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3 Estudio de caso: estrategias de gestión de la subjetividad en el ethos macrista

Un puente con sensibilidades y prácticas culturales prolíficas en el estilo de vida de los sectores medios escasamente politizados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

El presente capítulo busca identificar los puntos de convergencia entre las estrategias de gestión de la subjetividad vinculadas al bienestar y el engranaje económico cultural neoliberal (con su individualismo radical) en el ethos de Mauricio Macri, presidente de Argentina durante el período 2015-2019 y significante protagónico del proyecto neoliberal para el país. El concepto de ethos se toma como llave para pensar los modos de posicionamiento de aquel que toma la palabra, en este caso, la imagen que este líder proyecta sobre sí mismo en su discurso y la manera de ser y hacer a las que remiten sus maneras de decir, fundamentalmente en el itinerario rumbo a la presidencia. Argumentando en torno a la característica esencial del ethos, Barthes afirma: “El orador debe mostrar al auditorio los rasgos de su carácter (importa poco su sinceridad) para dar una buena impresión. Son sus aires […] el ethos es en sentido propio una connotación: el orador enuncia cierta información y al mismo tiempo dice yo soy esto, yo no soy aquello” (Barthes citado en Maingueneau, 1996, p. 80 [el destacado es del original]). Como efecto de la mediatización de los discursos políticos y de su presencia y viralización en el espacio de las redes sociales, estos no pueden ser exclusivamente caracterizados en términos de actos del lenguaje. En este sentido, cobra relevancia el aporte que realiza Dominique Maingueneau al involucrar la corporalidad para pensar el ethos, señalando que este se estructura tanto en el orden de lo dicho como de lo mostrado. Sostiene Maingueneau (1996) que el ethos “recubre no solamente la dimensión vocal, sino también el conjunto de determinaciones físicas y psíquicas asociadas por las representaciones colectivas al personaje orador” (p. 81). La construcción del ethos macrista se encuentra rotundamente atravesada por la lógica publicitaria, converge con ella al priorizar lo expuesto por sobre lo dicho, la presentación (de un producto/de un candidato) por sobre el contenido (propiedades del producto/propuestas políticas de un candidato). Asimismo, el análisis del ethos en términos de dispositivo enunciativo implica la consideración del momento de enunciación, atendiendo al léxico, el modo de construcción de los destinatarios y la escenografía de habla como algunas de sus manifestaciones. Entendida como la situación de enunciación del discurso, resulta estimulante descartar la escenografía como mero marco o decorado ya construido e independiente del discurso. En efecto, la elaboración de escenografías y las elecciones cromáticas se despliegan como recursos tanto de la política como de la publicidad para captar la atención del público reticente o indiferente (Maingueneau, 2004).

La reapropiación por parte de Macri (y del PRO)[1] de ideas, valores y preceptos asociados con lo espiritual —fundamentalmente de carácter secular alternativo— tendió un puente con sensibilidades y prácticas culturales de explosiva proliferación en el estilo de vida de los sectores medios menos politizados del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Como advierten Vommaro et al. (2015), en su triunfante carrera a la presidencia el “PRO necesita del público, y en especial del ciudadano común, no politizado: hombres y mujeres para los que la política es una actividad distante. A ellos les habla” (p. 19 [el destacado es del original]). Este aspecto contribuye a explicar ciertas afinidades del ethos macrista con los discursos y las prácticas vinculadas con las nuevas espiritualidades a las que se acercan masivamente sectores urbanos identificados con las clases medias en busca de nuevos relatos y experiencias.

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Invitación al Taller de Entusiasmo dictado por el filósofo Alejandro Rozitchner en 2015. Luego de ocupar un lugar en la escena del rock, la cultura alternativa y la enseñanza pública en los años de posdictadura, el filósofo argentino Alejandro Rozitchner se fue consolidando como detractor del pensamiento crítico por considerarlo improductivo e infeliz y como defensor de la política en clave empresarial, practicada con entusiasmo y creatividad. Reflexionando sobre este personaje, Viotti (2018) plantea que, a través de su transformación personal, es posible leer la mutación de las coordenadas culturales de Argentina desde el regreso de la democracia. Miembro activo de la fundación Pensar (think tank del PRO), hacia 2015 dicta un Taller de Entusiasmo en la Escuela de Formación de Dirigentes Políticos del PRO. Rozitchner trabajó como asesor de la estructura partidaria y luego se desempeñó como una especie de coach filosófico de Mauricio Macri durante su presidencia. Cabe reponer su opinión acerca de la confluencia del PRO con una espiritualidad Nueva Era como parte de un cauce natural: “La gente de Macri, la que lo rodea, es gente buena onda, gente bienintencionada, y lo espiritual —que, por otro lado, me gusta mucho, es agradable y tiene que ver con el espíritu de la época— se condice con lo que propone PRO” (Vommaro et al., 2015, p. 424).

