El problema de investigación
Esta tesis tiene sus orígenes en 2002 cuando me recibí de socióloga y comencé a desarrollar mis primeras prácticas de investigación en el Centro Cultural de la Cooperación, luego de algunas vueltas por otros temas sobre cooperativas; aparecieron en los medios las primeras noticias de las recuperaciones de empresas. La/os colegas comenzaron a introducirse en ese campo de investigación y cuando el fenómeno fue creciendo en envergadura ya no pude resistirme, el tema me resultaba apasionante. No tanto desde una perspectiva romántica sino por el desafío que para trabajadora/es manuales significaba hacerse cargo de la gestión de una empresa. Luego de las primeras entrevistas supe que el tema me apasionaba. Desde esos años con idas y vueltas con cansancio y vuelta al entusiasmo el tema acompaña mi desarrollo profesional.
Entre los varios recuerdos en particular en una cena académica un economista cubano nos preguntaba sobre el fenómeno y en cierto momento nos planteó: “ustedes lo que tienen que escribir es un manual sobre cómo recuperar una empresa”. Desde ese momento me acompaña la pregunta sobre cómo gestionar la autogestión, cómo explicar que no hay recetas, no hay caminos y cómo contribuir desde la sociología a la construcción de un modelo participativo, democrático y solidario de empresa.
Las empresas recuperadas refieren a unidades productivas que se reconvierten en cooperativas de trabajo, originadas en la acción colectiva de los asalariados en defensa de su fuente laboral (Bialakowsky, et. al, 2003 y 2004; Fajn, 2003; Fernández Álvarez, 2007; Itzigsohn, 2009; Kasparian y Rebón, 2020). Las empresas recuperadas generalmente son pequeñas y medianas, pasaron a ser gestionadas por la/os trabajadora/es bajo la forma cooperativa de trabajo. Esta forma jurídica y organizacional facilita la democratización de la gestión al imponer el modelo de una persona un voto, ya que cada trabajador/a puede decidir sobre el presente y el futuro de su propia fábrica. Son territorios fecundos donde se producen diversas innovaciones en términos productivos, democráticos y solidarios.
Si bien hay algunas experiencias anteriores de la recuperación de empresas en nuestro país, el fenómeno comenzó a expandirse a partir de la crisis generalizada de finales de 2001 y comienzos de 2002. El movimiento fue, en principio, “defensivo”, ya que se centró fundamentalmente en la conservación de los puestos de trabajo. Sucedió que, en medio de la crisis, muchos empleadores decidieron cerrar las fábricas. Algunos las abandonaron, otros llevaron adelante quiebras fraudulentas, otros les propusieron a la/os trabajadora/es que continúen con el negocio. De esta manera, la/os trabajadora/es tomaron la iniciativa de darle continuidad a la unidad productiva.
Así fue como emprendieron una serie de cambios en las formas organizativas internas y en las modalidades autogestivas de democracia y participación, que impulsaron un salto hacia adelante. Demostrando efectivamente que la/os trabajadora/es están capacitados para gestionar empresas, es decir, que otra forma de producir y organizarse es posible.
Las empresas recuperadas por sus trabajadora/es ascendían a 396 en el año 2019 en la Argentina (Programa Facultad Abierta, 2019). Se localizan en veinte de las 24 provincias del país. Entre Las principales ramas, se destacan industrias como la metalúrgica, la alimentación y la gráfica, pero el proceso se ha difundido también a los servicios como la gastronomía, la salud, la educación y el transporte.
Las cooperativas de trabajo constituyen una forma particular de organización en su doble carácter (Petriella, 1998 y 2006; Vuotto, 1994). Son empresas que deben cumplir con los parámetros de la actividad económica compitiendo en el mercado y, también, funcionar como una organización de personas que se estructura en torno a la propiedad colectiva, la participación y la democracia. Este doble carácter configura un territorio en tensión que hace de las cooperativas una forma particular de gestión en la búsqueda de administrar en forma equilibrada aspectos nodales que aparecen como contradictorios o en tensión y que requieren de una articulación productiva de lo económico con lo político, de la eficiencia con la democracia interna, de la calidad en sus productos y prestaciones con la participación de sus asociada/os.
La doble lógica organizacional posee un impacto directo en el proceso de toma de decisiones, en las relaciones de poder, en la organización del trabajo y en la dinámica participativa. Los conflictos, potenciados por esta particular configuración y su forma de abordarlos están mediados por estructuras, procesos y tensiones que requieren de la búsqueda del equilibro.
Los efectos del desequilibrio en algún ámbito pueden generar un sesgo netamente empresarial, que privilegie el desempeño económico por sobre los derechos de la/os asociada/os, relegando los idearios y la democracia interna. Por el contrario, se puede generar una lógica orientada exclusivamente sobre lo político – reivindicativo, dejando de lado la gestión del trabajo, la calificación de la/os trabajadora/es, la innovación tecnológica, o de los productos y servicios. Recostarse solo en una de las lógicas genera desequilibrios en la pérdida de capacidades productivas, sociales o de trabajo.
Por otra parte, a lo largo del siglo XX, fueron desarrollándose escuelas cuyas propuestas, visiones y estrategias sobre las relaciones laborales al interior de la empresa privada, construyeron una pretendida teoría universal sobre los modos de gestionar el trabajo. Taylorismo, fordismo, escuela comportamental y diversas experiencias posfordistas se sostienen sobre la base de un principio jerárquico, el objetivo común de generar valor en la producción y el aumento de la productividad. Estos modelos organizacionales plantean formas específicas de gestionar el trabajo, basados en diversas modalidades de control. Las empresas recuperadas son la continuidad del proceso de trabajo planificado en torno a algunos de estos modelos productivos. Sin embargo, son reconfiguradas en su organización interna y en la estructura de la propiedad (Kasparian, 2017).
La organización del trabajo refiere al conjunto de aspectos técnicos y sociales que intervienen en la producción de un bien o servicio. Incluye las siguientes dimensiones: la división del trabajo, las funciones de comando, control y regulación, la distribución de excedentes repartibles, la jornada laboral, la capacitación, la calificación, la transmisión de saberes, los criterios de incorporación de nueva/os trabajadora/es/ asociada/os y el medio ambiente de trabajo (Novick, 2000). Sobre la base de estas dimensiones la tesis se pregunta: ¿en qué medida se configura un modelo alternativo de organización del trabajo? ¿cuáles son las innovaciones que se llevan adelante en la organización del trabajo en las empresas recuperadas en tanto unidades productivas autogestionadas y estructuradas sobre un doble carácter?, ¿se esboza un nuevo modelo de posfordismo obrero? ¿cuál es el carácter que adoptan las modalidades de novedosas de organización del trabajo? y ¿en qué medida las formas novedosas de gestión constituyen innovaciones con respecto a las empresas precedentes, a las diferentes a las formas capitalistas de gestión del trabajo y al cooperativismo tradicional?, ¿cuáles son los factores de los que se nutren las innovaciones organizacionales?
Cabe aclarar que existen diferencias significativas entre las cooperativas de trabajo tradicionales y las empresas recuperadas que ameritan un tratamiento analítico diferenciado. Fundamentalmente el origen de las cooperativas de trabajo se sustenta en el deseo de sus fundadora/es de construir un tipo de organización especial centrada en el trabajo y con determinados principios y valores. Las empresas recuperadas adscriben a la forma jurídica debido a que resulta la forma más sencilla de resolución a los problemas de continuidad laboral. Esta diferencia fundamental habilita el tratamiento de dos campos de análisis diferenciados. Por otra parte, se hace referencia al cooperativismo tradicional que alude fundamentalmente al cooperativismo de servicios y supone un tipo de empresa más enfocado en la dimensión económica, con grandes cantidades de trabajadores no socia/os, donde las prácticas democráticas son más cercanas a las formas representativas. En síntesis, el cooperativismo tradicional no está incluido en la definición de autogestión que se desarrolla en el libro.
El concepto de “innovación organizacional” fue acuñado en el campo de la administración de empresas para referir a procesos de cambio planificado que introducen un nuevo producto, proceso, método o práctica en la organización y sus relaciones. En esta tesis, se parte de una visión crítica del concepto de innovación organizacional, fundamentalmente de aquellas propuestas cercanas a los enfoques neoliberales que plantean una visión despolitizada, economicista y alejada del conflicto social (Alonso y Fernández, 2013). En contraposición, se define como:
una intervención iniciada por actores sociales para responder a una aspiración o satisfacer una necesidad, para ofrecer una solución o crear una oportunidad de acción para modificar las relaciones sociales, transformar el marco de acción o proponer nuevas orientaciones culturales a fin de mejorar la calidad y las condiciones de vida de la colectividad (Bouchard, 2013, p. 8).
La innovación social supone “una aplicación novedosa, incluso si no es original, puede tratarse de una adaptación, combinación de ideas o aplicación a nuevos ámbitos” (Vuotto, 2011b, p. 162).
De esta manera, la tesis se propone explorar descriptiva y analíticamente las innovaciones que se producen en la organización del trabajo en las empresas recuperadas en la actualidad en la Argentina. La hipótesis que se sostiene plantea que las innovaciones no logran configurar un modelo alternativo de organización del trabajo. Al mismo tiempo en las empresas recuperadas de consolidación autogestiva, es decir las que están orientadas a resolver las tensiones de las cooperativas (entre el sostenimiento de la actividad económica y la consolidación de la democracia participativa), se observa la existencia de una serie de dispositivos organizacionales innovadores tendientes a integrar esas tensiones. A su vez, el carácter de estas innovaciones tiende a asumir un modelo experimental, de prueba y error. Su basamento fundamentalmente se encuentra en la apertura de las empresas recuperadas hacia otros actores.
La tesis posee cuatro objetivos específicos. En primer lugar, identificar y describir las innovaciones que se producen en las empresas recuperadas en lo referido a la organización del trabajo. En segundo lugar, indagar sobre cada una de las innovaciones organizacionales especificando las características, los orígenes y los impactos que han tenido en la gestión de cada una de las empresas recuperadas analizadas y su relación con respecto a las formas capitalistas de gestión del trabajo de las empresas precedentes y el cooperativismo tradicional. En tercer lugar, analizar los factores que inciden u obstaculizan la existencia de innovaciones organizacionales y su relación con los niveles de diferenciales de autogestión. Por último, plantear un marco hipotético conceptual sobre organización del trabajo e innovaciones en las empresas recuperadas.
Con el acervo de casi dos décadas de experiencias de recuperación de empresas, la literatura sobre el tema es extensa. Una parte de las investigaciones se ha centrado en las etapas iniciales del conflicto, en la descripción de la recuperación de las empresas y en las características de la organización del trabajo (Balladares, 2012; Bialakowsky, et al, 2003; Bialakowsky y Robledo, 2004; Vieitez y Dal Ri, 2001; Calloway, 2010 y 2016; Di Capua y otros, 2006; Fajn, 2003[1]; Fernández Álvarez, 2007; Rebón, 2007; Palomino, 2003; Palomino, et al, 2011 y Wyczykier, 2009). Los hallazgos de algunas de estas investigaciones planteaban la existencia de un vínculo entre la lucha de la recuperación y los procesos de gestión interna adoptados posteriormente. En aquellas fábricas en donde el conflicto había alcanzado mayor intensidad se estructuraron lazos sociales más estrechos, sólidos compromisos y activa participación que impactaron en los procesos autogestivos (Fajn, 2003; Rebón, 2004; Rugieri, et al, 2009). Wyczykier (2009) analiza el proceso de trabajo en tres empresas recuperadas y plantea la existencia de dinámicas “recolectivizadoras”.
