Tomar en cuenta las voces y experiencia de las mujeres como parte de los métodos de investigación asegura que las mujeres, tanto investigadas como investigadoras, sean productoras de conocimientos. […]. En la investigación acción, la palabra y el actuar de las personas son las fuentes directas de información a interpretar. Esto permite nombrar, deconstruir y problematizar las situaciones vividas, en la medida que la realidad se materializa cuando es nombrada por quien la ha vivido y de esa manera hay la posibilidad de transformarla.
Ballesteros, 2010
5.1. Lo cualitativo y la investigación acción participativa
Se trata de una investigación acción participativa (IAP), exploratoria-descriptiva. La IAP es una metodología en la cual participan y coexisten dos procesos: conocer y actuar. Por tanto, favorece en los/as actores/as sociales el conocer, analizar y comprender mejor la realidad en la que están inmersos, sus problemas, necesidades, recursos, capacidades, potencialidades y limitaciones; el conocimiento de esa realidad les permite reflexionar, planificar y ejecutar acciones tendientes a mejorar y transformar significativamente aquellos aspectos que requieren cambios (Colmenares, 2011). Desde el análisis cualitativo, se buscó integrar conocimiento, reflexión y acción. Según Minayo (2009), la metodología cualitativa se destaca por incorporar la cuestión del significado y de la intencionalidad como inherentes a los actos, a las relaciones y a las estructuras sociales.
Es notorio el enorme impacto sobre las prácticas de la psicología social que han tenido la tradición metodológica cualitativa, la epistemología feminista, las posiciones gays y lésbicas y, sobre todo, la búsqueda de un encuentro con el resto de las disciplinas humanas y sociales (Íñiguez Rueda, 2003). La epistemología feminista está particularmente interesada en la experiencia de las mujeres (Flax, 1983: 270). Desde está epistemología se indagó sobre lo que se denomina “sistema de sexogénero”, que se define como “el conjunto de disposiciones por las cuales una sociedad transforma el hecho de la sexualidad biológica en productos de la actividad humana” (Rubín, 1998: 97). La epistemología feminista acentúa el conocimiento no solo como producto colectivo, sino también como práctica o ejercicio social (Dauder, 2003: 53).
La epistemología feminista […] identifica las concepciones dominantes y las prácticas de atribución, adquisición y justificación del conocimiento que sistemáticamente ponen en desventaja a las mujeres porque se les excluye de la investigación, se les niega que tengan autoridad epistémica (Blázquez, 2010: 22).
Por otra parte, es un enfoque solidario con el posicionamiento de la investigación acción participativa (IAP). La IAP, como estrategia metodológica, es comprendida como un proceso dialéctico continuado a partir del que se analizan hechos, se conceptualizan problemas y se planifican y se ejecutan acciones en procura de una transformación de los contextos y de los propios sujetos que son parte de ellos. Por lo cual se revalorizan los espacios colectivos como potenciales para colaborar en la articulación de diversas propuestas participativas feministas que emprenden trabajos en pos de la igualdad de géneros y derechos humanos. La metodología propuesta, la investigación acción participativa (IAP), es un proceso que incluye simultáneamente la investigación científica, la formación y la acción política, que considera el análisis crítico, el diagnóstico de situaciones y la práctica como fuentes de conocimiento, a la vez que permite dar poder (empoderar) a las personas que participan activamente en el proceso de investigación (Flamtermesky, 2014). En este sentido, la estrategia metodológica buscó que las mujeres puedan dar cuenta de su experiencia desde los “lugares intelectuales y emocionales” más a su alcance, reivindicándolos como poder y no como despoder (Jara Holliday, 2014). Asumiendo que el conocimiento profundo deviene de prácticas transformadoras que promueven cambios vitales y otras formas de estar en el mundo, produciendo efectos tanto en el plano de lo personal como en el de lo grupal o para toda la sociedad (Villasante, 2019). La investigación-acción participativa quiere ser a la vez puente hacia formas más satisfactorias de explicación de las realidades y herramienta de acción para trasformar esas realidades (Fals Borda, 1993). La IAP se inserta en la psicología crítica y –de forma similar a la investigación feminista– emerge como una disciplina que es especialmente sensible a la producción histórica de conceptos, y que, para favorecer ese abordaje, no prescribe bases epistemológicas específicas (Parker, 1999). Por el contrario, la psicología crítica y las perspectivas críticas en general tienden a ser transdisciplinarias, siendo precisamente ese cruce disciplinario el que permite posicionarse críticamente (Parker, 1999).
