7.1 Sobre el diseño de investigación
La primera reflexión se presenta en torno al conocimiento logrado a partir de los análisis de las bases de datos de los estudios nacionales sobre consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes escolarizados del país analizados en la tesis, es decir, al alcance de sus certezas. En términos generales, los estudios epidemiológicos buscan estimar la ocurrencia de ciertos fenómenos poblacionales, describirlos y conocer sus determinantes, es decir, las condiciones asociadas a su surgimiento y eventualmente a su evolución, lo que implica establecer las relaciones causales o al menos sugerir los nexos causales que están presentes en la aparición de las condiciones de “riesgo”, para lo cual, se establecieron los criterios de la causalidad, siendo un hito en la consolidación de la epidemiología de las enfermedades crónicas o de procesos de salud-enfermedad (no infecciosos). En estos diseños, si bien la estadística como disciplina juega un rol relevante, no solamente brindando los test de significación de las asociaciones buscadas, sino en los diseños muestrales de los estudios y en el control de los procesos inferenciales, es la teoría, el marco conceptual, el que orienta todo el proceso de conocimiento.
En los estudios epidemiológicos, la probabilidad estadística asume el modo en el que se expresan los niveles de certeza respecto de los nexos causales entre los factores seleccionados y el fenómeno que se pretende explicar. Por lo tanto, las cuestiones vinculadas a qué alcance tienen las probabilidades que se enuncian y que en definitiva refiere al conocimiento alcanzado, se encuentran en el diseño de las investigaciones y en el diseño de la estrategia analítica, directamente vinculado al primero. En el diseño de las investigaciones, a mi modo de ver, cobran relevancia tres aspectos: el primero, respecto de la cobertura poblacional de las muestras (muestras nacionales, provinciales o locales); la segunda es sobre qué subgrupos de población se realizan o pueden realizarse los análisis (según género, grupos de edad, condiciones socioeconómicas, etc.) y la tercera, cuáles son los factores de riesgo y protección seleccionados para ser incluidos en los cuestionarios, el modo en que son enunciados operacionalmente y sobre los cuales se van a establecer las probabilidades. En relación al diseño de la estrategia analítica, condicionado por el diseño del estudio, pero autónomo en el armado final de los modelos estadísticos y de los grupos que serán analizados. De hecho, en la tesis, al proponer una perspectiva de género, el modelo de regresión logística multivariado elaborado fue analizado de modo independiente en el grupo de mujeres y de varones y según los tres grupos etarios, captados desde el grado, que es el corte que el diseño muestral permitió.
Para dar cuenta del impacto del diseño de la estrategia de análisis, la tabla siguiente[1] muestra en la columna izquierda, un resumen del impacto de los factores del modelo de regresión logística aplicado al total de la población estudiantil, sin distinguir grados ni género, y cuyo impacto es diferente al resultado encontrado en el procesamiento del mismo modelo, pero según género y grupos de edad, tal como se indica en la columna derecha de la tabla.
Tabla 7.1: Resumen del impacto diferenciado según aplicaciones del modelo de regresión logística multivariado, según sustancias psicoactivas en los años 2005 y 2011

El detalle de la tabla anterior indica con claridad que hay factores de riesgo y protección que son relevantes para un colectivo poblacional, en este caso, estudiantes mujeres o varones de determinadas edades –visualizadas desde el grado-, pero no para el conjunto. Al analizar a los y a las estudiantes de modo separado, hemos sorteado, de algún modo, el “solapamiento de lo masculino con lo genéricamente humano” al hacer visible al colectivo mujeres, aun cuando el cuestionario utilizó un lenguaje sexista, el “neutral masculino” en la escritura de sus preguntas. Queda abierta la cuestión sobre si son necesarias preguntas diferentes -indicadores distintos- para registrar una condición de vulnerabilidad o de protección específica para las mujeres y según las edades, asunto que no se resuelve al añadir un artículo en la escritura de la misma pregunta.
La revisión de las investigaciones realizadas sobre la etiología de los consumos de sustancias psicoactivas, desde su inicio al progresivo compromiso de la salud que implica el sostenimiento y profundización del consumo, ha dejado en claro que es un fenómeno multicausal y que la cantidad y calidad de factores que intervienen no siempre operan del mismo modo, porque además de la edad de las personas, del género, de cómo vive, en qué marcos socio ambientales se encuentran y de otras condiciones de vulnerabilidad, hay algo de la inconmensurabilidad de la existencia humana, de su ser y estar en el mundo, que no pueden ser captadas con estos estudios. Resulta evidente que el fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas observados con técnicas y metodologías que buscan generalizaciones, siempre encuentra las excepciones, los casos –en cantidades no despreciables- en los cuales, aun estando todas las condiciones de vulnerabilidad personal, familiar, del entorno, el consumo de sustancias psicoactivas no ocurre, o bien, el despliegue de ese consumo inicial no continúa en consumos problemáticos.[2] Porque nos encontramos con diferentes trayectorias de consumo y con diferentes guiones sobre el consumo, si utilizamos el concepto de la teoría de guiones sexuales que plantea Vera Paiva, cuando afirma que “los guiones para el sexo varían según los escenarios de distintos segmentos sociales” (2012b:162) y que es retomada por Camarotti, Jones y Dulbeco, para abordar el conocimiento desde tres niveles vinculados entre sí, los escenarios culturales, los guiones interpersonales y los guiones intrapsíquicos y de este modo pueden organizar y vincular aquello que los consumidores de drogas piensan y hacen con el entramado sociocultural y relacional en el cual están insertos, que en la investigación citada refiere a los varones con consumo problemático (Camarotti et al., 2020).
El diseño y el objeto de estudio de las investigaciones epidemiológicas no considera el abordaje de estos niveles subjetivos e intersubjetivos en los cuales se sustentan las acciones que los sujetos despliegan, pero ¿será posible mejorar el registro de ciertos atributos y características de las personas que permitan dar cuenta de los sujetos inmersos en proceso sociales?, que podría ser captado si se mejoran los indicadores sociales y de contexto familiar, escolar, laboral y de consumo, los que sí pueden o podrían ser registrados en un estudio poblacional.
Retomando el tema de la identificación y caracterización de los casos excepcionales, es importante reconocer que son visualizados precisamente a partir de los estudios poblacionales en base a muestras probabilísticas, porque son los casos que se alejan de las distribuciones normales y esperables en función de las teorías que sustentan la relevancia de determinadas condiciones para la emergencia de un fenómeno, en este caso el consumo.
Por otro lado, y vinculado a lo anterior, también es necesario realizar otras preguntas, cuando se diseñan y ejecutan estos estudios, por ejemplo, las encuestas nacionales que hemos analizado, ¿han podido captar, describir y conocer los fenómenos que se han planteado estimar, caracterizar e indagar sobre sus determinantes, es decir, han dado cuenta de la complejidad y la multicausalidad de los mismos? En el desarrollo de la tesis, hemos podido identificar dificultades de ciertos aspectos del diseño de los estudios analizados, como el modo en que se han elaborado algunas preguntas y sus opciones de respuesta, o como se han abordado algunas dimensiones, para poder captar el sentido y la complejidad del fenómeno que se busca conocer, que serán detallada más adelante.
