19.1. Los índices de citas de Frank Shepard
La utilización de índices de citas se origina en los Estados Unidos en el campo de la abogacía. En la segunda mitad del siglo XIX el vendedor de una editorial jurídica, Frank Shepard, de Illinois, desarrolla un sistema de papeles engomados con las listas de los casos asociados al proceso judicial en curso. Dichos papeles contenían las citas de los casos resueltos en el sistema judicial y se pegaban a los expedientes para facilitar su búsqueda y citación. El mismo tiene gran éxito y en 1873 Shepard crea una empresa comercial, Shepard Citaciones Inc., con gran repercusión en distintas ciudades del país. La editorial Springs, con un equipo de abogados altamente calificados produjo el Citator de Shepard, que cubre todas las decisiones judiciales en los Estados Unidos y son vitales para fundamentar los argumentos de las partes. Esto es debido a la doctrina de “stare decisis”, que significa que todos los tribunales deben seguir los precedentes establecidos por los tribunales superiores y cada tribunal generalmente también se rige por sus propios precedentes, que deben mantenerse vigentes. Y para eso el uso de las citas de Shepard se torna imprescindible. Su uso se hizo tan popular que su apellido fue usado para indicar el procedimiento de búsqueda, el Shepardize.
El procedimiento de búsqueda es simple. En primer lugar, el abogado encuentra un caso similar por su lado, luego revisa el Citator de Shepard para ver si los casos posteriores habían citado a dicha sentencia. Se ve de inmediato si el precedente seguía siendo válido y que otros casos habían hecho uso de ella. Shepard pasó a manos de Reed Elsevier y The Times Mirror Company el 3 de julio de 1996.
Se trata del ordenamiento jurídico de un Estado donde la más reciente decisión del más alto tribunal hace válidas sucesivas sentencias y esta modalidad de indexación de citas está perfectamente vinculada con este sistema de valores. No se puede imaginar un contraste mayor con la crítica científica supuestamente despiadada y libre. Sin embargo, este estilo de indexación jerárquica sirvió como el modelo de ordenamiento de la citación en la ciencia, como veremos.
Después de retirarse de la empresa Shepard, su vicepresidente William Adair lee en un periódico en 1953 un artículo que afirma que el mundo científico “estaba siendo inundado en un mar de la literatura”. Era un informe sobre el Primer Simposio sobre Métodos de Máquinas en Documentación Científica organizado por el Proyecto de Indexación Welch Médica en la Universidad John Hopkins en Baltimore. El mismo había sido patrocinado por la Biblioteca Médica del Ejército desde 1948 y la tarea principal del proyecto era encontrar si las máquinas se podrían utilizar para mejorar la eficiencia de indexación y la recuperación de la literatura médica, y si es así cómo. Adair decidió escribir una carta al director del proyecto donde le señalaba “si todo el cuerpo de la ley americana se puede clasificar de modo que el conocimiento de un caso puede ser utilizado como una clave para localizar todos los otros casos en el punto, lo mismo puede ser hecho con artículos médicos”. Adair ofreció su experiencia: “Me he retirado de Shepard y ahora estoy libre de emprender y organizar un proyecto de este tipo”. La respuesta le llegó de un joven miembro de veinticinco años de edad de la plantilla, llamado Eugene Garfield: “no tenemos una posición laboral disponible para usted”.
19.2. El rol de Eugene Garfield y del Institute for Scientific Information (ISI) en la entronización de la citación las revistas científicas como el principal instrumento de medición de la calidad de la investigación[1]
19.2.1. Los comienzos
Eugene Garfield.
Garfield no sabía nada acerca de la indexación de citas. Nacido el 16 de septiembre de 1925, en 1949 obtuvo un Bachelor Science en Química en la Columbia University. Escribió a Adair que su sugerencia sería investigada, pero desechó su iniciativa. La trayectoria de Garfield es típica de los emprendedores norteamericanos que articulan distintas iniciativas empresariales con su capacitación y desarrollo personal. Comenzó con actividades vinculadas con su profesión de químico, pero percibió rápidamente la importancia de la bibliotecología y del procesamiento de la información científica, fue redactor, editor, productor de bases de datos y un importante comunicador de la utilización de los indicadores en la ciencia. Sus intereses coincidieron con un momento donde la gran expansión científica producida después de la Segunda Guerra Mundial demandaba análisis sobre el desarrollo de la ciencia, la priorización en la asignación de recursos y la necesidad de instrumentos de sistematización en el exponencial crecimiento de los artículos científicos.
Sus experiencias laborales lo llevaron casi de casualidad hacia estos temas. En 1951 comenzó a trabajar con el Proyecto de indexación en la Biblioteca Welch de Medicina de la Universidad Johns Hopkins para mejorar la lista de la literatura médica (más tarde llamado Index Medicus), utilizando los métodos de la máquina de compilación. Fue aquí donde Garfield percibió el gran potencial de las máquinas para el manejo de grandes archivos de información. Utilizó para ello la máquina de clasificación IBM 101 de tarjetas perforadas que había sido codificada para la preparación de índices impresos.
Con una beca Grolier logró cursar sus estudios en la escuela de bibliotecología de la Universidad de Columbia. Después de interiorizarse sobre sistema de citas Shepard en la Biblioteca Pública escribió un ensayo sobre este como parte de su Maestría en Bibliotecología en la misma universidad, donde se recibió en 1954.
Al ser despedido Garfield del proyecto se unió como consultor en documentación procesada mecánicamente a la compañía farmacéutica Smith, Kline y French. Estaba centrado en los posibles usos de las computadoras, pero su experiencia en el proyecto de documentación y sus estudios en Bibliotecología confluyeron en la dirección de organizar la documentación y percibió la relevancia de la experiencia desarrollada por Shepard. Retomó entonces contacto con Adair para trabajar conjuntamente la temática.
Pero el momento intelectualmente decisivo en relación a la generación de un sistema de organización de parte de la producción científica agrupada en revistas, se plasma en 1954 cuando presenta el trabajo “Association-of-ideas techniques in documentation: Shepardizing the literatura of science” en el Research Information Center, National Bureau of Standards. Señala allí que hace algún tiempo se empezó a preocupar por la elaboración de un código de citación para la ciencia. Allí presenta criterios de codificación de la información, donde sería clave poder identificar rápidamente a todos los artículos originales que se habrían referido al artículo elegido para su análisis. De esa forma sería posible evaluar la importancia de un trabajo en particular y su impacto en la literatura y el pensamiento de la época. Tal factor de impacto ya había sido utilizado previamente por otros autores para intentar medir la importancia relativa de las revistas científicas (Gros y Gross, Estelle Brodman).
Garfield señala que lo que se intenta es que mediante estos métodos los autores podrían determinar fácilmente lo que otros autores hacían en relación a su trabajo, facilitando la comunicación entre los científicos. Destaca que en ese momento en la última edición de la Lista Mundial de Revistas Científicas figuraban 50.000 títulos en ciencia y tecnología, pero que la cobertura completa no necesariamente es un argumento a favor del análisis, sino que un proceso selectivo es mucho más pertinente porque conduce a lo principal del avance científico en el área, según los criterios de la propia comunidad científica. Lo que Garfield planteaba es que el enfoque de la citación hace que el uso de las referencias del autor en la elaboración del índice de citas determina que en forma agrupada se utiliza un ejército de indexadores, cada declaración, cada referencia se asemeja a un índice de entrada superpuesto con la función de la evaluación y la interpretación.
19.2.2. Las objeciones metodológicas de William Adair
Adair no mostró inicialmente entusiasmo por la propuesta de Garfield ni tampoco encontró eco en la compañía de Shepard que había dejado laboralmente. La principal objeción tenía que ver con dos puntos esenciales. Primero el gigantesco tamaño de la literatura científica que aún reduciéndolo a las revistas hacía inmanejable semejante masa de artículos. La segunda objeción, era aún más profunda. El índice de citación de Shepard se basaba en los fallos de los tribunales organizados temáticamente y con un orden cronológico donde se aceptaba que los fallos recientes y de estamentos superiores eran los válidos. Además de esta selección, quienes organizaban esta información eran los abogados especializados de la empresa que trabajaban en una sola disciplina. No podía imaginar que ello fuera posible para múltiples disciplinas de una gigantesca cantidad de revistas ni como se podría acotar de alguna forma semejante masa de material. Tampoco como se haría además con las limitaciones que todavía tenía el campo de la informática para procesar la información. Finalmente, después de hacer una experiencia de procesamiento utilizando las computadoras disponibles en la época para el campo de la Ingeniería, Adair se reforzó en su idea de los costos gigantescos que implicaría ampliar la propuesta al conjunto de las disciplinas.
En Adair era claro que la experiencia de Shepard y su éxito se apoyaba en la selección cualitativa del material por expertos en la propia disciplina, jurídica en este caso. Sólo podría avanzarse reduciendo drásticamente el universo de revistas a considerar y dejando de lado las diferencias cualitativas entre las disciplinas.
19.2.3. Garfield avanza hacia la organización cuantitativa de la información científica
Las objeciones de Adair eran absolutamente válidas pero Garfield avanzaría con gran tenacidad en definir un sistema de organización de la información científica acotado estrictamente a este propósito. Lo que fue interesante como comienzo de un sistema de este tipo, tuvo consecuencias relevantes sobre un objetivo ni siquiera imaginado inicialmente, que fue la deformación del sistema mundial de evaluación de la ciencia y de los científicos. Veamos la historia.
En 1954 Garfield formó su propia compañía, DocuMation Inc., que luego tomó el nombre de Eugene Garfield Associates. Una de sus primeras iniciativas fue la de presentar una propuesta formal para utilizar un sistema de indización de citas (que él llamaba “shepardizing”) a la Oficina de Patentes. Garfield percibe que las patentes formaban una parte muy importante de la literatura científica y descubre que en la descripción de las patentes no aparecían los antecedentes de las patentes citadas ni ninguna referencia de la literatura citada. Esta iniciativa era funcional también a los abogados de patentes que debían viajar a Washington para encontrar la información señalada. No obtuvo respuestas positivas a pesar de que Adair le comentara que ya el abogado de patentes Harry Hart de Bell Telephone le había comentado si Shepard no podía aplicar su sistema a la identificación rápida de las patentes y que en 1949 Arthur Seidel de la Gulf Oil Company publicó la misma idea en la Revista de la Sociedad de la Oficina de Patentes. La burocracia que la dirigía no fue sensible al pedido, quizás porque ello disminuía su poder, que era la capacidad de control directo de los expedientes.
La idea de que era posible hacer un índice de citas muy acotado en relación a la inmanejable cantidad de revistas científicas dado la tecnología y recursos disponibles, era muy audaz y exigía propuestas difíciles de sostener. ¿Quién determinaría recortes que dejarían fuera del campo de análisis a la gran mayoría de las revistas científicas del mundo, editadas por otra parte en muchos idiomas diferentes? La tenacidad de Garfield en defender la relevancia del método de la citación para ordenar el acceso a la producción científica, inclinaría a su favor también la opinión de Adair. En 1955 éste publicaría el siguiente artículo que relataba la experiencia “shepardiana” y abría puentes hacia la utilización metodológica en los proyectos de Garfield sobre el ordenamiento de la ciencia:
Con el fin de aclarar el alcance y el propósito de este artículo, tal vez sea bueno explicar que el escritor fue durante muchos años el Vicepresidente Ejecutivo de la Frank Shepard Company, editores de Citaciones de Shepard, un sistema de investigación jurídica que se utiliza con gran éxito por abogados y juristas hace más de tres cuartos de siglo. En el curso de su actividad ha visto peticiones ocasionales de información y asesoramiento de los miembros de las profesiones médicas y de ingeniería en cuanto a si dicho sistema no puede ser utilizado en su especialidad. Desafortunadamente nadie conectado con la Compañía Shepard tuvo el tiempo para entrar en estas cuestiones a fondo. Se estima que este artículo que describe las funciones de las citas en la profesión legal puede indicar a aquellos más familiarizados con la literatura médica o ingeniería, si las citas podrían ser utilizados por el investigador en estas profesiones para orientar su camino a través de la masa laberíntica actual de materiales impresos.
