La política en femenino en el accionar de las organizaciones. Potencialidades y desafíos en la lucha contra los feminicidios en México
Juntas y entrelazadas resistimos: la propuesta de las Políticas en femenino y sus constelaciones conceptuales
El amor entre mujeres me ha mantenido viva tanto tiempo. El amor entre mujeres, aunque puede ser amargo, efímero o doloroso, nutre y fortalece. Y es una respuesta a la desesperación con la que nos confrontamos continuamente, cuando nos preocupamos por el resto de nuestras vidas. Y en la medida en que nos preocupamos, nos necesitamos todavía más mutuamente y a nosotras mismas.
Audre Lorde
Me siento a escribir este capítulo incontables meses luego de haber iniciado la ruta, tanta lectura, tanta escritura, reflexión, análisis, dolor y afectaciones han sucedido para llegar hasta aquí, y no sé cómo empezar. ¿Dónde se encuentra la punta del hilo para desarmar el enredo del ovillo? O tal vez, partir de un nudo, para que al desatarlo pueda comenzar la trama, y la urdimbre. Decido partir por el nudo. El nudo que cierra la red del dominio del capitalismo colonial patriarcal y el predominio de lo masculino (Gutiérrez, 2014), el nudo ciego que se cierra sostenido en las violencias interminables hacia nuestros cuerpos: el nudo que queremos desarmar. Apostar que el desarme del nudo puede ser mediante el pensar, sentir y corporalizar desde nosotras mismas, en femenino, plurales maneras de construir capacidad común para sentirnos seguras y libres, proteger nuestros quehaceres y nuestros lugares en el mundo, desarmando, paso a paso -nudo a nudo-, el conjunto de múltiples violencias que nos atrapan y excluyen (Gutiérrez, 2014).
Dicho esto, inicio con la primera puntada, traducida en interrogantes a modo de coordenadas: ¿qué es la política en femenino?, ¿qué tipo de herramientas, prácticas de lucha, caben dentro de esta noción?, ¿en qué discursivo y en qué materializado, se traducen políticas gestadas desde el lugar femenino del mundo? ¿lo que no se hace desde el estado, cómo lo pensamos? ¿cómo se teje la trama y la urdimbre de los vínculos, solidaridades, confianzas, la capacidad colectiva de las luchas contra el agravio? Como expuse en el apartado introductorio, por políticas en femenino entendemos a aquellas que parten, enfatizan y sitúan su centro de acción en el compromiso colectivo con la reproducción y sostenibilidad de la vida en su conjunto, y la defensa de lo común (Gutiérrez, 2017a).
La socióloga, filósofa, matemática y activista mexicana Raquel Gutiérrez Aguilar, propone el término. Cómo llegué a el, es una de las memorias deambulantes parte de este caminito. Imagino que debe haber sido en alguna de las búsquedas por lecturas “académicas”, “teóricas”, de esas que hagan sentido, y que me permitieran traducir aquello que sentía respecto de las luchas y las resistencias de las mujeres contra la violencia, un poco validar mis emociones mediante la puesta en palabras dichas por referentes del campo (referentes que una admira, por su pasión, su escritura, su coherencia). Me vinculo académica y laboralmente con la “violencia de género” desde mi práctica profesional en 2014, hasta hoy. Entre las tantas temáticas que caben dentro de los análisis feministas sobre la vida, para mí las violencias son el problema más insoportable, y no me puedo-ni quiero desvincular de allí. Duele, y convoca, porque cruza el cuerpo y las trayectorias vitales de todas nosotras. Como duele tanto, la afectación emocional y corpórea me pedía, que para la tesis me dedicara al otro lado, entregar mente-corazón-y-cuerpo a poner de relieve los caminos de la resistencia y las luchas cotidianas de las mujeres ante el embate del patriarcado capitalista colonial que nos mata. También como una decisión que versaba en hacer el proceso más “llevadero”: si miraba las luchas y potencialidades de transformación, no dolería tanto leer y escribir, sentir. Pero, para llegar a este capítulo que versa sobre el corazón palpitante que sostiene la vida -de esta tesis, y el plano habitado-, había que pasar por un largo y profundo camino previo. Volveré a estas reflexiones sobre la ruta en las conclusiones y epílogo.
El verano de 2019, una muy querida amiga me trajo de Barcelona “Horizontes comunitario-populares. Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas” (2017a), de Raquel Gutiérrez. Lo leí, re-leí, subrayé, absorbí, en las semanas que pasamos juntas ese verano en las playas de Pichilemu[1]. Pensaba, ¡esto es!, ¡esto es todo lo que pienso, tal cual!, ¡esta es mi tesis! – claro que luego la confección del plan de tesis fue mucho más complejo que sencillo-. En el capítulo 3, -escrito en Puebla, México (2013)- “Políticas en femenino: transformaciones y subversiones no centradas en el estado” estaba el centro de aquellos sentidos que buscaba:
Se asientan, sí, en acuerpamientos de hombres y mujeres sólidamente fundados, pero no se agotan sus posibilidades y horizontes en el limitado perímetro de sus pequeños intereses. A ese pequeño ámbito restringido e insignificante pretende reducirlas la otra lógica, lo lógica política nítidamente masculina del capital y del estado. Sin embargo, la política en femenino, las múltiples dinámicas de producción y defensa de lo común centradas en la garantía de condiciones materiales para la reproducción de la vida, una y otra vez se presentan en la escena pública esforzándose por generalizarse y desbordando los límites en los que sistemáticamente buscan ser ubicadas. En estas potencias, y no en la perspicacia racional de ninguno ni en la siempre precaria capacidad de aparatos estatales cercados por gigantescos intereses privados, están la posibilidad y la fuerza para imaginar-producir acciones y horizontes de transformación política y social. Distinguir y reconocer los rasgos de esta política en femenino y, sobre todo, entender las lógicas siempre emparentadas y siempre distintas de producción de lo común que se construyen y reconstruyen en nuestro continente es caminar en dirección de la autoemancipación común. (Gutiérrez, 2017a, p. 86)
Ahora bien, ¿por qué el calificativo “en femenino”?, podría interpretarse a priori -y livianamente- desde una lectura enclaustrada en el paradigma binario occidental, como una política hecha por mujeres. Más allá de la reducción insulsa, la intención versa, siguiendo a Raquel Gutiérrez (2017a), en la distinción de una forma específica de lo político que enfatiza en dos cuestiones:
- Primero, establecer el eje de atención en el compromiso colectivo con la reproducción de la vida humana y no humana en su conjunto. Pues, en enlace a lo planteado por Silvia Federici (2013), -y aquí sumo lo aportado por Rita Segato desarrollado en el primer capítulo-, una de las consecuencias más graves del capitalismo impuesto a nivel mundial -y por añadidura, la modernidad/colonialidad y el patriarcado moderno/colonial- es la escisión de la vida toda en dos ámbitos jerárquicamente excluyentes: lo productivo (público, del capital) y lo reproductivo (de la vida en su conjunto). Desde aquí, Federici apunta a enfatizar en las posibilidades de la transformación social y lo político en la dimensión reproductiva y no en las variantes de la gestión de acumulación de capital.
- Segundo, Gutiérrez (2017a) utiliza la expresión “en femenino”, porque al asumir como eje de lo político lo asociado a la producción, defensa y ampliación de las condiciones para la reproducción de la vida, se hace necesario establecer un sentido de inclusión, difícilmente analizable dentro de los paradigmas de comprensión de lo político, hegemónicamente masculinos y de acumulación de capital asentados en términos de pertenencia, ergo, de exclusiones y separaciones.
En femenino entonces, porque el corazón late en la dimensión asociada tradicionalmente a la actividad femenina: la reproducción material de la vida, no exclusiva, pero sí central en tanto su cualidad expansiva y subversiva se enraíza en la posibilidad de incluir y articular la creatividad y actividad humana para fines autónomos (Gutiérrez, 2017a). Con el riesgo de restringirse a esencialismos, la autora hace el alcance pertinente y enfático: constatar un hecho histórico y someter a crítica el “fraudulento horizonte de igualdad” -jurídica, formal, abstracta- que la modernidad ofrece como límite de condiciones a las mujeres y cuerpos feminizados. Los espacios-tiempos en los cuales han sido ubicadas las mujeres exhiben los rasgos más plenos y profundos de la colonización por excelencia (Gutiérrez, 2014).
[…] desde los espacios-tiempos femeninos […] el orden de explotación-opresión moderno se me vuelve inteligible no sólo como capitalista sino, también, como masculino. Es decir, es en el orden masculino y moderno del capital […] donde todo lo relacionado con la producción de lo común y con la reproducción de la especie queda establecido como secundario y se inscribe como ausencia, como falta; donde un conjunto de valiosas e imprescindibles actividades, generalmente consideradas femeninas, se niegan y se ocultan a fin de reiteradamente someterlas. Por eso es que se puede hablar de lo femenino como sitio por excelencia —aunque, por supuesto, heterogéneo— de la colonización, que se funda, entre otros elementos, en reiteradas, sistemáticas y difusas prácticas de exclusión, en la instauración persistente de jerarquizaciones que producen y consagran, una y otra vez, nuevas diferencias y exclusiones; en nombrar para ocultar de tal modo que se inhiba —o se vuelva incomprensible y por tanto inaudible— la voz que no sea proferida desde el lugar autorizado, siempre ligado con la acumulación de capital, la producción de mercancías y el mando; en dificultar dislocando, una y otra vez, la articulación de memoria propia en tanto lo que vale la pena compartir es exiliado persistentemente al lugar de lo irracional o lo no significativo. Son estos lugares en los cuales hemos sido construidas y nos hemos ido construyendo a nosotras mismas como mujeres. (Gutiérrez, 2014, p.88)
Aparecen aquí lo “irracional”, lo insignificante por ser “femenino”, las emociones, los sentires, los afectos, la cercanía cuerpo a cuerpo, lo “subjetivo” que la colonialidad se empeña en degradar y restringir, lo “micro”, lo común. De aquello me aferro para existir, investigar, escribir y aportar teorizaciones encarnadas.
A partir de la invasión e imposición de la colonialidad y el régimen capitalista y moderno/patriarcal, lo masculino se establece como central y medida única de lo humano, un supuesto “neutro” ordenador que instala un eje de enunciación afirmativo: “el Hombre” (Gutiérrez, 2014), el Hombre en la cúspide de la pirámide, hegemónico por sexo/género, raza, sexualidad y clase. En contraparte, desde el “lugar femenino del mundo”, -donde caben cuerpos femeninos y feminizados, los “particulares”, racializados, excluidos-, se gesta un lenguaje específico que se empecina una y otra vez por hablar, por hacer -insistentemente- audible la voz para pensar renovadas y polifónicas políticas en femenino, tendencialmente descolonizadoras (Gutiérrez, 2014).
Nuestras madres —y en muchos casos nosotras mismas— han parido mujeres y también varones; por eso es tan urgente volver a esforzarnos por regenerar y renovar maneras de estar juntos en el mundo. El camino es, a mi juicio, partir de la conciencia plena de que habitamos y somos un cuerpo de mujer. Nombrar el mundo desde ahí, sin miedo a las críticas o a las dificultades, es un desafío que vale la pena, en tanto es mucho lo que puede ser dicho. (Gutiérrez, 2014, p.97)
Desde mi corporalidad habitada, enhebrando con la noción de cuerpo-territorio de las feministas comunitarias xinkas, lo femenino resuena, tanto en la desobediencia a la heteronorma occidental y al designio de nuestras existencias al margen, como en el reconocerme “mujer” enlazada y viva gracias a otras mujeres: en el temor inmanente a la reducción al esencialismo, podemos perdernos, diluirnos. Volviendo a María Lugones (2008), el término “mujer” en sí, sin especificación de la co-constitución/fusión, tiene un sentido racista: la lógica categorial selecciona al grupo hegemónico, “mujer” sinónimo de burguesa, heterosexual, blanca, la deshumanización de la colonialidad de género que ha implicado que ahí, en la “mujer” universal, no cabemos. De allí lo medular de reconocernos situadas, re-significadas en nuestras existencias encarnadas: mujeres de color-no blancas, del Sur, cruzadas por la herida colonial, y en lucha permanente contra el género binario colonial como desintegración de lo comunal (Lugones, 2008). No queremos tener los privilegios del hombre blanco sujeto hegemónico del colonialismo capitalista patriarcal, que excluye a las mujeres y lo femenino de la esfera de autoridad y decisión, de producción de conocimiento y autonomía sobre nuestras propias vidas: el deseo -vuelve a aparecer- de cambiarlo todo (Gago, 2019), es lo que nos moviliza. Impugnar y luchar contra todas las violencias y despojos, tanto las estructurales como las “sutiles”, la explotación sistemática en las dimensiones productivas, reproductivas y afectivas, las formas en cómo nos vinculamos entre seres humanes. Hilvanando con esa radicalidad del deseo, se alumbran horizontes interiores renovados que permiten comprender lo que está tejiéndose: un horizonte de deseo que expresa que lo que se busca cambiar es la vida toda, no sólo el régimen político, no sólo el modelo económico, sino, como se hacen las cosas para asegurar la sostenibilidad de la vida y la posibilidad de construir nuevos-otros vínculos (Gutiérrez, 2018a).
Se abre así una renovada “política del deseo” que es distinta y contradictoria con la actual “política de los derechos”. La política del deseo, la política hablada y practicada “en femenino”, esto es, aquella que subvierte razones y creaciones de una historia narrada en clave “masculina dominante” se propone trastocarlo todo. Este tiempo habitamos, esos enormes desafíos están ante nosotras. (Gutiérrez, 2018a, p. 54)
Inmensos retos y caminos abiertos se presentan, cuando el horizonte del deseo está en cambiar la vida toda. Esta ruta que decidimos andar también implica -nos exige-, cambiar los términos y los lenguajes en los que pensamos y producimos las acciones y prácticas políticas, cómo entendemos la y lo político por fuera de las jaulas del masculino-dominante, estado y capital. Para pensar y repensar “lo político”, Gutiérrez, Navarro y Linsalata (2016) retoman lo planteado por Bolívar Echeverría en dialogo con los aportes de Silvia Federici, pero desde el prisma analítico de aquello que ellas nombran como la producción de lo común, a fin de resaltar y problematizar un conjunto múltiple, polimorfo y variado de prácticas de lo político que pueden alumbrar nuevos y fértiles sentidos de transformación social. El sostenimiento de la vida humana sólo se asegura en la interdependencia con otres, tanto seres y comunidades. No obstante, las formas de existencia comunitaria-social no están dadas ni determinadas de antemano por principios instintivos inscritos en la organicidad animal como en otras especies: las personas estamos “condenadas” a crear, reinventar, actualizar, modificar o ratificar permanentemente las figuras concretas de la socialidad comunitaria (Echeverría, 1998, citado por Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016), un acto interminable de significación del mundo.
En ello descansa la politicidad básica de los seres humanos o lo que Bolívar Echeverría llama lo político, entendido como la capacidad de los seres humanos de imprimir una figura singular, más o menos estable, a su socialidad; de moldear su organización social, dando forma, contenido y sentido al conjunto de las relaciones de interdependencia (de trabajo y disfrute) que interconectan y definen a los seres humanos en tanto sujetos sociales, posibilitando la reproducción de su existencia (Echeverría, 1998). En tal sentido, lo político no es una característica entre otras del proceso de reproducción de la vida humana, sino el carácter constitutivo y específico del mismo. El ser humano, para garantizar su existencia y reproducir su vida, necesita darse una forma con los otros, conformar su socialidad; y a través de ella, conformar su entorno, establecer una relación con lo no-humano, crear su propio mundo de vida. (Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016, p.3)
La politicidad es constitutiva de lo humano, a la vez que histórica, se actualiza y transforma, tomando cuerpo en diversas formas de comunidades, variedad que da cuenta de lo plural y heterogéneo de lo humano en sí (Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016). Ahora bien, bajo la imposición del sistema complejo de dominación colonial, patriarcal y capitalista, se han ocultado sistemáticamente dos dimensiones sustanciales de la reproducción de la vida humana entrelazadas entre sí: de una parte, la invisibilización del trabajo reproductivo a decir de Federici (2013), como el conjunto de procesos emocionales y actividades de cuidado de la reproducción material de seres humanos y que se realizan mayormente en el ámbito doméstico por mujeres; y por otra, se negó la interdependencia comunitaria, afectiva y material que a nivel intergeneracional y desde lo cotidiano hacen posible el sostenimiento de la vida, categorizando lo comunitario como un forma anómala, arcaica, exótica y pre-moderna de organización de la vida social (Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016). De esta forma, lo común, lo comunitario, y todo lo asociado a lo femenino, es despolitizado y transformado en residuo sin valor para el capital y el paradigma masculino-dominante que le da sentido y forma, tras siglos de dominación eurocentrada. No obstante, la vida se defiende:
De ahí el esfuerzo hacia la producción colectiva de una política en femenino para poder hablar de lo común, para nombrar y visibilizar lo que desde otras miradas queda oculto, para relanzar la comprensión de la politicidad de procesos cotidianos y extraordinarios de defensa y cuidado de la vida, de las dificultades y fortalezas anidadas en ello. En femenino, pues, entendido como un lenguaje subversivo y desafiante: como aquella actividad humana esencialmente común, creativa y fluida, donde se asignan significado a los eventos y experiencias que los hablantes comparten, se nombra aquello que existe y que guarda relevancia para quienes comparten y hablan tal lenguaje. (Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016, p. 23)
El lenguaje hablado desde el lugar femenino del mundo que sostiene la vida. Evoco las conversaciones con mi tía-madre Gladys, mientras compartimos algún mate en su casa o cosemos juntas, ella reflexionado sobre su vida que sostuvo tantas otras vidas, esa sabiduría experiencial de las madres, las abuelas, las tías, las que crían, maternan, cosen y zurcen dolores, plantan y cosechan el alimento, preparan el tecito para la pena. Voces no audibles. Para poder pensar la política y lo político más allá de la acumulación del capital y del control del estado, dicen Gutiérrez, Navarro y Linsalata (2016), es necesario documentar y ensayar la generación común de estos lenguajes en femenino, que le dan nombre a experiencias propias, que escuchan atentos lo que otras y otros dicen en sus propios términos, el lenguaje de nosotras que se recrea cotidianamente en procesos de cuidado y creación centrados en la reproducción de la vida, que encarnan afectos, emociones, antiguas sabidurías y renovadas habilidades. Lenguaje hablado amoroso y con la escucha del cuerpo y los afectos dispuestos en diálogos horizontales. Las larguísimas charlas con las abuelas, las tías, con las mujeres campesinas que te convidan a compartir mate y sopaipillas[2] después del taller sobre violencia, audios de quince, veinte o más minutos entre amigas, que escuchamos entregadas y que respondemos con el corazón abierto. Hablarnos suave, con cariño, ternura radical: ¡que no es debilidad, que no es sumisión!
