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Introducción

No existe universidad alguna que no se refleje en otra u otras, a veces de lugares lejanos o sin una aparente similitud en sus desarrollos, ya sea por sus orígenes, por su historia identitaria de referencia milenaria, o porque se busque emular algún modelo que aparezca como óptimo o funcional en un tiempo determinado; todas las universidades del mundo se reflejan entre sí, como espejos en contraste. Se miran, se reconocen mutuamente como instituciones sociales y educativas, de conocimiento, de arte, de cultura, con una expresividad casi única que se ha venido diluyendo en el tiempo.

Estos encuentros de múltiples reflejos hacen que sus imágenes se asemejen o se contrasten en un calidoscópico laberinto sin fin, y que todas ellas se enlacen en una sola dimensión de similitudes y objetivos que entre sí se reconocen como sus principios y funciones esenciales, a pesar de sus diferencias temporales o espaciales, a menudo tan distantes que la analogía puede hasta llegar a perderse por absurda. En sus recovecos, vuelven a reflejarse tan pronto pueden volver a mirarse entre una(s) y otra(s).

Desde sus orígenes, la universidad pudo constituirse como un espacio distinto a las otras instituciones como representativas de un Estado nacional, de una determinada región o de un conglomerado de países. Esto la ha diferenciado del Estado o de sus gobiernos, de la Iglesia y sus reconocidas influencias originales, de los partidos políticos o de las organizaciones propias de la sociedad. Desde la época medieval, considerada como un punto de partida de su existencia, hasta las siguientes fases de su desarrollo que llegan al presente, la universidad se ha podido ubicar como una institución social y cultural de características propias que en el mundo se reconocen y se emulan, se le otorgan recursos, públicos o privados, para que pueda seguir existiendo como tal, se la fomenta por su labor específica en la sociedad o en la economía, y se la venera o también se la constriñe y reprime, cuando así se presenta ante algunas circunstancias políticas o de guerra. Asimismo, de manera más reciente, se la redefine de forma casi completa para ser reconvertida en una empresa, en una industria o en un sector de producción de un valor que se ha vuelto inconmensurablemente extraordinario, como nunca en su historia: ser parte de una maquinaria global y un sector de servicios que produce conocimientos; y aunque siempre esto lo haya hecho, desde que ha existido, nunca en las dimensiones y en la calidad con que ocurre en la actualidad.

Las diferentes fases en las que se ha presentado la transformación de la universidad han tomado su tiempo, largo, muy largo. Para que la investigación pasara a ser una misión junto con la enseñanza (en algunos países se las denomina funciones sustantivas) transcurrieron cuatro siglos; para que lo que en algunos países se llama tercera misión, la innovación (que en otros, como en América Latina, se consideraría como la cuarta fase, porque la tercera estaría ubicada en la difusión y/o extensión de la cultura), pasarían otros cuantos siglos, y aún existen instituciones de educación superior y universidades que no la contemplan en su esquema de organización académica ni administrativa, así que el cambio tiene, en esta institución social y cada vez más económica, su propio ritmo y se toma su tiempo con harta paciencia.

La universidad actual tiene poco que ver con el concepto medieval de universidad, como universitas magistrorum et scholarium, que se entendía como corporación de maestros y alumnos para lograr un fin común, no solo por su pasado religioso, sino también por su orientación oscurantista, enraizada en el siglo xiv. Para entonces existían ya las escuelas brahmánicas en Asia, así como otras que formaban a los empleados y directivos de los gobiernos con base en las enseñanzas de Confucio, y también el Liceo y la Academia de los griegos y la Escuela de Alejandría en Egipto, la Escuela Islámica Al Karouine en Marruecos (año 859), la Escuela Médica Salernitana en Italia (año 870) y la Escuela Hunan en China (año 976). Bolonia se constituyó en 1088 por los estudiantes, y de allí París, Oxford, Cambridge y otras universidades. Se considera como la más antigua la Universidad Al Azhar de Egipto, pues fue creada en el año 957, con grado y posgrados reconocidos en todo el mundo islámico; continúa siendo una de las más prestigiadas en el mundo islámico.

Para 1500, se calcula que existían en Europa unas 70 universidades con estudiantes de varios países. Para América Latina, el modelo universitario de referencia fue el de la Universidad de Salamanca (creada en 1218), como Colegio Mayor y luego como universidad, en 1254. Las primeras de sus copias fueron las de Lima y México (1551), como pontificias y reales, mediante bula papal y cédula real.

La influencia del conocimiento científico en las universidades se da hasta los siglos xviii y xix, cuando pasan a tener un carácter público derivado de las influencia de la Revolución francesa y sus principios de libertad de pensamiento y de igualdad, libertad que requería de una educación libre y abierta, y que luego se moldea, bajo la influencia napoleónica, con sus réplicas en América Latina, tal como se reproduce en las universidades de Bogotá, Cauca y Magdalena, en Colombia, y Venezuela, todas como pontificias. Su función principal era la docencia y solo recién en el siglo xix se incorpora la investigación como objetivo de las universidades, bajo la influencia del positivismo, y las tres etapas de pensamiento de Comte: teológico, metafísico y científico.