Otras investigaciones profundizaron sobre las rupturas producidas en los procesos de trabajo en la etapa de consolidación de las empresas recuperadas (Atzeni, 2012; Angélico y Dzembrowski, 2009; Bialakowsky, et al, 2004; Di Capua, et al, 2011; Hudson, 2011; Perbellini, 2016; Deux Marzi, 2014 y Salgado, 2012, 2014). Hudson (2011) esboza un retroceso de las relaciones de cooperación interna y externa, observa un repliegue en la participación y tendencias delegativas por parte de la/os trabajadora/es, en síntesis, inexistencia de gestión colectiva. Por su parte, Deux Marzi (2014) sostiene que la experiencia de trabajo “sin patrón” posibilitó la “des-naturalización” de la disciplina patronal y la construcción de nuevos dispositivos organizativos. Sin embargo, la propiedad de los medios de producción no es suficiente para garantizar autonomía en la construcción y consolidación de regímenes de trabajo autogestivos. Los procesos de recuperación de empresas están sujetos al mercado que restringe los grados de libertad y autonomía para la (re)creación de los dispositivos organizativos. Kasparian (2017) analiza los conflictos de trabajo en una empresa recuperada de servicios y concluye que se producen nuevas relaciones de politicidad al interior que configuran clivajes donde la confrontación se produce entre proyectos político-productivos que se encarnan en liderazgos personales. De esta manera, concluye que la nueva forma socioproductiva proporciona dinámicas más democráticas y horizontales, democratizando también el conflicto, al permitir la participación de toda/os la/os asociada/os bajo patrones de horizontalidad. Por su parte, Kasparian y Rebón (2020) reconstruyen los factores que posibilitan la consolidación de las empresas recuperadas, enumeran los siguientes: 1) los recursos heredados (buen estado de la unidad productiva, buen posicionamiento del bien o servicio) 2) la participación en organizaciones de empresas recuperadas o sindicatos, 3) contar con productos competitivos en el mercado, 4) apoyo del Estado y las políticas públicas, 5) apoyo de la comunidad local, 6) el acceso a la tenencia legal del inmueble y las maquinarias, 7) la continuidad de un grupo o un proyecto en la conducción de la cooperativa que le otorgue importancia a la gestión económica, 8) el acceso al crédito y la existencia de una política de capitalización en el mantenimiento de las maquinas e inversiones, 9) políticas de integración del colectivo laboral que incluye la formación y la capacitación, la incorporación de profesionales, la existencia de normas de regulación del trabajo y por último 10) la localización en una zona o sector favorable o un contexto económico favorable al inicio de la recuperación.
A su vez, diversos estudios analizan cuestiones referidas a la innovación. Dagnino, Brandao y Novaes (2004), Novaes (2005) Novaes y Dagnino (2006) introducen el concepto de adecuación sociotécnica para el análisis de las innovaciones comparando empresas recuperadas en Brasil, Uruguay y Argentina. En las organizaciones de la economía social se produce un acomodamiento que permite utilizar las tecnologías creadas para empresas tradicionales, adaptándolas a los fines y al sentido de la organización. Esto implica un proceso inverso de construcción en el que, una tecnología intangible es adaptada a los intereses políticos, económicos y sociales del grupo asociativo (Lassance y otros, 2004 en Deux Marzi y Vannini, 2016, p. 46). Por su parte, Vieta (2009) analiza innovaciones sociales en empresas recuperadas y se detiene en algunas cuestiones puntuales: 1) la equidad en la distribución de los ingresos, 2) las estructuras de organización horizontales enmarcadas por delegados electos y asambleas regulares que tienden a garantizar métodos de administración más transparentes, 3) la prevalencia de comités de trabajo ad hoc que se adecuan a las necesidades de cada estadio de producción particular y que son integrados a procesos de toma de decisiones y 4) estructuras de comunicación horizontal en la producción que fomentan un dialogo abierto y flexible. Finalmente, desde el Observatorio Social sobre Empresas Recuperadas y Autogestionadas (OSERA) se llevó adelante el proyecto cuyo resultado fue el libro Saberes recuperados: herramientas para la autogestión (Rebón, y otros, 2016)[2] donde se sistematizan las innovaciones organizacionales que se producen en las empresas recuperadas como respuesta a los problemas que surgen en la autogestión.
El aporte de la presente tesis se centra en la cobertura nacional del universo de análisis, ya que gran parte de las investigaciones se han centrado en estudios de casos singulares (Balladares, 2012; Dicapua, et al, 2006; Deledicque, Féliz, Moser, 2005; Fernández Álvarez, 2007, 2012; Partenio, Frassa, y Ghiotto, 2012; Partenio, Frassa y Ghiotto, 2014; Partenio, 2016; Roitman, 2008, 2015 y Srnec, 2018) o comparativos de pocos casos (Deux Marzi, 2014; Kasparian, 2017; Hudson, 2012, 2016; Itzigsohn, 2009; Wyczykier, 2009). A su vez, en la etapa de consolidación de las empresas recuperadas son escasos los materiales que abordan en profundidad las modificaciones en la organización del trabajo o lo hacen sólo en alguna de sus dimensiones (Calloway, 2016; Deux Marzi, 2014; Partenio, 2016, Perbelini, 2016 y Salgado, 2012). Por último, desde la sociología del trabajo y de las organizaciones es prácticamente inexistente una interpretación que plantee una mirada crítica sobre las innovaciones en la organización del trabajo, más allá de las empresas recuperadas, ya que predominan esquemas funcionalistas cuyo propósito central es la reproducción de los mecanismos de dominación, desde perspectivas neoliberales.
La tesis plantea una discusión abierta con las perspectivas neoliberales de la innovación social y, en particular, su adecuación al campo de la economía social y solidaria. Desde la expansión de la globalización y el modelo neoliberal, fundamentalmente en la literatura empresarial pero también académica, se produjo un aumento considerable de publicaciones que hacen hincapié en la importancia que la innovación tiene en el desarrollo y la modernización que finalmente se incorporan en los discursos y las subjetividades de la/os trabajadora/es como imposiciones.
En este sentido, el libro se enmarca en los estudios críticos de la sociología de las organizaciones, la sociología del trabajo y la autogestión. Se parte de la idea de que las diversas escuelas organizacionales se configuraron como respuestas a los problemas del capital, mientras que no existe un modelo que proponga o sistematice una forma alternativa de gestionar empresas administradas por trabajadora/es con el objetivo de reproducir la “vida” y no el capital (Petriella, 2006; Coraggio, 2008). Las empresas recuperadas nacen, crecen y se afianzan sin contar con una guía teórico-práctica sobre cómo llevar adelante la autogestión.
La teoría de la organización fue abordada a partir de una mirada esencialista del mundo social, intentando plantear cómo “son la/os trabajadora/es”, o cómo “es la cultura”, desde una perspectiva universal que desconoce las relaciones de poder, el conflicto y los contextos desde los que se piensan y planifican las organizaciones. De acuerdo con Ibarra Colado (1991) la teoría de la organización es la historia del capitalismo pensada desde los países centrales, que parte de una mirada endógena de las grandes empresas, desvinculada de procesos sociales más amplios. Según los postulados del autor, consideramos que las empresas recuperadas invitan a repensar teorías desde las orillas (Ibarra Colado, 2006), incorporando los postulados de la teoría existente, pero planteando nuevas problemáticas. Una teoría crítica de las organizaciones desde la periferia, con herramientas teóricas propias, no prescriptiva, ni moralista, sino analítica y explicitando las nuevas tensiones y conflictividades.
En similar sentido Petriella (2006) se pregunta por la razón por la que el capitalismo genera teorías de gestión mientras que el pensamiento de izquierda continúa ausente en la materia. Recién a partir de los años setenta la sociología del trabajo introduce el enfoque marxista, preguntándose sobre las especificidades de las modalidades organizacionales, el control y el disciplinamiento. Pero persiste la ausencia de la mirada del nivel meso, de lo organizacional que replica modelos jerárquicos, piramidales y burocráticos, propios de “la sociedad que pretenderían modificar” (Petriella, 2006). La teoría clásica de las organizaciones siempre es pensada desde un interés práctico, en el terreno de la gestión y desde esa mirada se construyen teorías y mitos sobre las organizaciones (Petriella, 2006).
No es intención de este libro presentar un manual sobre cómo debería ser una empresa recuperada, ni en qué cuestiones deberían innovar o no. Por el contrario, partiendo de esas ausencias, se propone analizar cómo desde la praxis y en qué medida desde el nivel intermedio de análisis se construyen organizaciones más democráticas, solidarias e igualitarias.
Por otra parte, se plantean debates sobre si las cooperativas deben copiar las técnicas de gestión, estrategias y herramientas que se proponen para las empresas privadas, que reproducen las desigualdades. Como señalamos anteriormente no son neutras y generalmente son concebidas sobre la lógica de la racionalidad del capital, en la que priman los criterios de control social y mejora del rendimiento del trabajo. Lo cierto es que tampoco se pueden omitir los avances en las innovaciones técnicas y organizacionales, en los sistemas de gestión y eficiencia (Fajn y Bauni, 2017). De esta manera, muchas de las innovaciones halladas configuran emulaciones y/o adaptaciones (Tilly, 2000) de lo sucedido en la empresa anterior que reproducen desigualdades, pero son reconfiguradas a partir de lógicas colectivas, participativas y democráticas.
Se propone profundizar en las tensiones que se producen en la organización de las cooperativas de trabajo. El carácter y la envergadura de estas tensiones se abordaron extensamente en la literatura y el debate político de los estudios sobre la economía social, solidaria y popular y los modelos alternativos de gestión (Coraggio, 2008; Partenio, Fernández Álvarez y García Allegrone, 2007; Petriella, 2006; Vázquez, 2015 y 2018; Vieitez y Dal Ri, 2001; Vuotto, 1994, 2011b)[3].
Antecedentes
El objeto de estudio: las empresas recuperadas
Como decíamos durante los últimos veinte años, la producción académica sobre el tema de empresas recuperadas ha sido fértil y fecunda, fundamentalmente se ha analizado la sociogénesis del fenómeno describiendo en profundidad la crisis de 2001, sus causas y efectos. Resumimos los aspectos centrales para detenernos luego en la etapa de consolidación de las empresas recuperadas.
Sobre la caracterización de la sociogénesis, el proceso de recuperación de empresas fue en gran medida posible debido a la existencia de una cultura centrada en el trabajo como generador de identidad que permitió enfrentar el cierre patronal (Fajn, 2003; Rebón, Kasparian y Hernández, 2016). A su vez, se destaca el carácter eminentemente defensivo de los puestos de trabajo, en tanto la estrategia de recuperación no responde a una postura ideológica previa sino a la protección de los puestos de trabajo frente a la salida del cierre de la empresa y la desocupación de su plantel de trabajadora/es (Fajn, 2003; Rebón, 2007). Esta lógica originaria defensiva de los puestos de trabajo logra que el objetivo sostenido sea la reproducción de la vida de sus asociada/os y no la maximización de las ganancias (Kasparian, Rebón, 2018).
