Una trama de articulaciones, decisiones,
acciones y recursos
Elizabeth Theiler y Carina Lapasini
1. Algunas aproximaciones a los conceptos de “planificación” y “proyecto de intervención”
En el ámbito de la intervención pública, la planificación se concibe como un proceso dinámico y político, donde las decisiones y la asignación de recursos juegan un papel fundamental. Esta acción se materializa a través de proyectos, herramientas metodológicas que permiten organizar y sistematizar actividades con el objetivo de lograr una transformación concreta.
La planificación parte de un contexto histórico determinado y plantea una visión futura ideal, pero viable de alcanzar. En este sentido, un proyecto funciona como un plano que representa la realidad en una escala específica, considerando las características de la situación actual y la realidad deseada a futuro. El logro de este último escenario se hace posible mediante la implementación de las decisiones consensuadas y establecidas en el proyecto.
Para Carlos Matus, “planificar significa pensar antes de actuar, reflexionar con un método, de manera sistemática; explicar posibilidades y analizar sus ventajas y desventajas, proponerse objetivos, proyectarse hacia el futuro…, [así] la planificación es la herramienta para pensar y crear el futuro” (1993: 4). Según esa descripción, la planificación es el cálculo que precede y preside la acción, en cuanto es la reflexión anterior a la acción, mediada por el conocimiento, y también la guía que va a orientar el logro de los objetivos propuestos, el futuro deseado.
Retomando el manual de consulta para la redacción de los procesos de textos académicos en el Instituto Académico de Ciencias Sociales (2016), en su apartado sobre “El proyecto de intervención social”, los autores mencionan que “la planificación social puede ser conceptualizada como el intento de aplicar el conocimiento a la sociedad a fin de obtener el mejoramiento de la calidad de vida de la misma, en términos de la satisfacción de las necesidades humanas” (Bustelo, 1996, citado en María Franci Álvarez et al., 2016: 58). Seguidamente, los autores agregan:
Planificar es la acción consistente en utilizar un conjunto de procedimientos mediante los cuales se introduce una mayor racionalidad y organización en un conjunto de actividades y acciones articuladas entre sí que, previstas anticipadamente, tienen el propósito de influir en el curso de determinados acontecimientos, con el fin de conseguir una situación elegida como deseable, mediante el uso eficiente de medios y recursos escasos o limitados (Ander-Egg, 2007: 25, citado en María Franci Álvarez et al., 2016: 58).
La planificación se materializa en un ciclo dinámico compuesto por el diseño, la ejecución, el monitoreo y la evaluación de planes, programas y proyectos, cada uno con características y alcances diferenciados. En primer lugar, los planes se conciben como lineamientos generales que establecen la visión a largo plazo y las estrategias para alcanzar objetivos amplios. Suelen abarcar un horizonte temporal extenso y definen prioridades, asignan recursos y establecen mecanismos de seguimiento y control. Los programas, por su parte, se enfocan en objetivos específicos y tangibles dentro del marco de un plan. Desglosan las estrategias del plan en acciones concretas, establecen metas medibles, definen plazos y responsables, y asignan recursos específicos. Su horizonte temporal suele ser de mediano plazo.
En esta dirección, los proyectos de intervención se caracterizan por ser iniciativas puntuales y temporales con objetivos definidos y acotados. Suelen surgir con el fin de abordar problemas o necesidades específicas y tienen un plazo de ejecución determinado. Comprende la implementación de actividades concretas, la asignación de recursos específicos y la evaluación de resultados. Estas iniciativas buscan generar un impacto positivo en la sociedad, abordando necesidades o desafíos concretos que afectan a la comunidad.
Partiendo de estas definiciones, pueden encontrarse diferentes formas de conceptualizar un proyecto y adjetivar en función de algunas características particulares. Daniela Stagnaro y Natalia Da Representação (2012: 157) refieren la idea de proyecto de intervención para identificar un género discursivo del ámbito profesional, que cumple un rol importante en prácticas profesionales de diversos campos disciplinares. Indican que “su propósito consiste en diagnosticar y caracterizar un problema de orden práctico o una situación problemática, para plantear estrategias que permitan articular acciones para su superación”.
Las autoras reconocen que la intervención puede tener diversas finalidades, correctiva, preventiva o de desarrollo, mientras que, en todas sus formas, los proyectos provocan un “hacer” dirigido a transformar la realidad de un sector de la sociedad y, por ende, es preciso conocer previamente sus características, sus antecedentes y su proximidad con relación al tema, así como su indispensable participación en la definición diagnóstica y en el aporte a las posibles alternativas de respuestas de construcción colectiva.
Los proyectos implican
la planificación de acciones articuladas que permitan que el ente, sector, institución o territorio que se debe intervenir alcance un nivel óptimo de funcionamiento o desarrollo. En consecuencia, para que el proyecto sea exitoso, debe contribuir significativamente a la demanda que surge del diagnóstico de la situación problemática (Stagnaro y Da Representação, 2012: 157).
Un proyecto forma parte de una herramienta funcional a un proyecto político destinado a transformar la realidad.
Un proyecto de intervención puede estar inserto dentro de un plan estratégico más amplio: por ejemplo, un proyecto de intervención dentro de un municipio puede responder a los lineamientos de un programa nacional, o un proyecto de intervención urbana puede inscribirse en un plan de desarrollo urbano integral de mayor alcance (Stagnaro y Da Representação, 2012: 157).
Hay contextos y coyunturas a las que debe ajustarse un proyecto, como es la realidad histórica de un tiempo, un espacio y una cultura y sus subculturas situadas. Ello implica producir información actualizada desde la revisión de estadísticas, documental y en primera persona mediante entrevistas y consultas que nutran la fortaleza de un proyecto. La viabilidad económica y normativa también será necesaria de garantizar para el cumplimiento de los objetivos, más allá de los factores externos que puedan surgir a lo largo del desarrollo e implementación del proyecto.