En Estados Unidos, las primeras universidades fueron las ocho privadas que hoy constituyen la Liga de las Hiedras (The Ivy League): Harvard (1636), Yale (1701), Pensilvania (1740), Columbia (1754), Brown (1764), Darmouth (1769) y Cornell (1865). Las públicas surgen bajo la jurisdicción de los estados, como la Universidad de Virginia y el mit. (Jairo, 2014 :116).

Sin embargo, desde los noventa del pasado siglo hasta nuestros días, la dinámica de los cambios en las universidades se ha venido acelerando e imponiendo como una condición de sobrevivencia, de diferenciación y de resurgimiento de nuevos modelos universitarios en todo el orbe. Para algunos autores, esto no se comprende como un cambio interno o autogenerado, sino impuesto desde afuera, ya sea por intereses corporativos, de mercado o por políticas de Estado que están desdibujando lo que se comprendía como las funciones o misiones básicas de la universidad, para constituirse en una institución distinta; por ejemplo, como parte de un triángulo indisoluble de funcionamiento para fines económicos, como una empresa académica capitalista o, para otros, como un proceso que tendrá como fin la desaparición de la universidad misma.

Los términos respecto del debate acerca del cambio en la universidad están en el centro de este trabajo, sobre todo los referidos a la constitución o reconstitución de los tipos y modelos de universidad que se están conformando en distintas regiones del mundo durante las últimas cuatro décadas y, especialmente, en lo que va del presente siglo.

A pesar de las diferencias que pueden encontrarse en los movimientos y ciclos de desarrollo y de crisis que se han vivido en el mundo contemporáneo, las universidades siguen reflejándose entre sí como similares, como pares institucionales, aun con sus enormes contrastes por región, por país, por institución o por su determinada relación con la sociedad, con sus distintos gobiernos y Estados, y con la economía.

En este periodo de análisis y de investigación (cuyo corte se ubicó, por razones que se explican al final de este trabajo, a finales de 2019 y con la llegada de la pandemia del Covid-19), se plantea la tesis de que las universidades estudiadas, desde una perspectiva comparada regional, se debaten entre dos modelos esenciales: el que considera su relación con la sociedad desde la perspectiva de ser una institución de bien público y un derecho humano, frente a otro que da prioridad a su relación con el mercado y la economía. Entre estas dos visiones y modelos se debate, de manera inclemente, entre diferentes corrientes de autores y de escuelas de pensamiento, y entre las distintas maneras en las que estos tipos o modelos institucionales se recrean, se desdibujan, adoptan modas y tendencias o se reconstituyen, se recrean y aun se crean bajo nuevas plataformas organizativas y académicas, en donde el autor se ubica entre los que sostienen que la universidad está y debe seguir estando ubicada como un bien social y público, como una institución que garantiza un derecho humano fundamental a una educación con calidad y de pleno acceso, gratuita y autónoma.

El propósito de este estudio es analizar las tendencias actuales de cambio en las universidades, sobre todo las de carácter público, en contextos distintos, tanto en el nivel institucional como en el nacional y el regional, en universidades o en tendencias de redes y de colaboración que han sido seleccionadas respecto de sus principales orientaciones de transformación:

  • por ser demostrativas de un liderazgo en sus orientaciones y opciones de sus cambios;
  • por su gran impacto social y educativo;
  • porque son un referente de modelos de gran transformación y son consideradas por las políticas públicas de referencia como fundamentales para orientar el desarrollo de los sistemas educativos de educación superior de cada país o región, y
  • por ser parte crucial de lo que se considera para cada caso como una sociedad del conocimiento o que contribuyen de manera decidida a un nuevo desarrollo, sobre todo de tipo económico.

Desde una articulación de distintos enfoques teórico-metodológicos de carácter interdisciplinario[1] que se han adoptado en este estudio, se aborda la universidad como una institución social que está presentando radicales y profundos cambios en sus estructuras organizacionales y de gobierno, en sus plataformas pedagógicas y curriculares, en la composición de sus cuerpos académicos y estudiantiles, y en la perspectiva de su impacto tanto local como nacional e internacional, en un horizonte que va de los años ochenta del siglo pasado a la actualidad.[2]

En este periodo, la vida de las universidades está promoviendo y trasmutando sus imágenes sociosimbólicas, su pasado histórico y sus referentes de identidad epistémica; la configuración de sus distintas maneras de gestionar la producción y transferencia de los conocimiento que produce; las interrelaciones entre sus principales actores, sobre todo de índole académico; sus procesos de enseñanza y de aprendizaje; sus relaciones entre la docencia y la investigación. Asimismo, se encuentra necesitada de promover la incorporación de actores y sectores que generen una gran cantidad de demandas e intereses hacia ellas, en particular los que representan a las distintas y variadas políticas públicas por parte de Estado o de los diferentes gobiernos desde la perspectiva de la localización definida y cambiante del uso y manejo de sus recursos económicos y materiales, tanto como los que están relacionados con las cadenas de valor económicas de la producción y distribución de un determinado conocimiento hacia las empresas o los mercados, tanto en el nivel nacional, regional como en el internacional.

