Mario Pecheny[1]
La espera es un encantamiento: recibí la orden de no moverme.
Roland Barthes
Se me acaba el argumento y la metodología
cada vez que se aparece, frente a mí, tu anatomía.
Shakira
Este libro es un primer volumen de una investigación que hemos empezado hacia 2014 junto a un equipo de jóvenes investigadores e investigadoras: El poder de hacer esperar y las escenas de espera: primeras coordenadas de una investigación que pretende ser dramática. Tuvimos la idea y las ganas, y un encuadre institucional: el “equipo Ubacyt” que compartimos en el Instituto Gino Germani, del cual este proyecto es un hijo pródigo. Los UBACytT son proyectos de investigación científica y técnica financiados por la Universidad de Buenos Aires.
Para 2018 vamos a presentar formalmente un proyecto a instancias de acreditación científica, con el fin de desarrollar esta investigación de manera más sistemática, pero ya en estos primeros acercamientos estamos convencidos y convencidas de que hay una buena pista para adentrarnos en muchos problemas y experiencias de nuestro tiempo. Obras como las de Javier Auyero, o proyectos amigos como el denominado Wait radicado en la Universidad de Bergen —en Noruega— dan muestras de que esperar y hacer esperar no son sólo grandes temas de la literatura y, como la adaptación de Zama de Lucrecia Martel, del cine.
Esta introducción sintetiza algunas reflexiones sobre las razones que nos han llevado a plantear una investigación empírica sobre espera: limitada la espera a aquellas situaciones en que alguien, algunos, alguna institución, hacen esperar. Analizamos prácticas y experiencias específicas: la práctica y experiencia de esperar algo o a alguien, y la práctica o experiencia de hacer esperar a otro u otros. Esperamos y hacemos esperar todo el tiempo, y todo el mundo tiene algo para decir al respecto. Es un buen punto de partida para una investigación social: protestamos por esperar, pedimos disculpas por hacer esperar, nos indignamos, nos justificamos.
La investigación, dijimos desde el comienzo, pretende ser dramática porque buscamos trabajar sobre escenas de espera, una propuesta metodológica que hemos encontrado fecunda en el pasado al abordar temas de sexualidad, género y salud, y que remitimos en lo cercano a Vera Paiva, amiga, colega y maestra brasileña en el campo de la salud sexual desde la psicología social. Esta propuesta consistió inicialmente en buscar que, en entrevistas, las personas nos contaran con el mayor lujo de detalles las escenas en las que tienen lugar la interacción de espera: escenarios, personajes, palabras, movimientos.
La descripción de las escenas es más que una técnica a la hora de recolectar información. Como puede verse en los capítulos que componen el libro —en algunos más que en otros—, esta metodología constituyó un recurso desafiante. A lo largo de nuestras tradicionales reuniones de los miércoles una pregunta se repetía constantemente: cómo trabajar a partir de esta metodología, cómo dar cuenta de escenas, cómo definir una escena. Quisimos evitar traer excesivos fragmentos textuales (verbatim), evitar la autoridad de la palabra evocada. Las escenas, en cambio, implican un trabajo artesanal de quienes las analizan. Deben ser reconstruidas, estilizadas y presentadas de manera tal que hagan justicia a lo que se nos ha dicho, a lo que nos contaron y a lo que memorizan y dicen los cuerpos.
Este texto refleja nuestros primeros pasos en el proceso de construcción de una investigación empírica sobre la relación de esperar y hacer esperar, relación constituyente de un sujeto o sujetos que esperan y otro sujeto, sujetos o instancia identificable, que hace esperar.
El objetivo general de la investigación es triple:
- Determinar formas de la espera en tanto escenas;
- Describir estas formas en tanto relaciones de poder y analizar sus modalidades y efectos;
- Afinar y poner a prueba la metodología de las escenas como herramienta de investigación de las ciencias sociales.
El libro se estructura en tres ejes: salud, dinero y amor. Incluye trabajos de miembros del equipo Ubacyt y de compañeros y compañeras de otros equipos amigos.
Dentro del primer eje se encuentra el trabajo de Sandra Fernández Vázquez y Lucila Szwarc denominado “Esperando un aborto exitoso: tensiones en la espera por abortar con pastillas en el Área Metropolitana de Buenos Aires”. Las autoras, desde un enfoque cualitativo, describen cómo en un contexto de penalización legal se configuran la espera y las temporalidades durante el proceso de aborto, desde la mirada de las mujeres que abortan.
El trabajo de Matías Salvador Ballesteros, Betina Freidin y Agustín Wilner, “Esperar para ser atendido: barreras que impone el sistema sanitario y recursos que movilizan las mujeres de sectores populares para acelerar la resolución de las necesidades de salud”, también problematiza la triada entre salud, esperas y mujeres. El artículo tiene un objetivo doble. Primero, mediante el análisis de datos cuantitativos describen de qué modos la espera para el acceso a los servicios de salud está socialmente estratificada; segundo, mediante el análisis de datos cualitativos provenientes de grupos focalizados con mujeres de clase popular, indagan en cómo las personas con mayores desventajas estructurales viven los tiempos de espera, sus consecuencias para la atención o desatención de la salud, y los recursos que algunas movilizan para acelerar los tiempos de acceso a la consulta médica, estudios y tratamientos.