7.2 Tensiones entre el diseño y la gestión de la investigación
La tesis analizó las bases de datos de los estudios nacionales sobre consumo de sustancias psicoactivas en los estudiantes escolarizados del nivel medio de Argentina, financiados, diseñados y producidos por el área gubernamental, el Observatorio Argentino de Drogas de SEDRONAR, encargada de elaborar las estadísticas oficiales sobre esta problemática,[3] que forman parte de un sistema nacional de información que involucra otros estudios similares en otras poblaciones (estudiantes universitarios y población general) y otros estudios longitudinales (registro de pacientes en tratamiento) y transversales sobre poblaciones específicas (población privada de libertad, población en tratamiento). En el sistema nacional de información se conjugan indicadores de consumo, consumo problemático en diferentes poblaciones, demanda de tratamiento, oferta de tratamiento, morbilidad y mortalidad asociada, costos, delitos y encarcelamientos vinculados al consumo, producción, tráfico, lavado de dinero y distintos tipos de violencia (institucional, auto infligida, hacia terceros), entre otros. También, como hemos comentado en el desarrollo de la tesis, se ha complementado el estudio de estas problemáticas con abordajes cualitativos en población adulta, adolescentes, en tratamiento, en situación de consumo problemático, en territorios vulnerables, en prisiones, en calle.
Sostener un sistema nacional de información exige mantener una periodicidad en la producción de sus indicadores y una estandarización de los mismos para garantizar el monitoreo y el análisis de las tendencias, para evaluar el impacto de las políticas públicas. Por otro lado, como se ha mencionado en el capítulo 2, existen organismos y programas internacionales que promueven, brindan asistencia técnica y a veces financian total o parcialmente, el desarrollo de metodologías y estudios a nivel hemisférico o regional, que se traduce en el compromiso del país con estos organismos o programas y con los otros países participantes. Estas dos consideraciones mencionadas, el sistema nacional de información y la inserción en el plano internacional, imprimen una condición a tener en cuenta cuando se promueven los cambios en los indicadores de un estudio, y, por lo tanto, ésta deviene en una tarea compleja e importante, aunque a veces muy necesaria en función de mejorar el conocimiento de los fenómenos bajo estudio y monitoreo.
Un tercer aspecto y no menor en la tensión entre el diseño de un estudio o de los estudios y la gestión institucional de las investigaciones, es el presupuesto. Garantizar el financiamiento de líneas de investigación con periodicidad bienal o trienal, es todo un compromiso político-institucional con la investigación, además de contar con condiciones financieras que lo hagan posible, tal como ocurrió en el país entre el año 2003 al 2014 cuando fue posible sostener una serie importante de estudios nacionales y de estudios cualitativos. El tema presupuestario también se involucra en el diseño de los estudios, cuando se definen el tamaño y niveles de representatividad de las muestras probabilísticas (nacional y provinciales), periodicidad de los relevamientos, extensión de un cuestionario, diseño de muestras no probabilísticas y cantidad de grupos focales y/o de entrevistas a realizar y en qué áreas (solo área metropolitana o provincias del país), entre otros aspectos.
Con estos condicionantes en mente, el desarrollo de la tesis me ha permitido identificar aspectos débiles de algunos indicadores que se describen a continuación, y que abonan las propuestas de cambio en el cuestionario destinado a estudiantes del nivel medio para conocer el nivel y patrones de consumo de sustancias psicoactivas y sus factores asociados, que se comentan en los apartados 7.4 y 7.5.
7.3 Una mirada crítica sobre las preguntas del cuestionario
En los capítulos 5 y 6 se analizaron los determinantes o factores que conceptualmente se consideran factores de riesgo o de protección en relación al consumo de alcohol, el consumo binge y el consumo de marihuana en la población adolescente escolarizada. Los hallazgos en relación a cómo intervienen en esta población según género y grupos de edad fueron detalladamente expuestos, análisis que posibilitó identificar la relevancia de un conjunto de ellos, en la medida en que se constató el amplio impacto que tienen tanto en el 2005 como en el 2011, según género y edad. Este conjunto de indicadores, tales como el consumo en el grupo de amigos, el haber recibido oferta de marihuana, haber tenido problemas de comportamiento en el colegio, haber repetido grados y disponer de dinero en cantidades no mínimas para gastos personales, tienen también el respaldo de los resultados de otros estudios y análisis comentados en los capítulos 1 y 3, siendo este ejercicio, una instancia más de constatación de la relevancia de los mismos.
Pero, del análisis también surgieron dudas y preguntas sobre algunos resultados, orientando la mirada hacia la confiabilidad y validez del modo en que han sido medidos y registrados los conceptos, es decir, cómo fueron operacionalizados según las preguntas utilizadas y sus opciones de respuesta. En ese sentido, son tres las líneas reflexivas sobre algunas preguntas utilizadas en el cuestionario:
La primera, recupera el planteo realizado en el capítulo metodológico como criterio de selección de las preguntas/factores que se introdujeron en el modelo de regresión logística multivariado (la pertinencia teórica de las variables, la significación de la asociación y el valor del estimador odds-ratio y la coherencia interna de los resultados según el sentido de la asociación y de acuerdo a la expectativa sobre cómo debiera comportarse el indicador de acuerdo al marco teórico).
La segunda, refiere a un problema de validez[4] del instrumento de recolección de la información, en nuestro caso, de cómo fueron formuladas las preguntas y categorías de respuesta.
Y la tercera, se refiere a algunas dimensiones o aspectos importantes en la determinación de los consumos que se pretendieron medir pero que quedaron como incompletos, necesitando de otros indicadores y preguntas para completar la medición. Podríamos pensar en una falta de validez de contenido, “que refiere al grado en que un instrumento refleja un dominio específico de contenido que se mide (…) Es el grado en que la medición representa al concepto o variable medido” (Hernández Sampieri et al., 2014:201)
Es importante no perder de vista que este ejercicio de evaluación de los factores analizados se realiza teniendo en cuenta el diseño metodológico del cual forman parte, que involucra un modo de preguntar expresado en determinadas palabras (lenguaje), preguntas insertas en un cuestionario amplio de más de 100 preguntas y opciones de respuestas que también fueron ofrecidas (preguntas cerradas). En este sentido es una evaluación metodológica y no de relevancia teórica o conceptual de los mismos.
