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El informe de práctica profesional en salud

Ana Heredia

1. ¿Qué es un informe de prácticas en salud?

El informe de práctica profesional[1] es un documento académico y formativo que integra y evidencia el proceso de aprendizaje, las experiencias adquiridas y las actividades desarrolladas por las y los estudiantes durante un período determinado de su formación de grado. Su elaboración se enmarca en un contexto de formación profesional disciplinar donde se articulan los saberes teóricos, metodológicos y éticos con la experiencia concreta en los distintos dispositivos y territorios de intervención.

El informe se sitúa dentro del marco de la escritura académica, destacándose por reflejar la experiencia práctica vivida y el análisis epistemológico y teórico desarrollado. A través de una perspectiva situada, integra saberes y habilidades para interpretar la información obtenida de la realidad.

Su propósito principal es responder a objetivos específicos, evidenciando un riguroso proceso de investigación e interpretación. Para ello, el desarrollo del documento requiere la elaboración de borradores preliminares –asegurando la precisión y claridad del contenido final– y haber obtenido los consentimientos informados necesarios para desarrollar dicho proceso.

Este tipo de género escrito se caracteriza por las siguientes cualidades:

  • Claridad y coherencia: una estructura lógica que facilite la comprensión.
  • Formalidad y ética profesional: empleo de un lenguaje técnico adecuado, evitando el uso de expresiones coloquiales, cuidando y resguardando la identidad de las personas.
  • Objetividad y flexibilidad intersubjetiva: presentación precisa y neutral de los hechos, sin exageraciones ni sesgos personales, respetando el contexto y las situaciones de las personas.
  • Buena presentación: formato ordenado, con criterios de presentación formal y académica determinados, como márgenes apropiados, numeración de páginas y una disposición conceptual, secuencial y visual adecuada.
  • Corrección ortográfica y gramatical: un nivel elevado de redacción que garantice la calidad del informe.

En resumen, este documento constituye una herramienta clave para documentar y analizar de manera teórico-reflexiva y técnica las experiencias y aprendizajes obtenidos durante las prácticas profesionales.

Las prácticas profesionales en salud constituyen espacios de aprendizaje situados, que se desarrollan en diversos contextos institucionales y niveles de intervención –como hospitales, centros de atención primaria, dispositivos comunitarios, programas municipales, instituciones educativas, entre otras– y presentan diferentes niveles de intervención, profundidad y complejidad según el tipo de práctica profesional y el año de formación en que el estudiante se encuentre. En consonancia con lo que postula el aprendizaje basado en competencias, estas experiencias promueven el desarrollo integral de saberes, habilidades, actitudes y valores que permiten a las personas actuar de manera pertinente en contextos complejos y cambiantes.

Estas experiencias “prácticas” en dispositivos de salud y en aproximación territorial son fundamentales porque permiten vincular la teoría con la praxis, favoreciendo un aprendizaje significativo y crítico. En palabras de Paulo Freire (2005: 33), “no hay práctica sin teoría ni teoría sin práctica: ambas se encuentran en la acción transformadora del sujeto en el mundo”. Desde esta perspectiva, las prácticas se configuran como escenarios donde se pone en juego la reflexión-acción, posibilitando la construcción de conocimientos situados y éticamente comprometidos con la realidad sociosanitaria.

Desde esta mirada, el informe de práctica profesional se configura como una herramienta clave para la sistematización de experiencias, la evaluación de competencias y la construcción de sentido. No se trata solo de un requisito académico, sino de un espacio de escritura reflexiva donde el/la estudiante puede:

  • reconocer los saberes puestos en juego en la intervención en los dispositivos de salud y territorial, en sintonía con el sistema sanitario local;
  • analizar críticamente los desafíos éticos, políticos y metodológicos enfrentados en las resoluciones de los casos;
  • visibilizar los aprendizajes situados y las transformaciones personales y colectivas vividas.

Así, el informe se convierte en un dispositivo pedagógico que permite recuperar la experiencia como fuente de conocimiento, fortalecer la autonomía del sujeto en formación y aportar a la mejora continua de los procesos institucionales y comunitarios.

