El caso argentino
Virginia Alonso
1. Introducción
La desigualdad económica es una problemática extendida y persistente en nuestras sociedades. Junto a las profundas diferencias entre personas según etnia, raza, edad, lugar de residencia, estrato y sector económico de inserción laboral, se encuentran las desigualdades de género que se articulan con las anteriores.
Considerando esta diversidad de aristas para analizar la desigualdad económica de género y la vasta trayectoria de estudio efectuada desde distintas disciplinas y enfoques teóricos, este capítulo se propone abordar el fenómeno desde el enfoque de los estudios de género y la Economía Feminista a través del empleo de ciertos elementos del pensamiento estructuralista latinoamericano. De esta manera, se apuesta a reflexionar sobre la importancia de retomar el abordaje relativo a la heterogeneidad estructural para analizar los rasgos que cobra la desigualdad de género en nuestra región y contribuir, con ello, a la problemática del género y el desarrollo.
Para ello, en las próximas dos secciones que siguen a esta introducción se hará mención de dos campos de estudio –aquel referido al desarrollo/subdesarrollo, y el relativo a los estudios de género– que datan de distintos momentos de emergencia y cuyos recorridos han implicado limitados puntos de encuentro. Este tratamiento permitirá especificar los principales aportes que se toman para construir un enfoque analítico fructífero para analizar la desigualdad en la región[1] y en el caso argentino.
Luego, la cuarta sección abordará distintas dimensiones de la desigualdad económica de género en Argentina para pensar la reproducción de la misma en la específica articulación de lo productivo y lo reproductivo que supone el caso nacional. Como principales resultados, se encontrará que la segregación de género ha adquirido rasgos específicos ante un estilo de desarrollo marcado por la heterogeneidad estructural y que ello plantea implicancias para las brechas en los ingresos y la autonomía económica de las mujeres. En especial, para aquellas dentro de hogares con responsabilidades de cuidado infantil.
2. El género en el campo de los estudios del desarrollo/subdesarrollo[2]
Luego de la Segunda Guerra Mundial, surgió una amplia literatura científica que, desde distintas latitudes, permitió la emergencia del campo de los estudios del desarrollo/subdesarrollo. Comenzando con los aportes de los denominados “pioneros del desarrollo”, entre los que se pueden mencionar a Rosestien Rodan, Nurske, Lewis y Rostow, esta problemática ha sido retomada y estudiada desde distintas posiciones teóricas hasta la actualidad.
Sin embargo, no fue hasta la aparición del concepto de género[3], de los estudios pioneros de Ester Boserup, del enfoque de las Mujeres en el Desarrollo (MED) y, finalmente, del enfoque Género en el Desarrollo (GED), que el abordaje de las relaciones de género logró penetrar en este campo. Como producto de este recorrido, el tratamiento del vínculo entre las relaciones de género y el desarrollo surgió en las últimas décadas del siglo xx.
Fue en este contexto y a partir de esos años que los estudios de género y la Economía Feminista vinieron a cuestionar y proponer nuevas visiones al campo del desarrollo/subdesarrollo. Si bien los esfuerzos en esta dirección han brindado numerosas contribuciones, en esta sección se expondrán brevemente aquellas que han sido centrales en las investigaciones sobre desigualdad económica de género y que son especialmente relevantes para los fenómenos que se abordarán en el capítulo.
Uno de los aportes más relevantes (y que posibilitó la emergencia de la problemática sobre género y desarrollo) ha sido la denuncia del sesgo androcéntrico de los distintos paradigmas económicos y de los diferentes enfoques de desarrollo (neoclásico/neoliberal, neoinstitucionalista, entre otros). En contrapartida, estos estudios abordan la situación y el trabajo de las mujeres evitando este sesgo e incorporan el análisis de las relaciones de género presentes en la realidad socioeconómica.
En este sentido, resulta medular la inclusión de lo reproductivo en el análisis del sistema económico (Espino y Sanchis, 2005) y, en conexión con ello, la visibilización del trabajo reproductivo o de cuidado. Es decir, en pocas palabras, el reconocimiento de la función de lo reproductivo dentro de la economía y la sociedad (Picchio, 1999; 2001; 2005).
