro de la teoría es constituido, no por una unidad elemental discreta, sino por una unidad compleja, un “todo”; b) presenta la noción de sistema, no como una noción real, ni como una noción abstracta, sino ambigua; c) funciona desde una base interdisciplinar (Morin, 1990: 28-29).

En el campo de la sociología, la valoración de una perspectiva analítica que considera la importancia de la totalidad no puede considerarse sin la contribución de E. Durkheim y M. Mauss que, antes de Bertalanffly, ya habían lanzado las bases teóricas de un entendimiento de la sociedad humana como expresión de la prominencia del todo social sobre las partes, presentado en los estudios sobre división social del trabajo (Durkheim, 1967) y en los estudios sobre representaciones colectivas (Durkheim, 1968). Igualmente, M. Mauss profundizó esta reflexión proponiendo que la sociedad es un “hecho social total”, donde los elementos objetivos y subjetivos, materiales y simbólicos, participan igualmente de las actividades de organización social. La sociedad se hace por lo económico, pero igualmente por lo no económico. Así, el todo se pasa por los cambios de servicios, abrazos, ritos, fiestas y ferias dentro de las cuales el mercado es sólo una parte de un todo complejo (Mauss, 2003:191).

A lo largo del siglo XX, el desarrollo de la teoría de los sistemas en la sociología se debe directamente a las contribuciones de T. Parsons, J. Habermas y N. Luhmann. Parsons, inspirado en los avances de las ideas sistémicas y de la cibernética, estructuró su tesis sobre el funcionalismo estructural con el libro El sistema social de 1951. Él sugirió que toda acción social es un sistema y que los sistemas sociales son abiertos, en el sentido que hay ambientes dentro de otros, teniendo como base primera el ambiente físico-orgánico (Parsons, 1951). La revisión crítica del exceso de idealismo y funcionalismo del modelo parsoniano fue profundizada por Habermas, que buscó conceptualizar la acción comunicativa desde la tesis fenomenológica del mundo de la vida. Para él, hay una tensión entre los sistemas colonizadores, como la economía y el poder político, y los sistemas del mundo de la vida que se reproducen por el lenguaje y lo simbólico (Habermas, 1995). Otra importante actualización de la teoría de los sistemas en las ciencias sociales y en la sociología se debe a N. Luhmann, que profundizó la idea de que los sistemas sociales son sistemas de comunicación autopoiéticos, a saber, se reproducen desde sus propios elementos. La teoría de sistemas de Luhmann (1995) demuestra ser muy importante para el entendimiento de las sociedades contemporáneas que tienen amplios espacios de virtualidad comunicacional. Por otra parte, tal abordaje fundado en la sociopoiesis contribuye para una epistemología constructivista que subraya que nuevos medios de observación de la realidad destacan otras dimensiones del fenómeno (Arnold, 2014: 264).

En el campo de las ciencias humanas, los usos actuales de la idea de sistema-mundo están directamente asociados al historiador francés F. Braudel (1992) (sin embargo, sugiere R. Grosfoguel en conversa informal durante conferencia en San José de Costa Rica, que Braudel se inspiró en las tesis de Caio Prado Junior en el período que estuvo en Brasil). La noción de sistema-mundo constituye una aplicación de la teoría de los sistemas complejos al entendimiento del proceso de formación de la sociedad global como proceso histórico multidimensional, exigiendo una mirada interdisciplinar. Como lo estamos buscando al plantear en este artículo, la noción de sistema-mundo es estratégica, hoy, para desarrollar la crítica a la visión simplificada de globalización que privilegia el factor económico sobre el conjunto de factores intervinientes en la realidad, y para pronunciar globalización en plural. Las globalizaciones apuntan para el hecho de que la pluralidad de alternativas de reproducción del sistema eco-social emerge progresivamente a partir de la constatación de que el sistema humano es un fenómeno más complejo y profundo que aquel sistema mecánico simplista previsto por el dualismo cartesiano (que propone la separación radical entre el fenómeno de la consciencia humana y el otro de la lógica del mundo físico) (Descartes, 2000).

Si adoptamos la perspectiva de los sistemas complejos abiertos (Morin, 1990), observamos que el sistema eco-social planetario funciona como fractales, girando en diversas direcciones y conectados a redes convexas y reticulares, y nunca jamás en una dirección lineal ascendente y uniforme, como es sugerido por el mito del crecimiento económico ilimitado. Desde la perspectiva de los sistemas complejos abiertos, podemos igualmente entender la sociedad por idea del sistema-rizoma, noción que se toma de la biología para designar formas diversas, multiplicadas y heterogéneas, pero conectadas (Deleuze y Guattari, 1996: 14-15). En esta perspectiva compleja, el sistema-mundo –a diferencia de la visión estandarizadora y simplificada del neoliberalismo– permite comprender la globalización como un juego paradójico de tensiones y luchas por el poder y el control de los recursos simbólicos y materiales. Tal juego se despliega en diversas escalas –local, nacional, continental, internacional, transnacional y planetaria– y sólo es visitado por un sistema de conocimiento multidisciplinar y abierto al diálogo con el real.