“Procesos y experiencias en torno a los tratamientos de reproducción médicamente asistida”, escrito por Anahí Farji Neer, Yasmín Mertehikian, Santiago Cunial y Emiliano Kolkowski, analiza las experiencias de espera en el marco de tratamientos médicos de reproducción asistida, así como los modos en que avances tecnológicos activan dinámicas de poder que producen efectos subjetivos particulares.
Julián Ortega, María Victoria Tiseyra, Santiago Morcillo y Marine Gálvez, en “Otros cuerpos, otros tiempos. Experiencias de espera de personas trans en el sistema público de salud” describen, a través de entrevistas en profundidad y observaciones, situaciones de espera experimentadas por la población trans en los servicios de salud, específicamente en relación con los tratamientos de hormonización. En diálogo con el artículo anterior, el brasileño Camilo Braz, que realiza su post-doctorado en Buenos Aires, presenta “Transmasculinidades, Salud y Espera. Antropología del tiempo y el acceso a la salud para hombres trans en Brasil”. Camilo Braz interpreta la existencia de una tensión entre el tiempo de los sujetos y el tiempo institucional y analiza tanto las narrativas respecto de la transición de género y las expectativas asociadas con los cambios en y del cuerpo, y las relativas a la espera para el acceso a la atención transespecífica en salud.
En el mismo eje, sobre salud, por último, se encuentra el trabajo de Horacio Pereyra, “Trayectorias en busca de una córnea. Reificación en la espera por un trasplante de tejido”. El autor, a quien conocimos en unas jornadas organizadas por el área de Salud del Instituto de Investigaciones Gino Germani, a partir del relato de su propia experiencia, analiza las esperas y emociones que vivió en el sistema público de salud en Santiago del Estero, en pos de obtener un trasplante de córnea.
Dentro del eje de dinero, que involucra en sentido más amplio escenas ligadas al mundo del trabajo, Mariana Cerviño en “Cobrar…es un tema. Sobre los intervalos de espera en la economía del arte contemporáneo argentino” da cuenta de aspectos de los intercambios dentro del arte contemporáneo en Buenos Aires, a partir del análisis de las interacciones entre coleccionistas y artistas. Para tal fin se concentra, a través de entrevistas en profundidad, en distintos tipos de esperas que aparecen sistemáticamente, como una vía de entrada a sus rasgos particulares.
Dentro del eje de amor — que involucra aquí en sentido más amplio también escenas ligadas al sexo— otros dos artículos se proponen abordar las esperas en las relaciones eróticas-afectivas. Martín Boy, Maximiliano Marentes y Mariana Palumbo en “(Des)espero porque amo: escenas de espera y amor romántico en jóvenes heterosexuales” analizan escenas de esperas en relaciones entre mujeres y varones jóvenes de clase media. Indagan cómo [o los modos en los cuales] tecnologías como Facebook y/o WhatsApp adquieren un lugar central en ese tipo de escenas. La perspectiva que guía el artículo es que dichas tecnologías devienen en agentes constitutivos de la espera, generando controles sobre el sujeto amado y descontrol sobre la propia subjetividad.
En “Escenas de espera en amor gay. Entre actos y secuencias”, Maximiliano Marentes analiza escenas de espera de jóvenes gays de clase media de Buenos Aires. El autor propone una distinción analítica sobre las esperas puntuales –como la llegada de un mensaje– de las secuencias de espera prolongadas en el tiempo –como cuando un novio espera que el otro cuente a su familia que es gay—.
Junto con esta introducción, los capítulos constituyen los resultados de esta primera ola de incursiones investigativas en las aguas de las esperas. La primigenia motivación detrás de nuestra iniciativa han sido las ganas de pensar la espera y el hacer esperar, porque es un fenómeno que atraviesa nuestras vidas y despierta enseguida en los interlocutores e interlocutoras un entusiasmo que –confesémoslo– no despiertan otras investigaciones que solemos hacer habitualmente.
En el origen estaban nuestras ganas de leer e investigar sobre la espera, como lo hacemos para otras prácticas y experiencias, es decir investigar empíricamente a través de estrategias cualitativas. Nuestra área de trabajo desde hace años refiere a un amplio abanico de cuestiones de derechos humanos en materia de salud, género y sexualidades. Solemos encarar tales cuestiones a partir de buscar qué dicen, hacen, interpretan, padecen, los propios sujetos de las historias. Lo que intentamos hacer, es contar esas historias. La pretensión que está detrás de estas investigaciones es hacer lo mejor posible el oficio de investigador e investigadora en ciencias sociales, lo cual no incluye ni una pretensión de objetividad o de visión privilegiada, ni tampoco una pretensión de devenir portavoces fieles de nadie. Se trata de conocer cómo viven determinadas experiencias determinados sujetos, y de contárselo a otros y a otras.
En términos de lecturas, la lamparita se encendió a partir del texto famoso de Roland Barthes sobre la espera —incluido en sus Fragmentos de un discurso amoroso— que ha dejado su impronta a esta empresa intelectual tanto en lo conceptual como en la que sería la principal decisión en torno a la estrategia metodológica. Aquí sigue un pequeño fragmento:
“¿Estoy enamorado? —Sí, porque espero”. El otro, él, no espera nunca. A veces, quiero jugar al que no espera; intento ocuparme de otras cosas, de llegar con retraso; pero siempre pierdo a este juego: cualquier cosa que haga, me encuentro ocioso [désoeuvré], exacto, incluso adelantado. La identidad fatal del enamorado no es otra más que ésta: yo soy el que espera.