2. ¿En qué contextos y por qué se elabora?

El informe de prácticas representa un proceso de pensamiento complejo, teórico y reflexivo, que equilibra la subjetividad y la objetividad en el análisis de los procesos implicados. A lo largo del texto escrito, se abordarán con mayor profundidad estos aspectos, destacando el enfoque metodológico, las herramientas teóricas empleadas y los aprendizajes obtenidos, con el fin de ofrecer una visión integral del proceso desarrollado.

La elaboración del informe de práctica involucra la participación de tres actores fundamentales: el supervisor académico[2], el tutor de práctica y el estudiante que lleva adelante el proceso. Este documento, enmarcado dentro de la escritura académica, se construye a partir de elementos claves que permiten sistematizar la información recolectada. Representa, además, una experiencia situada que combina un análisis crítico con un enfoque epistemológico y teórico para interpretar la realidad de manera integral.

Asimismo, el informe se constituye en un antecedente esencial por ejemplo para la generación de investigaciones, la realización de aportes a equipos interdisciplinarios, como insumo para la proyección de políticas públicas, entre otros, aportando un valor significativo principalmente para los dispositivos e instituciones involucradas.

Pero, sobre todo, el informe de práctica aporta al aprendizaje profundo del/la estudiante en el campo, al permitirle

  • reconocer y nombrar los saberes puestos en juego en contextos reales, complejos y cambiantes;
  • desarrollar competencias profesionales vinculadas a la intervención situada, la toma de decisiones éticas y la articulación disciplinaria e interdisciplinaria.
  • fortalecer la capacidad de análisis crítico, integrando teoría y experiencia desde una perspectiva comprometida y situada;
  • proyectar futuras intervenciones, a partir de la sistematización de lo vivido, la identificación de buenas prácticas y la reflexión sobre los límites y posibilidades del accionar profesional;
  • construir una identidad profesional sensible al contexto, abierta al aprendizaje continuo y orientada a la transformación social.

Desde esta perspectiva, el informe no es un cierre, sino una apertura: una herramienta pedagógica que potencia el pensamiento crítico, la autonomía y la capacidad de incidir éticamente en los territorios que habitamos y transformamos.

Es importante destacar que el informe de práctica profesional puede elaborarse de manera individual o grupal, sobre una comunidad, territorio o institución. La modalidad seleccionada dependerá de las características del proceso de práctica, si es de intervención o no, y dependerá de la etapa en la que se encuentre el o la estudiante. Su elaboración debe ser previamente planificada y acordada con los referentes académicos supervisores y el tutor o tutora de práctica.

Cabe señalar que la escritura del informe es un proceso progresivo, que puede extenderse a lo largo de todo el período de cursado de la práctica, permitiendo sistematizar de forma gradual y progresiva los avances y reflexiones desarrollados.

En este sentido, el informe de práctica profesional se convierte en un documento que reúne la información más relevante del proceso, adaptándose a las necesidades y requerimientos de la situación o caso particular. Además, su elaboración debe contar con las autorizaciones necesarias de quienes supervisan, guían y orientan el proceso, así como con el consentimiento informado de la persona, grupo, institución o comunidad involucrada, garantizando en todo momento el resguardo de su identidad y privacidad.

3. La construcción de la subjetividad en el desarrollo del informe de práctica profesional

La redacción y estructuración del informe de práctica profesional requiere la sistematización de información de manera clara y coherente, permitiendo comunicar eficazmente los aspectos más relevantes a los destinatarios. Este proceso involucra la subjetividad en la intervención, evidenciando cómo cada individuo analiza, gestiona y cuestiona la situación, superando preconceptos y construyendo su subjetividad e identidad profesional.

Según Herrera Pardo (2021), citando a Freud (2006), Bion (1974) y Lacan (2013), resulta esencial desprenderse de teorías preestablecidas para escuchar verdaderamente a los demás. Estos autores subrayan que la única manera en que un sujeto puede desarrollar su subjetividad y singularidad genuina es a través del encuentro con otro que acepte y tolere el no saber y el vacío. Pero ¿qué significa esto?