Con resultados positivos en el devenir de un proceso persuasivo, el ethos macrista supo enarbolar lo espiritual como senda superadora de los conflictos y de las ideologías. Es posible registrar afinidades entre el ethos macrista y las premisas y pautas de acción que circulan en torno al universo yogui. El encuentro con uno/a mismo/a, la aceptación de la realidad tal como se nos presenta (pues “si sucede, conviene”) son algunos elementos que propician la convergencia entre el PRO y lo espiritual, en términos de su distanciamiento de la política como acción social crítica y transformadora. Dicha confluencia resulta en el despliegue del macrismo como fuerza política espiritual. Al analizar el modo en que la espiritualidad no occidental hace su ingreso en la comunicación política del líder del PRO, cobra relevancia la incitación como una de las finalidades de las situaciones de comunicación, reconocidas por el lingüista francés abocado al análisis del discurso político, Patrick Charaudeau (2004).[2] Si se identifica a Macri como protagonista de un proceso persuasivo, se deduce su pretensión de hacer creer y hacer pensar, para un hacer hacer. Hecho que se materializó en el apoyo político del 51,14% de los/as argentinos/as en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2015.

Para la consolidación de un corpus de análisis, se consideraron discursos enunciados por Macri durante 2012 y 2015. El año 2012 fue el primer momento en que se expuso en los medios la incorporación de la espiritualidad estilo Nueva Era en la comunicación política del líder del PRO, en su rol de jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Su expresión máxima fue la organización del encuentro Fevida, con vistas a hacer de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) el centro espiritual más importante de América Latina y la “Capital Mundial del Amor”. En cuanto al año 2015, el contexto de la candidatura presidencial de Macri, con Daniel Scioli como principal adversario del Frente para la Victoria, focalizó la direccionalidad de sus actos y gestos de comunicación. En este marco, Macri se construyó como el candidato del cambio, capaz de reparar “la grieta” que dividía a Argentina.

Las categorías y herramientas conceptuales consideradas en el desarrollo de este capítulo proceden, en su mayoría, de la escuela francesa del análisis del discurso. Desde allí suele impugnarse la corriente anglosajona de análisis crítico del discurso por funcionalista y mecanicista, es decir, por partir de un sujeto pleno de intención que orienta sus conductas y acciones a un fin, usando el lenguaje como instrumento. Si bien se valora la propuesta francesa de complejizar el modo de concebir a los sujetos, su opacidad y su relación con lo discursivo, en el presente análisis no se descarta la indagación en torno a la eficacia social y política de los discursos seleccionados. Aunque dicha postura aparezca a contramano de la teoría social posmoderna, la imbricación entre el discurso político y el discurso publicitario —que también es parte de la posmoderna indiferenciación de esferas— impide excluir la consideración de intenciones, previsiones y cálculos proclives a ser identificados en los actos de habla de un líder político —más aún en épocas de campaña electoral—. Un ejemplo de ello se sintetiza en la figura de quien fue durante muchos años el principal asesor del PRO en comunicación política, Jaime Durán Barba, cuya estrategia operacionalizó por medio de técnicas transmitidas a diversos cuadros del partido, para que las ejecutarán como siguiendo un manual de instrucciones.[3]

Michel Pêcheux (1978), filósofo considerado el fundador de la corriente francesa de análisis del discurso, se nutre de los aportes de Michel Foucault y Louis Althusser al proponer un cambio de terreno para la lingüística, en el cual sea posible husmear en el carácter ideológico de los discursos. Su invitación a dar cuenta de los sentidos de los discursos situándolos sociohistóricamente recibe buena acogida en el presente trabajo. Con la intención de hacer foco en la presunción de Macri de ser portador de un discurso desideologizado, cabe retomar a Pêcheux para analizar el discurso de un líder neoconservador como un aspecto material de la existencia de la ideología, en el cual se reúnen el lenguaje y la historia. Esta confluencia remite a la noción de formación discursiva desarrollada por Foucault (2005 [1969]). Al regular lo que puede ser dicho en cada época de la historia, las formaciones discursivas restringen el campo de la lengua determinando objetos, modalidades, conceptos y estrategias de comunicación posibles. Aquí reside el aspecto acontecimiental de los discursos y sus condiciones de emergencia, circulación y recepción.[4] Como sostiene Pêcheux (1978), toda formación discursiva se encuentra frecuentada por una alteridad. En este sentido, aún abundan en el discurso del PRO elementos como el conflicto, la agresión, la crispación o la grieta, que remiten al kirchnerismo como otredad. Reflexionando en torno al modo en que la alteridad frecuenta una formación discursiva, cabe rescatar el concepto de interdiscurso como el exterior específico que aporta una doxa, conformada por los otros discursos que hacen de marco y punto de partida. Así pueden comprenderse las referencias a lo espiritual por parte de Mauricio Macri, con el cual marcó un rumbo a otros cuadros políticos del PRO en la construcción de un ethos conciliador. Este priorizó las formas por sobre los contenidos y se opuso a discursos y prácticas consolidados durante los años de gobierno kirchnerista. En esta línea, “el cambio” como eslogan propuso una relación de ruptura y contraste a lo existente, y por ello puede ser leído como una consigna fundada en lo interdiscursivo. Posiblemente, el impreciso anhelo de cambio ha sido —por su vaguedad y su afincamiento en lo íntimo y subjetivo— una de las claves del proceso persuasivo para la constitución de una masa de adherentes de todas las clases sociales, integrada por sujetos que resultaron más interpelados en términos personales que como actores sociales y políticos.