Es necesario conocer primero que Citaciones de Shepard es un medio de investigación secundario. El abogado al informar un caso debe citar autoridades para respaldar sus argumentos. Así que es necesario que el tribunal reciba por escrito sus opiniones. Esto se debe a la doctrina del “stare decisis”, que significa que todos los tribunales deben seguir los precedentes establecidos por los tribunales superiores y cada caso normalmente también sigue sus propios precedentes. Estas autoridades, por supuesto, son los casos anteriores, y la cita de los casos es necesaria […] Sin embargo, el abogado, debe asegurarse de que sus autoridades siguen leyes actualizadas, es decir, que el caso no ha sido revocado, revisado, limitado o distinguido de alguna manera que hace que ya no sea útil como un antecedente válido. Aquí es donde el uso de citas de Shepard entra en juego.
Un caso de derecho siempre es referido por volumen y número de página de los informes en el que aparece. Así 301U.S.356 es una referencia al caso descrito en el Volumen 301 de la Corte Suprema de los Estados Unidos que informa en la página 356. Cuando un caso se informa de forma permanente, su referencia se convierte en fijo para todo el tiempo futuro. Del mismo modo los estatutos son referidos por el capítulo y la sección numerada, a veces en el artículo, el capítulo y el número de la sección de la publicación en la que aparecen. Así capítulo 16 Sec.24 N.J.R.S. se refiere al capítulo 16 sección 24 New Jersey Estatutos Revisados.
Estas referencias permanentes se utilizan en los volúmenes impresos de Citaciones de Shepard. Ahora, el abogado que desee localizar uno o varios casos de su autoridad, en primer lugar debe utilizar un compendio, enciclopedia u otros medios de la investigación original para obtener sus casos iniciales. Utiliza un índice para hacer esto. Suponiendo que encuentre uno o más casos apropiados reforzar su autoridad, ahora se refiere a Shepard para el propósito de probar sus casos para ver si están en buenas condiciones. Al observar el mismo volumen y número de página en Shepard, encontrarán que aparece allí en virtud de todos los casos posteriores hasta en la fecha que se han citado como autoridad. Si se ha revertido o anulado, este hecho será mostrado por una abreviatura, como ‘r’ o ‘a’ delante del número del volumen […] Los abogados y los jueces han dicho que el escritor con experiencia en su práctica han ganado más importantes demandas por el uso de Shepard que por ningún otro método de investigación divulgada. La sorprendente eficacia del método de la citación es tal que una vez que se encuentra el caso de inicio o de estatuto, se convierte en una llave que abre toda la estructura de la ley sobre un punto dado. Esta función, al parecer, sería de gran utilidad en otros campos. Un artículo sobre cualquier tema científico sería la clave de todos los demás. Se puede objetar que un índice exhaustivo haría lo mismo. Eso sucedería si la mente de los compiladores y usuarios, trabajaran de la misma manera. Incluso entonces, la gran cantidad de títulos, sub-títulos, referencias cruzadas, etc hacen que el índice más hábilmente compilado sea difícil de utilizar con el propósito de agotar un tema. El índice es necesario para empezar. Pero nunca puede ser el ahorro de tiempo que produce el sistema de citación La mayoría de todos los abogados están de acuerdo en esto. El índice representa la opinión del compilador en cuanto adonde cualquier tema debe ser encasillado. La lista de citas está determinada esencialmente por los autores, es decir, los tribunales.Otra objeción podría ser que mientras que los casos legales y los estatutos tienen referencias estándar, los artículos científicos no los tienen. Este proceso suele generar una dificultad, pero no es insuperable. Shepard cubre muchos comentarios y publicaciones jurídicas y algunas publicaciones especiales, tales como la Revista de la Sociedad de la Oficina de Patentes. Estos se dan con abreviaturas y una tabla de abreviaturas se muestra en la parte frontal de los libros. La enorme cantidad de literatura científica es otro obstáculo. Parecería, sin embargo, que esto puede ser atendido mediante la división de la esfera de la ciencia por la amplia temática como la Química o la Medicina, y limitando el número de años que abarca.
Más importante que esto es la pregunta de ¿cuánto escritores sobre temas científicos citan otros autores y artículos? El escritor debe asumir que lo hacen en gran medida ya que de lo contrario no tendría mucho sentido en las solicitudes de los sistemas de citas antes mencionadas. Probablemente no hay ningún campo del conocimiento humano más integral que la ley. Toca todos los ámbitos de la actividad humana y sus alcances son prácticamente ilimitados. Cada caso que se haya decidido en un tribunal de registro es una parte de ello. Un caso, no importa la edad, puede proporcionar a un abogado el argumento de que necesita. Por lo tanto Citaciones de Shepard abarca todos los casos reportados que se haya decidido en este país, así como todos los estatutos que se haya pasado por el Congreso o las diversas legislaturas estatales. El volumen de la literatura en un área particular del conocimiento científico puede ser más grande que esto, pero puede que no haya la necesidad de ir tan atrás en el tiempo. Si la capacidad de comenzar con un cierto artículo científico y por medio de una cadena de citas, para levantar todos los artículos sobre el mismo tema sería de valor para el investigador en cualquier campo científico, un sistema de citas parece ser el camino para hacerlo.
Para terminar, debo reconocer al Sr. Eugene Garfield, Editor Asociado de Documentación Americana por cuya sugerencia este documento ha sido escrito y quien ha expresado un gran interés en la cuestión, y ha preparado un documento más detallado sobre las consecuencias y la aplicación del sistema de citas aplicado a la documentación científica. (American Documentation 6, 1955: 31-32).
Avalado por este trabajo, dado que detrás estaba la enorme experiencia de las citaciones Shepard de gran prestigio en EE.UU., Garfield publica en julio de 1955 su trabajo de 1954 en la revista Science con el nombre de “Citation Indexes for Science. A New Dimension in Documentatio through Association of Ideas”. Por pedido de los directivos de Shepard eliminó el término “shepardizing”. Garfiel pensó en el índice como un conjunto ordenado de números. Cada artículo sería representado por un código de dos partes, la primera referida a la revista y la segunda al artículo. Debajo de cada artículo citado los artículos que citan se imprimirían con una clasificación de una letra. Garfield describe el proceso de producción con tarjetas perforadas subrayando que personas poco calificadas pueden llevar a cabo la codificación y el archivo. Inicialmente Garfield argumentó la utilización del índice en términos históricos. “Sería particularmente útil en la investigación histórica, cuando uno está tratando de evaluar la importancia de un trabajo en particular y su impacto en la literatura y el pensamiento de la época. Este ‘factor de impacto’ puede ser mucho más indicativo que un recuento absoluto de la cantidad de publicaciones de un científico” (Garfield, 1955: 109).
Garfield señala que John D. Bernal había planteado la necesidad de una cámara central de compensación de artículos científicos que permitiera abastecer regularmente de artículos a los científicos. La propuesta era excelente en su simplicidad, pero su ejecución era compleja. Sin embargo, una reimpresión de artículos con un plan de distribución basado en el principio del Citation Index podría superar esta dificultad.
En 1955 comenzó a publicar en forma muy modesta Current Contents, que contenía las páginas de contenidos de revistas de distintas disciplinas. Su vocación central estaba definida y comenzó a ser conocido en el ambiente científico. Garfield esperaba una respuesta positiva a los artículos de Adair y al suyo, pero los expertos en documentación científica descalificaron su iniciativa.
En enero de 1956 Garfield presentó un proyecto a la National Science Foundation solicitando 50.000 dólares para determinar la información requerida por los científicos mediante procedimientos de indexación computacionales. Este fue rechazado, señalándole que no era política de la organización apoyar pedidos de empresas privadas en relación al tema de la documentación científica y que sería mucho mejor que el proyecto lo presentara, por ejemplo, la Universidad de Pennsylvania.
Garfield preparó un índice de citas del Antiguo Testamento que presentó en 1956 al Instituto de Documentación de América. Allí incorporó una nueva idea interpretativa sobre la indexación de citas. Señaló que hay dos enfoques posibles para los indexadores. En el primero se limitan a recoger todas las citas formales indicadas en el texto. Un segundo enfoque sería la indexación de citas interpretativas basadas en la materia descripta en el texto del propio indizador, que puede ofrecer citaciones que se han publicado en otra parte. Este tipo de indexación interpretativa permite ser comparada con la exégesis.
Pero finalmente llegarían repercusiones de su artículo de 1955 publicado en Science. En enero de 1957, Garfield recibió el primer apoyo serio de un científico. El genetista Gordon Allen le escribió señalando que desde la aparición del artículo había esperado con interés saber cómo había evolucionado la construcción del índice de citas y que había instado a la Sociedad Americana de Genética Humana para tomar alguna iniciativa al respecto.
En 1957 National Science Foundation (NSF) emitió una declaración que parece haber sido el resultado de una audiencia del Congreso en el que un congresista preguntó a NSF por qué no “shepardizaba” la literatura científica. Como resultado la NSF publicó una declaración de que estaba considerando la investigación de “un método propuesto similar en algunos aspectos a las citaciones de Shepard, un método respetado en el campo de la ley, que nunca se había intentado en las ciencias”. Garfield remitiría entonces un nuevo proyecto. Este volvería a ser rechazado pero la NSF argumentaría que el tema interesaba fuertemente pero que se requería la participación y el aval de una sociedad científica específica.
Garfield tomó el rechazo a su proyecto como una negativa rotunda, demostrando una vez más la incapacidad del NSF para hacer frente a la problemática. Pero no se detuvo. En noviembre, hizo su petición de un “índice unificado para la ciencia” en la conferencia sobre la información científica de la Academia Nacional de Ciencias (Garfield, 1959). En esta presentación insistió en la idea de integrar el conocimiento científico.
En 1958 Garfield había tenido su primer encuentro profesional con el destacado filósofo inglés de la ciencia John D. Bernal. Bernal, como hemos visto, fue uno de los primeros estudiosos en hablar de la necesidad de una “cuantitativa ciencia de la ciencia”, defendiendo la planificación de la actividad científica en la solución de los problemas sociales y planteando un cambio radical en el modelo de publicación de los artículos científicos.[2]
Garfield planteaba la necesidad de un enfoque unificado y estandarizado para búsquedas en la literatura científica. Debería tener los siguientes elementos:
- Una única lógica para todas las búsquedas bibliográficas.
- Normalizar la nomenclatura, en particular en las áreas de solapamiento entre los servicios de indexación existentes.
- La provisión de información para la indexación detallada no era posible en los índices de la especialidad. Un aumento en el número de entradas de análisis por artículo sería económicamente e intelectualmente más factible.