[…] estos afectos no están descarnados. No son los afectos de un racionalismo cartesiano […] sin cuerpo -o sin género y raza-, sino que remiten todo el tiempo a la carne; una carne que es materialidad compleja: parlante, histórica y política […] la carne del deseo, del deseo encarnado y posicionado que anhela el gozo y el roce con la otredad. (Pons Rabasa y Guerrero, 2018, p.2)
Las mujeres, los cuerpos femeninos y feminizados, nos hemos enlazado en acuerpamientos colectivos para defender nuestras vidas -contra todas las violencias machistas-, juntas desde el lenguaje femenino de otras-formas de politicidad, llevamos adelante críticas epistémicas y construcción de conocimientos con profundo arraigo corpóreo y emocional. El despliegue de un deseo femenino de intervenir políticamente en la vida colectiva ha impulsado las luchas, cohesión y fuerza regeneradora mediante prácticas “entre mujeres” (Gutiérrez, Sosa y Reyes, 2018). “El edificio social entero se tambalea íntegramente: la alianza insólita entre diversas que se sostienen entre sí para lanzar sus deseos y dar sus luchas literalmente ‘mueve el piso’ donde se asienta todo el edificio de la dominación-expropiación-explotación” (Gutiérrez y López, 2019, p.411).
Volver a sentir en el cuerpo la emoción desbordante de miles de corporalidades danzantes en las calles, unidas en coreografía y voces enlazadas “ni una menos, vivas nos queremos”, volver a sentirlo evocación y memoria mediante, porque hace meses no podemos encontrarnos: la pandemia nos forzó al encierro, al aislamiento, al desencuentro. Escribo desde un estado pandémico que aun prevalece. Nos quitaron las calles, y nos replegamos a lo doméstico, a lo privado. Sin los entramados femeninos que nos sostienen, la vida no sería posible: pienso en mi mamá, mis tías, mis primas, mis amigas, mis compañeras, profesoras, estudiantas, mis gatas. Los lazos afectivos que salvan vidas, nuestras conversaciones, sueños, utopías compartidas, dolores profundos, proyectos desarmados. Qué más poderoso, transformador y político que los cuidados y el sostenimiento colectivo y amoroso de la vida. Las prácticas de políticas en femenino entre-mujeres desde nuestros horizontes de deseo se manifiestan en la calle y en la casa, en la plaza y en las camas, en la consigna feminista gritada por miles, en la conversación más íntima entre dos amigas que sanan juntas sus agravios, hablándole a la foto de la ancestra que está en nuestro altar, reconociendo y resignificando nuestros linajes femeninos.
La movilización de las mujeres, su desafío al orden, el repudio y denuncia sistemática de la violencia padecida desordena la vida cotidiana tanto como interrumpe la producción de mercancías, altera la violenta cotidianidad de las jerarquías informales en la vida pública al mismo tiempo que repudia los asesinatos de mujeres. Desafía la racionalidad masculina dominante, que es a fin de cuentas la racionalidad de la acumulación del capital y permite vislumbrar caminos profundos para la reorganización general de las relaciones sociales a través de las infinitas maneras en que sabemos relanzar la producción de lo común. Es tan amplia y tan honda la impugnación en marcha al orden social dominante que de manera repentina altera las jerarquías en las casas y en los trabajos, en el espacio público y en las camas. El alcance de la rebelión en marcha de las mujeres habrá que rastrearlo -y producirlo- en el cultivo y cuidado de los contenidos y horizontes de deseo puestos en juego. (Gutiérrez, 2018a, pp.49-50)
Enormes desafíos que nacen en la semilla “más pequeña” de transformación: es un camino de vida y de lucha en medio de un enorme cúmulo existente de nociones y sentidos comunes centrados en el predominio del capital, el estado, el mando y lo masculino acerca de lo político, cada vez más rígidos, cada vez más impotentes (Gutiérrez, 2017a). En este sentido, Raquel Gutiérrez (2017a) sugiere tres nociones que propone como constelación conceptual en torno a lo que denomina políticas en femenino, entendiéndolas como un lenguaje y no como un modelo. Estas tres nociones en cuestión son lo común, las lógicas de producción de lo común y la relación estado-sociedad que estas formas de lo político proponen.
- Sobre el significado que le atribuye a “lo común”: es inmediatamente lo contrario a lo privado, entendido como lo apropiado por alguno en detrimento de lo que es poseído por varios. Pero, lo común no como sinónimo de lo público -aquello que es de ninguno y de todos-, sino, como lo poseído y compartido colectivamente por varios, quienes conforman agrupamientos específicos situados espacial y temporalmente. El nudo de apertura conceptual que propone Raquel Gutiérrez se encuentra en desatar la comprensión de lo común del lastre de la propiedad privada, no pensarlo solamente como algo dado que se comparte, sino, ante todo como algo que se produce, reproduce y reactualiza continua y constantemente: acción colectiva de producción, apropiación y reapropiación de lo que hay, de lo hecho y de lo ofrecido por la tierra -pachamama, ñuke mapu[3]-, logrado por la articulación y esfuerzo común de mujeres y hombres situados histórica y geográficamente.
- Las lógicas de producción de lo común[4], refieren a prácticas comunitarias cotidianas y locales en torno a la solución de problemas específicos y satisfacción de necesidades, desplegadas y reactualizadas, adaptadas y recreadas una y otra vez por diversos acuerpamientos antiguos y modernos entre mujeres y hombres -podría decirse, cuerpos femeninos y feminizados-. La posibilidad se abre para generalizar y articular más allá de lo local de tales lógicas cotidianas, y pensarlas como eminentemente políticas y posible fundamento de proyectos políticos plurales, disputando el restringido significado de lo político y su horizonte estado-céntrico, resaltando la aseguración y protección de las condiciones de reproducción colectiva de la vida en medio de amenazas drásticas de despojo, agravio y violencias. La política desplegada desde allí, de ámbitos múltiples y variados de asociación para la satisfacción de necesidades vitales, política asentada en lógicas de producción de lo común, es una forma legítima de política, en femenino.
- Finalmente, en cuanto a la relación estado-sociedad, se presentan dos formas contrapuestas de concebir lo político. De una parte, las concretas, plurales, centradas en lo común, que abren caminos de convivencia concentrados en la defensa y ampliación de las condiciones materiales que garanticen la reproducción de la vida. Y la otra, centrada en lo estatal, que no termina de someter a crítica una amplia gama de compromisos epistémicos y ontológicos con la herencia de la modernidad/colonialidad capitalista, es decir, la defensa de la existencia de un lugar totalizante para lo universal afirmativo -el estatal-, sitio de enunciación por excelencia de la acumulación de capital en sus variantes. Lo público-estatal es la deformación de un supuesto común ampliado que al vaciarse de contenido en el proceso de abstractalización que organiza su consagración estatal, habilita procesos de despojos múltiples (Navarro, 2012, citada por Gutiérrez, 2017a), ergo, de enajenación y monopolio de la capacidad de decidir sobre asuntos de interés colectivo.
De esta forma, en las políticas en femenino se anida lo común y sus lógicas de producción desplegadas en vínculos colectivos comunitarios por la defensa de la vida y sus condiciones materiales, por fuera de la concentración monopólica de la decisión, del conocimiento y la gestión del capital. No se restringen a los confines limitados de la vereda proporcionada por el estado y sus instituciones y permisibilidad, actúan por fuera, mediante cuerpos enlazados con el corazón situado en la vida en el centro. En condiciones socio-históricas signadas por el predominio de la modernidad/colonialidad capitalista y patriarcal que se sostienen en el despojo, la violencia y la muerte, la apuesta se crea en múltiples, heterogéneas y plurales-polifónicas formas de hablar un lenguaje-otro a la vez que materializar tomas de decisiones colectivas de organización social, desde el lugar femenino y feminizado del mundo. Se enciende la llama-llamada interna, para trazar el camino de transformar radicalmente más allá de sólo feminizar la política, pensarla y corporalizarla en clave femenina, de politizar nuestros afectos, los amores, los cuidados, las emociones, la sensibilidad, la ternura revolucionaria. Pienso en mi maestra Aitza, cuando hablábamos en el taller de etnografías afectivas y autoetnografía, hoy la leo en las redes: la ternura salvaje, implica sacar las garras para la autodefensa y la amorosidad para tejer organización y redes de apoyo, implica reconocer dónde ponemos la garra y donde la dulzura (Idas Oaxaca, 2021). Somos capaces de resistir sin perder la ternura, porque “no queremos ser las que gestionemos el infierno, queremos desarmarlo y construir algo distinto”, dice Raquel Gutiérrez (2017b).
Es tocarle la puerta a la vecina y decirle ‘¿tenés una cebolla?’ Eso es político: es de ahí que debemos partir para retejer la política. La raíz de la nueva política, que de las manos de los hombres que han fracasado en todas partes -fracaso también de los progresismos y de las así llamadas revoluciones- está pasando para ese otro lado. Es lo que nosotras ya sabemos hacer pero no le hemos llamado política porque se clausura como política en el momento de transición a la colonial modernidad. Ese enraizamiento garantiza la vida: esa vecina que me da el huevo cuando no fui al supermercado. (Segato, 2018c, párr. 16)
Hay que hacer la política del día a día, retejer el tejido comunitario, derrumbar los muros que encapsulan los espacios domésticos y restaurar la politicidad de lo doméstico propio de la vida comunal. En esta politicidad de esas tecnologías vinculares surgirá el formato de la acción política capaz de reorientar la historia en la dirección de una felicidad mayor pautada por el fin de la prehistoria patriarcal de la humanidad. Es la política de las mujeres la que ahora tiene su vez. No queremos un matriarcado que sea igual que el patriarcado pero con otros genitales. Es en los dobleces de la vida que está la politicidad femenina. Quizás el gran desafío es cómo crear una retórica a esa politicidad sin subjetivarla, sin transformarla en un matriarcado. Quiero un mundo sin hegemonías, un mundo en plural. El patriarcado es hegemónico, por eso aun siendo mujeres, nuestra mirada sobre el mundo es la mirada del patriarcado, el ojo de todas, todes, todos. Entonces: ¿cómo hacer para romper la hegemonía y no colocar en su lugar ninguna otra hegemonía? (Segato, 2018c, párr. 17)
La interdependencia horizontal emocional y corporal entre seres y colectividades que situamos la vida en el centro, los cuidados, los afectos, lo relacional, prácticas políticas en femenino que se organizan en torno a estos ejes son el espacio de transformación radical en contra de la violencia que nos mata. Cuando leo a Rita Segato y a Raquel Gutiérrez, lo traslado a mi propia genealogía experiencial, y a los cruces de caminos, ritmos, con otras trayectorias vitales feminizadas, y las memorias que nos constituyen. Evoco las múltiples y creativas formas en que las mujeres de mi ruta sostienen la vida, excluidas por un sistema laboral que nos precariza, nos explota y nos oprime, que coarta nuestra creatividad, que nos afecta con dolencias emocionales, psicológicas, que el mismo sistema define, diagnostica y medicaliza con fármacos industrializados. Mientras yo escribo resuena como un eco el diagnóstico del cuadro ansioso depresivo, las depresiones de mis amigas, sus proyectos rotos. Duele, porque estamos un poco rotas, ¿cómo se teje lo que está roto?, ¿qué es lo que nos sostiene? Nosotras mismas enlazadas. Abrazar, escuchar, confiar, cuidar, recuperar, enraizar, reiniciar, sostener, defender, hermanar, acuerpar, enternecer. Las costureras que cosen miles de mascarillas gratuitamente para sostener la vida pandémica, la palabra simpática de mi vecina, la conversación amable con el jardinero, los saludos respetuosos entre personas que habitamos la población. Las familias que deciden sostener ollas comunes de manera autogestiva en los barrios vulnerabilizados, alimentación para personas y para las hordas de perros y gatos callejeros que también merecen cariño y vida: sin “ayuda” monetaria del estado. Los oficios libres, los trueques, lo común, la vida que se defiende.
Sabemos que todo late,
que todo está vivo,
que todo está cambiando.
Revertir el efecto ruina para que sea semilla.
(Periodistas de a pie, 2020)
Valores que trazan la ruta, emociones que son abrazo poderoso, las sensibilidades, vulnerabilidades, solidaridades, confianzas, afectos, goces: son contrarios al régimen de muerte impuesto por el capitalismo y la modernidad/colonialidad, por eso son semillas de vida. Las palabras son duras cuando señalan la violencia, el daño y la muerte, pero las palabras dichas -en un lenguaje femenino- y sus materializaciones corporales, todavía hilvanan el modo en que hemos resistido y cómo vamos aprendiendo a regenerar nuestras fuerzas vitales (Gutiérrez, 2020): entrelazadas resistimos, nos lamemos juntas nuestras heridas para resistir-y-existir como práctica política.
[Nosotras] tenemos otros valores con foco en las relaciones y el arraigo territorial y comunitario capaces de construir un mundo vincular. Pero la colonia nos robó el vocabulario para nombrarlos y defender esos valores y las prácticas relacionales que de ellos se derivan: la reciprocidad, el tiempo para el otro, la conversación, la fiesta, el mancomunamiento, la construcción de una historia común, el proyecto histórico orientado por otras metas de felicidad. Prácticas no productivistas ni competitivas ni concentradoras en el lenguaje hegemónico son calificadas negativamente […] creo que hay que buscar un vocabulario para la politicidad que las mujeres perdieron en el tránsito a la modernidad […] un camino para recuperar un modo de hacer política que se perdió. No se trata de inventarlo, sino de reatar el hilo de la memoria de una historia que fue interrumpida […] es una otra política que no es burocrática sino próxima […] La búsqueda de un vocabulario es fundamental para ponerle nombre a ese olvido, y para hacer reemerger esa política en clave femenina. (Segato, 2019b, pp.81-82)
Politicidad negada pero viva, que nos habilita la creación o re-encantamiento (Federici, 2020) de otro mundo posible, sin hegemonías (Segato, 2018c), así reconstruimos y defendemos la clave feminista renovada de nuestra propia movilización (Gutiérrez, 2018b) política: cuerpos, territorios, vidas, cuidados, emociones, interdependencias. Desde una mirada histórica crítica, los feminismos de Abya Yala -indígenas, comunitarios, afros, populares, decoloniales-, se están haciendo cargo de la dimensión de clase y la dimensión colonial de las opresiones múltiples y las violencias, lo que implica mirar atentas las condiciones concretas para pensar nuestras resistencias y las formas de elaborar la herida, la herida colonial, como condición para trastocar la escena política hegemonizante (público/privado, ciudadanos/dueñas de casa), lo que hace de la política en femenino un camino con arraigo corpóreo, de reivindicación del placer y la autonomía de los cuerpos a favor de vida (Gago, 2018).
Finalmente, voy recogiendo los hilos lanzados al inicio -nudos desatados de por medio-, para continuar con las siguientes piezas que conforman el tejido. Apuesto por las políticas en femenino como herramientas que nos permiten re-pensar, esperanzar y corporalizar en profundidad “lo político” desde un lugar opuesto al mandatado por el capital, la modernidad/colonialidad y el paradigma masculino dominante. Desde las potentes capacidades políticas de las tramas vinculares que se tejen entre mujeres que luchan contra las violencias machistas, donde el corazón palpitante se encuentra en la defensa de la vida, lo común, lenguajes en femenino y prácticas relacionales, vinculares, de interdependencia desde el lugar femenino del mundo.
A todo lo expuesto -que continuará siendo el telar para tramar y urdir el texto de la mano con las voces de las organizaciones, y la mía propia-, decido integrar el bordado con otras hebras que considero profundamente poderosas, sustanciales, para enriquecer nuestras propuestas por otros-mundos-posibles. Dimensiones que he manifestado, y que me niego a ocultar, pero que, no obstante, desde la propuesta de las políticas en femenino como del posicionamiento epistemológico del giro y el feminismo decolonial, quizás no han encontrado un debido espacio o reconocimiento estratégico. Tal vez por la misma “necesidad” de una escritura “aguerrida” como lenguaje para hablarle al poder. Hablo aquí de las emociones y la afectividad, del amor y la amistad como práctica política entre mujeres. En esta línea, tomo el ovillo lanzado por Francesca Gargallo (2021) recientemente, este 10 de marzo en una conferencia para la Universidad de Guanajuato, México. Ella plantea que respecto del odio a las mujeres y a las feministas emanado desde el sistema de dominación y los gobiernos, es indispensable proponer alternativas de existencia-y-resistencia: y aquí, una alternativa histórica y vital, es la amistad entre mujeres como actividad y actitud revolucionaria.
Si la anatomía es un rasgo determinante en la representación del sexo, la amistad entre mujeres está plasmada en los muros de la antigüedad más remota. Desde el paleolítico al neolítico, en faldas, vestidos o pantalones, con adornos, de pelo suelto o complejos peinados, con ponchos o camisolas, se toman del brazo, se siguen unas a otras, trabajan, descansan, participan de rituales, bailan como en las cavernas del levante ibérico, o arrastran hatos de ganado como en el norte de África, procesan alimentos mientras hablan, hacen textiles, socializan con niñas y niños. Mujeres libres, que se cuidan y acompañan, en medio de símbolos de poder y de representaciones de la naturaleza donde puede haber hombres como no. (Gargallo, 2021, párr.1)
Francesca prosigue, recalcando que estas representaciones de las mujeres juntas -sin mirada de posesión o juicio-, dura hasta la edad clásica griega y latina de aquel territorio y luego desaparece, ¿qué pasó?, ¿qué detonó la separación de las mujeres y su aislamiento, su soledad y fijeza? Siguiendo a Gerda Lerner (1990): acaeció la subordinación femenina, lo que no pudo suceder sin la rotura de los vínculos de amistad entre ellas (Gargallo, 2021). En la literatura cómica o trágica, las mujeres aparecen como traidoras, brujas, enemigas, y en la literatura cortesana -de mujeres obedientes a los mandatos patriarcales y de hombres que alcanzaron fama-, se puede ya rastrear una certeza que hoy gritamos juntas-enlazadas en las calles: “nos tienen miedo, porque no tenemos miedo”, es el miedo que le provoca a la cultura patriarcal la cercanía entre mujeres (Gargallo, 2021).
