El acto de escribir es el acto de hacer el alma, la alquimia. Es la búsqueda de una misma, del centro del ser, que nosotras como mujeres hemos llegado a pensar como el “otro” -lo oscuro, lo femenino […] Yo digo mujer mágica, vacíate a ti misma. Estrújate hasta percibir maneras nuevas de ser, estruja a tus lectores hasta lo mismo. Para el chirrido en su cabeza.
Gloria Anzaldúa – “Hablar en lenguas”
Hay un extenso camino recorrido para llegar a este punto, donde supuestamente se encuentra la culminación del proceso. Leemos, investigamos, analizamos, escribimos y concluimos. Una suerte de ruta recta-lineal de acuerdo a los pasos del método que deben seguirse. Pero el camino no se cierra, las posibilidades permanecen abiertas y volvemos a iniciar: es un andar en espiral, cíclico, determinado por los horizontes de futuro de otros mundos posibles que nos movilizan para investigar, y para existir. Las conclusiones son un nuevo comienzo. Mi propio peregrinaje donde se hilvanan memorias, afectos, emociones, experiencias y conocimiento situado -en mi cuerpo-territorio como espacio político-, me permitieron la escritura de narrativas corpo-emotivas feministas, entretejidas con las voces poderosas de Norma, Marisela, Rubí, Areli, Lupita y Humberto. De esta forma, al desdibujar la línea trazada entre teoría y relato (Bochner, 2019), se gesta teorización pulsada desde experiencias vitales, prácticas, sentires, cuerpos que luchan, resisten y se defienden en el Sur.
Es lo que busqué confeccionar en las páginas que conforman esta tesis. Desde las disciplinas de la sociología histórica y los estudios latinoamericanos como telón de fondo, posicioné la investigación en el enfoque epistemológico del giro decolonial y el feminismo decolonial, hilando con una narrativa autoetnográfica y de genealogía de la experiencia (Espinosa, 2019), para mirar las políticas en femenino. A esto le sumé la dimensión textil, como parte de mi propio proceso experiencial epistémico y artístico. La apuesta entonces -tal vez intrépida, desobediente o arriesgada-, versó en la confluencia de heterogeneidades disciplinares, teóricas y metodológicas, que dieron sostén a la indagación y escritura.
A partir de allí, en la pesquisa del objetivo general que guio el proceso, analicé desde una mirada socio-histórica cómo las organizaciones “Nuestras Hijas de Regreso a Casa” (2001-2021) y “Nos Queremos Vivas Neza” (2017-2021) aportan desde una política en femenino a la lucha contra los feminicidios en México. Para dar consecución a esta indagación, fue necesario el despliegue conjunto de una serie de objetivos específicos, que entretejidos y desarrollados en cuatro grandes capítulos, donde voy exponiendo mis hallazgos, resultados y análisis, me permitieron llegar a las presentes conclusiones abiertas.
Comencé la trama y la urdimbre con un relevamiento de las condiciones socio-históricas de la violencia contra las mujeres y los feminicidios en México a través de una mirada de larga duración, de la mano con una caracterización y análisis de las instituciones del estado mexicano que se ocupan de la violencia contra las mujeres y feminicidios. Ambos objetivos los desarrollé en el Capítulo I “Condiciones socio-históricas de las violencias contra las mujeres y los feminicidios en México (1492-2021), apoyada en la mirada proporcionada por la sociología histórica y los estudios latinoamericanos.
Desde el prisma del giro decolonial y el feminismo decolonial latinoamericano, se argumenta cómo la invasión colonial significó la imposición de la modernidad/colonialidad, la racialización, el sistema moderno/colonial de género (Lugones, 2008) y un patriarcado colonial/moderno, que habilitaron la economía mundo capitalista. Se instalan los profundos cimientos del sistema de dominación colonial-capitalista-patriarcal, cuyo eje organizador son las violencias (Gutiérrez, 2018). Asimismo, esto se tradujo en el desmoronamiento del espacio doméstico y su despolitización como residuo: lo asociado a lo femenino, los cuidados, los afectos, las emociones, lo reproductivo y los mismos cuerpos femeninos y feminizados son despojados de politicidad y valor, al tiempo que el tejido social comunitario es destruido.