La envergadura de la crisis de los años 2001-2002 advertida por cifras de desempleo y pobreza siderales y en consecuencia un estallido social, político y cultural dio lugar a la conformación de un movimiento sobre la base de una alianza estructurada en la resistencia de diversos actores a la mercantilización de múltiples esferas de la vida social (Rebón, Kasparian y Hernández, 2016). Montado sobre tradiciones de lucha de la clase obrera, como la toma de fábricas y la modalidad autogestiva de organización desarrollada a principios de la década del ochenta en respuesta a los primeros indicios de desindustrialización, la recuperación de empresas se instaló rápidamente en la caja de herramientas de la clase trabajadora (Fajn, 2003; Hudson, 2016; Kasparian, 2017; Rebón, 2004; 2007; Riero, 2014 y Salgado, 2012b; Vieitez y Dal Ri, 2001).
Ahora bien, el comienzo de las recuperaciones no configuró un hecho nacido de la espontaneidad, la articulación con otros representantes que actuaron de promotores (Rebón, 2007) fue clave, se constituyeron en factor determinante de la resistencia. La interacción entre promotores y trabajadora/es, junto al conflicto y negociación con otros actores (jueces, legisladores, síndicos, funcionarios, etc), dio lugar a la conformación de diversas organizaciones de empresas y fábricas recuperadas (Rebón, 2007).
Finalmente, pasada la crisis, el proceso de recuperación logró consolidarse en condiciones favorables del mercado interno (Kasparian, 2017). Las empresas se han expandido, las nuevas recuperaciones continúan en el tiempo y la mayor parte ha logrado el sostenimiento productivo y su forma de organización democrática (Deux Marzi, 2014; Kasparian, 2017).
La resolución jurídica del proceso fue en la gran mayoría de los casos la expropiación mediante la sanción de leyes para obtener, en principio, la cesión en comodato de las unidades productivas con ciertos resguardos legales. Si bien este tipo de resolución ha sido poco efectiva para avanzar hacia la propiedad real y segura en manos de los colectivos laborales, han dado una cobertura legal parcial y transitoria para el sostenimiento de la producción (Kasparian, 2017).
El movimiento de empresas recuperadas se ha fragmentado con el paso de los años por diversas cuestiones entre las cuales se destacan las características personales de sus dirigentes, algunas diferencias político-ideológicas, la instalación cultural del proceso y/o las dificultades para mantener el estado de movilización cuando lo más importante es la producción. En síntesis, la institucionalización parcial del fenómeno dio lugar a una convergencia cooperativa y al acercamiento de las empresas recuperadas a organizaciones sindicales, así como a una mayor capacidad de llegada e incidencia a los funcionarios públicos (Kasparian, 2017).
En lo referido a la definición del objeto de estudio, Wright (2015) plantea la idea de transformación intersticial, que hace referencia a experiencias que surgen en los márgenes de la sociedad y representan trincheras políticas, organizativas y sociales de resistencia al neoliberalismo. Suponen cambios a nivel de las unidades productivas en mayor medida que cambios a nivel del sistema social (Rebón, 2017). Las empresas recuperadas configuran formas hibridas, es decir, unidades productivas que ya no configuran formas de explotación capitalista, creando nuevas formas de asociatividad, pero que siguen perteneciendo y dependiendo del mercado (Dicapua, 2006). Constituyen una forma de producción asociada mercantil de la/os trabajadora/es, que parte de la reconversión de una empresa, donde se da una predominancia de su poder social en la medida en que el colectivo de trabajadora/es es propietario de la unidad productiva, pero esto se ve tensionado en su articulación con el mercado capitalista ya que requiere del intercambio en su reproducción (Kasparian y Rebón, 2018). A su vez, el carácter social se ve acotado en ocasiones por las relaciones no igualitarias que se establecen en el interior con clivajes como “socio – no socio”, o “fundador y no” como observaron diversas investigaciones ya reseñadas (Deux Marzi, 2014; Hudson, 2011; Kasparian, 2017; Salgado, 2012a). Por último, se observan limitaciones en esa apropiación social en la medida en que algunas empresas recuperadas no han alcanzado la resolución legal de esa posesión (Kasparian, 2017).
En síntesis, constituye una forma de producción asociada mercantil de la/os trabajadora/es (Wright, 2010; Kasparian y Rebón, 2018); en la cual, a pesar de observar elementos del modo de producción capitalista, el poder social resulta predominante. Esto se evidencia en que la asignación y el empleo de los recursos se encuentran determinados por el poder del colectivo de trabajadora/es autónomamente asociados. Los elementos capitalistas del modo de organizar la producción se dejan entrever en la orientación del emprendimiento a la producción de valores de cambio. Ahora bien, el esquema de hibridación presente en cada cooperativa implica que la producción de bienes de cambio se orienta al consumo de la/os trabajadora/es para la reproducción de la vida, y no a la acumulación. La venta de valores de cambio en el marco de una economía capitalista igualmente deja lugar a otros principios económicos, como la reciprocidad y la redistribución. La sustentabilidad plural (Vázquez, 2015) dentro de la que inciden la compra estatal, el compre cooperativo, el acceso a microcréditos permite desmercantilizar parcialmente la experiencia y aportarle una relativa autonomía con respecto a los condicionamientos que impone el mercado capitalista, tendiendo a su sustentabilidad (Kasparian, 2017).
A su vez, otra caracterización posible de las empresas recuperadas enmarcadas en el mundo de la economía social y solidaria permite describirlas en cuanto a su finalidad productiva: poseen un objetivo económico, son emprendimientos que pretenden superar la opción entre el mercado capitalista y un Estado central planificador y regulador de la economía. Están compuestas por diversos actores sociales que se unen para producir bienes y/o servicios, vender, intercambiar, distribuir o financiarse colectivamente, destinados principalmente a la venta en los mercados para generar ingresos. Poseen una finalidad social que se orienta al bienestar humano, no a la ganancia ni a la acumulación de capital sin límites (Coraggio, 2008). Su lógica es contribuir a asegurar la reproducción, es decir, su destino es la satisfacción de necesidades y no la reproducción del capital. Se definen por carácter asociativo: la pertenencia es voluntaria y son emprendimientos autogestionados, en los que no existe la figura de un dueño, ni de un patrón; toda/os la/os que trabajan son colectivamente poseedores de los medios de producción, se organizan y toman decisiones bajo formas democráticas y participativas. Por último, la gestión democrática hace que cada persona asociada tiene un voto. La/os trabajadora/es/as se gobiernan a sí mismos y toman decisiones sobre las políticas, es decir, definen la forma de gestión de su propia organización. Supone la igualdad en la organización, de manera que cada una/o sin importar cuán grande o pequeño sea su aporte a la organización, representa un voto en la asamblea, que es la máxima autoridad de la organización (Vázquez, 2010).
La organización del trabajo y la innovación
La tesis suma aportes de diversas perspectivas en función del análisis de los casos y las innovaciones. Tomamos en clave comparativa lo que ocurre en las empresas recuperadas sobre la base de autores que parten de una mirada crítica de la empresa capitalista desde la sociología del trabajo (Boltanski y Chiapello 2002; Boyer y Freyssenet, 2003; Edwards, 1994; Fernández Rodríguez, 2007; Neffa, 2000; Novaes, 2007 y 2015; Ibarra colado, 1991, 2006; Novick, 2000, 2002 y 2006; Smith, 1995).
En la empresa capitalista el proceso laboral se encuentra subsumido en uno más general denominado de valorización. Es decir, que los procesos de trabajo implican el consumo de la fuerza de trabajo por parte del capitalista (Marx, 2002). Singer (2008) plantea que en términos de gestión una empresa de la economía social debería ser totalmente diferente a la de una empresa privada. De acuerdo con el autor, los sustentos de la gestión alternativa son: la desconcentración de decisiones (desburocratización), la circulación horizontal de la información, el control más transparente y la mayor participación del colectivo en las decisiones.
En las organizaciones de trabajo asociativo y autogestionado, donde las tareas de gestión y gobierno no se distinguen claramente, el concepto de gestión incluye también tareas propias del gobierno, como la toma de decisiones estratégicas o el control de las acciones a realizar. La gestión de organizaciones de economía social y solidaria incluyen la gestión productiva, comercial y administrativa; la toma de decisiones, tanto estratégicas como operativas, la gestión de las responsabilidades y las relaciones grupales; y en general, la gestión de la viabilidad o sostenibilidad de la organización (Vázquez, 2015).
El concepto de gestión refiere al conjunto de procesos, prácticas, políticas y estructuras que determinan cómo se dirige, administra y controla una organización (Fardelli y Vuotto, 2014), es decir, describe la forma en que se lleva adelante la empresa, y esto incluye las modalidades en que se organiza el trabajo internamente.
Se repasan a continuación los estudios más recientes sobre este tema y las conclusiones a las que arribaron sobre las innovaciones en la organización del trabajo en las empresas recuperadas consolidadas.
Deledicque, Féliz y Moser (2005) analizan los cambios que se producen en el proceso de trabajo de una empresa recuperada de la rama papelera. La conclusión a la que arriban es que la forma de organización es la autogestión e implica la participación de toda/os la/os socia/os en la toma de decisiones. La/os trabajadora/es son la/os que organizan el trabajo, llevan adelante y evalúan la producción colectivamente. Se producen modificaciones en la selección del personal y transmisión de saberes, en las jerarquías, se pasa de un sistema de control a la coordinación de tareas y se modifica la forma de remuneración.
Por su parte, Anabel Rieiro (2014) indagó sobre las características generales de la organización del trabajo que se establecen en nueve empresas recuperadas metalúrgicas en el Uruguay. La conclusión plantea que, en lo referido a la organización del trabajo, la/os trabajadora/es optan por reproducir ciertas prácticas heredadas del esquema anterior, al mismo tiempo que redefinen nuevos modos de organizar el trabajo, tanto en las cuestiones grupales como en la designación de las tareas individuales. La/os trabajadora/es enfatizan en la mayor horizontalidad en la estructura y en la mayor polivalencia en las tareas individuales; y la eliminación de puestos jerárquicos encargados de ejercer el control del desempeño por tarea, por lo que se generan las figuras de coordinadores, referentes o responsables de sección. Estas figuras jerárquicas ponen mayor énfasis en la coordinación general del trabajo entre las distintas secciones y en el control de los procesos productivos más que el control del desempeño individual. De esta manera, surgen nuevos mecanismos de coordinación, con cargos y figuras específicas, definidas y designadas formal, o informalmente, bajo el reconocimiento de alguna/os trabajadora/es como referentes (Rieiro, 2014).
Hudson (2016) define a las regulaciones laborales como las nuevas reglas que el colectivo se auto instituye en sus relaciones de producción. Refieren a la reducción o eliminación de las jerarquías, la aplicación de una igualdad en la distribución de los excedentes, modificación de los métodos de disciplinamiento y control de tipo tayloristas, apertura de procesos comunicativos inéditos, democracia directa (vía dispositivos asamblearios) en la toma de decisiones, rotación de los puestos de trabajo para la democratización interna, incorporación de nuevos saberes, gestación de relaciones cooperativas con otras experiencias sociales, construcción de espacios culturales y artísticos a modo de apertura a la comunidad, acciones solidarias, etcétera.