La amistad entre mujeres es una práctica de protección que nace con el juego y las reglas que se van fijando para poder jugar libremente, de manera pactada entre jugadoras, a lo largo de la infancia o en cualquier momento de nuestra vida. Produce complicidad y fortalecimiento mutuo; su carga es revolucionaria porque el sistema ha intentado prohibirla o, por lo menos hacerla lo más difícil posible. Es que la amistad invalida los dispositivos de control social y el patriarcado desea el control total de las conductas femeninas. (Gargallo, 2021, párr.6)
Los afectos que nos sostienen entre mujeres son los que nos han mantenido vivas cuando el sistema-todo nos quiere sumisas, obedientes, separadas o muertas. El abrazo entre mujeres, cómplices, amigas, levantan nuestro amor propio como la hoja de una planta que acaba de ser regada (Gargallo, 2021). Ese abrazo es cuerpo a cuerpo, ahí intercambiamos olores, esencias, sentimos el latir del corazón de la otra en nuestro pecho mientras nos decimos cosas lindas al oído que se esconde tras el pelo. En el núcleo de la liberación está el cuerpo, dice Francesca, nuestro instrumento de vida y de relación, que el patriarcado moderno/colonial se empeña una y otra vez en secuestrar, restringir, separar, es contra nuestros cuerpos vivos, libres y juntos que este sistema tiene una guerra. En contra de la guerra contra las mujeres, nos defendemos acuerpadas.
[…] la amistad [es] sentimiento libre, sin vínculos legales ni familiares que atraviesa, en ocasiones, clases sociales, niveles educativos, nacionalidades. Una relación libre no es regulada; aunque responda a sus propias reglas, éstas no son institucionales, por lo tanto, la relación se escapa al control del poder. ¿Qué significa que en las calles del país se coree que no nos defiende la policía, sino nuestras amigas? De entrada, la desconfianza hacia la institución que detenta la violencia legítima del estado y, en particular, la seguridad de que sus abusos son de orden patriarcal. Es decir, que criminaliza la protesta, la denuncia, la exigencia de justicia de las mujeres, precisamente porque de mujeres. Luego, que las amigas, las personas con las que nos relacionamos libremente, son aquellas con las que reconstruimos el pacto social, dialogamos acerca de sus especificidades, coordinamos las medidas de protección contra las agresiones físicas (lo cual en estados feminicidas se convierte en una imperiosa necesidad) […] (Gargallo, 2021, párr.12)
Al entrelazarnos entre compañeras, mujeres, amigas, madres del dolor, cuerpos femeninos y feminizados en contextos de tiranía y de muerte, estamos sosteniendo la vida, al tiempo que evidenciamos una falla en el funcionamiento del estado (Gargallo, 2021) que es impotente ante la potencia de nuestros afectos, ante la potencialidad política -como constitutiva de lo humano- de la afectividad y la interdependencia. Si lo decolonial y el feminismo decolonial no se han dejado permear por estas dimensiones, es una apuesta que me gustaría ensayar-hilvanar a partir de la convicción de que son material sagrado para hacer investigación y construir conocimientos. Desde esta hebra, mi propuesta epistémica versa en situar emociones, afectos, memorias, experiencias y cuerpos-territorios en el centro de las políticas en femenino como camino tendencial a la descolonización, desde una epistemología feminista decolonial situada en el Sur. Como posibilidades abiertas hacia la transformación radical de la vida: el horizonte de deseo, camino para sanar la herida colonial, hoy con los ropajes de una máquina feminicida.
Desde las palabras dichas. Pensamientos y sentires de otras-políticas, en femenino. Nuestras Hijas de Regreso a Casa y Nos Queremos Vivas Neza
Debemos estudiar conscientemente cómo tratarnos con mutua ternura hasta que ésta se convierta en un hábito […] siendo dulces con las demás podemos aprender a tratarnos a nosotras mismas con dulzura […] aprendiendo a ser tiernas con esa parte de nuestro ser que resulta más inabordable.
Audre Lorde
Lo que queremos no cabe en la ley ni mucho menos en tal o cual política pública, sin dejar de saber la importancia de, también, consagrar derechos que después tendrán que seguir siendo peleados; de impugnar jerarquías en el espacio público y de defender recursos materiales que hagan menos dura la existencia. Camino, por lo mismo, lleno de dificultades. (Gutiérrez, 2018a, p.54)
La relación entre la sociedad -organizada y no- con el estado, está determinada por la captura y clausura de lo político en los márgenes establecidos por la modernidad/colonialidad. Estos modos canónicos de la política moderna se desarrollan delegativos, fuertemente jerarquizados y tendencialmente monopólicos de la voz y decisión colectiva sobre asuntos comunes: desde el terreno institucional del gobierno, los argumentos y definiciones se esgrimen en base a un lugar abstracto y vacío de la universalidad estatal supuestamente abarcadora (Gutiérrez, 2017a). Estas nociones actúan hegemonizantes: “esto es y esto no es política”. No solo una vez he escuchado “esto no tiene nada que ver con política”, “acá la política no se mete”, en actividades comunitarias de sostenimiento de la vida: ollas comunes, jornadas de propaganda, encuentros artístico-culturales por la defensa del territorio y vidas dignas, territorios recuperados para huertas comunes. La política y lo político ceñido a los estrechos márgenes designados: el estado, el gobierno de turno, las instituciones, los partidos políticos, deslegitimados y que a la gente le generan tirria. Qué más radicalmente político y transformador que una olla común que alimenta a cientos de familias durante meses de pandemia, levantada por familias auto-convocadas[5] -igualmente precarizadas y empobrecidas-. Pero la despolitización de los vínculos es poderosa, y aunque nos disguste y nos duela el cuerpo, habitamos sociedades estado-céntricas-capitalistas cotidianamente.
En la presentación del libro “Ya no somos las mismas, y aquí sigue la guerra” (2020), Verónica Gago comienza relatando cómo desde el Cono Sur, miramos a México como una excepción: no tuvo dictadura militar, y lo reconocemos también como territorio de recibimiento solidario de muchas personas exiliadas políticas. No obstante, lugares comunes, como el horror de brigadas paramilitares, espacios convertidos en campos de concentración y fosas comunes, angustia de miles de familias en búsqueda de desaparecidas/os, relatos de tortura de sobrevivientes, nos vinculan en el dolor. Pero, esto sucede en el presente, no en los años 70’, es un presente en guerra que hace arqueología de ausencias recientes (Gago, 2020), y no nos alcanzan las páginas para nombrar, ni contamos con la información real de quiénes-y-cuántas mujeres han sido desaparecidas y asesinadas en México desde los 90’. Un campo de guerra, le llamó Sergio González Rodríguez, a esa cartografía movediza que surca México desde la desestabilización del estado a partir del levantamiento zapatista de 1994 y que desemboca en el crimen organizado del siglo XXI (Gago, 2020).
Un campo de guerra contra las mujeres y las comunidades es el que habitamos y el que se despliega con sus propias particularidades socio-históricas en México, una máquina feminicida avalada y que sostiene este orden es frente a la cual las mujeres enlazadas se defienden y con la que además deben gestionar y dialogar. Desde su inicio, las madres de NHRC tuvieron que aprender términos y lenguajes tecnicistas para exigirle justicia al estado, se vincularon en su momento con forenses argentinas que habían trabajado con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo quienes les enseñaron a hacer expedientes y armar fichas de cada caso, tuvieron que aprender de la jerga jurídica y legislativa para manejarse en los contextos de denuncia y procesos legales, tuvieron que aprender a investigar, a litigar, a leer exámenes de ADN, a partir de un feminicidio.
Mujeres tímidas que nunca habían salido de su ciudad o de su pueblo, que nunca habían tomado la palabra fuera del círculo de sus íntimos, se vieron entonces viajando por el país y por el mundo llevando su testimonio y recogiendo las muestras de solidaridad y la respuesta activa de muchos otros a favor de su causa. Aprendieron a construir los expedientes en los que se reúnen las pruebas que las autoridades se niegan a considerar en las investigaciones de los feminicidios y a documentar las pruebas de las ineptitudes y traiciones de los funcionarios encargados de las averiguaciones. Entraron en un universo que las llevó, a medida que su movimiento fue cobrando fuerza, a la posibilidad de apoyar ellas mismas otras causas, otros movimientos y otros reclamos. Sintieron por primera vez que son -como somos todos, muchas veces sin aceptarlo- responsables del mundo en que vivimos y de la necesidad de reconstruirlo a partir del anhelo de justicia. La muerte de sus hijas trajo la muerte de su indiferencia por el mundo. (Salazar, 2006, p.23)
Por su parte, las compañeras de la asamblea vecinal NQVN también tuvieron que adquirir herramientas técnicas, conocimientos y lenguajes para parlamentar, defenderse y acompañar a las familias y madres en sus procesos de búsqueda de justicia. El uso y manejo del lenguaje institucional, legislativo, moderno, estado-céntrico, es una estrategia de defensa y de lucha ante el mismo poder del cual emanan como hegemónicos estos lenguajes. Es hablarle al poder estratégicamente en sus propios términos para que su dominación no sea “tan absoluta”. Pero mientras le hablan al poder, mientras las madres y mujeres litigan, exigen y reclaman ante este -el mismo del cual provienen los agravios que denuncian-, de manera paralela van tejiendo cual textileras laboriosas, lenguajes en femenino y redes de sostenimiento colectivo-amoroso para la defensa de la vida y de lo común.
Asumir esta forma de lo político como un lenguaje significa pensarlo como un conjunto articulado de deseos y anhelos compartidos, de compromisos y prácticas colectivas que permiten a hombres y mujeres expresar lo que sentimos y pensamos, brindándonos la posibilidad de esperanzar, que es la condición necesaria de nuestro caminar, de nuestro transcurrir político más allá de los modelos de gobierno y las órdenes de mando. (Gutiérrez, 2017a, p.72)
Vuelvo a tomar las hebras lanzadas en el apartado anterior, para comenzar con gesto textil, el proceso de bordado de las palabras dichas, de los pensamientos y sentires en torno a otras-formas de politicidad en femenino, encarnadas desde las organizaciones. Las tramas vinculares aparecen como puntada base, que sostiene los cuerpos y la vida, los anhelos de lucha y transformación. Ya lo dice Rubí: desde afuera ya estamos construyendo el otro mundo (Rubí Olvera, 2019), por fuera del estado y su incansable monopolización de la y lo político: en los márgenes suaves de las ternuras salvajes.
Pienso en que hay crecimiento y sanación en la juntanza, cuando las mujeres se juntan en cualquier espacio de conversación respetuosa… de abrazo, de sostén, sanación de la palabra, de la emoción y ahí también hay un ejercicio político, en la juntanza, y sucede en la asamblea. (Areli, 2021)
En la última jornada que tuvimos platicábamos esa parte, donde muchas veces como mujeres nos sentimos atacadas con otras no, y no vemos como a esta amiga que puede escucharme, que puede ayudarme, que entre nosotras podemos rescatarnos no, entonces sí pienso esta parte donde no hay necesidad y nosotros lo llevamos a cabo no, no hay necesidad de ningún partido político, de ninguna persona política, sino que nosotras mismas lo hacemos y llevamos como a cabo, toda esta unión entre mujeres, entre la comunidad. (Lupita, 2021)
Otra de las cosas como clave y que me da como mucha esperanza, porque me parece que marca mucho la diferencia con la forma tradicional de hacer política, es la forma en que estamos intentando vincularnos las mujeres […] las mujeres tenemos mucha disposición a escuchar más, o sea como que estamos interesadas en escucharnos las unas a las otras, sobretodo cuando sabemos que vamos a organizarnos no, entonces me parece que otra de las característica es que existe cierta apertura a escucharnos antes que imponer, que me parece que la imposición es una de las características de la política tradicional […] creo que una característica de la política en femenino es esa como disposición a escucharnos y a no imponer, como a consensuar antes de imponer. (Rubí Olvera, 2019)
Se presenta un reconocimiento claro de la distancia que separa a “esa política” del trabajo construido por la asamblea: allí prevalecen los afectos, el abrazo, la plática entre mujeres que se sostienen y se escuchan, que se rescatan mutuamente. En el otro lado de las líneas abisales de las que habla Boaventura de Sousa Santos (2008), que dividen la realidad social en dos, en ese otro lado de la periferia designada como no existente, que busca desaparecerse: la vida florece. Si esos espacios buscan reiteradamente excluirse, esa negación se transmuta desde el territorio habitado y hecho cuerpo, con la conciencia atenta y crítica de que, del otro lado, se encuentra el monopolio del poder y la violencia legitimada. En ese espacio la emancipación no tiene cabida.
En México cuesta mucho trabajo creer en las instituciones no, bueno porque la historia nos ha pedido ser desconfiadas o nos ha enseñado que hay que desconfiar de los partidos políticos, de los gobiernos, entonces frente a eso y con esa desconfianza pues lo que queda es como generar otras formas de organización y otras formas de acción también no. Entonces sí, yo creo que la asamblea […] hace otro tipo de política, siempre pensando o pensando la política, la justicia y otras cosas desde otro lugar no, también con lo que se tiene y desde ahí bueno es algo que nos separa de la política institucional, porque también implica […] ser creativas y como con esto que tenemos pensar qué podemos hacer y qué mundo nos imaginamos, pero también cómo podemos llegar a ese mundo que nos imaginamos que en este caso sería un mundo sin violencia, sin feminicidio. (Rubí Olvera, 2019)
Creo que tiene que ver mucho con creatividad y lo digo así porque es muy, o sea porque el mundo está pensado desde una política y con esa política se va construyendo el mundo no, entonces romper con esa forma de pensar la política necesita de mucha creatividad […] de inicio es eso, cómo la política en femenino tendría o implica […] ser creativas, como buscarle otro lado a la forma de hacer política actual. (Rubí Olvera, 2019)
Acercarnos a los horizontes de deseo de la transformación radical del mundo, requiere una pluralidad compleja de elementos dispuestos, significa creer y crear otro-mundo posible, ruta que reclama creatividad toda vez que implica la re-elaboración de otras formas de vincularse, de pensar, imaginar, esperanzar acción política. Desarmar, recoger hilos y volver a tejer de otra manera. Para ese procedimiento textil de re tejido de la vida, los pensamientos, emociones y memorias son semilla de epistemologías corporalizadas, desde lugares situados en el compromiso por la vida. En este sentido, la epistemología feminista se ha construido en gran medida en base a las experiencias vitales de cuerpos femeninos y feminizados, es la multiplicidad de experiencias las que le han permitido a los feminismos teorizar. El tejido entonces se realiza en doble sentido: de la experiencia a la epistemología, de la epistemología para dar sentido a la experiencia.
[…] estos feminismos populares que cuestionan lo hegemónico, que cuestionan, cuestionamos hasta nuestra propia postura… reflexionamos con la vecina, con la señora que va al mercado, con todes […] con la Asamblea veo que también hay una apuesta política militante propia porque cuestionamos todo, se cuestiona el feminismo hegemónico, y entonces vemos que construimos nuestros propios conceptos, nuestros propios sentires desde la periferia, desde el territorio, desde nuestro actuar, nuestra lucha, nuestra resistencia, y desde nuestro vivir. (Areli, 2021)
El feminismo desde mi punto de vista es eso, la posibilidad de repensar el mundo en su totalidad no, y me parece que eso es la política en femenino también, o sea esa capacidad de cuestionarnos y preguntarnos prácticamente todo, y por eso a veces se siente mucha incertidumbre creo […] hace muchísimos años o etapas de la historia en donde no nos preguntábamos tantas cosas, y me parece que actualmente estamos otra vez como pensando mucho, pensando casi casi desde el fondo […] es parte de lo que el feminismo y su forma de hacer política nos trae, o lo que se ha desarrollado ahí y más que tener miedo, es eso, es como seguir pensando, seguir reflexionando. (Rubí Olvera, 2019)
El pensamiento y el conocimiento se crean colectivamente. Nuestras ideas, reflexiones, teorizaciones sobre la vida y sus dimensiones, provienen de las experiencias que nos constituyen: la educación formal y la lectura -si es que podemos acceder a ellas-, pero igualmente, y creo en mayor medida, nuestra visión del mundo se crea en la colectividad que nos cobija y que habitamos. El territorio nos determina, las conversaciones con nuestra madre y mujeres de nuestra familia, las charlas entre amigas, los debates en espacios asamblearios y de organización, las consignas escritas o bordadas en los carteles de las marchas, las frases maravillosas que nos comparte alguna compañera en cierto momento, nos marcan. Quedan grabadas en la memoria y en la piel. Después las citamos, y así vamos armando con retazos de vida y de palabra, nuestra teorización respecto del mundo. Contemplar cómo el conocimiento y el pensamiento se crean-tejen desde una vinculación horizontal, de reconocimiento mutuo de la voz y audibilidad de la otra. “Juntas podemos tejer en fino” decía una compañera en el taller de etnografías afectivas, otra dijo “la costura es mi propia escritura”, mientras las escuchaba -siempre conmovida-, me apuraba a escribir lo que decían junto a su nombre[6]. Horizontalidad es reconocimiento.
Ejercer el poder de manera colectiva es una cosa que yo admiro profundamente de la asamblea, que nunca en mi vida lo había experimentado, yo estudié ciencias políticas y en el intento de hacer asambleas sobresalía la fuerza del que habla más, la fuerza del que tiene mayor discurso, y aquí con la asamblea el ejercicio del poder, puedo asegurarlo, se ejerce en colectivo, en red, no hay jerarquías,… solamente hay pensamientos y saberes que se comparten y así se ejerce la reflexión colectiva también. (Areli, 2021)
Desde luego hay otras cosas no, que están mucho mas en las comunidades, en los barrios que es siempre estar pensando como esa posibilidad de pensar en la otra, en el otro, como los vecinos, las vecinas y el vínculo como con esos espacios no, o esos territorios, y me parece que eso también es clave en esa otra forma de hacer política. O sea, como que nos vinculamos distinto con los lugares, con las personas que nos rodean, porque de alguna forma son vínculos más inmediatos. La política tradicional en realidad no fomenta el vínculo, o sea lo que fomenta es como delegar todo hacia un lugar, y los vínculos horizontales hacia las y los de al lado no se fomentan, entonces me parece que esta otra política, desde otros lados, fomenta como eso, como el mirarnos como iguales, y digo, pero más allá de eso, como vincularnos hacia los lados en manera horizontal. (Rubí Olvera, 2019)
Y si preguntan quién es la líder, ninguna es líder no, todas somos la asamblea. Si nos invitan a alguna reunión, alguna mesa de dialogo, no sé, en alguna escuela […] no pues, [si] solo puede una, vas tú, vas a nombre de todas no, o sea no nos decimos “solo soy yo” sino “somos todas”, entonces creo que esa hermandad que hemos logrado hacer entre nosotras es lo que nos ha dado la fortaleza de seguir. (Lupita, 2021)
En base a la horizontalidad se hace posible la construcción de vínculos en reciprocidad. El anhelo por la transformación es la aguja que, tomando plurales hilos para hilvanar, va cosiendo el textil. Como Areli, también recuerdo mi paso por la facultad de humanidades en sociología -2010 a 2014-, espacios del monopolio de la palabra de quien era más “letrado” en militancia y política, de aquellos que hablaban fuerte y argumentaban complejo, la verticalidad, la obediencia a decisiones que la organización central determinaba desde Santiago capital, el agotamiento de escuchar siempre-siempre a los mismos, los egos, los narcisismos, la necesidad de resaltar. Y aquí generalizo en masculino porque en general, eran varones. Luego ya en espacios de construcción feminista, también, muchas veces las dinámicas eran del mismo color. Había un predominio de una forma de hacer política masculinista, y por más que el estado -y el patriarcado- fuera criticado y re criticado, en las asambleas y organizaciones pequeñas se replicaban en menor escala sus jerarquías y “formas de”. Organizaciones que nacían y tenían corta vida, por lo mismo. A muchas compañeras eso nos alejó durante tiempo de espacios de organización, y preferíamos activar de manera autónoma, auto-convocada, pero sin que aquello no dejara una cierta sensación corporal de decepción latente. De esa época, ya varios años, porque me parece que desde un tiempo a esta parte, desde distintos lugares, espacios, territorios, se están tejiendo formas-otras de lucha social: no son nuevas, no son “inventos” contemporáneos, ha sido mirar desde otro prisma y recuperar-reinventar prácticas de relacionamiento horizontales, de vínculos respetuosos para tejer en común-unidad.