En concordancia, abordé las condiciones socio-históricas no como simple contexto, sino como una variable explicativa del fenómeno. De esta manera, procuré elaborar un panorama histórico con amplias miras hacia las grandes estructuras y los largos procesos socio-históricos que han modelado la nación mexicana desde la herida colonial de 1492, con la mirada atenta a los elementos y dimensiones que se han configurado en torno a la construcción de lo identitario, y cómo aquello opera de trasfondo de las relaciones sociales entre sujetos/as, a fin de aportar con una lectura crítica e histórica de rastreo de las violencias contra las mujeres y los feminicidios en el territorio mexicano.
No fue pretensión establecer modelos generales o una mirada acabada y completa de toda la historia mexicana -inmensa proeza que excede en demasía los alcances de esta tesis-, sino echar luces sobre cuestiones fundamentales que se entrelazan, enmarcadas en procesos históricos y sus correspondientes periodos. Para así, poner de relieve los vínculos entre la colonización/colonialidad -la herida colonial, el trauma de origen de América Latina-, la construcción de la nación mexicana y sus otros, la conformación de una identidad nacional atravesada por la raza, el género y la clase, cristalizados en lo mestizo y el macho, al mismo tiempo que la negación de lo femenino y lo indígena, principalmente expresado en las figuras femeninas de la Malinche, la Virgen de Guadalupe y la Madre. Claves que habilitan lecturas para la comprensión de las interrogantes lanzadas inicialmente.
En base a todo lo expuesto, argumento -al tiempo que me posiciono teórica y políticamente-, que las violencias múltiples contra las mujeres y los feminicidios son consecuencia de la imposición en 1492 en adelante, del sistema articulado de dominación, que fue enraizándose en Abya Yala como un eco de largo aliento que atraviesa hasta el presente, mediante la instalación de los estados-nación criollos, coloniales-patriarcales y capitalistas que operan la maquinaria feminicida, expresada en exterminio de cuerpos femeninos y feminizados. Esto se complejiza más contemporáneamente con el agravio del narcotráfico y la guerra estatal declarada contra este, la exacerbación del neoliberalismo y la dependencia económica expresada en las maquilas, la corrupción, el paramilitarismo, la exclusión, desigualdad, despojo y múltiples violencias que atraviesan todo el territorio.
Así, el estado mexicano administra los cuerpos y las vidas desde su estructura de poder masculino-dominante. Leyes, políticas públicas, instituciones, fiscalías especializadas, programas sociales, fondos, comisiones, secretarías, sistemas nacionales y diversos mecanismos enfocados en la “erradicación” de la violencia contra las mujeres y los feminicidios, componen una compleja red institucional, interinstitucional y legislativa “destacable” en comparación a otros países de América Latina y el Caribe. La pregunta sobre en qué se traduce todo este saturado aparataje institucional, se responde con el aumento sostenido de feminicidios y ensañamiento con los cuerpos, la impunidad sistemática de los mismos, la inoperancia, indiferencia y complicidad de los agentes del estado, y un continuo velo que oculta la gravedad profunda de la información en cuanto a datos y estadísticas. La vía estado-céntrica ha demostrado no ser garante del cese, reparación y no repetición de los feminicidios como crímenes políticos, ni la ruta de transformación hacia sociedades libres de violencias.
En síntesis, el aporte que propone el primer capítulo es datar el origen de las violencias y feminicidios en la herida colonial y trauma de origen de América Latina, reproducida en un continuum de dominación por los estados-nación, que terminan de capturar “lo político”. Lo despolitizado, residual, sin valor donde son designados los cuerpos femeninos y feminizados, es producto de la imposición del paradigma occidental/moderno, binario y jerárquico que escinde la vida toda. El estado mexicano, con sus propias particularidades culturales y condiciones socio-históricas, es escenario de una guerra contra las comunidades y las mujeres: su compleja red estado-céntrica en la materia, finalmente es garante del sostenimiento y reproducción de la violencia de la máquina feminicida. La manifestación de lo macro-estructural sobre lo micro, los cuerpos y las tramas vinculares.