(En la transferencia, siempre se espera —en lo del doctor, el profesor, el analista. Más aún: si espero frente a la ventanilla de un banco, en la partida de un avión, establezco enseguida un vínculo agresivo con el empleado, con la azafata, cuya indiferencia descubre e irrita mi sujeción; de modo que se puede decir que, en dondequiera que haya espera, hay transferencia: dependo de una presencia que se divide y que pone tiempo a su darse [qui se partage et qui met du temps à se donner]; como si tratase de hacer decaer mi deseo, de agotar mi necesidad. Hacer esperar: prerrogativa constante de todo poder, “pasatiempo milenario de la humanidad”). (Barthes, 2008: 139-140).
Nuestro equipo viene trabajando (como casi todos los equipos) en varios proyectos y líneas al mismo tiempo. Para resumir de manera ordenada y breve: nos dedicamos a dos tipos de investigaciones. En primer lugar, investigaciones empíricas, mayormente cualitativas, pero también a través de encuestas cuantitativas, sobre diversos temas de salud y sexualidad. En segundo lugar, investigaciones sobre producción teórica, modos de investigar y pensar (“metodologías”), tradiciones intelectuales, de quienes se ocupan de política, salud y sexualidad en América Latina. Los dos grandes tipos involucran componentes empíricos y componentes teóricos y reflexivos, con distinto peso, pero siempre presentes.
Los primeros resultados de investigación que estamos publicando aquí aspiran a reunir ambos componentes. Un primer componente inductivo, descriptivo y fenomenológico, que se ocupa tanto de aquello que aparece con formas específicas como de la superficie observable y susceptible de ser descripta- El segundo componente, de corte analítico, teórico y metodológico, refiere a las ideas motivadoras de la investigación entre las que se encuentra la de pensar las escenas de hacer esperar como una de las manifestaciones del poder más cotidianas y significativas.
Por un lado, usar el tiempo del otro, hacer esperar, puede operar para colocar al otro en su lugar —“el que le corresponde”—, humillar, quitar dignidad, hacer entender quién es quién, etc. Por otro lado, este hacer esperar no siempre ni necesariamente se hace con la intención de producir algún efecto —por ejemplo: de dominación— y a veces este esperar no implica intención alguna. Sin embargo, aun no intencional, tiene efectos. Por ello, nos permite visitar empíricamente la noción de Foucault de un poder instituyente de sujetos y productor de efectos, que puede ser desligado de sujetos pre-existentes e intencionales, que puede y debe ser entendido por fuera de teleologías y estrategias instrumentales. No obstante, sí pueden rastrearse razones y lógicas que hacen inteligibles las relaciones.
Los procesos de resolución de las esperas, de sus dinámicas y de las prácticas y sujetos que interceden para resolverlas, son o pueden ser, como muestra Javier Auyero, parte de estructuras de dominación que se producen y reproducen cotidianamente con este tipo de acciones. El puntero político del barrio resuelve esperas. Lo mismo las secretarias y recepcionistas, los no-docentes, la profesional del banco, el empleado de la compañía aérea, la burócrata o el docente que no entrega los parciales en tiempo y forma y hace esperar a sus estudiantes.
Recapitulando: tenemos la espera: una experiencia en la cual se espera que un alguien haga o diga o resuelva algo, o venga o se vaya; y el hacer esperar: un poder potencial o en acto. La investigación tiene entonces varios aspectos a dilucidar conceptualmente, a redefinir durante el proceso investigativo y a analizar teóricamente. Entre ellos:
- Definición de lo que es una espera, en este sentido específico de esperar cuando alguien hace esperar;
- Definición de las dimensiones de análisis de este fenómeno, y de sus coordenadas empíricas;
- Definición del hacer esperar como una forma específica de poder;
- Determinación de una estrategia metodológica que explore la pregunta del cómo de la espera y de sus efectos, entre ellos los efectos sobre los cuerpos. Aquí entran en escena las escenas.
Hacia una definición de espera y de hacer esperar (como formas de poder)
Estamos procediendo de dos formas para llegar a una definición operativa de espera que nos permita construir un objeto de indagación y análisis.
Por un lado, en el equipo, hemos venido conversando sobre el tema, dándole vueltas al asunto, buscando vías de entrada y características que nos parezcan interesantes para incorporar a una tipología de esperas a construir más adelante. La tormenta cerebral y corporal (¿existe body storming?) en cuestión implica abrevar en nuestras propias experiencias y en lecturas —a menudo de ficción— o referencias a películas, obras de teatro, poesías, boleros, etc. Por decisión, procuramos permanecer cerca de los usos ordinarios de esperar y hacer esperar, y de permanecer lejos de la abstracción de la filosofía, la ética, la religión, la teoría social, que se han ocupado y mucho de la ontología de la espera. Pretendemos permanecer cerca de las experiencias con el fin de encarar la investigación con un espíritu descriptivo, inductivo, y no deductivo (y menos aún, ilustrativo, lo que sería ir a ver cómo se verifican conceptos platónicos, que nos fascinan, en sujetos y situaciones imperfectos, que nos fascinan menos).
Por otro lado, hemos realizado una primera serie de entrevistas para ir determinando conceptual y operativamente este binomio de esperar y hacer esperar, que dieron origen a su vez a esta primera serie de trabajos. Algunas de las preguntas disparadoras han sido: ¿Cómo fue la última vez que esperaste (a alguien)? ¿Cómo fue la última vez que hiciste esperar? ¿Cómo fue tu espera más importante, y por qué fue la más importante? La pregunta acerca del cómo nos ha permitido empezar a recorrer el camino hacia el por qué y hacia la conceptualización.