A estas contribuciones, se suma el examen de las implicancias de género de los modelos de desarrollo. Para ello, ha sido de gran utilidad la denuncia del falso supuesto de neutralidad que tienen los modelos macroeconómicos y la inclusión de las relaciones de género en ellos (Carrasco, 2006). Los estudios sobre macroeconomía, género y desarrollo han desplegado instrumentos para ver la conexión entre las políticas económicas (políticas monetarias, fiscales, financieras, etc.) que definen las estrategias de desarrollo y la desigualdad de género en distintos países (Girón, 2009; Giosa Zuazúa y Rodríguez Enríquez, 2010).
Más específicamente, han explorado la relación bidireccional entre crecimiento/desarrollo económico y desigualdad de género (Giosa Zuazúa y Rodríguez Enríquez, 2010). Es decir que, no sólo se han definido y descripto los efectos que las diferentes formas de crecimiento/desarrollo económico tienen sobre las relaciones de género, sino que también se han visibilizado las implicancias que la desigualdad de género tiene para el crecimiento/desarrollo de los países.
Dentro de esta relación de doble dirección, los vínculos detectados entre los distintos modos de desarrollo en la región latinoamericana y las formas de inserción laboral femenina pueden mencionarse como otro aporte. Numerosas investigaciones han permitido detectar los rasgos singulares que adquiere la participación de las mujeres en los mercados laborales en los distintos periodos de desarrollo (De Oliveira y Ariza, 2000; Espino, 2012).
La última de las contribuciones que se mencionará en esta sección es la elaboración de conceptos y estrategias metodológicas para visibilizar la desigualdad económica de género. Esta desigualdad se expresa en fenómenos como: i) la mayor participación femenina en el trabajo de cuidado no remunerado; ii) la desigualdad de género en el mercado laboral (menor y peor participación de las mujeres); iii) el menor grado de autonomía económica de las mujeres (Giosa Zuazúa y Rodríguez Enríquez, 2010).
En relación con la desigualdad de género en el mercado de trabajo, ésta se encuentra estrechamente vinculada con la organización social del cuidado (OSC) y se manifiesta de las siguientes maneras: las menores tasas de actividad y empleo de las mujeres, la segregación laboral de género, las brechas en los ingresos y las desiguales condiciones laborales (incluyendo tiempo de trabajo y acceso a protección social) (Alonso, 2019b; 2020). De esta manera, las responsabilidades de cuidado en los hogares es un factor de relevancia que se suma a otros —entre ellos la discriminación de género— para explicar la desigualdad en el mercado.
En cuanto a la autonomía económica, como tercera dimensión de la desigualdad económica de género, ésta es entendida como la capacidad de acceder y controlar bienes y servicios necesarios para satisfacer necesidades y deseos, de manera independiente, a través de diversas formas: participación en el mercado laboral, propiedad y control de activos económicos, acceso a recursos mediante intervenciones públicas como transferencias monetarias, entre otras (Esquivel, 2012). Dado que el mercado de trabajo es una fuente importante de distribución de los recursos, el problema de la falta de autonomía económica de las mujeres está asociado a las dos dimensiones expuestas anteriormente (la intensidad de tiempo destinado al trabajo no remunerado y el tipo de participación en el mercado laboral) y, al mismo tiempo, a la organización de la producción bajo el marco de un fenómeno señalado por el estructuralismo latinoamericano: la heterogeneidad estructural. O, dicho de otra manera, la falta de autonomía económica de las mujeres es un producto de la forma en que se articulan lo productivo y lo reproductivo.
3. Los aportes y los desafíos de pensar la desigualdad de género retomando el estructuralismo latinoamericano
En la reflexión hecha en la sección anterior en torno a la configuración de la desigualdad de género como producto de la forma en la que se articula la organización de la producción y la reproducción de la vida, se ha mencionado la importancia de incluir la consideración la heterogeneidad estructural de nuestras sociedades. Esto se debe a que esta contribución del estructuralismo latinoamericano ha sido especialmente fructífera para comprender la desigualdad económica en nuestra región, y a que estudios recientes han planteado que la desigualdad de género en el mercado laboral adquiere rasgos especiales dadas las características del funcionamiento de estos mercados (CEPAL, 2012, 2016, 2019; Alonso, 2019b, 2020).
