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4 La historia es una literatura contemporánea

AK: Usted nos lleva a una obra más teórica que la Historia de los abuelos que no tuve, una obra que es quizás el fundamento teórico o la consecuencia teórica del libro sobre sus abuelos, que es La historia es una literatura contemporánea. Allí hay un argumento muy fuerte en favor de poner en relación literatura e historia. Un argumento que organiza las articulaciones entre una y otra escritura, entre los modos en que se vuelven indistinguibles en cuanto se reconoce la racionalidad que subyace en ambos discursos. Pero me parece que la idea de literatura que está presente en La historia es una literatura contemporánea es una idea de la literatura muy pegada a la idea de relato o narración, que de algún modo soslaya las dimensiones de la literatura como un lenguaje que se articula a sí mismo, y no que cuenta vidas ajenas. Quiero decir, uno puede pensar en una literatura radical, una literatura un poco menos decimonónica, que no es una literatura que cuenta historias. ¿Cómo esta literatura, que es el lenguaje literario en su sentido más fuerte, entra en relación con lo histórico?

 

IJ: Me plantea una pregunta magnífica y también difícil. Por eso seguramente es una buena pregunta. Responderé reflexionando sobre la definición misma de la literatura. ¿Qué significa lo literario, la calidad literaria? ¿Podemos definirlo? Todos los escritores lo intentaron. Sartre, por ejemplo, al igual que otros. Mi libro propone considerar la historia como una literatura contemporánea. No para destruir la historia ni para relajar el método. No para debilitar el protocolo científico sino, al contrario, para reforzarlo. Para decir que la historia es mucho más científica cuando es literaria. Porque asume su faceta de investigación. Porque el investigador dice “yo” y no es meramente un docente universitario. Es también un hombre, un nieto, un padre de familia, un ciudadano, alguien que siente cosas, que se plantea las preguntas de su tiempo. Una investigación es un ida y vuelta entre la historia, el pasado, el presente. Muy a menudo pensamos que la historia se conjuga en pasado. Eso no es cierto. Un historiador es alguien que vive aquí y ahora. Es una persona viva que se plantea las preguntas de su tiempo. Un historiador es alguien que tiene su vida personal. Es también alguien que busca las huellas del pasado. Y esas huellas existen: son los monumentos, los archivos, los testigos, personas que existen y objetos que han sobrevivido. Todas esas herramientas –la huella, la investigación, el “yo”– son nexos entre la índole investigativa de la historia y su carácter también profundamente literario. Creo que traban el vínculo entre el carácter científico, riguroso, de la historia y su dimensión literaria, sensible, abierta a la polivalencia, a la profundidad, a la indeterminación del mundo.

Ahora bien, la objeción podría ser: decir que la historia es una literatura contemporánea es una manera de debilitarla. Por ejemplo, diciendo que la historia es ficción o diciendo que la historia es un mero relato. Y frente a esa objeción diré que la literatura es mucho más que eso. La literatura no es necesariamente la ficción. La literatura no es necesariamente el relato. ¿Qué es entonces la literatura? No lo podemos responder o necesitaríamos varias vidas para hacerlo. Pero sí podemos responder mediante palabras, intuiciones, pistas. La literatura es un trabajo sobre el idioma. También es la construcción narrativa. La literatura es un cierto ritmo, una cierta atmósfera, una cierta manera de contar, de respetar también la parte de misterio en las personas. La literatura es también la búsqueda de lo verdadero. De cosas verdaderas. Como ve, multiplico las respuestas sin haber pronunciado la palabra ficción. Así, podemos perfectamente imaginar una literatura que no sea ficcional. Y ahí puedo remitirme a prestigiosos antecesores: Rousseau, Montaigne y, más cerca de nosotros, en el siglo XX, Primo Levi, Solzhenitsyn. Dos premios nobeles de literatura: Patrick Modiano y Svetlana Aleksiévich. Ninguno de esos escritores hace ficción. Creo que podemos recordar que la historia es una literatura particular, una literatura de lo real, una literatura que intenta desesperadamente comprender lo que pasó. Lo que ocurrió, lo que nos ocurrió. Y, por eso, podemos recordar que la historia es literatura sin jamás debilitar su rigor, su fuerza de explicación. Al decir que la historia es una literatura contemporánea no estoy diciendo que sea una novela. Digo simplemente que la literatura y la historia permiten comprender el mundo a través de una investigación. Por ende, llevo la historia más hacia el lado de la investigación, de la no ficción, del periodismo, de las crónicas de viajes, de la biografía. Es decir, todos esos escritos que permiten comprender el mundo a través de una investigación. En ese sentido, sí, la historia tiene su lugar dentro de la literatura.



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