En términos simples, el “no saber” no se refiere a ignorancia o falta de interés, sino a la disposición a no tener todas las respuestas de antemano. Es la actitud de quien se abre a la experiencia del otro sin imponer certezas, permitiendo que surjan preguntas, dudas y nuevas formas de comprender y escuchar. En el campo de las prácticas profesionales, esto implica que tanto el estudiante como los acompañantes (tutores, supervisores, equipos) se animen a escuchar sin juzgar, observar sin apurar, intervenir sin imponer. En este no saber, surge material importante para el informe de práctica profesional, como información registrada en el diario de campo (que luego será insumo para el informe).

Por su parte, el “vacío” no es algo negativo, sino un espacio de construcción: es ese lugar donde todavía no hay una respuesta cerrada, donde algo puede surgir. Es el silencio que permite que el otro hable, el tiempo que se necesita para pensar, el respeto por los procesos que no se pueden forzar. En contextos de intervención, aceptar el vacío es reconocer que no todo se puede resolver de inmediato, que hay situaciones que duelen, que incomodan, que nos interpelan… y que justamente por eso nos enseñan.

Aceptar el no saber y el vacío es, entonces, una forma ética de estar con el otro y construir un vínculo y el razonamiento clínico, de acompañar sin invadir, de construir conocimiento desde la experiencia compartida. Es también una oportunidad para que el/la estudiante se descubra a sí mismo/a en el hacer, en el preguntar, en el equivocarse y volver a intentar. Porque es en ese espacio de incertidumbre donde se gesta la singularidad, la creatividad y la potencia transformadora de cada futuro profesional. Más concretamente, el desarrollo de la subjetividad está vinculado a establecer relaciones que prioricen la práctica sobre la teoría, favoreciendo una perspectiva auténtica, que luego quedará registrada en el informe.

Esto nos conduce a la idea central de la “práctica entre varios”, entendida como un proceso colaborativo y colectivo de coconstrucción entre el o la estudiante y el sujeto, grupo o comunidad. Sin la creación de un vínculo terapéutico, no es posible acercarse a la realidad de las personas ni desarrollar una práctica centrada en la persona.

Herrera Pardo (2021) destaca que la “práctica entre varios” ocurre en paralelo con otras prácticas cotidianas que moldean la subjetividad, como pasear, cocinar, comer juntos, jugar o realizar actividades creativas como el teatro. De acuerdo con De Halleux (2014), Maleval (2011), Coccoz (2014) y Seynhaeve (2014), estas experiencias contribuyen gradualmente a configurar una práctica terapéutica en la cual el sujeto se forma a partir de sus propias palabras, mientras que el profesional o futuro profesional facilita la circulación de la palabra.

En este marco, los autores no descartan el dispositivo tradicional del consultorio, pero lo redefinen: ya no como un espacio donde alguien posee un saber sobre otro, sino como una práctica que fomenta el flujo de la palabra. Así, el diálogo deja de ser una imposición de saber y se convierte, como una danza, en un espacio de intercambio y construcción de sentido. Metafóricamente, dialogar se asemeja a un camino que se recorre y construye mientras uno se forma a sí mismo.

En este sentido, el informe identifica y organiza los aspectos clave que guiarán un proceso de acompañamiento a la vida de una persona, grupo o comunidad en un momento determinado, respetando los acuerdos establecidos con los actores principales del proceso. Aunque esta tarea no es sencilla, resulta crucial en la formación de futuros profesionales, quienes deben actuar con ética y compromiso desde el inicio de la práctica profesional.

3.1. ¿Qué lugar ocupa la objetividad en el informe de práctica profesional?

La objetividad en el informe de práctica profesional se define como la capacidad del o la estudiante para mantener una perspectiva “realista y neutral”, evitando la influencia de prejuicios o intereses personales en la selección de estrategias de intervención o acción y en la escritura del proceso que se desarrolla. Esta objetividad resulta esencial para garantizar un enfoque riguroso y profesional durante todo el proceso.