Ahora bien, al mismo tiempo sostiene que la autogestión obrera también supone la aplicación de dispositivos rígidos y autoritarios de organización y gestión que disponen, incluso con mayor disciplina y dureza, las formas más negativas de la operatoria capitalista. En estos espacios las posibilidades de otro tipo de organización se encuentran obturadas, por ejemplo: coagulación del poder decisorio en una persona o grupo minoritario de personas, repliegue de las experiencias hacia su interior limitando sus relaciones cooperativas, contratación de trabajadora/es bajo condiciones precarizadas, asambleas devenidas en espacios de votación de las decisiones pensadas por poca/os trabajadora/es, procesos activos de delegación del poder decisorio, cruentas luchas de poder interno, casos de corrupción, intensas disputas entre dirigentes dentro de los movimientos representativos, etcétera.
Arriba a la conclusión de que luego de una primera etapa de lucha por la obtención de la empresa y una segunda de recomposición productiva y comercial, que demostraron un alto índice de cooperación interna y externa, la tercera fase se caracteriza por el crecimiento económico y productivo pero observa un retroceso de las relaciones de cooperación interna como también con otros actores. Aunque los medios de producción sean colectivos, la experiencia no es sinónimo de una gestión colectiva. El control únicamente abre potencialmente esa opción, pero no la instituye de forma definitiva. El repliegue de la participación se produce una vez superadas aquellas fases más críticas. Así, la/os trabajadora/es que cumplen tareas en las áreas productivas progresivamente tienden a dejar en manos del consejo administrativo las tareas vinculadas con la gestión y organización de la empresa. Observa de esta manera, la existencia de una voluntad delegativa.
Salgado (2012b) sostiene que la modalidad de distribución de lo producido adquiere en los primeros momentos un carácter más igualitario en aquellas empresas en las cuales la/os trabajadora/es compartieron luchas más intensas en el origen de la recuperación. No obstante, este carácter social igualitario no necesariamente se mantuvo. Una vez atravesado, en algunos casos se conforma una corporación que tiende a desigualar distributivamente a la/os nueva/os trabajadora/es, configurando potenciales antagonismos entre las distintas identidades socioproductivas al interior de las empresas. Encuentra una serie de criterios de desigualdad que obedecen a diversos factores: la desigualación endógena se establece de acuerdo con la antigüedad y la categoría laboral y diferencia a la/os socia/os fundadores de los que no lo son. La/os socia/os fundadores son grupos más cohesionados e integrados, lo que habilita la posibilidad de establecer desigualaciones distributivas. Matizando la hipótesis de la conflictividad[4], encuentra que, a mayor grado de conflictividad, más evidente es el carácter segmentado de la desigualación. En este sentido, la conflictividad por sí misma no necesariamente produce espacios sociales igualitarios, sino que puede modelar espacios sociales con lógicas corporativas.
Por otra parte, existe una desigualación exógena: es la modalidad distributiva basada en la condición de asociada/o a la cooperativa. Esta modalidad implica la escisión de la fuerza de trabajo en dos grupos sociales: aquella/os que pertenecen a la cooperativa siendo socia/os y los que no pertenecen a la misma, sino que son empleada/os en relación de dependencia. Lo subyacente a este tipo de retribución refiere a un criterio cuyo clivaje reside en el tipo de relación laboral que entablan estos grupos: la cooperativa empleadora (el colectivo de trabajadora/es socia/os) y el conjunto de trabajadora/es empleada/os (la/os trabajadora/es no asociada/os). La base de la posesión de ese activo productivo se constituye primero en un mecanismo de exclusión (la no incorporación de trabajadora/es como asociada/os y la negación de los derechos de control sobre la unidad productiva) sobre la cual opera un mecanismo de transferencia de recursos (de explotación) de la/os empleadores a la/os empleada/os.
De esta manera Salgado (2012b) identifica que ambos tipos de diferenciación de retiros son reflejo del acaparamiento de oportunidades, a partir del control de activos de organización (puestos de trabajo que refieren a la función de dirección y de vigilancia de la unidad productiva, así como puestos de gestión cooperativa; autoridad moral para establecer y legitimar criterios de diferenciación de los retiros), por parte de aquella/os que participaron de la recuperación de la empresa, comúnmente denominados “socios fundadores”. Concluye que la dinámica de la relación entre los grupos configura dos clivajes sobre los que se sustenta la desigualdad: “socio fundador-socio nuevo” y “socio-no socio”.
Ruggeri (2011) plantea que el trabajo autogestivo posibilita otras formas de satisfacción impensables bajo la relación patronal. El clima de trabajo es más distendido, sustraído al control y sin la supervisión permanente de capataces, ingenieros y patrones. Se alcanza mayor libertad dentro de los establecimientos: sacan los relojes, escuchan música, relajan las condiciones opresivas vividas en la relación laboral de explotación. Estas medidas forman parte de la nueva productividad.
Desde otra perspectiva, Deux Marzi (2014) introduce el concepto de régimen de trabajo que permite caracterizar la interacción entre las instituciones y las prácticas de trabajo. Concluye que los procesos de recuperación de empresas siguen estando sujetos a la disciplina del mercado que restringe los grados de libertad y autonomía para la (re)creación de los dispositivos organizativos.
En lo que se refiere a la organización del trabajo, observa que las dos cooperativas analizadas replican la división del trabajo representativa de las sociedades capitalistas a través de la reactualización de los dispositivos organizativos heredados de la empresa anterior. En las actividades para la comunidad realizadas en la cooperativa de servicios, las lógicas organizativas son diferentes porque su realización implica la puesta en juego de capacidades y habilidades diversas que reintegran los procesos diferenciados. La tradicional separación entre producción y gestión, y entre ejecución y control logra revertirse en la realización de estas actividades. A diferencia de las actividades productivas, las actividades para la comunidad no son de carácter mercantil, y el intercambio entre personas o grupos sólo puede realizarse en términos de la reciprocidad y la solidaridad. Al mismo tiempo, no son un medio para “ganarse la vida” sino que constituyen fines en sí mismos (Deux Marzi, 2014).
Por otra parte, Perbellini (2016) a partir del estudio de dos casos en la Provincia de Santa Fe, analiza la configuración interna de empresas recuperadas en su etapa de consolidación. En particular se enfoca en la organización del trabajo y la identidad laboral. Considera que constituyen un híbrido, ya que implican unidades productivas en las cuales se ha modificado la relación capital-trabajo anterior a partir de la creación de formas asociativas y cooperativas de trabajadora/es, pero que siguen quedando dentro y dependiente del mercado capitalista. A su vez, devienen espacios complejos donde coexisten rasgos de la empresa tradicional, yuxtapuestos con aquellos propios de una empresa autogestionada. En cuanto a la organización del trabajo, se detiene en la perspectiva de la psicodinámica del trabajo de Dejours y plantea que implica establecer una serie de procedimientos colectivamente definidos y sostenidos que cumplen la función de regular y organizar el proceso de trabajo, además de integrar el colectivo laboral. Finalmente, sostiene que la conformación de un colectivo de trabajadora/es supone la invención y la vigencia de reglas de trabajo comunes, sin las cuales no es posible referirse a un colectivo, sino más bien a un grupo de personas (Perbelini, 2016).
En este sentido, resulta productivo el aporte del concepto de autorregulación en tanto prácticas colectivas que reemplazan la disciplina fabril y su estructura vertical. La autorregulación refiere al conjunto de normas consensuadas colectivamente por la/os trabajadora/es mediante la asamblea en contraposición a la disciplina fabril de la fábrica bajo patrón (Calloway, 2009). Estas reglas compartidas que se van construyendo a partir de la práctica de la autogestión son el resultado tanto de la emulación como de la innovación (Kasparian, 2017).
Sobre la innovación en la organización del trabajo en las empresas recuperadas, en diversas investigaciones se hizo hincapié en que el proceso de recuperación de empresas ha implicado la introducción de una serie de innovaciones en los espacios sociales y físicos que entran en posesión de la/os trabajadora/es (Dicapua, 2014; Fajn, 2003; Rebón, 2004, 2007; Salgado, 2012b).
En términos generales se parte de la idea de que el conflicto mismo de la autogestión supone una invención. Los procesos organizativos autogestionados son los espacios donde surgen estrategias particulares de cada grupo social en la búsqueda de soluciones a los conflictos, es allí donde se produce la posibilidad de la invención, que permite la génesis no solamente de nuevas formas de organización del trabajo sino de nuevas formas de asociatividad (Dicapua, 2014).
Luiz Inácio Gaiger (2007) sostiene que las innovaciones principales de estas experiencias se concentran en el ámbito de las relaciones internas.
La idea de autoregulación ya citada (Calloway, 2009) presupone la invención de una respuesta ante los problemas diarios que obstaculizan la producción, por ejemplo: las llegadas tarde, las ausencias sin aviso, los retrasos en la producción, los faltantes de dinero, el tiempo del almuerzo, etc.
Por último, Novaes y Dagnino (2004) introducen el debate sobre la innovación tecnológica en las empresas recuperadas. Plantean que la cuestión es: cuál es el papel del desarrollo tecnológico en los procesos autogestionarios. El tema no se reduce a qué tipo de tecnología se produce y para qué sirve, sino a qué clase de relaciones sociales de producción responde. Se preguntan por las consecuencias de tratar de aprovechar sin ningún tipo de adecuación o adaptación la tecnología pensada para los modelos de gestión generados por el capitalismo a la forma de producir de la autogestión. El aporte de estos autores es el concepto de Adecuación Sociotécnica, es decir, la necesidad de un proceso de adaptación de la tecnología existente a la formación de nuevas relaciones sociales de producción, tomando al mismo tiempo como problemas los condicionamientos que generan este tipo de procesos y las dificultades inherentes a los mismos.
De esta manera, los autores caracterizan las innovaciones sociales en las empresas recuperadas como procesos que trastornan, condicionan, reemplazan o generan alternativas a los mecanismos de gestión y la lógica de racionalidad económica de la empresa capitalista sobre la cual se monta el proceso de autogestión. Estas transformaciones no implican necesariamente el proceso de trabajo o el modelo productivo y tecnológico, sino que también y esto es fundamentalmente lo que sucedió, impactan en cuestiones sociales como, por ejemplo, la ruptura del secreto empresarial y la ampliación del uso social de la empresa hacia la solidaridad de clase o comunitaria, además de la implicancia política de la empresa recuperada y su organización sectorial en términos diferentes de los de las cámaras empresarias o el movimiento sindical.
Las tensiones en las cooperativas
Nos detenemos a analizar los antecedentes que han planteado las tensiones cooperativas en sus particularidades y efectos desde la perspectiva de los estudios organizacionales que aporta una mirada desde el nivel intermedio o meso.
Vieitez y Dal Ri (2001) plantean que el trabajo asociado bajo el capitalismo y la hegemonía de la política burguesa es un arreglo económico contradictorio. Las importantes reformas democráticas que produce, que resultan inmediatamente favorables para la/os trabajadora/es, están sujetas a estas contradicciones.