También es importante tener en cuenta que la encuesta, si bien es de respuesta voluntaria y se garantiza el anonimato, es de auto llenado o administrada por cada estudiante, en un contexto de baja posibilidad de debatir o intercambiar diálogos en relación al sentido buscado o manifestado de cada pregunta. Es decir, en un contexto en el cual no está garantizada una común comprensión de sentido, tanto de las preguntas como de las respuestas, sobro todo en aquellas preguntas que apelan a una evaluación, a una percepción, a las expectativas, al relato de problemas o hechos que pueden tener diferentes sentidos, dependiendo de cada persona.
Entonces, a continuación, se van explicitando las cuestiones arriba planteadas, que podemos organizar en tres sub títulos: evaluación del rendimiento de los factores; problemas de validez del instrumento, y debilidad en la dimensión y/o indicadores analizados. La separación según títulos es sólo para organizar la exposición, ya que un problema detectado en un factor puede responder a dos de las razones enunciadas, en este caso, se aclarará en la descripción y se ubicará en el título que mejor lo describa.
Evaluación del rendimiento de algunas variables como determinantes del consumo de sustancias psicoactivas
El análisis realizado dio cuenta de la importancia de los factores en relación a cada consumo, según género y grupos etarios o grados. Pero también permitió identificar aquellas variables que, en el modelo de regresión logística multivariado elaborado, tuvieron una baja eficiencia en el sentido de presentar poca coherencia interna, valores del estimador del coeficiente que da cuenta de la magnitud de la asociación (odds ratio) confusos o inestables de acuerdo al comportamiento esperado de cada una de ellas. A continuación, se detallan:
Tener una regular o mala relación con amigos, en relación a tener una muy buena o buena relación con amigos, según se analizó en el capítulo 5, es un factor de riesgo para las mujeres que cursan el 12° grado en el año 2005 pero es un factor de retracción del consumo en el 2011. En los varones es un factor que aumenta el consumo en 2011 cuando están en el 12° grado y lo retrae en el 10° grado (tabla 5.16). El problema no es que la condición impacte de modo inverso según la edad en los varones en el año 2011 y que cambie el sentido en la misma edad en las mujeres en diferentes años, ya que las razones pueden explicarse por la intersección del género y la edad o por cambios en el tiempo transcurrido entre el 2005 y el 2011. El problema es que no es posible captar lo que implica la pregunta ni tampoco las respuestas, el sentido que tiene tener regulares o malas relaciones con los amigos o amigas. Aun cuando los resultados no hubiesen tenido estas inversiones en los impactos, esta pregunta tiene un problema en relación a lo que pretende medir, captar y lo que significa, refiere a la subjetividad vinculada a un contexto, que no podemos captar ni comprender con este modo de abordaje.
Expectativas sobre las condiciones socioeconómicas de la familia en el futuro: esta variable no fue incorporada al modelo de regresión logística multivariado definitivo, por tener resultados de difícil lectura, ya que cuando las mujeres tienen regulares o malas expectativas, es un factor de protección del consumo de alcohol y de marihuana en el 8° grado, pero de riesgo del consumo binge en el 10°y no se asocia a ningún consumo en los estudiantes varones.
Expectativas sobre las condiciones socioeconómicas del entorno donde vive en el futuro: esta variable no fue incorporada al modelo definitivo por tener resultados poco claros, porque los resultados mostraron cierta incoherencia ya que tener malas expectativas mostró ser un factor de riesgo para el consumo de alcohol y consumo binge en mujeres del 8° y de protección en varones del 10° grado, tal como se detalló en el capítulo metodológico.
Problemas de validez del instrumento
Como se comentó anteriormente, refiere a la inadecuada formulación de las preguntas y sus categorías de respuesta en la búsqueda del registro de determinados indicadores.
Cuán informado se siente sobre las consecuencias del consumo de drogas: tal como se detalló en el capítulo 2, cuando los y las estudiantes se sienten bien informados puede incrementar o disminuir las probabilidades de consumo dependiendo del género y la edad, pero sin coherencia interna o sin un patrón que nos permita comprender el sentido del impacto, es decir, se advierte la imposibilidad de acordar un sentido compartido a la pregunta y a las posibles respuestas.
Si ha recibido en el colegio cursos sobre prevención del consumo de drogas: si bien se detallaron las inconsistencias de esta variable en sus resultados estadísticos en el capítulo 2, es importante resaltar que es una pregunta relevante, debido a que podría ser un indicador para la evaluación de las políticas preventivas. Pero es necesario modificar el modo de preguntar y las respuestas que se ofrecen como alternativas de respuesta, sobre este tema. También sería importante, como se propondrá en el apartado siguiente, articular esta pregunta con otras que refieran al ámbito de la información y de cómo buscan y tienen conocimientos sobre estos temas.
Reacción del grupo de pares (amigos más cercanos) si supieran que has probado una droga diferente a marihuana, como cocaína, pasta base, éxtasis, ácidos o cosas parecidas: cuando la respuesta es de indiferencia o de no intromisión (“no te dirían nada”) o cuando no sabe cómo reaccionarían (“no sé qué dirían”), frente a un comentario de desaprobación, en los varones implica una condición que retrae el consumo de marihuana, cuando están en el 8° en el 2005 y cuando están en los grados 10° y 12°, en el año 2011. Y en las estudiantes mujeres es una condición de riesgo, cuando ellas consideran que “unos dirían algo y otros nada”, y están en el octavo grado en 2005 (tabla 5.16). El problema con este indicador es su formulación como pregunta y más aún, las opciones de respuesta que no pueden captar un sentido claro de lo que implica cada categoría.
Reacción del grupo de pares (amigos más cercanos) si supieran que fumas marihuana: cualquiera fuera la respuesta brindada en oposición a una desaprobación, es un factor que incrementa el consumo de marihuana en los varones de todas las edades o grados, en 2005 y 2011. Pero esta coherencia no es igual en las mujeres, que, dependiendo la respuesta y la edad, puede ser un factor que incrementa o que retrae el consumo (tabla 5.16). A esta pregunta, al igual que la anterior, le cabe la misma evaluación crítica sobre cómo están pensadas y definidas sus categorías de respuesta.
Debilidad en la dimensión y/o indicadores analizados
La evaluación sobre el nivel de exigencia académica del colegio: cuando la evaluación es negativa, impacta en las mujeres y en relación al consumo de alcohol en 2005 (tabla 5.5) y de consumo binge en 2011 (tabla 5.6). No queda claro el objetivo buscado con esta pregunta, ¿qué implica para el o la estudiante evaluar positivamente o negativamente la oferta o la exigencia académica que recibe? ¿Qué significa exigencia? En relación a este tema, la investigación realizada en estudiantes del nivel medio en Argentina en el año 2005 (OAD-SEDRONAR, Arizaga, 2005), concluye que los y las estudiantes otorgan un sentido instrumental al colegio en tanto que el mismo les brinda conocimiento para afrontar el futuro, una credencial que les permitirá acceder a trabajos o a la universidad, y por lo tanto se configura en un espacio importante en la proyección de futuro. Entonces, si el objetivo buscado es conocer la relevancia que tiene el colegio en tanto dador de conocimiento, sería mejor pensar en una pregunta que apuntara de un modo más directo sobre este aspecto asunto.