De entrada surgieron varias cuestiones a dilucidar analíticamente y a examinar empíricamente, que proponemos adelantar aquí y desarrollar a futuro.
Cuestiones de temporalidad
¿Cuándo empieza una espera experimentada como tal? Por ejemplo, en una charla, entre cada emisión de frases, uno o una espera, pero ¿eso es esperar? El tiempo de no-hacer-algo, ¿cuándo pasa a ser espera? Cuando uno o una espera, ¿es acción o es no-acción? ¿Y cuándo termina?, ¿cuándo se da por terminada una espera? Dimensiones de indagación sobre esperas, en este aspecto temporal, pueden ser: continuidades e interrupciones, relanzamientos, cadencias y ritmos, tiempos objetivos y subjetivos (intersubjetivos), para cada sujeto, institucionales. Tiempos respetados y no respetados. Tiempos ciertos e inciertos (ejemplo: un resultado que estará un día preciso es en principio un tiempo cierto, a diferencia de una sentencia judicial que no tiene un tiempo previsible, o la llegada de un órgano compatible para trasplante…). Perder el tiempo, usar el tiempo del otro, hacer perder el tiempo, aprovechar el tiempo, organizar el tiempo (recalculando), en función de la espera. Suspensión del tiempo. Programación de la propia vida en función de la espera.
Cuestiones relativas a la espera como acción: actividad o pasividad.
Esperar, ¿es estar haciendo algo o no estar haciendo nada, o las dos cosas? Preguntas de las que se ocuparon la filosofía analítica, la filosofía de la acción y la sociología de la acción. Las regulaciones de la tensión de la espera como relación. ¿Qué es ser un sujeto que “no hace sino esperar”? ¿Qué es lo que hace quien hace esperar? ¿Esperar es “dejar de hacer”? ¿Se puede aprovechar para hacer aquello considerado superfluo y que no se hace habitualmente, total el tiempo mientras se espera ya está “perdido” (por ejemplo: encarar una novela mientras se espera en un aeropuerto, leer revistas farandulescas en la sala de espera de un consultorio, retocarse el maquillaje hasta que venga el colectivo)?
Sentidos de la espera y hacer esperar
¿Qué es lo que hace a una experiencia o a una práctica, una experiencia o práctica de espera? ¿Cuáles esperas son banales (esperar el colectivo)?, ¿cuáles son naturalizadas y aceptadas como normales?, ¿cuáles son incluso disfrutables y cuáles o de qué tipo se vuelven intolerables y violentas?
Hay esperas que hasta definen una vida, como la de Penélope, la de Madame Butterfly (Un bel di vedremo), la de Diego de Zama, la del campesino ante la ley, la del Coronel de García Márquez, la de quienes esperaban la aparición de un ser querido desaparecido, la de la familia de Santiago Maldonado. Sentidos de justicia e injusticia definen a las esperas como dignas, humillantes, indiferentes, y los modos de significar previamente, durante y al final del proceso, a esas esperas como tales (como esperas, y como esperas dignas o humillantes, como esperas que valen la pena o como inútiles). Tensiones de las esperas: esperas como ruptura de lazos y fallas a la promesa de llegar o responder a tiempo, y modos de restablecer parcial o totalmente los lazos y la promesa, como avisar que se va a llegar tarde o disculparse. Las esperas formalmente institucionalizadas y las esperas institucionalizadas consuetudinariamente. El bicicleteo argentino.
¿Cómo son las relaciones entre la resolución de las esperas y el seguimiento o quiebre de reglas? ¿Hay quiebres de reglas esperados y esperables? Según los códigos culturales y expectativas sociales locales: ¿en qué contextos y situaciones una determinada duración objetiva se vuelve espera?, ¿se trata de una espera razonable o se vuelve espera intolerable? ¿Cómo cuantificar las esperas razonables y las no razonables según horarios (horario porteño, argentino, latinoamericano, inglés, suizo, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA)?
Interacción y sujetos
La espera es considerada aquí, a los efectos de la investigación, como una relación social, como una interacción, que instituye al menos dos sujetos (individuales, colectivos, institucionales, reales o imaginarios): quien espera y quien (se) hace esperar. Nuestro objetivo es poder analizar la espera como relación entre sujetos, entre personajes, entre posiciones.
Hay esperas importantes que excluimos de la construcción de nuestro objeto por decisión metodológica: esperar la muerte, la felicidad, la llegada del príncipe o princesa azul, del amor de la vida, esperar al mesías o el socialismo. Excluimos aquellas esperas en las que no existe alguien más o menos concreto que haga esperar.
Dimensiones analíticas y coordenadas empíricas
La construcción de la espera y del hacer esperar como objetos de investigación empírica implica establecer límites, cauces para que las aguas no nos desborden y ahoguen. El primer límite es entonces limitar el universo de esperas a considerar (por ejemplo: excluir las esperas existenciales cuando no hay quien hace esperar) y encauzar la investigación hacia la espera como experiencia siempre y cuando haya alguien (persona, personas, institución) que hace esperar. La propuesta es estudiar pues relaciones de espera y hacer esperar.
