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9 Feminismos críticos
y nuevos horizontes

Experiencias innovadoras promovidas por las mujeres en los movimientos sociales

Como se evidencia a lo largo de los capítulos, las mujeres que participan activamente en los movimientos sociales abordados, tanto en territorios urbanos como en territorios rurales, irrumpen de manera destacada en el escenario social, político, cultural y organizacional. A través de experiencias innovadoras, las mujeres organizadas han contribuido a cambiar sus vidas cotidianas y han interpelado y producido transformaciones en las organizaciones sociales y políticas. Sin lugar a dudas, las iniciativas emprendidas por las mujeres son fundamentales para proyectar sociedades más equitativas y participativas. Los procesos participativos analizados demuestran que las mujeres despliegan diversas experiencias de exigibilidad y justiciabilidad de derechos que han favorecido la gestación de ciudadanías plenas y subjetividades autónomas.

Los colectivos de mujeres que forman parte de los movimientos sociales en América Latina despliegan diferentes estrategias que promueven su participación. Generan espacios de contención, fortalecimiento y autonomía subjetiva. El fortalecimiento de los colectivos de mujeres es un proceso que implica una transformación particular, subjetiva, personal y colectiva. De esta manera, se establecen subjetividades políticas que se expresan en la creación de proyectos, relaciones y vínculos sociales alternativos, transformadores. El participar les posibilita problematizar sus trayectorias de vida de manera colectiva y generar espacios y proyectos en los que se promueven procesos de autoafirmación identitaria y subjetiva, configurando una política de reconocimiento e innovación.

La preocupación por la autosuperación se refleja en el ejercicio reflexivo propiciado particularmente por las mujeres. La reflexividad en los movimientos sociales, y en especial en las mujeres que lo integran, es una práctica colectiva que facilita la mirada introspectiva personal, la revisión de situaciones personales y cotidianas, como también la apertura de nuevos horizontes y expectativas de vida. Se promueve una praxis en la que se cuestiona el poder y se lo analiza en todos intersticios. En este sentido, impulsan una fuerte crítica al patriarcado como sistema de dominación que opera en conjunción con el colonialismo y el capitalismo. Las mujeres de los diferentes movimientos sociales analizados en este estudio presentan una fuerte identidad feminista que reflexiona sobre las especificidades propias de un feminismo nacido en América Latina en diálogo con diversas experiencias y teorías emancipatorias. En este camino las mujeres organizadas y de manera colectiva profundizan el cuestionamiento a las reglas de dominación impuestas por el patriarcado. Pero no dejan de señalar críticamente las desigualdades sociales, raciales y étnicas.

Las experiencias colectivas promovidas por mujeres que participan en los movimientos sociales estudiados son significativas en términos personales, organizacionales y societales. Desde diversas iniciativas, se observa que las mujeres emprenden diferentes prácticas en el campo de la economía, de la formación/educación, y del quehacer comunitario e identitario como mujeres, que favorecen la inclusión y la equidad. Las propuestas de construcción de alternativas ligadas a la soberanía alimentaria en el caso de las mujeres rurales (intercambio y conservación de semillas, creación de bancos de semillas nativas, ferias comerciales, cooperativas, investigaciones, asociaciones) promueven prácticas de equidad colectiva y favorecen procesos participativos. En el caso de las mujeres urbanas, sobresalen iniciativas colectivas vinculadas al combate de la violencia de género, en términos simbólicos, pero también a materiales de acompañamiento; por otro lado, adicionalmente se encuentran estrategias vinculadas a la promoción y prevención de la salud, etc.

Desde los diferentes relatos de vida, se visualizan las historias personales entrecruzadas con las trasformaciones subjetivas vividas desde que se involucran en el colectivo, en los procesos de participación desarrollados desde los movimientos sociales. Uno de los impactos de importancia que se registró es la coparticipación con otras mujeres (encuentros, procesos de formación, acciones, etc.), lo que favorece la problematización y la transformación de roles tradicionales y el protagonismo en el ámbito de negociación en lo público y privado. Los cambios subjetivos son trascendentales para las mujeres por los aportes materiales, simbólicos y culturales que les proporcionan ser parte de un colectivo organizado y les permiten cambiar sustancialmente sus autobiografías personales y proyectos vitales.