Desde esta óptica, el sistema-mundo humano es un fenómeno que se reproduce por las articulaciones de diversas agencias, que tienen sentido a partir de predisposiciones históricas, culturales, emocionales y morales (que pueden ser denominadas “subsistemas”), o por las luchas del poder en diversas jerarquías temporales y espaciales (lo que significa que no hay necesariamente una razón comunicativa horizontal entre los actores involucrados en conflictos, como fue pensado por Habermas). La presentación de la sociedad global como sistema-mundo complejo y paradójico, o sea, como proceso abierto de entradas y salidas de informaciones –articulando sistemas y subsistemas de acción, agencias sociales y provincias del conocimiento– es más apropiada para entender la turbulencia actual del capitalismo y de las perspectivas de su superación, a partir de las mutaciones del sistema político, informacional y tecnológico; e igualmente, de las reacciones antisistémicas que se desplieguen desde cada una de sus partes (las comunidades lingüísticas regionales, nacionales y locales). La modernidad islámica les prueba a los occidentales que diferentes sistemas de creencias y valores organizan variados acuerdos espaciales y temporales, lo que sólo puede ser observado por una lectura intersubjetiva más profundizada.

También es necesario recordar que el marxismo ha contribuido de modo intenso para la divulgación de la tesis del sistema-mundo, sobre todo desde las tensiones entre centro y periferia. Desde esta perspectiva, en América Latina, la noción de sistema-mundo está estrechamente asociada a la crítica del desarrollo y de la dependencia y, por consecuencia, a los estudios postcoloniales y descoloniales. Sin embargo, la tesis marxista de sistema-mundo está relacionada predominantemente a modelos de análisis fundados en la dimensión económica. Ella propone que la unidad de análisis de la sociedad global no debería ser la sociedad nacional, sino la economía-mundo capitalista, siendo este el factor económico decisivo para la organización de la jerarquía de acumulación de capital en la escala mundial. Hemos que subrayar aquí los aportes de autores como G. Frank (1967), S. Amin (1976), T. dos Santos (1970) e I. Wallerstein (1996, 2004, 2007), entre otros, que han contribuido para un entendimiento amplio del sistema económico internacional y de los contextos particulares de las periferias. El límite de esta mirada es no valorar, como igualmente importante, el hecho que sin un pacto moral de reciprocidad y sin un sistema jurídico que sancione la obediencia y aplicación colectiva del contrato mercantil en un territorio nacional, no hay un pacto económico exitoso.

La tesis marxista, valorando prioritariamente la dimensión económica, contribuye a generar una asociación inmediata entre sistema-mundo, en general, y la economía-mundo capitalista. Sin embargo, la asimilación del sistema-mundo por el sistema capitalista no es aceptada por unanimidad entre los estudiosos. Los autores antiutilitaristas inspirados en las críticas de Mauss e igualmente de K. Polanyi (1983) consideran el énfasis excesivo en el elemento económico como un error teórico que contribuye a la desvalorización de la presencia igualmente relevante de otros factores –históricos, culturales, políticos, psicológicos, sociológicos factores en la definición de los preceptos del sistema global. La interpretación económica predominante limita, explica por otro lado R. Grosfoguel (2000 y 2006: 52), el valor de las luchas políticas y sociales en la reorganización del sistema-mundo, independientemente del agotamiento del ciclo de larga duración del capitalismo. El énfasis en el factor económico, como le hace notar Wallerstein (1996), contribuye a circunscribir la lectura fenoménica de las luchas políticas y sociales a un dualismo teórico simplificado que opone movimientos sistémicos (entendidos como movimiento capitalista) a movimientos antisistémicos (entendidos como aquellos que niegan el sistema capitalista). En este modelo de análisis sería difícil comprender ontológicamente lo que de hecho son las relaciones antisistémicas. ¿Estarían estas relaciones dentro o fuera de los métodos de acción del sistema capitalista?

