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3 Historia de los abuelos que no tuve

AK: Detengámonos un poquito en esta obra que es el centro de la preocupación por los ausentes, por los abuelos asesinados por los nazis. Esa obra que no intenta llenar el vacío –es decir, que no intenta reescribir las biografías de los que no están– sino entender el vacío, ponerle un límite, evitar que se derrame sobre el resto de los vivos. Es una obra de difícil clasificación. Una obra sin duda de historia. También una obra memorística. Es un ensayo. La hibridación, la mezcla de géneros parece buscar empatía con el tema mismo de la obra, un tema que no es posible abordar con un solo discurso o con una sola herramienta cognitiva o de investigación. Hay allí una mezcla de curiosidad y angustia que es causada por el vacío que deja en la genealogía ese dato terrible que es la sustracción de los antepasados. Pero la sustracción no por el peso de la biología, sino por el peso de la historia, una sustracción anticipada. Es como quitar algo que debía estar aun después que uno, y sin lo cual uno no podría haber existido y de hecho no pudo existir sin eso que fue sustraído. Pero si bien usted decía que no es literatura, hay un espíritu literario, del modo en que hay un espíritu ensayístico en la obra de Sebald. Hay un espíritu literario en la Historia de los abuelos que no tuve, hay un intento de reponer algo que por definición se escapa, que por definición se fuga, que por definición es irrecuperable. Y a ese espíritu del escritor se mezcla el espíritu del historiador que quiere fijar, que no quiere admitir la desaparición. El historiador quiere poner datos, hechos, información, explicar a partir de eso. ¿Cómo coexisten estas dos pasiones tan contradictorias, la de restituir y la de aceptar el desvanecimiento?

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Matès (abuelo paterno de Ivan Jablonka) con sus hermanos Henya y Hershl (sin fecha, © Ivan Jablonka, archivo familiar).

IJ: Su pregunta en un punto implica preguntarme qué hago. Y es una pregunta que me concierne. La respuesta es que no lo sé muy bien. Creo que hay que asumir esta especie de incertidumbre, esa duda, porque las ciencias humanas, y la historia en particular, también son el campo de la duda. Intenté, en la biografía de mis abuelos, hacer varias cosas a la vez. Mi libro es un libro de historia, por supuesto. Son dos judíos atrapados entre Stalin y Hitler. Mi libro también es un libro de sociología, porque intento entender cómo atravesaron ellos diversos medios sociales. Mi libro también es una investigación que busca encontrar la huella de personas que desaparecieron de los radares, que no vemos más. Mi libro es un trabajo literario que reconoce la parte de misterio que hay en la gente, la parte de indeterminación. Su poesía, también. Mi libro es quizá también una investigación criminal. Porque al fin y al cabo fueron asesinados, y uno intenta entender qué ocurrió. Mi libro es una biografía, porque cuento la vida de personas que estaban tan vivas como usted o como yo, como todos nosotros. Con sus normalidades, sus amistades, sus amores, sus proyectos, sus éxitos, sus fracasos. Mis abuelos no estaban destinados a morir en Auschwitz. Eran también novios, militantes comunistas, padres, personas que tenían su vida. Hay un aspecto sumamente biográfico en mi trabajo. Rememoro su vida y no su muerte. En mi libro hay un aspecto de autobiografía. Porque hablo de mí como nieto, obviamente; pero también como historiador, investigador, en la medida en que emprendí un proyecto, una búsqueda, en todos los sentidos del término. ¿Qué hice finalmente, entonces? No sé y creo que se debe respetar un poco esa dosis de indeterminación que hace que la historia sea también una literatura contemporánea. La historia es una indagación y una investigación sobre los ausentes; pero también sobre lo que hacemos, lo que somos. Un libro siempre es un espejo. Es un espejo tendido hacia el pasado, hacia los lectores, hacia uno mismo. Por eso creo que la historia, en el momento en que es ella misma una ciencia humana, también resulta profundamente literaria. Respeta la parte de sufrimiento que hay en toda historia humana. También respeta la profunda fuerza de vida en todos los seres humanos y, en particular, en quienes desaparecieron.



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