No haber faltado con frecuencia al colegio: los resultados analizados muestran algunas inconsistencias, ya que impacta disminuyendo la prevalencia de consumo de bebidas alcohólicas (tablas 5.8 y 5.10) y de consumo binge (tablas 5.9 y 5.11) en 2005 y 2011 en mujeres y varones; pero incrementa la prevalencia de consumo de marihuana en mujeres en el 2005 y no tiene ningún impacto en el 2011 (tabla 5.14). La pregunta del cuestionario literalmente dice: Durante este año, ¿has faltado con frecuencia al colegio, cualquiera sea el motivo? Si/no. La incorporación de esta variable al cuestionario tiene como supuesto que el mayor ausentismo está asociado al consumo de sustancias o que implicaría una condición de riesgo. Pero al no especificar el motivo, es más, al incluir todos los motivos, se pierde sensibilidad o especificidad en las respuestas registradas que permitan orientar el sentido de las ausencias. El informe de evaluación de la educación secundaria en Argentina citado en el capítulo 4 (MEN-SIESE, 2019), advierte que los motivos del ausentismo se diferencian según el tipo de colegio, de gestión estatal o privado, que aglutina estudiantes de niveles socioeconómicos diferentes. En este sentido, las razones de haber faltado con frecuencia al colegio pueden deberse a diferentes motivos: médicos, viajes, problemas con el transporte, problemas climáticos, por trabajar, por no tener ganas, por problemas familiares entre otros. El tema es, ¿por qué no importa el motivo de la inasistencia frecuente? Teniendo en cuenta los diferentes motivos que están por detrás del ausentismo, considero relevante poder especificarlo, en la medida en que permitirá una mejor descripción de condiciones de vulnerabilidad en los y en las estudiantes.
Trabajar además de estudiar si bien es un factor que incrementa la prevalencia de consumo de bebidas alcohólicas en 2005 y 2011 (tabla 5.3) y de consumo binge en 2011 (tabla 5.4), es una condición que tiene complejidad en la vida de esta población y, por lo tanto, su rol en relación al consumo de sustancias no debe ser pensado de modo unidireccional, tal como advierte un estudio realizado en esta población adolescente escolarizada en Argentina en el año 2009 (OSD-SEDRONAR, Arizaga, 2010). Según este estudio cualitativo en estudiantes de sectores socioeconómicos medios bajos-bajos, algunos estudiantes que trabajan además de ir al colegio sostienen que el trabajo les ayuda a regular la actividad nocturna, les ordena la vida cotidiana, “llena tiempos vacíos”, y en este sentido, es percibido como un factor de protección frente al consumo abusivo de drogas y alcohol. Pero también advierten que la disponibilidad de dinero es un factor que contribuye al acceso de sustancias, tal como se ha constatado en esta tesis. Lo importante en relación a este indicador es resaltar la complejidad y evaluar si es necesario incorporar nuevas preguntas ampliando este tipo de registro y que faciliten la interpretación de los datos.
El haber tenido problemas de comportamiento en el colegio está presente como factor que incrementa la chance -en algunos grados- de consumo de bebidas alcohólicas y de binge, en 2005 y 2011 (tablas 5.5 y 5.6) y también de marihuana en el 2011 (tabla 5.14). Surge la pregunta acerca del vínculo entre problemas de indisciplina y consumos de sustancias, es decir, ¿los y las estudiantes tienen problemas de comportamiento derivados de los consumos? ¿o son otros? ¿Cuáles? ¿Cómo diferenciar? Esta pregunta aislada del contexto pierde especificidad en su interpretación.
En relación a la dimensión del grupo de pares, han sido objetadas las tres variables que la componen (cómo es la relación que tienen con los amigos y cómo cree que sería la reacción del grupo de amigos si supieran que fumas marihuana o si consumes otra droga distinta a marihuana) por la dificultad en comprender el sentido de las preguntas y de las respuestas esperadas, siendo el grupo de pares una dimensión de gran importancia en el inicio y sostenimiento del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes. Incluso es un ámbito que imprime diferencias según género, ya que, para los varones, el grupo de pares es el lugar en donde los adolescentes “adquieren” la masculinidad, se aprenden los rasgos valorados socialmente, configurando el estereotipo de género. Es el espacio donde se acredita la masculinidad y también, el lugar en donde está permanentemente a prueba, y, por lo tanto, las demostraciones deben ser constantes (Escobar, et al. 2018). La dimensión consumo en el entorno analizada en la tesis, pudo captar la fuerza que tiene el consumo de alcohol y de marihuana en el grupo de pares como predictor del propio consumo, tanto en varones como en mujeres, pero debiera reforzarse la dimensión del grupo de pares cambiando las preguntas que hemos cuestionado y quizás, agregando alguna otra.
7.4 Propuestas de cambios al cuestionario destinado a adolescentes escolarizados
El cuestionario utilizado en los estudios analizados en la tesis, tiene las variables necesarias para dar cuenta de los patrones de consumo[5] de diferentes sustancias psicoactivas, y que permiten trazar estos perfiles según género, edad y provincias del país, de acuerdo al diseño muestral definido. Pero, luego de este proceso analítico sobre el impacto de los factores o variables considerados de riesgo y de protección o atenuantes del consumo de sustancias psicoactivas en esta población, realizo las siguientes propuestas de cambios y/o ajustes en el mismo.
Para introducir una primera sugerencia, que refiere al modo en que se piensan y definen las variables o factores que se consideran relevantes como factores de riesgo y protección, voy a recuperar dos reflexiones provenientes de la corriente de la medicina social. La primera, es sobre la concepción de procesos destructivos y protectores o benéficos, que mejoran o entorpecen la calidad de vida y por lo tanto la salud de las personas y que se vinculan al desarrollo de las enfermedades. Estos procesos no tienen entidades propias, “sino que son aspectos de la vida que devienen en destructividad o en protección, según las relaciones sociales que operan en distintos dominios como el más general de la sociedad en su conjunto, el dominio particular de sus grupos y el dominio singular de las personas en su cotidianeidad” (Breilh, 2003:72) La segunda, la importancia de pensar en la interconexión de causas o factores que ocurren en las distintas dimensiones de la vida humana y social, de manera de superar una concepción de la realidad que la reduce a un solo plano, al plano empírico de lo directamente observable.
Vinculado a ese planteo, en el capítulo anterior surgía la pregunta sobre si era posible medir en estos estudios, las condiciones individuales vinculadas a los procesos sociales. La idea de procesos deteriorantes y protectores, permite articular el indicador observable (si trabaja o no trabaja, por ejemplo), con alguna otra información de contexto de la propia actividad o del y la estudiante, que nos permita entender de mejor manera lo que está implicando esa condición en la vida de ellos y ellas. Por eso, el aporte desde el estudio cualitativo sobre este aspecto fue relevante, ya que indica que, en algunos contextos, trabajar puede ser un proceso protector, un factor de protección, una condición que atenúa el consumo de sustancias psicoactivas y no un factor de riesgo o factor deteriorante.
