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Perdidos en transición[1]

El debate alemán sobre el mercado mundial de los años setenta

Oliver Nachtwey y Tobias ten Brink

Introducción

La teoría marxista del imperialismo ha llegado a ser considerada como una reliquia de los movimientos de izquierda del pasado, carente de cualquier capacidad explicativa para el mundo posterior a 1989. Pero la persistencia de la violencia estatal y la guerra durante y después de los noventa revivió el interés en las explicaciones marxistas que analizan los conflictos internacionales y las guerras en relación con el modo de producción capitalista. Como en cada ola del debate sobre el imperialismo –ya sea el clásico de la Primera Guerra Mundial o el debate antes y después de 1968– la discusión actual está también conformada por las características del capitalismo de su tiempo.

Hoy en día, incluso muchos marxistas han aceptado una u otra versión de una teoría fuerte de la globalización, lo cual refleja la gran ilusión política de los años noventa: las esperanzas de una era de paz y prosperidad y de un “nuevo orden mundial” como un proceso en gran medida cooperativo. Teóricos de izquierda y científicos sociales críticos han dado un fuerte apoyo a la afirmación de los investigadores del mainstream de que el Estado-nación ha perdido la soberanía sobre los procesos económicos internacionalizados y los mercados financieros integrados. Las conclusiones de la teoría marxista del imperialismo se revirtieron en sus cabezas. En la “constelación post-nacional” (Habermas) de una esfera internacional sin fronteras, la competencia entre Estados aparece como una reliquia de una época pasada que ha sido sustituida por el dominio global del “capital social total”, un “Imperio” (Hardt y Negri) o, alternativamente, un tipo de super-imperialismo bajo el liderazgo de Estados Unidos, un “imperio americano” (Panitch y Gindin).

Con muy pocas excepciones (que incluyen a Arrighi, Callinicos y Harvey), el debate actual está dominado por versiones de las teorías del ultra- y del súper-imperialismo que se sitúan explícita o implícitamente en la tradición teórica de Karl Kautsky, quien creía que el interés compartido por los capitalistas en la explotación de las masas prevalecía a nivel internacional y podía conducir a una cooperación internacional entre capitales en una posible fase “ultra-imperialista” (Kautsky, 1914). En nuestra opinión este es un gran retroceso que ignora desarrollos cruciales en la teoría marxista. También revela que gran parte de la izquierda ignora importantes debates desarrollados durante los setenta, siendo uno de éstos el debate sobre el mercado mundial en Alemania. La mayoría de las “teorías del imperialismo” actuales pasa por alto la discusión de los patrones de desarrollo del capitalismo moderno a la luz de sus características constitutivas. Sobre todo, ignoran el punto de partida metodológico de la existencia de una pluralidad de estados, que reproducen una y otra vez la realidad del capitalismo competitivo multipolar, aunque en formas siempre cambiantes. Esta perspectiva se desarrolló en Alemania durante los años setenta en el “debate sobre el mercado mundial”, que tuvo lugar bajo el nombre de “movimientos del capital en el mercado mundial”[2]. Este enfoque intenta mostrar cómo las leyes generales del movimiento del capital prevalecen bajo condiciones económicas cambiantes. Retomar los hilos de ese debate sin repetir sus debilidades podría resultar productivo para las discusiones de hoy.[3] En lo que sigue, resumimos las posiciones centrales –a veces divergentes– antes de someterlas a una valoración crítica e identificamos una serie de puntos en los que la teoría podría desarrollarse aún más.

El contexto social y político del debate sobre el mercado mundial

En un contexto general signado por la guerra de Vietnam y el retorno del conflicto económico entre los principales Estados capitalistas vinculados con la crisis del sistema monetario internacional, varios autores en la República Federal de Alemania intentaron avanzar en un entendimiento teórico de la coyuntura aplicando estrictamente el análisis marxista clásico del capitalismo. Se enfrentaron a varios desafíos.

El debate sobre el mercado mundial se llevó a cabo en oposición a la teoría marxista soviética del “capitalismo monopolista de Estado” y al “revisionismo” de la izquierda socialdemócrata[4]. La crítica de estas teorías los condujo a desarrollar –especialmente en el ambiente intelectual de oposición extraparlamentaria y de la Federación Socialista de Estudiantes (SDS) de Alemania Occidental– una “nueva lectura de Marx” que, aunque fue un fenómeno internacional, se destacó particularmente en Alemania. Conducidos por un fuerte escepticismo hacia el marxismo ideológico, los “nuevos marxistas” expusieron un análisis del capitalismo de la posguerra usando las categorías y definiciones de Marx como su principal punto de partida. Este proyecto se benefició de la afortunada circunstancia de que después de la Segunda Guerra Mundial cada vez más escritos de Marx –sobre todo los influyentes Grundrisse– se pusieron a disposición de un público cada vez más amplio. En este contexto, una rama productiva del marxismo aplicado se centró en el desarrollo de la economía mundial, la cual surgió en paralelo y en asociación con la propensión “alemana” al tratamiento filológico y abstracto de Marx.

Irónicamente, fueron los perdedores de la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón, quienes resultaron ser los ganadores de la “edad de oro del capitalismo” que le siguió. La industria manufacturera de Alemania devino extremadamente integrada a la economía mundial[5]. Después de este período de crecimiento rápido y de rápida reintegración de Alemania en el mercado mundial, el dinamismo económico disminuyó por primera vez al final de los años sesenta y los primeros presagios de la crisis monetaria internacional y la estanflación de los años setenta emergieron en el horizonte. Este contexto económico llevó al naciente debate sobre el mercado mundial a plantear un conjunto de cuestiones diferentes, por ejemplo, de las planteadas por la teoría de la dependencia, que se ocupaba de las relaciones norte-sur. Los aspectos centrales de la teoría del mercado mundial fueron las relaciones entre los Estados desarrollados, la configuración del mercado mundial, su creciente susceptibilidad a las crisis y la importancia de los tipos de cambio. Sus defensores también esperaban poder avanzar en completar algunas lagunas en la obra de Marx y concretizar sus ideas básicas. En los Grundrisse, Marx originalmente había planeado dedicar un libro entero a la cuestión del mercado mundial. Aunque modificó y redujo su plan a medida que el trabajo tomaba forma, incluso en el tercer volumen de El capital dejó afuera del análisis a la “competencia en el mercado mundial” con la promesa, nunca cumplida, de que volvería a ella más tarde. Todo lo que había como punto de partida eran unos pocos pasajes de El capital y de los Grundrisse. Sobre el tema del mercado mundial, Marx dejó poco más que unas cuantas tesis heurísticas para continuar investigando.

La teoría marxista clásica del imperialismo y el “capitalismo monopolista de Estado”

El debate sobre el papel del mercado mundial se llevó a cabo principalmente en y alrededor de la revista de izquierda socialista PROKLA. En esta sección nos concentramos en tres figuras destacadas del debate: Christel Neusüss, Klaus Busch y Claudia von Braunmühl[6]. En el desarrollo de sus teorías cada autor comenzó estrictamente con Marx, con el objetivo de avanzar más allá de sus hallazgos.

El debate sobre el mercado mundial se disoció estrictamente del dogmatismo académico y político de las teorías del imperialismo y del mercado mundial asociadas con la teoría del capitalismo monopolista de Estado. En relación con la estalinización de los partidos comunistas dentro y fuera del bloque oriental, el término “imperialismo” había degenerado en un eslogan de la política exterior soviética. El análisis históricamente específico de Lenin del imperialismo fue elevado al estatus de una verdad teorética universal. Después de 1945, se amplió a la teoría del “capitalismo monopolista de Estado” –y así ganó el estatus de una teoría oficial (del Estado y del partido) del imperialismo en la era de la “competencia entre sistemas”– y, por consiguiente, gozó de una enorme influencia política, incluso en Occidente. La lucha entre las “fuerzas del progreso y de la reacción, entre el socialismo y el imperialismo” fue declarada el conflicto central del mundo y, de repente, el mundo pareció dividirse en dos “mercados mundiales”.

Según la teoría, el capitalismo en su conjunto había estado estancado en una “crisis general” o en un “período de declive” desde 1917[7]. El efecto de la crisis general y el incremento de la monopolización fue que el capitalismo sólo podía mantenerse en funcionamiento a través de la creciente intervención política del Estado. La “regulación monopolista de Estado” tendía a anular la ley del valor, y el Estado y el capital se fusionaban para formar un “aparato unificado”. Bajo esta nueva relación entre capital y Estado, el Estado se convertía en el “instrumento del capital monopolista”[8].

El capitalismo monopolista de Estado, según Neusüss, no podía ser más que una teoría subjetivista del capitalismo en la que los monopolios deciden el destino del mundo. Pero esto significaba que la teoría permanecía atrapada en un nivel superficial, porque simplemente tomaba

la búsqueda de ganancias y poder de ´los monopolios´ como la forma en la que el proceso a través del cual el complejo social de los productores privados gana la mayor parte se atribuye a la esfera de la producción capitalista. (Neusüss, 1972: 97)

Esto impide considerar “cómo esta búsqueda de los intereses privados tiende a generar al mercado mundial como un proceso agregado de reproducción del capital coherente” (Neusüss, 1972: 97) y en este proceso prevalece la ley del valor a través de la competencia entre capitales nacionales.

Neusüss distingue entre la propia teoría de Lenin y su expansión en la teoría del capitalismo monopolista de Estado. Sólo de esta última manera, argumenta, la teoría de Lenin se convierte “efectivamente” en algo falso; contra esto, Neusüss defendía en los hechos la definición conceptual insatisfactoria de Lenin de las manifestaciones del imperialismo por su “contenido revolucionario”, es decir, por su función política específica en el momento en que fueron escritas. Sin embargo, prosigue afirmando que los escritos de Lenin sobre el imperialismo no progresaron más allá de una descripción inteligente del mundo y que, teóricamente, él había retrocedido respecto de Marx. En este sentido, afirmaba, el análisis de Lenin tendió hacia la idea de una “crisis final” del capitalismo que surge de su forma monopolística y tiende fuertemente hacia la violencia porque cualquier paso hacia la expansión económica significaría una “redistribución” de las regiones que ya habían sido conquistadas, pero Lenin falló en explicar adecuadamente la categoría central del monopolio. Según Lenin, la era del capitalismo monopolista había sustituido a la libre competencia y el mercado en su conjunto había tomado una forma fácilmente comprensible. Como expresó von Braunmühl (1973: 24): “en otras palabras, podía ser controlado subjetivamente”.