Desde la presente investigación feminista, se incluyó entre sus presupuestos el convencimiento de que la diferencia de sexo/género afecta, de algún modo, a la elaboración de la ciencia y el conocimiento (Martín Palomo y Muñoz Terrón, 2014). El feminismo es un aporte a la unidad humana porque devela la separación real entre los seres humanos y la intolerancia a la diversidad, de ahí que sea a la vez una crítica de la cultura y una cultura nueva (Lagarde, 2005: 85). Además, entiende que los asuntos denominados “personales” están insertos en dinámicas más amplias a las que constituyen y por las que son constituidos, en vínculos de dominación y resistencia. Y su análisis supone procesos singulares y colectivos de agenciamiento para posibilitar la exigibilidad de derechos (Zaldúa, Longo, Lenta y Sopransi, 2014). La acción feminista es una confrontación con la misoginia, la negación y la violencia contra el espacio vital de las mujeres, que ellas emprenden cuando se reconocen y dialogan entre sí. En otras palabras, el feminismo es una acción del entremujeres ahí donde el entremujeres es mal visto, menospreciado, impedido, es objeto de burla o de represión: el feminismo es un acto de rebeldía al statu quo que da pie a una teorización (Gargallo Celentani, 2012). Desde la epistemología feminista, se acentúa en la urgencia de promover una mejor ciencia y se llama la atención sobre el privilegio epistémico del conocimiento científico sustentado en su objetividad, universalidad, neutralidad y racionalidad, que se tambalearía de admitir que el sexismo y el androcentrismo impregnan la ciencia –en cuanto institución social, ocupación, prácticas científicas, lenguaje y metáforas, metodología y contenidos–.
5.2. Entrecruzando miradas: abordaje cualitativo y epistemología feminista, educación popular y psicología social comunitaria
La investigación participativa debe analizarse como un proceso de producción de conocimiento colectivo a través de la cual la comunidad identifica problematiza sus necesidades, problemas y demandas (Sirvent, 2003). La opción epistémica y metodológica de la investigación acción participativa (IAP) se basa en una ética relacional, no reificante de la otredad, y comprende la investigación y la intervención comunitaria como parte de un mismo proceso de coconstrucción de conocimientos dirigidos a la transformación social de las condiciones de vida de los sectores sociales excluidos (Fals Borda, 1985; Montero, 2003; Zaldúa, 2008; Sopransi, 2011). Se trata de una forma de producir conocimiento que cuestiona la idea de la ciencia tradicional en la que solamente los científicos deben formular prioridades. En la actualidad, se requieren esquemas de acción y pensamiento abiertos a formas más dinámicas de producir conocimientos y cambios, a espacios que faciliten el debate y la formación de consensos, tomando como referencia metodologías desafiadoras frente a la realidad compleja en la que vivimos (Minayo, 2004).
El análisis crítico en la producción de conocimientos necesariamente implica relacionar el desafío epistemológico de construir un nuevo paradigma con el desafío ético de construir un nuevo modelo de praxis en el seno de un escenario histórico donde opera el choque de intereses sociales opuestos y una estructura de poder y dominación. Es decir, el análisis de las perspectivas de la investigación es un acto de desarrollo cognitivo, pero al mismo tiempo es un desafío ético y político (Breilh, 2002).
Desde el punto de vista ético, se acudió a trabajar desde los estudios de las mujeres a fin de propiciar una investigación que se centre en principios de la igualdad de género y no discriminación y, por otro lado, de conocer las realidades y trasformaciones subjetivas de quienes participan en movimientos sociales rurales y urbanos de tres países distintos. El estudio se centra en mujeres que transitan en territorios urbanos y rurales a la luz de los procesos históricos de aceleración, la drástica pérdida de sustentabilidad urbana y la profunda inequidad urbana, así como del papel de la nueva ruralidad capitalista monopólica (Breilh, 2010). Reconociendo que se trata de realidades complejas en un juego de interrelaciones políticas, económicas, sociales, culturales, de género, personales, históricas, temporales y espaciales que ocurren dentro del contexto (Creswell, 1998; Stake, 1995; Yin, 2003).
