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Conclusiones generales

El crecimiento constante de los sistemas de educación superior a nivel mundial, por la expansión institucional y la masificación de las universidades, generó en la segunda mitad del siglo XX la preocupación de la sociedad y de los gobiernos por la calidad de la oferta multiplicada de carreras de grado y postgrado por universidades estatales y privadas. Estos procesos se fortalecieron a nivel internacional porque las matrículas universitarias se convirtieron en una fuente importante de ingresos directos e indirectos para los países con ventajas comparativas, además de la relevancia del crecimiento de su prestigio y poder en las relaciones internacionales.

En países de larga tradición de financiamiento estatal creció la preocupación por canalizar los recursos presupuestales en actividades con calidad garantizada. Los procesos de evaluación y acreditación por agencias estatales tendieron a garantizar a las sociedades nacionales la calidad de actividades o instituciones. En Argentina estas actividades fueron implementadas por la Comisión Nacional de Acreditación y Evaluación Universitaria (CONEAU) mediante los procesos de autorización de la creación y evaluación de las universidades y de las carreras de postgrado y de las de grado que afecten la salud y el bienestar de los habitantes.

Sin embargo, y en paralelo, creció la relevancia de los denominados rankings nacionales e internacionales de las universidades, que pretendieron establecer escalas ordinales de clasificación de las instituciones, mediante el uso de diversos indicadores. Localmente, ya la temática planteaba las dificultades de utilizar indicadores afectados en su propia definición por el tipo de modelo ideal de universidades que se definía como de calidad superior. Algunos indicadores “objetivos”, que aparentan ser definidos externamente a los organizadores de los rankings, no dejan de presentar serias dificultades tanto en su construcción como en la importancia relativa que se les da en relación a la totalidad de la evaluación. Pero además, dada la insuficiencia de estas mediciones, los organizadores de los rankings fueron agregando mediciones subjetivas mediante encuestas de opinión a académicos, empleadores y otros agentes sociales, incrementando sensiblemente la arbitrariedad de las mediciones y las posibilidades de negociación y manipulación de los resultados.

En manos de empresas privadas o de institutos especializados de instituciones estatales, los rankings internacionales definitivamente incrementaron la arbitrariedad de los indicadores utilizados que reforzaron el modelo ideal abstracto de calidad, inspirado esencialmente por las universidades norteamericanas de investigación, una pequeña parte de las universidades de este país, con alta relevancia de la función de investigación. Hemos desarrollado en detalle la fragilidad de los indicadores utilizados y la imposibilidad de comparar a escala internacional instituciones con construcciones institucionales y objetivos disímiles estrechamente asociados a las etapas de desarrollo histórico de cada país.

Pero al resaltar la relevancia de la calidad de la función de investigación como parámetro organizador esencial de estas comparaciones, aparecieron inmediatamente en primer plano las formas de medición de esta, mediante un rol excluyente de las publicaciones en una fracción limitada de las revistas científicas. Además de excluir a otras formas de presentación de los resultados de la investigación que en ciertas disciplinas como las Ciencias Sociales y las Humanidades son determinantes, la selección de las revistas científicas reconocidas ha sido monopolizada por dos gigantescos grupos de comunicación. Además, buena parte de estas revistas son también editadas por estos mismos grupos más otros de gran dimensión internacional.

Como se construyó este proceso, inicialmente avalado por las comunidades científicas dominantes y en la actualidad fuertemente cuestionado por las consecuencias económicas para los investigadores y las instituciones para acceder a la información científica monopolizada, así como las crecientes críticas a los procesos de evaluación plasmados en la selección de los artículos publicados, es entonces un tema relevante. No meramente por una curiosidad histórica sino esencialmente porque las circunstancias y arbitrariedad con que se organizó la construcción del Science Citation Index en el Institute for Scientific Information sentó las bases de una extrema y arbitraria concentración en determinadas revistas, lo que fue notablemente reforzado por la cuasi obligatoriedad de publicar en inglés, desplazando a toda la producción científica en idiomas vernáculos y garantizando un monopolio dominante de las comunidades de los países angloparlantes.

Describimos aquí el papel relevante que jugó Eugene Garfield, quien –con su férrea voluntad de emprendedor y espíritu de hombre de negocios norteamericano– logró plasmar la construcción de un instrumento poderoso que luego fue transferido a un monopolio mundial como Thompson Reuters, que acentuó la instalación definitiva de este modelo de evaluación de la ciencia a escala internacional. Sofisticados instrumentos de organización de la información así generada no han podido ocultar la ilegitimidad de utilizar el “factor de impacto” de las citaciones de los artículos, medida generada exclusivamente para organizar la compra de material científico por los bibliotecarios y trasladada y aplicada irresponsablemente por las comunidades científicas para la evaluación de la calidad de los investigadores y de los proyectos de investigación. Hemos analizado además las inconsistencias epistemológicas de la cultura de la citación, que permite confundir cantidad con calidad incrementando así el embudo provocado por la concentración en determinado perfil de revistas científicas.

Hoy este tema ha sido denunciado y repudiado crecientemente por las comunidades científicas de muchos países por su inconsistencia. Notablemente, en Argentina las comisiones de evaluación del CONICET mantienen estos criterios reemplazando los procesos de evaluación por la apelación a los indicadores proporcionados por el ISI, cuestión además avalada por las publicaciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología, que ha reemplazado la publicación completa de la producción científica de las entidades que generan ciencia en el país por publicaciones parciales y una amplia referencia a lo publicado por los investigadores argentinos en las revistas seleccionadas por el ISI, que muestran en forma extrema la escasa utilidad que tienen para reflejar la producción de una parte importante de las disciplinas científicas del país.

Además del tema de la inconsistencia de la aplicación del “factor de impacto” a los procesos de evaluación, la concentración monopólica de la producción científica por las editoriales comerciales internacionales está produciendo un gran movimiento alternativo. Un tema relevante en esta temática son las transformaciones en las comunicaciones en la ciencia. En los últimos años, a partir de la digitalización de los contenidos y del surgimiento de Internet, ha habido una rápida transformación de las comunicaciones científicas. Ello ha afectado el formato, las vías de comunicación utilizadas, el negocio editorial y el contenido de la información a publicar, afectando la forma de prepararla. Se ha desarrollado intensamente el sistema de acceso abierto determinando nuevas formas de comercialización editorial y también se asiste al avance de los estados nacionales por recuperar la difusión de las producciones científicas generadas a partir de proyectos científicos financiados con recursos estatales.

Todos estos elementos están también redefiniendo los sistemas de evaluación académica que sigue siendo un aspecto central en el control de la calidad de la producción científica. El sistema evoluciona en forma acelerada, y en pocos años se verán grandes cambios en la forma de circulación y legitimación de la información científica.

En este volumen hemos centrado el análisis en la génesis de estos procesos que afectan fuertemente la transparencia de los procesos de evaluación en las comunidades científicas. En el volumen siguiente analizaremos cómo se complejizó el sistema internacional de organización de las revistas científicas, las distintas formas de medición de la ciencia a través de las citas de lo publicado, los debates sobre la recuperación de los idiomas vernáculos, en nuestro caso el español, para la publicación en ciencia, la historia de los procesos de evaluación y de las publicaciones de las comunidades científicas en Argentina y los debates actuales sobre los criterios de evaluación legitimados y en procesos de transformación.



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