Según Neusüss, el análisis de Lenin de la crisis y el desarrollo desigual fue igualmente insatisfactorio. Su argumentación enfatizó sólo un aspecto de la sociedad productora de mercancías, la ausencia de planificación social en la producción de mercancías. En otras palabras, Lenin operaba sobre la base de una teoría de la desproporcionalidad, en la que las crisis económicas se explican “meramente” como una consecuencia de la anarquía o del carácter no-planificado del mercado, de desequilibrios entre diferentes sectores de una economía. La afirmación central de Marx de que el capital establece sus propios límites también en el ámbito de la producción, que se manifiesta en la tendencia a la caída de la tasa de ganancia (Neusüss, 1972: 89), no está integrada dentro de la concepción de Lenin. En este sentido, la competencia no es sólo un proceso anárquico, sino también la manifestación del funcionamiento de la ley del valor. A la luz de todo esto, el análisis de Lenin tiende a degenerar en categorización moral (Neusüss, 1972: 92).

De aquí que, en explícita contradicción con la concepción del capitalismo monopolista de Estado, una de las primeras contribuciones al debate sobre el mercado mundial formulaba:

la explicación de las nuevas manifestaciones del movimiento del capital a nivel del mercado mundial no radicaría en el reemplazo del capitalismo competitivo por el monopolista, sino en la ruptura del monopolio inglés del mercado mundial y el florecimiento de la competencia entre los principales capitales nacionales en el mercado mundial. Lo que caracteriza históricamente este desarrollo no es el capital abandonando su definición y adquiriendo una nueva cualidad como capital monopolista, sino el hecho de que el capital produce realmente el mercado mundial, cuyo potencial porta, y cambia, la competencia capitalista desde la estrechez nacional hacia el plano del mercado mundial; el hecho de que es el capital en sus movimientos reales el que tiende a estar a la altura de su definición como capital en el mercado mundial (Neusüss, Blanke & Altvater, 1971: 21).

Pero, como ocurre tantas veces en el debate marxista, las consideraciones políticas distorsionaron la discusión teórica. Aunque Neusüss se esforzó por mantener una perspectiva diferenciada de los escritos de Lenin, su visión fue tomada como una crítica general de la teoría marxista clásica del imperialismo en su totalidad, la cual, en el curso de las subsiguientes disputas fraccionales dentro de la izquierda, fue completamente suprimida del arsenal teórico de los intelectuales asociados a PROKLA[9].

Como tal, esta crítica global simplemente reflejaba la sobreestimación de Lenin y se apartaba de una tradición teórica en la que la teoría de Lenin era sólo uno entre muy diversos enfoques teóricos (Luxemburg, Bujarin, Hilferding). Por encima de todo, se separaba de los desarrollos teóricos que surgieron del proceso de discusión colectiva sobre la definición del imperialismo. A pesar de su debilidad en analizar las fuerzas motrices detrás de la política imperialista y de su comprensión instrumental del Estado, la teoría marxista clásica del imperialismo tenía muchas virtudes. En su análisis, conectó dos procesos históricamente separados pero posteriormente concurrentes –los conflictos geopolíticos y la competencia económica– y proporcionó un diagnóstico histórico para el período del imperialismo clásico que era “indudablemente correcto en principio, aunque no necesariamente en todos sus detalles” (Hobsbawn, 1999: 98). El trabajo teórico más avanzado de la época, El imperialismo y la economía mundial de Bujarin, fue víctima de una doble no-recepción. Primero fue suprimido por el estalinismo y más tarde ignorado por la Nueva Izquierda debido a la proximidad de Bujarin a Stalin. De hecho, fue precisamente Bujarin quien introdujo una nueva perspectiva metodológica en la investigación marxista sobre el sistema internacional, en la medida en que fue el primero en describirlo sobre todo como un sistema global de producción. Él escogió la naturaleza del mercado mundial en lugar de las relaciones entre los Estados nacionales como punto de partida de su análisis, entendiéndolo como una entidad por derecho propio posicionada en una relación recíproca con los capitalismos nacionales (Nachtwey & ten Brink, 2004; Nachtwey, 2005).

El movimiento del capital en el mercado mundial

El leitmotiv de los teóricos del mercado mundial es la afirmación de Marx en los Grundrisse de que “la tendencia a crear el mercado mundial está presente directamente en el concepto mismo de capital”. Mientras que el imperialismo clásico lo había entendido como la competencia entre Estados nacionales, era hora de comenzar a analizar el mercado mundial y la crisis monetaria a través de la lente de la teoría del valor.

En su libro Imperialismus und des Weltmarktbewegung des Kapitals (1972), Neusüss comienza con el análisis marxista “clásico” que señala la no identidad entre las manifestaciones “aparentes” y la leyes “esenciales” del movimiento que subyacen a estas manifestaciones. Sobre la pregunta de cómo el mercado mundial se desarrolla “mediado por la competencia entre los capitales […] y el correspondiente desarrollo de funciones históricas particulares del estado nacional burgués” (Neusüss, 1972: 7) se encuentra poco en Marx aparte de algunas digresiones. Llenar esa brecha también fue el objetivo que se planteó Klaus Busch. En Die multinationalen Konzerne: Zur Analyse der Weltmarktbewegung des Kapitals (1974) expande y concretiza el análisis de Neusüss. El enfoque más sustancial fue, sin embargo, el desarrollado por Claudia von Braunmühl en una serie de ensayos que, por desgracia, nunca fueron reunidos en una sola obra.

Neusüss, Busch y von Braunmühl reconstruyen el análisis marxista del capitalismo a través de una descripción y un examen del modo en que la ley del valor opera en el mercado mundial, donde los procesos económicos cobran vida propia respecto de los actores involucrados. La forma del valor (dinero, capital) y la ley del valor (el mercado) imponen una lógica particular sobre las personas y producen una forma particular de racionalidad plausible para ellos, una presión que genera efectos a espaldas de los sujetos. El capitalismo, como una sociedad descentralizada caracterizada por la crisis, la competencia y la lucha de clases (las “tres C”)[10] se autorregula de esta manera, pero el proceso sólo es permanente si el Estado capitalista es capaz de formar y sobrevivir como una instancia separada y relativamente autónoma.

En este punto en particular, von Braunmühl desarrolla un enfoque de la categoría de “mercado mundial” que diverge metodológicamente del marxismo anterior, como explicaremos con mayor detalle a continuación. En su investigación de las teorías marxistas del imperialismo, especialmente de Lenin, descubre un “conservadurismo oculto” en el que se entiende al imperialismo como una especie de problema de “derrame” en el que un capital previamente activo en el marco nacional sobrepasa sus fronteras y provoca confrontaciones con otros capitales que también están creciendo más allá de sus relaciones internas de la reproducción (von Braunmühl, 1974: 35). Pero el mercado mundial, argumentó, tiene una consistencia propia y reacciona sobre los Estados nacionales individuales con una fuerza considerable.

Neusüss y Busch despliegan una táctica bastante diferente en sus intentos de trascender a Marx con Marx. El análisis del movimiento del capital en el mercado mundial no puede derivarse sin problemas de la naturaleza interna del capital. En cambio, argumentan, es necesario definir las “formas modificadas”, la “existencia estatal nacional del capital” en el que las leyes generales del movimiento logran penetrar en el mercado mundial (Busch, 1974: 11).

Ellos toman su reconstrucción de la teoría marxista del valor y tratan de expandirla dentro de la esfera internacional. La forma alterada del valor, el precio de producción, no sólo se expresa en la forma de que los capitales individuales “ya se han unido para formar el capital social total”, sino también en la de que “cada capital individual –actuando sólo como un fragmento del capital social total– intenta alcanzar la misma tasa de ganancia” (Neusüss, 1972: 113-114). El proceso de la tendencia a la nivelación de la tasa de ganancia mediante la competencia en la esfera de circulación conduce a nivel nacional a la formación de un “capital social total real”. El proceso de imposición de la ley del valor trae consigo el crecimiento de las fuerzas productivas. Al mismo tiempo, opera a través de crisis cíclicas. Estas crisis son “necesarias” y son la expresión social del funcionamiento de la ley del valor (Neusüss, 1972: 123). Aquí, Neusüss todavía se ubica en un nivel de abstracción relativamente alto. Unos cuantos capítulos después, relativiza la formación de capitales sociales nacionales totales porque, en la realidad, éstos están internamente divididos (Neusüss, 1972: 173).

Pero ¿qué sucede con el funcionamiento de la ley del valor en el mercado mundial, en la forma de la reunión de muchos capitales sociales nacionales totales? En otras palabras: ¿cuál es la diferencia entre la circulación nacional e internacional? ¿Qué impide la formación de una tasa media de ganancia mundial y por lo tanto, en última instancia, de un capital social total internacional y posiblemente incluso de un Estado mundial?

Lo que impide que todos los propietarios de mercancías del mundo interactúen como partes de un capital social total y establece límites al desarrollo de la competencia en el mercado mundial no son simplemente “residuos” de modos de producción pre-capitalistas, sino la “forma política del Estado-nación”. Aunque el capital crea el mercado mundial, no genera un Estado mundial. La “centralización política” de la sociedad burguesa en la forma de los Estados-nación es decisiva para este desarrollo. Al crear las condiciones materiales generales de la producción, el Estado hace una contribución decisiva a la producción de un capital social nacional total. Como una institución que descansa sobre una base capitalista, pero que también está “al lado y por fuera de ella” (Neusüss, 1972: 126), ayuda a que la ley del valor se imponga a sí misma y crea las pre-condiciones para la formación de una esfera interna de circulación por medio de la abolición todas las “fuentes de fricción” pre-capitalistas. Los indicadores de esto son: la acumulación primitiva, la regulación estatal de relaciones de apropiación en la forma de derecho civil y la garantía del libre movimiento del capital y del trabajo. Neusüss resume esta compleja relación de la siguiente manera:

El capital se constituye a sí mismo como capital social total en relación con los muchos capitales individuales por medio de la competencia. Pero el capital en sí mismo sólo puede realmente completar este proceso de constitución si todas las condiciones generales, sean materiales, legales o políticas en el sentido estricto, que no pueden ser establecidas por los capitales individuales (porque son individuales), son establecidas por medio del Estado según las condiciones históricas. En su origen en el Estado-nación y en su restricción dentro del Estado-nación, las relaciones jurídicas que regulan la circulación del capital como reflejo y control de las relaciones económicas entre los propietarios de mercancías representan la diferencia real entre la circulación en el mercado nacional y en el mercado mundial. En efecto, la circulación del mercado mundial está regulada por instituciones estatales rudimentarias y las frágiles relaciones contractuales existentes expresan la tendencia del capital a impulsar la combinación de los capitales individuales en un capital social total real. Pero a diferencia del Estado-nación, aquí está siempre la posibilidad de que las relaciones económicas degeneren en saqueo, engaño abierto y expropiación. […] La categoría y la institución real del Estado-nación es el trampolín para comprender la categoría y el hecho real de la modificación del funcionamiento de la ley del valor en el mercado mundial. (Neusüss, 1972: 136)

La “modificación de la ley del valor”[11] a través de la separación nacional (incluyendo los derechos de aduana) se complementa con otra modificación asociada con la separación entre naciones, el movimiento de los tipos de cambio (que desarrollaremos a continuación). El proceso de circulación en el mercado mundial también difiere del mercado interno en que la circulación internacional, a diferencia de la circulación nacional, está mediada no sólo a través del mercado de mercancías, sino también del “mercado de divisas”. La circulación M-D-M se convierte en M-D-divisas-M, porque el intercambio de monedas nacionales interviene en el de las mercancías (Neusüss, 1972: 145).