La insistencia en esta visión simplificada del sistema-mundo como dominación del mercado de bienes y servicios en las esferas del poder político y organizacional contribuye, claro, para degradar los fundamentos éticos de los pactos históricos y sociales entre individuos y grupos sociales, que debería ser fundamental para la salud de las instituciones públicas y privadas, incluso de la economía nacional e internacional. La valoración exagerada de los factores económicos, por un lado, y la depreciación igualmente exagerada de los factores “no económicos”, por otro, contribuyen para la formación de élites poco sensibilizadas para el tema social, y para entender los dramas de la pobreza y del sufrimiento colectivo. Este factor ha influido negativamente, todavía, en la producción del pensamiento de la izquierda democrática, que tiene dificultades de comprender las nuevas demandas de ciudadanía y que se vuelven a las luchas por derechos culturales y de identidad. El énfasis en el dato económico y en las contradicciones del capitalismo, sin considerar los factores emocionales, culturales, jurídicos y políticos, que definen los contextos de los contratos sociales, fortalece el sentimiento del catastrofismo. Vemos este sentimiento en algunos teóricos de la dependencia e incluso en la lectura de un sociólogo sistémico como Wallerstein (2007). En verdad, si nos desplazamos para una visión sistémica abierta y transdisciplinar del mundo, constatamos que la posibilidad de la “gran crisis” (económica, ecológica, política) es siempre retrasada; pues, de hecho, lo que pasa en estos momentos “catastróficos” son conflictos de tensiones ampliados –de los usos de poder y también de los modos de conocimiento–, que constituyen puntos de transición sistémicas, reconversión de lógicas de acción, discontinuidad de las dinámicas informacionales y organizacionales complejas; algunas, en descenso y otras, en expansión.

Un buen ejemplo para ilustrar este hecho es el tema del socialismo del siglo XX. Grosfoguel subraya que este socialismo no representó, de hecho, una alternativa al modo capitalista, pero sí una alternativa colonial. Para romper con el capitalismo, sería necesario considerar una “pluriversidad epistémica” que “permita imaginar múltiples mundos alternativos posibles, en oposición al monomundo capitalista” (Grosfoguel, 2000; 2006). Esta idea de pluralidad y diversidad epistémica sugerida por este autor solamente puede ser concebida, por supuesto, dentro de un abordaje sistémico complejo y abierto que integre la variedad de elucidaciones y lógicas de acción, que se reproducen simultáneamente en diversas temporalidades y espacialidades. Urgen, por tanto, esclarecimientos más complejos de los movimientos sociales transnacionales de la actualidad como el Foro Social Mundial y las grandes movilizaciones cosmopolitas, entre otros. Éstos reaccionan al movimiento sistémico capitalista a partir de un movimiento paradójico de agencias y mediaciones que acontecen simultáneamente, desde dentro y desde fuera, en varias escalas del sistema global, y con importante participación de los estados nacionales, de los poderes locales y de las aldeas globales.

Además, desde el marco interpretativo sistémico complejo en el ámbito de las ciencias sociales, observamos que el sistema-mundo manifiesta diferentes configuraciones de poder –entre ellos el sistema capitalista– y que se mantienen en interacción permanente. Los diferentes patrones de sistemas sociales utópicos sólo pueden ser concebidos cuando se entiende la sociedad global como un sistema complejo, abierto, vivo y transdisciplinar, que se alimenta de intercambios con otros sistemas a nivel energético, material, organizacional e informacional (Morin, 1990: 30). En la perspectiva de la teoría de los sistemas complejos, el sistema-mundo es un conjunto de movimientos intra-sistémicos y alter-sistémicos, que, por un lado, revelan luchas por significaciones entre los intereses mercantilistas asociados a otros conservadores, patriarcales y coloniales y, por el otro, por las reacciones alter-sistémicas más diversas que se manifiestan simultáneamente en el centro y en las periferias. En esta perspectiva, el poder económico capitalista es apenas parte de las configuraciones de poder más amplias, que revelan cuestiones filosóficas complejas al respecto del trabajo creativo del ser humano en la organización material y simbólica de su mundo, y en la organización de diferentes instancias de poder que se remiten a la política.

América Latina como parte del sistema-mundo

Como ya subrayamos, hay una asociación estrecha entre el pensamiento crítico latinoamericano y el desarrollo de la noción de sistema-mundo. Una de las hipótesis invocadas para explicar esta asociación es el hecho de que en esta región el debate sobre imperialismo y dependencia tuvo mucha importancia, contribuyendo para la emergencia de un imaginario intelectual transnacional ancorado sobre los impactos políticos, económicos y sociales de la dualidad centro y periferia. La consciencia de la experiencia de frontera, basada en importantes avances teóricos, como el estructuralismo cepaliano, las teorías de la dependencia, la teoría del colonialismo interno, las teorías de la liberación, las teorías descoloniales, entre otras.