- Eliminación de todas las dudas sobre si los artículos individuales habían sido indexados por los índices de especialidades, sobre todo en temas interdisciplinarios donde la selectividad ejercida por los índices de especialidad es necesariamente arbitraria. La cobertura completa de artículos se convierte en una posibilidad práctica.
- La utilización económica de máquinas para la elaboración de los índices.
- Producción y distribución de los índices científicos ampliando el número de usuarios potenciales. La producción en masa es el mejor método conocido para reducir los costos del producto. (Garfield, 1959).
A los esfuerzos de Allen se sumó el genetista Joshua Lederberg, que era miembro de un panel del National Institutes of Health (NIH) del gobierno norteamericano que trabajaba sobre la información científica. Durante una de esas reuniones, se recordó el artículo de Garfield en Ciencia y se decidió escribirle. Garfield discutió el índice de citas en la NSF y el NIH. Él también tenía un amplio debate con Allen acerca de cómo mostrar el poder de la indexación de citas. Garfield esperaba que el índice de citas podría ayudar a normalizar el comportamiento de referencia de los científicos y proponía que las citas fueran sobre los siguientes tópicos: 1. Artículo de Revisión (Rev.); 2. Comunicaciones (Com.); 3. Editorial (Edit.); 4. Errata (Err.); 5. Traducción (Tr.); 6. Resumen (Ab.); 7. Libros (Bk.); 8. Discusión (Disc.); 9. Resumen (Summ.); 10. Bibliografía (Bibl.); 11. Revisión de libros.
Eugene Garfield Associates pasó a llamarse Institute for Scientific Information (ISI) en 1960. Como Eugene Garfield hizo hincapié en su discurso sobre el jubileo número 50 de VINITI (2002), el ISI recibió su nombre en parte inspirado en el Instituto de Información Científica y Técnica (VINITI) de la Unión Soviética. En su correspondencia con Lederberg, Garfield manifestaba su asombro por las puertas que se habían abierto a partir del cambio de nombre.
En 1961 Garfield se graduó en la Universidad de Pennsylvania con un Ph. D. en lingüística estructural. Su tesis era un algoritmo para traducir nombres químicos a fórmula molecular.
Con el apoyo de Lederberg, Garfield obtuvo un financiamiento de la NSF, que le permitió en 1963 al ISI publicar el Genetics Citation Index (GCI) con una base de información de 600 revistas con 100.000 artículos y 1.5 millones de referencias citadas. Este comienzo obedece estrictamente a cuestiones financieras, ya que se había conseguido un apoyo estatal específicamente para ello. El GCI todavía no incluía títulos, fue principalmente una lista de nombres de autores citados.
El ISI comenzó la publicación del Science Citation Index (SCI) en 1964, nombre que fue acuñado por el genetista Joshua Lederberg, premio Nobel de 1958, que había apoyado a Garfield para que se pudiera editar el GCI. En 1965 se edita el Social Sciences Citation Index (SSCI). En 1975 aparece el Arts and Humanities Citation Index (A&HCI) y el Journal Citation Reports (JCR), que analiza los factores de impacto de las revistas.
En 1978 la revista Science señala que Garfield es ahora jefe de un “imperio de la información” basada en la “humilde nota”, y dice que ISI es la primera corporación multimillonaria “que se basa en facilitar el acceso a la literatura científica”. También señala que SCI “entresaca notas al pie de más de 2.600 revistas científicas, lo que permite a los investigadores identificar las relaciones temáticas que se pierden mirando sólo los índices temáticos.”
En 1978, ISI ya empleaba a 470 personas y cubría 5.200 revistas publicadas en 31 idiomas diferentes, aunque todos sus productos se publican en inglés. En ese año la empresa construyó su edificio en el campus de la University City Science Center de Philadelphia, cerca de las universidades de Pennsylvania y Drexel. El nombre y la ubicación introducen la confusión de que el ISI es un instituto universitario o de origen académico y no una empresa privada. Tony Cawkell, el colaborador inglés de Garfield durante muchos años, en base a sus conversaciones con éste, ha destacado que el cambio de nombre fue hecho pragmáticamente para facilitar la obtención de recursos estatales en competencia con las organizaciones privadas sin fines de lucro. Así, la percepción de la comunidad científica y de los documentalistas fue que se trataba de una agencia gubernamental como el Instituto de Información Científica y Técnica de los soviéticos. El nombre debía facilitarlo.[3]
En 1988, Ted Cross y el holding JTPublishing adquirieron el 50% de las acciones de ISI y en 1990 el control mayoritario. JTP no tenía interés en la impronta que Gardfield le había dado a la compañía, sino sólo en incrementar sus aptitudes para ganar dinero. (Cawkell y Garfield, 2001). Esto último se reforzaría cuando en 1992 Garfield y sus socios venden las acciones de la compañía a Thomson Business Information, una subsidiaria con base en Canadá de la multinacional Thomson Corporation en 210 millones de dólares. En ese momento ISI tenía unos 300.000 clientes y un beneficio operativo estimado en 14 millones de dólares con una facturación de unos 150 millones de dólares anuales, siendo el líder indiscutido de los servicios de información a la comunidad científica.
Garfield se concentró en actividades académicas destinadas a desarrollar y mejorar las herramientas para investigadores, entre ellas el mantenimiento de la publicación de una revista quincenal de noticias, The Scientist, la primera revista de texto completo libre disponible en la web, y a presidir la Sociedad Americana de Ciencias de la Información. Posteriormente sería designado como Presidente Honorario de Thompson ICI, y desde allí seguiría apoyando intelectualmente a la compañía.
19.2.4. La confluencia y legitimación del ISI con las investigaciones de Derek J. de Solla Price
El impacto inicial de SCI en la comunidad de bibliotecarios y científicos fue heterogéneo. Curiosamente, donde causó poco apoyo fue entre los bibliotecarios, que no veían en el índice de citas un instrumento superador de las herramientas bibliográficas de las que disponían. En cambio, en la comunidad científica se recibió con mayor entusiasmo el SCI. Ello se explica por las necesidades diferentes: el bibliotecario tiene que ver con la información-recuperación, mientras que el científico está más interesado en disponer de una herramienta de acceso a la información científica específica del campo en que trabaja.
Para hacer factible su proyecto, fue extremadamente útil para Garfield apoyarse en estudios previos sobre la representatividad que el mismo podía tener, particularmente los de Bradford de 1934 que analizamos anteriormente, y los de Solla Price (1963) que se presentan más abajo.
Esta idea la denominaría más adelante (1979) la “ley de la concentración de Garfield”. Su ley bibliométrica señalaba que para cualquier campo de la ciencia los artículos se concentran en las mismas revistas multidisciplinarias de alto impacto o mainstream (corriente principal) Haciendo referencia a las distribuciones de Bradford, dijo que en gran medida la cola del cometa de una disciplina consistía en el conjunto de revistas que conformaba el núcleo de la literatura de otra disciplina. Esto significaba que una buena biblioteca de ciencia que cubriera los núcleos de todas las disciplinas no debería tener más revistas que una buena biblioteca especializada que cubriera toda la literatura de solamente una disciplina. Por lo que no sería necesario más que unas 1000 revistas mainstream para cubrir todos los núcleos con sus colas. De aquí que con unas 3000 revistas el Science Citation Index cubría al 90% de la literatura que realmente importa. Con un conjunto de revistas mainstream, no sólo se tienen los núcleos de todas las disciplinas, sino también sus colas de distribución principales, pues las colas de un conjunto de revistas mainstream están formadas por las otras revistas mainstream.
Como señala Paul Waters (1999: 22): “La creación del Science Citation Index (SCI) es menos el resultado del algún proceso inevitable de la ciencia que una contingencia histórica”. Es decir, el diseño de la organización de la información científica a través de las citas fue marcado por las notables limitaciones de recursos y del incipiente desarrollo de la computación. Garfield hizo de la necesidad virtud. En las condiciones tecnológicas de la época de creación, el enorme trabajo necesario para construir los índices era fuertemente elogiado por la comunidad científica y al mismo tiempo imponía una barrera de entrada a un trabajo similar dados los altos costos y la continuidad del esfuerzo que ello implicaba. De todos modos, las críticas sobre la cantidad excesivamente limitada de revistas utilizadas se hacían sentir con fuerza por parte de la comunidad científica. La estrategia inicial de Garfield fue enfrentar estas críticas absorbiéndolas, es decir incorporando crecientes cantidades de revistas en la medida en que el proyecto se consolidaba. Luego, con el respaldo de la elite de la comunidad científica, transformaría esta limitación profunda del sistema de recolección de información en un diferencial ventajoso; las revistas admitidas tendrían un sello de distinción que provocaría un vuelco creciente hacia ellas por parte de los investigadores.
El modesto emprendimiento de Garfield se mantuvo en base a la excepcional tenacidad que siempre lo caracterizó. Para imponerlo desplegó una excepcional actividad destinada a convencer a la comunidad académica y organismos gubernamentales de la utilidad de la utilización del SCI. En 1966, por ejemplo, emprendió una gira por distintos países latinoamericanos para lograr que se suscribieran a sus publicaciones. En Argentina se recuerda su aparición ese año en el CONICET, donde fue atendido por los responsables del área de documentación y biblioteca Tuqui Molina y María Luis Gómez. Se hallaba presente en la reunión el Neurobiólogo argentino Mario Crocco, quien, entrevistado por nosotros, recuerda la aparición de Garfield: “Gordito, saco a cuadros, pésimo castellano. Planteaba que había creado un nuevo sistema que haría que la ciencia fuera diferente”. Su visita tenía por objeto vender la suscripción al Science Citation Index al CONICET. Crocco recuerda que las documentalistas le señalaron que su sistema no permitía evaluar la ciencia, sino la fama. Y una de ellas le señaló: “La ciencia no es la fama”.
Pero fue relevante la inscripción de estos procesos en los avances que se producían en el desarrollo de la Bibliometría y de la Cientometría y en los paradigmas de la corriente sociológica norteamericana encabezada por Robert Merton.
Los aportes de Merton y de Price fueron esenciales para Garfield (como él mismo lo ha destacado en numerosos artículos) en el desarrollo de medidas sobre la actividad científica, convirtiendo su obra en una inagotable fuente de ideas para la construcción de indicadores sobre la institución de la ciencia. El enorme prestigio de estos intelectuales facilitó la confianza de las comunidades científicas en el proyecto del ISI, cuestión esencial para darle legitimidad. Merton y Price fueron estrechos aliados del proyecto de Garfield y se asociaron con éste en la publicación de artículos que le dieron gran legitimidad al proyecto. Fueron parte de la junta consultiva de los índices del ISI y, tras la muerte de Price en 1983, Merton y Garfield (1963) promovieron la creación de un premio en su nombre, describiéndolo como el padre de la Cienciometría.
La Bibliometría es el recuento de todo lo que puede ir en una biblioteca científica y es un enfoque cuantitativo de las técnicas de gestión de la biblioteca. La Cienciometría o Cientometría (por su traducción directa de Scientometric) es la generalización de estas técnicas, no sólo de los documentos publicados, sino también de citas recibidas por los documentos, patentes y otras fuentes a los efectos de la gestión de sus actividades de investigación científica. Con los antecedentes que hemos señalado más arriba de James Cattell, la Cienciometría se consolida en la década de 1960, en la confluencia de la documentación científica, la Sociología de la Ciencia y la Historia Social de la Ciencia, con el propósito de estudiar la actividad científica como fenómeno social a través de indicadores y modelos matemáticos. Sobre el origen del nombre de esta nueva disciplina, la Cienciometría fue la traducción del término ruso nauko – vometrica, asignado por Doborov Korennoi para las técnicas estadísticas que dan acceso a la medida de la ciencia.