Por ello, a pesar de que el estructuralismo latinoamericano, como otras corrientes teóricas sobre desarrollo, haya surgido y realizado gran parte de sus aportes con anterioridad a los estudios sobre género y desarrollo, es relevante y necesario retomar su empleo desde estos estudios. Y, así, asumir los desafíos de pensar la HE dentro de una matriz de pensamiento que entiende las diferencias entre mujeres y varones como producto de un orden social que históricamente ha implicado la subordinación de las primeras. A continuación, se definirá brevemente la HE junto con algunos avances en la dirección planteada.
Según la corriente cepalina del estructuralismo y, en especial, los trabajos de Raúl Prebisch (1950; 2012; entre otros) y Aníbal Pinto (1973; 1976; entre otros), los estilos de desarrollo de estas sociedades han sido afectados por el fenómeno de la heterogeneidad estructural (HE). La penetración lenta y limitada del progreso técnico ha tenido como consecuencia la conformación de una estructura económica heterogénea que ha diferido de las estructuras de los países desarrollados caracterizadas por la homogeneidad de la productividad entre los sectores económicos.
En el caso de los efectos en el campo social, los estudios empíricos se han orientado a mostrar que las grandes diferencias de productividad al interior de la economía han repercutido sobre los problemas de empleo y la distribución del ingreso. Así, la situación de HE en la producción sería decisiva para explicar la demanda de empleo, la calidad del trabajo, las remuneraciones y los excedentes de población, teniendo efectos en la distribución del ingreso y las condiciones de vida (PREALC, 1978; Vera, 2011; entre otros).
Estos fenómenos no afectan de igual manera a las personas y, como se dijo anteriormente, se ha evidenciado que la desigualdad de género en el mercado laboral adquiere rasgos especiales dadas las características del funcionamiento de estos mercados afectados por la HE (CEPAL, 2012, 2016, 2019; Alonso, 2019b, 2020). En la región el empleo en actividades y sectores de baja productividad está fuertemente atravesado por la dimensión de género (CEPAL, 2012; 2016). Ya sea que se estudie la baja productividad, mediante un análisis de las actividades económicas, o se tome el enfoque del sector informal del PREALC, las mujeres se encuentran representadas y concentradas en mayor medida que los varones en esos espacios, lo que implica peores remuneraciones y ocupaciones de mala calidad.
La consideración de la superposición del enfoque de la informalidad, a través de la baja productividad, con el abordaje desde el punto de vista del incumplimiento de la normativa legal, ha mostrado una relación significativa (Vaca-Trigo, 2019). Para los países objeto de este estudio, si se toma la variable sobre realización de aportes a la seguridad social, como un proxy del cumplimiento de la normativa legal, se encuentra que cerca del 79 % de las mujeres ocupadas en el sector informal no cuentan con aportes previsionales y las protecciones provistas por la ley. Luego, le sigue Chile con el 63 % y Uruguay con el 52 % (véase gráfico 1).
Gráfico 1: Ocupadas en el sector informal según afiliación o cotización al sistema de pensiones (%). América Latina y países seleccionados, alrededor de 2016a
Fuente: Elaborado por Virginia Alonso en base a Vaca-Trigo (2019).
a Los datos corresponden a 2016, excepto en el caso de Chile, que se tomó el año 2015. Los datos corresponden al total nacional, excepto en el caso de la Argentina, ya que la EPH releva información para 31 aglomerados urbanos.
A su vez, la descripción empírica del desigual posicionamiento de las mujeres en relación con los varones en los estratos de productividad de los países latinoamericanos y su conexión con las condiciones laborales ha evidenciado la sobrerrepresentación de los varones en los estratos de mayor productividad.
El examen de esta articulación entre el fenómeno de la segregación laboral basada en el género y los efectos de la HE en la estructura ocupacional constituye un avance del pensamiento latinoamericano en el estudio de las formas que adquiere la inserción de las mujeres y la desigualdad de género en el mercado de trabajo dados los rasgos específicos de los estilos de desarrollo de nuestros países (Alonso, 2019a). Ante ello, los estudios de los casos nacionales que permitan profundizar la forma que adoptan estas desigualdades, dentro del marco macroeconómico e institucional de cada Estado, aparecen como desafíos que es necesario transitar. Asimismo, la exploración de la relación entre las otras dimensiones de la desigualdad de género y el fenómeno de la HE puede mencionarse como otro de los desafíos (Alonso, 2019a). En especial, los caminos que se construyan para analizar la vinculación entre este rasgo de la organización productiva y los fenómenos relativos a lo reproductivo. Con el propósito de avanzar en estas direcciones, en la próxima sección se indagará el caso argentino, tomando la propuesta teórico-metodológica desarrollada por Alonso (2020).