En este sentido, la hipótesis sobre la degeneración de las empresas gestionadas por sus trabajadora/es sostiene que al ser de propiedad colectiva y al poder contratar trabajadora/es asalariada/os[5] en la búsqueda de la eficiencia y de mayores ingresos, esta situación las incitaría a transformarse en organizaciones cada vez más parecidas a empresas convencionales, desintegrando el espacio económico autogestionado (Dean, 2014). Dean cita a otra gran cantidad de autores que avalan esa tesis, aunque la más conocida es Rosa Luxemburgo (2015) quien discutió fuertemente el rol de las cooperativas atribuyendo su profundo fracaso (en el marco del proceso revolucionario) al sistema que pretenden modificar porque competir en el mercado las obliga a tomar su lógica reproductivista.
Desde una perspectiva organizacional, en lo referido a las tensiones internas Vuotto (2011) hace referencia a la existencia simultánea de órganos sociales que funcionan de acuerdo con las reglas de la democracia representativa y la organización del trabajo que somete la actividad a la autoridad.
La tensión entre eficiencia y democracia plantea que la forma organizacional cooperativa requiere un equilibrio entre el funcionamiento de la asociación (que asegura la gobernanza democrática) y los ejes de desempeño de la empresa cooperativa. De acuerdo con esta mirada la eficiencia peligra ya que las decisiones fundamentales se toman colectivamente y esto insume mayor tiempo en comparación con una empresa en la que sólo un dueño decide. El equilibrio necesario de alcanzar entre las dos lógicas permite apreciar de qué manera cada elemento contribuye al desarrollo de la organización y asegura su viabilidad y sustentabilidad. La integración de estos dos aspectos asegura que la visión de la asociación no cuestione la eficacia de la empresa y, a su vez, que los objetivos de la empresa no entren en contradicción con los desafíos de la asociación, ya que la misión debe realizarse a través de la actividad de la empresa. Las ideas de integración y equilibrio se introducen como conceptos que permitirían una modalidad de imbricación de estos dos ámbitos en tensión (Vuotto, 2011). Estas tensiones producen efectos en la organización del trabajo en la medida en que la estructura jerárquica propia de la gestión capitalista entra en colisión con la estructura democrática asamblearia de la cooperativa.
En este segundo caso, las tensiones al interior de la organización oponen a los diferentes actores según su posición y de acuerdo con la distribución del poder. Pueden ser tensiones resultantes de una segmentación vertical entre la/os asociada/os y el Consejo de Administración o en el polo ejecutivo (trabajadora/es y responsables jerárquicos) es decir, por un lado, la/os responsables institucionales y por otro la/os “gerentes” designados y la/os trabajadora/es manuales o sin jerarquía. Estas tensiones pueden ser habituales más allá de que la posición de cada actor se encuentre bien definida, también pueden estimular distinto tipo de alianzas y coaliciones al interior de la organización (Fardelli y Vuotto, 2014).
A su vez, esta tensión se expresa en tres procesos organizacionales internos. En primer lugar, la identidad, ya que los miembros de la asociación son al mismo tiempo trabajadora/es, copropietarios y directores de la empresa colectiva, y esto produce fragmentaciones relacionadas al tipo de tareas, la calificación, el conocimiento, la experiencia, etc. (Vuotto, 1994). En segundo lugar, la contradicción entre el compromiso y la confrontación, la forma en que se regula el conflicto en la gestión cooperativa tensiona la regulación entre los incentivos y las contribuciones de esa/os asociada/os en términos de derechos. Esto se observa en los criterios de remuneración del capital social, las decisiones sobre la capitalización de excedentes, la incorporación de asociada/os, la relación entre socia/os fundadores y nueva/os asociada/os, etc. En tercer lugar, las tensiones de la construcción del poder, que Rosanvallon (1979) resume en el concepto de entropía democrática[6], sus observables son la tensión entre democracia y liderazgo. En particular, la rotación, la construcción de liderazgos, las diferentes especialidades, la participación, etc.
En este último sentido, la democracia interna de la cooperativa pone en disputa política la función de dirección. En este espacio se producen conflictos y se van conformando diversos clivajes que se establecen en torno de la dirección del proceso. Los liderazgos se articulan sobre el proyecto productivo político y se encarnan en liderazgos personales. La construcción de una hegemonía[7] política constituye un elemento clave para el ordenamiento y procesamiento de los conflictos. En gran medida la viabilidad productiva política, es decir, la forma en que se remienda esa tensión depende de la construcción de esa hegemonía. Según la configuración de ese proyecto hegemónico la unidad productiva puede avanzar en la potenciación de poder social, en la consolidación de procesos de igualación o en la consolidación de nuevas y viejas lógicas de desigualación del colectivo (Rebón, 2017). De esta manera, la tensión sobre las relaciones de poder refiere a la forma en que se construyen y operan los liderazgos y el énfasis que el proyecto cooperativo le otorga a la gestión económica y democrática.
A nivel más micro las tensiones impactan en la organización del trabajo, por ejemplo, en la realización de tareas administrativas, financieras, impositivas, legales, comerciales, ya que gran parte de las/os trabajadora/es no se siente capacitados y rechazan asumir responsabilidades en estas áreas de la gestión (Vázquez, 2015). En estos casos se contratan profesionales que manejan zonas de incertidumbre (Crozier y Friedberg, 1990) relacionadas con el saber hacer de la gestión que la/os posiciona en espacios jerárquicos en relación con el resto de la/os asociada/os que les proveen roles claves también en la gestión institucional, como de hecho sucede en muchas de las empresas entrevistadas en esta tesis.
Con respecto a las tensiones externas que relacionan lo que sucede en la cooperativa con el mundo externo, desde el campo de estudio de la economía social y solidaria se confronta con la mirada de autosostenibilidad microeconómica. Se propone que se evalúen los emprendimientos no desde una mirada mercantil sino desde una perspectiva integral que permita construir una sostenibilidad socioeconómica a nivel meso a partir de políticas redistributivas (Coraggio, 2008), de sostenibilidad plural (Vázquez, 2010). Esto se refiere a un conjunto complejo de políticas, instituciones y recursos que colaboran para la reproducción de estas organizaciones y de la/os trabajadora/es que las integran (Hintze, 2013). A su vez, resulta central el principio de redistribución y la capacidad política y cultural para construir alianzas y relaciones de fuerza favorables con miras a impulsar políticas públicas que permitan la sostenibilidad colectiva del sector. En sentido similar, se incluyen las dimensiones económicas sociales, ambientales e intergeneracionales (Pastore, 2010). Y se reflexiona sobre las implicancias de la sustentabilidad de los problemas vividos como un desafío cotidiano para las personas que se vinculan, participan e impulsan experiencias de gestión colectiva del trabajo (Fernández Álvarez, 2012; Partenio, 2016).
Algunas investigaciones plantean que la tensión que se produce en las cuestiones referidas a la inserción en el mercado puede ser abordada restringiendo el carácter mercantil, mediante relaciones de reciprocidad con otros actores y/o relaciones de redistribución con el Estado (Fernández Álvarez, 2012; Itzigsohn y Rebón, 2015; de Sousa Santos y Rodríguez, 2011; Wright, 2015). Así, una de las experiencias analizadas en la presente tesis alcanza la consolidación en tanto logran márgenes crecientes de autonomía con respecto al mercado clásico capitalista a través de la combinación de diversos principios económicos (Deux Marxi, 2014; Kasparian, 2017).
Ahora bien, Kasparian y Rebón (2020) señalan la importancia que tiene cierto grado de acumulación para sostener la producción, que supone evitar crisis de las empresas (Rebón, 2017). La reciprocidad y las políticas públicas difícilmente pueda suplir al mercado en las empresas recuperadas de la Argentina actual. En este marco, los criterios inclusivos de sustentabilidad no deberían soslayar la relevancia central de la sustentabilidad mercantil. En este marco, los autores subrayan la importancia de la supervivencia en el mercado, y luego su apoyo en otros principios de intercambio que limiten o complementen lo estrictamente mercantil. Lo central es que, en condiciones democráticas, un proyecto cooperativo, que tenga en cuenta el conjunto de desafíos empresariales y asociativos, alcance hegemonía política al interior de la cooperativa y logre desarrollar los mecanismos institucionales y organizativos pertinentes a la materialización del proyecto. El punto de partida, el tipo y la magnitud de la empresa de origen, así como la situación y el nivel de desestructuración durante la crisis de la empresa previa, en términos generales, condicionan el desarrollo posterior del proceso (Kasparian y Rebón, 2019).
En el mismo sentido, Deux Marzi (2014), en su análisis de la consolidación de empresas recuperadas, coloca el foco en la capacidad de afirmar y sostener un rumbo político y económico que consolide relaciones asociativas al interior y articulaciones con otras organizaciones y la comunidad hacia el exterior. La necesidad de la direccionalidad en el proceso guarda una relevancia muchas veces soslayada en la literatura a expensas de la innovación democrática.
A su vez, en lo referido a las tensiones externas en la relación con el actor estatal en toda su complejidad se expresan en primer lugar por el espacio que se le ha otorgado al sector, como señala Hopp (2013) la estrategia de “inclusión social” por el trabajo asociativo y autogestionado, impulsada por el Gobierno Nacional, encontró límites porque su enfoque no supera el sentido tradicional de la política social como asistencia a la pobreza y el desempleo. En este sentido, no existe un reconocimiento de la figura del trabajador autogestionado, que contemple sus particularidades, las necesidades de protección social y su carácter colectivo. La tensión se configura en el mismo sentido entre la necesidad de las empresas recuperadas de apoyo estatal y la autonomía como posibilidad de definir políticas propias sin los requerimientos estatales para acceder a las políticas públicas.
En este sentido, Partenio (2016) analiza el caso de una de las empresas recuperadas que aborda la presente tesis y evalúa allí la tensión entre la sustentabilidad y la solidaridad. Sostiene que estas nociones aparecen permeadas por múltiples sentidos en el escenario de una trama de relaciones y exigencias entre actores. Concluye que la empresa recuperada intenta despegarse de una noción estrictamente económica y mercantil llevando adelante una serie de proyectos denominados “hacia afuera” mediante un dispositivo local-territorial como “hacia adentro”. Por un lado, la cooperativa enfrenta presiones directas e indirectas para ser desplazada y ubicada como la parte social, secundaria y transitoria de la economía y al mismo tiempo demuestra que esos mismos criterios no eran exigidos a empresas privadas de la región (Partenio, 2016). Es decir, la autora resume dos de las tensiones reseñadas, por un lado, las referidas a la que se produce internamente entre la sustentabilidad económica y los valores propios de la economía social que la empresa recuperada logra integrar y estabilizar, mientras que la segunda aparece con los requerimientos que las políticas públicas les imponen a las empresas de la economía social y solidaria pero no lo hace con las empresas privadas.
Fernández Álvarez (2012) sostiene que la interpelación de las políticas públicas que parte del lenguaje de la eficacia y la perdurabilidad termina evaluando su capacidad para (auto)sostenerse y (auto)reproducirse en el tiempo, opacando la potencia de las empresas recuperadas como espacios de construcción colectiva.
Por otra parte, el Estado reconoce a la/os trabajadora/es autogestionada/os como autónomos. En la medida en que no se produce una dependencia laboral entre la cooperativa y sus asociados/as los/as trabajadora/es/as que se organizan como cooperativas de trabajo son considerados como trabajadora/es/as autónomos y deben enmarcarse en el régimen del monotributo para acceder a los beneficios de la seguridad social. El monotributo es un régimen tributario que unifica obligaciones impositivas y previsionales (obra social y jubilaciones), mediante la Resolución N°619/99 de la AFIP permite a los los/as socios/as de cooperativas de trabajo a adherir este régimen (Ruggeri y Mutuberria, 2015). El papel que juega el estado en la provisión de derechos genera tensiones que se expresan en la ausencia de derechos previsionales, de salud, entre otros, que sobre todo para ex trabajadora/es asalariada/os supone una pérdida considerable en sus condiciones de vida.
