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Introducción

Martín Boy y Mariano Perelman

Este libro es producto de un trabajo colectivo que un grupo de investigadores formados y en formación venimos realizando desde hace ya varios años desde diferentes disciplinas. Las líneas de trabajo que guían nuestras preocupaciones académicas se encuentran atravesadas por la desigualdad urbana y los procesos de interacción/negociación en cuanto al acceso y al uso del espacio urbano protagonizados por grupos sociales que gozan de legitimaciones dispares.

En un reciente libro, Gabriel Kessler se preguntaba por qué elegir igualdad y desigualdad como punto de mira para analizar el decenio 2003-2013 (Kessler, 2014). Para el autor, ello se debe –en gran medida– a que esta preocupación se encuentra en el centro de las preocupaciones actuales. Y al mismo tiempo, dice, permite dar cuenta de los múltiples procesos, temporalidades y tendencias contrapuestas de lo ocurrido en los últimos años en Argentina.

En una línea similar, los textos que componen este libro buscan aportar a un campo de debate sobre el tema pero desde una perspectiva en la que lo urbano –o más precisamente lo territorial– es un componente central de la desigualdad.

La noción misma de desigualdad nos ha posibilitado un diálogo fructífero para entender procesos que, vistos bajo este prisma, nos permiten comprender la relacionalidad de los procesos sociales y dar una explicación en su conjunto de lo que para los actores –y para muchas investigaciones– aparece como separado.

Transexuales, travestis y transgéneros que ejercen la prostitución o el trabajo sexual, los mendigos, los vendedores ambulantes y los cartoneros que se ganan la vida vendiendo y recolectando en los barrios porteños; los asentamientos informales en Buenos Aires y Córdoba; los jóvenes de barrios pobres haciendo uso del espacio urbano asociado a las clases altas; los sectores medios diferenciándose de otros sectores, han sido algunos de los casos de estudio. Ello nos ha permitido comprender no sólo lo que ocurre con los “de abajo” sino la producción de diferencias tanto verticales como horizontales que ocurren entre diferentes actores en el espacio urbano.

Con esto queremos marcar la importancia de indagar en ciertas tendencias generales para pensar los procesos de desigualdad urbana pero también las propias dinámicas dentro de los grupos sociales. Y, sobre todo, las dinámicas espaciales que –antes que ser un telón de fondo en los procesos de desigualdad social– son constitutivas. El abordaje territorial de distintos casos permite avanzar en la comprensión de los modos en que los “otros urbanos” se construyen de manera compleja. A su vez ilumina las temporalidades y las narrativas morales que construyen también a los espacios urbanos. Es por ello que durante las investigaciones atendimos a las diferencias que existen a nivel barrial (e intrabarrial) y a la eficacia y legitimidad que adquieren argumentos y discursos sobre la desigualdad (la estética, el ambiente, la cultura, el patrimonio, el delito, lo ilegítimo, etc.) en diferentes escalas territoriales. El análisis de los grupos en relación permitió complejizar las acciones, los posicionamientos, los discursos y las prácticas que los diferentes actores ponen en juego al momento de “reclamar” y de ejercer el acceso a la ciudad. Ese acceso entendido de manera amplia (hábitat, trabajo, diversión, tránsito) nos permitió complejizar las visiones más economicistas del “derecho a la ciudad”.

En este contexto es entendible el lugar que los conflictos han tenido para nuestras indagaciones. Analíticamente nos permitió dar cuenta de los argumentos y de las prácticas que las personas esgrimen para constituirse como actores legítimos para utilizar el espacio urbano. Pero a su vez, el uso –en tanto apropiación– es constitutivo de los procesos sociales, y las prácticas de los actores que no pueden ser pensadas por fuera de esa espacialidad.

La productividad analítica de poner en una misma línea distintas situaciones sociales permite apreciar no sólo las diferencias que existen dentro de cada ciudad –en función de actores, espacios, relaciones, interacciones– sino también las negociaciones con las moralidades presentes en esos espacios barriales, las agencias de los diferentes actores. Esas negociaciones y maniobras son las que permiten construir relaciones jerarquizadas entre los actores involucrados. Al mismo tiempo, el Estado y el mercado, a través de diferentes agencias, contribuyen también a construir esas relaciones.

Pensando la desigualdad más allá de los procesos económicos

Nuestro punto de partida es pensar la complejidad de los procesos de desigualdad urbana. En principio, la misma idea de “desigualdad” implica un recorte dimensional que va más allá de lo económico. Esto quiere decir que la desigualdad se compone de otras muchas dimensiones.