En su búsqueda acerca de la especificidad del discurso político, Eliseo Verón (1987) plantea un campo de enfrentamiento que supone un adversario. “Es evidente que el campo discursivo de lo político implica enfrentamiento, relación con un enemigo, lucha entre enunciadores. Se ha hablado, en este sentido, de la dimensión polémica del discurso político. La enunciación política parece inseparable de la construcción de un adversario” (p. 16 [el destacado es del original]). El ethos construido por el líder del PRO ha dado espacio a las estrategias de gestión de la subjetividad vinculadas al bienestar, inhibiendo lo político como espacio de pujas y lucha de intereses. Los actos de enunciación adversativa quedaron negativamente ligados al ámbito de lo ideológico, mientras que el líder se manifestaba como portador de un discurso superador, más identificado con lo individual que con lo colectivo como clave para abordar el cambio. Evidenciando la interpelación y el fortalecimiento de una ciudadanía replegada sobre sí misma, cobra sentido reponer el siguiente discurso, pronunciado en julio de 2012, en el marco del lanzamiento de “estaciones saludables” con el objeto de mejorar los hábitos alimentarios de la población:

La verdad que cuando uno imagina vida sana, saludable, piensa en médicos, hospitales y no. La verdad que hay muchas cosas antes de eso, que hay una prevención, y una de ellas claramente es la buena alimentación. Cuando uno ve las estadísticas en este momento donde el 43% de los chicos entre 5 y 12 años tienen problemas de obesidad es para asustarse. Para asustarse y actuar. Vos decías [se dirige a la chef argentina Dolly Irigoyen]: basta de papas fritas. Ayer estábamos en la Usina del Arte, que llevamos a muchos chicos de comedores comunitarios y estaban todos con el paquete de papas fritas y chizitos… no, eso no va, eso no es comida saludable. Yo creo que la comida saludable, el tema de la vida no sedentaria, 45% de la gente no hace ninguna actividad física en la Ciudad de Buenos Aires. Las dos cosas juntas, tener un cierto nivel de actividad, por eso es tan bueno que nos enganchemos con la bicicleta, que es una forma de movernos por la ciudad y mantenernos en actividad, cuando los días son siempre tan largos y tan trabajosos, que de golpe si usamos el momento de desplazamiento como momento de actividad física es algo muy bueno. Y claramente, el comer saludablemente las tres o cuatro veces al día que se puede y no comer porquerías todo el tiempo, realmente es algo muy importante, y como vos dijiste, con poca cosa, el mismo esfuerzo, se puede comer sano en vez de comer cosas que no contribuyen.

De arranque y sin tapujos, lo que cada uno/a pueda hacer por sí mismo/a —ejercicio físico, alimentación saludable— se expone por sobre lo que se pueda hacer por la salud como derecho universal y servicio público. Llevar una vida mejor se liga más fuertemente a prácticas privadas que a lo que se pueda garantizar a través de la política pública. Hay, además, un distanciamiento de las condiciones materiales de producción de bienestar en el interior de las familias. La espiritualidad se inserta cómodamente en un ethos que niega lo material como elemento determinante. Así puede entenderse la centralidad otorgada dos meses más tarde al megaevento Fevida: “Buscamos ubicar a la Ciudad de Buenos Aires como el centro espiritual más importante de Latinoamérica”, anunció Macri en una conferencia de prensa con medios locales, respecto al encuentro. Esta feria de espiritualidad, que tuvo lugar en septiembre de 2012, fue presentada por los organizadores, en agosto de ese año, como un evento centrado “en la búsqueda del equilibrio y la salud tanto física como espiritual en un mundo moderno marcado por el estrés y la violencia”. Entre los/as invitados/as internacionales al megaencuentro se destacaron Daniel Goleman, psicólogo, periodista y escritor californiano que adquirió fama mundial a partir de la publicación de su libro Inteligencia emocional en 1995; Sri Sri Ravi Shankar, máximo líder de la fundación El Arte de Vivir y uno de los grandes difusores de la meditación y el yoga en Occidente; Dadi Janki, líder y fundadora del movimiento espiritual de origen indio Brahma Kumaris; Nah-Kin, madre sacerdotisa maya, y Rigoberta Menchú, líder indígena y ganadora del Premio Nobel de la Paz. Del ámbito nacional, estuvieron, entre otros/as, el periodista y figura conocida de la autoayuda Ari Paluch (que aun gozaba de la legitimidad y el reconocimiento que perdería a fines de 2017 al ser denunciado por acoso sexual); el filósofo y asesor de Macri, Alejandro Rozitchner (disertando acerca de la filosofía del entusiasmo); el periodista y conductor Claudio María Domínguez (brindando la conferencia “Ser uno mismo”); el rabino Sergio Bergman (que luego se convertiría en el ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable durante la presidencia de Mauricio Macri); la periodista Viviana Canosa (exponiendo experiencias que relata en su libro Basta de miedos), y la actriz Nacha Guevara (que dio una conferencia con el tema “Cómo rejuvenecer todos los días”).

