La organización colectiva y las relaciones de género
7.1. Problemáticas actuales de Brasil
América Latina viene siendo uno de los territorios más requeridos por los intereses de aquellos países que cuentan con insuficientes bienes de la naturaleza para sostener su lógica de desarrollo capitalista a escala mundial. Este proceso se fue profundizando y acentuando bajo el influjo del neoliberalismo, con las consecuentes reformas estructurales implementadas en diferentes regiones latinoamericanas (reestructuración del rol de los Estados nacionales y su relación con el mercado y la sociedad civil, los procesos de privatización de las empresas estatales y la desnacionalización de la economía, el desarrollo profundizado de las políticas exportadoras, los ingresos y las divisas, derivados en forma muy significativa de la explotación de sus recursos naturales, etc.). Existen numerosos estudios y análisis que ponen de relieve las diferentes problemáticas planteadas.
La implementación de tecnologías de la revolución verde (por ejemplo, la adopción de mecanización intensiva, de fertilizantes químicos y de semillas seleccionadas) promovió considerables aumentos en la producción y modernización de las grandes propiedades (De Souza Martins, 1994). Estas tecnologías no trajeron cambios significativos en las relaciones de trabajo o en la lógica expansiva de las fronteras agrícolas, ni alteraron la concentración de la tierra (Sauer, 2010). Por el contrario, tanto el crédito subsidiado y otros incentivos para la inversión privada (especialmente las exenciones fiscales al sector industrial y las compañías financieras para la compra de tierras), como los proyectos de colonización en la Amazonía (Hecht, 2005) reforzaron el dominio de las grandes propiedades. En contraste, a pesar de la represión (persecución, arrestos ilegales, asesinatos, amenazas, etc.), los movimientos sociales agrarios mantuvieron la lucha por la reforma agraria en la agenda política, exigiendo la distribución de la tierra y políticas públicas para el campo (Deere y Medeiros, 2009). Además, influyeron en las agendas de movilización social, que incluyeron la reforma agraria y la democratización política. Fue en este contexto de lucha en el que el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) fue fundado, consolidando una nueva forma de lucha mediante la creación de los campamentos y las ocupaciones de la tierra (De Souza Martins, 1997).
La democratización del acceso a la tierra y la reforma agraria en Brasil son demandas históricas del movimiento. El MST lleva treinta y seis años de construcción y prácticas e iniciativas instituyentes que demuestran que otro modelo de campo y de sociedad es posible.
Sin lugar a dudas, la expansión rápida y constante del agronegocio en Brasil, ha afectado negativamente las perspectivas más amplias de la reforma agraria (Mançano Fernandes, 2015). Desde la década de 1990 hasta llegar a la década actual, Brasil vivió un enorme cambio en el campo –el cual se podría calificar de reestructuración productiva–, que generó un gran impacto negativo. Fue la emergencia de lo que hoy llamamos “agronegocio” (Mafort, 2019). De acuerdo con Silva, Monteiro y Barbosa (2016, 2015, 2017), el agronegocio representa un proyecto sociopolítico orquestado por el Estado y bajo los intereses de grupos dominantes del capital agrario, con fines de atender las demandas del mercado financiero internacional. Por lo tanto, señalan que, debido a su carácter político/ideológico, el agronegocio reclama el control de los territorios, lo que denota la apropiación de los recursos naturales (bienes de la naturaleza) y la subordinación de las poblaciones de las localidades.
En Brasil, la territorialización del capital y la oligopolización del espacio rural han repercutido en intensos procesos socioespaciales en el campo y en las ciudades, como la difusión de la agricultura científica, la mercantilización y concentración de la tierra y el aumento de los problemas ambientales y territoriales (Silva, Monteiro y Barbosa, 2015; Matos y Pessôa, 2011).
En el año 2016, la destitución de la presidenta elegida en las urnas Dilma Roussef fue un golpe de Estado. Un golpe de Estado pseudolegal, “constitucional”, “institucional”, “parlamentario”, pero ni más ni menos que un golpe de Estado (Lowy, 2016). La profundización de las políticas económicas de “austeridad” produjo la supresión radical de los derechos sociales y laborales, y afectó considerablemente a las poblaciones campesinas. La llegada al poder de actores ultraconservadores o de la extrema derecha tuvo como objetivo, entre otros, poner fin a la ciudadanía social conquistada por la Constitución de 1988 en el marco del proceso brasileño. Se propuso desmantelar todas aquellas iniciativas que contribuyeran al desarrollo social, productivo y económico de los asentamientos en el campo. Produjo un corte drástico de las políticas públicas. Generó un retroceso feroz sobre derechos sociales, agudizó la precarización del trabajo, la violencia, las privatizaciones, el saqueo de los bienes naturales y de los recursos estratégicos y la destrucción del medio ambiente. El incremento de la violencia en el campo es significativo, como también la justificación de la acción policial-militar. Se agudizó el racismo estructural e institucional y las políticas de exclusión y estigmatización.
La gestión de Jair Bolsonaro agravó la situación de Brasil y significó un constante avasallamiento a los derechos humanos y los derechos de la naturaleza. En este período se agudizó el uso intensivo de agrotóxicos. Las políticas bolsonaristas no solamente afectaron considerablemente a la población rural, beneficiando a grandes productores y relegando a la agricultura familiar; también perjudicaron al sector industrial. Asimismo, se implementó una política de entrega de empresas públicas a extranjeras, como Eletrobrás y Petrobras, iniciando sus procesos de privatización, y de Embraer, recientemente cedida a Boeing.
Según la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), en 2019 hubo al menos 1.833 conflictos en el campo, lo que representa la tasa más alta en los últimos cinco años. El número de personas involucradas en los conflictos aumentó un 23 % en comparación con 2018, y llegó a 144.742 familias. Se encontraron un total de 1.254 incidentes, un 12 % más que en 2018. Para 2020 esta cifra seguía aumentando. Hay un conjunto de personas que han sido asesinadas, que han sido amenazadas de muerte, así como violaciones de derechos de acceso a la vivienda, al trabajo, a la salud, a aceptables condiciones de vida. Los conflictos han empeorado rápidamente en los últimos meses en Brasil. Por otra parte, en su reporte, el Consejo Indigenista Misionario (CIMI) enumera casos de abuso de poder, amenazas de muerte, racismo y discriminación, intentos de asesinato y violencia sexual. Los atropellos, en gran parte motivados por conflictos por la tierra, se multiplicaron.
Las paralizaciones de medidas en favor de la reforma agraria fueron significativas, más aún considerando el contexto complejo atravesado a causa del covid-19, lo que configura una grave violación de los derechos humanos y territoriales en Brasil.
Un hecho significativo ocurrido en agosto de 2020 fue la represión que sufrieron familias que viven hace más de veinte años en el campamento Quilombo Campo Grande, en el sur de Minas Gerais, que producen alimentos saludables de manera agroecológica respetando el medioambiente. La intimidación y represión duró más de 56 horas, y contó con un descomunal despliegue policial que ejerció violencia física y psicológica contra las familias, destruyendo diferentes áreas del campamento, usando gases lacrimógenos de efecto mortal, armamento pesado, e incluso un helicóptero para lanzar polvo y hollín a las familias sin tierra. Además, la policía destruyó la escuela popular Eduardo Galeano, que estaba destinada a la promoción de la educación de niños/as, jóvenes y adultos/as del campamento. A esto se le suma la falta de garantías para el acceso a la tierra de más de 80 mil familias acampadas.
En síntesis, a partir del golpe de Estado, se han agravado todas las condiciones materiales y subjetivas. A pesar de ello, las mujeres del MST siguen dando sus luchas, y refuerzan su capacidad creativa, de organización y de poder feminista, campesino y popular.
7.2. Trayectorias de trabajadoras rurales. El movimiento sin tierra de Brasil
Pues sin mujer la lucha va por la mitad, participando sin miedo de ser mujer, fortaleciendo los movimientos populares, participado sin miedo de ser mujer.
Sem medo de ser mulher, Zé Pinto
Los actuales movimientos sociales (MS) se posicionan desde una perspectiva crítica, revisan y reconstruyen modalidades de proceder y de pensar el mundo social, político, ecológico y cultural. De los movimientos sociales rurales que actúan en el territorio brasileño, sin duda el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST) ocupa un lugar preponderante en toda la región de América Latina. Este movimiento social surgió como producto de la conjunción de distintos factores socioeconómicos consecuentes del período 1975-1985, en que el proceso de desarrollo capitalista en la agricultura ha fomentado la concentración de la tierra y el consecuente aumento de campesinos sin tierra.
El nacimiento del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra del Brasil se ubica en el año 1984, durante el Primer Congreso realizado en la ciudad de Cascavel. Tiene como objetivos “Luchar por la tierra, Luchar por la organización, Luchar por una nueva sociedad y una reforma agraria Popular”. Hace treinta y cinco años que el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra viene caminando y asumiendo la construcción de un proyecto colectivo y plural.
Su estructura organizativa no es rígida e inamovible, sino que se ha ido adaptando, modificando y transformando según las necesidades, la coyuntura y su desarrollo interno, logrando una forma de funcionamiento orgánico horizontal que busca crear nuevos valores humanos, como la solidaridad, el respeto mutuo, el ejercicio de comandar y ser comandado (Louge, 2016). El órgano máximo es el Congreso Nacional, celebrado cada cinco años. A cada año realizan encuentros nacionales por provincias; hay comisiones ejecutivas nacionales y por provincias. En la administración, hay una secretaría nacional que encamina las deliberaciones a nivel nacional y provincial.
El MST está organizado en las 24 provincias de Brasil y aglutina cerca de 450 mil familias que conquistaron la tierra por medio de la lucha y organización de los/as trabajadoras/as rurales y 120 mil acampadas en todo el país (MST, s/fa). Este movimiento asume frente a la sociedad brasilera el compromiso de producir alimentos saludables. Vienen desarrollando importantes experiencias vinculadas con la agroecología y el respeto por la agricultura y un medioambiente saludable. Trabajan efectivamente en procesos de articulación propiciando redes que denuncian las consecuencias del modelo de desarrollo actual, y al mismo tiempo crean y recrean proyectos alternativos emparentados con la soberanía alimentaria y de los territorios. En este sentido, uno de los desafíos que emprenden es la construcción de alternativas capaces de gestar sociedades no solo democráticas y equitativas, sino también compatibles con la preservación de la vida en el planeta.
En estos treinta y cinco años, las mujeres del MST participaron activamente y son una base importante en la historia y la consolidación del movimiento. Su papel es destacado en múltiples sentidos, desde la gestación de procesos colectivos de exigibilidad de derechos y de denuncia del modelo extractivista actual y la incidencia desfavorable en el medio ambiente y en particular en la vida de las mujeres. También proponen políticas públicas inclusivas e integrales, y se destacan en la creación de alternativas autogestivas opuestas al modelo de campo imperante desde el desarrollo agroindustrial. Actualmente enfrentan al proceso global de privatización de la biodiversidad y de los territorios. Entre diversas iniciativas, específicamente son impulsoras de la preservación de las semillas nativas, la producción de hierbas medicinales y productos fito-terapéuticos, y la gestación de las cooperativas agroecológicas, y también inciden en el campo de investigaciones y estudios en los que se rescata otro modelo de campo.
Propician espacios críticos de estudio y formación, y la creación de campañas nacionales, marchas e iniciativas colectivas en donde se van construyendo decisiones y estrategias colectivas de transformación individual, subjetiva y social. Las tareas que asumen las mujeres enriquecen y potencializan el sentirse parte del movimiento, fortalecen la autoestima e inciden positivamente en la construcción cotidiana de lograr un protagonismo y una participación real por parte de las mujeres que integran el movimiento.
En el presente capítulo, se propone contextualizar al MST desde una aproximación analítica a los procesos de reflexividad críticos y participativos promovidos por las mujeres, y se acentúa en los cambios en la subjetividad de mujeres que integran el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil. Asimismo, se subrayan las experiencias de las mujeres que lo integran.
7.3. El proceso organizativo del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil
El MST es un movimiento campesino autónomo, independiente, que se rige por sus propias normas internas y no está sometido a ninguna autoridad externa en cuanto a su funcionamiento. Si bien tiene relaciones con diferentes entidades, como, por ejemplo, el movimiento sindical, no depende de dirección sindical alguna. Trabaja con sectores progresistas de muchas iglesias, y especialmente con la Comisión Pastoral de la Tierra, pero no está sometido a la jurisdicción de Iglesia alguna.
El Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra viene asumiendo la construcción de un proyecto colectivo que ha sido pensado e intenta practicarse desde una perspectiva liberadora y crítica, generando actitudes transformadoras y espacios críticos en donde se van construyendo decisiones y estrategias colectivas de transformación individual y social. Se trabaja en diferentes áreas o sectores, como por ejemplo sectores de género, comunicación, formación, cultura, producción, medio ambiente y cooperación, educación, salud, juventud, derechos humanos, frente de masas. Cada familia, desde que ingresa al movimiento, tiene tareas y responsabilidades que debe asumir y que van formando un sentimiento de pertenencia, conjugado con un trabajo de concientización. Tienen reuniones semanales por áreas o sectores para reflexionar sobre cómo se va desarrollando la organización donde están viviendo. Las tareas enriquecen y potencializan el sentirse parte del movimiento, fortalecen la autoestima e inciden positivamente en la construcción cotidiana de lograr un protagonismo.
El trabajo organizativo del MST está empapado de una concepción participativa integral. Ese carácter participativo se demuestra en el hecho de que todos los miembros del movimiento son conscientes de sus necesidades, pero también tienen conciencia de la importancia de la participación personal para la vitalidad e innovación de la construcción del movimiento. En términos generales, se rescata la participación como un ejercicio de construcción, de esmero colectivo y de enriquecimiento personal. En este sentido, se despliegan procesos de participación concretos en los que se envuelve un cierto entramado intersubjetivo que fundamenta la necesidad de una acción colectiva para resolver diversos asuntos y problemáticas. El proceso implica tener una mayor capacidad para enfrentar nuevas situaciones y para influir en la vida cotidiana de sus integrantes. Las propuestas participativas del MST se encarnan en procesos sociales reales en los que se acentúa en el compromiso e involucramiento de las personas y se respetan los procesos intersubjetivos de maduración de las necesidades (Testa, 1989). Es significativa la acentuación que tiene el MST en lo que respecta a facilitar y encausar procesos participativos de todos sus integrantes. La participación de las mujeres es sustancial para la vida y consolidación de la historia del movimiento.
Desde antes del surgimiento del MST, desde la Encrucijada Natalino, que fue un campamento simbólico, que fue la cuna del MST, las mujeres participaron de una forma muy activa, desde la resistencia cuando venía la policía, las mujeres iban al frente. En el movimiento se trabajó desde sus comienzos, en el Primer Congreso del MST se plantea la necesidad de que las mujeres tuviesen una cuota de participación. Si eso no se trabajaba, no iba a tener mujeres el movimiento. Por lo cual el 30 % tenía que ser mujeres. Cuando comenzamos a organizar el movimiento en Santa Catalina, nosotras trajimos a mujeres de Encrucijada Natalino para que realizaran el debate de la importancia de la participación de las mujeres en el campamento. Tenía una intencionalidad, desplegar la importancia de la participación de las mujeres, no solamente en el campamento, sino en la vida del movimiento. Claro que, en el año 1986, 1987, nosotras creamos una comisión nacional de mujeres del MST. Entonces, la cuestión de la participación de las mujeres nunca estuvo apagada en el movimiento, siempre estuvo presente, de manera menos o más fuerte, pero siempre estuvo encendida. Siempre fue un tema debatido, la participación de las mujeres y la importancia. Cuando la mujer viene al campamento, es más difícil que el hombre desista. Cuando el hombre está más solo, él desiste más fácilmente. La mujer asegura (Irma, Dirección Nacional, 58 años).
En el movimiento como una excepción, las mujeres siempre tuvieron un lugar importante en el desarrollo del mismo. En primer lugar, el movimiento ya nace con la necesidad de garantizar la participación femenina dentro del movimiento. […] la participación de las mujeres siempre fue muy fuerte en el trabajo de resistencia, y el movimiento surge con la reflexión del momento que vivíamos de expansión del modelo actual del campo; claro hoy la explotación es mucho más violenta. En aquel periodo, ya se instalaba la llamada “revolución verde” y marcaba la necesidad de mayor resistencia del campesino, claro que contábamos con la reflexión de que no sería fácil. Es decir, con la convicción de que no se resolvería de otra forma que no sea a través de un proceso de lucha y resistencia. Entonces, las mujeres se juegan, ellas resisten mucho en el campo. Muchas veces en el nordeste los hombres son esposos que migraron para trabajar fuera y sustentar a sus familias, y las mujeres son las que quedan en su territorio junto con sus hijos. En el proceso es fundamental cuando el sin tierra comprende que la tierra tiene que ser conquistada, que tienen que quedarse en sus tierras, que es importante la articulación nacional para resistir y expandir. Pensemos que el primer lema del movimiento fue “La ocupación y participación es la única solución”. Y las primeras en participar con esa perspectiva de resistencia son las mujeres. Es siempre bueno observar y analizar que, en ese frente de masas de ocupaciones y resistencia, las mujeres ocupan un lugar central y grande. Porque la presencia de las mujeres en el campo es la que garantiza la propia sustentabilidad de la familia en el campo. Es para considerar que los hombres solos en el campo no resisten, es decir que resisten porque muchas veces las mujeres son las que están convencidas de que tienen que estar, luchar, resistir y se tienen que quedar allí. Está en juego la crianza de sus hijos, emparentado con la reproducción de la familia. Las mujeres tienen una participación muy intensa (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
El permanente carácter de innovación y creatividad que sustenta el MST es lo que define que se promuevan nuevas experiencias participativas y que no sean estructuras orgánicas rígidas, sino formas orgánicas adaptadas a las necesidades de cada momento. Por lo cual el propio dinamismo organizativo del movimiento posibilitó la integración de los derechos de las mujeres y la justicia de género en la agenda del movimiento. Por supuesto que en este proceso fue sustancial el papel de las mujeres en el cuestionamiento de las desigualdades y del ejercicio de un poder discriminatorio dentro de los movimientos sociales históricamente.
Yo puntualizo dos cosas que son fundamentales en el movimiento. En un primer momento, la gente no se da cuenta de eso, de ese aprendizaje, de las lecciones históricas que se dan con la creación de este movimiento. De la lucha de los pueblos del mundo. Uno de los aprendizajes fue que nosotros no podíamos crear un movimiento jerárquico o un movimiento vertical, porque la experiencia nos mostraba que no era posible. Tenemos que pensar que nuestro movimiento nace en plena dictadura militar. Nuestro movimiento nació en contrapunto a esa organización asesina de la Unión Democrática Ruralista (UDR). ¿Cuántas vidas perdimos históricamente por los asesinatos en este país? Nosotros aprendimos de eso. ¿Qué es lo que la burguesía y el latifundio siempre hicieron? Por lo cual una estructura vertical no servía, por la magnitud de nuestro país, por la diversidad que existe. Nuestro movimiento tiene que ser colegiado, tienen que ser direcciones colectivas, ese fue un gran aprendizaje. Y otro aprendizaje enorme que adquirimos a través del estudio, la reflexión y la vivencia fue que nosotros no podemos crear un movimiento donde la filiación sea individual. No es como en términos generales sucede con los partidos, sindicatos, u otras organizaciones de izquierda. En el caso del campo, quien se afiliaba a los sindicatos rurales eran hombres, el hombre como representante de la familia. Hoy eso se modificó afortunadamente. En ese momento, la mayoría de los afiliados al sindicato era varones. Por lo cual, no podíamos crear un movimiento donde la afiliación sea individual. La lucha por la tierra para que tuviera fuerza debía ser una lucha de la familia y no personal. Aunque originalmente no sea ese el fundamento, es decir la participación de las mujeres, pero lo cierto es que esa manera de organización permite una gran participación (Etelvina, sector educación, 55 años).
Yo estoy apasionada con la propuesta de organicidad de este movimiento. La forma en que el movimiento se establece con núcleos, coordinadores, sectores, equipos, colectivos, coordinación general. En fin, todas esas formas que el movimiento fue creando, adaptando, mejorando. Se fueron creando nuevos sectores, colectivos que fueron surgiendo a partir de la demanda. Fueron surgiendo demandas, necesidades que fue preciso escuchar, atender. En cada uno de los sectores (comunicación, relaciones internacionales, salud, cultura, formación, juventud, producción, género etc.) existen equipos que se van formando, que están preparados y que dinamizan. Ahora mismo con el colectivo de compañeras y compañeros LGTB es una necesidad que surge y que el movimiento se va apropiando de eso. Entonces esas formas me apasionan (Joselva, sector formación, 47 años).
7.4. La organización y la conformación del colectivo de género. El movimiento y el protagonismo de las mujeres
El MST es crítico a la cultura patriarcal y machista arraigada en la sociedad, y específicamente en el medio campesino. Desde sus estructuras organizativas, se considera que es sustancial estimular y facilitar la participación de las mujeres en todos los niveles de actuación, en todas las instancias de poder y de representatividad (“Normas gerais do MST”, sep. de 1989: 22-23). Por lo cual a nivel nacional funciona un colectivo de género. En sus orígenes comenzó a actuar como colectivo de mujeres, y su función estaba destinada a pensar, proponer y planear políticas específicas para la organización de las mujeres sin tierra, y presentarlas a la dirección y coordinación nacional del movimiento. Luego se vio que el tema de la mujer no debía ser solo una preocupación femenina, sino de todo el MST, de ahí que se creó el colectivo de género, que integra a hombres y mujeres. El proceso de participación social permitió el desarrollo de la conciencia de las mujeres al compartir experiencias con otras mujeres y aprender que es posible intervenir en el sentido de las cosas con acciones y prácticas concretas (Lagarde, 2002).
