Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Conclusiones

En este libro nos hicimos preguntas sobre las especificidades de las políticas de economía social y solidaria (PESS), que a nivel global como en América Latina están ganando creciente reconocimiento. Empíricamente, nos abocamos a Argentina en una escala subnacional. Abordamos todo el Conurbano Bonaerense (CB), con distintos niveles de alcance y profundidad, a partir de la construcción de un marco teórico extenso y complejo, con decisiones de recorte que se fueron tomando en permanente articulación con los hallazgos del campo. A su vez, a lo largo de estas conclusiones dejamos planteada una brújula para futuras investigaciones. Dada la extensión del texto y la amplitud de temas y niveles abordados consideramos conveniente comenzar sintetizando brevemente el camino recorrido, el cual es expuesto en estas conclusiones siguiendo el orden del capitulado.

A nivel teórico, entre las categorías utilizadas dentro del campo que hacen referencia a las economías orientadas preponderantemente a la reproducción de la vida y no la del capital, adoptamos la de economía social y solidaria (ESS), por considerar que es la expresión más utilizada, amplia y que tiende puentes entre diversos tipos de experiencias con carácter híbrido, en el marco de la economía mixta con tres sectores que desarrolla Coraggio (economía privada capitalista, economía pública estatal y economía popular –EP– realmente existente). Vale aclarar, desde el inicio de estas conclusiones y luego del debate teórico desplegado en el primer capítulo, que para facilitar la lectura si bien no hacemos siempre la distinción entre las expresiones EP y ESS –y, solemos hablar más de esta última–, ello no implica que demos por sentado los componentes solidarios de la primera, es decir, la EPS. Ni tampoco demos por sentado que toda la ESS sea solidaria y de ahí nuestro empeño por trabajar en las continuidades y rupturas con la microeconomía neoclásica de las prácticas cuando hacemos referencia a la promoción de las otras economías. Sostenemos necesaria la diferenciación entre la EP y la ESS como si fueran dos polos claramente distinguibles en pos de la coherencia teórica con la perspectiva coraggiana, ya que cuando hacemos mención a la EP, aunque no digamos la expresión completa (EP realmente existente), estamos haciendo referencia a esta (y, por tanto, subsumida contradictoriamente en la lógica capitalista hegemónica).

Intentamos que sea predominante un aterrizaje en las prácticas desde un abordaje sustantivo de la economía. De allí que, además de abordar aspectos relativamente convencionales del campo de las políticas públicas, en este libro hayamos planteado, como primera hipótesis, que las políticas dirigidas a las experiencias mercantiles de ESS que expresan continuidades con la microeconomía neoclásica, disminuyen su potencial de promoción al profundizar los componentes capitalistas de las mismas en detrimento de los demás componentes no capitalistas. De ese modo, a nuestro criterio, en lugar de tomar las bifurcaciones que “mejor nos pueden servir a todos nosotros”, parafraseando a Wallerstein, se estarían tomando las que socialmente nos perjudican, es decir, asumiendo un sentido contrario a la racionalidad reproductiva.

Desde esta perspectiva sustantiva, que desarrollamos en el primer capítulo, explicamos por qué nos resultan insuficientes las críticas a la microeconomía neoclásica que realizan diversas escuelas heterodoxas, las cuales adolecen de un marcado economicismo e incluso mantienen varios supuestos neoclásicos y muchas veces también el método. Concluimos de nuestro análisis de las mismas que, en general, invisibilizan nuestro objeto empírico, lo que se constituye en otra manifestación de la sociología de las ausencias (probablemente involuntaria lo que requeriría una indagación específica)[1].

Luego de la revisión de la literatura, concluimos que se vuelve relevante problematizar las condiciones de posibilidad del sustantivismo como escuela de pensamiento económico habida cuenta de su relativo escaso reconocimiento e incidencia. Se trata de una discusión económica, pero también profundamente política y cultural donde, claramente, no pueden subestimarse las evidentes cuestiones de poder que implica el fortalecimiento de esta escuela, tanto en el terreno académico como para la construcción de otra economía y otra sociedad en la coyuntura actual y a futuro. Aquí encontramos para la agenda futura de investigación la profundización del análisis articulado, por un lado, con la economía comunitaria, la economía ecológica y la ecología política y, por otro, con la economía feminista en clave pospolanyiana, al tratarse de una escuela cuya institucionalización sobre todo durante la última década puede generar un efecto sinérgico tanto en el terreno académico como político. En este último, en especial desde los paros internacionales del 8M, en diversos movimientos sociales y organizaciones a nivel global suenan lemas del tipo “la economía solidaria será feminista o no será”. Por cuestiones de recorte esta ha sido una cuestión que ha quedado fuera de abordaje (salvo las referencias teóricas que fueron ineludibles).

A lo largo del trabajo intentamos abordar las políticas públicas desde su lógica de acción, con elementos de la sociología política de la instrumentalización, desde la multiescalaridad, aunque el énfasis se haya puesto en las especificidades de lo local. Fue necesario un balance sobre la escala nacional de las PESS a nivel latinoamericano para concluir aquí que, si bien la ESS logró penetrar las agendas gubernamentales, sigue sin ser prioritaria, y ya va siendo hora de salir de la etapa de experimentalismo. Aquí es importante ubicarnos, como propone Hintze, en la interfase de la co-construcción de “otro Estado”, con un mayor protagonismo del sujeto de la política que, en términos generales, podemos sostener que aún no logra el nivel de corresponsabilidad, visibilidad, discurso relativamente unificado entre las distintas expresiones de la ESS y vocación de diálogo con los movimientos emergentes de la EP y la EPS, movilización política conjunta y, en definitiva, el poder suficiente como para retroalimentar una dinámica estatal transformadora de cara también a la sociedad en su conjunto. En definitiva, pareciera que estamos simultáneamente no sólo ante una co-construcción de las políticas sino una construcción mutua de los sujetos y los otros Estados.

Considerando las tres corrientes de pensamiento y acción de ESS identificadas por Coraggio para América Latina, problematizamos el excesivo foco de las intervenciones en el nivel microsocioeconómico, reconocemos el alcance de este nivel y nos ocupamos de la articulación de los niveles micro y meso. Esa impronta puesta en el nivel micro se comparte con las teorías localistas del desarrollo, utilizadas generalmente de forma acrítica en los países del Sur global en los que las inestabilidades macroeconómicas y las desigualdades, fruto de nuestras estructuras económicas, no son pasibles de ser transformadas desde la micro; esto lleva a dichas teorías convertidas en insumos para las prácticas, a operar sólo en los márgenes de los problemas.

Aun así, como sostenemos en nuestra segunda hipótesis, es en la escala local donde se dan las condiciones más favorables para la promoción de la ESS con instrumentos más adecuados a su naturaleza híbrida, aspecto microeconómico que decidimos priorizar sobre muchos otros en relación con los sujetos que producen, siendo clave la articulación de los niveles micromesosistémico con estrategias desde lo local o, de lo contrario, se estarían afectando las condiciones de sostenibilidad de los sujetos promovidos, tal y como se trabajó en el primer capítulo.

En conjunto, las dos hipótesis nos han permitido ir hilvanando teórica y empíricamente los desarrollos. A nivel teórico, la primera requirió que profundizáramos sobre las operacionalizaciones micro, que expresan tensiones e incoherencias en la promoción de la EP y la ESS, con premisas microeconómicas neoclásicas que fueron pensadas para la práctica capitalista. De todas las posibles, elegimos focalizarnos en tres dimensiones que consideramos fueron las estructurantes de las políticas que analizamos empíricamente en los capítulos 3, 4 y 5. Repasamos los aspectos fundamentales de cada una de ellas a continuación.