2. La elaboración de un proyecto de intervención
Ahora bien, en el marco del presente manual de escritura, este capítulo se reconoce como una guía orientadora para la escritura, formulación, ejecución y evaluación de proyectos de intervención. En su estructura, se busca proporcionar a estudiantes y profesionales las herramientas necesarias para desarrollar propuestas que aborden necesidades sociales específicas, promoviendo un enfoque participativo y multidisciplinario.
La planificación situada y la articulación de decisiones estratégicas son esenciales para el desarrollo de cualquier proyecto, y este texto pretende servir como un recurso más en ese proceso, acercando las herramientas necesarias para abordar problemáticas y necesidades reales, promoviendo aprendizajes situados y una práctica profesional responsable.
La realización de un proyecto de intervención requiere de decisiones orientadas por un sentido construido social e institucionalmente. También un proyecto puede acompañar el desarrollo de estrategias individuales o colectivas tendientes a lograr objetivos de desarrollos productivos. Según nuestra propuesta, se sugieren decisiones y momentos ineludibles a la hora de programar el futuro de las ideas plasmadas en un acuerdo o encuadre que habilite a las personas a desarrollar acciones tendientes a transformar una realidad de manera organizada, sistematizada y revelada entre las partes intervinientes.
Finalmente, resulta imperativo situar también este capítulo y esta publicación en el marco de apoyo a la realización de un trabajo final de grado (TFG). El desafío pedagógico implica una producción del género académico que sintetiza y conjuga contenidos teóricos para dar luz a una realidad proyectada con base en una metodología. Los conceptos iluminan la delimitación teórica del tema, que luego se organizará en formato de proyecto para dar respuesta a la necesidad de transformación de una realidad determinada. Los estudiantes identifican una necesidad o problemática a ser abordada y, para ello, disponen de las discusiones teóricas y las herramientas metodológicas de planificación de proyectos.
A diferencia de la investigación, que se centra en la generación de conocimiento teórico y empírico, el proyecto de intervención se distingue por su enfoque en la acción transformadora de un entorno específico. Su objetivo principal no es solo comprender la realidad, sino también implementar soluciones concretas para abordar necesidades o problemas identificados, y alcanzar resultados tangibles en un contexto definido.
El proyecto de intervención se nutre de la conceptualización teórica del tema en cuestión, la exploración de antecedentes y la elaboración de diagnósticos situacionales que abarcan las diversas dimensiones del problema o necesidad de innovación. Este proceso permite la construcción participativa de alternativas de solución y la creación de ideas de proyección sostenidas en la viabilidad, lo que facilita la definición de estrategias que impulsen el cumplimiento de los objetivos establecidos.
En este marco algunas decisiones son claves, no por responder a momentos temporales específicos en el proceso de planificación, sino porque se constituyen en acciones necesarias para otorgar viabilidad a la propuesta de intervención:
- Reconocimiento de una necesidad por resolver (incluye definir si se trata de un problema o necesidad manifiesta o también la pretensión de innovación de algún proceso). Ello implica una aproximación a las causas y consecuencias que acarrea la situación identificada.
- Reconocimiento de actores intervinientes (internos y externos al proyecto; incluye la población implicada de manera directa e indirecta, así como las instituciones desde sus cuadros normativos sobre los cuales provocar/inducir las articulaciones).
- Recuperación de antecedentes de intervención, del marco legal y del marco referencial teórico con anclaje disciplinar.
- Identificación de disposiciones para respaldar el proyecto (abarca a los responsables políticos, económicos e institucionales, además de la proyección de adhesión y acompañamiento de la población objetivo del proyecto).
- Construcción de posibles caminos y respuestas (implica la identificación de posibles respuestas en manos de la población objeto del proyecto, de decisores y agentes financieros).
- Confección de objetivos y estrategias basadas en la articulación de recursos y capacidades disponibles en los territorios.
- Elaboración de presupuestos y cronogramas de actividades con asignación de responsables.
- Desarrollo de indicadores de ejecución y evaluación del proyecto.
- Instrumentación de la ejecución en el marco de la organización principal y las organizaciones secundarias.
- Identificación de los mecanismos de informes de resultados intermedios y finales.
- Construcción permanente de dispositivos de viabilidad económica y viabilidad política/decisional.
En los apartados siguientes, profundizaremos en cada una de estas decisiones, antes, durante y después de la propuesta de intervención.
3. ¿Desde dónde puede surgir la idea para la realización de un proyecto? Reconocimiento de una necesidad por resolver
Son varias las alternativas, por ejemplo:
- Un interés plenamente áulico; esta alternativa se basa en un tema de interés académico específico, utilizando una realidad simulada para ejercitación. Si bien se trata de una situación hipotética, se propone que se encuentre anclada en aspectos de la realidad para otorgar coherencia a la aplicación de las herramientas metodológicas. El aprendizaje en este caso se centra en la generación y sistematización de datos, tanto de fuentes primarias como secundarias, para fortalecer las habilidades de planificación profesional.
- Un problema o situación que emerge de la aplicación de una política pública; en ese caso se tratará de un conjunto de acciones organizadas para resolver algún tema vinculado a las carteras de gobiernos de distintos niveles, como entidades responsables del proyecto. Como ejemplo, desde una política de salud o educación a nivel integral pensada para ser la base o los grandes lineamientos de desarrollo nacional (con participación ciudadana), o, en una escala menor, puede referir a un proyecto de “alfabetización en edad adulta” que implicaría un aspecto de la política de educación de un gobierno subnacional.