En el MST las mujeres comienzan a tener la necesidad de organizarse y construyen un colectivo que más tarde será el sector de género. En su momento la organización asume la necesidad de tener ese espacio que ayude a discutir ese tema, ya es una conquista. Porque es una organización muy grande y tiene muchas pautas. Hay muchos sectores que pasan por la producción, por la formación, por comunicación, finanzas. Entonces tener un espacio de las mujeres dentro del movimiento significa tener mujeres liberadas con condiciones para ayudar a pensar ese tema. Significa tener mujeres para ayudar a colocar pautas en determinados temas y significa que la organización va a dedicar tiempo y va a pensar estrategias para esa dimensión. También hay un proceso muy importante que fue de liberar compañeras que ya estaban hace tiempo en la organización para asumir tareas nacionales. Trabajos nacionales, tareas especiales. Es decir, tener más mujeres en la dirección del movimiento y en las tareas nacionales. Y la garantía de la participación en la lucha. La participación en todo el proceso de lucha y participación de las mujeres no solamente en el de las mujeres. En toda la lucha. En abril lucha por la tierra, en todo. Y garantizar la discusión en la base de la necesidad de garantizar un 50 % de participación de los hombres y un 50 % de participación de las mujeres. Eso se ha logrado bastante (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
[…] el sector de género tuvo un rol estratégico para reconocer los diferentes sujetos del MST. Que inclusive modifica la forma organizativa del propio movimiento. Ese debate de los núcleos de base de tener representación por un hombre y una mujer, y que la mujer tiene que participar, eso transforma la estructura del MST. Donde se sale de un carácter de modelo sindical para un modelo de movimiento social. Nosotros tuvimos debates muy bonitos acerca de cómo podemos ampliar la participación de las personas dentro del movimiento. Esa canción de los años 90 que dice: “Porque la lucha no solo de los compañeros participando (sin miedo) es el derecho de ser mujer”, desde el punto de vista de la estructura organizativa, eso cambió la estructura del movimiento. Reconoce que existen diferentes sujetos que tenemos una identidad colectiva (Lourdes, sector género, 40 años).
El proceso participativo de las mujeres organizadas al interior del MST posibilitó la dimensión política de encarar y enfrentar la subordinación de género. A través de su presencia, incidieron en cuestionar y modificar los modelos tradicionales de organización por considerar que en ellos se reproduce la jerarquización y desigual distribución de poder. Para ello propusieron alternativas organizativas que partieran de la necesidad de buscar mecanismos que impidan que reproduzcan las “formas informales” de poder y que garanticen la participación plena de todas las mujeres (Astelarra, 2003). Las mujeres del MST han propiciado la configuración de varios procesos simultáneos y la ampliación de sus espacios de accionar influyendo en el cambio de sus formas de existencia y en la adopción de nuevos ejes de actuación, reflexión y participación. Los beneficios fueron para el conjunto de la organización al establecer la conexión entre el principio de igualdad política y participación ciudadana.
La estructura organizativa fue estableciendo el colectivo de mujeres. Ello aconteció de manera paralela a los espacios mixtos, pero hacíamos los debates paralelos respecto a la lucha de las mujeres, las pautas de las mujeres, la articulación de las mujeres. Y llevábamos eso para el debate interno del conjunto. Pasábamos la propuesta de qué era pauta fundamental de movilizar las mujeres, no era una situación muy fácil para el conjunto de las mujeres. Posteriormente fuimos incorporando al debate las cuestiones de género por comprender que ese concepto establece que es preciso una mirada y un análisis articulado ya que el género es relacional. Género no es una cuestión de mujer. La relación de género incluye a las mujeres y hombres. Como también la relación de las relaciones afectivas y políticas en todas las dimensiones. Por lo cual implicaba incorporar un nuevo concepto y ampliar nuestro debate con los hombres e internamente en el movimiento. La gente incorpora mucho este debate en el sector de género. Fuimos trabajando la importancia de que en los diferentes sectores participen hombres y mujeres, en el sector de finanza, de producción, etc. El sector de género se fue consolidando, pero nunca dejamos que las mujeres tengan sus momentos específicos, sus espacios específicos de debates, de acumulación entre nosotras, crear complicidad. Nunca abandonamos nuestros propios espacios de reflexión, formación, foros, etc. (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
Evidentemente, el recorrido de estas mujeres parte de un proceso en el que vislumbró la necesidad de organizarse como colectivo de mujeres desde esa especificidad dentro del movimiento; obviamente que esta no diluye sus otras opresiones existentes, sino que van trabajándolas relacionalmente. El encuentro de las mujeres entre sí y el descubrimiento colectivo de su condición a través del análisis de las propias experiencias vitales permitieron la constitución de un colectivo de mujeres capaz de postular su liberación, entendida como proceso de subjetivización y autoafirmación (Gargallo Celentani, 2007). Los procesos de problematización impulsados por los integrantes del MST, particularmente por las mujeres, fueron sustanciales para propiciar dinámicas organizativas novedosas y develan el papel de las mujeres como sujetas políticas y en lo que respecta al reconocimiento como sujetas políticas. La equidad para las mujeres es una preocupación permanente en las prácticas organizativas; para ello desarrollan diversas estrategias, en las que se proponen superar las barreras que se presentan a fin de garantizar la participación igualitaria.
Nosotras decimos no basta que la mujer participe de esos momentos de resistencia y de lucha. Es necesario que ellas se empoderen y continúen acumulando como militantes, como dirigentes, en la participación política en las diversas estructuras que el movimiento construye. Buscando la equidad de participación, de decisión política y de perspectiva que es necesaria para mirar los problemas que las mujeres atraviesan. La mujer comprende inicialmente lo que es un interés común que es la lucha por la tierra, la resistencia en el campo, la conquista de la tierra. Pero nosotros no podemos dejar de entender que las clases, los grupos sociales también tienen diferencias de género, diferencias de condiciones de participación. Y es fundamental para la organización política tener claro eso, como el Movimiento sin Tierra, que tiene por objetivo la lucha por la tierra, la lucha por la reforma agraria y la trasformación de la sociedad en perspectiva de un proyecto popular, de un proyecto de nación, de un proyecto de sociedad que está emparentado en la conquista a través de la organización de la política, de la emancipación social de los sujetos y de la población trabajadora en general (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
La participación de las mujeres históricamente fue importante en el movimiento, fundamental. Inclusive en muchos momentos de la lucha, ellas cumplieron un papel fundamental de llegar a un punto de organizarse e ir al frente en el conflicto. Ellas cumplieron un papel fundamental, y, si ella no está, el hombre no resiste. Ella cumple un papel importantísimo. En la dirección también fue importante desde el principio, claro que ahora se avanzó muchísimo (Rosmeri, sector educación, 45 años).
En el MST desde su fundación, una va a encontrar esa lucha intransigente contra la discriminación y la opresión hacia las mujeres. Pero, entre lo escrito y lo real, hay distancias. Como movimiento, aunque tenemos mucha claridad por la lucha por la tierra, por la reforma agraria, por la trasformación social, está hecho por mujeres y hombres atravesados por el sistema capitalista y patriarcal, y eso se manifiesta en algunos líderes. Las mujeres, para reafirmarse como lideranzas principalmente en un principio, en los orígenes del movimiento, se tuvieron que masculinizar. Es decir que vivenciamos todo eso. Además, trabajamos con seres humanos excluidos de la sociedad, que hacia dentro de nuestra lucha se ven todos esos prejuicios. Por lo cual trabajamos todas esas contradicciones que el mismo sistema genera. Lo más importante es que hay una determinación política en el movimiento, y las mujeres muy sabiamente conseguimos, a lo largo de más de treinta años, ir posicionando y conquistando espacios dentro del movimiento. Tenemos como decisión política garantizar el cincuenta por ciento de participación en los cursos, de coordinar siempre un hombre y una mujer, paridad de género en las instancias de dirección. Funciona cien por ciento, no. Las líneas políticas necesitan ser apropiadas para que se cumplan en su totalidad; en este sentido, es necesario fortalecer al colectivo de mujeres para que sean cumplidas. Tiene que haber una presión permanente interna para que las líneas políticas se cumplan. Eso no es fácil, tenemos muchas contradicciones en diferentes momentos. El machismo es algo muy velado, muy sutil. Yo creo que nos fuimos colocando como mujeres en esa perspectiva (Etelvina, sector educación, 55 años).
7.5. Espacios colectivos
7.5.1. Campamentos y asentamientos
Dos espacios fundamentales dentro del MST son los campamentos y los asentamientos. El campamento es el periodo en que las familias están acampadas, luchando por conquistar la tierra; en general, están bajo “barracas” (carpas) de lona negra. La principal forma de lucha del MST es la ocupación de tierras ociosas, sean estas privadas o estatales. La ocupación siempre es conflictiva y casi siempre se encuentra con la oposición violenta de sus dueños o del Estado, por lo que requiere de un trabajo organizativo previo extendido en el tiempo. Esta se apoya en el artículo 184 de la Constitución de Brasil, el cual establece que es competencia del Estado brasileño “expropiar por interés social, para fines de reforma agraria, todo inmueble rural que no esté cumpliendo su función social” (Constituição de República Federativa do Brasil, [1988]2014). Luego de la ocupación, viene el campamento, que se establece dentro de la tierra misma o en sus cercanías, según las posibilidades, y que puede llegar a durar meses o años, hasta que se declare la expropiación. Finalmente, una vez que se logra la expropiación legal y que se distribuye la tierra, se implanta el asentamiento en el que los/as campesinos/as se establecen definitivamente (Wrobel, 2015). El campamento es un periodo de alta vulnerabilidad de las familias, pueden sufrir ataques tanto de la policía como de sicarios y grupos paramilitares; además de las desfavorables condiciones de vida. Es un gran espacio de socialización, es decir, de convivencia colectiva. Y, a la vez, es una escuela de organización. El primer hecho concreto de la vida en el campamento es la ruptura del aislamiento propio del campesino/a, ya que este espacio le demanda vivir en grupo; que, por otro lado, es la única vía para garantizar la sobrevivencia personal y familiar en las condiciones dadas (Harnecker, 2002).
El asentamiento es el espacio conquistado, es la tierra cedida en usufructo a las familias sin tierra. Ahí, el/la sin tierra puede producir sobre su terreno, se organiza en cooperativas y asociaciones, se construye una escuela más permanente (Stronzake, 2013). Es importante aclarar que la palabra “asentamiento” es de uso reciente en Brasil. Apareció a mediados de la década del 60. Para los movimientos sociales que luchan por la tierra, “asentamiento” es sinónimo de “tierra conquistada”. Para el Estado, indica un área destinada al conjunto de familias sin tierra y es una forma de resolver el problema de la tierra (Caldart, 2000: 120). Para el MST los asentamientos reflejan aquellos lugares “a partir de los cuales se organiza el trabajo colectivo y desarrolla su función económica para las familias” (MST, 2005: 93). Los asentamientos y los campamentos son espacios colectivos de aprendizajes, donde se pone de manifiesto la identidad campesina. Allí se condensan los treinta y cinco años de trabajo, de construcción, de acumulación de experiencias, de construcción de valores humanistas y de la capacidad de organización (Stédile, 2004).
[…] ser asentados ¿por qué? En primer lugar, era importante crear las condiciones de autosustentación para no crear dependencia para sobrevivir. En segundo lugar, era importante que cada militante en cada estado [provincia] siendo asentado pudiera ayudar en la organización del movimiento y a la comunidad de ese asentamiento. Nosotros fuimos asentados con esa tarea, para ayudar en la construcción de esa comunidad, de ese asentamiento. Fuimos asentados con esa tarea y que aportáramos en la construcción del movimiento y del asentamiento. Y continuamos la militancia a nivel provincial (Joselva, sector formación, 47 años).
El campamento en nuestro movimiento es una escuela de la vida y de la lucha. Al entrar, cada uno debe representarse a sí mismo y usted solo se representa participando. Entonces, no solamente los hombres son los que tienen que participar, sino las mujeres, los y las niñas, los hijos grandes, jóvenes, es decir, todos. Los campamentos demandan muchas tareas, la organización de núcleos de base, la salud, la educación, la seguridad, la limpieza, comida. Implica organizar campañas, es decir, hay muchas tareas. En ese movimiento de la lucha es que las mujeres se destacan. Las mujeres crecen en conciencia política, se tornan sujetas políticas ante la lucha, hay un reconocimiento de su condición como mujeres, como mujeres campesinas. Desde el principio, hay un movimiento en la conciencia política de las mujeres y se comienzan a problematizar sobre el género, las desigualdades. Aparece la interpelación de cuál es su papel en la lucha y conocen muchas mujeres que se destacaron como líderes. Inclusive en muchas ocupaciones la gran mayoría son mujeres, se destacan las mujeres. ¿Por qué? Porque, aunque sea una familia, las mujeres son las que se ocupan y están la mayor parte del tiempo en el campamento, porque ¿cómo realizas la lucha si no tenés comida, si no cuidás a los niños/as? Además, alguien tiene que salir a trabajar y alguien se tiene que quedar. Siempre sucede que el hombre sale, trabaja quince días y vuelve. Las mujeres son las que más se quedan en el campamento. Sostienen la cotidianidad del campamento. Yo creo que ese proceso permite que las mujeres participen activamente en la organización (Etelvina, sector educación, 55 años).
Cuando veo no solo mi vida, sino las vidas de las personas que son parte de un campamento, asentamiento del MST, aun si las personas pasan por dificultades, no tienen esa pobreza espiritual de conformarse tal como las cosas están dadas, tienen toda la fuerza de querer transformar el mundo, la vida. No podría decir una cosa específica, porque cambió todo en mi relación con la familia, con los amigos, con el mundo, con la sociedad, con todo. Es bien diferente (Simone, sector género, 37 años).
La gente va priorizando los asentamientos, pero, como estamos en el capitalismo, uno conquista la tierra y el asentamiento y luego hay que tratar de sostener la militancia. Por eso en el asentamiento uno tiene que viabilizar una vida digna, tiene que producir de manera saludable y ver cómo se comercializa, construir pautas culturales, trabajar sobre la cultura, es todo un proceso. Es necesario crear la identidad de asentado. Y el debate de la agroindustria y las cooperativas fue intenso y el sector de producción es clave (Leticia, sector producción, 31 años).
Hoy veo lo que hace el campamento con la gente, que es el rescate de los sueños, que es una cosa muy importante. Entonces yo acampé ahí. Yo pase a ser parte del campamento, a ser acampada, a vivir la dinámica del MST, la lucha por la reforma agraria y la transformación social. Yo me fui encontrando en esa lucha y me fui quedando. La dinámica del campamento fue y es la forma con la que la gente se va encantando, la colectividad. Todo lo que eso implica, la ayuda colectiva, todo el mundo se ayuda, de un modo u otro (Lourdes, sector género, 40 años).
7.5.2. Los congresos nacionales
El MST construyó los siguientes principios y normas organizativas: dirección colectiva, división de tareas, profesionalismo, disciplina, planificación, espíritu de estudio, vinculación con las masas, y ejercicio de la crítica y autocrítica. Los ejes programáticos son la acción directa no violenta, la conquista de la tierra y la conquista de la libertad a través de la tierra (Stédile, 1997). Dentro de las instancias organizativas, son sumamente importantes los congresos nacionales, que se llevan adelante cada cinco años. El último fue el 6.º Congreso Nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil (MST), que se desarrolló del 10 al 14 de febrero de 2014 en Brasilia, capital del país, y que contó con la presencia de más de 16 mil representantes del campo de 23 provincias brasileras. El congreso nacional es la instancia de decisión máxima del MST. Reúne cada cinco años a delegados/as de todas las provincias donde el movimiento está organizado. Estos/as son elegidos/as en encuentros provinciales de acuerdo con un número determinado a nivel nacional, tomando en cuenta la cantidad de familias asentadas y acampadas. La cifra total de delegados/as al encuentro o al congreso es fijada en cada ocasión. Se busca reunir el máximo posible de ellos/as, que tienen como finalidad aprobar las líneas generales de acción —que han sido discutidas previamente por distintas instancias— y buscar la confraternización y la unidad de los/as miembros del MST en torno a objetivos comunes (Harnecker, 2002: 145). Esta instancia es sobrevalorada por su militancia, lo reflejan claramente los relatos de las entrevistas; para ellas, los encuentros o congresos nacionales son una de las experiencias más enriquecedoras vividas dentro del movimiento.
El congreso nacional es otro de los espacios que impulsa el movimiento. Todos los espacios para nosotros son importantes. Pero el congreso nacional es un espacio muy importante, porque es un espacio donde la gente está planificando cinco años de vida del movimiento, para el futuro. Imaginá un congreso sin la participación de las mujeres. Nuestra participación en el congreso fortalece la lucha. Es muy importante. Las mujeres le dedicamos mucho al congreso, de estudiar, de investigar. Entender y comprender todas juntas qué cuestiones como mujeres vamos a elaborar como propuesta a cinco años. Es muy importante dos años antes se empieza el trabajo por los asentamientos y campamentos, el estudio, el trabajo. Se comienza a estudiar con las mujeres. La gente participa. Las místicas, yo noté eso en este congreso, cómo estábamos las mujeres. Es algo grandioso que uno pueda entender que es un ser humano y que es importante para la sociedad. Por eso que es preciso dedicar (María Roselva, sector salud, 48 años).
Rescataría el 6.º Congreso Nacional de febrero de 2014, en el 5.º Congreso no participé. Solamente escuchaba los relatos sobre lo bueno que había estado. La gente trabajó alrededor de seis años para dar orientaciones en el 5.º Congreso. Cuando comenzó organizarse el sexto encuentro, yo ya estaba en la Secretaría Nacional del MST y para mí fue muy marcante porque no estuve en los grupos de preparación del encuentro. Para mí fue la primera vez después de nueve años que yo dimensioné lo que es el MST, 15.000 personas reunidas. Todas pasaron por el estudio necesario para garantizar el encuentro. Esa organicidad del movimiento para garantizar la infraestructura, alojamientos, las comidas, las charlas, los debates, las místicas. Fue impresionante el equipo de trabajo para garantizar ese congreso y creo que no hay organicidad que permita hacerlo, sino es la del MST. Fue un momento de luz. Era una logística impensable. Fue un trabajo de muchas manos, no existe empresa que fuera posible. Para mí fue muy marcante haber participado del 6.º Congreso. sobre todo, pone en escena la importancia de la organización del movimiento. Y allí se vio también la participación de las mujeres en la cultura, en los debates, en todo. Fue muy emocionante y el congreso fue una marca muy importante. Me emociona mucho cuando recuerdo que yo participé del congreso (Izi, sector finanzas, 34 años).
El momento es muy fuerte y da la dimensión de unidad del movimiento, y la identidad es el momento colectivo de nuestros congresos en que la gente discute, define, se forma, proyecta para los próximos años. Recuerdo del primero que yo participé para mí fue muy, muy fuerte. Está muy registrado en mí. Permite ver lo que es el movimiento y salir del mundo chico y ver que el movimiento tiene diferentes regiones, diferentes particularidades, diferentes culturas, y que con toda esa diversidad la gente se une en una bandera. Y que es una bandera común y eso es lo que da una fortaleza importante para el movimiento. Esa fuerza me emociona siempre (Rosmeri, sector educación, 45 años).
La caminata de los congresos nacionales con 15.000 personas. También un encuentro o reunión en mi asentamiento. Para mí todo lo que se hace en el movimiento es una grandeza, poder empoderar a un trabajador. Es fantástico, es un orgullo. La conquista de mi casa, de ese grupo de familia. Porque la reforma agraria es eso, tener acceso a la tierra, pero esa tierra tiene que ser tratada con cariño, con amor a la tierra, cuidar la tierra, y qué cosa más digna que producir alimentos. Tener la capacidad de producir para sobrevivir. Tener en la mesa hoy alimentos libres de agrotóxicos, saludables. Ojalá todos podamos tener eso en la mesa de nuestras casas, dignidad, tener estudio, trabajo. Y tener un proyecto, un horizonte, llegar al socialismo que nos permite movernos (Joselva, sector formación, 47 años).