La primera dimensión que analizamos refiere a quiénes son, cómo se denominan y cuáles atributos microeconómicos le encuentra la literatura a los sujetos que producen y que terminan siendo los principales destinatarios de las PESS. En virtud del análisis bibliográfico realizado, así como de los hallazgos del trabajo de campo, más allá de las diversas especificidades generalmente trabajadas, llegamos a la conclusión que ameritaba jerarquizar lo que denominamos la hibridación negada.

Analizamos las formas que la negación de la hibridación asume en la literatura, según se trate de formas microeconómicas de la ESS o la EP, con lo que entendemos que son continuidades neoclásicas que operan siempre en el mismo sentido: jerarquizan a los sujetos cuya producción tiene como principal destino a los mercados convencionales; consideran sólo (o principalmente) a los ingresos mercantiles al tiempo que invisibilizan los subsidios; hablan de emprendimientos mercantiles aún cuando se trata de extensiones de las unidades domésticas, cuyos principales ingresos monetarios no suelen provenir del mercado en virtud de las fuentes monetarias diversificadas (o que se desconoce el peso de cada una por no contar con información empírica); y, en general, una subestimación de los principios del oikos y de la reciprocidad.

La segunda dimensión microeconómica a la que nos dedicamos es la que trata la reducción del intercambio al mercado convencional. Distinguimos, en base a Polanyi, mercado y comercio (justo, según el término más convencional en el campo de la ESS pero también administrado, a través de la intervención estatal a partir de compras públicas, de regulación de precios u otras formas de regulación), a lo que sumamos los demás posibles destinos de la producción de los sujetos productores que analizamos. Aquí las invisibilizaciones pasan por no reconocer, por ejemplo, el papel de la producción para el autoconsumo que adquiere una importancia clave y que se viene institucionalizando cada vez más con los abordajes feministas críticos a partir de la unidad de lo productivo y reproductivo (que sigue, sin embargo, quedando en un plano muy abstracto). También son importantes los intercambios no mercantiles en general y el uso de monedas sociales. La cuestión de la trazabilidad y los vínculos a partir del énfasis en las ferias son tematizados en el marco del capitalismo cognitivo, en el cual las plataformas son cada vez más hegemónicas y la ESS tiene propuestas interesantes en condiciones muy específicas, aunque aún poco difundidas. Concluimos aquí que es preciso institucionalizar una mirada más compleja sobre los intercambios, sobre todo cuando a nivel empírico aparecen las ferias como principal instrumento de política de este tipo, sobre las que restan aún realizar evaluaciones.

La tercera dimensión abordada es la financiera, a partir de una diversidad de modalidades, instituciones e instrumentos que, en ciertas condiciones, pueden considerarse de finanzas solidarias. En el capítulo teórico tematizamos, por un lado, cómo al seguir vigente el predominio del microcrédito en el foco de los análisis y las PESS, se impide un adecuado desarrollo y consolidación de toda la ESS presionada en América Latina por la miniaturización, el cortoplacismo y la mercantilización. Y, por otro, planteamos que el debate teórico sigue siendo relativamente superficial en relación con las prácticas que incurren en continuidades neoclásicas incoherentes con la EP y/o la ESS.

En particular, hacemos referencia a las tecnologías microfinancieras que siguen sin ser lo suficientemente problematizadas e ilustran el modo en que los microfundamentos neoclásicos pueden introducir complicaciones innecesarias a nuestro campo, tanto popular como el social y solidario, en términos de cobertura y traslado de riesgos e intrusiones de valores capitalistas que requieren un examen tanto teórico como empírico específico. Cuestión que no encontramos desarrollada en la literatura y aquí señalamos como una incoherencia en virtud del uso de teorías que, en su esencia, niegan la existencia de prácticas no capitalistas y los diversos grados de hibridaciones.

En síntesis, de tematizar la potencia dañina de la microeconomía hegemónica y reconstruir aportes microeconómicos más coherentes con la ESS y la EPS en lo referido a los sujetos productores, los destinos de su producción (que incluyen a los mercados, pero no como los únicos posibles) y las finanzas, en relación con políticas públicas multiescalares, es de los que nos ocupamos en el primer capítulo.

El segundo capítulo reconstruye, sistematiza y analiza las PESS a nivel nacional y de la provincia de Buenos Aires, en tanto hacen al contexto y sirven de antecedentes para las políticas municipales que se constituyen en nuestra indagación específica en los capítulos 3, 4 y 5. Avanzamos en lo supralocal distinguiendo en primer lugar el período 2002-2015 en el que se le dio un gran impulso a las PESS y los primeros años (2016-2018) del gobierno del cambio, con varias transformaciones.

Basándonos sobre todo en fuentes secundarias, observamos que en el primer periodo mencionado, tanto a nivel nacional como provincial, el conjunto de políticas, sobre todo sociales, que emergieron para promover al sector en la posconvertibilidad, tuvieron como hilo conductor la inclusión de los excluidos. Se produjeron cambios a nivel simbólico que plantearon un pasaje de beneficiarios a sujetos de derecho, reconocidos como actores sociales, pero casi nunca económicos, a partir de políticas que recuperaron expresiones del campo de los movimientos sociales y sindicales, los cuales fueron tensionados en virtud de su relación con el Estado.

Siguiendo nuestro marco teórico, vemos que se promovieron algunas formas muy específicas y delimitadas de EP más que de economía social, como sostenían los discursos oficiales de aquella época. Se trataba sobre todo de emprendimientos mercantiles familiares o asociativos de muy baja escala y cooperativas de trabajo creadas desde la propia política pública, compuestos por individuos vulnerables que, si bien abrían un campo a la experimentación colectiva, también dejaban trazado un estrecho y sinuoso camino pleno de vulnerabilidades, precariedades e incertidumbres, muchas de las cuales terminaría resolviendo el mercado. Al mismo tiempo, se perdía la oportunidad de valorar con la misma fuerza otras expresiones del cooperativismo de trabajo, como las empresas recuperadas, más identificadas con la categoría de trabajo autogestionado, que salvo el Programa de Trabajo Autogestionado/MTEySS no tuvo políticas del alcance de las anteriores, a la vez que la normativa siguió siendo inapropiada y casi sin reconocer sus especificidades.

El gobierno nacional que asumió a fines de 2015 planteó una serie de transformaciones. Entre ellas, un énfasis en los emprendedores con la sobrevivencia resuelta; un mayor uso de la categoría economía popular en vez de economía social, acompañada de una marcada distinción entre los sujetos solamente merecedores de asistencia, de los merecedores de promoción evaluados a través de criterios economicistas, junto con la pérdida de peso de la agricultura familiar y del cooperativismo de trabajo.

Habiendo sido el Programa Nacional Argentina Trabaja, devenido en Hacemos Futuro, el que más cooperativas creó y recursos movilizó, es notable que funcionarios de gobiernos de ambos períodos hayan coincidido en las entrevistas al respecto de que se trataba de un como si las cooperativas fueran claves para su diseño e implementación. Si bien las mismas eran constituidas formalmente, en la práctica no tenían la centralidad ni eran promovidas para fortalecerse más allá del programa. Con la descooperativización e individualización que implicó el Hacemos Futuro, pasaron a un como si la formación de individuos vulnerables fuera lo que interesara, cuando las propias autoridades que lo impulsaron asumieron que no existía una oferta educativa acorde a la escala y las exigencias del programa. Es sustantivo marcar la diferencia al respecto de que el primero al menos era un como si con más márgenes de acción, ya que existieron prácticas de implementación que permitieron resignificar los contenidos del programa y lograron la apropiación del trabajo cooperativo por parte de algunos destinatarios aunque evaluaciones sistemáticas estén pendientes.