Por otra parte, las prácticas autogestivas y los emprendimientos cooperativos impulsados por las mujeres que participan en los movimientos sociales son significativos y trascendentes. Los emprendimientos cooperativos y los proyectos productivos favorecen la autonomía de las mujeres en términos materiales, simbólicos y subjetivos. Lograr las condiciones para la independencia económica de las mujeres es parte central de esos procesos. Estas iniciativas han facilitado problematizar el rol de las mujeres en la producción, pero también en la distribución económica.

En los colectivos de mujeres estudiados, la reflexión del territorio cuerpo se transforma como fuente fundamental para concretar la soberanía propia, personal y del colectivo de mujeres. Recuperar y defender el cuerpo es una batalla política, y también implica de manera conscien­te provocar el desmontaje de los pactos masculinos con los que se convive, y cuestionar y causar el des­montaje de los cuerpos femeninos en clave con procesos de ciudadanía y libertad. Se problematizaron los ejes de la sexualidad y la afectividad en la vida de las mujeres. En las mujeres la dimensión del cuerpo aparece como un instrumento de lucha. En este sentido, las experiencias de formación/educación promovidas por las mujeres son uno de los factores clave para los procesos de exigibilidad de género y transformación subjetiva. Los colectivos de mujeres que forman parte de los movimientos sociales despliegan diferentes estrategias que favorecen su participación. Desarrollan espacios de formación donde reflexionan críticamente sobre el impacto del modelo sobre sus cuerpos y cotidianeidades y, al mismo tiempo, revisan el poder de dominación que ejerce sobre ellas el patriarcado en su vida cotidiana y afectiva y en su propia subjetividad. Estos espacios facilitan un reconocimiento de su condición como mujeres y propician subjetividades críticas.

En el caso de las mujeres rurales, son destacables las iniciativas de cursos de formación respecto al análisis histórico de los procesos de dominación femenina y el rescate de la construcción política de las mujeres, y, por otro lado, toda la investigación y formación que desarrollan en lo que respecta al modelo de producción agroecológico que aporta a la dimensión de la soberanía de los territorios y a la identidad como mujeres campesinas. Particularmente, los procesos de formación entre mujeres rurales de diferentes partes del continente propiciados por la Vía Campesina son otro de los aspectos sustanciales que manifiestan. Por otro lado, cabe aclarar que el acercamiento cualitativo respecto al Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra fue diferencial y acentuado, debido a la magnitud, inserción territorial, trascendencia y continuidad histórica. A lo largo de más de treinta y cinco años de vida, este movimiento social ha logrado impulsar e instalar agendas temáticas diversas y nuevas formas de sociabilidad. Es relevante la cultura participativa del MST relacionada con la metodología y forma de organización que el movimiento ha ido construyendo. La experiencia educativa del MST emerge de manera destacada conquistando campos educativos, investigativos y de construcción de conocimiento colectivo, lo que constituye un proceso instituyente, con la consolidación de una novedosa pedagogía del campo. Además, se destaca en términos de producción agroecológica y agroforestal, actualmente es condición central de la experiencia política del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra. Las propias mujeres del MST teorizan sobre su feminismo, el feminismo campesino y popular, que significa cambiar las relaciones entre las personas y con el medio ambiente. Reafirmaron que el sentido de sus luchas es un sentido feminista por la autonomía y emancipación de las mujeres.

Por otra parte, los procesos de formación autogestivos emprendidos por las mujeres urbanas son importantes, ya que trabajan la problemática de género en cursos de capacitación, elaboran materiales que promueven la prevención de la violencia y los derechos sexuales reproductivos. Uno de los aspectos más destacables que subrayan las mujeres es la experiencia de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres e Identidades Disidentes que se realizan en Argentina desde hace más de 30 años. Se rescata la importancia de los procesos de alfabetización jurídica en el abordaje de procesos de exigibilidad de derechos y los cambios en materia de legislación en los tres países analizados.