El tema, como se puede comprender, se concentra en los cambios recientes en una de las instituciones consideradas como de las más conservadores que existen hasta nuestros días y que quizá es la única institución que goza de la mayor legitimidad ante sus pares históricos como la Iglesia, el Estado, los partidos políticos o los conglomerados de representación ciudadana, porque estos estamentos han entrado desde hace ya algunas décadas en una tendencia de deslegitimación e irrelevancia de su pasado y de su raigambre, con antecedentes que pueden contarse por milenios, siglos o décadas, pero que siguen reproduciendo sus principios y valores decimonónicos, estando activos a la distancia y en su privilegiado posicionamiento político, social, ideológico o económico. La Universidad, la que presume de una mayúscula, y por encima de todos ellos, sigue estando vigente, legitimada, y ahora goza de una peculiar importancia económica, por arriba de su tradicional condición de bien social y de carácter público.

La identificación e interpretación de las tendencias-espejo que ha alcanzado a preservar la universidad con su realidad actual, pero sobre todo la explicación de las coyunturas y causalidades que se están presentando en sus proceso de transformación, son consideradas como los principales ejes de análisis de este trabajo, y son abordadas desde un marco conceptual que busca explicar y analizar el rumbo y la orientación de los cambios que están ocurriendo en las universidades consideradas como emblemáticas, en las autodenominadas “líderes”, en las consideradas “nacionales”, o en las que se han organizado en redes o asociaciones de gran impacto regional o mundial; a tal grado que, como se sostiene, durante el periodo de casi cuatro décadas, estas instituciones, las selectas y no todas, han mutado, se han reorganizado o transformado en su totalidad o en partes destacadas, y sus estructuras institucionales presentan procesos de descomposición-recomposición ‒de sus antiguos modelos hacia otros‒ que aparecen como un referente de escenario-espejos deseables aún (como la constitución de modelos denominados “universidades de clase mundial” [World Class Universities, wcu], “innovadoras”, “emprendedoras”, “líderes” [Flagship Universities], o de “bien público y social y un derecho humano fundamental”), que representan las tendencias irreversibles de cambio que las posicionan como universidades de alto ranqueo mundial, referentes por su compromiso social territorial, o por sus capacidades de innovación académica, y porque han empezado a ser diferentes de su pasado o de sus orígenes y apuntan, desde sus acciones y reacciones, hacia el porvenir.

Incluso algunos autores, como se verá, han empezado a dar cuenta de que estos cambios están conduciendo a un escenario de tal importancia que la universidad está en vías de desaparecer; algunos otros la consideran “en ruinas”, porque ha trasmutado hasta hacerse irreconocible respecto de aquella institución que cargaba encima miles o cientos de años de existencia, o bien porque está en proceso de una redefinición profunda y aún no se sabe bien a bien su apariencia de futuro.

El análisis que se presenta en este libro se concentra en la comparación de modelos universitarios que muestran tendencias similares de cambio en contextos distintos, con una selección de componentes conceptuales que dan cuenta del impacto de estos cambios y de las características formales e institucionales que se muestran en su complejidad, en tres regiones del mundo, a saber: Asia Pacífico, Europa Occidental, y América Latina y el Caribe.

La base de datos, documentos, artículos y estudios que se sistematizaron y organizaron comprende materiales oficiales y de política pública, propuestas normativas y programáticas, opiniones que surgieron y dan cuenta del intercambio de información con expertos e investigadores, entrevistas con funcionarios y directivos de redes y asociaciones, y la recopilación de una amplia bibliografía que busca dar cuenta del estado del arte y del debate actual sobre los distintos ejes temáticos y analíticos seleccionados.

La perspectiva teórica del trabajo se compone de enfoques y conceptos que articulan una visión interdisciplinaria que abarca distintos abordajes generales y emergentes sobre las tendencias de cambio tanto en el nivel global como en el regional, desde la economía política del conocimiento, la organización y la gestión de la vida académica e institucional, sus procesos de localización de recursos materiales y financieros, la exposición crítica de programas y políticas públicas, y la perspectiva crítica sobre la manera como se están constituyendo nuevos espacios sistémicos de investigación e innovación, tanto de nivel comparativo como prospectivo.

La principal tesis que se sostiene en este trabajo es que la universidad ha pasado de su diversificación a la constitución de sistemas complejos denominados de “educación superior” o “terciaria”, hacia modelos de innovación o de referencia con el mercado o las empresas privadas, en espacios de regionalización o de subregionalización, otros más de referencia prospectiva o programática de una sociedad plural e intercultural o de bienestar social, en distintas facturas y caracterizaciones, que mantiene su raigambre de denominación de origen, la “universidad”, pero que se presenta en el marco de procesos de descomposición y recomposición interna y hacia afuera, en conglomerados de gran alteridad, en variaciones y niveles que iremos definiendo a lo largo del trabajo, en un perspectiva comparada e internacional. Las universidades se imitan entre sí y se asemejan, pero también de distinguen como originales entre todas, abismalmente.