Según Neusüss, si examinamos las diversas formas de exportación de capital, y no sólo la exportación de mercancías (la circulación del capital en la forma de mercancías), podemos observar un nuevo desarrollo. Estas formas de capital (por ejemplo, las empresas multinacionales) aparecen directamente en la propia esfera de la circulación de otros Estados-nación sin el efecto modificador de la ley del valor. El desarrollo de la “internacionalización de los procesos de producción” (y no sólo la “internacionalización de la circulación de las mercancías y del capital financiero”) progresó considerablemente en comparación con 1914: empuja hacia la formación de un “capital social total mundial real” (Neusüss, 1972: 153 y ss.).

Pero aún así, esta tendencia no debe ser absolutizada, porque los Estados nacionales siguen siendo actores importantes en el proceso. Además, los procesos asociados de igualación económica operan de tal manera que tienden a nivelar las condiciones en el norte, mientras que amplifican las disparidades norte-sur. Las recurrentes crisis económicas que Neusüss asocia con la tendencia a la caída de la tasa de ganancia también establecen repetidamente límites a este proceso. En definitiva, la diferencia entre la circulación nacional e internacional permanece, y con ella las consecuencias potencialmente devastadoras de una recaída en la brutalidad de la competencia inter-imperialista, como concluye Neusüss[12].

Busch desarrolla una serie de refinamientos de la teoría del mercado mundial. También entiende al mercado mundial como una combinación de diferentes esferas de circulación nacionalmente delimitadas[13]. La competencia capitalista está mediada por barreras nacionales que 

en los casos más simples (aparte de los derechos de importación aduaneros y otros impuestos sobre las importaciones, las subvenciones a la exportación, etc.) aparecen como puestos fronterizos entre las diversas esferas nacionales de circulación, a saber, como tipos de cambio. (Busch, 1974: 38)

Él respalda estas observaciones con un estudio empírico de la “internacionalización de la producción de plusvalía” después de 1945. Aquí llega a la conclusión de que la internacionalización de la producción de plusvalía no es sólo el resultado de etapas históricas específicas asociadas con las crisis, sino que también debe ser considerada como una tendencia “general” del capital. Son precisamente las consecuencias de la modificación de la ley del valor las que causan que la internacionalización de la realización del plusvalor (sobre todo en la forma de intercambio de mercancías) conduzca a la internacionalización de la producción del plusvalor (sobre todo en la forma de exportación de capital). ¿Por qué?

Busch argumenta que, a pesar de los mejores intentos de Hilferding y Lenin, la exportación de capital no puede explicarse ni exclusiva ni principalmente a través del ciclo de auge y crisis. La intensidad de exportación de capital puede ser mayor en tiempos de auge que en tiempos de crisis. La causa de este error en la teoría marxista clásica del imperialismo es que en ese momento el desarrollo de las categorías en El capital no se entendía como una representación lógica de las leyes significativas determinantes y variables para todos los tiempos (capitalistas), sino como un “reflejo” del desarrollo histórico del capitalismo desde la simple economía del trueque hasta el capitalismo monopolista (Busch, 1974: 256). Sin embargo, según Busch, la fase de libre competencia no fue “sustituida” por una economía monopolista. La competencia y la ley del valor continúan operando. El monopolio siempre tiene un carácter esporádico, por ejemplo: las diferencias en las tasas de ganancia fuerzan a los capitales a reorientarse, los acuerdos de comercialización pueden descomponerse durante las crisis, etc.

Los dos enfoques, la teoría clásica del imperialismo y la más reciente del mercado mundial, no son “de ninguna manera mutuamente excluyentes”. El punto, en cambio, es “mostrar la forma en que las leyes generales del movimiento del capital son ejecutadas en formas históricamente en desarrollo” (Busch, 1974: 257 y ss.). En determinadas circunstancias, la explicación de la internacionalización de la operación modificada de la ley del valor está complementada por la tendencia derivada a sobre-acumular y a monopolizar. En otras palabras, en tiempos de monopolización y sobre-acumulación, las tendencias generales ciertamente pueden amplificarse.

La insistencia de Busch en que la tendencia objetiva a la internacionalización del capital genera un impulso hacia una instancia política supranacional, pero que está frustrada por el desarrollo desigual y asincrónico de las diferentes naciones, la desarrolla con mayor detalle en su estudio de la crisis de la Comunidad Europea (1978). Allí Busch concluyó que: “en vista de los potenciales económicos desiguales de los estados miembros, los intentos de tomar el proceso de integración económica más allá de la unión aduanera están condenados al fracaso” (Busch, 1978: 197). En un periodo de crisis profunda existe el peligro de recostarse en el proteccionismo. Una verdadera unión económica y monetaria, de acuerdo con Busch, sólo podría aplicarse –en el mejor de los casos– mediante “la presión política y militar de una potencia imperialista líder, algo que no era previsible en la Comunidad Europea (Busch, 1978: 197-198). Como este patente error de juicio muestra, Busch comete el error (así como Neusüss en otros lugares) de derivar simplemente el comportamiento del Estado a partir de la economía sin tener en cuenta los factores políticos, las estrategias de clase y la fortaleza relativa de las fuerzas sociales.

Claudia von Braunmühl ataca el teorema de la operación modificada de la ley del valor. Según ella, la ley del valor siempre realiza su trabajo en una forma modificada y no hay una operación “real” de la ley del valor modélica, y por lo tanto el enfoque que analiza la relación entre la ley del valor y la historia es problemático. Es un error escindir al Estado (y sus intervenciones) de la totalidad de los acontecimientos sociales, considerarlo como externo a la teoría del valor, asignarle “algo así como un estatus extra-territorial” (von Braunmühl, 1976: 325). Los intentos realizados por Neusüss, Busch y otros por entender al capital “nacional” en el mercado mundial como capital “individual” que se encuentra con otros capitales nacionales individuales, según von Braunmühl, son igualmente cuestionables, y este enfoque implica un curso de abstracción inapropiado y una subestimación del monopolio como tipo dominante del capital[14].

von Braunmühl critica los enfoques de Neusüss y Busch y de buena parte del debate derivación del Estado, con razón, por el riesgo de subestimar el papel del sujeto y de la lucha de clases y limitarse a buscar el “curso inherente” objetivo de la ley del valor: la mayor parte del debate de entonces fue “hechizado por las coreografías de la derivación” (von Braunmühl, 1976: 326). Ella también critica la teoría del Estado de Neusüss y Busch. von Braunmühl no considera conceptualmente al Estado “junto” y “por fuera” del capital, sino que lo entiende como inmanente al modo de producción capitalista. Pero indica que siempre aparece sólo en plural, diferenciándose así del resto de los participantes del debate de la derivación.

El debate del mercado mundial y la crisis monetaria mundial

Una gran parte del debate sobre el mercado mundial tuvo lugar en el período previo y durante el colapso del sistema de Bretton Woods. En consecuencia, incluyó en el análisis desde el comienzo el papel de las divisas, los tipos de cambio y la moneda mundial. En este contexto, la “crisis monetaria internacional” (Altvater, 1969) fue vista como síntoma de una emergente tendencia general hacia la crisis del capitalismo. La interacción de la crisis en las esferas de la producción y de la circulación se contrapuso a la dicotomía (neo) clásica entre la economía real y la circulación de dinero y se analizó el papel del dólar en su forma y función como moneda mundial desde una perspectiva categorial y empírica.

Las manifestaciones de la crisis en el mercado mundial también están involucradas aquí debido a que las acciones de compra y venta pueden llegar a separarse una de otra en la circulación internacional (y no sólo allí). La necesidad de intercambiar divisas en el comercio internacional causa que tenga lugar una duplicación de la circulación que complica aún más la metamorfosis de la mercancía. Neusüss, Blanke y Altvater (1971: 94) llegan incluso a la conclusión, aunque exagerada e inadecuadamente argumentada, de que “el carácter necesariamente propenso a las crisis del funcionamiento de la ley del valor en el mercado mundial aparece primero en la forma de crisis internacionales monetarias”.

En su rol de moneda mundial, el dólar tenía que servir como moneda de reserva y de intervención y requería de la legitimidad necesaria para cumplir esas funciones. Además, también fue un vehículo del imperialismo estadounidense, uniendo estructuralmente a otros Estados con los Estados Unidos y con sus intereses comerciales, así como obligándolos a financiar la guerra de Vietnam: “Por lo tanto, el reconocimiento de los estados capitalistas del dólar como moneda mundial implica necesariamente el apoyo económico (y, por regla general, también político) al imperialismo estadounidense en todo el mundo (Neusüss, Blanke & Alvater1971: 94 – 95). Sobre todo, la caída de la productividad estadounidense en comparación con el resto del mundo tuvo un efecto doble. Estados Unidos registró un déficit comercial por primera vez desde el siglo XIX y el dólar perdió su papel estable como moneda de reserva en el sistema de Bretton Woods. Este efecto se amplificó por la exportación de la inflación de guerra a través del sistema de tipos de cambio fijos y por la presión a devaluar que emergió simultáneamente.