Desde esta experiencia, se han propiciado procesos de IAP como instancias colectivas que contemplaron lo siguiente: trabajo de campo; ajustes y discusión; revisión; control de la información recolectada; y devolución e interpretación de datos. El proceso de investigación se basó en un sistema de discusión, indagación y análisis en el que las investigadas activamente formaron parte del proceso al mismo nivel que el investigador/a (Hall, 1983). Se trabajó desde un contexto investigativo más abierto y procesual de modo que los propios resultados de la investigación se reintrodujeran en el mismo proceso para profundizar en ella (Villasante, 1994).
La epistemología feminista intenta comprender, explicar, interpretar y desmontar los conocimientos que han sustentado el androcentrismo en la ciencia (Castañeda, 2008: 11). La investigación feminista está teñida de una inquietud específica por los aspectos teóricos, políticos y éticos en la investigación social, siendo esta su característica distintiva (Ramazanoglu y Holland, 2002). Se preocupa por las vivencias de las mujeres, por sus experiencias, por sus subjetividades, y contribuye a visibilizarlas (Araújo y Magalhães, 2000: 22). La psicología social comunitaria (PSC) enfrenta los problemas de las comunidades, pero también estudia los aspectos subjetivos, analiza la cotidianeidad de las personas y revaloriza los aportes de la vida cotidiana y su relación respecto a los procesos de emancipación. La psicología comunitaria se constituyó con una clara orientación respecto al modo de abordar problemáticas psicosociales, implicando y explicitando los procesos políticos involucrados en la reproducción de las injusticias sociales y en la construcción transformadora de las comunidades más pobres y marginadas (Montero, 2003). La perspectiva de la praxis psicosocial facilita entender las necesidades como aspectos de la cotidianeidad y los sentidos como insatisfactorios, problemáticos, perturbadores y limitantes de un modo de vida al que no se tiene derecho (Montero, 2001). Y vincula la producción de subjetividades como una instancia activa, histórica, de construcción y producción colectiva de lazos sociales. En términos generales, la psicología comunitaria se orienta hacia intervenciones que problematizan las realidades de las comunidades. La psicología social comunitaria, desde la perspectiva crítica y de la liberación, interroga sobre las dimensiones de la participación y el compromiso comunitario, en sus efectos de satisfacción de necesidades, de promoción de la ciudadanía y de la sociedad civil (Zaldúa, Sopransi y Veloso, 2005). La interpelación desde las reflexiones y demandas del feminismo han sido relevantes para visibilizar diversos aspectos vinculados a la desigualdad de género y la discriminación de las mujeres.
Las subáreas de interés delimitadas son dimensiones que atraviesan a los movimientos sociales contemporáneos: la participación social, la vulnerabilidad psicosocial, el género, las estrategias colectivas (solidaridad-sororidad), los cambios en la subjetividad y procesos de construcción de autonomía y exigibilidad. La psicología comunitaria enfrenta los problemas de las comunidades, pero estudia los aspectos subjetivos que contribuyen a una mayor incidencia de las determinaciones. Vincula la producción de subjetividades con la dimensión histórica, la construcción y producción colectiva de lazos sociales identitarios. En este sentido, se comprende la subjetividad como una instancia activa, como un campo complejo en el que intervienen diversos aspectos. Por esto resulta interesante considerar la influencia y el diálogo del feminismo, la IAP, la psicología social comunitaria y la educación popular en el desarrollo de procesos de concienciación y reflexividad y la revalorización de la dimensión personal (Íñiguez Rueda, 2003).
La IAP es una metodología que ordena/organiza un conjunto de técnicas y las orienta en un cierto sentido democratizador (Alberich, 2008). Se recurrió a la educación popular, que propone la elaboración de dispositivos de planificación y evaluación participativos tendiendo a la coconstrucción de estrategias de reapropiación colectiva. Los procesos de educación popular insisten respecto a la autonomía de los/as sujetos/as, asumen los problemas de las comunidades y estudian los aspectos subjetivos. La educación popular feminista incorpora un análisis sobre la intersección entre la opresión de género, raza, etnia y clase, y aplica esto a todas las relaciones de poder y dominación. También ha desarrollado una metodología integrada, que comprende el cuerpo, el espíritu, el corazón y la mente, incluyendo a la persona completa, la vida íntima diaria de mujeres y hombres, a la vez que sus vidas laborales y comunitarias (Nadeau, 1996). La epistemología feminista surge y se construye como reacción ante la tradición científica positivista instaurada en la modernidad capitalista y patriarcal y se erige en contra de ella,
estudia la manera en que el sistema sexo-género influye y debería influir en nuestras concepciones del conocimiento y en los métodos de investigación y de justificación […]. Al hacer esta reflexión rompe al igual que otros pensamientos críticos, con el positivismo (Harding, 1991, citado en Nicolás, 2009: 26).
