La planificación de un escrito científico requiere, a modo esquemático, cuatro momentos bien diferenciados como son la búsqueda y recuperación del material bibliográfico con el que se va a trabajar, el análisis del formato o requisitos del medio a través del que se va a comunicar y, por último, la estructuración del escrito teniendo en cuenta los dos puntos anteriores.
Búsqueda y recuperación del material bibliográfico
Una máxima en escritura científica que suele escucharse, pero difícilmente se encuentre escrita en algún manual, reza que en un manuscrito existen escasos espacios donde uno/a escribe por sí mismo, lo que tiene en su cabeza o lo que le viene a la mente. Más bien, lo que sucede es que se suele escribir teniendo en cuenta a otros/as autores/as y a los resultados de sus investigaciones para evitar que el documento sea un conjunto de pareceres o juicios. De hecho, cuando una persona se posiciona frente a un artículo científico, puede observar una gran cantidad de citas colocadas una tras otra, tal como se advierte en la Figura 1. Con excepción de apartados como los resultados o las fortalezas y debilidades donde no suele haber referencias a otros trabajos.
Figura 1: Ejemplo de apariencia de un artículo científico
Fuente: Salessi y Gabini (2024)
Al respecto, Carlino (2006, p. 16) sostiene que:
La escritura en la investigación se caracteriza por aportar algún conocimiento nuevo, original y por discutir (avalando o polemizando con) el conocimiento ya establecido dentro del campo disciplinar. A su vez, esto implica la necesidad de compaginar enunciaciones: la voz del autor que escribe la tesis con las voces de los otros autores que han producido en el mismo campo, y a quienes se debe parafrasear, resumir, citar textualmente, comentar, criticar, categorizar. Esta polifonía presenta no pocas dificultades a quien escribe.
Una vez realizada esta aclaración, se puede comenzar a plantear el proceso tal como se propone en este libro. Para realizar correctamente la búsqueda del material es imprescindible definir los aspectos que se enumeran a continuación:
Fuentes
La fuente hace referencia al “tipo” de material que se va a buscar. En general, la recomendación es que un escrito académico se realice con fuentes confiables. Los textos considerados científicos son aquellos que han atravesado un proceso de revisión que otorga tal carácter. Vale recordar que la “ciencia” en general ha adoptado un sistema de evaluación por pares a doble ciego (del inglés double-blind peer review). Este sistema consiste en que dos expertos en la materia sobre la que trata un trabajo evalúan el manuscrito y luego emitan un dictamen sobre el mismo. Si bien ese mecanismo es el que funciona al interior de las revistas científicas, también pueden encontrarse evaluaciones similares —pero de menor rigurosidad— en otros tipos de documentos. De esta manera, se pueden señalar como fuentes académicas a:
- Resúmenes o trabajos ampliados publicados en actas de congresos o eventos científicos de la especialidad;
- Libros y capítulos de libros que hayan sido publicados luego de ser sometidos a revisión por parte de un comité evaluador;
- Tesis (preferentemente de posgrado);
- Artículos científicos.
Teniendo en cuenta lo anterior, se sugiere evitar la consulta de documentos o materiales subidos a páginas web, blogs, artículos de difusión o libros que no tengan un comité científico/académico dado que no han cumplimentado el proceso de evaluación antes descrito. Y, por lo tanto, el contenido no ha sido revisado ni aprobado para su publicación bajo los estándares actuales de la ciencia.
A partir de ello, se debe definir el alcance de la búsqueda. Es decir, decidir si se van a incorporar sólo libros, capítulos de libros, sólo artículos científicos, artículos y tesis o todos los nombrados anteriormente. Esto configura la primera decisión que se debe tomar.
Lugar de acceso
Hace algunas décadas la búsqueda del material científico se daba únicamente en bibliotecas o mediante la suscripción a revistas científicas. En la actualidad, afortunadamente, la forma de búsqueda y acceso se simplificó debido al ingreso de las nuevas tecnologías y la mediatización de estos procesos a través de recursos digitales. De esta manera, se puede lograr un mayor alcance y en un menor tiempo en comparación con los formatos de búsqueda relacionados al material físico que se solían utilizar.
Dentro de esta amplia denominación de “recursos digitales” para la búsqueda se pueden diferenciar dos espacios: el lugar donde se “aloja” el material y el espacio mediante el que se busca y accede a dicho material.
En lo que hace el primer punto, en la Tabla 1 se indican aquellos espacios en los que se suele alojar cada tipo de documento. Es decir, dependiendo de la naturaleza del texto, será el lugar donde se pueda encontrar.
Tabla 1: Tipos de textos científicos y sus características
El segundo punto hace referencia a lo que se puede nombrar de manera general como “motor de búsqueda” o simplemente “buscador”. Con esta nomenclatura se busca poner el acento en el recurso que viabiliza la búsqueda.
La búsqueda permite remitirse a los lugares donde se aloja el material o la información para encontrarlo. Las bases de datos e índices de revistas recogen y clasifican la producción científica. Del mismo modo que existen diferentes tipos de revistas en función de su campo de especialización, muchas bases de datos también pueden clasificarse por áreas o bien tener un carácter interdisciplinar. A su vez, estos índices sirven para evaluar las publicaciones científicas (revistas) en base a criterios de calidad tales como: originalidad de las investigaciones publicadas, cumplimiento de la periodicidad, factor de impacto (número de citas), visibilidad, internacionalización de los/as autores/as. Existe multitud de sistemas de indexación de revistas científicas, tanto nacionales como internacionales, por eso puede resultar interesante establecer una clasificación de los mismos (Tabla 2).
Tabla 2: Clasificación de las bases de datos

