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2 Textualizar

Textualizar un escrito científico y/o académico implica, desde ya, una empresa bastante compleja que involucra la necesidad de redactar un documento que: (1) responda a la estructura planteada; (2) sea propio; (3) se base mayoritariamente en las fuentes recopiladas anteriormente. Vale la pena resaltar que se espera que se trate de una producción inédita y no la mera reproducción de lo que ya habían escrito otras personas. La intención de estas líneas es invitar a futuros/as escritores/as a evitar la gran tentación del “copiado y pegado”, en tanto de esa manera no se produce un texto nuevo sino la compilación de muchas citas una después de la otra.

Además, con respecto a este punto, es importante minimizar el criterio subjetivo que se fundamenta en juicios de valor, para dar lugar a uno más objetivo y basado en la evidencia. En general, los escritos científicos se apoyan sobre aspectos que puedan ser verificables. Es decir, no se puede atribuir certeza sobre determinados eventos o sus consecuencias en ausencia de datos que lo avalen. Por lo tanto, es menester vigilar que todo criterio exteriorizado en este momento tenga base en evidencia. Esto resulta tan simple como pensar que un manuscrito académico debería evitar exponer ideas aisladas como “las pantallas son nocivas para las infancias”. En todo caso podrían acompañarse por los datos que permiten sostener tal postura: “un estudio realizado encontró una correlación entre la exposición excesiva a pantallas y una menor mielinización de la sustancia blanca del cerebro en niños en edad preescolar (Hutton et al., 2020)”

Para poder avanzar en esta difícil tarea es importante evitar las malas prácticas. En relación con ello, Reyes Rodríguez (2022) advierte sobre el plagio —tanto en forma de copia textual como de copia parafrástica sin atribución—, así como sobre la cultura del “copiar y pegar” facilitada por el uso indiscriminado de internet. Por su parte, desde el campo de la alfabetización académica, otros autores han señalado problemas que afectan la construcción de una voz propia en la escritura. Entre ellos se encuentran la reescritura superficial o patchwriting (Howard, 1999; Pecorari, 2013) y la denominada “costura de citas”, es decir, la yuxtaposición de fragmentos de autores sin una articulación conceptual que permita elaborar sentido (Carlino, 2013).

En la actualidad, este debate adquiere una nueva dimensión con la aparición de herramientas propias de la inteligencia artificial (IA) generativa y su capacidad para producir textos coherentes a partir de grandes volúmenes de información. Sin embargo, tal como advierte la APA (2023), estos sistemas no pueden considerarse autores ya que pueden generar enunciados, pero no construir sentido propio ni responsabilidad ética frente a ello. Sumado a ello, la APA establece que, si se utiliza la IA como apoyo en el proceso de escritura, su uso debe ser declarado explícitamente indicando qué herramienta se empleó y con qué función (evitando la generación de texto). Finalmente, se subraya que la responsabilidad intelectual recae en quienes firman la autoría del manuscrito y, por ende, son ellos/as quienes deben evaluar, verificar, contrastar y reelaborar todo contenido generado por la IA. Caso contrario, se puede derivar en cualquiera de las malas prácticas señaladas anteriormente.

Entonces, para avanzar en la textualización y evitar (en gran medida) estas dificultades se proponen algunas herramientas orientativas. Se recuerda que estas son sólo algunas técnicas y, por lo tanto, se invita a utilizarlas, adaptarlas o a diseñar las propias a quienes deseen escribir un documento científico. La intención es que se utilice cualquier medio que sirva de apoyo, pero que no se perezca en el intento de escribir. Entonces, las herramientas y momentos propios de este proceso son la confección del documento bruto, el análisis del estilo de escritura y la textualización propiamente dicha.

El documento bruto

No existe una clara definición sobre lo que es un documento bruto, dado que se trata de una herramienta “inventada” para facilitar el proceso de escritura. Como ya se ha marcado, este tipo de escritos se realizan sobre la base de otras fuentes. El problema aquí radica en que normalmente se consultan cientos de artículos antes de escribir un nuevo manuscrito. A modo de ejemplo, la mayoría de las revistas científicas que publican artículos de revisión solicitan que se hayan revisado al menos unos 60 documentos. En otros casos, algunas revistas indican un mínimo de 50 referencias bibliográficas. Esto quiere decir que son fuentes que han sido citadas, pero quizás se han consultado muchas más. Si bien se utilizan estos parámetros a modo ilustrativo, habilitan a pensar que cuando se escribe la información puede provenir de decenas de fuentes distintas.