- Otro modo de iniciar un proyecto implica sistematizar una práctica o conjunto de acciones que ya vienen desarrollándose, tanto en el ámbito público como en el privado, y se decide organizar las acciones en función de nuevos lineamientos que permitan actualizar los antecedentes, los conceptos, renovar estructuras o simplemente hacerlas medibles en sus resultados. Esto implica establecer objetivos e indicadores basados en un abordaje profesional y metodológicamente accesible. Un ejemplo de ello puede ser la estructuración de un emprendimiento productivo.
- La organización de la planificación también da respuestas a una presentación a convocatoria externa, ya sea para expandir un objetivo que se viene desarrollando u obtener financiamiento para nuevos desarrollos. En este caso, la planificación se centra en la construcción de datos y consensos, organizados con base en los formatos y requisitos de información establecidos por la entidad convocante.
Esta diversidad de alternativas, entre otras, representa la enorme variedad de formas de motivar la realización de un proyecto a diversas escalas, muestra la diversidad de aplicaciones y opciones profesionales que otorga el título de grado y las alternativas laborales que ya se van presentando cercanas a estudiantes que están en instancia de realización de TFG. Es importante destacar que la relación que se establece entre un proyecto de investigación y un proyecto de intervención es de complementariedad.
4. Reconocimiento de actores intervinientes
En el proceso de identificación de actores/as involucrados/as en un proyecto de intervención, se encuentran diversos perfiles que asumen roles específicos. Estos pueden ir desde decisores clave, como responsables de dependencias gubernamentales o gestores de políticas públicas, hasta equipos técnicos encargados de la planificación y ejecución de un proyecto. También se identifican a los agentes que llevan a cabo las tareas profesionales y operativas, así como a los usuarios/as directos e indirectos, quienes forman parte de los resultados esperados del proyecto.
Un aspecto fundamental es reconocer el derecho de todas estas multiplicidades de actores/as a participar activamente en las distintas etapas del proyecto. Su involucramiento desde el inicio permite enriquecer la propuesta con las distintas miradas, fortalecer su viabilidad y garantizar una mayor sostenibilidad en el tiempo.
Algunos ejemplos de actores clave en un proyecto de intervención serían los siguientes:
- Decisores: responsables de dependencias gubernamentales, gestores de políticas públicas, representantes de organizaciones sociales, referentes comunitarios.
- Equipo técnico: planificadores, ejecutores, evaluadores, especialistas en áreas temáticas específicas.
- Agentes de implementación: profesionales, técnicos, personal operativo.
- Destinatarios/as directos/as: personas o grupos que reciben directamente las mejoras en sus condiciones de vida planteadas en el proyecto.
- Destinatarios/as indirectos/as: personas o grupos que se ven favorecidos indirectamente por el proyecto, como familiares o miembros de una comunidad.
La identificación y participación activa de estos actores/as en los distintos momentos del proceso es crucial para el éxito de cualquier proyecto de intervención. En esta dirección, el proyecto requerirá de estrategias internas de búsqueda y manutención de la viabilidad y la capacidad de realización. Para ello, la comunicación y sus formas de actualización de información aparecen como una categoría indispensable que además se reforzará al tiempo de ofrecer informes de resultados y comunicación pública o privada del comportamiento de los objetivos planteados.
5. El proceso de construcción de proyectos de intervención: momentos decisionales y herramientas metodológicas
El proceso de planificación, ejecución y evaluación de proyectos de intervención constituye un aspecto esencial a la hora de pensar los cambios consensuados y las transformaciones deseadas, ya sea en un territorio determinado, en un sector de este o en una organización pública/privada, como se viene afirmando.
El propósito de este proceso de planificación consiste en diagnosticar y caracterizar una necesidad o problema de orden práctico o una situación problemática, que permita plantear estrategias y articular acciones para su superación. Este proceso puede ser definido en función de etapas, fases, ciclos o momentos, y tanto el nombre como el número de estas instancias varían dependiendo de la perspectiva de los distintos autores.
Según Stagnaro y Da Representaçao (2012: 158), se suele hablar de cuatro fases generales en el proceso de planificación: diagnóstico, diseño, desarrollo y evaluación. Sin embargo, continúan las autoras, estas etapas pueden ser desglosadas aún más según Horejs, quien propone seis etapas: identificación del problema; formulación y análisis de factibilidad; negociación y financiamiento; ejecución; fase de operación o funcionamiento; y seguimiento y evaluación.
Por su parte, Laplacette añade una etapa inicial de construcción de la visión, delineando el escenario futuro deseado. Independientemente de la cantidad de etapas sugeridas, todos los autores concuerdan en que la intervención debe ser planificada. Además, destacan que la ejecución es un proceso flexible que requiere adaptaciones según la realidad emergente, mientras que la evaluación se presenta como un proceso continuo e ininterrumpido.
Ahora bien, siguiendo el razonamiento de Matus (1985), quien parte del enfoque de la planificación estratégica situacional y se diferencia de la planificación tradicional o normativa, el proceso de planificación de proyectos se organiza en cuatro momentos decisionales: el momento explicativo, el momento normativo, el momento estratégico y el momento táctico-operacional. Cada uno de ellos es planteado como instancia que se repite y retroalimenta de manera constante, entendiendo así al proceso de planificación como una cadena continua:
… estos 4 momentos, y por eso los llamamos momentos y no etapas, son un permanente hacer, un permanente aprendizaje, un permanente cálculo, una permanente explicación, un permanente diseño y una acción persistente en el día. Es como una especie de espiral donde estos momentos se repiten incesantemente, pero cambiando de contenido, contexto y lugar en el tiempo (Matus, 1985: 26).
En este sentido, los momentos de la planificación no siguen un orden lineal, sino que se entrelazan en una dinámica constante de hacer, aprender, calcular, explicar, diseñar y actuar. Esta concepción dinámica del proceso requiere de la utilización de diversas herramientas metodológicas, que, si bien no están limitadas a un momento específico, deben ser adaptadas según la realidad territorial, el contexto y los diversos actores involucrados.