La Cienciometría en los Estados Unidos está vinculada al nombre de Derek J. de Solla Price. Nacido en 1922 en Leyton, Inglaterra, era licenciado en Física y doctor en Filosofía de la Universidad de Londres. Un hecho fortuito llamó su atención sobre el crecimiento exponencial de la ciencia. La remodelación de la biblioteca donde estaba la colección completa de la revista Philosophical Transactions de la Royal Society lo hizo depositario de ésta durante un tiempo. Allí pudo comprobar físicamente el notable crecimiento de los artículos científicos publicados y su inquietud se plasmaría en diversos artículos sobre este fenómeno. Después de obtener su segundo doctorado en 1954 en Historia de la Ciencia en la Universidad de Cambridge, manteniendo estrechos lazos intelectuales con John D. Bernal, Price se trasladó a Estados Unidos y finalmente se instaló en la Universidad de Yale.
Derek J. de Solla Price.
Price publicó, en 1961, Science since Babylon y en 1963 Little science, big science, dos libros que provocarían fuerte impacto en la comunidad científica. Price parte de que la historia de las Ciencias Exactas y Naturales es totalmente distinta a la de las otras disciplinas. En el caso de las primeras estima que su crecimiento lineal acumulativo permite su cuantificación y por lo tanto el uso de las matemáticas y del método lógico cuyo arraigo en la estructura de la ciencia hace que nadie puede dudar del poder que ambos poseen para ordenar el mundo de la observación. Busca entonces resumir las leyes que gobiernan la ciencia a través de regularidades enunciadas a través de las estadísticas.
Los aportes de Price fueron esencialmente:
1) Los estudios sobre el crecimiento exponencial de la ciencia y la vida media de la literatura científica. Utilizando datos sobre la cantidad de revistas existentes y de publicaciones especializadas en resúmenes de investigación, muestra que tienen un ritmo de crecimiento superior al poblacional. Ello tiene que ver con el gran desarrollo de la enseñanza superior, la generación de nuevas universidades e institutos de investigación y la creciente cantidad de doctores formados. Muestra que en el transcurso de los siglos este crecimiento tiene forma de curva logística.
Ello implica que, como toda curva de estas características, llega a un momento de saturación a partir del cual disminuye el ímpetu inicial. En una conferencia pronunciada en la Fundación Ciencia de la Ciencia publicada por la revista Nature (17 de abril de 1965), señalaba como decisivo contar con estadísticas del crecimiento de la ciencia pura y aplicada, de los precedentes históricos y los problemas de comunicación de la ciencia, de la localización geográfica de la investigación entre otras informaciones. Es decir una política de evaluación de la ciencia.
2) La segunda ley tiene que ver con la productividad de los investigadores que mide a partir de la cantidad de artículos publicados por cada uno de ellos. Para ello diferencia a una elite de autores que publica intensamente mientras una cantidad importante lo hace en mucha menor proporción. El mismo criterio aplica para las revistas, mostrando a través de una investigación desarrollada en 1956 en la Biblioteca Científica de Londres, según la cual, de 9.120 revistas, más de 4.800 no habían sido utilizadas en el año analizado, 2.274 lo habían sido sólo una vez mientras que en el otro extremo 60 revistas habían sido consultadas más de 100 veces. Menos del 10% de las revistas habían cubierto el 80% de la demanda. A partir de ello, Price asimila la cantidad de artículos producidos por los investigadores y la cantidad de consultas de revistas a indicadores de calidad. Entre ambos datos identifica a la elite científica.
Señala que el conteo es un dato burdo, pero “se podría afirmar con cierta seguridad la existencia de una correlación significativa entre la solidez cualitativa y la solidez cuantitativa” (de Solla Price 1973: 127). Esta tesis la sustenta con estudios acerca de la evolución de la producción textual científica, los índices de crecimiento social y económico de los países y el aumento en la producción científica. Logra establecer que los autores más reconocidos, por lo regular, son los más citados y los que mayor volumen de producción tienen en su haber. Así también logra una correlación positiva entre el aumento de la productividad científica y el crecimiento económico.
Sus conocimientos matemáticos le permitieron generar un enfoque cuantitativo para el desarrollo de un modelo coherente de estadística de la ciencia. Ello inspiró a científicos de informática como Berver Griffith y Henry Small a explorar en la estructura de las disciplinas científicas en gran escala en base a la información proporcionada por el Science Citation Index. Price investigó el crecimiento y la declinación de las disciplinas científicas, las normas de las ciencias que afectan la producción del conocimiento y la medición de la cantidad y calidad de las publicaciones científicas. Uno de sus aportes fue reintroducir el concepto del “colegio invisible”, término originalmente referido a los mecanismos de comunicación informal utilizado por los creadores en 1650 de la Royal Society, y que Price lo empleó para referirse a cómo ello funcionaba en la selección de artículos en las revistas científicas. El prestigio, para de Solla Price, funciona como polo de atracción de otros investigadores y científicos, lo que incrementa la colaboración en la elaboración de artículos y publicaciones. Este supuesto permite al autor plantear que las comunidades de académicos se forman no solo por las citaciones, sino también a través de las interacciones que se concretan en colaboraciones y finalmente en publicaciones conjuntas. Esto es lo que finalmente le permite emplear el término de “colegios invisibles” para observar las tendencias de las especializaciones y disciplinas científicas a través de la producción conjunta.
En el homenaje a John D. Bernal (Garfield, 2007), Eugene Garfield señala que él no estaba entrenado como historiador o sociólogo y que el Science Citation Index no fue planeado como una herramienta para los evaluadores de la ciencia. Más bien había sido diseñado para mejorar el intercambio de conocimientos y la eficiente difusión y recuperación de la información científica. Aunque no tenía la menor idea del factor de impacto en 1954, fue la posterior asociación con mentores como Robert K. Marton, Harriet Zuckerman y otros cientistas sociales lo que le hizo apreciar su valor para la política científica.[4]
De Solla Price y Garfield han utilizado el análisis de redes como herramienta para la construcción de mapas de la ciencia. Garfield consideraba que “La citación es una representación precisa, inequívoca de un sujeto que no requiere ninguna interpretación y es inmune a los cambios en la terminología. Además, la cita conservará su precisión con el tiempo. También se puede utilizar en los documentos escritos en diferentes idiomas” (1983: 3). Partir de la citación para la investigación de la evolución de temas científicos pasa de ser una búsqueda alfabética de información a la construcción de jerarquías de autores citados o excluidos de las citaciones en otras obras. En defensa de las ventajas del análisis de citaciones, Garfield agrega:
Lo que parecía mejor acerca de un índice de citas fue la diversidad de los puntos de vista que siempre existe sobre la literatura de un tema en particular y de la eficiencia y la estabilidad con la que podrían describirse. Mediante el uso de referencias de autor para indexar documentos, la capacidad limitada de un indizador sujeto para hacer conexiones entre las ideas, conceptos y temas fue reemplazado por la capacidad muy superior de toda la comunidad científica a hacer lo mismo. Esto significaba que un índice de citas interpretaría cada uno de los documentos que abarcaba desde los puntos de vista que existían en la comunidad científica. Si un índice es considerado como un intento de representar el mayor detalle de la vida real como sea posible, una cita índice sería de un índice temático convencional lo que una fotografía a todo color sería de la de un dibujo lineal en blanco y negro. La otra atracción de la utilización de referencias bibliográficas en lugar de los encabezamientos de materias era su eficiencia y estabilidad semántica. (Garfield, 1983: 9).
Estos beneficios del análisis de citaciones se expresan según Garfield a través de tres tipos de medidas básicas: el número y variedad de revistas científicas; el número, la variedad y el marco temporal de las referencias; y la exploración cualitativa lograda a través de procesos de estandarización, clarificación e identificación de publicaciones y sus contenidos para ser observados cuantitativamente desde sus cualidades. Estas tres medidas permiten el desarrollo de una metodología más precisa, ya utilizada por los bibliotecólogos. “Excepto para el análisis de los títulos de papel y el nombramiento de los racimos, todo el proceso es automático. En otras palabras, lo que hemos desarrollado es un modelo informático capaz de cartografiar la estructura de la ciencia en términos de la mayoría de las especialidades activas”. (Garfield, 1983: 75).
19.2.5. Los nuevos propietarios del ISI: breve historia de Thompson Corporation y cómo se transformó en Thompson Reuters
El pasaje del ISI al principal oligopolio mundial de la información no es un dato menor al momento de analizar la relación entre sus actividades y la comunidad científica. Presentamos aquí una imagen de la evolución de las compañías que culminaron en la existencia actual de Thomson Reuters.
Aunque en la historia de la compañía se remiten como orígenes de la corporación Thomson a la fundación en Londres de la editorial jurídica Sweet y Maxwell en 1799 y a la creación en 1872 de West Publishing por John B. West y su hermano Horacio en St. Paul, Minnesota, el dato cierto es que el 6 de julio de 1894 nace Roy Thomson, que adquiere su primer periódico en Canadá, The Timmins Press, de Ontario. En dos décadas era el dueño del mayor número de periódicos de ese país y desembarca en Escocia en 1954, donde compra su primer periódico en el Reino Unido, The Scotsman. Adquiere también la televisión escocesa. En la década de 1960 compra el periódico The Times. En 1965, Thomson Newspapers, Ltd. se formó como una empresa que cotizaba en bolsa en Canadá.
Los intereses de Thomson se movieron más allá de la publicación con la creación de Thomson Travel y la adquisición de Britannia Airways en 1965 y 1971, y una incursión en un consorcio para explorar en el Mar del Norte buscando petróleo y gas. Thomson utilizó sus ganancias del petróleo para comprar pequeños periódicos en los Estados Unidos, a partir de la adquisición de la Brush-Moore Prensa en 1967 por $72 millones. A finales de la década de 1970, la circulación de Thomson Newspapers en los Estados Unidos había superado el millón de ejemplares. La fusión de Thomson Newspapers y el Internacional Organization Thomson en 1989 generó The Thomson Corporation. Cuando Kenneth Thomson se hizo cargo de la empresa en 1976, la compañía valía alrededor de 500 millones de dólares. A su muerte, en junio de 2006, fue valorada en unos $29,3 mil millones.
En 1978, la adquisición de Wadsworth Publishing proporciona a Thomson su primera entrada en la información especializada, libros de texto universitarios y libros profesionales. A partir de mediados de la década de 1990, Thomson ha invertido más en los servicios de información especializada (pero esta vez dándolos en formato digital) y comenzó a vender sus periódicos. Thomson gastó $3.4 mil millones para adquirir el West Publishing Company, un proveedor de información jurídica. En los últimos años, Thomson proporciona la mayor parte del contenido de la información especializada: organizaciones financieras del mundo, legales, de investigación y médicos confían en él cada día para tomar decisiones críticas de negocios e impulsar la innovación.