Las tensiones descriptas derivan en otras como las que plantea Rosanvallon (1979) quien sostiene que sería absurdo modificar las condiciones de trabajo, la organización y la división del trabajo sin modificar progresivamente los sistemas tecnológicos desarrollados por la sociedad industrial capitalista. Retomando la tesis de la necesidad de modificar la estructura tecnológica para pensar organizaciones no capitalistas.
Vázquez (2018) enumera los efectos de las tensiones que producen en el funcionamiento de las organizaciones: falta de financiamiento, aislamiento de las organizaciones, ausencia de asesoramiento y profesionales que asistan en temas legales, contables y administrativos, bajos niveles de participación de los asociados en las asambleas, problemas en cuestiones referidas al control del trabajo: impuntualidad, ausencias o baja productividad, jornadas laborales muy extensas e intensas, falta de apoyo del Estado en lo referido al marco legal, compras, subsidios, financiamiento, etc.
Por su parte, de Sousa Santos y Rodríguez (2011) ponderan, además, la radicalización de la democracia participativa y económica como factor que plantea el desafío de elaborar estrategias que permitan adoptar reglas de funcionamiento democráticas. Los autores consideran que el éxito de los casos que analizan depende de la forma en que los procesos económicos y no económicos se sustenten mutuamente. Sostienen que en los casos que analizan resulta importante la actividad económica como configuración del sustento e incentivo material mientras que el vínculo, los procesos educativos, la integración social suman energía y entusiasmo para que los miembros sigan en el proyecto y no se desmorone la organización (de Sousa Santos y Rodríguez, 2011). A su vez, aluden a la importancia de las redes de colaboración y apoyo mutuo en el éxito de las experiencias, en particular resaltan la integración que brinda la participación en un movimiento social (de Sousa Santos y Rodríguez, 2011).
Durante los últimos años la mayor parte de las empresas recuperadas han logrado en mayor o menor medida integrar o equilibrar esta serie de tensiones internas y externas relacionadas con el abordaje de la gestión del trabajo. Algunas han construido modelos de organización propios sobre la base de la democracia y la participación, aun con diferencias y desigualdades. Esto ha sido posible sin perder su identidad, la forma en que lo hicieron y su efectividad constituye la pregunta central que se plantea esta tesis.
Perspectiva teórica
La reflexión propuesta en la presente tesis constituye un intento de recuperar el llamado teórico-metodológico de Ibarra Colado (1991) de tomar críticamente los elementos de la teoría de la organización, evitando desplazamientos mecánicos al utilizarlos para el análisis de las organizaciones en contextos distantes a los que le dan origen a los conceptos nodales de la teoría. Específicamente, la idea es recuperar los aportes teóricos de la teoría de la autogestión y la innovación para problematizar procesos de cambio técnico y organizacional –y sus condiciones de posibilidad– en organizaciones pertenecientes al campo de la economía social y solidaria. Si bien en la tesis se desarrolla una diversidad amplia de conceptos que aluden a diversas perspectivas teóricas, en este apartado se presentan exclusivamente aquellos referidos a la pregunta de investigación.
La definición de autogestión combina dos categorías que permiten operacionalizarla de acuerdo con la bibliografía que se cita como antecedente. En primer lugar, la referencia a su carácter político en lo relativo a la forma en que se lleva adelante la democracia. En segundo lugar, a la forma organizacional en que se hace efectiva la autonomía tanto interna como externa.
La democracia a la que hace referencia la autogestión es la más cercana a la democracia directa, en contraposición a las formas representativas de gobierno. En este sentido, las formas delegativas se alejan del ideal autogestionario, mientras que las formas asamblearias participativas de la/os actores involucrados se acercan al tipo ideal. Lo mismo sucede con las formas que suponen el debate y la toma de decisiones aumentando el poder de las bases y disminuyendo el poder discrecional de la/os representantes. La revocabilidad y renovación de los representantes operan en el mismo sentido. De esta manera, las organizaciones autogestivas son aquellas que construyen formas de participación alternativas a la democracia representativa, plantean modalidades opcionales de toma de decisiones y buscan alternativas para conseguir el compromiso del colectivo.
Por otro lado, la autonomía en organizaciones laborales tiene dos implicancias la idea de la autodeterminación del grupo en lo referido a las reglas con las que se realiza el trabajo en la organización, de esta manera supone que el trabajo realizado se aleje lo más posible de las versiones alienantes del trabajo taylorismo – fordismo, transformando el trabajo en liberador. En este sentido desde la perspectiva organizacional la autogestión implica no la escisión entre el trabajo manual e intelectual. A su vez la autonomía en relación con el mundo exterior de la organización supone la no dependencia del Estado ni de otros privados. Una organización autogestiva es capaz de gestionar sus propios recursos, definir la forma de apropiación y distribución del excedente, la modalidad en que se divide el trabajo internamente y las estrategias de consolidación y sustentabilidad en la relación con el mundo externo.
De esta manera aquellas organizaciones con formas cercanas a la democracia asamblearia en la que la frecuencia y regularidad sea alta y en la que se tomen decisiones y se promuevan procesos de trabajo en equipo y la autonomía del Estado, serán más cercanas al tipo ideal autogestivo. Mientras que aquellas en que se encuentren formas de gestión de cuadros y la organización y el control del trabajo sea más cercana a formas tayloristas – fordistas de organización y sean dependientes de un actor externo; estarán más alejadas del tipo ideal autogestivo.
Esta definición de autogestión instala ya en su definición la idea de las tensiones en la forma organizacionales y socio productivas de las cooperativas. Nos centramos en cuatro temas que analíticamente interesan para la presente tesis. En primer lugar, las tensiones que se produce entre, por un lado, la lógica económica que exige aumento de la productividad, rentabilidad y competencia en el mercado, y, por otro lado, la empresa colectiva donde prima una lógica solidaria, los principios, valores y la democracia interna. Si la empresa pone mayor énfasis en su lógica política, se orienta exclusivamente sobre lo reivindicativo. Si la empresa pone énfasis en la eficiencia se deja de lado su carácter colectivo y se transforma en una empresa privada capitalista.
En segundo lugar, se producen tensiones organizacionales que se desarrollan al interior de cada unidad productiva, fundamentalmente en lo referido a la organización del trabajo. Esto se reflejan en las lógicas jerárquicas con las que suele funcionar la empresa privada y la lógica participativa, colectiva y democrática de la cooperativa que supone demoras en los procesos, conflictos internos y clivajes particulares.
En tercer lugar, en el proceso productivo supone producir bienes y servicios que logren niveles de sustentabilidad mercantil sin necesidad de depender de otras organizaciones como el estado o un cliente. Por último, en el aspecto jurídico las tensiones aluden a los inconvenientes que instala la legislación al considerar a la/os trabajadora/es autogestionada/os en tanto trabajadora/es independientes, como si fuesen empleados de sí mismos con las complicaciones que esto connota en términos de derechos laborales.
En síntesis, este doble carácter de las cooperativas configura un territorio en tensión que debe sostener constantes la dinámica económica, absorber las presiones del mercado y mantener las prácticas cooperativas, democráticas y autogestionarias que le son propias.
En su libro La desigualdad persistente Charles Tilly (2000) se pregunta por la forma en que se construye y sostiene la desigualdad en las organizaciones y en la vida social. Algunos de los conceptos que aporta su mirada configuran aportes fundamentales para la presente tesis. Para adentrarnos en su mirada es necesario especificar algunos de sus conceptos centrales.
El concepto de categorías refiere a los límites que distinguen unos actores de otros, que, a su vez, resultan excluidos por ese límite, y los relaciona. Las categorías solo distinguen los actores, mientras que la jerarquía produce lo que denomina desigualdad categorial. La desigualdad categorial supone atribuir cualidades distintivas a la/os actores por lo que se construyen categorías pareadas: varón, mujer; calificado, no-calificado; negro, blanco.
Luego Tilly se pregunta mediante qué mecanismos opera la desigualdad categorial.
En primer lugar, refiere a dos mecanismos principales que causan desigualdad persistente cuando sus agentes incorporan categorías pareadas y desiguales en límites organizacionales cruciales. Estos mecanismos son la “explotación” y el “acaparamiento de oportunidades”. La explotación refiere a personas que disponen de recursos de los que extraen utilidades mediante la coordinación del esfuerzo de otra/os a las que excluyen de todo valor agregado por ese esfuerzo. Por otro lado, el acaparamiento de oportunidades actúa cuando los miembros de una red categorial obtienen el acceso a un recurso valioso y lo monopolizan. Sin embargo, son los otros dos mecanismos los que resultan más fecundos para el análisis de las innovaciones: la “emulación” y la “adaptación”. Estos mecanismos refuerzan la eficacia de las distinciones categoriales cimentando los mecanismos anteriores –la explotación y el acaparamiento de oportunidades-. La emulación implica la copia de modelos organizacionales establecidos, y/o el “trasplante” de relaciones sociales existentes de un ámbito a otro. La adaptación se produce con la elaboración de rutinas diarias como la ayuda mutua, la influencia política, el cortejo y la recolección de información sobre la base de estructuras categorialmente desiguales.
De esta manera el autor plantea que la explotación y el acaparamiento de oportunidades posibilitan la instalación de la desigualdad, mientras que la emulación y adaptación favorecen su impacto, permiten que se establezcan diferencias y se naturalicen. La desigualdad categorial resuelve problemas organizacionales en la medida en que establece un acceso categorialmente desigual a los resultados valorados.
En las organizaciones laborales la emulación supone la importación de configuraciones, como las diferencias educacionales y de clase a sus pautas establecidas de diferencias. El establecimiento de pares categoriales cumple un papel fundamental en el sostenimiento de la desigualdad.
Los aportes de este autor nos permiten, por un lado, observar la forma en que los procesos de adaptación y emulación tienen consecuencias en las organizaciones que investigamos y a su vez, evaluar su impacto en la generación de nuevos clivajes, pares categoriales y desigualdades.
Por otra parte, cuando Foucault refiere al concepto de dispositivo alude a prácticas discursivas y no discursivas, formas arquitectónicas, reglas, leyes, decisiones administrativas, en particular en Vigilar y Castigar al analizar el dispositivo disciplinario alude a un conjunto de métodos que permiten el control minucioso de las operaciones de los cuerpos y que impone una relación de docilidad -utilidad (Foucautl, 1975). El concepto de dispositivo hace a las personas objeto de una práctica de poder ejercida por otros (Zangaro, 2011). En el sentido atribuido por Foucault los dispositivos organizacionales innovadores configuran una serie de reglas, decisiones que implantan nuevas modalidades de control de los cuerpos de la/os trabajadora/es, estableciendo en palabras de Tilly nuevas desigualdades categoriales.
En la tesis se entiende por consolidación al momento en que se produce la institucionalización de prácticas, rutinas organizacionales, reglas y principios que se reafirman una serie de estructuras y procesos organizativos propios que tiende a perdurar en el tiempo (Deux Marzi, 2014). En particular, la consolidación autogestiva se entiende tanto en su dimensión económico-laboral como asociativa. Son experiencias que alcanzan la continuidad productiva, preservando y creando puestos de trabajo con condiciones adecuadas, en el marco de la práctica asociativa (Rebón, Kasparian y Bauni, 2020).