Por eso, cuando escuchaba a las compañeras hablar sobre sus vínculos en la asamblea, a Lupita, a Rubí, a Areli, no podía no emocionarme, ¡qué hermoso lo que hacen! ¡cuánta fuerza, cuánta ternura! Las sentía cerca, como un fuego en el corazón me latía el anhelo de viajar a Neza, conocer su barrio, estar con ellas en el territorio, comiendo juntas, floreciendo juntas. La admiración me invade. La política no estado-céntrica tiene en sí esta tendencia a la creatividad y al encuentro afectivo, a innovar los formatos de asociación y organización por fuera de los mandatos masculino-dominantes: es tendencialmente horizontal, horizontalizadora en tanto anti-jerárquica y anti-vertical: tiene como cuestión central la atención a la más comprensiva y amplia deliberación general de los asuntos comunes (Gutiérrez, 2011).
De la mano con la creatividad y la intencionalidad de transformar, viene igualmente un despliegue enorme de energía dispuesta y manifestada en cuerpos sintientes y emocionalidades entrelazadas a flor de piel. La lucha contra las violencias que nos matan sin-sentido es en contra de una adversidad también inmensa que nos atraviesa, y se generan afectaciones que es necesario mirar para cuidar y sanar. Durante siglos de patriarcado moderno/colonial, las mujeres han-hemos sido subsumidas al rol de cuidados de otras y otros, es más, la organización social se sostiene en los cuidados proporcionados por generaciones de mujeres en todos los territorios occidentalizados. En los talleres sobre género y violencia que me tocó realizar en la región[7], entre tantas, una de las dinámicas consistía en que las mujeres, primero de manera individual, hicieran una lista de las prioridades en su vida, y luego la compartíamos en plenaria. La constante se repetía incansable: o eran ellas mismas la última prioridad, o simplemente no aparecían en su propia lista. Las reflexiones que se detonaban eran siempre emotivas, porque para muchas de ellas significaba la primera vez que se cuestionaban su propio lugar, en su propia vida. Podíamos entonces hablar sobre jerarquías, desigualdad, opresión, pero también sobre amor propio y autocuidado.
Sí, ha sido estar reflexionando de: oigan tenemos que poner atención a nuestro cuidado, cuidarnos entre nosotras, escucharnos entre nosotras, también es difícil porque estamos acostumbradas por este rol que se nos ha asignado como mujeres: el cuidar a otres, a otras y luego nos olvidamos de nosotras mismas, entonces creo que hemos hecho un ejercicio de escribirnos y de decir: saben que ahorita no puedo, ahorita no me siento bien, necesito como estar en la cuevita, retraerme y luego regreso, como hacer esto: pausas para tomar fuerzas de nuevo. (Areli, 2021)
Labores domésticas y de reproducción de la vida, cuidado de otras y otros, trabajos formales e informales, estudios, vínculos afectivos y más, se suman a la energía dispuesta en la lucha social: el cuerpo y las emociones se afectan, porque además, es una lucha contra el sistema de dominación articulado, al tiempo que se está soñando y tejiendo otro-mundo. El autocuidado y los cuidados colectivos son fundamentales para sostenernos.
A veces nos descuidamos también emocionalmente, porque es mucha carga emocional toda esta información, toda esta injusticia, esta rabia, esta impotencia, esta tristeza, pero sí son los afectos los que fortalecen estos lados, es un amor político, me gusta mucho […] (Areli, 2021)
Ahorita lo que hemos hecho es reunirnos y hablar de nosotras, de lo que sentimos, porque nos habíamos como solo enfocado […] en las mujeres exactamente que nos escriben y nos piden apoyo, pero nosotras nos estábamos dejando de lado. Entonces lo que hicimos fue reunirnos exactamente para hablar de nosotras, de nuestros sentires, de cómo estamos y eso es lo que hace la unión. (Lupita, 2021)
La comunidad se sostiene en contención mutua y horizontal, las emociones y sentires se sitúan en el centro: son los hilos invisibles que afirman también la lucha. Es muy difícil el camino -ya de por sí lleno de vicisitudes-, cuando estamos afectadas emocionalmente, para luchar debemos estar fuertes, para resistir valientes nos sostenemos en entrelazamientos amorosos. La consigna feminista se hace cuerpo: ya no estamos solas. En ese “nosotras” se recrean cotidianamente cuidados y creaciones centradas en la reproducción de la vida, donde se entrañan afectos, emociones, sabidurías antiguas y habilidades renovadas (Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016): “Sabemos que podemos producir lo común. Sabemos que ello implica un proceso de lucha exigente y sistemático” (Gutiérrez, Gutiérrez, Navarro y Linsalata, 2016, p. 26). Y que la lucha no es fácil, y que “la revolución no es limpia, ni bonita ni veloz” (Parker, 1980, citada por Bidaseca, 2015).
De las claves importantes creo yo, que es como muy sí, como de las cosas que más nos caracteriza, digo no solo a la asamblea sino como al movimiento social en general, incluso a los pueblos y comunidades indígenas, [es] como esta idea de convivir no, de estar con otras personas y que no se está solo o sola en el mundo. (Rubí Olvera, 2019)
Las personas no somos islas, somos seres sociales, somos-parte y existimos-sobrevivimos en comunidad. Estas comunidades se componen a su vez por pluralidades de experiencias, trayectorias, cuerpos y vidas. En los barrios y poblaciones de los sectores excluidos -urbanos y rurales-, en los territorios expoliados merced del capital, habitan igualmente varones, abuelos, padres, hermanos, tíos, hijos, nietos, compañeros, también sujetos a violencias estructurales y muerte: la guerra es contra las mujeres, contra los pueblos y comunidades. En este sentido, en los entramados comunitarios co-existen hombres, mujeres y cuerpos feminizados que se movilizan. En ambas organizaciones, la participación de varones ha estado presente a lo largo de sus trayectos. En el caso de NQVN, fueron vecinos y familiares, compañeros de otras organizaciones quienes se sumaron a los primeros llamados que convocaban a unirse en contra de los feminicidios en Neza. Si bien a medida que la asamblea se iba asentando, estos dejaron de participar activamente -como expuse en el capítulo III-, el trabajo conjunto con ellos ha prevalecido de otras maneras.
De hecho, por ejemplo, hay aliades, el parque de La Llanta donde también hay hombres, y es importante la vida […] y tiene que ver también con defender, reivindicar el trabajo, la lucha de la gente en la periferia. (Areli, 2021)
Platicamos esta parte, que el feminismo pues es esto, también ayudar a otras mujeres, este, compartir el tiempo […] también con los hombres no, también los hombres pueden estar […] no nos cerramos a la posibilidad de chambear con ellos, de que ellos también entren a la chamba que hacemos, los compañeros del parque La Llanta que yo te digo, donde hacíamos las jornadas, pues ellos también entran como en la chamba cuando hacíamos las jornadas ahí […] no nos cerramos a esa posibilidad, nosotras creemos que esta parte que hacemos también es feminismo, cuidarnos entre nosotras. (Lupita, 2021)
Reconocer la presencia de pluralidades vitales cruzadas por violencias múltiples implica igualmente un develamiento de que se presentan violencias concretas hacia ciertos cuerpos femeninos y feminizados. Desde aquí, los pensares y prácticas de políticas en femenino no se despliegan en un separatismo duro: sí, las mujeres somos sujetas de violencias específicas que se inscriben en nuestros cuerpos, y el entre-mujeres es vital para el tejido de la transformación del mundo. Empero, en nuestras comunidades habitadas, resisten cuerpos masculinos pero feminizados-subalternizados por clase, raza y sexualidad, cuerpos masculinos no hegemónicos. Con ellos, desde el lugar femenino del mundo, es imprescindible construir la lucha por la vida, sin perder nuestra especificidad y autonomía.
Repensarnos con los hombres también y ni siquiera en un asunto de salvarlos no, […] el feminismo es un regalo para el mundo y los hombres son afortunados en que las mujeres nos estemos cuestionando mucho, […] lo cierto es que hay que reconocer que es eso, que las mujeres estamos trabajando más, nos estamos abriendo más para repensar […] no porque no haya hombres pensando ni abriéndose a la posibilidad de cambiar cosas, los hay, pero digo como que eso se le debe al feminismo y el mismo feminismo tendría o que tendríamos que entender ahí como que no es una política solo para nosotras, que de inicio sí, porque lo primero que se cuestiona es nuestro papel en esta vida no, pero y en el mundo social, pero tendríamos que empezar como también ahí integrando otros elementos a nuestro análisis, a nuestra reflexión y con otros elementos. (Rubí Olvera, 2019)
Creo que es exactamente lo que hace la asamblea no, o sea trabajar para la comunidad y con la comunidad, o sea nosotros lo hacemos para las mismas mujeres de aquí no, o sea como te digo no estamos cerradas a los hombres, pero sí pensamos en esta parte fundamental, donde las mujeres son las que llevan toda esta carga, entonces estar con ellas, escucharlas. (Lupita, 2021)
Tanto desde el nivel discursivo como práctico, existe la presencia de cuerpos masculinos no hegemónicos en la confección de las luchas. Aquí se habilita una puntada de unión entre las trayectorias organizativas de NQVN y NHRC. Si en el caso de la asamblea NQVN, la participación de hombres se activó como parte de la convocatoria vecinal, en NHRC fueron primero familiares de mujeres víctimas de feminicidio quienes se enlazaron, padres, y luego los hijos, los nietos de las madres. El cordón que unió a estas personas fue detonado por el dolor de la vida arrebatada por el sistema de muerte-máquina feminicida. La misma consigna contenida en el nombre de la organización, Nuestras Hijas de Regreso a Casa, contiene una demanda abierta que emerge de quienes componen esas familias rotas: madres, hijas, hermanas, abuelas, pero también padres e hijos. Y luego quienes en llamado solidario se sumaron a su lucha. Dentro de las entrevistas con NHRC, destaco la realizada con Humberto Robles, la única entrevista hacia un varón dentro de la investigación. Para él, el trabajo con NHRC:
Te hace sentir vivo, y te das cuenta que perteneces a algo y no tu individualidad, sino que eres útil, yo que hablo tanto del “teatro útil”, bueno aquí hablo de ser útil en la existencia, eso es lo más importante, el que se encuentren esos vínculos de humanidad, realmente ahí te das cuenta de lo que es la humanidad. (Humberto Robles, 2021)
Justamente, la primera hebra de la madeja de NHRC es el feminicidio de Alejandra, muerte que enlaza vidas, la de Norma junto a otras madres, mujeres y quienes les apoyan. El origen es el dolor de la comunidad creada, dolor de muerte que reconfiguró sus vidas permanentemente. Si la humanidad busca ser arrebatada mediante la violencia feminicida, es reconstruida en la lucha incansable por la vida y la justicia. ¿Cómo apagar el corazón y dejar de luchar? El dolor no se va. No obstante, en el devenir de su andar, fueron cultivándose lazos que lograron trascender la pena: afectos, cariño, sostenimiento mutuo, dignidad, respeto, solidaridad.
Empezamos a centrar la situación en nuestra comunidad, pero no en la comunidad fuera de la organización no, sino en nuestra comunidad de como familia que estábamos formando dentro de la organización, fue cuando lo empezamos a centrar…pero yo creo que nos tardó bastante tiempo. (Norma Andrade, 2021)
Ahora ya no nos reuníamos nada más para discutir esos casos, o tomarnos una comida con los niños etc., sino ya nos reuníamos también para las fiestas de los niños, nos reuníamos también para la misa de aniversario de alguna de las hijas asesinadas, nos reuníamos para todo tipo de eventos sociales, éramos una gran familia. Esos vínculos no son fáciles de desechar, son situaciones que te van haciendo fuerte la relación. (Marisela Ortiz, 2021)
Afectos que compensan la hostilidad y el dolor del mundo. Casi inevitable, emergen vínculos que se defienden ante la muerte y la amenaza permanente. Para las madres de NHRC, cultivarlos fue un proceso distinto que para la asamblea NQVN. Si bien ambas organizaciones se crean en respuesta a un feminicidio -de Alejandra y de Valeria-, la relación con ellas era distinta. Las madres de NHRC se enlazaron primero y ante todo, para exigir justicia por sus hijas muertas y desaparecidas, y desde ese dolor mancomunado que trasciende todo, pudo luego surgir el afecto y tramas vinculares que hasta hoy las sostiene, cual hojita viva que brota obstinada entre las hendijas del pavimento.
Poco a poco hemos ido aprendiendo, bueno fuimos aprendiendo a acompañarnos, fuimos aprendiendo a como apoyarnos, como acompañarnos no, cómo te puedo decir, no es que lo pusiéramos, Marisela sí te digo, Marisela estaba aferrada a que teníamos que seguir adelante porque ella si veía ese daño en todos, por eso ella trabajaba con los niños y con las mamás, o sea, y hacía esos tipos de talleres donde nos trataba de apoyar. Nosotros no, nosotros lo empezamos a hacer y yo lo entendí mucho después sí, y empezamos a tratar de hacer esos vínculos. (Norma Andrade, 2021)
Creo que las experiencias tejen esos lazos, es solo el afecto y muy fuertemente también el objetivo que tienes desde que inicias esta lucha, qué pretendes lograr verdad, y cómo te das cuenta de que no es trabajo de una persona, esto es gracias a la integración de un grupo con mucha fuerza que trae un objetivo natural, creo que eso nos ha servido muchísimo, el respeto, la consideración hacia los demás. (Marisela Ortiz, 2021)
Alguien hace más, alguien hace menos, no lo vamos a medir porque no es medible eso, pero dentro de este horror, de esta barbarie, que esas madres se reúnan para luchar, que esas madres hablen entre ellas de un dolor que yo no conozco, quizás tú tampoco conoces, que ojalá nadie conociera, pues es lo único bueno dentro de esta tragedia inmensa que deseamos que nadie viva; dentro de eso, bueno un rayito de esperanza es que haya otra persona que tiene empatía contigo, que se solidariza, que te acompaña. (Humberto Robles, 2021)
Como decía Rubí, en México se vive una desconfianza hacia el estado, el gobierno y los partidos políticos, toda vez que está la convicción de que se deben tejer otras formas de acción y organización pues la vereda estado-céntrica no es la vía. En nuestras conversaciones en Buenos Aires, ambas migrantes, comparábamos las expresiones, discursos, lineamientos y prácticas políticas de México y Chile, ambos territorios con alto raigambre autonomista y anti-estatal en las movilizaciones sociales, lo comparábamos a la vez con la política más estado-céntrica de Argentina. La deslegitimación del estado y sus derivas era algo que aparentemente nuestros pueblos compartían. De una parte, por la convicción de que estado-mediante la transformación social radical no encuentra sentido: el estado es colonial, capitalista y patriarcal, y por otra, por los hechos históricos que hilvanan la tradición política estatal: corrupción, falacias, exclusiones, despojo, violencia y muerte. En el caso de NHRC, y como expresa Norma, la política y lo político se asocia a lo que representa, absorbe y clausura el estado.
Las mamás no […] sigue siendo la misma situación, no más en este caso yo podría decir que Malú y Marisela son las únicas que se involucran y conocen sobre el tema, a las mamás como nosotros no nos metemos, en ese momento ni siquiera nada, a nosotros no nos interesaba nada que ver con la política, nosotras lo que queremos es justicia y punto, y un problema como lo que es el feminicidio lo hicieron político cuando no es un problema político, es un problema judicial que no ha sido atendido políticamente ni judicialmente. (Norma Andrade, 2021)
Yo siempre les dije, el agresor de mi hija nunca le preguntó: “votaste por el PAN entonces te voy a dejar viva, ah pero votaste por el PRI pos quien te mando a votar por el PRI”, ¡no!, el agresor llegó, se la llevó, hizo con ella lo que le dio la gana, la mató y la tiró sin importarle de qué partido político fuese, más si tiene que ver la voluntad política de los gobernantes de cada estado y del país para resolver esta situación, entonces ellos se encargaron de hacer problema político cuando andaban de candidatos. (Norma Andrade, 2021)
Si bien el discurso anti-estatal prevalece, viene desde otro lugar. La dimensión generacional juega un papel trascendental, la generación de nuestras madres -las madres de NHRC y las nuestras, pienso en la mía también-, llevan en su cuerpo y trayectoria otras vivencias históricas, donde rige una predominancia del paradigma estado-céntrico como la vía de solución y gestión de lo social en su amplitud: la definición y comprensión de la-y-lo-político continúa siendo capturada cual jaula impasible por el estado. No obstante, desde un posicionamiento político feminista, crítico y situado, podemos habilitar el reclamo: los feminicidios son crímenes políticos porque afectan a la sociedad en su conjunto. “La abyección de la violencia en los cadáveres de mujeres yace en la base donde se apoya y apuntala el orden social falogocéntrico” (Bidaseca, 2013, p. 96).