Las contribuciones de la epistemología feminista son especialmente reseñables por su histórica invisibilización y por sus importantes aportes al proceso de apertura del debate epistemológico a través de nociones como “conocimiento situado” y “autonomía”, entre otras (Casado Baides, 2018). La autonomía se va constituyendo en la experiencia, es un proceso emparentado con experiencias de decisión y de responsabilidad (Freire, 1997). Supone, pues, un proceso de autoanálisis y una búsqueda prolongada y conflictiva sustentada en el reconocimiento del otro y en el autorreconocimiento, así como en la recuperación del valor de la dignidad. La autonomía implica audacia para crear significados y valores nuevos, desafiando significados estériles y cristalizados. Desde ella, se posibilitan nuevas lógicas instituyentes, de redes interactivas y soportes solidarios, y a la vez se propicia una subjetividad más libre de mandatos e inercias paralizantes (Zaldúa, Sopransi y Longo, 2007). Se rescata el vínculo que se produce entre el paradigma de la educación popular, la psicología social comunitaria y el feminismo, integrando las problemáticas de géneros, clase y etnia.
5.3. Estudio de casos múltiples
El presente trabajo se basa en un estudio de casos múltiples. No hay una única forma de hacer investigación cualitativa, sino una diversidad de enfoques que comparten una serie de características, si bien existe un acuerdo generalizado en considerarla un proceso de interpretación de la realidad (Rodríguez, Gil y García, 1996; Eisner, 1998; Bolívar y otros, 2001; Wiesenfeld, 2000; Sandín, 2003; Cala y Trigo, 2004). La investigación cualitativa incluye la recolección y el uso estudiado de una variedad de materiales empíricos –estudios de caso, experiencia personal, introspección, historias de vida, entrevistas, textos de observación, históricos, de interacción y visuales– que describen la rutina, los momentos problemáticos y los significados en la vida de los/as individuos, desplegando un amplio rango de métodos interrelacionados (Denzin y Lincoln, 1994). El estudio de casos múltiples parte del paradigma cualitativo. Como afirman Bogdan y Biklen (2003), el estudio de casos múltiples se da cuando los investigadores estudian dos o más sujetos, ambientes o depositarios de datos. Ander-Egg (2003: 313) señala que el estudio de caso consiste en un tratamiento global/holístico de un problema, contenido, proceso o fenómeno, en el que se centra todo el foco de atención investigativa. Yin (1994) afirma que el motor para realizar estudios de casos proviene del deseo de entender fenómenos sociales complejos. El método cualitativo presenta una serie de ventajas epistemológicas y metodológicas para la comprensión y el análisis de realidades sociales complejas (Álvarez, 2000; González, 2002). El estudio de casos múltiples es un conjunto de casos que se estudia de forma conjunta para investigar un determinado fenómeno, población o condición general. Se trata de un estudio instrumental extendido a varios casos. Estos pueden ser similares o no, ya que no es necesario conocer de antemano si tienen alguna característica en común (Gómez, 2009).
La presente investigación tomó como referencia tres casos analizados:
- Mujeres que participan en movimientos sociales urbanos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, Argentina.
- El Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil.
- La Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas de Paraguay (CONAMURI).
Este tipo de estudio proporciona un conocimiento más amplio y preciso de la situación y los casos seleccionados. Permite estudiar intensivamente aquellas dimensiones que, dada la sistematicidad y profundidad de la observación y el análisis, se perfilan como significativas respecto del problema. El estudio de caso se acerca a una situación compleja. Se basa en el entendimiento comprensivo de dicha situación, a través de su descripción y análisis, tomada como un conjunto y dentro de su contexto (Morra y Friedlander, 1999). Tiene como propósito principal conocer lo personal y su entorno, sus dificultades, problemas y necesidades. Se pretende tener una comprensión global de la situación del caso que se analiza, realizando el estudio más con testigos personales que con documentos (Ander-Egg, 2003: 317). El estudio de casos múltiples es una herramienta para poder rescatar la “voz” de sujetos que de otra manera no serían escuchados, de cada uno de los sujetos enmarcados en una experiencia (Ramírez Figueroa, 2014).