Debe subrayarse, sin embargo, que este proceso de descomposición-recomposición no tiene connotaciones negativas (no se trata de que la universidad esté en vías de pudrirse, o que padezca de una enfermedad incurable, y que luego renazca de sus cenizas), sino político-económico-institucionales, que expresan un fenómeno relacionado con una constante de redefinición epistemológica e institucional en su relación con la sociedad, con el nuevo valor económico y cultural de los conocimientos, con la organización de la vida académica respecto del interés público y con sus cambios de fondo, que reflejan su nueva articulación con los intereses del Estado, de la sociedad y de la economía.

Se trata, para ubicarla en una imagen que ha cobrado gran relevancia dada su puntualidad simbólica en el actual estado de cosas, de que la universidad se encuentra sumergida en una condición líquida (Bauman, 2007), que se diluye en el tiempo y que se mezcla en un tipo de sociedad que se polariza y vive en una condición de riesgo permanente (Beck, 1998), aunque esa novel identificación no apunte siempre, o casi nunca, a un escenario deseable, sino a la profundización de los actuales niveles de desigualdad y violencia.

La esperada contribución de este estudio es la de mostrar un panorama comparado e internacional sobre el debate actual del estado de la discusión sobre la pertinencia y el impacto de los nuevos modelos de universidad que están emergiendo, en este proceso de descomposición o liquidez, o bien de supercomplejidad (Barnett, 2002), que rebasa una narrativa meramente descriptiva o meramente coyuntural, porque la tenencia obliga a asumir una postura crítica frente a esta fenomenología abigarrada de contextos e instituciones, y que pueda aportar a la reflexión sobre una urgente redefinición de la política en la educación superior, la ciencia y la tecnología, los conocimientos y los distintos regímenes académicos, sobre todo desde México y algunos países de América Latina y el Caribe, en primera instancia, pero también en los niveles inter- e intrarregional.

Desde los diversos enfoques que se han adoptado para comprender la complejidad del fenómeno al que se ha hecho referencia, destacamos que el presente estudio procura resaltar la importancia de los métodos de educación superior comparada e internacional, para los casos de referencia y de otros tantos más, y que incluso debería decirse que ahora resulta simplemente un referente teórico y metodológico indispensable y permanente.

En una sociedad globalizada, pero también dividida y fracturada por innumerables intereses y conflictos de clase, trabajar con conceptos que ayuden a articular e interconectar distintas realidades resulta en extremo importante, porque al tiempo que se presentan problemas comunes en sistemas de educación superior, así como agendas compartidas en las regiones que se estudian, las respuestas regionales, nacionales o locales varían a menudo grandemente y deben ser tocadas desde ambos sentidos, en una dialéctica que haga posible ver el todo y sus partes. Verse a través de uno o de varios espejos genera resistencias, pero también comparaciones.

Históricamente, la educación comparada de nivel regional ha venido cobrando vigencia y, como se deduce, cuenta ahora con corrientes de pensamiento, enfoques y métodos tan variados como se pueden encontrar referentes en cada país o en cada contexto de aplicación; así, existen organizaciones y asociaciones de todo tipo, incluyendo una poderosa asociación internacional que comparte el interés de miles de estudiosos en temas de educación comparada.

Este enfoque metodológico y teórico tiene vigencia en innumerables estudios de tipo multi- y transdisciplinario, dado que los contextos de aplicación requieren abordajes diversos e interconectados, lo que hace necesario trabajar con enfoques, métodos y lenguajes distintos. Esto hace referencia a una capacidad del investigador cada vez más colegiada y sobre todo de apertura de miras académicas de alta complejidad.

Para el caso, nuestro objetivo comparado e interregional es la universidad actual. Este tema tiene ahora una particular relevancia dado que la universidad ‒en su sentido clásico‒, tiene un componente integral de formación-investigación-innovación, y es la que mejor representa la articulación con la demanda de conocimientos y de relaciones con la economía, el poder y la sociedad.

Así, en este trabajo se destacan casos de universidades que, por su composición y organización, se articulan a procesos de integración en bloques regionales que aquí se presentan, desde sus características particulares y aun diferenciadas: el de distintos países de Asia Pacífico, de la Unidad Europea (occidental) y de América Latina, en especial en su parte continental.

El estudio de los casos de integración regional ha cobrado notoriedad desde los ochenta del siglo pasado y en especial desde la conformación de organismos, asociaciones y redes de cooperación y organización colaborativa, horizontal o inter- o no gubernamental, tal como se hace referencia a lo largo de este trabajo para cada caso.

Los enfoques diversos sobre la integración regional, a menudo confundidos con los de internacionalización o de globalización ‒que son coexistentes o a veces chocantes o contrastantes‒, deben tener una clara delimitación teórica y metodológica. En el presente trabajo, las temáticas de abordaje se concentran en los procesos de integración regional en donde participan de manera protagónica las universidades.