En el análisis de estos distintos momentos, es esencial comprender su naturaleza dinámica y multidimensional. Cada momento de este proceso no solo representa una parte del todo, sino que interactúa de manera continua e interdependiente con los demás, conformando un ciclo de planificación que se adapta y evoluciona en respuesta a las necesidades cambiantes del entorno y los objetivos del proyecto. Es en este sentido que la planificación es entendida como un modelo de gestión, tanto para ámbitos públicos como privados.
Este enfoque concibe a la planificación como un proceso político-técnico con características fundamentales que lo diferencian del paradigma tradicional. Se destaca particularmente la importancia del componente político presente en el proceso de planificación; se lo entiende también como un proceso de gestión social en el cual son los propios actores sociales involucrados quienes van construyendo la planificación y en donde el técnico pasa a cumplir un rol de facilitador para generar espacios de articulación entre esos distintos actores y donde la viabilidad de los proyectos no está dada desde afuera, sino que se construye (citado en Ramírez Gálvis y Burbano Zambrano, 2014).
A continuación, nos adentramos en la definición y explicación detallada de los cuatro momentos propuestos por Matus (1985), destacando su importancia y sus implicancias en la formulación, ejecución y evaluación de proyectos de intervención. Asimismo, se presentarán algunas herramientas metodológicas, comúnmente utilizadas en estos procesos de planificación, que necesariamente deberán ser adecuadas a cada realidad situacional en la que se plantea la idea de transformación.
Solo a fines didácticos, presentamos este cuadro de síntesis, aunque es importante recordar que los procesos de planificación no son lineales ni estáticos. Se trata de una construcción colectiva y dinámica, caracterizada por ciclos de toma de decisiones, ajustes y redefiniciones. La profundidad de cada análisis dependerá de la complejidad del proyecto, los recursos disponibles y el contexto organizacional en el que se desarrolla.
| Momento explicativo | Momento normativo | Momento estratégico | Momento táctico operacional |
| Diagnóstico | Diseño | Ejecución y evaluación | |
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Fuente: elaboración propia.
5.1. Momento explicativo
El momento explicativo dentro del proceso de planificación de proyectos se refiere a la instancia que busca comprender y analizar exhaustivamente la realidad en la que se va a intervenir. En palabras de Matus, es aquel en que el actor que planifica está constantemente indagando sobre las oportunidades y problemas que enfrenta. En este sentido, “el momento explicativo es el equivalente del diagnóstico en la planificación normativa” (1985: 26). Podríamos decir que el proceso de planificación inicia con la realización de un diagnóstico situacional de la realidad, que examina en profundidad cómo es esa realidad, cómo tiende a ser y cómo llegamos a ella, proporcionando así la línea base necesaria para la posterior formulación de las estrategias.
Se sostiene que el momento explicativo está estrictamente atravesado por la dimensión política del proceso de planificación, la cual se articula a partir de la intervención y los aportes de los actores involucrados. Con base en esto, se hace necesario reconocer que en todo escenario de planificación existe una diversidad de actores, los cuales tienen, a su vez, sus propios planes, objetivos y metas. Así, se hace imperioso considerar tanto la resistencia dinámica y creativa de los opositores como la colaboración de posibles aliados, alcanzable a través de la alineación de objetivos compartidos (Matus, 1985).
Por lo tanto, este momento de la planificación se presenta como aquel en donde se realiza una aproximación sistemática, es decir, con un método, a la realidad en la cual se pretende llevar a cabo el proyecto de intervención, contextualizando la explicación y descripción de la situación problemática. En ese sentido, todo diagnóstico busca expresar una situación inicial que pretende ser transformada mediante la realización de un proyecto que promueva el logro de una determinada situación objetivo.
Partiendo de estas ideas, la explicación diagnóstica de la situación problemática implica pensar esta instancia en diálogo[1] con los actores involucrados, la observación y la revisión de fuentes secundarias y primarias, en cuanto a cuál es el problema que emerge como sentido en la comunidad, en el sector de esta o en la organización pública/privada objeto de intervención. ¿Cuáles son los factores políticos, económicos, sociales, organizacionales o culturales que lo están generando? ¿Cuáles son los efectos o consecuencias que está produciendo? ¿Qué actores están involucrados? ¿Cuáles son sus posiciones respecto al problema? ¿Con qué recursos y capacidades cuentan?
Así, en la fase explicativa del proceso de planificación, se utilizan varias herramientas metodológicas diseñadas para examinar y entender la realidad de forma metódica y sistemática. Estas herramientas permiten a quienes planifican evaluar diferentes escenarios y tomar decisiones informadas que respondan a las necesidades y expectativas de la comunidad implicada. Algunas de estas herramientas pueden ser las siguientes:
- Análisis del contexto: se trata de recolectar y examinar datos acerca del entorno en el que se desarrollará el proyecto, incluyendo información de carácter demográfico, socioeconómico, político, cultural y ambiental de importancia.
- Diagnóstico basado en participación: involucra el reconocimiento y la implicación directa de los participantes en el proyecto para detectar problemas, requerimientos, recursos, habilidades y posibles soluciones desde su punto de vista y experiencia.
- Investigación cualitativa y cuantitativa: involucra la aplicación de métodos de investigación cualitativos (entrevistas, observación participante) y cuantitativos (encuestas, análisis estadístico) para recopilar datos y generar conocimiento sobre la realidad por intervenir. Este proceso también permite la elaboración del marco teórico referencial que guiará el proyecto.
- Análisis del problema (o necesidad): facilita la identificación de las causas y consecuencias esenciales de los problemas o circunstancias detectados, a través del uso de la herramienta árbol de problemas. Esta metodología facilita la visualización analítica de la relación entre causa y efecto en las circunstancias que se identifican como problemáticas. Fundamentada en la lógica causal, el objetivo es adquirir un modelo exhaustivo de todas las causas que generan la situación problemática y los impactos que esta está produciendo en la realidad examinada.