Avanzada la ruta hasta este punto, me fue posible continuar con la consecución de un tercer objetivo específico a través del cual, situé históricamente las trayectorias de las organizaciones. Esto fue desarrollado correspondientemente en el Capítulo II “Nuestras Hijas de Regreso a Casa (2001-2021). La lucha incansable contra los feminicidios y un linaje “materno” en la defensa por la vida” y el Capítulo III “Nos Queremos Vivas Neza (2017-2021). Mujeres mexicanas organizadas contra los feminicidios. Desde las periferias tejiendo comunidad”.
Comienzo estas piezas biográficas de las organizaciones, entretejiendo con énfasis la narrativa autoetnográfica afectiva y de genealogía de mi experiencia vital, como dimensión sustancial dentro de mi posicionamiento en la construcción epistémica feminista, situada y comprometida políticamente. A la vez, que sustento para reponer el orden de lo no representado en lo metodológico, atravesado por la pandemia: la dificultad de realizar más entrevistas, y la imposibilidad de trabajo de campo, etnográfico y fotográfico en México. En este sentido, el trabajo de escritura-y-análisis de resultados fue materializado mediante el prisma de una metodología cualitativa, feminista decolonial y autoetnográfica, para llegar a los hallazgos.
En el capítulo II, elaboré la trayectoria histórica de NHRC, partiendo desde una mirada socio-histórica hacia el territorio: Ciudad Juárez y la larga cicatriz colonial (Bidaseca, 2021) de la Frontera Norte. Así, doy paso a la primera hebra de la madeja: el feminicidio en 2001 de Lilia Alejandra García Andrade, hija de Norma, muerte que deviene en el origen de la organización. Desde aquí, desarrollé un recorrido histórico y analítico atravesando por distintas dimensiones y episodios: las protestas iniciales, como se fue conformando el grupo humano, sus objetivos principales, alcances nacionales e internacionales de su lucha, amenazas y atentados directos hacia integrantes de la organización, exilios forzados, vínculos y relaciones con el estado mexicano y la (in)justicia liberal, la impunidad sistemática, y el caso emblemático de Campo Algodonero.
Cierro este capítulo con puntadas que permiten hilvanar la siguiente pieza biográfica: la lectura de Rubí de NQVN, respecto de la herencia viva, la genealogía ampliada de NHRC como organización-madre que abre camino en la lucha contra los feminicidios en México.
El capítulo III, parte igualmente desde el reconocimiento socio-histórico del territorio habitado: los márgenes y la periferia de Nezahualcóyotl, estado de México, como coordenadas espacio-temporales explicativas para el devenir organizativo de la asamblea vecinal NQVN. Como en el caso de NHRC, es un feminicidio, el de Valeria Teresa Gutiérrez Ortiz de 11 años, el hito doloroso que da inicio a su lucha. Luego del relato construido en base al entrelazamiento de las voces de las compañeras en torno al caso de Valeria, comienzo la descripción de la trayectoria vital de la organización, pasando por la relevancia del territorio en términos de historia y memoria, la composición humana de la asamblea y cómo esta se fue transformando, sus objetivos principales, organización interna, el tejido de vínculos y redes en el estado de México de la mano con los casos emblemáticos de Diana Velázquez Florencio y Mariana Lima Buendía, y la relación con el estado mexicano y su responsabilidad en la violencia feminicida.