El papel moderador del mecanismo de los tipos de cambio desempeña un papel central en la modificación de la ley del valor en el mercado mundial. Los capitales nacionales más productivos son capaces de ofrecer sus productos a precios más bajos en el mercado mundial. En consecuencia, la demanda de sus productos crece, causando también un aumento de la demanda de sus respectivas monedas nacionales. Como resultado, se aprecia el valor de la moneda y las exportaciones se encarecen. En los países en los que los capitales son menos productivos ocurre exactamente lo contrario. La baja demanda de sus productos reduce también la demanda de su moneda, que en consecuencia se devalúa y mejora la capacidad del país para exportar. De acuerdo con los teóricos del mercado mundial, estos mecanismos a menudo ofrecen a los países menos desarrollados oportunidades estructurales para recuperarse. Aquí, Busch subraya el papel de los tipos de cambio con más fuerza que Neusüss[15] y en este punto desarrolla una respuesta diferente a la pregunta de por qué las naciones más débiles se las arreglan para seguir siendo relativamente competitivas a pesar de todas sus desventajas:

Las mercancías de los países más desarrollados experimentan una mayor presión al alza de los precios a través de la apreciación de la moneda o la importación de la inflación, mientras que por el contrario la devaluación o la deflación resulta en precios internacionales más bajos de las mercancías de las naciones menos desarrolladas. (Busch, 1974: 39)

Otro factor que protege a los Estados más débiles es la forma en que la competencia internacional está mediada a través de los tipos de cambio, los “puestos fronterizos de las esferas nacionales de circulación” (Busch, 1974: 42). Estos “mecanismos de protección” modifican la ley del valor y establecen una división internacional del trabajo entre Estados desigualmente desarrollados[16]. Este “factor de protección” de la ley del valor internacional promueve una división del trabajo que alienta a cada nación a especializarse en la producción de sus productos comparativamente más ventajosos. Hasta este punto, esto concuerda básicamente con la teoría de los costos comparativos de Ricardo (Busch, 1974: 74)[17]. Aquí encontramos una de las ambivalencias problemáticas en la argumentación de Busch. En su crítica al modo en que la teoría de la dependencia excluye la posibilidad de desarrollo, él se inclina hacia el extremo opuesto y termina muy cerca de las teorías actuales de la modernización y de la globalización, que exageran las ventajas de la división internacional del trabajo para el comercio y la productividad.

Busch y Neusüss critican a las teorías del “intercambio desigual” (Emmanuel, Palloix, Amin). Ambos coinciden en que lo que ocurre no es un intercambio desigual de valores internacionalmente desiguales, sino simplemente de diferentes cantidades de trabajo (Neusüss, 1972: 140-141; Busch, 1974: 57 y ss.). La pre-condición para este enfoque, dicen, es la mediación de la competencia en el mercado mundial a través de Estados, y esto se ve en la forma en que la competencia no tiene lugar simplemente entre capitales individuales en competencia, sino entre capitales nacionales con su moneda nacional como su forma de representación. Marx creía que las intensidades medias nacionales de trabajo formaban una escala cuya unidad de medida era

… la unidad media del trabajo universal. Cuanto más intenso es el trabajo nacional, por lo tanto, comparado con el menos intenso, produce en el mismo tiempo más valor, que se expresa en más dinero. Pero la ley del valor en su aplicación internacional está aún más modificada por el hecho de que, en el mercado mundial, el trabajo nacional más productivo se reconoce también como el más intenso, en la medida en que la nación más productiva no esté obligada por la competencia a bajar el precio de venta de sus productos a nivel de su valor. […] Las diferentes cantidades de mercancías del mismo tipo, producidas en diferentes países en el mismo tiempo de trabajo tienen, por lo tanto, valores internacionales desiguales, que se expresan en diferentes precios. (Marx, 1972: 583-584)

Neusüss concluye (1972: 139):

A nivel internacional la categoría de trabajo universal aparece en lugar del tiempo de trabajo social necesario como la categoría de la producción y circulación de mercancías, representando el promedio equilibrado del ranking de productividad e intensidad del trabajo de los capitales nacionales, específicamente para las mercancías que se intercambian en el mercado mundial.

Por lo tanto las naciones individuales toman sus lugares en la escala del trabajo universal de acuerdo con su productividad e intensidad del trabajo nacional. En comparación con el trabajo universal menos intenso, el más intenso produce más valor con la misma cantidad de trabajo. En otras palabras, en el mercado mundial se intercambian valores internacionales iguales. Hay un intercambio de valores equivalentes pero de diferentes cantidades de trabajo. Entonces no hay –contradiciendo las conclusiones de la teoría de la dependencia– transferencia de plusvalor de los países menos desarrollados hacia los más desarrollados[18]. Debido a que los países más desarrollados tienen una productividad superior a la media, en las condiciones de los precios existentes en el mercado mundial, son capaces de lograr super- ganancias en el mercado mundial en comparación con los países menos productivos. Esto puede hacer que se eleve la tasa media de ganancia en los países desarrollados. Sin embargo, según sostienen, a pesar del intercambio desigual de diferentes cuantidades de trabajo, el país menos desarrollado puede beneficiarse del aumento de la división internacional del trabajo a través del “mecanismo de protección” de los tipos de cambio antes descripto. Neusüss (1972: 145 y ss.) también señala la posibilidad de que los países menos desarrollados puedan lograr una mayor tasa de ganancia en el mercado mundial a través de salarios más bajos y de mayor cantidad de horas de trabajo.

A pesar que aquí los argumentos de los teóricos del mercado mundial parecen convincentes, todavía son categórica y empíricamente débiles. Su argumentación se basa en la agrupación de capitales individuales bajo el capital nacional total real. Pero este enfoque arroja un problema: el desarrollo desigual de los sectores que producen bienes únicamente comercializados a nivel nacional o internacional. Como se demostró empíricamente (por ejemplo por Brenner) es especialmente en los sectores integrados al mercado mundial en los que las tasas de ganancias han caído más fuertemente (Brenner, 1998). En otras palabras, deberíamos ponderar el capital social total nacional real de acuerdo con la integración del país en el mercado mundial y someterlo a una investigación sectorial más profunda.

La pluralidad de Estados individuales

von Braunmühl vinculó el debate sobre el mercado mundial a una serie de ideas de la teoría materialista del Estado. En sus ensayos describe el mercado mundial, como se indicó anteriormente, como el nivel adecuado desde el que observar el movimiento del capital y el efecto de la ley del valor en general. En lugar de comenzar con el capital nacional y el Estado individual (y por regla quedarse en ellos), von Braunmühl propuso analizar el imperialismo desde la “forma más desarrollada” del capitalismo, la forma del mercado mundial fragmentado en el que, en palabras de Marx, “la producción es postulada como una totalidad, al igual que cada uno de sus aspectos, con todas sus contradicciones entrando en juego al mismo tiempo. El mercado mundial también constituye […] la condición previa para el todo y su soporte” (Marx, 1976: 151-152).

El capital progresa desde el interior hacia el mercado mundial como un proceso social internacional que tiene lugar a espaldas de los productores. von Braunmühl subraya que la “unidad del proceso social de producción […] se afirma a sí misma en las crisis a través de la ley del valor” (1973: 32). La emergencia del capitalismo resulta, al mismo tiempo, de un “proceso gigantesco, violento de redistribución de valor en el mercado mundial que forma parte de la acumulación primitiva en las metrópolis” (ídem).

El mercado mundial se convirtió en la esfera de un complejo global de producción e intercambio en el que el capital se extiende más allá de las barreras nacionales y tiende a convertirse en capital global. Esta tendencia debe analizarse en términos de “teoría de la acumulación” a nivel del mercado mundial. El análisis debe “reconstruir la acumulación del capital categorialmente, en su contexto del mercado mundial. En relación con esta totalidad deben analizarse en sus especificidades las fragmentaciones históricas, las limitaciones y sus combinaciones políticas en el Estado-nación, los aparatos del Estado-nación y su actividad (von Braunmühl, 1974: 39). De acuerdo con Bujarin, ella identifica una contradicción creciente entre la internacionalización y la nacionalización del proceso de acumulación que no se reconcilia a través de la “globalización”.

En este sentido, define al imperialismo como 

la estructuración del mercado mundial determinada por los imperativos de explotación de los capitales más avanzados en las metrópolis […] incluyendo las formas resultantes de la dominación política, la dependencia económica y política y la forma que adoptan las condiciones de vida. (von Braunmühl, 1973: 59)

El concepto de imperialismo en sí debe ser visto en las dimensiones de “la división internacional del trabajo y la lucha de clases en la manera en que están determinados por la función históricamente cambiante de la estatalidad nacional” (von Braunmühl, 1974: 31). Las estrategias imperialistas buscan contrarrestar la tendencia a la caída de la tasa de ganancia mediante, por ejemplo, la absorción de mercancías por debajo de su valor o formas ventajosas de exportación de capital. El intercambio desigual también sirve como una contra-estrategia de este tipo[19]. También existe el poder desnudo del Estado en la forma de intervención militar. Lamentablemente ella, como Neusüss, excluye totalmente a los llamados Estados “socialistas” y su papel en el mundo y hace hincapié en que su principal preocupación es analizar las metrópolis (von Braunmühl, 1973: 59).

El mercado mundial está fragmentado en diferentes esferas, las de los múltiples Estados. Es por eso que no debe analizarse el Estado en general, sino “la organización política específica del mercado mundial en muchos Estados” (von Braunmühl 1974, 39) a través de un cuidadoso análisis histórico de las condiciones específicas en las que se formaron los distintos capitales sociales totales nacionales. En este proceso, la forma del Estado como organización política de las “relaciones de reproducción separadas y diferenciadas” no se puede “derivar de las dimensiones meramente internas de una sola sociedad de clases productora de mercancías” (ibídem): el papel del Estado en cuestión en su relación específica con el mercado mundial y con otros Estados siempre debe incluirse en el análisis desde el comienzo.

¿Cómo rinde cuenta von Braunmühl de la existencia de los “muchos” Estados? Ni siquiera Marx tiene una respuesta a esta pregunta. Él tiende más a presuponer el “particularismo” del mercado mundial que a verlo como un problema; von Braunmühl argumenta que una derivación estrictamente lógica es imposible, de modo que sólo queda un análisis histórico (von Braunmühl, 1976: 280). Sin embargo, señala que su esbozo de categorías fundamentales opera a un alto nivel de abstracción y omite algunos “factores mediadores” necesarios para un análisis histórico específico, tales como características geográficas, históricas y políticas especiales (von Braunmühl, 1973: 13).

Haciendo referencia a los ejemplos históricos británico, francés, alemán y americano, von Braunmülh pasa a demostrar que el proceso de creación y consolidación de condiciones capitalistas no puede verse de ninguna manera como “determinado exclusivamente desde adentro”, sino que siempre fue moldeado por el movimiento del capital en el mercado mundial, aunque este movimiento (la fuerza del sistema del mercado mundial) sólo adquirió una forma concreta de manera gradual, especialmente desde mediados del siglo XIX en adelante. La emergencia de la estatalidad, los aparatos estatales nacionales, su relación con la sociedad y las relaciones de clase deben ser vistos en esta conexión[20].