Proceso organizativo. Hitos para la organización de las mujeres sin tierra de Brasil
1979 | Antecedentes: primeras ocupaciones del MST – Presencia de la familias sin tierra. |
1984 | 1.º Congreso del MST: Lema: “Sin reforma agraria no hay democracia”. Lugar: Cascavel. Participan 1.500 personas, de las cuales 300 son mujeres. Se exige la cuota de participación femenina. Primer Encuentro Nacional: Fundación del MST (del 20 al 22 enero de 1984). |
1985 | Se organiza el colectivo de mujeres. Proceso de visibilización. Organización de comisiones de mujeres dentro del MST para discutir cuestiones específicas. |
1987 | Roseli Celeste Nunes da Silva fue asesinada. El 31 de marzo de 1987, durante una protesta contra las altas tasas de interés y la indefinición del gobierno en relación con la política agraria que se extendió por varios municipios, un camión embistió contra una barrera humana formada en la BR-386, en Sarandí, en el norte del RS. La acción resultó en 14 agricultores heridos y en tres muertos: Lari Grosseli, de 23 años; Vitalino Antonio Mori, de 32 años; y Roseli Nunes, con 33 años y madre. |
1990 | 2.º Congreso Nacional del MST. Lema: “Ocupar, Resistir, Producir”. Lugar: Brasilia. |
1992 | Se crea la Confederación de las Cooperativas de Reforma Agraria de Brasil (CONCRAB), encargada de formar y fomentar la cooperación agrícola en todos los asentamientos y campamentos de los sin tierra, una instancia donde se coordinan las Cooperativas Centrales de Reforma Agraria de cada provincia. |
1992 | Diversas organizaciones indígenas y campesinas de la región andina y el MST llamaron a la Campaña Continental 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular en Bogotá, Colombia. Se realizaron tres encuentros continentales y varias reuniones de coordinación de diferentes países de América Latina y con la presencia de organizaciones rurales campesinas europeas. |
1995 | 3.º Congreso Nacional del MST. Lema: “La reforma agraria es una lucha de todos”. Lugar: Brasilia. Asistieron alrededor de 5 mil delegados/as de todo el país. |
1995 | El MST recibe el premio por programa educativo |
1995 | Se crea la Articulación Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales (ANMTR). La articulación reúne hasta la fecha a mujeres militantes de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), MST, Pastoral de la Juventud Rural (PJR), MAB, del Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA) y movimientos autónomos de mujeres. |
1996 | Primera vez que los derechos de la mujer a la tierra fueron explícitamente planteados por este movimiento cuando el Colectivo Nacional de la Mujer del MST se constituyó en cuanto tal. |
1996 | Masacre de Eldorado do Carajás. El 17 de abril de 1996, 19 trabajadores rurales sin tierra fueron asesinados por la policía militar de Brasil en Eldorado dos Carajás, en el suroriental estado de Pará. |
1997 | 1.º Congreso de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC). Las mujeres tuvieron un espacio propio, una asamblea de mujeres para discutir sus temas y reivindicaciones, que les permitió presentar sus decisiones al conjunto del movimiento campesino durante el congreso. |
1997 | Gran Marcha Nacional de 1000 Kilómetros; luego de caminar dos meses llegan a Brasilia y se instituye el 17 de abril como “Día Internacional de la Lucha Campesina” en recordatorio a la Masacre de Eldorado do Carajás. |
1999 | La Coordinación Nacional del MST aprueba, después de debates en las instancias de base, las líneas de políticas de género. Se comienza a debatir el concepto de “género”. |
2000 | 4º Congreso Nacional. Realizado en Brasilia. Lema: “Reforma Agraria: por un Brasil sin latifundio”. |
2000 | Marcha das Margaridas. Es una marcha que se realiza desde el año 2000. Reclama contra toda forma de discriminación y violencia machistas. Se realiza siempre el 12 de agosto, fecha en que se conmemora el asesinato, en 1983, de la trabajadora rural y sindicalista Margarida María Alves, cuando luchaba por los derechos de los/as trabajadores/as en Paraiba. |
2000 | Creación del sector de género en el Encuentro Nacional del MST en 2000. |
2005 | Se inaugura la Escuela Nacional Florestan Fernandes (ENFF), situada en Guararema. Fue construida entre 2000 y 2005 por más de mil militantes del MST, que fabricaron hasta los ladrillos utilizados en el edificio. |
2007 | 5.º Congreso Nacional del MST. Fue el mayor congreso de la historia del movimiento. Lema “Reforma Agraria: por Justicia Social y Soberanía Popular”. |
2014 | 6.º Congreso Nacional celebrado en Brasilia. El MST aglutina a unas 350.000 familias asentadas y 90.000 familias acampadas. Lema: “Luchar, Construir Reforma Agraria Popular”. |
2015 | Se constituye el colectivo LGTB del MST. Se trata de una novedad significativa en la organización campesina que pone en cuestión el imaginario social de concepción de la familia tradicional, en la que se considera únicamente el modelo heterosexual como legítimo. |
2017 | El MST se ha convertido en el mayor productor de arroz orgánico en América Latina. Se produjeron 27 mil toneladas de arroz orgánico. Además, el MST exporta 30 % de su producción a Estados Unidos, Alemania, España, Nueva Zelandia, Noruega, Chile y México. |
Cuadro elaborado producto de la sistematización de los seminarios y encuentros organizados por el colectivo de géneros del MST, en los que participé. Encuentro sobre géneros y diversidad organizado por el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil en agosto de 2015 y seminario de feminismos y marxismo en octubre de 2016 en San Pablo. Brasil, encuentro preparatorio al 8 de marzo 2017 en San Pablo. Brasil.
7.5.3. Reforma agraria popular
Para este movimiento, la reforma agraria es una necesidad del pueblo brasileño, y realizarla exige una transformación en el modelo, en el modo de organizar la economía, la agricultura y la política de este país. El objetivo estratégico del movimiento es concretar una reforma agraria popular. Se trata de una propuesta que tiene como pilar la transformación de la sociedad brasileña, la construcción de una nueva sociedad que resuelva los problemas existentes.
Actualmente, el MST agrupa a más de 1,5 millones de personas. Cerca de 350.000 familias han conseguido legalizar las tierras, y otras 90.000 viven en campamentos provisionales esperando una resolución judicial. La riqueza mayor del movimiento fue y es la participación de mujeres y hombres en la creación de cooperativas y la conformación de sus propias escuelas, espacios de formación, proyectos productivos vinculados al cuidado del medio ambiente. Visualizan como necesario reorganizar la producción para el mercado interno y para producir alimentos saludables. Sostienen que la reforma agraria tiene que estar enlazada con el cooperativismo. Rescatan la necesidad de adoptar técnicas agrícolas que respeten el medio ambiente y garanticen la soberanía de las comunidades. Están convencidos de que la cooperación campesina permite construir un modelo de agricultura alternativo y autosustentable y que es una garantía de resistencia y permanencia en la tierra. El movimiento construye, en la propia lucha, los lazos solidarios entre sus miembros a través de la formación y la capacitación cooperativista y en la propia práctica cotidiana, elevando el nivel de vida de los campesinos y las campesinas, que antes de la conformación del movimiento no tenían nada más que la miseria y la explotación como destino posible.
7.6. La disputa de territorios educativos. La pedagogía del movimiento. Educación en movimiento
El papel que cumplen la formación y los procesos educativos en el MST adquiere una centralidad fundamental en el devenir de este movimiento social. Desde su comienzo, la comprensión de la necesidad de la educación del campo incluía la reivindicación por la autonomía para la definición de contenidos pedagógicos y formas de enseñanza, relacionados al reconocimiento del derecho por las distintas visiones, luchas, prácticas y formas organizativas en lo social, productivo y cultural de las poblaciones del mundo campesino en especial y rural en general (Caldart, 2012: 259-260). Las conquistas y la construcción que han logrado en el campo educativo es otra de las particularidades que presenta este movimiento social y lo hace destacable. La producción de conocimiento científico, la recuperación de las experiencias históricas, y la formación política son condiciones esenciales para el avance de una organización en la cual sus miembros se transforman en sujetos políticos con capacidad de pensar, de elaborar, de hacer (Pizzeta, 2009). Para el MST la recuperación y consolidación de la memoria histórica es un elemento central que fortalece la identidad y la pertenencia de los sujetos. El movimiento es respetuoso de la historia, en él están presentes los diferentes momentos históricos, los procesos, las vivencias y los encuentros diversos que mantienen una relación continua con el presente. Asume como primordial la necesidad de comprender la historia, las historias, de una manera crítica. La valorización crítica de la dimensión histórica, la construcción y producción colectiva de nuevas teorías favorece la construcción de un movimiento autónomo consciente de lo que se propone.
Indudablemente, el MST privilegia el lugar de la formación política y la educación. El espacio educativo se desarrolla en las siguientes áreas: enseñanza fundamental, educación de jóvenes y adultos, educación infantil, formación de educadores –cursos no formales, cursos formales de Magisterio y Pedagogía, enseñanza media y también en el área de formación de técnicos en administración de asentamientos y cooperativas–. Hasta la actualidad han construido más de dos mil escuelas públicas en campamentos y asentamientos. Miles de niños/as, jóvenes y adultos/as con acceso a la educación gratuita. 50 mil adultos alfabetizados, dos mil estudiantes en cursos técnicos y superiores y más de 100 cursos de graduados con investigaciones en las universidades públicas de todo el país (MST, s/fb). También poseen, a través del Programa Nacional de Educación en la Reforma Agraria (PRONERA)[2], convenios con universidades federales de todo el país con 61 clases de graduación. Además, ¡25 mil personas fueron alfabetizadas a través del programa “Yo sí puedo”! (MST, s/fc).
Del punto de vista político, la división entre educación y formación es porque ella va a cuidar muchísimos los aspectos de educación formal. El sector de educación se divide en cuatro frentes, la infancia, la escuela lucha por las escuelas, educación de jóvenes y adultos, y otro la universidad. La formación se dedica a la formación política. Claro que la educación está envuelta por la formación política. Yo dirijo en la provincia de San Pablo el sector de educación. Allí actúo en diversos frentes, pero es más que nada en la cuestión política, la negocia con la provincia, la movilización en la provincia, la relación con los aliados. El proceso de articulación política, a veces alguna actividad con las y los niños. Garantizar las diferentes actividades de la provincia. Por ejemplo, existe un colectivo de literatura para infancia, nosotras producimos la revista Sin Tierriña, diferentes materiales, ahora estamos produciendo la cartilla sobre agroecología para las escuelas de la prefectura de San Pablo. Y también tengo la tarea del sector de género, estoy en la coordinación de la región sureste (Lisandra, sector educación, 38 años).
La pedagogía del MST se enmarca en el paradigma de la educación del campo que concibe al campo como un espacio de vida y resistencia donde los/as campesinos/as luchan por el acceso a la tierra, por la oportunidad de permanecer en ella (Fernandes da Silva y Netto, 2011). La educación del MST, tanto la correspondiente a la escuela, como aquellas actividades educativas no escolares, se basa en algunos principios filosóficos que fueron publicados por primera vez en 1996 y reeditados en el 2005 por el movimiento, a saber: educación para la transformación social y educación para el trabajo y cooperación, educación en las diversas dimensiones de la persona humana, con educación y valores socialistas y humanista, educación como un proceso permanente de formación/ transformación humana (Araújo, 2011). Según Caldart (2004), la nueva vida en el marco de la organización implica la primera experiencia pedagógica que viven los sujetos que son parte del campamento, y por eso la autora considera al MST en su conjunto como un sujeto pedagógico.
De hecho, el movimiento para mí y para la enorme mayoría de todas las familias sin tierra, de la juventud en esa época, fue una gran esperanza, gran escuela de la vida. Donde se tiene la oportunidad de estudiar, de conocer, de crecer la conciencia política, de conocer el país por las tareas del movimiento, participar de encuentros, etc. Y desenvolverse en la lucha política, en la conciencia política e ideológica… De esa familia tan numerosa, yo tuve más oportunidades, fui la primera que consiguió tener un título superior de la familia. El movimiento me dio esa posibilidad; por estar en el movimiento, puedo acceder a una educación, formación. La escolarización es un elemento fundamental de nuestra lucha y nuestra conquista. Incluso estudié Pedagogía (Etelvina, sector educación, 55 años).
La escuela para mí fue esencial, porque ella me mostró quién era el MST. Había mucho estudio y rescate de las fechas conmemorativas, conocer por qué el 17 de abril. Conocer por qué la historia de ocupación. Estudiar sobre la lucha de la tierra en el país, estudiar sobre la lucha por la tierra en América Latina. La escuela tenía excelentes educadores formados por el MST con la pedagogía del movimiento sin tierra. Tenía toda una coordinación pedagógica de la escuela que hacía que la gente participara de la escuela. Todo eso ayudó, yo salí de una escuela pública tradicional que no tenía nada de eso y llego a un lugar donde la escuela la construíamos entre todos, ahí se abrieron mis horizontes y comencé a estudiar. Recuerdo de leer libros en la escuela de Paulo Freire, el estudio sobre la cuestión agraria, toda una fase de mucho acceso a conocimiento gracias al movimiento que fueron fundamentales (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
Para el MST la educación es una práctica centrada en la criticidad de los procesos humanos, sociales, políticos, culturales, ecológicos y de género. Sus iniciativas pedagógicas y educativas responden a las demandas que presentan el movimiento. El MST produce su propia teoría y lo hace sistematizando sus prácticas, sus pensamientos, su filosofía, su pedagogía, valorizando y reivindicando sus sueños. Creación de su propia teórica que parte de sus propias prácticas, de sus propias reflexiones y de su propia filosofía de vida. Proceso de constantes aprendizajes y desaprendizajes, de interrelación entre teoría y práctica. Proceso que conlleva a la reflexión crítica y holística, que incluye una articulación coherente y profunda entre pensamientos y valores, decires y haceres. La pedagogía del movimiento recupera, reafirma y al mismo tiempo continúa desde una realidad específica, con sus sujetos particulares y en un tiempo histórico determinado. Se trata de una construcción teórico-práctica de una concepción de educación de base materialista, histórica y dialéctica. Es heredera de la filosofía de la praxis como concepción que radicaliza la idea de ser humano (ser social e histórico) como producto de sí mismo: al mismo tiempo sujeto de la historia, formado por la sociedad y constructor de la sociedad, y sujeto de praxis (Caldart, 2012: 551).
Para en el movimiento, es muy importante que uno pueda tener mucho conocimiento teórico, pero en la vida del MST el estudio sin la práctica orgánica no tiene sentido (Izi, sector finanzas, 34 años).
Mi vida será siempre en la militancia. Yo hago la evaluación que lo mejor del estudio es formarse como ser humano. Sé leer, sé escribir, puedo cursar muchos seminarios del movimiento. Es un privilegio estudiar. Mi tiempo es destinarlo a la formación que necesito para mejorar la militancia (Roselva, sector salud, 48 años).
7.7. Los procesos educativos: la intencionalidad de garantizar la participación
El MST entiende la formación como un proceso permanente y sistemático, dinámico y amplio, que siempre debe estar vinculado a la estrategia de la organización. Es decir, la formación tiene la tarea de contribuir, clarificar y consolidar la estrategia y los objetivos del movimiento (Pizetta, 2014: 15). La propuesta de educación del MST es muy amplia, aborda innumerables aspectos, que en realidad reflejan que la educación es repensada de manera integral por el MST (Dalmagro, 2010). Desde este punto de vista, los procesos educativos desarrollados por el movimiento contemplan la necesidad de garantizar la participación igualitaria entre hombres y mujeres.
En este sentido, el movimiento, a lo largo de su desarrollo, ha diseñado diferentes iniciativas, entre ellas las llamadas “cirandas infantiles”, que facilitaron garantizar la participación de las mujeres en los procesos educativos gestados desde el movimiento. La problematización de la sobrecarga de las mujeres en las tareas de cuidado y la ausencia o escasez de políticas públicas de cuidado y de corresponsabilidad familiar fueron y son unos de los elementos analizados que afectan directamente a la posibilidad de acción y participación política de las mujeres. Ello derivó en la creación de estas cirandas infantiles. La experiencia y concepción de la ciranda infantil en el MST surgió de la necesidad que tenían en los asentamientos y campamentos del movimiento. En el proceso, se incorporó en todas las actividades de educación y formación para facilitar la participación de las mujeres en los cursos, seminarios, congresos y encuentros, y, así, al mismo tiempo, posibilitó el trabajo con los/as niños/as en edad infantil desde la perspectiva de la pedagogía del movimiento.
Las cirandas infantiles son un espacio educativo organizado en los campamentos, asentamientos, centros de formación y escuelas del MST destinados a los/as niños/as. La atención prestada a ellos/as en dicho espacio está condicionada por sus distintas realidades y necesidades. Esta modalidad no pretende sustituir o contraponer el papel de la familia, sino colaborar en su proceso educacional. Ahora bien, “la ciranda infantil no puede ser vista únicamente como un derecho de los padres y madres que participan en el MST, sino, sobre todo, como un derecho de los/as niños/as, que también son sujetos constructores del movimiento” (Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra, 2004b: 37).
Las mujeres participaban, pero era mucho menor, esa situación generó una gran discusión y la necesidad de ampliar esos espacios de participación, y unas de las primeras discusiones era cómo garantizar la participación de las mujeres, cómo dar los espacios para que las mujeres pudieran participar. Incluso el surgimiento de las cirandas infantiles tenía que ver con eso. Después, se da todo un proceso de reflexión sobre que no era un espacio solo pensado para facilitar la participación de los/as niñas/os y se establece toda una discusión sobre el espacio de formación de los sin tierriñas. Entonces se van a crear un conjunto de condiciones materiales para que las mujeres participasen y se va a dar un proceso colectivo, se forman varios colectivos de mujeres que van a discutir las condiciones de género y cómo se intenta ampliar la participación de las mujeres. Y ahí vamos a crear un sector pensando en una mayor maduración de esa participación, es decir, para favorecer la participación de las mujeres (Lisandra, sector educación, 38 años).
La ciranda era una forma que les permitiese a las mujeres participar de las reuniones. Pero no se pretendía que fuera un lugar para cuidar, no se quería entrar en esa lógica que las personas solamente cuidaran. Entonces, se vio la necesidad de tener un ambiente donde las y los niños tuviesen un espacio en que se pudieran quedar y las madres participaran de las reuniones, de las luchas. Desde el punto de vista histórico, se podría decir que el sector de género se organizó a partir de 1996, pero ya había un debate. El primer debate rondó sobre la importancia de la participación de las mujeres (Simone, sector formación, ENFF, 37 años).
Desde los cursos básicos, ya se contempla garantizar la participación igualitaria en términos de género. Para garantizar la participación de la mujer, tenemos la ciranda, para contribuir en la manutención de nuestros espacios. La ciranda es un instrumento más porque da la posibilidad de estudiar, trabajar y ocupar espacios. Tanto políticos como pedagógicos (Wiliana, sector derechos humanos, 28 años).
El debate inicial de la ciranda nace articulado con este debate general de las bases materiales. Cómo crear las condiciones para que las mujeres participasen de la producción, de las cooperativas, de los sistemas de producción, eso fue uno de los debates fundamentales en los años noventa. El MST inició un proceso cooperativista nacional, ¿cómo las mujeres no iban a participar de las cooperativas? ¿Quién cuida de los hijos, si no tienen estructura, no tienen escuela? ¿No tienen nada? Esa situación forzó a instalar y dar ese debate. Que muchas, muchas mujeres ya eran las propietarias de lotes y asentamientos. Había muchas mujeres que eran solteras, viudas. Entonces, ¿cómo sería la participación de ellas dentro de un sistema cooperativista? ¿Cómo se podía establecer la cooperación sin esas condiciones? Ese es un debate que entra fuerte en los años noventa. De crear las condiciones a partir de experiencias, porque en el campo no se tenía nada. No hay escuela, ni transporte, no se tenía nada. Entonces, esa situación provoca ese debate y era de cierto modo hecho por el conjunto. La cuestión es que, a pesar de que ese debate se daba de manera conjunta, una tiene que entender que eso tiene que avanzar para crear métodos y formas de organización y gestión del trabajo y la producción que posibiliten a las mujeres participar. Las cirandas infantiles surgen de ese debate. Y posteriormente se desarrolla el debate de la necesidad de la participación política, de las movilizaciones, de las marchas, de las actividades que generalmente la familia sin tierra participa (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
Los relatos de las entrevistas dan cuenta de que las cirandas infantiles nacieron sobre la necesidad de comprender, analizar y accionar de manera integral aspectos silenciados e invisibilizados frecuentemente o que escasamente son considerados en la vida organizativa de los movimientos sociales. De esta manera, las mujeres del MST problematizaron al interior de su propia organización la desigual distribución de las cargas de cuidado entre varones y mujeres, que expresa una clara inequidad de género que se funda en las lógicas patriarcales de naturalización de la división sexual de trabajo (Zaldúa, Longo y Lenta, 2018). Sin lugar a dudas, esta iniciativa puntual responde a dos dimensiones que atraviesan las prácticas de cuidado: la subjetiva –el cuidado como preocupación, responsabilidad, disposición– y la material –el cuidado como acción, ocupación, disponibilidad de tiempo– (Molinier y Legarreta, 2016).
7.8. La pedagogía feminista en el MST
Las mujeres del MST despliegan diferentes estrategias que favorecen su participación.
Desarrollan espacios de formación donde reflexionan críticamente sobre el impacto del modelo hegemónico de campo y las consecuencias en sus cuerpos, subjetividades y cotidianeidades, y al mismo tiempo revisan el poder de dominación que ejerce sobre ellas el patriarcado en su vida cotidiana y afectiva y en su propia subjetividad. Generan espacios de estudio, contención, fortalecimiento y autonomía subjetiva. Impulsan una fuerte crítica al patriarcado como sistema de dominación que opera en conjunción con el colonialismo y el capitalismo. Estas iniciativas no solo abren la posibilidad de responder a las necesidades sentidas y organizarse alrededor de ellas, socializando sus experiencias, percepciones y emociones, sino que también ofrecen el terreno propicio para perfilar intereses, explicitar los problemas latentes y articularlos en proyectos colectivos (Connell, 1991).
En este proceso el movimiento contempla grupos de estudios, cursos, seminarios, talleres en los que se problematizan centralmente las cuestiones de género, el funcionamiento del patriarcado y la construcción de un feminismo campesino y popular. El papel de las mujeres en la histórica es uno de los elementos de análisis y discusiones de los/as militantes. Garantizar una educación no sexista, basada en una perspectiva de equidad, que cuestione privilegios y jerarquías institucionalizadas y que promueva la autonomía y la justicia social es uno de los desafíos señalados por el MST. En este abordaje, contemplan la necesidad de trabajar en grupos de formación mixtos y exclusivos de mujeres.
Es importante cuando la gente comienza a debatir y entender la cuestión de género. La cuestión de género pasaba por todos los cursos del movimiento. En todos los cursos, tiene que estar el tema de género. Eso fue luego cuando el movimiento tenía un proceso de acumulación, aunque fue un tema tabú. No siempre fue un tema género y clase (Irma, dirección nacional, 58 años).
Las mujeres revolucionarias también tuvieron que repensar su papel y su rol dentro de los procesos revolucionarios. También tuvieron que ocupar espacios. Incluso el proceso de las mujeres que han aportado teóricamente creo que es un proceso y una mirada distinta a la de los hombres. Tienen un proceso de construcción de ciencia que es muy diferente. Entonces, rescatar algunas mujeres que participaron de la vida política, de revoluciones nos parece importante. Poder pensar que por ejemplo en Rusia dos mujeres participaban de una asamblea llena de presencia de varones nos marca algunos desafíos. También ocupar esos espacios y tener voz para construirlos. Eso es fundamental para nosotras en ese sentido (Ana, sector producción, ENFF, 36 años).