Ellos lo hicieron político, nosotras ni siquiera nos asumíamos como feministas porque no nos asumíamos como defensoras de derechos humanos, nosotras éramos una madre exigiendo justicia. Que en el camino nos convirtieron en luchadoras sociales sí, pero ellos mismos nos convirtieron en ello, por qué, porque si ellos hubiesen hecho su trabajo como debiera de ser y que yo en lugar de tener que ir a gritarles hubieran dicho: pásele señora, siéntese, aquí está el expediente de su hija, mire tenemos esta línea de investigación, hemos avanzado por aquí, acá, ya cerramos […] si ellos hubiesen hecho eso, nosotros no hubiéramos tenido que haber salido a gritar como tuvimos obligadas que salir a gritar, sino hubieran empezado a agarrar a cualquier fulano para echarle la culpa de los asesinatos, nosotras no hubiéramos tenido que decirlo, entonces fueron ellos quienes lo convirtieron en eso y nos convirtieron a nosotras de paso en lo que somos ahorita. (Norma Andrade, 2021)
Mujeres que nada “querían ni tenían que ver” con lo político, se ven lanzadas a la lucha social por un hito de duelo y de muerte. Sus vidas se vieron transformadas por la herencia de sus hijas, y hoy son referentes -sin buscarlo-, de la historia mexicana en la resistencia en contra de las violencias machistas y los feminicidios. La defensa por la vida y la búsqueda de justicia, la lucha contra el régimen de muerte y despojo, es práctica política transformadora inalterable, en el caso de las madres y de organizaciones como NHRC es inquebrantable incluso, porque no cesarán de luchar. Redes, tramas vinculares, comunidad. De la herencia de sus hijas hasta la herencia hacia nosotras que las admiramos: camino fértil de vida.
Definitivamente yo creo que las redes de apoyo que logres formar en una organización o como persona son las que te van a respaldar, yo lo viví, o sea las redes de apoyo y yo no tenía tejidas redes de apoyo en Ciudad Juárez, me tuve que salir, y las redes de apoyo que yo tenía tejidas acá al sur del país fueron quienes me respaldaron y me apoyaron cuando yo recibí el atentado y que si no las hubiese tenido yo no sé qué hubiese […] [tiene que ver] con el afecto que finalmente generas, con esa convivencia con las personas que te rodean […] de hecho son los que te hacen creer en el ser humano, porque hay un momento en el que te sientes tan cansado y tan desgastado de lo que estás viendo y viviendo, que si no fuera por ello no te levantas, o sea porque se pierde, y cuando ya los tienes dices ah no! sí hay otras formas de arreglar vidas. (Norma Andrade, 2021)
Finalmente, la dimensión más negada y objeto perenne de deterioro, es la que sostiene: convivencia, interdependencia, el cuerpo a cuerpo, la comunidad, los afectos. Enunciarlos en palabras les dota de poder, porque las palabras son poderosas, actúan como conjuros que riegan esperanzas críticas, nos permiten soñar mundos que se han nombrado imposibles (Idas Oaxaca, 2021): mundos sin violencias, sin feminicidios, donde estemos juntas, vivas y libres. Así, las consignas se transforman en acciones de ternura salvaje que abren puertas y construyen caminos. A través de la puesta en palabras dichas de las ideas, pensamientos, sentires, reflexiones emotivas y evocativas, estas decantan, y van permitiendo a la vez un ritual de sanación del dolor que convocó inicialmente a las organizaciones.
Hay un lema que utilizamos mucho ahora, lo leímos en algún lado cuando una compañera quiso apoyar a donar […] cosas para las jornadas, ponía en sus bolsitas que donó “Las amigas salvan vidas”, y lo hemos tomado mucho en cuanto a nosotras […] como amigas, como parte del colectivo que hemos conformado, esta hermandad. (Lupita, 2021)
Las palabras hechas cuerpo. Prácticas y acciones políticas en femenino
En el corazón de la ola de insubordinación y movilización de muchas desde el comienzo ha estado, claramente, la lucha contra el feminicidio: esa forma irreversible y brutal de violencia contra nosotras. Comenzamos a movilizarnos cuando los asesinatos de mujeres se volvieron asunto cada vez más cercano y más frecuente. Epidemia letal. Violencia expresiva que enuncia en sangre y cuerpo torturado una advertencia contra la autonomía de nuestros cuerpos y también contra nuestra autonomía simbólica y material. (Gutiérrez, 2018a, p.48)
Si las palabras y consignas devienen en conjuros que transforman realidades, la materialización de conjuros feministas, de ideas y emociones en torno a políticas en femenino, ocurre en las prácticas y acciones políticas que detentan los cuerpos en los territorios: no puede haber discurso sin pensamiento-emocionalidad, y no puede haber acción materializada sin pensamiento y discurso previo, es una relación en espiral que no obedece a limitados cánones teleológicos o binarios/jerárquicos. Como bien expone Verónica Gago (2017), la división entre pensar y hacer son polos que concentran caricaturas: “la abnegación militante por la práctica como si estuviera despojada de ideas y la adoración límpida del intelectual por el cielo de los conceptos como si de una pura abstracción se tratara” (2017, p. 65). Tales binarismos no hacen más que reproducir jerarquías excluyentes por clase, raza y género: hay unos que piensan -elites- y otros que hacen -subalternos-. Aquí, desde una posicionamiento feminista decolonial anti-hegemonías -como he intentado desplegar a lo largo del escrito-, de investigación comprometida políticamente, pensamiento y práctica se co-constituyen en una relación fluida inseparable, enlazadas a las experiencias-cuerpos-memorias-afectaciones.
La decisión de “separar” en apartados responde más bien a una cuestión de exposición ordenada de la información, toda vez que ambas piezas se unen por puntadas dobles conformando una sola confección. De esta forma, si bien en el apartado anterior presenté las palabras dichas, pensamientos y sentires de políticas en femenino, el presente no puede leerse en desvinculación: ambas piezas forman un todo, así como pensamiento-y-práctica lo son.
Enojo contra asesinatos brutales y también contra la violencia institucional que los deja impunes, dolor por la muerte sin sentido y también energía para generar autodefensa. Enojo contra la violencia permanente y multiforme que agrede la dignidad de nuestras vidas y también disposición de enlace para desactivarla .(Gutiérrez, 2018a, p.48)
A partir de estas afectaciones a nivel emocional y sus derivas, enojo, rabia, frustración y dolor, luego enlace amoroso, cariño, cuidados, gratitud, ternura, se movilizan cuerpos en praxis situadas. Acciones contra las violencias, despojos, exclusiones. En la recuperación de esos vínculos amorosos negados entre-mujeres, se crean amenazas al orden establecido: reconociendo ese otro-tipo de mediación entre nosotras y el mundo, organizamos la experiencia simbólica-y-práctica a partir de las palabras dichas desde el lugar femenino del mundo, en la acción práctica y concreta de desarmar el nudo de sujeción patriarcal-capitalista y colonial (Gutiérrez, Sosa y Reyes, 2018).
Ambas organizaciones se sitúan en espacios y temporalidades si bien cercanas-similares, igualmente diferentes, NHRC desde 2001 en Ciudad Juárez-frontera, NQVN desde 2017 en Nezahualcóyotl-periferia. Atendiendo a estas coordenadas espacio-temporales, se suman las especificidades en su composición humana, las diferencias generacionales así como los vínculos con el agravio feminicida, dimensiones que determinan cómo sus devenires en la praxis se han desplegado en acciones diferentes, no obstante, comparten lugares comunes, los que postulo, hayan territorio desde prácticas políticas en femenino. Respecto de las palabras hechas cuerpo por mujeres que luchan entrelazadas:
La apuesta política militante de la asamblea vecinal Nos Queremos Vivas Neza [es] la juntanza de mujeres que le apuestan a la vida, desde los feminismos populares que lo que defienden es la vida, y se organizan: acción directa. Hacemos acción directa al acompañar a las compañeras, hacemos acción directa al llamarles todos los días, al hacer estas respiraciones para relajarse, para que se puedan calmar, hacemos la acción directa al llevarles instrumentos médicos para medir la presión, el contratar un tanque de oxígeno, esa es la acción directa que hace la asamblea vecinal. (Areli, 2021)
La noción de acción directa evoca imágenes de lucha social cuerpo-a-cuerpo en las calles. Cuando hablamos o escuchamos sobre “acción directa” tal vez lo primero que se viene a la mente son las barricadas, la quema y destrucción de símbolos del poder estatal y capital, las huelgas, la insurrección rebelde y subversiva de los pueblos. Rebón y Pérez (2012) plantean que la acción directa nos remite a formas de acción contenciosa que no se encuentran mediadas por la institucionalidad dominante: las propias personas como agentes sociales logran sus objetivos desbordando los canales institucionales del orden social sin mediación de la “autoridad”, ergo, su ejecución no se delega en terceros, son los propios cuerpos los que detentan el recurso primordial. En la asamblea NQVN: cuerpos dispuestos, cuerpos danzantes, cuerpos rebeldes, cuerpos amorosos que se entrelazan: la acción directa del cuidado mutuo y la organización feminista en el barrio para defender la vida.
Entender la acción directa también desbordando las añejas y binarias ataduras “izquierda/derecha”, que la han encapsulado de una parte, en discursos reaccionarios que la limitan a “violencia extrema injustificable”, y por otro, en nociones masculinistas de aguerrida rebeldía y violencia justificada contra el poder, pareciera que la ternura y el cuidado allí no entran. Re-elaborar desde los márgenes prácticas políticas-otras a partir de la politicidad de tramas vinculares con el corazón puesto en lo afectivo, implica también la re-elaboración de clásicas nociones del repertorio conceptual-discursivo, de teoría-y-método de las luchas sociales históricamente. A esa labor le apostamos, y esa labor están-estamos acuerpando ya desde los márgenes y las periferias.
Una de las primeras acciones directas que corporalizó NQVN, a saber, sin mediación institucional-estatal, desde perspectivas emancipatorias intersticiales que avanzan en las fisuras del orden social (Rebón y Pérez, 2012), al tiempo que con la ternura vincular puesta en la defensa de la vida, fue la organización de acopios auto-convocados para las personas afectadas por el terremoto de 2017[8]. Mismo año y un par de meses luego de que la asamblea iniciara su trayectoria vital.
Al inicio como que no teníamos una línea, al inicio era más como que nos reuníamos y como que yo la verdad veía como que hablaban mucho y no se hacía nada, porque en ese entonces yo ni participaba, nada más iba como a escuchar no. Cuando pasa lo del sismo, te digo que nos hacemos completamente al acopio y nos enfocamos al acopio, que también fue muy padre, o sea esta parte donde la gente apoya a la gente […] o sea de verdad, a mí me asombró cuánto acopio pudo haber llegado, porque se fueron dos veces a Oaxaca, una a Chiapas, una este aquí en el estado de México. Fuimos a tres lugares, o sea fue demasiado, todas las veces llevábamos muchísimo. (Lupita, 2021)
Si bien, la asamblea comienza a gestarse por un feminicidio que afectó a la comunidad del territorio, y la lucha contra la violencia patriarcal y los feminicidios es lo que les une inicialmente, sus primeras acciones organizativas, es decir, los inaugurales despliegues de praxis política fueron urdidos y tramados en torno a la solidaridad con las personas -de otras entidades federativas- que se vieron afectadas por el terremoto. “La solidaridad es la ternura de los pueblos”, dijo Gioconda Belli, y así replicamos en conversaciones, lienzos, pancartas y acciones por los sures. Como persona nacida y criada en Chile, los sismos y terremotos son lugar común y seguro cada cierto tiempo, también son sabidas sus consecuencias en lo humano: muerte, dolor, destrucción, desaparición. Eventos de la naturaleza que nos recuerdan nuestra fragilidad, pero que a su vez funcionan como motores de movilización para la interdependencia solidaria, los vínculos y la sostenibilidad de la vida.
Lupita me contaba lo de los acopios con tanta emoción, que me la transmitía fuerte. Fue la única de las compañeras que me lo compartió, pues ha sido parte de la asamblea desde su origen. Si resistimos juntas contra las violencias múltiples es porque luchamos por la vida en su conjunto, la que contempla la comunidad, las tramas vinculares en escenarios sociales que son afectados por distintas problemáticas constantemente, como pueden ser los eventos de la naturaleza y sus consecuencias derivadas. Politicidad feminista con generosa amplitud, excede los deslindes a los cuales el sistema masculino-dominante quiere limitarnos: se preguntan, ¿pero ustedes están en contra de todo entonces?, ¿qué tiene que ver la economía, la deuda, los terremotos, la precarización, con las feministas? Tiene todo que ver, y todo lo que conlleve violencia, despojo y hegemonía es lo que queremos desarmar, lo que nos interpela y nos convoca.
Por otro lado, dentro del régimen violentogénico de la estructura patriarcal (Segato, 2014), capitalista y colonial, ciertas dimensiones de manifestación humana han sido constantemente objeto de restricción, censura y prohibición. En este sentido, cuando las artes son utilizadas como ruta de denuncia y transformación social, justamente, impugnan de formas plurales al poder, lo incomodan. Así, han sido veredas donde las resistencias históricamente se han manifestado a través de la danza, la música, la fotografía, lo audiovisual, las artes performáticas, la escritura, lo textil, el teatro, y más: las relaciones entre los feminismos y sus luchas, con las artes, han sido una alianza que se retroalimenta y coincide con postulados de acción y producción de conciencias (Antivilo, 2013).
Desde Ciudad Juárez, una de las acciones que implicó mayor llegada excediendo los límites federales y estatales mexicanos fue la obra de teatro “Mujeres de Arena” de Humberto Robles. Como dramaturgo, en 2001 participó del grupo de teatro Movimiento Techo Blanco, donde la actriz Vanessa Bauche fue contactada por las madres de NHRC para solicitarle apoyo en su lucha por la búsqueda de justicia. El grupo decide participar. Primero, a partir de la elaboración de la página web oficial para la organización por parte de Humberto -quien lleva adelante la gestión del grupo de Facebook y el blog de NHRC hasta hoy-, y luego, con la creación de la obra de teatro-denuncia “Mujeres de arena”, gestada en base a los testimonios de las madres y familias de mujeres asesinadas y desaparecidas en Juárez. Marisela Ortiz, relata, en el Prólogo de la obra:
Había necesidad de un mínimo soporte, pues la indiferencia incrementa la pena y debilita el espíritu, y con Mujeres de Arena empezaron a sentir que si se entendía el sufrimiento y esto les dio sentido y aliento a sus esfuerzos para seguir la lucha; les llenó de fuerza para resistir la cadena de injusticias con que estaría hilada su desventura […] Se aventuraron en una batalla desigual que pudieron sostener gracias a toda esa gente que, enterada de su infortunio, tomó como herramienta esta obra escrita por Humberto Robles, y empezó a romper la indiferencia y mostrar su indignación haciendo suya esta causa […] (Ortiz, 2009, p.2)
El arte al servicio de la lucha, el teatro como herramienta política. La obra no tiene cobro de derechos de autor y ha sido montada por más de 200 grupos de teatro en más de 20 países en 3 continentes (Robles, 2021), incluido Chile. De esta manera, el arte como estrategia permitió el tejido de relaciones de solidaridades transfronterizas para con NHRC y las familias de Juárez, a la vez que deviene en un potencial recurso no-capitalizado para las acciones de la organización.
De la obra de teatro “Mujeres de Arena”, si hay alguna ganancia por derechos de autor, la dono a Nuestras Hijas, porque siempre se necesita dinero para pagar la gasolina, por ejemplo, o para pagarte una botella de agua cuando estás en un juzgado esperando a que te atiendan, porque luego dicen “¿y esas organizaciones para que necesitan dinero?” (Humberto Robles, 2021)
De esta manera, “Mujeres de Arena” es obra materializada que alcanza la sensibilización respecto de la máquina feminicida a nivel internacional, podría entenderse como una herencia traspasada y herencia viva, acervo colectivo que aúna los gritos de las madres y familias mexicanas: ni una mujer menos, ni una muerta más. Consigna, que al igual que la obra, no se restringe a los limites definidos por el estado mexicano: el feminicidio es crimen político planetario, así como las luchas por su erradicación, por eso, aunque el origen socio-territorial de la obra sea Ciudad Juárez, adquiere sentidos y nos convoca más allá de las fronteras, conmueve porque nos interpela.
Otra acción fundamental dentro de la historia de vida de NHRC, vinculada igualmente a la utilización de los recursos artísticos como herramientas de denuncia y sanación, es el Proyecto La Esperanza. En 2005-2006 la familia de Marisela en enlace con NHRC, forma un grupo de niñas y niños hijos de madres asesinadas en Juárez, quienes llevaban encima el trauma psicológico y emocional por del dolor de la pérdida.
En lo social, la maestra Marisela tenía un proyecto que se llamaba “Proyecto La Esperanza: Otro Juárez es posible” y trabajaba dando talleres […] eran más que platicas, eran talleres […] para los hijos de jóvenes asesinadas […] se daban de cuentacuentos […], de escritura, de arte, de pintura, pero era única y exclusivamente para los hijos de jóvenes asesinadas que trabajábamos en la organización […] no más trabajábamos con una parte porque en Ciudad Juárez hijos de jóvenes asesinadas hay muchos más, sin embargo la organización trabajaba con como 25 jóvenes, entre jóvenes, niños porque eran de todas las edades. (Norma Andrade, 2021)
Hicimos un proyecto muy grande que tuvo mucha repercusión, al cual vinieron a apoyar. Yo lo basé en la terapia a través de arte verdad, entonces para hacer arte-terapia necesitaba yo gente experta […] no solamente una terapia psicológica sino también hicimos escritura terapéutica verdad. Que incluso, una de las chicas entró a concurso nacional para escritura terapéutica y ganó su libro, se lo van a publicar, en donde ella narra lo que fue su vida hasta sus 17 años, porque ella perdió a su mamá desde los 6-7 años, pero se tuvo que dedicar también a la lucha de la búsqueda y de la justicia junto con su abuela. (Marisela Ortiz, 2021)
A través de la pintura, escritura, danza, fotografía y otros recursos, como vehículos facilitadores para tratar los temas mas difíciles, se hacía terapia para la sanación de las hijas e hijos, las nietas y nietos de las madres del dolor de Juárez. El proyecto contó con el apoyo de gente de diversos países: Canadá, Estados Unidos, Argentina, España, Italia y Alemania, país que financió durante un año completo su ejecución.