En relación con las PESS de la provincia de Buenos Aires, se observó durante los dos períodos analizados una menor existencia de información, habiendo identificado que las PESS desarrolladas prácticamente no habían sido investigadas. En líneas generales, advertimos que siguen la impronta del nivel nacional, siendo la Ley y el programa ALAS la única política de amplia recurrencia por parte de los municipios del CB y que refuerza el sentido focalizado en los sectores más pobres cuando existían otras alternativas como el Trabajo Dignifica o el Fuerza Solidaria, pero que no emergieron prácticamente como instrumento de política en nuestro campo.

Un tema interesante a ser indagado específicamente es la cuestión del sesgo anti Conurbano sostenido por el oficialismo durante 2016-2018, tanto a nivel nacional como provincial que, a priori, subestima las potencialidades de este territorio. Con testimonios que tematizan las complejidades del mismo, pero, en su accionar, se abocaban a implementar sus políticas en el resto de la provincia discriminando al Conurbano, lo cual amerita un tratamiento específico en futuras investigaciones.

Teniendo en mente estos apriorismos, los resultados del trabajo de tesis doctoral reafirman la importancia de contar con investigaciones de alcance empírico que trasciendan la casuística, a lo que se suma el abordaje comparativo y cualitativo en profundidad.

En ese sentido, en los capítulos 3 y 4 intentamos aportar a la construcción de una línea de base, seguramente incompleta e inacabada, sobre el accionar de los Estados locales del CB en relación con la EP y la ESS en el periodo 2016-2018. A pesar de que en los municipios la información, incluso para muchos de los gestores municipales en sus propios municipios, es fragmentada, a veces inaccesible, incompleta y, en general, extremadamente opaca, esperamos haber contribuido al conocimiento de nuestro campo de estudio.

Luego del relevamiento encarado en los 24 partidos del CB, destacamos haber identificado la existencia de PESS en 14 partidos (12 de los cuales se realizan desde organismos específicos). Con este resultado entre manos, concluimos una vez más sobre la necesidad de resistir la tentación de generalizar cuando se habla del CB y reconocer las heterogeneidades tanto a nivel socioeconómico como también en relación a la institucionalidad en materia de la EP y la ESS.

Al respecto, es preciso señalar que el recorte metodológico establecido para la identificación de las PESS a través de los términos clave seleccionados en su momento implicó tanto la inclusión de todas las expresiones de EP y ESS que interpretaban los agentes municipales como la exclusión de los municipios que emprenden (a secas) que no consideraban la EP y/o la ESS entre sus destinatarios ni concepciones. Ameritaría una investigación futura que profundice sobre las nociones de estas últimas, sobre todo en aquellos pocos casos con categorías propias de lo que podríamos denominar fronteras capitalistas de la ESS, como pueden ser los negocios inclusivos.

Con el output de 14 partidos con PESS y 10 sin ellas, emprendimos en el capítulo 3 el trabajo comparativo. En base a Ragin (1987, 2007), esto implicó la construcción de una configuración causal que explicara la existencia o ausencia de PESS en cada uno de los municipios, y logramos identificar tres variables: actores de peso que problematizaran socialmente la cuestión en cada uno de sus distritos, funcionarios con poder dentro de sus municipios que fueran de la EP o la ESS y/o que tuvieran formación en dichos temas, y el partido político gobernante. Atendiendo a los patrones de parecidos y diferencias, a partir del análisis del valor de estas variables, pudimos observar que el grupo mayoritario (8 municipios), es decir, en más de la mitad de los municipios con políticas activas para nuestro sector, se daba la existencia de actores, la presencia de al menos dos funcionarios con poder dentro del municipio que pertenecían al sector o tenían formación en temas de EP y/o ESS, y que el partido gobernante fuera el Frente para la Victoria. El grupo que le seguía en cantidad de casos (5 municipios), manifestaba la ausencia en las dos primeras variables y los partidos gobernantes en 4 casos era la Alianza Cambiemos y en el restante la Alianza Unidos por una Nueva Alternativa.

A partir del análisis de la configuración causal concluimos aquí que la presencia de al menos dos funcionarios con poder dentro de sus municipios, que pertenecen a la EP o a la ESS o tienen formación en esos temas, podría considerarse como una variable necesaria y suficiente para el desarrollo de las PESS. Esto explicaría por qué José C. Paz no tenía políticas activas, cuando tiene casi todo para tenerlas. No las tiene porque no hay voluntad política en los agentes municipales para incorporar en su agenda a la EP o la ESS, según una expresión sostenida con pesar por parte de una fundadora y activa militante de una organización de ESS de larga trayectoria en el distrito, que devino en funcionaria municipal hace algunos años y no tuvo suficiente poder ni aliados para contrarrestar esa tendencia.

A continuación, nos adentramos en las conclusiones, aprendizajes y desafíos de los 14 municipios con PESS. Es oportuno al respecto comenzar subrayando que los organismos estatales responsables de las PESS en el Conurbano son muy jóvenes (al cierre de nuestro trabajo de campo para esa escala –2018– tenían menos de 6 años de funcionamiento en promedio).

En comparación con la situación a nivel nacional que investigaron Hintze, Deux Marzi y Costa (2011), si bien encontramos coincidencia en cuanto a la adhocracia, el CB exhibe un panorama más diverso y rico en varios sentidos. En primer lugar, en términos de las denominaciones de los organismos, ya que, si bien predomina la categoría de economía social, fruto de la potencia de las políticas nacionales del período 2003-2015, también se utilizan otras expresiones como la EP o la ESS; en segundo lugar, a nivel del rango de los mismos, encontramos un mejor posicionamiento que en el nivel nacional, donde predominaban las direcciones, mientras que en nuestros municipios encontramos también secretarías, subsecretarías, direcciones generales, y las direcciones fueron un rango más entre varios; y, en tercer lugar, en virtud de las inscripciones de estos organismos en los respectivos organigramas municipales, donde no predomina la esfera del desarrollo social como a nivel supralocal, sino que se ubican en distintos ámbitos siendo el más importante el del Trabajo, Empleo y/o Producción, desde donde surge más del tercio de las PESS locales. A su vez, para nuestro objeto, del rango del organismo específicamente dedicado a la EP o la ESS concluimos que no necesariamente se desprenden los niveles de recursos ni la cantidad de agentes municipales involucrados, de manera acorde al alcance y la complejidad de las intervenciones que los organismos sostienen. Esto pone en el centro de futuras investigaciones, la diferenciación entre estructuras formales y las reales.

Además, el atributo de la intersectorialidad que propone Hintze (2014) para las intervenciones estatales en materia de ESS, fue identificado en escasos municipios y circunscripto a pocos campos de política. Sin dudas, es uno de los temas a trabajar para lograr un mayor reconocimiento de la importancia, tanto para los estados como para los sujetos destinatarios de las PESS, de abordar políticas desde las más diversas áreas de intervención, lo que facilitará la resolución de problemáticas donde la ESS tiene mucho para aportar como, por ejemplo, en materia de alimentación saludable, cuidados, economía circular, hábitat y desarrollo urbano, cultura y ocio, democracia participativa, entre otros.

Resultó interesante el reconocimiento de una burocracia plebeya (Perelmiter, 2016) en estos organismos, con un leve predominio del estereotipo militante construyendo los estados locales. Al respecto, quizá el caso más representativo haya sido el de la Subsecretaría de Economía Social de Florencio Varela, compuesta en su mayoría por miembros de la FECOTRAUN-CNCT, desde donde la relación predominante es la de compañeros, reivindicando la figura de trabajadores y las cooperativas de trabajo en calidad de empresas sociales.

Un último aspecto destacable de los organismos, compartido con el Estado argentino en general y con las demás reparticiones municipales, son las condiciones de trabajo precarias del empleo público, estando la mayoría de los trabajadores en regímenes de contrataciones temporales y hasta con funcionarios que no tienen incorporada la cantidad de empleados de los organismos que dirigen. Desde la perspectiva sustantiva esta cuestión hace a la calidad de la relación promotores-promovidos y a la sostenibilidad de las PESS, por lo que amerita jerarquizarlo política y académicamente.