4. La desigualdad económica de género dentro del contexto de heterogeneidad estructural argentino
En esta sección, se abordarán distintas dimensiones de la desigualdad económica de género con la finalidad de especificar los rasgos que adquieren en el contexto de la heterogeneidad estructural argentina[4]. Para comenzar se tratarán las condiciones laborales del mercado de acuerdo con los efectos del fenómeno de la heterogeneidad estructural (HE) sobre el sector privado de la economía. Para ello, la literatura especializada estudia la HE en una economía atendiendo a la brecha de productividad laboral externa (entre países) y/o interna (al interior de un país). Este trabajo se limitará a la brecha interna de productividad laboral mediante dos abordajes: el primero remite a la exploración de la productividad por rama de actividad, mientras que el segundo sigue la propuesta metodología del Programa Regional de Empleo para América Latina y el Caribe (PREALC, 1978), que ha sido empleada por la literatura hasta la actualidad[5]. De esta manera, se logra un nivel de desagregación que resulta fructífero para los intereses de la investigación de la segregación laboral según género.
Como resultado, se ha construido una clasificación de estratos de productividad, y cada estrato se desagrega en los dos sectores que lo componen: sector formal y sector informal[6]. La tabla 1 muestra todas las posiciones de la estructura de empleo que configura el fenómeno de la HE en el país de acuerdo con el abordaje propuesto. Sin embargo, según sea el análisis que se proponga en las próximas subsecciones, se podrá encontrar una menor desagregación de ella.
Tabla 1: Estructura de empleo del sector privado
| Estrato de Productividad Alta (EPA) | Sector Formal (SF) |
| Sector Informal (SI) | |
| Estrato de Productividad Intermedia (EPI) | Sector Formal (SF) |
| Sector Informal (SI) | |
| Estrato de Productividad Baja (EPB) | Sector Formal (SF) |
| Sector Informal (SI) |
Fuente: Elaboración propia.
Luego de la inspección de la calidad del empleo en cada uno de los componentes de esta estructura, se analizará la segregación laboral de género. De esta forma, se podrá profundizar en la configuración de la desigualdad de género dados los particulares rasgos del modo de desarrollo argentino. El estudio de esa configuración implicará un análisis de tipo longitudinal, situado en la primera parte del siglo xxi, con el propósito de advertir la permanencia y/o cambios en los indicadores de segregación. Finalmente, se pondrá el foco en las brechas de género en los ingresos laborales en la actualidad. Entendiendo que este fenómeno es clave para pensar las posibilidades de autonomía económica de las mujeres mediante la inserción en el mercado de trabajo, en la última subsección se buscará examinar estas brechas de acuerdo con los rasgos que adopta el mercado en condiciones de heterogeneidad y al modo en que se articula la organización de la producción y la organización social del cuidado.
4.1. Las desiguales condiciones laborales en la estructura de empleo heterogénea
Para estudiar las condiciones laborales en los diferentes componentes de la estructura de empleo privado, utilizaremos dos indicadores referidos a la ocupación principal: tasa de no registro y los ingresos mensuales promedio. El primero permitirá acercarnos al estudio de la precariedad en el trabajo asalariado de cada componente de la estructura; mientras que a través del segundo, se podrá observar la calidad en todo el estrato o el sector analizado (ya que el indicador incluye todas las formas que adopta la categoría ocupacional y no sólo las personas asalariadas).
En relación con el comportamiento de la tasa de no registro (TNR), el gráfico 2 permite advertir la marcada diferencia que existe, a lo largo de todo el período, entre los sectores formales y los sectores informales que conforman cada estrato de productividad. Se encuentra que los sectores formales plantean bajos niveles de no registro para las personas contratadas y muestran un incremento de la TNR conforme se pasa del estrato de productividad alta al estrato bajo. En contraparte, los sectores informales presentan elevados niveles de no registro, que oscilan entre niveles cercanos al 60 % y 80 % de las y los asalariados.