Muchos de estos chicos y chicas ya son activistas también, y me ayudan con el proyecto y ayudan a sostener también la lucha de las madres que todavía viven, porque algunas se fueron sin conocer la justicia y muchas de estas madres están […] muy apegadas. Nuestras Hijas de Regreso a Casa y el Proyecto La Esperanza viene a consolidarse en uno solo […] el proyecto continúa porque seguimos apoyando a la distancia mi marido y yo con becas. (Marisela Ortiz, 2021)
Las potencialidades del arte como vía de sanación confluyen con la apuesta política de poner la vida en el centro: acción directa que funge como espacio transgeneracional para resguardar y velar por las niñeces adolecidas por los feminicidios y por la apuesta colectiva de aportar en su crecimiento. La máquina feminicida no sólo arrebata vidas de mujeres, sino que destruye el tejido social y las tramas familiares que le conforman, la pérdida la sufren en vida sus madres y padres, quienes llevan generalmente adelante la lucha, pero la orfandad producida por el feminicidio es otra de las heridas que adolecen de manera profunda, y desde otro lugar a las comunidades afectadas. Cómo sanar, cómo explicar el funcionamiento macabro del sistema de muerte que arremete contra los cuerpos de mujeres a los hijos, a las hijas de las hijas. Las madres y personas que conforman NHRC visualizaron este daño tempranamente, y fue una de las dimensiones que más han trabajado desde su origen. Junto con el proyecto La Esperanza, realizaron también “pláticas” en escuelas y centros educativos:
Había pláticas de prevención […] normalmente iba acompañada de alguna otra mamá, que dábamos en las escuelas, las dábamos en preparatoria, universidad y primaria […] así era como trabajábamos. (Norma Andrade, 2021)
Nosotros hacíamos esas platicas, las iniciábamos con el testimonio de uno de los niños o de los jóvenes con su abuela ahí presente desde luego, y luego ella complementaba y luego preguntaban […] Acudíamos, nos dividíamos y dábamos esas platicas a los chicos verdad, a las muchachas, y luego llegábamos a conclusiones de cómo podríamos nosotros cambiar estas circunstancias, para que las mujeres y los hombres vivieran en una armonía, en una equidad sin violencia […] Hubo varios testimonios de chicos que tomaron estos cursos, estas pláticas, y dijimos caray, ya con esto nos damos por satisfechas, ya con una sola mentalidad que hayamos cambiado de machismo pues ya llevamos ganancia verdad, y así íbamos sembrando semillitas. Eso lo hicimos más o menos durante un año y medio, porque todo esto fue trunco después de las amenazas de muerte. (Marisela Ortiz, 2021)
Otra de las líneas de acción que ha sido recurso para diversas organizaciones y que comparten NHRC y NQVN ha sido la radio. El alcance del lenguaje radiofónico y la autonomía que permite cuando es llevado adelante de manera autogestiva, ha sido aprovechado como vía de difusión, contra-información, denuncia, educación no formal, dialogo, interacción, acompañamiento, crítica y tejido de redes afectivas y políticas transfronterizas. La comunicación libre-y-liberada que se genera mediante la radio, habilita la construcción de palabras colectivas, horizontalidad en el habla y en la escucha.
Diseñamos una telenovela, digo una radionovela […] con el mismo tema de masculinidades verdad, y luego los chicos, los niños, también empezaron a dar sus mensajes a través de la radio. Construimos una estación, nos armaron una gran antena que después nos fue derribada, pero no nos rendimos y buscamos alguien que nos ayudara, y fue una académica de una universidad de Nueva York este, la que nos ayudó a pagar una página por 2 años en donde podíamos transmitir […] [transmitíamos] a través de internet estos programas en donde los niños hacían reflexiones y contestaban preguntas, entonces eso fue muy grandioso también, una experiencia muy muy buena. (Marisela Ortiz, 2021)
La experiencia radial de NHRC, tal como el proyecto La Esperanza y las pláticas, fue focalizada en las niñeces, en las hijas e hijos. Con los feminicidios y la rotura de las familias, a través de la organización se fueron tejiendo poco a poco vínculos familiares-otros, entre las madres, integrantes y niñes. De eso, ya han transcurrido 20 años. Actualmente, algunas de estas niñas y niños que participaron en su temprana infancia del proyecto La Esperanza, de las pláticas, o de la experiencia radial, hoy son integrantes de NHRC, parte de la trama vincular, luchadoras y luchadores en contra de la violencia patriarcal, que se traspasa como herencia viva. Por su parte, respecto del trabajo de radio de NQVN, Areli, una de las compañeras más activas en esta línea, me lo relataba de la siguiente forma:
Ahorita le estoy dando mucho a la radio, Radio Prietas, un programa radiofónico que produce la Asamblea Vecinal Nos Queremos Vivas Neza en una radio comunitaria. El formato es una revista radial, un espacio de denuncia pública, aprendizaje colaborativo, atención psicosocial y deleite de música. Realizo programas, hago los diseños para publicitar […] cada sábado tiene ahí una construcción bien chévere, que es también una forma en la que estamos apostando a una pedagogía, una pedagogía de nuestro quehacer y pensamiento […] Es una producción de la asamblea vecinal Nos Queremos Vivas Neza, contamos con invitadas, o sea no todas estamos siempre en los programas, pero pues ya cada una hace su chamba, está ya la programación de la segunda temporada y cada una ya tiene sus invitadas. (Areli, 2021)
Las experiencias radiales de ambas organizaciones refieren a modalidades y momentos históricos distintos. En el caso de NQVN, el programa radiofónico se encuentra activo y al aire. “Ya estamos listas para que las voces de las morras de la periferia nos escuchemos y sigamos juntas por la vida y la libertad”, compartían las compañeras en su Instagram, antes del lanzamiento del primer programa en septiembre de 2020. La radio es trinchera, permite la llegada a territorialidades amplias, desde la periferia hacia el mundo. Se ha hablado de desaparición, feminicidio, autocuidado, protestas y acciones de mujeres en las periferias, mujeres y arte, arte feminista, mujeres en el movimiento estudiantil, en la literatura, defensas de los territorios, mujeres mayores, niñeces y adolescencias en la periferia, placer, cuerpo y territorio, espiritualidades, memoria, entre otros temas. Por mi parte, algunos sábados de este 2021 he podido escucharlas desde Temuco, y sus voces me han acompañado tardes de otoño e invierno donde las siento más cerquita.
La radio como espacio de expansión de discursividad-es, a la vez que acción directa, “hermana chica de la tv”, continúa erigiéndose como semillero potente de politicidad contrahegemónica. Durante décadas ha sido un medio de libertad en la comunicación. En mis memorias aparece primeramente en los relatos que me compartía emocionada mi mamá. Desde chiquita me contó cómo mi abuela se informaba -un poco clandestina, con ímpetu subversivo/campesino-, por la Radio Moscú en la época de los años de plomo dictatoriales: entre el 74’ y el 89’ se transmitió “Escucha Chile”, programa de onda corta dirigido al pueblo chileno, casi un baluarte histórico de la resistencia en contra de la censura de la tiranía. Yo me imagino a mi abuela en el campo, con una radio pequeña, informándose por vías “no autorizadas” mediante la voz de la solidaridad internacional, de los agravios indecibles que rompían las almas, todo lo que la dictadura y los medios masivos serviles al poder se negaron en decir, y se empeñaron en falsear.
Creo que el medio radiofónico contiene en sí ese aliento mítico de resistencia y encuentro, cuando es gestado desde la lucha en contra del poder hegemónico, hay en esa capacidad de expansión sonora la potencialidad popular comunicativa, emancipadora, pedagógica, que prevalece. No es casual que en ambas organizaciones, aun así en tiempos históricos disímiles y en base a experiencias diferentes, lo radiofónico esté presente. Se entrelaza a esa búsqueda que es discurso-y-praxis, pensamiento y acción. Desde esta hebra, la educación popular, no formal, no hegemónica, sino comunitaria, es camino trazado para tejer la lucha.
En el encuentro que tuvieron las madres de NHRC con Laura Bonaparte, psicóloga, activista y fundadora de Madres de Plaza Mayo, Norma relata:
Ahí yo me percaté, en ese curso, que habían mamás que no sabían ni leer ni escribir, entonces yo empecé con ese trabajo, yo empecé a trabajar con mi grupo de madres que estaban, que no sabían leer ni escribir, entonces empecé a enseñarlas a leer y escribir, fue otro trabajo aparte ¿por qué? porque no sabían defenderse y fue algo que tuvimos que ir aprendiendo. (Norma Andrade, 2021)
De esta forma, Norma como maestra, asume la tarea de compartir la enseñanza de la lectura y escritura a las otras madres de NHRC como una herramienta. Aquí creo es posible hilvanar con los aportes del también maestro, Paulo Freire, respecto de la pedagogía como educación que hace de la opresión y sus causas el objeto de reflexión-y-acción para la liberación, y en este caso también para las luchas. La educación ha de ser construida por las personas en su calidad de sujetos y sujetas con capacidad de agencia de transformación, humanización y liberación de las realidades situadas que habitan, superando la situación de opresión y dominación cultural de los privilegiados y opresores. “Esta enseñanza y aprendizaje tienen que partir […] de los “condenados de la tierra”, de los oprimidos, de los desharrapados del mundo y de los que con ellos realmente se solidaricen” (Freire, 1970, p. 25). Entre mujeres oprimidas y violentadas por una máquina feminicida sin-sentido, se cultivan pedagogías problematizadoras a través del diálogo para luchar y buscar transformar. Aquí, la palabra es más que el medio para que el diálogo se produzca, sino que se constituye en base a dos dimensiones fundamentales, solidarias y en interacción radical: acción y reflexión. No hay palabra verdadera que no sea acción y reflexión, y por ende praxis, de ahí vale decir que la palabra verdadera es capaz de transformar el mundo (Freire, 1970).
Los mensajes […] nos fueron llevando como a una línea en los acompañamientos, en los asesoramientos, entonces nosotros lo que hicimos fue hacer las jornadas como para enterarle a la gente que estamos aquí no, que se puede acercar. Hacemos en, este, en el parque […] es un parque donde los vecinos lo construyeron, agarraron un espacio de una vereda principal y ellos lo construyeron, entonces también es un parque colectivo. Platico yo con uno de ellos, nos da chance de ir hacer las jornadas ahí y hacíamos una mensual, teníamos un tema no, […] de desaparición o del acoso callejero o de la responsabilidad de las mujeres como madres en casa […] (Lupita, 2021)
En la asamblea nos damos como ese tiempo para hacer los talleres, por ejemplo, o las marchas, o las conferencias, y eso tiene que ver con que también un poco, por nuestras propias ideas políticas sabemos que no todo está en confiarle al estado, y que también hay que trabajar desde otros lados. La educación popular, los talleres, la información, y que si bien ahí los cambios se ven más lentos -digo también exigiéndole justicia al estado es lento-, pero digamos si hay justicia está ahí, es como muy palpable que pasó, algo positivo, y un poco con los talleres, la educación popular es medio palpable en lo inmediato. (Rubí Olvera, 2021)
Nuevamente, es posible encontrar puntos comunes en las acciones de ambas organizaciones, aunque con características y lineamientos propios según sus objetivos, y coordenadas espacio-temporales. La educación popular expresada en la enseñanza horizontal de lectura y escritura entre madres, las pláticas en centros educativos, los talleres populares en el parque recuperado por la comunidad: sin institucionalidad estatal mediante, sin intervención del capital.
Otra de las acciones más significativas y potentes que están llevando a cabo las compañeras desde la periferia de Neza, son jornadas de encuentro entre-mujeres. Estos espacios fueron motivados producto de las consecuencias de la pandemia: aislamiento, soledad, afectaciones emocionales, precarización, empobrecimiento, violencias estructurales. Ante esto, el discurso de la juntanza de mujeres que le apuestan a la defensa de la vida, se torna acción directa:
Hay unas jornadas que tienen mucha fuerza que se llaman “Juntas comemos, juntas florecemos”, que tiene que ver con resistir el embate de la violencia económica, y la precarización de la vida. Una versión de ollas comunitarias donde también se dan algunos víveres como despensas de alimentos, les llamamos “Itacates solidarios”, pero en realidad es hacer la juntanza, y decirles a las compañeras: aquí estamos, aquí estamos para acompañarnos. (Areli, 2021)
Cuando empieza la pandemia lo que hacemos es jornadas, pero ahora con el nombre de “Juntas comemos, juntas florecemos”, o sea nos vemos en la necesidad de cuántas mujeres pierden el empleo, cuántas mujeres están pasando hambre, entonces empezamos a hacer estas jornadas […] les damos un itacate solidario, que es una despensa, nosotros no queremos llamarla despensa por esto de los partidos políticos, que no se vea como “ah, mi despensa al partido”, no, este, un itacate solidario donde se les da productos básicos de la canasta de limpieza y alimentos preparados. (Lupita, 2021)
La sostenibilidad de la vida como eje palpitante que moviliza ante el embate de la crisis. Desde junio de 2020, las compañeras vienen realizando periódicamente estas jornadas de encuentro solidario en el parque La Llanta. Debo enfatizar, ¡el nombre! Comer juntas para juntas florecer, me parece que contiene la potencialidad política de estos lenguajes hablados en femenino, desde el lugar femenino del mundo, nos conmueve y nos convoca. Comida preparada con amor para ser compartida entre mujeres de la periferia, junto a la elaboración de talleres de autocuidado y contención emocional para sobrellevar los efectos de la pandemia. “Barriga llena, corazón contento”, tiene que ver con la gestión de la vida, las economías solidarias, la comunidad, el encuentro afectivo, políticamente transformador, allí donde el estado no llega. Juntas comemos, juntas florecemos, es la versión de NQVN de las ollas comunes-populares que han existido durante tanto en nuestra Abya Yala adolecida por la violencia estructural y sus despojos cotidianos. No obstante, las comunidades olvidadas “desde lo cotidiano, lanzándose a recuperar las calles y el espacio público, alimentan una política no estadocéntrica, que abre posibilidades a nuevas creaciones y planteamientos que se proponen subvertirlo todo” (Gutiérrez y López, 2019, p. 411).
Con todo, y volviendo al origen, el fin último de las luchas es la defensa de las vidas de mujeres y niñas, el rechazo absoluto, cotidiano y sistemático a la máquina feminicida, y la búsqueda de justicia para las familias, para las madres. En NHRC la justicia ha sido y es eje fundamental, ellas se han entrelazado para hacer por sí mismas lo que el estado, sus instituciones y funcionarios se niegan a hacer reiteradamente.
La organización tenía dos ramas, una que eran lo social y lo psicológico, que se encargaba la maestra Marisela Ortiz de ella, y el área jurídica. Dentro del área jurídica […], [estaba el] acompañamiento que se les daba a las madres de desaparecidas, a las madres de casos de feminicidio. (Norma Andrade, 2021)
La definición de la justicia, cómo se comprende la justicia para las mujeres asesinadas y sus familias, ha sido una dimensión si bien emergente en el proceso de investigación, igualmente profunda y compleja. No es posible pensar los feminicidios sin pensar su reparación, la cuestión es cómo construirla, cuando ha sido un hecho histórico que el enjuiciamiento y el punitivismo no son la vía, y en ningún caso han significado el cese de las violencias y la muerte. La justicia es probablemente una de las dimensiones más enmarañadas y complejas dentro del agravio y la desolación del modelo civilizatorio occidental-patriarcal impuesto.
En un principio yo quería que los asesinos de Alejandra estuvieran en la cárcel, eso era lo que yo quería cuando yo inicié, ahora actualmente yo digo que quiero a los asesinos de Alejandra, a todos los funcionarios que han permitido que esto se reproduzca y ahora también quisiera leyes que protejan a las familias, a los hijos de las jóvenes asesinadas […] leyes que protejan a esos niños y que existan obligaciones para el estado para con las familias víctimas de esta situación, porque ahorita no lo existe, y el gobierno se lava las manos porque pos no es su obligación según él, entonces yo creo que ahora ya no es no más a los agresores de Alejandra en la cárcel, ahora exijo mucho más. (Norma Andrade, 2021)
Sólo hasta 2012 Norma pudo participar de los foros, manifestación y denuncia pública, acompañamiento jurídico, rastreos y búsqueda de mujeres y niñas en Ciudad Juárez, producto de los atentados contra su vida -como se expuso en el Capítulo II-, tuvo que abandonar el territorio. Sigue luchando desde otras veredas, sin dudas, pero la lucha iniciada ya no es la misma: la (in)justicia adolece como herida abierta. Muchas madres ya partieron, fallecieron antes de saber incluso donde estaba el cuerpo de su hija, qué le había pasado, sin comprender los por qué: ¿tiene algún sentido comprensible desde lo humano, tanta muerte? La ética de la justicia hegemónica es intrínsecamente patriarcal/moderna/colonial, otra vez, cómo esperar justicia de un sistema que se sustenta en la violencia y la explotación de la tierra y de los cuerpos. Alba Carosio (2007), propone que la ética de la justicia debe complementarse necesariamente de una ética del cuidado: aquella basada en relaciones amorosas, la afectividad, la compasión, responsabilidad por otras y otros, todos valores sociales potencialmente transformadores y que han sido históricamente desarrollados por mujeres.
La ética del cuidado se entiende por diferenciación, distinción y comparación con la “ética de la justicia” o ética normativa. A la ética de la justicia, se contrapone el “pensamiento maternal” basado en la experiencia de las mujeres en tanto madres. La maternidad y el cuidado se expanden así más allá del ámbito privado de la esfera familiar. En otras palabras, el cuidado se vuelve una forma distinta de hacer política. (Carosio, 2007, párr.47)
Ambas organizaciones han tomado la línea de acción de los acompañamientos jurídicos desde alcances de afectación distintos por los feminicidios. Por su parte, para la asamblea NQVN el acompañamiento se encuentra igualmente atravesado por los cuestionamientos ético-políticos respecto de la justicia, lo legal, lo jurídico, que también aquejan. No obstante, estos no se traducen en un abandono de la vía, por la comprensión amorosa de la lucha de las madres y las familias.
En la asamblea creemos que es necesario que apoyemos la búsqueda de justicia frente al estado, pero que también se pueden hacer otras cosas desde la sociedad, como darle información que el estado no da, acercar esa difícil información por lo menos un poquito más sencilla para la población, y eso como que pensar que la estrategia está también por otros lados sin que eso le reste méritos a la estrategia que las madres siguen. (Rubí Olvera, 2019)
Algo que pensamos tanto en la asamblea, y yo pienso también personalmente, es que no está bien o sea uno puede ser muy compañera de lucha y ser como parte de, digamos del mundo del activismo, pero uno no puede suplir a los actores o las actrices directas que en el caso del feminicidio son las madres, y si ellas deciden caminar por ese lado, bueno, nosotras tenemos que acompañar, o no, si no quisiéramos no, pero bueno por ahora creemos que la forma de ir contra el feminicidio es buscar justicia, es acompañar a las madres, o sea una forma incluso de ir en contra del feminicidio es que se logre justicia, o sea cuando se logra justicia por ahí el feminicidio como práctica se puede ir echando para atrás, se puede ir desarmando, y eso si las madres han de exigir justicia pues mejor acompañarlas porque son también quienes están como viviendo la tragedia. (Rubí Olvera, 2019)
Desde 2001, para NHRC la búsqueda de justicia y los acompañamientos jurídicos, fueron el motor que movilizó, y así lo han continuado haciendo por ya dos décadas, madres y mujeres que se unen para estudiar, aprender, desentrañar los intricados lenguajes legales e institucionales, yendo una y otra vez, infatigables, a las policías, fiscalías, ministerios públicos, audiencias, intentando extraer lo mínimo de justicia que estos espacios están dispuestos a dar. Y continúan, las madres no dejarán de exigir justicia para sus hijas asesinadas -¿cómo apagar tu corazón y dejar de buscar, de luchar por tu hija?- y para nosotras como feministas acompañarlas es un deber ético, desde nuestros espacios pero de la mano a su lucha, podemos ir urdiendo y tramando otras formas de pensar y construir justicias situadas, éticas, comprometidas con la vida. Es el ancho camino de la transformación que estamos labrando.