Retomando a María Lugones (2010), una teorización feminista decolonial se construye por mujeres que habitan la frontera y los márgenes, las periferias, las cicatrices. Sujetas de opresiones co-constituyentes y violencias múltiples: la diferencia colonial es per se una zona fronteriza y periférica, en el sentido de ser más que solo territorio, encarna geopolíticas de conocimiento (Fonseca y Guzzo, 2018), situado, afectivo, emocional y corporal. Mujeres de color, no blancas, sujetas a la colonialidad del poder y del género, es un término coalicional, un movimiento solidario horizontal, orgánico, en contra de las opresiones múltiples (Lugones, 2008). De esta forma, y en base a un posicionamiento feminista decolonial antirracista del Sur, como posibilidad epistémica, me reconozco y nos reconozco, mujeres situadas, re-significadas en resistencias encarnadas desde los territorios, en luchas contra la des-humanización, la colonialidad y la violencia.
Enlacé esta propuesta mediante la hilatura con los territorios y sus significancias inseparables al fenómeno y las luchas. A partir de una descripción en términos socio-históricos, culturales, espaciales y económicos, analicé ambas territorialidades habitadas: Ciudad Juárez-frontera y Ciudad Neza-periferia, como cicatrices coloniales que se desgarran (Bidaseca, 2021), espacios de una herida colonial aun abierta. Argumento, no es casual que estos sean los territorios-escenarios emblemáticos donde la máquina feminicida se manifiesta más descarnada: el capitalismo colonial patriarcal se asienta fuerte en las maquiladoras, en la metrópolis como centro de poder -y las violencias de allí derivadas-, zonas-hendijas del dolor donde se desechan cuerpos femeninos y feminizados co-constituidos por opresiones de raza, género y clase.
No obstante, desde estos espacios del agravio, se gesta resistencia y praxis por la defensa de la vida, su sostenibilidad. La lucha de las organizaciones NHRC y NQVN, en la frontera y la periferia, contiene en su corazón palpitante puntos de encuentro, con sus propias especificidades -temporales, generacionales, y de vínculo con el dolor-, que encarnan una continuidad, una genealogía de resistencia que las enlaza. A partir de la cual, postulo, se desarrollan prácticas políticas-otras por fuera de la vereda estado-céntrica, y que justamente allí, encarnan potencialidades para la transformación radical, y amorosa del mundo.
De esta forma, doy paso a la confección de la última gran pieza que conforma el tejido. En base al cuarto objetivo específico, en el Capítulo IV “Entrelazadas resistimos”. La política en femenino en el accionar de las organizaciones. Potencialidades y desafíos en la lucha contra los feminicidios en México”, identifiqué y analicé los aportes de una política en femenino desde las organizaciones NHRC y NQVN respecto al problema de los feminicidios. Centro-corazón de la tesis, que comencé a desplegar a partir del desarme de un nudo, para así dar gesto a la trama y la urdimbre: el desarrollo de la propuesta de las políticas en femenino y sus constelaciones conceptuales, primer apartado que funge como gran bastidor que tensa la tela para bordar, puntada a puntada. Qué son las políticas en femenino, qué herramientas, discursos, prácticas de lucha caben dentro de esta noción, cómo pensamos las luchas contra las violencias que nos matan por fuera del estado, son interrogantes-coordenadas que guiaron la escritura y el análisis.
Principalmente, a partir de los aportes teóricos de Raquel Gutiérrez Aguilar, junto a las propuestas de Rita Segato y Silvia Federici, hilvané lo teórico con mi narrativa corpo-emocional autoetnográfica, con lo afectivo, corporalizado, las experiencias y memorias, confeccionando así teorización situada y feminista. Voy dando sentido y cuerpo escritural a planteamientos epistémicos comprometidos. De esta forma, el desarrollo de la constelación conceptual me habilitó tejer puentes con las perspectivas teóricas expuestas en los capítulos anteriores, situando las políticas en femenino en enlace con una perspectiva feminista decolonial y una escritura autoetnográfica. Así, manifesté la propuesta de situar emociones, afectos, cuerpos, experiencias y memorias, en el centro de las políticas en femenino, como tendencial camino a descolonización y despatriarcalización. Considerando que, tanto el giro como el feminismo decolonial y la propuesta misma de las políticas en femenino, no se “han dejado permear” por estas dimensiones.