Los foros y las conferencias magistrales de los más de cincuenta ponentes abordaron temas tan diversos como la espiritualidad en los negocios, la sanación planetaria, la conexión con los ángeles y con vidas pasadas y la terapia de la risa. Macri inauguró el evento con un discurso con el nombre de “El amor a lo público”. Ante el interrogante acerca del modo en que se inserta un discurso así titulado en la trayectoria vital y política de Mauricio Macri, cobra relevancia la reelaboración de los prejuicios y estereotipos como parte del trabajo de construcción de un ethos en el que convergen lo explícito y lo implícito. De esta manera, se torna legible la alusión al aprecio por lo público como parte del “lavado de rostro” de un empresario que se incorpora en su madurez a la política, tras un derrotero signado por negocios millonarios y fraudulentos.[5]

En el Centro Municipal de Exposiciones de la Ciudad —actualmente conocido como Centro de Convenciones de CABA—, Macri dio por inaugurado el “Primer Megaencuentro de Espiritualidad en América Latina” en Buenos Aires:

Yo también me sumo a decir que estoy muy contento de que se organicen este tipo de eventos, y mucho más que sean en la Ciudad de Buenos Aires, en la Argentina, en un momento especial de nuestro país, donde estamos buscando el camino que nos lleve a ser una mejor sociedad, con mayor felicidad para todos. Estar rodeado por personajes tan especiales, que a mí no me gusta que los llamen sobrevivientes, a mí me gusta mejor decir: personas que han decidido vivir con máxima intensidad, con convicción. Seguramente como decía Carlos,[6] a partir de experiencias límite que les ha tocado vivir han logrado espiritualidades diferentes, que los alejan claramente del exceso del consumismo, del materialismo, que nos lleva con su seguridad a la felicidad plena [sic]. En ese camino, yo encontré que sentía que el servicio público era un camino de acercarse, porque entre otras cosas se logran cuando uno entiende que la verdad está en el amor [sic]. En realmente tener capacidad de amarse a sí mismo, amar a los demás. Si uno no se ama a sí mismo no va a poder amar a los demás. Y la verdad que en el servicio público uno encuentra esta cosa de dar y también encuentra la satisfacción de ver que las cosas suceden. Eso es lo que nos pasa a nosotros en nuestro equipo cada vez que terminamos una transformación que le cambia la vida a mucha gente, cada vez que terminamos una obra y vemos una alegría, un problema resuelto, tiene un valor infinito, incalculable, es algo que no se puede explicar en palabras. Pero, claramente, por eso también, creo que va a ser un tema en estos días, en estas jornadas, es que no entiendo cuando no se interpreta lo importante, lo delicado, lo valioso que es administrar el poder [sic]. El poder que finalmente es sumar un conjunto de voluntades en función de algo, y ese algo tiene que ser un fin bueno, tiene que ser un fin de transformar, de crear, de generar oportunidades, a partir de esas oportunidades de realizaciones personales que de vuelta lleven a la felicidad de la gente [sic]. Por eso tenemos que ayudar a desterrar, y espero que en FeVida encontremos los valores para desterrar todo vínculo del poder con la violencia, con la confrontación, con la división.   

Coincido acá con Mario,[7] la Argentina es un país maravilloso, que tiene enormes oportunidades todavía por delante y merece que todos nosotros pongamos lo mejor que tenemos adentro para que eso se transforme en realidades.

Las expresiones indefinidas sobre el poder alimentaron la construcción que hizo Macri sobre sí mismo como una figura política sin ideología, más allá de ella. Como ingrediente de un ethos informal (pero no por eso desalineado), muchos de sus enunciados invitaron a que el/la destinatario/a deduzca el rechazo al ejercicio del poder desde la confrontación y la división que se adosaban al gobierno kirchnerista, sin nombrarlo. Así, el líder del PRO contribuyó a la consolidación de esta idea como presupuesto, elemento evidente, contexto inmanente o telón de fondo que él mismo impugnó al reformular el poder como “suma de voluntades en función de algo bueno”. Reponiendo los diversos actantes que identifica el lingüista francés Christian Plantin,[8] Macri se construyó como oponente atribuyendo al kirchnerismo una prédica confrontativa como rasgo central. Se fue tornando presidenciable al aludir a lo espiritual; el amor, la concordia, la unión se erigieron como elementos de una alternativa a las tensiones y el odio.