Desde el abordaje de estudio de casos múltiples, se utilizó la técnica de relato biográfico que se enmarca en el enfoque narrativo con la intención de recoger las vivencias, prácticas y concepciones del mundo de quien reflexiona y narra sobre su vida. Semejante a la superficie de un espejo, la autobiografía refleja la identidad y, en el caso específico de las mujeres, nos acerca a los sentidos, la representación de su subjetividad y de su propia experiencia (Lau, 2005). Y tiene como objeto comprender las experiencias humanas mediante la interpretación de la narración de sus vidas (Medrano Samaniego, 2001). Se trataría de dar sentido a los datos narrativos (Cala y Trigo, 2004). Esta metodología cualitativa no solo ver permite los diferentes ámbitos, fases y momentos de una situación compleja en sí misma, sino que se muestra sensible ante determinados temas, como los de las emociones, los contextos y las interacciones sociales (Beiras, Cantera Espinosa y Casasanta García, 2017). Dicha investigación se distingue por el subjetivismo, el investigador y lo investigado son inseparables, el relativismo, su carácter dialéctico o hermenéutico y un estilo de redacción en el que se utilizan las voces personales y definiciones limitadas, entre otros (Onwuegbuzie, Leech y Collins, 2010). En este sentido, la verdad y el conocimiento válido se construyen desde el consenso entre los/as miembros de la comunidad, en un proceso de negociación que establece lo que se considera y acepta como bueno (Lincoln y Guba, 1999; Smith y Deemer, 2000). Al conocimiento verdadero, se accede mediante el diálogo; por tanto, se pasa de una validez objetiva a una validez comunal a través de la argumentación de los participantes en el discurso. Esta validez comunal nunca está fijada o es invariable, sino que es creada por la comunidad y está condicionada por el momento histórico y temporal donde vive la comunidad. Es una nueva forma de rigor, un rigor consensuado y negociado que permite hacer visibles los distintos puntos de vista en la interpretación (Hodder, 2000; Denzin, 1998). Este tipo de validez se asocia también con una serie de consideraciones éticas o morales de emancipación y búsqueda de lo auténticamente humano (Lincoln y Guba, 2000).
5.4. Dispositivo de trabajo
En la investigación se utilizan diversos instrumentos: entrevistas autobiográficas, talleres, grupos focales, observación participante y participación de eventos (seminarios, encuentros, acciones) organizados por las mismas mujeres que integran los movimientos sociales estudiados. Particularmente, se realizaron 40 entrevistas con enfoque autobiográfico. Enmarcada en la IAP, se potenciaron los procesos de comprensión e investigación colectiva, el poder comunicativo y la capacidad colectiva. Entendido como proceso de deliberación y legitimidad de los discursos en lo público y las prácticas sociales, se abordaron temas, problemas, cuestiones que habilitan posibilidades de acción y operan en lo comunitario, en la subjetividad y la intersubjetividad. De este modo, se intentó articular las condiciones de vida, lo local y global, lo personal y lo político (Kemmis y Taggart, 2013). Asimismo, se trabajó desde una epistemología feminista y en un proceso de reflexividad de “mujeres situadas” con conocimientos y experiencias específicos que abarca también a la investigadora con sus peculiaridades de género, clase, raza, cultura, trayectoria (Olesen, 2012).
Desde los aspectos metodológicos vinculados con la psicología social comunitaria, se intentó acentuar en el campo de entrecruzamiento de los procesos de producción de subjetividad, los movimientos sociales, la participación social y el género. La psicología comunitaria enfrenta los problemas de las comunidades, pero estudia los aspectos subjetivos que contribuyen a una mayor incidencia de las determinaciones. Desde la investigación acción participativa (IAP), se trabajó con modelos emparentados con la educación popular pertinentes para la intervención y el análisis contextualizado de los discursos y textos que emergen en el proceso investigativo (Obando, 2009). La IAP constituye una poderosa herramienta para promover la participación ciudadana porque presta atención a las conexiones entre condiciones de opresión, los aspectos subjetivos y el comportamiento social (Serrano-García, 2004). Analiza la realidad concreta de vida y la cotidianeidad. Sin dejar de comprender que la subjetividad está atravesada por los modos históricos de representación con los cuales cada sociedad determina aquello que considera necesario para la conformación de sujetos aptos para desplegarse en su interior (Bleichmar, 2004). Examina la subjetividad en su vinculación con el sentir, pensar y hacer de los/as sujetos en relación consigo mismo y con los/as otros/ as. Vincula la producción de subjetividades con la dimensión histórica.