En ese tercer capítulo también nos dedicamos a analizar los cambios experimentados en los organismos específicos y sus PESS luego de las elecciones de 2015. Al respecto, se distingue un comportamiento claramente diferenciado si hubo continuidad o ruptura en el signo político gobernante. Entre los primeros, distinguimos dos grupos. Por un lado, municipios que experimentaron crecimiento a partir del desarrollo de nuevos organismos que se suman a los preexistentes y/o más PESS, junto con un aumento del alcance de las preexistentes; todo lo cual da cuenta de una mayor complejidad y recursos abocados a la promoción de la EP y/o la ESS en sus municipios, tal y como se observa en Avellaneda, Berazategui, Florencio Varela y San Martín. El otro grupo, compuesto por Ituzaingó, La Matanza y Tigre, mantiene sus acotadas intervenciones en el campo de la EP y/o ESS en términos estables.

Por su parte, los casos donde cambió el signo político gobernante en diciembre del 2015 evidenciaron una alta vulnerabilidad de las PESS y los organismos específicos ya que encontramos transformaciones sustantivas en 7 de los 9 municipios que experimentaron tales rupturas. En efecto, el análisis transversal muestra una alta sensibilidad a los cambios de gobierno, habiendo logrado dar cuenta de dos sentidos específicos en función de los partidos políticos que asumieron los nuevos gobiernos. Por un lado, se observa la creación de organismos específicos y de PESS en municipios cuyos gobiernos pasaron del Frente Renovador (FR) al Frente para la Victoria (FPV), en los casos de Alte. Brown, Hurlingham y Malvinas Argentinas. Por otro, se evidencia la desaparición de los organismos y desarticulación de la totalidad o la mayoría de las PESS desarrolladas durante las gestiones anteriores, en los municipios donde asumió la Alianza Cambiemos. Si bien hay un municipio con continuidad del FPV que desarticuló el organismo específico durante el período 2016-2018 en un marco de políticas bastante acotadas (Lomas de Zamora), en el caso de Cambiemos el sesgo anti EP y/o ESS ha sido sistemático.

Cabe destacarse que, coherente con lo realizado a nivel nacional, en todos los municipios donde esa alianza conquistó el gobierno y existían PESS, las mismas desaparecieron (Lanús y Morón), se redujeron (Quilmes) o las intervenciones preexistentes fueron exacerbando una orientación hacia el emprendedorismo convencional con un sentido mercantilista, como en el caso de San Miguel, donde a nivel partidario se fue dando un paulatino camino del FPV al FR y de este a Cambiemos. Expresiones de actores de la ESS que problematizaron sobre su falta de consciencia para defender las PESS, junto con otros trabajos que mostraban a funcionarios tratando de “delirantes” a sujetos de PESS que disputaban mejores condiciones de trabajo, nos lleva en esta instancia a preguntarnos si no se estaba construyendo un escenario fértil para que autoridades municipales con una orientación contraria a la EP y/o la ESS tuvieran el camino allanado para encarar los retrocesos experimentados.

En definitiva, queda latente la cuestión de las condiciones de institucionalidad y sostenibilidad de los organismos y PESS que, a nuestro juicio, pone en el centro de atención política y académica, las tres variables que identificamos en nuestra configuración causal y, en particular, la relación entre dos de ellas: los gestores municipales con poder y los actores de la EP y la ESS en los territorios, sobre lo que profundizamos en nuestros casos de estudio, especialmente con respecto a la concepción del sujeto y al modo de construcción de las políticas.

En el cuarto capítulo hemos puesto la lupa en las PESS identificadas en los 14 municipios, con un promedio de casi 9 políticas por distrito hasta 2018, aunque con una gran dispersión, siendo Moreno y San Martín los casos con mayor cantidad de PESS. El análisis del nivel estatal en el que se originan dichas políticas da cuenta de una descentralización importante y contradice lo que suele afirmarse en términos más generales sobre los municipios del CB sobre el alto nivel de incidencia del gobierno nacional. En el campo específico de la ESS, de las 121 PESS identificadas, 80 pertenecen al nivel local y 41 son supralocales, aunque a nivel de contenido la política nacional dejó su impronta de EP mercantilista en muchos municipios.

Cuestiones interesantes que fueron distintivas y que vale la pena resaltar en esta instancia final son, por un lado, la emergencia de lo reproductivo a nivel del consumo y del hábitat que refuerzan la importancia del abordaje sustantivo hacia lo económico (es probable que esto se hubiese extendido hacia la salud y los cuidados en la coyuntura pandémica). Y, por otro, ante el sorprendente hallazgo que sólo 4 municipios identificaron al Argentina Trabaja como parte de sus PESS (sobre 22 donde se implementaba el programa), podemos concluir que una condición de implementación deseable de iniciativas de tal magnitud, es la existencia de gobiernos municipales con voluntad política y capacidad técnica para acompañar a cooperativas creadas por la política nacional a que funcionen como tales. Esto requirió de acciones específicas y permanentes que se dieron en muy pocos territorios, los cuales lograron sacar a estas cooperativas del imaginario (y la práctica) de promoción como islas receptoras de asistencia; resultado que aporta elementos para una evaluación, tanto de esa política como para otras similares que se siguen diseñando.

Analizamos las PESS locales a través de sus instrumentos, lo cual permitió reforzar la idea de la no neutralidad de los mismos planteada por Lascoumes y Le Galès (2007). La identificación de 25 instrumentos de política con un nivel de uso muy dispar, da cuenta de una representación mayoritaria muy específica de la EP y la ESS para los estados locales del CB: se trata de una economía digna de “sermones”, que alcanza con muy pocas “zanahorias” y a la que no amerita darle con “palos” (al menos formalmente reconocidos). A lo que se agrega que, tanto los sermones como las zanahorias, tal y como están planteados por sus contenidos, no siempre son adecuados a las necesidades y heterogeneidades del mundo de la EP y la ESS del Conurbano.

Dentro del universo de instrumentos de política usados en el CB, ameritan una breve reflexión cada uno de los dos casos de mayor recurrencia por parte de los municipios. Por un lado, los que hemos denominado de Formación y conocimientos, que entran dentro de los clasificados como “sermones”, siendo mayoritario el formato de cursos de capacitación. Tanto estos como la asistencia técnica, el asesoramiento y hasta la incubación, son llevados a cabo por los propios agentes municipales o, en menor medida, por docentes/técnicos externos contratados ad hoc, prácticamente al margen del sistema de ciencia y técnica, salvo por excepciones de articulaciones con universidades nacionales y Centros de Formación Profesional, con una duración variable, aunque generalmente muy corta; son procesos de acompañamiento de baja complejidad, así como de una limitada incidencia de la academia comprometida con el sector, la cual debería redoblar esfuerzos para lograr un mayor involucramiento institucional.

A su vez, en virtud de los contenidos, la mayoría se encuentran lejos de la “pedagogía de la producción asociada” que propone Tiriba (2006). Más bien focalizada en aspectos de la gestión al interior de las unidades productivas, en lugar de al mismo tiempo plantear y aprovechar las instancias formativas para llevar a la práctica relaciones con el resto de la sociedad. A su vez, los destinatarios que llevan adelante una práctica (o inquietudes) de una economía y una gestión con valores y sentidos distintos a los capitalistas, siguen siendo, en general, subestimados o no puestos en valor en estas instancias que constituyen un escenario ideal para desarrollar una práctica formativa adecuada con tales aspiraciones. Volvemos sobre esto más adelante, cuando llegamos a las conclusiones sobre los dispositivos de formación de nuestros casos.