Estas herramientas metodológicas se utilizan de manera complementaria y adaptada a las características específicas del contexto y los objetivos del proyecto, con el fin de obtener una comprensión profunda y fundamentada de la realidad que sirva como base para la toma de decisiones en los momentos posteriores de la planificación.
5.2. Momento normativo
Siguiendo la lógica de los momentos en el proceso de planificación, el normativo se refiere a la instancia en la que se establecen los objetivos y metas que se consideran ideales o deseables para la situación que se está abordando. Es el momento en el que se define cómo debería ser la situación una vez que se implementen las acciones planificadas. En esta fase, se establece el “deber ser” de la realidad analizada, lo que proporciona una direccionalidad clara para el proceso de planificación, y orienta las acciones hacia la consecución de resultados específicos y deseables.
Nuestro autor entiende el momento normativo como aquel en el cual el actor que planifica diseña cómo debe ser la realidad o la situación abordada. El “deber ser”, lo que se aspira alcanzar, deriva de manera lógica y coherente de las acciones estratégicas delineadas durante este momento de la planificación. En este sentido, Matus (1985: 31) advierte:
El momento explicativo se mueve en el plano de cómo es, cómo tiende a ser la realidad y cómo llegamos a ella… En cambio, el momento normativo se mueve en el plano de cómo debe ser la realidad. Aquí la interrogante central es: “¿A dónde queremos ir?”.
Para Mallardi (2021: 86), pensar en términos normativos implica establecer un horizonte de cambio en la situación actual, lo cual está estrechamente relacionado con debates sobre qué tipo de sociedad deseamos promover a través de nuestras intervenciones. En este sentido, aspectos éticos, políticos, económicos, sociales, culturales e ideológicos convergen en el momento normativo del proceso de planificación. De manera operativa, esto se traduce en la definición de la situación objetivo, que representa un futuro alternativo al cual se aspira contribuir mediante la implementación del proyecto de intervención.
Pensar en la situación objetivo y en sus componentes principales, como el objetivo general, los objetivos específicos y las metas, implica establecer la dirección y el propósito del proyecto de intervención. La situación objetivo representa una alternativa concreta y mejorada en comparación con la situación problemática identificada en el momento anterior del proceso de planificación. En otras palabras, la situación objetivo implica definir una postura política orientada hacia la transformación de la situación problemática existente, proporcionando un horizonte claro para guiar las acciones del proyecto hacia el cambio deseado.
Siguiendo con las herramientas metodológicas del proceso de planificación, en este punto nos introducimos al análisis de actores involucrados, entendiendo que este es un proceso continuo que debe realizarse durante todos los momentos de la planificación. Podemos decir que los actores son personas, grupos u organizaciones que controlan recursos y toman posición en la situación en la que se busca intervenir. Para cada uno de los actores, es necesario identificar qué objetivos tienen en relación con el problema bajo estudio y cuáles son sus recursos políticos, económicos, cognitivos y organizativos, cuyo manejo les permite influir en la situación (Subsecretaría de Fortalecimiento Institucional, Secretaría de Gestión y Empleo Público, Jefatura de Gabinete de Ministros, 2021: 20).
Teniendo en cuenta esto, la participación activa de los involucrados en todo el proceso de planificación es fundamental, ya que permite
- obtener información valiosa sobre el contexto y las necesidades de los diferentes actores,
- lograr un mayor compromiso y apoyo a la planificación,
- identificar y gestionar los conflictos de intereses, y
- mejorar las capacidades y la calidad de las decisiones y estrategias.
Con base en esto, podemos decir que el análisis de involucrados es una herramienta esencial en todo el proceso, ya que permite asegurar la participación activa de los actores y el éxito de la planificación. Ahora bien, siguiendo con las herramientas metodológicas que se implementan en los distintos momentos y contextos, en la instancia normativa, aquella donde se diseña participativamente un futuro deseado, se parte de la delimitación del propósito u objetivo general y los objetivos específicos del proyecto, a partir del análisis de la situación problemática en el momento explicativo.
En este sentido, la técnica de árbol de objetivos es una herramienta gráfica que se utiliza en la planificación estratégica situacional (PES) para descomponer un objetivo general en objetivos específicos, medibles y alcanzables. Esta herramienta permite visualizar de forma clara y ordenada la relación entre los diferentes objetivos y las estrategias para alcanzarlos. Para ello, una vez construido el árbol de problemas, las situaciones negativas que se han identificado, tanto las causas como las consecuencias y el problema central, deberán ser reformuladas de manera positiva. Esta reformulación, mediante nuestra acción de traducción literal de una situación negativa a una deseada y positiva, constituye la generación del árbol de objetivos. Por lo tanto, el análisis de los objetivos se apoya directamente en el árbol de problemas, por lo que necesariamente debemos realizar primero el de problemas, y de una manera exhaustiva, para garantizar un adecuado análisis del árbol de objetivos.
A continuación, mostraremos un ejemplo simple y claro de construcción de árbol de problemas y árbol de objetivos, propuesto por el área de Proyectos y Programación de Inversiones del ILPES, y citado en Ortegón, Pacheco y Prieto (2005).
Árbol de problemas

Fuente: Ortegón, Pacheco y Prieto, 2015: 17.
Árbol de objetivos

Fuente: Ortegón, Pacheco y Prieto, 2015: 18.
De esta manera, podemos observar cómo el problema central es transformado en objetivo principal/propósito general; las causas identificadas se transforman en los medios, y las consecuencias, en los fines del proyecto de intervención. Es importante destacar que el árbol de objetivos se construye de abajo hacia arriba, convirtiendo problemas en soluciones y definiendo los medios para alcanzar esas soluciones. En este sentido, el árbol de objetivos permite desglosar el objetivo general en objetivos específicos y acciones concretas, estableciendo relaciones de causalidad entre ellos.