Nosotras tenemos una instancia, que se llama Escuela de Mujeres, que son muy bonitas en todas las provincias. Cada escuela tiene un nombre que homenajea a las mujeres. La escuela está muy relacionada con las acciones que hacemos nacionalmente. Son espacios donde se hace formación política, temas comunes que las mujeres necesitan retomar. La cuestión de la coyuntura también, la cuestión de la realidad y de definición de estrategias. Porque también hay cuestiones combinadas y diferentes en el país. Cada región tiene sus especificidades. Por lo cual es importante el conocimiento y las particularidades de cada territorio. Como también pensar lo nacional y tirar líneas políticas. Siempre con una línea política colectiva. No son decisiones individuales. Por lo cual es importante hacer proceso de formación, de estudio, de profundizar las condiciones de las compañeras. También tenemos un espacio de reflexión de las mujeres de la dirección del MST sobre feminismo y género. Exige tiempo de estudio y profundización. No es solo una discusión sobre la participación de las mujeres, nosotras queremos entender cómo eso está dentro de una categoría fundamental como formación de ser humano. Hacer espacios solo con mujeres y solo con varones. Está colocada como un desafío de la organización (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
La cuestión de género permea todos los procesos de formación, aunque a veces es insuficiente, creo que siempre debería tener más. La gente siempre tiene un proceso de formación de estudio, siempre se trabaja el tema de género, en la secretaria nacional del MST, en los estados, en los campamentos. Es un tema permanente que viene siendo discutido en la escuela, en las instancias nacionales del MST, en las brigadas, en los cursos. Es una cuestión permanente acá en el MST, tanto como un tema específico, como un tema trasversal a los otros que son colocados. A veces la gente observa que en los cursos hay una participación mayor de los hombres que de las mujeres, eso siempre ha sido acordado, en todos los ámbitos, en las reuniones de coordinación, de la dirección nacional es siempre preciso estar insistiendo, porque, desde el punto de vista formal, hay un acuerdo de que la participación en todas nuestras instancias sea de un 50 % y un 50 %, ahora en la práctica se presentan oscilaciones. Entonces, es un proceso permanente, sabemos que no podemos por decreto asegurar la participación igualitaria de las mujeres, para ello es necesario un proceso político para asegurarlo (Izi, sector finanzas, 34 años).
7.9. Conquistando territorios. El acceso al estudio
El acceso al estudio es un aspecto sustancial para la vida del movimiento y, por supuesto, para sus integrantes. Los relatos recogidos dan cuenta de la posibilidad de acceder a estudios formales por pertenecer a la organización. El MST “reivindica una escuela pública sostenida económicamente por el Estado, pero conquista sus territorios y construye la escuela que entiende merecer; forma a sus docentes-militantes (Michi, 2008: 62). En el modelo educativo del MST, los/as investigadores/as y el/la profesor/a de la escuela del asentamiento rural son trabajadores/as rurales, y la escuela debe producir conocimientos encaminados al beneficio y bienestar de los/as trabajadores/as a partir de una nueva concepción de la vida rural. De forma pionera, consideran el acceso a la educación, la revolución de modelos pedagógicos y la organización de nuevas escuelas para familias trabajadoras rurales una parte sustancial de la reforma agraria (Chaguaceda y Brancaleone, 2010). Desde sus iniciativas, apuestan a democratizar el conocimiento.
El movimiento facilita instancias para estudiar, cursos de alfabetización, enseñanza en lo que respecta al nivel medio, técnicos, de graduación en convenio con la universidad pública a través de un programa específico de educación para la reforma agraria. Yo estudié Servicio Social, me recibí de trabajadora social. El movimiento me indicó para hacer el curso en el año 2011 hasta el 2015. Tenía que quedarme dos meses por semestre en Río de Janeiro, el curso contaba con la modalidad de alternancia. Dos meses en la universidad y cuatro meses en la comunidad. Mi marido me apoyó, mis hijos y mucha gente. Fue muy bueno hacer el curso de servicio social. El curso te prepara para hacer con calidad y posibilita a los trabajadores acceder a los conocimientos, a informaciones y acceso a derechos y fortalecer lo que ya se sabía. La vida en el movimiento es eso, es empoderar a los trabajadores para el acceso de derechos. Poder acceder a la universidad considerada como una de las mejores de América Latina. Es parte de un convenio de la universidad de Brasil con el MST. Mi compañero a través de este programa hizo un curso técnico de medioambiente; cuando yo lo conocí, él no tenía ni primario, lo incentivé a estudiar hasta tener el mismo nivel de educación que yo. Soy solidaria ahora con él como fue él conmigo, asumo algunas tareas del estado porque él está estudiando la Licenciatura de Educación en el campo. En términos generales, el proceso de formación política e ideológica que la gente hace y el proceso de formación que uno adquiere en la lucha, movilizaciones, acciones, ocupaciones y el tener acceso a un conocimiento más elevado que facilita una lectura más profunda de la coyuntura, de la realidad y para poder intervenir de una forma más calificada (Joselva, sector formación, 47 años).
Yo jamás me hubiera imaginado en la universidad. El MST da la posibilidad de conquistar las conquistas colectivas del movimiento. Pude hacer la especialización de Pedagogía de la Tierra. Gracias al MST, pude realizar los cursos de formación política. La gente intenta democratizar eso para el conjunto del movimiento. Eso es muy nuevo porque es un aporte importante, históricamente los movimientos sociales creían que la gente ganaba cuando llegaban al poder, pero el MST entendió que nuestro mayor arte es la conciencia. La formación de la conciencia forma al sujeto, como persona, como revolucionario (Lourdes, sector género, 40 años).
7.10. La experiencia de la Escuela Nacional Florestan Fernandes (ENFF)
La Escuela Nacional Florestan Fernandes (ENFF) se inauguró hace 14 años. Y la construcción se sustentó en el trabajo colaborativo y cooperativo de más de mil militantes del MST. La ENFF se ha consolidado como un espacio de formación política de militantes de movimientos populares y organizaciones de todas las partes del mundo. Coordinada por el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), está en permanente construcción física, política y pedagógica. Está localizada en el municipio paulista de Guararema, a 70 km de la capital. Se estima que pasaron por la escuela más de 24.000 personas –pertenecientes a movimientos sociales del campo y de la ciudad, de todas las provincias de Brasil y otros países de América Latina y África– para realizar cursos, seminarios, conferencias y visitas. Más de 500 profesores voluntarios de todo el mundo apoyan la escuela en Filosofía Política, Teoría del Conocimiento, Sociología Rural, Economía Política de la Agricultura, Historia Social de Brasil, Coyuntura Internacional, Administración y Gestión Social, Educación del Campo, Estudios Latinoamericanos, etc. La ENFF también ofrece cursos superiores y de especialización debido a un acuerdo con más de 35 universidades (por ejemplo, en Servicio Social y Derecho) y máster en Desarrollo Territorial en América Latina y el Caribe, gracias a convenios con la Universidad Estadual Paulista (UNESP) y la cátedra Unesco de Educación del Campo. Los convenios se extienden a más de 15 escuelas de formación en otros países. Los recursos para la construcción fueron levantados con la venta del libro y disco Terra, con fotos de Sebastião Salgado, texto de José Saramago y canciones de Chico Buarque (Associação do Amigos do Florestan Fernandes [AAFF], s/f).
La escuela sigue líneas políticas que son del MST. En el último congreso, en el 2014, se definió que tanto las mujeres como los jóvenes teníamos que potencializar la participación, que es un problema histórico en el movimiento. La escuela tiene como política garantizar que los cursos sean un 50 % realizados por mujeres, y estamos muy abocados a que sea de esa manera. Tanto en todos los cursos como los valores que la escuela pregona. La escuela, para facilitar la participación de las mujeres, cuenta con una ciranda infantil. Con respecto a los cursos, tenemos como pauta abordar la temática del feminismo. Hemos avanzado muchísimo con los cursos ubicando al feminismo como un tema trasversal. Eso lo hacemos desde el comienzo de los cursos el tema de la importancia del género y las diversidades sexuales. Vamos dando pasos en relación a los cursos, en general también las mujeres llegan ahora más empoderadas, eso es bueno también (Ana, sector producción, ENFF, 36 años).
La Escuela Nacional Florestan Fernandes tiene la importancia de intercambiar experiencias, lo que permite enriquecernos y pensar colectivamente los problemas y los dilemas que son nuestros y de la humanidad (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
En la experiencia pedagógica promovida por el MST, un referente fundamental es el pedagogo Paulo Freire, que concibe a la educación como un proceso relacional que puede ser liberadora o autoritaria. Mientras que la educación autoritaria se expresa en términos de conquista e imposición cultural, la educación liberadora tiene como premisa la transformación creadora de la realidad, en la que educadores/as trabajen desde esta perspectiva, que posibilita el diálogo de saberes en el que se concretan los valores de equidad, solidaridad y respeto. La pedagogía del MST es una propuesta innovadora, se trata de un proyecto educativo que se vincula con sus problemas, necesidades, deseos y sueños.
El MST entiende la formación como un proceso permanente y sistemático, dinámico y amplio, que siempre debe estar vinculado a la estrategia de la organización. Es decir, la formación tiene la tarea de contribuir, clarificar y consolidar la estrategia y los objetivos del movimiento, que se relacionan con un conjunto más amplio de fuerzas en la sociedad. Busca, desde el punto de vista teórico-práctico, aproximar los desafíos y objetivos más inmediatos con los desafíos y objetivos de largo plazo, de forma articulada, como aspectos de un mismo proceso de lucha política (Pizetta, 2014: 15). Desde su trayectoria, el MST ha creado un sistema educativo propio que comprende ámbitos de educación formal y no formal, sistema que incluye escuelas primarias y secundarias, cursos universitarios y también centros de formación en las distintas comunidades. Aunque la existencia de espacios de educación no formal tiene una larga trayectoria en el seno de las organizaciones políticas, la inclusión y lucha por espacios de educación formal es una de las novedades del MST.
7.11. La experiencia autogestiva del MST: el proyecto cooperativo del movimiento
A lo largo de su historia, el movimiento ha pasado por diferentes etapas, a través de las cuales sus miembros fueron construyendo la convicción de que la mejor forma de superar la organización capitalista en el campo es que los/as campesinos/as cooperativicen su trabajo y el fruto de él. En la construcción de esta convicción, el movimiento enfrenta una de las tensiones que es necesario abordar en la conformación de cooperativas agrícolas: la presencia de la tradicional conciencia individualista del campesino/a, que muchas veces se transforma en un obstáculo para la conformación de una conciencia colectiva. Superar estos impedimentos y construir esta conciencia es uno de los objetivos del proyecto cooperativo del movimiento, allí apuntan los procesos de formación y las propias prácticas de convivencia y organización en los acampamentos y en los asentamientos. Esas mismas prácticas demuestran la necesidad de consolidar formas complejas de cooperación agrícola –las agroindustrias– para elevar el nivel de vida de los asentados, si bien reconocen que la adopción de las diversas formas de cooperación no puede ser impuesta, sino flexible, y producto del convencimiento de los/as protagonistas de la lucha.
Si bien se parte de la necesidad de flexibilizar la adopción de las distintas formas de cooperación, hay un convencimiento general que no admite flexibilidad, y es que la organización de las cooperativas implica una lucha abierta contra el monocultivo y un no rotundo a la compra de semillas a las empresas trasnacionales que aspiran, a través de la patentización de las semillas, a que la agricultura no se transforme en un negocio, solo rentable. Romper con esta lógica impuesta por la agricultura dominante y consolidar la diversificación de la producción es uno de los desafíos del movimiento en relación con la construcción y consolidación de la cooperación agrícola. A partir de evaluar la necesidad de organizar y extender la cooperación agrícola, se estimula la constitución de formas de cooperación en la producción, la comercialización y la obtención de crédito y de mejorías en la infraestructura de los asentamientos, así como la articulación de formas de organización cooperativa en instancias locales, regionales y nacionales.
Tenemos por ejemplo la cooperativa en Paraná llamada COPAVI. Se produce leche, arroz, café, peces, chocolate, cachaça. En las cooperativas no trabajan solamente hombres. Trabajan hombres y mujeres. Para que todos asuman los espacios de administradores y administradoras. La idea es producir desde la agroecología, conservar la mata, la biodiversidad. Nosotras tenemos varias agrónomas que son súper pioneras y defensoras en la cuestión de la agroecología. Tanto en el colectivo de producción, como en las diferentes áreas. La gente que hace acompañamiento técnico siempre tiene esa visión (Wiliana, sector derechos humanos, 28 años).
La cooperación agrícola se fue convirtiendo, a lo largo de 35 años de historia del movimiento, en una garantía de la permanencia de los/as campesinos/as en las tierras y en una forma de resistencia frente a la represión estatal directa o indirecta, razón por la cual la formación en cooperación agrícola es una de las bases de la educación y formación de las escuelas y los institutos del movimiento. En la actualidad las familias asentadas y acampadas son las mayores productoras de alimentos orgánicos de Brasil, y el MST es pionero en el cultivo de semillas de hortalizas agroecológicas. Además, el MST es el mayor productor de arroz sin agrotóxicos de América Latina, según el Instituto Rio Grandense de Arroz (IRGA). El MST tiene cientos de ferias agroecológicas y promueve anualmente la Feria Nacional de la Reforma Agraria, la mayor en diversidad de productos en el territorio brasileño. Posee cientos de cooperativas, asociaciones y agroindustrias que producen alimentos naturales e industrializados, muchos con certificación orgánica. Esto mueve la economía de los municipios, genera trabajo y renta. El MST también ha impulsado la creación de 1.900 asociaciones de producción, comercialización y servicios, 100 cooperativas de producción agropecuaria, 32 cooperativas de prestación de servicios, dos cooperativas de comercialización y tres de crédito. Además, ha participado en la creación de 96 empresas agroindustrias que procesan frutas, hortalizas, leche y derivados, cereales, café, carnes y dulces (MST, s/fd). Estas prácticas de trabajo cooperativo pueden darse tanto en la esfera de la producción, en la de la distribución o incluso en la organización propia de la vida social (finanzas, servicios, vivienda), cuyo énfasis sustenta el propio proyecto social y político de este movimiento socioterritorial (Fernandes, 2005) que se direcciona hacia una territorialización cooperativa, inclusiva y campesina del movimiento.
La cooperativa en el movimiento tiene un lugar central, porque allí es donde se lleva la producción y se encuentra con otros problemas de las compañeras y allí discute y consigue en la práctica ver soluciones y lo que se puede hacer. La organización, la comercialización de los productos. La relación con otras cooperativas para coordinar y ampliar e ir a otros espacios. La cooperativa se torna un trabajo para aprender a trabajar colectivamente la relación con otras personas. También entra el debate de la agroindustria, que implica la cuestión más detallada del alimento, la industrialización de los alimentos. Allí entra nuevamente la cuestión de las mujeres. Allí se ve nuevamente la cuestión de las mujeres trayendo la cuestión de la vaca, ordeñar, la cuestión del queso llevando a la cooperativa. El tema del debate de cómo se trabaja la cuestión de la agroindustria sin entrar en las lógicas del capitalismo. La discusión de que la cooperativa no puede perder su vínculo con la lucha (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
Es un trabajo que venimos desarrollando. Incluso también en que es necesario que estén presentes las mujeres en las direcciones de las cooperativas. Ocupar esos espacios en las cooperativas exige un proceso de capacitación, además debemos contemplar que Brasil tiene muchas realidades diferentes. El MST siempre tuvo como política asociar a la familia, a todos sus integrantes, y no solamente al hombre, y eso me parece fantástico. Eso fue un proceso fantástico, facilitó que las mujeres pudieran participar de la vida de las cooperativas. Y estar más en lo cotidiano en la participación del proceso (Ama, sector producción, ENFF, 36 años).
El sistema cooperativista de los asentados (SCA) se define como un proyecto de organización cooperativa que garantiza la viabilidad de la agricultura familiar campesina en los asentamientos del MST, para convertirla así en un sector estratégico para la transformación de la vida en el campo y de la sociedad en su conjunto. Una transformación fundamentada en la generalización del trabajo cooperativo desde diferentes niveles y perspectivas (Pérez, 2015). La formación en cooperación agrícola apunta a que sean los/as propios/as asentados/as los/as que maduren la idea de la necesidad de organizarla, ya que consideran que las distintas formas de cooperación no solo deben ser flexibles, sino también consecuencia de las condiciones objetivas –nivel de acumulación de capital, productos que es posible producir, las condiciones naturales del asentamiento– y las condiciones subjetivas –grado de conciencia política y nivel de participación en la historia de la comunidad– de cada asentamiento. En este sentido, las mujeres problematizan la efectiva participación de ellas en el sistema productivo y en las cooperativas, asociaciones que se impulsan desde el movimiento.
Hay un desarrollo importante, una participación importante de las familias. Tenemos muchos obstáculos, inclusive de las propias políticas públicas que limitan también el acceso de mujeres a créditos (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
En el plano de la comercialización, el movimiento enfrenta otra de las tensiones que es necesario superar: en el mercado interno, la producción de las cooperativas debe competir con aquella que es volcada al mercado por los grandes capitales nacionales y extranjeros, competencia que no es fácil debido a la enorme concentración de estas grandes empresas en el manejo del mercado. El movimiento dedica tiempo al debate y la discusión sobre la mejor forma de enfrentar esta competencia para ir logrando un lugar destacado en los mercados regionales. Fruto de esa organización son las cooperativas, asociaciones y agroindustrias en los asentamientos. Actualmente, el MST organiza siete principales cadenas productivas: frijoles, arroz, leche, café, jugos, semillas y miel. Actualmente, son 17 las ferias repartidas por todo el país, además de la feria nacional que se celebra anualmente en la ciudad de São Paulo. El MST comercializa alimentos institucionalmente para varias entidades, programas y organizaciones, entre ellas el Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE) y el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA). Los productos del MST también son exportados y comercializados en mercados, ferias, grupos de consumo, almacenes del campo y tiendas de la reforma agraria (MST, 2019). El sostenimiento de este proyecto es constantemente amenazado bajo el gobierno actual de Bolsonaro.
7.12. El lugar de las mujeres en la producción
Como movimiento socioterritorial, el MST es crítico al modelo agrícola, que se caracteriza por ser un modo productivo basado en la producción a gran escala, el capital intensivo y nuevas formas de organización de la producción y acceso y explotación de los distintos bienes naturales (Ramírez, 2015). Por otro lado, los agronegocios tienen un patrón centralizado basado en productores corporativos de insumos, procesadores y compañías comerciales con una producción que está descontextualizada y no relacionada con las especificidades de los ecosistemas locales y relaciones sociales (Rosset y Torres, 2013). La expansión exponencial del agronegocio deriva, finalmente, en una descapitalización, desestructuración y cooptación de las pequeñas economías campesinas, de forma que termina con la agricultura familiar, la producción soberana de alimentos y las posibilidades de consolidar mecanismos agroecológicos (Breilh, 2010). La instalación del agronegocio se ha referido básicamente a commodities o producción agrícola a gran escala. Actualmente, el estilo de agronegocio es criticado y cuestionado, por su impacto negativo al medio ambiente y a la salud de las poblaciones (Olarte Calsina, 2012).
Se comienza un enfrentamiento más frontal al agronegocio. El agronegocio no es solo una cuestión teórica. En ese proceso se comienza a ver la necesidad de analizar el agronegocio, el monocultivo. Las mujeres son las que sufren más, y la gente fue avanzando en luchar por la causa específica, pero también política. En ese periodo se entendió al feminismo, esa clareza política que tuvo en el 2000. La gente amplía la visión del feminismo. También se daba que las mujeres entraban al sector de género, se formaban y luego participaban de otros espacios de la escuela. Eso al principio parecía ruin, pero después se empezaba a pensar que era estratégico. Porque era mejor tener mujeres con conciencia feminista en el sector de producción, educación, cultura, etc. Nuestro sector pasó a ser intersectorial (Lourdes, sector género, 40 años).
Existen varias investigaciones que denuncian las consecuencias del agronegocio en el sistema alimenticio. Nosotros en los asentamientos tratamos de no utilizar agrotóxicos. Entonces, para nosotros una forma de combatir ese modelo es a través de la agroecología. Producir alimentos orgánicos, sin venenos, y saber que uno está comiendo saludablemente. Nosotros queremos conseguir producir alimentos saludables para todo el mundo. Las mujeres producen mucho en los campamentos, asentamiento. Actúan bastante. Las mujeres son las que garantizan el sustento porque los hombres salen a trabajar. Ellas producen y están produciendo saludablemente y ellas entienden que es necesario. Ellas están firmes en esa lucha contra los agrotóxicos (María Emilia, biblioteca, ENFF, 29 años).
El MST, junto con las organizaciones integradas en la Vía Campesina[3], lucha por una soberanía alimentaria de los pueblos y la generalización de una estructura cooperativa y una matriz tecnológica agroecológica de producción. En este sentido, la transcendencia del sistema cooperativo del MST no se ciñe únicamente a la creación aleatoria de cooperativas, sino que también pone en práctica una estrategia de transformación socioespacial mediante la práctica cooperativista, con base en pautas de trabajo cooperativo y de ayuda mutua organizadas por colectivos de trabajo que las denominan “brigadas”. Es decir, una territorialización cooperativa y campesina en su sentido más amplio, estrechamente vinculada a la organización social y política del movimiento (Pérez, 2014).
Esta relación con el proceso organizativo del movimiento posibilita interrogarse por el rol de las mujeres en las tareas de producción del movimiento y el papel del feminismo crítico que dialoga con la agroecología desde las propuestas de la economía feminista. Combinando el análisis y la práctica de la economía solidaria con la economía feminista (Nobre, 2015). Especialmente las mujeres que integran el MST problematizan desde los espacios, los tiempos, los roles, las prácticas y los sentidos tradicionales otorgados al proceso de producción y la “masculinización” del mundo rural. Las miradas que aportan las mujeres problematizan la invisibilización histórica que ellas han tenido en la vida productiva y el persistente sostenimiento de toda una red de contribuciones (materiales y simbólicas) que despliegan por sus tareas múltiples, que van desde el trabajo y cuidado de la tierra hasta el sostenimiento de las prácticas de cuidado cotidianas que extienden entre sus convivientes. Cuestionan desde sus prácticas participativas y reflexivas los esquemas interpretativos que homogenizan la categoría trabajadora, desdibujando las desigualdades de género e invisibilizando la división sexual del trabajo, de la organización social del cuidado, y la economía del cuidado.