La aplicación de la teoría de los sistemas en el análisis de América Latina es importante para entender la originalidad de la posición estructural de esta región en la sociedad global. En esta dirección, las ciencias sociales y humanas regionales han incorporado y desarrollado la noción de sistema-mundo para el avance de la crítica a la colonialidad. Aquí, es relevante señalar el hecho de que América Latina nace de la asociación entre capitalismo y colonialidad, implicando simultáneamente acciones militares, mercantiles y religiosas, y conducidas por las elites para legitimar la destrucción y subordinación de las culturas tradicionales no europeas, a los marcos culturales y simbólicos del eurocentrismo (Martins, 2010). El propio término América Latina constituye una violencia semántica por referirse a un navegador italiano, Américo Vespucio, y a la etnia de los colonizadores, los latinos, omitiendo completamente la presencia de los pueblos amerindios, africanos y otros que participaron activamente de la formación de las sociedades nacionales en la región (Martins, 2012). J.L. Abellán propone entonces la importancia de considerar los contrastes entre la colonización ibérica y la anglosajona para entender Latinoamérica como proceso unitario (Abellan, 2009). W. Mignolo sostiene, por otro lado, que América Latina no es un “subcontinente”, sino la consecuencia de la expansión del poder colonial y espejo del proyecto político de las elites criollas (Mignolo, 2007: 202). En este proceso de articulación entre capitalismo y colonialidad, el racismo aparece como dispositivo central de la colonialidad del poder y en las acciones de humillación de las poblaciones originarias, nos explica A. Quijano (2003). Recuerda el sociólogo peruano que el racismo no solamente contribuyó para el proceso colonial en el territorio, sino también, para la organización de las democracias capitalistas en el Norte. Allí, hubo un pacto entre los “blancos” (burguesía y proletariado) contra los “no blancos” (no europeos, inmigrantes, mujeres, etc.) (Quijano, 2000: 75).

América Latina es caso único en el planeta en cuanto a la presencia de instituciones de carácter continental, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), lo que permite visualizar más claramente el subsistema global en esta área, como base para la producción de saberes científicos y prácticas colectivas globales. Este sentimiento continental que atraviesa varias sociedades nacionales para infundir un espíritu latinoamericano es la base de importantes reacciones alter-sistémicas, que tienen lugar en esta región del globo con los movimientos campesinos, indígenas, Sin-Tierra, afro-descendientes y de las mujeres pobres, entre otros, a lo largo del siglo XX y las décadas del siglo XXI. El avance actual de la discusión sobre los cambios de y en América Latina refleja, más que en cualquier otra parte del planeta, las tensiones capitalistas y anticapitalistas, coloniales y anticoloniales, neoliberales y antiliberales, que son globales, pero atañendo los giros sistémicos propios del subsistema latinoamericano.

El movimiento del sistema-mundo avanza ahora con más velocidad, desde los cambios de la matriz temporal y espacial, provocados por los avances tecnológicos, impactando sobre los cambios sociales en América Latina. Hay un enfrentamiento abierto entre presiones de descolonialidad y recolonialidad, atravesando las esferas del trabajo intelectual, de la acción política, de la expresión cultural y del regreso de las tradiciones. Por un lado, existen presiones del neoliberalismo para acelerar y ampliar las zonas de acumulación, de producción y de consumo en el territorio continental y regional, y, por el otro, hay también importantes reacciones anticoloniales que ganan relevancia transnacional, como las movilizaciones campesinas y los movimientos sociales que apuntan para la descolonialidad (Martins, 2012). En la medida en que tales movilizaciones cuestionan los fundamentos morales y políticos de la dominación colonial expresos por los acuerdos oligárquicos y las prácticas de corrupción, se produce la liberación de los saberes y prácticas abandonadas y reprimidas –que fue acentuada por B. Santos–, por las nociones de sociologías de las ausencias y de las emergencias (Santos, 2008). Tenemos aquí un ejemplo típico de un subsistema global que se mueve por contradicciones, rupturas y acuerdos propios, pero en conexión con los movimientos más amplios del sistema-mundo global.

Conclusión

Finalizamos nuestras consideraciones, recordando algunos aspectos importantes de lo que fue discutido en la reflexión inicial de este texto, esto es, que el sistema-mundo es más amplio que el sistema capitalista, y que la lucha por las significaciones del mundo y de lo que significa el sistema global no se limitan a una simple disputa entre sistema-mundo capitalista y el resto del mundo. Cuando reflexionamos sobre las naturalezas diferentes de las diversas reacciones sociales en Europa, África, Asia y América contra la dominación del occidentalismo contemporáneo, entendemos la idea que el sistema global funciona por diversas olas que llamamos de subsistemas globales. Existen varias construcciones lingüísticas, políticas y culturales de la globalización, lo que nos sugiere que la teoría del sistema-mundo invita a hablar de globalizaciones posibles, y no sólo de un único sistema global. El entendimiento complejo del sistema-mundo nos invita a entender que el sistema eco-social planetario se mueve por varias tensiones sistémicas, involucrando una pluralidad de motivaciones en diferentes escalas espaciales y temporales, que influyen sobre las rupturas y discontinuidades, como en los acuerdos y continuidades. Esto tiene implicaciones prácticas, pues al admitir que la política y la cultura guardan relativas independencias en relación a la esfera económica, aceptamos no tener una relación funcional entre mercado y estado, mucho menos entre mercado y comunidad, y que dicha relación es problemática; debiendo ser mediada por la política (Martins, 1999).