El informe actúa como una hoja de ruta, permitiendo no solo comunicar las decisiones acordadas, sino también describir los conocimientos teóricos y las herramientas empleadas. Asimismo, evidencia el trabajo de investigación y estudio realizado para dar respuesta a una situación específica. En este marco, la objetividad funciona como una herramienta clave que permite al estudiante o profesional

  • evaluar su desempeño y habilidades sin sesgos;
  • identificar áreas de mejora;
  • establecer metas realistas;
  • fomentar la colaboración y la eficiencia en el trabajo.

Al mismo tiempo, la objetividad define las perspectivas teóricas y epistemológicas desde las cuales se lleva a cabo el proceso de intervención. Esto permite organizar y describir la información de manera concreta y realista, guiando la escritura académica de forma efectiva.

Pero es importante resaltar la postura de Agazzi (2019), quien analiza cómo la objetividad y la rigurosidad han influido en el desarrollo de la ciencia y nuestra comprensión de la realidad. Señala que la objetividad científica no depende únicamente del objeto y el método de estudio, sino también del entramado intersubjetivo y la situación histórica. Además, destaca la importancia de la ética y el rol de la metafísica como marco preliminar para la comprensión científica. La metafísica implica reconocer que hacer ciencia no es solo aplicar técnicas, sino también pensar críticamente, dialogar con otros saberes y asumir una responsabilidad ética frente a lo que se investiga y se transforma. La objetividad, entonces, no es neutralidad absoluta, sino una construcción colectiva que requiere apertura, reflexión y compromiso.

Por otro lado, Najmanovich (2016) cuestiona la concepción tradicional de la objetividad, argumentando que esta, en su momento, contribuyó a desvalorizar y patologizar ciertos modos de vida. Sin embargo, en la actualidad, esos mismos modos de vida generan nuevos imaginarios y aportan valores y estilos que antes eran rechazados o directamente combatidos por la sociedad estatal normalizada (p. 250). Este cambio implica mucho más que un simple ajuste de paradigma; exige, como plantea Najmanovich, una transformación que en el informe de práctica profesional se traduce en una forma diferente de poner el cuerpo, sentir el mundo, expresarse y convivir.

En este sentido, el informe de práctica profesional se redacta desde una perspectiva de pensamiento complejo, una visión que Edgar Morin (1990) ha destacado como clave para las ciencias sociales y humanas, dado el aumento en la complejidad de los fenómenos sociales. Como menciona Najmanovich (2008), la complejidad no es un objetivo final, sino una forma de cuestionamiento e interacción con el mundo. Constituye tanto un estilo cognitivo como una práctica rigurosa, que rechaza estándares y modelos predefinidos. Para hacer honor a la complejidad, es preciso tomar en serio la advertencia de Deleuze (1977): “No hay método, no hay receta; sólo una larga preparación” (p. 77).

Así, como hemos reflexionado hasta este punto, la elaboración del informe de práctica profesional no es sencilla. Exige del o la estudiante un esfuerzo por integrar saberes y vivencias situadas, lo cual requiere un proceso de orientación. Es fundamental permitirse recibir acompañamiento durante la escritura, compartir la experiencia con otras personas en el mismo proceso y aprovechar las recomendaciones de docentes supervisores y profesionales cercanos tutores. Este apoyo resulta clave para guiar y enriquecer la propia experiencia formativa.

4. La escritura: las condiciones y la estructura del texto

Hasta ahora se han desarrollado los aspectos claves de pensamiento que intervienen en la construcción cognitiva de la información destinada a ser sistematizada en el informe. A continuación, profundizaremos en las cuestiones formales de su presentación y redacción, como género académico.

En primer lugar, como se mencionó previamente, este tipo de texto pertenece al género de la escritura académica. Según Botta (2002), el informe académico consiste fundamentalmente en la descripción de fenómenos observados y su interpretación, basada en el conocimiento teórico disponible. Este enfoque permite evidenciar el aprendizaje adquirido y la capacidad comprensiva y explicativa lograda por el o la estudiante.