Por ello, se propone diseñar un espacio donde se unifique la información relevante de las fuentes recopiladas, dado que es bastante complejo trabajar con tantos documentos al mismo tiempo. Si se piensa en las dificultades adicionales que generaba el trabajar con esa cantidad de artículos en formato analógico en otras épocas, quizás debiera hacerse una mención especial a las bondades que ofrece en todo este proceso la digitalización de los materiales. Volviendo a la herramienta en cuestión, vale aclarar que se trata de un proceso tedioso pero que, si se realiza de forma correcta, puede ser de gran ayuda.

Básicamente la idea es, en primer lugar, dividir la pantalla de la computadora colocando de un lado un nuevo documento en el procesador de texto de su preferencia y del otro el primer artículo de los recopilados (para esto sirve el haberlos guardado de manera organizada). Desde Windows 10 en adelante basta con arrastrar cada una de las ventanas hacia el borde izquierdo o derecho de la pantalla para que se divida (Figura 23).

Figura 23: Pantalla dividida en dos (documento en blanco y artículo)

En segunda instancia, lo que se debe hacer es comenzar a leer el artículo que se está revisando y cada vez que se encuentre información que se corresponda con alguno de los puntos estipulados en la estructura inicial, “copiarla y pegarla” en el nuevo documento. Para pegarla es una buena idea utilizar el botón “Pegar sin formato” y luego brindar formato al contenido para que no se dificulte la lectura.

Es de suma importancia recordar que todos los ingresos en el documento en bruto deben tener los datos mínimos para poder recuperar el artículo de base. Para ello, en tercer lugar, se sugiere colocar al inicio de cada nueva entrada la cita parentética siguiendo el formato (Apellido, año). De esta manera, siempre se podrá volver a la fuente en tanto sólo bastará ir hasta la carpeta donde se archivó y buscarlo por apellido y año.

A partir de allí, el proceso se torna bastante mecánico y repetitivo. Se debe hacer lo mismo con cada uno de los artículos recuperados. Al finalizar, se contará con un único documento con toda la información necesaria para comenzar a escribir. Se denomina documento bruto porque el contenido no sufre ningún tipo de intervención por parte de quien realiza la acción. Además, la misma estará ordenada conforme a la estructura planteada, lo que facilitará el trabajo en gran medida.

Si se piensa, por ejemplo, en las distintas conceptualizaciones de un constructo (uno de los puntos propuestos en la estructura inicial), este procedimiento permite compendiar todas las definiciones abordadas en las fuentes analizadas en un mismo lugar. En la Figura 24, se observan distintos abordajes teóricos del compromiso organizacional como parte del proceso de escritura de la tesis doctoral del autor (Gabini, 2018). En este caso, se encontraron casi cinco páginas con definiciones conceptuales. En total, el documento bruto tenía más de 70 páginas y fue utilizado para la escritura de un capítulo del marco teórico.

Seguidamente, lo que se sugiere es volver a leer todo y comenzar a resaltar aquellos puntos que resultan de interés o que se quieren incorporar necesariamente al escrito. Aquellas personas que son más “visuales” pueden optar por utilizar más de un color y asignarles un significado. Quizás un formato semáforo (donde se resalte en verde lo imprescindible, en amarillo lo que podría considerarse y en rojo lo que no se quiere volcar al manuscrito) pueda ser de utilidad. De esta manera, se realiza un primer “filtro” del material en bruto sin alteraciones.

Para textos científicos de gran extensión (como una tesis) se recomienda confeccionar documentos brutos para los distintos apartados. Caso contrario, se deberá trabajar con documentos muy extensos, lo que puede dificultar su navegación.

Figura 24: Ejemplo de documento bruto con resaltada

Análisis del estilo de escritura

El estilo de escritura académico/científico tiene algunas particularidades que se deben reconocer antes de comenzar a textualizar. A continuación, se exponen las más preponderantes:

En primer lugar, la redacción científica tiende hacia la impersonalidad en la medida en que busca ser lo más objetiva posible. Para ello, existen estrategias para “disminuir” la presencia de la persona que escribe (Universitat Politècnica de Catalunya, s.f.):


  • Verbos con el pronombre “se” antepuesto (oraciones pasivas y oraciones impersonales)

Se observó que…

Se ha analizado el comportamiento de…

El test se realizó mediante…

Se puede concluir que…

Se constató que…

  • Pasivas perifrásticas (ser + participio del verbo que se quiere usar concordado con el sujeto)