Nuestra propuesta es estudiar situaciones de espera en el marco de “políticas de las escenas” (Paiva, 2006; Kottman, 2008). Tiene que ver con aquellas sensaciones e ideas que remiten al “hacer una escena“ (la otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas, mil horas, como un perro), pero no es sólo o principalmente por eso. Con la pretensión heurística y descriptiva que nos mueve en esta etapa inicial y con la pretensión de dar cuenta de las posiciones de los sujetos intervinientes (de los ritmos, colores y temperaturas de la interacción, los efectos en los cuerpos, en fin, muchas cosas que suelen escapársenos cuando investigamos en ciencias sociales), nuestra intención es reconstruir escenas típicas y escenas extraordinarias de espera. Por ello, las dimensiones empíricas a recabar mediante entrevistas, observaciones y análisis —que reflejan ya en parte los capítulos del libro—, apuntan a ordenar aquellos elementos significativos de las esperas.
El abordaje de las escenas de esperas ha abierto un gran abanico de dimensiones de análisis, que listamos a continuación.
Dimensiones relativas a los tiempos. Presencia, co-presencia y ausencia de los involucrados e involucradas. Inicios y fines. Diversas escenas de una historia de espera. Ritmos, cadencias, aceleraciones, postergaciones, finalizaciones tranquilas o abruptas. Temporalidad y nuevas tecnologías que aceleran o “congelan” provisoriamente la temporalidad: el celular, los e-mails, los mensajitos, las redes sociales.
Dimensiones subjetivas. Puntos de vista, experiencia o experiencias (concepto también a precisar) de espera. Discursos, narrativas y sentimientos (angustia, incertidumbre, ansiedad, bronca, resignación). Hacer esperar como acción intencional y subjetiva versus acción que aparece como impersonal (imperativos externos de la acción personal o directamente lo impersonal, como “el sistema”). Sujetos producidos por la relación: Penélope hace posible a Odiseo, esperando a los bárbaros, esperando a Godot.
Prácticas típicas y específicas de las esperas según los sujetos, según los observadores y observadoras. Juegos de lenguaje. Excusas, disculpas, reclamos, protestas, preocupación, incertidumbre, modos de regular tensiones, conciencia e inconsciencia. Avisos. Cansarse de esperar. Hexis corporal. Géneros teatrales de la espera: tragedia, melodrama, épica, comedia romántica, farsa, grotesco.
Elementos y cuerpos de las escenas de esperas. Escenografías, decorados, ritmos, temperaturas, colores, elementos (objetos), geografías, espacialidades, espacios de espera (esquina, bar, sala de espera de hospital, de consultorio, en oficina pública, en banco, en aeropuerto, “Casablanca”, espacios indeterminados…). Máscaras y auditorios. Espacios reales y virtuales (esperas mediante uso de WhatsApp, Facebook, correos electrónicos: “Me clavó un visto”). Qué se espera: una respuesta, una llegada, un salvoconducto, una visa, un documento, un préstamo, un beso, un resultado médico o de un examen, una sentencia judicial, una reparación, una disculpa, un perdón, una respuesta a una promesa o a un pedido, una ley… En la cárcel: la libertad, los juicios, los castigos. En la villa, en el barrio. La espera al transa, al delivery. Elementos que marcan espacios sexuados y generizados (Ahmed, 2006).
Hexis corporal y corporalidades. La caminata de espera (escena cliché del futuro papá esperando que salga la enfermera con el anuncio del nacimiento, el anuncio del sexo de la criatura). Forzar la vista, suspirar, disimular la ansiedad. La espera zen, relajarse y esperar. Cuándo un comportamiento se vuelve obsesivo y compulsivo. El cuerpo desnudo o vestido. También el cuerpo biológico tecnificado con anteojos o sillas de rueda o anticonceptivos o antidepresivos.
Materialidades y recursos. Costos y gastos de esperar, capital de quien espera, capital de quien hace esperar (como cuando una persona cansada de esperar el colectivo, se toma un taxi). Recursos materiales y simbólicos, relacionales, cognitivos, afectivos. Esperar solos, esperar juntos. De sus pobres tres chelines sólo le quedaba uno: en tanto rato que esperaba gastó los otros en cafés y coñac. Todos sus cigarrillos se los fumó (Cavafis).
Dimensiones éticas, narrativas. Inscripción de experiencias individuales en relatos colectivos (politización de la espera). Politicidad, politización, publicidad, contingencia versus naturalización, carácter privado, necesario. Condiciones históricas y circunstancias de los diversos framings o construcciones de las esperas. Aprender a esperar: aprendizaje como socialización y como gubernamentalidad. Desaprender como politización. Umbrales de espera. Espera como infortunio o como injusticia.
Dimensiones sociodemográficas: especificidades de clase, de género, de edad, de orientación sexual, de localización (en Buenos Aires, en otras ciudades, en espacios no urbanos). De clase: escenas de corte de puentes o calles como situación en que una clase que suele esperar (los pobres, los desocupados, los demandantes o beneficiarios de planes sociales) hace esperar a una clase que no suele esperar y que suele hacer esperar (los motorizados). De género: escenas estereotipadas de novios y maridos esperando a novias y esposas haciendo compras. La pregunta sobre aspectos secundarios o constitutivos de las escenas de espera según estas variables.
Hacia un análisis (también) formal de las esperas
El objetivo es describir escenas con la intención de reconstruir formas, delinear una morfología de escenas de espera que en pueda ser universal y abstracto, aunque específico. Para ello tenemos que definir los contextos de escenas a examinar.