En relación con los segundos más utilizados, los instrumentos de Comercialización, concluimos que el hecho que predomine el formato de las ferias tradicionales más relacionadas con las artesanías producidas en su mayoría por emprendimientos unipersonales y familiares, significa, por un lado, que las ventas efectivas de quienes producen bienes finales, termina quedando en manos del mercado, no siendo necesariamente espacios de intercambio que favorezcan la concientización sobre dónde y cómo los consumidores realizan sus compras. Y, por otro, que quienes no producen bienes finales dentro de estas economías quedan fuera de los espacios promovidos por los municipios y, muchas veces, sin apoyo alguno a la hora de vender su producción. A su vez, si bien el instrumento de ferias estaría promoviendo un canal de comercialización específico, no se encontraron las características de los sistemas de intercambio solidario planteadas por Mance (2002, 2014), en línea con las propuestas de liberar flujos de la ESS de la dependencia del dinero oficial y los mercados capitalistas para, de ese modo, aumentar los consumos y por tanto, la producción social y solidaria. El haber encontrado un sólo caso de política de compra municipal (en San Martín) es otra ilustración de la no neutralidad de los instrumentos en un sentido que, a nuestro juicio, compromete la sostenibilidad de estas economías y refuerza la negación de la hibridación. Mientras que con las compras municipales los Estados locales garantizan demandas efectivas y fortalecen la autonomía de las experiencias o, al menos, su supervivencia en situaciones de crisis, las ferias las dejan absolutamente vulnerables a los vaivenes de los mercados y los esfuerzos de la reciprocidad.

En relación con los destinatarios de las PESS locales del CB, si bien los emprendimientos unipersonales y familiares siguen siendo los principales, apenas superan el tercio, contando con una no despreciable cantidad de políticas destinadas exclusivamente a los emprendimientos asociativos, que incluso se dirigen explícitamente a las empresas recuperadas. Todo ello da cuenta de una heterogeneidad que contrasta con la impronta institucionalizada a nivel nacional más focalizada en los primeros. De todas formas, no es menor que en los casos de Avellaneda, San Martín, Florencio Varela y Moreno, se utilice la expresión genérica de acompañamiento a cooperativas y empresas recuperadas, siendo el tema del seguimiento y la actualización de la documentación exigida a las cooperativas por parte del INAES una constante en el accionar municipal y, quizá, la principal actividad de promoción (lo que también es digno de ser tomado en cuenta por el mismo). En contraste, para emprendimientos unipersonales y familiares más propios de la EP existe un mayor desarrollo, con instrumentos diferenciados que da cuenta de un trabajo de especificación ya transcurrido para esas expresiones del ecosistema pero una tarea aún pendiente para otros.

A su vez, concluimos que la cantidad y diversidad de PESS co-construidas o co-producidas ha sido un hallazgo prometedor ya que las mismas están proliferando aún en un marco de una pronunciada cultura estatal monoconstructora a nivel nacional en todo el período de análisis, lo que ilustra el potencial democratizador de la ESS, al menos en los gobiernos locales.

El análisis a escala de los 14 municipios con PESS se sintetiza con el planteo de una tipología de municipios en relación con el sentido mayoritario atribuido a la ESS a través de sus políticas locales durante 2016-2018. La misma surge de un intento de operacionalización de las tres corrientes de pensamiento y acción de la ESS que identifica Coraggio (2013). En base a información disponible de nuestro trabajo de campo, analizamos los valores de las siguientes cuatro dimensiones: si los instrumentos de política excedían la (re)inserción en los mercados capitalistas existentes o no lo hacían; si entre los destinatarios de las PESS se encontraban emprendimientos asociativos o no (de la naturaleza que fuere, no sólo cooperativas); si existían mecanismos de co-producción o co-construcción en las PESS locales y la cantidad de los mismos y, por último, una interpretación de los niveles de acción mayoritarios en las acciones (micro y/o meso, no habiendo hallado acciones en el nivel sistémico, posiblemente por las características de nuestro objeto de estudio).

El ejercicio arrojó un resultado interesante. Por un lado, identificamos 7 municipios integracionistas o de promoción de la EP con una orientación mercantilista (Hurlingham, Ituzaingó, La Matanza, Lomas de Zamora, Quilmes, San Miguel y Tigre) y, por otro lado, 3 municipios (Avellaneda, San Martín y Moreno) que promueven un sector orgánico de ESS y trascienden las intervenciones a nivel micro, avanzando de modo sistemático en el nivel meso. A su vez, existen 4 casos (Alte. Brown, Berazategui, Florencio Varela y Malvinas Argentinas) que identificamos en un proceso de transición que aún no puede ser catalogable categóricamente como parte de alguno de los dos grupos anteriores, aunque podemos afirmar que se trata de situaciones que trascienden a los primeros y cuentan con indicios de estar avanzando hacia la promoción de, al menos, la EPS. En estos casos, consideramos que un mayor desarrollo temporal es necesario para su clasificación. Concluimos aquí que no es menor que la mitad de los municipios con políticas activas hacia la EP o la ESS esté trascendiendo lo hegemónico y es probable que con las transformaciones producidas en el contexto pandémico y las nuevas PESS emergidas específicamente en todos los niveles estatales desde inicios de 2020, haya mejores condiciones aún para problematizaciones e intervenciones que coadyuven en este sentido.

En el quinto y último capítulo nos dedicamos a la segunda hipótesis: las políticas dirigidas a las experiencias mercantiles de ESS que expresan continuidades con la microeconomía neoclásica, disminuyen su potencial de promoción al profundizar los componentes capitalistas de las mismas en detrimento de los demás componentes no capitalistas. La abordamos cualitativamente a partir de los dos casos más desarrollados en el CB: San Martín y Moreno.

En lo que sigue, presentamos las conclusiones de los casos poniéndolos en diálogo entre sí a partir del proceso de institucionalización político institucional y, luego, respecto de las dimensiones de análisis microeconómico que propusimos en el capítulo 1 (sujetos productores destinatarios de las PESS, destinos de la producción considerados y finanzas), a lo que se sumó cómo se construyen las PESS.

Bajo la conducción política de West desde 1995 pero, sobre todo, a partir del 2000, el municipio de Moreno es de los primeros del Conurbano en diseñar e implementar PESS, con una impronta que luego se institucionalizará en casi todo el país como de “política social de economía social” (Coraggio, 2011a) para el período 2003-2015. Para ello, contó con el apoyo sistemático del gobierno nacional, habiendo logrado incluso escalar varias de sus políticas locales. Dicho apoyo se fue retrotrayendo hasta casi desaparecer en el último año y medio de gestión (2014-2015), en virtud de lo cual, los cambios a nivel nacional impactaron en mayor medida en este municipio que prácticamente dependía de las transferencias nacionales para la gestión de sus PESS.

Se trata de un caso que nace en el seno de las reformas estructurales, en un contexto de apogeo de las subjetividades hegemónicas del neoliberalismo, y que fue complejizándose e incorporando elementos de otras corrientes de pensamiento en el marco de lo que se llamaron, según varios testimonios, “los veinte años de políticas de economía social” (1995-2015). De un enfoque de economía informal, con una ordenanza que explícitamente refiere a la reproducción del capital (aprobada en 2004 y actualizada en 2015 y donde la referencia a la reproducción del capital yace de forma inmaculada), paulatinamente logró enfocarse en la economía popular con las necesidades de las familias más vulnerables en el centro, dejando de utilizar prácticamente el término microempresa e incorporando iniciativas más propias de la ESS, como las de la marca asociativa Hecho en Moreno, que toma principios del comercio justo y les da identidad propia. De todos modos, no alcanzó para desarrollar una cultura dominante que pudiera contraponerse a su génesis, profundizar en las contradicciones y, ante un contexto desfavorable como el iniciado durante la restauración neoconservadora, vio reducido su accionar. Probablemente la focalización excesiva y el hermetismo para con los sujetos colectivos existentes en el territorio con los que no compartían banderas profundizó este sentido evolutivo.