Este es el punto en el que von Braunmühl discute la teoría materialista del Estado. El debate de la derivación del Estado, argumenta en su ensayo Die nationalstaatliche der Organisiertheit der bürgerlichen Gesellschaft: Ansatz zu einer historischen und systematischen Untersuchung (1976), está “atrapado dentro de los confines de un concepto del Estado burgués que está, por así decirlo, determinado desde adentro” (von Braunmühl, 1976: 276). La actividad del Estado es vista únicamente como el resultado de procesos de explotación capitalista y de lucha de clases al interior de la sociedad, un error elemental en la “etapa imperialista del capitalismo”. Incluso cuando se reconocía la determinación “externa” de la actividad estatal, la visión resultante –que el capitalismo es un sistema internacional de Estados, que consta de muchos Estados-nación– todavía no había alcanzado un status teórico. Por lo tanto, un análisis adecuado debe considerar a cada economía individual y a cada Estado como un elemento integral del mercado mundial. “Si el mercado mundial es la base y el contexto integral del modo de producción capitalista”, el Estado-nación burgués es, al mismo tiempo, constitutivo de este (von Braunmühl, 1976: 315). Sin el poder político encarnado por la máquina del Estado burgués el desarrollo del modo de producción capitalista es inconcebible[21].

Citando a los Estados Unidos como un ejemplo, von Braunmühl demuestra la necesidad de que se creen muchos Estados separados. Desde una perspectiva histórica, el conflicto entre las antiguas colonias británicas y el Imperio Británico se desplegó en el momento del siglo XVIII en que la acumulación primitiva estaba comenzando a plantear preguntas históricamente decisivas en relación al poder sobre el capital acumulado y el

favorecimiento económico a Inglaterra representaba una amenaza fundamental para la autonomía económica y política de las colonias. Con el fin de obtener la autodeterminación política, la clase dominante de los Estados Unidos tuvo que constituir un Estado burgués por su propia cuenta como prerrequisito para establecer una base económica para el dominio del modo de producción capitalista. El énfasis emocional sobre la libertad en la Guerra de Independencia no es esencialmente sino el caparazón exterior que legitimó un reclamo por un poder en disputa que aun requería del acto de constitución formal que ya existía en Europa en la forma de soberanía territorial. (von Braunmühl, 1976: 318)

La forma del Estado burgués adopta la “función” de un punto focal separado con derecho soberano para asegurar el dominio político y económico –tanto interna como externamente– de las clases dominantes en competencia internacional. El Estado, sin importar cuán extraordinariamente importante sea su significado económico, sólo se entiende recurriendo al “aspecto político de la dominación corporizado en la relación de poder económico entre el trabajo asalariado y el capital mismo y [a las] demandas de poder en competencia de las clases dominantes rivales” (von Braunmühl, 1976: 319). El Estado es un “garante y regulador de las condiciones para la reproducción del capital que se requieren dentro del marco del Estado-nación y al mismo tiempo una máquina para la represión del trabajo a nivel nacional” (von Braunmühl, 1976: 321). La competencia entre las burguesías nacionales, de la misma manera, no se “realiza plenamente de ninguna manera en la competencia económica”, lo que subraya una vez más que elpoder y el deseo de mantenerlo por todos los medios está en el corazón del modo de producción capitalista[22]. Las burguesías, por lo tanto, lucharán siempre por su independencia. La explotación, dado el proceso de internacionalización, puede ser cada vez más internacional en sus determinaciones, pero la “dominación que sustenta la explotación” continúa siendo predominantemente de alcance nacional.

Su tesis de los “muchos” Estados la convierte en escéptica acerca de la “burguesía interna” de Poulantzas, de la teoría de que las burguesías europeas comparten intereses con el capital estadounidense. Existen límites a la hegemonía de Estados Unidos y, según ella, no debe ser vista como absoluta[23]. Este punto de vista aún es actual. Si el gobierno de Estados Unidos ni siquiera puede garantizar “paz y tranquilidad” en su propio “patio trasero” de América Latina, especialmente en Venezuela, ¿por qué debería seguir siendo capaz de imponer cuasi-automáticamente sus objetivos en Europa o, quizás podría decirse que más importante aún, en Asia Oriental? ¿No podría conducir esto a la creación de nuevos proyectos imperiales? La estructura fundamental del capitalismo competitivo multipolar ciertamente permite esto.

von Braunmühl representa un avance teórico importante con su análisis. Lamentablemente, este progreso “perdió”, en general, desde el declive de la izquierda marxista en la década de 1980. La propia Claudia von Braunmühl no prosiguió esta investigación desde que abandonó el marxismo. Esto, sin embargo, es típico dentro del completo declive de la izquierda radical en Alemania durante este período. Ahora nos gustaría indicar brevemente qué características podría revestir hoy una continuación y actualización del programa de investigación del mercado mundial.

Una valoración crítica

El debate sobre el mercado mundial tiene tres méritos. En primer lugar, profundiza más que muchos de los debates contemporáneos; en segundo lugar, desarrolla –en su teoría del mercado mundial y de los “muchos” Estados– una importante base marxista constitutiva para el análisis de la globalización y del imperialismo; y en tercer lugar, no subestima la propensión del capitalismo a las crisis, algo que fácilmente podría haber sucedido después de veinticinco años de recuperación económica posterior al final de la Segunda Guerra Mundial.

Las contribuciones anteriormente descriptas se encuentran entre las más rigurosas dentro de este debate marxista, antes y después de ellas. No sólo la teoría del capitalismo monopolista de Estado, sino también la teoría de la dependencia y las primeras formas de las tesis del Imperio o los viejos refritos de la teoría del ultra-imperialismo bien podrían beneficiarse de un análisis del debate sobre el mercado mundial. Una porción mayoritaria de la izquierda entiende la política imperialista principalmente como supresión violenta de los movimientos de liberación nacional, con los Estados Unidos como el organizador y jefe de un sistema que también se concentró en la lucha defensiva conjunta contra la reducción del tamaño del sistema imperialista mundial por el “socialismo”. En conjunto, la Nueva Izquierda no progresó más allá de un esbozo empírico de la explotación económica del sur por una especie de Estados Unidos super-imperialista o un imperialismo colectivo.

Los teóricos del mercado mundial, sin embargo, ven a aquel imperialismo colectivo como algo imposible en virtud de la barrera impuesta por el gran número de Estados individuales, a pesar de que el imperialismo pueda aparecer por momentos de esa manera. No puede haber un “capitalista colectivo total a nivel mundial” en la misma medida en que no puede haber un estado supranacional de la sociedad burguesa mundial. Algunos Estados pueden haber encomendado tareas a organismos supranacionales, pero la forma nacional del Estado no puede ser abolida (Neusüss, Blanke & Altvater, 1971: 96). Esto explica por qué, a pesar de la hegemonía estadounidense, el mundo se asemeja más a un caos sistemático que a un orden relativo. El enfoque estricto desde la teoría del valor permite a la teoría del mercado mundial criticar, a un nivel bien fundado, la teoría del intercambio desigual, demostrando la medida en que la ley del valor prevaleció en el mercado mundial.

Un aspecto central de los teóricos del mercado mundial es que destacan la relación recíproca entre el mercado mundial y los muchos capitales y Estados. La multiplicidad de Estados es para ellos una característica constitutiva del capital y, por tanto, no puede ser reemplazado por un Estado mundial. Incluso un “super-Estado hegemónico” es siempre inestable. Las tesis de Bujarin de la internacionalización de las relaciones de producción capitalistas acompañada y limitada por la progresiva organización nacional del capital aparece como una de las bases conceptuales de los teóricos del mercado mundial. Por lo tanto, el debate alemán del mercado mundial en su conjunto puede ser visto como la superación de las teorías del “derrame” del imperialismo que lo explican, principalmente, en términos de la imposición por, y la internacionalización de, el Estado-nación.

Sin embargo, existen ambivalencias conceptuales en el debate del mercado mundial. Mientras que en sus trabajos Busch y Neusüss se centran en el mercado mundial, aún siguen adheridos al Estado-nación como el principal punto de referencia o, como dicen algunos sociólogos del mainstream, a un nacionalismo metodológico. Neusüss comienza metodológicamente con el capital nacional y el Estado-nación (Neusüss, 1972: 102). Para Busch el punto de partida es, también, la “suma total de diferentes esferas nacionalmente delimitadas de circulación” (Busch, 1974: 38).

von Braunmühl desarrolla un enfoque más estricto y diferenciado en sus categorías conceptuales. El método utilizado por Busch y Neusüss da testimonio de una comprensión aditiva del mercado mundial, que le asigna un papel especial pero en el análisis final lo interpreta como la suma total de las partes constitutivas. von Braunmühl, por el contrario, para comprender el mercado mundial, desarrolla en sus premisas metodológicas una comprensión supra-aditiva. Evoca la forma específica de organización política en muchos Estados de la acumulación de capital y de la forma específica del mercado mundial para reconstruirlo en las categorías del mercado mundial. Este procedimiento, en efecto, invierte el enfoque adoptado por Busch y Neusüss, quienes trataron de derivar la configuración del mercado mundial a partir de los capitales nacionales. Las ambivalencias conceptuales en el debate atestiguan el carácter inacabado de las teorías del mercado mundial. Podría haber adoptado un enfoque predominantemente categorial pero, a pesar de sus ambiciones, la relación entre lo “lógico” y lo “histórico” todavía no era clara frecuentemente para los teóricos del mercado mundial. A veces se entremezclaron extrañamente, mientras que otras fueron artificialmente separadas. No pocas veces, sus propias preguntas sin respuesta fueron seguidas de conclusiones apodícticas.

En varias ocasiones el debate sobre el mercado mundial también fue criticado por su estructural-funcionalismo. Esto sólo se aplica en una medida limitada a von Braunmühl, que acusa a sus camaradas de armas de estar enredados en una “derivación coreográfica” en la que las formas (tipo de Estado, tipo de valor) fuerzan a las personas a actuar de determinada manera[24]. Aun así, las bases estructuralistas del debate condujeron a debilidades teóricas. Cuando Busch trabaja sobre la base ricardiana de un mecanismo de nivelación de los tipos de cambio y de la posibilidad de que los países menos desarrollados recuperen el terreno perdido, hace caso omiso de la dimensión política y queda preso de un enfoque economicista. Altvater enmarca una crítica del enfoque de Busch que se aplica tanto a los niveles de la estructura como de la función. Primero critica la fijación de Busch del tipo de cambio en relación con el comercio de bienes y la inversión directa y su exclusión de los mercados financieros. Los tipos de cambio, dice Altvater, ejercen una poderosa influencia en los mercados financieros internacionales, que a su vez influyen en la economía real. La crítica central de Altvater se relaciona con las repercusiones de los tipos de cambio en descenso. El “mecanismo de protección”, como Busch llama a los tipos de cambio, puede proteger a los capitales que se integran en el mercado mundial a través de las exportaciones, pero también pesa sobre los capitales que se integran a través de las importaciones. Para los capitales individuales, al igual que para el capital en su conjunto, las devaluaciones no sólo conducen a ventajas competitivas sino también a desventajas de costos. La manera en que las ganancias derivadas de la devaluación (para los exportadores) y las pérdidas derivadas de la devaluación (para los importadores) se distribuyen depende de las reacciones en cantidad y precios que resultan de la estructura reproductiva real del capital en su conjunto (Altvater, 1985: 126 y ss.)[25].