Elaboré un análisis de ambas organizaciones, primero a nivel discursivo: las palabras dichas, pensamientos y sentires de otras-políticas en femenino; y luego práctico: las palabras hechas cuerpo, prácticas y acciones políticas en femenino. Las tramas vinculares por fuera del estado, la creatividad que ello requiere, la generación de conocimiento situado y colectivo, la horizontalidad, el autocuidado y cuidado entre-mujeres, lo común y comunitario que involucra también a varones y cómo se vinculan con ellos, los afectos, el cariño, fueron las dimensiones que dieron orden y sentido al análisis de lo discursivo, hilando puntos de encuentro entre NHRC y NQVN.
Luego, desde lo práctico, donde las ideas y palabras se materializan en acción, si bien parto reconociendo las especificidades temporales, territoriales y generacionales de cada organización, los puntos comunes vuelven a florecer: hay objetivos que enlazan, miradas de futuros sin violencia, tramas vinculares y afectivas que las sostienen en la lucha. Recupero la noción de acción directa propuesta por Areli de NQVN, como una apuesta para re-elaborar desde los márgenes los reservorios conceptuales y discursivos históricos de las luchas sociales, desarmar y volver a tejer teoría-y-método. La realización auto-convocada de acopios solidarios para gente de otras entidades federativas, la utilización de las artes como herramienta de denuncia y sanación a través del teatro, talleres para niños y niñas hijas de mujeres asesinadas, pláticas/conversatorios en establecimientos educacionales, programas radiales, la educación popular como práctica de transformación social, jornadas de encuentro entre mujeres, los acompañamientos y lucha en el plano jurídico y la exigencia de justicia, son las acciones políticas de las organizaciones que analicé desde la perspectiva propuesta, procurando hilar fino, resaltando confluencias y desencuentros.
Separé ambas dimensiones en apartados con fines de una exposición más ordenada de la información y análisis, pero haciendo la salvedad enfática de que adscribo a la consideración de que ideas-pensamientos-sentires-emociones no están separadas de las prácticas y acciones políticas: su vínculo es inseparable, fluido, en espiral.
El análisis entrelazado de discurso y procesos analíticos creativos de ambas dimensiones para NHRC y NQVN, me permitió hilar un último apartado referido a las encrucijadas, potencialidades y caminos abiertos, cómo esperanzamos desde el lugar femenino del mundo. Aquí, la hebra que une el apartado anterior, como dimensión emergente que se repite una y otra vez, es la encrucijada en torno a la justicia, cómo la pensamos, cómo la exigimos, qué significa la justicia dentro de los márgenes del estado, lo punitivo, la impunidad. Por su parte, en NHRC como organización de madres y familias afectadas directamente por los feminicidios, la búsqueda de justicia es la brújula que ha detentado el andar durante 20 años: justicia jurídica y justicia social, reparación para las familias. En este sentido, en el lenguaje y accionar de NHRC es posible observar un vínculo más directo respecto de la comprensión de la justicia con el estado y lo que la vereda institucional, legislativa y jurídica ofrece. Los acompañamientos jurídicos en casos de feminicidio y desaparición, la necesidad de aprender e integrar el lenguaje jurídico, burocrático e institucional para gestionar y defenderse en los espacios estatales, han sido desafíos a los cuales ambas organizaciones han debido enfrentarse.
Si bien hay una crítica dura y un reconocimiento directo de la inoperancia, indolencia y complicidad del estado y la política masculino-dominante, viene desde lugares distintos. Esto puedes explicarse de una parte, en términos generacionales, como históricos. Las generaciones de nuestras madres, cruzadas por otros periodos histórico-políticos, encuentran aun en la vía estatal-institucional el medio de solución a los problemas sociales; la asamblea vecinal NQVN, compuesta mayormente por mujeres jóvenes que se auto-reconocen feministas, son mucho más abierta y directamente críticas del estado, con apellido patriarcal. Por otro lado, el vínculo directo con los feminicidios en la búsqueda de justicia es algo que se reconoce como parte de la lucha, el respeto y acompañamiento en la lucha digna que detentan las madres del dolor, no se juzga, no se reniega.