En el marco del evento, junto a Sri Sri Ravi Shankar, el líder del PRO continuó afirmándose como ser espiritual:

Estos días de unión nos llevan a entender que tiene que haber una política con espiritualidad. Más allá de las diferencias políticas, religiosas, cada uno tiene que conectarse con eso que tiene adentro. Con su capacidad de dar y recibir, con su capacidad de amar, amar al prójimo, amar lo que uno hace, amar a la vida, amar la ciudad, amar el país, amar el planeta. No como algo abstracto, como algo que no tiene sustancia.

           

Es un click que hacemos para convencer a todos y convencernos nosotros que podemos vivir una vida sana, hacer ejercicio físico, podemos cuidar el medio ambiente. Yo siento que tenemos que hacer ese esfuerzo por conocernos, por conectarnos, por demostrar que el amor es el camino, el camino del trabajo en conjunto. Estoy seguro que con estos maestros de la vida van a encontrar enseñanzas valiosísimas, vamos a ayudarnos a conectarnos con esto que es tan necesario: energía positiva puesta al servicio de todos.

Por su parte, Ravi Shankar declaraba en este marco: “La gente puede preguntarse qué tiene que ver la espiritualidad con la corrupción. Yo te digo cuando hay falta de espiritualidad, falta de entusiasmo, falta de sentido de pertenencia, ahí la corrupción entra en la sociedad”.

La fresca imagen de una nueva “política con espiritualidad” aparecía para remover una política que se expuso como tradicionalmente corrupta. A su vez, la energía positiva a la que aludía Macri y el entusiasmo al que se refería Ravi Shankar resultaban vectores oportunos en el marco de formas de conducción que velaban, con discursos universales, su alejamiento del componente material de las relaciones humanas y de la problemática de la desigualdad social en general.

Siguiendo con el foco en el modo en que se interrelaciona un lenguaje —y el rastreo de regularidades en él— con elementos de la historia, la política y la cultura de un país, cabe detenerse en el itinerario de la idea de una “política con espiritualidad” en el año 2015, momento de plena carrera presidencial de Mauricio Macri. En febrero de ese año, el jefe de gobierno porteño y candidato a presidente de la nación fue el primer invitado de Alejandro Fantino en la séptima temporada del programa televisivo Animales Sueltos. Entre varios temas tratados en la conversación, Fantino se sorprendió con una revelación que el dirigente del PRO hizo al aire:

–A veces el poder cambia, y vos siempre tuviste poder: fuiste presidente de Boca, manejás la ciudad. ¿Cómo vas a resistir el “no cambiar” si te tocara ser presidente y te tuvieras que mudar a la quinta de Olivos, empezás a perder relaciones y a cerrarte, por ejemplo?

–A esta altura, creo que yo no voy a cambiar y tengo muy claro, y he trabajado mucho. Y en eso me ha ayudado el psicoanálisis, la contención familiar, lo bien que me llevo con mi mujer, con mis amigos, con mis hijos, el budismo…

–¿El budismo?

–Lo he utilizado tratando de conocer la naturaleza humana y el sentido de la vida. Soy católico pero he leído y he hecho armonización y me ha ayudado muchísimo. Yo empecé en el 2010, [cuando] había mucha más agresión hacia mi persona [por] todo lo que habíamos vivido por el tema de las escuchas.[9] Y yo necesitaba entender qué estaba pasando y la verdad es que me hizo muy bien el proceso de armonización, las leyes de los sonidos: utilizar más partes de la mente para tener más capacidad de dar y recibir. […] Y reconfirmé una vez más lo mismo: que lo importante son los afectos. Si tengo el honor de ser presidente, es nada, son unos años, y después la vida continuará y lo importante son mi vida y los amigos. Esos afectos. El poder es algo maravilloso si lo utilizás para construir algo bueno para el conjunto de la sociedad, si no termina siendo algo desgastante y ruin.[10]

En el relato acerca de su acercamiento al budismo, Macri no omitió presentarse como católico. En este sentido, la opción por el budismo no quedó planteada como una elección religiosa, sino más bien en la línea de un camino de trabajo interno que forma parte de un estilo de vida edificado con dedicación. El comienzo de esta transformación personal se remonta al año 2009, cuando el publicista Joaquín Molla le sugirió que practicara yoga y meditación para sobrellevar el estrés. Mientras en sus reuniones de gabinete los jugos y las frutas reemplazaban el café y las facturas, los asesores de comunicación comenzaban a trabajar para mostrar a Macri como una persona en forma, tanto física como espiritualmente.[11]

Por otro lado, la aptitud del macrismo para acercarse a otras formas de fe no católicas —más allá de que la mayoría de los cuadros del PRO profesara el catolicismo— alimentó el mosaico plural sobre el que se afirmó con orgullo el PRO.[12]

Como parte del ethos macrista se expuso la capacidad de transformar la agresión en optimismo, y durante la campaña presidencial la intención de que se difundiera dicho ethos llevó a que circulara en YouTube un corto de poco menos de un minuto que se presentaba con la descripción: “En la casa de Mariana y Ariel de Avellaneda hablamos sobre la positividad y los textos budistas”.