Gráfico 2: Tasa de no registro (TNR) por sector y estrato de productividad (%). Total 28 aglomerados urbanos, años seleccionados
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de la EPH.
Notas aclaratorias: La tasa de no registro mide la cantidad de personas sin descuento jubilatorio sobre el total de asalariados y asalariadas.
SF: Sector Formal; SI: Sector Informal.
Si se considera ahora la variable “ingresos medios de la ocupación principal” (gráfico 3), se vuelve a encontrar que los sectores formales ofrecen mejores condiciones laborales que los sectores informales. Mientras las personas ocupadas en los sectores formales perciben remuneraciones por encima del promedio de la economía, quienes se encuentran en los sectores informales tienen ingresos similares al promedio (este es el caso del SI del estrato de productividad alto) o menores (sectores de los estratos de menor productividad). A su vez, en el caso de los sectores formales se vuelve a advertir el orden encontrado en la variable anterior. Los mayores ingresos son para el SF del estrato alto, luego sigue el estrato intermedio y, finalmente, el bajo.
Gráfico 3: Ingreso mensual promedio de la ocupación principal sobre la media nacional por sector y estrato de productividad (%). 28 aglomerados urbanos, años seleccionados
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de la EPH.
Nota aclaratoria: SF: Sector Formal; SI: Sector Informal.
A modo de síntesis, tal como se desprende del enfoque del estructuralismo latinoamericano, el examen de ambos indicadores muestra que la calidad del empleo se encuentra condicionada por los rasgos productivos de los sectores y de las actividades económicas que integran cada estrato de productividad. La dirección analítica propuesta ha permitido precisar espacios dentro de la estructura de empleo que brindan diferentes condiciones de empleo según el nivel de productividad. A grandes rasgos, se encontró que los sectores formales tienen bajas tasas de no registro y mayores remuneraciones que los sectores informales. A su vez, mediante una mirada más profunda de los espacios delineados por productividad laboral en la estructura de empleo, se nota una marcada diferencia en torno a la calidad entre los sectores formales de los estratos de mayor productividad (estos son: estratos altos e intermedios) y el sector informal del estrado de baja productividad.
4.2. La configuración de la segregación laboral de género en la estructura de empleo heterogénea
En esta subsección se analizará la articulación de la fuente de desigualdad económica, tratada en el punto anterior, con otra fuente de desigualdad: las construcciones sociales que giran en torno al género. Para ello, se buscará especificar la configuración de la segregación laboral de género asociada a la persistente heterogeneidad estructural en el estilo de desarrollo argentino.
Para comenzar, cabe destacar que el abordaje desde los estudios de género del fenómeno de la desigual distribución de mujeres y varones en las ocupaciones y sectores de actividad ha puesto en evidencia la importancia explicativa de las construcciones sociales respecto a los roles genéricos para entender la segregación laboral. De esta manera, la sobrerrepresentación y concentración de las mujeres en reducidos ámbitos del mercado laboral se ha entendido como resultado de su situación subordinada en diferentes espacios de la vida social. La subsistencia de la segregación en Argentina, como en otros países de la región, ha sido abordada desde diferentes enfoques; sin embargo, en esta sección se avanzará en su estudio en la estructura del sector privado definida de acuerdo al fenómeno de la heterogeneidad estructural.
Con el propósito de analizar esta configuración, se examinará el nivel de participación femenina en los diferentes componentes de la estructura del sector privado. Esto es: el porcentaje de mujeres que trabajan en un componente de la estructura respecto del total de personas en ese componente. Luego, se reflexionará sobre las implicancias de ello en la desigual concentración de mujeres y varones. La consideración de ambos indicadores de segregación, así como el análisis de las permanencias en las distribuciones a lo largo del periodo tomado, permitirá precisar la forma que adopta la segregación laboral de género dadas los rasgos heterogéneos del desarrollo argentino.
De acuerdo con el gráfico 4, en Argentina los componentes del estrato de menor productividad presentan los mayores niveles de participación femenina y, en tanto son más elevados que el nivel de participación del total del sector privado, constituyen los espacios en donde las trabajadoras se encuentran sobrerrepresentadas. A su vez, cabe destacar que el componente que registra las peores condiciones laborales, el sector informal del estrato bajo, tiene el mayor nivel de sobrerrepresentación durante todo el periodo.