También se desprende una propuesta en términos del diseño general del cuestionario, y es reflexionar sobre las dimensiones existentes considerando si los factores o variables disponibles en cada una de ellas logran dar cuenta de las implicancias teóricas que las dimensiones pretenden medir, también teniendo en cuenta que, dependiendo de ciertas circunstancias, el sentido de esas variables puede indicar aspectos diferentes. En este sentido, podría ser oportuno considerar bloques de preguntas articuladas en cada dimensión, y que puedan ser analizadas como índices o escalas, de manera de robustecer el análisis de sus impactos. Por ejemplo, revisar las variables existentes e incorporar nuevas de tal manera que puedan ser analizadas en conjunto, en las siguientes dimensiones: caracterización socioeconómica o niveles de vulnerabilidad social, dimensión de la información-conocimientos sobre el uso de drogas, dimensión familiar, dimensión escolar, dimensión grupo de pares, dimensión accesibilidad y disponibilidad de sustancias y la dimensión de las actitudes y percepciones sobre el consumo.
En relación a la dimensión de la caracterización del nivel socioeconómico, la necesidad de mejorar este registro está relacionada a la expansión de las desigualdades sociales en el país y en los países de la región, y por la relevancia de esta condición en el impacto sobre otras variables, como los motivos del ausentismo, las expectativas de realizar un proyecto personal a futuro, las expectativas de terminar el colegio, la necesidad de trabajar además de estudiar, la disponibilidad de dinero, información que permitirá esclarecer el sentido de las mismas. La diferenciación entre colegios de gestión estatal y privada, no alcanza para describir los niveles socioeconómicos, aunque puede ser considerada una aproximación. La experiencia llevada a cabo en la primera encuesta nacional en estudiantes del nivel medio en Argentina en el año 2001, cuando se introdujo la variable sobre la ocupación de los padres, no fue exitosa, debido a la dificultad de los estudiantes de dar cuenta de ellas, además de lo incompleta que resultaron las respuestas en un cuestionario auto administrado. Sugiero buscar indicadores del colegio[6] para caracterizar a los escolares que allí asisten y también, mejorar el registro de las variables individuales sobre si trabaja-no trabaja y disponibilidad de dinero, en el cuestionario.
En relación a la dimensión información – conocimiento sobre el tema, sugiero modificar o cambiar las preguntas existentes (cuán informado se siente y sobre si ha recibido cursos de prevención) y pensar indicadores sobre cuánto se habla de los efectos (adversos y también de los buscados, como sentirse mejor, eufóricos, relajados, etc.), con quién se habla, si esa información les resulta útil, si requieren más.
En la dimensión familiar, sugiero actualizar algunas preguntas de la escala de atención parental e incorporar las nuevas tecnologías, por ejemplo. Por otro lado, ¿es suficiente la escala de atención parental para dar cuenta del nivel de atención de los padres? Se sugiere incorporar preguntas que permitan conocer aspectos de los vínculos con los padres-madres, tales como el respeto, confianza, cariño. También podrían incorporarse preguntas en relación a situaciones de violencia o maltrato en la familia, ya que existe evidencia de la importancia de estos hechos en el desarrollo de consumos problemáticos. Si bien es un tema complejo para su indagación en un estudio como el que estamos analizando, habría que evaluar la posibilidad de incorporar algunos indicadores sobre este tema.
La dimensión escolar se configura como un lugar-espacio central en el proceso de crecimiento de los/as adolescentes y el rol que juega la escuela en sus vidas. Algunas variables deben ser revisadas como el ausentismo y los problemas de comportamiento, o quitadas del cuestionario, como la evaluación de la exigencia académica. Aspectos que den cuenta del estrés escolar, niveles de apego al espacio, experiencias positivas, podrían complementar a los indicadores ya existentes.
En relación a la dimensión del grupo de pares, de gran importancia para entender y explicar el inicio y el sostenimiento de los consumos de sustancias psicoactivas, la presión del mismo en relación al consumo podría evaluarse en relación a situaciones precisas y evitar evaluar el comportamiento respecto de un hipotético consumo de cualquier droga diferente a marihuana, por ejemplo. Siendo esta instancia específicamente importante en la conformación de la masculinidad, podrían elaborarse preguntas para los varones que vinculen el consumo con la violencia, el vínculo con los otros y otras, la iniciación sexual y el empoderamiento.
La dimensión accesibilidad y disponibilidad de sustancias debiera ampliarse a las bebidas alcohólicas siendo que el mismo también es un factor que se asocia a mayores niveles de consumo, según otros estudios (UNODC, 2013; Becoña Iglesias, 1999).[7] Sugiero incorporar preguntas destinadas a conocer aspectos del aprovisionamiento: lugares y momento de compra, quienes lo hacen y quienes venden, que permitirá identificar el rol de las personas adultas. Por otra parte, es necesario ampliar la caracterización de la percepción de facilidad de acceso y de los episodios de oferta de drogas.
En la dimensión de las actitudes y percepciones sobre el consumo, la curiosidad de probar drogas o la actitud positiva hacia el consumo, debería ampliarse a bebidas alcohólicas y especificarse según sustancias, al menos marihuana, cocaína, éxtasis y otras drogas de diseño.
Finalmente, en lo que refiere a las dimensiones conceptuales del cuestionario, sugiero que podría ampliarse la caracterización de los patrones de consumo según sustancias, incorporando preguntas que den cuenta de los escenarios de consumo: cuándo, dónde, con quién. En lo posible, indagar sobre las motivaciones del inicio del consumo, las expectativas, los miedos o riesgo asociados, para lo cual los abordajes cualitativos dan pautas interesantes sobre cómo se podrían elaborar las preguntas en un cuestionario.
Otros aspectos requieren ser modificados, como el leguaje[8] empleado en la escritura de las preguntas, que es sexista, al considerar que el masculino es neutral o abarcador a las mujeres. Todo el cuestionario está redactado de este modo y propongo utilizar un lenguaje inclusivo a las mujeres y a las personas no binarias, incorporando los artículos: las, los, les.
Vinculado al lenguaje, un tema transversal a todos los dominios analizados, es considerar si acaso no serán necesarias algunas preguntas específicas para varones y otras específicas para mujeres, que puedan registrar indicadores sensibles según el género. Un ejemplo al respecto es actualizar el indicador del consumo binge y considerar las cantidades diferentes según sean varones (5 vasos o más) o mujeres (4 vasos o más).