Para cerrar este apartado resulta importante plantear que el discurso de la innovación posee afinidades electivas con la lógica neoliberal. De acuerdo con Laval y Dardot (2013) el neoliberalismo construye una racionalidad que pretende organizar la conducta de la/os gobernada/os. Esa racionalidad se caracteriza por la generalización de la competencia como norma de conducta y de la empresa como modelo de subjetivación. El neoliberalismo produce una subjetividad contable: mediante el procedimiento de hacer competir sistemáticamente a los individuos entre sí. El ejemplo que citan los autores son los modelos de evaluación docente según éxito de los alumnos. El hombre neoliberal es el hombre competitivo, integrado y sumergido en la competición mundial. El efecto buscado por las nuevas prácticas de fabricación y de gestión del nuevo sujeto es hacer que el individuo trabaje para la empresa como si lo hiciera para él mismo. Esta forma de racionalidad se instala en la/os trabajadora/es y hace mella a través del discurso de la innovación.
En este sentido, la tesis discute con las versiones manageriales de la innovación. Uno de los autores más citados considerado el gurú de la innovación es Richard Florida (2002 y 2005) plantea la idea de clases y ciudades creativas y postula la hipótesis de que en las ciudades con alta concentración de trabajadora/es de tecnología punta hay mayor desarrollo económico y esto a su vez incide en la atracción de nuevos “talentos”. Este tipo de literatura valora la incertidumbre y propone tomarla como “retos” (Alonso y Fernández Rodríguez, 2011).
Otra vertiente la constituye aquellas que plantean desde la gestión empresarial la instauración de modelos de organización empresariales centrados en el conocimiento como Peter Drucker (1986). Según Alonso y Fernández Rodríguez (2013) son tres los temas que instala esta literatura, en primer lugar, una mirada particular sobre la creatividad, en segundo lugar, una perspectiva específica sobre cómo debería ser el aprendizaje y, por último, los arreglos institucionales específicos que plantean una institucionalidad abocada a la innovación.
En cuanto a la creatividad se plantea que la inteligencia y el trabajo intelectual constituyen las fuentes primordiales de generación de valor. Se busca estimular la creatividad organizacional contraponiendo métodos de gestión obsoletos como la burocracia (Davis y Meyer, 1998).
En lo referido al aprendizaje para fomentar la creatividad sostienen la importancia de otorgarle autonomía al trabajador, para ello se debe empoderar a la/os trabajadora/es concediéndoles márgenes de actuación en la toma de decisiones. Se estimula el emprendizaje que es la creación de nuevas empresas o nuevos proyectos empresariales tanto al interior como fuera de las organizaciones. Esto supone que al interior las organizaciones deben estimular esfuerzos emprendedores entre sus propios trabajadora/es, lo cual significa contar, dentro de la compañía, con unidades de innovación (Alonso y Fernández Rodríguez, 2011).
El compromiso de la/os trabajadora/es resulta clave para llevar adelante estos proyectos, ya que es indispensable que se alineen con los intereses la empresa. Una de las claves del discurso de la innovación social es que no se apela sólo a las organizaciones para protagonizar los esfuerzos innovadores, sino que se especifica en la mayoría de los casos que los individuos y las instituciones deben comprometerse también (Gertler y Wolfe, 2002).
Se valoriza un enfoque empresarial más centrado en el individuo, y llegando a contraponerse creatividad y estructura de la organización (Florida, 2002). Se crean espacios de trabajo en los que el puesto de trabajo se convierte en un lugar agradable que no parece una oficina, lo que busca es borrar las fronteras entre trabajo, juego y vida personal.
Sobre esta base afloraron una serie de publicaciones como manuales de autoayuda que desde discursos como la neurociencia prescriben fórmulas sobre el desarrollo de potenciales, talentos, estimulando la creatividad para encontrar individuos creativos o formar equipos innovadores (Alonso y Fernández Rodríguez, 2011).
Por último, los discursos innovadores pretenden también modificar las instituciones para que las empresas propendan a la innovación. Las ideas de sistemas nacionales de innovación (Lundvall, 2009) hace referencia a la creación e integración de las políticas e instituciones dedicadas a la innovación. De acuerdo con estas miradas las instituciones fomentan la economía creativa (Florida, 2002).
En síntesis, el discurso innovador pretende crear empresas flexibles que estimulen la creatividad e instituciones que la faciliten. Todo esto planteado desde una perspectiva acrítica que desconoce las diferentes condiciones sociales, históricas y económicas en que se encuentran las empresas y sus trabajadora/es, aceptando sin condiciones la lógica del mercado y la competencia desenfrenada del modelo neoliberal imperante (Alonso y Fernández Rodríguez, 2011).
Abordaje metodológico
El abordaje metodológico se basa en una perspectiva de análisis cualitativo que permite describir, analizar, comprender y explicar en forma densa el funcionamiento de las empresas recuperadas y las innovaciones que se produjeron en la organización del trabajo. La metodología cualitativa posibilita el desarrollo de un proceso flexible, dinámico y recursivo sustentado sobre el paradigma interpretativo, desde el cual se analiza el objeto de estudio de manera crítica y situada para la construcción de nuevos significados (Vasilachis de Gialdino, 2007).
La representatividad de los casos seleccionados se ciñe a criterios temáticos y conceptuales, captando aspectos, atributos y dimensiones (Neiman y Quaranta, 2006; Stake, 2013) cruciales para el análisis. En este sentido, la selección que se realizó para elegir las unidades de análisis para la investigación fue el siguiente. En primer lugar, se tomó en consideración un criterio teórico de maximización de las diferencias referentes a las siguientes variables de las empresas: actividad, región, tamaño medido sobre la base de la cantidad de trabajadora/es, nivel de funcionamiento y período de recuperación de aquellas empresas que lograron perdurabilidad en el tiempo, con más de cuatro años de antigüedad. Este dato posibilita la existencia de un lapso temporal suficiente para observar regímenes constituidos. En segundo lugar, se realizaron consultas con referentes académicos y políticos de los movimientos de empresas recuperadas para la selección de casos diferentes que reflejen la diversidad del universo de análisis en los temas de la tesis.
Para definir el número de empresas recuperadas a entrevistar, considerando que no era un muestreo cuantitativo, los criterios que se tomaron en cuenta fueron, además de los recursos disponibles para la realización de los viajes, la ya mencionada variabilidad de los casos y el equilibrio entre empresas recuperadas consolidadas y aquellas que no. En el capítulo 1 se describe la conformación de la muestra.
Se entrevistó a los presidentes de los Consejos de Administración en todas las empresas recuperadas analizadas, y en algunas se realizaron a su vez otras entrevistas con actores claves de la empresa para complementar información faltante, profesionales, trabajadora/es con trayectorias históricas de la empresa o que se ocupan de procesos innovadores.
El trabajo de campo se realizó entre septiembre de 2017 y octubre de 2018 en el marco de un proyecto del Programa de Cooperativismo y Economía Social de la Universidad de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación denominado: “Factores positivos en el sostenimiento y consolidación de empresas recuperadas”. A su vez, durante el año 2020 se realizaron entrevistas a las diez de las empresas recuperadas de consolidación autogestiva de la muestra cuyos resultados permiten poner a prueba la relación entre consolidación autogestiva e innovaciones organizacionales, en el marco del Proyecto de Innovación Científica y Tecnológica de la Agencia Nacional de la Promoción de la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación: “La reproducción ampliada de las empresas recuperadas por sus trabajadora/es” dirigido por Julián Rebón y Denise Kasparian.
El abordaje de la tesis se basa en el análisis singular y comparado de casos de empresas recuperadas. La estrategia analítica es dual, dado que, por una parte, propone la reconstrucción singular de cada caso en las principales dimensiones y, por otra, el carácter múltiple del estudio nos permite abordar comparativamente las distintas experiencias en dichas dimensiones, favoreciendo el avance en la generalización analítica (Archenti y Piovani, 2007).
La muestra está compuesta por 22 empresas recuperadas de diversas ramas industriales y de servicios. La mayor parte han sido recuperadas posteriormente a la crisis de 2001, son pequeñas, medianas y grandes según la cantidad de trabajadora/es asociada/os que varía desde 12 a 230.
Los casos se abordaron a partir de la realización de observaciones y 36 entrevistas semi-estructuradas. Adicionalmente, recurrimos a documentos y artículos publicados en medios gráficos. La entrevista semi-estructurada a informantes clave de las empresas representó la técnica principal utilizada. El diseño de la misma se estructuró en 200 preguntas en su mayoría abiertas, aplicadas directamente a los informantes, en las siguientes temáticas: 1) características socioproductivas, 2) situación de origen y principales hitos en la historia, 3) caracterización de la cultura organizativa, 4) participación en redes y organizaciones, 5) identificación de subsidios y/o financiamientos recibidos y política pública orientada al sector, 6) caracterización de la inserción en el mercado y estrategias económicas, 7) régimen laboral, 8) aprendizajes e innovaciones positivas, 9) balance global de la experiencia y de su trayectoria por parte de los informantes. En las entrevistas, tanto los nombres de las empresas como los nombres propios que se mencionan en algunas fueron anonimizados para preservar sus identidades. A su vez, se realizaron observaciones de las empresas, específicamente abocadas a focalizar la mirada en: el layout, los equipamientos y máquinas, los procesos de trabajo, el funcionamiento de la producción y de la administración. La observación brindó información acerca de las nuevas estructuras, el funcionamiento de las máquinas y las condiciones y el medio ambiente de trabajo.
Metodológicamente la tesis se divide en dos partes que aluden a dos formas de abordaje en la que se modifica la mirada. En una primera parte de la tesis se realiza un análisis descriptivo y analítico agregado sobre la muestra de empresas recuperadas para dar cuenta de una caracterización general de las mismas. Se confeccionaron comparaciones agregadas para ir estableciendo los perfiles de las empresas recuperadas, describiendo las experiencias, caracterizando la muestra en forma general e identificando las innovaciones en la organización del trabajo.
En la segunda parte de la tesis, la estrategia de análisis pone foco en las innovaciones organizacionales en las empresas recuperadas de la muestra. En términos metodológicos esto implica tomar cada dispositivo innovador y reconstruirlo mediante el análisis del caso, profundizando en su descripción. Esta estrategia se realiza mediante la revisión y reconstrucción de los dispositivos innovadores hallados. Resulta ser una herramienta fecunda para analizar las organizaciones teniendo en cuenta actores, estrategias, así como procesos en contextos específicos. En cada innovación se ahonda en su historicidad, las razones del diseño, las modalidades de implementación, los objetivos buscados, las consecuencias no buscadas y su efectividad. Se construyen perfiles de empresas recuperadas según la presencia o no de innovaciones organizacionales en la organización del trabajo.
Con el objetivo de abordar el tema de género desde una perspectiva no sexista, androcéntrica o discriminadora se utiliza el lenguaje inclusivo mediante el uso de la marcación de género, es decir se nombran los dos géneros. Esta forma permite visibilizar al género femenino, en la medida de lo posible se evitará el desdoblamiento como señalan los manuales de uso de lenguaje de género (UNESCO, 1999)[8].