Macri: ¿Lo viste anoche?

Mariana: Yo lo vi, lo vi, lo vi. Excelente, excelente, sí, lo vimos todo. Me gustó, eh, me gustó, me gustó. ¿Sabés lo que estaba mirando?…

Macri: A ver…

Mariana: Te escuché hablar, me gusta escucharte hablar, me gusta mucho porque sos como muy positivo, muy positivo…

Macri: Sí.

Mariana: Y yo estoy leyendo un libro que se llama La ley del propósito y yo escuchaba sí, que hablabas de la felicidad, como que la tenemos que ir a buscar. Bueno, que está ahí, ¿me entendés?…

Macri: Sí.

Mariana: Pero que uno tiene que salir a buscarla… y me hizo acordar a ese libro y te iba a preguntar a ver si de esas casualidades lo habías leído.

Macri: No, no lo leí… pero tiene que ver con el budismo, por ahí el libro tuyo tiene algo de budista. [Corte en el spot.] Empecé a hacer armonización y empecé a leer textos budistas y lo que vas es profundizando el conocimiento de uno mismo, te moviliza la energía de la acción, eso es todo muy positivo, la verdad. Y la verdad que a mí me ha hecho bien y te pone en una actitud positiva porque… [fade out].

El discurso de Mauricio Macri se cargó de un léxico positivo, conciliatorio y espiritual que fue dando forma a un inmiscuido repertorio, pues si no encontraba marco apropiado, se colaba por donde podía. Así sucedió en la entrevista televisiva realizada por Fantino, cuando Macri interrumpió al conductor para hacerle un regalo: un libro muy cortito sobre la vida de Mandela.[13]

Hablando justamente de la intolerancia, te lo recomiendo, fue un aporte muy valioso, 27 años preso injustamente esta persona y cero rencor, Ale. Un dialoguista nato, un demócrata profundo, vos sabés que aprendió el idioma de los afrikáner porque él decía que iba a tener que negociar la integración de Sudáfrica y necesitaba hablar en el idioma de ellos. Un nivel de generosidad y de amor por la vida único. Y se lee muy rápido.

Con este gesto, Macri se posicionó en el bando del amor y se diferenció de aquellos que eligen la guerra y el conflicto. A inicios del año en el que se consagraría presidente, el candidato destacaba a Mandela como demócrata, en un contexto en que el gobierno nacional era cuestionado por su debilidad republicana.

A mediados de 2015, en tanto se consolidaba como líder capaz de vehiculizar el cambio y la unión, Macri expuso su disposición a incorporar una armonizadora budista. En una entrevista radial con la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, comentaba:

—La grieta me tocó a mí como uno de los principales victimarios de esa agresión [sic]. Entonces yo dije, bueno. Un colaborador me propuso que… por qué no incorporaba una armonizadora budista que me iba a hacer bien. Y la verdad que me hizo mucho bien, mucho. Me ayudó a conocerme a mí mismo más, me ayudó a liberar energías. Y la verdad que bueno, la armonización me hizo mucho bien.

–¿Qué es una armonizadora?

–Es una líder budista que te ayuda a reflexionar y después te genera, a través de los cuencos tibetanos y de los gongs, la capacidad de adentrarte en vos mismo y de conectarte con áreas tuyas de tu cerebro que tal vez no utilizás.

Como parte del ethos macrista y signo de las transformaciones más novedosas en el accionar armonizante del orden social capitalista, toda clase de conflicto resultó igualmente rechazada. Con intervenciones más o menos explícitas, Macri rechazó la dimensión ideológica que su discurso, como cualquier otro, porta. Su prédica ha sido vehículo de una historia política reciente en la cual la estrategia más efectiva para deslegitimar al kirchnerismo se simbolizó en la imagen de la grieta, como marca de un pueblo dividido. Tanto “la grieta” como la elección de “cambiemos” para dar nombre a la alianza que le permitió acceder a la presidencia pueden ser entendidas como fórmulas que actualizaron el “que se vayan todos” de 2001, en cuanto eslogans capaces de prender entre los/as paradestinatarios/as, aquellos/as a quienes se debía persuadir.[14] Además, “la grieta” operó como forma indirecta[15] de aludir al adversario político, sin perder la armonía como escenografía. Se integró al léxico macrista ejemplificando el entrecruzamiento entre discursos construidos desde la prensa y desde la política. En este sentido, se trata de un interdiscurso que se instaló desde el periodismo opositor, y comenzó a circular en la sociedad como representación dominante a partir del conflicto por las retenciones a la soja en 2008. El líder del PRO se montó sobre enunciados producidos desde la prensa alimentando su magra argumentación. “La grieta” y el presupuesto de que el kirchnerismo venía ejerciendo el poder desde la agresión y la división hicieron de puntos de apoyo para Macri, quien los presentó como ámbitos de consenso social.