El análisis pormenorizado de las transformaciones de las PESS ante el cambio de gobierno entre distintos grupos políticos del FPV, cuyo liderazgo pasó de West a Festa hacia finales de 2015, en un contexto de ajustes y restricción presupuestaria, nos permitió identificar distintos procesos para el período 2016-2018. Ellos van de la desarticulación de varias PESS, el cambio de sentido de otras PESS, que dejaron de tener a la EP como sujeto privilegiado y apuntaron más a la microempresa y a las pymes, pasando por una marcada reducción en el alcance de otras hasta, recién a inicios de 2018, la gestación de nuevas PESS, con un modo de construcción más participativo y con lugar para el entramado asociativo local.

El caso de San Martín es más lineal. Se desarrolla a partir de fines de 2011 con la política nacional de economía social ya institucionalizada, con varios municipios del Conurbano habiendo desarrollado PESS, y la propuesta de gestación de políticas novedosas para un territorio que era prácticamente una tabula rasa.

Desde su génesis, se presenta con una impronta propia, relativamente autónoma respecto de la política nacional, con funcionarios experimentados en el tema, que se definen como “militantes de la ESS antes que funcionarios”, bajo la conducción de Katopodis que incorpora en la agenda estatal temas del campo de la ESS que prácticamente no estaban siendo abordados (como las empresas recuperadas, la compra pública al sector, el microcrédito para hábitat) y desde la práctica de la co-construcción, algo también bastante inédito de forma sistemática para nuestro país.

Nos encontramos con un caso robusto conceptualmente, involucrado en una diversidad de prácticas de la EP y la ESS, que logró la continuidad en el gobierno desde fines del 2011, con una práctica propia de la segunda corriente de ESS.

De todos modos, se trata de una intervención, en general, circunscripta a la Secretaría de Desarrollo Social, que si bien no logra aún penetrar como quisiera en otras dependencias, se preocupa por otras dimensiones de la irradiación de su accionar, como el ir dejando huellas en el Estado (en relación con cuestiones administrativas o del origen de los fondos de las PESS).

Adentrándonos en las conclusiones sobre las dimensiones de análisis, en términos generales sostenemos que la hermenéutica de las emergencias nos permitió identificar en ambos casos, tanto rupturas con la microeconomía neoclásica, coherentes con la promoción de la EP y la ESS, como continuidades con la misma, cuyos señalamientos permitirán, esperemos, fortalecer los casos.

En cuanto a la primera dimensión, esto es, los sujetos productores que son promovidos, concluimos que nuestros casos de estudio son un antídoto contra la sociología de las ausencias ya que en ambos la EP y la ESS son considerados sujetos de política, aunque con las particularidades de cada caso.

En San Martín encontramos una voluntad por construir y fortalecer un ecosistema de EPSS desde lo local con unidad y sentido político, a partir del reconocimiento de la otra economía en términos explícitos, diferenciando cada una de las expresiones y formas organizativas que la conforman; a lo que se suma una vocación por incorporar actores extralocales, complejizando los alcances de las iniciativas que dotan de mayor sostenibilidad a todo el ecosistema (como la agricultura familiar) y otros municipios. Destacamos también el uso de la categoría de empresas sociales, con una mirada propia y original en tanto paraguas que habilita, tiende puentes y logra inclusión con una mayor amplitud y márgenes de acción, casi en el mismo sentido que la categoría de ESS pero a nivel micro, involucrando incluso a las prácticas sin forma legal alguna más que las otorgadas por las ordenanzas locales.

Por su parte, en Moreno hallamos disputas entre una concepción dominada originalmente por la economía mixta con dos sectores (que nacieron con la marca de haber negado las potencialidades de una empresa de transporte bajo la forma mutual al presionar por su empresarialización) y la emergencia de políticas de economía social en un sentido restrictivo. Es un caso que, como decíamos anteriormente, experimentó una evolución desde el enfoque de la economía informal al reconocimiento de las prácticas económicas populares a nivel familiar, priorizando las reinserciones mercantiles en los más vulnerables. Si bien se relaciona con sujetos organizados de la agricultura familiar e incorporó la promoción de dos cooperativas de trabajo, eran casos tutelados que no fueron pensados para que se pusieran los pantalones.

A su vez, como en ambos casos se observó un sesgo hacia actividades de reinserción mercantil, dejamos planteada en esta instancia de cierre la necesidad de construir propuestas que reconozcan las heterogeneidades y especificidades de cada una de las manifestaciones de las prácticas microeconómicas específicas dentro de la EP y la ESS que dejen de sobredimensionar dichas expresiones. Se tornan claves las coconstrucciones de mapeos desde lo local de todas las formas organizativas y ramas de actividad, siendo lo más plurales posibles y trascendiendo la autopercepción dentro del ecosistema de EPSS, es decir, como sostenía Cruz (2011) “un agente histórico no necesita tener conciencia de su papel histórico para desempeñarlo”.

Deseamos mencionar como último aspecto con respecto a esta primera dimensión, que la escala meso que emergía de forma clara como patrón de intervención en ambos casos de estudio en el análisis comparativo en los 14 municipios (capítulo 4), se confirma en San Martín con un abordaje ecosistémico a partir de una concepción teórico-política de unidad entre la EP y la ESS y de estrategias que no se agotan en lo local sino desde lo local, dotando de mayor sostenibilidad tanto a las políticas como a los sujetos promovidos (en línea con lo propuesto por Santos, B., Coraggio y Lago), en particular, en términos de las compras públicas y de los encuentros de intercambio y formación entre gestores, funcionarios, diversas expresiones de la EP y la ESS y movimientos sociales en general del Conurbano, la provincia de Buenos Aires, el resto del país y de la región, fundamentalmente con Brasil.

En Moreno, en cambio, el nivel micro focalizado en sujetos vulnerables de la EP se vio jerarquizado con estrategias eminentemente circunscriptas a lo local, salvo en algunos funcionarios y técnicos que lo trascendían para realizar capacitaciones o emprendedores ocasionalmente convocados a ferias realizadas desde el nivel nacional.

En cuanto a la segunda dimensión, que denominamos los destinos de la producción de los sujetos promovidos, al analizar los dispositivos escritos de formación nos encontramos con las mayores y más visibles continuidades con la microeconomía neoclásica. Prácticamente no aparecen otros destinos de la producción más que los mercados capitalistas, lo que da cuenta de la potencia neoclásica incluso cuando existen actores que luchan por la soberanía alimentaria (sobre todo en Moreno), los gestores públicos tematizan otros mercados y se desarrollan PESS que promueven la producción para el consumo propio, las ferias también como espacios de encuentro y la compra pública.

Esta dimensión es la que más explícitamente expone la falta de tematización de lo político del movimiento por otra economía y la que mejor nos permite ilustrar la advertencia que Coraggio (2005) nos hacía con la superposición entre la negación ideológica del sistema mercantil capitalista y una efectiva infiltración de la lógica mercantil capitalista a través de conceptos y metodologías aparentemente instrumentales y neutrales. En este caso, cómo comercializar, cómo hacer marketing y, derivado de ello, cómo lograr la sostenibilidad. De hecho, no es en la dimensión sobre los sujetos productores que aparece la hibridación negada (aunque en nuestros casos no sea algo que esté muy presente ni tematizado porque en ambos se promueve tanto el uso de subsidios como la reciprocidad). Esta se cuela en los materiales de formación sobre las estrategias para mejorar la comercialización que pueden llevar adelante los emprendedores y es gráficamente representada con ingresos, costos, pérdidas, ganancias y, no olvidemos, la huella indeleble neoclásica del punto de equilibrio.