Descripción de la muestra de empresas recuperadas
En este apartado se realiza un análisis descriptivo y analítico agregado sobre el universo de empresas recuperadas para dar cuenta de una caracterización general de las mismas.
Con el correr de los años, si bien algunas empresas recuperadas no han podido continuar, la mayor parte de la muestra se sostiene con diferencias en sus avances tanto en lo referido a la forma en que desarrolla la democracia, la participación, la integración del colectivo, como a su consolidación productiva. A continuación, se presenta una comparación de las dimensiones centrales que caracterizan el universo entre la conformación de la muestra de la presente tesis y el universo de empresas recuperadas relevado por Facultad Abierta hasta octubre de 2019[9].
Tabla 1: Características de la muestra en comparación con el universo de empresas recuperadas de la Argentina
Fuente: elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto de la Secretaria de Políticas Universitarias: Factores positivos en el sostenimiento y consolidación de empresas recuperadas 2017/2019 y en base informe Facultad Abierta (2019)
Lo que se observa es que, la muestra de empresas recuperadas posee características similares, fundamentalmente en los sectores (industrial o servicios) y la distribución geográfica, en términos porcentuales al universo a nivel nacional de acuerdo con la información de Facultad Abierta (2019). A su vez, en este universo se confirma la persistencia del perfil industrial, con menos de un tercio de las empresas que pertenecen al sector servicios.
En lo referido al período de recuperación, si bien deliberadamente la muestra tuvo en cuanta el recorte de más de cuatro años de funcionamiento, con el objetivo de verificar o no la consolidación de las empresas recuperadas, la mayor parte fueron recuperadas en el último período del 2004 en adelante, aunque también un número considerable de las recuperadas pertenecen al período de la crisis (2001- 2003) y es baja la cantidad de recuperadas previas a la crisis de 2001.
Con respecto a las regiones se sostiene una sobrerrepresentación de las empresas ubicadas en área metropolitana con presencia fuerte de la región central del país, donde además se concentran la zona de producción industrial. La muestra es seguida por la Región Pampeana y Patagónica, mientras que en el universo es mayor la cantidad de empresas recuperadas en la Región Pampeana, siguen las regiones del Noreste y Cuyo. En la muestra contamos con tres empresas recuperadas de Cuyo y una de NEA.
En lo referido al tamaño, más del 40% pertenecen a empresas pequeñas de entre 5 y 50 asociada/os, mientras que en el universo este tipo de empresas está sobrerrepresentado con un 76%. En segundo lugar, figuran las empresas recuperadas medianas de entre 51 trabajadora/es asociada/os hasta 100, tanto en la muestra como en el universo. Por último, las grandes empresas de más de 101 asociada/os son menos, pero tienen una representación tanto en la muestra como en el universo.
Al dividir en tres períodos el año de recuperación, son tres las empresas recuperadas previas a la crisis de 2001, mientras que nueve fueron recuperadas durante el período de la crisis entre 2001 y 2003 y diez en la etapa posterior a la crisis.
En cuanto a las áreas geográficas, también el sesgo de la muestra fue deliberado para que sea representativa de acuerdo con la distribución geográfica del universo. Se observa en la muestra, una fuerte concentración de empresas recuperadas en el Área Metropolitana (AMBA) y la región Pampeana, con una presencia considerable en Cuyo y Patagonia y bastante menor en NOA y NEA. Esta situación se replica en el análisis del Programa Facultad Abierta sobre las empresas recuperadas de todo el país.
Gráfico 1: Cantidad de empresas recuperadas según rama de actividad de la muestra

Fuente: elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto de la Secretaria de Políticas Universitarias: Factores positivos en el sostenimiento y consolidación de empresas recuperadas 2017/2019
En cuanto a las ramas de actividades de la muestra la mayor parte son alimenticias, la siguen las empresas de la rama metalúrgica, las cerámicas y las gráficas, luego hay una de cada una de las siguientes actividades: aserradero, escuela, gastronómica, frigorífico, hotel, servicio de logística y mantenimiento, medio gráfico, textil y una de transporte.
Con respecto a estas unidades productivas cabe destacar que pertenecen predominantemente al sector industrial. Este carácter industrial se debe a que es el sector que en primer lugar se deteriora frente a las crisis periódicas y donde la destrucción de capital y la expulsión de fuerza de trabajo son más agudas. A su vez, es el sector con mayor desarrollo de experiencias sindicalizadas (Salgado, 2012). Sólo seis casos son empresas recuperadas del sector servicios.
Tabla 2: Cantidad de empresas recuperadas de la muestra según progresión de la dotación de trabajadora/es
Dotación de trabajadora/es desde inicio a la actualidad | Cantidad de empresas |
Aumenta | 16 |
Baja | 3 |
Se mantiene igual | 3 |
Total | 22 |
Fuente: elaboración propia en base a relevamiento del Proyecto de la Secretaria de Políticas Universitarias: Factores positivos en el sostenimiento y consolidación de empresas recuperadas 2017/2019
En lo referido a la creación de puestos de trabajo, la mayor parte de las empresas recuperadas analizadas han generado puestos de trabajo directos. Solo 6 de las 22 han sostenido o bajado la dotación de trabajadora/es asociada/os. La suma total de puestos de trabajo que han creado las empresas recuperadas de la muestra desde su inicio hasta el año 2019 es de 577.
Igualmente resulta importante destacar que, en comparación con la dotación de trabajadora/es con los que solían contar las empresas en su mejor momento previo a la recuperación, ninguna ha logrado recuperar la dotación de trabajadora/es y por ende tampoco la totalidad de su capacidad productiva.
El análisis del Programa Facultad Abierta sobre lo sucedido con la creación o destrucción de puestos de trabajo durante los años del gobierno de Macri concluye en lo referido al descenso de los puestos de trabajo acumulados en función de la distribución geográfica, la mayor disminución coincide con las zonas de concentración de industrias: el Gran Buenos Aires, y en la Ciudad de Buenos Neuquén. En contraposición, los puestos de trabajo crecieron en provincias como La Rioja, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe (Programa Facultad abierta, 2018). Es decir, la destrucción de puestos de trabajo ha sido significativa en las empresas recuperadas debido a la crisis que vivió el país durante los últimos años (2015- 2018), y aquellos lugares donde se crearon puestos de trabajo no lograron subsanar las pérdidas.
El tamaño de las empresas recuperadas medida a partir de la cantidad de trabajadora/es asociada/os constituye la forma más sencilla de realizar esta categorización. La mayor cantidad de las empresas recuperadas analizadas son pequeñas. El tamaño de las empresas es una variable de control importante para los temas que se analizan en la presente tesis, ya que la organización y el control del trabajo es considerablemente diferente en función de la cantidad de personas sobre las que gestiona la empresa. La estructura organizativa que requiere de coordinación y control es mucho mayor cuanto mayor es la cantidad de trabajadora/es asociada/os.
En esta primera caracterización de la muestra se destacan la diversidad de actividades presentes, la concentración en las regiones centrales, la cantidad de empresas que crearon puestos de trabajo desde su recuperación, la diversidad de tamaño y la cantidad de trabajadora/es y un promedio de antigüedad de recuperación del año 2005.
Estructura del libro
La primera parte del libro se denomina “Autogestionar”. El primer capítulo se detiene en los diversos usos y contextos históricos en que se llevaron adelante prácticas autogestivas en la historia. Principalmente en aquellas que significaron avances en la organización del trabajo y constituyen antecedentes de la presente tesis. En el segundo capítulo se construye una tipología de empresas recuperadas según las situaciones diferenciales de autogestión alcanzadas. En el tercer capítulo se describen y sistematizan diversas modalidades de organización del trabajo que se instauran en las empresas recuperadas por sus trabajadora/es. Se relevan una serie de dispositivos de organización del trabajo novedosos desde la perspectiva de la autogestión. En el cuarto capítulo se analizan las estrategias de control del trabajo en empresas recuperadas para identificar diversas modalidades novedosas.
La segunda parte llamada “Innovar” se detiene a analizar las innovaciones organizacionales halladas. En el capítulo 5 se presenta un marco teórico sobre la innovación y su relación con el mundo de la autogestión. En el sexto capítulo se describen cada una de las innovaciones halladas comparando aquellas que innovan en relación con la empresa anterior y las que lo hacen en relación con el cooperativismo tradicional. En el último capítulo se identifican los factores que facilitan u obstaculizan las innovaciones organizacionales comparando lo que sucede en las empresas recuperadas que innovan y las que no lo hacen, y se relacionan aquellas empresas recuperadas que innovan con la tipología construida en el primer capítulo con el objetivo de relacionar autogestión e innovación. Para cerrar en las consideraciones finales se plantea un marco conceptual para el análisis de las innovaciones en la organización del trabajo de las empresas recuperadas.
- Mi primer acercamiento al tema de las empresas recuperadas fue en el trabajo de campo y escritura de este libro resultado de una investigación colectiva a nivel nacional durante los años 2002 y 2003 que combinaba técnicas de recolección de datos mediante encuestas y entrevistas. ↵
- En este proyecto también participé en el diseño, la implementación de los talleres y la escritura del libro. ↵
- En la sección antecedentes se ahonda sobre lo que plantea cada uno de estos autores sobre las tensiones propias de las cooperativas. ↵
- Estudios previos (Fajn, 2003; Rebón, 2004; Rugieri, 2009) plantearon la hipótesis de la conflictividad que sostenía que la mayor intensidad del conflicto en el inicio de la recuperación se relacionaba con la lucha desplegada por los trabajadores en cada fábrica e influía en carácter autogestivo que adquiría la empresa recuperada. ↵
- Las cooperativas de trabajo tienen la posibilidad de contratar en forma externa trabajadores (en relación de dependencia) sólo en la medida en que su contratación sea transitoria. La Resolución 360/75 del INAC establece las excepciones para evitar a que se desvirtúe el carácter esencial de dichas entidades, que consiste en dar trabajo a sus asociada/os. Las excepciones son: la sobrecarga circunstancial de tareas que obligue a la cooperativa a recurrir a los servicios de no asociados, la necesidad de contar con los servicios de un técnico o especialista para una tarea determinada, trabajos estaciónales, los períodos de prueba. Para cada ítem se establecen plazos (Fecootra, 2020). Esto no excluye que algunas cooperativas encuentren artilugios legales para tercerizar, subcontratar trabajadora/es no asociada/os. ↵
- La degradación de la “energía democrática” en una estructura es un proceso que osifica y formaliza una democracia viva. el grado de participación en las asambleas generales que va descendiendo con el tiempo; la relación entre representantes y representados que tiende a transformarse en una relación entre dirigentes y dirigidos; la autonomización progresiva del delegado que se instituye en poder separado y poco controlable ↵
- Entendida como el dominio sostenido en el tiempo de un proyecto con base en el consenso activo del colectivo (Rebón y Rieiro, 2020). ↵
- La resolución 1558/2019 de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA reconoce el lenguaje inclusivo en todas sus modalidades como recurso válido en las producciones de sus estudiantes de grado y posgrado. ↵
- Resulta importante destacar que los registros realizados por el Programa Facultad Abierta tienen inconvenientes referidos a la limitación al acceso y el subregistro de un conjunto de empresas recuperadas (Rebón, 2018). ↵