Los procesos de integración en las distintas regiones cuentan con organismos intergubernamentales, redes, asociaciones o ligas, clústeres, empresas o espacios de cooperación horizontales o verticales, y que, por supuesto, tienden a tomar decisiones ‒gubernamentales, institucionales o no gubernamentales‒ relacionadas con la internacionalización de sus procesos, aunque esto no sustituye el espacio construido en los niveles local/regional, porque es allí en donde se toman las principales decisiones y se construyen sus principales organismos, sus políticas y sus actores de relación gubernamental o no gubernamental y, en última instancia, sus estructuras de poder.

Estas estructuras de poder o de negociación pueden propiciar, y de hecho esto constituye su dinámica particular, cambios bruscos o de diferenciación en el tiempo, pero esto no reduce su importancia, sino el interés que va alcanzando su especificidad porque se inserta, y ello es central, en un contexto de realización y de aplicación de sus corrientes de pensamiento integracionistas, dando sentido y contenido a los procesos originales que se presentan y que explican muchos de los componentes de análisis de la relación de las universidades en complejos espaciales y territoriales de integración, altamente representativos de la época actual.

Poco podría explicarse si no recurriéramos a este enfoque sobre los procesos de articulación que ocurren de manera regionalizada. Sin este enfoque conceptual, que entremezcla lo nacional con lo regional y viceversa, en donde se articulan nuevos actores y comunidades, redes y plataformas asociativas, sobre todo importantes en el ámbito de la producción y la innovación en los conocimientos, de la ciencia y la tecnología, la capacidad de comprensión de los fenómenos de cambio en las universidades sería muy pobre y limitada.

Para el caso, los procesos de integración son entendidos por encima de sus particularidades de tipo macroeconómico, por ejemplo en el espacio de educación superior de Europa, o bien en los diversos acuerdos multilaterales, regionales o subregionales latinoamericanos (como los diferentes acuerdos de Libre Comercio o el mercosur), o los pactos económicos y educativos de los países de Asia, en donde se ubica el papel de las universidades en la producción y transferencia de aprendizajes y conocimientos. El foco de atención, entonces, está centrado en el papel de la universidad en estos procesos de integración para generar un valor agregado económico vía la producción y transferencia de conocimientos que, como se verá, están siendo muy relevantes.

Los procesos de integración que aquí se abordan son, todos, específicos y originales, y no pueden imitarse, pero sí reflejarse entre ellos. Esto abre, por supuesto, una brecha teórica que en parte es abordada en este estudio, pero hace pertinente mantener una veta de análisis de largo plazo en la que el autor participa,[3] en diferentes instancias de trabajo nacional, regional e internacional.

En estos contextos de regionalización, son las universidades nacionales, las de alto liderazgo, las complejas (Barnett, 2010), o las mejor posicionadas en los estándares nacionales y regionales, las que mejor se relacionan con estas demandas multirreferenciadas, las que mantienen visiones actualizadas, interdisciplinarias, de fronteras del pensamiento, de uso y manejo de macrodatos (Big Data) de información, y que representan una capacidad sistemática construida en el tiempo, de actualización en aprendizajes múltiples, de perfiles de egreso muy solicitados en los distintos mercados laborales y, sobre todo, dada la relevancia e impacto de sus tareas de investigación e innovación, que se expresan en modelos y perspectivas de solución a las prioridades planteadas en los contextos de aplicación que se alteran de forma dinámicamente dúctil, al mismo tiempo húmeda y acuosa.

En este trabajo, se busca mostrar realidades comparadas en los niveles local y regional, a menudo tan semejantes como disímiles, pero que permiten y hacen posible de forma original la reflexión sobre las políticas y las prácticas que se llevan a cabo en el contexto más cercano de México y de la región latinoamericana, en donde de repente se muestran similitudes y muchas intenciones, a menudo tan constantes como efímeras, de imitar modelos y experiencias que en lugar de hacerlas semejantes, con el tiempo las tornan más y más lejanas, para bien o para mal, porque en todos los casos, los sistemas de educación superior, y en especial las universidades, se presentan como instituciones centrales, de raigambre local y regional, para mejorar los niveles de desarrollo, el bienestar de la población y sus perspectivas de futuro, con todos los riesgos y condiciones de incertidumbre a que pueden dar lugar. También hay espejos que deforman las miradas de uno mismo.

En las comparaciones, no obstante, siempre sale uno perdiendo, como suele decirse en un refrán popular mexicano pero que puede ser planetario, porque las diferencias de enfoque y método en los estudios comparados son abismales, dado que dan cuenta de hechos, datos y políticas, actores y procesos, en contextos de diferentes grados de importancia, impacto y de acción de alto nivel de complejidad.