A excepción de su división educativa, que todavía publica un número considerable de libros de texto convencionales, Thomson entra en este tipo de empresas ya que los clientes estaban demandando la entrega electrónica de su información. Thomson se deshizo de muchos de sus activos de medios tradicionales (o las combina con los productos digitales) y se dirige hacia los servicios de tecnología de la información y productos.
Algunas de las marcas de Thomson son más conocidas que el propio nombre de la empresa. Sus marcas incluyen Westlaw, FindLaw, BarBri, Guía de Referencia Médica, RIA, Impuestos y Contabilidad (software y los servicios fiscales y contables para Contadores) Soluciones Creativas, Quickfinder, DISEASEDEX, DrugREAX, Medstat, Thomson First Call, Checkpoint, EndNote, Derwent World Patent Índice, SAEGIS, Micropatent, Aureka, Faxpat, OptiPat, Just Archivos, Inteligencia Corporativa, InfoTrac, Delphion, Arco Test Prep, Directorios de Peterson, TradeWeb, Web of Science y el Arden Shakespeare. Las fuentes de información son generadas por diversas empresas de Thomson, incluyendo West Publishing, Thomson Financial, ISI, Thomson Gale, Dialog Corporation, Brookers, Carswell, CCBN, Course Technology, Gardiner-Caldwell, IHI, Lawbook Co, Wadsworth, Thomson CompuMark, y Sweet & Maxwell. En 2003, la Thomson Corporation compró los activos de automoción Chilton.
La familia Thomson mantenía la propiedad del 70% de la empresa. Aunque oficialmente es una empresa canadiense, Thomson se dirige desde su sede operativa en Stamford, Connecticut, pero se mantuvo como propiedad canadiense.
El 15 de mayo de 2007 The Thomson Corporation llegó a un acuerdo con Reuters para combinar las dos empresas, una operación valorada en 17.2 mil millones de dólares. El 17 de abril de 2008, la nueva compañía fue creada bajo el nombre de Thomson Reuters. Fue relevante para esta fusión el gran prestigio de Reuters como una fuente de información tradicional y confiable, lo que está vinculado con su historia.
Reuters fue fundada por el periodista y empresario de la comunicación: Paul Julius Reuters. Nacido en Alemania, fundó allí la Agencia de noticias Reuter. Su negocio fue en un inicio con palomas mensajeras. En 1850 abrió una línea de telégrafo en Aquisgrán, después de darse cuenta de que con esta tecnología la difusión de noticias era cada vez más rápida. En un principio la línea conectaría con Berlín, pero al poco tiempo Reuter descubrió que la difusión a Bruselas, uno de los centros financieros europeos en el siglo XIX, le reportaría más beneficios.
Paul Julius Reuter, fundador de la agencia Reuters.
Un año después, Reuter se marchó a Londres, donde trató de desarrollar un cable telegráfico submarino que atravesara el Canal de la Mancha y conectara Dover con Calais. Tras varios intentos fallidos, el “telégrafo submarino” comenzó a funcionar a finales de 1851, y el empresario negoció con la Bolsa de Londres el intercambio de información financiera del resto de Europa, algo que también hizo en la Bolsa de París. En 1865, su negocio pasó a ser oficialmente una sociedad limitada bajo el nombre Reuter’s Telegram Company.
A lo largo de los años la compañía ganó reputación, siendo la primera en Europa en informar del asesinato de Abraham Lincoln, y estableció una red completa de corresponsales por todo el mundo, así como un negocio de compra y venta de información. Reuters mantuvo su condición de corporación hasta 1984, cuando pasó a ser una sociedad anónima que comenzó a cotizar en la Bolsa de Londres y el índice Nasdaq de Estados Unidos. Sus estatutos prohibían que una persona pudiera ostentar más del 15% de las acciones, para evitar que la agencia quedara bajo los intereses de un único propietario. Históricamente, la sede central de Reuters se encuentra en Londres. Además de esta sede, Reuters cuenta con otras distribuidas en todo el mundo, destacando su centro para Norteamérica en Nueva York y para Asia en Singapur. Dentro de sus ediciones en idioma español, la agencia cuenta con distintas versiones para América Latina, España, México, Colombia y Argentina.
Sede de Reuters en Londres.
A partir de la década de 1980, la agencia crece con mucha rapidez gracias a la elaboración y suministro de información empresarial y financiera, y busca ampliar su campo de información a otros medios como la radio, televisión y nuevas tecnologías (Internet). En 2007, The Thomson Corporation alcanzó un acuerdo de unión con Reuters para formar Thomson Reuters. Thomson se hizo con el 53% del capital de la nueva compañía, por lo que la restricción del 15% fue eliminada. En el año 2008 Thomson Corporation adquirió Reuters por 12.700 millones de euros. Con esta fusión, la nueva compañía pasó a controlar el 34% del mercado de los servicios informativos en finanzas y negocios y se ubicó por delante de la norteamericana Bloomberg, que hasta entonces lo lideraba, con el 33%.
Thomson Reuters se inició con un único equipo de gestión ejecutiva, responsable por 48.800 empleados distribuidos por todo el mundo. El CEO de la nueva empresa, Tom Glocer, de 47 años, quien tenía ese puesto en Reuters, declaró al asumir que: “La combinación de estas dos grandes compañías creará una excepcional empresa global guiada por los principios de Reuters”. Justamente, el respeto por la tradición de Reuters, creada en 1851, y por sus principios éticos, fue un tema recurrente en el proceso de fusión. A tal punto que Thomson se comprometió a respetar “el credo empresarial” de Reuters, en particular en lo que hace a “la independencia, integridad y equilibrio de la información”.
Durante 2009, La Fundación Thomson Reuters lanza TrustLaw, un servicio global que ofrece asistencia legal gratuita y noticias anticorrupción y el sistema de investigación legal WestlawNext, que incorpora décadas de búsqueda e inteligencia editorial con las últimas innovaciones tecnológicas. Thomson Reuters lanza dos nuevos productos que atienden el mercado financiero: Eikon, un destino para el global de la información, las tecnologías y el acceso al mercado y Elektron, para la negociación de alta velocidad interactiva abierta y la infraestructura de datos.
Thomson Reuters adquiere Complinet y anuncia la creación de la empresa de gobierno, riesgo y cumplimiento, que reúne a una gran variedad de soluciones de productos que atienden el mercado regulatorio. La Fundación Thomson Reuters lanza TrustLaw Women, un centro internacional de noticias, información, recursos y discusión sobre los derechos legales de las mujeres. Ofrece Accelus, una revolucionaria serie de soluciones de gobierno, riesgo y cumplimiento y Cortellis, la solución de próxima generación para la industria de ciencias de la vida, que transforma la manera en que acceden y usan los profesionales de Farmacia y Biotecnología los datos a través de toda la investigación y desarrollo de fármacos.
Con la venta del ISI a Thomson Group, el crecimiento del ISI se aceleró aún más. Pasó a ser parte de una subsidiaria (ISI World of Technology) cuyo nombre tuvo sucesivas modificaciones. Es parte de la unidad Healthcare and Science dentro de la División Profesional de Thompson Reuters. Está a su vez dividida en dos unidades: Life Sciences y Scholarly Research, que comercializa soluciones para apoyar el trabajo de los investigadores y estudiantes, como la plataforma ISI Web of Technology (WoT), y los servicios de ScholarOne y de EndNote, productos de WoK World of Knowledge que incluye Webs of Science (WoS), que es el resultado de la combinación del Science Citation Index (SCI) con las Ciencias Sociales y los índices de citas de Artes y Humanidades y el que incorpora las bases de datos con las citas de las revistas científicas y de los periódicos, y su indización y resúmenes, cuyas bases metodológicas y de datos se derivan directamente de la empresa original ISI.
19.2.6. Los distintos indicadores que ofrece actualmente el ISI y su definición de la metodología de selección de las revistas incorporadas
El sitio oficial de Web of Science detalla de la siguiente forma a los indicadores que ofrece: “Web of Science™ Core Collection ofrece a los investigadores, administradores, profesores y estudiantes acceso rápido y de gran alcance para las bases de datos de citas más importantes del mundo. El contenido autorizado multidisciplinar abarca más de 12.000 de las revistas de mayor impacto en todo el mundo, incluyendo revistas de acceso abierto y más de 150 mil actas de congresos. Cobertura actual y retrospectiva de las ciencias, ciencias sociales, artes y humanidades desde el año 1900”.
El objetivo es superar la sobrecarga de información y centrarse en los datos esenciales a través de más de 250 disciplinas.
- Contenido regional.
- Interfaz de idioma local.
- El proceso de descubrimiento simplificado destinado a: Investigadores Académicos, Bibliotecarios e Investigadores Científicos.
- Hacer conexiones con SciELO Citation Index, que permite obtener una visión global más completa mediante el descubrimiento de nuevas perspectivas de la investigación en América Latina, España, Portugal, el Caribe y África del Sur.
- Buscar y visualizar críticamente importante contenido regional con impacto internacional para obtener una imagen completa de los factores de influencia y los conductores de la investigación regional.
- Acceso a casi 650 títulos, más de 4 millones de referencias citadas, y el acceso abierto, con enlaces al texto completo a través de una interfaz de idioma local con una experiencia de búsqueda fácil.
Conference Proceedings Citation Index es accesible a través de la Web of Science™ Core Collection. Ayuda a los investigadores a acceder a la literatura publicada de las conferencias más importantes, simposios, seminarios coloquios talleres y convenciones en todo el mundo. Este recurso ofrece una visión completa de las actas de congresos y de su impacto en la investigación global, que le permite usar la búsqueda de referencias citadas para rastrear las ideas emergentes y la nueva investigación más allá de lo que está cubierto en la literatura de la revista. Dos ediciones cubren las ciencias y las Ciencias Sociales.
EndNote® le permite moverse sin problemas a través de su proceso de investigación con herramientas flexibles para buscar, organizar y compartir su investigación, la creación de su bibliografía y la escritura de su papel. Se puede sincronizar la biblioteca de EndNote través de su escritorio, en línea, y el iPad, por lo que a todas sus referencias, archivos adjuntos, y los grupos se puede acceder desde cualquier lugar.
Science Citation Index Expanded. Se accede a través de la Web of Science™ Core Collection, y ofrece a los investigadores, administradores, profesores y estudiantes un acceso rápido, de gran alcance a la información bibliográfica y de citas que tienen que encontrar los datos de investigación, analizar las tendencias, las revistas y los investigadores, y compartir sus hallazgos.
Supera la sobrecarga de información y permite centrarse en los datos esenciales de más de 8500 de las principales revistas científicas y técnicas del mundo en 150 disciplinas.
Social Sciences Citation Index®. Se accede a través de la Web of Science™ Core Collection. Ofrece a los investigadores, administradores, profesores y estudiantes un acceso rápido, de gran alcance a la información bibliográfica y de citas, a los que tienen que encontrar los datos de investigación, analizar las tendencias, las revistas y los investigadores y compartir sus hallazgos. Esto permite superar la sobrecarga de información y centrarse en los datos esenciales de 3000 de las revistas de Ciencias Sociales más importantes del mundo a través de 50 disciplinas.
Características: cobertura completa y relevante. Todas las revistas incluidas en Social Sciences Citation Index® han cumplido con los altos estándares de un proceso de evaluación objetiva que elimina el desorden.