Como ha planteado Segura (2014: 3), desigualdad y espacio urbano se vinculan de modo complejo. “[L]as desigualdades socioespaciales no se reducen a la traducción mecánica y unilateral entre la sociedad y el espacio, no se puede asumir acríticamente la ‘tesis del espejo’, que propone una correlación automática entre desigualdad y segregación”, ni la desigualdad se basa solamente en los procesos de separación espacial de las poblaciones. Esto es central ya que en los últimos años el crecimiento económico en Argentina se expresó generando procesos simultáneos y, en apariencia, contradictorios. En Buenos Aires, por ejemplo, la falta de políticas de acceso masivo a la vivienda y el constante aumento del precio del suelo y de los alquileres –aún en un contexto de constante crecimiento económico– contribuyeron en la generación de un marco de posibilidad para la aparición masiva de grupos que se ganan la vida en las calles (venta ambulante, feriantes, limpiavidrios, cuidacoches, cirujas) y que viven en una situación precaria (tomas de tierras, crecimiento de villas, hoteles-pensión, adultos y jóvenes que viven en las calles, etc.). Estas transformaciones han generado un doble proceso centrípeto y centrífugo: han generado una creciente segregación socioespacial que refiere a una mayor distancia y a un menor contacto de grupos sociales; pero, a la vez, ha ido surgiendo una creciente presencia de estos “otros” en las calles ubicadas en el centro de la ciudad (Boy, Marcús y Perelman, 2015). Sin embargo, como hemos planteado (Cosacov y Perelman, 2015), los encuentros no hablan directamente de una “sociedad más abierta” o más igualitaria. Antes que un ejercicio de medición proponemos pensar cómo en esos encuentros se (re)produce la desigualdad social en territorios determinados.

Bajo esta idea, y pensando en la necesidad de “‘trabajar en los márgenes’, flujos y entre-lugares para evitar la reificación” de los grupos populares en tanto objeto de estudio (Fonseca, 2005: 119), el proyecto se centró en múltiples espacios rompiendo con la visión apriorística “segregacionista” que algunos abordajes tienen sobre los sectores populares aún sin buscarlo y logrando un efecto reificador.

Como hemos planteado (Cosacov y Perelman, 2015: 528), centrarse en la construcción de las desigualdades implica pensar los procesos sociales de forma relacional, compleja y como producto de un devenir histórico de larga duración. Gootenberg y Reygadas (2010) refirieron a que las desigualdades parecen ser “indelebles” (indelible) en América Latina ya que están basadas en procesos de larga duración y en un entramado multicategorial producto de procesos concretos de desigualación social. Para Reygadas (2008) la desigualdad se (re)construye en un entramado de desventajas, en una “red” que tiene una base estructural de larga data. Para comprender cómo se produce es necesario centrarse en el plano relacional y, así, observar interacciones y narrativas que legitiman esas relaciones, basadas muchas veces en las categorías y en los atributos “individuales” de los agentes. Las interacciones permiten apreciar los momentos en que esas narrativas se ponen en juego y avanzar en dar cuenta de los procesos que contribuyen a la (re)producción de las desigualdades. Pero sobre todo el análisis de las interacciones en el territorio permite comprender el papel del espacio en la producción de la desigualdad.

Como los cambios, las rupturas y las continuidades se producen sobre territorios con historia, construidos bajo relaciones de poder. Tanto el crecimiento de las desigualdades en algunas dimensiones como su descenso en otras contribuyeron a transformar las subjetividades y los modos de supervivencia de los sectores medios, de los “vecinos” y de los grupos subalternos. Pero estos cambios se enraízan en el espacio público. La desigualdad social y urbana, entonces, debe pensarse en una temporalidad de larga duración ya que en este espacio se entrelazan dispositivos físicos, moralidades, relaciones con procesos de más corta duración.

Los territorios y los espacios que están socialmente construidos por relaciones de poder (Lefebvre, 2005; Massey, 1994; Gupta y Ferguson, 1992) pueden verse como un espacio de disputa basada en tensiones y experiencias históricas (Gordillo, 2010). Cierto es que el espacio es producto de relaciones sociales que están materializadas espacialmente y hechas cuerpo en los actores. Pero también el espacio tiene un rol central en la producción de sujetos y de identidades. Desde aquí es que pensamos que resulta necesario indagar bajo qué prácticas y qué tecnologías ciertos grupos concretan su presencia –legítima o ilegítima– en el espacio, y el modo en que a partir de ello se producen grupos con capacidades diferenciales de intervenir y de hacer uso del espacio urbano. Los espacios están construidos por discursos que construyen la desigualdad. En este proceso los comportamientos –basados en valores morales– se tornan centrales.