Claro que hay mucho por avanzar porque la vida pública y la producción es una actividad masculinizada. No es una vida de fácil acceso a las mujeres. Nuestra organicidad tiene que adaptarse a las necesidades de las mujeres (Ana, sector producción, ENFF, 36 años).
En el 2004 comencé agronomía; cuando apareció el curso, comencé el curso. En ese momento, para que tengas una idea, el curso estaba conformado por 38 personas, de las cuales ocho éramos mujeres. No te imaginás lo que fue convivir con 30 hombres y 8 mujeres. En ese periodo, el debate sobre feminismo y sobre la participación de las mujeres era muy intenso. En ese momento, yo colaboraba al mismo tiempo que estudiaba con algunas actividades del movimiento. Quedé en la parte de coordinar los cursos de formación política, en la escuela estadual y destinada a la juventud. Siempre se prioriza la formación estadual para integrar a la juventud en la militancia. El curso de agronomía era de 5 años y tenía la dinámica de algunos meses en comunidad y otro tiempo de universidad escuela. Finalmente tengo el título de ingeniera agrónoma. Fui directo al sector de formación. Después se requería gente en el sector de producción (Leticia, sector producción, 31 años).
Aunque estemos en un sector específico como es el de producción, la idea es participar en el debate del todo. En la provincia donde vivo, la dinámica es muy fuerte. Hacemos un debate de todos los sectores, porque es necesario para el asentamiento. En el caso de las políticas públicas, en el 2012 ese debate en los asentamientos estuvo muy presente. Y el debate de la agroindustria y las cooperativas fue intenso y el sector de producción es clave (Cintia, sector género, 35 años).
Partiendo de una propuesta integral de reforma agraria popular, los/as miembros del movimiento saben que no es solo cuestión de democratizar la tierra, sino que también es necesario crear las condiciones para poder producir. Impulsando nuevas formas de producir democráticamente, que contemplen el cuidado del medio ambiente y la naturaleza, pero que también apunten a recuperar la dignidad de los/as campesinos/as. Es decir, introducen una serie de aportes en lo que respecta a la dinámica y concepción de la producción campesina y problematizan los procesos de participación de todos los sujetos que viven en el medio rural.
La fuerza que las mujeres tienen en la producción es muy positiva. Porque, cuando hablamos de reforma agraria popular, nos tenemos que remitir a la agroecología, a los alimentos saludables, y eso son las mujeres las que lo están haciendo en la práctica. Son las mujeres que están trabajando en eso y tienen mucha experiencia, en el debate eso es muy importante, porque enriquece el debate (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
Uno de los argumentos fuertes de la reforma agraria popular es la transformación del modelo de agricultura. Es la producción de alimentos saludables. Es la construcción de nuevas relaciones entre la naturaleza con la persona humana y las nuevas relaciones entre nosotros, entre hombres y mujeres. Eso tiene que ver todo con las mujeres porque al menos la producción de alimentos pasa por las manos de las mujeres, producir mandioca, producir porotos, producir batata, producir puerco, producir gallina, producir leche pasa todo por las manos de las mujeres. Por lo cual no podemos discutir la reforma agraria integral sin la participación de las mujeres, en eso ellas son fundamentales. No da discutir agroecología sin la participación de las mujeres. Las mujeres tienen un trabajo muy importante en el rescate de la semilla. Si las mujeres no estuvieran en el proceso, no mostrarían la diferencia. Por eso las mujeres no pueden quedar afuera de la reforma agraria popular. Hay un consentimiento del MST de que, sin las mujeres, sin la participación de las mujeres, no es posible. Porque pasa por la transformación de las relaciones entre las personas, pero en la alimentación también no será construido si las mujeres no participan (Irma, dirección nacional, 58 años).
Cuando hablamos de reforma agraria, pensamos que implica tener un buen lugar para vivir, tener condiciones para construir soberanía alimentaria de manera de construir un territorio de resistencia tanto político, económico, cultural, social. De que las personas tengan condiciones para tener empleo, trabajo y salario. De que produzcan alimentos de calidad y de que no pierdan la relación con la tierra. Para las mujeres dentro de la perspectiva agraria popular engloba también el empoderamiento, la participación y emancipación, que pasa por las diferentes dimensiones de emancipación económica, la emancipación cultural, la emancipación intelectual. Es un conjunto (Simone, sector género/formación, ENFF, 37 años).
7.13. Los cimientos de otro modelo de campo. El protagonismo de las mujeres en la construcción de la agroecología
Los/as integrantes del MST han asumido como parte de su proyecto la necesidad de trasformar los criterios de producción que se imponen desde el actual modelo agrario hegemónico. En este sentido, desde el movimiento se impulsa un tipo de producción que respete la naturaleza y genere alimentos saludables y evite la degradación ecológica del medio ambiente. Desde el MST se comprende la agroecología desde una reflexión amplia y colectiva, con una visión holística y un enfoque sistémico. No se la piensa simplemente como práctica relacionada al uso de tecnologías que no agredan ni contaminen el medio ambiente y las personas, sino como un movimiento y una ciencia que tiene como propuesta romper con el modelo hegemónico de desarrollo rural basado en monocultivo, latifundio, agronegocio y exclusión social, contraponiéndose al modelo capitalista de desarrollo rural (Ferreira, 2016). Es decir, la agroecología implica un enfoque alternativo para el análisis y rediseño ecológico de los sistemas agroganaderos revalorizando el conocimiento campesino (Toledo, 1993; Gliessman, 2002). Esta experiencia no solamente ha introducido nuevos patrones de producción y consumo en sus propios asentamientos, sino que se parte desde la mirada de la agroecología como un enfoque sistémico, en la que se contempla la realidad agroalimentaria desde una perspectiva crítica que incorpora los componentes sociocultural y político en su enfoque metodológico, que se fundamenta en una epistemología crítica que encuentra sus raíces en las formas de conocimiento campesino (Ottman, 2005; Sevilla Guzmán, 2006b).
Particularmente, en el caso de las mujeres del MST, además de optar por prácticas agroecológicas que avanzan hacia una organización agroalimentaria menos insustentable que apunta a un modelo productivo diversificado, libre de agrotóxicos y centrado en las necesidades alimentarias, al mismo tiempo propician prácticas que contribuyen a la visibilización y valorización del trabajo histórico realizado por las mujeres campesinas y a la búsqueda de generar nuevas relaciones de género donde los derechos sean igualitarios. Desde la agroecología trabajan no solo en la superación y no utilización de insumos químicos y semillas transgénicas, sino también en torno a todos los principios que orientan en sus dimensiones culturales, organizativas y políticas. En definitiva, que impulsan nuevas relaciones con la naturaleza y entre las personas.
En el movimiento estamos con una campaña muy fuerte en que la reforma agraria popular es con agroecología. La agroecología como opción de vida. Estamos llevando ese debate a los asentamientos. Las mujeres somos quienes estamos hablando mejor sobre agroecología, sobre la necesidad de una alimentación saludable. Un proyecto más sano, sin veneno, con menos consecuencias al medioambiente. La importancia de la producción de alimentos saludables, eso también es importante respecto a las políticas públicas, es una discusión importante. Para nosotros como sector de producción es sustancial discutir la agroecología (Leticia, sector producción, 31 años).
Con el avance de la “revolución verde”, se han perdido muchas semillas, y, cuando una va a las comunidades campesinas, las que resisten son las mujeres con las semillas de sus huertas, de sus flores, las semillas de las hierbas medicinales. Las mujeres no perdieron ese saber y esa práctica, y no perdió esa semilla que se mantiene (Etlevina, sector educación, 55 años).
Se evidencia que el MST tiene una consistente estrategia ecológica desarrollada. A través de diversas prácticas colectivas y acciones comunitarias, realiza la recuperación de los conocimientos tradicionales desarrollados por las mujeres vinculados a respetar el manejo de la tierra y rescatar la cultura campesina. Visibilizando además que las prácticas aludidas se inscriben en un quehacer del cuidado (Novo, 2003). La salud y sostenibilidad de estos agroecosistemas es, en buena medida, el resultado de una extensión de los roles que se les ha asignado a las mujeres como cuidadoras, no solo de su entorno inmediato (hijos, padres o maridos), sino también del medio ambiente (plantas, animales, agua, suelos, etc.) (Zuluaga-Sánchez y Arango-Vargas, 2013).
Como movimiento hemos hecho ampliamente ese debate de modelo. Sobre la agricultura, el campo que tiene el país y tiene América Latina. El MST tiene el reconocimiento del enemigo que se configura como agronegocio. Reconociendo ese enemigo, la idea es ver cómo construir un modelo sustentable, y en ese proceso entra el debate de la soberanía alimentaria, la soberanía de las naciones y la soberanía de los pueblos. Ahí entra la discusión de la construcción de una matriz agroecológica, claro, con muchos límites y desafíos en la práctica de efectivizar eso. Pero hemos avanzado mucho y ahí las mujeres son vanguardias porque tienen muchos trabajos cooperados realizados desde la conservación de semillas hasta la industrialización de varios productos (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
La agroecología es una producción interna, una forma de organización interna en la comunidad, pero, a partir del momento que ella va a ser comercializada y tener una relación directa con las ciudades, empezamos a discutir la dimensión urbana. Allí comenzamos a discutir, por ejemplo, la dimensión de la participación de las mujeres y es donde toma más fuerza. Porque quien coloca en práctica la dimensión agroecológica son las mujeres. En muchos asentamientos, incluso hay diagnósticos realizados, quien ayuda a mantener el lote, quien defiende para que no se venda ese lote, son las mujeres. Es muy elevado el número de hombres que quieren negociar el lote, sea por dificultad económica, por pelea con vecinos. Pero las mujeres son más de conservar aquello que fue conquistado. Y al mismo tiempo, por su sobrecarga de trabajo, participa menos en los espacios de lucha y de organización externa a su casa en el movimiento (Suelen, sector comunicación, 40 años).
7.14. La soberanía alimentaria
La experiencia del MST da cuenta de que apunta a construir una concepción de ciudadanía que apueste por poner “el cuidado de la vida en el centro” (Pérez Orozco, 2006: 29). Como ya se ha mencionado, aglutina todo un quehacer práctico, metodológico y filosófico en que se rescata la construcción colectiva de la experiencia y la apuesta innovadora tanto a nivel material, como también a nivel simbólico; en este sentido, han aportado a una serie de conceptos novedosos que fundamentan la competencia de otro modelo de campo. Tal es el caso del concepto de “soberanía alimentaria”, que ha sido intensamente defendido y adoptado por los movimientos sociales del campo, que desde la Vía Campesina se lo dotara de contenido en el año 1996. Es decir, operan sobre el mundo simbólico. La soberanía alimentaria se construye a través de la recuperación y dinamización de los modos de producción y las tecnologías ancestrales y ecológicas, la generación de circuitos económicos solidarios y el control democrático de los mercados, asegurando una remuneración justa del trabajo agrícola. Es imprescindible también recuperar hábitos y patrones de consumo saludable y nutritivo, y restablecer la identidad y cultura alimentaria de la población (Acción Ecológica, s/f).
En relación con esto, sus integrantes sostienen:
Cuando se escucha el término “soberanía”, se habla en términos de autonomía de los pueblos. De autonomía de hombres y mujeres de producir su comida en nuestros territorios, y esa soberanía tiene que ver con la emancipación de las personas. Tiene que ver con la autonomía de las personas, el derecho que las personas tienen de ser cuidadas, de cuidar no solo desde la perspectiva del cuidado de la tierra, de la naturaleza, sino que cuida de las personas. A partir de valores importantes que la gente llama “valores humanistas”, emparentados con la solidaridad, generosidad. La cuestión del cuidado, cómo cuidar a otro. Entonces, el compañerismo es una alianza de cosas. Lo que nos queda claro es que el feminismo coloca a las personas en una condición política de reafirmar la emancipación de las mujeres, el posicionamiento de las mujeres, la reafirmación de las mujeres, el empoderamiento de las mujeres, solo que se necesita de la clase porque no vas a avanzar sola. Entonces es un trabajo muy cotidiano (Simone, sector formación, ENFF, 37 años).
En principio, quien habla de la agroecología son las mujeres. La que más piensa en los alimentos saludables. La soberanía alimentaria pasa por producir comida. Y el modelo impuesto que cae en nuestras familias es para ganar el dinero, por lo cual el papel de las mujeres es fundamental porque ella evita que entren paquetes transgénicos porque a ella le importa lo saludable. Cuida la comida y piensa en cultivar variedad. Eso hay que cuidar y fortalecer. Porque implica también problematizar el modelo impuesto como patriarcal, machista dentro del modelo que nos proponen los paquetes. A veces me quedo preocupada, porque hay un programa que se llama Quintales Productivos, se trata de una política pública para conseguir recursos para los quintales productivos, pero es un pequeño pedazo de tierra que, si bien ayuda a la autonomía financiera, también limita. Son tensiones que se presentan. Es necesario pensar un conjunto de cosas, no es solo pensar un quintal para la mujer, por eso se tiene que debatir y pensar e ir buscando las alternativas (Rosmeri, sector educación, 45 años).
En lo que respecta a la conservación de las semillas, la transición agroecológica. Nosotras sabemos que, en esa producción de los quintales, la producción alrededor de las casas que desarrollan las mujeres aportan a la soberanía alimentaria, a las experiencias de transición hacia la agroecología. Allí se utiliza menos insecticidas, se producen alimentos, se crían animales. Hay toda una experiencia que tiene que ser revalorizada que facilita la transición hacia otro modelo de producción (Ana, sector producción, ENFF, 36 años).
7.15. De la soberanía alimentaria a la soberanía de los cuerpos
Las mujeres rurales vienen aportando varias contribuciones. Desde la soberanía alimentaria, al igual que desde el feminismo campesino y popular, se denuncia el sistema capitalista patriarcal, generador de injusticias y desigualdades, que ha convertido los alimentos en mercancías, anteponiendo los intereses del mercado a los de las personas. El ecofeminismo rechaza la consideración como mercancías tanto de la naturaleza (agua, tierra, semillas, bosques), como de las mujeres (sus cuerpos y su trabajo), así como su instrumentalización para la acumulación del capital (Garcia-Fores, 2012). Vartabedian (2007: 3) afirma que
el cuerpo no puede más ser entendido como un hecho de la naturaleza, como un objeto que desafía a la cultura. Por el contrario, es un agente activo de la cultura, tiene una base existencial y está involucrado tanto en la percepción como en la práctica.
Desde los feminismos populares, comunitarios y desde el ecofeminismo con los que dialogan las mujeres del MST, que finalmente se definen como un feminismo campesino y popular, se asienta una postura política crítica a las dinámicas de dominación, una lucha antisexista, antirracista, antielitista y profundamente enraizada en una comprensión holista de la naturaleza (Puleo, 2013). La vinculación entre el feminismo y la agroecología en las últimas décadas abrió un campo de nuevos interrogantes y miradas críticas sobre el rol de las mujeres en el campo. En este proceso, las mujeres rurales e indígenas comenzaron a reflexionar sobre el papel de los territorios cuerpos de las mujeres degradados por las lógicas históricas de dominación. En palabras de Lorena Cabnal (2010: 15), se da una penetración colonial entendida
como la invasión y posterior dominación de un territorio ajeno empezando por el territorio del cuerpo. Es decir, sobre el papel de las relaciones patriarcales, racistas y sexistas de las sociedades latinoamericanas, al mismo tiempo que se cuestiona los usos y costumbres de sus propias comunidades y pueblos que mantienen subordinadas a las mujeres (Curiel Pichardo, 2007: 99).
La noción de “cuerpo-tierra-territorio” de las feministas comunitarias o del feminismo indígena maya-xinka permite advertir el despojo sobre los cuerpos-territorios de las mujeres, como así también recuperar las estrategias de resistencias. Las violaciones masivas de mujeres indígenas como instrumentos de guerra y como práctica de conquista y asentamiento colonial y su inferiorización fueron las modalidades sistemáticas para imponer la esclavización, la reducción a la servidumbre y al trabajo intensivo y exterminador (Rodríguez y Brozovich, 2018). En relación con esto, comentan:
Hay que pensar que el cuerpo de la mujer, su vientre siempre fue utilizado como forma de reproducción de un modo de propiedad, de colonización, de relaciones sociales que se establecieron en una sociedad esclavista como la nuestra. Donde no era solo considerada como la explotación de la clase trabajadora, porque su cuerpo, su vientre era controlado para garantizar la reproducción de la esclavitud. Se tiene que entender que el trabajo del campesino es vendido a terceros y la sobrecarga mayor sobre el hombro de las mujeres campesinas que producen y reproducen la vida, y su trabajo es desvalorizado. Entonces, traer esos debates al interior del movimiento es necesario para la discusión de la reforma agraria, no prescindir de la participación de la mujer. La estructura organizativa precisa estar abierta y crear formas, métodos que tengan en cuenta a la mujer, su condición de participación. Porque los problemas de participación de la mujer debilitan la organización, la propia participación de la mujer potencia la organización. Porque de lo contrario se debilita la participación de las mujeres en hacer luchas, de hacer valer sus derechos y para resolver problemas que son enfrentados cotidianamente por las mujeres. Por eso es importante entender que la compresión de ese debate la van a dar las mujeres al interior del MST. Son las mujeres las que van a instalar, que van a aportar y a profundizar las discusiones y los análisis con claridad y propuestas concretas. Desde el punto de vista del capital, no existe lugar para la soberanía de los cuerpos de las mujeres. El sistema se apropió de las capacidades productivas y reproductivas de la clase trabajadora y sobre todo de las mujeres, porque, desde el punto de vista del sistema, no tiene posibilidad de resolver y no le interesa más que lo lucrativo. Este sistema no tiene capacidad de resolver la soberanía del cuerpo de la mujer. Porque justamente es la apropiación de la capacidad reproductiva y productiva de la mujer lo que sustenta la explotación, lo que alimenta el lucro, lo que alimenta la reproducción de la prole trabajadora del campo para ser explotada. Por lo cual este sistema no tiene posibilidad ninguna de integrar a las mujeres. No tiene condiciones de respetar la soberanía de los cuerpos de las mujeres porque para él es funcional para el proceso de acumulación y lucro. Para pagar el salario más barato a las mujeres del campo y todo lo que implica el cuerpo de las mujeres y toda esa explotación de las empresas en el campo. La prostitución de la mujer principalmente donde se concentran grandes números de hombres en las áreas de exploración, explotación, como por ejemplo la minería. Es un tema que desde el punto de vista histórico se puede ver como la cultura esclavista, nosotros lo tenemos bien claro cómo es el proceso de la mujer negra que fue esclava. Yo destaco que las mujeres negras son las más empobrecidas de la sociedad brasilera. La perspectiva tiene que ser un desafío nuestro de cómo reconstruir en cuanto mujeres y colocar esa lucha como lucha de resistencia de apropiación y contra la explotación. Nosotras necesitamos apropiarnos de nuestros cuerpos, porque es a través del cuerpo que luchamos, producimos y reproducimos, que pensamos, que trabajamos. Entonces, es nuestro desafío involucrar al conjunto de mujeres. El opresor domina las mentes, por eso en el proceso de liberación es fundamental comprender el proceso de liberación, de sometimiento, de cómo la dimensión del cuerpo, de nuestro cuerpo es importante, el tema de la sexualidad de la mujer y cómo es funcional a ese modelo violento y deshumano (Djacira, sector educación, 50 años).
7.16. La crítica a la división sexual del trabajo
Otro de los campos problematizados por las mujeres del MST es su mirada crítica hacia la división sexual del trabajo. El reconocimiento de la existencia de relaciones desiguales y de opresión contra las mujeres en las sociedades rurales se manifiesta en la invisibilidad del trabajo de las mujeres, en los impedimentos a su participación pública y en la violencia sexista. El trabajo es una categoría histórica que envuelve diversos aspectos materiales y simbólicos. La noción de “división sexual del trabajo” indica que las actividades no se distribuyen de forma neutral, y muestra que mujeres y varones no están en igualdad de condiciones ni en la esfera doméstica ni en la productiva (Maruani, 2002).
Dentro del MST, la gente tiene que comprender que el MST desde el punto de vista político ya nace con una concepción profundamente avanzada. Que la lucha es de hombres y mujeres, en nuestro símbolo ya están representados ambos, que tiene en el centro de la bandera a un hombre y una mujer. Ahora desde el punto de vista cultural, hay valores y formas de vida, de discriminación, atravesadas por el patriarcado. Donde las mujeres estaban invisibilizadas y usted está atravesado por esos conflictos y tensiones que son precisos repensar. ¿Qué es preciso repensar, qué tipo de campo, qué nuevas formas de sociabilidad construimos? Porque hay una tendencia general en la sociedad que los hombres se aferran al debate de aquello que les parece prioritario, que pueden ser por ejemplo los créditos, sin problematizar las diferentes situaciones de acceso y condiciones. A nosotras mujeres nos toca traer esas tensiones y debates. No es un tema tranquilo, es una tensión constante cómo nosotras las mujeres nos organizamos dentro del mismo movimiento. Hacer avanzar una perspectiva que cuando hablamos de reforma agraria la misma está vinculada a un proceso de reorganización de la forma de vida en el campo en el que tiene que ser pensada la igualdad entre hombres y mujeres. La igualdad y la participación (Djacira, sector educación, 50 años).