Nos ocupamos aquí de escenas sobre salud, dinero y amor.
Las escenas relativas a la salud pueden referirse a resultados de análisis, entrega de medicamentos, trasplantes de órganos, el alta, que haya quirófano disponible, trámites, que alguien dé con la respuesta eficaz para encontrar el diagnóstico o aliviar un dolor o descubrir de la cura. Las escenas en materia de trabajo pueden referirse a conseguir empleo, obtener un ascenso o una respuesta, un aumento de salario, un “pase a planta”, o cuestiones de mercado, créditos y deudas, acceso a bienes como una vivienda, etc. El dinero y el trabajo nos dan material escénico, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro punto de vista teórico es que estas cosas se analizan en términos de una economía política de las prácticas; en el marco de una totalidad estructural, histórica y, por ende, política. Las escenas de sexo y de amor (su temporalidad, reciprocidad o no, correspondido o no, romántico, sexual, platónico…, codificado o no) también brindan un excelente material, como lo muestran miles de páginas escritas y leídas a lo largo de la historia. Como la espera de más de cincuenta años de Florentino Ariza en El amor en los tiempos de cólera.
Las cuestiones de salud, dinero/trabajo y amor/sexo no pueden estudiarse de manera aislada, sino en el marco de los procesos históricos y estructurales de los que forman parte como productos y como (re)productores.
Hacer esperar, en tanto forma de poder en acto
A partir de los últimos párrafos del fragmento evocado de Barthes aparece el tema del hacer esperar como prerrogativa de todo poder y como pasatiempo (arbitrario). La intención es no movernos mucho de la descripción de prácticas de hacer esperar, no movernos hacia teorizaciones que hagan de las descripciones ilustraciones más o menos imperfectas. No obstante, la grilla de análisis sobre el hacer esperar como práctica de poder se nutre de dos enfoques, dos lecturas: la noción de acción comunicativa de Jurgen Habermas (1988), y la de poder como relación de Michel Foucault (1980).
La escena de la espera como acción comunicativa es una de las posibles vías de entrada para analizar el tema del poder. Entre las dimensiones habermasianas de la espera, se encuentran:
- Dimensión instrumental, en tanto medio para un fin. Se espera a quien lo vale (al especialista, a la famosa, a quien tiene el poder). Puede evaluarse en esta dimensión una racionalidad de la espera, un cálculo de la espera (racionalidad de acuerdo a fines, instrumental). Aquí entran los cálculos de costo-efectividad de una espera y del juicio en términos de verdad proposicional.
- Dimensión normativa, en tanto adecuación a parámetros éticos, reglamentarios, legales y consuetudinarios. Hay esperas justificadas y justificables, y esperas injustas, subjetiva u objetivamente correctas, legítimas e ilegítimas.
- Dimensión dramatúrgica, en tanto actitudes y lazos de confianza, sinceridad y autenticidad puestos en escena, aceptados o cuestionados. La acción dramatúrgica (Goffman, 1997) es una dimensión de la acción comunicativa y por ende de toda acción. Presuposición de mala fe o de buena fe, de autenticidad o engaño. De auto-engaño (quise llegar pero no llegué… a terminar el texto). Como señalan Habermas en clave de Goffman, la presunción de sinceridad o de insinceridad tiene efectos no sólo subjetivos e intersubjetivos, sino también en la eficacia misma de la (inter)acción.
Más allá de Habermas, la apuesta analítica por las esperas es examinar el poder después de Foucault, según la lectura que la teórica política Wendy Brown (2008) ha hecho de estas cuestiones. El descentramiento de la pregunta por la fuente del poder hacia las preguntas por los modos de ejercicio del poder (los cómo) y los efectos de las relaciones de poder —incluyendo los efectos de subjetivación— es la principal conceptualización que está en este proyecto para caracterizar el hacer esperar y la espera como un fenómeno de poder; fenómeno en el sentido de modo de aparecer y manifestarse, pero no remitiendo a una lógica preexistente o a una fuente, sino como un existir a través del manifestarse. La espera tiene sus propias dinámicas y sus propios sujetos: sujetos que esperan y sujetos que se hacen esperar, co-constitutivos de la relación (con perdón del prefijo), ambos ejerciendo poder y resistencias.
Quien hace esperar ejerce un poder: hay allí un poder en acto. Pero quien espera también: no sólo tiene poder en la medida en que si se aburre o deja de esperar anula el poder de quien hace esperar, también hay poder en el sentido de quienes esperan que todo venga de los otros. Esto abre la posibilidad de pensar, cual economía política, en la conjunción de micropoderes y poderes tradicionalmente estructurados en relaciones de dominación (Estado, mercado, familia, etc.). En términos específicos, esperar es uno de los medios privilegiados de experimentar los efectos del poder. Por el contrario, la no espera, el no tener que esperar, es experimentado como privilegio o como gracia.
La lectura del poder a partir de Foucault según Wendy Brown (2008) encuadra nuestro abordaje empírico. Poder deriva del latín potere, que se refiere a la potencialidad y significa ser capaz en una habilidad, con énfasis en la agencia concertada. El recurso a la etimología oscurece sin embargo la dispersión, circulación y mecánicas microfísicas; oscurece el hecho de que el poder muchas veces es más automático que intencional y que está imbricado con el conocimiento, el lenguaje y el pensamiento. Su carácter relacional y productor de sujetos y órdenes sociales nos invita a ver los efectos del poder (incluso los no intencionales).