A pesar de los avances en materia de las políticas de intercambio efectivamente implementadas en ambos casos, con prácticas cercanas al comercio justo en Moreno y, en especial, las compras públicas en San Martín, que pueden explicar la sostenibilidad de muchas cooperativas en tiempos de crisis como los vividos durante nuestro trabajo de campo, pareciera ser que en la formación hay una contracara sobre la que trabajar. Evidentemente, seguimos lejos de la apelación gramsciana que nos hace Tiriba (2006) de apropiarnos de la gestión para develar junto con los trabajadores asociados los secretos que durante siglos estuvieron guardados bajo siete llaves por los capitalistas.

Si bien excede a nuestro período de análisis, pareciera ser que fue el contexto pandémico el que ofreció mejores condiciones objetivas para que estas políticas de ambos casos pudieran desplegarse hacia una perspectiva más soberana y promover que la producción de los sujetos de la EP y la ESS se consumiera localmente, sobre todo a nivel de los alimentos. Moreno logrando una nueva ordenanza y San Martín con una serie de nuevas PESS y la creciente complejidad y aumento de alcance de las preexistentes, lo cual será materia de análisis en trabajos posteriores.

En relación con la dimensión financiera, ambos casos permiten llenar de contenido la expresión finanzas como medio y no como un fin en sí mismas, a partir de la integralidad y articulación con la economía real que efectivamente logran.

De todos modos, nuestros casos son de modestos logros si los analizamos en relación con la literatura internacional del financiamiento de la ESS, en virtud de concentrarse en la satisfacción de una sola necesidad que atienden a través de varias políticas, pero básicamente a través de un sólo instrumento: el crédito (fundamentalmente el microcrédito) desde el enfoque centrado en la oferta. A su vez, los casos no son originales al aceptar prácticamente sin problematización las tecnologías de selección y monitoreo de pares de las microfinanzas y las prácticas de evaluación de proyectos que separan lo productivo mercantil de lo reproductivo. Incluso cuando tanto funcionarios como promotores de crédito y asesores tienen una perspectiva más amplia, son relativamente pocas las modificaciones que introducen al respecto.

De todos modos, este desempeño relativamente acotado debe comprenderse en el restrictivo marco normativo vigente en nuestro país en materia financiera, en el cual ni siquiera existen instituciones intermediarias locales y excede a las posibilidades de Estados locales un accionar más estructural.

Lo que sí hacen de forma contundente e innovadora es aportar elementos empíricos en relación con las rupturas que producen con los preceptos neoclásicos, las cuales deben ser valoradas no sólo en términos absolutos sino en el contexto nacional en el que se dan dos circunstancias notables. Por un lado, la proliferación de una literatura que denuncia la financiarización de la EP con la explotación como única hipótesis, al tiempo que omite y contribuye a invisibilizar tanto la categoría de finanzas solidarias como sus prácticas; y, por otro, de experiencias de microcrédito que se autocalifican de finanzas solidarias sin contar con la mayoría de sus elementos.

Nuestros casos de estudio se ocupan de la inclusión financiera: Moreno enfocado en la EP y San Martín con una práctica más amplia al financiar también a sujetos colectivos de la ESS con alto grado de hibridación (en especial, cooperativas de trabajo). Además, avanzan en las condiciones de acceso a partir de una cierta desmercantilización de las finanzas logrando créditos prácticamente sin costos; a lo que se suma una política de alfabetización financiera y desfinanciarización progresiva de la EP. Estas últimas, si bien no fueron planteadas originariamente como PESS, al compartir nuestro análisis conclusivo con hacedores de política de ambos casos, acuerdan sobre la importancia de estas intervenciones.

Queda aún por recorrer un camino en la problematización de las prácticas microfinancieras internalizadas en los casos, en cuestiones como: los pares y la comunidad tratada para la selección, el control y monitoreo en función de los intereses de los oferentes, porqué se producen los desgranamientos en los denominados grupos solidarios, qué costos en tiempo y dinero se trasladan a los prestatarios y cómo podría transformarse esa práctica junto con los subsidios cruzados que se realizan entre prestamistas según niveles de riesgos entre los recién incorporados y los más históricos, qué se evalúa y cómo en los proyectos de financiamiento, cómo se calculan los riesgos y de qué tipo, entre otras.

Estaría siendo tiempo de avanzar más sistemáticamente sobre estas condiciones para lograr una mayor coherencia entre prácticas con génesis en las microfinanzas, pero que buscan ser una modalidad que se relaciona con la EPS y la ESS. En ese sentido, concluimos aquí que resulta de gran innovación la alfabetización sobre los costos financieros totales a nivel anual que realizan en San Martín, la promoción de sustitución de prestamistas informales por el Estado local a partir de la toma de conciencia de la extracción de recursos de los sectores populares, la reconfiguración de las garantías solicitadas a los sujetos colectivos que trasciende lo estipulado por las microfinanzas, la regulación de los destinos de los fondos prestados, donde no permiten la reventa que es lo que, según nuestra tesis anterior, concentraba la cartera de proyectos financiados en el Banco Social de Moreno.

Por último, nos interesa concluir aquí que si bien es valorable la inclusión financiera que realiza San Martín de actores colectivos en un contexto nacional prácticamente de racionamiento absoluto del crédito, cabe señalar que se concentran en las cooperativas de trabajo. Entre las omisiones más destacables, podemos mencionar las organizaciones comunitarias con las que se relaciona sistemáticamente la Secretaría de Desarrollo Social, junto con las cooperativas de servicios públicos y las de vivienda y construcción, donde existe una articulación con Movimientos como el MOI pero que, sin embargo, “esos serían otros montos, otros plazos y no hay tierra disponible”, tal y como nos informara uno de los hacedores de política. Aquí se vuelve central la articulación entre las áreas de los municipios y el enfoque multiescalar, siendo clave, como surgió en una de las entrevistas, el apoyo normativo y presupuestario de los niveles provinciales y nacional. Se trata de actores que pueden contribuir a fortalecer el ecosistema de EPSS, lo que requeriría de una diversidad de nuevos instrumentos financieros para incorporar esquemas de mediano y largo plazo, junto con instrumentos que incentiven el ahorro de modo tal de endogeneizar y generar mayor autarquía.

La mirada integral sobre los casos, en clave de los principales aprendizajes y desafíos en términos de la sostenibilidad de las PESS en un sentido sustantivo, a la luz de su evolución y capacidad de respuesta ante la coyuntura socioeconómica y política nacional en particular en el período 2016-2018 (que, como vimos, fue muy adversa a las experiencias de las economías centradas en la vida), nos permite concluir la importancia del análisis y la práctica de rupturas por parte de los Estados locales con la microeconomía neoclásica, de modo tal de lograr relacionarse con dichas economías de forma más eficaz, efectiva y sostenible en el tiempo.

En ese marco, cobran más fuerza las expresiones emergidas en el campo que se pueden construir en un hilo que va desde “no alcanza con que parezca una cooperativa… una feria, sino que además tiene que serlo” (como nos decía un exfuncionario de Moreno) y “no sólo fueron muchos años sino mucha guita […] sostuvimos las asimetrías porque no tuvimos el coraje de aceptar que hay otras formas de pensar y de actuar, de promover lo diverso, fuimos a lo homogéneo, a lo conocido” (según otro funcionario que sigue trabajando en el municipio), hasta “un poco lo que nos está pasando a veces es que no tenemos interlocutor. Vamos nosotros empujando y no lo están empujando quienes lo tienen que empujar”, del secretario de Desarrollo Social de San Martín.