El texto académico tiene como propósito transmitir información y se fundamenta en la asimetría entre el emisor, quien posee el conocimiento, y el receptor, quien lo desconoce. Por medio de este texto, se intenta aproximar los conocimientos de ambas partes. Para cumplir con este objetivo, el emisor debe seleccionar cuidadosamente la información y emplear un estilo claro, objetivo y preciso, haciendo que la materia expuesta sea comprensible para el lector. En este sentido, el o la estudiante que enfrenta la construcción de un texto académico debe superar la mera adquisición de léxico, gramática o estructuras textuales, y enfrentarse a una práctica que, como señala Cassany (2011: 13), “requiere un aprendizaje más global, que también incluya aspectos pragmáticos, culturales y retóricos”.

La escritura académica abarca todos los textos producidos en el ámbito universitario por estudiantes, docentes e investigadores, con el propósito de difundir el conocimiento científico (Corte, 2018). Este tipo de escritura constituye una habilidad esencial que los y las estudiantes deben desarrollar para su futuro desempeño profesional, dado que la elaboración de informes con diversos enfoques es una práctica común en su formación y ejercicio laboral.

4.1. Coherencia y cohesión en la escritura académica

La coherencia y la cohesión son pilares esenciales de la escritura académica, ya que permiten la construcción de textos claros y comprensibles. Según Vargas Castro (2024), la cohesión se logra mediante el uso adecuado de conectores discursivos, mecanismos referenciales y recursos léxicos que establecen relaciones lógico-semánticas entre las ideas. Por su parte, Palacios Briones et al. (2020) afirman que la coherencia global depende de la continuidad temática y de una organización lógica de la información, lo que facilita la comprensión del lector. Ambos elementos son fundamentales para garantizar que los textos académicos cumplan con estándares de calidad y sean efectivos en la comunicación.

Coherencia

Cohesión

Se enfoca en la organización lógica del contenido, asegurando que las ideas estén conectadas y el texto sea comprensible en su totalidad.

Se centra en los elementos lingüísticos y gramaticales que unen las oraciones, como conectores, pronombres y referencias.

Responde a la pregunta: “¿Tiene sentido el texto en su conjunto?”.

Responde a la pregunta: “¿Están unidas las oraciones entre sí a nivel superficial?”.

Ejemplo: Una introducción, desarrollo y conclusión bien estructurados.

Ejemplo: uso de conectores como “por lo tanto”, “sin embargo”, “además”.

4.2. Características del informe académico

El texto académico de carácter informativo detalla los resultados obtenidos en una etapa específica del proceso terapéutico y describe el procedimiento llevado a cabo para la recolección de información. Este documento implica un proceso riguroso de búsqueda, selección, análisis, comprensión y síntesis de información, basada en marcos teóricos relacionados con el ámbito de la práctica, complementado con el análisis de la realidad observada.

Además, el informe aborda la formulación, desarrollo y resolución de un problema, adaptándose en su extensión y estructura a los objetivos planteados y a la información que se desea sistematizar. La organización de la información es predominantemente descriptiva, permitiendo la claridad y coherencia en la presentación de los resultados.

El lenguaje empleado es claro, conciso y directo, con párrafos breves que facilitan la lectura. El vocabulario suele ser especializado y formal, integrando términos técnicos acordes al campo de estudio. En cuanto al estilo de redacción, puede ser en primera persona del singular (por ejemplo, “observé”), en primera persona del plural (“observamos”) o en forma impersonal (“se observa”). Sin embargo, se prefiere generalmente la tercera persona para mantener un tono objetivo y profesional.

4.3. ¿Cuáles son los elementos que estructuran un informe de práctica profesional?

Como hemos explorado, el informe de práctica profesional reúne información clave organizada de manera sistemática. A continuación, se describen los elementos esenciales para su estructuración y presentación.

Es importante aclarar que este esquema es un ejemplo, ya que la estructura puede variar según los requerimientos curriculares de cada espacio de práctica profesional y las normativas institucionales. En este caso, tomaremos como referencia la estructura sugerida en el ámbito de la Práctica Profesional II de la Licenciatura en Terapia Ocupacional de la Universidad Nacional de Villa María (Córdoba, Argentina). Este informe corresponde al proceso de intervención en el campo de salud mental comunitaria.