Más allá de estas diferencias técnicas, en términos generales suele hablarse de bases de datos y repositorios. Dependiendo de la naturaleza de las primeras, el acceso al material podrá ser abierto y gratuito (Dialnet, Redalyc) o por medio de un pago y suscripción (Scopus, Web of Science).
Adicionalmente, hoy día se ha comenzado a utilizar un nuevo fenómeno conocido como comunidades académicas que también permiten recuperar textos científicos. En este caso, la calidad científica del documento depende de la persona que realice la carga. Es común encontrar libros, capítulos de libros o artículos científicos (pre-print o artículos cuyo acceso no es abierto) que los/as académicos “suben” a la plataforma; pero también puede hallarse otro tipo de material que no haya atravesado el proceso de evaluación del contenido previamente. Entre las más destacadas se encuentran: Researchgate, Academia.edu, Scribd, entre otras.
Criterios de búsqueda
Una vez que se conocen con claridad los puntos descritos anteriormente, se puede proceder a la búsqueda. El método utilizado debería poder responder a una serie de preguntas básicas como:
- ¿Qué se va a buscar? ⇒ Tipo de texto científico
- ¿Dónde se va a buscar? ⇒ Buscadores, repositorios o bases de datos
- ¿Cuándo se va a buscar? ⇒ Recorte temporal
- ¿Cómo se va a buscar? ⇒ Palabras clave
- ¿Cuántos resultados se obtuvieron? ⇒ Cantidad de respuestas de la búsqueda
- ¿Cuántos de ellos se seleccionaron y por qué? ⇒ Criterios de selección
En la Figura 2 puede observarse un ejemplo donde se encuentra la respuesta a cada uno de estos interrogantes. Este grado de detalle permite “replicar” la búsqueda al tiempo que omite la selección arbitraria de fuentes.
Las dos primeras preguntas ya han sido abordadas y deben definirse antes de comenzar la búsqueda. En lo que hace a la tercera, parece razonable para algunos casos establecer un criterio temporal con respecto a los años incorporados en la búsqueda. De esta manera, para estados del arte suele recomendarse contemplar los últimos cinco años en temáticas con un buen grado de desarrollo investigativo; mientras que en torno a otras problemáticas donde no existan tantos estudios, el criterio puede extenderse a los últimos 10. El criterio de los últimos cinco años también suele ser utilizado por revistas científicas a la hora de evaluar las referencias de un artículo.
Figura 2: Ejemplo de búsqueda bibliográfica

Fuente: Salessi y Omar (2017)
Este fenómeno ha sido identificado como una ley bibliométrica denominada “Ley de obsolescencia de la literatura científica” en 1956 por Derek John de Solla Price. Cabe señalar que la misma fue desarrollada en un contexto donde los tiempos de la divulgación y los avances científicos eran muy distintos a los de la sociedad digital del siglo XXI. Además, existen diferencias sustanciales entre los períodos de vida media de la literatura en las diversas ramas científicas. El Índice de Price expresa:
El porcentaje de referencias con cinco años de antigüedad o menos, en relación al total de referencias citadas. Este indicador es una herramienta para asegurar un grado elevado de actualización (de preferencia entre el 70% – 80%) en la literatura consultada y citada. Será tarea del investigador garantizar que además de actualizada la bibliografía sea relevante y adecuada para el tema abordado. Sin embargo, no debe ser considerado como una regla rígida. El uso de fuentes más antiguas puede ser válido si se trata de clásicos de obligatoria consulta, u otros textos de información relevante y fundamental para el conocimiento actual (Araujo Inastrilla et al., 2023, p. 2).
En la etapa de la búsqueda propiamente dicha se deben tener en cuenta algunas cuestiones particulares. Si bien las mismas pueden realizarse colocando las palabras que “intuye”, son las correctas. En muchos casos, la utilización de tesauros o descriptores suele ser de gran ayuda. La palabra tesauro, derivada del neolatín que significa tesoro, se refiere a listado de palabras o términos empleados para representar conceptos. En las Ciencias de la Información, un tesauro es una lista que contiene los “términos” empleados para representar los conceptos, temas o contenidos de los documentos. Con ello, se busca efectuar una normalización terminológica que permita mejorar la comunicación entre los usuarios y las bases de datos. En general, un tesauro comprende: Un listado de términos preferidos ordenados en forma alfabética, temática y jerárquica; un listado de sinónimos de esos términos preferidos; indicaciones sobre la jerarquía o relaciones entre los términos (ejemplo: “términos más generales” o “términos más restringidos”); y las definiciones conceptuales de los términos (Gobierno de Santa Fe, s.f.).
Entonces, un descriptor es cada uno de los términos escogidos entre un conjunto de sinónimos para representar de manera unívoca, generalmente, un concepto susceptible de aparecer con cierta frecuencia en los documentos indexables y en las consultas que se realicen. El descriptor corresponde normalmente a la etiqueta de un concepto y es la unidad mínima de significado que integra un tesauro o una lista de descriptores. El descriptor es el término por el cual efectivamente se indexará y, por lo tanto, por el cual se recuperarán los documentos referidos a su temática. Dicho de manera más simple, un descriptor es una palabra o composición de palabras que define el contenido de un documento (Gobierno de Santa Fe, s.f.). En la Figura X se observa un ejemplo del descriptor “trastornos relacionados con sustancias”.
Figura 3: Ejemplo de búsqueda en Descriptores en Ciencias de la Salud