El estilo del PRO se afirmó en un modo de hacer que atravesó tanto los contenidos como las formas políticas, y se consolidó destacando su desvío de lo que los años de gobierno kirchnerista construyeron como norma. Mauricio Macri fue construyendo una imagen de sí capaz de encarnar lo opuesto —en múltiples dimensiones— a cualquier forma de rigidez y autoritarismo: tolerante frente a las posturas diversas, indisciplinado e informal en su modo de celebrar las victorias, tierno como esposo y sensible como padre, ambiguo en su programa político. (“Todos queremos lo mismo: vivir mejor”, afirmaba en uno de los últimos anuncios de campaña antes del balotaje en el que se impuso frente a Daniel Scioli).

La incorporación de la espiritualidad heterodoxa en el ethos macrista fue una muestra de la intuición de que toda expresión de rigidez hubiese conducido a la derrota. Como contrapropuesta al conflicto, Macri convocó —mediante la espiritualización de la política— a la no política, al refugio en el deseo subjetivo individual y en la realización personal, enfatizando la necesidad de adentrarse en uno/a mismo/a para estar bien con los/as demás, como sendero (inmaterial) hacia un mundo mejor.


  1. Oficialmente, Propuesta Republicana ha informado que la sigla PRO fue obra del publicista Ernesto Savaglio a quien se le encomendó en 2005 la definición de una apócope para bautizar el frente con una sigla de fuerte impacto. Savaglio fue quien propuso utilizar el término “PRO”, buscando simbolizar una idea propositiva y profesional. El publicista experto en comunicación política, que falleció en 2020, también fue el creador del eslogan “Haciendo Buenos Aires”, cuando Macri fue jefe de Gobierno en 2007 y 2011. Posteriormente asesoró a Daniel Scioli para que incorporara el color naranja en su gestión como gobernador bonaerense; en 2015, ideó para Sergio Massa el logo +A, y luego trabajó con Gustavo Posse, a quien ayudó a crear la marca y el logo del municipio de San Isidro. Su recorrido profesional ilustra los posibles enlazamientos entre publicidad, marketing y comunicación política.
  2. Charaudeau (2004) distingue seis objetivos de las situaciones de comunicación: prescripción, solicitación, incitación, información, instrucción, demostración. Sostiene que “los objetivos corresponden a una intencionalidad psicosocio-discursiva que determina la postura del sujeto hablante en el acto de lenguaje y que parte del intercambio lingüístico mismo. Los objetivos deben ser considerados desde el punto de vista de la instancia de producción que tiene en perspectiva un sujeto destinatario ideal, pero evidentemente deben ser reconocidos como tales por la instancia de recepción”. En cuanto al objetivo de incitación: “Yo quiere ‘hacer hacer’, pero al no estar en posición de autoridad, no puede sino incitar a hacer; debe, entonces, ‘hacer creer’ (por persuasión o por seducción) al tú que será el beneficiario de su propio acto; tú está, pues, en posición de ‘deber creer’ que si actúa es por su bien”.
  3. Esta lógica ha sido expuesta por Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central de la República Argentina entre 2015 y 2018, cuando durante una conferencia dictada en abril de 2014, en la Universidad de Columbia de los Estados Unidos, expuso las técnicas para debate en las que lo instruyó el consultor Durán Barba para las elecciones legislativas de 2013. Con soltura, Sturzenegger compartió los cuatro consejos que había recibido como parte de un coaching, horas antes de presentarse en un debate televisivo con Martín Lousteau y Carlos Heller: 1) “No propongas nada”; 2) “No expliques nada”; 3) “No ataques a nadie”; 4) “Si alguien te ataca, no te defiendas”. Vale la pena iluminar el carácter metadiscursivo de las instrucciones ofrecidas por Durán Barba a Sturzenegger acerca de cómo hacer discursos.
  4. Por ejemplo, cuando en las décadas de 1960 y 1970, un contexto de procesos de descolonización, revoluciones y lucha armada daba cabida a la idea de hombre heroico, dispuesto a dar la vida por sus ideales, podía emerger y extenderse un lema como “patria o muerte” (a partir de su pronunciamiento por Ernesto “Che” Guevara en el marco de la XIX Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1964).
  5. Además de haber estado, entre 1992 y 2003, al frente de la automotriz Sevel —una de las empresas favorecidas durante la última dictadura militar, a causa de la estatización de la deuda privada, de la cual se beneficiaron otras del grupo SOCMA (Sociedad Macri), posteriormente denunciada por contrabando—, Macri ya había dado por entonces muestras de su lógica privatista tanto en su gestión como presidente del club Boca Juniors como en su rol de jefe de Gobierno de CABA.