Ahora bien, postulo que esto no significa que en los discursos y acciones de ambas organizaciones el despliegue corporalizado y sentido de políticas en femenino no se encuentre presente: se acciona en ambas veredas, habitamos sociedades capturadas por el paradigma dominante, colonial, patriarcal y capitalista, nos defendemos y resistimos sin abandonar las luchas en el frente estatal (Segato, 2018). La exigencia de justicia de las madres y familias no claudicará, y como feministas no las abandonamos. Esta es una de las principales encrucijadas que atraviesa las luchas.
No obstante encrucijada, es a la vez potencialidad y camino abierto. Re-pensar y re-elaborar la justicia desde otro lugar, así como nociones y formas de pensar dimensiones fundamentales: la acción directa, el poder, el futuro, las afectividades, las emociones, la espiritualidad, los cuerpos que luchan y resisten, la comunidad, lo colectivo. Desde comunidades afectivas-y-afectadas, compuestas por coaliciones de mujeres de color en México, se está apostando por otros-mundos posibles sin violencias, hilando, tejiendo en el cotidiano, en las fronteras y periferias. Es la esperanza que se borda incansablemente en interdependencia para sostener la vida, y para defenderla.
En México como escenario de una guerra “no declarada” abiertamente contra lo femenino y lo común, la brutalidad y la pedagogía de la crueldad (Segato, 2018) están naturalizadas. En una clase del curso “La vida en el centro: potencia subversiva en las luchas de las mujeres en América Latina”[1], pude conversar directamente con Raquel Gutiérrez (2021) respecto de todo lo expuesto. Allí ella me manifestaba cómo el territorio mexicano es un país lleno de fracturas, una geografía rota, contradictoria, donde en algunos lugares rigen ciertas leyes y en otros, otras. Esta fractura objetiva genera la dificultad del encuentro y la vinculación, de la gestión de distancias y el cultivo de cercanías, de comprender la interconexión de las violencias múltiples que atraviesan los territorios, las comunidades y lo femenino. El lugar de las madres que buscan justicia, es de los espacios donde se vivencia más hondo el agravio, donde se presentan más complejas las dificultades a la hora de pensar políticas en femenino: ¿cómo poner en común más allá del dolor?, ¿qué y cómo tejemos colectivamente las luchas de las madres y las mujeres contra los feminicidios, cuando lo primero que enlaza es el dolor indecible?, ¿cómo confrontar los términos individualizantes de cada caso, familia y expediente?, son tramas de sobrevivencia, comunidades afectadas por la muerte sin-sentido donde es profundamente complejo encontrar otras cosas más allá del dolor.
Un posible camino abierto, fértil, radica en poder tejer por fuera-más allá del dolor que absolutiza, pensar, re-elaborar, sanar en base a otros hilos de las tramas: interdependencia, comunidad, afectos, soporte mutuo. Sin negar el dolor, -porque no es posible hacerlo-, la oportunidad del desplazamiento hacia la sanación, para que el dolor pueda fluir, colocarlo al centro para sanar los cuerpos-emociones de las madres, de las familias, de las comunidades y nosotras, sanar juntas en base a la interdependencia amorosa, que construye un basta colectivo ante la máquina feminicida. Este inmenso y complejo camino abierto se nos abre por delante. El latido ampliado que nos une, es seguir esperanzando.