En el caso de que se trate de una composición de palabras, como algunas de las que se muestran en la figura anterior, se recomienda colocarlas en los motores de búsqueda entre comillas para que las bases de datos o buscadores las identifiquen como un campo único. Caso contrario, procederá a la búsqueda de cada una de las palabras por separado, lo que incrementará el número de devoluciones. En la Figura 4 puede observarse cómo se reduce el número de resultados al utilizar las comillas y, probablemente, también se logre que esos artículos sean más pertinentes.
Figura 4: Comparación de búsquedas de un descriptor compuesto con y sin uso de comillas

Con esto, cuando se comienza a pensar en una búsqueda bibliográfica, se deben tener en cuenta las “palabras” que se van a colocar en los recursos seleccionados. Normalmente se comienza posicionando primero el término más importante y luego se pueden ir añadiendo los demás. Sin embargo, no existe un formato establecido y, más allá de estas recomendaciones, el proceso suele desarrollarse a modo de “prueba y error”, en tanto se deben probar distintas combinaciones de palabras clave hasta conseguir el resultado esperado. También es válido “probar” los distintos términos considerados sinónimos por el tesauro.
A su vez, resulta interesante tener en cuenta la relación entre los términos utilizados en la búsqueda. Para ello, se utilizan los denominados “operadores booleanos” (Figura 5). Se trata de palabras o comandos que conectan dos o más términos, lo cual resulta en la búsqueda de artículos que contengan los términos y la vinculación incluidos. Los operadores más comunes son AND y OR (en mayúsculas). Cuando se utiliza AND, el buscador incluirá todos los artículos que tengan ambos términos utilizados, y no incluirá ningún artículo que solamente contenga uno u otro término. En cambio, OR se utiliza para combinar dos o más términos diferentes, e incluirá artículos que tengan uno u otro término (Avelar-Rodríguez & Toro-Monjaraz, 2018).
Figura 5: Tipos de Operadores booleanos

Fuente: Biblioteca Virtual de Salud España (2023)
Una vez que se han determinado las palabras clave, la búsqueda debería replicarse en todas las bases de datos seleccionadas. El “resultado esperado” como corolario de este proceso está íntimamente emparentado con las últimas dos preguntas, dado que podrían tomarse como indicadores de una buena búsqueda en tanto se cumplan dos condiciones: 1. Que la búsqueda devuelva un número manejable de respuestas (este punto varía indudablemente en función de la temática sobre la que se está realizando la búsqueda, el período de tiempo delimitado y la cantidad de recursos humanos abocados a la tarea); 2. Que los resultados estén alineados a los objetivos de la búsqueda. Dicho de otra manera, de nada sirve disminuir el número de respuestas o devoluciones incorporando palabras clave si los artículos que permanecen no tienen que ver con la investigación. Aquí vale reiterar que todo proceso de búsqueda bibliográfica es de alguna manera “artesanal”, depende mucho de la experiencia y pericia de la persona que la realice y no existe una “receta mágica” que garantice su éxito (más que la dedicación).
Por su parte, la recuperación del material se conoce como el proceso posterior a la búsqueda que permite encontrarse con el documento en formato de “texto completo”. Este procedimiento difiere levemente en función del “buscador” o recurso utilizado. Sin embargo, en la mayoría de los casos se puede identificar claramente si se tiene acceso al material. Es menester comentar aquí que, muchas veces, los documentos académicos no se encuentran disponibles (pero sí se pueden consultar los resúmenes) debido a las políticas de las revistas o bases de datos.
Esto se debe a que, actualmente, el modelo de funcionamiento de la comunicación científica no es libre ni gratuito, ya que para acceder se tienen que pagar licencias para su uso y, además, la mayor parte de sus contenidos están bajo derechos de explotación de las editoriales. Estas barreras, sobre todo económicas, son impuestas por grandes empresas editoriales que publican la mayor parte de revistas científicas. Frente a esta situación, el acceso abierto (del inglés, Open Access) surge como un cambio de paradigma que implica la eliminación de las barreras a la información científica: económicas y jurídicas:
El acceso abierto implica que los usuarios pueden leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o enlazar los textos completos de los artículos científicos, sin coste alguno, sin más restricción para su reproducción y distribución que el derecho de los autores a la integridad de su obra y a ser reconocidos y citados (Universidad de Cádiz, s.f.).
En este sentido, algunas bases de datos suelen “liberar” el material para su acceso abierto luego de transcurrido un determinado tiempo desde su publicación y durante ese período la plataforma coloca cargos para su consulta. De hecho, cualquier persona que atraviese por este proceso se encontrará con la necesidad de acceder a un determinado material que no se encuentra disponible (Figura 6). En otros países es común que las universidades de mayor prestigio y, por ende, los/as investigadores/as tengan acceso a las bases de datos pagas. Sin embargo, la realidad en Latinoamérica suele diferir y en una búsqueda es muy probable que la persona se tope con un cartel indicador como el que se observa en la Figura 6. De esta manera, se debería abonar el monto señalado para poder obtener el acceso al texto completo del documento, aun sin saber si el artículo será de utilidad.
Figura 6: Ejemplo de acceso pago a artículos científicos en Elsevier