Por sobre todo, dice Altvater, los tipos de cambio fueron regulados políticamente, con la intervención del Estado para fijarlos, en un grado mucho mayor del que asume Busch. La limitada convertibilidad hasta 1958, los controles del comercio exterior en países individuales, la regulación de los mercados de capitales y numerosos acuerdos testifican –incluso durante el prolongado boom de la posguerra– un alto grado de intervención estatal (Altvater, 1985: 124). También en el mundo post-Bretton Woods, a pesar que fue, en la superficie, un régimen flexible, los tipos de cambio se regularon políticamente. Por los términos de Plaza Accord de 1985 y la “inversión” de Plaza Accord diez años más tarde, el tipo de cambio del dólar fue devaluado y revaluado políticamente[26]. El comportamiento de los gobiernos no puede verse simplemente en términos económicos, sino que también debe analizarse siempre en referencia a las estrategias de clase, nacionales e internacionales, y el equilibrio de fuerzas sociales.

Las “teorías del imperialismo” actuales, como las de Hardt y Negri, y Panitch y Gindin, enfatizan en las posibilidades de estabilidad y hegemonía en el orden mundial capitalista. Lo hacen por medio de una revisión de la teoría marxista y niegan la tendencia a la crisis inmanente al modo de producción capitalista, la multiplicidad constitutiva de los Estados y sus posibles relaciones de conflicto. El debate alemán sobre el mercado mundial, por el contrario, lejos de predecir la fatalidad y la catástrofe, anticipa el debate sobre la globalización sin caer en el dogma del declive de la estatalidad sino más bien destacando la tendencia a la crisis y la inestabilidad en el capitalismo global. Recientes estudios de Robert Brenner han confirmado esta apreciación de las crisis y el desarrollo de la economía mundial.

Elmar Altvater, que estaba en estrecho debate con Neusüss y compañía, advirtió que la propensión a la crisis era particularmente importante. Al final de la década de 1960 hizo hincapié en que la crisis monetaria internacional no puede restaurar el equilibrio de la economía mundial a menos que “desencadene una crisis de la producción” (Altvater, 1969: 130). Él también era escéptico de que los instrumentos keynesianos pudieran hacer frente apropiadamente a las crisis económicas internacionales. En el plano económico internacional no había ninguna posibilidad de “añadir una estrategia reguladora positiva como correctivo a la estrategia negativa de evitar la crisis indicada por las medidas para resolver la crisis monetaria internacional. Las contradicciones en la economía mundial pueden mantenerse temporalmente debajo de la superficie por medio de una estrategia de evitación en el combate contra la crisis monetaria internacional, pero no pueden resolverse de una manera regulada. Entrarán en erupción una vez que las tasas globales de crecimiento de la producción y el comercio mundiales se reduzcan a lo que se espera será un nivel más bajo que en los últimos años” (Altvater, 1969: 132).

Conexiones críticas

El debate sobre el mercado mundial de la década de 1970 es un correctivo a la base teórica de las teorías actuales del imperialismo. Puede señalar modos de comprender mejor algunas de las formas más recientes y las nuevas cualidades de la internacionalización del capital y de los cambios en la estatalidad. Las nuevas formas de gobernanza global, por ejemplo, pueden verse como una coordinación política institucionalizada en la que, sin embargo, la competencia no desaparece sino que continúa, y en la que son efectivos los equilibrios de poder específicos (Callinicos, 2002). Dado el carácter social de la producción, la competencia siempre se caracteriza por elementos de cooperación, pero esta cooperación debe verse como una de las formas que adopta la competencia. Por eso no sorprende que las relaciones entre los Estados Unidos y Europa, que en términos relativos son las porciones más fuertemente integradas del sistema mundial capitalista, continúan siendo a la vez relaciones de cooperación y conflicto. El euro, por ejemplo, es la primera moneda desde la Segunda Guerra Mundial que tiene alguna posibilidad de competir con el dólar en el rol de moneda mundial. Dado que las decisiones tomadas por los capitalistas se basan principalmente en expectativas, el euro plantea una amenaza más seria para el dólar de lo que las actuales estadísticas podrían parecer indicar.

El marxismo es un programa de investigación en constante expansión. En varios puntos, el debate de los setenta debe criticarse y desarrollarse[27]. Por nombrar sólo dos de ellos:

  • Explicación de la pluralidad de Estados individuales:

Como argumenta von Braunmühl, la estructura de la multiplicidad de Estados individuales –y los límites asociados respecto de la cooperación internacional– deben incorporarse en el análisis económico del mercado mundial. Los teóricos del mercado mundial fueron incapaces de lograrlo de manera satisfactoria[28]. Incluso von Braunmühl deja huecos con su orientación hacia una explicación exclusivamente histórico-empírica. El poder histórico sostenido de la categoría de Estado-nación, o como Benedict Anderson argumentó más adelante, el papel histórico de la nación o de los movimientos nacionalistas como potentes “comunidades imaginarias”, es una explicación inadecuada. Sólo un puñado de teóricos continuaron desarrollando la teoría materialista del Estado de modo constructivo. Joachim Hirsch, uno de los pocos participantes en el debate de la derivación del Estado en hacerlo, destaca en su análisis la necesidad de la “pluralidad de estados individuales” pero va más allá del nivel puramente “histórico” de explicación (Hirsch, 2002). Sólo puede considerarse la posibilidad de un “Estado mundial”, dice Hirsch, si el capitalismo es malinterpretado como una relación de intercambio simple de mercancías y no como una sociedad basada en la explotación y la contradicción de clase. Él trata aquí con un nivel importante que von Braunmühl roza cuando enfatiza en el “aspecto político de la dominación inherente a la relación económica violenta entre el trabajo asalariado y capital”, pero no consigue llevarlo a un nivel teórico.

La idea fundamentalmente liberal de eliminar el sistema de competencia entre Estados individuales en el marco del capitalismo es una ilusión, ya que también eliminaría las instituciones que mantienen la dominación de clase. Mecanismos fundamentales para equilibrar los conflictos dentro y entre las clases dejarían de existir ya que las divisiones “nacionales” entre las clases que requieren ya no se aplicarían, mientras que esos mecanismos son vitales para el funcionamiento del capitalismo. En otras palabras, el sistema sólo funcionará si los miembros en competencia de las clases en competencia –asalariados y empresarios– están unidos entre sí a nivel estatal y de este modo están en discordia con las clases correspondientes afuera de su territorio estatal. No en vano la creación de coaliciones entre clases para salvaguardar la “competitividad nacional” es un argumento neoliberal absolutamente central en la actualidad. La coherencia necesaria para la creación de “comunidades productivas nacionales” sólo parece concebible en el marco del Estado individual. Incluso el intento de lograr la integración regional siempre será una empresa difícil en las condiciones económicas dadas, como muestra la evolución de la Unión Europea[29].

Hay otro punto que merece ser investigado con mayor detalle en nuestra opinión: la tendencia del capital productivo a ser “inerte”. Más allá de la publicidad sobre la globalización y de la obsesión con la moneda y el capital financiero, uno encuentra que el capital productivo se fija territorialmente. Una vez que el capital monetario se convierte, el capital productivo se fija en la producción y ya no puede volver a la circulación, o sólo puede hacerlo con grandes dificultades. Amplias porciones de este capital fijo, a diferencia del capital que se encuentra en la circulación, entra repetidamente en el proceso de producción. Esta es la razón por la cual el capital fijo es relativamente inmóvil. La importancia cuantitativa de los medios de producción territorialmente fijados excede por mucho el producto bruto interno de las economías nacionales[30]. Su importancia no disminuye con el avance de la tecnología (“economía de internet”). Todo lo contrario: la intensidad de capital (activos fijos brutos en relación con el número de trabajadores) aumenta.

El capital productivo también es más importante en otro nivel. El capitalismo puede producir crisis en todo el mundo pero todavía es capaz de garantizar un cierto nivel de desarrollo (aunque por lo general este desarrollo está impregnado de conflictos sociales devastadores). El desarrollo capitalista está signado por su carácter desigual y conduce a la creación de centros de acumulación capitalista nuevos y relativamente independientes, como en Asia Oriental en la actualidad. La acumulación de nuevo capital productivo o su reestructuración, como en China, conduce a la aparición de nuevos competidores económicos en el mercado mundial. La división del mundo entre norte y sur era errónea, incluso en los años 1970. A pesar de la hegemonía estadounidense, el mundo de hoy es económicamente un mundo multipolar, caracterizado por el surgimiento del “sub-imperalismo” en Estados que luchan por la hegemonía regional, tales como India o Turquía.

  • Explicación de la relación entre las actividades geopolíticas y los intereses económicos de un Estado:

Para discutir este problema debemos comenzar con el concepto de la “autonomía relativa” del Estado, que debe garantizar las precondiciones para la acumulación de capital[31]. Esto significa que ningún sistema de mercado puede funcionar sin un poder central relativamente independiente que trate de hacer frente a los antagonismos sociales, incluso si esto condujera a un conflicto con determinadas facciones de capital. La importancia del Estado burgués como el poseedor del monopolio del uso de la fuerza en nombre del capital no sólo yace en la implementación de los intereses capitalistas individuales. El Estado es relativamente autónomo y no un mero instrumento del capital. Los Estados capitalistas toman medidas para asegurar las condiciones en las que la acumulación de capital puede prosperar en su conjunto. Un gobierno no persigue estos objetivos porque sus miembros son sobornados o tienen vínculos estrechos con el capital (aunque eso ocurra), sino porque un capitalismo floreciente es la base económica del Estado burgués. El Estado occidental “liberal” contemporáneo se convirtió y siguió siendo capitalista en virtud del hecho de que Estado y capital están formalmente separados.

En la década de 1970, el debate se ocupó en general, como von Braunmühl correctamente criticó, de las relaciones dentro de la sociedad. Sin embargo, ¿qué significa la autonomía relativa del Estado para las “actividades externas”, para los intereses económicos y la geopolítica internacionales?