Su eficiencia es valorada a fin de…

El test ha sido llevado a cabo mediante…

  • Uso del participio en lugar del verbo

Los resultados obtenidos…

El análisis realizado…

La observación detallada en la siguiente figura…

  • Tercera persona en modo impersonal. Evitar la primera persona gramatical (yo o nosotros)

Posteriormente, se realizó un nuevo análisis…

Como se aprecia en la Tabla 1…

  • Referencia al trabajo o sus elementos (acciones, procesos…) de la investigación mediante sustantivos

Los resultados demuestran que…

La investigación sugiere que…

  • Construcciones verbales que atenúan la responsabilidad del autor

Los resultados indican que…

Puede suponerse que…


En segundo lugar, este tipo de comunicación busca reducir al mínimo (si no erradicar) aquellos aspectos que puedan quedar a libre interpretación subjetiva de la persona que lee. Por ello, para obtener mayor objetividad, univocidad y claridad se debe contemplar una serie de aspectos:

Utilizar el significado denotativo de las palabras

Se trata del significado que es compartido por la mayoría de los hablantes de un idioma (universal). Se diferencia del significado connotativo, que no es directo y se asocia a las palabras por razones culturales o emocionales. En el ejemplo que sigue, se observa que la segunda oración debe ser interpretada de manera figurada, en tanto un humano no puede ser una estrella luminosa.

  • El sol es una estrella luminosa que se encuentra en el centro del sistema planetario en el que está la Tierra (sentido denotativo).
  • Agustín es un sol (sentido connotativo).

Evitar el lenguaje coloquial:

Es el lenguaje habitual que utilizan las personas para comunicarse entre sí y, por ende, un tipo de comunicación informal y conversacional. Algunas formas coloquiales son:

  • Jerga: Lenguaje especial que utilizan los miembros de un grupo social.

“El pibe de la esquina se comió alta biaba porque no devolvió la guita que le habían prestado” (nótese que, en este contexto, biaba y guita significan paliza y plata, respectivamente).

  • Clichés: Es una frase, expresión, acción o idea que se ha convertido en excesivamente familiar o del uso común.

“El tiempo cura todas las heridas” (nótese que las intervenciones médicas o el propio cuerpo son los que intervienen en el proceso de curación).

  • Modismos: Son expresiones fijas que tienen un significado que no se deduce de las palabras que los componen. Son específicos de una lengua y se usan para enfatizar o hacer más lúdico el lenguaje.

“Hablando del rey de Roma” (nótese que la monarquía romana terminó en el año 509 a.C., cuando fue expulsado Lucio Tarquinio el Soberbio).

  • Metáforas: Se trata de una forma de expresión que establece una relación de semejanza entre dos elementos, lo que permite transmitir ideas de manera más creativa y emocional.

“El sol es la linterna de la Tierra” (nótese que la linterna es un artefacto diseñado por el hombre).


En muchas ocasiones se piensa que un artículo científico tiene que ser escrito en un lenguaje rebuscado y que sólo puedan comprender los/as académicos/as. Empero, la realidad es que se trata de un tipo de comunicación que busca ser clara, concisa y bien cohesionada. Para ello, se suele sugerir:

Oraciones cortas

Si bien no existe una regla firme sobre este tema, la sugerencia radica en la idea de que las oraciones cortas son más simples para entender y menos complejas para desarrollar. En general, se estipula una extensión menor a 25 palabras. Los signos de puntuación (como el punto) deben ser un recurso utilizado para que la persona lectora pueda “cerrar” una idea, pueda terminar de comprenderla. De modo contrario, una oración demasiado extensa tiende a dificultar esta tarea y llevar a que debe ser releída para su entendimiento.

Párrafos

Por definición, un párrafo es un conjunto de oraciones (mínimo dos). Por ello, se debe evitar redactarlas de manera aislada. Además, dado que un escrito sigue una lógica, es una buena idea incorporar conectores discursivos que permitan ganar claridad acerca de los nexos existentes entre las distintas partes del texto (para más información, ver Universidad de los Andes, s.f.).

Evitar repetir palabras

La reiteración excesiva ralentiza la lectura, dificulta la comprensión y muestra pobreza de expresión. Por ello, se sugiere estar pendiente de los siguientes aspectos (Instituto Vasco de Administración Pública, s.f.):

  • En lugar de proponer dos palabras contiguas con un mismo significado, colocar sólo una de ellas.

✘ El instrumento es confiable y posee consistencia interna…

✓ El instrumento es confiable

  • Sustituirlas por pronombres o sinónimos.