La identificación, explicación y descripción de la situación problemática y la consiguiente construcción de la propuesta direccional orientada a revertirla tienen como continuidad lógica la elaboración de las estrategias necesarias para que el “deber ser” se torne posible. Por cierto, esto implica, en palabras de Matus (1992), llevar a cabo las acciones necesarias para darle viabilidad política, económica e institucional a la propuesta. De este modo, en términos de planificación situacional, la construcción de la viabilidad se operacionaliza en tres dimensiones articuladas: tomar las decisiones inherentes al desarrollo de la propuesta, poder operar en la puesta en práctica del proyecto y lograr que el proyecto permanezca desarrollándose en el tiempo previsto.
5.3. Momento estratégico
Como venimos relatando, el proceso de planificación comienza con la identificación, explicación y descripción de la situación problemática por abordar. A partir de esto, en el momento normativo, se construye una propuesta direccional que busca revertir la situación. Esta propuesta direccional necesariamente debe traducirse en estrategias concretas para que pueda ser implementada, entrando así al tercer momento estratégico de la planificación. Esto implica, según Matus (1992), darle viabilidad política, económica e institucional a la propuesta.
La construcción de la viabilidad, según Mallardi (2021), se operacionaliza en tres dimensiones articuladas: toma de decisiones, que se refiere a las decisiones necesarias para el desarrollo de la propuesta; operatividad, que se refiere a la capacidad de poner en práctica el proyecto; y sostenibilidad, que se refiere a la capacidad de mantener el proyecto en el tiempo previsto.
Entendiendo esto, la planificación de proyectos de intervención no es solo cuestión de tener objetivos claros y planes de acción, sino que también requiere de la habilidad para articular intereses, superar limitaciones y establecer relaciones estratégicas con los diferentes actores sociales involucrados. Para que el proyecto sea viable, es necesario comprender las posiciones de los actores sociales, negociar con ellos y conseguir los recursos necesarios. Además, se deben superar las limitaciones del escenario donde se implementará el proyecto y construir relaciones de confianza y colaboración con los diferentes actores. En este sentido, la planificación requiere de una mirada amplia que considere los diferentes aspectos sociales, políticos y económicos que pueden afectar el éxito de un proyecto.
En cuanto a las técnicas metodológicas que se utilizan en el proceso, aquí podemos identificar dos claves para el momento estratégico: el análisis de actores involucrados (trabajado anteriormente) y el análisis de las alternativas de solución. Una vez definidos los objetivos del momento normativo, se procede al análisis, visualización y selección de aquellas opciones que sean viables para la mejora de nuestra situación problemática.
En este sentido, y siguiendo a Lapasini, Molina y Ambroggio (2023: 50), a través del análisis de las alternativas, pasamos de un momento donde identificamos las situaciones deseables a un momento donde el foco de atención está en lo realizable, en aquello que se identifica como “lo posible” en ese contexto, con esos actores territoriales y con esas relaciones, recursos y capacidades disponibles o adquiribles. En este momento deberemos realizar un análisis minucioso y selectivo, pues difícilmente podamos influir con nuestro proyecto en todos los ámbitos identificados. Debemos pasar, entonces, de lo deseable hacia lo factible. En síntesis, el análisis de alternativas supone la revisión permanente de los objetivos propuestos y de los recursos y relaciones necesarios para alcanzarlos, trabajando así en la construcción de la viabilidad de nuestra propuesta de intervención.
5.4. Momento táctico operacional
En el proceso de planificación estratégico situacional, Carlos Matus (1985) define el momento táctico-operacional como la instancia donde se concreta y operacionaliza la propuesta estratégica para alcanzar los objetivos planteados. Se trata de un proceso continuo de toma de decisiones, ejecución de acciones y evaluación de resultados que busca asegurar la viabilidad y el éxito del proyecto. Según Mallardi (2021: 90), una vez desarrollados los momentos anteriores, se hace necesario avanzar en la mediación entre el conocimiento y la acción, donde, a partir de la implementación, la propuesta direccional debe ir adaptándose a los procesos sociales.
“Dado que este momento implica la síntesis entre conocimiento y acción, las exigencias de la realidad suelen ser inmediatas, lo cual demanda capacidad de anticipación para que la toma de decisiones cotidianas permita avanzar hacia los objetivos planteados” (Mallardi, 2021: 90). En este punto, la planificación se caracteriza por la flexibilidad y adaptación a los cambios del entorno y una evaluación continua de los resultados alcanzados; por la participación fundamental de los diferentes actores sociales implicados en el proyecto; y por un proceso de aprendizaje continuo de reconocer los errores y ajustar la estrategia en función de los resultados.
En el momento operativo-táctico, se utilizan diferentes herramientas y técnicas metodológicas que permiten su desarrollo.
- Programación de la ejecución: se definen las medidas, recursos y plazos necesarios para alcanzar la meta.
- Presupuesto: determinación del presupuesto necesario para financiar el proyecto.
- Cronograma: creación de una planilla sistemática de actividades con plazos y responsables.
- Ejecución: las medidas previstas se llevan a cabo de acuerdo con el cronograma y el presupuesto establecidos.
- Seguimiento: supone la supervisión continua, o seguimiento de las actividades para asegurar su cumplimiento. Para ello es imprescindible desarrollar indicadores, expresiones cuantitativas y cualitativas que aporten la información necesaria para determinar si se han alcanzado los objetivos planteados.
- Evaluación: proceso sistemático y reflexivo en el que se evalúa el logro de los objetivos y el impacto del proyecto mediante los indicadores definidos.
- Retroalimentación: la información de la evaluación se utiliza para mejorar la planificación e implementación de proyectos futuros.