Por otra parte, en esta clave, los sujetos no preexisten al discurso de poder que los construye como tales: quien espera, quien hace esperar. El poder no es propiedad de individuos o instituciones; se da a través de normas, no sólo leyes y fuerza. Entonces, siguiendo a Foucault, es necesario examinar los más variados vehículos de poder: poder en las relaciones entre palabras, discursos de verdad científica, imágenes, cuerpos y gestos, dolor, placer, enfermedad y sufrimiento. Poder ya no puede reducirse a reglas, leyes, riquezas o instrumentos de violencia.
En este marco, el estudio de las escenas de esperar y hacer esperar nos permite tomar los efectos intencionales y no intencionales de las acciones y de las paradójicas no-acciones que involucra el estar esperando: el cómo, la génesis de la interacción de espera, y las distintas manifestaciones del poder. La práctica de poder construye y organiza sujetos en varios ámbitos y discursos: salud, trabajo, dinero, sexo, amor. No se trata únicamente de regímenes institucionalizados de injusticia u opresión, sino de subjetivación o producción multifacética de sujetos por normas y prácticas sociales.
Siguiendo nuevamente a Brown (2008) lectora de Foucault, el poder involucra el dominio y la organización de las energías en cualquier cuerpo (individual, de masa, nacional, trasnacional) que podría ser anárquico, autodestructivo o simplemente improductivo. Y no sólo energías sino necesidades, capacidades, deseos… Tiene vastos puntos de operación y aplicación (en individuos, grupos, poblaciones), como la salud, el consumo o la seguridad. A través de lugares visibles y menos visibles. Emplea e infiltra varios discursos habitualmente no considerados políticos, como los científicos, religiosos, populares. Por eso, desde Foucault se habla de “des-centramiento” del poder y del Estado, que impacta tanto en individuos como en “poblaciones”.
En el esquema de gubernamentalidad neoliberal los sujetos son interpelados de manera esquizofrenizante: se los interpela a desear, a ser felices, a performar sexualmente, al tiempo que nunca pueden hacerlo lo suficiente; se los interpela a esforzarse, a destacarse, a hacer méritos, al tiempo que la satisfacción mediata se vuelve quimera, el reconocimiento del esfuerzo nunca se materializa en mejorar las condiciones para hacerlo rendir y el mercado de trabajo se vuelve cada vez más cerrado e impiadoso. El Estado, contradictorio o paradójico, protege categorías vulnerables al tiempo que las instala en tanto categorías necesitadas de protección, cada vez más necesitadas. Un Estado esquizofrénico, una clase política y una clase dominante esquizofrénica, que sólo parecieran escuchar las voces que hablan desde su tenebroso interior.
Sujetos neoliberales, sujetos a paradojas, contradicciones y locuras. Los sujetos que esperan, ¿son sujetos así? ¿Y los sujetos que hacen esperar? ¿Cómo se vinculan las micro angustias, los micro sadismos y las micro incertidumbres de las esperas con los procesos macro de gubernamentalidad neoliberal? En términos más amplios, nos preguntamos cómo remitir aquello que describimos en las interacciones y contextos localizados a una economía política, en el sentido de ver ciertas compatibilidades (no determinaciones) entre los fenómenos que describimos y hasta explicamos, y el conjunto de relaciones sociales, económicas y políticas que producen las condiciones en las que acontecen. La idea no es seguir a Foucault y aplicarlo, o a algún autor o autora particular e ilustrar sus intuiciones o hallazgos, sino recuperar las preguntas por el cómo y por los efectos, por los contextos singulares, y su voluntad metodológica de describir y a partir de buenas descripciones, pensar.
Ernesto Meccia nos aporta que en el marco de las sociedades de tardo-modernidad, la espera es una de las circunstancias sociales más demonizadas por el imaginario, algo que se relaciona con el instantaneísmo y el carácter “pocket” (Bauman, 2003) de nuestros proyectos y vínculos. En otras sociedades, la espera era ocasión para aprendizajes. En las nuestras, mega aceleradas, cualquier espera es tiempo ocioso. La nuestra es una sociedad “biográfica”, en la que cargamos sobre nuestros hombros la fabricación de nuestra propia historia. Antes, en tiempos de Estados de Bienestar reales o quiméricos, existía una secuencia institucional de la biografía. El tiempo y la espera eran aliados de las personas. Tarde o temprano las cosas “llegaban”: el ascenso, la casa propia, la jubilación. En las sociedades contemporáneas, el tiempo es el enemigo número uno del “sujeto-proyecto”, del sujeto emprendedor de sí mismo de Sennett (2000), que si no se pone ya a hacer algo, queda fuera de juego. Más vale que no nos pongamos a esperar nada. Entonces, en clave de Foucault, la desestimación de la espera es también una incitación del poder.