Por otro lado, los aportes que los estudios cualitativos existentes –más otros que puedan realizarse- podrán ser una fuente importante para pensar algunos cambios en este sentido. También considerar la posibilidad de habilitar el registro diferencial para adolescentes no binarios, o al menos, que en cada pregunta se habilite la posibilidad del registro de la inadecuación de una pregunta y sus respuestas, para las personas no binaries.[9]
Otro aspecto a tener en cuenta es mantener o incluso, acortar la extensión del cuestionario, para mejorar el proceso de levantamiento de la información. Para compatibilizar una ampliación de preguntas -para mejorar las mediciones por dimensiones y para tener en cuenta la incorporación de preguntas específicas según género-, y mantener una extensión razonable del cuestionario, se sugiere combinar el diseño muestral con el trabajo de campo. Eso posibilitaría diferenciar módulos por sub muestras en cada estudio, o bien, aplicar módulos diferentes según el año del estudio. El tema de la extensión del cuestionario se vincula al proceso del levantamiento y la calidad de las repuestas, pero también al presupuesto.
Finalmente, modificar el registro del género, según la propuesta que se presenta a continuación y que resulta central para incluir, visibilizar y analizar desde un esquema no binario, a otras identidades de género.
7.5 Propuesta para mejorar el registro del género
El tema del género sin duda es un aspecto sobre el cual la investigación social está avanzando, revisando los lenguajes y los modos de indagar (The GenIUSS Group, 2014). Sobre este aspecto, abordado en el capítulo 2 y 3, la tesis propone un cambio en el modo de registrar el sexo/género en el cuestionario, para superar el modelo binario y pasar a un esquema que habilite el registro de personas que no se identifican con las opciones masculino o femenino. Se propone ampliar la categoría de identidad de género, no de orientación sexual, ya que no es una condición considerada en el marco analítico, al menos hasta el momento.
La bibliografía revisada indica que las personas con identidades transgénero como así también las que siendo cisgénero -correspondencia entre el sexo designado al nacer y el que conforma la identidad presente-, tienen orientaciones sexuales no heterosexuales, como lesbianas, gays, bisexuales, padecen discriminación, bulling, estigmatización y diferentes tipos de violencia, tanto en adolescentes como en población adulta (Azpiazu Carballo, 2017; Connel, 1995; Dowsett, 2007; The GenIUSS Group, 2014, The Williams Institute, 2009). En los estudios poblacionales sobre consumo de sustancias psicoactivas aún no se ha avanzado en considerar a las identidades de género de las personas según su autopercepción[10] como variables de tipo estructural para analizar los patrones de consumo y factores de riesgo y protección asociados. Si, en cambio, a partir de estudios en otras poblaciones, como pacientes en tratamiento o grupos sociales considerados de riesgo -grupos trans, trabajadores sexuales y grupos englobados en el colectivo LGBTQIA+- hay información relevante sobre los niveles de consumo de sustancias psicoactivas y condiciones de riesgo agravados por la discriminación y violencia en relación al género (Benoit y Jauffret-Roustide, 2016).
Se propone entonces, que el cuestionario a estudiantes del nivel medio utilizado en los estudios nacionales de consumo de sustancias psicoactivas habilite el registro del género no binario, la pregunta que surge es ¿cómo hacerlo en esta población específica y mediante el registro de la información con un cuestionario auto respondido? Esta pregunta es estrictamente metodológica en el sentido de que deja al margen cuestiones como posibles reclamos o resistencias de parte de autoridades y de padres que puedan manifestar restricciones morales a una clasificación diferente al modelo heterosexual binario.[11]
El Grupo de vigilancia sobre identidades de género en Estados Unidos (Gender Identity in U.S. Surveillance (GenIUSS) group, según su denominación original), convocado en 2011 por el Instituto Williams de la Escuela de UCLA de Law de Los Angeles, es un grupo multidisciplinario y multiinstitucional de expertos interesados en el desarrollo de metodologías para mejorar el registro de personas transgénero y otras minorías en las encuestas y registros poblacionales, de manera de poder dar cuenta de sus problemas socioeconómicos, de salud, de acceso a la educación, de violencia entre otros. Entre el año 2011 y 2013, este grupo realizó una revisión de las metodologías existentes para identificar a las personas transgénero y otras minorías de género en los estudios poblacionales, evaluó los desafíos y desarrolló estrategias para establecer procedimientos consistentes y científicamente rigurosos para recopilar esta información (The GenIUSS Group, 2014). Seguidamente, se detallan los principales aportes de este grupo de investigación en lo que se refiere a la metodología en general y a la población adolescente, en particular.
En primer lugar, los y las investigadoras reconocen las limitaciones que tienen las encuestas poblacionales para poder registrar, mediante preguntas de respuestas múltiples, un aspecto tan complejo como lo son las identidades de género, pero que al mismo tiempo resulta de gran relevancia elaborar las mejores preguntas para hacerlo, para poder saldar el vacío de información existente sobre estas minorías. Este esfuerzo debe garantizar que el registro cumpla con las condiciones de confiabilidad y validez de la información relevada en una encuesta.
En segundo lugar, las preguntas deben posibilitar que las personas que no se identifican únicamente como hombres o mujeres o que tengan otra expresión de género no binaria, puedan ser clasificadas. También se reconoce que con el tiempo estas preguntas tendrán nuevas modificaciones de acuerdo a los cambios en el fenómeno observado.
En tercer lugar, las preguntas sobre género deben ubicarse hacia el final del conjunto de preguntas que refieren a aspectos demográficos, ya que corresponde a las preguntas “sensibles” de los cuestionarios y, por lo tanto, deben considerarse estrategias de mayor cuidado. En este sentido, que el cuestionario sea auto administrado favorece la privacidad y la disposición a responder las preguntas, aunque incrementa la probabilidad de una menor precisión de las respuestas por dificultades en la comprensión de las preguntas.
En relación a les adolescentes, se especifican tres cuestiones adicionales:
En primer lugar, les adolescentes no puede adoptar alternativas de identidad de género (transgénero y otras minorías de género) hasta mediados o finales de la adolescencia, pero pueden exhibir comportamientos no conformes con el género asignado en la infancia. Jóvenes cisgénero,[12] particularmente jóvenes cisgénero lesbianas, gays y bisexuales, también puede exhibir un comportamiento de género con el cual no están conforme que los coloca en un elevado riesgo de violencia y acoso. Entonces una expresión clara de género en esta edad es la identificación actual con la expresión de género asignada al nacer.
En segundo lugar, les adolescentes pueden tener dificultades de comprensión frente a oraciones y vocabulario complejos. Por lo tanto, las preguntas diseñadas para les adolescentes deben tener especial cuidado al usar un lenguaje simple y frases sencillas. Los términos utilizados en las medidas de sexo y género deben ser definidos claramente, ya que les adolescentes, y los cisgénero -no transgénero- en particular, combinan los términos sexo y género, y tienen diferentes interpretaciones del término transgénero, tanto masculino como femenino.[13]
En tercer lugar, les adolescentes a menudo carecen de privacidad cuando completan las encuestas en las escuelas y por ello, se recomienda que las preguntas sobre género no se coloquen al inicio del cuestionario, por quedar más visibilizado el momento de la repuesta.