Un abordaje atento al territorio, como espacio disputado y productor de sentidos y sujetos, permite examinar los procesos de negociación en torno a su acceso y, desde allí, hacer visibles las tácticas que despliegan los sectores subalternos y los grupos consolidados para ser parte de la ciudad (Cosacov y Perelman, 2015).

Sobre la estructura del libro

Este libro se compone de ocho capítulos que abordan diferentes casos atravesados por el conflicto urbano generado a partir del encuentro de desigualdades de clase, de género y de trayectorias migratorias disímiles en tres ciudades: Ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata y Córdoba.

El análisis de los conflictos urbanos permite explorar los modos en que los diferentes actores involucrados defienden su posición. A su vez, los conflictos son instancias propicias para dar cuenta de los contenidos de las narrativas que construyen que, muchas veces, exceden el conflicto concreto y apelan a (pre)conceptos o mitos que se encuentran presentes en la conformación histórica de la ciudad.

Los contenidos comunes de los capítulos que conforman este libro pueden leerse en forma transversal; si no, cada uno de ellos podrá ser abordado independientemente uno del otro. Cada lector podrá elegir su propia aventura. A continuación se detallan los contenidos centrales de cada uno de los escritos que componen este libro.

Mariano Perelman abre la seguidilla de capítulos recuperando sus resultados de dos trabajos de campo extensos en los que abordó diferentes dimensiones presentes en la recolección de residuos por parte de los cartoneros y en la venta ambulante. Perelman aborda estas actividades expandiendo aquellas lecturas que las circunscriben a la dimensión económica y recuperando el territorio como un elemento clave. Este capítulo permite recuperar la territorialización de los procesos económicos y explorar detalladamente qué sucede ahí para problematizar los reconocimientos, el estigma social y la conformación de redes de soporte.

Martín Boy da cuenta de un conflicto urbano atravesado por lo que despertó la oferta callejera de sexo en el barrio de Palermo (Ciudad de Buenos Aires). Vecinos/as del barrio se manifestaron en contra de esta actividad y de las travestis que la ejercían. En este capítulo se problematiza cuál es el umbral de tolerancia que puede tenerse con la sexualidad no hegemónica: ¿cuánto corresponde hacerla pública y cuánto debe ser recluida a la esfera de lo íntimo? En este conflicto urbano se puso de manifiesto qué debe entenderse por uso (i)legítimo y cómo lo geográficamente cercano puede ser completamente extranjero, ajeno, foráneo.

El capítulo de María Laura Canestraro desarrolla un análisis de un conflicto urbano en un territorio marplatense bien concreto pero que da cuenta de aspectos más generales vinculados a cómo se construye ciudad. La llegada del Plan Pro.crear y la edificación de viviendas en la Canchita de los Bomberos ubicada en el barrio Parque Luro, el caso que la autora analiza, pone a dialogar tensamente al Estado y a los vecinos/as establecidos/as que se autoconvocan y organizan para promover el desarrollo de un espacio verde para la comunidad y así evitar la llegada de nuevos vecinos/as. El caso de la Canchita de Bomberos pone al descubierto cómo desde el Estado se promueven políticas públicas que no implican en su diseño e implementación a los diferentes actores y cómo estos desarrollan acciones de resistencia.

Natalia Cosacov analiza en su capítulo un conflicto localizado en el barrio de Caballito, Ciudad de Buenos Aires, que tuvo dos vertientes simultáneas. Por un lado, los/as vecinos/as que residen en casas de planta baja y primer piso se oponen a la instalación de grandes torres de edificios que cambiarán la identidad barrial pero también traerán aparejados problemas con la provisión de servicios públicos. Por otro lado, los mismos vecinos impulsaron el desalojo de un asentamiento cartonero. Para Cosacov, ambos conflictos tienen como protagonista a una clase media blanca, moderna y europea, que se enfrenta con las dos caras del boom inmobiliario: las torres destinadas a las clases medias altas y los asentamientos como representantes del incremento del déficit habitacional que afecta particularmente a los sectores populares.