Sin embargo, son tan útiles estos enfoques en el mundo actual, global, dicen algunos, que, como un punto de partida metodológico, permiten elevar la mira a los referentes específicos ‒tan válidos como los comparados‒ para hacer posible el análisis intercultural, simbiótico y paralelo en sus distintas latitudes. Se trata, efectivamente, de una mirada que es un punto de partida epistémico para el desarrollo de un posicionamiento crítico, y también de una suerte de observación desde la distancia, lo que hace posible enfocar las características propias de las reformas universitarias y sus cambios institucionales tanto desde la formalidad de sus discursos y de sus estructuras simbólicas como de sus efectos y sus procesos, en un espacio y un tiempo relativos.

Un tema aparejado al esfuerzo por comprender las diferencias y las agendas regional-nacionales de las universidades es el del papel y la influencia creciente de los organismos nacionales, regionales o internacionales en la definición de sus cambios, como lo son los espejos de pared a pared, dado que establecen pautas y reorientan recursos financieros y tendencias para impulsar niveles de gestión en la producción y distribución del conocimiento, o bien sobre el tipo y carácter de su desempeño, la dimensión y la altura de las reformas en los sistemas educativos, con intereses muy bien definidos.

Este ámbito de la educación comparada también debe estar en el centro de las posturas críticas sobre los modelos emergentes de universidad, dada su gran influencia en la gestión de las instituciones y en la ubicación de sus recursos, que a menudo pueden llegar a rebasar, o no, la cantidad de los fondos que se distribuyen como constantes, pero sobre todo porque dan cuenta de la influencia ideológica que pueden llegar a tener en un periodo determinado.

Desde la economía política del conocimiento, se abordan las tendencias de discusión que son clave para entender los procesos de conversión de las universidades en empresas rentables de producción e innovación del conocimiento, o de alejamiento de ellas, en países como los de América Latina u otros con modelos de Estado muy exitosos, como los de Asia y Europa.

El debate al respecto da cuenta de la importancia de enfocar el esfuerzo analítico y crítico sobre los procesos de descomposición-recomposición de la universidad en una era de enorme turbulencia e incertidumbre, en donde la universidad ha pasado a ser una empresa económica más que cultural o social, dado el valor que produce en aprendizajes y conocimientos.

Desde las ciencias sociales, se enfatiza la epistemología de las instituciones y la acción de la política pública como referente y espejo de los cambios en la universidad, de acuerdo con sus distintos contextos de aplicación, y sobre todo por los enfoques que destacan las contradicciones que se presentan entre una economía del conocimiento versus otras que están fuera de esas determinaciones, con identidades y perspectivas distintas, aun dentro de las tendencias generales que están presentes.

La reciente emergencia de un grupo muy numeroso de gobiernos de alternancia y de liderazgo progresista, en donde destacan importantes universidades de gran influencia local, nacional, regional o internacional, subraya la potencialidad metodológica de los abordajes desde las ciencias económico-sociales y políticas para definir agendas que relacionan su identidad institucional epistémica, sobre todo por su capacidad para organizar una determinada manera de llevar a cabo la gestión de los aprendizajes, los conocimientos y la innovación, con sus entornos local-regionales, por sus innovaciones y su potencialidad científico-tecnológica, pero sobre todo por su conexión con el poder, imaginario, coyuntural o de futuro.

La universidad es parte indiscutible de un poder que deriva de la producción y transferencia de nuevos aprendizajes y conocimientos, especialmente alrededor de un aspecto fundamental: su determinación sobre la orientación de las reformas políticas y legislativas de referencia educativa, de ciencia y tecnología, dada su incrementada presencia y fuerza para determinar sus relaciones con actores prominentes (stakeholders), y por el valor que generan en el uso y manejo de sus conocimientos en el mercado o en la sociedad. Todo ello tiene que ver con su papel en la gobernabilidad para generar determinadas tendencias de cambio holísticas o sistémicas.

Para el presente trabajo, no todas las instituciones que componen el complejo sistema de educación superior resultan importantes para determinar estas tendencias y la imbricación de las instituciones con el poder (político y económico), sino ciertas universidades que por sus relaciones y sus niveles de fuerza e impacto resultan fundamentales para reorientar los procesos de cambio estructural, más allá de las respuestas de tipo inductivo, de imitación o de reproducción simple.

Estas imbricaciones se resuelven en una dialéctica de relaciones entre la universidad y el Estado, desde la perspectiva de una economía del conocimiento: prefiguraciones que tienen que ver con los procesos de relevo de las definiciones de política pública en las universidades, tanto a nivel de su poder político como financiero, hacia estructuras de mayor internacionalización o descentralización, de desconcentración o desregulación, que en algunos países se presentan como la obtención de un mayor grado de autonomía, de gobernanza, de capacidad para emprender procesos novedosos de autoevaluación de las universidades, o hacia su empoderamiento por la vía de organismos externos o rankings, para garantizar su cohesión y gestión internas en el desempeño, competitividad y calidad de sus funciones académicas.