Sin dudas, la comercialización de la información científica y las barreras de pago para su acceso se han convertido en una problemática para el quehacer de las personas que investigan. El movimiento destacado anteriormente de acceso abierto ha propuesto vías para favorecer su acceso, pero otros actores han impulsado diversas estrategias para acceder a la consulta y descarga del material (Monti & Uzurrunzaga, 2020). Algunos caminos alternativos para hacerse de un artículo científico que se encuentra en estas condiciones son:
1. Ingresar a las bases de datos para ver si se tiene acceso al texto completo. En la Figura 7, se puede observar el caso de un mismo artículo sin acceso en dos bases de datos distintas. De hecho, el mismo no estaba disponible en ninguna de las que estaba indexada la revista.
Figura 7: Ejemplo de un artículo sin acceso en dos bases de datos

2. En Google Académico: ir a “todas las versiones”. Verificar si está alojado en otra base de datos. La página principal de Google Académico muestra uno de los lugares donde se encuentra el artículo, pero como una revista científica puede estar indexada en diversas bases de datos, es importante revisarlas todas (Figura 8).
Figura 8: Ejemplo de “todas las versiones” en Google Académico

3. Con los datos de publicación que proporciona el motor de búsqueda, ir al sitio web de la revista científica y buscar el volumen y número correspondientes (Figura 9).
Figura 9: Ejemplo de un artículo sin acceso desde la revista

4. En cualquier buscador, pegar el nombre del artículo entre comillas y verificar si está alojado en alguna comunidad académica (Figura 10).
Figura 10: Ejemplo de un artículo sin acceso a través de Researchgate

5. Buscar los datos del autor/a de correspondencia y enviar un correo electrónico solicitando el artículo (Figura 11).
Figura 11: Localización de los datos de correspondencia en un abstract online

Si ninguna de estas opciones resultara efectiva, otra de las alternativas disponibles es el portal web que se conoce como “Sci-Hub” (Figura 12). Se trata de un repositorio “alternativo” de más de 70 millones de artículos académicos fundado en septiembre de 2011 por Alexandra Asanovna Elbakyan, que permite el acceso irrestricto a un número considerable de revistas científicas sin suscripción ni entrega de datos personales. Para evitar que sea “dado de baja”, el sitio cambia de dominio regularmente, pero el acceso sigue operativo. La búsqueda se realiza colocando el DOI o el URL correspondiente al artículo que se desea visualizar en el portal del repositorio (De Vito, 2019).
Figura 12: Acceso al artículo a texto completo a través de Sci-Hub

Cualquiera que sea el método empleado para llegar hasta el artículo a texto completo, seguidamente se debería descargar y almacenarlo siguiendo alguna metodología particular. Para ello, se sugiere crear una carpeta nueva y colocarle un nombre que permita identificarla rápidamente. Si es en un espacio compartido en la PC y la nube (como Drive o OneDrive), mejor, dado que permitirá continuar trabajando desde cualquier lugar con acceso a internet. En su interior se deberán colocar los artículos asignándoles un nombre. El mismo debería contener algunos datos mínimos que permitan determinar cuál es el documento buscado sin tener que abrirlo. Por lo tanto, se recomienda colocar: año de publicación, apellido de autor/a (en caso de ser dos, colocar el de ambos, y en caso de ser tres o más, colocar el apellido del primero seguido de “et al.”) y entre paréntesis alguna palabra clave que ayude a saber más sobre el contenido (Figura 13).
Es totalmente común conversar con estudiantes que se encuentran escribiendo su Trabajo Final y que refieran no saber de dónde tomaron tal o cual idea en sus escritos. Parte del problema radica en la forma en la que se almacenan los documentos de base para el escrito; la otra parte tiene que ver con no colocar la cita correspondiente al momento de la redacción. Por esto, es importante no pasar por alto este paso dado que, si tengo alguna indicación en mi manuscrito o borrador sobre los datos de autoría, sólo restaría volver a la carpeta donde se alojan los artículos e identificar el correspondiente. Caso contrario, se debería abrir y leer cada uno de ellos hasta encontrar el indicado.
Figura 13: Ejemplo de carpeta con artículos recuperados y fichados

Análisis del formato o requisitos
Un escrito académico siempre responde a ciertas características generales del tipo de documento (por ejemplo, tesis o artículo científico). Las mismas se exponen en la Tabla 3.
Tabla 3: Tipos de textos científicos y características generales