Se debe tener en cuenta que la escritura del informe es progresiva, extendiéndose durante todo el proceso de cursado. Por ello, resulta crucial desarrollar documentos preliminares sujetos a correcciones y recomendaciones que consoliden el aprendizaje y la profesionalización. Registrar información en un diario de campo o cuaderno de campo, bitácora u otro medio similar es una práctica altamente recomendable, ya que puede servir como apoyo y memoria para la elaboración del informe.

Así mismo, es importante dejar en claro que el uso de la teoría como fundamento para la toma de decisiones y los análisis está presente en todos los momentos de la práctica y, por lo tanto, también a lo largo de todo el informe escrito.

Estructura del informe

Portada

  • Título: indica que se trata de un informe de práctica profesional y especifica el área en la que se realizó.
  • Autor/a: nombre completo del o la estudiante.
  • Docentes y supervisores: nombres de las docentes a cargo del espacio de práctica y de quienes la supervisaron.
  • Carrera o especialidad: nombre de la práctica profesional, carrera o disciplina.
  • Institución académica: nombre de la universidad, instituto o centro de formación.
  • Institución de práctica: nombre y datos de la institución donde se realizó la práctica.
  • Período de la práctica: fechas de inicio y finalización del período.

Índice

El índice organiza y jerarquiza los contenidos del informe, facilitando al lector la localización de secciones específicas. Incluye una lista estructurada de títulos y subtítulos, que representan las etapas del proceso de intervención.

Introducción

  • Explicación breve del objetivo del informe.
  • Justificación de la relevancia de la práctica profesional.
  • Descripción de la institución donde se desarrolló la práctica, incluyendo ubicación, características principales y, si aplica, misión, visión y valores.
  • Detalles sobre el área específica y las actividades realizadas, así como las funciones generales de la institución.

Desarrollo

Describe detalladamente las tareas efectuadas, las herramientas utilizadas, las teorías en que se fundamenta y los proyectos en los que se participó. Este apartado puede incluir los siguientes ítems:

  • Observaciones individuales y grupales.
  • Guías e informes de entrevistas (individuales y grupales).
  • Modelos y resultados de evaluaciones.
  • Planes e intervenciones (individuales y grupales).
  • Cuaderno de campo u otros dispositivos de registro.

Conclusión

En este apartado se realiza un análisis crítico, abordando los siguientes ítems:

  • Comparación entre expectativas iniciales y la experiencia real.
  • Principales dificultades y su gestión.
  • Aplicación de conocimientos teóricos.
  • Desarrollo de habilidades técnicas y blandas (trabajo en equipo, liderazgo, comunicación).
  • Impacto de la práctica en la formación profesional. Este apartado reúne los aprendizajes adquiridos durante el período de práctica, resaltando la importancia de la experiencia profesional en la formación integral. Asimismo, se plantean recomendaciones destinadas a mejorar las futuras prácticas profesionales o a optimizar los procesos en la institución receptora. Estas sugerencias buscan fomentar un enfoque de mejora continua, favoreciendo tanto el crecimiento personal como el institucional.

Bibliografía

En esta sección se presentan las fuentes bibliográficas utilizadas para sustentar los conceptos, normativas y teorías incluidas en el informe. Es fundamental que las referencias cumplan con el formato establecido, como las normas APA, garantizando la validez y profesionalismo del documento.

Anexos

Se incorporan en este apartado las evidencias relevantes que apoyan el trabajo realizado. Entre estas se pueden incluir informes, gráficos, fotografías, formularios empleados, copias de documentos pertinentes (si se permite y resguardando la identidad de las personas, grupo o comunidad) y cualquier otra documentación que refuerce el contenido del informe. Adicionalmente, pueden añadirse comentarios, retroalimentación o evaluaciones proporcionadas por el/la supervisor/a de las prácticas.

Referencias bibliográficas

Agazzi, E. (2019). La objetividad científica y sus contextos (G. Domínguez Cárdenas, Trad.; M. G. Narváez López, Rev. técnica). Fondo de Cultura Económica & Universidad Panamericana.

Argentina (1995). Ley de Educación Superior, Ley n.º 24.521. Boletín Oficial de la República Argentina, 7 de agosto de 1995.

Bion, W. R. (1970/1974). Aprender de la experiencia. Paidós.