Aquí seguimos de pie y seguimos apoyando y no hemos parado, aun a la distancia seguimos trabajando por conseguir mejoras tanto en la justicia […] jurídica como en la justicia social para las familias afectadas. (Marisela Ortiz, 2021)
Me parece que ese es uno de los grandes aportes de Nuestras Hijas de Regreso a Casa y algo que hasta la fecha hacen familiares de desaparecidos y desaparecidas y madres o padres de mujeres víctimas de feminicidio, o sea como esa otra forma de pensar la accesibilidad de justicia no, ya no pensar como el trato directo familia-MP o familia-juez o jueza, sino como: si no resuelven este feminicidio somos muchas o muchos los que estamos ahí no o, sino resuelven o no investigan tal desaparición somos muchos o muchas las que estamos ahí. Entonces me parece que y eso en realidad en gran parte tal cual se lo comienzan como a poner sobre la mesa Nuestras Hijas de Regreso a Casa. (Rubí Olvera, 2019)
Las necesarias formas renovadas de pensar la política en clave femenina implican necesariamente pensar, repensar y re-elaborar la justicia, desde un posicionamiento situado, feminista, antirracista, anti-hegemonías. No obstante, nuevamente debo dejar en claro que no es parte de los objetivos de la presente tesis indagar respecto de la justicia, lo legal, lo jurídico, ni lo punitivo respecto del feminicidio, así como las profundas teorizaciones y debates al respecto, las que sin dudas exceden ampliamente las pretensiones y alcances de esta investigación. Aun así, como dimensión emergente y eje central dentro del trabajo de ambas organizaciones, no es posible omitirla. Es más, durante las dos décadas de trabajo de NHRC se generaron importantes avances en esta arena, que no pueden dejar de reconocerse como parte del camino histórico de lucha en contra de las violencias patriarcales y los feminicidios en México. Estos logros en lo institucional y legislativo fueron producto de la lucha que levantó NHRC junto a otras organizaciones de madres y familiares de la época.
En la lucha logramos muchas cosas, logramos leyes, logramos infraestructura, logramos que se crearan instituciones, de hecho por ejemplo en Chihuahua no había Instituto de la Mujer, fue un logro que tuvimos nosotros en la lucha, nosotros nos sentamos con la abogada del Instituto de la Mujer y nos sentamos con el gobernador de aquel entonces y logramos que se creara el instituto, en un inicio se quedó en Ciudad Juárez, después lo movieron a Chihuahua capital pero o sea sí tuvimos algunos logros… logramos que Calderón por ejemplo, creara una ley, la ley para una vida libre de violencia en contra de las mujeres, que se creara una fiscalía especializada en atención de delitos en contra de la mujer como lo es, una comisión que es la comisión nacional para víctimas de violencia. Pero finalmente no hemos logrado cambiar esto, por qué, porque okey, ya tenemos laboratorio de ADN, ya tenemos instituciones, ya tenemos leyes, pero si no hay la sensibilidad ni la voluntad política para resolver la situación a mi como de qué me sirve. (Norma Andrade, 2021)
Sensibilidad respecto de la vida, es la carencia a la que podrían aludir las palabras de Norma. Los resultados en lo concreto, lo sabemos en el cuerpo, no alcanzan. Actúan mayormente como meros maquillajes de una realidad que sigue anclada a una máquina feminicida que prevalece en México y toda Abya Yala. El estado no es neutro, el orden dominante es masculino y sus instituciones son eminentemente masculinas en términos simbólicos y prácticos, pues se basan en una negación de la energía creativa que tiene intrínsecamente la vida: es frente a ese orden que disputamos (Gutiérrez, 2017b). ¿Cómo pensar la justicia respecto de los feminicidios y las familias rotas, -y la sociedad toda afectada por esos crímenes políticos-, cuando el punitivismo no ha garantizado que esto deje de pasar?, son profundos cuestionamientos en torno a la justicia y cómo construirla.
[…] pensar la justicia desde otro lugar, que la justicia también se puede ir como construyendo, generando desde otros espacios no solo con el castigo […] Ahora lo pienso incluso como pensar cómo evitar las injusticias, o promover la justicia a partir de la educación, por ejemplo que nosotras intentamos como llevar más desde los talleres, y que es un enfoque más preventivo no, de la justicia, para impedir injusticias o por lo menos prevenir, […] como que siempre pensamos la organización lejos de los partidos políticos, lejos del estado. (Rubí Olvera, 2021)
Por ahora, me quedo con las reflexiones de las compañeras de la asamblea NQVN, entretejidas a las mías propias, y las memorias de lucha por justicia del territorio que habito: el respeto y caminar conjunto, amoroso, a la digna lucha de quienes experimentan en sus propias vidas la tragedia de la muerte y la desaparición, y su exigencia por justicia en la medida y en los términos que para ellas sirva, de alguna forma, como reparación. Al tiempo que se pueden construir propuestas renovadas de acción política desde enfoques preventivos: evitar, ante todo, la injusticia y la violencia.
En la asamblea y personalmente creo que la fuerza está fuera del estado, la sociedad se va a organizar sí o sí ante la emergencia o en procesos más largos, pero se va a organizar y va a buscar la forma de reaccionar y responder, y sigo pensando con fuerza y con certeza en eso. (Rubí Olvera, 2019)
El camino sigue abierto y lo estamos trazando a diario en nuestras luchas cotidianas. Las variopintas y complejas acciones de violencias por parte del sistema amalgamado de dominación -institucionales e ilegales-, generalizan sufrimiento en todas partes, al tiempo que pretenden asegurar su despojo y clausurar cualquier atisbo de esperanza de renacimiento de posibilidad-y-potencialidades de vidas dignas y de justicia: pero no lo logran del todo (Gutiérrez, 2011).
Encrucijadas, potencialidades y caminos abiertos: esperanzar desde el lugar femenino del mundo
La estrella de la esperanza, continuará siendo nuestra
Víctor Jara
La supervivencia es aprender a mantenerse firme en la soledad, contra la impopularidad y quizá los insultos, y aprender a hacer causa común con otras que también están fuera del sistema y, entre todas, definir y luchar por un mundo en el que todas podamos florecer.
Audre Lorde
El embate sostenido de violencias y despojos pretende constantemente silenciarnos, limitarnos sumisas y desesperanzadas. Cuando nos encontramos abrazadas en la coreografía popular en las calles, demandando vidas dignas y sin violencia, cuando danzamos y nos sonreímos cómplices y gritamos a coro las consignas que nos unen, la esperanza se eleva. Luego nos enteramos que abatieron a una compañera[9], que hubieron detenidas y detenidos, torturas, violencia política sexual, asesinatos por parte de los agentes del estado. Y que las decisiones sobre la vida-toda siguen tomándose desde el lugar hegemónico que nos excluye. Pareciera un permanente vaivén entre esperanza y desesperanza, entre dignidad y violencia. Lo siento en el cuerpo y en el corazón, a dos años del levantamiento popular de los pueblos de Chile en octubre de 2019. Ese 18 de octubre -en contraposición al 18 de septiembre, fiestas patrias de la “independencia”-, marca un hito profundo en la historia nacional, y en nuestras memorias corpóreo-emotivas. Es “celebración” porque el pueblo despertó, y se encontró, pero al mismo tiempo es dolor profundo por tanta violencia represiva que aun permanece impune, herida abierta que sangra antes que la cicatriz logre formarse. Rememoro octubre porque estoy culminando la escritura justamente en sus tiempos, la energía de la primavera de octubre rebelde enmarca mis emociones en este apartado.
En Abya Yala, desde el sur del Sur hasta México, los desafíos presentes y por venir nos abren caminos posibles cargados de interrogantes, ¿cuáles son las encrucijadas a las que nos enfrentamos en las luchas contra la violencia y los feminicidios?, ¿cuáles son los desafíos para las luchas que ponen la sostenibilidad de la vida y lo común en el centro?, ¿con qué fuerzas y potencialidades contamos para continuar tejiendo otros-mundos posibles desde el lugar femenino del mundo? ¿cómo sostenemos la resistencia amorosa y radical, de seguir esperanzando?
La esperanza se construye también, la esperanza la vamos nosotras realizando, son nuestros actos verdad, es la forma en que buscamos los objetivos: ahí está la esperanza, no perder nunca de vista cuáles son esos objetivos, tener siempre en mente lo que queremos lograr y por qué lo queremos lograr. Creo que esa es la respuesta más adecuada, la esperanza la vamos a encontrar en esos actos bien pensados. (Marisela Ortiz, 2021)
Actos pensados, e igualmente sentidos: es la esperanza la que moviliza los cuerpos. Esperanzar como verbo que expresa y detenta acción movilizadora y transformadora, más allá de su sola categoría léxica. Vinculada a los afectos, memorias, emociones y corporalidades, es el hilo que toma la aguja para coser-unir las ideas con las acciones, pensamiento y praxis unidos a doble costura por el hilo de esperanzar mundos sin violencias ni hegemonías.
Las renovadas luchas de las mujeres en México, en América Latina y en algunas regiones de Estados Unidos y Europa contra todas las violencias machistas, que a modo de un expandido y sostenido levantamiento van hilando tales violencias –públicas y privadas– con las otras violencias que a la sociedad en su conjunto impone el capitalismo contemporáneo y sus diversos regímenes políticos extractivistas, están haciendo brotar conocimientos y esperanzas igualmente renovadas. (Gutiérrez, Sosa y Reyes, 2018, p.2)
Sin la esperanza que sostiene y convoca para tejer los caminos abiertos, la desolación ante tantas violencias sería insoportable. Pues sabemos que hoy, incontables feminicidios permanecen impunes, y a las mujeres desaparecidas nadie las busca… y los asesinatos y desapariciones continúan sin que a la fecha haya responsable alguno (Nuestras Hijas de Regreso a Casa, s.f.). Muchas veces, al borde del llanto que eriza la piel, nos sentimos hundidas, las palabras no nos alcanzan para comprender y explicar lo indecible: el sistema nos sigue matando, nuestros cuerpos siguen sin importar.
En momentos de decepción del mundo, a veces digo como […] que hay pequeñas cositas […] con qué poco nos conformamos, pero bueno eso es lo que nos mantiene, nos mantiene vivas y nos mantiene buscando que haya más cambio no. Pero yo digo que uno de […] los aportes más grandes de estas organizaciones, de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, de la asamblea y de otras organizaciones, es que visibilizamos un problema, lo nombramos y lo llevamos a espacios en donde no se había visto ni como un problema, ni se había buscado ir en contra de ese problema no, entonces como que la importancia y uno de los aportes como de estas organizaciones, es decirle al mundo: este es un problema y es un problema que tenemos que resolver, y no vamos a descansar hasta que no exista. (Rubí Olvera, 2019)
Así, la esperanza se ve inevitablemente atravesada por encrucijadas, direcciones que se entrecruzan complejas, posibilidades abiertas a veces incluso contradictorias. La justicia, la impunidad-lo punitivo, los vínculos con la vereda institucional y el estado, cómo detener el andamiaje feminicida, porque qué justicia le podemos pedir a un estado patriarcal que nos mata, cuando su punitivismo no garantiza el cese de los feminicidios. La encrucijada deviene en problemática para la esperanza, en el sentido de que el poder hegemónico opera en base a la administración de cuerpos y vidas, sin reparación ni garantías de no repetición.
Dentro de estas encrucijadas, si bien florece en nosotras el jardín de la conciencia por defender la vida y luchar contra las múltiples violencias machistas, la dimensión tiempo y entrega es determinante en sus propias limitaciones. Lo que implica la organización, la importancia del tiempo que le dedicamos a las luchas cuando los horizontes que soñamos son colectivos: es la vida, los procesos de entrega de cuerpos y tiempos enmarcados en estas condiciones se tornan difusos. Cuánto de las vidas rotas por la violencia feminicida es entregado insoslayablemente, y qué resultados materializados podemos ver hoy. Estas contradicciones nos atraviesan, y actúan como agravantes-del-agravio.
Muy desanimada, varias madres ya han muerto ya, más bien pues son madres, pero han sido las abuelas, algunas de ellas sin siquiera encontrar sus hijas, otras sin encontrar justicia, bien enterradas sus hijas, pero sin encontrar justicia… De repente eso me hace pensar que, que estoy igual, y definitivamente que sino fuese por quienes me rodean, por quienes me apoyan, yo creo que ya no estábamos en pie, porque sí es duro. Son 20 años en los que teníamos logros y que ahorita se están viendo desvanecidos […] eso hace que de repente la esperanza caiga, […] que uno se deprima… A mí me dicen mis nietos “nosotros lo vamos hacer por ti abuela, no te apures”. (Norma Andrade, 2021)
Pues tengo unos compañeros que de repente, -que son más jóvenes, mucho más jóvenes, podrían ser incluso mis hijos- y […] que ellos me dicen “no, es que sí se va a lograr algo”, pero como yo veo que el tiempo pasa y pasa, yo ya veo el tiempo en contra mío, en el caso concreto de ella [Alejandra], y yo espero que aun cuando yo no lo vea se pueda lograr. Laura decía que, -Laura Bonaparte, que en paz descanse-, decía que los logros de nuestras luchas no los íbamos a ver nosotros sino hasta nuestra tercera generación, y entonces pues yo espero que los logros de lo que estemos haciendo ahorita, ellas lo puedan ver realmente, que es que finalmente las jovencitas y las niñas de ahorita […] futuras jóvenes pueden andar en la calle libremente por lo que nosotras estemos haciendo ahorita. (Norma Andrade, 2021)
La esperanza puesta en un futuro-otro, sin violencias y sin feminicidios, es la estrella nuestra que hace menos doloroso el presente. Las interrogantes entonces nos permiten soñar e ir más allá del poder -cómo este es entendido y desplegado desde el paradigma dominante-, e imaginar esperanzadas cómo tejer apuestas por lo común y por la vida que se sostienen en solidaridades comunes, pues “desde profundos dolores surgen también las vivencias gozosas que encuentran caminos para impugnar y subvertir el mundo que habitamos” (Gutiérrez, Sosa y Reyes, 2018, p. 4). Allí, en el latido del esperanzar como verbo, habita la potencialidad de prácticas políticas en femenino que abren caminos entre las encrucijadas.
Esta […] otra forma de hacer política, la que viene más desde los movimientos o el feminismo, bueno las organizaciones feministas y los movimientos sociales en general, siempre […] implican mucho trabajo no, mucho trabajo en muchos sentidos y por eso se parece el camino difícil, pero y sí, yo creo que es el camino difícil, pero bueno se tiene que hacer si es que en verdad se quiere o se está buscando […] otro mundo. (Rubí Olvera, 2019)
Atravesadas por las encrucijadas de nuestras luchas nos sentimos perdidas, el camino decidido no es sencillo, y el tiempo, infatigable, nos juega en contra. Sin embargo, hay un mundo al cual aún es posible volver: en la lucha de las madres de NHRC encontramos todas una casa. Sus batallas incansables son muestra viva de la potencialidad de lo común, de los afectos que sostienen, de las tramas vinculares generadas incluso producto del agravio feminicida, lugar desde donde el sufrimiento más profundo puede amortiguarse en un abrazo común que fortalece y enlaza, como acto de arraigo por la vida y su continuidad.
[…] la trasgresión, dolor y miedo convocan, desde la necesidad más apremiante de lo humano, a una creación de prácticas y discursos mediante los que la solidaridad y la insurrección hacen que vuelva desde la muerte un sentido posible para la vida, es decir, una casa, un mundo humano al cual retornar. (Salazar, 2006, p.13)
Mundos posibles que se están tejiendo en las organizaciones de mujeres, de madres, desde los barrios empobrecidos y los territorios expoliados. Es en las fisuras de la estructura donde se trama y se urde fuga de las condiciones opresivas: “la dignidad se cocina a fuego lento”, como se leía en tantos carteles de las protestas en Chile. Las transformaciones soñadas son tan profundas y amplias -porque van en contra del eje del cual se sostiene el poder, las violencias-, que difícilmente podrán encontrar resolución en lo inmediato. Más aun, de la mano -y como he venido desarrollado en las páginas previas-, estas fisuras se tejen desde los espacios residuales y despolitizados, reproductivos, privados, íntimos: los múltiples mundos de reproducción de la vida que se regeneran una y otra vez, casi desde la nada, han sido mayoritariamente habitados por mujeres, feminizados como espacios-tiempos relegados del espacio público-político (Gutiérrez y Paley, 2018). No obstante, estas tramas vinculares contra las violencias, aportan desde sus lugares invisibilizados, potencialidades y revitalizadas formas de comprender nociones fundamentales que conforman la vida social. Lo común, lo colectivo, las afectividades, emociones, solidaridades, la acción directa, la justicia, el poder.
Yo creo que falta espiritualidad en el poder, porque el poder es sagrado, el poder es el poder, hay que comprender qué es y cómo debería ser el ejercicio del poder. No como esta red de corrupción, de muerte y de guerras, sino como la forma de organizarnos todes, de encontrar las formas de vivir dignamente, en paz, tomando un principio básico y es que cohabitamos un ser vivo que se llama madre tierra, Gaia, y que desde allí también viene esta desconexión espiritual con la esencia humana, viene la violación a la madre tierra con el sistema capitalista, y se conecta con toda esta violencia contra los cuerpos de las mujeres, con todo lo femenino. (Areli, 2021)
En las palabras de Areli resaltan una serie de elementos que habilitan posibles respuestas ante los desafíos que se presentan ante nosotras: comprender el poder desde otro lugar -en la vereda opuesta al poder que nos mata y desecha todo lo femenino-, a partir del reconocimiento de que habitamos entramados de vida más allá de lo humano: la tierra y otras especies nos sostienen en un equilibrio que ha sido usurpado. Hay poder en la organización, hay poder en la juntanza de mujeres cuando nos encontramos, pero ¿cómo entendemos este poder-otro que se urde y trama desde las luchas autónomas, comunitarias, femeninas? En la comprensión desde y a través de lo común, mediante el esfuerzo sistemático por hablar un lenguaje distinto al hegemónico (Gutiérrez, Naravarro y Linsalata, 2016), radica la potencialidad de re-elaborar, a partir de críticas corporalizadas en acciones directas de resistencia y transformación, cómo entendemos y cómo ejecutamos poder.