Además, se debe tener en cuenta que los estilos al interior de cada uno de estos documentos pueden variar en función de la disciplina de base debido a sus enfoques epistemológicos, objetos de estudio, métodos de investigación y públicos destinatarios. Aunque todas buscan la claridad, la coherencia y la rigurosidad, la manera en que construyen sus textos suele variar. A continuación, se presenta una síntesis de los estilos propios de cinco grandes áreas del conocimiento:
- Ciencias naturales y exactas: La escritura es altamente estructurada, objetiva y precisa. Se prioriza la presentación clara de datos y resultados verificables, minimizando la interpretación subjetiva.
- Ciencias sociales: La escritura equilibra la objetividad de los datos con el análisis interpretativo. Aunque se pueden emplear metodologías cuantitativas con una estructura similar a las ciencias naturales, también se utilizan enfoques cualitativos con narrativas más flexibles.
- Humanidades: La escritura es analítica y argumentativa, con un énfasis en el desarrollo crítico de ideas. A diferencia de las ciencias exactas, aquí no existe una estructura rígida y los textos suelen construirse en función de preguntas de investigación que pueden explorarse desde múltiples perspectivas.
- Ciencias de la salud: La escritura es técnica y basada en evidencia empírica. La precisión y la claridad en la comunicación son esenciales, ya que los hallazgos pueden tener implicaciones clínicas directas. El uso de terminología especializada es indispensable.
- Ingeniería y tecnología: La escritura se enfoca en la aplicación práctica del conocimiento. Los textos suelen incluir descripciones detalladas de procesos, modelos y soluciones técnicas, acompañadas de gráficos, diagramas y ecuaciones. La brevedad y la precisión son fundamentales, ya que la comunicación en estos campos busca la eficiencia y la replicabilidad.
Estas diferencias reflejan no sólo las distintas formas en que cada disciplina construye conocimiento, sino también los propósitos comunicativos de cada comunidad académica. Comprenderlas es clave para desarrollar una escritura académica efectiva dentro de cada campo.
Tanto los aspectos generales como los particulares de cada área, deben ser complementados con las condiciones impuestas por la institución destinataria (ya sea una Facultad, una revista, una editorial, etc). Estas suelen ser mucho más específicas y deben respetarse íntegramente. Es común que puedan encontrarse bajo el título directrices, normas para autores/as o bien instrucciones para el envío de trabajos (Figura 14).
Figura 14: Ejemplo de Normas para autores de la Revista de Psicología

En muchas ocasiones, no respetar la totalidad de las normas establecidas implica el rechazo del manuscrito o bien la “devolución” del mismo para su adecuación. En el ejemplo de la Figura 14, pueden observarse requisitos de formato (fuente, tamaño, interlineado, márgenes, sangrías, etc.), de extensión, de estructura y, además, de adhesión a alguna normativa para brindar crédito a las fuentes. En este caso, se hace referencia al “Manual de Publicación de la Asociación Americana de Psicología” (del inglés American Psychological Association, APA).
En el año 2020, se lanzó la 7ma edición del conocido coloquialmente como “manual de normas APA” y, paulatinamente, la mayoría de las revistas científicas vinculadas a la psicología y ciencias afines adoptó este formato para las citas y referencias bibliográficas. Probablemente sea uno de los más empleados en la comunidad científica, empero no es el único. Teniendo en cuenta esta situación desde la Universidad Abierta Interamericana, se editó el libro “La escritura académica: Guía para el desarrollo de habilidades específicas para la comunicación escrita conforme a las normas APA 7ma edición”, como un material de consulta y referencia para estudiantes y docentes de la casa (https://www.teseopress.com/laescrituraacademica/)
Otros sistemas de citado son las normas Vancouver, el estilo Modern Language Association (MLA), Harvard o Chicago. En la Tabla 4, se indican sus principales diferencias.
Tabla 4: Sistemas de citado y sus características

En definitiva, este momento dentro del proceso de escritura tiene que servir para ubicar a la persona en relación con dos grandes aspectos estructurales que son el tipo de documento científico que está escribiendo y dónde quiere ser publicado. Si bien en ocasiones sucede que los “planes” cambian y la revista o institución a la que se pensaba remitir el documento no termina siendo la destinataria del manuscrito, el mismo puede adaptarse fácilmente a otras directrices. Esto se grafica en la siguiente situación hipotética:
Una persona estaba escribiendo un artículo teniendo como parámetro las recomendaciones para autores de una revista en particular. Cuando terminó de redactar el informe de investigación, se dio cuenta de que los términos de publicación habían cambiado y la revista ahora cobraba para comenzar el proceso de evaluación. Entonces, decidió buscar otra revista de alcance similar que no tuviera cargos asociados. Realizó las adecuaciones necesarias y envió el trabajo a la nueva revista.
Tal es así que si se comparan las normas expuestas en la Figura 14 con las que expresan a continuación (Figura 15), se puede observar que la mayoría de las diferencias se encuentran asociadas al formato de presentación del manuscrito, pero la extensión y el sistema de citado son el mismo. Por lo tanto, no habría que hacer grandes modificaciones para remitir el documento a una u otra revista. La misma situación podría pensarse para otros tipos de escritos científicos como libros o tesis.
Figura 15: Ejemplo de Normas para autores de la Revista de Psykhe