Los relatos dan cuenta de que la problematización a la forma de vida en el campo adquiere una dimensión amplia, en la que se considera todo el conjunto de injusticias que envuelve las complejas realidades estructurales y cotidianas que vivencian. El proceso de problematización incluye el análisis de género y el orden patriarcal, y realiza de manera explícita una crítica a los aspectos nocivos, destructivos, opresivos y enajenantes que se producen por la organización social basada en la desigualdad, la injusticia y la jerarquización política de las personas fundada en el género (Lagarde, 1996). Sin lugar a dudas, las mujeres son sujetos claves para problematizar las formas tradicionales de hacer política, la relación entre política y vida social, y las relaciones laborales, personales y sociales mismas (Jelin, 1998).
Tenemos que profundizar el debate en tanto como condición de mujer que tiene que ver con la posición relacionada con el trabajo doméstica, la cuestión de la violencia hacia las mujeres sea física o psicológica, y es importante también el empoderamiento de las mujeres, la participación de las mujeres. […]. Lo que sucede es que las mujeres tienen una jornada de trabajo doble, en el campo no existe una mujer que dice “Yo solo cuido de la casa”. Ella trabaja en la casa y ella trabaja en el campo. Entonces eso ya hace que ella trabaja más. Ahora nosotras hacemos ese debate de la importancia de problematizar la división sexual del trabajo, el trabajo doméstico, esa es una cuestión. La otra es que nosotros tenemos una experiencia de lo que llamamos “quintales productivos”, ellas tienen un quintal alrededor de la casa como es un espacio de producción y para la cuestión de autonomía económica de ella. Porque qué es lo que sucede, generalmente es una renta que es pensada para el conjunto. No tiene un dinero para la mujer y un dinero para el hombre, es el dinero de la familia. Que es usado para toda la familia. Claro que hoy las mujeres pueden, por ejemplo, a través del programa escolar ellas no venden solamente lo que producen, ellas venden los bolos que ellas hacen, venden pan, venden muchas otras cosas, y ese dinero sí queda en la mano de la mujer. Diferente del dinero de la rosa, colectivo, de aquella producción mayor. Esa producción menor es un dinero que las mujeres tienen acceso (Simone, sector formación, ENFF, 37 años).
Son las mujeres las que han liderado los esfuerzos colectivos para colectivizar el trabajo reproductivo, entendiendo que la división sexual del trabajo aprovecha la labor de las mujeres. Fueron acentuando la importancia de asumir la responsabilidad compartida del cuidado y el trabajo cooperativo. Han insistido en las apuestas colectivas en la agricultura campesina, a través de grupos, colectivos y cooperativas, con más y mejor producción ecológica/biológica, con distribución de la producción de acuerdo a las necesidades de cada persona/familia, con nuevas relaciones de género e intergeneracionales (Stronzake y Casado, 2012). Los relatos de las mujeres del MST dan cuenta de que ellas tomaron las riendas en la colectivización del trabajo reproductivo desde las estructuras y el funcionamiento de los asentamientos, el sostenimiento de las cirandas infantiles, en la apuesta a la producción agroecológica, y de que han incidido definitivamente en la organización del movimiento (Federici, 2013). Pero, al mismo tiempo, han influido positivamente en las políticas públicas, ya que han podido conquistar derechos igualitarios. Sin lugar a dudas, las militantes del MST, al protagonizar sus propias vidas –habitadas patriarcalmente por los otros– y lograr como género el derecho a intervenir en el sentido del mundo y en la configuración democrática del orden social, se convierten cada una y todas en sujetos históricos claves (Lagarde, 1996).
7.17. Los procesos de exigibilidad impulsados por las mujeres del MST
El proceso de exigibilidad propiciado por el conjunto de las mujeres del MST es un aspecto destacable en la configuración de este movimiento social que impacta significativamente en el devenir subjetivo de las mujeres. Por “acciones de exigibilidad política”, entendemos aquellas desarrolladas por la sociedad civil que tienden a sensibilizar, difundir y hacer llamados de atención a nivel nacional e internacional sobre la importancia de la vigencia de los derechos para todas las personas en condición de igualdad y sobre las herramientas para conocer, defender y exigir los derechos en el ámbito de lo público en clave de las mujeres en equidad (Páramo y Romero, 2009). Sin embargo, el proceso de transformación cultural –y no simple cambio– no debe minimizarse, ya que es uno de los enclaves patriarcales más severos que ellas desmontan. Las mujeres del MST han sido protagonistas de muchas acciones de exigibilidad: las historias de exigibilidad que porta el movimiento se entrelazan con las historias personales y subjetivas que vivencian las mujeres que participan del movimiento. El proceso de exigibilidad del movimiento es dinámico y se va reactualizando según las demandas que en cada momento el MST asume.
En el transcurso de 35 años de historia, el MST ha conquistado diversos derechos que se sustanciabilizan en la vida del movimiento y que tienen un impacto positivo sobre la vida de las mujeres. Una de las conquistas sustanciales para las mujeres del MST fue ser reconocidas como mujeres trabajadoras rurales.
En el caso de las mujeres trabajadoras rurales, las primeras luchas y articulaciones que se dieron fueron para que sean reconocidas como trabajadoras rurales. Las primeras luchas estuvieron emparentadas con ser reconocidas como trabajadoras, porque no teníamos ni los derechos mínimos que tenía un trabajador del campo. Eso fue parte de una articulación nacional para defender nuestros derechos, estábamos saliendo de la dictadura militar, donde […] los trabajadores urbanos comenzaban a acceder a ciertos derechos que al campo no llegaban. En el caso de la mujer, era necesario el reconocimiento como mujeres trabajadoras (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
Cabe destacar la importancia de que las iniciativas de exigibilidad son siempre en articulación con otros colectivos de mujeres, mujeres que integran otros movimientos sociales.
Impulsamos en un primer momento como Secretaría Nacional de Mujeres, después como Colectivo de Mujeres. En ese proceso en 1985 se comienza a organizar la Asamblea Nacional Constituyente de 1988, que fue una lucha importantísima en términos de reconocimiento de los derechos de las mujeres. Como fue la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras del campo, la campaña por la documentación, el salario para las mujeres en estado de gestación, la jubilación de las mujeres campesinas, en ese proceso nosotros participamos junto a otros sectores del campo en ese momento. En ese periodo, que fue en el año 1984-1985, […] nosotras como mujeres del MST participamos activamente en la creación de lo fue la Articulación Nacional de las Mujeres Trabajadoras Rurales (ANMTR). Muy importante fue eso, porque ahí ya éramos las mujeres de los movimientos sociales mixtos, ya estaba constituido nosotras del MST, el Movimiento de Afectados por las Represas (MAB), el Movimiento de Pequeños Agricultores (MPA) y las organizaciones propias de mujeres mucho más concentradas en la zona sur del país en el Mato Groso de Sur, Río Grande del Sur y Santa Catarina, Parana, en São Paulo, y teníamos en Nordeste una articulación grande de las mujeres trabajadoras rurales. Nosotras constituimos la Articulación Nacional de las Mujeres Trabajadoras Rurales (ANMTR). Como articulación desenvolvimos campañas de documentación ya que la mayoría de las mujeres campesinas no tenían documentos, acceso al sistema de previsión público, seguridad social, jubilación, reconocimiento como mujeres agricultoras. Fueron luchas importantes que aportaron al proceso de articulación de las mujeres. La verdad es que esa articulación funcionó desde 1985 hasta el 2004. En el año 2000, hicimos un gran campamento nacional articulado por nuestras mujeres de la coordinación nacional con cerca de cinco mil mujeres de todo el país, acampamos en el centro de la planada de los ministerios. Ubicamos una enorme carpa y realizamos un debate político, luego fuimos a diversos ministerios denunciando e instalando nuestras reivindicaciones. Fue fuerte (Etelvina, sector educación, 55 años).
La lucha por la documentación fue importante, contra el analfabetismo también. Eso dificultaba inclusive la jubilación. La primera gran lucha de articulación entre mujeres del campo fue la lucha por ser reconocidas como trabajadoras del campo. El movimiento aportó en la mirada de la importancia de la lucha, de la articulación. En los años noventa, caminamos con las compañeras muchas marchas nacionales, campamentos pautando esos derechos, el derecho a la salud, a la documentación, a la jubilación, el derecho a la tierra, y fuimos conquistando esos derechos. Y conquistamos que la mujer tuviera un catastro con el nombre del hombre y de la mujer. Mismo en las familias campesinas tradicionales, hay una cultura de la propiedad de la tierra que es del hombre. La condición de ser propietarios les daba derechos a créditos e inclusive a la jubilación. Las mujeres no podían acceder a créditos y no tenían derechos como trabajadoras. Por eso, se dio la lucha por el derecho a la titularidad de la tierra. Esas luchas fueron fundamentales y fruto de la amplia articulación que emprendimos las mujeres (Djacita, sector educación, 50 años).
A lo largo de los años, los mecanismos y el instrumental metodológico utilizado por las mujeres del MST para la incidencia política fueron significativos y se constituyeron en una herramienta para desarrollar un conjunto de acciones de presión política con una fuerte participación sobre la base de estrategias claras. El proceso de exigibilidad se presenta a través de varios tópicos, entre los que se destaca la exigencia territorial con perspectiva de género, es decir, la exigibilidad por un acceso equitativo a la tierra y por la defensa del derecho al territorio. Aquellos derechos vinculados con la propiedad y la titularidad de la tierra que efectivamente son conducentes al empoderamiento económico y simbólico de las mujeres rurales empobrecidas. También se pide por el acceso a la educación y a la salud y por la aplicación de políticas públicas que puedan ayudar a cerrar la brecha de género.
El primer paso fue asociarse, y allí las mujeres no tenían documentos, solo tenían el registro de nacimiento (partida de nacimiento), otras no tenían los títulos de las tierras, otras no tenían el registro que identificase que tenían una profesión. Esa situación llevó a un debate, a una discusión que se centró en la importancia de tener un documento que certificara que éramos agricultoras. Esa construcción de las mujeres la realizamos en conjunto. La campaña de documentación fue para atender a un derecho que la gente no tenía. La situación exigió que se llevara adelante una campaña de documentación para nuestra identidad de trabajadoras rurales. Eso desencadenó una serie de luchas y ayudó mucho a la participación de las mujeres como protagonistas, fue una fase muy bonita en nuestra historia de protagonismo (Irma, dirección nacional, 58 años).
Las mujeres siempre estuvieron preocupadas por esas temáticas, eran lo que las movilizaba. La salud en esa época era una temática que atraía a las mujeres. La campaña de documentación fue un tema fuerte en la década de los 90, el 80 por ciento de las mujeres no tenían documentación. Entonces, nosotras decíamos cómo vamos a conquistar la titularidad de la tierra, si ni documentos teníamos. En ese momento hicimos una campaña enorme de movilización. Fue muy fuerte. La sindicalización motivó a muchas mujeres y se creía que era importante la articulación con las sindicales. Una de las primeras luchas de las mujeres fue realizar campamentos en las ciudades para instalar temas de salud, previdencia, documentación, temas que llamaban más la atención a las mujeres. La gente con el tiempo fue pautando otras temáticas en el movimiento y como exigencia en las políticas públicas. Temáticas como la violencia, el aborto es un tema que comienza a plantearse en aquel periodo, aunque poco se avanzó. Entonces tierra, salud y previdencia eran los grandes temas del momento (Lourdes, sector género, 40 años).
Con respecto a la titularidad de la tierra, fue un trabajo muy arduo que nosotras hicimos. Antes era un derecho solo para los hombres, y ahora es un derecho de los dos. En primer lugar, se hizo una fuerte campaña por la documentación de las mujeres. Porque muchas mujeres del campo brasilero no tenían documento. Se trabajó por el salario por maternidad para las mujeres trabajadoras. Los auxilios de dolientes (de enfermedad) para las mujeres trabajadoras que antes no tenían. En nuestro caso de la lucha de las mujeres del campo, rondó en esta cuestión de la titularidad de la tierra la cuestión de los derechos y beneficios sociales que antes no teníamos, el derecho a la maternidad, que llamamos “salario por maternidad”. La cuestión de auxilio a la dolencia que antes no teníamos. Hicimos una lucha también en relación al acceso a créditos. Ese proceso nos empoderó mucho y creció mucho el movimiento de mujeres. Tuvimos demandas más específicas, como la lucha por la tierra. Por ejemplo, los propios créditos para la reforma agraria son diferentes que los créditos destinados a las mujeres campesinas. La titulación de la tierra fue una demanda específica de las mujeres para la reforma agraria (Irma, dirección nacional, 58 años).
7.17.1. Campaña contra la violencia hacia las mujeres
Desde el MST hay un constante ejercicio de sensibilizar a sus integrantes sobre problemáticas preocupantes como es la violencia hacia las mujeres. Se aborda el maltrato contra ellas en todas sus manifestaciones: psicológico, físico, económico, simbólico y sexual. En ese sentido, para las entrevistadas, la violencia contra las mujeres ha sido concebida como un asunto de justicia. Es decir, no como un problema individual, privado, familiar o relacional, sino como un problema público y social estrechamente vinculado con la ciudadanía (Zaldúa, Lenta y Longo, 2017). Desde esta mirada se impulsan diferentes actividades, campañas de sensibilización, cursos de formación, protocolos de actuación en los asentamientos y campamentos, reglamentos internos en los que se aborda la problemática como una práctica más de exigibilidad de derecho.
La campaña la hemos promovido en nuestros asentamientos y campamentos. Hemos llevado esa discusión porque en los asentamientos se reproduce la cultura machista de la sociedad. Situaciones de violencia, de todo tipo, verbal, física, psicológica. Es un proceso que toca a muchas mujeres. Es parte de un debate que a veces a las mujeres se les dificulta hacerlo público, por la propia característica de las mujeres campesinas. Por lo cual tener una campaña ayuda muchísimo (Lila, sector producción, ENFF, 36 años).
Es un tema que está presente en los cursos, en el proceso de formación, de concientización. En el caso de la violencia de género, en el movimiento tenemos un grupo de compañeras capacitadas para intervenir en esos casos. Es un trabajo integral. Va desde la formación hasta acciones públicas a través de marchas, acciones de masificar las informaciones en relación a la violencia hacia las mujeres en los asentamientos y en los campamentos. Porque hay una realidad muy dura, Brasil es un país en el que las mujeres son muy violentadas, las cifras asustan en nuestro país respecto al tema. Tenemos una cosa que ayuda mucho para el combate de la violencia en el MST que son los espacios colectivos. Claro que hay casos que la gente nunca sabe, ni va a saber, pero el hecho de la existencia de espacios colectivos en los campamentos y sentamientos es muy bueno. Entonces se crea un ambiente no solamente de confianza para las mujeres, sino también de denuncia mismo. A veces las mujeres no tienen la fuerza suficiente para denunciar. Es un proceso. Yo creo que la organización colectiva del movimiento beneficia. Los espacios del movimiento ayudan mucho para evitar situaciones de violencia, sea por una cuestión de conciencia o por la influencia que los colectivos ejercen sobre las personas. La persona va a pensarlo mil veces antes de hacerlo (Izi, sector finanzas, 34 años).
La campaña contra la violencia siempre estuvo presente, desde siempre, porque es muy fuerte en la sociedad, y en los asentamientos no es diferente. Consiste en un trabajo de base, de concientización con hombres y mujeres. Pero también de construir mecanismos de defensa dentro de los asentamientos, de construir normas de que no se puede pegar a la mujer, claro que no siempre se consigue, se consigue más en los campamentos. Si en un campamento se le pega a una mujer, hay toda una norma, todo un trabajo de concientización, porque a veces esa condición de opresión es muy fuerte. Puede no existir la violencia física, pero sí los otros tipos de violencia, que pueden ser la violencia de acoso sexual o la violencia moral de pensar que porque es mujer es menor que un dirigente hombre. Es todo un trabajo cotidiano. Pero un avance importante es la discusión sobre la violencia, que existen diferentes tipos de violencias, ese avance es fantástico (Simone, sector género, ENFF, 37 años).
Las iniciativas de exigibilidad desplegadas por las mujeres del MST son parte de un proceso colectivo de empoderamiento para la realización de acciones de control social y reclamo efectivo de derechos. La acción plural y pública es el ejercicio del derecho a ser parte de la comunidad, y, al ejercitar ese derecho, se está creando un espacio de aparición (Butler, 2017: 65). Las iniciativas de exigibilidad que fomentan las mujeres rurales impactan considerablemente sobre el fortalecimiento de sus identidades y subjetividades. En definitiva, promueven procesos de accesibilidad a una ciudadanía plena, poniendo en cuestión las barreras de las inequidades sociales, de género y jurídicas (Zaldúa, Pawlowicz, Longo, Sopransi y Lenta, 2013).
7.17.2. Las acciones. Los 8 de Marzo
El actual modelo basado en el agronegocio no presenta solución alguna para los problemas de los/as millones de pobres que viven en el medio rural, sus efectos se evidencian de manera inmediata y clara. En este sentido, los campesinos, y en particular las mujeres campesinas y niños/as, son en quienes impacta más negativamente el modelo agropecuario actual. Un aspecto a destacar es el fenómeno de feminización de la pobreza, producto del creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales. Los procesos migratorios, particularmente el de las mujeres, están estrechamente relacionados con el empobrecimiento y la violencia social y de género que se vivencia en el campo, así como con desplazamientos de las mujeres hacia los centros de producción empresarial, el tráfico de mujeres y las expulsiones de las mujeres de las tierras productivas y de un ambiente desfavorable al desarrollo de prácticas de agroecología. Las violencias que sufren las mujeres del campo son múltiples y diversas, por lo cual eliminarlas en todas sus formas se torna necesario y prioritario. La configuración de la violencia patriarcal y capitalista incluye también la llamada “crisis alimentaria”[4], el cambio climático, el avance de los monocultivos, los transgénicos y los agronegocios, la destrucción de los conocimientos y métodos de producción campesina llevados adelante milenariamente por mujeres (Longo, 2012).
Como hemos podido visualizar, la lucha por el reconocimiento de sus derechos específicos como mujeres del campo es histórica en las integrantes del MST, así como el empeño de visibilizar sus demandas. Específicamente las mujeres del MST, como parte de la Vía Campesina, y junto con otras mujeres que también integran la Vía Campesina, en el año 2006 realizaron una trascendente acción que ubicó en el escenario público e internacional el accionar de la empresa transnacional Aracruz. En esa oportunidad cerca de 2000 mujeres, militantes de los diversos movimientos de Via Campesina en Brasil, ocuparan durante algunas horas la Huerta Florestal de la Aracruz Celulose, en Barra do Ribeiro, Rio Grande do Sul. En aquel momento, la denuncia la realizaron más de dos mil mujeres como símbolo de despojo y degradación de la vida. A partir de ese hecho, en los años consecutivos continuaron preparando jornadas de acción cada vez más importantes en términos de participación cuantitativa y cualitativa, en las que se denunció el accionar de las empresas trasnacionales en lo que respecta a la concentración de bienes comunes y públicos, como la tierra, el agua, los bosques, las semillas, las áreas de pastoreo y de pesca, y territorios enteros y el deterioro del medio ambiente, que pone en peligro la vida rural.
En Puerto Alegre en el año 2006, en el marco de la Conferencia Internacional de la Reforma Agraria y ese 8 de marzo, a partir de la coyuntura de ese momento, se abrió un horizonte para desenvolver nuestra lucha, y desde allí la idea es que todos los 8 de marzo se conviertan en una lucha contra el capital, contra el agronegocio. Es una cosa muy importante, y tenemos que trabajar en eso también. Año tras año tenemos que ver cómo potencializamos el 8 de marzo en el marco de defender y reclamar por nuestros derechos, porque también se puede producir un desgaste. Las mujeres tienen que estar bien preparadas (Irma, dirección nacional, 58 años).
Desde los años 90, yo participo del 8 de marzo. La gente tiene capacidad de hacer acciones de mucha calidad. El 8 de marzo no es solamente para el movimiento, sino para la persona, porque, cuando una persona participa del 8 de marzo, es importante para ella. La mujer vuelve a su casa trasformada. Ese es el miedo de los hombres. El 8 de marzo aprendemos que la gente es capaz (Roselva, sector salud, 48 años).
La jornada del 8 de marzo de este año para las mujeres del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil fue enfocada en la cuestión de la defensa de la naturaleza, contra la minería, el agronegocio, el hidronegocio y la violencia hacia las mujeres. Ocurrieron acciones en todo el país. Son acciones pensadas exclusivamente por las mujeres, y para nosotras es muy importante porque la jornada de las mujeres es la primera jornada del año. Nosotras nos sentimos muy orgullosas porque son acciones muy conspirativas, muy programadas y muy bien pensadas. Hasta ahora tienen un lado muy cierto (Suelen, sector comunicación, 32 años).
Rescatamos el día 8 de marzo como un día internacional de lucha de las mujeres, y, en nuestro caso, de denuncia de la opresión que vivimos las mujeres campesinas, la cuestión de la documentación, de los asesinatos. En un inicio los campamentos los comenzamos en el marco del 8 de agosto, que es la fecha del asesinato de Margarita Alves, que fue una mujer sindicalista del Nordeste. Después comenzamos a hacer todos los años campamentos nacionales de mujeres que fueron muy importantes. En todos los estados [provincias], junto con todas las mujeres del movimiento de mujeres y del MAB, MPA, etc. Contemplaba una parte de estudio y otra de lucha, de denuncia, de marcha por la ciudad, todo ese proceso fue importante. En el 2006 se entra en una nueva etapa, se da un nuevo marco de proceso de las mujeres campesinas de Brasil y particularmente de las mujeres sin tierra, porque, con el avance del agronegocio, con todo el avance del modelo extractivista en todas las regiones, frente a ese escenario y luego de mucho discutir, decidimos que era necesario hacer acciones. Claro, es importante estudiar, hacer formación, reflexionar, pero no basta, tenemos que hacer acciones directas contra el capital y tenemos que visibilizar los verdaderos enemigos. Porque es muy difícil entender lo que implica el agronegocio (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
En este proceso, las mujeres del MST fueron realizando acciones de exigibilidad a nivel nacional en las que se denuncia el accionar de las trasnacionales y las políticas públicas que habilitan el modelo de campo dominante. Todos los años, los 8 de marzo las mujeres del MST de diferentes provincias irrumpen en el espacio público y realizan diversas acciones de exigibilidad. En una de ellas, denunciaron el peor desastre ecológico de América del Sur, en la ciudad de Mariana, de la provincia de Minas Gerais, que causó 19 muertos, más de un millón de afectados y 600 kilómetros de río contaminado. Esto fue producto de lo sucedido el 5 de noviembre de 2015, cuando dos represas de una minera colapsaron arriba de un pueblo llamado Bento Rodrigues. La empresa minera a la que “le sucedió” el colapso de las represas Fundão y Santarém es la compañía Samarco Mineração S.A. (empresa conjunta entre la brasileña Vale S.A. y la holandesa BHP Billiton), pero a la vez es la que aporta la mayor cantidad de fondos para la reconstrucción.