Mecanismos utilizados en el uso de los indicadores señalados: referencias citadas. De uso del investigador, es un buscador de investigaciones previas y monitorea los desarrollos actuales, a ver quién está citando sus trabajos, mide la influencia de la obra de sus colegas, y sigue el camino de las ideas más populares del momento.
Fácil identificación de autores: ubica los artículos escritos por los mismos autores. Encuentra el derecho de autor de inmediato, elimina los problemas de los autores con nombres similares o varios autores con el mismo nombre.
Opciones de análisis perspicaz: encuentra las tendencias y patrones ocultos, profundiza en áreas de investigación emergentes, e identifica los principales investigadores, instituciones y revistas con la herramienta Analizar.
Palabras Claves Plus®: mejora el poder de la búsqueda de referencias citadas mediante la búsqueda a través de disciplinas para todos los artículos que citan referencias en común.
Veces citado: descubre la influencia de un documento mediante la vinculación a todos los documentos que lo han citado.
Enlaces de texto completo: accede directamente a los artículos de texto completo de los editores.
Alerta y canales RSS: permite mantenerse al día con la información que le interesa al usuario, con referencias citadas y búsquedas con alertas de correo electrónico. O la creación de canales RSS para las búsquedas guardadas y alertas de citas.
Además, con Social Sciences Citation Index se puede acceder a cada elemento significativo de un diario, que incluye artículos originales de investigación, revisiones, editoriales, cronologías, resúmenes, y mucho más.
Una amplia gama de disciplinas: encontrar información en áreas como la Antropología, la Sociología, los estudios urbanos, los negocios y la comunicación, la criminología, Derecho, enfermería, rehabilitación, y la información y la Biblioteca de Ciencias.
El Journal Citation Reports (JCR) es una publicación anual que realiza el Instituto para la Información Científica. Esta publicación evalúa el impacto y la relevancia de las principales revistas científicas del campo de las ciencias aplicadas y sociales. Originalmente era parte del Science Citation Index, y actualmente está realizado a partir de los datos que éste contiene.
El JCR calcula anualmente dos índices para las revistas indexadas en su base de datos: JCR Science Edition y JCR Social Science Edition. Están muy relacionados con el cálculo del factor de impacto de las publicaciones científicas, uno de los principales indicadores a la hora de evaluar la actividad científica en Europa y Estados Unidos.
La información que figura para cada revista incluye:
- La información básica bibliográfica de la editorial, el título abreviatura, el idioma y el ISSN.
- Las categorías de temas (hay 171 de esas categorías en las ciencias y 54 en las Ciencias Sociales).
- Los datos de citación básica: el número de artículos publicados durante ese año y el número de veces que los artículos se citaron en la revista durante el año por los últimos artículos en sí mismo y otras revistas.
- Los cuadros detallados que muestran el número de veces que se citaron los artículos en la revista durante el año por los últimos artículos en sí mismo y otras revistas. El número de citas que se hacen a partir de los artículos publicados en la revista de ese año en la misma y otras revistas individuales específicos en cada uno de los último diez años (las veinte revistas más citadas están incluidas).
El número de veces que los artículos publicados en la revista durante cada uno de los más recientes diez años fueron citados por las revistas específicas individuales durante el año (se dan las veinte revistas con el mayor número de citas).
Y una serie de medidas derivadas de estos datos:
El factor de impacto de la revista, la relación entre el número de citas a los dos años anteriores de la revista, dividido por el número de artículos en esos años (esto es esencialmente el promedio de las últimas citas por artículo), el índice de inmediatez de la revista, el número de citas por año a los artículos publicados el mismo año, la edad media de los artículos que fueron citados por los artículos publicados en la revista de ese año, la edad media de los artículos de la revista que fueron citadas por otras revistas durante el año.
Hay ediciones separadas para las ciencias y las Ciencias Sociales; la edición de 2013 de ciencia incluye 8.411 revistas y la edición de 2012 de las Ciencias Sociales contiene 3.016 títulos. El tema de cada año se publica al año siguiente, después de que las citas para el año se han publicado y la información ha sido procesada.
En sus primeros cincuenta años, el Science Citation Index creció de forma notable en tamaño e influencia. La base de datos se expandió de 1.4 millones de citaciones en 1964 hasta las 550 millones de 2005. La lista de fuentes de revistas consultadas ha crecido en estos años desde las 613 iniciales a las 15.721.
Un documento de James Testa, gerente del Departamento Editorial del Institute for Scientific Information de 1998, permite apreciar cómo define la propia institución sus objetivos y su cobertura y cómo justifica su metodología. Aunque algo extensa, la cita aporta datos altamente relevantes, y por eso consideramos necesaria su reproducción.
La base de datos del ISI y su proceso de selección de revistas. La misión básica del ISI, como compañía publicadora de bases de datos, es proporcionar amplia cobertura a las investigaciones más importantes e influyentes realizadas en todo el mundo. Actualmente, la base de datos del ISI cubre más de 16 000 revistas, libros y actas de eventos internacionales en las áreas de las ciencias, las Ciencias Sociales, las Artes y las Humanidades.
Una parte importante de esta base de datos está constituida por las 8 000 revistas internacionales que el ISI indiza anualmente mediante el registro de los datos bibliográficos completos para cada artículo incorporado, incluidos los resúmenes en inglés, las direcciones de los autores y editores, así como las referencias citadas de cada revista.
El ISI está comprometido a proporcionar amplia cobertura a las revistas más importantes e influyentes del mundo para garantizar el conocimiento actualizado de sus suscriptores y corresponder a sus necesidades de recuperación de información corriente y retrospectiva. Sin embargo, amplio no significa necesariamente que esté todo incluido.
¿Por qué ser selectivo? Puede parecer que, para ser amplio, un índice de la literatura científica publicada en revistas debe incluir todas las revistas científicas que circulan. Este enfoque no sólo sería impracticable desde el punto de vista económico, sino también innecesario, según se ha demostrado con los análisis de la literatura científica. Hay pruebas de que un número relativamente pequeño de revistas publican la mayor parte de los resultados científicos más significativos. Este principio es con frecuencia mencionado como la Ley de Bradford. A mediados de los años 50, S. C. Bradford percibió que el núcleo principal de la literatura en cualquier disciplina científica estaba compuesta por menos de 1000 revistas. De estas son relativamente pocas las de gran relevancia para un determinado asunto, mientras muchas otras tienen una menor relevancia. Hay títulos con menor relevancia para una disciplina o tema, pero con mayor relevancia para otro asunto. Así, el núcleo de la literatura científica puede formarse en torno a varios temas, con revistas específicas que se convierten en más o menos relevantes, en dependencia del tema. Bradford entendió que un núcleo esencial de revistas forma la base de la literatura para todas las disciplinas y que, por lo tanto, la mayoría de los trabajos importantes es publicada en relativamente pocas revistas.
Recientes análisis de citas han demostrado que un número tan pequeño como 150 revistas, representa la mitad de lo que se cita y la cuarta parte de lo que se publica. También se ha demostrado que un núcleo de aproximadamente 2 000 revistas representa actualmente cerca del 85 % de los artículos publicados y el 95 % de los artículos citados. Pero este núcleo no es estático. Su composición básica cambia constantemente. La misión del equipo editorial del ISI es identificar y evaluar las revistas nuevas y prometedoras que pueden ser de interés para los suscriptores del Instituto, así como excluir aquellas que se han vuelto menos útiles.
El proceso de evaluación. La evaluación y selección, tanto de los títulos incluidos en la base de datos, como de los excluidos se realiza por el ISI cada dos semanas. El grupo editorial del instituto analiza cerca de 2.000 nuevos títulos cada año, aunque selecciona sólo entre el 10 y el 12 % de ellos. Además, la cobertura de revistas existentes en los productos del ISI es revisada constantemente. Las revistas que se indizan actualmente son monitoreadas, para asegurar que están manteniendo altos patrones y una clara relevancia para los productos del ISI incluidos en repertorios.
Cada revista se somete a un extenso proceso de evaluación antes de ser seleccionada o rechazada. Los editores del ISI que realizan las evaluaciones de revistas cuentan con una formación educacional apropiada para sus áreas de responsabilidad, así como experiencia e instrucción en la ciencia de la información. Su conocimiento de la literatura de sus campos de especialización se amplía mediante la consulta a redes establecidas de asesores, quienes participan en el proceso de evaluación cuando es necesario. En la evaluación de las revistas, se tienen en cuenta muchos factores cualitativos y cuantitativos. Se analizan los requisitos básicos de publicación, su contenido editorial, la internacionalidad de la autoría y la citación de los datos asociada a los autores.
Ningún factor se considera aisladamente, sino combinando e interrelacionando los datos; así puede el editor determinar todos los puntos fuertes y débiles de la revista.
Patrones básicos para revistas. La periodicidad regular de la publicación es uno de los criterios fundamentales en el proceso de evaluación. Una revista debe cumplir estrictamente sus períodos de salida, para que se pueda considerar su posible inclusión inicial en la base de datos del ISI. La habilidad para publicar a tiempo implica contar con una reserva sustancial de manuscritos que garanticen las salidas puntuales de la revista. No se concibe que un título salga a la luz semanas o meses después de la fecha que aparece en su portada, y mucho menos que este fenómeno se haga crónico. Para medir adecuadamente este aspecto del cumplimiento de la periodicidad, nunca se toma una decisión a partir de una entrega; generalmente el editor basa su criterio en la evaluación de al menos tres números diferentes de la revista de que se trate.
El ISI también observa si la revista cumple o no los requisitos editoriales internacionales, que ayudan a perfeccionar la recuperación de los artículos originales. Estos requisitos incluyen títulos de revistas informativos, títulos de artículos y resúmenes completamente descriptivos, datos bibliográficos completos en todas las referencias citadas, e información completa sobre la dirección para cada autor.
Los títulos de los artículos en inglés, los resúmenes, y las palabras claves son esenciales. También se recomiendan las referencias citadas en lengua inglesa. Aunque en todos los idiomas se publica información científica importante, los autores deben proporcionar traducciones en inglés de los títulos de los artículos, de las palabras claves y de los resúmenes, si desean alcanzar el mayor número de lectores posible. Además, por una cuestión puramente práctica, no sería factible para el ISI asumir la responsabilidad de traducir este material.
La aplicación del proceso de revisión por pares, es otro indicador de los patrones de una revista y evidencia la calidad total de la investigación presentada y la exactitud e integridad de las referencias citadas.
Contenido editorial. El verdadero núcleo de la literatura científica, está comprendido en un número relativamente pequeño de revistas. No obstante, la investigación continúa dando origen a campos de estudios especializados y surgen nuevas revistas en la medida en que la investigación publicada sobre un tema nuevo adquiere mayor alcance. El editor del ISI determina si el contenido de una nueva revista enriquecerá la base de datos o si el tema ya está adecuadamente cubierto.
La enorme cantidad de datos a su alcance y su observación diaria de virtualmente todas las nuevas revistas científicas publicadas, permiten al equipo editorial del ISI identificar los temas emergentes y las ‘áreas calientes’ en la literatura.
Internacionalidad. La representación geográfica de una revista es otra consideración. Para satisfacer las necesidades de su base de suscriptores internacionales, el ISI trata de indizar las revistas con diversidad internacional entre los autores, tanto de los artículos originales, como de los artículos citados.