Es también importante entender que América Latina, como subsistema original del sistema-mundo, se está moviendo necesariamente a través de diversas tensiones históricas: por un lado, de recolonización, producidas por el neoliberalismo y, por el otro, de contestación por parte de las movilizaciones sociales del poder oligárquico tradicional que se opone a la descolonización. Por consiguiente, en la actualidad, del lado de los movimientos alter-sistémicos en América Latina, se debe considerar la existencia de importantes motivaciones afectivas, políticas, morales y estéticas, que explican la relevancia y el potencial de transformación de los movimientos y movilizaciones, producidas por las nuevas redes sociales y virtuales, en el trabajo de reorganización de las pautas de poder y de la eventual ruptura del estándar capitalista dominante en la región y en el mundo.

Nos gustaría recordar, aún, que el potencial de los movimientos alter-sistémicos en la configuración de un sistema-mundo en la actualidad está inscrito en la propia naturaleza del ser humano, que es compleja y no se reduce, como lo proponen los filósofos utilitaristas (Mill y Bentham, 2004), a una naturaleza egoísta y conflictiva. Hemos de concordar también con A. Caillé (1989), que sostiene que el ser humano se mueve por acciones de desinterés y de afectividad, no sólo para sí, sino también en la relación con los otros. La definición del ser humano como un ente calculador es cultural y moralmente limitada, sin considerar la riqueza de los estudios etnográficos, que demuestran que la obligación de la solidaridad y de la reciprocidad están en los fundamentos de toda organización social (Mauss, 2003). Más que ser egoísta, el ser humano es un ente de imaginación creativa que mira simultáneamente la rivalidad, pero sobre todo la alianza y la amistad con otros para poder organizar la familia, la comunidad, las organizaciones y la sociedad.

Hay acciones humanas determinadas por motivaciones básicamente económicas, o de moral económica, pero la acción humana se abre igualmente a variados acuerdos globales en la organización de un sistema-mundo. Hemos de entender que, bajo el discurso de mercado de bienes y servicios, hay una variación de motivaciones y determinaciones de naturaleza histórica, cultural, simbólica, moral, estética, política, social y también económica, que no se reducen automáticamente unas a otras y que impactan sobre el carácter cultural de pautas de poder, y de las alianzas sociales y políticas. Lo peor a ocurrir es la insistencia de imposición de modelos simplificados y abstractos, como el del neoliberalismo, en realidades complejas, confluyentes y abismales. Este esclarecimiento más amplio sobre la naturaleza del sistema-mundo ayuda a revalorizar el papel de la política, del estado nacional, de las comunidades presenciales y virtuales, de la ética humanista y de los códigos morales colectivos. Estos continúan siendo desde siempre dispositivos centrales de regulación para el desarrollo humano y la democracia, y América Latina es, por todo esto, un importante laboratorio histórico para decidir el futuro de la sociedad global o de las luchas por modelos de globalización más igualitarios y justos.

Bibliografía

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  1. Expresidente ALAS, XXVIII Congreso, Recife, Brasil 2011.


23 comentarios

  1. Sebastian posada 26/10/2017 7:22 pm

    Bueno, con este documento pude entender que América Latina es muy importante para el sistema mundo y para los países desarrollados. A pesar de que no haya países desarrollados en América Latina, se puede decir que es un continente bastante crucial para el futuro de las sociedades económicas y de las globalizaciones.

    • Mateo Vergara 27/10/2017 12:19 am

      En este artículo se resalta el funcionamiento y la gran influencia que tiene el sistema mundo en nuestra sociedad y las interrelaciones que tiene con el capitalismo social. El sistema mundo permite entender el sistema eco-social, el cual aborda el análisis de la globalización en escalas temporales y espaciales.
      El sistema mundo es una gran ayuda, ya que permite revalorizar el papel de la política, del estado nacional, ya que estos continúan siendo puntos centrales de regulación para el desarrollo humano y donde participa la globalización ya que constituye conexiones que sostiene el estado nación. Es importante saber que los primeros colonizadores desarrollaron diversas perspectivas de la globalización donde se destaca los procesos de integración mercantil global.

  2. Juan Manuel Restrepo Rodriguez 26/10/2017 7:40 pm

    Este articulo me pareció muy interesante ya que nos da a conocer qué es el sistema mundo y cómo le aporta a diferentes países; el sistema mundo se basa en el estudio del sistema social y sus interrelaciones con el avance del capitalismo social. Por otro lado, la globalización constituye una multiplicidad de ligamientos y conexiones que sostienen al estado-nación. Para terminar, me dejó mucho aprendizaje este artículo y me dejó claras algunas inquietudes que tenía.