Lamentablemente, el 25 de enero de 2019, se produjo un suceso similar al de hace tres años. Dos represas localizadas en la comunidad de Corrigo do Feijão, en Brumadinho, región metropolitana de Belo Horizonte (MG), se rompieron, y 270 hectáreas de tierra fueron devastadas por la ruptura de una represa de una gigantesca mina de hierro de la compañía brasileña Vale en Brumadinho, al sudeste de Brasil. El resultado, más de 100 muertos, 200 desaparecidos y un pueblo sepultado bajo miles de toneladas de barro tóxico. Existen informes sobre la llegada de material tóxico al río Paraopeba, afluente de San Francisco.
Para las mujeres del MST, no se trata solamente de denunciar el accionar de las trasnacionales, sino que también de visibilizar la necesidad de propiciar una producción sostenible de alimentos sin afectar el medio ambiente. Sostienen que es un reto para la sociedad actual, que impone transformar los sistemas convencionales de explotación agraria en sistemas agroecológicos, en las entidades productivas (Hernández-Mansilla, 2013). Todos los años en las iniciativas desarrolladas en el marco del 8 de marzo, las integrantes del MST subrayan el papel histórico que han tenido las mujeres en la lucha contra el patriarcado y el capitalismo y debaten sobre su protagonismo en la historia. Resaltan que la construcción colectiva es un elemento fundamental de autoafirmación para las mujeres. Las conversaciones con las entrevistadas aluden a la presencia pública y política de ellas como sujetas colectivas de lucha, que impugnaban los recurrentes y múltiples despojos de que son objeto, y en el proceso se pueden percibir y entender los caminos o las vías de transformación política, comunitaria y personal que se ensayan colectivamente desde la lucha (Gutiérrez, 2017).
Esa lucha dio visibilidad al protagonismo de las mujeres. Aportó a la compresión de las mujeres del campo, dio visibilidad a los problemas. Se caracterizó por una lucha específica y fue pensada y organizada por las mujeres. Dentro de esa articulación, de esa perspectiva que nos coloca como feministas. Ella va a dar visibilidad a toda la problemática del campo que afecta a la sociedad campesina en general con la singularidad que fue una lucha de protagonismo de las mujeres. Y las mujeres percibieron con mayor rigor todos los impactos del monocultivo y con esa perspectiva de autoorganizarse. Fue un aprendizaje muy importante tanto interno, como para afuera. Esa experiencia fue riquísima, las mujeres siempre participaron de la lucha, pero tienen una particularidad. La lectura de las trasnacionales y lo que implica el modelo siempre fue una lucha de todo el conjunto. Pero ella ganó una singularidad, que las mujeres tomen al frente el protagonismo de esa lucha del campo. Marcó y reafirma la importancia de las mujeres y el papel de las mujeres en nuestra lucha (Djacira, sector educación/formación, 50 años).
Principalmente en las acciones del 8 de marzo, los hombres no participan del proceso de discusión. Todo ese proceso lo hacen solo las mujeres. Nosotras tenemos un protagonismo en organizar la lucha, en hacer la lucha. Es un proceso que acontece todo el año. Es todo un proceso. Una conspiración. Es un proceso protagonizado por las mujeres. También lleva a la gente a promover otro tipo de encuentro, que incluye el estudio, la articulación misma de las mujeres para llegar a la lucha del 8 de marzo (Leticia, sector producción, ENFF, 36 años).
Desde mi evaluación personal, tiene un punto de vista pedagógico tanto desde el punto de vista para el propio movimiento y para la sociedad y al mismo tiempo fue una oportunidad para las mujeres de decir “Nosotras podemos, nosotras podemos hacer una acción política y hacerla de forma articulada y organizada”. Entonces, Aracruz fue una acción que nos permitió eso. Estudiar, entender qué es el desierto verde, quiénes son las empresas y dónde están, quién es el capital financiero. Desde el punto de vista del movimiento, la gente no había relacionado toda esa cuestión. Fue una acción que tuvo una importancia muy grande para las mujeres de mostrar la capacidad de acción, de estudio, de articulación, de movilización y de estrategia y táctica. Antes de la acción, la gente trazó todo el camino a recorrer. Todo. Fue un momento muy intenso. Las mujeres teníamos la necesidad de anticipar ciertas cuestiones, por nuestra propia experiencia (Lourdes, sector género, 40 años).
Fue muy bueno todo el proceso de preparación de la jornada, de discusión, de estudio, pensarla colectivamente. La acción es muy buena, porque renueva el espíritu de lucha. Renueva el ánimo. Fue muy buena, renovamos las esperanzas (Izi, sector finanzas, 34 años).
Las mujeres del movimiento decidieron que el 8 de marzo no es como los medios de comunicación difunden que es para hacer regalos. Es un día de lucha. Es un día para mostrarle al mundo que la gente está luchando por la igualdad en el mundo. Luchar contra tanta desigualdad, tanto preconcepto, tanta discriminación principalmente contra las mujeres, la población negra y los homosexuales. Es un día también para demostrar que tampoco dependemos de los hombres, claro, estamos con ellos, pero también podemos luchar solas. Se siente la seguridad de realizar una acción con la gente. Es muy bonito (María Emilia, biblioteca, 29 años).
Desde las diversas iniciativas que emprenden las mujeres del MST, se evidencia que son parte del sujeto colectivo de acción política trascendente. Desde sus acciones y experiencias, dan cuenta de una resistencia corporal plural y performativa que muestra cómo las políticas sociales y económicas están diezmando las condiciones de subsistencia en sus territorios y hacen reaccionar a los cuerpos (Butler, 2006). Participan activamente en iniciativas territoriales, culturales, educativas, comunicacionales de visibilidad identitaria, y en campañas de exigibilidad de sus derechos. Según Fleury y De Vasconcelos Costa Lobato (2012), esta capacidad colectiva de exigibilidad de derechos promueve procesos de “subjetivación” y corresponde a esfuerzos que apuntan a recuperar la dignidad y resistirse a la indiferencia, configurando nuevas ciudadanías y subjetividades políticas (Carrizosa, 2011). Por un lado, ello implica el desarrollo de nuevas identidades singulares y colectivas que rompen con las identidades subordinadas y alienadas, mientras que, por otro, supone procesos de singularización y construcción de una estrategia de transformación social y ruptura de las relaciones percibidas como opresivas (Zaldúa, 2013).
7.18. La autonomía. La construcción de subjetividades autónomas
La construcción de autonomía de las mujeres es uno de los aspectos que particularmente el feminismo ha trabajado incesantemente desde procesos de reflexión, conceptualización y análisis diversos. El abordaje crítico de la autonomía está íntimamente relacionado con los condicionamientos (simbólicos y materiales) propios que históricamente han marcado a las sociedades patriarcales, racistas y capitalistas, pero también con las diferentes dinámicas e iniciativas de resistencias que históricamente las mujeres fueron construyendo desde el pensamiento y la acción feministas. A través del desarrollo de procesos de concienciación y la revalorización de la dimensión personal y colectiva de las mujeres. La autonomía ha sido considerada desde el plano personal como parte del proceso de empoderamiento, en el cual las mujeres ejercen control sobre determinados momentos o aspectos de su vida. Sin embargo, también se ha señalado que el empoderamiento puede ser parte de un proceso en donde las mujeres alcanzan ciertos niveles de autonomía tanto en lo personal como en lo familiar (García, 2003).
Las narrativas de las entrevistadas establecen una fuerte relación entre la construcción de autonomía y las condiciones materiales de subsistencia. La posibilidad de las mujeres de emprender proyectos productivos incide en la construcción de subjetividades más autónomas que permiten quebrar lógicas de dependencia económicas, pero también barreras culturales y emocionales.
Desde hace tiempo, desde el colectivo de mujeres estamos reafirmando la importancia y la necesaria preocupación de considerar la autonomía. De comprarse lo que una quiere, yo estoy viviendo con mis propias manos. Tenemos el grupo productivo de mujeres que realizan artesanías, compotas, etc. Se organizan en grupos productivos y, a partir de ese grupo, consiguen vender y comercializar. Es una iniciativa de las mujeres, del colectivo de mujeres; en el año 2014, se comienza a pensar eso y la relación con la producción. Cómo a partir de ese quintal que asegura la mujer se logra la supervivencia. Además de pensar la dimensión de alimentación saludable. En mi provincia, hay un grupo de mujeres que está discutiendo sobre la producción, comienzan a estudiar y empiezan a pensar un proyecto. Cómo a partir de la vida propia y del asentamiento es que ellas pueden generar renta. Ellas llegaron a la conclusión de que tenían una gran materia prima en el asentamiento, en nuestra región hay mucho cumbaru, que es una semilla, y aprovechan. Elaboraron un proyecto para sacar de las castañas y producen leche, pan, tortas, dulces, etc. Es muy interesante el proceso. Es una experiencia que alienta, estimula. Además de la supervivencia es vivir mejor, con una alimentación saludable. Es un proceso, en todas las regiones hay algunas experiencias impulsadas por el colectivo de mujeres. Forma parte también de un proceso organizativo (Ataliana, sector género, 46 años).
“Es importante garantizar las condiciones materiales. Porque quien comanda lo económico también comanda las otras relaciones. Las mujeres precisan autonomía, precisan ser vistas y ser respetadas. Ellas precisan también tener independencia económica, porque hoy en algunos casos se sostiene que el jefe de la familia es el proveedor, es decir, el hombre. ¿Por qué es el jefe de la casa? Porque es el que tiene el dinero, el que maneja los emprendimientos. Entonces, en la medida en que las mujeres podemos vivir sin ese proveedor, da para ella una autonomía de también poder responder a situaciones que antes eran vividas por una condición: “el me sustenta”. Ahora no, yo tengo condiciones de planificar, de hacer. Porque, en la medida en que ellas consiguen vivir sin ese proveedor, da una autonomía para ellas. El otro día estaba en una reunión con pescadores y una mujer decía que antes el marido decía: “No puede hacer tal cosa, no puede salir porque el que trae el dinero soy yo”. Ellas se organizaron, entre las mujeres, y consiguieron emprender una panadería. Ella dice que eso fue la mayor liberación, tenían un negocio y en ese sentido se sintieron sujetas. En nuestros asentamientos también se ve, a medida que la mujer comienza a asumir la administración, asume autonomía. Hasta limita situaciones de violencia. El hombre también tiene que aceptar que la mujer no puede ser dependiente (Roselva, sector educación, 45 años).
Por otra parte, los relatos remiten a concebir la autonomía como un proceso de autoanálisis y una búsqueda prolongada y conflictiva sustentada en el encuentro con la otra/o, el reconocimiento del otro/a y en el autorreconocimiento, así como en la recuperación del valor de la dignidad. La autonomía no está dada, sino que es una conquista; sin embargo, se trata de una conquista que realizar juntas y dialógicamente. Autonomía supone audacia para crear significados y valores nuevos, desafiando significados estériles y cristalizados. Desde esta autonomía, se posibilitan nuevas lógicas instituyentes, de redes interactivas y soportes solidarios, y, a la vez, se propicia una subjetividad más libre de mandatos e inercias paralizantes (Zaldúa, Sopransi y Longo, 2007). En el caso de las mujeres del MST, el proceso de construcción de subjetividades autónomas es personal, pero está sustentado en la fuerza del colectivo que sostiene, propicia y promueve el cambio subjetivo.
Nosotras creamos la asociación con ese objetivo de conseguir la autonomía económica. Y todo lo vamos haciendo en el proceso y nos vamos desafiando a partir del aprendizaje cotidiano (Joselva, sector formación, 47 años).
El compañerismo es una alianza de cosas. Lo que nos queda claro es que el feminismo coloca a las personas en una condición política de reafirmar la emancipación de las mujeres, el posicionamiento de las mujeres, la reafirmación de las mujeres, del empoderamiento de las mujeres, solo que se necesita de la clase porque no vas a avanzar sola. Entonces es un trabajo muy cotidiano. Las mujeres de los asentamientos trabajan colectivamente y tienen acceso al crédito que es específico de las mujeres. Porque, cuando las mujeres tienen autonomía financiera, económica, ella construye una autoestima mayor, ella puede hacer una opción y puede decir “No quiero sufrir más violencia”. Es un trabajo que precisa ser hecho en conjunto. Porque no es solamente una cuestión de modificación subjetiva, existe una dimensión material, y, en el caso de la mujer, la dependencia económica es muy importante. Cuando la mujer tiene autonomía financiera, se siente parte activa de la construcción (Simone, sector formación, ENFF, 37 años).
7.18.1. El pasaje de subjetividades en resistencia a subjetividades activas e innovadoras
Las mujeres del MST parten de necesidades particulares en las que forjan subjetividades en resistencias. Estas subjetividades se hacen visibles en la esfera pública, en la comunitaria, en la vida política y personal. Son cuerpos que aparecen en la vida pública y crean el espacio de aparición (Butler, 2017). Ejercitan, desde el lugar de mujeres organizadas, la política de la aparición. En ese proceso, y desde lo colectivo, se van afianzando subjetivamente, en un recrear subjetivo en el que descubren nuevos sentidos, nuevas vivencias en las que se autorreafirman y transitan hacia subjetividades activas. Sus trayectorias vitales dan cuenta del proceso de autoafirmación subjetiva vivenciado por el ingresar al MST. Es decir, las mujeres del MST se sitúan en redes de subjetividad social donde los/as otros/as, así como los diferentes efectos de sus acciones e interrelaciones, están siempre presentes en la configuración subjetiva de la acción individual. El/la otro/a es inseparable de la configuración subjetiva de la acción (Rey, 2013). Para González Rey (2002), la subjetividad es una realidad ontológica del ser humano que, siendo psicológica, no atañe a una esencia interna del individuo, sino que, por el contrario, tiene un carácter social.
Cuando entré al MST, percibí que había muchos aspectos positivos. En el MST yo construí mi familia, construí la militancia, construí mi vida académica, muchas cosas. Yo creo que el movimiento me trasformó la vida misma. Principalmente la forma de mirar la vida, la relación con el trabajo, con la lucha, la militancia. Es una forma de vivir que me hace muy feliz. Muy tranquila de estar siguiendo los pasos para la transformación de la sociedad. Me tranquiliza no quedar acomodada en situaciones que pueden ser fáciles, pero es estar en la sociedad sin percibir las injusticias (Telma, sector género, 37 años).
Es un proceso de mucho aprendizaje. Primero personal, de reconocerse como mujer y como militante. De repensar lo que significa eso en nuestra la vida. De repensar la dimensión del cuerpo, de la libertad, de la participación social, de la construcción de una militancia organizada. De entender cómo el mundo funciona y cómo las mujeres fueron explotadas desde el inicio de la sociedad, a lo largo de la historia, y que no es solamente culpa del capitalismo. Y principalmente asumir la condición de ayudar a traer esa visión, esa mirada y conocimiento para tantas otras mujeres del país (Carla, sector cultura, ENFF, 30 años).
En este caso, el MST posibilita trasformaciones personales y colectivas. En el entramado colectivo, las subjetividades devienen en subjetividades políticas entendidas fundamentalmente como experiencia de poder y deseo. Las mujeres, en el devenir participativo, experimentan la creación de nuevas imágenes, sentidos, prácticas, discursos y formas de ser mujer. El transcurso de la participación de las mujeres en el MST pone en evidencia que la subjetividad no es algo estático, sino que es una experiencia donde el encuentro con otros/as posibilita procesos de subjetivación, que funciona como motor, como potencia para la transformación de la subjetividad basada en la experiencia colectiva (Gil, 2004).
A partir de que yo entré al movimiento, comencé a soltarme, era muy tímida. Comencé a participar. Yo no hablaba, pero comencé a hablar. Cuando una entra en el movimiento, se da cuenta de eso, a pesar de que uno puede no estar de acuerdo con la persona, es importante hablar, expresarte. Comencé a escribir muchas poesías también. Fue un gran cambio. Conocí otras realidades diferentes, conocer a diferentes personas (María Emilia, biblioteca, 29 años).
Es una cuestión que te desafía permanentemente. Por ejemplo, el debate de los nuevos sujetos y que, al mismo tiempo que es un desafío para el movimiento, es un desafío para la sociedad. Para mí el movimiento me desafía constantemente. Por ejemplo, el tener que hablar en público. Toda mi historia como indígena, mujer. El movimiento tiene ese desafío de asumirse en lo público, en el estudio. Es importante el estudio, la formación, como pensar construir, mejorar el proceso y no es solamente el estudio, el poder viajar, conocer otras regiones, conocer otros países y eso también aporta. El movimiento aporta una expectativa buena de vida y como representante de este movimiento tenemos también la necesidad de responder. La pasión que genera el movimiento. Cómo podemos ir construyendo otro ser humano (Ataliana, sector género, 46 años).
La gente cambia la postura física, habla sin miedo. En el campo de la subjetividad, tiene una importancia enorme. La gente misma piensa “Yo soy pobre”, “Soy negra”, “Soy de una región extrema del nordeste”, entonces hay toda una serie de preconceptos con los que tengo que lidiar que el MST hizo lo contrario con cuestiones que te valoriza. Entonces los aportes para mí están en el campo de la subjetividad, en el campo de la organización. La gente se va dando cuenta de eso en la medida que la conciencia de la gente va avanzando. Por ejemplo, uno de los grandes debates que la gente trae ahora y yo me doy cuenta cada vez más es que nosotras cargamos una dupla de invisibilidad. Somos invisibles por ser mujeres y por ser campesinas. El MST tiene algunas cosas muy bonitas que se fue vivenciando a partir de la idea de participación. Incluso el lema “La fuerza del movimiento es de cada uno y de todos juntos” (Lourdes, sector género, 40 años).
Partiendo de los relatos autobiográficos y la experiencia de las mujeres del MST, se puede afirmar que producen nuevas subjetividades enmarcadas en lo que se denomina “subjetividades políticas”. Subjetividades políticas como producción de sentido y condición de posibilidad de un modo de “ser” y “estar” en sociedad, de asumir posición en esta y hacer visible su poder para actuar. Posición que está inscrita en un campo de fuerzas complejo que exige al sujeto deconstruirse y reconstruirse permanentemente en esa tensión constante entre lo instituido y lo instituyente. Tensión en la que coexisten modos de producción heredados, hegemónicos, junto a modos prefigurativos de la subjetividad, porque la subjetividad política se configura en medio de la política tradicional o convencional y los modos de producción emergentes (Martínez y Cubides, 2012). Las nuevas prácticas que pueden ser modificaciones en los discursos o en las acciones no discursivas actúan, a su vez, en los individuos, transformándolos. Mediante un proceso colectivo, se van modificando las prácticas y por tanto las reglas que las rigen, obteniendo al final del proceso una nueva subjetivación (Laurrauri, 1999). Sin lugar a dudas, las mujeres del MST producen transformaciones significativas en sus trayectorias vitales y subjetivas. En el devenir son mujeres dinámicas que recrean y reinventan sus vidas y sus destinos con capacidad de reflexión, de crítica, de creación, de proposición y de libertad.
7.18.2. El pasaje de subjetividades aisladas a subjetividades entramadas. La pedagogía del acompañamiento
La experiencia vital de las mujeres del MST da cuenta del proceso vivido y sentido en términos de transformación de su vida cotidiana, personal y colectiva, en la que se envuelven procesos de subjetivación colectivos que inciden en las subjetividades individuales facilitando mejores condiciones de vida materiales y simbólicas. Nuevos escenarios y trayectorias vitales vivencian las mujeres del MST a partir de que se insertan en el movimiento. El pasaje de situarse en el mundo desde subjetividades aisladas a entrelazarse con otras mujeres que atraviesan situaciones similares posibilita que florezcan diferentes iniciativas que las trasformen, que modifican sus trayectorias personales, de vida. En este proceso las mujeres rompen con ciertas barreras subjetivas y se propician transformaciones profundas y radicales en las relaciones entre ellas y con los demás. La producción de subjetividades entramadas rompe con el aislamiento impuesto por el patriarcado, se constituyen desde la producción colectiva de lazos sociales identitarios y vinculares. Son subjetividades que se potencian y se trasforman en el devenir de la participación y el involucramiento con el MST. El proceso de subjetividades entramadas forma parte de una construcción colectiva de conocimientos y de reflexividad desde un ejercicio pedagógico del acompañamiento, de la solidaridad y de libertad. Desde ese ejercicio colectivo, se da la posibilidad de trasformación, el cambio surge en el marco de lo colectivo, y radica en la capacidad de vínculo, de lazo con la otra, en la capacidad política entre pares.
El movimiento es un aprendizaje. Siempre se está pensando en mejorar. Yo nunca dejé de ser militante, porque no existían en ese momento las cirandas. Tanto en Piauí, como en Espíritu Santo, cuando yo iba a las actividades había compañeras que estaban como responsables del cuidado de mis hijos y yo estaba tranquila. En un momento nosotros éramos 15 familias que vivíamos en el asentamiento, y, cada vez que viajaba, se quedaba con algunas compañeras. La solidaridad de mis compañeras en el asentamiento fue fundamental para que yo continuara militando. En ese sentido nunca tuve dificultades (Joselva, sector formación, 47 años).