✘ Las trabajadoras de la salud son una de las poblaciones más proclives al estrés laboral. Por ende, las organizaciones deben diseñar acciones concretas para disminuir los riesgos psicosociales a los que las trabajadoras de la salud están expuestas. Caso contrario, las organizaciones se exponen a mayor rotación del personal y costos asociados.

✓ Las trabajadoras de la salud son una de las poblaciones más proclives al estrés laboral. Por ende, estas deben diseñar acciones concretas para disminuir los riesgos psicosociales a los que ellas están expuestas. Caso contrario, corren el riesgo de enfrentar mayor rotación del personal y costos asociados.

  • Unificar estructuras gramaticales repetidas.

✘ Todas las personas tienen derecho a una vida sexual saludable; asimismo, tienen derecho a acceder a información científica…

✓ Todas las personas tienen derecho a una vida sexual saludable, al acceso a información científica…


Tercero, resulta de interés abordar aspectos relacionados al tiempo verbal. Si se piensa en el proceso de investigación, se podrían dividir dos instancias con temporalidades distintas. Por un lado, el proyecto como estrategia general que adoptan los/as investigadores/as para responder al problema planteado suele redactarse en futuro. Mientras que el informe de investigación que busca comunicar los hallazgos de un estudio debe orientarse hacia el pasado, en tanto las acciones ya han sido realizadas. Sin embargo, a pesar de que el tiempo verbal que predomine sea el pretérito, es necesario contemplar algunas situaciones particulares:

Objetivos

Deben redactarse anteponiendo un “verbo en infinitivo”. En este caso, el uso del infinitivo sirve para indicar una acción, pero dejando en suspenso las condiciones en que se realizó y quién la realizó.

  • Explorar las concepciones de los docentes respecto a…
  • Describir la cultura organizacional de…

Interpretación de los resultados: Condicional.

  • Esto podría deberse a…
  • Tales resultados podrían ser explicados a la luz de la teoría de…

Recomendaciones para futuras investigaciones e implicancias prácticas: Condicional.

  • Estudios venideros podrían centrarse en esclarecer el rol…
  • Los resultados de este estudio podrían ser de utilidad para el diseño de políticas orientadas a…

Textualización propiamente dicha

Luego de un buen recorrido se llega a la etapa en la que se transforman las ideas en un texto escrito. Con mucha certeza la estructura inicial que se había planteado puede ser refinada luego de la lectura de las fuentes recopiladas. Por eso, sería interesante retomarla para poder introducir cambios o especificaciones que en su momento no hubieran sido posibles por falta de información.

La propuesta consiste en valerse de esa última estructura como guía para la textualización, de manera que el apartado tenga una coherencia interna sin necesidad de establecer esas divisiones tajantes. En un primer momento las divisiones o subtítulos pueden estar, pero luego deben ser eliminados para poder hacer una lectura completa. Quizás el mayor desafío de esta etapa consiste en poder “despegarse” de las fuentes para “crear” un texto propio e inédito que cumpla con el estilo de escritura antes planteado. Para ello, se recomienda recurrir nuevamente a la pantalla dividida y colocar de un lado el documento en bruto y del otro un archivo en blanco.

A continuación, se debe comenzar a volcar la idea que la persona tiene y que quiere transmitir en el escrito. Es decir, teniendo en cuenta el ejemplo de la Figura 25, se escribe a la izquierda, pero mirando y basándose en lo que dice a la derecha. De ninguna manera se espera que las primeras líneas que se esbocen sean las que permanezcan, pero indudablemente es un modo de dar comienzo al proceso.

Figura 25: Ejemplo de escritura con base en el documento bruto

En la película “Descubriendo a Forrester”, que se estrenó en el año 2000, las personas que lean este libro van a poder encontrar algunas curiosidades. Entre ellas está el uso de máquinas de escribir, dispositivos que fueron reemplazados por los procesadores de texto para computadoras hacia 1990; y la premisa del personaje principal que indica

“la primera clave de la escritura es escribir, no pensar” (Pina García, 2014, 1m0s).

Esta idea puede aplicarse a estos primeros momentos de la textualización. Quizás la rumiación mental provoque cierta parálisis frente a la hoja en blanco (en algunos contextos conocida como síndrome de la hoja en blanco) y, por ello, escribir sin pensar demasiado puede ser de utilidad. Sin embargo, una vez superado este primer escollo, es importante volver al pensamiento o a la estructura planteada. Esto se debe a que un escrito científico así lo demanda. Quizás si se tratara de una obra literaria, como la que busca el actor Sean Connery (Forrester en la película), la recomendación sería más adecuada.