  3. Santiago Lopez Restrepo 26/10/2017 9:36 pm

    En este artículo podemos ver de una forma muy bien explicada qué es el sistema mundo y cómo funciona y qué tan importante es Latinoamérica para este sistema. Ya que estos aportan gran cantidad de recursos a los países desarrollados también se puede decir que es como el futuro de la sociedad tanto a nivel global y económico. También muestra un estudio de lo que es la sociedad hoy y el capitalismo que está muy presente en nuestra sociedad.

  4. Tomas Ramirez Zuluaga 27/10/2017 1:18 am

    En este artículo nos hablan del sistema-mundo, el cual es más amplio que el sistema capitalista y que la lucha por las significaciones del mundo, y de lo que significa el sistema global. No se limitan a una simple disputa entre sistema-mundo capitalista y el resto del mundo.
    Es también importante entender que América Latina, como subsistema original del sistema-mundo, se está moviendo necesariamente a través de diversas tensiones históricas: por un lado, de recolonización, producidas por el neoliberalismo, y, por el otro, de contestación por parte de las movilizaciones sociales del poder oligárquico tradicional que se opone a la descolonización.

  5. Juan José Salazar Gómez 27/10/2017 2:52 am

    Me pareció muy interesante el documento, ya que comprendí que en la Teoría Sistema-Mundo, se analiza la evolución del Capitalismo de producción como un sistema de relaciones económicas, sociales, políticas y culturales. Donde hay una desigualdad jerárquica y América Latina es tenida en cuenta como un mercado de consumo para países productores.

  6. Sebastian Vasquez Bedoya 27/10/2017 11:31 am

    Pienso que la interpretación sugiere que el sistema capitalista internacional contiene un núcleo internacionalizado de actividades, de regiones y de grupos sociales de diversos grados de importancia en cada país. Estos sectores comparten una cultura común y un modo de vida que se expresa con los mismos libros, textos, películas, programas de televisión, grupos similares de organización de familia y de vida social, estilo similar de la decoración de hogares, edificios, muebles y diseño urbano. A pesar de barreras lingüísticas, estos sectores tienen una gran capacidad para la intercomunicación que no tienen las personas marginales del mismo país que hablan la misma lengua (…) La modernización implica el reemplazo gradual de la estructura productiva tradicional por otra con capital intensivo (…). Por una parte, el proceso de la modernización incorpora en las nuevas estructuras los individuos y a los grupos que son necesarios para que ese tipo de racionalidad triunfe y prevalezca; por otra parte rechaza y expulsa a los individuos y a los grupos que no tienen lugar en la nueva estructura productiva o que carecen la capacidad de adaptarse a ella.

  7. Santiago torres osorio 27/10/2017 11:37 am

    Este artículo nos da a entender cómo es el sistema mundo y nos explica que está compuesto por diversos actores que se relacionan entre sí en los ámbitos político, económico y sociocultural. Los organismos globales tienen una influencia creciente, no constituyen un verdadero gobierno mundial, carecen de soberanía. Y cada vez son mayores las limitaciones a la soberanía de los estados.

  8. Sara Restrepo Mejía 27/10/2017 6:07 pm

    Este artículo nos da a entender que el sistema mundo es la manera como el mundo se maneja hoy en día, que fue originado por el capitalismo, lo que creó la necesidad de consumo, por lo que ahora vivimos en un mundo globalizado. Gracias a tanta oferta y demanda de bienes y servicios, se vio la necesidad de eliminar las frontera y comercializar con todos los países, provocando una integración mundial, lo que puede llegar afectar la hegemonía de un solo polo, a lo que el texto se refiere sobre la falta de soberanía.

  9. Zhen wenhao 28/10/2017 12:59 am

    Con este documento pude comprender que el sistema mundo es el que se encarga de explicar las funciones que tienen las relaciones sociales en la actualidad, además de que todo el sistema que nos rige en la actualidad fue resultado del extenso capitalismo que se propagó a lo largo de los años, en los cuales unos pocos tienen el poder político y económico. Es increíble ver cómo unas decisiones que afectaron a todo el mundo se concentra en unas cuantas manos, volviéndonos marionetas de estos. El sistema mundo tiene como base el capitalismo, en donde se encuentra el mayor de los inconvenientes: este solo beneficia a una pequeña parte, mientras que el resto son marginados.

  10. Santiago Díaz García 28/10/2017 12:59 am

    El sistema mundo: básicamente se nos enseña que ésta es la manera de la cual está organizado y cómo se maneja. Comprendí que el sistema mundo fue una simple, o compleja dependiendo del punto de vista, evolución del capitalismo, la cual llevó al mundo en su totalidad a varios procesos de venta e intercambio de bienes y servicios entre países, dejando así las fronteras, las culturas extremistas y demás pensamientos que no dejaran la comercialización, a un lado. Pero no todo es felicidad y justicia, pues al incorporar más ideas en una comunidad, surgen más problemas, tales como el rechazo a ciertos miembros, el cambio a gran escala en la ingeniería urbana moderna de la sociedad y demás aspectos que requieran un cambio con tal de acomodarse y ser aceptados.