Yo estoy convencida que hemos crecido, que hay mucha complicidad, mucha solidaridad. Al fin y al cabo, las mujeres somos responsables desde un inicio de construir este movimiento, las mujeres derramamos sangre, fuimos presas, torturadas, y somos, junto con los compañeros, quienes construimos este movimiento en el día a día. Desde el campamento, en la resistencia de los asentamientos, en la producción de la agroecología, recuperando nuestras semillas nativas (Etelvina, sector educación/formación, 55 años).
Los procesos subjetivos que atraviesan las mujeres hacen referencia a los procesos de reflexividad que desarrollan los sujetos, es decir, las maneras singulares de apropiación biográfica de los sentidos problematizadores de la vida en su complejidad (Alvarado, Ospina, Botero y Muñoz, 2011). Ellas han descubierto en sus vidas la posibilidad de potenciarse desde la exclusión, afirmando una pasión que se apoya en procesos de revisitación de la dominación que dan paso a transformaciones profundas de las subjetividades (Piedrahita Echandía, 2009: 116). Han evidenciado que desde la asociación sus procesos tendrán más reconocimiento y podrán orientarse de una manera más efectiva hacia objetivos comunes, entendiendo que “la solidaridad es un tipo de relación de interacción en el que las/ los sujetos recíprocamente participan en sus vidas diferenciables, porque se valoran entre sí en forma simétrica” (Honneth, 1997: 157). Estas mujeres expresan en sus relatos otros modos de convivir a partir del desarrollo del compañerismo, el apoyo social, la escucha activa y la expresión misma de los sentimientos para fundar comunidades horizontales y de trabajo colaborativo y emprendimientos solidarios para las transformaciones requeridas (Teixeira y Oliveira, 2014).
Particularmente quiero destacar que la gente supera problemas personales porque tenemos una organización solidaria y colectiva. Yo pasé por varias experiencias duras en mi vida, y este colectivo y esta organización tiene cierta responsabilidad de sustentar, de fortalecernos, de animarnos. Nos hace sentir que la vida sigue, que los desafíos están ahí y de dar todas las batallas para construir un mundo mejor, más justo y solidario (Djacira, sector educación, 50 años).
Es reencontrarse como mujer y como ser humano. Una de las cosas que nos llama mucho la atención en el movimiento es esa afectividad, ese amor. Ese amor por el ser humano mismo. Y una de las cosas que me llamó mucho la atención dentro del movimiento es ese cuidado por el otro, cuidado de la naturaleza, cuidado de la Tierra. Comprender que eso es importante, la Tierra es como nuestras manos. Dentro del movimiento, la gente comprende eso (María Roselva, sector salud, 48 años).
7.18.3. La participación y la producción de subjetividades en potencia
La participación de las mujeres propicia la producción de subjetividades en potencia, como una instancia activa, histórica, de construcción/reconstrucción y producción colectiva de lazos sociales. En este sentido, la producción subjetiva no solo aparece como una construcción intelectual que se apoya en cierto sistema de informaciones, sino que también expresa formas simbólico-emocionales que tienen que ver con la configuración subjetiva de quienes viven una determinada experiencia (González Rey, 2008). En la construcción de vínculos entre pares, van tejiendo estrategias y acciones que las reafirman como mujeres campesinas. Desde su acción de problematizar y pensar la vida cotidiana, permite poner en reflexión el debate y el análisis que envuelven los cuerpos, los territorios y las subjetividades (Korol, 2016). La subjetividad política se aloja en las tramas que la evidencian, como un juego de pluralidades en el que se reconocen como iguales, en cuanto a nuestra humanidad, y diferentes, dado que hay una apropiación de sentidos compartidos en las biografías singulares y en el compromiso de negociar nuevos órdenes sociales, la redistribución de poderes y el reconocimiento de lo público (Alvarado, 2008). De esta manera, establecen subjetividades políticas que se expresan en “la creación de proyectos, relaciones, escenarios y vínculos sociales alternativos, transformadores, que hacen del ámbito comunitario y de la construcción de proyectos colectivos un escenario privilegiado” (Aguilera, 2012).
Yo era una analfabeta política. A partir de que me involucré en el MST, tuve la posibilidad de estudiar, de conocer la historia de la política brasilera. Tuve la posibilidad de conocer la historia de las mujeres. Es una ventana que me dio la posibilidad de conocer otro mundo, no solo como mujer, sino también como militante, como amiga, como persona. Porque la peor cosa del mundo es que usted sea inducida, la manipulación (María Emilia, biblioteca, 29 años).
La discusión siempre fue hecha por las mujeres en el movimiento, porque somos nosotras las que vivimos y sentimos la opresión machista que está también dentro de nuestras organizaciones. La libertad no va a ser conseguida por ninguno, ella va a ser conquistada. La gente entiende eso a partir de que se discute y se encuentra con otras mujeres. Por eso el sector de género y el colectivo de mujeres es importante, porque trae a las mujeres las cuestiones a ser discutidas. Esas cuestiones se problematizan y una asume más firmemente que tiene que ser escuchada y respetada como mujer. La gente entiende eso a partir de que discute con otras mujeres. Eso da fuerza. El aporte mayor del sector de género es ese, que las mujeres discutamos (Simone, sector género, 37 años).
7.19. La construcción de un feminismo campesino y popular. La autoafirmación como feministas campesinas populares
Desde sus encuentros, el seminario de formación y el desarrollo de su experiencia cotidiana, las mujeres del MST van gestando lo que ellas denominan un “feminismo campesino y popular”, en el que imbrican la lucha por la soberanía alimentaria y contra la violencia y el agronegocio y la propuesta de una alternativa de producción agrícola para el campo brasileño, que además incluye la crítica a la presencia del patriarcado en las comunidades y particularmente en la vida de las mujeres rurales. Consideran que la subordinación de las mujeres y la explotación de la naturaleza son dos caras de la misma moneda y que responden a una lógica común: la de la dominación y el desprecio de la vida (Herrero, Cembranos y Pascual, 2011: 198). Profundizan el eje de la igualdad de género y la lucha contra el prejuicio cultural y sexista. Desde hace ya más de 15 años, comienzan a asumir la construcción de un feminismo campesino y popular. Sus cimientos se estructuran a partir de un análisis de la realidad actual del campo a nivel internacional. Las mujeres campesinas ajustaron los aspectos que las unen, entre ellos el cuidado de la tierra, las semillas y los ecosistemas, la producción de alimentos saludables y sus luchas contra el patriarcado, el sistema sexista y la violencia y la búsqueda de la dignidad de las mujeres y de los hombres del campo (Movimiento Campesino Internacional, s/f).
Estamos en ese proceso de reelaboración del feminismo, de nuestro entendimiento colectivo de lo que es el feminismo campesino y popular. Eso precisa ser representativo de cómo se organiza, de cómo se piensa, de las particularidades del MST. Es un proceso en gestación que nunca va a tener fin, pero creo que es un nuevo momento también de reflexión interna y de construcción de entendimiento. Sobre qué es el feminismo, cómo es que nos ubicamos dentro de esa lucha feminista. La gente retoma el curso nacional, el conjunto de este debate de Brasil que ayuda a la gente a actualizar lecturas del feminismo, porque la gente no está parada, está en movimiento. Es siempre necesario hacer esas discusiones, lecturas y mantener actualizado (Izi, sector finanzas, 34 años).
Es la construcción de nuevas relaciones entre la naturaleza con la persona humana y las nuevas relaciones entre nosotros, entre hombres y mujeres. Eso tiene que ver todo con las mujeres porque al menos la producción de alimentos pasa por las manos de las mujeres, producir mandioca, producir poroto, producir batata, producir puerco, producir gallina, producir leche pasa todo por las manos de las mujeres. Entonces no podemos discutir reforma agraria integral sin la participación de las mujeres, en eso ellas son fundamentales. No da discutir agroecología sin la participación de las mujeres. Las mujeres tienen un trabajo muy importante en el rescate de la semilla. Si las mujeres no estarían en el proceso, no mostrarían la diferencia (Etelvina, sector educación, 55 años).
Nuestra lucha es para avanzar dentro de un proyecto mayor, y ese proyecto mayor tiene que incorporar perspectiva feminista y campesina. En esa construcción se encuentra la fortaleza. Somos nosotras las propias mujeres campesinas, indígenas, afrodescendientes que desde nuestra acción política y concreta estamos elaborando, teorizando y nos reafirmamos en la construcción. Con todas nuestras contradicciones. Nosotras estamos recuperando la posibilidad de afianzar la construcción de un movimiento feminista en el plano internacional (Sintia, sector género, 37 años).
Las reivindicaciones de las mujeres del MST se aglutinan bajo la identidad de “mujeres campesinas” y se particularizan dando prioridad a los conflictos ambientales, económicos, políticos y culturales en zonas rurales. Su marco común lo otorga “la lucha por la defensa de la madre tierra, de los territorios, contra el saqueo, devastación, muerte, y se destaca su interconexión estrecha con la apropiación de las trasnacionales de los sistemas agroalimentarios” (Pena, 2017). Pero también interpelan los dominios históricos de las prácticas patriarcales que perpetúan formas de violencia e impunidad. En ese sentido, la categoría “patriarcado” ha sido tomada como una categoría que permite analizar a lo interno de las relaciones intercomunitarias entre mujeres y hombres no solo la situación actual basada en relaciones desiguales de poder, sino cómo todas las opresiones están interconectadas con la raíz del sistema de todas las opresiones. En el proceso de autodenominarse “feministas campesinas”, van cuestionando las relaciones patriarcales, racistas y sexistas de las sociedades latinoamericanas, al mismo tiempo que las costumbres y los usos de sus propias comunidades y pueblos que mantienen subordinados a las mujeres (Curiel, 2007: 99). Van hilando, tejiendo el feminismo campesino y popular, y en el transcurso les van otorgando sentidos íntimamente relacionados con su identidad como mujer campesina, en donde se rescatan los saberes que históricamente las mujeres desplegaron en el campo, desarrollados en espacios comunitarios y privados. Es un feminismo que se asienta en la fuerza colectiva de una praxis emancipatoria.
Nosotras ese feminismo lo fuimos construyendo en este proceso. Se relaciona con que comenzamos a estudiar sobre feminismo. Aunque no nace de un debate teórico, sino que nace a partir de nuestra acción. Yo recuerdo que fuimos las primeras en pensar el feminismo campesino. Teníamos una claridad, queríamos la libertad de todos. A medida que fuimos estudiando sobre feminismo, nos fuimos reconociendo y decíamos “Lo que nosotras hacemos es feminismo”. Empezamos a ver qué cara va a tener ese feminismo. Nuestra cara. Se trata de un feminismo campesino. Porque somos nosotras quienes estamos luchando. Es también popular porque la gente no acredita en un feminismo individualizado. Relacionado con un feminismo comunitario, en el sentido de que, si yo me libero, todas las mujeres se tienen que liberar. Ese feminismo popular y comunitario tiene que tener esa característica de envolver el mayor número de mujeres. Son 20 años de vivencia, debate, de resultados positivos, de conquistas. Ahora es una construcción, no se puede caer en una teorización. Tiene que estar en movimiento, tiene que abarcar todas nuestras reivindicaciones tanto desde el punto de vista microestructura como antiimperialista, antipatriarcal. Tiene que dar cuenta del debate de la violencia, del por qué las mujeres no tienen acceso a la tierra, es decir, también considerar las cuestiones micro. El feminismo campesino se diferencia de ciertos feminismos que niegan la maternidad, el trabajo doméstico y la cocina, nosotras campesinas tenemos otros significados en relación a esto. Porque la cocina no es solo cocinar por obligación. Nosotras tenemos una relación con la cocina que se relaciona con las semillas, con la plantación. Yo y la naturaleza no somos separadas. Nosotras tenemos problematizado eso, y para nosotras la cocina es un espacio donde circulan saberes y poder. Nuestro feminismo tiene ese carácter popular y campesino y problematiza algunas categorías que ciertos feminismos desechan. Particularmente, nuestro feminismo tiene un punto esencial en el vínculo con la naturaleza, nuestra relación con la naturaleza. La preocupación sobre el futuro y la relación con el medioambiente. La relación con el agua, con la tierra, con la naturaleza está en la esencia de la defensa de los bienes naturales. Para nosotras es impensable hacer una lucha anticapitalista sin luchar contra el agronegocio. Por eso estamos envueltas en la discusión sobre las semillas, el tema de la religiosidad brasilera, y la espiritualidad profunda que viven las mujeres. Entonces en ese debate de la espiritualidad, de la religiosidad, el tema de los saberes, prácticas, el rescate de las parteras, de las plantas medicinales (Lourdes, sector género, 40 años).
El debate del feminismo, primero que no solo puede abarcar a las mujeres. El debate del feminismo tiene que incluir toda esa diversidad que somos, no somos solo mujeres u hombres. Y el debate de la reforma agraria popular tiene que incluir ciertos elementos, ¿cómo vamos a debatir sobre soberanía popular o agroecología sin esta perspectiva de las mujeres? Por lo cual cómo nosotras, como mujeres feministas, vamos dentro de los procesos internos de MST y la Vía Campesina internacional impulsando los debates que son estructurales la perspectiva feminista y que los compañeros reflexionen. Nosotras decimos lo siguiente: ¿es posible construir la soberanía alimentaria o agroecología sin enfrentar la violencia? Tenemos que denunciar la violencia estructural, ahora la violencia doméstica que es consecuencia de ese modelo que asesina, maltrata, violenta a las mujeres y niñas y niños. ¿Cómo podemos hacer ese debate enorme de construir la soberanía alimentaria o la agroecología si no enfrentamos ese problema, si no creamos en nuestros territorios mecanismos de poder popular, de control donde la violencia pasa a ser una vergüenza, donde la comunidad crea mecanismos de control, de enfrentar el problema y de acompañar a la mujer que sufre esa situación? No podemos aceptar que la misma mano que planta agroecología puede ser la misma mano que pega, o maltrata. Efectivamente, no puede ser la misma mano que golpea, que violenta, que reprime. Por lo cual hay que tensionar el debate y problematizar las prácticas y preguntar por qué. ¿Por qué aquí no hay mujeres? Por ejemplo, ¿por qué en los proyectos productivos no tenemos que incluir infraestructura social, los hombres no piensan eso? Nosotras queremos debatir y cuestionar hacia adentro, el propio mensaje que la organización manda. Si nosotras pensamos en nuestros documentos, o las producciones del movimiento de hace 15 o 20 años atrás, o en sus orígenes, vamos a visualizar que había mucho más patriarcado. Por ejemplo, en las cartillas aparecían figuras de hombres, en las fotografías de la producción siempre un hombre. ¿Qué mensaje estamos dando? La perspectiva de las mujeres, de los niños y niñas, de los negros, de los jóvenes. Es decir, de la inclusión de todos los sujetos. Eso lo fuimos modificando. Entonces, enviamos nuevos mensajes para nuestro pueblo (Etelvina, sector educación, 55 años).
7.20. El aporte de las mujeres a la construcción de un movimiento innovador
La labor constante de las mujeres colabora en dinamizar el movimiento. Fuerzan el cambio y dinamismo al interior de él incidiendo en sus procesos organizativos. Sus aportes tanto materiales, como simbólicos son particulares y sustanciales en las raíces del proceso organizativo del MST. Ellas impulsan una praxis emancipatoria que cuestiona el poder y las dinámicas que atentan contra la dignidad de las mujeres e intentan crear proyectos integrales que favorezcan la autonomía y el involucramiento activo de las mujeres. Se destacan en términos de participación y propuestas innovadoras. Son sustanciales para la vitalidad cotidiana del movimiento, sus acciones le otorgan un plus que suma a la experiencia organizativa de este. El involucramiento de la mujer emerge de manera destacada y no cesan las prácticas de participación llevadas adelante por ellas. Colaboran en el devenir de reinventar la producción, la educación, el lenguaje, la cultura y la política. En sus trayectorias aportan nuevos sentidos a la vida política de este movimiento social. Lo reafirman y desafían permanentemente según el momento histórico que viven.
Las mujeres han conseguido avanzar en muchos espacios. Especialmente en los últimos años, las mujeres han sido las precursoras o las que se dedican a hacer los procesos de denuncia del agronegocio. Principalmente en las luchas del 8 de marzo. Se acaba ocupando un papel operativo que es muy importante, hay dirigentas que son muy importantes. Las mujeres se destacan en la dirección del movimiento. Pero también en nuestras entidades, cooperativas, es decir, se percibe que hay un colectivo de mujeres que están en las diferentes instancias y actividades del movimiento. Claro que hay límites de ser dirigentes en todas las organizaciones. Hay mujeres que están aportando mucho a la parte más operativa del movimiento (Ana, sector producción, ENFF, 36 años).
Las mujeres en su conjunto hemos aportado muchísimo desde nuestras prácticas concretas dentro del movimiento. Mostrando que es posible devolverle la dignidad a una sin tierra que está completamente desestructurada y conquistar territorio, conquistar espacio. Implica reposicionarse. Es necesario pensar en las niñas, en las mujeres, en la juventud, y se tiene que pensar en el conjunto de la sociedad brasilera. Nosotras decimos en el movimiento: “Sin las mujeres la lucha va por la mitad”. La sabiduría de las mujeres, la participación, la resistencia, la capacidad de las mujeres de llevar a la familia a la lucha y de sostener, de sustentar procesos ha sido muy fuerte. El aporte de traer una perspectiva de saberes, de valores, de sensibilidad para determinadas cuestiones que las mujeres han puesto en escena y ninguno puede defenderse mejor que aquellos que están siendo víctimas, que lo siente en la piel. Se puede apoyar, ahora quien tiene condiciones de protagonizar determinadas trasformaciones de los problemas de opresión y violencia son las propias sujetas, que lo sienten en la piel. Las mujeres traen esa contribución, ese aprendizaje, esa denuncia con más fuerza. Aportan ese debate y esa perspectiva ética para la sociedad y el debate de la estratificación de la sociedad, de la división social y sexual del trabajo y que esa división sexual del trabajo incide en forma violenta sobre la vida de las mujeres. Esas son contribuciones que las mujeres en la lucha, en el debate, en la apropiación y en el asumir una la identidad feminista y en la compresión de su papel social, política aportan en el conjunto de la reforma agraria (Djacira, sector educación, 50 años).
Las mujeres son mucho más abiertas a los cambios y transformaciones que los hombres. Cuando estaba en asistencia técnica del movimiento, era impresionante, cuando una llegaba a los lotes para explicar todo el proceso a la gente. La apertura que tienen las mujeres es mucho mayor que la de los hombres, la receptividad de oír, de querer entender, de estudiar. Creo que es porque sienten más concretamente los problemas tanto los problemas económicos, sociales y ambientales, están más abiertas. Y todo ese proceso de organización que va desde el núcleo de familia hasta las brigadas, los asentamientos. Las mujeres tienen un papel fundamental y no es posible para la gente pensar en una nueva sociedad, en un nuevo modelo de campo, de avanzar en las luchas que los movimientos y el MST han conquistado, si no se piensa en una participación más amplia y más efectiva de las mujeres, con más respeto, con más respeto a esa diversidad. Implica también que las mujeres dejen de ser vistas solo como madres y pasar a ser vistas como sujetas revolucionarias. Yo creo que eso ha avanzado mucho. Desde la organización es un proceso permanente de conciencia, de estudio, de formación. La lucha concreta, porque hacer la lucha concreta también es un proceso concreto, no solo de las mujeres, sino de conjunto de la militancia también. Las luchas imponen mucho respeto. En el campo productivo, en sus quintales, que se deje de ver a las mujeres como un complemento, que la mujer sea sujeta de ese proceso mismo. Yo creo que, cuando la gente habla de reforma agraria popular, está pensando en esas transformaciones bien estructurales. En mi opinión ninguna transformación estructural se va a dar si las mujeres no son partícipes de ese proceso. No pueden contribuir en el proceso, tienen que ser sujetas del proceso (Izi, sector finanzas, 34 años).
La importante presencia de mujeres del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil organizadas interpela a las sociedades contemporáneas a través de prácticas de ejercicio de derechos. Es indudable que la participación comunitaria, social y política de las mujeres potencia sus subjetividades, enriquece sus vidas cotidianas e incide positivamente en la configuración de este movimiento social. Las trayectorias biográficas de las mujeres del MST dan cuenta de experiencias marcadas con la realización personal que se entrecruza con la acción política. Las mujeres que se integran en el movimiento recrean su mundo privado y su mundo público. Trenzan unas trayectorias de vida impregnadas por el compañerismo con propuestas comunes. Elaboran propuestas de construcción de alternativas ligadas a la soberanía alimentaria (conservación de semillas, creación de bancos de semillas nativas, ferias comerciales, cooperativas) y a la reforma agraria popular, promueven estas prácticas de equidad colectiva y favorecen procesos participativos y protagónicos. La visibilidad crítica de las dificultades históricas de las mujeres para participar en los espacios públicos y en la vida política es problematizado en el movimiento. Surgen diversas estrategias de resistencia, de deconstrucción del sistema de opresiones, de construcción y visibilización de la puesta en práctica de propuestas más igualitarias e inclusivas impulsadas por colectivos de mujeres.
- Este capítulo fue publicado en La experiencia de las mujeres del Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra de Brasil. La organización colectiva y las relaciones de género. Editorial América Libre, 2021.↵
- El programa fue invalidado por el gobierno actual brasilero. ↵
- La Vía Campesina es un movimiento internacional que coordina organizaciones de campesinos/as, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades indígenas, trabajadores/as agrícolas emigrantes, jóvenes y jornaleros/as sin tierra.↵
- Mal llamada “crisis de alimentos”, ya que no es que falten alimentos, sino que el problema es la especulación sobre los alimentos, es la distribución de los alimentos.↵