Para reflejar apropiadamente el contexto global en el cual tiene lugar la investigación científica y para proporcionar cobertura balanceada en cada categoría, el ISI procura indizar también las mejores revistas regionales. Sin embargo, en vez de comparar una revista regional con todas las otras revistas de su categoría específica, el editor del ISI la considera en términos de las publicaciones provenientes de la misma área geográfica. Elevados patrones en cuanto a la presentación y publicación, especialmente la periodicidad y los datos bibliográficos en inglés, siguen siendo esenciales para el análisis.
Análisis de citas. El proceso de evaluación del ISI es único, justamente porque sus editores tienen una riqueza de datos de citas a su disposición. La importancia de interpretar y entender correctamente esos datos al evaluar las revistas, no puede ser enfatizada de modo excesivo. En virtud de que el número de autores y de revistas varía enormemente entre las disciplinas, los niveles y los promedios de las citas en una disciplina específica también varían mucho. Las áreas más pequeñas como la botánica o la matemática, no generan tantos artículos o citas como las áreas mayores como la biotecnología o la genética. Además, en algunas áreas, particularmente las Artes y Humanidades, puede demorar un tiempo relativamente largo, incluso varios años, para que un artículo atraiga un número significativo de citas, mientras que en otras áreas como las ciencias de la vida, no es raro que las citas alcancen su tope después de sólo unos pocos años. Estos hechos se deben considerar para utilizar correctamente los datos sobre las citas.
Es posible utilizar varios tipos de datos sobre las citas. Para las revistas establecidas, éstos incluyen medidas de citas completas, factor de impacto, e índice de inmediatez. Para las revistas recién creadas, los editores examinan el registro de publicaciones de los autores y de los miembros del cuerpo editorial, para conocer dónde se han publicado sus artículos y si sus trabajos se han citado.
También, debido a que el ISI recupera todas las referencias citadas de cada una de las 8 000 revistas incluidas en su base de datos; la información sobre las citas está disponible lo mismo para las revistas indizadas que para aquéllas que no lo están, pero que se han citado por cualquiera de las 8 000 revistas del núcleo.
19.2.7. La predominancia del uso del inglés en las revistas científicas[5]
En la Edad Media cristiana, la unidad del mundo académico europeo fue facilitada en gran medida por la homogeneidad religiosa y también por la lengua. Hemos mostrado el desplazamiento a lo largo de siglos del griego por el latín como la lengua erudita que permitía a los estudiantes y profesores de diferentes regiones y lenguas nacionales encontrar un terreno común, con independencia de la universidad a la que asistieran. El creciente uso de las lenguas vernáculas, a partir del siglo XVII ayudó, con la Reforma Protestante, a romper la unidad del mundo científico. La división social e intelectual entre el espacio social global y el campo científico se hizo aún más notable, mientras que los eruditos hablaban latín en las obras dirigidas a los estudiosos y vernácula para llegar a un público no especializado.
Tal como hemos adelantado al desarrollar la historia de las editoriales y las revistas científicas, luego de la preponderancia del francés primero y el alemán después como las “lingua franca” científicas.[6] Esto empezó a suponer un problema en la comunidad científica, ya que se temía que el progreso de la ciencia se ralentara debido a problemas de comunicación entre diferentes idiomas. Para evitar esto, a mediados del siglo XIX se llegó al consenso de publicar los resultados en las tres lenguas con más publicaciones científicas hasta ese momento (y que coincidían con los países con mayor desarrollo económico): alemán, francés e inglés. Todo científico de esta época debía manejarse en estas tres lenguas.
El inglés emerge de la Segunda Guerra Mundial como el idioma científico dominante. Ello está estrechamente asociado al hecho de que a la terminación del conflicto bélico Estados Unidos era el único país industrializado cuya infraestructura educativa y tecnológica no sólo no había sido afectada negativamente por la destrucción bélica, sino que además había tenido un desarrollo acelerado en diversos planos para hacer frente a la extraordinaria demanda mundial de bienes agrícolas e industriales que la situación había demandado.
Dentro de este desarrollo se asistió a una gran expansión de la enseñanza superior y de institutos de investigación ligados al conflicto bélico pero que luego trasladaron investigaciones de punta a diversos planos de la esfera económica y productiva. Muchos aspectos centrales de lo que se entiende hoy por “sociedad de la información” fueron inicialmente elaborados en inglés.
En los siguientes cuadros y gráficos, a partir de tomar datos de una de las primeras revistas científicas, se aprecia esta evolución, en la que se destaca la desaparición del latín, que fue la “lingua franca” dominante hasta el siglo XVIII y su reemplazo por las lenguas vernáculas.
Cuadro Nº 1.Evolución de los idiomas del material citado en la revista Philosophical Transactions de la Royal Society deLondres (1665-1990). En años y porcentajes
Idioma del material citado | ||||||
|
1665 |
1750 |
1850 |
1900 |
1950 |
1990 |
Inglés |
48 |
33 |
56 |
52 |
81 |
89 |
Francés |
12 |
13 |
23 |
6 |
7 |
3 |
Alemán |
0 |
0 |
14 |
41 |
8 |
5 |
Latín |
35 |
47 |
7 |
0 |
– |
– |
Otros |
5 |
7 |
0 |
1 |
4 |
3 |
Fuente: Allen et al. (1994).
Figura 1. La homogeneización lingüística vista a través de las referencias de la revista Philosophical Transactions of the Royal Society (1665-1990). En años y porcentajes
Fuente: Gingras (2002).
Se aprecia la gran presencia del francés por el prestigio de la Academia de Ciencias de Francia y luego del idioma alemán, dominante en ciencia hasta las primeras décadas del siglo XX. Teniendo en cuenta que los datos están tomados de una revista situada en Inglaterra, la importancia del inglés en estos datos siempre es significativa, pero el dato de 1950 ilustra el pasaje dominante a este idioma, lo que se incrementaría fuertemente en los años siguientes.
Los datos de las bases de datos internacionales de revistas científicas indexadas lo muestran claramente y no es necesario abundar en ello. Sin embargo, sería un grave error creer que toda la producción científica, y ni siquiera su mayor parte, se publica en inglés. Hay una enorme proliferación de revistas científicas, más de doscientas mil, muchas de ellas con sistemas de evaluación por pares que no son incorporadas a bases de datos como las del ISI, que hemos visto más arriba establece normas severas y excluyentes a quienes no publiquen dominantemente en este idioma. Mientras en estas décadas el inglés tomaba fuerza como lengua científica dominante, competía con la aparición de otra lengua científica importante: el ruso. La Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos obligaba a los científicos de la Unión Soviética y de los países del este europeo bajo su órbita, a publicar sus resultados exclusivamente en ruso, lo que está ligado a la importancia del VINITI, como veremos más abajo. Durante las décadas de 1950 y de 1960, muchas publicaciones científicas se escribían en inglés o en ruso.
Esto es aún mucho más acentuado en relación a las disciplinas. Para las Ciencias Naturales, el inglés es naturalmente el idioma de la ciencia. Por un lado debido a un proceso de circunstancias históricas que hemos desarrollado en distintas partes de este volumen y que tiene que ver además con la inversión de la relación entre ciencia y tecnología producida desde el siglo XX en que la primera pasa a dominar la relación y lo hace en los países que unen a un aparato científico avanzado, inversiones de capital continuas, equipos especializados y laboratorios de investigación de alta complejidad. Alemania y luego Estados Unidos comandaron estos procesos y de ahí el peso de la lengua alemana primero y del inglés posteriormente, tema aceleradamente resuelto por el fin del conflicto bélico, que también enfrentó en este nivel a los organizadores de ciencia básica.
En estas disciplinas, el inglés se utiliza tanto para la investigación como para la comunicación oral y escrita, particularmente a nivel internacional. Ello a pesar de que quienes no son oriundos de países de habla inglesa se encuentran en desventaja al respecto. Pero ello está referido a las Ciencias Naturales básicas. En el caso de las ciencias aplicadas, de creciente relevancia en el desarrollo de las ciencias, mucha producción científica se piensa, organiza y difunde en publicaciones locales y regionales que utilizan idiomas propios.
En el caso de las Ciencias Sociales, el panorama es muy diferente. Si bien núcleos de elite de distintos países comunican su producción internacional en inglés, tal proporción es ínfima, como lo revela el análisis de lo publicado en las bases de datos internacionales. Por razones ligadas al tipo de producto científico, la utilización del idioma vernáculo es decisiva para expresar los fenómenos particulares e históricos que son el objeto de su análisis, y que no pueden traducirse en conceptos universales de transmisión directa como sucede en el caso de las Ciencias Naturales. Como veremos, ello tiene también que ver con la relevancia para estas ciencias de los libros como soporte más calificado de generación de conocimiento.[7]
El impacto de las exigencias del ISI en estos procesos no puede ser subestimado. Ya hemos visto que el ISI planteaba:
Los títulos de los artículos en inglés, los resúmenes, y las palabras claves son esenciales. También se recomiendan las referencias citadas en lengua inglesa. Aunque en todos los idiomas se publica información científica importante, los autores deben proporcionar traducciones en inglés de los títulos de los artículos, de las palabras claves y de los resúmenes, si desean alcanzar el mayor número de lectores posible. Además, por una cuestión puramente práctica, no sería factible para el ISI asumir la responsabilidad de traducir este material […] Para reflejar apropiadamente el contexto global en el cual tiene lugar la investigación científica y para proporcionar cobertura balanceada en cada categoría, el ISI procura indizar también las mejores revistas regionales. Sin embargo, en vez de comparar una revista regional con todas las otras revistas de su categoría específica, el editor del ISI la considera en términos de las publicaciones provenientes de la misma área geográfica. Elevados patrones en cuanto a la presentación y publicación, especialmente la periodicidad y los datos bibliográficos en inglés, siguen siendo esenciales para el análisis.
Como en tantos otros aspectos de la instalación internacional del ISI, Eugene Garfield encabezó la ofensiva destinada doblegar a las comunidades científicas más tradicionales en relación al uso del idioma. Fiel a su estilo frontal, durante una visita a Francia en 1976 publica en la revista Recherche (vol. 7, nº 70), un artículo provocativamente titulado “La science francaise est-elle provinciale?” en que señala que a pesar de haber contado con grandes científicos, la ciencia francesa se encuentra en franco deterioro. “El síntoma más evidente de la decadencia de la ciencia francesa es el rechazo de los científicos franceses a reconocer que el idioma francés ya no es la lengua internacional por excelencia. Al publicar los resultados de sus investigaciones exclusivamente en francés la mayoría de los científicos impide que sean leídos por el resto de la comunidad internacional”. Los parámetros de Garfield eran los niveles de citación recogidos por el ISI que por su propia conformación privilegiaban la publicación en inglés.
El artículo provocó una airada reacción en el mundo académico, periodístico y político francés. Es que Francia se encontraba todavía bajo el impacto del período conocido como los “trente glorieuses”, haciendo alusión a las tres décadas posteriores a la terminación de la Segunda Guerra Mundial. Ello debido al proyecto desarrollado bajo el liderazgo inicial del gaullismo, que logró integrar poderosas iniciativas estatales con estímulos al crecimiento industrial. El proyecto fue largamente exitoso. Durante los años que van desde 1945 a 1975, Francia experimentó un crecimiento económico sin precedentes en su historia (4,5% en promedio) provocado por un gran crecimiento demográfico y la integración de manera competitiva de Francia a una economía internacional en expansión. El sistema educacional y científico francés jugó aquí un papel destacado reforzando el orgullo nacional por estas realizaciones. En este contexto los investigadores franceses fueron presionados por sus agencias estatales para presentar en los congresos internacionales sus ponencias en francés.