Como hemos visto, la competencia internacional modifica la existencia del capital en gran medida nacional aunque internacionalizante y por los “muchos Estados”. Esta es la razón por la cual la investigación debe ir más allá de las leyes generales de la capital. Analizar la relación de competencia y su transformación desde lo económico hacia lo político y, por último, hacia lo militar, tiene que ser más específico. Los intereses económicos no se convierten meramente en actividades del Estado. No se emprendieron análisis de estos fenómenos en la década de 1970 pero deberían realizarse hoy.

En este camino debe ser tenido en cuenta el siguiente punto adicional. El imperialismo moderno comenzó a mediados del siglo XIX por la combinación de dos sistemas diferentes de competencia que previamente estaban asociados a dos lógicas de producción diferentes: la competencia económica moderna del sistema capitalista mundial emergente y la competencia geopolítica entre Estados heredada del feudalismo. En las décadas siguientes los dos enfoques más o menos se integraron. La competencia geopolítica protagonizada por los Estados ya no podía llevarse a cabo exitosamente sin una base industrial (“industrialización de guerra”). Al mismo tiempo, los capitales en competencia dependieron fundamentalmente a partir de entonces del Estado. Sin embargo, esta integración sólo fue relativa. Las dos formas de competencia continuaron teniendo una existencia relativamente independiente y aún no se integraron completamente. Desde entonces hemos enfrentado dos formas de competencia en el capitalismo desarrollado, la competencia económica y geopolítica. Aunque no para sobre-extender y por lo tanto devaluar el concepto de imperialismo, creemos que por sobre todo tendría sentido verlo como una actividad del poder político en el cual los intereses económicos y geopolíticos están entrelazados. Las transferencias de valor económico al hemisferio norte a través de las actividades de las empresas internacionales, por ejemplo, se llevan a cabo en un mundo estructurado de manera imperialista pero no son por sí mismas imperialistas.

La manera en que estos dos sistemas de competencia y la autonomía relativa de los muchos Estados están interrelacionados en su actividad externa y son transformados por la creación de bloques históricos dentro de proyectos imperiales o sub-imperiales es una pregunta para examinar en futuras investigaciones[32].

Los oponentes a la guerra ya pueden presentar análisis sólidos de la política de poder actual. Demostraron que la lucha por el Medio Oriente no es principalmente una cuestión de la apropiación directa de la riqueza por ciertas empresas petroleras, sino una cuestión de los que establecen las condiciones y reglas que rigen esta apropiación aun si, como en el caso de la guerra de Irak de 2003, la acción requerida no tiene un sentido económico inmediato. Por lo tanto, la política exterior agresiva de Estados Unidos puede ser vista como una expresión de la competencia en todo el mundo con la Unión Europea, las economías emergentes de Asia Oriental y los estados de la OPEP, en la que el petróleo es una mercancía estratégica de importancia central. La geopolítica de los Estados Unidos se dirige a la organización de estas condiciones en interés del capital de los Estados Unidos en su conjunto (aún cuando esto implique un proceso político interno cargado de conflictos). Como ven muchos estrategas de Estados Unidos, esto va a reforzar el papel del dólar como moneda mundial, y esto es algo en lo cual no sólo Halliburton sino también Microsoft están interesados.

Se necesita más trabajo sobre los instrumentos teóricos si queremos entender y responder mejor a futuros conflictos. Lo que necesitamos es una teoría del imperialismo que nos permita analizar el capitalismo moderno por medio de instrumentos conceptuales y analíticos que incorporen la dinámica del capitalismo –la integración del mercado mundial– en un sistema multipolar de centros (apoyados por el Estado) de acumulación de capital. Si se tomara en consideración tanto la “contingencia” de la política internacional –principalmente la influencia de las acciones de los individuos– como la compleja relación entre competencia geopolítica y económica, sin dudas sería un paso adelante.