  11. Jose Manuel Rua 28/10/2017 1:24 am

    Con este documento podemos afirmar y profundizar la diferencia que hay entre la globalización y el sistema mundo. En general tienden a ser relativamente muy parecidas, pero profundizando los dos temas, desde todos los aspectos, podemos concluir que cada uno tiene un objetivo similar pero por así decirlo diferente.
    Me parece una muy buena opción este documento ya que nos instruye en varios conceptos, fisiológicos, económicos, mercado entre otros conceptos en los cuales se basa este documento para explicar paso por paso, tema por tema la relación que hay entre estos dos temas.

  12. Santiago Sierra Ortiz 28/10/2017 1:52 am

    Este documento me pareció muy interesante debido a que esclarece diferencias muy puntuales entre lo que es el sistema mundo y la globalización. Si analizamos cuidadosamente lograremos ver las diferencias entre estos dos sistemas. Este documento nos proporciona unas bases sólidas para entender el sistema mundo. Logramos con este comprender cómo se maneja el mundo tanto económicamente como políticamente.

  13. Juan José Cadavid Vallejo 28/10/2017 2:01 am

    Yo creo que a pesar de que el texto nos involucra en el tema de la explicación de un “desarrollo”, nos deja pensar más allá, por ejemplo, en la confrontación del desarrollo que es una necesidad vital en nosotros que somos pertenecientes a un país dependiente. Vital, porque en ello se juegan la autonomía, la personalidad y la cultura, las bases productivas y la visión del mundo que nos han dado el hábito de vida como seres humanos y pueblos dignos de respeto y de un mejor futuro. Y es que decir que Colombia es una país en crisis es una redundancia, y habría que aclarar que este sistema hace parte de la mayor devastación a nivel económico, cultura, político y social que ha sufrido el país para llegar a caer en esta crisis; podríamos tomar de ejemplo la hegemonía de los Estados Unidos en la cual todos los países van destrozando su propia identidad y cultura buscando un “desarrollo” basado en la creación de la desigualdad.

    La verdad en este sistema que parece ser más un juego de creación de desigualdad es que los beneficiados son aquellos que poseen privilegios en las estructuras sociales, económicas y políticas existentes; ni los pobres ni los desposeídos por la injusticia de este sistema se han desarrollado de la misma manera a la que se había postulado.

    Además de la mano de un capitalismo desorbitado es que adaptamos países al borde del desierto ecológico y más explotación de la miseria de las mayorías.

    También es necesario decir que esta generación no es capaz de entender el “desarrollo” con sinónimos verdaderamente válidos como los que daba Arturo Escobar, en la que nos muestra que “desarrollo” viene de un Swahili africano en el cual era visto como “Despertar con acción”, que es justamente que lo que esta generación no ha sido capaz de hacer frente en este sistema de desigualdad en la mayoría de países dependientes.
    Y es que, ¿Cómo podríamos hacerles frente viviendo placenteramente con los lujos de capitalismo en el que estamos hundidos y no hemos querido “despertar con acción”?

  14. Felipe Gutierrez Rivera 28/10/2017 2:21 am

    Después de leer el texto y comprender más a fondo qué es y en qué se basa el sistema mundo podemos sacar diferentes ideas. El sistema mundo puede compararse con un parásito que acaba con los pensamientos e ideales de algunas regiones, en especial la de los países sub-desarrollados o tercer mundistas destruyendo las culturas. Cuando hablo de destruir culturas me refiero a adoptar las de otros países como la de Estados Unidos y su neo-liberalismo.

  15. Sebastian ramirez alzate 28/10/2017 3:36 am

    Me parece muy importante conocer un poco más a fondo el sistema y saber cómo le aporta a diferentes países; saber que el sistema mundo se basa del estudio del sistema social y sus interrelaciones con el avance del capitalismo social.

  16. Isaac Vélez Flórez 28/10/2017 3:45 am

    El documento es un apoyo en la muestra de un sistema en busca del desarrollo de los países mediante organizaciones jerásquicas partidarias de un capitalismo contundente. También provee información que ayuda al receptor para diferir entre el sistema mundo y la globalización con argumentos.
    Posee referentes históricos y es capaz de explicar asertivamente cómo funciona y cuáles son sus bases.
    Ahora la pregunta es: ¿este sistema es precisamente lo que necesita un país dependiente para llegar al “desarrollo” implantado por una hegemonía extranjera que sólo causa desigualdad?