- Finalmente, se comprende que el momento táctico operativo es un elemento crítico en el proceso de planificación de proyectos porque permite traducir las propuestas estratégicas en acciones concretas, adaptarse a los cambios del entorno y aprender de los errores para asegurar el éxito de la propuesta de intervención.
6. Palabras de cierre y algunos ejemplos
Sobre la base de lo que hemos discutido en este capítulo, el proceso de planificación de un proyecto de intervención es una tarea compleja y multifacética que requiere una comprensión profunda de las realidades de la intervención, una visión clara de los objetivos que se deben alcanzar y un objetivo claramente definido. Se requiere una estrategia de implementación. Se han realizado intentos para integrar la teoría y la práctica de manera consistente y proporcionar una guía integral y práctica para planificar proyectos de intervención. A través de momentos operativos descriptivos, normativos, estratégicos y tácticos, enfatizamos la importancia de una planificación flexible y adaptativa, facilitada por la participación activa de los actores sociales y el uso de diversas herramientas metodológicas que venimos analizando.
La planificación no es solo una tarea técnica, sino también un proceso político y social de negociación de intereses, movilización de recursos y creación de consensos. La capacidad del planificador para articular estos factores y adaptarse a los cambios en el entorno es fundamental para el éxito de cualquier proyecto de intervención. Es importante comprender que la planificación es un proceso de aprendizaje y adaptación continuos; cada fase se basa en la anterior, y el compromiso y la participación de las partes interesadas son esenciales para lograr los cambios deseados. Esperamos que las herramientas y enfoques presentados sean de utilidad para profesionales y estudiantes enfocados en el desafío de cambiar la realidad. La planificación de manera participativa y adaptativa puede generar cambios significativos y duraderos y contribuir al bienestar y desarrollo de las comunidades.
Finalmente, diseñamos un proyecto de intervención pensado para ayudar tanto a los estudiantes como a los planificadores a estructurar y crear propuestas para garantizar que todos los aspectos importantes se consideren y tengan en cuenta. Aquí se presenta una guía que los ayudará a lograrlo.
7. Ejemplos de trabajos finales de grado que asumieron esta modalidad
- Molina, María Luna (2017). Conformación de la Secretaría de Participación Ciudadana de la Municipalidad de Villa María. TFG Lic. en Ciencia Política. Universidad Nacional de Villa María. En biblio.unvm.edu.ar/opac_css/index.php?lvl=cmspage&pageid=9&id_notice=32325.
- Grassetti, Florencia Victoria (2018). Escuela provincial de formación en género del gobierno de Córdoba. TFG Lic. en Ciencia Política. Universidad Nacional de Villa María. En biblio.unvm.edu.ar/opac_css/visionneuse.php?lvl=afficheur&explnum=2809#page/98/mode/2up.
- Rothlisberger, Hernán (2023). Proyecto de intervención para la coordinación entre las instituciones que intervienen ante accidentes viales en la localidad de Villa Santa Rosa, departamento Río Primero. Trabajo final de grado. Licenciatura en Seguridad. Universidad Nacional de Villa María. En biblio.unvm.edu.ar/opac_css/index.php?lvl=notice_display&id=45819.
8. Formulario orientativo para la escritura de un proyecto de intervención
1. Título (denominación del proyecto)
1.1. Tema que involucra
Describir la situación que será intervenida y aquellas dimensiones asociadas, como aspectos históricos, legales, políticos, sociales, económicos, culturales, entre otros. Describir el problema o necesidad central, sus causas y efectos. Identificar sectores y áreas implicadas. Reflejar la urgencia u oportunidad de intervenir.
1.2. Resumen del proyecto (máximo 250 palabras)
Consignar brevemente contexto y coyuntura del proyecto con oportunidades y posibilidades. ¿Cuál es la necesidad o el problema que resolver? Incluir brevemente los objetivos. ¿Cuáles son las estrategias centrales? Describir los resultados esperados, presupuesto y el tiempo requerido para su ejecución.
1.3. Marco institucional del proyecto
Describir a la organización responsable del proyecto. Puntos que incluir: naturaleza de la organización, misión/función; recursos y capacidades disponibles en función de los objetivos del proyecto; estructura orgánica en la que se inserta este.
1.4. Otras instituciones que se vinculan al proyecto
Actores externos que intervienen y tipo de participación principal en el proyecto. Enunciar el tipo de compromiso de las otras instituciones: puede referir a aportes económicos, de locación o préstamo de espacios, de aportes técnicos, organizativos u otros. Estos diferentes actores involucrados pueden ser personalidades, universidades, Estado, empresas, organizaciones territoriales y personas en particular.
1.5. Ámbitos donde se desarrollará el proyecto (alcance y localización territorial)
1.6. Antecedentes del proyecto
Indicar aspectos referidos a experiencias anteriores vinculadas al tema que sean propias de la institución responsable y experiencias externas en ese territorio. Incluye la posibilidad de remitir la información obtenida de informantes clave. Recuperar también otras proyecciones que pueden estar vinculadas a otros territorios, o de otras escalas, para tomar como respaldo de la intervención o de la metodología propuesta.
1.7. Marco conceptual y normativo
En el apartado se expresan las variables y categorías teóricas que se encuentran reflejadas en el problema central o la necesidad identificada, como también el enfoque desde el cual se aborda el proyecto. Referenciar el marco normativo que regula el proyecto, tanto a nivel local, provincial, nacional o internacional según corresponda.
1.8. Relevancia y justificación del proyecto
Tomando como base las indagaciones preliminares y los hallazgos producidos en el diagnóstico participativo, se describen los aspectos que hacen relevante la implementación del proyecto. Incluye la viabilidad política, social y económica. La pertinencia del proyecto se describe mediante la referencia a los aportes reales a problemáticas y necesidades sociales o productivas relevadas/identificadas. La justificación debe responder a la consigna de por qué es prioritario desarrollar este proyecto en materia de efectividad técnica, viabilidad y avales político-decisionales.