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  1. Traducido por Rodrigo F. Pascual. Revisado por Alberto Bonnet.
  2. Este debate se llevó a cabo al mismo tiempo que, y de forma paralela a, el mejor conocido fuera de Alemania “debate sobre la derivación del Estado”, cuyo trasfondo político fue la cuestión de si el aumento de la regulación estatal puede “salvar” al capitalismo y su objetivo fue destruir las ilusiones en el estado de bienestar. Mientras la teoría socialdemócrata concedía al Estado un alto grado de autonomía, la orientación soviética de la teoría del capitalismo monopolista de Estado postulaba una suerte de fusión del Estado con el “capital monopolista”. El debate de la derivación del Estado utilizó métodos que incluían la teoría de las formas del valor para encontrar explicaciones para la separación constitutiva entre el Estado y el capital y así descubrir por qué y cómo esta separación conduce, no obstante, a la formación de un Estado capitalista. En otras palabras, el debate de la derivación del Estado se concentró en la separación y la consecuente autonomía relativa del Estado y en por qué esta autonomía relativa fue constitutiva de las relaciones capitalistas de producción (para una perspectiva general véase Gerstenberger, 1977 y Clarke, 1990). Algunos hallazgos de este debate jugaron un papel en el debate sobre el mercado mundial.
  3. Por supuesto, también hay otros debates que valdría la pena revisar en el curso de un análisis completo del capitalismo moderno.
  4. Aquí una de sus influencias fue la teoría crítica. Herbert Marcuse escribió: “el marxismo soviético asumió el carácter de una ´ciencia de la conducta´. La mayor parte de sus afirmaciones teóricas poseen un carácter pragmático y una intensión instrumentalista que sirven para explicar, justificar, y controlar acciones y posiciones particulares, que son los ´hechos´ reales de esos enunciados” (Marcuse, 1967: 32).
  5. La industria del automóvil había expandido sus exportaciones desde el 11,5 % de la producción en 1950 al 40,6 % en 1970, mientras que para la ingeniería la proporción subió del 20,3 % al 35,5 % en el mismo período. Esto también reflejó el aumento del peso de Alemania en el mercado mundial. Entre 1950 y 1977, la participación de Alemania en las exportaciones mundiales se triplicó, pasando del 3,5 % al 10,5 %. Una de las razones fue que la estructura industrial alemana estaba sesgada hacia la producción de bienes de inversión, lo que la puso en una posición particularmente ventajosa durante la fase de expansión del mercado mundial y de incremento de la demanda para la producción de equipos (Altvater, Hoffman y Semler, 1979). En contraste con las crisis desde mediados de los años setenta, que llevaron al modelo de política económica “neomercantil” alemán a la crisis, las crisis “menores” como la de 1966-67 condujeron a la modernización y perfeccionamiento del sistema alemán de fijación de salarios, la elaboración cuidadosa de las relaciones laborales y la devaluación deliberada del marco alemán (Altvater y Hübner, 1988).
  6. El espacio nos impide incluir otros enfoques para el análisis del mercado mundial que se formularon un poco después y que generalmente siguen líneas argumentativas diferentes (véase Olle & Schoeller, 1977; Siegel, 1980; Sozialistische Studiengruppen, 1981).
  7. Al parecer, los estalinistas ortodoxos se mantuvieron más o menos inconscientes de que el capitalismo experimentó su mayor boom durante la era posterior a 1945.
  8. Véase Institut für Gesellschaftswissenschaften beim ZK der SED, 1968 y 1971; también puede verse algo menos dogmático en Boccara et al., 1973; y Katzenstein, 1973. La consecuencia política de esta teoría era el reformismo clásico: si la economía y el Estado se habían fusionado, se concluía que un “frente popular” sería capaz de romper el poder de los monopolios y poner a la sociedad en el camino hacia el socialismo simplemente asumiendo el gobierno por medios parlamentarios.
  9. Este sigue siendo el caso hoy en día. En Grenzen der Globalisierung (Altvater & Mahnkopf, 1997), un libro que –en su conjunto, correctamente– es considerado como el texto estándar en Alemania, la teoría marxista clásica del imperialismo es descartada en una nota citando a Neusüss.
  10. Crisis, Competence, Class struggle [n. del T.].
  11. Marx ya había discutido la modificación de la ley del valor en relación con los diferenciales nacionales de salarios en el capítulo 20 del primer volumen de El capital (Marx, 1972: 583 y ss.).
  12. Ella escribe: “La competencia entre la “banda de hermanos en guerra” sin duda puede convertirse en guerra por cualquier medio a nivel del mercado mundial […]. La paz y el orden como precondiciones para el intercambio burgués y la explotación del capital no puede garantizarse nunca en el mercado mundial de la manera manipulable y calculable en que está garantizada por el Estado en el mercado nacional […]; por el contrario, en el mercado mundial siempre está la posibilidad de una recaída en formas “incivilizadas”, es decir, pre-burguesas de apropiación (por ejemplo, el robo o la destrucción de bienes y personas, la esclavitud o, al menos, la restricción política, o la destrucción del funcionamiento del mercado mundial en la forma de proteccionismo y autarquía). O para decirlo de otra manera, la crisis del capital como capital mundial no es simplemente crisis económica mundial sino también –dependiendo de la magnitud que alcance– crisis política y colapso de una etapa de la producción capitalista ya alcanzada, a través de la guerra… o la revolución” (Neusüss, 1972: 189).
  13. Altvater (1969: 143) toma un camino similar.
  14. En este enfoque, el monopolio, como una formación que pugna por la internacionalización, está “teóricamente disecado” y dividido en sus partes individuales nacionales. Entonces “aparece dos veces, una vez como un capital individual potente dentro del complejo de la reproducción nacional y otra como un componente del capital nacional en la competencia del mercado mundial, pero está sujeto a leyes diferentes en cada una de estas dos identidades” (von Braunmühl, 1976: 325). En la realidad, sin embargo, siempre es el mismo monopolio cuya función decisiva en este contexto, de disolución de los procesos de producción nacional y creación de otros internacionales, “debe quedar anulado en este enfoque. Pero estas teorías dejan de lado la base material de la pregunta o genera la necesidad sin sentido de formular una teoría del imperialismo sin un concepto de monopolio. Las contradicciones que resultan del carácter simultáneo nacional e internacional de los capitales monopolistas individuales están sujeta a considerables distorsiones teóricas” (ibidem.).
  15.  Neusüss hace hincapié en que los países desarrollados puede alcanzar super-ganancias (temporales) a través de la apreciación de la moneda y que a través del mecanismo de tipo de cambio puede surgir un precio único en el mercado mundial sin que hayan convergido los niveles de productividad. A pesar de que analiza el papel fundamental de las tasas de cambio de la misma manera, Neusüss es mucho más cautelosa que Busch cuando se trata de las posibilidades de la convergencia resultante de los tipos de cambio.
  16. Si el mecanismo del tipo cambio protege a los países más pobres, entonces ¿por qué cobran derechos de importación? Busch dice que esto se debe a que en estos países todavía se plantean demandas al Estado en el sentido de la protección de su baja productividad promedio. Además el simultáneo proceso de intercambio desigual obliga a los países más pobres a desarrollar sus fuerzas productivas (Busch, 1974: 90 ss.). Los derechos de importación en los Estados más ricos están generalmente asociados con la “protección parcial respecto de la competencia externa” con el fin de mejorar las “condiciones internas de realización”. Como tal, esto contradice la tendencia general del capital en el mercado mundial. Es por eso que los tiempos de auge (tales como post-1945) en particular son tiempos de liberalización (Busch, 1974: 93-94 ss.).
  17. Debido al mecanismo de tipo de cambio descrito, la apropiación de super-ganancias en el mercado mundial a través de productividades superiores a la media del capital es sólo una opción temporal. Busch corrobora estas tesis en su ensayo “Internationale Arbeitsteilung und Internationalisierung des Kapitals: Bemerkungen zur neueren französischen Weltmarktdiskussion” (Busch, 1981).
  18. Busch (1974: 64 y ss.) trata a fondo la teoría de la dependencia y luego la teoría del sistema mundial, pero su respuesta diferenciada excedería el alcance de este artículo. Busch, y Neusüss también, por sobre todo criticaron el supuesto de que prevalecerán una tasa internacional promedio de ganancia y precios internacionales de producción. Esto sería lo único que garantizaría una transferencia de valor pero, dicen, son evitados por la constitución estatal-nacional capital y carecen también de sustento empírico.
  19. Al igual que muchos otros autores, von Braunmülh describe las prácticas imperialistas concentrándose en las relaciones norte-sur. A diferencia de algunos teóricos de la dependencia, considera que el capital tiene “interés” en industrializar, al menos parcialmente, al sur. Esto, sin embargo, requiere del Estado, como puede verse en el ejemplo de la ayuda al desarrollo: “La llamada ayuda al desarrollo es una expresión de la contradicción inherente a la expansión del capital. Es necesaria pero no puede ser llevada a cabo por el propio capital. La ayuda al desarrollo, favoreciendo la creación de infraestructura que es prerrequisito para la inversión rentable del capital, es objetivamente una ayuda no sólo para los países subdesarrollados sino también para el capital privado de las metrópolis” (von Braunmühl, 1973: 85). Esta es la manera en la cual el “neocolonialismo” asegura sus esferas de influencia.
  20. El desarrollo de la Alemania prusiana, que en o alrededor de 1800 todavía estaba subdesarrollada en comparación con Gran Bretaña e incluso con Francia, es un buen ejemplo de cómo se produjo en gran medida el impulso para el desarrollo capitalista desde “afuera” –en la forma de la derrota de Prusia en 1806 y la subsiguiente ocupación francesa–, que puso de manifiesto la “podredumbre interna y la debilidad de la Alemania prusiana” (von Braunmühl, 1976: 296). La falta de impulso dentro de la sociedad fue superado por la presión del mercado mundial.
  21. En su primer texto escrito en 1973 está todavía un poco insegura en este punto. Allí se destaca con más fuerza, en relación con la existencia de una multitud de Estados, que la modificación de la ley del valor que se postuló en principio debido a esa existencia de muchos estados, puede ser superada. Si las tendencias hacia la internacionalización “conducen a nuevas formas de combinación política del capital” es una “cuestión empírica” (von Braunmühl, 1973: 51). Pero, al mismo tiempo, afirma también que hay una tendencia hacia un cada vez mayor crecimiento del capital fijo que aumenta la inercia del capital o limita su movilidad (von Braunmühl, 1973: 48).
  22. Su crítica a los “discursos de la globalización” de la década de 1970 también puede citarse aquí. En relación con esto escribió que el “interés de la burguesía nacional en asegurar su base de dominio” conduce, aunque trasciende las fronteras nacionales, a que la maquinaria del Estado sea reajustada –y, al mismo tiempo, “sin considerar las crecientes incongruencias entre los procesos de acumulación y las fronteras estatales”, a la consolidación de “’la organización estatal-nacional del mercado mundial” (von Braunmühl, 1976: 321).
  23. Esto puede servir por lo tanto como un correctivo para la interpretación algo unilateral de Poulantzas hecha por Panitch y Gindin (2004). Creemos que Poulantzas puede ser interpretado de manera diferente, con un fuerte foco en su énfasis en la continuidad de la competencia, incluso si las burguesías fuertes intervienen en las más débiles. Poulantzas hace hincapié repetidamente en la inestabilidad de la hegemonía de Estados Unidos y pone en duda en algunos puntos la idea de un “super-Estado” emergente. En general ve que los Estados-nación continúan en competencia entre sí en tanto lugares de reproducción de las distintas burguesías. También reconoce la existencia de considerables diferencias entre Europa y la periferia. “Esta nueva dependencia [la hegemonía de Estados Unidos en Europa] no debe equipararse con la que caracteriza las relaciones entre las metrópolis y las formaciones que dominan. La analogía es errónea porque, por una parte, las metrópolis siguen siendo centros de acumulación del capital por derecho propio y, por la otra, ellas mismas dominan sobre sus formaciones dependientes. La subestimación de este último elemento es especialmente característico de los conceptos de ultra-imperialismo. De hecho, el imperialismo estadounidense y el imperialismo de estas metrópolis están comprometidos en una batalla por el dominio y explotación de estas formaciones” (Poulantzas, 2001: 28 y ss.).
  24. Hoy en día sabemos que debemos pensar más en términos de una compleja interrelación entre la estructura y la agencia o entre la determinación formal y la lucha de clases a pesar de que, si hemos de evitar caer en un voluntarismo de la “primacía de la lucha de clases” (á la Holloway), las circunstancias estructurales no deben ser nunca subestimadas. Los proyectos estatales pueden fallar y las “restricciones” económicas pueden romperse a ciertas alturas de la lucha social. Las relaciones de producción no determinan, preforman mediante el establecimiento de cierto marco de referencia.
  25. Altvater advierte que los efectos positivos de la devaluación pueden convertirse en lo contrario si las importaciones no sustituibles se vuelven más caras y las ganancias caen como resultado del abaratamiento del trabajo social. El fondo de acumulación social puede de este modo disminuir en lugar de aumentar y la brecha entre los países más y menos productivos tender a aumentar en vez de disminuir.
  26. Véase Brenner (2002).
  27.  Otras debilidades solo pueden esbozarse aquí. En primer lugar, la relación entre la estructura y la agencia era obvia. En el debate alemán sobre la ley del valor en el mercado mundial, el problema de la relación entre las estructuras que determinan la sociedad capitalista y que son históricamente fundamentales para él (trabajo asalariado, producción de plusvalor, la relación entre política y economía, la multiplicidad de Estados y el poder del sistema de mercado mundial) y las formas cambiantes en las que esta estructura encuentra una expresión histórica específica no se abordan con seriedad. Es por esto que no existe una teoría del desarrollo capitalista, es decir, una descripción del capitalismo por períodos. La historia real es más que determinantes estructurales derivados categorialmente. Adopta características individuales específicas en la forma de diferentes relaciones de clase y luchas de clase. En resumen, se puede decir que “el desarrollo histórico de la formación del capitalismo puede estar sujeto a ciertas leyes que son lógicas desde el punto de vista del capital, pero la manera en que surten efecto depende de las relaciones de clase y las luchas de clases que surgen” (Hirsch, 1983: 160), pero el error general conduce en el análisis final a muchas conclusiones acortadas. En segundo lugar, y relacionado con esto, los estados “socialistas” no fueron analizados en absoluto. Neusüss se refiere a un “segundo nivel de la lucha de clases: el nivel de los choques estatales entre los diferentes sistemas de la sociedad” (Neusüss, 1972: 206) que había desatendido en su análisis. ¿Pero la Guerra Fría fue realmente un choque entre diferentes sistemas? Ni siquiera von Braunmühl corre el riesgo de abordar el problema teórico principal: el carácter del “socialismo realmente existente”. Ella navega alrededor del problema simplemente ignorándolo, lo que es incomprensible dado que comprende un tercio de la población mundial (incluida China) y, en la URSS, un Estado imperial que desempeñó un papel central en el equilibrio global de poder. Lamentablemente, los análisis marxistas críticos del carácter imperialista del Bloque Oriental no encontraron eco en sus escritos (véase el análisis del capitalismo de Estado en Cliff, 1975, o los escritos de Castoriadis, 1988). De esta manera, muchos de los teóricos del mercado mundial continuaron usando en sus análisis “anteojos oscuros” con respecto al Bloque del Este y el carácter del estalinismo, aunque, en lugar de aclararlos, se los quitaron desde la década de 1980 hasta ahora, durante la “crisis del marxismo”.
  28. Busch en sus últimos escritos adoptó la tesis de que las revoluciones burguesas, ya sean pasivas o desde abajo, solo consiguieron una transformación interna de las condiciones políticas y económicas pre-capitalistas, con el resultado de que en sus relaciones externas el Estado retuvo su unidad política y económica heredada (Busch, Grunert & Tobergte, 1984). En vista de la brecha de la división del desarrollo internacional, supone que la contradicción entre la integración nacional e internacional no puede resolverse. En términos de la teoría del Estado, esta división en un Estado capitalista adentro y un Estado pre-capitalista afuera es insostenible.
  29. Un análisis más avanzado necesitaría discutir la diferencia entre la nación y el Estado (por eso Hirsch se refiere primero al individuo y no a los Estados-nación). Los teóricos del mercado mundial no tomaron en consideración este tema.
  30. Los activos fijos brutos en Alemania ascendieron a quince billones de marcos alemanes en 1997 en comparación con un producto interno bruto de alrededor de cuatro billones (véase Sandleben, 2003). La geografía económica de hoy reconoce este proceso superficialmente. Explica cómo se producen economías de escala tales como la caída de los costos promedio y una creciente base industrial. Son la razón por la cual todos los países más grandes tienen hoy una base industrial equilibrada. La integración que puede observarse no es principalmente global sino, en todo caso, nacional y en parte regional (en algunos casos, incluidos los países vecinos), como es evidente en los clusters industriales.
  31. Véase Heinrich (2004, capítulo 11).
  32. Un análisis más detallado debe tomar en cuenta también las circunstancias en las que se lleva a cabo el uso de la fuerza física directa por un Estado contra otro o contra adversarios no estatales. Hay varios factores que entran en juego aquí, ya sea evitando o fomentando la violencia y la guerra, como por ejemplo los lazos transatlánticos relativamente estrechos, el estado de ánimo del público en general y la situación de los militares.


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