Estructuración del escrito
Tal como se vio en el apartado anterior, los distintos tipos de escritos académicos tienen una estructura más o menos clara. Entonces, se debe partir de esa macroestructura para luego ir pensando las microestructuras al interior de cada uno de los apartados. De esta manera, un artículo con formato IMRyD permite separar, inicialmente, el documento en cuatro partes.
Una buena manera de abordar la escritura sería descomponerla en función de las secciones descritas. Esto brindaría dos ventajas. Por un lado, permitiría disminuir la ansiedad y dificultad de tener que escribir un artículo completo para centrarse en, por ejemplo, una introducción. Esta acción se cimienta sobre la idea de dividir metas complejas en objetivos o acciones más concretas y manejables. Por el otro, invita a pensar la esencia de cada apartado. Es decir, siguiendo con la idea anterior, en qué consiste una introducción, qué función cumple, qué partes la componen, cómo aparece estructurada en otros documentos similares. La respuesta a estas preguntas se encuentra en la lectura en tanto para aprender a escribir una buena introducción, seguramente haya que leer muchas introducciones. Pero no sólo leerlas sino buscar comprender esa micro-estructura que la habita. En palabras de Tolchinsky Brenman (2013, p. 29)
“los textos que no se ajustan a las estructuras discursivas esperadas provocan una percepción de incoherencia, aunque las frases estén bien vinculadas entre sí”.
A partir de esta forma de organización, cada uno de los apartados de un documento académico debería ser pensado y escrito “por separado”. Por lo tanto, a continuación, se presentan ejemplos sobre cómo se podría idear la microestructura de dos secciones: Introducción y Discusión.
Introducción
Este apartado es de gran importancia para el éxito del objetivo de difusión de todo informe de investigación. A su vez, suele ser un buen desafío en tanto se espera que en una breve extensión (aproximadamente 2 páginas) se aborden una buena cantidad de aspectos relacionados con aspectos centrales del estudio y con un alto grado de cohesión y claridad.
En principio, una introducción suele comenzar con una presentación general del tema (o variable central del estudio), marcando su importancia social y actualidad. En muchos casos se suele optar como estrategia de redacción por la utilización de estadísticas disponibles o la magnificación de algún aspecto de la temática para graficar el cuadro de situación (Figura 16).
Figura 16: Ejemplo de importancia de la problemática

Fuente: Medrano (2011)
Como puede observarse, la utilización del adverbio comparativo “más” indica que el grado de la propiedad expresada es alto en comparación con otro y, por lo tanto, reviste de importancia. Es dable aquí recordar que para la ciencia aquellos fenómenos que tienen gran incidencia (en el ejemplo, la ansiedad ante examen) son de interés para las investigaciones. También es posible que este apartado comience con expresiones como “en los últimos años”, “en las últimas décadas” o “a partir de X suceso” (como el COVID-19) para describir un incremento en la aparición de la situación problemática.
Seguidamente, es habitual encontrar aspectos relacionados con las consecuencias del fenómeno. Lo más común es que se aborden consecuencias negativas (Figura 17), dado que son las que mejor grafican la importancia de un problema. Sin embargo, cuando se trata de aspectos o variables positivas, también se suelen resaltar otro tipo de resultados. Estas consecuencias, dependiendo del estudio, pueden ser señaladas a distintos niveles: individual, grupal, institucional, poblacional, etc. En este caso, se marca que la ansiedad ante un examen disminuye la autoestima (nivel individual), aumenta la deserción académica (nivel institucional), pero bien podría impactar en otros niveles como el grupal.
Figura 17: Ejemplo de consecuencias de la problemática

Fuente: Medrano (2011)
Luego de dar cuenta de la magnitud del problema, algunos textos optan por trabajar una breve historización o discusión teórica sobre el constructo o variable en cuestión. De esta manera, un fenómeno de índole social pasa a ser abordado desde una mirada disciplinar. Tal como se aprecia en la Figura 18, el autor realiza una revisión sobre los distintos posicionamientos teóricos de la variable a través del tiempo. La misma suele “decantar” en la definición conceptual actual y/o que se maneja en dicho estudio. Este proceso puede servir como modo de justificación de la elección del marco referencial desde el momento en que permite señalar las dificultades de otros modelos o perspectivas y, a su vez, ponderar las virtudes del propio.
Figura 18: Ejemplo de discusión teórica sobre el constructo