2. Plan operativo de trabajo
2.1. Objetivo general
Representa el qué del proyecto. Pretende resumir la acción sintética central, el propósito del proyecto. Suele ser solo uno, iniciado con un verbo en modo infinitivo.
2.2. Objetivos específicos del proyecto
Se trata de desagregados conceptuales y operativos del objetivo central. Estas subpartes del objetivo central se vinculan a las dimensiones teóricas de los conceptos centrales y de las principales causas identificadas que dan sentido al tema del proyecto. Todo objetivo será claro, alcanzable y medible.
2.3. Estrategias/componentes: decisiones organizadas en torno al árbol de objetivos
Este apartado responde al cómo. Cómo se organizarán sistemáticamente las acciones de manera coherente y medible para lograr los objetivos. Se suelen organizar en componentes vinculados a los objetivos específicos. Las estrategias o componentes contienen actividades contempladas para su concreción.
2.4. Usuarios/as directos/as e indirectos/as de los resultados del proyecto (según corresponda en función del objetivo central del proyecto).
Organizaciones sociales, empresariales, académicas, gubernamentales, personas, etc.
2.5. Cronograma integrado
Se propone organizar, en función de cada objetivo específico, las actividades que lo integran, señalando además los indicadores de cumplimiento y los medios de verificación. Finalmente, la orientación de las fechas. Un medio de verificación puede ser una planilla de asistencia que, de no ser aplicada y señalada, puede arriesgar las posibilidades de registro para la etapa de evaluación.
| N.º objetivo/s específico/s | Actividad | Indicador de cumplimiento y medio de verificación | Fecha Inicio | FechaFin |
3. Duración total del proyecto
Indicar si hubiera una planificación por etapas.
4. Estrategia de evaluación de resultados
La evaluación implica una metodología dirigida a medir resultados e impactos y se refiere a las formas y los modos en que se realiza lo planificado y su relación con los objetivos y los tiempos previstos. Refiere a los indicadores y técnicas de evaluación, así como los medios de verificación que utilizar. Se pueden detallar en el cronograma integrado.
5. Presupuesto
Honorarios profesionales, técnicos, administrativos, servicios técnicos especializados (en caso de que la organización designe personas ya vinculadas, también se incluyen los honorarios, aunque se destaque que no se incluyen en un financiamiento extra o externo. Agregar tantas filas como sea necesario).
| Descripción | Monto mensual ($) | Cant. de meses | Monto ($) |
| Subtotal | $ | ||
Bienes de consumo (insumos de oficina, movilidad, servicios, entre otros; agregar tantas filas como sea necesario).
| Descripción | Monto ($) |
| Subtotal | $ |
Equipamiento (cabe señalar y discriminar entre los dispositivos preexistentes y los que se requiera adquirir. Agregar tantas filas como sea necesario).
| Descripción | Monto ($) |
| Subtotal | $ |
6. Bibliografía utilizada
7. Anexos
Dependen de cada proyecto, según su necesidad. Pueden ser nómina y roles de participantes involucrados desde las organizaciones, listado de técnicas e instrumentos aplicados para la realización de diagnósticos y medios de verificación de indicadores, actas de compromiso con entidades y contratos, datos estadísticos, entre otros.
Referencias bibliográficas
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Lapasini, Carina; Molina, Luna y Ambroggio, Joaquín (2023). “Capítulo 1: Planificación y políticas públicas locales desde una perspectiva transformadora”. En Gabriel Suárez Fossaceca y Carina Lapasini. Pensando las políticas en clave local. 1.º ed. – Villa María: Universidad Nacional de Villa María. Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales.
Mallardi, Manuel (2021). Planificación situacional y trabajo social: Contribuciones teórico-metodológicas para la elaboración de proyectos sociales. En Intervención, Revista del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Alberto Hurtado, vol. 11, n.º 1, pp. 77-95.
Matus, Carlos (1985). Planificación, libertad y conflicto. Cuaderno de IVE-PLAN, Venezuela.
Matus, Carlos (2007). MAPP. Método Altadir de planificación popular. 1.º ed. Buenos Aires. Lugar Editorial.
Ortegón, Edgar; Pacheco, Juan y Prieto, Adriana (2005). Metodología del marco lógico para la planificación, el seguimiento y la evaluación de proyectos y programas. ILPES. Santiago de Chile.
Robirosa, Mario (1996). Articulación, negociación, concertación. Acto Social, n.º 16, Córdoba.
Rofman, Adriana (2001). Las herramientas conceptuales y metodológicas de la planificación estratégica. Material de apoyo para el curso de posgrado—Desarrollo local en áreas metropolitanas, UNGS, p. 22.
Stagnaro, Daniela y Da Representaçao, Natalia (2012). El proyecto de intervención. En Lucía Natale (coord.). En carrera: escritura y lectura de textos académicos y profesionales (pp. 157-178). Universidad Nacional de General Sarmiento.
Subsecretaría de Fortalecimiento Institucional, Secretaría de Gestión y Empleo Público, Jefatura de Gabinete de Ministros (2021). Guía de planificación y seguimiento de gestión de políticas públicas. Colección “Fortalecimiento Institucional: Construyendo capacidades para un Estado presente”. Buenos Aires. Subsecretaría de Fortalecimiento Institucional.
- Es necesario destacar que los proyectos de intervención ensayados por estudiantes, para espacios curriculares o en el desarrollo de sus trabajos finales de grado, pueden encontrar ciertas limitaciones de recursos y capacidades al momento de implementar estrategias participativas para la definición de la situación problemática que abordar. En este punto, es importante que puedan relevar datos, analizar y generar información proveniente de fuentes primarias y secundarias que permitan construir una problemática situada y factible de intervenir.↵