La importante presencia de mujeres de sectores populares organizadas interpela a las sociedades contemporáneas a través de prácticas de ejercicio de derechos, hecho trascendente en este contexto. La participación comunitaria, social y política de las mujeres potencia sus subjetividades, enriquece sus vidas cotidianas e incide positivamente en la configuración de los nuevos movimientos sociales. La garantía de posibilidad para superar las barreras históricas de las mujeres se evidencia a través del ejercicio de ciudadanía activa de las mujeres en Argentina y en la región. Las mujeres tanto rurales como urbanas se identifican con un feminismo latinoamericano. En el caso de las mujeres urbanas, se reconocen como integrantes de lo que se denomina como “feminismo popular y latinoamericano”. Y en el caso de las rurales, se definen como parte de un “feminismo campesino popular”, en el que interviene muy fuerte el rescate de su identidad como mujeres rurales. Las iniciativas emprendidas por mujeres son importantes para proyectar sociedades más equitativas y participativas. Los procesos de participación de las mujeres envuelven diversas experiencias de exigibilidad y justiciabilidad de derechos que han favorecido ciudadanías plenas.

La participación de las mujeres en los movimientos sociales adquiere una significación relevante cuando se propone reflexionar sobre las transformaciones en el campo de lo social, lo histórico, lo cultural, lo territorial y lo político en las últimas décadas. Las mujeres, a través de su participación e intervención activa y creativa, han contribuido sustancialmente a resistir las políticas neoliberales implementadas en nuestro país y en América Latina. El movimiento de mujeres se ha visibilizado fuertemente en las sociedades de la región. Diversas propuestas alternativas/sustitutivas se desenvuelven en América Latina promovidas por mujeres en materia de producción sustentable y alimentaria, que favorecen el cuidado del medio ambiente y de todas las formas de vida y la revalorización de las prácticas y cultura campesina través de la agroecología. La aparición en el escenario social y político del movimiento de mujeres es contundente y pone en relieve la existencia de un proceso de violencia cruenta que se ejerce sobre ellas. La acción colectiva multitudinaria promovida por las mujeres participantes pone en manifiesto un ejercicio real de ciudadanía que cuestiona a las sociedades en su conjunto sobre la dimensión del problema de la violencia hacia las mujeres, el control sobre los cuerpos y las escasas respuestas existentes por parte de las políticas públicas.

Las mujeres que participaron de la investigación van constituyendo a través de sus relaciones intersubjetivas cambios subjetivos sustanciales, que posibilitan otras trayectorias vitales. Las trayectorias subjetivas por las que transitan tienen núcleos interpeladores fuertes hacia las subjetividades tradicionales que abarcan ciertas expectativas sociales y comprenden una ruptura tajante con ciertas costumbres, hábitos cotidianos y modelos. La visibilidad crítica de las dificultades históricas de las mujeres para participar en los espacios públicos y en la vida política es tomada en consideración en los nuevos movimientos sociales. Surgen diversas estrategias de resistencia, de deconstrucción del sistema de opresiones, de construcción y visibilización de la puesta en práctica de propuestas más igualitarias e inclusivas impulsadas por el colectivo de mujeres de movimientos sociales mixtos y no mixtos. En este camino, las mujeres organizadas y de manera colectiva profundizan el cuestionamiento a las reglas de dominación impuestas por el patriarcado y el modelo de desarrollo actual que impacta desfavorablemente sobre la agricultura tradicional, y, en el caso de las mujeres urbanas, han generado estrategias colectivas en pos de ciudades más inclusivas. Pero no dejan de señalar críticamente las desigualdades sociales, raciales, étnicas y etarias. En los movimientos sociales tanto urbanos, como rurales aparecen nuevos instituyentes protagonizados por mujeres, su presencia invita a la reflexión de la configuración, la dinámica y las necesidades de los sujetos involucrados en el proceso. Es un dato importante que el proceso de participación política, comunitaria y grupal promueve subjetividades en transformación en el proceso participativo y colectivo que impulsan subjetividades activas. Las mujeres, al vivenciar experiencias colectivas, fomentan el pasaje de subjetividades aisladas a subjetividades entramadas. De subjetividades en resistencia a subjetividades en potencia. Es indudable que la participación comunitaria, social y política de las mujeres potencia sus subjetividades, enriquece sus vidas cotidianas e incide positivamente en la configuración de los nuevos movimientos sociales. La subjetividad emergente en el proceso colectivo y ese tránsito colectivo y organizado posibilitan problematizar su condición de mujeres oprimidas y alcanzar procesos de autonomía. Las mujeres pasan de sentirse resignadas, desvalorizadas como objeto sexual, etc., a sentirse liberadas, autónomas, activas, amorosas, fuertes, vinculadas con otras, etc. A través de su participación e intervención activa y creativa, han contribuido sustancialmente a la visibilización y problematización de la violencia hacia ellas.