El documento citado da cuenta de varios estudios que abordaron la cuestión de cómo medir las identidades de género, y las propuestas rondan alrededor de dos enfoques principales. En el primero, se propone estimar la conformidad/ no conformidad de género, que implica preguntar sobre el sexo asignado al nacer y la expresión de género actual. El conocimiento del sexo asignado al nacer dejaría probablemente de lado casos intersex, que no han sido comunicados o que la persona no conoce esta información.[14] Este modo de estimar la identidad de género requiere del método de dos pasos, donde en el primero paso se pregunta sobre cuál fue el sexo asignado al nacer (cuál es el sexo que figura en el certificado de nacimiento) y en el segundo paso, se indaga sobre cómo describiría su identidad de género actual, y se ofrecen opciones: masculino, femenino, transgénero de masculino a femenino, transgénero de femenino a masculino, y otra identidad diferente y en ese caso, se le solicita identificar. Este método no ha tenido, según este grupo de expertos, resultados satisfactorios en su aplicación en adolescentes y se recomienda más investigación sobre el mismo.
El segundo enfoque es estimar sobre el estatus de cisgénero y transgénero. Las investigaciones llevadas a cabo por Kerith Conron y otros investigadores, desarrollaron y evaluaron una medida de un solo ítem o pregunta en relación al estatus transgénero para el uso en encuestas de salud aplicadas en adolescentes. Este modo exigía brindar al encuestado una definición clara respecto del término transgénero y luego realizar la pregunta: “El sexo es lo que es una persona al nacer (Sex is what a person is born) El género es cómo se siente una persona. Cuando el sexo y el género de una persona no coinciden, es posible que se considere transgénero. ¿Eres transgénero? Y las respuestas brindadas son: No; Si y me identifico como un niño u hombre; Si y me identifico como una niña o una mujer; si y me identifico de otro modo; No sé lo que se está preguntando; Yo no sé si soy transgender.
Las investigaciones realizadas por la Red de educación para gays, lesbianas y heterosexuales (GLSEN, sigla en inglés), adaptaron la propuesta de Conron en dos sentidos: en la primera, se amplía la descripción de la identidad transgénero: No soy transgénero; Soy transgénero y me identifico como niño u hombre; Soy transgénero y me identifico como niña o mujer; Soy transgénero y me identifico de alguna otra manera. En la segunda se reduce a las respuestas: No, Si, No estoy seguro (The GenIUSS Group, 2014:32). En ambos casos, al igual que la propuesta de Conron, se brinda la definición de transgénero. El grupo de expertos sobre identidades de género en Estados Unidos, que elaboró el documento citado, evalúa positivamente la versión de Conron y la primera propuesta de la red GLSEN, pero recomienda continuar las investigaciones sobre el mejor modo de registrar las diferentes identidades de género en la población adolescente.
Entonces, una primera propuesta para incorporar una pregunta al cuestionario utilizado en las encuestas sobre consumo de sustancias psicoactivas en estudiantes del nivel medio, es la siguiente:
El sexo es el asignado al nacer. El género es cómo se siente una persona (en relación al sexo). Cuando el sexo y el género de una persona no coinciden, es posible que se considere transgénero.
¿Cuál es tu género?
- Masculino
- Femenino
- Transgénero
- No estoy segura/o/e
- Prefiero no contestar
La propuesta de registrar otras identidades de género no binario en el cuestionario para Argentina puede ser diferente, ya que en el país se brinda Educación Sexual Integral (ESI) a todos y todas las estudiantes de niveles iniciales, primarios y secundarios desde que en el año 2006 se promulgó la ley 26150 de Educación Sexual Integral (ESI). Con esta ley se crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral para el conjunto de estudiantes de todos los niveles y de todos los establecimientos públicos, sean de gestión estatal y privada, en sintonía con la nueva concepción sobre los derechos de niños, niñas y adolescentes, que establece la ley 26061, de Protección Integral de los Derechos de la Niñas, Niños y Adolescentes, sancionada un año antes. Ambas leyes conciben a los niños, niñas y adolescentes en tanto sujetos, personas activas en ejercicio de sus derechos:
Desde este enfoque, como adolescentes, tienen derecho, entre otras cosas, a la vida, a la salud, a la educación, al acceso a la información, a la participación y a desempeñar un papel socialmente activo. Se establece, además, que deben ser protegidos/as, acompañados/as, escuchados/as y, sobre todo, que sus opiniones deben ser tenidas en cuenta. Esta forma de entenderlos/as como ciudadanos/as plenos/as desafía los modos de hacer la escuela, y el sistema educativo (Ministerio de Educación de Nación, 2020:10)
Por otro lado, tal como ya se mencionó, desde el año 2012 en el país está vigente la ley 26743 de Identidad de Género, y en este marco, el Programa Nacional elaboró una serie diversa de recursos pedagógicos, para cada uno de los niveles educativos para llevar adelante la ESI en el aula y otros materiales destinados al trabajo con las familias y a la planificación de acciones de difusión de la ley. Es importante resaltar, dentro de un conjunto de derechos que se les reconocen como adolescentes, los siguientes:
Recibir conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados para poder cuidar su propio cuerpo y asumir conductas responsables y solidarias en relación a los otros/as. Habitar instituciones educativas en los que se respeten por igual los derechos de varones y mujeres, sin estereotipos de género que cimienten desigualdades y vivir libremente su sexualidad, sin discriminación de género y/o por orientación sexual (Ministerio de Educación de Nación, 2020:10)
Mediante diversas herramientas metodológicas y puntualmente a través del cuadernillo de capacitación elaborado para estudiantes del nivel medio, los/as estudiantes reciben información y formación sobre las cuestiones de género, lo que implican los estereotipos de género y cómo se reproducen, el derecho a la identidad de género y la existencia de géneros diversos, mediante los conceptos de cis y trans género y el concepto de orientación sexual. En este marco, es posible abordar la pregunta sobre el género de un modo diferente, recuperando las definiciones que brinda la ESI: “La identidad de género tiene que ver con cómo nos sentimos y vivimos nuestro género. En nuestra sociedad, hay personas que se identifican como: mujeres, varones, personas trans, (travestis, transexuales e intergénero), entre otras” (Ministerio de Educación de Nación, 2020:15). De este modo, la propuesta para incorporar la pregunta al cuestionario es similar a la realizada por el grupo GenIUSS, y se detalla:
¿Cuál es tu género?