Por su parte, los espacios que brindan las mejores condiciones registran bajos niveles de participación femenina. Mientras que el porcentaje de mujeres en el sector formal del estrato intermedio oscila entre el 21 y 24 %, y para el sector formal del estrato alto, este indicador alcanza, a pesar de sus progresos, un máximo de 35 %.
Gráfico 4: Participación femenina en el empleo privado por sector y estrato de productividad (%). 28 aglomerados urbanos, años seleccionados
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de la EPH.
Nota aclaratoria: EPA: Estrato de Productividad Alta; EPI: Estrato de Productividad Intermedia; EPB: Estrato de Productividad Baja; SF: Sector Formal; SI: Sector Informal.
En consonancia con estos desiguales niveles de participación, las diferencias en el segundo indicador de segregación en la estructura de empleo (véase gráfico 5) pone en evidencia que las trabajadoras se concentran en mayor medida que los varones en el espacio de peor calidad laboral del sector privado. Ello se mantiene durante todo el periodo analizado, y la brecha fluctúa entre 17 y 19 puntos porcentuales, según el año que se tome como referencia.
En el otro extremo de la estructura, los varones se concentran en mayor medida que las mujeres en los sectores formales de los estratos de mayor productividad. En estos componentes, la concentración masculina duplica a la femenina.
Gráfico 5: Concentración masculina (CM) y concentración femenina (CF) en el empleo privado por sector y estrato de productividad (%). 28 aglomerados urbanos, años seleccionados
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de la EPH.
Nota aclaratoria: EPA: Estrato de Productividad Alta; EPI: Estrato de Productividad Intermedia; EPB: Estrato de Productividad Baja; SF: Sector Formal; SI: Sector Informal.
Esta configuración de la segregación, con sus marcadas desigualdades en términos de calidad del empleo, es leída como una sedimentación de la articulación de las dos fuentes de desigualdad estudiadas. El entrecruzamiento del fenómeno de la heterogeneidad estructural y del orden de género imperante en la sociedad argentina ha dado como resultado esta desigual distribución que permanece casi inalterada en el período estudiado del siglo xxi. En este sentido, a modo general, se encuentra una correspondencia entre empleo preponderante de la fuerza de trabajo masculina en los sectores formales de los estratos de mayor productividad y los estereotipos que asocian el uso de tecnología y maquinaria y la mayor aptitud para las ciencias y las matemáticas con lo masculino; ya que las actividades económicas de estos estratos y sectores implican, por definición, una mayor inserción del progreso técnico que en las actividades del estrato bajo y en los sectores informales.
Además de los estereotipos mencionados anteriormente, “la disposición natural a ocuparse de los demás”, “la destreza en las tareas del hogar” y “la mayor agilidad manual” aparecen como generalizaciones sobre lo “femenino” en conexión con la configuración de la segregación observada en el estrato de productividad baja. Estos estereotipos se asocian a la histórica feminización de actividades económicas que se ubican dentro de ese estrato: educación; servicios sociales y salud; servicio doméstico; fabricación de productos textiles, y prendas de vestir; entre otras.
4.3. Las brechas en los ingresos laborales y la autonomía económica de las mujeres
Como se desprende de las primeras secciones de este capítulo, el enfoque de la heterogeneidad estructural y los estudios de género son particularmente fructíferos para abordar la desigualdad en los ingresos en los mercados laborales de la región. Mientras el primero hace hincapié en las condiciones productivas de las actividades y empresas para explicar esta desigualdad, los segundos plantean la importancia de considerar las relaciones de género y de incorporar en el análisis la articulación entre lo productivo y lo reproductivo.
Atendiendo a esto último, en Argentina se encuentra una marcada distribución desigual del trabajo reproductivo o de cuidado al interior de los hogares –tal como lo muestran los distintos (y escasos) instrumentos de medición de las instituciones estadísticas oficiales[7]–, las responsabilidades de este trabajo continúan siendo asumidas, en mayor medida, por las mujeres y condicionando su inserción en el mercado laboral. Por ello, parece pertinente comenzar con el análisis de las brechas de género entre hogares que tienen mayores o menores responsabilidades de cuidado.