La presentación de Garfield impulsó al sistema académico francés a la realización de conferencias donde los científicos y lingüistas profundizaran la comprensión del fenómeno y sus causas. Los franceses respondieron con el primer simposio de Orsay, que tuvo lugar en 1980 bajo el título “Le français chassé des sciences”. En 1981 en Québec, el Consejo de la lengua francesa organiza en Montréal, un coloquio internacional sobre el tema “L’avenir du français dans les publications et communications scientifiques et techniques”. El debate fue tan importante que en 1982 la Academia de Ciencias de París se siente obligada a producir su propio informe sobre el asunto.
Sin embargo, por las razones objetivas que hemos desarrollado al presentar la preeminencia del inglés como idioma vehicular, la intervención de Garfield fue simplemente informar de un fenómeno de fondo: la disminución constante de la proporción de las publicaciones en lengua francesa en el conjunto de la producción mundial de ciencia. Ello no se explicaba por la caída de la producción científica francesa, sino por el hecho de que cada vez más investigadores franceses escribían sus artículos en inglés, incluso en revistas científicas publicadas en Francia. Una situación emblemática fue la del Instituto Pasteur, que paulatinamente pasó de publicar en francés a hacerlo en los dos idiomas. Con nueva información estadística del mismo origen Garfield respondería a los comentarios franceses en su revista Current Contents (8 de abril de 1977, págs. 5-12). En 1988 Garfield insistiría en el tema señalando que mientras que los artículos escritos en inglés por los investigadores franceses representaron sólo el 25% del total de partidas identificadas de los investigadores franceses, en revistas del Scientific Citation Index en 1973, la cifra ya era del 51% en 1978 y de más del 70% en 1988. (Garfield, Current Contents, 6 junio de 1988).
Lo relevante de las afirmaciones de Garfield, que siempre fueron totalmente transparentes al respecto es que, como señala Renato Ortiz (2009), resignifican la idea mertoniana de la universalidad de la ciencia.
Al incluir la universalidad en la lengua, la retira de los imperativos abstractos del mundo de la ciencia. Universal se vuelve equivalente a difundido en inglés; el provincialismo define, como contrapartida, la esencia de los otros idiomas. Este juicio valorativo y discriminatorio orienta la división entre revistas ‘universales’ y revistas ‘domésticas’, dado que escribir y publicar en inglés implica la existencia de un desnivel jerárquico entre el mundo y la provincia (2009: 203).
Para completar este momento de consolidación del inglés como lengua de la ciencia, es importante incorporar el peso relativo de las instituciones rusas ligadas a la organización de la ciencia.
19.2.8. El VINITI
En el punto 17.2., al desarrollar los antecedentes bibliométricos que precedieron a la creación del ISI, habíamos planteado la relevancia de la creación en la Unión Soviética en 1952 del Instituto de Información Científica y Técnica VINITI (Vserossiisky Institut Nauchnoi I Tekhnicheskoi Informatsii), como una rama de la Academia Rusa de las Ciencias.
Es el mayor banco de datos en línea en Rusia y contiene más de 25 millones de documentos. La base de datos contiene el Resumen Diario, que es leído por científicos de muchos países. En el año 2002 VINITI tenía más de 240 bases de datos sobre la Ciencia y la Tecnología, la Economía y la Medicina. Contaba con sistemas de recuperación de gran alcance, y una amplia gama de servicios. Durante casi seis décadas, VINITI ha sido el principal centro de información en Europa del Este. La tarea principal del Instituto es proporcionar a investigadores, diseñadores e ingenieros la información sobre los últimos avances en ciencia y tecnología en todo el mundo.
Actualmente, el VINITI procesa la producción de varios campos de la ciencia y la tecnología, publica en 70 países en 40 idiomas, selecciona libros, revistas, actas de congresos, descripciones de invención y patentes y artículos científicos depositados. Este flujo de información integral constituye la base de datos más grande de Rusia en Ciencias Naturales, aplicadas y técnicas. La base de datos se compone de numerosos sub-campos que abarcan una amplia variedad de disciplinas científicas y tecnologías, cuestiones económicas y de Medicina.
La base de datos es accesible en línea. Permite un acceso rápido a las descripciones bibliográficas, resúmenes, textos completos, multimedia, y otra información. Durante las siete décadas de la existencia de la URSS, Rusia se convirtió en la lengua de comunicación científica en Europa del Este, Asia y algunos países de América. Como resultado, el VINITI se hizo popular en las antiguas repúblicas soviéticas y muchos otros países. Los usuarios del VINITI ahora están dispersos en 68 países y entre los suscriptores hay muchos expatriados rusos.
VINITI emplea a cerca de 800 profesionales con preparación especializada en diversos campos de las ciencias básicas y aplicadas, con dominio de idiomas extranjeros. El instituto está compuesto por 15 departamentos que procesan la literatura en un campo específico de la ciencia (por ejemplo, la Física y la Astronomía, ciencias de la tierra) y un departamento especial para la revista y la adquisición de libros.
Los siguientes criterios se consideran para la indexación de revistas extranjeras en VINITI: norma editorial básica, revisión por pares, el número de otras bases de datos que cubren la revista, el número de agencias de envío, el análisis visual y la versión electrónica. Los siguientes criterios de indexación se aplican a la selección de las revistas locales: a) las revistas publicadas por Rusia (más de 200 títulos, entre ellos 155 títulos publicados por la editorial Nauka, con 119 en ciencias básicas y aplicadas); b) revistas rusas cubiertas por Web of Science; c) las revistas incluidas en la lista de revistas elegidas por el Comité de Alto Calificación; d) las revistas incluidas en Scopus (180 títulos). En 2010, la proporción de publicaciones en inglés era del 49,77%, en ruso el 36,9%, en chino el 5,11%, en alemán el 4,49%, en ucraniano y en francés el 0,55%, y en japonés un 0,44%. VINITI también procesa publicaciones en revistas de las antiguas repúblicas soviéticas si estas publicaciones tienen resúmenes en ruso.
Como se aprecia, la potencia tradicional rusa en estos temas mantuvo en el período soviético relevancia, impactando todavía hoy en el manejo de información y la evaluación (como vimos oportunamente al analizar el tema de los rankings). La declinación soviética y su fragmentación debilitaron su influencia y fortalecieron el predominio del idioma inglés como lengua franca científica. Pero el poder económico y político de Rusia y su tradicional vuelta a las fuentes en materia de un proyecto imperial latente, no pueden ser omitidos en el análisis en relación a los temas de comunicación científica y sistemas de evaluación internacionales de la ciencia y la calidad de las instituciones universitarias.
- Para este tema y las referencias sobre Adair hemos extraído generosamente información de la notable tesis doctoral de Paul Wouters “The Citation Culture” por su acceso a través de entrevistas con todos los actores del proceso y a la correspondencia entre los mismos relacionada directamente con la creación del ISI. La interpretación de cómo Garfield fue adaptando su argumentación para justificar las estrategias metodológicas plasmadas en el accionar del ISI en relación a su impacto en la comunidad científica y en el mundo de los negocios de la información corre exclusivamente por nuestra cuenta.↵
- En el año 2007, en una ponencia sobre la influencia de Bernal en la gestación del World of Sciences y en los sistemas de citación, Garfield destaca la gran influencia que tuvo en su formación el libro La función social de la ciencia y que en 1942 se discutía con mucha fuerza en la Universidad de Colorado. Que al ingresar al proyecto de la Biblioteca Médica Welch retomó el impacto de las ideas de Bernal, destacando su rol en la Conferencia Información Científica de 1948, explicitando que “El acta de la conferencia se convirtió en una biblia para mí como investigador en ciernes, en particular su idea de un centro de reimpresión centralizado estuvo en mis pensamientos cuando por primera vez imaginé el todavía no existente ISI en 1955.”↵
- “Shakespeare elegantly makes the point. Juliet knew very well that as a Capulet her family was at odds with Romeo’s –the Montagus. In the famous conversation from her balcony with Romeo in the street below the said ‘What’s in a name? That wich we call a rose by any other name would smell as sweet’. The rose wich was Eugene Garfield Associates altered its name, but not the nature of it’s activities, to The Institute for Scientific Information” (Cawkell y Garfield, 2001: 153).↵
- “Let me conclude by reminding you I was not trained as an historian or sociologist. The Science Citation Index was not planned as a tool for science evaluators. Rather, SCI was designed to improve the sharing of knowledge and efficient dissemination and retrieval of scientific information. Although I had an inkling of the impact factor in 1954 it was the later association whit mentors like Robert K. Merton, Harriet Zuckerman and other social scientists that made me appreciate its value for science policy” (Garfield, 2007).↵
- El libro de Renato Ortiz La supremacía del inglés en las ciencias sociales (2009) analiza exhaustivamente esta problemática. Hemos tomado algunas de sus ideas principales. Pero nosotros nos centramos en el impacto que tuvo la creación del ISI en la consolidación del inglés como lengua científica dominante.↵
- “El término (lengua franca) es recurrente y abarca a toda la literatura que se ocupa del tema; por lo general, se asocia con el latín, el idioma del saber en otros tiempos. La imagen es parcialmente verdadera pero encubre ciertas incongruencias. La expresión ‘lengua franca’ no figura en las descripciones de ninguna lengua románica; su aparición es tardía y data del siglo XI. Designa un tipo de habla intermedia que servía para la comunicación entre los cruzados de distintas naciones en la lucha por la cristianización del mundo islámico. Irónicamente, su origen es fruto de un malentendido: deriva de lisant-al-farang, del árabe. Porque los musulmanes asociaban a los invasores –más allá de sus orígenes– con los francos. Las incongruencias persisten incluso se consideramos el término en el comienzo de la Edad Media. Scientia equivalía a ‘un saber cierto’ y se aplicaba a la teología, la lógica, la física y las matemáticas. La astronomía y la óptica eran llamadas ciencias medias porque prestaban sus principios a otras disciplinas; la navegación, la contabilidad, la cirugía, la farmacia y la construcción de edificios eran especialidades prácticas o, mejor dicho artes. El latín era la lengua de la scientia; los otros saberes –desde las ciencias medias hasta las artes– se expresaban en idioma vernáculo. Tampoco se tiene en cuenta que, en la jerarquía social dominante, utilizar la lengua vulgar equivalía a desclasarse, a rebajarse; el latín no era solo una lengua franca sino un medio de comunicación prestigioso.” (Ortiz: 101-102).↵
- “La lengua sociológica está marcada por las exigencias de su soporte lingüístico. Ahora bien, contexto y lengua se conjugan mutuamente. El objeto sociológico se construye a través de la lengua; emplear este o aquel idioma no es fortuito, una mera sutileza de estilo, sino una dimensión decisiva en la formulación final. El discurso de las ciencias naturales se justifica porque consigue reducir el lenguaje, depurarlo de su residuo sociocultural, algo impensable para la comprensión de la sociedad. En este caso, el inglés no puede funcionar como lengua franca, no por cuestiones de principio morales o de orgullo nacional, sino en virtud de la naturaleza misma del saber construido.” (Ortiz, 2009: 112).↵