Finalmente, la hipótesis que guio la investigación, se responde con los hallazgos desarrollados y expuestos a lo largo de la tesis. Reconocer que en México existe un entramado de organizaciones que luchan contra los feminicidios y las violencias, cuya lucha repercutió en la respuesta estatal del despliegue de una compleja red institucional al respecto -no traducida en el cese, disminución, esclarecimiento o reparación de los casos-, sino, en un aumento sostenido y ensañamiento de los mismos. En estas condiciones socio-históricas, donde es cuestionable la efectividad de la justicia liberal, parte del andamiaje burocrático del estado, la potencialidad de la resistencia frente a la violencia contra las mujeres y los feminicidios se encuentra en políticas que trascienden lo estado-céntrico: políticas en femenino llevadas adelante por NHRC y NQVN, que re-tejen tramas comunitarias y prácticas de sostenibilidad de la vida. La fuente viva de la transformación social ante el agravio sistemático colonial-capitalista y patriarcal que se inscribe sobre los cuerpos de las mujeres y lo femenino.
A más de dos años de iniciada esta tesis, mi convicción y posicionamiento respecto de lo planteado permanece, pero con la emergencia de otras dimensiones e interrogantes que pueden decantar en posibles líneas de investigación futuras a ser exploradas. Las afectaciones emocionales y corporales que nos atraviesan en la investigación académica -especialmente cuando versan sobre violencia, y cuando habitamos cuerpo de mujer del Sur-, las consecuencias derivadas en nuestra salud y autocuidado; los regímenes de escritura y producción, muchas veces apremiantes; la precarización laboral y académica que aun más, nos exige continuar infatigables, las reconozco también como manifestaciones de violencias que filtran nuestros cuerpos, y son cuestiones experienciales que marcaron mi proceso escritural y reflexivo. Por otro lado, cómo seguir pensando las luchas en contra de las violencias que nos matan desde prácticas políticas-otras, en femenino, allí donde se enlazan las experiencias de las madres y de nosotras; la renovación de los lenguajes con los que deliberamos y nos vinculamos en colectividad; la dimensión textil y su potencialidad como práctica política, artística y epistémica; el lugar de los cuerpos, las memorias, las emociones, los afectos y la espiritualidad en el pensamiento latinoamericano contemporáneo feminista y decolonial; la integración de estos lugares al momento de investigar y generar conocimiento situado, creativo, político, comprometido, transformador, amoroso: son mis potenciales caminos abiertos.
Tomo la aguja y el hilo para rematar la costura, pero la puntada queda abierta: seguimos luchando, seguiremos esperanzando. En homenaje sentido-y-corporalizado mediante gesto textil, “cierro” esta confección con hilos y puntadas para crear una carta, dedicada a las compañeras de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, de Nos Queremos Vivas Neza, y para todas las mujeres y comunidades que luchan desde el lugar femenino del mundo, sin perder la ternura.
Escribí una carta-poesía desde las entrañas, a modo de catarsis enunciativa, de manifiesto, de misiva redactada desde Temuko-Wallmapu hacia la frontera y la periferia de México. Luego, traspasé el texto a mano alzado en la pieza de crea cruda, y posteriormente lo bordé a pulso a través de la técnica de bordado libre a máquina de coser doméstica. La contracara de la carta textil, representa la cantidad de hilos, nudos y enredos que hay tras el proceso de escritura de esta tesis: una metáfora textil-materializada, “lo que no se ve”, lo que queda oculto, pero sin lo cual nada sería posible, las hebras que nos sostienen.
El sobre que contiene la carta, consiste en una pieza de crea teñida a mano con anilina natural morada. Los bordes fueron encandelillados con hilo morado y dorado, y luego unido con alfileres y un botón que se engarza en el ojal. Allí aparecen los datos correspondientes, remitente, y a quienes va dirigida.
Imagen 7 y 8: “Sobre textil”, elaboración propia (2021)


Imagen 9: “Sobre y carta textil”, elaboración propia (2021)

Imagen 10: “Carta textil”, elaboración propia (2021)

Imagen 11: “Reverso carta textil”, elaboración propia (2021)

- Realizado de manera virtual por Fundación Los Comunes en 2021. Tuve la oportunidad de tomar este curso junto a tres queridas amigas que habitábamos Chile, Uruguay y España.↵