- Mujer
- Varón
- Transgénero
- No estoy segura/o/e
- Prefiero no contestar
7.6 Comentarios finales
Para finalizar, considero que los estudios epidemiológicos sobre el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes escolarizados, que se realizan con muestras nacionales y provinciales, son una importante fuente de información para el ajuste de políticas focalizadas en esta población y en función de esta idea, se realizaron las propuestas de ajustes y cambios ya detallados. Considero que estas metodologías, mejoradas en el modo de abordar y definir los indicadores, tienen, además, el potencial exploratorio de captar aspectos del fenómeno que tienen baja frecuencia, precisamente por el tamaño de sus muestras. Otra ventaja insoslayable, es la extensión de las estimaciones a todo el territorio nacional, permitiendo no solamente el monitoreo de estos temas a nivel provincial, sino trazar problemas regionalizados al interior del país, según NOA, NEA, Patagonia, Cuyo, Pampeana y AMBA, lo que también permite el diseño de políticas regionales focalizadas.
Mejorar el registro del género y el registro de los condicionantes de los consumos, permitirá producir información sensible, oportuna y de mayor interés para ser articulada con los resultados con otros programas nacionales que desde el Ministerio de Salud y Educación se llevan adelante, y desde mi perspectiva, es importante vincular los estudios sobre consumos de sustancias con el Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia (PNSIA), vigente desde el año 2007.
El análisis de los datos permitió estimar la importancia no sólo del género sino de la edad, en los niveles y patrones de consumo y en los determinantes analizados, devolviendo una imagen de heterogeneidad y complejidad de esta población comprendida en pocos años. Considero que hay que profundizar la mirada en el diseño analítico, que habilite lecturas que pongan más eje en la desigualdad que en la homogeneidad. En este sentido, la interseccionalidad como perspectiva teórica para analizar y entender la desigualdad, supone que se intersectan sistemas de opresión, que en esta población y desde estos estudios, podemos pensar en condiciones que, sumadas, crean condiciones de vulnerabilidad específicas y peculiares en relación al consumo de sustancias psicoactivas. Por eso, muchas de las recomendaciones de ajustes en las preguntas e indicadores del cuestionario, tiene que ver con mejorar la sensibilidad de las mismas para captar niveles socioeconómicos, condiciones de vulnerabilidad en las familias, la escuela y en el mercado de las sustancias (disponibilidad y accesibilidad de bebidas alcohólicas y cualquier otra sustancia psicoactiva).
- Se sugiere revisar las tablas 5.3 a 5.9 y 5.13, 5.14, 5.16, 5.17 y 5.18 del capítulo 5 puestas en relación con las tablas A5, A6 y A7 del Anexo, en las cuales se sintetizan los resultados de los modelos de regresión logística multivariado aplicados según diseños diferentes: en subgrupos de género y año de cursado y en toda la población de estudiantes, para los años 2005 y 2011.↵
- El estudio con un diseño cuantitativo y cualitativo sobre los consumos de sustancias psicoactivas en villas de ciudad de Buenos Aires en el año 2012 estima los niveles de consumo y las trayectorias personales del uso de pasta base de cocaína (OAD-SEDRONAR, 2013).↵
- Al menos desde el 2001 (Oficina de Planificación Estratégica en 2001 y Area de Investigaciones hasta el año 2003) hasta el año 2019.↵
- La validez de un instrumento de medición refiere a su capacidad para medir lo que realmente pretende medir. La validez puede ser de contenido, de criterio y de constructo. Específicamente nos referimos a la validez de constructo, que corresponde a qué tan bien un instrumento representa y mide un concepto teórico. Qué está midiendo y cómo opera para medirlo (Hernández Sampieri et al., 2014)↵
- El patrón de consumo contempla las prevalencias de consumo en la vida, año y mes; periodo de inicio o incidencia, el género, edad, grado de cursado, frecuencia de uso y cantidad –dependiendo la sustancia- y escalas o indicadores de uso problemático. ↵
- El código de identificación del establecimiento escolar queda asociado a variables estructurales del establecimiento que podrá ser un buen indicador del nivel socioeconómico de los alumnos que allí asisten. ↵
- De hecho, el estudio cualitativo sobre los imaginarios sociales y prácticas de consumo de alcohol en los y las adolescentes escolarizadas ya citado, cuando se describen los lugares típicos de consumo incluye la casa propia o la casa de otro amigo o amiga “libre de adultos” y una de las razones que esgrimieron los y las estudiantes sobre la conveniencia de estos espacios, es garantizar la provisión de bebidas alcohólicas a menor costo económico, ya que pueden comprarlo en el supermercado o en el quiosco con anterioridad, incluso a veces, son las mismas personas adultas quienes se encargan de comprar las cervezas (OAD-SEDRONAR, Arizaga 2005). Es decir, no se pone en cuestión que los y las adolescentes tengan accesibilidad a bebidas alcohólicas, que al menos en el año 2004 y 2005, ocurre con cierta normalidad.↵
- El lenguaje utilizado es relevante en la medida que expresa una estructura conceptual, un sistema de significaciones, “el lenguaje implica concepciones de la realidad, concepciones para entenderla y ordenarla” (Nuñez Noriega, 2007:57)↵
- Esta posibilidad permitirá iniciar un proceso de registro, exploratorio, de las dificultades que se presentan en la comunicación, en el lenguaje y en el modo de pensar establecido.↵
- Los lineamientos para la incorporación de la perspectiva de género y diversidad en los sistemas de información universitarios del país, diferencia las siguientes identidades de género: mujer, mujer trans, lesbiana, travesti, transexual, transgénero, varón, varón trans, gay, bisexual, no binarie, género fluido. Además, deja abierto el registro a otras identidades (Ninguna de las anteriores, especifique) y la opción de que prefiere no contestar (Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad y el Ministerio de Educación, 2021).↵
- En Argentina, cuando estos estudios se llevaron a cabo, al menos los del 2001 al 2011, la autorización para hacer el trabajo de campo fue gestionada al Ministerio de Educación de la Nación y a los ministerios o dependencia similares de cada provincia. En la solicitud de la autorización se detallaron los objetivos del estudio y la metodología y se adjuntaba el cuestionario cuando era solicitado. En un segundo momento, los Ministerios de Educación de cada provincia comunicaban al personal directivo de todos los colegios (de gestión estatal y privada) sobre la realización de la encuesta. En algunas provincias fue necesario hacer gestiones específicas en relación a los colegios de gestión privada.↵
- Cisgénero se define como la correspondencia entre el género asignado al nacer y el género con el cual se identifica en el presente. Transgénero indica que no hay correspondencia entre ambos (The GenIUSS Group, 2014)↵
- El grupo de investigación llegó a este tipo de aseveraciones a partir de estudios de validación de preguntas con grupos diversos grupos de adolescentes que incluyó personas con distintas identidades de género. ↵
- Fausto Sterling (2006) se refiere ampliamente a este tema, indicando las resoluciones quirúrgicas en un proceso en donde la persona afectada no suele ser parte de las decisiones, ya que ocurren en la niñez o al nacer.↵