Para esto, se propone considerar hogares con población dependiente del cuidado. Dado el mayor peso estadístico que tiene el grupo de niñas y niños de 0 a 5 años, en relación con otros grupos como las personas adultas mayores en situación de dependencia severa o aquellas con discapacidad y con necesidad de cuidados directos (Rodríguez Enríquez, Marzonetto y Alonso, 2019), a continuación, se analizarán las brechas de ingresos en hogares con niños/as en la primera infancia o sin estos.
De acuerdo con el gráfico 6, se encuentra que las ocupadas que viven en hogares con infantes, perciben en promedio menores ingresos laborales que las ocupadas que viven en hogares sin niñas/os, y que la brecha de género en los ingresos es mayor entre las personas ocupadas que viven en hogares con niños/as. Mientras los ingresos mensuales de esas mujeres son un 29 % menores al monto de los varones, las mujeres sin niños/as ganan un 21 % menos que los ocupados en esos hogares[8].
Gráfico 6: Promedio de ingresos de la ocupación principal y brechas de género en la población en hogares con y sin niños/as pequeños/as. Argentina, segundo trimestre 2017
Fuente: Elaboración propia en base a microdatos de la EPH-INDEC.
A su vez, si tomamos estos hogares y exploramos las brechas según la inserción en la estructura de empleo heterogénea, podemos notar cómo se incrementa la brecha para las personas que se insertan en el sector informal. Según se observa en el gráfico 7, mientras que en el sector formal la brecha de género en los ingresos es igual al 21,5 % (alrededor de 8 puntos porcentuales menor a la brecha total en esos hogares), en el sector informal casi se duplica esta cifra. Pues, las mujeres ocupadas en este sector ganan un 40 % menos que los varones que trabajan en ese sector.
Gráfico 7: Promedio de ingresos de la ocupación principal y brechas de género en la población en hogares con niños/as pequeños/as. Argentina, segundo trimestre 2017
Fuente: Elaboración propia en base a microdatos de la EPH-INDEC.
Esta desigualdad en los ingresos se interpreta por la heterogeneidad de la estructura productiva y sus efectos desiguales según sexo en el empleo. Más específicamente, se plantea que la configuración de dos segmentos al interior del mercado (sector formal e informal), con distintas condiciones productivas, implican desiguales condiciones laborales (tales como el registro de las y los asalariados, la estabilidad laboral, la cantidad de horas trabajadas) que se ven reflejadas en las remuneraciones según sexo dado el modo en que se articula esta forma de organización productiva con la organización social del cuidado.
En este punto, resulta útil considerar de la cantidad de horas trabajadas para explicar las brechas de género en los ingresos laborales, especialmente en el sector informal. En el caso de las mujeres insertas en el sector informal, se encuentra que son el grupo que menos horas trabaja (gráfico 8). Esta brecha en la cantidad de horas trabajadas explica, en parte, la brecha en los ingresos laborales y sus menores recursos para satisfacer sus necesidades y deseos de manera independiente.
Gráfico 8: Promedio de horas trabajadas en la semana de referencia y brechas de género en la población en hogares con niños/as pequeños/as. Argentina, segundo trimestre 2017
Fuente: Elaboración propia en base a microdatos de la EPH-INDEC.
Las cifras analizadas muestran que el cruce de dos fuentes de desigualdades, tales como la heterogeneidad estructural en lo productivo y la organización social del cuidado en la primera infancia, implica que empeora la situación económica de las mujeres que se insertan en el sector informal y, por lo tanto, sus posibilidades de autonomía económica mediante la inserción en el mercado laboral. En el caso de la mejor situación de las mujeres en el sector formal, se entiende que: i) están protegidas, en mayor medida, por los derechos laborales contra la discriminación; ii) las asalariadas registradas cuentan con licencia por maternidad remunerada y otras licencias de cuidado; iii) al participar en un sector que remunera mejor a su fuerza de trabajo, poseen mayores recursos económicos para desfamiliarizar el cuidado infantil, ya sea mediante establecimientos de atención y educación en primera infancia de gestión privada y/o personal en el hogar; iv) algunos establecimientos laborales ofrecen servicios de cuidado de hijos e hijas pequeñas para su personal. En cambio, dadas las condiciones laborales del sector informal, para la mayoría de las mujeres que se insertan en este sector, no se aplican las consideraciones mencionadas. De esta forma, no gozan de igual manera de la protección y los mecanismos legales contra la discriminación laboral que facilitan la conciliación entre responsabilidades familiares y empleo. A su vez, la menor remuneración de este sector las dota de menores ingresos para desfamiliarizar parte de las responsabilidades de cuidado.