Se argumenta que el control de los inputs mejora lo calidad de los outputs y esto conlleva a una mayor efectividad en la ubicación de los recursos otorgados por el Estado. Sin embargo esta cuestión se presenta de manera contradictoria en otras experiencias en donde la organización de la curricula, de las capacidades colegiados de los docentes e investigadores, o de los procesos que requieren pensar en el mediano y largo plazo, van más allá de los objetivos inmediatos de las agencias evaluadoras o acreditadoras. Esto ha cobrado particular resonancia crítica cuando se trata de medir la calidad del desempeño de las instituciones por la vía de estándares o competencias de todo tipo, en diferentes contextos de aplicación.

Así, las relaciones de poder de las universidades tienen que ver directamente con la particular identidad y posicionamiento ideológico que se deriva de la colegialidad de sus estructuras, de su diversidad, de la composición de sus cuerpos académicos, de su dirección y gestión, tanto como de la cantidad de recursos que tienen que distribuir de forma racional en el interior de su institución. La capacidad genérica de los actores académicos y estudiantiles, directivos y de servicio que tiene que demostrar la universidad va en proporción directa con el poder que estos pueden ejercer en sus relaciones con la sociedad y el Estado.

Otro tema vinculado a las estructuras de poder es la relación de las universidades con los intereses creados de grupos, asociaciones, empresas, industrias y gobiernos que se ha convertido en un emergente paradigma de la gestión del conocimiento académico. Desde distintos autores (Slaughter & Rhoades, 2004; Slaughter & Leslie, 1997; Clark, 2002; Etzkowitz, 2001), esta relación es cada vez más impositiva y determinante si la universidad se pliega a los intereses de estos actores, y no más a sus identidades de autonomía o de cogobierno.

Esto se muestra diferente cuando la universidad da prioridad a sus relaciones con los actores comunitarios, de sectores muy amplios de la sociedad, o de poblaciones marginadas o excluidas, más que a los intereses privados. Esto constituye, también, un campo de trabajo medular que se presenta en este libro.

Otro aspecto de gran interés es la localización, ubicación y distribución de los recursos provenientes de los gobiernos o de algunos actores privados. Las crisis recurrentes que se han vivido durante décadas recientes (los años ochenta, 1994-1997, 2004, 2010, 2016-2018, 2020-2021…) han impuesto modelos de redistribución de los recursos del Estado en programas de fondos etiquetados para impulsar cambios en la organización académica de las universidades, y en gran parte para orientar la docencia y la investigación hacia modelos de mercado que se ven acompañados por la reducción general de los presupuestos públicos. El tema es harto problemático y fundamental, y se presenta de forma comparada en todos los casos que aquí se abordan.

Desde la praxis, esto es, en la relación entre la teoría y los objetos de transformación que ocurre en los procesos y en los resultados que se analizan en este trabajo, se destacan enfoques de tipo prospectivo para debatir escenarios de comparación y sobre todo plataformas de acción estratégica para revalorar y redefinir políticas públicas de cambio sustancial en las universidades, de manera especial hacia determinados países, subregiones y regiones que se mencionan como puntales en la posibilidad de articular estos cambios a favor de un proceso de integración de esfuerzos y de cooperación por la vía de la academia y los conocimientos de alto valor social, de bien común y de derechos humanos con sustentabilidad.

Un ámbito teórico permea este trabajo, en relación con las temáticas señaladas con antelación:

  1. El de la orientación de la política pública en términos de la ubicación de los recursos financieros hacia las universidades, pero en particular de programas que redefinen su gestión académica y de producción de conocimientos. En este aspecto encontramos tres determinaciones importantes en la acción de los Estados y de los diferentes gobiernos:

a.1) orientar procesos de cambio a partir de la organización de los conocimientos y aprendizajes de sus sistemas de educación superior;

a.2) reorientar las políticas públicas de regulación hacia la valoración de la “calidad” de los procesos y productos del conocimiento y de sus resultados, así como buscar niveles más adecuados de articulación entre la investigación y la innovación; y

a.3) redefinir las funciones de la universidad hacia modelos interdisciplinarios y de autorregulación financiera.

                             

El otro gran tema, que se ha mencionado arriba apenas de pasada, es el del conjunto de conceptos que dan vida a lo que Pierre Bourdieu denominó las “estructuras simbólicas”, que, para el caso de la universidad, se plasman en conceptos como los de autonomía, cogobierno, lenguajes, métodos, técnicas y contenidos de la curricula, de la acción y organización de los actores de los procesos, de sus grupos y redes, y las relaciones con la sociedad y la cultura.