Verónica Paiva en su capítulo da cuenta de un nuevo tipo de asentamiento informal que se instala en los espacios intersticiales de la Ciudad de Buenos Aires y explora las repercusiones que provoca en los/as vecinos/as de clase media históricos del barrio. El playón de Chacarita, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires, es un reflejo de la historia del abandono de la infraestructura ferroviaria y de cómo el avance de nuevas dinámicas urbanas atravesadas por la pobreza, la migración y la especulación inmobiliaria fagocitan aquel pasado de opulencia. En este capítulo se abordan las huellas fronterizas que se (re)producen cuando desigualdades de clase y de trayectorias se topan en un espacio público contiguo pero fragmentado.

El capítulo escrito por María Rosa Privitera Sixto trabaja con una dinámica de uso del espacio público que no fue planificada. Jóvenes de sectores populares de la zona sur de la ciudad se trasladan a Puerto Madero, barrio con el valor del metro cuadrado más elevado de la Ciudad de Buenos Aires, para desarrollar prácticas de skate y longboarding. La presencia de estos jóvenes en estos espacios pondrá en evidencia una ciudad fragmentada socioespacialmente pero que se sigue conflictuando al encontrarse en el espacio público. Este capítulo recupera cómo estos jóvenes contra-experimentan la ciudad y cómo conviven con estos otros urbanos, encarnados en los/as vecinos/as, que protagonizarán maniobras de expulsión.

Finalmente, este libro cierra con el capítulo de Marianne von Lücken, quien pone de manifiesto que las dinámicas de conflicto urbano se encuentran mediadas por los intereses de cada uno de los actores involucrados. La autora trabaja con un proyecto impulsado por el Gobierno de la ciudad de Córdoba que consistía en la construcción del puente Letizia para unir la villa La Maternidad y el barrio Juniors. Este proyecto se insertó en un conjunto de otras reformas urbanas y despertó la oposición de los/as vecinos/as. De esta forma, las situaciones de conflicto son reveladoras de las relaciones de fuerza que obligan a los actores a la toma de posición y cristalizan las relaciones que tiene la población con el espacio y las capacidades, las estrategias y los recursos que los actores pueden poner en juego cuando defienden sus intereses a la hora de construir ciudad.

Ya presentados los capítulos, sólo queda desear una buena lectura, cruzada o fragmentada, que intenta colaborar en cómo miramos y problematizamos lo que acontece en las ciudades que habitamos y experimentamos en nuestra cotidianeidad.

Referencias

Boy, Martín, Juliana Marcús y Mariano D. Perelman (2015). “La ciudad y el encuentro de la diferencia. Adultos que viven en la calle y mujeres que habitan en hoteles-pensión. Ciudad de Buenos Aires, 2007-2011”. Estudios demograficos y urbanos, 30 (2) (89), pp. 369-404.

Cosacov, Natalia y Mariano D. Perelman (2015). “Struggles over the Use of Public Space: Exploring Moralities and Narratives of Inequality. Cartoneros and Vecinos in Buenos Aires”. Journal of Latin American Studies, 47 (3), pp. 521-542.

Fonseca, Claudia (2005). “La clase social y su recusación etnográfica”. Etnografías contemporáneas, 1, pp. 117-138.

Gootenberg, Paul y Luis Reygadas (2010). Indelible Inequalities in Latin America : Insights from History, Politics, and Culture. Durham [N.C.]: Duke University Press.

Gordillo, Gastón (2010). Lugares del diablo. Tensiones del espacio y la memoria. Buenos Aires: Prometeo.

Gupta, Akhil y James Ferguson (1992). “Beyond “Culture”: Space, Identity, and the Politics of Difference”. Cultural Anthropology, 7 (1), pp. 6-23.

Kessler, Gabriel (2014). Controversias sobre la desigualdad. Argentina, 2003-2013. Buenos Aires: FCE.

Lefebvre, Henri (2005). The Production of Space. Oxford: Blackwell.

Massey, Doreen (1994). Space, Place, and Gender. University of Minnesota Press.

Reygadas, Luis (2008). La apropiación: destejiendo las redes de la desigualdad. Rubí, Barcelona; México, D. F.: Anthropos ; UAM, Unidad Iztapalapa, Division de Ciencias Sociales y Humanidades.

Segura, Ramiro (2014). “Conexiones, entrelazamientos y configuraciones socioespaciales en la (re)producción de desigualdades en ciudades latinoamericanas (1975-2010)”. Working Paper 65. Berlín: Ibero-Amerikanisches Institute- DesiguALdades.net.



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