Si el poder hegemónico es colonial, capitalista y patriarcal, y está concentrado en grupos específicos privilegiados por género, clase, raza y sexualidad, las decisiones tomadas apuntan al sostenimiento del desequilibrio que mantiene la dominación. Asociamos poder con la influencia jerárquica y asimétrica sobre las vidas subalternizadas, representado por los estados y el capital, manejados mayoritariamente por varones, desde el paradigma masculino-dominante. En esa comprensión impuesta y macabra del poder y su uso legítimo del abuso, las demandas por vidas dignas y libres de violencia, el reconocimiento de otras epistemologías y formas de relacionarnos, no encuentran resolución ni cabida.
Tomar los ovillos, desatar los nudos, ordenar los hilos y comenzar a tejer otras formas de entender, vivir y practicar el poder es una potencialidad abierta que desde el lugar femenino del mundo nos permite formas-otras de poder, más allá de las nociones occidentales y coloniales del empoderamiento individual, que desde los enfoques de género y desarrollo apuntan meramente a una adquisición de poder vacío limitado por las condicionantes sociales capitalistas y racistas. Si apostamos por la transformación del mundo habitado, designado por la colonialidad en sus múltiples dimensiones -poder, saber, ser, género-, la descolonización y despatriarcalización del poder es eje cardinal para las políticas en femenino, y una de sus centrales potencialidades para seguir esperanzando.
Hace poco acabo de hablar de las comunidades neomatrísticas como posibilidades para la paz, donde el amor es la emoción que sustenta la vida, como especie humana. También tenemos otro origen, información que no nos han contado, y cuando las mujeres se juntan no, cuando las mujeres se juntan para sanar, nos fortalecemos, y a la humanidad también. (Areli, 2021)
Con la invasión/herida colonial, la dimensión espiritual de la vida fue arrebatada para encapsularse en el paradigma ortodoxo cristiano europeo: las cosmovisiones de los pueblos-nación de Abya Yala se designaron herejes, sus saberes y prácticas fueron prohibidas, fracturadas. La espiritualidad es despojada de su poder de encuentro, afectos, sanación, cuidados, celebración: ruptura de la vida y del espíritu. “Falta espiritualidad en el poder”, dice Areli, ambas dimensiones fueron escindidas, desarmadas y reconfiguradas como discordantes, disueltas para encajar en lo hegemónico: poder religioso maridado con el capital y el estado patriarcal. No obstante, en desobediencia epistémica y radical desde nuestros cuerpos situados en el territorio, estamos recuperando la espiritualidad negada y su poder potencial. Ya lo argumentaba Silvia Federici (2004), con la caza de brujas en Europa (1580-1630), se instala una sofisticada y cruenta política de las clases dominantes para la apropiación de saberes, cuerpos y capitales. Cuerpos femeninos libres, rebeldes, que practicaban sabiduría de sanación a través de las plantas, la tierra, la luna y sus ciclos, los elementales, la autonomía en conexión con el territorio y las dimensiones espirituales de la vida en su conjunto. Ese poder, desafiaba el programa de la racionalidad instrumental capitalista, y la religiosidad ortodoxa cristiana: no podía permitirse.
No obstante, hoy nosotras gritamos: “somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”. Y nos encontramos, nos reunimos en círculos de mujeres, sanamos memorias uterinas y nuestros linajes femeninos, celebramos los ciclos y aprendemos de las plantas, investigamos sobre las divinidades femeninas y sus arquetipos, hacemos rituales de amor propio y colectivo. Hay poder en ese encuentro: afectos, sanación, cuidados. Para el 08 de marzo de 2020, antes del inicio de la pandemia, con mis amigas fuimos a la marcha con nuestro lienzo pintado a varias manos: “Nos quisieron mudas, pero somos voz ancestral”, nos pusimos faldas, nos pintamos los cuerpos, salimos a encontrarnos con las demás, la emoción potente de cuerpos danzantes y rebeldes atravesaba todo: “Todas las brujas a la calle”.
La reducción de la espiritualidad a lo religioso-hegemónico quiso arrebatarnos el poder de las plantas, de las piedras, de los ciclos, del cuidado, la ternura, la sanación, las ritualidades y del encuentro entre mujeres. Pero las sabidurías ancestrales de nuestros cuerpos que tienen memoria, como territorios políticos, prevalece, y desde distintos territorios de Abya Yala las estamos recuperando: allí radica poder tendencialmente descolonizador para nuestras luchas y resistencias situadas. Cuando nos encontramos a ritualizar con amigas y compañeras, estamos tejiendo episteme corporalizada, intencionamos sanación para nosotras y para todas, miramos nuestras heridas abiertas y las oscuridades que nos constituyen, las situamos también en un contexto espacio-temporal que genera esos daños: sistema patriarcal, capitalista y colonial. Espiritualidad feminista politizada, con la mirada atenta a las potencialidades del poder que gestamos en colectividad.
Finalmente, los caminos abiertos que detentan las políticas en femenino en las luchas contra las violencias y feminicidios, nos retornan a la dimensión inicial: esperanzar, hilando las encrucijadas con las potencialidades para trazar las rutas de la transformación radical del mundo.
Yo espero que todo esto, esta labor que ha hecho Nuestras Hijas, que uno ha colaborado, todo eso, pues haga cimientos para que algún día alguien sí disfrute realmente de derechos civiles y que quede en la historia y digan que hubo un grupo, Nuestras Hijas de Regreso a Casa, que inició todo esto, después se extendió, será bonito para el que lo lea en aquel momento que diga: mira, hubo gente que estaba muy preocupada y que pusieron estos cimientos. Quizás no nos toque verlo lo más seguro, quién sabe, lo más seguro es que no, porque está tan arraigado el machismo en las estructuras de poder; realmente se necesita una revolución, casi tumbarlo todo y volverlo a fundar o correr a todos los políticos y volver a fundar todo. (Humberto Robles, 2021)
Ahora sí hay otras asociaciones, yo estoy muy satisfecha y orgullosa verdad, de haber abierto camino, porque en aquel entonces solamente había un grupo antes de nosotros y que también el gobierno lo acalló verdad, nosotras continuamos adelante y creo que ese camino quedo abierto. (Marisela Ortiz, 2021)
La lucha sostenida de NHRC durante dos décadas ha abierto, indudablemente, caminos que previo a ellas, no existían. “Nuestra voluntad nunca tuvo límites”, me decía Marisela en nuestra charla, el camino trazado hoy florece en múltiples manifestaciones de lucha y organización de mujeres entrelazadas en México, que están, desde sus territorios y desde sus cuerpos, tejiendo otros mundos posibles, con el abrazo, la creatividad, la juntanza y la ternura salvaje que nos eleva y nos sostiene. A partir de las prácticas de otras-formas de política, en femenino, los caminos abiertos nos convocan a cuestionarlo todo, a reformular y re-elaborar nociones, conceptos, acciones, a proponer otros prismas para mirar nuestras realidades y soñar esperanzadas. No es camino fácil, ni pronto, pero se está urdiendo y tramando con dulce perseverancia en el cotidiano de los márgenes del Sur.
Lo difícil es que este, lo personal es político, no es tan inmediato. O sea, como que también nos hace falta pensar en que esto no es rápido, o sea una cosa es como mirar que lo personal es político y otra cosa es sentir y actuar en lo personal es político, y lo que quiero decir con esto es que como ahora nos toca llevar […] estas reflexiones y estos discursos feministas al “y ahora qué hacemos, y ahora cómo resolvemos”, y me parece que ahora es el otro gran reto no, […] hasta ahora donde vamos en la historia me parece un gran avance, al menos saberlo ahora, claro también viene toda esa parte difícil de decir, como incluso de aceptar […] que no es tan sencillo, o sea por más que yo sepa que existe la violencia hacia las mujeres, por mas que sepa que existe el patriarcado -o sea lo sé y lo identifico, que es el primer paso-, bueno ahora viene cómo y todo esto, qué hacemos con todo esto que ya vemos no, porque también eso como que toca actuar […] en familia o en organización o en movimiento, […] ponerlo en práctica pensando también en la colectividad, no solo en nosotras […] no solo de manera individual. (Rubí Olvera, 2019)
Lo común, la común-unidad, lo colectivo es el camino: el individualismo capitalista no nos resuena, estamos convencidas que el camino abierto se teje en colectividad amorosa, horizontal, con el cuerpo y las emociones en el centro del discurso y de la praxis. Lo veo y lo integro a partir de la indagación sobre la lucha de NHRC, las conversaciones, la profunda inspiración que transmiten, la admiración más genuina que generan. NHRC es genealogía, linaje inexorable y memoria viva, que nos abraza como maternaje para las que luchamos hoy. En NQVN, encuentro una complicidad diferente, más cercana a mi propia experiencia como feminista. Observando a ambas organizaciones y sus rutas, hilvanando con mis sentires, memorias y cuerpo, enfatizo: sentirse y saberse parte de una colectividad organizada -ya no desde las añejas lógicas de lo político y lo organizativo-, otorga sentido a todo lo dispuesto, la horizontalidad sostiene, la creatividad moviliza, los afectos nos rescatan. Esta posición política atraviesa ideas, pensamientos y acciones individuales y colectivas, los imaginarios, las experiencias, los cuerpos, los sueños de futuro que se están tejiendo hoy.
Para mi formar parte de la Asamblea vecinal Nos queremos vivas Neza me hace sentir útil, me hace sentir que sí se puede ir transformando la realidad, en este año y cachito que he estado con las compañeras me he sentido abrazada, he sentido que he aprendido un montón con cada una, con cada acción, palabra, estrategia, discusión con todo, es un honor y un alivio saber que existen y que han trabajado, y que han sembrado una asamblea que a lo mejor no vamos a estar todas en 30 años, pero va haber otras que se sumarán y siempre seremos parte de la asamblea vecinal. (Areli, 2021)
Bueno, hemos llegado hasta esto y ahora qué sigue no, y ahora qué vamos a hacer, y me parece que ese es uno de los grandes retos por un lado, y la otra cosa que me llevo como de todas estas hora de plática, esto que tú decías […] la esperanza siempre va a estar, y digo sí, en realidad eso es lo que nos mueve, o sea toda esta revolución de ideas tiene, tiene un origen y también tiene […] un fin, que es seguir manteniendo la esperanza y la búsqueda constante de algo mejor. (Rubí Olvera, 2019)
Poco a poco, voy finalmente tomando las madejas y ovillos lanzados al inicio. Los guardo, ordeno por sentido cromático, y observo la confección realizada: hay cuerpo, emociones, afectaciones y sentires desplegados en las costuras, en los pliegues de la tela, en las puntadas del bordado. La escritura me permitió sacar desde la panza y el corazón aquello que reside respecto de los temas planteados: me atraviesan profundamente, es el camino abierto al que le apuesto como ruta para la transformación del mundo que sueño. Las políticas en femenino como camino potencial para la descolonización y la despatriarcalización, para anular la supremacía del capital. La esperanza viva que encarnan las palabras compartidas de las compañeras de NHRC y NQVN, y sus acciones de lucha política materializada que escriben historia desde las fronteras y periferias.
Sin comunidad no hay liberación, ni futuro, en el sentido de que las prácticas políticas que sitúan la vida en el centro, se tejen colectivamente. De esta forma, en ambas organizaciones es posible observar la construcción de comunidad en torno a un objetivo común: la lucha contra las violencias machistas y los feminicidios en México. No obstante, desde lugares distintos respecto del vínculo con la experiencia del agravio y del dolor. Desde los estudios poscoloniales, Leela Gandhi (2006) propone el concepto de “comunidades afectivas”, para describir las relaciones vinculares que se generan entre personas unidas por las emociones, estos vínculos les llevan a identificarse afectivamente: las emociones circulan en el interior de las comunidades y ayudan a darles coherencia (Corduneanu, 2018). “Es a través de la intensificación de los sentimientos que se materializan los cuerpos y los mundos” (Ahmed, 2005, p. 101), materialización que viene del encuentro entre los cuerpos y se establece a nivel de la piel, que nos delimita, pero también nos conecta con las demás. De esta forma, cierro con la relevancia de situar emociones y cuerpos en el centro de la lucha colectiva por el sostenimiento, defensa y reproducción de la vida. Desde las comunidades afectivas-y-afectadas, NHRC y NQVN están aportando desde prácticas políticas en femenino potencialidades y caminos abiertos para hacer frente a las encrucijadas que nos conflictúan en el presente.
Alguna vez nos gritaban “pónganse a trabajar”, y nosotros decíamos “es lo que estamos haciendo, aunque no nos paguen esto es un trabajo” no, entonces te vas conectando con una cantidad de gente que dices bueno, hay algo que nos une más allá de este individualismo capitalista, más allá de las diferencias evidentes que pueda haber, de pensamiento político religioso, etc. es que hay ciertas cosas que te unen, entonces es lo único que yo rescato. Creas una comunidad, justo lo que tratan de destruir, creas una especie de comunidad de unos lazos, de unos vínculos. (Humberto Robles, 2021)
La importancia de seguirnos moviendo y de seguir buscando, o sea moviendo no solo físicamente no, o sea pensar que las ideas se están moviendo todo el tiempo, como la importancia de, pese a que están en movimiento, poder vincular nuestras ideas con las de otras personas, o sea como que me parece que es un trabajo que […] ahora tenemos que hacer y en el movimiento social y específicamente en el feminismo, o sea como todo esto que se está moviendo en nuestras mentes y en nuestras emociones, como que el reto ahora es poder todo esto como tejerlo no, y […] tejerlo en colectivo. (Rubí Olvera, 2019)
Las respuestas y soluciones posibles al “problema” de las violencias que nos matan, no son eternas ni las comunidades que luchan son estáticas. Hay encrucijadas e interrogantes que permanecen abiertas para pensar el futuro de la transformación desde México y Abya Yala: cómo re-elaboramos la justicia -y también la herida-, el punitivimo-la impunidad, cómo nos vinculamos con el estado y sus instituciones. No obstante, si bien el desafío que tenemos por delante es inmenso, y profundas son sus dominaciones y nociones instaladas en los imaginarios desde hace 500 años –“no existe un mundo posible que no sea el sistema actual”-, hay fisuras en el muro, puntos de fuga, rupturas, alteraciones, posibilidades: el tiempo lo abren las luchas.
Ante esto, y en base a todo el camino recorrido como posibilidad epistémica encarnada, postulo que la politización de las relaciones de interdependencia comunitaria, aquellas que se afirman en la defensa y sostenimiento de la vida, nos exponen cómo las prácticas cotidianas transformadoras detentan potencialidades de esperanzar que “esto deje de pasar”. Las palabras dichas y hechas cuerpo de prácticas políticas en femenino, tejidas desde comunidades afectivas-afectadas, son esperanza para la subversión del orden masculino-dominante patriarcal, capitalista y colonial: es lo que NHRC y NQVN vienen urdiendo y tramando desde sus territorios habitados, sus propias coordenadas temporales y sus vínculos con el agravio feminicida, no cercados por lo estado-céntrico. Su lucha nos abraza, y nos entrega la posibilidad de seguir esperanzando como acción política urgente. La vida se defiende, y entrelazadas resistimos.
Imagen 6: Bordado denuncia (2021). Círculo de mujeres “Vivas en la memoria”, Nezahualcoyotl

- En mapudungun, “bosque pequeño”, es una ciudad turística al lado del mar, ubicada al suroeste de Santiago en la zona centro de Chile.↵
- Masa redonda que se fríe, generalmente salada, y que se consume en gran parte de la larga y angosta faja de territorio denominado Chile. Suele acompañarse con mate en los sectores rurales del Sur, y es alimento base y popular.↵
- Madre tierra en un sentido más profundo de la vida, en mapudungun.↵
- No aluden necesaria ni únicamente a antiguas prácticas comunitarias de pueblos indígenas, sino que son prácticas comunitarias cuya generación y conservación si bien asientan sus raíces en tiempos remotos y enérgicas luchas de resistencia y creación de vida, pueden comprenderse como prácticas contemporáneas de reactualización fundadas en saberes colectivos interiorizados y reproducidos por las personas que se enlazan para dichos fines (Gutiérrez, 2017a). ↵
- Hablo aquí de un caso concreto que conozco, de una familia del sector Santa Rosa de Temuco, colindante al sector San Antonio donde habito, ambos parte de la zona “abajo de la línea” del tren, que separa lo hegemónico, el centro, limpio, moderno, de las villas y poblaciones estigmatizadas de la ciudad. En Santa Rosa una familia comenzó a levantar una olla común al inicio de la pandemia en 2020, con sus propios recursos y gestión. Alimentan hasta hoy, semanalmente, a cientos de familias del sector y familias migrantes sin mediación estatal ni monetaria de por medio. La práctica de las ollas comunes puede rastrearse en la época de hierro de la dictadura militar (1973-1990), y pervive en distintos territorios a lo largo de Chile. En Temuco funcionan más de una docena de ollas comunes en distintos sectores excluidos.↵
- No escribo aquí sus nombres por respeto a la confidencialidad y cuestiones éticas.↵
- En distintas comunas de la región de La Araucanía, Sur de Chile. Sectores populares, barrios y poblaciones de Temuco, así como sectores rurales y comunidades mapuche durante los años 2015, 2016 y 2017, desde mi trabajo como facilitadora y tallerista en Fundación PRODEMU, Promoción y Desarrollo de la Mujer.↵
- Ocurrido el 07 de septiembre de 2017 en Chiapas, con magnitud 8,2. Afectó al centro y sureste de México, así como a Guatemala, El Salvador, Honduras y Belice.↵
- En el periodo que escribí esto, fuerzas policiales del estado asesinaron en Plaza Dignidad (ex Plaza Italia, Santiago), a Denisse Cortés, estudiante de derecho y observadora de DDHH. El 10 de octubre de 2021 en el contexto de la marcha de los pueblos indígenas ad portas del 12 de octubre. Denisse se encontraba intentando dialogar con un piquete de Carabineros de Chile cuando es alcanzada por un proyectil, estos le impiden recibir asistencia médica, y finalmente fallece ese mismo día.↵