Fuente: Medrano (2011)
Posteriormente, se suele relacionar la variable o situación problemática con algunos antecedentes sobre el tema. La idea aquí es presentar un escueto estado del arte que demuestre el manejo de las últimas investigaciones sobre el tema. Puntualizar lo que “ya se sabe” en términos investigativos abre la puerta a postular el objetivo del estudio orientado justamente a algún aspecto del tema que no esté totalmente resuelto por la disciplina. Por su parte, en estudios que buscan establecer relaciones o diferencias entre variables (estudios comparativos, correlacionales o causales), la revisión de los antecedentes sustenta las hipótesis del estudio. Es claro que, si se plantea, por ejemplo, que una variable independiente tiene un determinado efecto o impacto sobre una dependiente, es porque existen razones para sostenerlo.
Aquí se juega gran parte de la eficacia a la hora de justificar una investigación. El argumento tiene que ser claro, convincente y sustentado en estudios previos. Debe dejar a quien lea con la idea de que es necesario avanzar en ese sentido. Muchas veces este suele ser el “talón de Aquiles” de una investigación. Ya sea porque el objetivo o pregunta problema no se desprenden de un riguroso análisis sobre lo que resta responder a una disciplina sobre un determinado tema (muchas veces en el acompañamiento a estudiantes de grado se suele escuchar una frase como “yo quiero investigar tal cosa” y ahí radica la dificultad en tanto no se debe investigar lo que uno quiere sino lo que la ciencia necesita); o bien porque no se expresa de manera concisa y coherente en el informe. El primer caso se trata de un problema de procedimiento y que hace a la columna vertebral de un estudio, pero que no atañe a este documento. En cambio, el segundo es claramente una dificultad relacionada con la manera en la que se escribe. Por lo tanto, resulta imprescindible realizar lecturas detenidas y críticas sobre otros artículos (como el que se presenta en la Figura 19) para conseguir una buena técnica a la hora de argumentar.
Figura 19: Ejemplo de relación entre antecedentes, hipótesis y objetivo

Fuente: Medrano (2011)
A modo de colofón, se deberá fundamentar la relevancia de la investigación desarrollada, así como los aportes que pueden producirse en función de los resultados obtenidos. En cuanto a las aportaciones, se suele pensar en dos tipos: (1) teórico/disciplinar, en donde se debe pensar qué aporte hace el estudio al entendimiento de la problemática y qué le brinda, entonces, a la especialidad; (2) práctico, en donde la invitación es a pensar a qué personas/instituciones les podrían resultar de utilidad los hallazgos del estudio y para qué.
En el ejemplo que se viene trabajando el autor expone: “Cabe destacar que, a partir de los resultados del presente estudio de eficacia, se obtendrá evidencia empírica ajustada al contexto local que permita sostener el uso del programa diseñado” (Medrano, 2011, p. 118). Quizás, con el debido respeto que merece el autor y su obra, podría avanzarse sobre el segundo punto propuesto en el párrafo anterior. De esta manera, las universidades podrían utilizar los resultados expuestos en la investigación para diseñar o crear programas tendientes a disminuir la ansiedad ante un examen con base en evidencia científica.
Discusión
Probablemente sea el apartado de mayor relevancia para la escritura en tanto implica que los hallazgos obtenidos previamente sean interpretados. Empero, antes de ingresar de lleno a la discusión, parece necesario hacer algunas aclaraciones sobre los resultados.
Los mismos, derivan del proceso de recolección, es decir de aplicar instrumentos a una muestra (para estudios empíricos) o corpus (en el caso de estudios bibliográficos). De esta manera se genera un dato y, dependiendo de su naturaleza (cuantitativo o cualitativo), deberá atravesar por distintos análisis para obtener un resultado. En cuanto a su escritura (presentación de los resultados), siempre es una buena idea buscar un hilo conductor a la hora de presentarlos. En algunos casos, se toman los objetivos específicos como guía, dado que permite tener una organización que es conocida también por las personas que van a leer el texto. Por lo tanto, sería una buena práctica de escritura retomar el contenido del objetivo para luego dar respuesta al mismo con los datos obtenidos. Por ejemplo: “En lo que hace al objetivo X, los resultados indican que…”.
Sumado a ello, la presentación de los resultados puede ir acompañada de un “auxilio” como pueden ser figuras, tablas o imágenes. En estos casos, su presencia no reemplaza de ninguna manera la escritura. Tampoco se considera una buena práctica de redacción la duplicación de los resultados en ambos lugares (por ejemplo, reproducir exactamente en el párrafo el contenido de una tabla); ni el “pegar” las tablas de salida de resultados de un software estadístico. Como sugerencia general, se podría decir que una tabla puede contener muchos más datos que los que van a aparecer en el cuerpo del texto. Por ende, muchas veces en el escrito sólo se seleccionan los más relevantes.
Con los resultados presentados, es necesario discutirlos. Esto implica, en primer lugar, interpretar. En líneas generales, la interpretación intenta brindar explicaciones sobre los resultados obtenidos a partir de la teoría respaldatoria (marco teórico). En este punto, es bueno detenerse a pensar: ¿Por qué estos resultados se dieron de esta manera? ¿Qué explicación se le puede dar desde el marco teórico? Las respuestas a estos interrogantes se traducen en el escrito en forma condicional dado que son interpretaciones “posibles”. De esta manera, se suelen encontrar pasajes como “esto podría deberse a que ….”, “tales resultados podrían estar indicando que ….” (Figura 20). La interpretación es fundamental porque demuestra el manejo de la teoría y su aplicación conforme a distintos escenarios (resultados).
Figura 20: Ejemplo de interpretación de los resultados