    Al respecto resulta esclarecedor lo que resumen Vommaro et al. (2015) con respecto a la gestión del PRO en CABA desde 2007: “Como nueva derecha pragmática, no se constriñe a los límites estrictamente pro mercado: muchos de sus cuadros creen en la intervención del Estado para reducir desigualdades sociales, aunque esa intervención nunca se orienta en sentido contrario al mercado […] en asuntos económicos, los recursos públicos se deben poner al servicio de la creatividad de los privados, al crear oportunidades de desarrollo de negocios. En el ámbito sociocultural, los coagentes privilegiados se encuentran en la sociedad civil, por lo cual se deben promover alianzas con el tercer sector, movilizador de las energías sociales hasta entonces dispersas en pequeñas acciones de voluntariado” (p. 23).
    Ver también con respecto a la concepción y gestión privatista del PRO en materia de educación: “Historia de dos ciudades: El legado de Mauricio Macri en la CABA” (10 de abril de 2015), y con respecto a la concepción y gestión privatista del PRO en materia de salud, según el por entonces precandidato a jefe de Gobierno porteño Martín Lousteau (por Frente ECO): “En ocho años, Macri no construyó ni un solo hospital y bajó el presupuesto para Salud” (14 de abril de 2015).
  6. Carlos Pérez Vilaró, sobreviviente de la tragedia en la cordillera de Los Andes. El accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea uruguaya ocurrió el viernes 13 de octubre de 1972, cuando el avión militar con 40 pasajeros y cinco tripulantes que conducía al equipo de rugby del Old Christians ―formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris― se estrelló en la cordillera de los Andes en Mendoza (Argentina), a 3.600 metros sobre el nivel del mal, en ruta hacia Santiago de Chile. Los hechos inspiraron varios libros y películas.
  7. Mario Sepúlveda, uno de los 33 mineros que sobrevivieron en Chile, tras quedar encerrados a 700 metros de profundidad durante 70 días en agosto de 2010.
  8. Concibiendo la argumentación como un “modo de gestión de la diferencia”, Plantin (2005) describe la situación de argumentación como una situación tripolar, con tres actantes: el proponente, el oponente y el tercero, a quien corresponde el discurso de la duda o de la puesta en cuestionamiento.
  9. En mayo de 2010, el juez federal Norberto Oyarbide dispuso el procesamiento del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, en el marco de la causa por escuchas telefónicas irregulares. Macri fue procesado por los delitos de violación de secretos, abuso de autoridad y falsificación de documentos públicos en concurso con el de asociación ilícita (en carácter de miembro). Oyarbide también procesó sin prisión preventiva y por los mismos delitos a los ex jueces misioneros José Luis Rey y Horacio Gallardo. El magistrado procesó sin prisión preventiva al ex ministro de Educación porteño Mariano Narodowski por el delito de encubrimiento y dictó el sobreseimiento del ministro de Justicia y Seguridad de la Ciudad, Guillermo Montenegro (“Se conocieron los fundamentos del procesamiento de Macri”, 17 de mayo de 2010)
  10. Transcripto en “Macri: ‘El budismo me ayudó mucho”, 19 de febrero de 2015.
  11. La polémica comenzó cuando el entonces jefe de Gobierno porteño se propuso trasladar sus costumbres a la esfera pública y destinar parte del presupuesto a prácticas de estilo Nueva Era: “En mayo de 2012, las maestras del Jardín Maternal N° 8, de Bonpland y avenida Córdoba, denunciaron que se las obligó a realizar un curso de meditación y yoga con el fin de ‘mejorar las relaciones institucionales’. Por la capacitación, que se hizo fuera de su horario, una ONG les cobró 130 pesos a cada una” (Vommaro et al., 2015, p. 426).
  12. La incorporación de Sergio Berman —primer rabino en ocupar un cargo legislativo en América Latina— da cuenta de la intención de lograr un compuesto multirreligioso.
  13. Se trataba de La sonrisa de Mandela, de John Carlin.
  14. Verón (1987, pp. 17-18) propone tres tipos de destinatarios de los discursos políticos: los prodestinatarios (colectivo de identificación frente al cual prevalece la función de refuerzo), los contradestinatarios (excluidos del colectivo de identificación frente a quienes prevalece la función de polémica) y los paradestinatarios (frente a quienes va dirigido todo lo que en el discurso político es del orden de la persuasión).
  15. García Negroni (1988) distingue dos tipos de destinatarios negativos (subtipos de lo que Verón denomina contradestinatarios): el encubierto, que aparece bajo la tercera persona plural o singular, o bien bajo la forma ambigua de la segunda o tercera persona del plural (“aquellos que” o “aquel que”/ “el de siempre” o “los de siempre”) y el indirecto (aparece menos explicitado y se deduce al ser evocado mediante huellas polifónicas).


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