El movimiento de mujeres en los casos analizados cuenta con una importante presencia de mujeres de sectores populares organizadas que interpelan a las sociedades contemporáneas a través de prácticas de ejercicio de derechos en espacio público. El cuestionamiento de la participación de las mujeres se desdobla en dos sentidos, hacia las instituciones hegemónicas que obstaculizan la participación igualitaria de las mujeres, y también hacia las dinámicas organizacionales impulsadas por los propios movimientos sociales que buscan cambios. Al mismo tiempo, la vigencia de la cultura patriarcal sobre el cuerpo, las subjetividades y el mundo de las mujeres obstaculiza su realización plena como sujetas. La garantía de posibilidad para superar las barreras enunciadas son las prácticas instituyentes, los procesos de empoderamiento y autogestión, participación y ejercicio de ciudadanía de las mujeres. Las iniciativas emprendidas por ellas son importantes para proyectar sociedades más equitativas y participativas. Los procesos de participación de las mujeres envuelven diversas experiencias de exigibilidad y justiciabilidad de derechos que han favorecido ciudadanías plenas e inciden en sus subjetividades positivamente.

Por último, en lo personal, en este camino como investigadora y educadora, asumí el compromiso ético de seguir profundizando dentro del área de la psicología social comunitaria, en el campo de entrecruzamiento entre los procesos de producción de subjetividad, los movimientos sociales y el feminismo. La necesidad y la posibilidad de abordar estas temáticas fueron posibles por el trabajo que realizo desde hace más de diecinueve años en el campo de la educación popular con mujeres de sectores populares y por mi implicancia en la investigación y docencia en la Universidad de Buenos Aires desde distintos proyectos de investigación. Este recorrido fue sustentado por mi compromiso personal, que, al mismo tiempo, posibilitó no solamente el acceso, sino principalmente la confianza y el vínculo que se gestó con cada una de las mujeres que participaron de la investigación. En el proceso de acercamiento y encuentro con cada una de ellas, fuimos conjuntamente reconstruyendo sus historias de vida, logros, rupturas y devenires posibilitados por la participación en procesos colectivos de lucha y exigibilidad de derechos. En este sentido, son más que oportunas estas palabras de Paulo Freire (1969): “La libertad se adquiere mediante la conquista, no como un regalo. Debe llevarse a cabo constantemente y de manera responsable”.

La acción colectiva promovida por las mujeres pone de manifiesto un ejercicio real de ciudadanía sustentado en propuestas y proyectos colectivos e innovadores. La práctica de investigación fue, sin lugar a dudas, una experiencia de construcción colectiva de conocimientos sumamente gratificante que posibilitó un proceso de enriquecimiento al campo de la psicología social comunitaria producida en el contexto latinoamericano. En este recorrido se visualizan nuevas complejidades, problemas y respuestas que como sociedades contemporáneas debemos enfrentar y como disciplina de la ciencia social debemos trabajar profundizando en el análisis y abordaje. Indudablemente, dentro de la psicología social comunitaria, la corriente feminista latinoamericana demanda una mayor preocupación por los temas de género, etnia y raza en el quehacer comunitario y territorial. La investigación acción participativa, desde la convergencia con la psicología social comunitaria, la educación popular y el feminismo, pone en relevancia la consideración de la posición de las mujeres como sujetas productoras de conocimiento científico y no como objetos de análisis de la ciencia. Esto, además de aportar a la humanización de la ciencia, devela la importancia de profundizar en investigaciones vinculadas a la producción de subjetividades y acciones en relación con el fortalecimiento material y simbólico de las mujeres en las que se propicien procesos de autonomía y dignidad singulares y colectivos. Al mismo tiempo que este tipo de estudios traen consigo aportaciones novedosas que permiten visibilizar a las mujeres como sujetas activas que contribuyen a dar respuestas creativas frente a cuestiones urgentes que atraviesan nuestras sociedades contemporáneas en el campo de la existencia, emparentadas con nuevas lógicas, nuevos paradigmas y propuestas relacionadas con el buen vivir, las emancipaciones, las libertades y la ética del cuidado como un valor público para la construcción de ciudadanías protagonistas.



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