  17. Juan Camilo Hernandez 28/10/2017 5:00 am

    Desde el principio, se puede ver una relación entre los países “desarrollados” y los países “en vía de desarrollo”, la cual permite una inequidad entre todas las poblaciones del mundo, los cuales producen sus cosas para luego desecharlas o aprovechar con su “innovación” precios baratos en países tercermundistas.
    Más que todo el sistema mundo sirve para establecer una desigualdad entre países, el cual trata de establecer “quién tiene más y quién tiene menos”. Esta desigualdad está basada en el modelo capitalista, mediante la individualización personal (en este caso países “del primer mundo” oprimen a los otros países del tercer mundo).

  18. Pamela Escobar Palacio 28/10/2017 4:09 pm

    El documento manifiesta la diferencia entre globalización y sistema mundo y los diferentes temas que se despliegan a partir de estos conceptos, también América Latina que, siendo una sociedad no desarrollada aporta a grandes escalas a la economía global.
    El sistema mundo analiza la formación y evolución del modo capitalista de producción. Este sistema está representado por diferentes características denotados por ciclos cortos representados por las fluctuaciones de la económia, ciclos largos que muestran tendencias duraderas representando el desarrollo económico y su declive, su contradicción lo cual indica un problema irresoluble y crisis cuando se dan una serie de circunstancias que rompen la estructura del sistema. Este modelo es representado como un sistema de relaciones económico sociales, políticas, y culturales que nacen al final de la edad media y evoluciona para convertirse en un sistema planetario y confundirse con la economía mundial.
    Por otro lado, la globalización es un concepto que no está bien definido, debido a que solo toma en cuenta sociedades y economías que estan desarrolladas, dejando a un lado países en vía de desarrollo y sin desarrollar. No es equitativa ya que uno de los objetivos de este es quitar barreras que impidan el comercio entre los países del mundo, entonces los países que deben pagar altos impuestos para entrar a otro país se van a ver afectados al igual qu sus economías.

  19. Julian Mateo Guarin 28/10/2017 6:51 pm

    El documento de una forma muy amena da la explicación de un sistema que buscara un orden en su estructura interna, o sea, política, social y económica mediante un capitalismo claramente marcado para un fácil entendimiento de él por parte del receptor. En el texto también se logra percibir cómo se genera o se generó, usando a los países subdesarrollados para lograr mantener a los países 1er mundistas.
    Nos llega a crear una capacidad de diferenciación entre el término de globalización y Sistema Mundo y nos ofrece varios argumentos en cada uno para demostrar en qué difieren.
    Hace un análisis desde el comienzo con referente históricos para mostrar las raíces influyentes en este sistema, cómo funciona y las bases a tener en cuenta

  20. Juan Pablo Castrillon Ruiz 29/10/2017 9:13 pm

    Este texto nos aclara la definición, función y modo en que se maneja la sociedad de hoy en día, económica y políticamente con el Sistema mundo. Y también trata sobre las diferencias entre la Globalización y el Sistema Mundo.
    Este sistema, según el texto, fue iniciado por el Capitalismo, lo que por consiguiente incrementó el consumo. En la actualidad es una Globalización.
    Por esto, los niveles de oferta y demanda de los bienes y servicios del mundo incrementaron de una manera extraordinaria, por lo tanto se vio la obligación de eliminar las barreras o fronteras y así poder tener conexión con los otros países, lo cual se llama una Conexión Mundial.
    Yo pienso que el sistema mundo es lo que le da forma y estructura a nuestra Sociedad (Nuestro Mundo). Este sistema le permite al mundo trabajar de manera coordinada, ágil y con exactitud, etc.

  21. Juan Fernando Vélez Tejada 01/11/2017 3:50 am

    El sistema es contradictorio y, por tanto, en su funcionamiento ‘normal’ produce y reproduce fuerzas antisistémicas. Los países ‘socialistas’ pueden ser tales, pero hay que reconocer que es imposible alcanzar el socialismo a escala nacional. Lo máximo que pueden ser es sociedades que muestren valores que serán los dominantes en el futuro ya que ‘vivimos en los primeros estadios de la transición del capitalismo al socialismo’. Pero nada más.

  22. Juan Fernando Vélez Tejada 01/11/2017 3:55 am

    Los estados que figuran dentro de este sistema son instituciones del mismo, así que cualquiera que sea su forma particular, responden de alguna manera a la premisa de su impulso capitalista. Por lo tanto, si por revolución entendemos que un Estado antes feudal se convierte en capitalista, o que un Estado antes capitalista se convierte en socialista, el término no tiene ningún significado operativo y es una descripción engañosa de la realidad. Para ser exactos, hay muchas clases posibles de regímenes políticos, y no hay duda de que a las personas que viven en un Estado en particular les importa muchísimo la naturaleza de ese régimen.
    Pero estas diferencias no han cambiado, el hecho básico fue que todos estos regímenes han sido piezas de la maquinaria del moderno sistema mundial, es decir, de la economía-mundo

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