La cuarta dimensión de análisis, es decir, la relación entre promotores y promovidos a través de la que abordamos cómo se construyen las PESS, nos mostró procesos y resultados distintos. En San Martín nos sorprende un efectivo laboratorio de co-construcción de PESS con una perspectiva para emancipar a los actores, de permanente apertura a nuevos espacios, foros, mesas, redes, aunque no exento de contradicciones y concentración de poder (tanto a nivel estatal como entre los actores no estatales). Por su parte, en Moreno subyace la cultura monoconstructora que se debate entre prácticas de consultas no vinculantes con puertas al diálogo y esfuerzos de algunos funcionarios que plantean “la fuerza de lo instituyente”, al tiempo que surgieron reflexiones autocríticas sobre cierto paternalismo, e incluso productivismo electoral sobre los destinatarios de las PESS durante los últimos meses de la gestión de West y casos extremos de para esos, nada, habiendo transcurrido muy poco tiempo como para concluir sobre un nuevo patrón de relacionamiento en el período de Festa, aunque la apertura al entramado asociativo local ha sido notoria.

A su vez, los hallazgos empíricos iluminan un aspecto generalmente soslayado en la literatura sobre las PESS, que hace a las relaciones dentro del Estado y cómo ellas pueden incidir en la relación con los promovidos. Dejamos planteada aquí la necesidad de profundizar sobre las relaciones entre funcionarios políticos y trabajadores estatales, dos tipos de actores que a su vez se relacionan con los sujetos promovidos y que producen vínculos, a veces, de distinto modo y dando lugar a distintos procesos, tal y como fue surgiendo en las entrevistas en ambos casos.

En un marco generalizado del Estado argentino con situaciones de precariedad e injusticia para con los trabajadores estatales, si bien en los casos de estudio se observan esfuerzos y se han producido avances al respecto, encontramos que la cuestión de la toma de decisiones sigue concentrada y centralizada en un grupo reducido de funcionarios fuera del cual los espacios de apertura a los trabajadores son escasos, no sistemáticos y no vinculantes, todo lo cual termina socavando la figura del trabajador estatal militante que se está queriendo construir.

La profundización de los procesos participativos que se han logrado institucionalizar con diversos sujetos de la EP y la ESS, también podrían traducirse en una mayor y mejor apertura hacia este otro tipo de actor que consideramos clave en la gestión de las PESS. Lo vemos como uno de los principales aprendizajes en relación con la dimensión de la relación promotores-promovidos porque su ausencia torna a las políticas e incluso a los organismos específicos más vulnerables ante eventuales cambios de autoridades. Esta mayor democratización puede compensar en tiempos adversos, situaciones de organismos escasamente institucionalizados, que no logran un mayor reconocimiento en el resto de las dependencias municipales o en la sociedad. Concretamente, pudimos detectar la importancia de los gestores públicos en Moreno en el marco del cambio de gobierno, donde muchas de esas políticas no se lograron sostener o cambió su sentido, incluso con autoridades del mismo partido político.

Al respecto, cerramos las conclusiones basadas en nuestros casos recordando la reflexión del secretario de Desarrollo Social de San Martín: “Si yo tuviera de nuevo responsabilidades en la función pública nacional ¿Qué impulsaría? […] No me dedicaría a impulsar microcrédito, sí a focalizar fondos del nivel nacional para fortalecer a los actores de la ESS”. Quizá esto llega una vez que se han logrado instrumentos con la sofisticación y los procesos de co-construcción de San Martín, los cuales definitivamente han devenido en satisfactores en ese municipio. Se trata de un piso desde donde se pueden gestar las condiciones de posibilidad para centrarnos en las restantes como clave para profundizar la sostenibilidad de estas políticas públicas; en particular, los actores protagonistas de estas economías junto con, al mismo tiempo, funcionarios políticos y gestores públicos en general que los promueven.

Esta conclusión nos aporta elementos, también, para entender mejor y profundizar en futuros trabajos sobre el papel específico de cada nivel estatal, dejando asentada aquí al menos la enunciación de la distinción en una dicotomía locales-supralocales en relación con la protección y promoción de nuestro objeto de estudio. Consideramos, en base a los aprendizajes en el Conurbano, que es preciso que los niveles supralocales provean condiciones objetivas para la coordinación, protección y promoción atentos en particular a las economías de escala, las escalas más grandes, y a cercenar las prácticas donde los niveles locales estén incursionando en continuidades neoclásicas.

De modo más específico, estamos haciendo referencia a cuestiones como mejores condiciones para la articulación que faciliten la planificación y reduzcan los esfuerzos de complementariedad que la gestión por proyecto implica para lo local, las normativas de reconocimiento y el financiamiento con mayor escala y plazos, la formación de gestores públicos, la producción de materiales coherentes tanto para gestores como para sujetos promovidos en los diversos temas específicos sobre los que ya hay ciertos consensos, los cuales, a la vez, podrían ser co-construidos.

Antes de cerrar, dejamos asentado nuestro compromiso con la necesaria discusión de los resultados aquí producidos, los cuales vienen siendo socializados a través de diversos medios[2].

Finalmente, sostenemos que, a partir de nuestra pretensión originaria de explorar los procesos de institucionalización de la ESS en los Estados locales, y tras el camino recorrido, esperamos haber contribuido a las finalidades que propone Ragin para las estrategias comparativas: explorar la diversidad, interpretar la relevancia de la PESS en el CB y hacer progresar la teoría.


  1. Si bien nos apartamos del período de análisis de este libro, haber escrito estas conclusiones mientras se desarrollaban las reflexiones en torno a la pandemia de Covid-19, ilustra una nueva invisibilización de la EP y la ESS. Varios de los autores heterodoxos cuya producción analizamos en el capítulo 1, fueron responsables del diseño y la implementación de las políticas nacionales en el contexto pandémico. Aún manifestándose afines a dichas economías, una de las principales políticas desarrolladas para amortiguar el impacto económico generado por la crisis del coronavirus –el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP)–, dejó fuera a las cooperativas de trabajo (que representaban a diciembre de 2020 el 69% de las cooperativas) al contemplar en dos de sus componentes sólo empresas con empleados en relación de dependencia. Según la AFIP, del total de empresas que accedieron al componente de cobertura del salario complementario, apenas el 0,43% eran cooperativas y mutuales. Para más detalles, ver: Muñoz, R. y Zamora, A. (2021). “Políticas públicas de economía social y solidaria en la Argentina durante la pandemia de la COVID-19. Reflexiones preliminares desde el caso de INAES”. SaberES. Vol. 13, Núm. 1 (2021): https://bit.ly/3BES2lX.
  2. Entre ellos, destacamos: a) la publicación del presente libro y los artículos anteriormente publicados que fueron mencionados previamente en los apartados específicos; b) las iniciativas de los dos Observatorios que promueve el Instituto del Conurbano, en particular: la publicación de las PESS del nivel municipal en el OPPEPS (http://oppepss.ungs.edu.ar/), junto con las publicaciones y otras acciones de vinculación desarrolladas en el ámbito del Observatorio del Conurbano (http://observatorioconurbano.ungs.edu.ar/); c) el acompañamiento en una serie de reuniones promovidas por gestores públicos de municipios con PESS durante 2019 hacia el armado de una futura Red de Gestores Públicos de Economía Popular Solidaria, trabajo que se retomó en 2023 en el marco del proyecto de investigación-acción “Políticas de economía popular, social, solidaria y/o comunitaria en los municipios del Conurbano Bonaerense. Sujetos, mercados, finanzas, tecnologías” que dirige la autora en el ICO-UNGS (véase, por ejemplo, http://bit.ly/3ZuzHY3; d) el curso realizado conjuntamente entre el INAES y la Federación Argentina de Municipios (FAM) “Herramientas de la Economía Social y Solidaria para el Desarrollo Local”, durante 2020 (https://bit.ly/3pQMeDt).


Deja un comentario