Botta, M. (2002). Tesis, monografías e informes: Nuevas normas y técnicas de investigación y redacción. Biblos.

Cassany, D. (2011). Sobre las fronteras retóricas del español escrito. Cuadernos Comillas, (1), 11-36. En repositori.upf.edu/bitstream/handle/10230/21498/Cassany_CUADERNOS_COMILLAS.pdf.

Coccoz, V. (2014). La práctica entre varios: Una invención lacaniana. Grama Ediciones.

Corte Vitória, M. I. (2018). La escritura académica en la formación universitaria. Narcea Ediciones & Universidad Panamericana.

De Halleux, A. (2014). Clínica y discurso: La práctica analítica en instituciones. Grama Ediciones.

Deleuze, G. & Parnet, C. (1977). Diálogos. Pre-Textos.

Documento sobre el artículo 43 de la Ley de Educación Superior (versión del 1 de julio de 2013) [Informe técnico]. Ministerio de Cultura y Educación & Consejo de Universidades. (2013).

Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (30.ª ed.). Siglo XXI Editores.

Freud, S. (2006). Más allá del principio del placer (3.ª ed.). Amorrortu.

Herrera Pardo, M. (2021). Escuchar al otro: Subjetividad y psicoanálisis en la práctica profesional. Editorial Universitaria.

Herrera Pardo, M. (2021). La formación de la subjetividad en las prácticas [Tesis doctoral, Universidad de los Andes]. Facultad de Educación, Doctorado en Educación. Bogotá, Colombia.

Lacan, J. (2013). Écrits: Los escritos completos (2.ª ed., Trad. J. V. Pérez). Paidós.

Ley n.º 24.521 de Educación Superior. Congreso de la Nación Argentina (1995). Boletín Oficial de la República Argentina, 10 de agosto de 1995. En www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/ley-24521-1995-25394.

Maleval, J.-C. (2011). El autista y su voz (Trad. J. L. Etcheverry). Grama Ediciones. (Obra original publicada en 2009).

Morin, E. (1990). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.

Najmanovich, D. (2008). Mirar con nuevos ojos: Nuevos paradigmas en la ciencia y el pensamiento complejo (1.º ed.). Editorial Biblos.

Najmanovich, D. (2016). La construcción colectiva de la experiencia: El mito de la objetividad. Editorial Biblos.

Palacios Briones, F. E., Gómez-Parra, M. E., & Espejo Mohedano, R. (2021). Coherencia, concordancia y cohesión en la enseñanza de la escritura. DIGILEC: Revista Internacional de Lenguas y Culturas, 7, 105-115. En doi.org/10.17979/digilec.2020.7.0.7189.

Programa de la materia Práctica Profesional II: Licenciatura en Terapia Ocupacional (cuarto año, primer cuatrimestre) [Documento interno]. Universidad Nacional de Villa María, Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Humanas (2025). Carrera de Licenciatura en Terapia Ocupacional. Resolución C. Superior n.º 248/2015; Resolución Ministerio n.º 386/19.

Seynhaeve, D. (2014). La dirección de la cura y la posición del analista. Grama Ediciones.

Vargas Castro, E. (2024). Cohesión en el fortalecimiento de la escritura académica de estudiantes universitarios. Revista de Educación, 33, 109-138. Recuperado de fh.mdp.edu.ar/revistas/index.php/r_educ/article/view/8266.


  1. Ley de Educación Superior n.º 24.521, Artículo 42: introduce la formación práctica general para todas las carreras universitarias. En el artículo 43, se enfoca en las carreras reguladas por el Estado, donde la práctica profesional es obligatoria, con criterios de intensidad y acreditación periódica.
  2. El rol del supervisor académico es acompañar pedagógicamente a las y los estudiantes en sus trayectos formativos con relación a análisis de casos y contextualización de los contenidos teóricos prácticos. El supervisor académico es el docente a cargo del espacio de práctica, y en este caso pertenece a la universidad. Mientras que el tutor de práctica pertenece al grupo, institución o comunidad donde el estudiante realiza su práctica. Generalmente el tutor es un profesional que desempeña sus tareas en el ámbito y pertenece al campo profesional en el que el estudiante se está formando.


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