Es probable que luego de cierto tiempo trabajando en el proceso de textualización, la persona que escriba se encuentre a sí misma en un estado de flow. Se trata de un estado mental descrito por Mihaly Csikszentmihalyi (1990), quien lo definió como el estado de experiencia óptima que las personas expresan cuando las habilidades son adecuadas para enfrentarse a los desafíos que se presentan. En este punto, la concentración es tan intensa que no se puede prestar atención a cosas irrelevantes, la conciencia de sí mismo desaparece y el sentido del tiempo se distorsiona. En el esquema original que se exhibe en la Figura 26, se observa que cuando el desafío es alto (como escribir una tesis) pero las habilidades son bajas, aparece la ansiedad. Empero, los recursos utilizados al escribir, como los que se presentan en este libro, pueden desarrollar la “habilidad” necesaria para enfrentar la tarea desafiante.

El “entrar” en ese estado hace que sea difícil dejar la escritura. Si no se pudiera conseguir, no es un problema dado que se pueden utilizar las recomendaciones generales para apoyar el proceso de redacción: establecer metas claras (ejemplo: escribir dos párrafos o una página), reducir distracciones (buscar un lugar de trabajo acorde a la tarea: luminoso, tranquilo, sin notificaciones del celular), crear un entorno propicio (buscar la mejor hora para hacerlo, establecer un tiempo para la actividad) y practicar.

Figura 26: Esquema de Flow original

Fuente: Csikszentmihalyi y Csikszentmihalyi (1992)

Seguramente, cuando se quiera retomar la escritura, cueste trabajo volver a conectar de la misma manera. Por lo tanto, sería importante no dejar pasar mucho tiempo entre las sesiones. Además, cada vez que se vuelva a abordar el documento, se deberá leer lo escrito anteriormente. Esta revisión (que debe diferenciarse de la revisión general del documento) es muy importante debido a que permite ir realizando pequeños ajustes sobre la “marcha”. Además, están orientadas sólo al fragmento o apartado que se está elaborando, no a todo el manuscrito. Si se pensara el proceso de escritura ligado a la curva de atención, sería esperable que los errores aparecieran hacia el final de cada sesión. Y, por el contrario, al inicio de una nueva, los niveles de atención estarían en su punto más alto. Lo que permitiría detectar dificultades que quizás, en momentos de cansancio, no podría.

A medida que se textualiza, se recomienda utilizar herramientas que permitan facilitar un ulterior proceso de referenciado del material citado. En el caso de que el documento citado se encuentre dentro de la carpeta de artículos recuperados, no habría grandes dificultades. Sin embargo, la mayoría de las veces se incorporan citas a otras fuentes que pueden provenir de: (1) Documentos citados en los artículos recuperados: aquí una buena práctica de escritura sería ir hacia la fuente original y hacer una cita directa, es decir, evitar la cita de cita -ejemplo: García (citado en Rodríguez, 2020)-; (2) Nuevos documentos que se vayan incorporando a medida que se avanza el escrito.

Cualquiera sea el caso, es importante no perder el “rastro” de la fuente porque si no va a generar dificultades cuando se aborde la bibliografía. Para que esto no suceda, se puede utilizar la herramienta disponible en los procesadores de texto bajo el nombre de comentario. De esta manera, cada vez que se coloca una cita, puede agregarse un comentario al margen con los datos que se tengan en ese momento de la fuente. Puede ser el título, la referencia completa tomada de otro artículo, el URL, el DOI o cualquier otra información que permita encontrarla rápidamente.

En la Figura 27, se presenta un ejemplo de un borrador de un artículo posteriormente publicado. Como puede observarse, las citas que no pertenecían a artículos de la carpeta de recuperados tenían un comentario con la información disponible. En este caso se muestra en rojo una URL que dirige hacia la base de datos donde se encuentra el artículo. Notar que con los datos de la cita (Jenning et al., 2019) no sería tan fácil hacer la referencia puesto que habría que realizar una nueva búsqueda para encontrarlo nuevamente, empero sí lo sería con los datos que proporciona el sitio donde se aloja.

Figura 27: Ejemplo de datos de cita en comentario

Entonces, a partir del mecanismo aquí planteado se podrá textualizar cada uno de los apartados que componen un escrito científico, siguiendo una estructura clara y diseñada específicamente para dicho documento. Posteriormente, se deberá unificar todo el material y realizar una revisión integral del documento.



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