Fuente: Scaglia (2021)
Sumado a ello, en este apartado se estila establecer comparaciones entre los resultados obtenidos y los hallazgos de otros estudios previos sobre la temática. De esta manera, es posible analizar si los resultados a los que se arribó en la investigación están en línea con los antecedentes presentes en la bibliografía científica o, si bien, son opuestos. En este último caso, se abre la posibilidad de elaborar interpretaciones plausibles sobre el porqué de estas discordancias. Como se ejemplifica en la Figura 21, los autores presentan dos estudios en los que se encuentra una concordancia con los hallazgos de la propia investigación.
Figura 21: Ejemplo de comparación de resultados

Fuente: Pujol-Cols & Dabos (2018)
Los últimos momentos de una discusión a menudo tienen que ver con la valoración que se realiza sobre el propio trabajo, es decir, limitaciones, fortalezas y recomendaciones para futuras investigaciones.
Se sugiere comenzar por las limitaciones del estudio (Figura 22, recuadro rojo) y luego avanzar sobre sus bondades, así el contraste discursivo decantará en los aspectos positivos del trabajo. Las limitaciones observadas pueden ser de distinta índole: a. de medición (corte transversal, utilización de medidas de autoinforme), b. de participantes (criterios de selección de la muestra, número de personas que la integran, homogeneidad de la misma), c. de procedimientos (acceso al campo), o d. de resultados (cuando aparecen sesgos).
Una vez presentado el panorama más sombrío de la investigación, es recomendable avanzar sobre aquellos puntos donde la misma se hace fuerte (Figura 22, recuadro verde). En general, se suelen utilizar conectores discursivos como “a pesar de tales limitaciones” o “no obstante los obstáculos señalados anteriormente”. Es una buena práctica retornar a la relevancia indicada en la introducción, pero ahora desde la óptica que brindan los hallazgos obtenidos y las interpretaciones realizadas.
Como corolario, se suelen presentar algunas intelecciones que los/as autores/as puedan realizar sobre cómo se podría continuar estudiando la temática o sobre qué aspecto relevante de la problemática se sugiere profundizar (Figura 22, recuadro amarillo). También es posible proponer estudios que, de alguna manera, superen las limitaciones del propio. Por ejemplo, si un proceso de recolección se realizó a través de medidas de autoinforme, futuras investigaciones podrían adicionar la aplicación de alguna medida más objetiva para evaluar la variable de interés (en el caso de que hubiera).
Figura 22: Ejemplo de cierre del apartado de discusión

Fuente: Medrano (2011)
El procedimiento descrito debería ser ampliado a todos los apartados del documento que se vaya a escribir teniendo en cuenta la estructura propuesta por la institución destinataria. De esta manera, si se está escribiendo una tesis y la Universidad dispone de un protocolo que incorpora siete capítulos (como ser: Introducción, Planteamiento del problema, Estado del arte, Marco Teórico, Marco metodológico, Análisis e interpretación de los resultados y Conclusiones), sería lógico repetir esta práctica con cada uno de ellos. Sólo de esta manera la persona que escribe podrá entender qué se espera de cada apartado para luego plantear su propia estructura. Una vez que se haya atravesado por este proceso varias veces, es posible prescindir de este paso, no porque no sea indispensable, sino porque las estructuras ya han sido incorporadas.
Con toda la información disponible hasta el momento (recopilación de fuentes, lectura de las mismas, análisis de la estructura) se pueden comenzar a tomar decisiones sobre el propio escrito. Recién en este punto se recomienda avanzar en planificar de manera concreta la estructura tentativa. Es tentativa porque seguramente con posterioridad sufra algunos cambios, pero es totalmente necesaria para que el documento gane en coherencia. Esto debe decantar en la cohesión del mismo a través del proceso de textualización. De esta forma, una redacción coherente y cohesionada deriva en una mejor comprensión lectora.
Entonces, si se tomara un problema como el “estrés laboral” se podría plantear una estructura inicial para la introducción como la que sigue:
- Presentación general del problema:
Incremento en los niveles de estrés laboral a nivel global;
Preocupación de distintos organismos internacionales al respecto.
- Cuadro de situación:
Estadísticas disponibles sobre estrés laboral a nivel global;
Estadísticas disponibles a nivel local.
- Consecuencias del estrés laboral:
Nivel individual;
Nivel organizacional;
Nivel general.
- Historia del concepto:
Discusión teórica sobre distintas conceptualizaciones;
Definición utilizada en el estudio. Resaltar aspectos positivos de esta teoría.
- Antecedentes:
Revisión general sobre los últimos antecedentes;
Descubrimiento de algún área de vacancia en investigaciones sobre el tema;
Presentación del objetivo (como respuesta al vacío investigativo).
- Relevancia:
Relevancia del estudio;
Aportes teóricos y prácticos.
Con base en este esquema se puede comenzar a textualizar el documento. Se trata de un primer acercamiento y, en caso de que ya se haya leído concienzudamente todo el material recopilado, se podría definir mucho más la estructura. Caso contrario, esas definiciones más “finas” se realizarán sobre la marcha a medida que se escriba.