Toda práctica investigativa como actividad pública implica curiosidad, apertura, capacidad de asombro que además incluye una reflexividad comprometida en el marco de relaciones con las personas con quienes se trabaja y con el contexto cotidiano en donde se desarrolla la investigación (Dobles Oropeza, 2018). Por lo expresado, el procedimiento investigativo tuvo como punto de partida participar de forma directa y comprometida en los diversos procesos promovidos por las mujeres que participan de los movimientos sociales estudiados. En el trabajo de campo, se desplegaron diferentes técnicas y procedimientos dialógicos (entrevistas autobiográficas, entrevistas en profundidad, observación activa y participante, grupos de discusión, talleres participativos, participación de eventos e iniciativas promovidas por las propias mujeres, diarios de campo). El estudio contempló instancias de convivencia prolongada (especialmente en el caso del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil y de CONAMURI Paraguay) que proporcionaron un vínculo indisociable con el contexto específico investigado y en el que se pudo desarrollar una observación directa y profunda que permitió recoger una visión global del ámbito social estudiado. El conjunto de técnicas, tecnologías y procedimientos utilizados facilitaron el reconocer e incorporar en la investigación los intereses y las posiciones (también políticas) de las mujeres de las organizaciones sociales abordadas (Offen, 2009). En el proceso de investigación y elaboración de los datos recolectados, se intentó rescatar los procesos dinámicos vividos por las mujeres, incluyendo los logros, las dificultades y los cambios percibidos. Esto fue facilitado por la flexibilidad metodológica utilizada y por la combinación de diferentes estrategias de producción de información y análisis de los datos (Flick, 1990; Martínez, 1999). De esta manera, se fueron coconstruyendo interrogantes reflexivos y apreciativos y relatos que permitieron desplegar y desarrollar una subjetividad crítica en la que prevalecieron el respecto y la valoración de la diversidad y del contexto y la importancia otorgada a las voces de las sujetas sociales. Se apuntó a propiciar un diseño participativo y conversacional para la generación de marcos reflexivos que, al mismo tiempo, pudiera atender al rigor metodológico necesario que el conocimiento producido (Atkinson y Chenail, 1991).
5.5. Breve descripción de la población
La población está integrada por mujeres que participan en movimientos sociales de la Argentina (en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el conurbano bonaerense), de Brasil y de Paraguay.
En el caso de Argentina, se tomarán como referencia movimientos sociales urbanos que tienen sus antecedentes en los movimientos de trabajadores desocupados (MTD) surgidos en la Argentina a fines de 1994. Las primeras marcas de la resistencia se encuentran en el año 1996, con la aparición de las primeras puebladas en el interior del país, que señalaban el principio de un proceso de articulación de nuevas prácticas colectivas, de nuevos movimientos sociales asociados a nuevas formas de organización y participación social. Las organizaciones del MTD, especialmente las situadas en los grandes conglomerados urbanos, evidenciaron una amplia gama de orientaciones ideológicas y relaciones diversas con partidos (de izquierda) y sindicatos (Retamozo, 2018). Las organizaciones compartían iniciativas en torno a la demanda por trabajo y una serie de acciones comunitarias de autogestión inscritas en la lógica territorial (Grimson y Cerruti, 2004; Bidaseca, 2004; Merklen, 2005; Ferraudi Curto, 2006; Quirós, 2006).
Puntualmente, los movimientos sociales estudiados en la presente investigación fueron los siguientes: Movimiento Popular La Dignidad (MPLD); Frente Popular Darío Santillán (FPDS); Asamblea de Mujeres de la Federación de Organizaciones de Base (FOB); Frente de Organizaciones en Lucha (FOL). A todos estos movimientos sociales, los caracteriza la acción colectiva, la búsqueda de proyectos de autogestión, y las iniciativas enmarcadas en procesos de reconocimiento, identificación y organización sostenidos en el tiempo, además de destacarse una serie de problematizaciones acerca de la participación política y las relaciones de género.
En el caso de Brasil y Paraguay, se trabajó con movimientos sociales campesinos e indígenas, específicamente con la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas de Paraguay (CONAMURI) y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil (MST). Los movimientos sociales campesinos e indígenas son asideros de condiciones de vida, de reafirmación cultural, de defensa del medio ambiente y del territorio. Trabajan efectivamente en procesos de articulación propiciando redes que denuncian las consecuencias del modelo de desarrollo actual, y al mismo tiempo crean y recrean proyectos alternativos emparentados con la soberanía alimentaria.
El Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) es uno de los más importantes movimientos sociales de Brasil, de América Latina y del mundo. Reúne a cientos de miles de campesinos/as, arrendatarios/as, posseirosas (pequeños propietarios sin títulos) y asalariados agrícolas, de los cuales una gran proporción son mujeres, en una ofensiva tenaz contra la estructura formidablemente inequitativa de la propiedad de la tierra. El MST nació bajo la lucha por la democratización del país, y su primer encuentro nacional fue en el año 1984; se trata de una organización mixta.
CONAMURI, por su parte, nació el 15 de octubre de 1999, Día Mundial de la Mujer Rural, y es una organización de mujeres campesinas e indígenas; actualmente se encuentra en 12 provincias del país. Surgió como respuesta a la necesidad de un espacio propio de las mujeres campesinas e indígenas para la defensa de sus derechos y para la búsqueda de alternativas frente a la situación de pobreza, discriminación y exclusión por razones de clase, etnia y género.
5.6. Construcción de dimensiones analíticas
A partir de observar los procesos de autonomía y de construcción de exigibilidad de derechos y acceso a la justicia de género, como también aquellas transformaciones vinculadas con el posicionamiento subjetivo y el proceso de exigibilidad de derechos de las mujeres que participan de los movimientos sociales urbanos y rurales, estos se analizaron mediante diversos instrumentos. Para la construcción de dimensiones analíticas, se utilizó un procedimiento crítico y reflexivo, tomando experiencias invisibles o invisibilizadas como problema (Mayorga, 2014). Se enfatizó en aspectos metodológicos que posibilitan analizar diferentes ámbitos, fases y momentos de situaciones complejas en sí mismas; pero también se enfatizó en una particular sensibilidad ante determinados temas, como los de las emociones, los contextos y las interacciones sociales y personales. Desde la investigación se acentuó en realidades o procesos “emergentes” en función de las transformaciones sociales, así como además se abordaron contextos marcados por fuertes ejes de violencia, desigualdad y opresión, situación que demandó un férreo compromiso ético-político y sororo.
El análisis se enmarcó en cómo las mujeres enfrentan los problemas en sus comunidades y territorios, pero también estudió los aspectos subjetivos y la cotidianeidad de las personas. En este sentido, se revalorizaron los aportes de la vida cotidiana y su relación respecto a los procesos de emancipación. La vida cotidiana constituida como lugar estratégico para pensar la compleja pluralidad de símbolos e interacciones, donde se encuentran prácticas, significaciones y estructuras de reproducción e innovación social (Reguillo, 2000). Se vinculó la producción de subjetividades como una instancia activa, histórica, de construcción y producción colectiva de lazos sociales.
La investigación resalta la articulación en torno a los procesos de exigibilidad de derechos y las trasformaciones subjetivas que las mujeres buscan alcanzar a través de estrategias autogestivas como la educación, las cooperativas o los proyectos productivos, el empoderamiento y la autonomía de las mujeres, la movilización y participación social en espacios comunitarios y públicos, y la construcción de redes de carácter local, regional y nacional. Descubrir alternativas colectivas para contribuir a sus propias organizaciones y ejercer influencia como ciudadanas comprometidas con las políticas de cuidado (personal, comunitaria y territorial) y la justicia de género que ha tenido un impacto efectivo en la vida de las mujeres que participan de los movimientos sociales estudiados.
Las dimensiones analíticas construidas a partir del estudio son las siguientes: procesos de autonomía, visibilización de los cuerpos genéricos, ciudadanía y derechos de las mujeres, estrategias de empoderamiento, reflexividad interpersonal, subjetividades emergentes, trasformaciones subjetivas. Las subáreas de interés delimitadas son dimensiones que atraviesan a los movimientos sociales contemporáneos: la vulnerabilidad psicosocial, el género, la participación social, las estrategias colectivas (solidaridad-sororidad), los cambios en la subjetividad y los procesos de construcción de autonomía. La investigación intentó subsanar las deficiencias, las lagunas y los sesgos de género detectados en el proceso de producción del conocimiento científico; en suma, la necesidad de repensar un nuevo modelo de ciencia e investigación sensible al género.