Las escenas como estrategia metodológica
Retomamos aquí la propuesta de utilizar las escenas como herramienta de investigación social, de monitoreo y evaluación de políticas públicas, y de intervención social y política. Los antecedentes vienen desde el interaccionismo simbólico de Erving Goffman y la investigación-acción participativa, hasta la educación popular (en la línea de Paulo Freire), el teatro popular y el psico-drama latinoamericanos. Nosotros hemos usado esta herramienta, siguiendo la línea de Vera Paiva —parcialmente y más como aspiración que como práctica sistemática— en investigación en salud, género y sexualidad. Indagamos sobre escenas a través de entrevistas, observación participante, participación observante, análisis textual o visual de piezas de literatura, arte, cine, teatro. Las muestras y corpus son múltiples. Queremos en el futuro producir escenas a partir de los materiales relevados y analizados, que sean productos valorables per se y que nos permitan analizar sociológicamente los datos. Tener en mente este producto (escenas guionadas con el formato de escenas de documental, ficción televisiva, ficción teatral) nos obliga de entrada a construir los instrumentos de recolección de datos que incluyan los elementos que necesitaremos más adelante. Nos permitiría, llegado el caso, apuntar a soportes de investigación que no son los textuales habituales (habituales para nosotros y nosotras).
Los resultados se plasman (y se han plasmado) en seminarios académicos y en intercambios con activistas de la sociedad civil, con el sector público y con tomadores de decisiones (de Argentina, América Latina y globalmente), sobre la relación investigación-cambio social-políticas públicas en materia de género y sexualidad. Se prevé avanzar en un proyecto sobre esperas en relación con las migraciones y la situación de refugiados, iniciativa que nos propuso el proyecto “Wait” —desde la Universidad de Bergen, Noruega—, cuyas preguntas, enfoque y metodologías son similares a los nuestros, pero cuyo recorte empírico es el ámbito de las migraciones y demandas de asilo/refugio.
Se prevé realizar, además de publicaciones, materiales audiovisuales aprovechando justamente que se trata de trabajar sobre “escenas”. Ya con los resultados preliminares (“esperas, amor y violencia entre jóvenes”) hemos tenido amplia repercusión, que se manifestó en actividades en medios de comunicación y con jóvenes estudiantes. La inmediata identificación con el tema de esperar y hacer esperar permite trabajar con organizaciones, movimientos sociales y con un gran abanico institucional (servicios de salud, instituciones educativas), temas de violencia, maltrato, acceso y muchos otros, a través de talleres motivados por, o anudados en, describir y analizar escenas de esperar y hacer esperar. Lo hemos hecho específicamente en talleres sobre temas de sexualidad, salud reproductiva y VIH. Luego de esta investigación el propósito es hacerlo en una diversidad de temas como los incluidos en el presente proyecto.
Recapitulando
En este proyecto la idea es construir colectivamente e invitar a que nos ayuden en una serie de trabajos de investigación empírica, con dimensiones analíticas y teóricas, sobre esperar y hacer esperar. Para ello empezamos por identificar dimensiones y elementos fecundos para definir conceptualmente qué entendemos (a los efectos del proyecto) por esperar como experiencia y hacer esperar como poder, así como las dimensiones significativas y el modo de operacionalizarlas en relevamientos empíricos.
Las dimensiones de análisis, en función de los objetivos de investigación y de los productos a los que aspiramos (escenas típicas o extraordinarias de espera que puedan ser ficcionalizables como guiones y analizables como constructos sociológicos), requieren tanto de encauzar la conceptualización como ir empezando el trabajo de entrevistas y observaciones.
Una de las preguntas teóricas que está por detrás del proyecto—y que la investigación pretende contribuir a llenar de (un) contenido empírico— es la del poder de hacer esperar como modalidad “foucaultiana” de analizar el poder, a partir de sus modalidades y sus efectos. Todo esto sin dejar de lado la aspiración analítica de integrar estos cómo y estos efectos (incluyendo los procesos de subjetivación en sujetos esperantes y sujetos que se hacen esperar) en una economía política estructural e histórica, contextualizada.
Finalmente, pero no menos importante para nosotros y nosotras, queremos aprender a usar y contribuir a hacer usable de manera científica (es decir, de manera tal que forme parte de aquellos instrumentos que legítimamente usamos los científicos y científicas sociales) la “metodología de las escenas”. De acuerdo con nuestros posicionamientos metodológicos y teóricos, esto es hacer “buena” ciencia social, sólida desde el punto de vista del oficio científico, pero también susceptible de contribuir con los procesos reflexivos y políticos de los sujetos sociales.
Referencias bibliográficas
Ahmed, S. (2006). Queer phenomenology: Orientations, objects, others. Durham: Duke University Press.
Auyero, J. (2012). Patients of the State. The politics of waiting in Argentina. Durham: Duke University Press.
Barthes, R. (2008). Fragmentos de un discurso amoroso. Buenos Aires: Siglo XXI.
Bauman, Z. (2003). Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Brown, W. (2008) “Power after Foucault”. En J.S.Dryzek, B.Honig y A.Phillips, The Oxford Handbook of Political Theory. Oxford: Oxford University Press, pp. 65-86.
Foucault, M. (1980). Microfísica del poder. Madrid: Gedisa.
Goffman, E. (1997). La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu.
Habermas, J. (1988). Teoría de la acción comunicativa 1: Racionalidad de la acción y racionalización. Madrid: Taurus.
Kottman, A. (2008). A politics of the Scene. Standford, CA. Standford University Press.
Paiva, V. (2006). ‘Analisando cenas e sexualidades: a promocao da saúde na perspectiva dos direitos humanos’. En C.Cáceres, G.Careaga, T.Frasca y M.Pecheny (eds.). Sexualidad, estigma y derechos humanos: desafíos para el acceso a la salud en América Latina. Lima: FASPA/UPCH.
Sennett, R. (2000). La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Anagrama.
- Mario Pecheny (UBA-CONICET) pecheny.mario@gmail.com ↵