5. Reflexiones finales
El presente capítulo ha buscado reflexionar sobre la desigualdad de género en América Latina retomando ideas, conceptos y metodologías especialmente fructíferas dados los rasgos específicos de los estilos de desarrollos de la región. De esta manera, el diálogo entre los enfoques empleados ha permitido examinar las formas que adquiere esta desigualdad en nuestras latitudes teniendo en cuenta las articulaciones que se efectúan entre la organización de la producción (marcada por la heterogeneidad estructural) y la organización social del cuidado. A su vez, los hallazgos para el caso argentino ponen de manifiesto las tensiones entre la inserción de las mujeres en el mercado laboral, como medio para lograr su autonomía económica, y las responsabilidades de cuidado.
Más específicamente, se entiende que ante un mercado que no absorbe a la totalidad de la fuerza de trabajo en espacios de calidad, ante una marcada segregación laboral que ubica y concentra a más de la mitad de la ocupación femenina privada en el peor espacio de la estructura del empleo (mientras los varones gozan de una inserción distinta y con mayores privilegios), y ante una organización social del cuidado que implica mayor carga de trabajo reproductivo no remunerado para las mujeres al interior de los hogares, las posibilidades materiales de autonomía económica de éstas, mediante su inserción en el mercado, son escasas y débiles. A su vez, las chances se hacen mucho más lánguidas para aquellas mujeres de los sectores más vulnerables. De este modo, el examen y reconfiguración de las políticas públicas, en general, y de las estrategias de desarrollo con equidad deben atender a estas conexiones entre lo productivo y lo reproductivo para dar respuestas adecuadas a nuestra realidad.
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- Este enfoque será retomado en los capítulos 3 y 6 así como en el epílogo de este libro.↵
- Esta sección y la siguiente se basan en el trabajo de Alonso (2019a). A su vez, se agradece a Corina Rodríguez Enríquez por sus comentarios ya que fueron sumamente valiosos para elaborar la presente sección.↵
- En este punto es importante destacar los límites que la literatura más reciente ha señalado a la propia noción de género dado el abordaje binario de la misma. Reconociendo estas críticas, en este capítulo se entiende que el abordaje original es suficiente para la problemática que se pretende abordar.↵
- Para un estudio de la heterogeneidad en la estructura económica argentina y sus efectos en los indicadores laborales y de ingresos, v. Lavopa (2007), (2008); Infante (2011); Abeles Lavarello y Montagu (2013); Alonso (2020).↵
- Para mayor precisión de las decisiones metodológicas tomadas, v. Alonso (2020).↵
- En este trabajo el sector informal incluye a: i) los/as patrones y asalariados/as en establecimientos privados con cinco o menos personas; ii) los/as trabajadores por cuenta propia no profesionales –quienes se desempeñan en una ocupación cuyo nivel de calificación es técnico, operativo o no requiere calificación–; iii) los/as trabajadores del servicio doméstico; iv) los/as trabajadores familiares sin salario. Por su parte, el sector formal reúne a: i) los/as trabajadores por cuenta propia profesionales –quienes están insertos en una ocupación cuyo nivel de calificación es profesional–; v) los/as patrones y asalariados/as de establecimientos privados con seis personas o más.↵
- Los relevamientos sobre Uso del Tiempo (UT) que se llevaron a cabo en la Ciudad de Buenos Aires entre 2005 y 2016; la Encuesta sobre UT realizada en la Ciudad de Rosario en el año 2010; el módulo de Trabajo no Remunerado y UT aplicado en 2013 a la Encuesta Anual de Hogares Urbanos con cobertura a nivel nacional; entre otras experiencias.↵
- Para una visión más profunda de las diferencias en la desigualdad de género entre los hogares con y sin responsabilidades de cuidado infantil, véase el capítulo 6. Allí, la ausencia de ingresos laborales de las mujeres en hogares con infantes permite ahondar la visión en torno al problema de la falta de autonomía económica dentro de la actual organización social del cuidado en Argentina.↵

