La obra de este autor es una referencia obligada para comprender, desde el análisis crítico, las nuevas conformaciones político-ideológicas de las universidades y del contexto de sus cambios, desde su historia y su presente, sobre todo para evitar simplificaciones y linealidades que son recurrentes en muchos trabajos acerca del tema, debido a la manera como este autor aborda la complejidad dialéctica de los fenómenos referidos, bajo una forma “transfigurada”, en un campo del poder “simbólico” (Pierre Bourdieu, 2017: 67-68).[4]

Este elemento epistémico de la observación de los fenómenos institucionales permite enfocar su función política y contribuye a poner el acento en los instrumentos de imposición o legitimación de la dominación, como lo son los aparatos escolares o las universidades que garantizan la reproducción de la división entre las clases sociales, y que se presenta desde el sentido común como “irreconocible” bajo una forma simbólica, pero que tiene importantes connotaciones en la lucha por el logro y la obtención de determinados intereses de las prácticas científicas, académicas y burocráticas.[5]

Finalmente, la organización de este trabajo de investigación, dentro de las especificaciones teórico-metodológicas que se han señalado, se organiza en tres periodos históricos, a saber:

  1. El de la masificación y universalización de la educación superior, que va de los años ochenta hasta la actualidad, y que representa un periodo de antecedentes y de cambios que empiezan a apuntar las grandes tendencias de descomposición y transformación de las universidades.
  2. El de finales de la década de los noventa a la actualidad, en donde se presentan de forma disruptiva, de manera nacional, regional y subregional, los cambios que son el centro de este análisis.
  3. El periodo que va de la primera década del nuevo siglo a la actualidad, que hace referencia a la consolidación de propuestas académicas e institucionales, redes y asociaciones a nivel regional y subregional, desde tendencias que se perfilan de entonces hacia el 2030-2050.

La narrativa y la exposición de los distintos temas se dividen en tres grandes capítulos, con el fin de facilitar la lectura de cada caso nacional y regional, sus articulaciones y comparaciones. En el primero se aborda el caso de Europa Occidental, y en lo particular el surgimiento y desarrollo del Espacio Único Europeo de Educación Superior, su eventual descomposición y sus nuevos procesos de rearticulación y de objetivos programáticos de política regional y subregional.

En un segundo capítulo, se presentan los casos de distintos países de Asia Pacífico, y en lo particular de tres de ellos: Japón, Corea y China, porque se considera que allí es en donde se presentan los cambios que están liderando los modelos de mayor alcance prospectivo a nivel de esta región. En el tercer capítulo, se presenta el panorama de las universidades de América Latina.

En el último apartado del libro, se exponen las conclusiones generales del trabajo y un conjunto de propuestas de carácter prospectivo y de definición de políticas de liderazgo, articulación e integración, sobre todo en el marco del debate que se presenta en países como México y otros de América Latina. Se agrega, en un epílogo “confinado”, una reflexión respecto del impacto de la pandemia en la educación superior.


  1. Se utiliza la definición de “interdisciplinariedad” que ha adoptado la League for European Research Universities (leru): “A low degree of openess, interactions, and integration are typical for disciplinarity, while a progressive de-compartmentalisation of knowledge characterises multi-, inter-, and transdisciplinarity. Multidisciplinarity refers mainly to a sequencial analysis of a problem by disciplinary experts with the interactions between them. Growing interactions and efforts to integrate disciplinary insights lead to interdiscilinarity, with a scientific added value for the involved disciplines. Finally, in transdisciplinarity interactions are extended outside academia to solve problems of societal importance through integration of knowledge from different actors… Within the terms defined above, interdisciplinarity’ is the most widely used, and represents, in addition to a specific form of collaboration, the broad umbrella for designating the collaboration between disciplines” (2016). Interdisciplinarity and the 21st century research-intensive university. leru, Leuven.
  2. Este estudio tuvo como corte el periodo de referencia, aunque los años en los que se pudo alcanzar la documentación van de 2017 a 2020 en algunos casos.
  3. Este es el tema de estudio permanente, por ejemplo, de la Cátedra unesco “Universidad e Integración Regional” que el autor ha coordinado desde 1995, y que da cuenta de las especificidades de los procesos de integración desde las universidades y los sistemas de educación superior en la región de América Latina y el Caribe. Asimismo, en el debate internacional que promueve guni, de la que es presidente regional para América Latina y el Caribe, así como desde otros grupos y redes con los que mantiene un contacto frecuente en Asia, Europa, y América Latina y el Caribe.
  4. “El poder simbólico es un poder de construcción de la realidad que tiende a establecer un orden gnoseológico: el sentido inmediato del mundo […] Los símbolos son los instrumentos por excelencia de la ‘integración social’: en cuanto instrumentos de conocimiento y de comunicación hacen posible el ‘consenso’ sobre el sentido del mundo social, que contribuye fundamentalmente a la reproducción del orden social: la integración ‘lógica’ es la condición de la integración ‘moral’”.
  5. “La estructura de la distribución del capital científico es el fundamento de las transformaciones del campo científico por la mediación de las estrategias de conservación o de subversión de la estructura que la estructura misma produce: por una parte, la posición que cada agente singular ocupa en un momento dado del tiempo en la estructura del campo científico es la resultante objetivada en instituciones e incorporada en disposiciones, del conjunto de las estrategias anteriores, de este agente y de sus concurrentes, que dependen, ellas mismas, de la estructura del campo por mediación, de las propiedades estructurales de la posición a partir de la cual son engendradas; y, por otra parte, las transformaciones de la estructura del campo son el producto de estrategias de conservación o de subversión, que encuentran el principio de orientación y de su eficacia de las propiedades de la posición que ocupan aquellos quienes las producen en el interior de la estructura del campo”.


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